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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 72 | Junio 1987
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Nicaragua

Movimiento Cooperativo: los campesinos dan un nuevo giro

Los campesinos están produciendo una nueva ola de democratización en la gestión del movimiento cooperativo y en las relaciones entre los aparatos estatales y las organizaciones campesinas.

Equipo Envío

A la par del proceso de institucionalización y democratización expresado en las elecciones, en la Constitución y en los avances de la Autonomía de la Costa Atlántica, la participación popular de los campesinos en la reforma agraria se ha incrementado de tal forma que esta produciendo una nueva ola de democratización en la gestión del movimiento cooperativo y en las relaciones entre los aparatos estatales y las organizaciones campesinas.

Hoy está en juego algo más que el pluralismo económico y las demandas económicas de los campesinos. La participación de los campesinos, la nueva confianza que tienen en sí mismos y su insistente búsqueda de soluciones concretas han ido revelando una serie de problemas en el movimiento cooperativa y ha abierto un debate sobre la democracia en el campo. El mismo proceso de reforma agraria y la revolución en el campo permiten esta discusión pública de problemas normalmente sepultados en gobiernos de estilo autoritario, en los gobiernos que favorecen más la conservación del estatus quo que la liberación de las clases oprimidas. La actual campaña de fortalecimiento de base del movimiento cooperativo, promovida para todo 1987 por el FSLN es, por un lado, fruto de esta creciente participación y, por otro, es semilla para extenderla y canalizarla hacia las batallas por la producción y la defensa.

Nueva modalidades de entrega de tierras

El giro que los campesinos nicaragüenses dieron a la reforma agraria a partir de los principales meses de 1985 (envío, agosto 1985), abrió una nueva fase de democratización en el campo. A lo largo de estos dos años, las nuevas modalidades de entrega de tierra en parcelas individuales y la flexibilización de los modelos cooperativos, han hecho madurar una critica de las concepciones y de los estilos de gestión del movimiento cooperativo, critica con la que precisamente empezó aquel "giro". A su vez, las iniciativas campesinas han provocado un proceso de autocrítica por parte de dirigentes y cuadros sandinistas sobre lo que ellos mismos identifican como "el verticalismo de la gestión publica en el sector agropecuario".

En medio de las presiones creadas por la guerra, la crisis económica, los inevitables desajustes provocados por las transformaciones económicas en el agro, el creciente tamaño del sector cooperativo y la misma voz del campesinado -que se escucha cada vez más en el conjunto de las fuerzas sociales-, se registra ya un amplio acuerdo entre dirigentes, cuadros y técnicos acerca de los problemas que afectan al movimiento cooperativo y a los intereses de la revolución en el campo. En otras palabras, hay un consenso sobre el hecho de que la nueva coyuntura caracterizada por el declive estratégico de la contrarrevolución y la aguda crisis económica, exige dar un nuevo paso.

El movimiento cooperativo no está en crisis, sino en ascenso. Y son justamente sus avances los que obligan a replantear algunos aspectos de la estrategia sandinista de desarrollo cooperativo, tal como se implemento en su etapa inicial.

Sin embargo, si todo el mundo está de acuerdo en que existen problemas, aún está abierta la discusión acerca de que soluciones dar a los mismos, acerca de lo que implicaría el reacomodo de la estrategia cooperativa en el agro nicaragüense. Por un lado, el campesinado, guiado por sus intereses inmediatos, está eligiendo soluciones espontaneas par resolver sus dificultades. Por otra parte, algunos dirigentes cuestionan a fondo los estilos de gestión en el movimiento cooperativo y proponen vanguardizar al campesinado para la solución de las dificultades actuales superando los estilos verticalistas y apuntando a que los campesinados protagonicen más y más el proceso. Otros, aconsejan solamente una transformación de las cooperativas vanguardizada por los técnicos y funcionarios de la reforma agraria, con el temor de que el campesinado se enrumbe por cauces más bien conservadores que progresistas.

Estas dos últimas posiciones, las dos presentes entre los cuadros revolucionarios, plantean las necesidades de fortalecer la base del movimiento cooperativo, pero difieren sensiblemente en la relación política que supone el campesinado vanguardice o no el movimiento. La primera valora positivamente aspectos de la experiencia campesina y de los cuadros de base a la cooperativización y los considera como una fuente de aprendizaje en la búsqueda de soluciones coherentes con los intereses del proceso revolucionario. La segunda se caracteriza por proponer "recetas" desde arriba que el campesinado y los cuadros de base tienen que asimilar.

En medio de esta diversidad de opinión, el FSLN decidió abrir nuevos espacios para la discusión democrática e inició en el mes de marzo pasado una campaña de fortalecimiento de base del movimiento cooperativo, articulada en dos tipos de acciones: por un lado, seminarios nacionales y regionales para cuadros sandinistas del sector rural, en los que se plantea en forma permanente la atención y el estudio de los problemas y soluciones para el movimiento cooperativo; y por el otro, la movilización de los campesinos para que sean ellos mismos los que solucionen los problemas que se van presentando e incrementen su capacidad de organización y de autogestión en el proceso de reforma agraria.

A través de esta campaña, el FSLN se propone luchar para abrir un espacio político en el que los representantes de la revolución en el campo cambien su estilo verticalista y los campesinos logren una aun mayor participación en el proceso de cooperativización para solucionar los problemas económicos del sector cooperativo.

Envío intenta analizar el nuevo giro que campesinos y cuadros sandinistas están dando al movimiento cooperativo. A partir de los logros y límites impuestos por la historia del movimiento cooperativo, tratamos también de enfocar las distintas posiciones políticas surgidas entre los campesinos, dirigentes y funcionarios involucrados en este proceso de movilización.

Gran crecimiento cooperativo: nuevos problemas

En los últimos tres años, el dinamismo del sector cooperativo agropecuario nicaragüense ha sido notable. En 1983 el sector empresarial y el de pequeños productores y campesinos pobres absorbieron más o menos la misma cantidad de crédito a largo plazo para inversiones. Pero ya en 1986, los pequeños productores y campesinos pobres recibieron casi tres veces más créditos a largo plazo que los necesarios.

Dentro de todo el sector campesino fueron las cooperativas las que más aumentaron su nivel de inversión. en 1983 controlaban un 47% del crédito a largo plazo otorgado al sector de pequeños productores y campesinos pobres, y en 1986 ya controlaban el 67%.

A principios de 1986 la producción cooperativa representó una quinta parte del Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua. Su peso en la producción material fue aún más significativo:

Cuadro 1


Con este gran peso en la economía nacional, el movimiento cooperativo se ha convertido en una de las preocupaciones fundamentales de la dirección política y económica de la revolución sandinista. El Plan Económico 87 señala que este importante sector productivo debe estar más cuidadosamente integrado en los planes nacionales.

Más aún, se prevé que el sector cooperativo seguirá su línea ascendente. En un país agrario, con una estructura económica y social fundamentalmente campesina y con una economía profundamente distorsionada por la presencia de un fuerte sector informal urbano -que representa más de la mitad de la población económicamente activa de las ciudades-, el proceso de cooperativización tanto en el campo como en la ciudad es una pieza clave para lograr la organización social de la producción, sobre la que debe asentarse el desarrollo de la nueva economía revolucionaria.

Como expresó el Comandante Luis Carrión en su discurso en el Primer Congreso Nacional Campesino de la Unión Nicaragüense de Agricultores y Ganaderos (UNAG), en mayo de 1986:

El ABC del movimiento cooperativo

En las Cooperativas Agrícolas Sandinistas (CAS), los campesinos tienen la propiedad colectiva de la tierra, la trabajan y reparten los excedentes colectivamente.

En las Cooperativas de Crédito y Servicio (CCS), los campesinos comparten asistencia técnica y otros servicios a la producción, pero mantienen la propiedad individual de la tierra.

La Cooperativa de Surco Muerto (CSM) es un modelo mixto: la posesión de la tierra, dividida en lotes individuales separados únicamente por un surco no sembrado, es colectiva. Algunos servicios y labores, como la preparación del suelo, se realizan colectivamente, mientras otra parte de las labores culturales y de cosecha se realizan en los lotes individuales con mano de obra familiar.

Las Cooperativas Tradicionales o de Responsabilidad Limitada (RL) son cooperativas de crédito y servicios formadas antes del triunfo revolucionario por campesinos pobres y pequeños productores.

"Este movimiento, aunque no está aún consolidado, ya ha transformado la vida miles de campesinos y se ha constituido en un firme bastión revolucionario de un gran potencial productivo... Estamos plenamente convencidos de que las cooperativas son el único camino viable para que decenas de miles de pequeños productores puedan ir saliendo gradualmente de la pobreza y del atraso a los que se han visto históricamente relegados... Es cierto que muchas cooperativas han enfrentado dificultades y problemas, y esto es lógico porque se trata de una experiencia nueva en la que los propios campesinos tienen que aprender muchas cosas en la práctica... Sobre esto no se ha hecho suficiente todavía y valiosísimas experiencias permanecen aún desconocidas y desaprovechadas. Habrá que corregir esto en el futuro inmediato... Pero al mismo tiempo que respaldamos calurosamente el proceso de cooperativización, debe quedar claro que el Frente Sandinista rechaza categóricamente el uso de la coacción o la fuerza para lograr la constitución de las cooperativas; la entrega de tierras a campesinos que la demandan no debe ser utilizada para forzar la cooperativización. Nadie puede ni debe ser obligado a formar parte de una cooperativa en contra de su voluntad. Las cooperativas sólo deben surgir como producto de la libre voluntad de los campesinos y tanto el gobierno como el Frente Sandinista deben promover la cooperativización campesina fundamentalmente a través de la persuasión. La UNAG debe velar por el estricto cumplimiento de estos principios por parte de todos los funcionarios gubernamentales".

Aunque las Cooperativas Agrícolas Sandinistas han representado en las zonas de guerra un verdadero "campo minado" para la contrarrevolución y aunque el movimiento cooperativo nicaragüense parece haber obtenido globalmente resultados mejores en comparación con similares experiencias promovidas en las reformas agrarias de Chile -bajo Allende- y Perú -bajo Velasco Alvarado-, las cooperativas agropecuarias en Nicaragua padecen una serie de problemas bastante serios. Por el tamaño de este sector, estos problemas ya son problemas de la economía nacional en su conjunto.

En su exposición del Plan de Trabajo 87, el Ministro de Reforma Agraria, Jaime Wheelock Román, señaló las debilidades del movimiento cooperativo y de la organización campesina y de la política agraria impulsada por el Ministro de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria (MIDINRA) hacia las cooperativas en el período 1979-85, por una sobre-enfatización del carácter reivindicativo de la reforma agraria y por el descuido en la consolidación económica de este sector cooperativo.

"La reforma agraria es humanista. Es un proyecto político reivindicativo, pero también es un proyecto económico, y hay que exigirle al movimiento cooperativo, y exigirnos, que el movimiento cooperativo se convierta en un movimiento con perfil político pero también económico... [El campesinado] tiene que ser un poco protagonista en la economía y tenemos que hacer de la producción campesina y hacer de las cooperativas, modelos económicos sobre los cuales invirtamos y trabajemos para perfeccionar nuestra revolución".

Reforma agraria "limosnera"

En la medida en que la reforma agraria tenga un carácter "limosnero" basándose sólo en entregas de tierra y crédito -señala el Comandante Wheelock- ésta "pasaría a ser una reforma agraria simplemente humanista". Y en este sentido, "la Reforma Agraria Sandinista tendría un gran contenido cristiano, pero le faltaría lo revolucionario, que es hacer de esa transformación político-social una transformación económica que siente las bases económicas para la efectiva construcción del futuro".

Las tendencias negativas en el movimiento cooperativo surgieron, apuntó el Ministro, de una promoción demasiado rígida e inflexible de algunos modelos cooperativos y de una falta de capacitación de los cooperativistas para ser protagonistas del movimiento. Esto provocó una serie de problemas.

Los principales, según el Ministro, fueron: la contratación de fuerza de trabajo asalariada sin la incorporación de la familia al trabajo, la falta de democracia interna -el "mandonismo y capacitacismo"-, la deserción de los socios, el hecho de que 108 mil manzanas permanecen ociosas en las cooperativas el mal uso de los excedentes, programas de siembra inadecuados, la desorganización en el trabajo, las fallas en la autogestión y en la capacidad técnica administrativa, la falta de cooperación y de organización entre las distintas cooperativas y en particular las debilidades en la organización de los pequeños productores en las CCS.

Esta serie de problemas y tendencias negativas en el movimiento cooperativo, junto al creciente espontaneísmo social en él, en alguna medida, son el reflejo de un estilo de gestión estatal demasiado verticalista y desalentador de la movilización y participación campesina.

El contexto histórico del verticalismo

Todos estos problemas están estrechamente ligados con: 1) la historia del movimiento cooperativo sandinista; 2) las debilidades de la política agraria y de sus cuadros técnicos (en su mayoría de extracción urbana y con poco experiencia en la organización campesina); 3) sobre todo, las restricciones impuestas por la agresión norteamericana a la revolución norteamericana a la revolución unidas a los factores de la crisis internacional.

El movimiento cooperativo nicaragüense, como el proceso revolucionario en su conjunto, ha tenido que nacer entre la crisis y la agresión. En él se pueden distinguir tres fases.

Primera fase: 1979-1982 Consolidación del sector estatal y del crédito para el campesinado

Dentro de la política agraria de la revolución ha sido muy cuestionada la decisión inicial de concentrar los mayores esfuerzos en la consolidación del sector estatal -el Area Propiedad del Pueblo (APP)- y postergar hasta 1982 la promoción decidida del movimiento cooperativo en base a la cesión de tierras al campesinado.

Esa decisión fue determinada en gran parte por consideraciones políticas. Ya en agosto de 1979, el gobierno decidió detener las tomas de tierras por parte de los campesinos y, por lo tanto, también detuvo la formación de las primeras Cooperativas Agrícolas Sandinistas (CAS). Con esta medida de orden político, el FSLN quiso garantizar en los primeros momentos de la revolución la unidad nacional ante la amenaza norteamericana, evitando además las inseguridades y conflictos sociales que siempre produce un proceso de expropiación y entrega masiva de tierra a los campesinados.

Detrás de esta decisión de detener tanto el desarrollo de la reforma agraria como un amplio movimiento de cooperativas de producción, había también otras razones de orden económico, como la necesidad de recuperar lo más pronto posible los niveles de producción, decaídos durante la guerra de liberación. El FSLN quería evitar también una "recampesinización" de los asalariados rurales y una consecuente escasez de mano de obra para las cosechas de exportación.

A través de sostenidas inyecciones de crédito en proyectos estratégicos estatales y de desarrollo urbano, decenas de miles de campesinos fueron incorporados como asalariados en dichos proyectos, en condiciones de trabajo mejores a las de la época somocista.

Esta política de los primeros años de la revolución de controlar las invasiones de tierra por parte de los campesinos, de enfatizar la "unidad nacional", de priorizar la creación del APP, y de asumir posturas prudentes en los primeros pasos de la organización campesina, dejó, de hecho, al campesinado sin un papel protagónico en el proceso de reforma agraria y tuvo una influencia negativa sobre el desarrollo posterior del movimiento cooperativo y sobre el carácter de la alianza revolucionaria entre los sectores urbanos y el campesinado.

Aunque la decisión de postergar la repartición de tierras entre los campesinos dejó el FSLN con las manos atadas para desarrollar un movimiento cooperativo beligerante, hay que reconocer, sin embargo, que fue un elemento importante en la recuperación de la economía nacional, un factor necesario para enfrentar en mejores condiciones la amenaza imperialista. Esta política consiguió, por ejemplo, una tasa del crecimiento del PIB agropecuario del orden del 10% anual entre 1980 y 1983.

Por otra parte, si tomamos en cuenta que en todas las revoluciones de corte socialista, el modelo clásico de reforma agraria ha sido la parcelación de la tierra, seguida de un largo proceso de cooperativización y de la creación de un sector estatal agropecuario a través de políticas de crédito, inversiones de asistencia técnica, abastecimiento y comercialización, en Nicaragua, la reforma agraria empezó de forma distinta: por la creación de un fuerte sector estatal. En vez de distribuir las tierras a los campesinos, la revolución distribuyó créditos. La enorme expansión de éste -del 4% de todo el paquete de crédito bajo el somocismo, a un 23% del mismo en el primer año de revolución- produjo en el campo una corriente de entusiasmo entre los pequeños productores individuales. Estos se organizaron rápidamente en 1.185 Cooperativas de Crédito y Servicios (CCS) y en 876 Pre-Cooperativas (cooperativas con menos de 10 socios). Sin embargo, estas CCS eran, más que verdaderas cooperativas, una especie de "ventanillas" del Banco. De hecho, no compartieron ningún tipo de servicios ni gozaron de asistencia técnica ni de una significativa capacitación.

Cuadro 2 y 3


Después, este sector de cooperativas que unía a los campesinos parcelarios en base al crédito, fue decayendo. De las 2 mil cooperativas fundadas en el primer año de revolución (ver Cuadro 2 y 3), 1.500 desaparecieron por falta de una atención estatal que fuera más allá del crédito, por los altos niveles de endeudamiento que experimentaron los cooperados, por los recortes de los créditos a los campesinados pobres en 1981 y, luego por el impacto de la guerra. Entre 1981 y 1986, hubo un proceso de reposición de estas CCS con nuevas cooperativas, que padecían los mismos problemas.

Durante esta primera fase del movimiento cooperativo, las cooperativas de producción o Cooperativas Agrícolas Sandinistas (CAS) fueron en gran medida el producto de la lucha por la tierra de los semi-asalariados rurales y de los campesinos pobres sin tierra. Ya durante la insurrección y en los primeros momentos después del 19 de julio de 1979, muchos de estos campesinos apoyados por cuadros sandinistas y por la Asociación del Campo (ATC), invadieron, sobre todo, fincas cercanas a León y Masaya, y empezaron a trabajar la tierra e forma colectiva o en proto-cooperativas llamadas también Comunas Sandinistas, Colectivos de Trabajo y Cooperativas Agrícolas Sandinistas (CAS).

La decisión del FSLN de detener las tomas de tierra y el desarrollo del movimiento cooperativo, encontró resistencia entre estos campesinos pobres semi-asalariados que habían colaborado en la insurrección. Pero las luchas de los campesinos por mantenerse en las tierras invadidas y por tomar nuevas fincas, entraban en contradicción con la política de unidad nacional. Estas tensiones -que tuvieron su expresión nacional el 9 de febrero de 1980 en una marcha de protesta dirigida por la ATC en Managua, con la consigna "No devolver ni una pulgada más de tierra" (a sus antiguos dueños)-, influyeron en la política del FSLN, lo que permitió la sobrevivencia de poco menos de 500 cooperativas de producción CAS, las que fueron consolidándose durante el período 1980-82, a pesar de que controlaban sólo el 1.2% de la tierra al final de este período, y a pesar de los muchos problemas surgidos tanto por la inestabilidad de los mismos socios como por la debilidad del apoyo y servicios estatales hacia ellas.

Segunda fase: 1982-1985 Priorización del modelo CAS
y de los campesinos semi-asalariados sobre el modelo CCS y los campesinos medios

Durante la segunda fase del movimiento cooperativo, la revolución promovió fundamentalmente las Cooperativas Agrícolas Sandinistas CAS entre los semi-asalariados del campo. A la vez, a partir de 1982 se comienza a dar un proceso de deterioro el salario real de los obreros agrícolas, que se profundiza en los años siguientes. Como se puede apreciar en el cuadro 3, mientras el número de socios de las CAS se triplicó el número de socios de las CCS bajó en casi el 10%. La priorización de las CAS como forma de producción colectiva sobre las CCS, con su modelo de parcelas individuales, fue sentido por el campesinado como una imposición por parte de la revolución.

Refiriéndose a las debilidades organizativas en el movimiento cooperativo, el Ministro de MIDINRA señaló en el Primer Seminario Nacional de Cuadros del Movimiento Cooperativo:

"El segundo aspecto organizativo es el de inflexibilidad orgánica de la que nosotros de algún modo hemos establecido. Esto probablemente tiene que ver con problemas de experiencia nuestra, problemas de cierto verticalismo en el modelo, que se han señalado. Lo cierto es que, incluso en regiones de guerra, aunque hemos hecho énfasis en que debería impulsarse en esta primera fase de la reforma agraria un proceso de parcelación individual para los campesinos sin tierra, nos hemos encontrado que se continúa impulsando el proyecto CAS, que es el más fuerte. Ni siquiera hay formas de cooperativas de crédito y servicios o tiendas, sino que es directa la colectivización de la tierra y las cooperativas son casi unidades de producción estatal".

Hoy, muchos concuerdan en que esta inflexibilidad y la de decisión de condicionar la entrega de tierras a la incorporación del campesinado en estructuras colectivas de producción creó serias dificultades para un tránsito estable y participativo hacia un régimen de cooperativas de producción eficiente y políticamente sólido.

A pesar de los problemas generados por la poca flexibilidad estatal frente a las exigencias del campesinado en torno a su economía familiar, el avance en la organización de cooperativas de producción, representó un potencial de organización económica, de movilización, de aprendizaje del campesinado, que sería un error no aprovechar, sobre todo porque hay CAS -especialmente entre las primeras que más lucharon por su existencia- que se han consolidado y, a través del intercambio de experiencias pueden proyectar sus avances.

Como se señaló anteriormente, esta decisión fue en gran parte determinada por consideraciones políticas que impidieron en Nicaragua la estrategia clásica de la reforma agraria socialista: "soltar" al campesinado contra los terratenientes y luego empezar el arduo proceso de cooperativización campesina, transitando lentamente de las CCS hacia formas más colectivas de producción agropecuaria. La priorización de las CAS respondía también en este período a un deseo de mantener las economías de escala y de evitar la "recampesinización".

Como en Chile y Perú, en Nicaragua la decisión de priorizar la cooperativa de producción y estigmatizar la parcelación de la tierra, nació no solamente de la necesidad de ofrecer garantías a la burguesía agraria, impidiendo las invasiones espontaneas de sus tierras, sino también de la interacción entre dos fuerzas sociales: los campesinos semi-asalariados que luchaban por la tierra y muchos cuadros sandinistas de origen urbano que luchaban para asegurar la modernización y el progreso frente a lo que ellos interpretaban como el atraso del sector rural.

¿Cuáles fueron, con más detalle, las raíces históricas y sociales de las decisiones que marcaron esta segunda fase del desarrollo del movimiento cooperativo?

Como señalamos, durante la primera fase, los campesinos pobres semi-asalariados fueron la energía social que estaba detrás de la creación del CAS. El modelo CAS surgió precisamente de una alianza entre estos campesinos y cuadros sandinistas de la insurrección urbana. El semi-asalariado rural que se movía en las afueras de las ciudades o en los cascos urbanos donde arraigó la insurrección sandinista, fue el aliado "natural" de los guerrilleros urbanos para la construcción de las primeras formas asociativas sandinistas en el campo, forjadas en las horas de la insurrección. Pobre y sin raíces estables en la estructura social, como las tenía el pequeño productor campesino o el proletariado agrícola que tenía trabajo a tiempo completo, el semi-asalariado era un personaje social muy complejo. Acostumbrado a usar, según las necesidades, varias máscaras sociales -campesino, asalariado, migrante, comerciante estacional, desempleado...-, estaba obligado a ser vivo y audaz para sobrevivir en medio de las desigualdades del mundo somocista.

Cuando los campesinos semi-asalariados presionaron para tomarse las tierras -sobre todo en León y en Masaya- los cuadros sandinistas de extracción urbana les ofrecieron las fincas que juzgaron mejores, las ya desarrolladas y modernizadas, con tractores, estructuras, insumos y combustibles confiscados.

Para los campesinos eran simplemente las mejoras tierras. Para los cuadros urbanos eran las tierras que requerían de un trabajo colectivo, que más garantizaban estructuras de administración modernas, tecnificadas, más colectivas. En definitiva, más "socialistas". Al ofrecérselas, los sandinistas ofrecían también los ideales de un mundo nuevo más justo e igualitario. Para los cuadros urbanos, la cooperativa y su organización interna representaban la garantía del acceso a ese nuevo mundo, aún en los casos en los que no había los recursos necesarios para pasar a un esquema colectivo de producción.

Los tres mandamientos para ser un "buen cristiano" en el cooperativismo sandinista de la primera hora fueron:
1) no poseer propiedad privada
2) trabajar juntos en comunidad o en colectivo
3) repartir las ganancias por igual.

El pecado mortal era el individualismo, simbolizado por la parcela campesina. Al esperar que los semi-asalariados pudieran cumplir inmediatamente con estos mandamientos, algunos sandinistas cayeron en actitudes idealistas y utópicas. Los campesinos querían un nuevo mundo pero no necesariamente estaban dispuestos a vivir según los tres mandamientos. Hubo -como recordaba el Comandante Wheelock- una sobredosis de humanismo, al dar "limosnas" de tierra, tractores, maquinarias, insumo y una forma de organización más moderna en espera de una conversión rápida de todas las actitudes y costumbres del pasado. No hubo claridad sobre el medio ambiente macroeconómico y organizativo necesario para tal transformación ni sobre la importancia de que el campesino tuviera un papel protagónico en la elaboración de las reglas del juego. El intento de inculcar estos tres "mandamientos" fue caracterizado por un paternalismo, no solamente en las entregas de tierras, maquinarias y nueva tecnología -que desmovilizaron la responsabilidad campesina -sino también en la interpretación y aplicación de la ley de cooperativas agropecuarias.

Aunque los campesinos estaban ya acostumbrados a trabajar como obreros en cuadrillas colectivas en esas mismas fincas que estaban invadiendo, y la experiencia de trabajo asalariado estacional era su denominador común, la gran mayoría de ellos también estaba acostumbrado a alquilar tierra para sembrar y trabajar su propia milpa con mano de obra familiar. En algunos casos "los mandamientos" chocaron con la falta de recursos materiales para cumplirlos. Muchas veces, lo campesinos no aceptaron las nuevas formas de organización y no hubo un programa de capacitación técnica e ideológica para establecer criterios comunes entre los cuadros de la reforma agraria y los socios de estas primeras CAS. La organización colectiva de la producción fue para el semi-asalariado un peaje ingrato para conseguir acceso a la tierra.

Sin embargo, con la presión por la tierra y la implementación de la ley de Reforma Agraria en 1982, la revolución priorizó el modelo CAS, condicionando la entrega de tierras y de inversiones a la organización colectiva de la producción. A partir de este momento, las CAS fueron concebidas como la piedra angular del sector cooperativo. Y todavía hoy, para muchos cuadros sandinistas en el campo, las únicas "verdaderas cooperativas" son las CAS.

En el período 1982-85 el Estado privilegió el modelo CAS. Las CAS controlan actualmente un 11% de la superficie agrícola nacional y cuentan con casi 26 mil socios, un 30% del movimiento cooperativo en su conjunto. En este período, los miembros de las CAS llegaron a ser "los minados del sector cooperativo". Dueños de las mejores tierras de Nicaragua, absorbían un gran porcentaje del apoyo estatal en asistencia técnica, acceso a capital y créditos a largo plazo. Algunas CAS crecieron desmesuradamente en recursos y socios, ya que para algunos cuadros el mero hecho de que éstas fueran "grandes" garantizaba que la organización fuera más avanzada. En realidad, muchas de ellas se volvieron poco a poco dependientes de una asistencia de tipo paternalista.

Pero los privilegios económicos que tuvieron las CAS sobre los restantes modelos de cooperativización no dieron como fruto la consolidación económica, política o ideológica que esperaron los arquitectos del proyecto cooperativo nicaragüense.

Estos resultados despertaron interrogantes dentro del FSLN, no tanto sobre el papel de las cooperativas dentro del actual modelo de desarrollo agropecuario sino que fueron preguntas de fondo sobre la línea de masas del FSLN, sobre el "verticalismo" y el estilo de conducción política en el campo.

Una de las raíces de este verticalismo en la promoción de las CAS, fue básicamente la idea de que la condición de semi-asalariado prepara al campesino pobre para ser miembro de un colectivo de producción. En realidad, muchos de los problemas surgidos en estos años en las CAS tiene origen precisamente en su base social: los semi-asalariados rurales. Una cooperativa difícilmente puede ser eficiente si sus socios no tienen una serie preocupación por la producción, una profunda identificación con la tierra, con las siembras, con los cultivos. Cualidades éstas que se encuentran más fácilmente entre los pequeños productores campesinos en sus parcelas individuales, que entre los semi-asalariados rurales que no sienten la vocación de convertirse rápidamente en productores colectivizados.

Simplemente: el semi-asalariado no está preparado para serlo. el salto directo de su estado de semi-asalariado rural a miembro de un colectivo de producción es bastante difícil y complejo. No es imposible, pero requiere de una sostenida conducción ideológico y de mucha capacitación, ya que no se puede lograr en base al voluntarismo. En Nicaragua se intentó dar este salto pero, al igual que en otros países, los recursos para la capacitación, el asesoramiento y el seguimiento del movimiento coooperativo resultaron insuficientes.

Este fue el contexto en el que los semi-asalariados no cumplieron con las expectativas "idealistas" que sobre ellos tenían los promotores de una reforma agraria parecida a otras de la América Latina contemporánea. En Chile y Perú, este sector de campesinos no respetó los "tres mandamientos" de la "buena" cooperativa, como tampoco los respetó en Nicaragua.

En ese sentido, la mayoría de las cooperativas de producción CAS en Nicaragua parecen tener los mismos problemas que se dieron en otros países, en los que se intento provocar colectiva con una base social de semi-asalariados rurales. A pesar de todo, la relativa solidez de las CAS nicaragüenses, en comparación con las experiencias cooperativas en Chile y Perú, testimonia un compromiso tanto de los cuadros de reforma agraria como de los campesinos, con una profunda revolución social que hace frente a la agresión imperialista.

Según los dirigentes del MIDINRA, el problema radica en la aceleración del proceso de cooperativización y en la falta de recursos humanos para la tarea de capacitación. En su exposición del plan de trabajo para 1987, el Ministro del MIDINRA señalaba: "El otro problema tiene que ver con la gestión en el movimiento cooperativo... Hemos organizado el movimiento cooperativo con semiproletarios y campesinos pobres... y aunque hemos hecho un gran esfuerzo por capacitarlos, la verdad es que hemos cubierto solamente algunas cooperativas. Por lo tanto, la conducción de las cooperativas es débil y es muy complejo darles un apoyo masivo".

En una entrevista al diario Barricada, el Director de Reforma Agraria, Comandante Guerrillero Alonso Porras, indicó que el precipitado nacimiento de las CAS obedeció a que "estábamos conscientes de que era la única y mejor forma de que el campesino alcanzara mejores niveles de vida y pudiera desarrollarse".

La otra razón de la aceleración de los procesos fue la guerra, que obligó al pequeño y mediano productor a unirse, "no tanto por razones económicas sino para poder defenderse y sobrevivir". Según el Comandante Porras, "pasar de una economía y una conciencia individual o familiar a una forma diferente de organización colectiva, requería el desarrollo de una conciencia social en un proceso gradual de aprendizaje y es proceso fue acelerado por las características del modelo CAS, que no daba espacio a las reivindicaciones individuales del campesino".

Los procesos se aceleraron. Y las dificultades mencionadas sólo pueden superarse hoy con un trabajo político ideológico de formación y de desarrollo cultural del semi-asalariado rural, en un proceso gradual y flexible de cooperativización en tránsito a formas más complejas de socialización. El tiempo es un factor crucial en el proceso de consolidación de un movimiento cooperativo. Y, hasta el momento, muchos de los funcionarios el gobierno en el campo no han tenido esto suficientemente en cuenta, entendiendo "las formas superiores de organización" de una manera muy idealista, desconectados de los intereses inmediatos de los campesinos y de las posibilidades reales del país para poder desarrollar esas formas "superiores". Buscando la meta creyeron estar ya a un paso de ella y pensaron -que esto de las cooperativas de producción era como "soplar y hacer botellas". De esta crisis ha surgido una nueva conciencia de que las soluciones a los problemas que enfrentan estas cooperativas no pueden cesar únicamente en que se les dote, idealistamente, de un mejor orden económico-administrativo-empresarial, sino que se requiere ya de un tratamiento global en que el FSLN, con todas las instituciones que inciden en el campo, aborde política e ideologicamente los intereses de los campesinos y de la revolución, en todas las esferas de la vida cooperativa.

Como señaló el Comandante Wheelock ante los cuadros del movimiento cooperativo: "Un tercer problema estructural tiene que ver con un problema subjetivo, un tanto ajeno al movimiento cooperativo, que más bien está vinculado con la organización del poder revolucionario...

Algunos compañeros han mencionado que ha habido falta de integración, falta de coherencia entre nosotros. Sabemos que hay limitaciones, que ha habido problemas en cierto modelo objetivos, pero no son independientes de nuestra voluntad.

Después de siete años, esta es la primera vez que nos reunimos en una Asamblea de las fuerzas del poder, a discutir cómo vamos a incidir, qué vamos a hacer el Estado, el Partido, la UNAG, la ATC, las mujeres. Eso no lo habíamos discutido...

Se cree a veces que las cooperativas son un problema de un institución. Y como el MIDINRA tiene una dirección que se llama Reforma Agraria, se supone, por lo tanto, que es un problema del MIDINRA o de la DGRA, cuando realmente es un problema de la revolución. Es un problema que está tocando el cambio de toda la sociedad, de la conciencia del hombre".

Las Cooperativas CCS: un modelo poco desarrollado

Durante la segunda fase del movimiento cooperativo nicaragüense, la excesiva confianza en la forma productiva-administrativa de las empresas estatales y de las CAS y la creencia casi mágica en que habría éxito al dotar a estos sectores con tecnología moderna, impidió el desarrollo consistente de formas más simples de cooperación, como son las Cooperativas de Crédito y Servicios (CCS).

Una de las grandes deficiencias del movimiento cooperativo nicaragüense ha sido el débil desarrollo de las CCS particularmente en el interior del país, donde reside la mayoría de los campesinos propietarios tradicionales. Como indica el Cuadro 4, las CAS se encuentran principalmente en la zona poblada del Pacífico, cerca de algunas ciudades o de complejos estatales de producción, más modernos, ubicados en el interior del país. Pero en las zonas del interior -que son el teatro de la guerra contrarrevolucionaria- el modelo que más arraigo ha tenido entre los campesinos es el de la Cooperativa de Crédito y Servicios.

Un 73% de los miembros de las CCS se encuentran en las Regiones I, V y VI, escenario principal de la guerra desde que ésta comenzó en 1982. De esta forma se ha venido repitiendo una única alternativa: las CAS para el semi-asalariado asentado en infraestructuras urbanas o agroindustriales o las CCS para el campesino tradicional asentado en ambientes completamente rurales. En esta alternativa de proyectos que se presentaban como opuestos, se puede ver como el hecho de priorizar las CAS significaba, de hecho, priorizar al semi-asalariado y no al campesino tradicional, que reside mayoritariamente en áreas que coinciden con las zonas de guerra. Hay que señalar también que la estrategia sandinista de organización campesina en las CCS en el interior del país tuvo grandes límites. El único contacto del campesino tradicional con la revolución fue a través del banco y casi el único bien que recibió del banco fue el crédito. De esta forma, estas CCS no han logrado crear una base material colectiva suficiente para prestar servicios a la producción de sus socios individuales. Y hasta par gestionar el crédito quedaron reducidas a ser una especie de "pasa-reales".

Cuadro 4


Fuera de este limitado servicio, la revolución dejó la suerte del campesino del interior del país, en manos de los campesinos ricos, de los medianos productores, de los finqueros o de la burguesía. En muchos casos hasta en manos de los latifundistas.

Poco cambió para el campesino, pues en toda la organización material de la producción, el campesino tradicional dependió siempre de estos productores más acomodados para satisfacer sus necesidades de insumos y servicios productivos, para poder comercializar su producción, para satisfacer el consumo extraordinario de su familia y para conseguir préstamos y transporte en caso de una emergencia. Muchas veces -y esto es lo más grave- el campesino pobre quedó propiamente en manos de nadie, en la medida en que la revolución desarticuló los sistemas injustos de comercio sin poder reemplazarlos por nuevos sistemas.

Esta débil búsqueda de acercamientos por parte del Estado con los campesinos pobres de "montaña adentro" y los bajos niveles de relación y cooperación que había entre ellos fueron importantes factores que contribuyeron a que la contrarrevolución tuviera capacidad para confundir y manipular a un pequeño pero significativo porcentaje del campesinado del interior del país. Entre ellos, la CIA y los ex-guardias somocistas encontraron una cierta cantera de "contras".

Pero la falta de organización del campesinado tradicional no se dio sólo en áreas aisladas del interior del país sino también en algunas en las que hay suficientes caminos y servicios productivos. La articulación entre las empresas estatales y los productores individuales fue demasiado débil, según lo que reconoce el mismo MIDINRA, quien promueve actualmente el modelo de "empresa territorial estatal" para solucionar este problema, para que las empresas del Estado y las CAS existentes sena, más que islas de privilegios estatales -como lo han sido en cierta medida-, puntas de lanza de la transformación democrática del sector agropecuario.

La estrategia del "poco y bueno" de concentrar los esfuerzos sobre las 500 CAS priorizadas, mantenida por el MIDINRA durante la segunda fase de su programa de desarrollo cooperativa, se reveló ineficaz. Y a principios de 1985, el movimiento cooperativo entró en su tercera fase.

Tercera fase: 1985 - hasta hoy Los campesinos dan un giro al movimiento cooperativo

Con las nuevas políticas de parcelación de tierra para entregarlas a campesinos individuales, de titulación de tierras de propietarios precaristas de la frontera agrícola, de invertir un porcentaje más alto del presupuesto nacional en el abastecimiento al campo, de flexibilización de los modelos de cooperativización y con los avances militares del sandinismo, el gobierno nicaragüense revirtió el curso de la guerra. La cantera de soldados campesinos para la contrarrevolución se secó y el FDN entró en un declive estratégico.

Después, y a raíz del giro en la reforma agraria y en el movimiento cooperativo, se incrementó la participación campesina provocando a su vez un proceso de autocrítica en las filas del FSLN con respecto a la política de cooperativización. La creciente conciencia sobre los defectos del verticalismo se puede también interpretar como resultado de la flexibilización del modelo de cooperativas agropecuarias. A lo largo de estos dos años, la participación campesina está produciendo un giro en toda la institucionalidad pública en el campo y también en la línea de masas del FSLN. La campaña de fortalecimiento de base del movimiento cooperativo es una señal de este nuevo giro en la reforma agraria.

La derrota contrarrevolucionaria abre ahora un espacio histórico para que la revolución pueda demostrar a los campesinos pobres y a los pequeños productores que tenían razón cuando optaron intuitivamente por el gobierno de Nicaragua y contra la agresión extranjera.

En opinión de muchos militantes de base y de trabajadores del Ministerio de Reforma Agraria, es ahora el momento de consolidar las victorias militares, produciendo más y organizando al campesino tradicional según sus propias exigencias, respondiendo a lo que ellos piden: modelos cooperativos menos complejos y acordes con su experiencia y con las características de cada región del país.

Como apuntaba el Comandante Wheelock en la exposición del Plan de Trabajo 87: "A la hora de los modelos hemos observado inflexibilidad orgánica. Introdujimos el modelo de Cooperativa Agrícola Sandinista sin evaluarlo posteriormente y resulta que muchos campesinos no se siente interesados en las cooperativas agrícolas; tienen problemas, hay deserción de sus miembros y a veces una cooperativa que contaba con 30 miembros aparece con 10, y por lo tanto con tres veces más tierra de la que puede hacer producir. Esto está relacionado con problemas de inflexibilidad, tanto en las CCS como en las Cooperativas Agrícolas CAS. Cada territorio debe funcionar de acuerdo a normas generales que vamos a revisar y formular y en su aplicación las regiones deben participar activamente en la definición de los modelos micro-económicos a los cuales debe ajustarse el movimiento cooperativo. El movimiento asociativo, el modelo de fuerza de trabajo familiar, tiene que entrarse a discutir en estos análisis. El otro problema tiene que ver con la gestión en el movimiento cooperativo, empezando porque mayormente hemos organizado el movimiento cooperativo con semiproletarios y campesinos pobres. Es decir, con una población que antes del triunfo era analfabeta, que no conocía la contabilidad y, aunque hemos hecho un gran esfuerzo por capacitarlos, la verdad es que hemos cubierto solamente algunas cooperativas. Por lo tanto, la conducción de las cooperativas es débil, y es muy complejo darles un apoyo masivo..."

De todo esto, se deduce que hay mucho por hacer. Y que ya no son tolerables ni el verticalismo de la gestión estatal ni las deficiencias económicas de las cooperativas.

De las 180 mil familias rurales que se calcula podrían entrar en el movimiento cooperativo, sólo 76 mil son atendidas por el programa de la Dirección General de Reforma Agraria (DGRA). Otras 14 mil forman parte de cooperativas tradicionales de "responsabilidad limitada" y unas 40 mil están en cooperativas promovidas pro grupos de acción social de origen eclesial y en cooperativas de abastecimiento de la UNAG. Una parte de los 37.000 socios de estas cooperativas están también organizadas en CAS y CCS atendidas por la DGRA. Además del reto de incrementar los niveles de cooperación entre las cooperativas existentes, hay unas 70 mil familias campesinas (un 40% de la población cooperativa potencial) que no ha tenido aún ningún contacto con el cooperativismo revolucionario. Se tiene conciencia de que este potencial es vital para una mejor organización territorial de la producción en un país en el que la eficiencia organizativa debe estar presente en la batalla económica.

Campaña de fortalecimiento del movimiento cooperativo

La respuesta del FSLN al giro que los campesinos están dando en el movimiento cooperativo es una campaña que tiene como objetivo fortalecer la participación de las bases campesinas en la gestión de la reforma agraria y en el proceso de cooperativización.

El 22 de marzo pasado, al clausurar el seminario con el que se inició el proceso de fortalecimiento de base del movimiento cooperativo, el Comandante Jaime Wheelock, convocó a los participantes a preparar "un plan que recoja las inquietudes y propuestas del campesino, respetándole como el protagonista de las soluciones y abandonando los estilos verticalistas".

Asimismo, señaló que "hay que respetar y escuchar las indicaciones del campesino al identificar sus problemas y convertir estas propuestas en líneas de trabajo".

Como para subrayar la importancia de esta campaña a nivel de base, el Presidente Daniel Ortega envió una carta a los cooperativistas - de la cual reproducimos aquí amplios extractos-. Con anterioridad, los militantes del FSLN participaron en diversos talleres en donde se discutieron los problemas del cooperativismo y el sentido del actual plan de fortalecimiento de base. Se espera que el resultado de la actual campaña sea un fortalecimiento de la participación del campesinado en la gestión de sus cooperativas, profundizando la tendencia que caracteriza esta tercera fase del movimiento cooperativa y canalizándola par enfrentar los retos económicos productos de la revolución en el campo.

El debate sobre la democracia en el campo

¿Cuáles son las posibilidades reales de replantear el estilo político y algunos aspectos importantes de la estrategia de desarrollo cooperativo, reconociendo un espacio a las iniciativas y a la acción de las bases?

En medio de la crisis económicas y la guerra, ¿cuáles son las posibilidades de éxito o fracaso de esta campaña, sus posibilidades de transformar la gestión estatal en el campo y de canalizar las demandas y críticas campesinas hacia una autogestión más eficiente en términos económicos y acordes a la concepción revolucionaria de la alianza obrero-campesina?

La suerte de este nuevo y audaz experimento sandinista depende dle grado de presión organizada de los campesinos de las cooperativas, y de la capacidad de los cuadros sandinistas de responder a estas demandas, conduciéndolas en torno a los intereses del proceso revolucionario.

Sobre eso, hay dos interrogantes de fondo: ¿cuál es el potencial revolucionario del campesinado nicaragüense? Y, ¿qué capacidad tienen las fuerzas políticas sandinistas para responder a ese potencial y para conducirlo?

La realidad es que los saltos significativos en el movimiento cooperativo va a depender de cómo se profundice la revolución entre los campesinos, entre los trabajadores del Estado y entre los cuadros políticos que trabajan en el campo. Y esto dependerá probablemente de cómo se resuelva el tira y afloja entre cuatro tendencias políticas que inciden actualmente en la dinámica de la cooperativización.

Aunque la gama de posiciones políticas frente a la cuestión cooperativa es bastante amplia, éstas se pueden resumir fundamentalmente en cuatro.

Una primera posición es la de la reacción agraria. Esta intenta aniquilar el movimiento cooperativo en su constante campaña de desprestigio ideológico por sus defectos, buscando que sea el mismo campesino el que rechace los principios de la organización campesina. En este marco, no hay que descartar que los que proponen esta posición puedan utilizar el espacio político creado por la campaña, para tratar de desmovilizar al campesinado interesado en unirse en cooperativas.

Una segunda posición es la de los mismos campesinos. Estos plantean, por lo general, que la solución está en aceptar sus demandas inmediatas y cortoplacistas, sobre todo en lo que respecta a las formas asociativas. En ese sentido, tampoco se pueda descartar que esta posición pueda encontrar apoyo en quienes estarían dispuestos a apoyar este espontaneísmo campesino como la solución a todos los problemas.

Una tercera posición aconseja una actitud prudente y continuista, que se expresa en la voluntad de no querer cambiar la actual estrategia, conservando la conducción del movimiento cooperativo en el campo desde el Estado, desde arriba.

La cuarta posición mantiene que es la revolución la que debe conducir el movimiento, pero agarrando sus riendas de otro modo para poder aumentar la participación y la iniciativa de la base, buscando a la vez los intereses de la revolución y los de los campesinos.

Es una realidad que en Nicaragua, todos los que siguen de cerca la cuestión cooperativa y, en general, la cuestión agraria, llevan dentro, en algún grado, todas estas posiciones, incluidos ciertos resabios de la reacción. También por eso, estas cuatro posiciones no pueden identificarse, simplistamente, con un determinado sector o con otro. El cuadro es más complejo y obliga una escucha más atenta del campesinado.

De la carta del Presidente Ortega a los cooperativistas

"Hermanos Cooperativistas:

Quiero saludar a cada cooperativista, a cada campesino nicaragüense, a cada productor del campo y su familia. A lo hombres y mujeres que viven en las zonas de frontera y montaña adentro, donde se combate y derrota a los mercenarios. A los que en todo el país se movilizan para asegurar la defensa nacional. A los que están produciendo los alimentos y las divisas que necesita nuestro pueblo. Para cada uno de ustedes, el abrazo fraterno y un llamado a la lucha y al trabajo...

Aunque hemos tenido muchos logros, tenemos aún dificultades y problemas. Existen problemas de experiencia, de organización, de producción, de administración, de capacitación técnica y de educación. Problemas incluso de aprender a convivir y a trabajar en una forma de organización que la mayoría de ustedes no conocían antes. Todos éstos son problemas propios del desarrollo...

Pero esto demanda de mayor unidad. Que todos juntos, al interior de cada cooperativa, participen en la solución de los problemas. Permanentemente entre todos, deben estar revisando los problemas que hay y buscándoles solución. Que todos, por parejo, puedan decir su opinión y tener derechos iguales. Muchos de los problemas podrán resolverse con la participación de todos en las cooperativas. Otros, no los podrán resolver una sola cooperativa, pero sí entre varias cooperativas o con la participación de otros productores. Resuelvan con sus propios recursos, ayúdense unos a los otros. Exijan a las instituciones, porque todos están en el deber de apoyarlos en los más que puedan y de respetar a su voluntad y derechos.

Ningún productor, ningún grupo organizado debe dormirse ante las dificultades que siente, porque sólo su beligerancia puede ser el mejor vigilante de los intereses del pueblo. Aprendamos de los que han hecho mejor las coas. Este derecho de poner exponer y discutir cómo ve uno las cosas y las medidas que se deben tomar para avanzar, es un derecho de la Revolución para el campesino. Sin esta participación de ustedes la Revolución no camina...

Por eso, hoy que estamos preparando las tierras, a las puertas de un nuevo invierno, debemos tener claro que para sobrevivir, para derrotar la agresión y vencer la escasez, solo el trabajo productivo es la única salida. En este ciclo agrícola, el trabajar más y mejor debe convertirse en el grito de combate de cada campesino nicaragüense.

Los campesinos siempre han estado en lo más hondo del corazón del Frente Sandinista. En nuestra historia de lucha por la libertad de la patria, el General Sandino estuvo con los campesinos segovianos hasta vencer a los yanques y comenzó una vida nueva en las tierras libres de Las Segovias trabajando organizados en cooperativas. Sandino es el fundador y promotor de las primeras cooperativas en Nicaragua..."

Primera posición: "No hay nada peor que poner a un indio a repartir chicha"

El movimiento cooperativo es el principal objetivo militar, ideológico y económico de la reacción agraria y de la contrarrevolución armada. La vehemencia con que el movimiento cooperativo es atacado, indica hasta que punto la reacción y la contrarrevolución ven amenazados sus intereses por esta forma de organización campesina.

La FDN ha dirigido sus ataques terroristas contra las cooperativas de producción haciendo de ellas su blanco militar preferido. El saldo es de más de mil cooperados asesinados desde 1983 hasta hoy y decenas de cooperativas destruidas. Los contrarrevolucionarios apuntan sus armas contra las cooperativas, intentando sembrar en la conciencia campesina la idea de que la incorporación al movimiento cooperativo significa una muerte violenta.

Por otro lado, la reacción agraria ataca al movimiento cooperativo como blanco ideológico, con argumentar similares a los que usa para atacar al sector estatal. Plantea que las cooperativas son un apéndice del Estado y la califica, al igual que a las empresas estatales - a las UPE (Unidades de Producción Estatal)- de ineficientes, oportunistas y privilegiadas por su fácil acceso al capital. Según este sector empresarial reaccionario el propietario individual puede producir, con menos recursos, más de lo que producen el Estado y las cooperativas. Y esto porque la cooperativa carece de lo que caracteriza al productor individual, que porque trabaja para sí mismo cuida lo que es suyo.

En la base de esta critica existe un profundo desprecio al campesino, una enraizada desconfianza en sus capacidades, bien resumida por un antiguo dicho popular: "No hay peor cosa que poner a un indio a repartir chicha". Según estos empresarios, el campesino es incapaz de administrar más que su pequeña milpa y su siembro de frijoles. El empresario ridiculiza a la cooperativa con el objetivo de aniquilarla, porque sabe que la consolidación del movimiento cooperativo con un consenso político entre el campesino representa un peligro para sus intereses. Así como sabe que un reacomodo de la estrategia de desarrollo cooperativo que favorezca tanto los intereses campesinos como los de la revolución, constituye una amenaza tanto o mas formidable para sus intereses que el mismo sector del APP.

En fin, las cooperativas se convierten blanco económico de la reacción agraria en la medida en que el pequeño y mediano productor logran escapar más fácilmente que las cooperativas de los controles estatales. Por esto, mientras el productor individual pueda vender su producto más caro que la cooperativa y pueda hacer lo que quiera con los estímulos en dólares -ventajas que no tienen actualmente las cooperativas- va a ser difícil afianzar el movimiento cooperativo. Aun cuando la cooperativa tenga un acceso privilegiado a capital de inversión y a nueva tecnología -al igual que las empresas estatales- si sus niveles de ganancias son inferiores a los del sector privado, difícilmente podrá garantizarse la estabilidad de su fuerza laboral y lograrse incrementos en la producción.

En este marco, el movimiento cooperativo, al igual que el Estado en su conjunto, se enfrenta a una situación paradójica: contrariamente a las expectativas, los controles estatales de precios y salarios debilitan las formas colectivas de producción, mientras estimulan todas las formas de especulación y el poder de las pequeñas empresas capitalistas.

Segunda posición: "Déjennos trabajar como queremos"

Los campesinos están dando un giro espontáneo al movimiento cooperativo, actuando en el seno del mismo. No dudan de las ventajas de estar cooperativizados sino de las actuales formas de organización. Políticamente, su posición no es muy definida, pero no por eso dejara de tener mucha influencia sobre el futuro del cooperativismo en Nicaragua. Como tendencia, los campesinos están presionando al Estado para que les dé un espacio más amplio en el que seguir adecuando las cooperativas a sus intereses, a sus estilos y a sus gustos.

Esta búsqueda de sus intereses inmediatos da a estas presiones un carácter complejo y contradictorio. ¿Qué señales hay actualmente de este "giro espontáneo" protagonizando por los campesinos? Muchas:

- Crecen los campesinos asociados a cooperativas de servicios organizadas aún antes de la revolución (tradicionales o RL, no promocionadas por la DGRA).

- Hay un alto nivel de deserción en las cooperativas CAS. Los que se van, buscan ser productores individuales, pasan a dedicarse a actividades "por cuenta propia" o emigran a las ciudades".

- Se está produciendo una flexibilización del esquema cooperativo en múltiples formas.

- Se diversifican los rubros de producción, con o sin permiso del Estado.

- Varias CAS se convierten en "Cooperativas de Surco Muerto" (CSM), un paso intermedio entre una CAS y una cooperativa de créditos y servicios, en las que las familias colectivizan el uso del tractor y otros servicios productivos, pero manejan de forma individual algunas tareas agrícolas, las cosecha y la repartición de los excedentes. Entre 1980 y 1984, las CSM fueron sólo el 3% total de las cooperativas que se formaban anualmente. En 1985 fueron el 9% y en 1986, el 12%.

- Se están expandiendo los huertos individuales dentro del área de las CAS. A nivel nacional, un 14% del cultivo total de las CAS en 1986 fue de huertos individuales. En las Regiones V y VI los huertos individuales han llegado a ocupar un tercio de la superficie cultivada en las CAS.

- Aumenta la participación de las cooperativas en el mercado negro.

- Están siendo criticados los dirigentes de cooperativas que no aceptan estas tendencia de estabilización y reafirman el verticalismo estatal.

Según este señalamiento, esta firmeza de algunos directivos de base de las CAS no sería mas que una excusa para proteger sus cargos de dirigencia y sus privilegios.

- Crece la cooperativización fuera del marco estatal. Hay un desarrollo dinámico de las cooperativas de abastecimiento de la UNAG, de proyectos cooperativos que promueven diversos grupos religiosos. Si por una parte esto demuestra que los campesinos están interesados en aumentar sus niveles de cooperación, es significativo que estos proyectos no utilicen el nombre de "cooperativa" sino otros: "tiendas", "proyectos", "comisiones", "asociaciones"... Todo este movimiento cooperativo fuera del ámbito estatal llena un vacío que el mismo Estado dejó al no promover con suficiente energía los niveles menos avanzados de la cooperativización dentro de cooperativas de crédito y servicios.

El significado político del giro espontáneo

¿Qué significa este giro espontáneo que se esta dando dentro del movimiento cooperativo y al margen de los planes oficiales de la estrategia de desarrollo cooperativo sandinista?

Sobre eso hay dos interpretaciones muy diversas.

Por un lado, se puede pensar que esta creciente ola de cooperativistas fuera del proyecto agrario de la revolución sea un signo de la pérdida de influencia sandinista en el campo.

Por otro lado, este mismo hecho es interpretado como un posible avance de una nueva, más firme y dinámica hegemonía sandinista entre el campesinado, si es que el FSLN logra apoyarlo y conducirlo.

En el fondo, está la misma pregunta que surge también frente a otros hechos sociales y políticos: ¿Qué es el sandinismo en el campo? ¿Es sólo una cantidad, un número de campesinos explícitamente vinculados al FSLN como fuerza política? ¿ O es exactamente una fuerza campesina movilizada para solucionar sus problemas sin que esta movilización tenga que tener un color explícitamente político?

Desde las insurrecciones de 1978 y 1979, uno de los elementos más originales del sandinismo fue precisamente su capacidad de potenciar movimientos sociales no controlados por su organización inalámbricas" -parafraseando una expresión del Comandante Humberto Ortega-, a la vez que consolidaba así su propia organización política.

En al actual coyuntura es posible que el sandinismo no pueda expandir su influencia en el campo sin permitir el avance de niveles de organización campesina no directamente promovidas por los programas de reforma agraria. No hay duda que el debate sobre el grado de autonomía de la organización popular esté influenciado por las posiciones divergentes sobre el papel que el campesinado como clase debe jugar en la revolución.

Tercera posición: "Mantengamos al campesino a mecate corto"

Esta tercera posición tiene a su favor todo el peso y la inercia del estilo de conducción política que ha habido en el agro hasta ahora. Plantea la prudencia: "No se puede cambiar de macho en mitad del río". Plantea, pues, seguir con el mismo "macho". Es decir, con el mismo modelo existente de promoción cooperativa hasta qué éste e dé por fin sus frutos.

La meta de los que mantienen esta posición es crear, con una fuerte incidencia estatal, una élite de campesinos cooperativizados en CAS que contribuya a cierto plazo a la modernización del sector agropecuario y a largo plazo a su socialización. Mientras, a los problemas que se vayan presentando para alcanzar esta meta habrá que responder con programas institucionales más vigorosos y más completos.

La estrategia de reforma agraria que sustenta esta posición es muy similar a la estrategia implementada en Chile y Perú: una estrategia empresarial de corte "moralista". En esta estrategia el objetivo es socialista, peor la metodología y el proceso de cambios elegido son empresariales. El programa depende en el fondo de la inyección de capital y de nueva tecnología en el sector agropecuario y pretende instalar un modelo de producción -sea estatal o cooperativo- más moderno, más igualitario, más colectivo y más socialista, como una "vitrina del porvenir" al lado del sector privado.

En este sentido es de corte "moralista". Con el objetivo de evitar la "recampesinización" que podría "manchar" modelos más avanzados y más igualitarios, esta estrategia rechaza los procesos más lentos de transición típicos de las revoluciones socialistas, que procedieron de la parcelación de la tierra a las cooperativas de servicios y luego a las cooperativas de producción colectiva. Las resistencias del campesinado al nuevo modelo empresarial son interpretadas como señales del atraso del campesinado y como una confirmación más de la necesidad de seguir adelante con su programa.

Esta estrategia empresarial de desarrollo cooperativo se basa en cuatro principios fundamentales -que los que mantienen esta posición tratan de defender a rajatabla-.

1. El sector estatal -el APP- es el eje central de la reforma agraria. El desarrollo del sector estatal debe basarse en un modelo de inversiones en grandes proyectos altamente tecnificados y en la dotación a todas las empresas estatales tanto en la agroindustria como en la producción primaria de suficiente capital y tecnología para conseguir su modernización.

2. El campesinado y el movimiento cooperativo están destinados a jugar un papel importante pero secundario, en la estrategia de desarrollo rural. A mediano y largo plazo, el Estado debe provocar la evolución de las cooperativas hacia modelos de producción tan modernos como las mismas empresas estatales. Las 500 cooperativas del modelo CAS priorizadas son el primer paso serio en esta línea, que provocaría en el reto de los campesinos la tendencia a cooperativizarse por el imán del "buen ejemplo".

3. El desarrollo del capitalismo agrario en Nicaragua proletarizó profundamente al campesinado nicaragüense. Por esto, no hay que permitir que la reforma agraria los "recampesinice", perdiéndose así las economías de escala y los avances del desarrollo capitalista. Lo que hay que hacer es asegurar una creciente socialización de la mano de obra en las empresas estatales y en las cooperativas CAS que estén técnica y administrativamente avanzadas. La creación de formas modernas de producción es la única vía de socialización. Aceptar la economía individual campesina y un proceso gradual de cooperativización es cortar del todo las posibilidades de transición en el campo. Por esto, hay que condicionar la entrega de tierra, de capital y de asistencia técnica a la colectivización moderna de los recursos.

4. La transición en el campo es un problema fundamentalmente económico. Sin nuevas condiciones de trabajo, el campesino no saldrá de su atraso ideológico. Una progresiva transformación política de la conciencia campesina es imposible partiendo de los valores del campesinado.

Con la guerra, la escasez de divisas, la crisis económica y la fuga de técnicos capaces de llevar a cabo tan ambicioso programa de modernización, es obvio que esta estrategia se encuentra bastante estancada. Y esto no sólo de cara a las cooperativas, pues los problemas de las mismas empresa estatales no son menos serios que los de éstas.

La inercia de estos principios del actual status quo y las dificultades para reajustar el actual proyecto agrario según los intereses del campesinado, pueden provocar que gran parte del aparato estatal y de la fuerzas políticas del FSLN tiendan a seguir igual, "sin cambiar el negocio", con el mismo plan a largo plazo y haciendo de la actual campaña de fortalecimiento de la base cooperativa una actividad coyuntural y formalista, una simple serie de reuniones en las que se oriente a los campesinos sobre los problemas y de las que salgan medidas muy generales, siempre definidas desde una perspectiva únicamente institucional. Al enfatizar el atraso campesino -a veces se oculta tras el una falta de comprensión de la realidad rural-, esta posición no está dispuesta a reconocer un papel beligerante a la organización campesina.

En consecuencia, se alimenta el verticalismo de la gestión estatal, tanto en la relación con el campesinado como son los cuadros de base.

Cuarta posición: "Que el Frente se ponga al frente"

Esta posición ya se ha expresado de diversas maneras cuando el sandinismo ha aceptado y hasta "bautizado" la flexibilización del esquema de organización cooperativa en todas sus manifestaciones, especialmente en el auge de las Cooperativas de Surco Muerto, frente al fenómeno de los huertos familiares al interior de las CAS, en el potenciamiento de organizaciones tradicionales, y en la promoción de "comités comarcales" o "comisiones de productores".

Los que defienden este punto de vista, hacen una clara distinción entre controlar y vanguardizar el movimiento cooperativo, pues esta posición nace de una fuerte critica a los intentos de controlar desde arriba el movimiento.

Lo que plantea es la necesidad de conducir el movimiento espontáneo de las bases campesinas, reorientando y haciendo compatibles las nuevas formas de cooperativización con las que ha promovido el Estado e incluso promoviendo el desarrollo de la cooperativización que escapa al Estado, dándole apoyo, creándole espacios y tratando de hegemonizarla como vanguardia.

Los principios que sustentan esta posición diferente mucho de los de la primera posición:

1. El desarrollo económico de la Nicaragua rural pasa por el campesinado y por su integración a un movimiento cooperativo. El campesinado es un pilar de la revolución, una fuerza social que debe desarrollarse. Especialmente en las inmensas zonas del país en donde existe poca infraestructura productiva, el sector cooperativo puede ser el eje central de la acumulación agropecuaria.

2. Las cooperativas campesinas son expresiones de poder político y no solo de organización económica. La conducción del movimiento espontáneo de los campesinos depende fundamentalmente del trabajo político-ideológico que se realice entre las masas campesinas. En este sentido, afiliarse a las cooperativas debe ser totalmente voluntario.

3. La cooperativización tiene que ser voluntaria, gradual y prolongada. Tiene que partir de experiencias y apreciaciones sobre sus ventajas hechas por los mismos campesinos. Por eso es necesario reforzar las CCS, potenciar las formas existentes de organización comarcal, liberar las formas de acceso a la tierra según las exigencias del campesinado, promover el intercambio de experiencias y colaboración entre los grupos y comunidades campesinas.

4. Las cooperativas pueden jugar el papel de articuladores de la producción y el intercambio en un territorio. Las funciones de organización territorial de la producción pueden ser asumidas también por empresas cooperativas para lograr eficiencia y mayor movilización del campesinado. Esta tarea "no debe de se patrimonio exclusivo del Estado, aunque el Estado conserve siempre el papel de garante de la regulación e integración de los productores -UPE, individuales, cooperativas de diferente tipo- dentro de la red de servicios nacionales o regionales.

5. El verticalismo de la gestión estatal y de otras fuerzas políticas del FSLN es una de las principales causas de los problemas que padece el movimiento cooperativo. La raíz de este verticalismo en el campo está en la dificultad de hegemonizar los movimientos sociales sin caer en la tentación de convertirlos en movimientos propiamente partidistas. Cuando una movimiento político no logra mantener la dialéctica entre la autonomía de las fuerzas sociales y la organización política, pierde su fuerza.

Esta posición enfatiza, en particular, el método de la práctica política para establecer la alianza con el campesinado. Un episodio acaecido en un encuentro de dirigentes de la campana de fortalecimiento de base en la VI Región, sintetiza esta postura. Un campesino dijo ante un funcionario: "Escúchame vos hoy, que yo tengo ocho años de estarte escuchando". Otro campesino comentó: "Lo que se trata es de coger nuevas costumbres".

Para esta posición no hay "recetas" establecidas, sino una serie de principios sobre el movimiento cooperativo, arriba mencionados, que se van articulando en la práctica con el campesinado. En ese sentido, se buscan soluciones criollas, al mismo tiempo que se opta por un proceso de formación de cuadros a partir de la experiencia de promoción de cooperativas.

Contradicciones campo-ciudad: dos visiones de la Reforma Agraria

Más allá de la proyección de la campaña de fortalecimiento de la base de la cooperativa en los medios de comunicación nicaragüense y más allá de la preparación de los militantes y dirigentes campesinos que promoverán la campaña, el factor crucial en el éxito de la misma estará en la participación de las bases campesinas.

Hay dos maneras de enfocar esta participación campesina: la primera, desde la perspectiva del perfeccionamiento moral de un campesino, juzgado como individualista, atrasado y llamado a ser un día un obrero consciente; la segunda, desde la perspectiva de la alianza obrero-campesina.

En la primera perspectiva, la ciudad aparece como poseedora de la conciencia correcta y avanzada. Ella ofrece nuevas tecnologías y estilos de organización al campesinado para que éste produzca más y mejor, para que se decida a entregar su producción a precios oficiales y por los canales establecidos, para que aprenda el significado de la democracia y se supere culturalmente, y para que se integre más en la defensa militar del país.

Esta perspectiva refleja fielmente una larga historia de explotación del campo por la ciudad. Es el espejo ideológico donde se proyectan las relaciones capitalistas de producción. En este sentido, el campesino no deja de tener razón cuando rechaza este punto de vista y el estilo de conducción que genera. De los rasgos de esta visión urbana nace la mayor parte de los problemas de las cooperativas de producción de América Latina, y en menor grado de Nicaragua.

- En el segundo enfoque, el campesino aparece como parte de las clases oprimidas y su superación depende de la conquista de nuevas cuotas de poder económico y de nuevos espacios de participación en la transformación de la sociedad. La matriz de una verdadera alianza obrero-campesina se halla en la capacidad que tengan obreros y campesinos de defender sus perspectivas en la discusión de la actual problemática.

Si en la ciudad quiere consolidar la alianza con el campesino, aumentar el acopio de granos, incrementar la producción, etc. tiene que aceptar que la alianza obrero-campesino requiere que el campesino también incida sobre la ciudad con sus propias demandas. La alianza obrero-campesino exige una serie de lucha ideológico para lograr una relación más igualitaria entre ciudad y campo.

En la medida en que al campesino se le amarre a "mecate corto", en la medida en que se le mire con el prejuicio del "indico repartiendo chicha" o se trate de acelerar su politización sin darle a la vez más espacio y más poder, es de esperar que seguirá creciendo el espontaneísmo de las base, con el serio riesgo de que en el movimiento cooperativo se abran nuevas brechas que beneficien a los opositores del sandinismo.

Pero en la medida en que la actual campaña de fortalecimiento de la base cooperativa sea una ampliación del espacio donde se ventilen las exigencias del campesinado ante las estructuras públicas privilegiadas de la ciudad, se cuestionaran los estilos urbanos de algunas posiciones políticas que inciden en la campaña. Se facilitará así una unidad mayor alrededor de un reacomodo de la estrategia de desarrollo cooperativo. Y la unidad, como siempre hará la fuerza.

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