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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 13 | Julio 1982
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Nicaragua

Inundaciones: una tragedia no bien conocida

En mayo comienza normalmente el período de lluvias. La gente lo recibe con la alegría del que desea el fin de una temporada seca, calurosa y polvorienta. Sin embargo, sorpresivamente, la fuerza e intensidad de las lluvias pronto se transformaron en tragedia nacional.

Equipo Envío

El miércoles 26, serias inundaciones habían afectado ya todo el territorio del oeste del país sobre todo en el área de Chinandega y León y en los días sucesivos se extendieron a todo el territorio nacional convirtiéndose en un desastre natural de mayor magnitud que el terremoto de 1972 y una de las peores inundaciones conocidas en Nicaragua.

Queremos presentar la gravedad de los daños sufridos, que no han recibido la atención merecida a nivel de los medios informativos internacionales, y por otra, señalar la capacidad organizativa del pueblo a través de los organismos de masas junto con la dedicación del gobierno al servicio del pueblo puesto de manifiesto una vez más en esta ocasión.

La gravedad de los daños

Según datos del Servicio Nacional de Meteorología, durante el período del 21 al 31 de mayo cayó en el departamento de Chinandega un total de 1,362.9 milímetros de lluvia que representa un promedio de 130 milímetros por día. Esta cantidad de lluvia en este período de 10 días es diez veces mayor al promedio normal, 156.9 mm. y es casi cuatro veces más a lo observado en el mismo período, en 1967, fecha de las inundaciones más grandes que se recuerdan en Nicaragua. A su vez, representa el 70% del total del promedio de lluvia anual.

Las primeras estimaciones el gobierno sobre los daños de las inundaciones, sumaron un total aproximado de $183 millones concentrados principalmente en daños infraestructura y en pérdidas en la producción agropecuaria. Sólo a nivel de vivienda quedaron totalmente destruidas 4,500 casas y otras 5,500 seriamente afectadas. El reducido número de muertos (80 en total) en ningún caso es indicador de las pérdidas materiales que han sido cuantiosas. El número de damnificados sobrepasa la cifra de los 60,000 En Honduras, país que sufrió más levemente las consecuencias de las lluvias, se estimaron los daños materiales en 20-25 millones de dólares con un saldo de 160 muertos.

Algunos opositores han criticado al gobierno nicaragüense señalando que ha sobrestimado la importancia de los daños. No obstante, según datos publicados recientemente por la CEPAL, se demuestra que las estimaciones del gobierno fueron en realidad muy conservadoras. La CEPAL estima que los daños suman un total de aproximadamente 350 millones de dólares, cifra que sobrepasa ampliamente las estimaciones del gobierno de 183 millones.

Cuadro 1


Los daños a la infraestructura han sido considerables, principalmente en las vías de comunicación. quedaron destruidos 21 puentes y otros 33 dañados, 57 alcantarillas destruidas o dañadas junto con carreteras cubiertas de lodo debido al deslizamiento de tierras. Se calcula que quedaron muy afectados 732 kilómetros de carreteras pavimentadas, la mitad de las que hay en el país. De igual importancia es el daño al sistema ferroviario, lo que va a requerir la construcción de nuevas vías en muchos tramos, obra que puede demorar unos dos años.

El otro sector afectado fue el agropecuario. Probablemente no se podrá valorar exactamente la gravedad del impacto hasta el final del ciclo 82-83. Según el informe preliminar del gobierno los daños incluyen:

- La pérdida del 60% del maíz de riego
- Perdida de 300 manzanas de producción de verduras
- 90% de la tierra preparada para la siembra de algodón
- Se perdieron el 60% de las plantaciones del banano
- Pérdidas del 30% de la 1ra. siembra del sorgo, arroz, frijoles,
papas y plátano.

- Se perdió en 10 días la producción de leche en las áreas que
quedaron incomunicadas.

- Pérdidas de 100.000 quintales de azúcar que no se pudieron
cosechar.

- Murieron 6,000 cabezas de ganado.

Debido a la destrucción de puentes y caminos, uno de los problemas fundamentales que confronta ahora el sector agrícola, es la forma de llegar a los lugares afectados para preparar de nuevo la tierra o resembrar, con el consiguiente impacto en la producción que significara un retraso en este aspecto. De un costo incalculable es también la pérdida de la capa de tierra fértil arrastrada por las lluvias y la destrucción de acequias de riego.

A nivel de divisas, las cifras de la CEPAL muestran que nuestro país perdió 36 millones de dólares en reducciones de exportaciones y que 91 millones de dólares sería el gasto de los productos que deberían importarse para la reparación de los daños materiales. Sin duda, estas cifras ampliarán la brecha en el déficit de la balanza de pagos que ya adquiere dimensiones de gravedad. Estimaciones no oficiales proporcionadas al Instituto Histórico Centroamericano por funcionarios del FIR (Fondo Internacional de Reconstrucción) señalan que el crecimiento del Producto Bruto Interno en 1982, probablemente, alcanzará solamente un 1% en su crecimiento.

Daños impresionantes

Recientemente viajamos a Chinandega y Corinto, dos de las áreas más afectadas por el desastre, para constatar de primera mano, la magnitud del mismo. A un mes del descenso de las aguas, las señales de la destrucción son impresionantes.

Chinandega, ciudad dividida por el Río Acome en dos partes, sufrió la ruptura de todos los puentes que la intercomunican. Uno de ellos era de hormigón armado de 100 metros de largo y 7 de alto. Las aguas lo superaron y lo desplazaron 50 metros más abajo. dejándolo enterrado por la arena. Entre 300 y 350 casas fueron destruidas, mayoritariamente colindantes al río y 28 personas murieron en esta región.

El gobierno, inmediatamente entregó lotes (terreno) a os damnificados, con la única condición de que los adjudicatarios no pueden venderlos ni alquilarlos, precaución necesaria para evitar la especulación. Algunas familias, al comenzar las inundaciones pudieron trasladar parte de sus pertenencias e incluso desmantelar sus casas. Ahora, ellos, han comenzado a construir sus nuevas viviendas. Otros, en cambio perdieron todo, y por el momento sólo tienen el lote adjudicado. La comida es entregada a los damnificados, pero muy pocos de ellos han podido salvar los utensilios de cocina y otros elementos. Paulatinamente van llegando esos materiales y se procede a su distribución.

Debido a las limitaciones económicas del gobierno y la relativamente escasa ayuda internacional recibida no se ha podido distribuir todos los materiales de construcción necesarios para la reinstalación de viviendas. Sin embargo, la mayoría de la gente damnificada ha conseguido madera, constituyendo la principal dificultad la obtención del zinc para los techos, ya que no se fabrica en Nicaragua y debe ser importado (pagando dólares) del extranjero.

Con los lotes adjudicados por el gobierno se han establecido nuevos barrios que debido a la emergencia no han podido ser planificados previamente. En muchos de ellos no hay todavía ni electricidad ni agua potable ni letrinas (servicios sanitarios). También hay problemas de seguridad para evitar los robos de las pertenencias de los damnificados.

Aunque a veces los problemas parecen insuperables, el trabajo de las organizaciones de masas, los ministerios de gobierno y las brigadas voluntarias están invirtiendo una gran cantidad de esfuerzos para resolverlos.

En Corinto, los daños más impresionantes son: la destrucción de buena parte de las vías férreas y la del puente que une la isla de Corinto con tierra firme. A 4 kilómetros de la estación, las vías ferroviarias están totalmente cubiertas por arena. Es necesario recordar que el ferrocarril es el principal medio de transporte desde Corinto, que es el principal puerto del país. En zonas aledañas, las vías férreas deberán ser desplazadas más al interior (alejarlas de la costa) porque el mar ha avanzado considerablemente. Se estima que la reconstrucción del ferrocarril puede demorar hasta dos años.

Sin duda, la vivienda, fue el aspecto más afectado. Como en todos los países del Tercer Mundo, los desastres naturales golpean generalmente, sobre todo a los más humildes. Y aquí, no se escapó a esta regla. La mayoría de los damnificados fueron los más pobres que vivían en casas frágiles de un solo cuarto en las orillas del mar o de los ríos, generalmente sin instalaciones sanitarias y con piso de tierra. En muchas familias, la mujer tiene sobre sí gran parte de la responsabilidad económica a través de tareas realizadas en la casa (fabricación de tortillas, costura, etc.) y debido a las inundaciones se perdieron gran parte de estos importantes medios económicos.

Una larga fila de casas veraniegas sobre la playa, en Corinto, profundamente dañadas por las aguas son algunas de las pocas excepciones a la regla antes mencionada. Muchos de sus propietarios no viven allí. Pero también sufren las consecuencias los cuidadores que las habitaban.

En la isla de Corinto, a diferencia de otros lugares del país, debido a su densidad de población no hay tierras disponibles para ser entregadas a los damnificados. Hay todavía algunos refugiados de emergencia en escuelas e iglesias.

La respuesta popular

Sin duda alguna, y como lo dijimos anteriormente es sorprendente ver la pequeña cantidad de muertos en relación a la magnitud del desastre material. En Honduras, hubo mucho menos daños materiales, pero más del doble de personas murieron a causa de las inundaciones. Con todos con quienes hablamos: funcionarios del gobierno, el Director del Comité Nacional contra el desastre, personas involucradas en las operaciones de rescate, observadores internacionales y los mismos damnificados atribuyen este hecho al nivel organizativo existente en el país a la hora del temporal. Casi con ironía podemos asegurar que fue la amenaza de intervención externa y el guerrerismo de la Administración Reagan las causas que precipitaron hacia marzo de 1982 el establecimiento del estado de Emergencia y la organización de la Defensa Civil. Esto significa que en todo el país ya se habían establecido criterios y estructurado métodos para responder a las emergencias (con grupos y responsables en la distribución de alimentos, primeros auxilios, construcción de refugios, rescate, etc.) pensando en la posible intervención militar externa.

Tan pronto como se tuvo conciencia de la magnitud del Desastre se activaron todos los mecanismos y estructuras de Emergencia. Los responsables de los Comités de Defensa Sandinista movilizaron los grupos de rescate para salvar a la gente que se encontraba en peligro.

En esta tarea no se puede subestimar el trabajo del Equipo de rescate, búsqueda y salvamento de las Fuerza Aérea Sandinista, que aunque compuesto por sólo 15 miembros, realizaron más de 90 misiones de rescate, logrando salvar la vida de más de 1500 personas, muchas de las, aisladas desde hacía varios días (12 niños se salvaron luego de estar flotando en una balsa durante 3 días). El trabajo más difícil de los pilotos y de los miembros de este equipo fue el de calmar a los campesinos que recordando el papel destructor de los helicópteros somocistas, se negaban a abandonar sus tierras. Fue entonces, necesario demostrar y convencerlos del servicio que se estaba brindando. Las operaciones de rescate terrestre fueron realizadas por los Comités de Defensa Sandinista, junto con la policía, la policía voluntaria, el ejército, los batallones de reserva y las milicias territoriales.

Los pobladores de los barrios, unieron sus esfuerzos para hacer frente y minimizar los efectos de las inundaciones. En Ciudad Sandino, por ejemplo, hay un Centro de Desarrollo Infantil (CDI) contiguo al Nuevo Mercado inaugurado hace menos de 1 año. El segundo día de lluvias, el agua de un cauce natural que normalmente corre a 50 metros del mercado se desbordó y comenzó a erosionar las paredes del CDI. En el barrio se organizó inmediatamente una brigada voluntaria que trabajó toda la noche poniendo bolsas de arena con el objetivo de frenar el agua del cauce y salvar esa nueva construcción. Las palas mecánicas recién pudieron llegar al día siguiente, y los esfuerzos de los pobladores no fueron suficientes para evitar que una parte del CDI fuera arrastrado y éste quedara parcialmente destruido.

Inmediatamente superado el momento más crítico, se comenzó a trabajar duramente en la reconstrucción de la infraestructura destruida y en satisfacer las necesidades más básicas de los damnificados. en este momento, también la organización y la participación de la gente adquirió dimensiones significativas.

Una de las tareas más importantes fue la de responder a las amenazas de epidemias y enfermedades y la atención médico-sanitaria de los damnificados. La existencia desde hace bastante tiempo, en todos los barrios, de brigadas de salud (con brigadistas que han recibido talleres de formación) facilitó mucho esta tarea. Se comenzó con la vacunación contra la tifoidea y otras epidemias, se reforzaron los trabajos e los centros de salud para controlar el aumento de la diarrea, las enfermedades gastrointestinales y las infecciones de las vías respiratorias. Se organizó un programa para prevenir la malaria. La atención sanitaria de los damnificados sigue siendo prioritaria en los nuevos asentamientos.

El robo es siempre un grave problema en estas circunstancias, pero se controló bastante con la tarea de la policía voluntaria y la vigilancia nocturna. El acaparamiento y la especulación en los precios son otras consecuencias de las emergencias. Los precios de los granos básicos aumentaron considerablemente sobre todo en las pulperías pequeñas. El gobierno estableció precios máximos sobre productos básicos pero faltó personal para controlar esa regulación. Para colaborar con esto los CDS organizaron grupos voluntarios que deben controlar los precios y editar que los comerciantes inescrupulosos se aprovechen de los compradores. Los precios de los productos perecederos no tienen control gubernamental efectivo, originando reclamos populares al respecto.

Tanto en los centros de trabajo como en los barrios se organizaron grupos para realizar tareas como la reparación de caminos y la limpieza de cauces, así como la reparación de la maquinaria dañada y la limpieza de las fábricas.

Se han organizado jornadas de trabajos voluntarios los domingos para la reconstrucción de viviendas. Algunas radios organizaron "hablatones" o maratones radiales para recoger dinero y distintos materiales y alimentos.

Una preocupación que se ve en la "Nueva Nicaragua" es la de no crear una relación de dependencia económica de los damnificados con el gobierno. Ni el gobierno ni el Comité contra el Desastre quieren donar comida por un tiempo indeterminado. Para evitar esto se comenzó con un programa de alimentos para el trabajo, por el cual los damnificados seguirán recibiendo alimentos pero deberán trabajar en sus propios asentamientos en tareas de reconstrucción comunal.

Tuvimos la oportunidad de hablar con una persona que estuvo en el país tanto en las inundaciones de 1970 como en el terremoto del 72. Según su opinión, lo que caracterizó al desastre actual fue el avance organizativo de las comunidades. En las inundaciones de 1970 la respuesta gubernamental también fue diferente. Los damnificados vivieron varios meses en capas en la ciudad, y cuando los trasladaron, muchos de ellos fueron al OPEN 3 (lo que ahora es Ciudad Sandino). Pero ese traslado tuvo todas las características de empresa comercial con grandes ganancias. Uno de los asociados e Somoza, un terrateniente algodonero llamado Blandón, vendió los lotes a los damnificados obteniendo ganancias descomunales.

Luego del terremoto del 23 de diciembre de 1972 que ocasionó 10,000 muertos en Managua, Somoza y los funcionarios del gobierno no hicieron absolutamente nada en los primeros días, y el saqueo y la rapiña fue desenfrenado. Finalmente y por iniciativa de la Iglesia se comenzó la tarea de rescate y asistencia (que debió parar su trabajo cuando el gobierno comenzó la suya). Mucha ayuda internacional llegó espontáneamente, pero muy poco era distribuido entre los afectados. Algunos gobiernos extranjeros decidieron cortar su ayuda por la mala administración y distribución. Nunca se realizaron estimaciones serias de los daños sufridos ni se publicaron los totales de la ayuda recibida que en gran medida fue robada por Somoza y su familia.

La ayuda internacional

Hasta el 22 de junio de 1982, el Comité Nacional frente al Desastre, encabezado por Reynaldo Antonio Téfel, Ministro del INSSBI (Instituto Nicaragüense de Seguridad Social y Bienestar) había recibido donaciones en efectivo y en materiales por un total de 3,180,000 dólares, Otras organizaciones como Cruz Roja, CEPAD (Comité Evangélico Pro-Ayuda al Desarrollo), CARITAS etc, habían recibido 1,688.250 dólares.

Varias son las explicaciones que se le da a la reducida ayuda internacional recibida hasta este momento. Algunos piensan en "un desastre" solamente cuando hay muchas pérdidas humanas, que no fue el caso actual. Un especialista en desastres de OXFAM-Inglaterra que llegó a Nicaragua para constatar la magnitud de la situación, comentó que posiblemente la respuesta rápida y organizada que dio el gobierno y el pueblo nicaragüense hizo que muchos gobiernos extranjeros no entendieran la gravedad del desastre. Por otra parte, la prensa internacional, centrada en el conflicto de las Malvinas y del Medio Oriente no prestó la atención debida a esta tragedia.

En Nicaragua se siente que la falta de información en el exterior y la minimización deliberada de la magnitud de la tragedia, son parte de una campaña orquestada por el gobierno de los Estados Unidos para avanzar en el proceso de desestabilización del proceso nicaragüense. En ese mismo sentido, dirigentes de la contrarrevolución en el exterior han presionado ara impedir el envío de ayuda a Nicaragua.

Obviamente, las necesidades actuales de nuestro país son abrumadoras, tanto a nivel de damnificados que perdieron todo como a nivel de la infraestructura destruida total o parcialmente y que exige reparaciones y reconstrucción. Por otra parte, el inicio de la "época de lluvias" (o invierno nicaragüense) puede agravar aún más este panorama.

El gobierno está tratando de solucionar los problemas más inmediatos de los damnificados. De la misma forma que luego de la guerra de liberación de 1979, ahora, muchas de las necesidades principales surgirán en el período post-emergencia de reconstrucción, en el cual la solidaridad internacional debe jugar un papel decisivo de sostén y estímulo.

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