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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 78 | Diciembre 1987
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Nicaragua

Del ayuno por la paz a las comisiones de paz - II Parte

Reconstruimos los hechos más significativos de la etapa de distensión Iglesia-Estado más prolongada desde el triunfo revolucionario. En ella no faltaron altibajos, a veces tan bajos que se temió una nueva ruptura, aunque prevaleció siempre el diálogo.

Equipo Envío

CRONOLOGIA IGLESIA-ESTADO 7/85-11/87

Concluimos la Cronología de las relaciones Iglesia-Estado, relatando y analizando los principales acontecimientos que llenaron los seis meses que van desde julio de 1986, cuando se produjo la expulsión de Mons. Vega, a noviembre de 1987, cuando Nicaragua - y la Iglesia de Nicaragua- viven una esforzada búsqueda de la paz, en el marco de los acuerdos de Esquipulas II. En este relato se imponen algunos saltos atrás en el tiempo que abarca este período.

Reconstruimos la etapa de la distensión más prolongada y más firme de todo el período revolucionario. En ella no faltaron altibajos, a veces tan bajos que se temió de nuevo una situación de ruptura, aunque prevaleció siempre el diálogo.

Como señalábamos en el número anterior, el telón de fondo en el que hay que leer, tanto la escalada de tensiones como esta positiva distensión, no es otro que la positiva evolución de la guerra de defensa con la que Nicaragua ha enfrentado la agresión norteamericana y la ha ido derrotando.

Algo se mueve en el Vaticano

La distensión tenía que comenzar en el Vaticano. Tan sólo 15 días antes de la expulsión de Mons. Vega había ocurrido un hecho importante, que anunciaba un giro en las posiciones de la Santa Sede hacia la revolución sandinista.

El 19 de junio, el Vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez -- de paso por Italia- fue recibido por el Papa Juan Pablo II. La audiencia privada con el Papa duró media hora. Después. una hora con el secretario de Estado, Agostino Casroli. El que el Papa hubiera sido informado "de manera directa" de lo que pasaba en Nicaragua fue destacado por el Vicepresidente nicaragüense como uno de los mayores valores del encuentro.

En las fechas en que se dio esta entrevista - sólo unos días antes de la aprobación de los 100 millones por la Cámara norteamericana- el Cardenal Obando y Mons. Vega deslegitimaban al gobierno de Nicaragua con sus declaraciones públicas, entregando con ellos importantes cartas al juego bélico de Reagan, mientras Contadora estaba en uno de sus impasses. Siempre había llamado la atención la escasísima beligerancia de la diplomacia vaticana en apoyo a la iniciativa de paz latinoamericana. Con todo este trasfondo, la entrevista, muy cordial y casi inesperada, representó un importante signo público de que la Santa Sede empezaba a distanciarse de la agresiva política norteamericana.

Por otra parte, el 2 de abril de 1986 había sido nombrado un nuevo nuncio papal para Nicaragua. Según informaciones aparecidas en "La Stampa" de Turín (Italia) en esos mismos días, el Cardenal Obando habría pedido al Papa que escogiera entre él y el Nuncio Cordero Lanza di Montezémolo, con quien tenía fricciones desde los tiempos de la visita papal a Centroamérica en marzo/83. Aunque esta noticia - de fuentes muy confiables- no pudo ser verificada, lo cierto es que Lanza di Montezémolo - que fue Nuncio para Honduras y Nicaragua desde 1980- fue sustituido por Paolo Giglio en su cargo diplomático en Nicaragua.

Mons. Giglio, con fuertes vínculos afectivos y de trabajo diplomático en China (Taiwan), donde vivió 7 años, fue esperado en Nicaragua con gran curiosidad y con la esperanza de que su gestión abriera una alternativa más dialogante en las conflictivas relaciones de la jerarquía católica con el gobierno, para bien del pueblo de Nicaragua. Pronto se vieron los límites que había para esto en su tradicional formación teológica. una nueva señal de que algo se estaba moviendo en el Vaticano fue que a pesar de la polémica expulsión de Mons. Vega - criticada públicamente por el mismo Papa, entonces en Colombia- Giglio no retrasara su llegada a Nicaragua sobre el calendario previsto, a lo que hay que añadir la frialdad con la que Vega fue recibido en el Vaticano tras su expulsión.

El nuevo Nuncio llegó a Managua el 28 de julio. Su primer mensaje, ya en el aeropuerto, fue una señal más de que el Vaticano buscaba iniciar un nuevo estilo de relaciones con el gobierno revolucionario, basaba en el reconocimiento de la nueva legalidad vigente. Esta primera declaración del Nuncio, aunque parezca que no tiene nada de especial, contiene elementos que eran realmente nuevos en el lenguaje eclesiástico de la jerarquía de Managua, habitualmente polémico:

"La misión de la Iglesia es hacer buenos ciudadanos, enseñar a nuestros católicos amar a su país. ¿Qué hace un buen cristiano? Cumplir su deber, obedecer las leyes del país. Amar a Dios, amar a su patria, amar a su prójimo, abrir su corazón al trabajo y su conciencia para observar los mandamientos de Dios y de su Patria".

La reanudación del diálogo Estado-Iglesia, congelado desde octubre/85 porque la marcha de los acontecimientos en el país superaba unas sesiones que habían llegado a ser casuísticas y rutinarias, fue la principal expectativa que abrió la llegada del nuevo Nuncio.

El mismo gobierno sandinista contribuyó a levantar estas expectativas haciendo del tema de las relaciones con la Iglesia - tanto a nivel vaticano como a nivel de la Conferencia Episcopal - los dos puntos iniciales de la llamada "Propuesta de Chicago". Esta iniciativa de paz fue lanzada por el Presidente de Nicaragua en la ciudad de Chicago el 2 de agosto, después de sus conversaciones con el Reverendo Jesse Jackson, líder del Partido Demócrata. En aquella propuesta, Nicaragua tocaba dramáticamente "todas las puertas" con el fin de poner un freno a la agresividad mostrada por Reagan en su campaña por los 100 millones. Las primeras puertas tocadas eran las eclesiásticas. La Propuesta de Chicago contenía también llamados a los dueños del diario La Prensa, a los gobiernos centroamericanos - especialmente al de Honduras y Costa Rica -, al gobierno de Estados Unidos y al Presidente Reagan personalmente, al que se invitaba a visitar Nicaragua.

Pero los dos primeros puntos de aquella iniciativa de paz, ya casi perdida en la memoria, se dirigían a la jerarquía de la Iglesia:

1.- "El gobierno de Nicaragua está dispuesto a entablar de inmediato con el Vaticano un diálogo constructivo, franco y sistemático para abordar la relación entre la Iglesia y el Estado.

2. - El gobierno de Nicaragua con el propósito de reanudar el diálogo con la Conferencia Episcopal de Nicaragua, invita a ésta celebrar una reunión en el curso del presente mes de agosto para coadyuvar en la solución y para proponer la creación de un arbitraje ecuménico si fuese necesario".

Aunque ni el Vaticano ni la Conferencia Episcopal respondieron nunca a esta propuesta, los tiempos ya estaban maduros para que el diálogo y la distensión empezaran a tomar cuerpo más allá de ella, tanto con el Vaticano como con los obispos de Nicaragua

¿Por qué el cambio en el Vaticano?

¿Por qué el Vaticano reacomodó sus tácticas de confrontación con el gobierno revolucionario, mantenidas consistentemente durante siete años? Siguen siendo válidas las razones que señalábamos hace más de un año:

- La imagen de la jerarquía nicaragüense se estaba deteriorando en todo el mundo, y especialmente en América Latina, por las coincidencias del Cardenal Obando y de Mons. Vega con la política norteamericana, en creciente aislamiento internacional y cada vez más ofensiva de los sentimientos nacionalistas de América Latina. Una política de América Latina. Una política desacertada hacia Nicaragua - admirada en el continente por su lucha, apoyada por la iniciativa latinoamericana de Contadora, etc.- podía resultar fatal para toda la estrategia vaticana en América Latina.

- Las posiciones de los obispos nicaragüenses - de complicidad o de silencio ante de la agresión norteamericana planteaban contradicciones con las de los obispos de Estados Unidos, que condenaban invariablemente como "ilegal e inmoral" la política de la Administración Reagan hacia Nicaragua y Centroamérica. Esta contradicción de la Iglesia de Nicaragua con una de las Iglesias más organizadas y más poderosas financieramente del mundo, estaba reclamando desde hacia tiempo una atención del Vaticano.

- Los espacios de influencia y de acción de la jerarquía y el clero opuestos al a revolución se estaban viendo recortados por medidas restrictivas del Estado revolucionario, con las que éste respondía duramente a la política de confrontación planteada por la jerarquía que, estratégicamente, estaba costándole cara a la institución eclesiástica la realidad mostraba día a día que Nicaragua no era Polonia - como en un tiempo quizá pensó Juan Pablo II-, que la bandera de la "Iglesia perseguida" no era asumida por la mayoría del pueblo nicaragüense y que articularse eficazmente por vía religiosa o eclesiástica.

- La diplomacia vaticana era consciente de las victorias diplomáticas conseguidas por el gobierno sandinista y de las victorias militares alcanzadas y sostenidas por el ejército de Nicaragua frente a los contrarrevolucionarios. También era consciente del derramamiento de sangre que significaría una intervención directa de los Estados Unidos, porque Nicaragua tampoco era Grenada.

Mucho arriesgaba el Vaticano manteniendo una política de deslegitimación - confrontación con un gobierno revolucionario en el que la presencia de los cristianos es pública y decisiva. Más arriesgaba mantenimiento estas posiciones cuando la contrarrevolución estaba siendo derrotada. El Vaticano no podía aparecer internacionalmente ni del lado de los eventuales invasores ni tampoco del de los despretigiados y derrotado "contras!", por más que unos y otros usaran en sus banderas el nombre de Dios.

El tradicional pragmatismo vaticano captó finalmente todas las señales que le llegaban desde Centroamérica - incluida la última. la que le envió el gobierno sandinista con la medida de fuerza que fue la expulsión de Mons. Vega - y envió en respuesta señales que indicaban que estaba decidida a un reacomodo táctico. En la segunda mitad de 1986 empezó la distensión.

El Dios de la historia irrumpe en la Constitución de Nicaragua

En el mes de agosto de 1985 la Comisión Constitucional de la Asamblea Nacional de Nicaragua convocó a todos los partidos políticos y organizaciones sociales de Nicaragua a expresar sus posiciones colectivas y gremiales sobre los contenidos de la Constitución Política que comenzaba a prepararse entonces. La Conferencia Episcopal de Nicaragua no acudió a este primer llamado; sí las Iglesias evangélicas coordinadas en el CEPAD. Tampoco hizo la Conferencia en este primer momento de consulta ningún aporte, ni escrito ni hablado, ni ningún obispo comentó el por qué de este silencio.

Casi un año después, en mayo de 1986, se inició la segunda etapa de consulta por medio de los llamados Cabildos Abiertos, que por zonas del país y sectores sociales -profesionales, intelectuales, maestros, mujeres, militares- fueron convocados a dar sus opiniones sobre el borrador de la Constitución, distribuido ampliamente entre la población. Desde el 18 de mayor y durante todo el mes de junio de 1986 se celebraron por toda Nicaragua más de 80 Cabildos Abiertos, en los que se involucraron unos 100 mil personas que debatieron o escucharon "en directo" debates - muy apasionados a veces- sobre la futura Constitución.

En todas las regiones del país los cristianos - católicos y evangélicos -, como un sector específico, fueron convocados a Cabildo Abierto. El 3 de junio se celebró el más numeroso de estos Cabildos de cristianos en Managua, con asistencia de unas mil personas. "Si nuestros obispos no asistieron cuando fueron consultados, aquí estamos nosotros, el pueblo de Dios, la Iglesia, para responder a la consulta que se nos hace". Con estas palabras abrió el Cabildo el disputado sandinistas y conocido católico, Humberto Solís Barker. Los aportes abarcaron gran cantidad de temas: la objeción de conciencia al servicio militar, la despenalización del aborto, la opcionalidad de la enseñanza religiosa, etc. Pros y contras sobre estos y otros temas fueron debatidos durante cuatro horas por los cristianos.

Quizá por el encendido debate suscitado en torno a estos problemas en éste y también en otros Cabildos, o quizá más aún porque los Cabildos estaban teniendo notables índice - cuantitativos y cualitativos - de participación y este hacía más significativo el total silencio de la jerarquía católica, ésta se pronunció finalmente. EL documento, fechado el 9 de junio y titulado "Aporte pastoral: la Constitución, garantía de libertad y soberanía ciudadana", fue firmado únicamente por el obispo auxiliar de Managua y Secretario de la Conferencia, Mons. Bosco Vivas En el teatro, extensamente empedrado de citas de la Conferencia de obispos latinoamericanos de Pueblo y de distintos documentos del Concilio Vaticano II, lo más destacable era que el tono general del escrito se traslucía una legitimación de la institucionalidad constitucional.

El documento abordaba, con estilo abstracto, los "aspectos más relevantes" sobre los que la Conferencia deseaba expresar su posición: derechos humanos, derechos de la familia, libertad de conciencia, educación y cultura. Aparecía también un planteamiento de fondo que se resumía en afirmaciones como ésta: "Nuestra identidad nacional se ha forjado históricamente en la identidad cristiana que, con su fuerza moral, ha promovido el sentido de la unidad y soberanía patria. El cristianismo ha sido factor aglutinante y unificador.

Ha sido la fuente concientizadora de la liberación personal y colectiva de nuestro pueblo". Esta pretensión fue muy cuestionada por algunos personalidades nicaragüenses, pero fuera de lo discutible que es una tesis tan de fondo como ésta a la luz de la historia de Nicaragua, no aparecía en el texto prácticamente ningún atisbo de polémica. Quizá por eso tuvo un casi nulo impacto social, siendo más bien de esos textos que se escriben para los archivos que recordarán la historia más que para las calles en donde se construye esa historia.

En su documento, los obispos no se referían al tema de la invocación o no del nombre de Dios en el preámbulo de la Constitución. Sin embargo, desde que comenzó a hablarse en Nicaragua de la elaboración de una nueva Constitución este tema emergía como uno de los más polémicos. Y así fue en gran medida.

Tradicionalmente, las constituciones de América Latina - y las de otros países - hacen una solemne invocación a Dios el inicio del texto. En Nicaragua estaba claro desde el comienzo de los debates que en el Preámbulo debían ser invocados los padres de la patria. En primer lugar, Augusto C. Sandino. Sobre esto no había discusión. Pero, como señaló un militante del Partido Popular Socialcristiano, ya desde el primer Cabildo Abierto, la cuestión era otra: "Si el nombre de Sandino tiene que ser invocado, ¿cómo no va a ser invocado el nombre de Dios a quien Sandino invocaba antes de luchar contra los yankis?", recordando así la profunda religiosidad de Sandino y levantado la ya prevista bandera de discusión.

Entre los siete partidos políticos presentes en la Asamblea Nacional, las posiciones sobre este tema eran muy variadas. Para conservadores fue, prácticamente hasta el final del debate, "condición" para firmar la Constitución el que en su Preámbulo se invocara a Dios a la manera clásica empleada en estos textos, especialmente en las constituciones latinoamericanas. Su referencia era, fundamentalmente, el Dios creador del mundo, el Dios metafísico, el Poder Supremo. la misma posición defendió en sus páginas el diario "La Prensa".

Para el Dios creador de todo también reclamaba una mención el Partido Popular Socialcristiano, que inicialmente hizo también de la invocación de Dios bajo esta perspectiva una de sus principales banderas. Después, la beligerancia de este grupo político fue menguado hasta prácticamente desaparecer. Los conservadores terminaron por fin cediendo en su perspectiva, asilados en su planteamientos.

Liberales, socialistas, comunistas y marxistas-leninistas, aunque con diferentes intensidades, eran todos contrarios a la inclusión del nombre de Dios en el pórtico de la Constitución, por el carácter laico que ésta debía tener. Los más flexibles entre estos partidos fueron los socialistas. Los más beligerantes, los marxistas-leninistas. Aunque para ninguno de estos cuatro paridos el tema del nombre de Dios fue nunca un tema condicionante ni fundamental, también dieron batalla en torno a él. A la hora final, en el debate conclusivo sobre la Constitución que fue precisamente el debate sobre el Preámbulo, tanto las argumentaciones de los liberales como las de estos grupos de izquierda coincidieron en ser "decimonónicas". Es decir, el Dios cuestionado o negado por ellos era fundamentalmente el Dios abstracto, también metafísico y lejano, que negaron los librepensadores y racionalistas del siglo pasado.

Para el Frente Sandinista, el tema del nombre de Dios fue un tema importante, principalmente por el carácter y la historia de esta revolución, en el que la participación masiva de los cristianos constituye una de las características más originales y uno de los aportes esenciales a la historia política de nuestro tiempo. Los sandinistas, creyentes o no, estuvieron muy atentos durante todo este año a las propuestas de los cristianos organizados en las comunidades de base o afines a la teología de la liberación. Para éstos, Dios debía ser invocado pero como Dios de la historia, revelado fundamentalmente en la práctica comprometida de los que creen en él y de los que hay tantos ejemplos en la insurrección y la reconstrucción de Nicaragua.

Finalmente, la línea de pensamiento y de formulación que propusieron los cristianos comprometidos con el proceso revolucionario fue ganando más y más espacio. Sobre todo, porque era la que más se adecuaba a la realidad del país. Sin embargo, en la redacción del borrador del Preámbulo que se llevó a debate en al Asamblea, no era todavía mencionado el nombre de Dios, aunque sí se hablaba de "los cristianos que movidos por sus sentimientos religiosos" habían participado en la lucha de liberación. Los diputados sandinistas cristianos en la Asamblea Nacional fueron los que, ya en la recta final del debate, lucharon por variar esta formulación para que, de forma explícita, apareciera el nombre de Dios. Por fin, la primera Constitución que se ha hecho en toda la historia de Nicaragua con participación política pluralista y con la participación política pluralista y con la participación pueblo, se promulgó:

"en nombre del pueblo nicaragüense, de todos los partidos y organizaciones democráticas, patrióticas y revolucionarias de Nicaragua, de sus hombres y mujeres, de sus obreros y campesinos, de su gloriosa juventud, de sus heroicas madres, de los cristianos que desde su fe en Dios se han comprometido e insertado en la lucha por la liberación de los oprimidos, de sus intelectuales patrióticos, de todos los que con su trabajo productivo contribuyen a la defensa de la Patria y de los que luchan y ofrendan sus vidas frente a la agresión imperialista para garantizar la felicidad de las nuevas generaciones".

La inclusión del nombre de Dios, como un Dios que hace historia en el compromiso de los que en él creen y lucha porque las cosas cambien, es una importante novedad histórica. Por primera vez en la historia contemporánea, esta imagen de Dios irrumpe en un texto jurídico de esta naturaleza. Lo hizo en un país en revolución y en el continente en donde nació y crece la teología de la liberación, nacida para esa liberación de los oprimidos que menciona la Carta Magna nicaragüense. Con este importante aporte a nivel teológico, la Constitución fue promulgada solemnemente en la Plaza de la Revolución de Managua el 9 de enero de 1987.

El diálogo Iglesia-Estado en una nueva etapa

El 27 de septiembre de 1986, cuando el nuevo Nuncio había tenido ya tiempo de tomar el pulso a la coyuntura nacional y la eclesiástica, y en un clima de gran expectativa en Nicaragua y en todo el mundo, se reanudo el diálogo entre el gobierno revolucionario y la jerarquía de la Iglesia Católica.

Después de una primera reunión del Cardenal Obando con el Presidente Ortega y, después, de todos los obispos con el presidente, quedaron establecidas las Comisiones de Diálogo. Por parte de la jerarquía, Mons. Bosco Vivas, auxiliar de Managua; Mons. Carlos Santi, obispo de Matagalpa y el Nuncio Paolo Giglio. Por parte del Estado, el Ministro de Justicia, Rodrigo Reyes y el Ministro de la Presidencia, René Núñez.

Un diálogo similar a éste , por las expectativas que había despertado, se había iniciado en diciembre de 1984, tras las elecciones y siendo Presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Vega. Hubo entonces 6 encuentros de diálogo, en los que se avanzó muy poco. Las conversaciones se suspendieron - no bruscamente sino por inercia - en octubre de 1985, en un período en que comenzaban a aumentar una vez más las tensiones. A este quiebre del diálogo siguió un silencio que nunca fue tregua sino que contribuyó grandemente hacer aún más graves esas tensiones.

Desde el mismo comienzo de las conversaciones todo indicaba que esta vez no se trataba de una simple continuación de aquellas interrumpidas conversaciones sino que existía una nueva situación. El giro del Vaticano, materializado en el envío a Nicaragua del nuevo Nuncio y la evidencia nacional e internacional de la consolidación de la revolución por la derrota militar de la contrarrevolución, señalaban para la jerarquía eclesiástica nicaragüense la hora de iniciar nuevas relaciones con los sandinistas.

De la primera reunión del 27 de septiembre salieron ya delineadas, desde las escuetas declaraciones públicas que se hicieron, las dos tendencias. El gobierno buscaba un "acuerdo global" para enmarcar en él de una manera estable y permanente las relaciones Estado-Iglesia. La jerarquía, a través del Cardenal Obando, comenzó a hablar más bien de un "plan práctico", con el que resolver los aspectos puntuales más conflictivos de las relaciones.

El 30 de septiembre se dio la primera ronda de conversaciones entre las dos Comisiones. Y el 20 de octubre, en la segunda reunión, se decidió que las reuniones fueran mensuales, a la vez que la Comisión gubernamental entregaba a la de la Iglesia el llamado Indice Temático, con los once puntos que el Estado consideraba debían ser discutidos para confeccionar el deseado acuerdo global. Entre ellos estaban: enseñanza en los colegios religiosos, uso de los medios de comunicación social, proyectos sociales de la Iglesia, reconocimiento de las leyes del país etc.

A pesar de que se había comprometido a ello, la Comisión eclesiástica no presentó su propio Indice. Al término de la segunda ronda, el Ministro René Núñez señaló a la prensa que se había decidido trabajar por confeccionar el acuerdo global, a la vez que ir buscando alternativas para satisfacer las preocupaciones de los obispos en temas puntuales. Entre éstas, predominaban las de la Arquidiócesis de Managua y entre ellas las principales parecían ser la reapertura de Radio Católica y el regreso del P. Carballo.

A pesar de todas las lógicas diferencias iniciales después de tan prolongado silencio y de las permanentes diferencias de fondo, la reanudación del diálogo Iglesia- Estado, con las perspectivas de la normalización de unas relaciones tan conflictivas, quitó a la Administración Reagan una de sus más queridas razones para justificar la guerra contrarrevolucionaria: la supuesta persecución a la Iglesia de Nicaragua. Después de tantas crisis, la distensión empezaba a abrir horizontes.

Al iniciarse el diálogo, el gobierno propuso a los obispos que las reuniones se espaciaran lo menos posibles, con el fin de llegar cuanto antes a ese horizonte de normalización. Al preguntársele al Nuncio cuál era su parecer sobre la periodicidad de las reuniones, éste respondió con un refrán de Malta, su patria,: "La gata y el gato saben que hay que hacer el amor lentamente para que los gatitos no nazcan ciegos". El criterio maltés de la lentitud se impuso. Ya en noviembre no hubo reunión. La causa fue celebración del Congreso Eucarístico.

El Congreso Eucarístico: un importante test

Del 16 al 23 de noviembre de 1986 se celebraron, en distintos lugares de Nicaragua, diversos actos litúrgicos como parte del Congreso Eucarístico Nacional, convocado por la jerarquía católica nicaragüense en la Carta Pastoral del 6 de abril de 1986.

Managua fue el centro del Congreso, con 10 mil primeras comuniones el domingo 16 y con una misa al aire libre celebrada en la tarde del día 23 y presidida por el Cardenal Opilio Rossi, enviado especial del Papa a las celebraciones. Acompañaban a ROssi otros obispos y cardenales de Estados Unidos y América Latina, invitados a las ceremonias. los más representativos fueron, por Estados Unidos, el Cardenal Law (Boston) y por América Latina, Mons. Mc Grath, arzobispo de Panamá. En la representación centroamericana estuvo del todo ausente la Conferencia Episcopal de Costa Rica, siendo muy de segundo orden las representaciones de las Conferencias de Guatemala, Honduras y El Salvador.

Unas 34 mil personas siguieron la solemne misa, centrando muchos de los asistentes sus expectativas en ver y escuchar a la Madre Teresa de Calcuta, invitada especial al Congreso. Fue al final de la misa cuando habló la Premio Nobel de la Paz, siendo lo más destacado de su mensaje esta aseveración, cuestionada en algunos ambientes por ser dicha en una país en guerra: "El mayor atentado contra la paz es el aborto. Porque destruye dos vidas: la vida del niño y la conciencia de la madre".

Dado el nuevo clima en las relaciones de la jerarquía con el gobierno, se esperaba que los actos del Congreso, especialmente los Managua, resultaran un test para verificar la realidad y la viabilidad de este clima. El Congreso demostró que algunas cosas empezaban a cambiar.

Antes de iniciarse las actividades en las distintas diócesis del país, el gobierno revolucionario puso a disposición de la jerarquía todo el apoyo material que requerían estas actividades: alojamiento, protocolo, medidas de seguridad y facilidades para la movilización de los obispos extranjeros invitados; facilidades para las concentraciones populares y el acceso de los obispos y de otros organizadores o invitados a los medios de comunicación estatales para explicar desde ellos las metas del Congreso. Los organizadores del evento -jerarquía y laicos de Managua, ligados éstos a sectores de la empresa privada opositora - declinaron aceptar cualquier ayuda, incluso los espacios en los medios -reclamado una vez más la reapertura de Radio Católica -. Sí aceptaron los privilegios de protocolo ofrecidos a los visitantes extranjeros.

Daniel Ortega recibe a la Madre Teresa de Calcuta

El Presidente Ortega tuvo entrevistas con los obispos norteamericanos, con los representantes del CELAM, con el delegado papal y con la Madre Teresa. Al término de todos estos encuentros y a preguntas de los periodistas, los obispos visitantes reconocieron unánimemente la importancia del diálogo Iglesia- Estado iniciados en septiembre y los signos de distensión existentes, expresados principalmente en la libertad con la que se celebraron todos los actos del Congreso y de la que ellos fueron testigos.

La Madre Teresa comunicó a la prensa al término de sus entrevista con el Presidente Ortega y después a decenas de religiosos con los que tuvo en encuentro, que el gobierno de Nicaragua le había permitido que las Hermanas de su Orden vinieran a trabajar al país. "Me dijo el Presidente que no sólo vinieron 4 sino 400, si querían", declaró jubilosa. El 8 de diciembre llegaron a Nicaragua 4 religiosas de esta Orden misionera. Hasta ese momento, y por más de un año, la entrada de las mismas había sido un punto conflictivo en las relaciones Estado-Iglesia, al negarse el gobierno a permitirles el ingreso, por el temor de que las tareas que desarrollarían en la conflictiva y delicada zona del Mercado Oriental de Managua, podrían ser después manipuladas por algunos grupos de oposición.

Los medios masivos del Estado, tanto la prensa, radio y televisión de la capital como las radios departamentales, dieron amplia cobertura a todos los actos celebrados en las distintas diócesis contribuyendo así a la propaganda del Congreso. "La Primerísima"; emisora estatal, transmitió en directo la misa de clausura. En ésta fue patente el tono moderado de las homilías y mensajes. Más significativo aún fue que el mensaje enviado por el Papa Juan Pablo II no hizo - como en otras ocasiones- ninguna referencia explícita o implícita a la "persecución×" a la Iglesia nicaragüense, aunque tampoco a la guerra que ensangrienta el país. En lo referente a la "reconciliación" - lema del Congreso y palabra que evocaba en Nicaragua desde 1984 la polémica propuesta hecha por los obispos de un diálogo del gobierno sandinistas los contrarrevolucionarios-, el Papa no hizo ninguna alusión a esta posibilidad, insistiendo más bien en los planteamientos teológicos de la reconciliación y haciendo énfasis en la necesidad de lograr ésta al interior de la Iglesia, aunque sin ninguna crítica explícita a la Iglesia Popular, como sí había hecho en otras ocasiones y mensajes.

Entre el público asistente a la misa de clausura podían distinguirse claramente, por sus atuendos, sus termos y sillas de camping, los sectores de la burguesía y de la clase media descontentos con la revolución, que aplaudían indiscriminadamente en cualquier momento y vivaban frenéticamente al Cardenal Obando. la mayoría de los asistentes eran, sin embargo los managuas, mayoritariamente pobres, y algunos campesinos del interior, que siguieron devotamente la misa, cantando los tradicionales cantos elegidos para la celebración: "Tu reinarás", "Cantemos al amor de los amores"...

Entre los 120 sacerdotes concelebrantes de la misa - de todas las diócesis del país- había unos 30 que habían concelebrado también la misa de clausura del Viacrucis por la Paz y la Vida convocado por el padre Miguel D'Escoto unos meses antes.

Aunque todo indicaba que la planificación de este Congreso se había hecho en los tiempos del atención para hacer de él un elemento más de la "pastoral de provocación", la realidad de la nueva coyuntura cambió totalmente el signo de este acontecimiento y el Congreso Eucarístico se convirtió en el test más expresivo de que ya se vivía en los tiempos de la reconciliación.

Obstáculos y limitaciones en vísperas de la última gran tensión

En noviembre de 1986 estalló el escándalo Irán-Contras, que iba a dar un giro decisivo a la coyuntura centroamericana, al iniciarse con el declive de la Administración Reagan.

Diciembre fue un mes tranquilo. Esta vez fueron las festividades navideñas las que impidieron, a solicitud de la jerarquía, una nueva reunión del diálogo Iglesia-Estado, que empezó a hacerse más y más lenta. Por otra parte, una larga entrevista hecha por el diario "Barricada" al Nuncio Giglio sobre diversos temas de fondo, reveló ante la opinión pública nicaragüense el pensamiento conservador del diplomático vaticano, al que inicialmente se había juzgado como más abierto a los cambios. Quizá esta apertura fue más la proyección de un deseo que el fruto de un análisis. Decía Giglio entre otras cosas: "Los ricos y los pobres son necesarios, porque el rico está destinado a darle trabajo al pobre. Porque si todos fueran ricos nadie querría trabajar. No es posible que todos estemos al mismo nivel. En cualquier Estado no todos pueden ser presidentes. Hay un presidente, un vicepresidente y los ministros. El ejército es la misma cosa: hay generales, tenientes, soldados. De la misma manera, en la familia quienes mandan son el padre y la madre. La pobreza extrema no tiene que ser justificada. En estos días estaba leyendo una declaraciones de Monseñor Helder Cámara, obispo brasileño, quien dijo que después de dos mil años de cristianismo, hay millones de personas - no recuerdo bien la cifra - que viven en condiciones de animales. Eso no puede ni deber ser. Todos ricos no podemos ser. Todos pobres tampoco podemos ser. Como dije, tenemos que tener a los ricos y a los pobres, para que los segundos trabajen para los primeros. Pero los pobres deben vivir en condiciones humanas, decorosas, tener un mínimo de confort, aunque no lujos, porque el lujo no es necesario para vivir".

En enero no hubo tampoco reunión del diálogo Estado-Iglesia. Se reanudó éste el 9 febrero. En esta ocasión, los obispos presentaron su Indice Temático. En declaraciones a la prensa, tanto Mons. Vivas como el Ministro Núñez reconocieron que habían puntos coincidentes en los índices de ambas partes y que en la siguiente reunión - el 2 de esos puntos. Por su parte, el Cardenal Obando hizo declaraciones en el exterior indicando que para iniciar estas discusiones la Iglesia pedía el regreso del P. Carballo y Mons. Vega y la apertura de Radio Católica.

La insistencia de la jerarquía en la resolución de los problemas puntuales podía crear - dijo también Núñez un "círculo vicioso": "Creemos que por seriedad, y también por ir forjando una relación más positiva y estable se requiere un acuerdo global para resolver, de forma definitiva, los asuntos puntuales". En la reunión del 2 de abril, la Iglesia aceptó discutir un posible acuerdo global, definiéndose ese día los puntos de coincidencia que ambas partes creían que éste debía contener. por su parte, el gobierno propuso la creación de una subcomisión para resolver los problemas puntuales que tanto preocupaban a algunos obispos. Sin embargo, la reunión de abril - que terminó con tanto optimismo que Mons. Santi afirmó que en 1987 podría estar ya firmado el acuerdo global - fue de hecho la última reunión del diálogo Iglesia-Estado en 1987. No porque hubiera una ruptura brusca, sino porque una vez más sucesivas excusas de la jerarquía y, sobre todo, la precipitada dinámica de los acontecimientos que se vivían en Centroamérica después del escándalo Irán-Contras, congelaron en la práctica las conversaciones. En la etapa que se abrió después de abril se demostró que prevalecía aún la "guerra fría" y todo lo conseguido pareció irse una vez más a la borda. (4)

Al calor del Contragate - crisis de Reagan y cierto despertar del Partido Demócrata de Estados Unidos el Presidente Arias comenzó a elaborar la primera versión de su Plan de Paz, concibió inicialmente como un mecanismo de presión política, en forma de ultimátum, contra Nicaragua, coicidente en todo con los planes de Reagan menos en la continuación de las presiones militares por la guerra contrarrevolucionaria.

En coincidencia con este Plan, siete partidos políticos de oposición de Nicaragua - los extraparlamentarios y pro-norteamericanos de la Coordinadora y otros presentes en la Asamblea elaboraron un plan de 9 puntos y se acercaron públicamente al Cardenal Obando buscando implícitamente su apoyo para el mismo.

Es en esta delicada coyuntura, de la que finalmente saldría una reelaboración del Plan Arias, cuando noticias publicadas fuera de Nicaragua revelaron que el Cardenal estaría haciendo planes con estos grupos opositores, basándose para ello en datos sobre lo discutido en las conversaciones Iglesia-Estado. Un estricto silencio sobre la marcha del diálogo había sido acuerdo de ambas partes desde el mismo inicio de las conversaciones. El Cardenal parecía querer volver a la arena política valiéndose para ello de la filtración de las lógicas diferencias que estaban surgiendo y debatiéndose en el diálogo.

El 25 de abril, en un esperado "De Cara al Pueblo" con cristianos de base, el Presidente de Nicaragua hizo algunas observaciones, conciliatorias, sobre el diálogo, de las que se deducían estas diferencias y estas filtraciones:

"El diálogo Jerarquía-Estado es un problema que interesa al pueblo nicaragüense y a toda la comunidad internacional...El diálogo con la jerarquía de la Iglesia Católico es un diálogo que siempre lo hemos considerado necesario. Ellos también lo han considerado necesario. Lo han dicho. Y en estos meses ha sido posible llevar a cabo unas reuniones. Van ya cinco reuniones en las conversaciones de diálogo de la jerarquía de la Iglesia Católica y el gobierno de Nicaragua. Este diálogo hemos querido mantenerlo y pensamos mantenerlo con el mayor espíritu constructivo y no queremos hacer del diálogo un elemento confrontativo. Y por eso, muchos detalles que se están tratando ahí en las conversaciones, de nuestra parte no los hemos hecho públicos. Ha habido errores de la otra parte, en donde han hecho públicas algunas interioridades del diálogo. Porque entonces se convierte en una lucha de propaganda y se convierte en una confrontación. Tanto la jerarquía de la Iglesia-Católica como nosotros estamos convencidos de que no es conveniente eso..."

En esta ocasión, fueron también valiosas las declaraciones que hizo el Presidente de Nicaragua sobre las más amplias relaciones de la revolución sandinista con el cristianismo: "Cuando hablamos del diálogo con la jerarquía de la Iglesia Católica, nosotros nos sentimos representando a un pueblo cristiano. Representándolo en cuanto a loa que es la organización de la nación, del Estado, No estamos suplantando ni intentando suplantar aquí la dirección, desde el punto de vista espiritual, que debe tener la jerarquía de la Iglesia Católica sobre el pueblo católico de Nicaragua. Pero éste es un pueblo que tiene una base, una sustentación cristiana. Aquí es difícil hablar de cristianos y ateos. No podemos hablar del ateísmo como una manifestación masiva de nuestro pueblo...

Aun cuando todos decimos tener buena voluntad en favor del diálogo hay quienes están interesados en que se produzca una confrontación total y definitiva entre la revolución y la jerarquía de la Iglesia Católica. Insisto en señalar: jerarquía de la Iglesia Católica. Porque confrontación con el cristianismo no puede haber en esta revolución. ¡Porque será una confrontación del pueblo consigo mismo!

El problema empieza cuando hay quienes reducen la palabra Iglesia y piensan solamente en la jerarquía. Ahí la cosa ya empezó mal. Porque si se piensa que la Iglesia es la jerarquía... Yo se lo decía a un periodista norteamericano: que yo no he sido excomulgado, y soy bautizado y confirmado en la Iglesia Católica y me siento identificado con el cristianismo. Y que por eso yo interpretaba, como interpretan muchos, que la Iglesia es el pueblo de Dios. Sin pueblo no puede haber Iglesia. Podrá haber jerarquía, ¡pero no pueden haber Iglesia!"

Entrevista a Daniel Ortega en la revista "Playboy"

La "identificación" del Presidente de Nicaragua con la fe cristiana se reveló de una manera más explícita en la extensa entrevista que le hizo la revista norteamericana "Playboy", publicada en el número de noviembre/87, en la que Daniel Ortega se detuvo en muy poco conocidas anécdotas personales, recuerdos de su juventud cuando sintió la vocación a ser religiosa, etc. Este era el fin de la entrevista:

"Ortega .- ...Tenemos que rezarle a Dios para que El ilumine la mente del Presidente Reagan para que no siga cometiendo más violaciones contra los derechos humanos en Nicaragua. Yo no creo que Reagan haya sido iluminado por Dios. Pienso que él está más cerca de las tinieblas del demonio, pero tenemos la esperanza de que se haga la luz antes de que él cometa la locura de invadir Nicaragua.

Playboy.- Entonces, ¿usted todavía cree en Dios?

Ortega.- Sí.

Playboy.- ¿Y usted se considera a sí mismo un comunista?

Ortega.- Yo soy un sandinista".

La sangre de un mártir genera un incendio y une a la Iglesia de los Pobres

En mayo de 1987, la UNO (Unión Nicaragüense Opositora) se cambió de nombre y reestructuró su directiva, con el fin de maquillar su rostro, lleno de manchas tras las revelaciones del escándalo Irán- Contras. AL hacerlo, no renunció a poner algún barniz religioso en el maquillaje. Fue el de la piedad mariana.

El 8 de mayo, en una parroquia cercana a Managua, Mons. Bosco Vivas anunció solemnemente a los fieles allí reunidos que la Virgen María se había aparecido de nuevo en aquella iglesia al campesino Bernardo, natural del pueblo de Cuapa. Esta vez lo había hecho bajo a advocación de Virgen de las Victorias. Según el mismo vidente , María le habría pedido que rezara el rosario, señalando un particular deseo, expresado así por el obispo Vivas:

"María ha dicho que en todos los hogares deben efectuarse quemas de libros malos, libros donde se niegue a Dios, donde se enseñe el pecado. Estos libros no deben estar en los hogares de ustedes porque son los verdaderos agentes de Satanás . Nuestra Señora quiere que nosotros no tengamos al enemigo en nuestros hogares y debemos cumplir con lo que Nuestra Señora ha transmitido a Bernardo".

Mons. Vivas indicó que él mismo había empezado a cumplir el deseo de María y había hecho una primera hoguera la víspera. Otra hoguera se había realizado en Cuapa. En ellas ardió fundamentalmente literatura de autores marxistas o de autores así juzgados por los sectores tradicionales. Bernardo, el vidente, un campesino de unos 50 años. al que Vivas hizo ingresar al seminario tras las primeras apariciones, relató a los fieles su experiencia, recordando que la Virgen le pidió que se volviera "a las tradiciones de la Iglesia y al agua bendita" y le encomendó que propagara "la devoción a las llagas de la espalda de Cristo".

Desde marzo la noticia de estas apariciones venían difundiéndose en radios anti-sandinistas del área. El 30 de marzo, en Radio Impacto, de Costa Rica, el Cardenal Obando declaró que no se le había dado publicidad "porque pensamos que puede aparecer nuevamente", dando por supuesta la veracidad de los hechos. EN abril, la "15 de Septiembre", emisora de la contrarrevolución en Honduras, daba ya publicidad da los hechos: "Este es el mensaje de la Virgen, que llega hoy a nosotros después de 15 días del milagro, para decirnos: 'Les digo a los nicaragüenses que pronto tendrán alegría'... La Virgen quiere que Bernardo pase su mensaje: `Sufrido pueblo de Nicaragua, recibirán muy pronto una vida nueva llena de felicidad".

Después de medio año, la nueva devoción, que algún comentarista internacional llamó la de "Santa María de los Contras" y Ernesto Cardenal, "Nuestra Señora de Oliver North", no parece haber arraigado. No se levantaron nuevas hogueras y el asunto quedó en una efímera llamarada de tusa, propia de los primeros tiempos de la tensión.

Un fuego mayor sí fue encendiéndose ese mismo mes cuando el semanario Newsweek informó sobre impuesto involucramiento del Cardenal Obando en la red de los beneficiados con los dinero del Contragate, a través de los contactos, personales que Oliver North había establecido desde los sótanos de la Casa Blanca. Aunque las pruebas no eran concluyentes, los periodistas norteamericanos aportaron indicios sobre esta conexión, incluyendo una comprometedora carta de crédito.

La noticia cayó como un bomba y tensó de nuevo las relaciones Estado Iglesia. El Cardenal se encerró en el más absoluto mutismo, calificándolo todo de "calumnia" y recordando a Radio Vaticana que él estaba denominado para el Premio Nobel de la Paz. Los medios de comunicación sandinistas volvieron a la carga contra él, después de muchísimo meses de tregua respetuosa, en aras de la distensión. El Consejo Presbiteral de la Arquidiócesis pidió a los fieles que tomaran conciencia de "la hora difícil que vive la Iglesia". Todo este panorama dio pie a muchos para pensar si Newsweek llegaba a portar nuevas y definitivas pruebas el Cardenal se vería en una muy difícil situación con el gobierno.

Cuando este fuego continuaba ardiendo, y a la espera de esa nueva información, el estallido de una mina contrarrevolucionaria de fabricación norteamericana, que el 3 de julio hizo volar por los aires la camioneta de la parroquia de Matiguás (Matagalpa), matando a Fray Tomás Zavaleta e hiriendo gravemente al padre Ignacio Urbina, franciscanos, y a una colaboración laica de la parroquia, provocó un incendio mayor. (A este hecho mayor en la reciente historia de Nicaragua dedicamos un artículo entero en el envío de agosto/87).

Después de acudir a la morgue en donde reposaba el cadáver destrozado del primer religioso asesinado por la contrarrevolución, el Presidente de Nicaragua lanzó desafiante esta pregunta, dentro de un discurso a los campesinos de la región norteña: "¿Qué va a decir ahora el Cardenal Obando?" Al día siguiente, en la homilía de su habitual misa, el Cardenal respondió: "¿Quiénes lo hicieron? Pues, es una pregunta en un mundo tan confuso, en un mundo donde la información está tan manipulada... ¿Quiénes? ¡Dios nuestro Señor lo sabrá!"

El presidente de Nicaragua reaccionó inmediatamente: "Sólo Dios sabrá cuánta plata está recibiendo él de la CIA", señalando también que esta posición del Cardenal y las revelaciones de Newsweek planteaba una revisión del diálogo Iglesia-Estado, paralizado desde hacía tres meses por inercia de la jerarquía. "Mejor hablamos con quien le paga", dijo Ortega.

En términos también ambiguos se expresó el Nuncio Giglio, que presidió la última misa de cuerpos presente que se celebró por Fray Tomás, antes de enviar su cadáver a El Salvador, su patria: "Lamentamos la muerte, porque la muerte es una fea... Si hay paz no hay muertos... La causa de la guerra es la falta de paz, la falta de amor. La guerra la provocan los ideas diferentes que tienen los nicaragüenses".

Retomando el lenguaje empleado durante el Viacrucis de febrero/86, el padre Miguel D'Escoto declaró en una entrevista radial que tuvo gran audiencia, dada la conmoción que la muerte de Fray Tomás creó durante varios días en el país: "Veo en las declaraciones del Nuncio una clara voluntad de no llamar a las cosas por su nombre... Ha elegido la vía - ¿por qué no decirlo? - de encubrir la verdad, de hablar a medias. Una vía anti-evangélica y anti-histórica. ¿Por qué dice `muerte' y no dice `asesinato'? ¿Por qué dice `la muerte es fea' y no dice `el asesinato es un crimen'?... El mundo entero sabe lo que Obando no ha podido saber, lo que él no quiere admitir que sabe: que a Nicaragua se la está martirizando porque rehusa arrodillarse ante los Estados Unidos para decir: `hágase tu voluntad'... No tienen el coraje y la valentía evangélica de llamar a las cosas por su nombre. Esto pone en evidencia el estado de bancarrota moral en que se encuentran los que se dicen representantes de Cristo. El Cardenal y el Nuncio serán recordados en los años futuros. Y aquellos que quieran desprestigiar a la Iglesia utilizarán estas declaraciones como ejemplos de posiciones anti-pueblo y anti-paz".

Para la Iglesia de los Pobres de Nicaragua, el martirio de Fray Tomás fue una importante campanada en el fondo de la conciencia, quizá "acostumbrada" y a la guerra, y también un factor de unidad. Esto se vio principalmente en el sector de los religiosos y religiosas de Nicaragua, tan dividido como otros sectores, pero que esta vez, convocado por los religiosos franciscanos, hermanos de Fray Tomás, se reunió por encima de las diferencias acumuladas durante años bajo el común deseo de la paz. De hecho, el documento elaborado por la Provincia Franciscana de Centroamérica y Panamá, el que se unieron con sus firmas decenas de religiosos de todo el país - de muy diversas tendencias políticas- y que fue leído al término de la misa con la que se conmemoró en Matiguás el asesinato de Fray Tomás, representa quizá la más pluralista toma de posición contra la agresión norteamericana que ha elaborado la Iglesia de Nicaragua en todos los años de guerra.

Estos eran los párrafos más significativos de este Mensaje Franciscano: "Hermanos: nos oponemos evangélicamente a la agresión injusta e inmoral que nuestro pueblo sufre, víctima de una política que atenta contra los más sagrados principios de los derechos humanos. No queremos más guerra y dolor, añoramos la paz y el respeto a nuestra tierra Nicaragua.

Hacemos un llamado al gobierno de Nicaragua a que agote sin cansarse todos los medios pacíficos y a que siga profundizando el carácter democrático-popular de la revolución, en beneficio de los sectores pobres más necesitados de reivindicación, sin olvidar la totalidad del pueblo que aspira sinceramente a una vida pacífica y justa. Pedimos también estar siempre alertas para corregir errores y desviaciones que surgen en este proceso. Hacemos un llamado a todos los hombres de Iglesia, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos a ser testigos de la buena nueva de Jesús por medio de la unidad en la pluralidad".

Sólo 6 días después de esta celebración unitaria en la zona de guerra, en las montañas de Nicaragua, 34 días después del martillo de Fray Tomás, los cinco presidentes centroamericanos firmaban en Guatemala los acuerdos de paz. A primer golpe de vista, a muchos les pareció un milagro. Los acuerdos abrieron una gran esperanza. El fuego se apagó cuando una nueva ruptura entre la Iglesia y el Estado parecía inevitable. Pero no sólo se apagó el fuego, sino que se abrió un camino cualitativamente diferente en estas relaciones y, sobre todo, se posibilitó un camino para una mayor unidad al interior de la misma Iglesia.

Una Iglesia unida en ofensiva por la paz

No hay aún suficiente perspectiva para evaluar con exactitud lo que significará para la Iglesia de Nicaragua la nueva coyuntura abierta por los acuerdos de paz firmados el 7 de agosto por los cinco presidentes centroamericanos como resultado de un frágil pero real enfrentamiento con la política de guerra del gobierno norteamericano. No parece aventurado afirmar ya que Esquipulas II - como se conoce en Nicaragua tanto a los acuerdos como a la reunión presidencial marcará una línea divisoria, de ésas que permiten hablar de un "antes" y un "después".

Con Esquipulas II parece haber cambiado, de forma estable, la percepción de la jerarquía católica y de un sector de la Iglesia sobre la irreversibilidad o reversibilidad de la revolución sandinista. También cambió esta percepción en los cuatro gobiernos centroamericanos, que con la firma de los acuerdos expresa por primera vez y unidos y el reconocimientos de la realidad de la revolución, aceptando su legitimidad y su irreversibilidad. Este cambio de percepción tiene su base en la evidencia de que la revolución ha derrotado estratégicamente a la contrarrevolución y que, por tanto, no es ni débil ni reversible por el camino de las armas.

Se encuentra reforzado ese cambio en la perseverante gestión latinoamericanista de los países de Contadora y Apoyo. En Esquipulas II, Centroamérica se rinde a la evidencia de la nueva situación abierta en el área con una revolución social que no puede ser considerada como un episodio efímero. También se ha rendido a esa evidencia la jerarquía de la Iglesia, opuestas por años a la revolución. Ahora, aunque siga considerando este proceso de cambios como un enemigo ideológico, entiende que no es la vía militar la que resolverá estas diferencias ni es tampoco la confrontación la que garantizará los intereses de la institución eclesiástica. Esto es una novedad, por más que este cambio de perspectiva en el sector eclesiástica. Esto es una novedad, por más que este cambio de perspectiva en el sector eclesiástico se haya venido gestando en un largo proceso, del que la distensión que reseñamos era el preludio inmediato.

Cuando escribimos, los acontecimientos desencadenados por la dinámica Esquipulas II se suceden y precipitan cada día. Sintetizarlos es la primera tarea. Interpretarlos con certeza es aún difícil.

De entrada, el texto de Esquipulas II otorga un claro protagonismo a las jerarquías católicas de los países del área, el establecer que un obispo debe formar parte de la Comisión Nacional de Reconciliación (CNR), organismo que tiene por tarea dar seguimiento y velar por el cumplimiento de los acuerdos.

En Nicaragua, en momentos de gran tensión como los que había en las relaciones Estado-Iglesia en vísperas de la reunión del Guatemala, aceptar ese protagonismo era un desafío, tanto para el gobierno como para la Conferencia Episcopal. Los acuerdos exigían un acercamiento constructivo. Este se dio.

Cuatro días después de firmados, los acuerdos, y adelantándose a los plazos fijados, el Presidente de Nicaragua convocó a los partidos políticos y a la Conferencia a formar sus ternas para que el Ejecutivo pudiera después seleccionar a los integrantes de la CNR: Esta comunicación fue precedida por una larga entrevista privada Ortega-Obando, de la que se podía ya deducir un importante giro político.

El 20 de agosto, tras cuatro horas de reunión, los obispos presentaron al gobierno su terna: Obando-Vivas-Schlaefer. El 25 de agosto quedó integrada la CNR. Titular, por la Conferencia Episcopal, fue elegido el Cardenal Obando. Su suplente, Mons. Bosco Vivas. Como miembro "notable" en la CNR fue elegido el Reverendo Gustavo Parajón, pastor bautista, presidente del CEPAD (Comité Evangélico Pro Ayuda al Desarrollo), organismo de coordinación de 45 denominaciones de la Iglesia Evangélica.

La presencia de Parajón marcó a la Comisión con un sello ecuménico. Un ecumenismo que se reflejaría, no sólo al nivel de la Comisión Nacional, si en todas las Comisiones locales que empezaron a surgir de inmediato. Este ecumenismo práctico es un aporte concreto que ha dado Nicaragua al espíritu de reconciliación, unidad y pluralismo que trata de promover la letra de los acuerdos de paz. (En Nicaragua más del 15% de la población nacional es evangélica).

El acto de constitución de la CNR fue solemne. Sorprendente y esperanzador, todo un símbolo del nuevo clima, resultó para la mayoría del pueblo el ver ese día orar juntos al Presidente Ortega y al Cardenal Obando. Ni el más imaginativo podría haber previsto algo así tan sólo 30 días antes. El Cardenal, por invitación del Presidente, cerró aquel acto histórico con esta oración: "Señor Jesucristo: tú viniste a esta tierra para unir a los hombres con Dios y a los hombre entre sí. Has vendió para derribar el muro del odio que separa a los dos pueblos. Ayúdanos, Señor, para que los nicaragüenses nos mantengamos unidos, para que reine entre nosotros el amor, la caridad.

Estamos convencidos que si tenemos una fe firme, de tal manera que podamos trasladar una montaña de un lugar a otro, pero brilla por su ausencia el amor y la caridad, esto de nada sirve. Si hablamos el lenguaje que hablan los seres humanos y aún el lenguaje de seres angelicales, pero no tenemos amor, caridad, somos como bronce que suena y como una campaña que retiñe. Que reine, Señor, el amor, para que podamos la familia nicaragüense reconciliarnos y así, de esa manera, cuidar la vida, defender la vida, promover la vida. Que podamos, Señor, una paz que sea fruto de la justicia, que esté apoyada en la verdad, en el amor, en la justicia y en la libertad. Danos, Señor, fuerza para poder deponer el odio y reconciliarnos y poder construir esta Patria, porque estamos convencidos que aunque la Patria sea pequeña, nosotros grande la soñamos. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amen".

En el acto, Daniel Ortega anunció que podrían regresar a Nicaragua Mons. Vega, el P. Carballo y el P. Benito Pitito, sacerdote italiano, uno de los 10 sacerdotes extranjeros expulsados de Nicaragua en julio de 1984. La insistente petición del Cardenal en el marco del diálogo se veía respondida así en un marco de diálogo nacional más nuevo y más amplio.

El 1 de septiembre, al instalarse la CNR, el Vicepresidente Sergio Ramírez anunció que por unanimidad de los miembros de ésta y por solicitud del Presidente Ortega, sería el Cardenal Obando quien presidiría la Comisión.

En sus escuetas declaraciones el Cardenal insistió en que la CNR debía ser juzgada a posteriori y no a priori, admitiendo que había "buena voluntad" en el gobierno y reconociendo que había recibido presiones - obviamente de la derecha, aunque él no lo explicitó - para que abandonara la Comisión. Desde el comienzo, el Cardenal expresó su opinión personal a favor de una amnistía total, de la derogación total del estado de emergencia y de la reapertura de Radio Católica, antes de que se cumpliera el plazo de los 90 días. "Ojalá que el Presidente Reagan pudiera conversar con el gobierno de Nicaragua", dijo también, aunque los Estados Unidos a cesar su apoyo a la contrarrevolución correspondía "a los gobiernos" y no a él.

Cuando el Papa Juan Pablo II viajó a mediados de septiembre a los Estados Unidos, el Cardenal Obando se trasladó a Miami a encontrarse con él, aunque no sostuvieron ninguna entrevista.

En esta ocasión, muchos en Nicaragua esperaban un apoyo público y explícito del Papa, desde tierra estadounidense, a los acuerdos de paz centroamericanos. Entre ellos, Mauricio Díaz, dirigente del Partido Popular Social Cristiano, que visitó al Nuncio, solicitando una postura beligerante del Vaticano en el proceso de paz centroamericano, aprovechando este viaje papal. El Nuncio no le dio ninguna respuesta concreta y el Papa no pronunció las palabras esperadas, lo que demostró una vez más la enorme cautela con que las más altas jerarquías católicas se mueven frente al imperialismo norteamericano, cautela que contrasta incluso con las declaraciones críticas que gobiernos europeos y latinoamericanos, que son claramente aliados de los Estados Unidos, hacen a la actual Administración por su empecinamiento en la guerra.

Esquipulas II despertó en Nicaragua el sentimiento, casi la convicción, de que la paz estaba al alcance de la mano. Esto movilizó, espontáneamente primero y más organizadamente después, a la población de las zonas de guerra, comprometiéndolas a trabajar por acelerar al llegada de la paz. Este deseo y esta convicción están en la base de la formación de las Comisiones locales de paz, que se crearon en municipios, pueblos y comarcas de las zonas de guerra, con la principal misión de dar a conocer los acuerdos de paz, llamar al desalzamiento a los contrarrevolucionarios para que se acojan a la amnistía y garantizar la normal incorporación a la comunidad de los amnistiados. También se crearon Comisiones Departamentales de Paz.

Al frente de la Jinotega se colocó desde el primer momento el obispo del lugar, Mons. Pedro Lisímaco Vílchez. Desde entonces, desarrolla un activo trabajo por la paz, recorriendo todos los rincones de su diócesis. "Lo hago como nicaragüense, porque todos estamos interesados en la paz. Debemos hablar un solo lenguaje, el del amor, que contribuya a lograr la paz". Muy pronto, más de 40 comisiones locales en la diócesis trabajaban en coordinación con la departamental, dirigida por el Obispo.

En las más de 200 comisiones locales que surgieron en todo el territorio en guerra, las Iglesias juegan un papel clave a través de los párrocos, delegados de la Palabra, pastores evangélicos, religiosas y catequistas, que integran y en bastantes casos presiden la Comisión. El florecimiento de las Comisiones de paz, en las que se vive el ecumenismo práctico, ha sido también un aporte de Nicaragua al espíritu de Esquipulas: la reconciliación nacional no se ha visto únicamente como una responsabilidad del poder de la base, que debe actuar hasta en el último rincón del país. En estas movilización popular. Pastores y curas que se adentran en la montaña a hablar con los contrarrevolucionarios convencerlos para que se desalcen, capillas y ermitas - junto a puestos de la Cruz Roja - abiertas como lugares de recepción de los amnistiados, marchas y oraciones permanentes por la paz, reuniones en las parroquias para analizar qué se puede hacer, viacrucis, ayunos, vigilias, en los que se involucra toda la comunidad... La iniciativas son tantas como las Comisiones.

Este movimiento de base, en cierto modo inesperado, creo suspicacias en la jerarquía católica de Managua. El 19 de septiembre se hizo público un Mensaje de la Conferencia Episcopal, con fecha 17 y firmado únicamente por Mons. Bosco Vivas con un "doy fe".

El documento desentonaba con los acuerdos de Guatemala, y más que todo contrastaba con el clima de esperanza y optimismo abierto en Nicaragua con ellos. Se proponían al gobierno exigencias no contenidas en los acuerdos: el diálogo con los contrarrevolucionarios, el cese del servicio militar, la amnistía total, etc. Ignorando el concepto de "simultaneidad", básico en los acuerdos, se señalaba que el gobierno "no puede honestamente condicionar el cumplimiento de lo acordado por él mismo a las acciones de un tercero", sin hacer ninguna recomendación de paz a este "tercero", los Estados Unidos. El párrafo más chocante resultó el que dedicaba el mensaje a cuestionar las Comisiones Locales de Paz. "Pareciera -decía el texto - que lo que se busca es únicamente la rendición y el desarme de individuos aislados", restando asía importancia a la validez que tiene en el actual momento ese desarme individual - por el que trabajaban arduamente sacerdotes y cristianos- como un mecanismo para acelerar la paz e incluso para ejercer la reconciliación y el perdón cristianos.

Muy pronto se supo que el documento no contaba con el consenso de todos los obispos. Este dato, la desubicación que reflejaba el texto de nuevo clima existente en el país y nuevas medidas del gobierno a la par que se difundía el documento -reapertura de La Prensa y Radio Católica, fin de la censura previa a los medios y decreto de cese al fuego unilateral en tres zonas del país- le quitaron prácticamente la relevancia que buscaba conseguir tanto dentro como fuera de Nicaragua.

Evitando toda polémica con el texto -un signo también de los nuevos tiempos- y lanzando audaces iniciativas de paz, el gobierno evitó que tuviera apenas, publicidad. Así el documento no pasó de ser un significante nota discordante en una melodía más compleja y armoniosa. Una voz en el desierto, aunque en esta ocasión nada profética. Quizá uno de los últimos coletazos de la "pastoral de confrontación" que ha caracterizado durante años a la Arquidiócesis de Managua.

Muy pocos días después de la difusión del texto, y para responder a las legítimas preocupaciones sobre el posible descontrol que podría generar la proliferación de tantas Comisiones Locales, la CNR estableció en un comunicado que ella quedaría a la cabeza de todas las Comisiones Regionales o Departamentales, pero autorización su creación y la de Comisión Locales, estableciendo, que estuvieran subordinadas a la Nacional por la comunicación directa de sus actividades. En el comunicado se recomendaba también que fueran los obispos de las diócesis los que presidieran estas Comisiones. Ha sido así en Jinotega (Mons. Vílchez), Matagalpa (Mons. Santi) y en la Región I, cuya Comisión Regional es presidida por Mons. Julio López, Vicario de la diócesis, en representación del obispo López Ardón, ausente del país por enfermedad.

El 5 de noviembre, al cumplirse el plazo de los 90 días y empezar a ser obligatorios los acuerdos de Esquipulas II, el Presidente Ortega anunció las últimas medidas tomadas por el gobierno de Nicaragua en el marco de éstos. Entre ellas, se decidió iniciar la concertación de un cese al fuego con los dirigentes contrarrevolucionarios a través de un intermediarios. Para esta misión fue designado unos días después el Cardenal Obando. El papel protagónico que el gobierno ha dado al Arzobispo de Managua en la etapa post-Esquipulas ha sorprendido a muchos. "Consideramos un gesto de humildad y de reconciliación dar este paso", dijo el Presidente de Nicaragua, cuando fue preguntado sobre este delicado tema en un encuentro internacional celebrado en Managua.

Si internacionalmente los enemigos del sandinismo "han colado mosquitos y tragado camellos" al evaluar el cumplimiento que de los acuerdo de Esquipulas II han hecho los cinco gobiernos centroamericanos, lo que más los ha descolocado al emplear esta doble medida es la participación del Cardenal en el proceso de reconciliación. Este desconcierto lo refleja a diario "La Prensa", un periódico que ha demostrado en esta etapa ser incapaz de la crítica constructiva y de la reconciliación que predica. la participación protagónica del Cardenal es quizá la prueba más palpable y simbólica de la buena voluntad del gobierno de Nicaragua en la búsqueda de la paz, a la vez que confirma, por parte del Cardenal, su voluntad de dar un giro a su actuación, cuando ya la contrarrevolución no es más que una opción derrotada, desprestigiada y en trances de desintegración.

La evolución de la guerra explica mucho. El anhelo de paz lo explica casi todo. Con una oposición que siempre ha sido débil y que hoy aparece más fragmentada que nunca, el Cardenal intenta recuperar con Esquipulas II el rol de hombre de paz, a la par que acreditarse como el más prestigiado de los opositores al sandinismo. No deja de ser esto importante para el futuro de la institución eclesiástica en Nicaragua.

La consolidación de la distensión y un nuevo marco de relación parecen ser el futuro al que se orientan las relaciones Iglesia-Estado. Entre el pueblo de Dios surgen por toda Nicaragua voces que reclaman amnistía, pluralismo y reconciliación también en el interior de la Iglesia, tan profundamente polarizada en estos años de guerra. Superar esta polarización -una más de las dañinas distorsiones que ha provocado Reagan con su guerra fracasada- es para todos un gran desafío en esta hora de paz.

La práctica diaria de las Comisiones de paz reúne hoy en una misma tarea -que implica riesgo, generosidad, capacidad de perdón - a evangélicos y católicos, a progresista y tradicionales , a representantes de todos los modelos y tendencias eclesiales que coexisten hoy en Nicaragua. Quizás desde los tiempos de la Cruzada de Alfabetización, nunca hubo un consenso tan amplio en la Iglesia como el que se está dando ahora en las zonas de guerra y entorno a estas Comisiones de paz. Es esta también una insurrección evangélica como la que abrió el ayuno por la paz, aunque no tenga ni etiqueta ni organicidad.

Se está reconstituyendo así la Iglesia de los hijos de Dios que construyen la paz y por eso son bienaventurados. Se trata también de la formación de un nuevo y amplio consenso social en torno al deseo de paz, que en último término reforzará la participación del pueblo, es decir, la democracia.

Es lógico por todo esto que en los altares que ya se alzan por toda Nicaragua para celebrar a la Purísima, la característica palomita de la paz de Esquipulas tenga un lugar de honor.

Algunas notas de interés

-Después de su entrevista con el Papa en junio/86, el Vicepresidente de Nicaragua declaró: "He asegurado al Papa que el Estado definirá en su Constitución Política el pleno respeto a la libertad religiosa". En la Constitución nicaragüense los artículos directamente relacionados con la fe o su práctica son estos cinco:

Art.14: El Estado no tiene religión oficial.

Art.29: Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia, de pensamiento y de profesor o no un religión. Nadie puede ser objeto de medidas coercitivas que puedan menoscabar estos derechos ni a ser obligado a declarar su credo, ideología o creencia.

Art. 49: En Nicaragua tiene derecho a constituir organizaciones los trabajadores de la ciudad y el campo, las mujeres, los jóvenes, de productores agropecuarios, los artesanos, los profesionales, los técnicos, los intelectuales, los artistas, los religiosos, las comunidades de la Costa Atlántica y los pobladores en general, sin discriminación alguna, con el fin de lograr la realización de sus aspiraciones según sus propios intereses y participar en la construcción de una nueva sociedad. Estas organizaciones se formarán de acuerdo a la voluntad participativa y electiva de los ciudadanos, tendrá una función social y podrán o no tener carácter partidario, según su naturaleza y fines .


Art.69 Todas las personas, individual o colectivamente, tienen derecho a manifestar sus creencias religiosas en privado o en público, mediante el culto, las prácticas y su enseñanza. Nadie puede eludir la observancia de las leyes ni impedir a otros el ejercicio de sus derechos y cumplimiento de sus deberes invocando creencias o disposiciones religiosas.

Art.124 La educación en Nicaragua es laica. El Estado reconoce el derecho de los centros privados dedicados a la enseñanza y que sean de orientación religiosa, a impartir religión como materia extracurricular.

-Las religiosas de la Madre Teresa trabajan desde hace un año en esta zona, en tareas asistenciales y en apoyo al trabajo pastoral de la parroquia de El Calvario, ubicada en el Mercado Oriental.

-Mientras en Nicaragua, gran parte de la jerarquía había apostado decididamente por el diálogo para resolver las tensiones, Mons. Vega, en Radio Liberación, emisora contrarrevolucionaria ubicada en El Salvador comparaba el diálogo con "eso que se está hablando hoy en día de estos matrimonios entre homosexuales". "¿Qué es un matrimonio entre homosexuales? - dijo - Sencillamente, una masturbación estéril, sin ninguno verdadera manera de llegar a una comunión generadora de nueva vida. Así, un diálogo con gente totalitariamente marxista no es más que como un matrimonio, un mal llamado matrimonio entre homosexuales. Es estéril, no conduce a nada, no fecunda nada porque no reconoce que el encuentro entre la materia y el espíritu es loa que va a hacer al hombre realmente nuevo". (Emisión del 1. de febrero de 1987).

-En mayo de 1981 se habló mucho en Nicaragua de las supuestas apariciones de la Virgen en el poblado de Cuapa (Chontales). Mons. Obando, Mons.Vivas y Mons. Vega, junto a los sectores católicos más tradicionales fomentaron esta "advertencia".

-El P. Carballo y el P. Pitito regresaron a Nicaragua el 13 de septiembre. Carballo se reintegró a su parroquia y a la dirección de Radio Católica. El P. Pitito volvió al poco a Italia. Mons. Pablo Vega no quiso volver, alegando que tenía más contacto con los nicaragüenses fuera que dentro y que no había que "presentarse a engaño" con los pasos que daba el gobierno nicaragüense.

-Dos ejemplos de la composición de las Comisiones: a comienzos de septiembre había ya en la Región 1, 20 comisiones. En ellas participaban 26 productores privados, 13 pastores evangélicos, 11 sacerdotes y 8 ex-contras. A finales de septiembre, había en la Región V, 58 Comisiones: 108 productores privados, 55 catequistas, 40 diáconos y delegados de la Palabra, 38 ciudadanos "notables", 23 pastores evangélicos, 11 sacerdotes y 5 religiosas.

-Una marcha de 80 católicos y evangélicos de todo el país durante una semana por la zona de Nueva Guinea (82 kilómetros de zona de guerra) ha sido la más destacada de estas actividades. En ella participaron también miles de pobladores de las colonias y poblados de la zona. Uno de los participantes resumió así la experiencia: "Descubrimos que en Managua tenemos una paz subsidiada por el dolor, sufrimiento, pobreza y muerte de los campesinos que viven en las zonas de guerra".

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