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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 62 | Agosto 1986
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Nicaragua

La Prensa: post-mortem a un suicidio

El debate del Congreso norteamericano sobre la asignación de $100 millones a los contrarrevolucionarios para derrocar al gobierno sandinista estaba en su apogeo cuando Jaime Chamorro, co-director del diario La Prensa hizo un abierto y público llamado al Congreso para que siguiera apoyando la guerra contra Nicaragua.

Equipo Envío

En un articulo de frases directas y categóricas publicado el 3 de abril en "The Washington Post" Chamorro decía que "los nicaragüenses que luchan por la democracia tienen derecho a pedir ayuda donde puedan conseguirla". Urgiendo a que se les ayudara, continuaba: "Los que argumentan que dar ayuda a los rebeldes nicaragüenses es violar el principio de la autodeterminación de los pueblos están errados. Estas personas parecen ignorar o tal vez olvidan deliberadamente que la autodeterminación pertenece a los pueblos y no a los gobiernos opresores que no tienen una legítima representación de la voluntad de esos pueblos".

La línea divisoria

El artículo de Chamorro fue una traducción perfecta de los argumentos de la nueva derecha norteamericana. Incluso, y para sorpresa de muchos, desenmascaraba estos argumentos. "El peligro (que Nicaragua representa para los Estados Unidos) no es militar", señalaba Chamorro. "Nicaragua, con un ejército de cien mil hombres, no puede ser un peligro militar, ni Cuba, con más de un millón de hombres, es un peligro militar para los Estados Unidos. Esta idea absurda de que Nicaragua es ya un peligro militar directo contra Estados Unidos ha sido vendida a muchos ingenuos para ocultar el verdadero peligro que los sandinistas representan". Este "peligro" -precisaba- es que "inspirados, ayudados y armados desde Managua, surgirían por toda América Latina fuertes movimientos de liberación nacional que lleven al Continente a convertirse en un inmenso campo insurreccional".

"Tal vez ahora -continuaba Chamorro su argumentación- la mención absurda de que Nicaragua pueda convertirse algún día en una amenaza militar para los Estados Unidos, pueda cobrar cierto aire de seriedad. Tarde o temprano, en veinte, treinta o menos años, Centro América iría sucumbiendo de una u otra forma a la dominación comunista. México no tiene por qué ser una excepción. Aun hoy día es el país más apto para caer". Y si esto sucediera, comentaba el periodista, "la OTAN no estará en Europa, estará en San Antonio, Texas".

La negociación sería aceptable, dice Chamorro. Pero debería ser una negociación no sólo sobre la seguridad de los Estados Unidos, sino para lograr la "muerte política" de los sandinistas. Naturalmente -según él- esto no lo aceptarían nunca los sandinistas: sería "el fin de su proyecto internacionalista y expansionista".

Insistía Chamorro en que "los sandinistas no tienen ninguna razón o motivación para negociar, ya que la contrarrevolución está derrotada porque el presidente Ronald Reagan no ha podido ni podrá, debido a la oposición del Congreso, dar una ayuda efectiva para que esa resistencia armada sea verdaderamente efectiva". Se supone, naturalmente, que la "efectividad" consiste en el derrocamiento del gobierno de Nicaragua.

Y como una advertencia, dice el co-director de La Prensa. "Daniel Ortega piensa conseguir la eliminación total y definitiva de la contrarrevolución a cambio de la promesa de no ser una amenaza militar ni para Estados Unidos ni para sus países vecinos, de no instalar bases militares soviéticas y devolver a los asesores militares cubanos. Con esto lograrían su consolidación y el camino libre para llevar a cabo sus planes expansionistas por otros medios no militares, pero no por eso menos peligrosos y efectivos", concluye Chamorro.

Este artículo sorprendió a muchos analistas políticos: por fin, los editores de La Prensa, que habitualmente evitaban declaraciones comprometidas expresaban abiertamente sus posiciones . Durante mucho tiempo, delegaciones extranjeras que visitaban La Prensa trataron inútilmente de que sus editores revelaran claramente sus posiciones, pero las preguntas que les hacían eran siempre respondidas cuidadosamente con evasivas o con frases ambiguas sujetas a muchas interpretaciones. El artículo de Chamorro marcaba, por fin, la línea divisoria, el antes y después en la larga saga de La Prensa. No era un secreto para los editores del periódico que este artículo equivalía a un aprueba de complicidad, con el enemigo en tiempos de guerra. Más grave aún, el artículo estaba dirigido a influir en el Congreso norteamericano durante un período crucial, cuando éste estaba discutiendo sobre los fondos para derrocar al gobierno del propio país del autor.

Por todo esto, a nadie podía asombrar que al día siguiente de que la Cámara de Representantes aprobara los $100 millones para el derrocamiento del gobierno de Nicaragua, el gobierno de Nicaragua afirmara que el voto del Congreso era una "declaración de guerra" y anunciara la "suspensión por tiempo indefinido" del diario La Prensa. La medida fue una respuesta directa al voto de Washington y el gobierno declaró que respondía a planes previamente acordados. En el comunicado oficial, puntualizaba que si Washington deseaba la reapertura de La Prensa debía detener la guerra, reiterando que l Estado de Emergencia cesaría cuando cesara la guerra de agresión. El Presidente Daniel Ortega insistió en que su gobierno no estaba haciendo nada más que lo que hace cualquier gobierno en tiempos de guerra, y que incluso estaba haciendo menos, poniendo como ejemplo las medidas restrictivas tomadas por el gobierno de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Una medida con varios mensajes

El mensaje enviado al gobierno de Estados Unidos fue éste: si el Congreso norteamericano declara el hecho la guerra a Nicaragua no puede esperar seguir teniendo un vocero político al interior del país. Nicaragua no iba a aceptar más ese chantaje. El mensaje para Europa occidental era éste: no se puede esperar que una nación víctima de la guerra actúe como si estuviese en paz . La Dirección Nacional del FSLN declaró que hasta ese momento el Estado de Emergencia decretado a causa de la guerra se había aplicado con excesiva flexibilidad, pero que desde aquel momento se aplicaría ya estrictamente. Existían las bases legales y morales para actuar con firmeza y no se había recurrido a ellos. Ahora, eran los Estados Unidos los que habían forzado a nuevas reglas de juego.

La reacción europea frente a la suspensión de La Prensa fue realmente poco severa. El gobierno sueco calificó la medida de lamentable, pero admitió que era comprensible, declarando que estaba más interesado en el fallo de la Corte Internacional contra los Estados Unidos.

El gobierno nicaragüense tenía también un argumento interno, que fue elemento clave en la decisión. No tomar ninguna medida contra La Prensa en los momentos en que la superpotencia enemiga multiplicaba por cuatro los fondos para continuar la guerra, hubiera sido pedir demasiado a un pueblo que conoce de la complicidad del diario con esta situación. ¿Hasta cuándo dejar que el pueblo observara impotente estos hechos? Por esta misma razón de "ética de guerra", ningún periódico financiado directamente por Berlín o los mismos despachos de prensa de los nazis estaban permitidos en Estados Unidos o en Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial.

Se podría erguir que la medida fue exagerada, porque La Prensa había perdido a muchos de sus lectores en los últimos años y que como válvula de escape de la propaganda opositora no representaba ya una amenaza real, no restaba ya apoyo popular al gobierno sandinista o al proyecto de defensa. Aunque esto es cierto, no es éste el punto. Durante la II guerra los periódicos nazis tampoco tenían mucho público ni en Estados Unidos ni en Gran Bretaña. A pesar de eso, no es difícil admitir que resulta muy duro pedir de los solados y de los civiles que asuman el sacrificio de entregar sus vidas y de soportar escasez y dificultades, mientras algunos traidores, financiados abiertamente por la potencia enemiga, tratan de socavar todos estos esfuerzos .

Después de la declaración de guerra norteamericana, el gobierno nicaragüense inició conversaciones con los partidos políticos para la conformación -propuesta inicialmente por algunos partidos opositores- de un "Frente Anti-Intervencionista", en el que se unan todos los partidos políticos opuestos a la agresión norteamericana. El 2 de agosto, en los 8 puntos de la Propuesta de Chicago, hecha en un encuentro de 200 dirigentes de la "Operación Push", del grupo liderado por el Reverendo Jesse Jackson, el Presidente de Nicaragua invitó a los propietarios de La Prensa "a que ajusten su comportamiento dentro del marco legal institucional y a que rompan sus vínculos con quienes dirigen y financian la guerra de agresión en contra la nación nicaragüense", proponiendo que si esas condiciones se daban, sería reconsiderada la medida temporal que les ha sido aplicada".

Porque es temporal la medida aplicada a La Prensa, el gobierno no ha dado ningún paso para incautar u ocupar las dependencias del periódico. Aunque otros elementos de la oposición derechista nicaragüense recibieron bien los contenidos de la Propuesta de Chicago y aunque no es mucho pedir a la oposición el ser, por lo menos, anti-intervencionista, los propietarios de La Prensa y sus editores declararon ya a algunas delegaciones extranjeras que nunca aceptarían los contenidos de la Propuesta de Chicago.

¿Por qué el suicidio?

La pregunta que surge ante todo esto, la pregunta de fondo es: ¿qué fue lo que llevó a La Prensa a suicidarse? la decisión de Jaime Chamorro de liquidar su periódico haciendo abierto cabildeo en Washington a favor de los contrarrevolucionarios parece ser la conclusión inevitable a la que llegó después de seis años de sostenidos esfuerzos para contribuir al derrocamiento del gobierno sandinista, aunque quizás no supiera entonces que, al actuar así, ya estaba poniendo en marcha su suicidio.

Para entender esto hay que tener en cuenta que La Prensa, desde el tiempo en que cayó en manos de su sector derechista en 1980, nunca tuvo un proyecto político. Ni lo tuvo La Prensa ni tampoco lo tuvieron sus aliados políticos, los partidos de la Coordinadora que jamás pudieron articular un programa político con el que convocar a una porción importante del pueblo nicaragüense. Muchos de estos aliados estaban únicamente interesados en recobrar la posición social que habían tenido en el pasado.

"Pedro Joaquín Chamorro fue uno de los pocos miembros de la antigua burguesía conservadora que entendió realmente lo que estaba pasando en este país con la clase trabajadora, con el campesinado y los estudiantes, uno de los pocos que alcanzó a ver que la vieja sociedad paternalista se desmoronaba", decía un miembro del sector izquierdista del Partido Liberal Independiente, hablando del director de La Prensa, asesinado por Somoza en enero de 1978. "La gente que vino detrás de él hablaba únicamente de su antiguo club, de sus vacaciones en Londres y en París, de sus viajes de compras a Miami. Ninguno de ellos tenía la más mínima perspectiva política".

Después de siete años de revolución sandinista, esta situación no cambiaba. Cuando la derecha asumió el control del periódico en 1980, no tenía otro proyecto que el de esperar y preparar el camino para que los Estados Unidos acabara con el régimen sandinista. Aunque esto no era un proyecto político, si les hizo tener una perspectiva, que incluso asumieron con demasiado optimismo.

La Prensa y el resto de la oposición pro-norteamericana subestimó tanto al pueblo de Nicaragua como al Frente Sandinista. Subestimaron, como lo subestimaba el gobierno norteamericano, el compromiso popular con la revolución. Nunca se imaginaron que el poder revolucionario durara tanto y se consolidara tanto. (Un artículo del 4 de agosto en The Washington Post informaba a sus lectores que esto era exactamente lo que estaba pasando con la juventud nicaragüense. El artículo citaba a un funcionario norteamericano en Centroamérica: "Se nos hizo demasiado tarde", dijo, cuando habló de los intentos de desalojar a los sandinistas del poder).

Cuando la derecha opositora nicaragüense vinculada a la Embajada norteamericana pensaba que el pueblo dejaría pronto de apoyar al FSLN, hacía una apuesta errónea, como la que hacía la Administración norteamericana, calculando cuánto tardarían los norteamericanos en derribar al gobierno de Managua. Como resultado de estas apreciaciones, La Prensa y la oposición ultraderechista nunca trataron de funcionar dentro del nuevo sistema político, como lo hace toda fuerza de oposición, a la que corresponde, al menos durante un tiempo, el jugar precisamente ese papel: oponerse al gobierno dentro de las reglas del juego.

La Prensa no lo hizo. Despreció o simplemente ignoró cualquier fuerza de oposición de derecha que intentara adaptarse al sistema político, contribuyendo con esta actitud extremista a desarticular más todavía a la ya dividida oposición nicaragüense. Cuando las autoridades norteamericanas empezaron a ver que el derrocamiento de los sandinistas no sería tan fácil como ellos habían pensado y los cerebros del Pentágono optaron por una larga "guerra de baja intensidad", la "solución norteamericana" apareció más y más como una solución con resultados no inmediatos. Ante esto, se hizo claro que los opositores pro-norteamericanos de Managua no habían trabajado más que para cavar su propia tumba.

La circulación del diario La Prensa

Hay que tener en cuenta que el diario La Prensa ha tenido durante mucho tiempo mayor influencia en el exterior que en Nicaragua. A comienzos de 1982, La Prensa y Barricada (órgano oficial del FSLN), competían más o menos nivelados en el tiraje y circulación, según datos de ambos diarios. En 1983 ya era claro que Barricada había sacado ventaja a La Prensa. Las estadísticas de los propios diarios en este tiempo hablaban de una circulación de 75 mil para La Prensa y de 30 mil para El Nuevo Diario, tercer periódico del país.

La Prensa, aunque discutió estas cifras, admitió que habían sido aventajados por Barricada, argumentando que esto se debía a la tardanza en la salida del diario impuesta por la censura previa, que afectaba su venta en Managua. Barricada atribuyó su crecimiento, entre otras cosas, al hecho de que muchos de sus lectores estaban entre los que habían aprendido a leer en la Cruzada de Alfabetización y el periódico había ido adaptándose a esta situación en su formato y en sus artículos, presentado sólo notas cortas en la primera página y artículos más extensos en el interior.

Por éstas u otras razones, Barricada continuó aumentando su circulación, mientras que La Prensa se estancaba. A finales de 1984 y principios de 1985, los estimados eran: Barricada, 90 mil; La Prensa, 55-60 mil y El Nuevo diario, 40 mil. A comienzos de 1986, Barricada seguía al frente con 105 mil ejemplares y El Nuevo Diario afirmaba que estaba convirtiéndose en el segundo diario en circulación del país. Desde entonces, La Prensa se negó a facilitar más datos sobre su circulación, aduciendo que la censura la estaba matando lentamente, pues la gente no encontraba ya nada interesante que leer en sus páginas.

Ciertamente, los datos acerca de la circulación de estos tres periódicos son imposibles de verificar, aunque hay algunas aproximaciones. Por ejemplo, un embarque de papel de impresión que llegó a Nicaragua en los primeros meses de 1986 traía 800 toneladas de papel para Barricada, 700 para El Nuevo Diario y 500 para La Prensa. Ya que por el racionamiento de papel, todos los periódicos tienen derecho a un mismo número de páginas a lo largo de la semana, estos datos pueden servir como un cierto índice sobre la circulación de los tres diarios. En abril de 1986, niños voceadores de periódicos de dos puntos céntricos de Managua -Plaza España y Plaza 19 de Julio- informaban que cada uno de ellos vendía diariamente 40 ejemplares de Barricada, 40 de El Nuevo Diario y 20 de La Prensa.

A pesar de su descenso de circulación en Nicaragua, la influencia de La Prensa continuó creciendo en el exterior y particularmente en Washington, haciendo que el diario apareciera ante algunos como un peligro real para la revolución sandinista. Una visita a La Prensa era estación obligada para cualquier delegación de congresistas norteamericanos que viniera a Nicaragua, aunque éstos estuvieran en el país tan sólo por unas horas. Después, estos congresistas daban invariablemente una rueda de prensa en Managua, en la que repetían los argumentos escuchados a los directivos de La Prensa y expresaban el choque que en ellos habían causado estas informaciones. Aun cuando los periodistas de los más importantes diarios norteamericanos acreditados en Nicaragua cuestionaran con datos estos puntos de vista, la Prensa los "convencía". Aunque es cierto que muchos de los Congresistas se han aproximado a Nicaragua con una mentalidad francamente colonialista y ansiosos de ser convencidos de la maldad del gobierno sandinista, no puede desestimarse el papel que jugó La Prensa a lo largo de estos años para enemistar a algunos círculos políticos de Washington con el gobierno de Nicaragua.

Tres acontecimientos clave en la historia post-revolucionaria del diario La Prensa

Existen tres acontecimientos clave en la historia post-revolucionaria de La Prensa. A comienzos de 1980, nueve meses después de la caída de Somoza, la mayoría de los dueños de La Prensa forzó al director del periódico -hermano de Pedro Joaquín Chamorro- y al 80% del equipo editor a abandonar el diario, para llevar a éste de posiciones de apoyo a la revolución a posiciones que podían calificarse ya en aquel momento de ultra-derechistas.

Dos años después, en 1982, después de los sucesos ocurridos en la Costa Atlántica durante la llamada "Navidad Roja", después de las revelaciones hechas en Estados Unidos sobre la entrega por la Administración Reagan de $19 millones para el derrocamiento del gobierno sandinista y después de la voladura de dos puentes estratégicos por los contrarrevolucionarios financiados por Estados Unidos, el gobierno de Nicaragua estableció el Estado de Emergencia, que incluía la censura previa a todos los medios de comunicación del país.

Cuatro años después, The Washington Post publicaba el artículo de Jaime Chamorro y el gobierno nicaragüense suspendía indefinidamente La Prensa.

Al mimo tiempo, tres campañas de La Prensa revelan con claridad la determinación del periódico de destruir cualquier forma de oposición independiente de los lineamientos de la Embajada norteamericana. El primero, la salida del director y de la mayor parte del equipo en 1980 para dar espacio a una oposición que había decidido situarse al margen del sistema. En segundo lugar, el apoyo dado a grupúsculos del Partido Conservador que boicotearon las elecciones de 1984 y la censura impuesta contra los conservadores que sí participaron en los comicios. Finalmente, el esfuerzo hecho para probar que las elecciones de 1984 habían sido fraudulentas y que sólo los partidos que se abstuvieron de participar en ellas eran la "verdadera oposición".

La salida de Javier Chamorro

A finales de los años 70, cuando los sandinistas estructuraron las fuerzas que habrían de destruir la dictadura somocista y condujeron la insurrección popular, Pedro Joaquín Chamorro, director de La Prensa, miembro de una de las más ricas y poderosas familias de Nicaragua, hizo de su periódico una pieza clave en la lucha contra la dictadura. Somoza mandó asesinar a Chamorro en enero de 1978, pero su hermano Javier, el nuevo director del periódico, continuó en las misma línea y profundizó las posiciones revolucionarias del periódico, manteniendo durante la lucha insurreccional estrechas relaciones con el FSLN. Aunque el periódico no fuera precisamente un modelo por su calidad y estilo periodístico -aun bajo la dirección de Pedro Joaquín, el diario era muy sensacionalista y estaba sobrecargado de relatos de homicidios, violaciones, accidentes automovilísticos y naturalmente, de fotos de los cadáveres de los jóvenes sandinistas asesinados por la Guardia- hubo hasta propuestas de convertirlo en el periódico oficial de los sandinistas una vez que estos alcanzaran el poder.

A comienzos de 1980, gran parte de la burguesía nicaragüense que había acariciado esperanzas de poder controlar a los jóvenes sandinistas, inexpertos en política, comenzó a irse del país o a integrarse en la oposición. Tres de los cuatro dueños de La Prensa votaron en ese momento por pasar a la oposición, conduciendo el periódico según una marcada línea de derechización política. Javier, entonces director, se opuso a este intento, con el apoyo de la mayoría de los redactores.

La lucha por el control del periódico fue el momento en que pudo nacer en Nicaragua un periódico independiente. Si entonces hubiera pasado la propiedad del periódico a una cooperativa de trabajadores con capacidad de elegir a sus directores y fuera del control habitual que de los medios de comunicación tienen los sectores sociales más ricos, se hubiera logrado esto.

Sin embargo, el camino seguido por Javier Chamorro y el 80% del equipo de La Prensa fue el de trasladarse a otro local en la misma calle para fundar un nuevo periódico. Esta decisión tuvo el inevitable efecto de acelerar el giro de La Prensa hacia la derecha. Por otra parte, puso a prueba el compromiso sandinista de dar espacio no sólo a una prensa independiente sino a una prensa opositora. El Vicepresidente Sergio Ramírez señaló años más tarde que los partidos opositores y la prensa de oposición eran esenciales para que un gobierno actuara con honestidad y eficacia, añadiendo que La Prensa no fue nunca realmente un periódico opositor en el sentido de que representara los intereses de la oposición, sino más bien que fue un medio influido muy directamente por algunas personas que estaban en la oposición, situación que marca diferencias en los resultados informativos.

Un tema de permanente especulación ha sido éste: si Pedro Joaquín Chamorro viviera, qué posición habría adoptado ante este conflicto en su propio periódico. Muchos creen que él era la única persona de la burguesía con suficiente perspectiva y prestigio como para mantener a La Prensa como un diario independiente que apoyara críticamente a la revolución.

Reynaldo Antonio Tefel, amigo cercano de Chamorro y su compañero de prisión, ha contado en distintas ocasiones cómo en enero de 1978 Pedro Joaquín se estaba preparando para integrarse al Grupo de los Doce -que luego se extendió a Quince-, un grupo formado por prominentes personalidades del mundo profesional, académico religioso que apoyaron abiertamente al FSLN desde fines de 1977 y que fueron un factor clave en el apoyo que algunos sectores de la clase media y de la burguesía dieron a la revolución sandinista.

Chamorro había hecho contactos para encontrarse con el Grupo de los Doce en México, pero fue asesinado antes de que ese encuentro tuviera lugar. Prácticamente todos los miembros del Grupo de los Doce, entre los que están Sergio Ramírez, Miguel D'Escoto, Fernando Cardenal, Carlos Tünnermann, Casimiro Sotelo, Roberto Argüello, Ricardo Coronel y el mismo Téfel ocupan actualmente puestos de gran responsabilidad en el gobierno nicaragüense. (Arturo Cruz, que llegó a admitir al Wall Street Journal en mayo de 1985 que había recibido fondos de la CIA, aun antes de vincularse a los contrarrevolucionarios, es el único miembro de los Doce que está hoy en la oposición al gobierno sandinista).

Actualmente, todos hasta los miembros de su propia familia, dividida irremediablemente, reclaman el nombre de Pedro Joaquín Chamorro como una bandera. Su hijo, Carlos Fernando, es el director del diario Barricada, del FSLN. Su hermano Javier dirige El Nuevo Diario y su otro hermano Jaime dirigía La Prensa hasta que ésta fue suspendida. Otro hijo de Pedro Joaquín, el que lleva su mismo nombre, vive en Costa Rica y desarrolla una intensa actividad política a favor de los contrarrevolucionarios, mientras que su hija Claudia es la embajadora de Nicaragua en Costa Rica.

Pedro Joaquín hubiera sido la única persona con suficiente prestigio como para alejar a la oposición de derecha de la influencia de Estados Unidos y para hacerle entender lo que ellos han rechazado o han sido incapaces de ver: que la realidad nicaragüense muestra que habrá siempre espacio para una oposición independiente, para una oposición al sandinismo si ésta sabe ser también oposición al imperialismo norteamericano. El gobierno sandinista no mantiene ese espacio porque los socialdemócratas europeos lo presionan en ese sentido. Si los socialdemócratas europeos desaparecieran mañana, el gobierno de Nicaragua mantendría la economía mixta, porque el bajo nivel de desarrollo de la economía nicaragüense así lo requiere. Mantendría el pluralismo político porque aquellos que tienen poder económico en una economía mixta tienen inevitablemente poder político. Y mantendría el no-alineamiento porque, como pequeña nación, Nicaragua para mantener su independencia, debe mantener abiertos todos los caminos .

Las revoluciones no se construyen únicamente sobre la ideología sino sobre la necesidad: esto es algo que los sandinistas han entendido desde el comienzo. Es por eso que en las elecciones de 1984 dieron escaños a todos los candidatos presidenciales de todos los partidos, independientemente de los votos que hubieran obtenido, elevando así de rango a todos los opositores en el proceso político y aumentando su participación en él. con este mismo objetivo, y al etilo de algunos países de Europa occidental, usaron el sistema de representación proporcional. Por él, los partidos pequeños obtuvieron muchos más escaños que los que habrían tenido de adoptarse el sistema norteamericano.

Algunos partidos europeos trataron de que sus homónimos en Nicaragua se aprovecharan políticamente de esta voluntad de coexistencia. Así, miembros del sector más derechista de la Democracia Cristiana de la RFA (Unión socialcristiana de Strauss) instaron repetidamente al Partido Socialcristiano de Nicaragua a que participara en las elecciones de 1984. "Es claro que ahora ustedes no tienen ninguna oportunidad de ganar -les dijeron-. Ustedes no tienen suficiente apoyo popular, pero por eso mismo tienen que echarse al ruedo y luchar en las elecciones como nosotros lo hicimos. Estuvimos haciendo oposición durante años, peleamos y peleamos y hoy estamos en el poder". Estas recomendaciones fueron inútiles: los socialcristianos nicaragüenses prestaron más atención a los consejos de la embajada norteamericana y boicotearon las elecciones.

El legado del somocismo y de la intromisión del gobierno norteamericano en la política nicaragüense fue la división y la atomización de los partidos políticos de Nicaragua, que llegaron a ser una especie de "partidos de sofá": el congreso de estos partidos se podía celebrar teniendo sólo por escenario un sofá: todos los miembros del partido cabían ahí. La Prensa, reorganizada en 1980 con un equipo derechista, profundizó más esta debilidad histórica.

Abandonando del todo la idea de trabajar desde la oposición legítima y dentro del sistema político establecido con el cambio revolucionario, pronto comenzó La Prensa a publicar artículos sensacionalistas cuyo objetivo era atentar contra ese sistema, utilizando para ello los medios más variados de la propaganda. Se publicaron, por ejemplo, noticias alarmantes sobre la carestía de algunos productos básicos. Y la alarma produjo el acaparamiento y creó la carestía que no existía antes. (Este tipo de noticias fue tenida en cuenta en el momento de institucionalizar la censura por motivos de guerra en 1982). Noticias sobre apariciones de la Virgen María, sobre predicciones de horribles catástrofes naturales o sobre mujeres que daban a luz monstruos eran presentadas en el diario como presagios de un fin del mundo que se identificaba con los cambios revolucionarios.

En 1982 La Prensa informó que una imagen de yeso de la Virgen María sudaba como si estuviera viva. Durante varios días el periódico ofreció detalles del extraordinario acontecimiento, hasta que por fin se descubrió que todo era un vulgar fraude. (Recientemente, el promotor de esta historia, a la que La Prensa dio tanta publicidad, fue apresado por robar en barrios residenciales de Managua).

En 1984 el periódico informó acerca de una mujer que había dado a luz a un pollo. En las páginas del diario apareció una foto del pollo, indicando que pesaba dos libras y que tenía plumaje blando y negro. La mujer que había protagonizado tan sorprendente hecho estaba confundida y no había podido ser fotografiada, pero el periódico retrató a una vecina, quien dijo ser testigo del suceso. Son sólo algunos ejemplos de un reiterado estilo informativo, de muy dudosa honestidad.

Algunos políticos opositores -que no quieren ser nombrados- han denunciado estas informaciones como un medio de crear un estado de histeria entre los sectores más pobres y poco cultivados del país. En opinión de estos políticos, La Prensa nunca fue realmente un diario de oposición porque no supo crear el espacio para un debate político serio, como era el deseo de los sectores de oposición no vinculados a la Embajada norteamericana. La óptica de La Prensa, expresada reiteradamente, fue que no existía ningún espacio de oposición a los sandinistas. Pero eran ellos los que no lo dejaban existir. Ellos negaron este espacio a cualquier político de oposición que pensara que sí lo había.

El "fraude electoral" según La Prensa

A menudo, La Prensa cayó en el ridículo en busca del objetivo por el que luchaba. En las elecciones de 1984, se dio el ejemplo más claro. La Prensa no sólo dejó de dar cobertura a las actividades de los partidos de derecha que participaron en las elecciones, sino que rehusó aceptar anuncios pegados de ninguno de ellos, aun cuando se tratara de los dos partidos que agruparon tradicionalmente a la oligarquía y burguesía nicaragüense: los conservadores y los liberales. Tampoco aceptó La Prensa hasta los ultimísimos días de al campaña, la publicidad del Consejo Supremo Electoral, que indicaba los lugares en donde se realizarían las votaciones. De hecho, todas las informaciones referidas a las elecciones tenían la intención de ridiculizar a los partidos que tomaban parte en ellas. Así, La Prensa publicó un artículo particularmente duro contra Virgilio Godoy, candidato presidencial por el partido Liberal Independiente, para cambiar del blanco al negro su opinión unas semanas después haciendo de Godoy el mayor de los héroes cuando el dirigente liberal anunció en el último momento que su partido se abstenía de ir a las elecciones.

El día siguiente a las elecciones el titular de La Prensa era: "Votación bajo gran apatía", refiriéndose a un número de votantes que llegó a ser del 75.42% sobre el número de inscritos. Este titular provocó que Jonathan Steele, director del periódico británico The Guardian escribiera: "Resulta increíble el burdo partidismo de La Prensa", señalando que algunos países de Europa presumirían de una participación tan grande como la que se había dado en Nicaragua.

Unos meses más tarde, el 22 de abril de 1985, La Prensa publicó un amplio artículo de primera página, en donde el director del periódico denunciaba que las elecciones habían sido un "fraude". El argumento era que resultaba imposible que 1.551.597 personas hubieran votado en las elecciones -cifra oficial- porque no había tantos adultos en Nicaragua. En opinión de La Prensa los datos habían sido inflados en por lo menos 400 mil votos.

Si esto hubiera sido cierto, que más de un cuarto del total de los votos contabilizados hubieran sido falsos, La Prensa hubiera podido ir más allá probando tal acusación. Un fraude tan colosal puede probarse, al menos presentando pruebas sobre algunos casos ilustrativos. Hubiera bastado que La Prensa consultara las listas de votantes, que estuvieron al alcance de todos en los lugares de votación, para encontrar en ellas los nombres de votantes inexistentes, ya muertos o que no vivían en los lugares en donde aparecieron. En todo el mundo son usadas pruebas de este tipo para desacreditar cualquier elección. En los Estados Unidos, por ejemplo, cuando se ha intentado probar un fraude, se han fotografiado lápidas funerarias con los nombres de "votantes" que aparecían en las listas o se ha ido a los barrios bajos de una ciudad para fotografiar los escombros de lo que fue un edificio de apartamentos, poniendo al lado los nombres de las personas que allí vivieron y que aparecían censadas en ese lugar de votación ya destruido.

En Texas o en Nueva York se denuncian así tales fraudes. Pero la Prensa no fue capaz de aportar ninguna prueba de este estilo. Si lo hubiera hecho, estas fotografías hubieran dado la vuelta al mundo apareciendo en la primera plana de muchos periódicos. La incapacidad de encontrar ninguna prueba más elocuente de la gran honestidad que acompañó todas las fases del proceso electoral nicaragüense.

Así, sin ninguna prueba concreta del fraude, el periódico se vio forzado a recurrir a estratagemas estadísticas: "estimaciones" propias sobre cuánta gente vivía en Nicaragua que tuviera 16 años o más, basadas en proyecciones propias sobre el censo de 1971, que diferían en mucho de las estimaciones del muy profesional Centro Demográfico Latinoamericano de las Naciones Unidas, CELADE ; un "cálculo" también propio, sobre cuánto tiempo se tardaba en votar y otra "Estimación", contradicha por anteriores noticias del propio diario, sobre cuánta gente se inscribió para votar, armaban la denuncia. En su artículo, por ejemplo, La Prensa afirmó que sólo el 80% de la población apta para votar se inscribió, aun cuando anteriormente el propio diario se atribuyó la "responsabilidad política" de conseguir que se hubiera inscrito el 93.7% de los ciudadanos capaces de voto, cifra que, por otra parte, era la que habían confirmado los asesores suecos del Consejo Supremo Electoral de Nicaragua. Partiendo de "cálculos" así de contradictorios se concluía un fraude hecho con nada menos que 400 mil votos falsos. Sumando a todos los que no votaron soldados que estaban combatiendo, enfermos, personas que no tuvieron transporte, y a los que apoyaron las posiciones abstencionistas de los 3 partidos de la Coordinadora, La Prensa llegaba a estos resultados: el FSLN había obtenido el 29.17% de los votos reales y los abstencionsitas habían "ganado" las elecciones con un 33.12%.

El artículo, obviamente dirigido a presentar a la Coordinadora como la representante de la voz del pueblo, fue desdeñado incluso por los corresponsales de medios de prensa norteamericanos que están inclinados a dar crédito a las afirmaciones de la Coordinadora. Otros, teniendo en cuenta que todos los partidos tuvieron posibilidad de tener fiscales en las mesas de votación, que hubo observadores extranjeros en todo el proceso electoral y que los asesores del gobierno sueco participaron en la organización de las elecciones, encontraron increíble el artículo de La Prensa.

A pesar de esto, La Prensa continuó presentando sus "conclusiones" a las delegaciones extranjeras que visitaban el periódico. Con resultados entre algunos, pues un grupo de representantes del Congreso norteamericano, que visitó Nicaragua tan sólo durante 5 horas se declaró convencido por los argumentos de La Prensa y dos de los representantes anunciaron que, basándose en ese estudio, votarían en favor de la ayuda a los contras.

Parciales ante los conservadores

En 1984, Miriam Argüello, prominente miembro del Partido Conservador Demócrata y ex-embajadora en Naciones Unidas durante el somocismo, ocupó las oficinas de su Partido, cerró con candado las puertas y declaró expulsados a todos sus adversarios en el partido. La Prensa no ocultó su simpatía por esta decisión, que iba claramente dirigida a lograr que los conservadores se abstuvieran en las elecciones, tal como les habían aconsejado los Estados Unidos. Aunque era la mayoría de los conservadores la que resultó expulsada del Partido, La Prensa no les dio ninguna oportunidad para expresarse.

Cuando los "expulsados" recurrieron a la Corte Suprema, que finalmente falló en el caso considerando ilegal el procedimiento de Argüello, La Prensa denunció vigorosamente la decisión judicial. "Es la primera vez en la historia nicaragüense -dijo- que un juez interviene en los asuntos internos de un partido político. Cuando los "expulsados" recuperaron el control de las oficinas partidarias y convocaron una conferencia de prensa, un periodista de La Prensa acudió, pero abandonó la sala cuando uno de los dirigentes conservadores expresó que La Prensa nunca les preguntaba ni tenía en cuenta su versión de los hechos. "¡Desde hace mucho tiempo -dijo- La Prensa no es el gran periódico que dirigió el mártir Pedro Joaquín Chamorro!". Al día siguiente, el diario no informó nada sobre esta conferencia de prensa, aun cuando tuvo suficiente espacio para dedicarlo a la historia de la mujer que había parido un pollo....

Un diario ni independiente ni moderado

Durante años, La Prensa se autocalificó ante los visitantes extranjeros como un periódico "independiente" y se esforzó en dar la impresión de ser un órgano de prensa moderado o, según quienes le escuchaban, de un medio de comunicación liberal. Internacionalmente, La Prensa, más que un periódico que se leía, era una imagen que se tenía. Como muchos de los visitantes extranjeros de Nicaragua no podían leer en español y otros ni siquiera estaban en el país para seguir habitualmente la publicación el diario seguía mantener una imagen de periódico centrista y responsable.

Pero La Prensa no era un periódico independiente. Era el gobierno de Estados Unidos quien lo financiaba. Tampoco era moderado. La propia Administración Reagan -considerada internacionalmente como bien poco moderada- participaba en el periódico, pues funcionarios de la Embajada norteamericana en Managua asistían a los consejos editoriales.

El resultado de esta dependencia y falta de moderación fue una situación realmente inusual para un país en guerra: un diario nacional que diariamente mantenía una información internacional en todo contraria a la política internacional del gobierno de su país. En otros países en guerra -aun en guerras de menor importancia que la que afronta Nicaragua- los periódicos apoyan con su información internacional la política exterior de su gobierno. Durante la II Guerra Mundial, por ejemplo, la prensa norteamericana informaba favorablemente sobre la Unión Soviética, aliada de Estados Unidos contra los nazis. Y en la Guerra de Corea, los artículos que informaban sobre la corrupción del gobierno surcoreano eran censurados en la prensa de Estados Unidos. Pero La Prensa actuaba de muy distinta manera: apoyaba toda la política internacional de la Administración Reagan. Y lo que es más grave: la apoyaba en su boicot efectivo contra Contadora y en sus conflictos bilaterales con los países latinoamericanos de Contadora que intentaban mantener su independencia frente a los Estados Unidos.

En el momento de su suspensión temporal, La Prensa, aun cuando ya estuviera afectada por la censura previa motivada por la emergencia de guerra, no era otra cosa que "un periódico norteamericano publicado en Nicaragua". En medio de la guerra, daba especial cobertura a eventos como la elección de Miss América. Por este estilo la información llegó a convertirse en un periódico tan derechista o pro-norteamericano como lo son muchos otros diarios en América latina o en los propios Estados Unidos, incluyendo el Diario de las Américas, periódico de los exiliados cubanos en Miami o el Washington Times, controlado por la Secta Moon.

Las noticias del último mes

Un análisis de los contenidos informativos de La Prensa en su último mes de publicación, del 25 de mayo al 25 de junio de 1986, da suficientes bases a esta afirmación.

Calificar a La Prensa como un "periódico norteamericano" está de sobra justificado, por ejemplo, por el tratamiento que el diario daba a la información latinoamericana. La perspectiva norteamericana siempre predominó sobre la latinoamericana.

Cuba, por supuesto, es el país latinoamericano del que más habló el diario. 39 noticias acerca de esta nación, son seguidas por 17 sobre Argentina y 17 sobre Perú en este último mes. Los cables y reportajes de orientación más coherentes con la línea de la Administración Reagan son los que se usan para describir la situación en estos países.

Del Perú se habla sólo en dos sentidos: la represión armada anti-terrorista por un lado y el terrorismo senderista por el otro. La Prensa elude las noticias sobre la nueva política exterior del gobierno peruano y sobre un activo papel en el Grupo de Apoyo a Contadora.

México, otro país que ha "molestado" a Estados Unidos por el decisivo papel que ha jugado en Contadora, es tratado en La Prensa con una notable falta de criterios. El país es presentado como dependiente de la generosa ayuda de los Estados Unidos para poder pagar su deuda externa. En el último mes, La Prensa se hizo eco con gran despliegue de las acusaciones anti-mexicana aparecidas en la prensa de los Estados Unidos.

La falta de perspectiva latinoamericana se puede apreciar sobre todo en el tratamiento que da el diario a la iniciativa de paz de Contadora. Al inicio del período analizado, cuando tanto se informó en el mundo sobre el "plazo fatal" del 6 de junio, sobre el ultimátum a Contadora, La Prensa presentó siempre el Acta como lista para ser firmada, aun cuando en Managua se informaba en detalle sobre los puntos trascendentales que aun faltaban por ser acordados entre los mismos centroamericanos. Cuando, día más tarde, Nicaragua rompió el impasse de Contadora y reveló la falsedad del ultimátum con su propuesta sobre temas militares, los países centroamericanos aliados de Estados Unidos y el Pentágono advirtió que Contadora podía ser una "nueva Yalta".

Fue entonces cuando La Prensa empezó a publicar artículos cuestionando el papel de Contadora, haciendo ver que la iniciativa estaría favoreciendo el comunismo, proponiendo otras alternativas y sugiriendo que las cosas irían mejor sin Contadora no existiera. Las informaciones que creaban escepticismo sobre la iniciativa latinoamericana aparecían destacadas en primera página y con grandes titulares. Las que aclaraban más a fondo la situación y las propias versiones de la Cancillería nicaragüense eran silenciadas. Tan sólo una apareció en letra pequeña y en páginas interiores.

Por otra parte, La Prensa ha dado un continuo seguimiento a la política de la Administración Reagan en El Salvador, tratando de reforzar la imagen de una "simetría" entre las guerras que se libran en ambos países, ignorando el elemento de agresión externa que caracteriza a la guerra en Nicaragua. Durante el último mes, La Prensa presentó al gobierno salvadoreño como flexible y dispuesto a hallar una solución a la guerra por a vía de las negociaciones. El ejército salvadoreño es presentado como victorioso en los campos de batalla y también resalta La Prensa el papel mediador de los obispos salvadoreños, con la obvia implicación de que los obispos nicaragüenses podrían jugar ese mismo papel en Nicaragua.

Panamá, visto por el gobierno norteamericano como un "jugador descoordinado" en el equipo de Contadora, fue víctima de una campaña de prensa denigratoria organizada directamente por la CIA cuyo principal blanco era el General Noriega, Jefe de las Fuerzas Armadas del país. La Prensa se hizo eco, sin ningún comentario ni ninguna distancia crítica, de esta campaña.

La cobertura de otros temas internacionales no permite tampoco considerar a La Prensa como un periódico equilibrado. En el mes anterior a su suspensión, La Prensa priorizó informaciones sobre Estados Unidos (47 noticias) y sobre la URSS (38 noticias). El 80% de las noticias sobre los Estados Unidos se refieren a su política exterior, mientras que el 80% de las noticias sobre la URSS se refieren a asuntos internos soviéticos.

Entre las noticias acerca de los Estados Unidos predominaron informaciones sobre al lucha de los Estados Unidos contra el terrorismo y en favor de los derechos humanos, destacándose varias informaciones que resaltan la capacidad norteamericana de detectar y quebrar redes de espionaje soviéticos.

La imagen que La Prensa ha ofrecido sostenidamente sobre los Estados Unidos ha tenido siempre algo de idílico: es un país donde se encuentran tesoro, con un estilo de vida confortable, un país de aventura y de opulencia donde nunca aparecen ni la pobreza ni la represión. Si existe el consumo de drogas, se lucha contra él con autoridad moral. Si existen problemas, hay medios civilizados y eficaces para resolverlos. Esta civilización daría autoridad moral a Estados Unidos para combatir los males que se producen en el Tercer Mundo.

En contraste con esta imagen, la URSS es presentada como una sociedad cerrada, carente de las más mínimas libertades, donde abundan disidentes y prisioneros políticos, donde reina el descontento. Se resaltan elementos de inseguridad y desilusión ante el sistema soviético. Y cuando se refiere a La Prensa a la política exterior de la URSS se remarca su apoyo al terrorismo, al espionaje y su opción por la carrera armamentista.

En lo referente a Libia se nota con más claridad que en cualquier otra información internacional la incondicional adhesión de La Prensa a la línea obsesiva de a Administración Reagan. Libia es un país del que se habló permanentemente en este último mes en La Prensa. La imagen que se dibujó en sus páginas del líder libio Khadaffi es terrible: un dirigente que pierde poder, que sufre varias enfermedades, que recluta mercenarios en Europa, etc.

Cualquier analista objetivo, que lea cuidadosamente los 30 ejemplares del periódico en este último mes, verá demostrado en formas y en contenidos el claro alineamiento externo de La Prensa y su falta absoluta de pluralismo político. Aun en la era Reagan muchas publicaciones norteamericanas usan un tratamiento más balanceado al informar sobre la sociedad norteamericana o la soviética o sobre otros temas internacionales. Todos los servicios cablegráficos que empleaba La Prensa eran de agencias de Estados Unidos o de Europa Occidental. (Barricada y El Nuevo Diario, aun cuando tienen sus inclinaciones políticas, emplean despachos de una mayor variedad de agencias, incluyendo las norteamericanas).

Hay que destacar también que en las más diversas ocasiones -ruedas de prensa de ministros nicaragüenses, actos oficiales celebrados en Nicaragua, concentraciones masivas celebradas en este país- La Prensa usaba los cables de las agencias norteamericanas, dando de la propia vida interna de Nicaragua no el reporte de sus propios periodistas sino el punto de vista de los periodistas norteamericanos. La justificación para actuar así ha sido, según ellos, el hecho de estar censurados.

Un ejemplo interesante de la cobertura de temas internos nicaragüenses en el último mes de publicación del periódico es lo referente al debate sobre el aborto. Aunque el tema de la legalización o no del aborto fue ampliamente discutido por el pueblo nicaragüense en los Cabildos Abiertos, en donde todos los que quisieron pudieron hacer aportes al borrador de la Constitución actualmente en estudio, La Prensa, a diferencia de los otros dos diarios, no informó nada sobre estas reuniones, aun cuando en los Cabildos estuvieron involucrados y participaron partidos y sectores e oposición. Pero, como el aborto era un tema que estaba en el ambiente de todos los medios de comunicación, La Prensa también habló del aborto, aunque la información la dio en forma de artículos de opinión que eran fundamentalmente, fuertes denuncias contra el aborto, sin ninguna referencia al debate en marcha. Casi todas las opiniones presentadas fueron de varones, incluyendo la de Ronald Reagan, que se presenta internacionalmente como líder anti-abortista. Ni una sola mujer nicaragüenses tuvo espacio en las páginas de La Prensa para expresar su opinión en este debatido tema.

¿Qué futuro?

Con la decisión de los dueños de La Prensa de abandonar definitivamente las vías de la oposición cívica y de expresar abiertamente su apoyo a la contrarrevolución armada y a la línea Reagan, terminó un capítulo en la historia del diario y comenzó otro. Si los dueños de La Prensa no están de acuerdo con la oferta que se les ha hecho en uno de los puntos de la Propuesta de Chicago, si el periódico no se reabre más, queda abierta esta pregunta: ¿los partidos de oposición no controlados por la embajada norteamericana querrán aprovechar ahora esta oportunidad y crear un periódico realmente independiente y de oposición u optarán solamente por ampliar su acceso a los medios de comunicación ya existentes? ¿Los apoyará el gobierno sandinista en este empeño?

La propuesta de crear un nuevo Frente Anti-Intervencionista, con las fuerzas políticas que al menos mantengan el mínimo acuerdo de salvaguardar la soberanía del país, está en el tapete, las negociaciones para formar este Frente ya han comenzado y se espera que vayan adelante en los próximos meses. Los dirigentes sandinistas, por su parte, han adoptado un tono muy dialogante con la "oposición patriótica" y algunos dirigentes de la oposición hasta hablan con esperanza de que se les ponga al frente de algunos ministerios. A diferencia del Frente Patriótico de la Revolución, que existió desde 1980 y se disolvió al anunciarse las elecciones de 1984, y que agrupó a 4 partidos (FSLN, socialistas, liberales y Partido Popular Socialcristiano), este nuevo Frente Anti-Intervencionista pretendería ser una coalición más amplia. Los partidos de la ultra-izquierda y los de la derecha están convocados a integrarse, uniéndose en la defensa de la soberanía nacional.

A partir de la suspensión de La Prensa, El Nuevo diario ha dado más cobertura a las actividades de los partidos opositores. Por su parte, Barricada, periódico del FSLN, tratando de llenar el vacío dejado por La Prensa en la publicación de cables internacionales adversos al gobierno de Nicaragua los ha ido publicando, con el fin de dar a los lectores una idea de lo que se dice de la revolución en el exterior.

Por otra parte, existen en Nicaragua periódicos que cumplen también una función opositora. Por ejemplo, el semanario comunista "Avance", que informa sobre casos poco conocidos de malversación de fondos o de corrupción que se dan en el gobierno. Contrariamente, el semanario "Paso a Paso" que el Partido Liberal Independiente publicó en algunos meses de 1984 y 1985 desapareció rápidamente, al no encontrar nunca un público definido ni una auténtica señal de identidad que lo caracteriza.

Es un análisis sobre el vacío de oposición seria y realmente popular que hubo en un diario como La Prensa no puede dejar de mencionarse que la oposición y las críticas no sólo se realizan en Nicaragua a través de los medios escritos. La emisora estatal, "La Voz de Nicaragua", mantiene, por ejemplo, desde 1984 un programa matinal diario de 4 horas, "Contacto-6-20", que en sus dos primeros años de estar en el aire llegó a tener 33 mil llamadas telefónicas; siendo la mayoría de ellas señalamientos sobre cosas que "van mal" en la organización de los servicios sociales del Estado revolucionario: la salud, la vivienda, los servicios de agua y luz, determinados problemas con funcionarios en los ministerios, etc. han aparecido cada mañana en las ondas sin ningún tipo de censura.

La audiencia de este programa, el mas popular del país, esta calculada en 400 mil radioescuchas diarios, cifra que supera la circulación de todos los diarios del país. Con la crítica, el programa trata de incorporar posibles soluciones a las deficiencias que los oyentes señalan. Con este ejemplo queremos apuntar que reducir la capacidad opositora de los medios de comunicación a los medios escritos -y especialmente a un medio tan parcializado como La Prensa- es un irrealismo político en un país recién alfabetizado como Nicaragua. La pregunta sobre la función crítica de los medios, sobre el espacio que hay en ellos para "oponerse", debe de tener en cuenta primero que nada al medio radial.

Para que en los próximos meses pueda surgir un diario opositor serio, sea éste La Prensa -reabierta y renovada- o cualquier otro periódico, la oposición de derecha en Nicaragua debe de ser capaz de elaborar una agenda política lo suficientemente sólida como para tener en cuenta la realidad obvia de que los sandinistas gobernarán Nicaragua durante mucho tiempo más y que el sandinismo es un movimiento que crece y se consolida y que de ninguna forma está debilitándose. Esta oposición también deberá tener en cuenta que el pluralismo político, la economía mixta y el no-alineamiento durarán también por mucho tiempo, porque ese es el camino necesario para la revolución.

Finalmente, no podrán olvidar los opositores que en siete años de revolución nadie en la derecha ha sido capaz de elaborar verdaderas propuestas alternativas. En último término, esta incapacidad es la causa del suicidio de La Prensa. Ni el diario ni los grupos que el diario presentó tuvieron más proyecto político que el de esperar la llegada de los marines a Nicaragua.

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