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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 77 | Noviembre 1987
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Nicaragua

La Paz en la Costa: preludio de Esquipulas II

Es de esperar que una Centroamérica pacificada garantice a la Costa Atlántica de Nicaragua un contexto en el que pueda desarrollarse con éxito el experimento de la autonomía, algo muy nuevo en la región en las relaciones Estado-Etnias.

Equipo Envío

Hace exactamente dos años la Costa Atlántica estaba en "el filo de la navaja". Un año antes, en el mes de diciembre, el gobierno recién electo de Nicaragua había reconocido la legitimidad de las aspiraciones de los pueblos costeños, que demandaban una mayor autonomía, y había declarado que dar cumplimiento a estas aspiraciones se había convertido en un principio de la revolución. Como una consecuencia, el gobierno anunció también en esta ocasión que dialogaría con cualquiera de los combatientes indígenas que lucharon por estos mismos ideales.

Esta decisión se concretó meses después en las altamente publicitadas negociaciones que se dieron en Colombia y en México con el dirigente de MISURASATA, Brooklyn Rivera, y en las conversaciones secretas que se dieron en la propia Costa Atlántica con una fracción disidente de MISURA. Mientras las primeras se frustraron por razones que sólo llegarían a ser claras dos años después durante las audiencias del Contragate, las conversaciones secretas en la Costa dieron como fruto un acuerdo de cese al fuego, el retorno de miles de mískitos a sus comunidades del Río Coco y la transformación de los participantes en estas conversaciones en una significativa fuerza de paz.

¿El filo de la navaja?

¿Por qué describir entonces un giro tan positivo de los acontecimientos como el filo de la navaja? Porque del otro lado, la CIA respondía a esta nueva situación: Creó una organización mískita llamada KISAN, que en teoría aunque nunca en la practica, quiso ser la unificación de MISURA y MISURASATA; unió al nuevo grupo aún más estrechamente con la FDN, incrementó su armamento, sus asignaciones de dinero, su entrenamiento; y finalmente, resucitó la idea de una "zona libertad" en la Costa, que se lograría incluso con una intervención directa. Kisan inauguró su historial volando el estratégico puente de Sisin, en el camino al Río Coco, dejando así aislados a los mískitos que habían vuelto a sus comunidades. Seis meses después, en estrecha coordinación con el gobierno norteamericano, Kisan forzó o engatusó a mas de 10 mil de esos mismos mískitos que habían retornado para que cruzaran la frontera hacia Honduras.

Este masivo éxodo facilitó que el Congreso de Estados Unidos se decidiera a aprobar los 100 millones de dólares par los contras, 5 millones de los cuales quedaron destinados específicamente para MISURASATA. Con todo esto, resultaba claro que la navaja tenía suficiente filo para cortar.

Hoy la autonomía ya es ley y la vida de las comunidades ha transcurrido en una paz relativa a lo largo de todo este año, después de 5 dramáticos años en guerra. Los tres grupos armados mískitos -recientemente unificados en otra nueva organización, esta vez llamada "Yatama"- están reducidos a un esqueleto de fuerza armada, a causa tanto de la amplitud de miras de los sandinistas como de la cerrada visión de la CIA. El filo de la navaja cortó definitivamente del lado de la paz.

Muchos pasos adelante y algunos pasos atrás

Mucho se ha escrito ya de los problemas de la Costa en los primeros años de la revolución. Los sandinistas, con una honestidad sorprendente en cualquier gobierno, han recorrido abiertamente sus errores, cosa que aún no han hecho las otras fuerzas involucradas en el conflicto. Igualmente sorprendente fue la relativa velocidad con la que el gobierno de Nicaragua comenzó a comprender la problemática de la Costa, ajustando a ella sus análisis y elaborando para su solución políticas cada vez mas adecuadas.

Esto no significa que la Costa se haya vuelto sandinista o que los problemas ya estén resueltos. Lo que significa es que existe una nueva aproximación teórica a la realidad de la Costa y que esto está permitiendo la lenta pero saludable superación de 400 años y historia conflictiva.

Es casi una ironía que en la Costa Atlántica se hayan dado los antecedentes de Esquipulas II y que el preludio de la paz se haya anunciado en esta conflictiva región. Porque en ninguna otra zona de Nicaragua la Administración Reagan había conseguido una ventaja tan grandes -relativa, aunque significativa- en su guerra de agresión contra la revolución sandinista. Sin embargo, esa ventaja se esfumó y hoy algunos de las medidas experimentadas por los sandinistas par pacificara la Costa se han convertido en piezas clave para orientar los pasos que se están dando en el reto del país y en el marco del acuerdo de paz centroamericano.

Fue en la Costa donde la amnistía y las comisiones de paz de las propias comunidades comenzaron a existir. En el caso de la amnistía, desde hace cuatro años. A un nivel más profundo, existen en la Costa otros precedentes de Esquipulas II: la creativa búsqueda de un solución política y no militar al conflicto -esencia del tratado de paz-; la firme pero flexible aplicación de los principios de la revolución, el ejercicio del pluralismo político, principio de la revolución, hoy y en el marco de la Constitución; el reconocimiento de que no todos los que tomaron las armas para luchar son contras, poniendo con esto las bases para reinsertar a muchos de ellos a la sociedad civil; y la meta de una unidad nacional enraizada en la dignidad y en la identidad real de la población multiétnica de Nicaragua. Todas son rutas abiertas en la costa, que anunciaban ya el gran espacio que se abrió con Esquipulas II. No es un mero accidente que la consigna "La autonomía es paz", que nació hace dos años en las comunidades costeñas, se mezcle hoy con otra consigna que nace del Pacifico: "Esquipulas II, garantía de la paz".

El gobierno de Nicaragua ha reconocido la inspiración del cambio hecho en la Costa para el diseño de las medidas que deben practicar a la nación entera después de los acuerdos de Esquipulas. Por todo esto, vale la pena mirar hacia atrás y recordar algunas de las etapas de ese camino.

La amnistía, una conquista de las mujeres indígenas

El 1 de diciembre de 1983 el gobierno de Nicaragua publicó el primer decreto de amnistía (Decreto 1352), por el que se perdonaba a los mískitos que cumplían sentencia por actividades contrarrevolucionarias (delitos contra la Ley de Seguridad y Orden Público), cometidos en los dos años anteriores. En pocos días, 307 mískitos que estaban presos fueron liberados. El decreto garantizaba también a los mískitos que habían buscado refugio fuera del territorio nacional el derecho a un libre retorno a Nicaragua.

Cuatro días después, el decreto 1353 extendía este derecho a todos los nicaragüenses involucrados en actividades contrarrevolucionarias que entregaran sus armas, exceptuando:

1) a los oficiales de la Guardia Nacional o de los cuerpos de seguridad somocistas culpables de actos de represión;
2) a los que habían sido sentenciados ya por delitos contra la seguridad y el orden publico;
3) a los dirigentes contrarrevolucionarios que habían aceptado financiamiento de países extranjeros para actividades contrarrevolucionarias o que hubieran planificado ataques terroristas contra la población o los recursos económicos de la nación.

En enero de 1985 la amnistía se amplió, al ser sometido este primer decreto a debate en la Asamblea Nacional recién instalada tras las elecciones. Todos los nicaragüenses involucrados en actividades contrarrevolucionarias que entregara sus armas, dentro o fuera del país, y fueran cuales fueran sus delitos, podrían acogerse a la amnistía. Como ya indicaba el primer decreto, correspondía al Ministerio de Reforma Agraria el reincorporar a la producción a los campesinos amnistiados. Aunque originalmente la ley de amnistía iba a ser efectiva sólo hasta el 19 de julio de aquel año 1985, fue prorrogada por la Asamblea Nacional año tras año hasta el día de hoy, siendo Nicaragua el único país firmante del acuerdo de Esquipulas que tenía ya en vigencia una ley de amnistía.

Según Hazel Law, activista mískita, educadora y una de los tres representantes de la Costa en la Asamblea Nacional de Nicaragua, fueron las mujeres de las comunidades las que convencieron al gobierno de que otorgara la primera amnistía. "Ellas insistieron en que sus hijos no eran enemigos de la revolución -dice Hazel-, en que lo único que pedían era una amnistía, el poder regresar al río Coco, menos presión sobre las comunidades, respeto a sus costumbres y tradiciones, a su tierra y a sus lenguas... Pedían un cambio en la política".

Hazel Law ayudó a las mujeres a organizarse para la lucha en nombre de sus esposos y de sus hijos que se habían alzado en armas o estaban encarcelados por apoyar la lucha indígena que en este tiempo era vista aún por el gobierno como contrarrevolución sin adjetivo. "Las mujeres explicaron a los dirigentes de la revolución que sus hijos se habían alzado a causa de malos entendidos y de malos tratos", recuerda la dirigente mískita.

A mediados de 1983, con ayuda de la Cruz Roja Internacional y del Obispo de la Iglesia Morava, John Wilson, mujeres solicitaron que las familias mískitas pudieran visitar a sus parientes presos en Managua. Pudieron hablar con ellos en su propia lengua y pidieron a las autoridades la libertad para t
todos los que no habían sido hechos prisioneros en combate.

"Allí se inició la amnistía", dice convencida Hazel Law

No existen cifras exactas del número total de indígenas alzados en armas que en los últimos cuatro años volvieron a su comunidad acogiéndose a la ley de amnistía o que animados por esta ley y por los acontecimientos que se desarrollaban, retornaron a sus comunidades sin ninguna otra formalidad. Según el Subcomandante Salvador Pérez Alemán, que dirige el Ministerio del Interior en la zona norte de la Costa Atlántica, sólo en los primeros ocho meses de 1987, 185 mískitos entregaron sus armas. Entre ellos se encontraba un grupo dirigido por un miembro del Estado mayor de Kisan, y también entrenador militar.

Negociando con los "payasos"

A fines de octubre de 1984, después de un encuentro que hubo en Nueva York entre Daniel Ortega y Brooklyn Rivera, dirigente del grupo armado mískito MISURASATA, Rivera aceptó una invitación que le hizo el gobierno sandinista para recorrer la Costa Atlántica. A comienzos de diciembre se iniciaron las negociaciones formales entre Rivera y una delegación nicaragüense encabezada por el Comandante Luis Carrión, Viceministro del Interior y miembro de la Dirección Nacional del FSLN encargado de los asuntos de la Costa Atlántica. Unos días antes de este primer encuentro, fue creada la Comisión Nacional de Autonomía. El gobierno ponía a correr paralelamente las negociaciones de paz y el desarrollo del proyecto de autonomía.

Rivera se presentó a sí mismo como el único representante legítimo de toda la Costa Atlántica y mantuvo que el primer punto de agenda debía ser la ratificación del tratado de autonomía que el mismo había elaborado, postura que el gobierno nicaragüense rechazó. A pesar de todas las diferencias en la tercera sesión, celebrada en México en abril/85, ambas partes llegaron al acuerdo de suspender las acciones militares ofensivas.

En la sesión siguiente, que tuvo lugar el 26 y 27 de mayo de 1985, Rivera, después de consultar a sus asesores norteamericanos, rompió abruptamente las pláticas, acusando a los sandinistas de intransigencia. Su cambio de actitud pareció incomprensible entonces. Para entenderlo hubo que esperar hasta mayo de 1987, y escuchar el testimonio de Robert Owen, asistente de Oliver North, en las audiencias del Contragate. Owen reveló que había entregado en aquel entonces a Rivera una considerable suma de dinero, justo antes de esta cuarta sesión de diálogo, explicando así al Comité del Congreso: "La idea era que si iba a las negociaciones con los sandinistas y se salía de ellas, nosotros le íbamos a ayudar". Mientras la compra de Rivera lograba la suspensión de las conversaciones, la iniciativa de cese al fuego acordada en la sesión anterior a la ruptura logró mantenerse hasta enero de 1986, cuando Rivera ingresó clandestinamente en la Costa con varios dirigentes indígenas norteamericanos tratando de recobrar apoyo para la guerra entre las comunidades recién involucradas en el incipiente proceso de paz.

A pesar de la continua presión que hoy se ejerce desde los mas diversos frentes sobre el gobierno de Nicaragua para que negocie directamente con la dirigencia contrarrevolucionaria, los sandinistas han rechazado siempre la propuesta argumentando que "no hay nada que dialogar con los payasos y sólo sirve hablar con el dueño del circo, con el que controla a los muñecos". A pesar de todo, los sandinistas no han incluido explícitamente a Rivera dentro de este argumento y desde 1985, cuando se les preguntaba si reanudarían las pláticas con Rivera, respondían que él debía volver al país acogiéndose a la amnistía.

La hora del cese al fuego y del diálogo

Los sandinistas han dicho siempre, y lo siguen manteniendo en la actualidad, que están dispuestos a concertar acuerdos en el terreno con cualquier grupo armado, si éste está con capacidad de tomar decisiones autónomas de las que orienta la cúpula contrarrevolucionaria, controlada por el gobierno de Estados Unidos. Esta voluntad política tuvo también sus orientes y su primer terreno de experimentación en la Costa y se fue allí donde se probó su eficacia para las dos fuerzas en conflicto.

Mientras las conversaciones -ampliamente publicitadas- con Rivera crearon sólo expectativas, fue el dialogo en la misma Costa con Pantin el que abrió la puerta a los grandes avances.

El Comandante Eduardo Pantin era el más alto dirigente de MISURA en el interior de Nicaragua. Representaba a 40 jefes disidentes y a 200 combatientes de MISURA. A diferencia de Rivera, Pantin acordó con el gobierno que el primer punto de agenda debía ser el cese al fuego. El 20 de mayo de 1985, tres días después del primer encuentro con representantes del gobierno en la comunidad de Yulu, cerca de Puerto Cabezas, Pantin firmó un acuerdo conjunto y secreto, que incluí un cese al fuego entre las tropas de MISURA y el ejército sandinista, la normalización de los servicios a las comunidades del llano en donde este grupo operaba, y el apoyo al regreso al río Coco de las comunidades que habían sido evacuadas de ellas por el gobierno en enero de 1982.

En un comunicado del gobierno (29 de mayo), emitido inmediatamente después del fracaso de las conversaciones con Rivera, se hacían públicas muchas de estas medidas. El Presidente Ortega añadió a ellas la decisión de suprimir el uso de los permisos escritos que hasta entonces tenían que llevar los pobladores de la Costa para circular por esa zona. El Presidente de Nicaragua urgió en esa ocasión a que el proceso de autonomía, que había avanzado lentamente hasta entonces con el fin de incorporar a él a Rivera, fuera adelante con toda la celeridad posible.

Al mes siguiente, Eduardo Pantin murió en circunstancias que nunca fueron aclaradas públicamente por los miembros de su grupo que estaban presentes cuando ocurrieron los hechos. Los funcionarios sandinistas, al revelar el contenido de los acuerdos suscritos con el dirigente mískito, mantenidos hasta entonces en secreto, elogiaron a Pantin, como a un autentico constructor de la paz. Mientras, a su grupo, carente de liderazgo, se fraccionaba temporalmente. En septiembre, logró reconstituirse, pero después de la asamblea indígena que promovieron los Estado Unidos y de l que surgió el grupo Kisan. Un mes después, el Comandante Reynaldo Reyes, miembro del nuevo alto mando de Kisan, renunció a su cargo, respondiendo así a las demandas de paz de cada vez mayor número de comunidades mískitas, y reunió al grupo de Pantin. En algunos meses, este grupo, que se dio el nombre de "Kisan Pro-Paz", dobló el numero de sus miembros y asumió responsabilidades en la defensa militar de siete comunidades cercanas a Yulu, coordinando esta activad con el ejército de Nicaragua.

Recientemente, Kisan Pro-Paz se bautizó como "Kisan Pro-Paz, Autonomía y Desarrollo Comandante Eduardo Pantin". Reyes, coordinador general de la organización, explica que el cambio significa la decisión de la organización de trabajar por el dialogo y la defensa para tener así una mas plena participación en las tareas de la autonomía. La organización ayuda ahora a otros grupos armados cuando dan los pasos iniciales para dialogar con el gobierno sandinista.

Después de dos años de experiencia, el probado éxito del acuerdo de cese al fuego con Kisan Pro-Paz se alza como una evidencia de que las garantías ofrecidas por el gobierno de Nicaragua eran reales. Como señal Hazel Law, "el Ministerio del Interior y el Ejército Popular Sandinista cumplieron lo acordado por el gobierno. No hay contradicciones entre las fuerzas militares y las civiles, como ocurre en otros países de Centroamérica".

El más reciente fruto de esta política de diálogo fue el anuncio hecho el 3 de octubre de 1987 de que un comando operacional en pleno, compuesto por 400 mískitos dirigidos por Uriel Vanegas, un mískito de 23 años, había llegado un acuerdo de paz con el gobierno. Fue ésta la primera gran agrupación militar que se une al proceso de paz. Es un de las tres agrupaciones que actualmente constituye Yatama. A los 17 años, Vanegas fue de los primeros jóvenes mískitos que a mediados de 1981 se unieron a la lucha armada de Misura en territorio hondureño.

A Vanegas y a sus soldados se les concedió una absoluta libertad y les fueron garantizado todos sus derechos civiles. Según el acuerdo establecido con el gobierno, una tercer parte de estos mískitos se dedicarían a actividades productivas, otra tercera parte se integraría a estudiar y los restantes conservarían sus armas, como lo han hecho Kisan Pro-Paz y toros grupos, integrando así las milicias territoriales indígenas, que tienen responsabilidades de defensa en coordinación con el ejército sandinista.

Comisiones de Paz y autonomía

Quizá sin pretenderlo, miembros de las comunidades mískitas se convirtieron desde comienzos de 1985 en los medidores de la pacificación. Así lo describe Hazel Law: "Un jefe militar indígena enviaba una carta a su familia o hablaba con la gente de su comunidad, preguntándole que estaba pasando. Entonces, la gente le decía: Bueno, ahora están hablando de autonomía y de dialogo con Brooklyn Rivera. Fue a través de este contacto con las comunidades que Pantin convivió y expresó su deseo de dialogar con el gobierno.

La decisión formal de crear en las comunidades comisiones de paz que sirvieran de mediadoras para el proceso de diálogo, no surgió hasta la celebración de una asamblea de 300 representantes de las comunidades mískitas que tuvo lugar en agosto de 1985. Fue una reunión cuyo objetivo era entrenar a los participantes en las consultas que sobre la autonomia iban a realizarse entre las bases costeñas. Los voluntarios muchos de ellos mujeres, argumentaron entonces que no habría autonomía mientras sus hombres estuvieran "en el monte" y no pudieran participar.

Habiendo recibido la aprobación del gobierno y garantías para su tarea, las comisiones se ponían en contacto con funcionarios mískitos como Hazel Law cuando sus parientes en los grupos armados les enviaban alguna señal de su voluntad de dialogar. Llamadas inicialmente Dialogo por la Paz, las comisiones se llamaron Comisiones de Paz y Autonomía desde el 17 de mayo de 1986, cuando se celebro el primer aniversario de las conversaciones de cese al fuego con Pantin. En este misma celebración, Yulu y las comunidades de los alrededores fueron nombradas "zonas de paz" y territorio piloto de la autonomía.

Ahora, un año y medio después, 96 de las casi 120 comunidades mískitas del Atlántico norte han estructurado sus Comisiones de Paz y Autonomía. Cada una de ellas tiene entre 7 y 11 miembros, incluyendo a un coordinador, a un vice-coordinador, a un secretario y a otros 4 miembros que tienen tareas especificas, como la supervisión de los asuntos comunales o el dialogo directo con los alzados en armas. Aunque con características propias de la región, estas comisiones son similares a las recién creadas Comisiones Locales de Paz del Pacifico. La heterogeneidad de sus miembros, elegidos entre los diferentes sectores que integran la comunidad -pastores, ex-combatientes de MISURASATA, miembros de Kisan Pro-Paz, etc.-las hace también parecidas. Cuando los mískitos de Yulu fueron entrevistados por miembros de una comisión especial de la Asamblea Nacional antes de que fuera presentado al órgano legislativo el estatuto de autonomía para someterlo allí a debate, la comisión explicó a los pobladores de Yulu el contenido de los acuerdos de Esquipulas II. "Hmmmm... -respondieron éstos-. Ustedes van detrás de nosotros. ¡Nosotros le dimos el ejemplo!" Hazel Law calcula que el 80% de los indígenas alzados en armas están participando en el cese al fuego, aunque no deja de señalar, para evitar triunfalismos, que hacer la paz es mucho mas difícil que hacer la guerra. "Nuestros muchachos fueron a la guerra como una forma de rebeldía. Convencerlos de que existen garantías, de que hay un neuvo clima, requiere de mucho tiempo y de mucho cuidado. Deseáramos que fuera ya el 90% y no sólo el 80%, pero al calor de este deseo, alguno puede actuar precipitadamente y todos debemos frenarlo para seguir haciendo un trabajo cuidadoso. También deben ser muy cuidadosos en el Pacifico y no querer ir demasiado de prisa.

Al igual que sucede con las Comisiones de Paz en el Pacifico, los miembros de las comisiones del Atlántico, que van desarmados, arriesgan a menudo su vidas. La arriesgaron los que desde Puerto Cabezas cruzaron el río hacia Honduras durante el éxodo masivo en abril de 1986, tratando de convencer los que se habían ido sobre la falsedad de los rumor esparcidos por Kisan de que el ejército sandinista tenía planes para atacarlos. En enero de 1987, los miembros de una de las comisiones costeñas, que estaban llevando alimentos a las comunidades del río Coco, fueron secuestrados por el Quinto Batallón del ejército hondureño y mantenidos como prisioneros durante tres meses.

Después de mas de dos años, las Comisiones han ido mucho más allá de los planteamientos de los que nacieron. Señalando que ahora tienen responsabilidad de los problemas comunales, Hazel Law dice que en algunas comunidades, los miembros de la comisión están específicamente a cargo de la salud o de la educación. Al preguntarle si las comisiones se estaban transformando en una estructura mas permanente, respondió" "Creo que están comenzando a ser la organización popular del Atlántico Norte y podrían convertirse en un modelo de como hacer para avanzar más la autonomía.

También se están convirtiendo en nuestro vínculo con el resto del país. Por ejemplo, nuestras mujeres tienen relaciones de solidaridad con AMNLAE (la organización nacional de mujeres). Esta llegando el momento en que estas Comisiones consigan el perfil de una organización. Y esto lo han logrado porque tienen el reconocimiento y la legitimación unánime del pueblo. La comunidad eligió a sus miembros y ellos se han ganado el respeto del gobierno revolucionario".

La autonomía: un aporte de Nicaragua al continente

El 2 de septiembre de 1987, después de sólo un día y medio de debate, la Asamblea Nacional ratificó el estatuto de autonomía con muy pocos cambios, ninguno de ellos sustancial. Fue un momento emocionante para muchos en la formal pero sencilla sala de la Asamblea. Quizá mas que para ninguno para Ray Hooker, diputado creole de la Costa Atlántica, que como presidente de la Comisión de Autonomía, fue el responsable de conducir hábilmente este proyecto, logrando que sorteara todas las dificultades, las aguas que se encresparan contra el en las dos orillas del país. Entre los muchos percances que tuvo que afrontar el más dramático fue que el mismo resultó herido y fue hecho prisionero por los combatientes de MISURASATA durante la campaña electoral de 1984.

Con otros dos costeños, Hooker permaneció cautivo durante 55 días sin ningún tipo de tratamiento médico para las heridas que le hicieron. Entrevistado por la televisión nicaragüense, inmediatamente después de que con un voto unánime los legisladores ratificaran la autonomía, Hooker fue capaz de controlar su expansiva sonrisa para decir en su mesurado tono de voz que la autonomía le parecía el camino mas apropiado con el que Nicaragua podía celebrar los 500 años del primer encuentro entre España y los pueblos indígenas del continente.

No se pueden analizar con justicia los 43 artículos del nuevo estatuto de autonomía en tan breve espacio, pero si puede hacer mención de sus rasgos mas significativos. En primer lugar, la autonomía de Nicaragua rompe por igual con dos corrientes que han sido tradicionales en la política de los gobiernos hacia los pueblos indígenas y hacia otras poblaciones étnicas minoritarias dentro del Estado-Nación. Nicaragua propone algo que no es la integración (asimilación) ni la marginación, pues de ambas resultaría una desigualdad para la cultura subordinada. Nicaragua aspira a que las seis comunidades de diferentes etnias que viven en la Costa Atlántica sean incorporadas en la vida nacional, garantizándoles con la preservación de su cultura en sentido amplio, oportunidades reales para que elijan, en condición de igualdad, el camino de su desarrollo.

Las mas obvias y mas frecuentemente mencionadas de esas garantías incluyen el uso oficial de la lengua propia, el derecho a la educación bilingüe y bicultural, la libertad de la religión, el reconocimiento de las formas tradicionales de propiedad comunal de la tierra y los derechos al uso de la tierra, bosques y aguas que están en estas propiedades comunales -e incluso mas importante que todo esto- es la garantía de que estas tierras comunales no podrán ser arrebatadas a sus dueños bajo ninguna forma: ni por venta ni por retención o donación (art. 36). Cualquiera que haya estudiado, por ejemplo, la proletarización de los indígenas guaymíes de Panamá, puede atestiguar que esta se ha debido a la destrucción de la cultura indígena basada en la propiedad de la tierra al crear a los indígenas deudas que solo podían ser saldadas con la venta de lotes individuales de estas tierra comunales.

Otro sutil pero vital aspecto de la ley es el derecho a la autodefinición étnica (art. 12). El estatuto de autonomía garantiza la practica tradicional que existe en la Costa, por la cual la identidad étnica es futuro de la aceptación de la comunidad, basada esta en la decisión personal y en las practicas culturales de cada individuo. Uno de los mas negativos ejemplos en este caso se encuentra en el Canadá, en donde los derechos sobre las tierras tribales pertenecen únicamente a los descendientes probadamente directos de los firmantes del primer acuerdo.

Cualquier miembro de la tribu se casa con alguien de fuera, pierde el derecho a esta tierra comunal y a la identidad étnica de su grupo y comienza a estar sujeto a otras leyes, con lo que los intereses indígenas se van fragmentando mas y mas. Por el contrario, uno de los objetivos del proyecto de autonomía de Nicaragua, que aparece en éste y en varios artículos más es el asegurar la unidad y la igualdad por encima de las tendencias antagónicas y de división que se han dado en la historia de la Costa entre las diferentes comunidades étnicas.

Como podría esperarse en un región en la que estas comunidades étnicas varían en numero de miembros, en niveles de riquezas, cultura y estratificación social y en la que a lo largo de la historia un grupo étnico ha dominado sobre los demás, son muy diferentes los grados de satisfacción con el estatuto. No todos consiguieron con el todo lo que querían. En realidad, esta ley es un pequeño recién nacido, concebido en tiempos de guerra por una pareja muy singular: una revolución que mira hacia el futuro y una lucha étnica cuyas aspiraciones están presas aun entre las glorias del siglo XVIII y los desafíos del siglo XX. Fue un difícil parto, que la Administración Reagan busco terminar en aborto.

Reconociendo todo esto, el Comandante Tomas Borge, presidente de la Comisión de Autonomía, enfatizó ante la Asamblea Nacional lo mismo que ya había señalado ante los 2 mil costeños que participaron en el debate final del estatuto, en Puerto Cabezas, en abril de 1987: que "esta ley, como la Constitución, no es, claro está, un proyecto acabado; es el incido del renacimiento, que esta destinado a trascender y a mejorarse hasta la autoconfirmación, hasta la respuesta en espiral de la maduración y la escalada hacia la cumbre de la conciencia".

El que ahora el niño crezca y se desarrolle, ofreciendo más una inspiración que un modelo a las distintas luchas étnicas en otras partes del continente latinoamericano, depende no sólo de la voluntad de sus protagonistas -los costeños y los sandinistas- sino de los enemigos que tiene esta criatura. Si los acontecimientos ocurridos estos años en esta conflictiva zona de Nicaragua han proporcionado importantes y eficaces precedentes los acuerdos de paz centroamericanos, es de esperar que haya una correspondencia histórica y que una Centroamérica pacificada garantice a la Costa un contexto de paz en el que pueda desarrollarse con éxito este experimento nuevo para las relaciones Estado-Etnias.

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