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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 63 | Septiembre 1986
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Nicaragua

Compás de espera con avances diplomáticos

Continúa el peligro, aunque se vive un breve impasse tras las alarmantes expectativas creadas con la virtual declaración de guerra de los legisladores norteamericanos al aprobar 100 millones de dólares para la contrarrevolución.

Equipo Envío

Frente a la ratificación de la opción militar por parte del gobierno de los Estados Unidos, que busca rendir o destruir al gobierno revolucionario, que ha puesto en crisis el proceso de Contadora y que acerca la intervención, Nicaragua buscó y encontró apoyo en el Movimiento de Países No-Alineados que celebraron su VIII Cumbre en Zimbabwe, ratificando sus opciones por el diálogo y la autodeterminación.

Conscientes de los obstáculos que existen para que la contrarrevolución consiga rendir o destruir al gobierno revolucionario de Nicaragua, aliados de Estados Unidos adaptan, desde muy distintas perspectivas, sus estrategias frente al sandinismo con una dosis mayor de pragmatismo, el que, sin duda, crea dificultades al maximalismo militarista del gobierno Reagan.

Mientras, la derrota estratégica de la contrarrevolución continua siendo la principal base de sustentación de la firmeza de Nicaragua en su desigual lucha frente a los Estados Unidos.


El Senado norteamericano ratifica la opción por la guerra

Este mes, el Congreso norteamericano no se comprometió en pleno y definitivamente con la guerra contrarrevolucionaria en Nicaragua, al aprobar el Senado lo decidido en junio por la Cámara de Representantes.

El 13 de agosto, los senadores norteamericanos discutieron durante todo un día la aprobación de los $100 millones para la contrarrevolución nicaragüense. Al fin de la jornada de debates, el proyecto, tal como ya había sido aprobado en junio por la Cámara Baja, fue aprobado también en la Cámara Alta por 53 votos contra 47.

Antes de esta ratificación definitiva de la ley, hubo algunas esperanzas de que el debate pospusiera con recursos dilatorios ("filibusterismo") o con diversas enmiendas que quisieron introducir los senadores más liberales. Algunas de las enmiendas tenían además otro fin: el de amortiguar en algo la agresividad el paquete bélico que se discutía. La mayoría de los senadores rechazó, una tras otra, toda estas enmiendas, en un debate en el que los senadores derechistas -a diferencia de lo que han hecho en otros debates- evitaron asegurar que no habría intervención de tropas norteamericanas en Nicaragua. Estos silencios y las posiciones mayoritariamente negativas ante las enmiendas restrictivas son un síntoma más alarmante que el ya esperado resultado de la votación.

Tampoco la sentencia de la Corte Internacional de La Haya, que se produjo entre el voto en la Cámara de Representantes y este voto en el Senado, actuó como freno para la declaración de guerra de los legisladores norteamericanos. "Este no es el final del debate -dijo el senado demócrata Edward Kennedy, opuesto a los $100 millones-, éste es el comienzo del envío de tropas norteamericanas a Centroamérica".

Tres días después, el 15 de agosto, la Cámara de Representantes confirmaba esto aprobando una enmienda que prohibe que los gobernadores de cada uno de los Estados norteamericanos se opongan al envío de tropas de sus respectivos Estados a "maniobras militares y acciones fuera de nuestro país". Si el sentido último de la enmienda tiene que ver con la eventualidad de una intervención directa, el sentido inmediato se vio más claro unos días después cuando se anunció el envío de efectivos norteamericanos a Honduras, El Salvador y Panamá para el ya "legalizado" entrenamiento de los contrarrevolucionarios. La oposición inicial de los gobiernos del área a la entrada de los "boinas verdes" parece ser una nueva forma de presión pública sobre el gobierno de Estados Unidos para que aumente privadamente los montos de ayuda económica y estos gobiernos sorteen con algo más de holgura su profunda crisis económica.

Después de la votación en el senado, Elliot Abrams, Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Latinoamericanos, fue nombrado por la Administración Reagan supervisor del presupuesto de guerra asignado a los contrarrevolucionarios y de las actividades militares que éstos realizarán dirigidos por la CIA.

A tono con estas decisiones prácticas, el Presidente Reagan continuó hablando con su habitual retórica antisandinista y después del voto en el Senado, se refirió tal vez con más claridad que otras veces, al derrocamiento del gobierno de Nicaragua como objetivo último de la guerra contrarrevolucionaria.

Sin haber expresado en ninguna declaración el rechazo oficial a la sentencia de La Haya, el gobierno de Estado Unidos -Ejecutivo y Legislativo- continua rechazando, de hecho, el orden jurídico internacional con la práctica diaria de su ilegal y organizada agresión contra Nicaragua.

Los No Alineados dan su apoyo a Nicaragua

La guerra desigual que Nicaragua enfrenta y la profundización de la opción militar del gobierno de Estados Unidos coloca al gobierno revolucionario en la necesidad de estrechar más y más su relaciones con los países del Tercer Mundo que, desde estructuras políticas y opciones ideológicas muy diferentes, enfrentan todos luchas también desiguales por su independencia económica, política y cultural.

Del 1 al 6 de septiembre se celebró en Harare, Zimbabwe, la VIII Cumbre de los 101 países que componen el Movimiento de Países No Alineados. Nicaragua, que entró en los NO-AL al mes del triunfo revolucionario, llevó a Harare, con las luchas del pueblo nicaragüense por su autodeterminación, la candidatura de Managua como sede para la IX Cumbre, que debe celebrarse en 1989.

Los resultados de la Cumbre fueron satisfactorios para Nicaragua. De tal manera, que con Harare se afirma el "alineamiento tercermundista" de la revolución nicaragüense y con este alineamiento, una nueva trinchera mas amplia que la trinchera del alineamiento latinoamericano con el que se ha defendido prioritariamente Nicaragua durante todos estos años. El grado mayor de dependencia que tiene América Latina respecto de los Estados Unidos -en comparación con la situación que se da en este sentido en Africa o Asia- es una limitante permanente para el alineamiento latinoamericanista de la revolución nicaragüense. Es por eso que el marco del alineamiento tercermundista resulta estratégico.

De camino a Harare, el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, viajó por Yugoslavia y por tres países africanos: Burkina Faso (ex Alto Volta), Ghana y Congo. Yugoslavia es país fundador del Movimiento No-Alineado y ha luchado con beligerancia por conservar la pureza del movimiento, entendiendo ésta como la no-polarización y la existencia de cualquiera de los dos bloques. No es éste el punto de vista de todos los NO-AL.

Por otra parte, es importante tener en cuenta que tradicionalmente Africa vanguardiza el movimiento NO-AL. En la Cumbre de Harare la prioridad era la de los países africanos de la llamada "línea del Frente": la problemática de Africa del Sur (fin del apartheid en Sudáfrica y descolonización de Namibia). El viaje del Presidente Ortega por estos tres países del Africa busca ir consolidando más los vínculos de Nicaragua con Africa. Burkina Faso es un país con una revolución radical; Ghana uno de los grandes países del continente y el Congo es una región estratégica pues ocupará próximamente la Presidencia de la Organización de Unidad Africana (OUA).

Las relaciones de Nicaragua con Africa se han dado principalmente en estos años de revolución por los contactos anuales en el ámbito de la ONU y en otros foros internacionales, en los que, el Canciller nicaragüense, padre Miguel D'Escoto, ha sabido ganar para Nicaragua la solidaridad de muchos líderes africanos. Sin embargo, una profundización del alineamiento tercermundista exigirá una mayor y más permanente presencia nicaragüense en el continente negro. Actualmente esta presencia permanente es débil: sólo hay un embajador en el Africa negra, que tiene su sede en Mozambique. Una nueva embajada de Nicaragua se abrirá ahora en Zimbabwe. Hay otras dos embajadas en Libia y Argelia.

La candidatura de Managua como sede para la IX Cumbre de 1989 fue un gesto de audacia por parte del gobierno sandinista. Tener la sede es también tener el liderazgo del Tercer Mundo en los 3 años siguientes a la cumbre. De obtener la sede, Nicaragua tendría que empezar a construir o a reforzar significativa y aceleradamente un tejido de relaciones políticas y diplomáticas con un sinnúmero de países. No es tarea fácil.

Desde el punto de vista de la infraestructura de Nicaragua, recibir a delegaciones de alto nivel de un centenar de países exigiría importantes inversiones y reajustes económicos. Pero la audacia esta a tono en la significación política que tiene alcanzar la sede. Y las dimensiones de esa significación política se pueden medir por las maniobras implementadas por los Estados Unidos en la Cumbre y en las capitales de los respectivos países No Alineados para presionar en sentido contrario a la propuesta nicaragüense.

La decisión sobre la sede fue postergada en la cumbre para una próxima reunión. Están previstas dos reuniones ministeriales, una que se celebrará en Chipre, en 1987 y otra en la República Democrática de Corea, en 1988. La prioridad en Harare era el logro de resoluciones muy concretas sobre los problemas del sur de Africa. Los máximos esfuerzos y las discusiones se concentraron sobre este punto y los más importantes resultados se obtuvieron en este tema.

La candidatura de Nicaragua, que fue acogida "con simpatía" por el Movimiento, según consta en el documento final y que, de hecho, no tuvo oposición pública de ninguna delegación, conscientes todos de esa simpatía masiva, no dejó de crear algunas discusiones en la Cumbre. Las protagonizaron aquellos países que, desde posiciones más pro-norteamericanas o "neutralistas", consideran que dar la sede a Managua polarizaría a los NO-AL anti-norteamericanamente, rompiéndose así el equilibro y la equidistancia de los bloques que debe definir el Movimiento es, en opinión de otros muchos países, la propia actuación del gobierno norteamericano. Durante la misma Cumbre, por ejemplo, Estados Unidos impuso sanciones económicas a Zimbabwe, por la letanía de arbitrariedades y cargos sin fundamento contra la política exterior de Estados Unidos vertidas en la cumbre de Harare, hecho que tuvo efectos demostrativos en relación a esta discusión.

De todas formas, para no desviar las discusiones del tema de Sudáfrica, la cumbre decidió no decidir sobre la próxima sede. Nicaragua mantiene su candidatura que, de hecho, fue la única que se presentó en los NO-AL, ya que el otro ofrecimiento, el de Indonesia, no tiene en la práctica posibilidades. Las costumbres del Movimiento han hecho rotativas las sedes y en 1989 le correspondería a una capital latinoamericana. Por otra parte, la trágica situación creada por Indonesia en Timor Oriental es condenada por la mayoría de los NO-AL y le resta el consenso necesario para viabilizar su candidatura.

A lo largo de la Cumbre fue consolidándose un sentimiento entre la mayoría de las delegaciones: ver en la Nicaragua sandinista, en lucha frente a la ilegal agresión de Estados Unidos, un símbolo de todo el Movimiento y de su propia filosofía. Este símbolo se ha ido construyendo y recibió en Harare su espaldarazo, no tanto por la ideología progresista o revolucionaria del sandinismo, sino porque Nicaragua es un país que, usando el escudo del derecho internacional y proponiendo insistentemente el diálogo con la potencia norteamericana que le agrede, lucha por su derecho a la autodeterminación. Todas estas posiciones resultan coincidentes con los planteamientos originales y esenciales que históricamente han sido bandera en los NO-AL. Al condenarse en el caso de Nicaragua, este país se convierte en esta coyuntura en un gran símbolo, que no tiene prácticamente ni opositores ni competidores.

En su primera intervención ante los NO-AL, el Presiente de Nicaragua, elegido para hablar en nombre de los países de América Latina y del Caribe, señaló que es en la defensa del orden jurídico internacional "donde los países pequeños y débiles tiene su primera línea de defensa". Cuando el 4 de septiembre volvió a hablar, esta vez ya en nombre de Nicaragua, proclamó que su país es "reserva estratégica del no-alineamiento en una zona que la potencia militar norteamericana considera su reserva estratégica", señalando la aspiración nicaragüense a tener "relaciones normales" con el gobierno de los Estados Unidos, del que Nicaragua no se siente enemiga y con el que quiere "iniciar de inmediato un diálogo constructivo". Dio también las razones de la candidatura nicaragüense para ser la sede de la IX Cumbre:

"Lo hacemos pensando en la defensa de los intereses globales de nuestro Movimiento, para defender y respaldar el fallo de la Corte Internacional de Justicia, para defender el orden jurídico internacional, para defender la paz en Centroamérica, principios que ya están siendo defendidos con la sangre del pueblo nicaragüense en la primera línea del frente , en la defensa de la soberanía de América Latina y el Caribe".

Proyectándose en Harare como candidata a la sede, Nicaragua logró situar el problema centroamericano en un lugar central para la óptica de los NO-AL. En este sentido, conseguir la sede o era la única meta. Conseguir el máximo apoyo para las posiciones políticas y diplomáticas de Nicaragua, en un momento en el que Contadora está en tan profunda crisis y se aceleran las condiciones para la intervención, era también importante. El apoyo se consiguió ampliamente, tanto en la declaración política, como en el documento final, como en las intervenciones de la gran mayoría de los oradores de la cumbre (80 expresaron explícitamente su solidaridad con Nicaragua) como en los contactos bilaterales el Presidente nicaragüense con otros mandatarios o jefes de delegaciones. En esta coyuntura, las posiciones nicaragüenses, escudadas en el derecho internacional, resultan tan racionales y indefendibles resultan las posiciones de la Administración Reagan. El fallo de La Haya y las últimas iniciativas nicaragüenses en Contadora han influido grandemente en la conformación de este consenso tan amplio hacia Nicaragua entre los países del Tercer Mundo.

Las declaraciones más fuertes y más claras del Movimiento de los No-Alineados sobre el problema centroamericano salieron e esta VIII Cumbre. De hecho, el tema centroamericano, y especialmente el de Nicaragua, fue el segundo en importancia después de los referentes al Africa austral. 14 párrafos amplios y detallados recogen la posición de 101 países del mundo ante el conflicto en Nicaragua. Las posiciones principales expresadas por los NO-AL son éstas:

-Reiteran que la raíz de los conflictos en Centroamérica es "de carácter socioeconómico" y no pueden explicarse en términos de enfrentamiento ideológico entre los bloques militares.

-Condenan la intensificación de la agresión contra Nicaragua, denunciando todas y cada una de las prácticas terroristas empleadas en ella.

-Consideran que estas presiones políticas y económicas y las acciones militares aumentan el riesgo de una guerra regional.

-Manifiestan su "indignación" ante la aprobación por el Congreso de los $100 millones para el "ejército mercenario de contras", y condenan enérgicamente "este acto ilegal e inmoral". Recalcan que la aprobación de los $100 millones no es sólo un acto contra Nicaragua sino "un ultraje a los principios y objetivos del Movimiento de los Países No Alineados y de la Carta de las Naciones Unidas".

-Reiteran su solidaridad con Nicaragua y piden la "suspensión inmediata" de la agresión, amenazas y presiones para "derrocar al gobierno legítimamente constituido de Nicaragua".

-Exhortar a Estados Unidos a acatar el fallo de La Haya.

-Apoyan y encomiendan plenamente la gestión de Contadora y el Grupo de Lima.

-Acogen con beneplácito el Mensaje de Caraballeda y el principio de simultaneidad que hay contenido en él.

-Instan a Estados Unidos a reanudar conversaciones con el gobierno de Nicaragua.

-Elogian a Nicaragua por "las medidas constructivas" que ha tomado en Contadora.

-Convienen en la necesidad de la desmilitarización de Centroamérica.

-Lamentan que Estados Unidos siga obstaculizando la adopción de una solución política negociada.

-Ven con satisfacción los acuerdos de Costa Rica y Nicaragua para supervisar la frontera común e instan al gobierno de Honduras a que responda positivamente a una iniciativa similar que le ha propuesto Nicaragua.

-Expresan su satisfacción por el fortalecimiento del diálogo político y económico entre Europa y Centroamérica.

Como se ve en este listado de posiciones, los NO-AL apoyan en su totalidad los puntos de vista nicaragüenses, llegando a donde jamás podría llegar Contadora, tanto por ser por definición una instancia mediadora, como por la gran dependencia que estos países de América Latina tienen aún de los Estados Unidos.

Al movimiento de países No Alineados pertenecen 15 países latinoamericanos (Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, Guyana, Jamaica, Nicaragua, Panamá, Perú, Surinam y Trinidad y Tobago). Todos estos países, arrastrados por la dinámica cada vez más progresista del Movimiento, definieron, expresaron y aceptaron en Harare posiciones radicales y declara denuncia a los Estados Unidos, que la mayoría de ellos no pueden o no quieren expresar en otros foros.

Intentos de "contadorizar" el tema centroamericano

Todos los intentos de "contadorizar" el tema centroamericano en los NO-AL, pretensión de países como Colombia o Ecuador, no prosperaron. Una de las razones es que las problemáticas internas de cada país, tema de permanente presión y ambigüedad en Contadora, no son relevantes para los NO-AL.

Temas como el pluralismo, la democracia, las elecciones, las libertades, etc., tan usadas desde el foro de Contadora contra Nicaragua, nunca han tenido espacio en los NO-AL. Son los grandes temas de los países del Sur empobrecido los que cohesionan, convocan y preocupan a los NO-AL: el nuevo orden económico internacional, la carrera armamentista, el hambre, la defensa de las propias culturas, la deuda externa, el incremento de las relaciones Sur-Sur, las luchas pendientes contra el colonialismo, el racismo, el sionismo, la masificación de la salud y la educación las luchas de liberación nacional, etc. es tradición en el Movimiento que los países que tratan introducir descalificaciones a determinados países, cuestionando sus regímenes internos, resultan ellos mismos descalificados.

Por otra parte, Perú aunque estaba muy interesado, internacional e internamente, por conseguir la sede, no se opuso públicamente a la candidatura nicaragüense, reservando su propuesta quizá para más adelante.

Después de terminada una Cumbre tan favorable para Nicaragua en estos graves momentos, el Presidente nicaragüense emprendió una gira por la India, China y la República Democrática de Corea, en la ampliación de este esfuerzo por fortalecer relaciones con los países del Tercer Mundo. Las perspectivas de profundizar las relaciones políticas y comerciales con Pekin, a los pocos meses de haber establecido relaciones diplomáticas resultan muy importantes en la actual coyuntura económica de Nicaragua. También con la India se firmarán acuerdos económicos .

En la Cumbre de Harare, Nicaragua dio un paso adelante dentro del Movimiento de Países No Alineados, paso crucial para incrementar la solidaridad internacional en momentos en que Contadora ha sido golpeada tan duramente por las decisiones del Congreso norteamericano y Nicaragua enfrenta tan seria crisis económica.

Si Nicaragua consiguiera la sede de la IX Cumbre de los NO-AL en 1989 esto complicaría las opciones guerreristas del gobierno norteamericano. Después del fallo de La Haya -tema que será objeto de debate próximamente en la 41 Asamblea General de Naciones Unidas- y después de esta Cumbre del Tercer Mundo en Harare, la política exterior norteamericana en Centroamérica y en Nicaragua se ve más y más aislada, aumentando con ello los costos políticos que Estados Unidos tendrá que pagar por mantenerla y por llevarla hasta sus objetivos finales.

Dos casos de pragmatismo: Centroamérica y el Vaticano

La realidad muestra que hay serios obstáculos para que Estados Unidos pueda por la opción militar de los contrarrevolucionarios rendir o derrocar al gobierno sandinista. A pesar de tantas dificultades, el modelo nicaragüense se sostiene. Y cada vez más, una sangrienta intervención, parece ser la única fórmula para destruirlo, provocando con esto, una guerra regional de mayor complejidad.

Se sostiene el pluralismo político interno. Y las polémicas entre los partidos, de cara al inicio del debate del proyecto de Constitución en el pleno de la Asamblea Nacional Legislativa lo pondrán nuevamente a prueba. Se sostiene la economía mixta, a pesar de la difícil y lenta transición hacia un modelo de economía de sobrevivencia, desafío al que la dirección sandinista viene prestando urgente atención desde hace unos meses. Se sostiene y se refuerza, como hemos visto, el no-alineamiento.

Es por eso, porque la revolución se sostiene y no se rinde y porque su destrucción por la vía militar, incluida la intervención, no parece nada fácil, que aparecen aquí y allá renovadas o nuevas señales de pragmatismo, contradictorias con el maximalismo militarista de la Administración norteamericana.

Las fronteras siguen abiertas en Centroamérica

Del 19 al 20 de agosto se celebró en Managua la reunión de Ministros y Viceministros de Economía y los Presidentes de Banco Centrales de los 5 países centroamericanos. El objetivo de la reunión de este año -cada año hay reuniones de este tipo- era reestructurar y agilizar los intercambios comerciales en la región, que han ido descendiendo más y más en este período de crisis. Sólo en 1985 este intercambio bajó de un monto global de 1,200 millones de dólares a tan sólo 500 millones.

Los mecanismos para el comercio interregional surgieron hace más de 20 años al crearse el Mercado Común Centroamericano. Este comercio se realizaba con las monedas propias de cada país y el BCIE (Banco Centroamericano de Integración Económica) financiaba los intercambios. Aunque la empresa privada de cada país realizaba las operaciones comerciales, eran los Bancos Centrales los que acumulaban las deudas.

Desde el triunfo revolucionario de 1979, Nicaragua comerció muy activamente con los empresarios centroamericanos. Llegó así a acumular con los Bancos Centrales de los 4 países vecinos una deuda importante para un país tan pequeño: unos $300 millones. Los importantes montos de comprar masivas de muy diversos productos realizadas por el Estado nicaragüense explican la acumulación de tan grandes deudas. El Estado revolucionario ha sido un excelente cliente de los empresarios privados de Centroamérica, aunque no tan buen pagador.

Esta situación, ventajosa para la empresa privada del área, urgía a la renegociación de la deuda nicaragüense para así poder renovar los intercambios comerciales con este país. Con el fin de activar la fluidez comercial perdida, se creó en esta reunión un nuevo mecanismo que permita a Nicaragua y a los restantes países comerciar sin tener que pagar en dólares. El nuevo mecanismo de llama DICA (Derecho de Importación Centroamericana). Mediante el DICA, los países centroamericanos podrán realizar transacciones comerciales de importación mediante documentos extendidos por los respectivos bancos centrales en las monedas nacionales. Estos documentos podrán ser renegociados por terceros países dentro del área, serán válidos para 1 o 2 años y podrían cubrir hasta el 100% de las importaciones.

Con la creación de este mecanismo, la deuda nicaragüense fue renegociada por los países centroamericanos hasta 1991. Es evidente que al asumir los bancos centrales de los 4 países los $300 millones que adeudaba Nicaragua y poner en marcha este mecanismo aumentarán los déficit y problemas en las balanzas de pago de los países centroamericanos. Estando estas balanzas de pago subvencionadas sistemáticamente por Estados Unidos a través de la AID con fondos de estabilización para impedir que la crisis económica tenga en los países aliados del área consecuencias políticas, se entiende que cuando en Managua los Ministros de Economía centroamericanos renegocian la deuda nicaragüense no están haciendo otra cosa que obligar a los Estados Unidos a pagar esa deuda.

Es claro que el pragmatismo de este acuerdo de los países centroamericanos no coincide con la política norteamericana, que tiene en el aislamiento de Nicaragua una prioridad. Pero la economía centroamericana requiere de un mercado libre de barreras, de fronteras abiertas, para mantener alguna esperanza de sobrevivencia en la actual crisis. La realidad, contradictoria con el maximalismo militarista de Reagan, es que el bloqueo a Nicaragua no sirve a los intereses de la empresa privada centroamericana. Antes de venir a Managua, "la cueva del enemigo sandinista", los empresarios centroamericanos dijeron a sus gobiernos algo así: "Dejénnos a nosotros las ganancias, que los Estados Unidos pagará los déficit del Banco Central". Con este argumento el sector privado de cada uno de los países del área presionó a sus gobiernos con éxito, porque la deuda se renegoció y los intercambios se reanudaron. A Estados Unidos le tocará enjugar el déficit.

Todo esto demuestra que es difícil para los Estados Unidos cerrar el espacio a esta con natural convivencia y unidad centroamericana, que crea fisuras en las grandes enemistades geopolíticas impuestas por la estrategia norteamericana. La moraleja política es que no es tan fácil aislar a Nicaragua, como se aisló a Cuba, porque la unidad centroamericana no es sólo un ideal sino una realidad que tiene una tradicional base material.

Las posiciones planteadas por Nicaragua en la reunión, que podrían parecer utópicas, responden al realismo de tener muy en cuenta esa base material, entre otras cosas por las necesidades de la propia sobrevivencia y también por las contradicciones que se pueden plantear en la economía regional a la estrategia norteamericana.

Ambicioso plan de 7 puntos para Centroamérica

Es desde esta perspectiva que hay que leer el ambicioso plan de 7 puntos que el Vicepresidente nicaragüense, Sergio Ramírez propuso en la reunión a los centroamericanos Nicaragua planteó:

-Que de cara a la reunión de la Comunidad Económica Europea con los países centroamericanos en enero/87, la región presente una propuesta conjunta, para mediano y largo plazo, que consista en solicitar el financiamiento para que la infraestructura industrial de cada país funcione a plena capacidad y se renueve tecnológicamente la planta industrial de toda Centroamérica.

-Que el BCIE haga propuestas conjuntas de financiamiento a la CEE, a los organismos multilaterales y a las fuentes bilaterales de crédito para así ser capaz de financiar la reactivación del intercambio regional.

-Que los 5 países hagan propuestas conjuntas para obtener precios preferenciales para los productos regionales en los mercados que les están hasta ahora vendados.

-Que se elaboren posiciones conjuntas para negociar los precios del café, producto centroamericano por excelencia.

-Que se realice una exploración conjunta de nuevos mercados, ofreciéndose Nicaragua a aportar su experiencia de estos 7 años de relaciones con los mercados de los países socialistas.

-Que se agilicen los sistemas de intercambio comercial en la región. (Este fue el punto del plan que se resolvió de inmediato en la reunión).

El caso de la economía centroamericana, debilitada peor interrelacionada, muestra que después de 7 años Reagan no logra romper los vínculos económicos regionales, no consigue cerrar las fronteras de países con economías necesitadas de integración. La lógica de los intereses económicos se impone. Y estas reuniones anuales continúan celebrándose con normalidad y hasta con éxito. No hay cambios en este pragmatismo económico regional.

La Iglesia Católica busca abrir más espacios

Desde hace unos meses hay indicios de un reacomodo en la estrategia vaticana hacia Nicaragua, que ha estado caracterizada durante años por la confrontación. Aunque se trata dedos casos asimétricos y de dos lógicas, también el pragmatismo vaticano contradice el maximalismo reaganiano.

El signo más concreto del reacomodo es la designación de un nuevo Nuncio que, a diferencia del anterior, no compartirá tareas diplomáticas en Honduras y en Nicaragua, sino sólo trabajará en este último país. Se trata de Mons. Paolo Giglio, nombrado el pasado 2 de abril y en Nicaragua desde el 28 de julio.

Giglio nació en Malta en 1927 y tiene un curriculum lleno de misiones delicadas e importantes y acelerados ascensos. Es pues, una fitura en la diplomacia vaticana. Como muestra de su habilidad, se le considera el artífice del dialogo de la Iglesia Patriótica China con el Vaticano, después de trabajar por 7 años en la reconstrucción de esas difíciles relaciones. Giglio vendría a Nicaragua a recomponer y a mejorar con métodos más finos, más inteligentes y menos confrontativos, las relaciones de la Iglesia Católica con el gobierno sandinista.

¿Por qué este reacomodo de la estrategia vaticana?

Se pueden apuntar varias razones:

-La imagen de la jerarquía nicaragüense se ha visto crecientemente deteriorada en todo el mundo, y especialmente en América Latina, por la abierta complicidad del Cardenal Obando y de Mons. Vega con la política norteamericana, cada vez más aislada internacionalmente, cada vez más ofensiva a los sentimientos nacionalistas de América Latina. Siendo América Latina el único continente mayoritariamente católico, es la "reserva estratégica" del proyecto de restauración de la cristiandad que caracteriza el pontificado de Juan Pablo II. Una política desacertada hacia Nicaragua -admirada en el continente por su lucha, apoyada por la iniciativa latinoamericana de Contadora, etc.- puede ser fatal para toda la estrategia vaticana en América Latina.

-Las posiciones de los obispos nicaragüenses -de complicidad o de silencio ante la agresión norteamericana- han estado permanentemente en contradicción con las de los obispos de Estados Unidos, que invariablemente han condenado la política agresiva de la Administración Reagan como 'ilegal e inmoral". Esta contradicción con la Iglesia más organizada y más poderosa financieramente del mundo reclamaba ya desde hace un tiempo la especial atención del Vaticano.

-Los espacios de influencia y de acción de la jerarquía y el clero opuestos a la revolución se han visto crecientemente recortados por el Estado revolucionario, que con medidas restrictivas (cierre de la Radio Católica, falta de acceso a otros medios de comunicación, control en las visas a extranjeros, etc) ha respondido a la política de confrontación elegida por la jerarquía. La política de confrontación está costándole muy cara al Vaticano.

-No hay indicios de que estas restricciones a la Iglesia provoquen en el pueblo católico serias repercusiones. El caso de la expulsión de Mons. Vega, que no produjo prácticamente reacciones en los fieles de Nicaragua, indica que a estas alturas, después de 7 años de polémicas y confrontaciones, éstas sólo dan como resultado una creciente pérdida de influencia de la Iglesia en la sociedad y en las conciencias. Nicaragua no es Polonia, como en un tiempo pudo creer el Papa Juan Pablo II. El modelo de "Iglesia perseguida" no prende en el pueblo católico nicaragüense. La desestabilización política no se pude articular, entonces, por vía religiosa ni eclesiástica.

-La diplomacia vaticana es consciente de las victorias que en política internacional ha conseguido el gobierno sandinista y de las victorias militares alcanzadas y sostenidas por el ejército de Nicaragua frente a los contrarrevolucionarios. También es consciente del derramamiento de sangre que significaría una intervención directa de los Estados Unidos que, por otra parte, tampoco resolvería los problemas ideológicos de fondo que tanto asustan a la Santa sede en la novedad de la experiencia nicaragüense y centroamericana.

Todas estas razones exigen al Vaticano -para que la Iglesia conserve algún espacio si se da la intervención o para que lo aproveche mejor si se consolida la revolución- el reacomodar a tiempo, y en breve tiempo, la estrategia de pura confrontación seguida hasta el momento. El arquitecto de nuevos puentes de diálogo y de estructuras de oposición más acordes con la realidad del país parece ser el nuevo Nuncio.

"La misión de la Iglesia es hacer buenos ciudadanos"

A su llegada a Nicaragua, en el mismo aeropuerto, ya dio una señal, al halar de cosas obvias, pero poco escuchadas en boca de los obispos nicaragüenses:

"La misión de la Iglesia es hacer buenos ciudadanos, enseñar a nuestros católicos a amar a su país. ¿Qué hace un buen cristiano? Cumplir su deber, obedecer las leyes del país. Amar a Dios, amar a su patria, amar a su prójimo, abrir su corazón al trabajo y su conciencia para observar los mandamientos e dios y de su Patria".

Todavía es muy pronto para evaluar con exactitud los caminos de este reacomodo. El reinicio del diálogo de la jerarquía nicaragüense con el gobierno revolucionario con la participación en las conversaciones del nuevo Nuncio, ha creado muchas expectativas. El propio gobierno revolucionario ha contribuido a levantarlas, haciendo del tema de las relaciones con la Iglesia el punto inicial de la Propuesta de Chicago y refiriéndose al diálogo en varias comparecencia internacionales el propio Presidente de la República. Las incidencias de este diálogo en esta crítica coyuntura irán mostrando en lo concreto los propósitos últimos de este giro e la cúpula eclesiástica.

Lo que sí parece cierto es que algo está pasando en el Vaticano. Analistas de la talla del catedrático católico irlandés Conor Cruise O'Brien dan cuenta de ello. Aunque, por su arraigado eurocentrismo, hace juicios en los que demuestra no entender los matices del nacionalismo y del cristianismo nicaragüense, sí ha captado bien que el giro del Vaticano ya se ha dado:

"Es verdad que en el pasado los Estados Unidos han sido capaces de intervenir en América Latina repetidamente y con impunidad. Pero las cosas ya no son como eran antes. La situación es totalmente nueva. En particular, la nueva alianza de "el Dios de los pobres" -fe y patriotismo- está cambiando las coas. El Papa Juan Pablo II enfrentó esta formidable alianza sin tomar en cuenta lo que estaba haciendo y ahora descubre que tiene que dar marcha atrás. En julio, el Presidente Reagan poniendo de su parte a la Cámara de Representantes y rechazando los resultados de la Corte Internacional, pareció estar preparando la intervención directa. Espero que Ronald Reagan, como ya ha hecho el Papa, dé marcha atrás antes de que sea demasiado tarde.

El caso del Vaticano muestra que después de 7 años de utilización del elemento ideológico-religioso para reforzar su opción militarista, Reagan ha violentado ciertas lógicas políticas y diplomáticas de la Santa Sede. Y ésta está estructurando un reacomodo, orientado por el tradicional pragmatismo eclesiástico.

La derrota contrarrevolucionaria: base de la firmeza sandinista

Sería imposible imaginar el apoyo de los NO-AL a un gobierno que, aunque defendiera una causa justa, estuviera en jaque militarmente hablando. El apoyo y el consenso en torno a Nicaragua se da también porque existen éxitos militares frente a la contrarrevolución, que garantizan la estabilidad del proceso sandinista y que respaldan su proyecto anti-imperialista. Cuando Nicaragua se propone como sede de los No Alineados proyecta ante el Tercer Mundo la seguridad que le dan esos éxitos y la confianza de que ellos saca diariamente para invertir esfuerzos en la resolución de otros problemas internos, políticos y económicos.

Sería imposible imaginar que los gobiernos centroamericanos agilizaran mecanismos de intercambio con un gobierno que va a caer. Sería imposible imaginar reacomodos tácticos del Vaticano si la balanza de esta larga guerra no estuviera claramente inclinada desde hace mucho tiempo del lado de Nicaragua.

Mes tras mes se comprueba que la derrota estratégica de la contrarrevolución se profundiza y es irreversible, dadas las características de la guerra, tal como ha sido planteada hasta el momento. Sólo la intervención directa de los Estados Unidos podría transformar esta situación.

Desde hace ya más de un año, desde el intento de tomar el poblado de La Trinidad (Estelí), en julio de 1985 -cuando el ejército sandinista estrenó en combate los helicópteros soviéticos- los contrarrevolucionarios no han hecho una sola operación militar de importancia. Es el ejército sandinista el que decide desde hace ya más de un año el tiempo de las ofensivas y el espacio donde éstas se realizan. Por otra parte, en las zonas fronterizas, el tejido y la densidad de tropas del ejército nicaragüense ha ido dificultando cada vez más las entradas y salidas por la frontera norte. La situación de embolsamiento y de impotencia en la que se encuentran los contrarrevolucionarios infiltrados en territorio nicaragüense es uno de los índices más significativos de lo que quiere decir la actual "derrota estratégica".

En una situación así, aunque toda la tecnología de la inteligencia norteamericana se ponga al servicio de los contrarrevolucionarios, de poco sirve. Un ejemplo estaría en el espionaje que Estados Unidos realiza sistemáticamente para ayudar a mejorar la estrategia contrarrevolucionaria. Sólo entre el 1 y el 15 de agosto se realizaron sobre Nicaragua 8 vuelos del RC-135, avión-espía de Estados Unidos, que tiene la capacidad de hacer una radiografía exacta de las posiciones que en efectivos y armamentos tiene el ejército nicaragüense en todo el territorio en un determinado momento. Es lógico que por muy perfecta que sea esa información, de poco servirá si no hay una dirección interna, una organización y una mística de combate y de trabajo político que sepan aprovecharla. de hecho, no las huya. Tantos datos y tantas informaciones no logran cambiar el curso de la guerra.

Ante esta impotencia estratégica, la contrarrevolución está abocada a sobrevivir perpetrando ataques contra objetivos económicos, cooperativas, etc. En esta última temporada se ha dedicado preferentemente a la colocación de minas de diferentes tipos y tamaños en los caminos de determinadas zonas campesinas. La reducción de la actividad contrarrevolucionaria a este tipo de terrorismo indiscriminado -pues las minas han perjudicado ya a muchos civiles- revela con mayor claridad el carácter de este grupo armado, que ni siquiera tiene ya la capacidad de ser la punta de lanza de una intervención directa de los marines. Su derrota estratégica los ha reducido a la condición contraria: son únicamente los que vendrían detrás de los invasores a "ocupar" el poder que los extranjeros "tomen".

Mientras no llegue ese momento, la coyuntura sigue abierta a la implementación por parte de la CIA de otros actos terroristas más estratégicos que la simple colocación de una mina que destruye una camioneta de transporte civil o un tanque o que deja sin pies a un soldado sandinista o a cualquier campesino que pasa por allí.

Estos actos terroristas con verdaderos potencial desestabilizador -asesinato de los dirigentes de la revolución, destrucción de la refinería de petróleo o de la planta geotérmica, de los puertos o del aeropuerto, etc.- no se han producido hasta ahora, aunque las escasas noticias que hace públicas el Ministerio del Interior indican que existen permanentes intentos en esa dirección.

Porque en el horizonte están presentes estas posibilidades y porque la lógica de las agresión las exige para conseguir sus objetivos, Nicaragua sigue preparándose para lo peor. Mientras, continúa construyendo diariamente lo que permite esta etapa de sobrevivencia, con la certeza de que el tiempo y las fuerzas más progresistas de la historia está a favor de su causa.

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