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  Número 71 | Mayo 1987
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Nicaragua

Los obreros agrícolas ante la crisis económica

Envío entrevista a Edgardo García, Secretario General de la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC), principal sindicato de los obreros agrícolas nicaragüenses, con 52 mil miembros, el 23% mujeres.

Edgardo García

La estructura agraria de Nicaragua, orientada tradicionalmente a cultivos de agroexportación -café, algodón, azúcar- que refieren de mano de obra temporal, creó una gran masa de trabajadores agrícolas, la mayoría de los temporales -con tiempos marcados por os ritmos de las grandes cosechas anuales. Actualmente, aunque los índices de obreros agrícolas, sobre todo los estrictamente temporales se han reducido, se calcula que unas 100 mil personas componen de una manera permanente este sector de la población económicamente activa del país.

La Asociación de Trabajadores del Campo (ATC) es la principal organización sindical de los obreros agrícolas nicaragüenses. De orientación sandinista y con una posición internacional independiente en el terreno sindical, cuenta con 52 mil miembros permanentes (23% son mujeres) y ejerce influencia sobre unos 100 mil obreros agrícolas en los momentos de las cosechas para la agroexportación -sobre un total de 140 mil que participan en estas cosechas-. Para eso cuenta con 720 organismos de base en las distintas regiones de Nicaragua.

Con ocasión de las celebraciones obreras del Primero de Mayo, Envío entrevistó a Edgardo García, Secretario General de la ATC. Edgardo, 31 años, ha estado al frente de la ATC desde su fundación en marzo de 1978, antes de la revolución - de hecho, la ATC funcionaba aún desde antes, desde 1975, con el nombre de Comités de Trabajadores del Campo-. Electo desde entonces para dirigir la organización y reelecto dos veces después de 1979, Edgardo García conoce ampliamente la historia de los obreros agrícolas en Nicaragua -él viene de este sector-, la historia de sus reivindicaciones, organización y continua respuesta a los diferentes desafíos que les ha ido planteando el proceso de cambios revolucionarios.

En esta entrevista resume esta historia de desafíos y respuestas, analizando especialmente las raíces y las características de la situación actual, marcada por una profunda crisis económica.

Flexibilidad en la lucha antisomocista: la clave

ENVÍO - Al producirse el triunfo revolucionario, la ATC era prácticamente la única organización de trabajadores en el sector rural. ¿Qué razones tiene este hecho?

GARCÍA - La razón, creo está principalmente en la gran flexibilidad que tuvo nuestra organización. La dinámica del agro nicaragüense giraba fundamentalmente en torno a las plantaciones de café, algodón y caña. Por sus características particulares, estos cultivos necesitan una mano de obra permanente muy escasa. Durante la mayor parte del año se mantenían con muy pocos obreros agrícolas y solamente en un período de unos tres meses necesitaban un incremento significativo de mano de obra. Ese era nuestro tiempo de trabajo, el tiempo en que llenábamos las haciendas

El resto del tiempo quedábamos semi-desempleados, viviendo en caseríos, produciendo algo en parcelas mínimas, que eran generalmente alquiladas. Allí sembrábamos granos básicos para la subsistencia familiar no más. Toda esta situación, naturalmente, creaba dificultades cuando queríamos organizarnos. Los momentos pico de las cosechas eran muy breves para consolidar una organización. La mayor parte del tiempo estábamos dispersos y por su lado, los trabajadores permanentes eran muy dependientes de la hacienda. Muchas dificultades. A ellas hay que añadir que cualquier organización agraria, en tiempos del somocismo, estaba prohibida, según las leyes de la dictadura, y cualquier actividad era duramente reprimida. En las filas de los obreros agrícolas existían muchas demandas. Tanto los obreros agrícolas permanentes como los temporales planteábamos reivindicaciones laborales. Reivindicaciones por un mejor salario. Otros de nosotros buscábamos también el acceso a la tierra para ampliar nuestra posibilidad de subsistencia.

ENVÍO - ¿Cómo lograron entonces organizarse como trabajadores del campo?

GARCÍA - Lo hicimos abriendo tres frentes de lucha. Un primer frente fue el comunal. Buscábamos organizar a la población rural allí mismo donde tenían sus ranchos, sus casas, los trabajadores estacionales. Y la organizábamos en función de lograr mejoras para la comunidad: la construcción de una escuela, de un pozo, el acceso a la energía eléctrica... El segundo frente fue la lucha por la tierra.

Una demanda especialmente importante. Las formas de lucha para conseguir la tierra dependían de la situación concreta del lugar: a veces luchábamos por la rebaja de los alquileres de las parcelas, a veces nos tomábamos directamente las tierras. Al mismo tiempo, y ése es el tercer frente, en los momentos en que se concentraban más trabajadores en las haciendas luchábamos por obtener mejoras laborales.

De esta forma, a partir de un frente comunal, donde un sector significativo de la población estaba organizado alrededor de las demandas comunales, podíamos lanzarnos a las demandas laborales en las haciendas y a la demanda por la tierra. El proceso fue ése. La situación misma nos empujaba a adoptar diversas formas de organización. Esto nos hizo flexibles. Teníamos que flexibilizarnos para poder estar en el caserío, en la hacienda, y en la lucha por la tierra. Fuimos una organización-acordeón que con estos tres ritmos buscaba sacar una única melodía. Y a eso nos ayudó el que según nos íbamos adentrando en la lucha, la represión se hacía mayor. Más allá de nuestras luchas en el campo, la situación global del país, que en aquellos años se caracterizó por un gran salto en la lucha de las masas contra la dictadura, nos hizo ver con mayor claridad que para conseguir lo que queríamos, que para que nuestras demandas se hicieran realidad, era necesario el derrocamiento de la dictadura somocista.

ENVÍO - ¿Esa evolución en la lucha implica que la ATC asumió también tareas militares?

GARCÍA - Sí, en los últimos años de la dictadura somocista, cuando vivimos el período de la insurrección popular, un sector de la ATC combinamos la actividad armada con las tareas propiamente políticas e la organización. Otros de los nuestros se constituyeron en apoyo a la guerrilla de diversas formas. Los niños, por ejemplo, organizaban sus juegos alrededor de donde teníamos una reunión clandestina y así nos ayudaban a vigilar si la guardia se acercaba. Las mujeres llevaban en sus canastos de frutas armas, medicinas, correo... En esta etapa no sólo seguimos luchando por nuestros intereses como trabajadores agrícolas sino que participamos en la lucha propiamente militar que hacía todo el pueblo. Por eso, muchos de nosotros celebramos el triunfo incorporados directamente a las columnas guerrilleras sandinistas.

ENVÍO - ¿Qué papel jugó el Frente Sandinista en la organización de la ATC?

GARCÍA - Fue el Frente Sandinista quien orientó la creación y desarrollo de la ATC. Pero éramos nosotros, los trabajadores del campo, los que teníamos el conocimiento concreto de las circunstancias concretas y los que podíamos evaluar las posibilidades reales de hacer determinados tipos de acciones para conseguir unas metas. Fue todo flexible, había que serlo. Los que teníamos puestos directivos en la ATC, por ejemplo, podíamos orientar a un comité sindical a que hiciera una huelga en una empresa estratégica, pero eran los trabajadores de esa empresa los que tenían que decidir la manera y el momento de hacerlo. Fue por esa flexibilidad que pudimos ir avanzando desde el campo a la ciudad y combatir junto a los sectores urbanos en la ofensiva final.

Las primeras conquistas y los primeros problemas

ENVÍO - ¿Qué ocurre en los diversos sectores de trabajadores del campo que estaban en la ATC una vez que se da el triunfo revolucionario?

GARCÍA - Después del 19 de julio de 1979 nuestra organización comienza un proceso de diferenciación de los distintos sectores que se habían incorporado a ellas y se van integrando a los organismos específicos que comienzan a atender sus demandas también especificas. Todas las demandas comunales de los caseríos pasaron a ser atendidas por los Comités de Defensa Sandinista (CDS) o por organizaciones equivalentes, según cada caso local. Ya un poco más tarde, un sector campesino se va diferenciando del sector de los obreros agrícolas y en 1981 pasa a integrarse a la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG), que organiza a los pequeños y medianos propietarios productores. La ATC se configura ya claramente como la organización de los obreros agrícolas. Obreros con las características específicas que esta clase tiene en la conformación socioeconómica de Nicaragua: por ejemplo, un buen número son semi-proletarios.

ENVÍO - Siendo ya claro el perfil de la ATC como organización, ¿qué papel jugó en la primera fase de la revolución?

GARCÍA - Enseguida empezamos a plantear una serie de reivindicaciones urgentes. La alfabetización, porque la mayoría de nuestro sector no sabía leer. Hicimos también reclamos en el campo de la salud, en la mejora de las condiciones de vida y en la búsqueda de un empleo mas estable. También planteamos reivindicaciones sobre la tierra. Por ejemplo, garantizar ciertas parcelas alrededor de la hacienda, que pudiéramos trabajar complementariamente a nuestro trabajo asalariado. Tuvimos también un especial empeño en apoyar activamente desde nuestros puestos, la reactivación económica del país. En esta primera fase combinamos tareas que suponían ayuda a la economía nacional y luchamos por nuestras reivindicaciones históricas. También hay que señalar que como organización defendimos desde el comienzo el proyecto estratégico de la revolución, defendimos el que hubiera aquí una revolución verdadera. La marcha de los trabajadores agrícolas sobre Managua el 17 de febrero de 1980 con la consigna de que no se devolviera ni una pulgada más de tierra fue decisiva en este sentido.

ENVÍO - ¿Qué estaba sucediendo para que esa movilización y esa consigna fueran necesarias?

GARCÍA - Básicamente, sucedía que algunos sectores empresariales que formaban parte del gobierno revolucionario estaban apoyando a los sectores somocistas a los que se había confiscado la tierra con el triunfo revolucionario. Nosotros nos movilizamos para alertar al gobierno revolucionario y para que éste no permitiera a estos sectores empresariales el uso de su influencia.

ENVÍO - ¿Buscaban que el rumbo de la revolución no fuera mediatizado por el sector empresarial que participaba al principio en el gobierno?

GARCÍA - En este caso concreto no estaban mediatizando el rumbo de la revolución sino saboteándolo. La revolución se hizo para redistribuir los medios y los bienes de producción y esta gente no quería eso. 60 mil trabajadores sobre la capital lograron consolidar las posiciones de los obreros agrícolas, forzando a la propiedad y uso social de la tierra y a la creación de lo que se llamó el Area Propiedad del Pueblo (APP), que favorecía los intereses mediatos e inmediatos de nosotros los trabajadores. Combinamos entonces nuestra reivindicación inmediata por la tierra y la reivindicación de fondo, que era la dirección estratégica del proceso. Y tuvimos éxito. En aquellos primeros tiempos fuimos creciendo rápidamente y logrando reivindicaciones: el pago del séptimo día -que nunca nos había sido reconocido- un salario igual para hombres y mujeres, el derecho a las vacaciones... Lo que nunca tuvimos durante el somocismo.

ENVÍO - Y en esos primeros tiempos, ¿cuál era la productividad de las empresas, y de los trabajadores, qué capacidad productiva tenían?

GARCÍA - En aquellos tiempos, tanto los empresarios privados como las empresas del Estado tenían serias dificultades para poder montar una administración eficiente en sus empresas. Muchos administradores se habían ido del país por sus vínculos con el somocismo. Algo parecido pasó con muchos técnicos. Lo que sucede siempre al comienzo de una situación revolucionaria después de una insurrección popular favorecía también el desorden. Estos factores sociales agilizaban la situación y, por eso, en muchos casos, tuvieron que ser los mismos trabajadores los que temporalmente se hicieron cargo de administrar algunas empresas. Claro, como en esto no había ninguna experiencia previa, el resultado era muy poca eficiencia en el trabajo. Otro factor que influyó también en la ineficiencia fue la lucha política que se dio en algunas empresas contra determinados empresarios que trataban de descapitalizarlas. Recibían habilitaciones del banco y no la invertían en sus empresas. Entonces, los trabajadores teníamos que velar por una inversión adecuada pro, claro, este tipo de trabajo paralizaba en gran medida toda la actividad productiva.

Eso por una parte. Pero la verdad es que en aquellos tiempos, los empresarios que buscaban producir adecuadamente tenían también muchas dificultades, porque la red de servicios a la producción no estaba funcionando. Quedó desarticulada después del triunfo y no era fácil crear en tan poco tiempo una nueva red. A todo esto hay que agregar la idea que tenían algunos compañeros que por el hecho de estar en una revolución que se hizo para defender a los trabajadores se creían con derecho a trabajar menos. Tenían una mentalidad sobre la libertad que en nada contribuía ni a la producción n a la productividad. Como es lógico, la autoridad del capataz se cuestionaba totalmente. Pero también estaba cuestionada la función que debía tener un trabajador alta o medianamente cualificado... Predominaba una fuerte tendencia al igualitarismo.

La guerra agudizó los problemas

ENVÍO - ¿Cuándo y por qué termina esta primera fase revolucionaria y comienza otra nueva?

GARCÍA - El principal factor que cambia la situación, ya entrado el año 81, fue la necesidad de defender militarmente la revolución. Ya Reagan está en el poder y empieza su agresión contra Nicaragua. En 1982 aumenta esta agresión y vemos claramente que si no la enfrentamos militarmente están en riesgo las conquistas que estábamos logrando. Por eso los sindicatos agrícolas y todos los sindicatos apoyamos la integración a los Batallones de Infantería de Reserva, los BIR, que fue la primera forma de defensa militar con que enfrentamos la guerra de Reagan. A la vez que íbamos a los batallones defendíamos el salario de los que se movilizaban, aspecto muy importante, porque en estos tiempos el ejército no tenía todavía un presupuesto centralizado.

La incorporación a los BIR era voluntaria. Aceptábamos que nos movilizaran a cualquier zona del país donde fuera necesario. Al principio se decía que era una movilización por tres meses pero, en muchos casos, la guerra prolongaba este tiempo. Seis meses o más. Eso provocaba toda una serie de dificultades. Por ejemplo, reclamos de los familiares, negativa de muchas empresas a pagar el salario de los movilizados... Como sindicato nos solidarizábamos entonces con ellos y con sus familiares por la defensa del salario. En este punto logramos un triunfo cuando conseguimos que en el Consejo de Estado se promulgara una ley sobre esto con carácter de obligatoriedad. En el Consejo de Estado, el primer órgano legislativo que tuvimos en Nicaragua hasta las elecciones de 1984, tuvimos nosotros seis representantes directos.

ENVÍO - ¿Cuáles son las razones de fondo por las que la ATC apoyó la incorporación de los obreros a la defensa militar?

GARCÍA - Aquí ocurrieron cosas que nos conmovieron a todos. Cuando la alfabetización, el asesinato de varios muchachos brigadistas. Después, la destrucción de algunos caseríos por la contrarrevolución. Cosas de éstas nos conmovían. En el norte, muchos obreros agrícolas se vieron afectados por las bandas somocistas y estaban muy frescas aún las heridas del somocismo. Todo esto hacía que las familias obreras y campesinas, por patriotismo y por amor al poder que habíamos alcanzado, se movilizaran. Nos movilizábamos en una mezcla de conciencia obrera con conciencia nacional. Pero, a la vez, toda esta movilización para la defensa militar de la revolución, perjudicaba mas aun a las empresas. Se fueron quedando cada vez con menos fuerza de trabajo. Y muchas veces, se quedaron con la menos cualificada.

Todo se volcó hacia la defensa. Los que tenían mas conocimientos técnicos eran los mas necesarios. Y también eran necesarios hasta los camiones en los que se sacaba el café. Todo para la defensa. En las ciudades, los combatientes que iban a la defensa salían en los camiones de reparto de las gaseosas. Todo esto incidió negativamente sobre una situación que ya era difícil para la producción y para la productividad. Fue por eso que empezaron los cuestionamientos sobre las edades para movilizarse. Porque un trabajador con 10, 20 años de experiencia o con estudios técnicos no debía movilizarse primero porque si lo hacía dificultaba aun mas la producción de la empresa. En el fondo, cosas así y aspectos políticos y militares mas globales, hicieron ver la necesidad de reglamentar de una manera distinta la incorporación militar. Este proceso termina con la ley de Servicio Militar Patriótico, que se empieza a implementar a fines de 1983. Es claro que en este período e dio un desfase, un desajuste, entre la actividad militar y la actividad productiva.

ENVÍO - ¿Y qué posiciones tomó la ATC frente a los empresarios que en esta fase combatían ya políticamente al proceso revolucionario?

GARCÍA - Muchos de los mejores trabajadores, de los de más conciencia, los más politizados, los más entregados, se fueron al combate. Esta situación fue muchas veces aprovechada por ciertos empresarios para debilitar el sindicato, para dividirlo. Se dio entonces una lucha fuerte contra estos empresarios. Pero era una lucha dentro del contexto de la unidad nacional que proclamaba la revolución Por eso, aunque en muchos puntos conseguimos sostener reivindicaciones fundamentales, en otros puntos no pudimos ir más allá y fueron los sectores empresariales quienes obtuvieron algunas concesiones importantes. Resumiendo: los sindicatos nos lanzamos, como prioridad, ala defensa militar de la revolución y al hacerlo, la producción y al productividad se debilitaron aun más -porque desde el principio se arrastraba ese problema-. La debilidad productiva se agudizó en los casos en que hubo enfrentamientos políticos del sindicato con los empresarios.

ENVÍO - ¿Qué decir de las empresas estatales en este tiempo?

GARCÍA - Las empresas estatales, especialmente cuando tenían al frente administradores y técnicos que pertenecieron al viejo sistema, tendieron también a asumir posiciones que dificultaban la buena marcha del trabajo. En estos casos nosotros también forcejeamos con ellas. Nosotros no nos confundimos con la administración estatal. Somos su contraparte y defendemos los intereses de los trabajadores, aunque enmarcándolos, claro, en las posibilidades reales de este país. La verdad es que a medida que avanzó la guerra, estas posibilidades iban reduciéndose. Pero, a pesar de todas sus fallas, las empresas estatales cumplen con muchas demandas sindicales y en eso superan, con una distancia gigantesca, a cualquier empresa privada.

ENVÍO - Y ahora, en la situación actual, con tan aguda crisis económica, estamos ya en una tercera fase. ¿Cuáles serían sus características?

GARCÍA - Todos los sectores de la sociedad reclaman mas producción. Todos. Hay un problema serio de abastecimiento, hay un problema serio de divisas. Como consecuencia, y como ya está resuelto el problema de la movilización militar, es la producción y la productividad lo que pasa a ocupar ahora el primer lugar en la atención de los sindicatos. A partir de 1985 esta problemática empieza a agarrar mas y mas fuerza. Ya en las fases anteriores se había venido implementando, poco a poco, algunos mecanismos para resolver este problema. Por ejemplo, se habían tenido afinando los criterios salariales. Ya no solo se daba un aumento de sueldo general para que el obrero hiciera frente a la carestía de la vía, sino que se comenzó a hacer una diferenciación según las calidades técnicas de los trabajadores.

Eran diferenciaciones necesarias para el avance productivo, pro no tenían nada que ver con las que habían en el somocismo porque la brecha entre el salario mas alto y mas bajo se había acortado significativamente. Estos mecanismos se fueron perfeccionando para ordenar así la situación de los distintos tipos de trabajadores asalariados, dando estímulos a los que por capacitación, podían y de hecho, rendían mas en la empresa. Otro avance fue ir viendo el problema de la producción por ramas de actividad. En el campo tenemos algodón, café, tabaco, ganadería... Cada uno de estas tareas exige diferentes servicios especializados. La organización por rama nos dio mayor capacidad para gestionar un mejor flujo de los suministros necesarios para cada una de ellas. La situación de Nicaragua, con sus grandes limitaciones exige agilizar los mecanismos que hagan posible una mejor asistencia a la producción.

Cómo enfrentar la crisis

ENVÍO - ¿Qué cambios se han dado en esta etapa acerca de la jornada de trabajo?

GARCÍA - Ese es un problema que tenemos que enfrentar seriamente. Pongamos por ejemplo un obrero viejo, un viejo trabajador ¿Cuál es su reclamo? Miraba que él había dado su vida trabajando y que nuestra generación, la de los obreros jóvenes, ni siquiera le dábamos facilidades de abastecimiento para comer. El se preguntaba por qué y se respondía que sí, que por la agresión, pro también sabia que era porque faltaba trabajo. Estos viejos trabajadores llevaron ese reclamo dentro de nuestras propias filas y nos empujaron a abordar el tema de la producción y la productividad, el de la jornada de trabajo. Así, en 1985 comenzamos un trabajo para adecuar la jornada a un rendimiento que llamamos histórico, es decir, un rendimiento similar al que existía antes del triunfo. Fue un gran debate para ver cuál sería la jornada adecuada y posible para cada rama productiva. Y jornadas que, por ejemplo, estaban en sólo 3 horas de trabajo se pudieron duplicar.

ENVÍO - ¿Hay algún indicador visible que nos permita ver avances en este sentido, de un mayor trabajo, de jornadas más productivas?

GARCÍA - Sí lo hay. Es claro que en los primeros años de la revolución se ocupó una significativa cantidad de fuerza de trabajo en los momentos pico de las cosechas. A coartar café o algodón iban estudiantes y empleados estatales. En 1984 y 1985 los que se movilizaron así, voluntariamente, a cortar café fueron 20 mil. Al algodón, 12 mil. En el caso del café los cortadores tradicionales fuimos 45 mil y en el algodón 28 mil. Bueno, pues con los avances y los cambios en este sentido logramos que en 1986 los que se movilizaron voluntariamente a cortar café se redujeron casi en un 90%. Ya no eran necesarios porque los cortadores tradicionales trabajamos más horas. Ese es un indicador evidente de cómo hemos comenzado a responder a la urgencia de la producción. Y la producción aumentó en 1986. Más café, y más zonas donde cosecharlo. Esto, también porque la contrarrevolución tiene cada vez menos capacidad. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la complejidad de la crisis económica que tenemos encima dificulta que podamos seguir avanzando en este camino..

ENVÍO - ¿Cuáles serían esas dificultades?

GARCÍA - En esta revolución ha habido la política de proteger decididamente a los campesinos. Se les ha dado tierras, créditos, maquinarias, se les han condonado las deudas. Muchos beneficios. Todo esto hace atractivo al obrero agrícola el convertirse en campesino. Mas todavía cuando el tipo de obrero agrícola que existe en nuestro país ha sido, en gran medida, semiproletario. Eso por un lado. Por otro, con las dificultades de abastecimiento que hay, ha crecido más y más el sector informal, parte del cual se dedica al comercio especulativo. Si vendiendo en el mercado negro se logra a veces mayores ingresos que los de un ministro, el sector informal y comercial se convierten en una gran tentación. Como este sector, en parte compra su producción al campesino y el obrero agrícola está cercano a esta producción, se ve tentado a convertirse en un pequeño comerciante especulador, que es quien gana más en la actual crisis. Puede dedicarse, por ejemplo, a trasladar granos básicos del campo a la ciudad. Es mas fácil andar par arriba y para abajo con un canasto de frijoles que estar sembrando los frijoles y cosechándolos.

El sector informal tiene un gran margen de ganancia. El campesino, a su vez, puede vender sus productos a precios superiores a los que fija el estado. Entonces, el asalariado, tanto de la ciudad como del campo es el que queda de último. Si tiene conciencia, seguirá produciendo, pero sabiendo que tiene que trabajar mas horas para ganar mas. Esta situación ha ido forjando a una clase obrera mas productiva pro cada vez mas reducida en su número. Y mientras dure esta situación, siempre tentada a pasarse al sector informal o al sector campesino.

ENVÍO - Es una situación peligrosa para la economía en su conjunto, una dinámica preocupante. ¿Cuál es la posición de la ATC?

GARCÍA - La situación, como efecto directo de la agresión, es tan crítica que amenaza con pulverizar las empresas establecidas, sean privadas o estatales. Nuestro camino en estos momentos para frenar esta tendencia es la alianza con la gran producción privada y estatal. La empresa misma está en peligro y los que trabajamos en ella tenemos que buscar un pacto. En él, nosotros nos comprometeremos a fortalecer la productividad. Y como contrapartida, estamos discutiendo y negociando sobre los excedentes que las empresas formales han podido tener en estos dos últimos años en los que el trabajo fue mas eficiente. Parte de estos excedentes deben ponerse al servicio de la clase trabajadora.

Con estos excedentes se podían mejorar viviendas, renovar equipos de protección y seguridad laboral, crear guarderías infantiles, capacitar técnicamente a los trabajadores, etc. Pero, sobre todo, se podría fortalecer el comisariato en el que se nos aseguren los productos básicos. Este flujo debe quedar bajo un estricto chequeo de la Junta Directiva del Sindicato, que supervisaría los precios y los productos. También deberá haber vigilancia para que los que se produzca en la hacienda circule hacia otros lugares por canales que también sean seguros. Todo esto para asegurar los productos a otros obreros. Esta es la línea que nosotros estamos empujando para sostener las empresas mejor organizadas que hoy tiene la economía nicaragüense. Nuestra línea económica es sostener la producción. La línea política es asumir los sacrificios y las limitaciones, pero defendiéndonos como clase y evitando las tendencias que desarrollan los especuladores y eventualmente los mismos campesinos, contra el orden económico.

Entonces, además de lo que el Ministerio de Comercio Interior pueda hacer con los productos básicos, es necesario que las empresas establezcan una relación con los campesinos de la zona. Podría darse cierta relación de servicios de las empresas a los campesinos y sus cooperativas y como contrapartida, que ellas compren los productos campesinos a buen precio, reconociendo que sus costos de producción son mayores, porque se usan aun medios atrasados. Esta relación empresa-campesinos nos permitiría a nosotros, los obreros agrícolas, comprar productos sin la mediación del especulador. Aunque las empresas le compren más caro al campesinos, a nosotros nos saldría siempre mas barato, porque no habría intermediarios. Así no beneficiaríamos mutuamente y fortaleceríamos una alianza entre el sector obrero y el sector campesino. Claro que todo esto es aún un proyecto. Otra vía de solución, complementaria o no, seria que en la propia empresa se sembraran determinados productos para el consumo de los trabajadores de la empresa.

ENVÍO - Ante la crisis, ante esta economía de sobrevivencia, que, entre otras cosas, es escasez de bienes, ¿quiénes, para la ATC, deben ser los primeros?

GARCÍA - Nosotros creemos que toda la población tiene derecho a determinados bienes básicos y por canales seguros. Pero también defendemos que debe ser la clase obrera, la clase que produce, los trabajadores productivos, los que mas derecho tengamos. Debe haber una ventajosa diferenciación de la clase obrera sobre toros sectores no productivos. La forma concreta de materializar esto está aún por verse. Pero tenemos que lograr ventajas comparativas para la clase obrera. Esto es necesario, no sólo para salir nosotros adelante sino para que el país salga adelante. Y si alguien pensara que esta diferenciación es injusta, lo invitamos a que se venga a trabajar como obrero agrícola al café, que se venga a las lecherías, que se venga al algodón. Porque vamos a producir, a sacar mas divisas y a garantizar la comida. Y si quieren mas divisas y mas comida, que nos vengan a apoyar. Nosotros tenemos confianza en que, a pesar de la crisis, los trabajadores saldremos adelante e iremos fortaleciendo los pasos necesarios para hacerlo.

ENVÍO - Finalmente, ¿qué posición ha mantenido la ATC ante otros movimientos sindicales internacionales?

GARCÍA - Nosotros somos una organización independiente, no estamos afiliados a ninguna central sindical mundial. Después del triunfo revolucionario, y conforme nos fuimos desarrollando, fuimos haciendo esfuerzos unitarios dentro y fuera de Nicaragua. Buscamos mantener relaciones con todas las organizaciones sindicales y en esas relaciones apoyamos planteamientos progresistas y unitarios. Pero siempre nos mantenemos como movimiento sindical independiente.

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