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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 73 | Julio 1987
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Nicaragua

Larga marcha hacia la Cumbre

Para Nicaragua, el Plan Arias suponía el cese de la ayuda norteamericana a la contrarrevolución Por eso apostó por él. Estados Unidos apostó verbalmente por el Plan Arias, confiando en que la docilidad de Honduras y de El Salvador le permitirían modificarlo en perjuicio de Nicaragua.

Equipo Envío

Hace dos meses analizábamos el Plan Arias y señalando sus límites, tanto para Costa Rica -cuyo presidente lo elaboró y lo modificó después, procurando que encajara en la estrategia del Partido Demócrata de Estados Unidos como para Guatemala, país anfitrión de la entonces cercana Cumbre de Presidentes centroamericanos. Unicamente en el marco del proceso de Contadora esos límites parecían superables.

Eran muchas las apuestas y los riesgos que confluían en la Cumbre y en el Plan de Paz de Presidente Arias. Con él, Costa Rica buscaba sentar las bases para la reconstrucción del comercio centroamericano y para la reconstrucción de su imagen democrática, vinculándose a la futura política alternativa de los demócratas norteamericanos enemigos de Reagan. Guatemala apostada por el Plan y por la Cumbre como un medio de recobrar prestigio internacional y ganar liderazgo en el área. Para Nicaragua, el Plan suponía, fundamentalmente, el cese de la ayuda norteamericana a la contrarrevolución, el fin de la guerra de agresión. Por eso apostó por él. Estados Unidos apostó verbalmente por el Plan, confiando en que la docilidad de Honduras y El Salvador le permitirían modificarlo en perjuicio de Nicaragua.

Tantas apuestas, o no, todas riesgosas, provocaron la crisis. El Salvador pospuso la Cumbre y, con ello, la discusión del Plan Arias. Sin embargo, Nicaragua logró transformar la posposición en una nueva revitalización de la gestión de Contadora. Y lo que pudo ser una trampa se convirtió en un nuevo escalón diplomático.
La coyuntura de este mes de junio tiene en la intensa lucha diplomática en torno al Plan Arias y la Cumbre de Presidentes su centro de gravitación.

Un resumen de la película

El 4 de junio, el terminar en París su gira europea en busca de apoyo para su Plan de Paz, el Presidente Arias ubicó su iniciativa "enmarcada dentro del concepto de Contadora". Con esta declaración no hacía más que reflejar las reacciones que había recogido entre los gobiernos europeos visitados, todos interesados en ese "enmarque". El 11 de junio, el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, fijaba la posición con que su país asistiría a la Cumbre de Guatemala: recordó la urgencia de cumplir con las acciones estipuladas por Contadora y Apoyo en el Mensaje de Caraballeda de enero/86 y consideró la discusión del Plan Arias -"un aporte para la paz regional", dijo como un medio para regresar a la negociación del Acta de Contadora, insistiendo en que el Plano debía desplazar "el marco latinoamericano" de la negociación de Contadora.

El 13 de junio, después de la entrevista del Embajador itinerante de los Estados Unidos para Centroamérica, Philip Habib, con el Presidente de El Salvador, Napoleón Duarte, éste solicitó la posposición hasta agosto de la Cumbre y celebración previa de varias reuniones de cancilleres. Ante esta crítica situación, a sólo 12 días de la Cumbre, el gobierno de Nicaragua declaró el 17 de junio que seguía considerando las fechas del 25-26 de junio como las únicas válidas y que no asistiría a la Cumbre pospuesta, pues en ésta ya no se iba a discutir el Plan ésta ya no iba discutir el Plan Arias sino el "Plan Habib-Duarte". Al día siguiente el Presidente Reagan dejaba en claro al Presidente de Costa Rica que su plan era inaceptable para Estados Unidos por tener como punto inicial el cese de la ayuda norteamericana a la contrarrevolución.

Ante esta crisis, el Presidente Cerezo, de Guatemala, pidió a Panamá, miembro de Contadora, que intentara mediar para que se celebrara la Cumbre con los 5 presidentes. Atendiendo a una invitación del Presidente panameño Del Valle, el Presidente Ortega visitó Panamá el 24 de junio. Allí anunció que Nicaragua asistiría a la Cumbre de agosto, no aceptando nuevas posposiciones, y que sólo iría a las reuniones previas de cancilleres si ésta eran convocadas por Contadora. Simultáneamente, los Presidentes De la Madrid (México) y Alfonsín (Argentina) anunciaron, al terminar un encuentro bilateral en México, que Contadora y el Grupo de Apoyo estaban preparando un plan para ayudar económicamente a Nicaragua y una Cumbre de los 8 presidentes latinoamericanos que llevan adelante la gestión mediadora.

Con renovada fuerza se oía la voz de América Latina en el conflicto centroamericano. Era una voz que confrontaba abiertamente las posiciones guerreristas de Ronald Reagan. Nicaragua y Centroamérica volvían a ser un símbolo de la voluntad política de América Latina, que quiere ser, por fin, América Latina para los latinoamericanos.

El Plan Arias y sus versiones

El Plan Arias nació en un momento de estancamiento de Contadora. Una serie de acontecimientos contribuyeron a ponerlo en un primero plano de la mesa de las negociaciones de paz centroamericana.

La historia se remonta a junio/86, cuando una maniobra política de los mismos países de Contadora y Apoyo pareció condenar el fracaso la iniciativa mediadora iniciada en 1983. El paso en falso lo dio Contadora cuando a la firma del Acta le puso un plazo, precisamente junio/86. La rigidez de este plazo colapso lo que era lo más importante de la iniciativa mediadora: el hecho mismo de que existiera, de que estuviera funcionando permanentemente. Porque la mera existencia de este foro negociador entraña una -realidad muy significativa: la reivindicación de América Latina de solucionar regionalmente, latinoamericanamente, un conflicto regional y latinoamericano. Mientras no se hallara esa solución, el mismo foro se convertía en un freno para la intervención directa de Estados Unidos en Centroamérica y para la transformación de la guerra contra Nicaragua en una guerra en toda Centroamérica.

El estado de inmadurez en que se encontraban las discusiones sobre el Acta de Contadora en aquel momento hacían imposible la firma en junio/86. Nicaragua intentó madurar la discusión presentando una propuesta sobre armamentos ofensivos y defensivos a partir de la cual se pudiera llegar a un acuerdo con contenido real sobre los límites que cada Estado centroamericano estaba dispuesto a autoimponerse. Pero la propuesta nicaragüense, aunque aportó oxígeno a Contadora, no logró flexibilizar las posiciones de los restantes gobiernos centroamericanos. Y desde aquella fecha el proceso mediador de Contadora entró en una especie de vía muerta.

Con su propuesta, Nicaragua reveló la falta de concreción que tenía el Acta en su aspecto más importante: la seguridad. Pero el gobierno de Reagan transformó la razonable actitud de Nicaragua presentándola como un rechazo a firmar el Acta. Esta situación se dio cuando los demócratas en el Congreso de Estados Unidos comenzaban a vincularse -aún inicial y tímidamente- con la iniciativa de Contadora como un camino alternativo a la política de guerra de los republicanos. La crisis en el proceso negociador, provocada por un plazo forzado, fue uno de los factores que facilitaría ese mismo mes a Reagan el obtener un voto favorable a la renovación de la ayuda militar a la contrarrevolución y al levantamiento de las restricciones impuestas a la CIA para su involucramiento en la guerra.

Con el voto de "los cien millones", Nicaragua se aprestó a profundizar su esfuerzo militar para hacer más rápido el ya irreversible declive estratégico de la contrarrevolución armada. Al mismo tiempo, consideró el voto en el Congreso como un "declaración de guerra" en la práctica y, fortalecida en la legitimidad de su causa por el fallo favorable de la Corte Internacional de La Haya, se dispuso a aplicar más estrictamente el Estado de Emergencia para prevenir la formación de una estructura conspirativa interna que facilitara la previsible campaña de sabotaje que "los cien millones" iban a propiciar.

En noviembre, después de 4 meses de silencio, los Secretarios Generales, de la UNO y de la OEA ofrecieron lo que llamaron un "menú" de servicios políticos y diplomáticos para revitalizar el proceso negociador de Contadora. Es significativo el balance que en enero/87 formuló en México el Secretario General de la ONU, Pérez de Cuéllar, al terminar, junto al Secretario General de la OEA y a los Cancilleres de Contadora y Apoyo a su gira centroamericana: "No hemos encontrado en Centroamérica voluntad política de paz". El tren de la negociación continuaba en vía muerte.

En febrero y en este estancamiento prolongado, el Presidente Arias tomó la iniciativa de poner en marcha el tren. Y la tomó, allí donde la Administración Reagan la había dejado en junio/86. Señaló que el obstáculo para la paz en Centroamérica era Nicaragua y que los otros cuatro presidentes podían, sin Nicaragua, llegar a un acuerdo que o forzara las negociaciones regionales estancadas o justificara definitivamente el aislamiento de Nicaragua y la eventual destrucción del gobierno sandinista.

Este era el trasfondo de la reunión de los cuatro presidente centroamericanos que Arias convocó para el 15 de febrero en San José, donde el Plan Arias era un Plan claramente diseñado contra Nicaragua.

Esa reunión anti-Nicaragua de San José coincidió con una visita por Centroamérica del senador demócrata Christopher Dodd. Todas las especulaciones coinciden en afirmar que Dodd expuso a todos los gobernantes centroamericanos lo que sería una política demócrata respecto a Nicaragua, basada en el fin de la ayuda a la contrarrevolución y en la contención, por medios políticos, económicos y diplomáticos -nunca militares de la revolución sandinista.

Como fruto de la visita de Dodd, el Plan Arias, concebido inicialmente como un instrumento de fuerte presión sobre Nicaragua, se transformó en San José en el Plan Arias que conocemos, que incluye como primera y fundamental medida la solicitud de los gobiernos centroamericanos al de Estados Unidos de que cese su ayuda a la contrarrevolución. Por parte, el Presidente guatemalteco también había actuado para frenar el inicial Plan Arias, negándose a firmar en San José acuerdo alguno si no se incluía a Nicaragua y consiguiendo -probablemente en coherencia con los planteamientos de Dodd- que el nuevo Plan Arias fuera presentado a Nicaragua y su discusión se aplazara para una Cumbre de presidentes centroamericanos que debía celebrarse en Esquipulas, Guatemala, la misma Cumbre ahora pospuesta hasta agosto. Ya entonces, El Salvador y Honduras presentaron serias dificultades a la segunda redacción del Plan Arias.

La Cumbre de Guatemala y sus muchos riesgos

Esta cumbre era una apuesta política de alto riesgo. Más alto aún porque se fue haciendo el punto central de su agenda la discusión del Plan Arias.

Lo que hizo posible, tanto el Plan Arias en su segunda versión como a misma Cumbre, fue percepción generalizada -en Estados Unidos, en América Latina y también ya en Centroamérica de que la política del Presidente Reagan hacia Nicaragua estaba debilitada, tanto en el terreno militar, por las continuas derrotas de los contrarrevolucionarios, como en el terreno político-diplomático por el escándalo Irán-Contragate.

En estas circunstancias puede "adivinarse" el mensaje de Dodd a Arias: Costa Rica debe empezar a distanciarse de la política Reagan y acercarse a una nueva política hacia Centroamérica impulsarían los demócratas, muy probables sucesores de Reagan. La necesidad de Costa Rica de apuntalar su debilitada economía en la ayuda norteamericana y la percepción de Arias de que la continuidad del conflicto en Nicaragua es incompatible con la necesaria reactivación del comercio interamericano y afecta la estabilidad costarricense, contribuyeron también a que Costa Rica comenzara a dar pasos que a distanciaran de la política Reagan.

Además, el Informe Tower provocó la vergüenza de Costa Rica, por dejar al descubierto las presiones de la Administración Reagan sobre su gobierno. Por otra parte, Arias ha querido ir forjándose la imagen internacional de promotor de la paz en Centroamérica proyectándose como un estadista de talla que merezca un Premio Novel de la Paz y que dé a Costa Rica un Liderazgo centroamericano que nunca ha tenido.

El Presidente de Guatemala, Vinicio Cerezo, al adoptar una postura de relativa independencia frente a la política norteamericana, ofreciendo a su país como sede de las Cumbres de presidentes y manteniendo así vivo el proyecto de un Parlamento Centroamericanos, juega también una importante carta de política exterior. Cerezo, aparentemente incapaz de mejorar sustancialmente la crítica situación económica de su país, e impotente para conducir a los militares por un camino que no sea el de la represión, parece haber confiado a su política exterior la única posibilidad de dignificar su presidencia y asegurar la continuación de gobiernos civiles en Guatemala.

Una parte del Partido Demócrata de Estados Unidos, consciente de la creciente impopularidad de la ayuda norteamericana a la contrarrevolución y deseosa de poder recortar los presupuestos militares para tener recursos con los que afrontar el creciente déficit fiscal, se juega en el Plan Arias una posible plataforma alternativa a la política de guerra de los republicanos. Si los centroamericanos se entienden entre sí y limitan la revolución nicaragüense a sus propias fronteras, los demócratas parecen poder convivir con una Centroamérica que, mayoritariamente, permanecería dócil en lo fundamental, reservándose palancas económicos para seguir haciendo vivir a Nicaragua en crisis económica, obligándole así a presentar ante sus vecinos y ante el mundo la imagen de "una revolución en harapos". Superarían la política de confrontación armada de los republicanos para dar paso a una política de contención económica.

Nicaragua aceptó discutir el Plan Arias porque éste incluye una posición fundamental del gobierno sandinista: el cese de la agresión norteamericana como premisa para iniciar cualquier negociación. Además, Nicaragua ve en la Cumbre de presidentes la refutación más contundente de la propaganda reaganiana de que el proceso revolucionario nicaragüense es una amenaza para los otros gobiernos centroamericanos. Si los cinco presidente pueden sentarse a conversar, aunque en el peor de los casos no lleguen de inmediato a ningún acuerdo, no se puede evadir el sentido fundamental de un encuentro así: el diálogo es la única salida para conciliar los conflictos.

Discutiendo el Plan Arias Nicaragua se jugaba la posibilidad desventajosa de que el marco negociador de una posible paz se hiciera menos latinoamericano y más centroamericano. Teniendo en cuenta la falta de autonomía que han demostrado los gobiernos centroamericanos frente a la política estadounidense, esta posibilidad era un riesgo. El riesgo de que Contadora y Apoyo quedaran desechadas. Hay que señalar que Contadora y Apoyo nunca aceptaron algunos aspectos injerencistas que contiene el Plan Arias. Por ejemplo, la supervisión de los procesos electorales internos por organismos internacionales.

En la otra orilla, es evidente que la Administración Reagan se jugaba en la Cumbre de presidentes y en el Plan Arias el fracaso de su política, que tiene un puntal en la presentación de los contrarrevolucionarios nicaragüenses como fuerzas autónomas opuestas al poder totalitario de los sandinistas. Si los presidentes centroamericanos se reunían y si discutían un Plan cuya primera propuesta es el cese de la ayuda a estos contrarrevolucionarios, y que contaba ya con el apoyo de 3 de los 5 presidentes -Ortega, Arias y Cerezo- se hacía muy improbable que Reagan consiguiera nuevos fondos para sus "paladines" en el próximo voto del Congreso. Ante este problema de fondo, cualquier analista podía prever cuando se formuló el Plan Arias que Estados Unidos haría todo lo posible por neutralizarlo o eliminarlo de la escenas. Y así fue.

Ya la primera fecha prevista para la Cumbre -mayo- se retrasó a junio. Para hacerlo, Arias adujo que necesitaba conseguir el apoyo europeo para su Plan, Pretendiendo consolidarlo en un marco exclusivamente centroamericano. Pero los gobiernos que visitó en Europa insistieron en vincularlo al proceso negociador de Contadora. Los resultados del viaje de Arias terminaron de convencer a la Administración Reagan de que había que posponer la Cumbre y manipular su agenda de tal forma que se convirtiera en una trampa para Nicaragua. De ahí, el viaje de Habib, realizado apenas dos semanas antes de la fecha prevista para que los cinco presidentes se reunieran en Guatemala.

Honduras, una vez allanado el camino en el Congreso norteamericano para adquirir los aviones de combate F-E, puso en primer plano de sus preocupaciones lo problemático que resultaría la reubicación de los contrarrevolucionarios si se acordara el cese del apoyo de Reagan a los mismos. Además, el declive estratégico de la contrarrevolución se aceleraría con cualquier avance del Plan Arias. Ante esta perspectiva, era decisivo para Honduras ganar tiempo para acordar con Estados Unidos una salida de los contrarrevolucionarios de su territorio.

Finalmente, El Salvador, frente al importante avance militar del FMLN y el desarrollo del movimiento de masas, en ascenso durante todo el primer semestre de 1987, arriesgaba, de aceptarse el Plan Arias, el tener que volver a la mesa de negociaciones para discutir el tema de los asesores militares extranjeros, la amnistía general para todos los alzados y un obligatorio diálogo con el FDR. La dependencia del gobierno y las fuerzas armadas salvadoreños del gobierno de Estados Unidos es tan absoluta que tenían poca posibilidad de resistencia a las presiones de Reagan para que la Cumbre se pospusiera.

Nadie mejor que el propio gobierno de Duarte sabe que su continuidad política está en juego con el Plan Arias, riesgo que no corre el gobierno sandinista con ese mismo Plan. Nunca el gobierno nicaragüense ha visto a masas populares ocupar las calles de Managua para repudiarla política sandinista. Los militares salvadoreños sí: han tenido que enfrentar a las masas en las calles de su capital y han declarado -como dijo el General Blandón el 2 de junio- que "son manipuladas por los marxistas-leninistas".

Todo este cúmulo de riesgo en que se veían envueltos los principales actores del conflicto centroamericano hacía evidente que la Cumbre no llegaría a realizarse tal como fue prevista inicialmente. El 13 de junio, el Presidente Duarte, el "eslabón más débil", solicitó la posposición. Enseguida, Honduras y Costa Rica aceptaron esta crisis anunciada como un hecho consumado.

En la Casa Blanca murió el Plan Arias

Era previsible que la Administración Reagan intentara quebrar la frágil y dependiente voluntad hacia la paz de los gobiernos centroamericanos. Al hacerlo quedó una vez más en evidencia que la carencia de voluntad de paz tiene su centro en la Casa Blanca. El viaje de Arias por Europa había dado tal relieve internacional a la iniciativa costarricense que atacarla directamente tenía un gran costo político. Sin embargo, Estados Unidos no dudó en pagarlo.

Después de la conversión Habib Duarte, de la que surgió la iniciativa de posponer la Cumbre, Guatemala -lamentando la decisión salvadoreña acordó inmediatamente, con Honduras y El Salvador, una nueva fecha. Poco más tarde, Arias, sin otro remedio, aceptó la nueva fecha, indicando que una posposición prolongada sería "una burla" a los esfuerzos de paz. Cerezo fue más claro al decir que "todo el mundo pensará que fue influencia norteamericana la que determinó el fracaso de este encuentro".

El diálogo Habib-Duarte

La agencia latinoamericana de noticias ALASEI, basándose en filtración de informaciones de la Cancillería salvadoreña reconstruyó el diálogo Habib-Duarte que culminó con la posposición de la Cumbre de Guatemala. Sin afirmar la veracidad de este diálogo, nos parece ilustrativo de los argumentos que pudieron manejarse en este encuentro y por eso lo reproducimos:

Philip Habib: Por supuesto que ya ha considerado usted los aspectos amenazantes para la democracia salvadoreña que contiene el Plan de paz del Presidente Oscar Arias.

José Napoleón Duarte: Por supuesto.

Habib: Nosotros pensamos que la aplicación de este Plan resultaría más perjudicial para la democracia de su país que para el régimen comunista de Nicaragua.

Duarte: Coincido plenamente con usted y no termino de comprender la actitud del Presidente Arias al proponer algo semejante.

Habib: Tal vez el Presidente Arias esté más preocupado en promover su imagen internacional que en reflexionar sobre las consecuencias prácticas que su Plan tendría. Y no me refiero tanto a las consecuencias sobre nuestros intereses y nuestra seguridad, que por cierto se vería seriamente cuestionados, sino a las consecuencias para la democracia salvadoreña.

Duarte: Lo comprendo perfectamente.

Habib: Usted sobre cuál sería el resultado de que en la Cumbre de Guatemala se acordara el cese de la ayuda militar de Estados Unidos a su país.

Duarte: Claro.

Habib: Y una negociación con la oposición no armada, que podría ser el Frente Democrático Revolucionario.

Duarte: El ejército salvadoreño me ha indicado en repetidas oportunidades que ellos se oponen terminantemente a cualquiera de estas posibilidades. Yo coincido con ellos.

Habib: Entonces, ¿qué piensa de la reunión de Guatemala? ¿Acaso está dispuesto a ir a decirles a los comunistas nicaragüenses que su gobierno no puede aceptar el Plan Arias porque su aplicación significaría el derrumbe de la democracia en El Salvador.

Duarte: Por supuesto que no.

Habib: Entonces, ¿qué estrategia alternativa ha diseñado su gobierno para presentar en Guatemala?

Duarte: Bueno, en realidad todavía no hemos terminado de definir una estrategia.

Habib: ¿Y usted piensa concurrir a la Cumbre sin un documento cuidadosamente elaborado de modificaciones al Plan Arias? ¿No le parece más conveniente diseñar esa estrategia y discutirla con los gobiernos amigos del área para llegar a un consenso?

Duarte: Creo que esa es la metodología adecuada, pero Nicaragua se ha negado a concurrir a reuniones de cancilleres previas a la Cumbre, argumentando que eso no se decidió en San José.

Habib: Es obvio que ellos no quieren descubrir su juego antes de la Cumbre. Pero tenemos que obligarlos a que lo hagan. Probablemente, si usted propone la postergación de la Cumbre, la realización de tres o cuatro reuniones de cancilleres previas a una nueva cita y la elaboración de un documento único para ser sometido a consideración de los cinco presidentes, ellos serán únicos que se opongan, con lo cual quedaría nuevamente en evidencias que en el área existen cuatro democracias de un lado y una dictadura del otro, que se opone a una negociación sería para alcanzar la paz.

Duarte: Me parece muy acertado.

Quien desveló, sin ninguna clase de eufemismo, la maniobra norteamericana fue el Presidente de Nicaragua, señalando que las reuniones previas de cancilleres serían sólo un "desgaste de esfuerzos". Si se considera que el Plan Arias no es sino una variante del Acta de Contadora y que, en el marco de Contadora, los equipos técnicos de las cancillerías centroamericanas y los mismos cancilleres se han reunido ya innumerables veces, se puede adivinar lo innecesario de las por los menos tres reuniones de Cancilleres propuestas por Duarte al dar el paso de la posposición de la Cumbre. Por otro lado, si se recuerda que los Presidentes centroamericanos no pudieron siquiera firmar en mayo/86 en Esquipulas el acuerdo preparado previamente por sus Vicepresidentes, se entiende mejor la crítica nicaragüense a las reuniones previas de los Cancilleres: "Somos los Presidentes los que podemos tomar decisiones firmes en momentos difíciles", declaró Daniel Ortega el 17 de junio.

Cambiar una realidad por un espejismo

Los cinco presidentes iban a Guatemala conscientes de que las posibilidades de la Cumbre estaban, fundamentalmente, si misma realización, que seguía colocándolos "en estado de diálogo" y en el camino de llegar a acuerdos concretos. Por ejemplo, comisiones fronterizas bilaterales, acuerdos de cooperación económica, decisiones comunes sobre refugiados, etc. Acuerdos de esta naturaleza se veían como muy posibles de alcanzar en la Cumbre. Otros temas más de fondo tendrían que devolverse a Contadora para reactivar así la negociación del Acta.

Con la posposición, una realidad cercana y viable quiso cambiarse por un espejismo: varias reuniones de cancilleres y una Cumbre para dentro de dos meses, con el temor de que tampoco llegara a realizarse por un previsible estancamiento de las conversaciones de los Cancilleres. Por otra parte, si las reuniones de Cancilleres fracasaba o se estancaban a la intransigencia de Nicaragua, dado que Contadora no tomaría parte en estas reuniones. Nicaragua señaló que en estas reuniones de Cancilleres no se iba a discutir el Plan Arias sino -según las palabras de Ortega- "el Plan Habib-Duarte".

En este Plan norteamericano podía preverse una renovada insistencia en el diálogo del gobierno nicaragüense con la contrarrevolución y en la celebración de elecciones en Nicaragua, no "en los plazos establecidos en las respectivas constituciones" (Plan Arias) sino cuanto antes. Al no darse un consenso sobre estos y otros punto, la Cumbre fijada para agosto debería ser nuevamente pospuesta, entrándose así en un estancamiento. Entre tanto llegaría septiembre, mes en el que Reagan solicitará al Congreso la renovación de la ayuda militar a la contrarrevolución. Buen pretexto para forzar ese voto sería presentar a Nicaragua como boicoteadora del Plan Arias, elemento que demostraría la necesidad de seguirla presionando las armas de la FDN.

Pero fue la misma visita del Presidente Arias a Washington y la intempestiva reacción de Reagan frente al Presidente costarricense y su Plan lo que ayudó a desenmascarar la táctica que se escondía en la posposición de la Cumbre. Arias tenía una cita en Indianápolis y esperaba entrevistarse en Washington -como luego lo hizo- con el Vice-presidente Bush, pero Reagan lo invitó a la Casa Blanca y lo confronto junto con Carlucci, Elliott Abrams y Habib. En palabras del mismo Arias lo que se reveló en su entrevista con Reagan es que el Plan es incompatible con la voluntad del Presidente norteamericano de seguir ayudando a la contrarrevolución. Esos mismos días Reagan había afirmado en comparecencias públicas que continuaría manteniendo esa ayuda hasta el último día de su mandato. Sólo una hora después de la entrevista Reagan- Arias, la Casa Blanca emitió un comunicado en el que señalaba esta voluntad y sugería que el Plan debía de ser modificado para que fuera aceptable al gobierno de Estados Unidos. Arias declaró que discrepaba de esta sugerencia de Reagan. De hecho, el Presidente de los Estados Unidos ratificó totalmente el análisis de la situación que el día anterior había hecho el Presidente de Nicaragua.

"No dejó de sorprendernos esta reacción norteamericana ante Arias y su Plan de Paz, siendo Arias aliado de los norteamericanos y el Plan un instrumento útil para Estados Unidos al menos durante un tiempo. Aunque esperábamos que se opusiera más tarde a él nos sorprendió que lo hiciera tan pronto y de una manera tan evidente y burda", comentó a Envío un alto funcionario de la cancillería nicaragüense.

Por si hiciera falta otra confirmación al análisis de la situación coyuntural abierta con la posposición de la Cumbre, el Senador Chiristopher Dodd reaccionó al comunicado de la Casa Blanca señalando que Reagan apoyaba verbal y públicamente las soluciones de paz, pero de hecho las minaba. "A pesar de que decía que apoyaba el Plan -señaló Dodd- es un hecho que se opuso a él desde el principio. Instruyó a sus embajadores para que se opusieron y envió a sus funcionarios capital por capital (de Centroamérica) sugiriendo ideas para destruir el Plan hasta matarlo". Dodd vaticinó que en septiembre Reagan volvería a usar el Plan como un medio para pedir más para la contrarrevolución aduciendo que las presiones militares son necesarias para el que Nicaragua acepte el Plan.

En las idas y venidas diplomáticas de la primera quincena de junio se puso de manifiesto la debilidad y dependencia de los gobiernos salvadoreño y hondureño y el error de cálculo del gobierno costarricense, que elaboró un Plan de Paz creyendo que ya en la Casa Blanca gobernaban los demócratas. Al querer distanciarse de la política de guerra en busca de una imagen internacional de líder de la paz y la democracia, Arias contempló cómo Reagan mataba su Plan sin ningún pudor. De todas formas, es evidente que si el Plan Arias, con ese golpe mortal, perdió toda viabilidad, el Presidente Arias ganó credibilidad internacional sólo por oponerse en algo a Reagan, en un encuentro calificado por un funcionario costarricense como "áspero, tenso y sin tapujos".

Contadora: la tabla de salvación

En los días siguientes al encuentro Reagan-Arias una serie de declaraciones europeas y latinoamericanas fueron mostrando el camino para salir de la crisis. No era otro que el del macro latinoamericana de Contadora. El Presidente español Felipe González, de visita en Brasil, señaló cuál era la posición de Europa, expresada ya a Arias durante su viaje: "El camino para la paz sigue estando en ese esfuerzo regional de Contadora. No hay ningún otro. Los conflictos regionales tienen mejor respuesta en el ámbito regional y se agravan si se contemplan desde el enfrentamiento Este-Oeste. La región tiene derecho a buscar la paz por su propio esfuerzo".

En Philadelphia, el Presidente argentino Alfonsín ratificó la posición de su gobierno, contraria a la ayuda a los contrarrevolucionarios y recordó que el Plan Arias había recibido el respaldo de Contadora y Apoyo por seguir las líneas de la declaración de Caraballeda. Los Cancilleres Consalvi (Venezuela) y Sepúlveda (México) calificaron la decisión de Nicaragua de no asistir a la cumbre reprogramada para agosto como "una decisión soberana", aunque analizaban ya que la crisis la Cumbre y su posposición estaban apuntando a la revitalización de la capacidad mediadora de Contadora y Apoyo.

Para el 25 de junio -fecha que tenía la Cumbre de presidentes- fue programada en Tela (Honduras) la primera reunión de cancilleres propuestas por Duarte, que guardó después de pedir la posposición. El relevo lo tomó el presidente hondureño Azcona, que declaró que Nicaragua o sin ella, debía celebrarse la reunión de presidentes. Cuando Guatemala decidió no asistir a la reunión de Tela la decisión fue duramente criticada pro el Canciller hondureño, que acusó a Guatemala de tener una posición "similar a la Nicaragua." Funcionario hondureño, amparado en el anonimato, fue más allá: "Guatemala -dijo- pierde toda autoridad moral para hablar en el futuro de neutralidad, ya que muestra un claro alineamiento con las posiciones nicaragüenses".

Desde el punto de vista de Honduras, Guatemala sólo sería neutral si reforzara Honduras, El Salvador y Costa Rica en sus posiciones anti-nicaragüenses, cumpliéndose así el sueño de Reagan de "cuatro contra uno". Mientras tanto, Costa Rica se mantenía en la cuerda floja: sin aceptar modificar su Plan, Arias acepto ir a la reunión de cancilleres en Tela y prometió convencer a Daniel Ortega para que asistiera a la Cumbre pospuesta. Arias declaró que Costa Rica coincide con Estados Unidos "en los fines pero no en los medios" para resolver el conflicto centroamericano, identificando esos "fines" en la democratización de Nicaragua. "Después de más de 40 años de dictadura somocista, el pueblo nicaragüense merece algo mejor que otra dictadura en el extremo del espectro". (Entrevista a Time, antes de su viaje a Washington).

La ambigüedad en la que se encuentra en estos momentos le llevó a hablar así de Nicaragua en "La Voz de Estados Unidos", momentos antes de entrevistarse con Reagan: "Nicaragua es David luchando contra Goliat. Es un pequeño país asediado por los contras. Y detrás de ellos. el gobierno de Estados Unidos de América, el más poderoso de la tierra... Yo no estoy a favor de una solución militar a los problemas salvadoreños o nicaragüenses... Lo que yo espero (de Reagan) es que apoye mi Plan".

El día 23 de junio los acontecimientos se precipitaron. El Canciller guatemalteco, Quiñónez, anunció la intención de su país de pedir la mediación del Grupo de Contadora para considerar la celebración de la Cumbre presidencial centroamericana con los 5 presidentes. Días más tarde se revelaría que Guatemala pidió a Panamá que invitara para ello al Presidente Ortega a viajara Panamá para conseguir el apoyo nicaragüense a la Cumbre. La invitación del Presidente de Panamá, Del Valle, no dejaba lugar a dudas sobre qué estaba cocinándose en ese viaje:

"El gobierno de Panamá observa con pesar que países con intereses y vínculos en la región centroamericana continúan ejerciendo presiones que obstaculizan las gestiones de ese Grupo y de los países centroamericanos. Por tales razones invita (al Presidente Ortega) a una visita a Panamá el 24 de junio para procurar una fórmula que permita efectuar la reunión de Guatemala, en la cual se pondrá a consideración el Plan Arias y otras iniciativas de paz dentro del espíritu de Contadora."

En ese mismo día se filtró que los Presidentes de México y Argentina habían discutido en reunión bilateral de Ixtapa (México) un plan de apoyo a Nicaragua en vista del acoso militar y económico que sufre el país por parte de Estados Unidos, la reactivación de Contadora y la celebración de una Cumbre presidencial de Contadora y Apoyo antes de terminar 1987.

El día 24, Costa Rica anunció que no asistiría a la reunión de Cancilleres en Tela y el gobierno hondureño se vio obligado a cancelar la reunión, dado el aislamiento en que se encontraba la iniciativa. Honduras pidió entonces a Contadora que asumiera "la competencia en la mediación de la situación centroamericana" al frustrarse "la posibilidad de una negociación directa entre los centroamericanos".

En este contexto, Nicaragua anunció en Panamá que aceptaba las fechas del 6 y 7 de agosto para la Cumbre presidencial y a través de Panamá -a cuyo gobierno reconocía sus "gestiones constructivas"- comunicó a Contadora esta decisión, señalando que no aceptaría nuevas posposiciones o maniobras para frustrar el éxito de la Cumbre, urgiendo también a que se encomendara a Contadora y Apoyo la instrumentación de los mecanismos de consultas previos a la Cumbre.

La intensa actividad diplomática del mes, que caracteriza la coyuntura, comienza con una maniobra salvadoreña-norteamericana para aislar a Nicaragua en un contexto centroamericano hostil. T termina con un desafío latinoamericano a la Administración Reagan. En este desafío se expresa la voluntad de la mayor parte de las naciones latinoamericanas de no aceptar la tutela o la injerencia de Estados Unidos en sus políticas internas. El debilitamiento de la credibilidad de la Administración Reagan, le obliga a desnudar ante Arias, ante Europa y ante América Latina sus posiciones anti-diálogo y anti-paz. En esta situación Nicaragua vuelve a ser la referencia de la dignidad latinoamericana, a la vez que Contadora emerge como el símbolo de una lucha que es continental y para muy largo tiempo. Si se concretara un plan de respaldo económico de los países de Contadora y Apoyo a Nicaragua, el gran desafío que representa esta lucha habría encontrado otro medio eficaz de expresión ante la prepotencia del gobierno Reagan, además del diplomático.

En Nicaragua la lucha sigue

La gran lucha diplomática de este mes se dio en medio de una intensa actividad interna en Nicaragua, que se prepara a la celebración de los ocho años de la revolución.

La crisis económica fue considerada en la Asamblea el primer de junio. El día 6, en una variante de los semanales "De Cara al Pueblo", en una reunión de 9 horas con mil 500 participantes de todos los sectores del país, el Presidente de Nicaragua dio a conocer nuevas medidas para regular la crisis económica. Anunció que los salarios serían reajustados periódicamente en relación con las alzas de los precios de 54 productos considerados fundamentalmente en la canasta básica. Con toda franqueza reconoció que las dificultades en la producción no permitirán que haya siempre esos 54 productos en cantidad suficiente para todas, pero que cuando los haya el gobierno extremará sus esfuerzos para que lleguen por canales seguros a todos los trabajadores. Anunció también la decisión de hacer reajustes a la tasa de cambio del córdoba con el dólar para determinadas importaciones, de manera que se reduzca algo el déficit fiscal y la de establecer un ahorro obligatorio del 5% en el consumo de combustible sobre lo programado, tanto en las dependencias estatales como en la venta al público. Habló también de un aumento en el precio de la gasolina, el diesel y el gas butano.

Dificultades con el petróleo

En los últimos días de mayo de 1987, el Ministro de Cooperación Externa, Comandante Henry Ruiz, anunció que Nicaragua enfrentaba dificultades para completar hasta fin del año la cuota de crudo necesaria para el funcionamiento de su economía.

Como se sabe, desde 1985 la URSS y los países socialistas que integran el CAME -incluida Cuba, que ya proporcionaba el 50% del crudo- se hicieron cargo de un 90% de las necesidades de Nicaragua, que en números redondos significan 765 mil toneladas de crudo anuales con un valor aproximado de $225 millones. ...situación se produjo ....se consolidó al no seguir México proveyendo a Nicaragua a causa de sus grandes dificultades económicas. México sí continuó proporcionando el petróleo necesario para la producción de asfalto.

Ruiz aclaró que la parte de la cuota petrolera correspondiente a la URSS en la cuota convenida con el CAME -300 mil toneladas había sido ya entregado totalmente a Nicaragua. El déficit se producía, pues, en la parte de la cuota de los restantes países de Europa orienta.

El 10 de junio, el Vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez, viajó a al URSS y a los demás países de la Europa socialista, acompañado del Ministro de Planificación Económica, Dionisio Marenco. Terminado este viaje, Ramírez emprendió otro viaje a Irak, Grecia, Yugoslavia y Argelia para continuar gestionando el necesario suministro petrolero. Unos días antes, el Presidente de la Asamblea Nacional, Comandante Carlos Núñez, visitó Irán -también con Marenco-, en misión también vinculada con el déficit petrolero.

El 11 de junio, el diario mexicano "La Jornada" informó que un funcionario de la Secretaría de la Energía del gobierno mexicano había asegurado que se reanudarían los envíos de crudo a Nicaragua, indicando que esta decisión formaría parte de un plan de apoyo global y a largo plazo a Nicaragua del que se iban a responsabilizar los 8 países latinoamericanos de Contadora y Apoyo, y que abarcaría petróleo, ayuda alimentaria y financiera......noticia fue reforzada cuando el 23 de junio se filmó que los Presidentes de México y Argentina habían discutido en Ixtapa (México) este plan.

Desde fines de mayo Nicaragua había iniciado algunas gestiones con los gobiernos de México, Venezuela y otros países de América Latina para pedirles ayuda para superar el déficit petrolero.

Aun no se reconoce el alcance final de todas las gestiones nicaragüenses en la búsqueda de financiamiento externo para el sensible rubro del combustible en el objetivo de diversifica lo más posible su dependencia energética.

En la discusión que siguió al anuncio de las medidas, dos puntos resaltaron con fuerza. El Presidente insistió en que la crisis económica debía verse como el precio que Nicaragua había tenido que pagar y que seguirá pagando para poder ganar la guerra a la contrarrevolución. Varias intervenciones de los campesinos y obreros presentes coincidieron además en la afirmación de que nunca antes en Nicaragua las grandes las grandes mayorías habían tenido una relación tan digna con el gobierno y nunca habían conocido tanta flexibilidad, en el medida de las capacidades, para hallar en el gobierno respuestas a sus necesidades fundamentales.

Las medidas económicas parecen estar funcionando. El reajuste salarial periódico indica que se ha vencido la creencia de que el aumento de los salarios produce necesariamente mayor inflación. El tímido aumento en los precios del combustible pudiera ser un primer globo-sonda para comprobar hasta qué punto este aumento incide también en la inflación. Es posible, incluso probable, que aunque funcionen bien las medidas económicas no sean suficientes. La realidad, que atestigua su elevado grado de interdependencia con las opciones políticas necesarias para redistribuir la escasa producción, irá indicando pistas para ir profundizándolas.

Aunque las medidas de reajustes sean aún insuficientes, este mes ha mostrado la lucha para enfrentar la crisis y para "administrarla". Los límites de lo que puede hacerse son grandes porque la verdadera fuente de la inflación es la guerra, que afecta todo el presupuesto nacional y la capacidad productiva de un país muy subdesarrollado.

Y la guerra ha continuado duramente este mes. Duramente, porque todo indica que existe una cierta desesperación, una cierta prisa por parte de la contrarrevolución en su afán por mostrar avances e influir así en el voto sobre la ayuda militar que se espera para el mes de septiembre, voto que todos los analistas consideran crucial para evaluar el real debilitamiento de la política de guerra de Reagan al interior de los Estados Unidos.

En este mes la contrarrevolución ha continuado atacando cooperativas y asentamientos campesinos en lugares aislados, presentando después estos ataques como acciones militares exitosas contra "bases militares sandinistas" o contra "cuarteles militares". Pero la presencia en estos lugares de periodistas internacionales pone en evidencia para quien quiera oir y ver que lo que están atacando son pequeños objetivos civiles y económicos. La comparación entre las tácticas actitudes de los contrarrevolucionarios y de los sandinistas hacia la población campesina en zonas de guerra fue el tema central de un reportaje de portada que el "Newsweek" publicó el 1 de junio con el significativo título: "Al interior de la guerra de los contras: ¿Por qué no están ganando?". En ese trabajo periodístico se intentaba mostrar al público norteamericano que las tácticas y actitudes de "los contras" dejaban mucho que desear.

El 16 de junio, el Teniente Coronel Hugo Torres, Jefe de la Dirección Política del Ejército Popular Sandinista, presentó un informe a partir del cual entender los movimientos militares de la contrarrevolución hasta que en septiembre, cuando se produzca el voto en el Congreso. Se trataría del llamado "Plan América", que consistiría en infiltrar en territorio nicaragüense al máximo número de los contrarrevolucionarios acantonados en Honduras, con el intento de que desarrollen el máximo de acciones que sirvan como golpes propagandístico que justifique nuevas inversiones norteamericanas en ayuda militar. El objetivo global es ganar el voto, a la vez que se afecta seriamente la economía del país y se trata de desmovilizar los campesinas nicaragüenses en su integración al movimiento cooperativo, punto clave en la actual estrategia rural y productiva del gobierno revolucionario.

Para dar una respuesta eficaz a la guerra en la zona central de país, hoy priorizada por la contrarrevolución como terreno donde asentarse de manera permanente con posibilidades de supervivencia, el gobierno decidió la evacuación de campesinos de una zona al sur de Nueva Guinea (Zelaya), reasentado a unas 900 familias en lugares alejados de la zona de guerra, proporcionándoles toda una serie de servicios sociales entregándoles buenas tierras. El objetivo es permitir al ejército sandinista la preparación de una gran ofensiva que ataque sin dañar a los civiles, el último reducto importante de la contrarrevolución: el Comando Regional Jorge Salazar, que opera en la Región V (Boaco, Chontales, Zelaya Central).

Mientras, continúa el declive militar de la contrarrevolución en todo el país. Este mes, el Ejército Sandinista informó que en lo que va del año 1987 la contrarrevolución ha tenido 3 mil muertos, más de 2 mil desalzados y un gran número de heridos y capturados. Por parte sandinista, hubo en esos meses 600 muertos. Más parcialmente, en el período comprendido entre el 5 de junio y el 5 de julio, los contrarrevolucionarios tuvieron 477 muertos y el ejército sandinista, 131.

Actividades contrarrevolucionarias

A lo largo de este mes los grupos contrarrevolucionarios infiltrados en Nicaragua se han mostrado muy activos, pero nunca presentando combate al ejército sandinista sino atacando objetivos económicos -civiles. Este mes hubo 55 de estos ataques con el resultado de 33 civiles muertos, 44 heridos y 39 secuestrados. Los principales ataques fueron:

2 junio -Asentamientos de Abisinia (Jinotega). Cayeron defendiéndolo 12 campesinos y otros 10 resultaron heridos. Los contrarrevolucionarios destruyeron 2 casas y el centro de salud

3 junio -Asentamiento Las Colinas (Jinotega). Murieron 6 campesinos y quedaron heridas 7 personas, entre ellas 2 niños. Los contrarrevolucionarios incendiaron 35 casas y destruyeron el centro de salud y el de abastecimiento.

14 junio - Ataque al poblado de Panalí (Nueva Segovia). Fueron heridos 7 campesinos .

18 junio -Asentamiento de Zompopera (Jinotega). Murieron 3 campesinos y 13 -entre ellos, 3 niños- fueron secuestrados. Los contrarrevolucionarios incendiaron el centro de abastecimiento.

18 junio -Cooperativa Los millones (Chontales). Murieron 5 campesinos, resultaron heridos 10 y fueron secuestrados 2.

-Ataque al poblado de San Ubaldo (Chontales). Fueron secuestrados 12 campesinos y 7 casas incendiadas.

24 junio -Asesinato del cooperante chileno Manuel López Ibáñez, técnico agropecuario, que colaboraba en un programa de cooperación de Dinamarca.

25 junio - Ataque a Quilalí con intención de tomar la ciudad, intento que resulto fracasado

Mientras la guerra sigue, la actividad legislativa no se ha detenido. La Asamblea Nacional ha reiniciado sus sesiones. En este período, que terminará en diciembre, afrontará un ambicioso paquete legislativo. Se trata de reformar el Estatuto de la Asamblea y su reglamento de funcionamiento, en base a la experiencia adquirida en 1985 y 1986. Con posterioridad se abordarán la ley de amparo, las reformas a las leyes sobre el estado de emergencia y el proceso electoral, la ley de inversiones extranjeras, la y la ley que regule los procedimientos de divorcio. Es público el fuerte debate que se ha suscitado ya entre los partidos opositores y el FSLN respecto a la reforma del Estatuto de la Asamblea. La oposición intenta dar a la Junta Directiva de la Asambleas más poder, restándoselo al Presidente de la misma.

Desde el punto de vista de la ideología, fue importante este mes el discurso del Presidente Daniel Ortega a los universitarios. Reivindicó el marxismo como "pensamiento científico revolucionario", apropiado "de manera creadora" en el sandinismo. Calificó al sandinismo como "expresión propio que desarrolla la ideología revolucionaria en la realidad nicaragüense tomando en cuenta las experiencias de lucha de otros pueblos del mundo" de lucha de otros pueblos del mundo". Afirmó el sandinismo como un proceso que se apega a "nuestra propia realidad nicaragüense" e intenta conformar "un modelo" correspondiente "con las características específicas de nuestra economía, con los sujetos históricos de la Revolución y con la necesidad de desarrollo económico-social", insistiendo una vez más en fortalecer "nuestra política de no alineamiento en el orden internacional, el pluralismo político y el régimen de economía mixta".

El Presidente Ortega llamó a los estudiantes universitarios a responder con seriedad a la oportunidad de estudiar que tienen, y que está garantizada por el sacrificio de los soldados y el sudor de los trabajadores. Durante las segunda quincena de junio, el Presidente Nicaragua tuvo varias reuniones con dirigentes de las instituciones universitarias del país para abordar la mejora de las Universidades.

El valor de construcción nacional puede ser defendido - como Nicaragua lo intenta- sobre la base de la participación de las mayorías. O puede ser defendido demagógicamente sobre la base de imposiciones al pueblo. Los penosos acontecimientos ocurridos de este mes en Panamá y la terrible realidad interna de Guatemala atestiguan las radicales insuficiencias de esta segunda alternativa.

En condiciones de permanente sufrimiento de la población, de ataque a los logros más significativos en el campo- las cooperativas-, de un apremio económico que lleva a condiciones de creciente austeridad y a demoras penosas en las posibilidades de desarrollo, Nicaragua ha librado este mes una importante batalla diplomática. Este mes marca un hito latinoamericano. A la falsa bandera de democratización que la Administración Reagan enarbola contra cualquier proceso nacionalista -sea el nicaragüense o sea el panameño se opone hoy una nueva actitud latinoamericana.

Las injusticias sociales y la democracia son hoy verdaderos problemas en todo nuestro continente. El fariseísmo de Estados Unidos consiste en pretender dar las lecciones a los gobiernos de nuestros pueblos sin dar el menor paso para respetar los intereses de nuestros ni para cambiar las injustas condiciones del cada vez más viejo y caduco orden económico internacional. El forcejeo entre América Latina y Estados Unidos se puso una vez más de manifiesto este mes. Es sólo un paso de un largo y lento camino de emergencia del Tercer Mundo. Un paso en el difícil reacomodo de todo el sistema mundial. Nicaragua es hoy la pequeña metáfora de este gran esfuerzo.

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