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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 59 | Mayo 1986
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Nicaragua

Los mískitos del Río Coco: ¿Por qué se mueven?

"¡No quiero que Reagan mande más armas! ¡No quiero ver más armas! ¡Queremos vivir en paz!", nos grita una kuka mískita de Leimus, en la Costa Atlántica.

Equipo Envío

"Antes vivíamos bien, comíamos pescado", dice la kuka, lamentándose ante un grupo de periodistas durante una improvisada asamblea comunitaria en Leimus. "Si queríamos trabajar en el monte no teníamos miedo. Sólo de los tigres. Ahora, cuando vamos al monte, vamos con miedo". Y cuando murmura bajito, para sí misma, la palabra Reagan, entonces nos grita: "¡No quiero que Reagan mande más armas! ¡No quiero ver más armas! ¡Queremos vivir en paz!".

La comunidad mískita de Leimus, en el Río Coco, es bien conocida por las instituciones de derechos humanos. En diciembre de 1981 fue el escenario de una represalia de algunos soldados sandinistas contra mískitos sospechosos de haber torturado y asesinado a varios de sus compañeros. Estos hechos, que recibieron mucha publicidad en el mundo, nunca resultaron suficientemente aclarados. Irónicamente, Leimus es ahora, después de cuatro años, una de las pocas comunidades del río que permanece intacta, que no se ha movido, después de que a comienzos de abril de este año, unos 12 mil mískitos -¿en éxodo?- cruzaran el río hacia Honduras. Resulta también irónico que sea en Leimus en donde se encuentra esta sabia anciana, uno de los pocos mískitos que identifican acertadamente la principal causa de su actual miseria: la guerra que se hace con armas norteamericanas.

A Leimus, en otro tiempo floreciente comunidad agrícola, se llega después de varias horas de un camino lleno de baches que se inicia en Waspam, la capital comercial del Río Coco, frontera fluvial entre Nicaragua y Honduras desde 1960. E enero de 1982 el gobierno sandinista evacuó a la comunidad de Leimus y a otras 40 comunidades mískitas ubicadas a lo largo del río y en el llano que está justamente tras sus orillas. La evacuación masiva -que tuvo repercusión mundial- fue el polémico final de dos meses de temerarios ataques del grupo armado mískito, Misura, en esta zona fronteriza. Los mískitos evacuados fueron reasentados en un área llamada Tasba Pri, a unas 40 millas al sur del río.

El retorno al Río Coco

El 29 de mayo de 1985, después de tres años y medio de guerra con las organizaciones armadas mískitas. Misura y Misurasata, el gobierno de Nicaragua anunció su decisión de permitir a las comunidades mískitas el retorno paulatino, ordenado y planificado, a su lugar de origen, en la medida que pueda garantizarse su seguridad frente a las acciones armadas de las contrarrevolución. Un mes después se supo que esta posibilidad de retornar al río, que había sido durante años zona militarizada, se había afianzado desde mediados de mayo con la firma -mantenida hasta entonces en secreto- de un acuerdo preliminar de cese al fuego entre el gobierno sandinista y Eduardo Pantin, líder del Estado Mayor de Misura. Un acuerdo similar había sido firmado en abril entre el gobierno de Nicaragua y el líder de Misurasata, Brooklyn Rivera, aunque el retorno al río no estaba entre las demandas de este grupo, porque la base social de Misurasata no está en el río; se encuentra, más bien, al sur de Puerto Cabezas, a todo lo largo de la zona costera. Pantin y los comandantes de Misura que apoyaban su posición de cese al fuego se comprometieron a garantizar la seguridad en la carretera desde Taba Pri al río, supliendo en esta misión al ejército sandinista, cuya presencia era temida por la población, ya que podía provocar ataques por parte de los grupos de Misura no conformes con el acuerdo de paz.

Los puestos militares que durante años se habían levantado a lo largo del río fueron desmantelados y junto a otros 8,500 mískitos y varios cientos de sumus, los 650 habitantes de Leimus que habían sido evacuados a Tasba Pri regresaron a sus lugares de origen. Durante varios meses caravanas de vehículos del gobierno y camiones civiles acarrearon a miles de familias, con sus gallinas, sus cerdos, sus techos de zinc, hacia el añorado río. Muchos miles de mískitos más encontraron la forma de regresar desde otras ciudades y poblados de la inmensa provincia de Zelaya, que forma la Costa Atlántica en donde habían estado trabajando o viviendo con sus familiares. Otros llegaron al río desde lugares tan lejanos como El Limón y Rivas, en el Pacífico. Unos 500 mískitos habían sido repatriados desde Honduras con la ayuda de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) durante la segunda mitad de 1985. Unos mil mískitos más volvieron por su cuenta.

Los esfuerzos por lograr que el retorno fuera paulatino y ordenado chocaron con el ansia de la gente. Las comunidades se pusieron en marcha antes de que el gobierno hubiera podido darles las provisiones adecuadas. Los cargamentos bimensuales de alimentos subsidiados, prometidos por el gobierno hasta la primera cosecha 10 meses después, no fueron suficientes para la población actual. Las agencias internacionales de ayuda, sorprendidas por la decisión del retorno tanto como los mismos mískitos, tardaron más en captar la conveniencia de la medida. La ayuda de emergencia solicitada por el gobierno -mosquiteros, machetes, clavos, techos de zinc, medicinas...- empezó a llegar a Puerto Cabezas tan sólo a fines 1985.

En enero de 1986 unos 14,800 mískitos habías regresado ya al Río Coco. Solo los habitantes del río arriba o habían podido volver a sus comunidades. Acamparon temporalmente en Waspam, esperando disponer de lanchas de motor y el fin de la temporada de lluvias para poder enfrentar las corrientes. A pesar de las dificultades del regreso a sus poblados, que en muchos casos tuvieron que ser reconstruidos del todo, los mískitos estaban felices por estar de nuevo allí y mostraban muy pequeños signos de rencor por lo que había ocurrido hacia cuatro años.

¿Cómo entender, entonces, el súbito éxodo a Honduras de todos ellos, con la excepción de unos miles? ¿Son estos mískitos, como los describió un funcionario norteamericano, un "political football", pelotas de ping-pong de el actual conflicto entre el gobierno de Nicaragua y los mískitos contrarrevolucionarios que apoyan los Estados Unidos? ¿Se fueron a Honduras secuestrados, como dio a entender el gobierno de Nicaragua? ¿Quién estuvo detrás de este éxodo masivo y a los intereses de qué grupo sirve este desconcertante acontecimiento?

Pasos hacia una solución política

Como detallábamos en el número de Envío de octubre/85, los hechos ocurridos en la Costa Atlántica durante la primera mitad de 1985 cambiaron cualitativamente la situación en esta mitad de Nicaragua: de un conflicto prioritariamente militar se pasó a un conflicto de dimensiones prioritariamente políticas.

Aunque el líder de Misurasata, Brooklyn Rivera, había abandonado sus pláticas de paz con el gobierno nicaragüense en ayo y Eduardo Pantin murió en junio, en lo que fue aparentemente un accidente, el cese al fuego táctico acordado por el gobierno nicaragüense con ambas organizaciones se cumplió, con algunas excepciones, hasta enero de 1986. Entre las primeras excepciones estuvo la voladura del sistema de abastecimiento de agua de Puerto Cabezas, ubicado en la cercana comunidad de Tuapi, el secuestro de los 6 miembros e un equipo de vacunación cuando llegó a la comunidad mískita de Alambikamba y un ataque a la isla de Rama Cay en la bahía de Bluefields, en el que varios jóvenes indígenas rama fueron asesinados y el personal médico de Managua que estaba de visita resultó secuestrado.

Estas acciones, llevadas a cabo por sectores disidentes de los dos grupos armados, causaron importantes tensiones, por el gobierno nicaragüense evitó el dejarse provocar por ellas. El diálogo con un creciente número de jefes de Misura continuó, aunque ya ninguno de ellos tenía la misma autoridad que tenía Pantin. En los casos en que las pláticas desembocaron en un acuerdo más específico, el ejército sandinista abandonó ciertas comunidades y otros puntos estratégicos y encomendó su defensa a los jefes Misura con los que había firmado el acuerdo. Disminuyendo los ataques a los vehículos gubernamentales, las comunidades indígenas se beneficiaron inmediatamente, pues empezaron a recibir regularmente alimentos y medicinas después de dos años de escasez. Este respiro de paz permitió a los pueblos costeños interesarse y movilizarse por el Proceso de Autonomía para la Costa iniciando por el gobierno de Nicaragua en diciembre de 1984.

Entre los meses de septiembre y noviembre, voluntarios locales llevaron adelante una consulta inicial con la población de la Costa, en Zelaya norte y sur. e sometía a consulta popular el documento borrador que había sido elaborado en junio por una Comisión de Autonomía formada por 80 miembros. A finales de noviembre, fecha fijada para el fin de esta consulta, las enormes energías empleadas en el retorno al río, la frágil situación militar y el cansancio general de la población, provocaron que en la zona norte muy poca gente prestara al proyecto de autonomía la atención que éste requería. En el sur, por el contrario, se estima que el 90% de la población urbana y de las comunidades aledañas -las que no se encontraban en inaccesibles zonas de guerra - fueron consultadas sobre los principios y las políticas propuestas para la futura región autónoma. (Actualmente, se está desarrollando en la región sur una encuesta sobre los distintos puntos de discusión identificados con anterioridad en la consulta o en discusiones informales. En mayo, una Asamblea de representantes de las comunidades discute los resultados de esta encuesta. "Cuando se elabore definitivamente el Estatuto de Autonomía, no habrá sorpresas. Hemos buscado el consenso en todo, y done se han dado serias diferencias, la comisión decidirá basándose en la opinión de la mayoría". Así sintetiza el proceso Johnny Hodgson, coordinador en el sur de la Comisión Regional de Autonomía.

Estados Unidos mete su mano más abiertamente

Pero con estos evidentes signos de distensión no llegó aún la paz. No entra la paz en los planes de la Administración Reagan. En los primeros días de septiembre se llevó a cabo una asamblea de los mískitos en armas -la inmensa mayoría de Misura-, en el campamento Misura de Rus Rus (Honduras). Después de denunciar a los líderes de los dos grupos armados, Brooklyn Rivera por haberse "vendido" a los sandinistas aceptando dialogar con ellos, y a Steadman Fagoth -que había sido expulsado de Misura el mes anterior-, por sus violentas e incontrolables ambiciones personales, los 700 participantes votaron a favor de crear una nueva y única organización armada mískita, a la que llamaron Kisan.

Ni Fagoth ni Rivera acudieron a la asamblea. La votación se hizo después de que Wycliffe Diedo, un pastor moravo, que había reemplazado a Fagoth a la cabeza de Misura, anunciara que los Estados Unidos había decidido entregar a la nueva organización $300 mil del paquete de $27 millones de ayuda humanitaria aprobado por el Congreso. Diego dejó claro que, a cambio de la ayuda, Misura y Misurasata debían unirse, debían continuar la guerra y debían entrar a formar parte de la UNO (Unión Nicaragüense Opositora), creada con el fin de canalizar al ayuda norteamericana a las organizaciones contrarrevolucionarias.

Pronto quedó claro que Kisan no era únicamente la unificación de Misura y Misurasata. Era, más bien, el vino viejo de Misura en una botella nueva: Kisan repudiaba por un lado sus antiguos lazos con Fagoth y, por el otro, estrechaba su alianza con la FDN. Dos o tres jefes de Misurasata fueron nombrados para el estado Mayor de Kisan: los disidentes que 9 meses atrás intentaron inútilmente quitarle a Rivera la dirigencia de Misurasata.

Fascinados por la nueva ayuda norteamericana, algunos mískitos que habían estado participando en el diálogo con el gobierno de Nicaragua, volvieron al "redil" guerrerista. Entre ellos, el comandante que había garantizado la seguridad de las caravanas en el tramo norte de la carretera hacia el Río Coco, durante la operación-retorno. Otros jefes mískitos continuaron respetando el cese al fuego. La presión por la paz de las comunidades indígenas obligaba a otros a reconocer que no es justo continuar la guerra. A comienzos de 1986, los que se mantenían en las conversaciones de paz habían aumentado y tenían aproximadamente 500 hombres en armas. Estos empezaron a ser los únicos defensores de un área del suroeste de Puerto Cabezas, en la que viven nueve comunidades.

Para perplejidad de observadores y analistas, ese grupo aceptó llevar también el nuevo nombre de Misura y se autobautizó como Kisan "pro-diálogo". Cuando les preguntamos por qué habían adoptado el nombre de una organización que públicamente ha profundizado sus vínculos con la FDN y con los Estados Unidos y que está decidida a continuar una guerra con la que ellos no están de acuerdo, Juan Salgado, miembro del grupo original que inició pláticas con el gobierno, respondió: "Hemos aceptado ese nombre mostrando así nuestro respeto al Consejo de Ancianos, que decidió formar una nueva organización sin Fagoth, aunque nosotros no estemos ideológicamente de acuerdo con la nueva organización".

A mediados de octubre, Kisan "guerrerista" -como se conoce en Nicaragua a la otra facción de la organización- llevó a cabo su primera gran acción militar: destruyó el estratégico puente colgante sobre el Río Sisín, en la única carretera hacia el Río Coco. La seguridad de este puente había sido confiada a las fuerzas mískitas en diálogo con el gobierno de Nicaragua, varios meses atrás, pero éstas fueron incapaces de defenderlo de los ataques de Kisan. Al principio, la población se indignó, pues la valuara del puente detenía el traslado de personas y alimentos hacia el río. Pero más tarde algunos se fueron convenciendo con el argumento de Kisan: esa acción negativa no era un hecho aislado, sino que formaba parte de la lucha que Kisan estaba llevando a cabo para beneficio de todos ellos. Combinando este argumento con la táctica de Kisan de repartir grandes cantidades de dinero entre las comunidades ya aisladas en el río -mucho dinero y poco que comprar con él- queda claro el objetivo de Kisan de fomentar descontento hacia el gobierno, presentándolo como incapaz de satisfacer la necesidades materiales.

Campaña internacional de calumnias

Paralelamente, a nivel internacional quedó claro que los sandinistas no iban a tener ningún espacio para soluciones política ni para victorias propagandísticas. El índian Law Resource Center (ILRC) de Washington, que funciona abiertamente como centro de propaganda de Misurasata, publicó numerosos boletines en la segunda mitad de 1985, en los que insistía en la "intransigencia" sandinista en el tema indígena. Siguiendo la línea de Rivera, estas publicaciones desfiguraban o ignoraban totalmente el proceso de autonomía, el regreso al Río Coco, la creación de Kisan o la misma agresión militar norteamericana. Organizaciones como el Indian Youth Council iniciaron duros ataques contra Nicaragua en sus boletines. Por su parte, la mayoría de los medios de comunicación internacionales no tuvieron en cuenta el proceso de autonomía de los indígenas nicaragüenses, llamado a ser un acontecimiento histórico en toda América Latina. Ni le dieron importancia, ni hablaron de él.

Ya desde marzo de 1985, el activista indígena norteamericano Russell Means fue el primero en anunciar que pretendía enviar 100 indígenas americanos a Nicaragua para luchar con una pala en una mano y con un rifle en la otra. Repitiendo en noviembre a la prensa internacional esa amenaza, con menos ambigüedad, Means ingresó clandestinamente en la Costa Atlántica nicaragüense a comienzos de 1986 con Brooklyn Rivera, y con el presidente del Consejo Mundial de los Pueblos Indígenas, Clem Chartier y con el director nacional de Survival of American Indians Association, Hank Adams.

En conferencia de prensa en San José, Costa Rica, el 10 de febrero, Rivera describió este viaje por Nicaragua como una misión de paz y de recogida de datos, ignorando calculadamente el hecho de que él es dirigente de una organización armada que lucha contra el gobierno del país en donde ingresó y que en su delegación iba Means, quien ha declarado repetidamente su guerra contra los sandinistas. También ignoró en sus declaraciones el hecho de que el grupo había entrado ilegalmente en el país, cuando todos -con la clara excepción de Means- podría haber ingresado abiertamente. (El viaje de Rivera por la Costa en octubre/84, invitado pro el gobierno sandinista, le había dado más prestigio y legitimidad a su lucha).

Diversas fuentes de la Costa declararon que el objetivo de este viaje de Rivera podía ser cualquiera menos la búsqueda de la paz. Según estas fuentes, Rivera visitó muchas comunidades promoviendo en ellas el reinicio de la guerra, presumiblemente intentando recuperar así su liderazgo político entre los mískitos, ya en decadencia. En algunas de las comunidades no contaron cómo el paso de Rivera selló definitivamente la pérdida de apoyo que venía sufriendo desde el año pasado por estar viviendo una buena vida en el extranjero, en vez de comprometerse a representar a su pueblo en el interior del país. Otros antiguos líderes mískitos, incluyendo a Hazel Law, quien fue fundadora de Misurasata, habían criticado abiertamente la dependencia que tenía Rivera de malintencionados asesores norteamericanos, como el Profesor Benard Nietschamnn, de la Universidad de California (Berkeley) y de representantes del ILRC y del Cultural Survival.

El 21 de enero, el gobierno nicaragüense, al tanto de las actividades de Rivera, atacó militarmente el sitio en que estuvo el grupo. Desde mayo de 1985 fue éste el primer ataque de los sandinistas en la región. El ILRC y el Cultural Survival pasaron a la ofensiva y sin tener ninguna noticia verificable, afirmaron alarmados que las vidas de los integrantes del grupo estaban en peligro. Admitiendo su falta de información concreta, montaron una gran campaña entre los grupos indígenas y de los que se ocupan de los derechos indígenas sobre supuestos bombardeos aéreos de las fuerzas sandinistas a numerosas comunidades, que habrían causado la muerte a muchos civiles. Los periodistas que acompañaron más tarde a funcionarios de la Cruz Roja y de las Iglesias en una visita a Layasiksa, una de la comunidades supuestamente arrasadas por estos bombardeos aéreos, descubrieron que, aunque fuera de las comunidades había cráteres de bombas, la comunidad misma no había sufrido daño. "Basándonos en lo que habíamos oído en el exterior, esperábamos encontrar la comunidad borrada del mapa, pero éste no es el caso", dijo el obispo moravo Hedlye Wilson.

Durante su conferencia de prensa en San José, Russell Means lanzó esta absurda afirmación: "Si consiguiéramos suficiente ayuda militar y humanitaria para Misurasata, podríamos crear inmediatamente un ejército de 15 mil combatientes, y en servicio de los anti-comunistas, expulsaríamos en pocos meses al gobierno comunista de Managua de la Costa Atlántica". Y llevando el agua a su molino, añadió: Si alguno -FDN, ARDE, los Estados Unidos de América, Costa Rica, Honduras-, si alguno quiere futuro en Centroamérica, tiene que contar con Misurasata. Menas cumplió la promesa hecha en la conferencia de que él y Rivera buscarían ayuda militar para Misurasata con altos funcionarios del Departamento de Estado.

Pero en un intercambio de cartas con el Secretario Adjunto para Asuntos Interamericanos, Elliot Abrams, que apareció en las páginas de opinión del The New York Times a mediados de marzo, Means dejó entrever insatisfacción por su encuentro con Abrams: Abrams expresa la conveniencia de que Misurasata se ponga a las órdenes de Kisan, un minúsculo grupo contrarrevolucionario indígena, con base en Honduras, incapaz de tener apoyo de ninguna clase entre las comunidades indígenas de Nicaragua. (Se estima que Kisan guerrerista tiene entre 1,000 y 2000 combatientes. De Misurasata se dice frecuentemente que no tiene más de 300, aunque su base social civil es significativa).

Los Estados Unidos no están pidiendo a los indígenas representados por Mr. Rivera que se subordinen a ninguna organización -respondió Abrams en una carta al Times- Sólo les pedimos que se preparen para cooperar en una lucha conjunta por la democracia y la independencia en Nicaragua. No tengo ninguna duda de que lo harán. Ellos necesitan ayuda y vamos a ayudarlos.

Misurasata estuvo aliada durante años con ARDE y Rivera mantiene todavía estrechas relaciones con Edén Pastora en público, Rivera ha manifestado siempre oposición a cualquier tipo de cooperación con los somocistas enrolados en Honduras en la FDN. De todas maneras, Rivera puntualizó durante su viaje a Boulder, Colorado, después de este intercambio, que Misurasata aceptaría dinero de cualquier fuente, incluso de la CIA, para combatir a los sandinistas.

El efecto del montaje publicitario Rivera-Means fue negativo para todos los que participaron en él. Clem Chartier fue destituido de la presidencia del Consejo Mundial de Pueblos Indígenas por haber comprometido el papel diplomático que corresponde desarrollar a la organización en sus relaciones con los sandinistas; el viaje clandestino fue juzgado como una eventura por muchos periodistas; y una gira de Rivera y Means por las comunidades indígenas en Estados Unidos abrió graves fisuras dentro del movimiento indígena. Los dirigentes del AIM (Movimiento Indígena Americano), Vernon Bellecourt y Bill Means señalaron en el Colorado Daily que la disputa estaba en gran parte atizada por la CIA y la Administración Reagan. El hecho de que el presiente Reagan. El hecho de que el Presidente Reagan, que ha llegado a afirmar yo soy un mískito, no hiciera ninguna referencia al tema indígena -uno de sus temas antisandinistas favoritos- en el discurso previo al voto sobre los 100 millones en la Cámara, puede ser interpretado como un reconocimiento tácito e que las cosas no fueron como la Administración hubiera querido. En Nicaragua, la dirigente indígena guatemalteca, Rigoberta Menchú, poco después de la conferencia e prensa de Rivera en Costa Rica, respondió con normalidad a una pregunta al respecto: "Cuando el FBI hirió a Russell en la lucha d Wounded Knee, sólo le echaron preso. Cuando se le hirió luchando contra los sandinistas, mereció la primera página del The New York Times. Para los indios es muy difícil mantener sus principios y no caer en oportunismos.

Kisan prepara el éxodo

Respetando los deseos e los mískitos del Río Coco de que no hubiera en sus comunidades presencia militar sandinista, el gobierno mantuvo en general un bajo perfil. El Ministerio de Bienestar Social de Nicaragua les aseguró suministro e alimentos básicos para dos semanas; el Ministerio de Reforma Agraria les proveyó de semillas para las siembras; y la comisión conjunta para el retorno -de carácter gubernamental-civil- continuó la inmensa tarea e organizar el retorno a las comunidades originales. La única actividad militar fue el desplazamiento por la zona de una unidad médica móvil del ejército, que viajó por las comunidades atendiendo a los enfermos y mostrando películas como la comedia norteamericana titulada "Nine to five" -retitulada en español "Cómo matar a su jefe"-.

A comienzos de 1986 el puente de Sisín fue reparado, haciendo por fin posible el traslado de la gran cantidad de donaciones que se habían ido acumulando. Los delegados elegidos en cada comunidad mantenían las comunicaciones entre el gobierno y las poblaciones de habla mískita y se dedicaron a reorganizar la vida de la comunidad.

En plena violación de la confianza que el gobierno había puesto en los que habían regresado, Kisan se aprovechó de la situación para introducirse en las comunidades. En algunos casos, los combatientes e Kisan vivían con sus propias familias, llevando a cabo lo que los representantes gubernamentales describen como una instrucción militar coercitiva de la juventud. En otros caos, la presencia militar de Kisan fue aun más amenazante. Esta presencia incluía el establecimiento de bases militares y de armas anti-aéreas.

En los primeros meses de 1986, y según funcionarios militares de Nicaragua, unos 500 combatientes e Kisan se extendieron por las comunidades ribereñas, desde San Carlos al Cabo Gracias a Dios, junto con un contingente de fuerzas de la FDN ubicado al sur de la comunidad de Kum, y abastecido por helicópteros, procedentes de Honduras. Fuentes hondureñas dijeron que 1,500 combatientes de Kisan estaban en el aérea. Del lado hondureño frente a la comunidad de Leimus, se instaló artillería norteamericana, apuntando directamente hacia Nicaragua.

Entre enero y marzo, diez civiles fueron secuestrados, dos torturados y asesinados y las emboscadas contra los militares sandinistas se incrementaron por parte de Kisan. Según un refugiado que fue entrevistado más tarde en Honduras, los guerrilleros de Kisan emboscaron y mataron a 12 soldados nicaragüenses en Saupuka, a comienzos de febrero. En total, Kisan llevó a cabo unas 30 acciones de este tipo en 3 meses.

A comienzos de marzo, el gobierno sandinista dio a conocer la situación que se estaba produciendo con el accionar de Kisan. Como explicó el Subcomandante Ernesto Soza, del ejército sandinista: "Hemos tratado de persuadir a Kisan de que la guerra no es la respuesta y que militarmente ellos no son una gran cosa. Hemos tratado de dialogar, les enviamos cargas y religiosos y gente de las comunidades que hablaran con ellos, todos tratando de explicarles que nosotros no queremos crear una situación que ponga en peligro al pueblo". Un representante del FSLN que trabaja en la zona añadió que cualquier miembro de Kisan que mostraba signos de ser convencido por estos argumentos del gobierno era llevado por Kisan a Honduras y reemplazado. "La respuesta de Kisan a estos esfuerzos -dijo el Comandante Soza- fue morterear uno de nuestros puestos fronterizos, asesinar a dos trabajadores del gobierno, robar el abastecimiento de alimentos de las comunidades y violar a varias mujeres.

En una conferencia de prensa el 19 de marzo, para presentar a Jimmy Wilson, un jefe de inteligencia de Kisan, que se había entregado acogiéndose a la ley de amnistía, la situación de guerra creada por Kisan fue publicitada ante los periodistas internacionales por el Subcomandante Salvador Pérez, del Ministerio del Interior de Nicaragua.

Pérez comunicó a la prensa que a comienzos de marzo el jefe militar de Kisan "guerrerista" Adán Artola, acompañado de otros miembros del Estado Mayor de Kisan y de varios asesores norteamericanos, estuvieron en las comunidades de Saupuka, Bilwaskarma, Saklin, Wasla y Kum. Allí expusieron sus planes militares inmediatos, que consistían en el minado de las instalaciones y las carreteras de La Tronquera, Leimus, Waspam y Bismuna; el control del tráfico en el río y ataques a los puestos fronterizos en Leimus, Waspam y la base militar de Tronquera.

Añadió que Radio Miskut y Radio 15 de Septiembre, estaciones contrarrevolucionarias en Honduras, complementaron esta campaña de propaganda con mensajes en lengua mískita en las que llamaban al pueblo a prepararse a cruzar el río rumbo a Honduras, diciéndoles que una "invasión" se produciría en abril. En las emisiones se arengaba al pueblo a combatir el "totalitarismo" sandinista, acusando una vez más al FSLN de etnocidio. Una variante en sus planes -añadió Pérez- era intentar imponer un gobierno provisional -el primer intento se había dado en noviembre-diciembre de 1981 como parte de la estrategia llamada "Navidad roja"-. El que depusieran las armas y se separaran de los planes norteamericanos, advirtió claramente el Subcomandante a la prensa internacional, dependía de que actuáremos con la energía necesaria para desalojarlos del área".

En los mismos meses -enero a marzo de 1986- las violaciones aéreas y navales desde Honduras se incrementaron en la Costa, a la vez que las provocaciones, armadas en la borde fronterizo. Esta acciones coincidieron con la primera fase de las maniobras militares "Cabañas-86", y con otras maniobras conjuntas honduro-norteamericanas que tuvieron lugar en la provincia hondureña de la Costa Atlántica de Cabo Gracias a Dios. Ingenieros del ejército norteamericano, procedentes de Fort Bragg, Carolina del Norte, fueron lanzados en paracaídas en Durzuna, Honduras, a lo largo del Río Coco, en a comunidad mískita de San Carlos. Su misión era ampliar un aeropuerto construido en 1982 haciéndolo apto para el aterrizaje de aviones C-130 de transporte. Las 450 toneladas de equipo pesado que trajeron con ellos se usaron en ampliar las carreteras que daba acceso a esta área.

El aeropuerto, que queda a unos 18 kilómetros de la frontera con Nicaragua, será usado en la fase segunda de las maniobras "Cabañas-86", fijadas para mayo y junio y que se desarrollarán a sólo 5 kms. de la frontera de Nicaragua. Esta fase incluirá ataques con paracaidistas y lucha contrainsurgente con pequeñas unidades de operación especial. Entre los objetivos de "Cabañas-86", según declaraciones del Pentágono, está el entrenamiento en el apoyo de operaciones en lugares aislados. Esta segunda fase involucrará a tropas de la 82 División Aerotransportada, las que participaron en 1983 en la invasión a Grenada.

El 18 de marzo, las fuerzas armadas hondureñas hicieron el sorpresivo anuncio de que las maniobras conjuntas "General Tosta-86", programadas para abril en la misma provincia hondureña, comenzarían inmediatamente. A comienzos de abril más de 4,500 tropas norteamericanas y el equivalente de tropas hondureñas fueron enviadas a la vecina provincia de Olancho para otro conjunto de ejercicios, llamados "Lempira-86". Las fuentes militares norteamericanas señalaron que Olancho, en la frontera con Nicaragua, "presentaba magnificas condiciones para el entrenamiento especial de las fuerzas en lucha salvática".

El desalojo de Kisan

En la madrugada del 25 de marzo el ejército sandinista atacó Bilwaskarma, presumiblemente desde su base en Waspam, a unas 4 horas de camino río arriba. Pobladores de Bilwaskarma entrevistados después en Honduras por la organización de derechos humanos "Americas Watch" dijeron que Kisan tenía allí una base con 40 combatientes. La población -unas 900 personas- que estaba en la comunidad al ocurrir la acción, huyó al lado hondureño del río. Desde allí oyeron el combate, que afirman duró seis horas. Los entrevistados dijeron que no sabían de ninguna baja civil.

A la mañana siguiente, 26 de marzo, los sandinistas hicieron un similar ataque sorpresivo contra las posiciones de Kisan en Wasla y en Kim, dos comunidades de cerca de mil personas cada una, río abajo e Bilwaskarma. Aunque un soldado sandinista declaró al IHCA que no encontraron ningún civil en Wasla, Americas Watch entrevistó en Honduras a un hombre que dice haber estado allí. Según el informe de Americas Watch del 11 de abril de 1986, este hombre dijo que los sandinistas lanzaron varios morteros, que cayeron justo a l lado de la iglesia. "Cuando le preguntamos si había allí alguna base de Kisan -dice el informe- el hombre dijo que sí. ¿Dónde estaba? Justo al lado de la iglesia".

En Kum, unos 200 soldados sandinistas atacaron Buena Vista, un puesto militar abandonado anteriormente por ellos, situado a unos 15 minutos de camino de la comunidad y que había sido ocupado por Kisan. No vimos signos de lucha en el poblado, que fue uno de los que quedó prácticamente intacto después de la evacuación a Tasba Pri de 1982. Había también allí un soldado sandinista, que nos dijo que las casas estaban vacías cuando ellos llegaron. Estas informaciones insitu se corresponden con las que dio el Subcomandante Soza, que afirma que, conociendo las advertencias que el ejército sandinista había hecho a Kisan, la población de estas comunidades dormía en la misma orilla del río, como a un kilómetro del poblado y regresaban durante el día.

Fuentes del Ministerio de Defensa Nicaragua dijeron que tres soldados sandinistas murieron y 15 resultaron heridos en las 5 horas de combate en el campo de Buena Vista. Según estos informes, Kisan tuvo 14 muertos, 30 heridos y 7 capturados, cifras que concuerdan con la ofrecidas por los refugiados en Honduras de estas tres comunidades en las que se combatió. Según las fuentes nicaragüenses las acciones consiguieron su objetivo limitado: hacer que los hombres de Kisan cruzaran la frontera y volvieran a Honduras. Enfatizaron que el objetivo no era ni perseguirlos ni aniquilarlos, pues eso hubiera arriesgado la vida e los civiles. Ni los funcionarios del gobierno ni los refugiados en Honduras mencionaron que se hubiera usado o planificado en las acciones del empleo de bombardeos aéreos, como quisieron hacer creen algunas fuentes de deformación de Washington. Los funcionarios responsables de los refugiados afirmaban luego que no había llegado ninguno herido.

De un fracaso militar a un desastre propagandístico

Como los periodistas y los investigadores de derechos humanos descubrirían pronto, las dos operaciones militares del 25 y 25 de marzo tenían tanto que ver con la huida hacia Honduras de los 12 mil mískitos como tuvo que ver aquel famoso juego de fútbol con la guerra entre Honduras y El Salvador en 1969. Según el informe de Americas Watch, trabajadores sociales en Honduras comenzaron a oir hablar de boca de los refugiados en diciembre de 1985 que Kisan planeaba trasladar a todas las poblaciones mískitas que vivían del lado nicaragüense del río hacia el lado hondureño del mismo. Planeaban hacer esto antes de que la temporada de lluvias comenzara, a fines de abril. El único efecto que la ofensiva sandinista tuvo sobre estos planes de Kisan fue el decidirlos a realizarlos antes de lo previsto.

Los periodistas que cubrieron la llegada de los refugiados a Honduras no hicieron ningún esfuerzo para esconder el hecho de que todos los sucesos estaban manipulados por Kisan y por la Embajada norteamericana en Tegucigalpa. La reportera del "Boston Globe", Pamela Constable, por ejemplo, escribió que la llegada de los mískitos había sido orquestada por los funcionarios norteamericanos para promover la causa del exilio mískito y apoyar la acusación de la Administración Reagan de que los sandinistas reprimen a los indígenas.

Aprovechando el gran número de periodistas que estaban en Honduras después de haber cubierto otro fiasco de la propaganda norteamericana -la supuesta invasión de Honduras por Nicaragua-, la Embajada norteamericana en Tegucigalpa organizó un vuelo para la prensa, el 3 de abril, a Srumlaya, una población en la frontera de Honduras que ha servido a ACNUR como centro temporal de recepción de refugiados. Incluso llegó a decirse que el Vicepresidente de Estados Unidos, George Bush, iría en ese viaje para recibir a los refugiados en su arribo masivo al lado hondureño.

El vuelo fue pospuesto varios días por el mal tiempo y Bush no apareció nunca, pero varios periodistas que llegaron a la Moskitia hondureña por su cuenta fueron testigos del engaño que se estaba preparando. Según el "Philadelphia Inquirer, alrededor de las 9:45 am. del jueves, un equipo de personal militar norteamericano -5 médicos, 5 enfermeras, 2 dentistas y 4 veterinarios- volaron en helicópteros Chinook a Auka, centro de refugiados de ACNUR a 9 millas de la frontera, tal como estaba planeado. Llevaron alrededor de 20 toneladas de material médico, esperando aparentemente encontrarse con más de 800 refugiados, según un funcionario que estaba presente. Pero sólo había allí 50 refugiados.

¿Dónde estaban los refugiados?

El 28 de marzo la prensa de Washington había lanzado una noticia en la que se afirmaba que 3,500 mískitos huían sobre las aguas del Río Coco. Como ACNUR sólo había registrado 250 nuevos refugiados entre el 24 y 31 de marzo, los funcionarios encargados volaron al área el 2 de abril para verificar en dónde estaban esos otros refugiados. Vieron a mil o más en Srumlaya, escondidos debajo de techos provisionales. Kisan dijo a ACNUR en presencia de Americas Watch que ningún refugiado debía salir de Srumlaya hacia Auka o Tapamlaya -otro campo de ACNUR- hasta después de la conferencia de prensa del día siguiente.

Según el "Boston Globe, los líderes del éxodo confesaron a un funcionario que ya habían retrasado unos días la entrada de los refugiados en Srumlaya para concentizarlos políticamente antes de que llegaran los periodistas. Un funcionario de la embajada norteamericana fue visto en Auka y en Srumlaya durante diferentes días, entre el 28 de marzo y el 2 de abril. Hasta los periodistas que fueron en el viaje organizado por la embajada se dieron cuenta de la manipulación y de la presencia de los hombres de Kisan durante las entrevistas con los refugiados. Como un periodista comentó después al IHCA, había siempre otro mískito de pie al lado del refugiado, estaba bien vestido, con botas y camiseta nueva y una chapita que decía. Jesús me salvará. Podríamos decir que ese otro mískito estaba enseñando a los mískitos refugiados cómo debían responder a nuestras preguntas".

En un artículo del 7 de abril, el corresponsal del "Baltimore Sun", James Bock, afirmaba que los funcionarios esperaban a más refugiados del Río Coco de los que llegaron, 5 mil hasta el momento de escribir su artículo. Los refugiados entrevistados en Srumlaya y Auka confirmaron que toditos iban a abandonar el Río Coco. De hecho, a mediados de abril, 12,000 mískitos habían cruzado el río en masa hacia Honduras. Entre ellos se incluían algunos que venían de poblaciones en las que los militares sandinistas nunca habían estado ni habían siquiera desarrollado ninguna actividad militar.

Sólo el Indian Law Resource Center (ILRC) y el ultraderechista diario "The Washington Times" contaron la historia de diferente manera. Aunque todos los hechos no están aclarados todavía -decía un comunicado de prensa del ILRC el 15 de abril, un buen tiempo después de que los demás parecían tenerlos claros- recientes informas indican que la huida de miles de mískitos fue provocada por una invasión militar sandinista de las comunidades a lo largo del Río Coco. En la oscuridad de las primeras horas de la mañana del 25 de marzo el ejército sandinista lanzó a cientos y quizás a miles de sus soldados sobre varios de estos poblados.

Calificando las limitadas acciones militares de los sandinistas de abusos gruesos e inexcusables en contra de las comunidades, el ILRC mostraba su malintencionada ignorancia de la situación pidiendo al gobierno sandinista "atender las demandas indígenas a través de un proceso político más que con operaciones militares". The Washington Times, por su parte, citó las fuentes del Departamento de Estado afirmando que 40 civiles mískitos habían muerto y que la operación sandinista parecía dirigida a limpiar las poblaciones de las orillas del río de sus habitantes indígenas.

Ignorando todas las evidencias contrarias, la Embajada norteamericana en Tegucigalpa reforzó esa misma línea. Joseph McLean, funcionario responsable de refugiados en la sección política, dio a los periodistas su opinión: "los poblados eran útiles a Kisan y los sandinistas decidieron por esa razón que no podían permitirse el lujo de que siguiera siendo así. Limpiar los poblados es una fórmula clásica de cómo se procede contra un movimiento guerrillero.

No fue la Embajada americana la única institución de la Administración que intentó capitalizar estos acontecimientos. El Director de la CIA, William Casey, incluyó el tema en un discurso del 6 de abril; el Subsecretario Elliott Abrams, habló de esto en su testimonio ante el Congreso el 8 de abril y, como mencionamos antes, el Vicepresidente George Bush llegó a planear el participar personalmente en la recepción de los refugiados para dar con esto las más altas y visibles muestras de la preocupación del gobierno por su bienestar. Días después, y en el mismo mes de abril, varios refugiados fueron llevados a Washington para que expusieran allí su caso.

¿Por qué se los llevaron? ¿Por qué se fueron?

Los hechos, reconstruidos a partir de numerosas entrevistas con los refugiados, indican que aunque las comunidades cercanas a los combates cruzaron el río para evitar el fuego, la mayoría regresó cuando éstos terminaron. El éxodo real empezó varios días después de los combates. Como Guadalupe Taylor, residente de Saklin, le contó en Honduras a un periodista de Newsday, la gente de Kisan había llegado antes diciendo que no nos moviéramos de nuestro lugar fuera donde fuera el combate, pero después volvieron y nos dijeron que sí, que nos fuéramos. Luego, dos miembros del Consejo de Ancianos llegaron -iban a visitar todos los pueblos, hasta Kum- y nos dijeron lo mismo: que cruzáramos el río. Dejamos nuestra ropa y amenazamos a irnos. Sólo tres familias se quedaron. Tenían ancianos enfermos y se fueron a otros lugares, pero dentro de Nicaragua.

Varias hipótesis surgen en el intento de entender por qué Kisan quería que la población mískita del Río Coco estuviera en Honduras. Una de las más evidentes es que de esta forma puede ejercer mucho mejor control sobre la población que si ésta vive del lado nicaragüense. En este lugar seguro, dentro de Honduras, protegidos por el Quinto Batallón del Ejército de Honduras y con el beneplácito del gobierno hondureño, Kisan puede también reclutar y entrenar a los jóvenes mískitos con toda libertad. Las agencias de ayuda internacional, conociendo que el reclutamiento forzoso ha sido práctica habitual durante años entre los refugiados mískitos, tienen poca capacidad para oponerse a ello.

La población no-combatiente, a su vez, puede ser usada por Kisan para apoyar a los combatientes con alimentos. Estos alimentos los obtienen por los canales de los proyectos de ayuda a los refugiados y también los cultivan. En 1983-84 muchos de los refugiados mískitos que llegaron a Honduras a comienzos de 1982 fueron enviados del campamento de Mokorón a pequeñas comunidades. A cada familia se le asignó un acre y medio de tierra para sembrar, y se ha llegado a decir que en 1984 produjeron una abundante cosecha de 8 mil millones de libras de arroz. Según Dan Eberhard, director del proyecto del World Relief Corporation en Mokorón, el gobierno hondureño prometió ahora verbalmente entregar a cada familia indígena unos cinco acres de tierra para cultivar.

Dando sin querer una pista mas a Kisan sobre su calendario para el éxodo, Eberhard añadió que los nuevos refugiados tendrían que sembrar las tierras antes e que llegara la temporada de lluvias a fines de mayo. Según un periodista, el éxoto intempestivo de marzo significó el abandono en tierras nicaragüenses de una abundante cosecha de frijoles, lista para ser recogida en el mes de abril.

La teoría, expresada por Americas Watch en términos inversos de la estrategia guerrillera, de que Kisan está llevando el mar hacia los peces -o sea, llevando la base social a done está la guerrilla- presupone dos cosas: 1) que Kisan reconoce que es incapaz de controlar territorio nicaragüense o de alcanzar una victoria dentro de Nicaragua y 2) que Kisan, por ende, se está preparando para una guerra larga. Citando nuevamente a Americas Watch, Kisan puede, al menos ahora, mantener un feudo en la Monsquitia (hondureña), con el apoyo norteamericano para la población civil a través de las agencias de ayuda. En el futuro, y si las circunstancias se lo permiten, la población -para entonces bien organizada por Kisan- podría ser repartriada a Nicaragua para que apoye sus operaciones guerrilleras.

Los mískitos refugiados en la frontera hondureña han sido en los últimos años un atractivo imán, tanto para el gobierno norteamericano como para los grupos derechistas que dan ayuda privada en esta guerra. En 1984, buena parte de los $680 mil entregados a Honduras por la derechista organización Americares fue directamente a manos de los combatientes mískitos.

En ese mismo año, el Congreso norteamericano aprobó $7.5 millones para ayudar a unos 5 mil mískitos que no se habían beneficiado del proyecto de reasentamientos de ACNUR. (Un informe interno de una agencia de ayuda, filtrado en 1985, indicaba que Misura desarraigó a muchos que participaban en los programas de autosubsistencias de ACNUR, enviándolos a la frontera para asi dar un pretexto a esta ayuda). La agencia forestal del gobierno hondureño presumiblemente tomó parte en este plan cuando se negó a entregar más tierras a los refugiados el mes pasado. Desde comienzos de 1985, las organizaciones de derecha -como los Amigos de las Americas, Causa (asociada al Reverendo Sun Myung Moon, de la Iglesia Unificada), su afiliada, la International Relief Friendship Foundation y otras- han incrementado su ayuda en esta región. El dirigente de Kisan, Wycliffe Diego, reconoció recientemente que su organización también había recibido $2 millones de los $27 millones aprobados para ayuda humanitaria, pero que éstos no habían sido suficientes. La ayuda que Kisan espera recibir de los Estados Unidos, vía UNO, si los $100 millones son aprobados, serían entregados en Honduras y no en Nicaragua.

Sin tener un mar en Nicaragua en que poder nadar, Kisan, como la FDN, podría quedar reducida a operar con pequeñas bandas dedicadas a acciones terroristas, aunque disponiendo de un armamento sofisticado. Sin embargo, otras informaciones contradicen esta teoría de una prolongada guerra terrorista en la Costa. Según éstas, la CIA se ha acercado recientemente a Kisan para estudiar la posibilidad de una posible invasión en la zona atlántica apoyado por los Estados Unidos. Los funcionarios del Ministerio de Defensa de Nicaragua han afirmado varias veces que no descartan la posibilidad de un intento de dividir el país con una invasión naval norteamericana en Bluefields o Puerto Cabezas y con la instalación allí de un gobierno provisional.

En una coreanización de esta naturaleza puede imaginarse que la región atlántica sería usada por los norteamericanos como una cabeza de playa desde la que atacar la zona central y el pacífico de Nicaragua. Un funcionario sugirió que nuevos líderes indígenas podrían ser colocados a la cabeza de un plan así, pues Rivera, Diego y otros han perdido mucho de su prestigio internacional.

Tanto Misurasata como Kisan están muy divididos internamente. No está nada claro que un plan como éste, si es que existe, pudiera ganar el pleno apoyo de estos dos grupos. En cada uno de ellos, hay quienes admiran los valores norteamericanos y su decisión de derrocar a los sandinistas, mientras que otros simplemente están deslumbrados por la cantidad de dinero que han conseguido uniéndose a los Estados Unidos. Hay otros -y tampoco es claro qué numeroso pueda ser este grupo- que aceptan con dificultades la alianza con la FDN y la Administración Reagan.

Para éstos, Estados Unidos es únicamente el camino para poder continuar en su lucha, pero no han perdido de vista el hecho de que ningún gobierno norteamericano ha hecho nunca nada de provecho para los indígenas norteamericanos y que la ideología de la FDN es la misma que los marginó y los explotó a ellos durante los 50 años de somocismo. Estos temen que una invasión norteamericana o una victoria de la FDN, no daría respuestas satisfactorias a sus reivindicaciones y que esto los obligaría a seguir luchando. Ante esta perspectiva, los Estados Unidos pueden suponer que sus sueños de una multitud enardecida que en el muelle de Puerto Cabezas vitorea la llegada de los marines no es más que una quimera descabellada.

Si es el caso que una mayoría de los dirigentes de Kisan quieren realmente lo que Wycliffe Diego dice querer -"No queremos separarnos de Nicaragua, queremos hacer oficial nuestra lengua, que nuestros templos sean respetados, controlar las minas y nuestros recursos y que sean los mískitos los que dirijan el desarrollo de la Costa Atlántica-, entonces tiene menos contradicciones con el gobierno de Nicaragua que las que van a tener con sus actuales aliados, la FDN y el gobierno norteamericano.

Tales honestos dirigentes de Kisan, cualquiera que sean, tendrían, por supuesto, que hacer concesiones. Tendrían que reconocer, en la práctica, por ejemplo, que hay otros cinco pueblos en la Costa, cuyos derechos y aspiraciones deben ser igualmente garantizados. Tendrían que aceptar el hecho de que la autonomía es diferente a la separación precisamente porque el gobierno central no renuncia a un control total del territorio y mantiene el derecho a tomar decisiones que afectan a la totalidad de la nación. Finalmente, tendrían que hacer un acto de fe como han hecho el gobierno y Kisan prodiálogo.

Estos dos últimos han dado muestras de estar dispuestos a probar las posibilidades de una mutua confianza en iniciativas concretas y así, poco a poco, derribar el edificio de desconfianza histórica. Como parte de ese acto de fe, tendría Kisan guerrerista que llegaran a la conclusión a la que llegó al kuka de Leimus: el enemigo histórico de los mískitos no son los sandinistas sino el gobierno norteamericano.

Los mískitos del Río Coco no están conformes con la imagen que de ellos han dado los norteamericanos, un political football, o una pelota propagandística tirada por los dos bandos en conflicto. El mismo gobierno norteamericano no es tan inocente, ni son estos mískitos víctimas tan neutrales. Los mískitos del río confían en los guerreros de Kisan, no solo por ser de la misma raza y por tener el mismo desarrollo ideológico, sino más aun por sus vínculos familiares. Ellos, mas que otros mískitos e otras zonas de la Costa, son reacios a creer que sus propios hijos o hermanos están luchando por motivos inconfesables o que podrían en peligro sus vidas.

Es evidente que algunos de estos mískitos creyeron a los hombres e Kisan cuando les insistían en que los sandinistas iban a volver a llevárselos a Tasba Pri, o que iban a reclutar a sus hijos o a bombardear sus aldeas. Otros, especialmente los de las comunidades del río arriba, según algunos mískitos de Puerto Cabezas, fueron forzados a irse. En cualquier caso -si fueron forzados, presionados o engañados- es indiscutible que por su propia cuenta, por si solos, ninguno hubiera ido a Hondura.s En un viaje de dos días a lo largo el río, a fines de abril, el IHCA pudo hablar con los que quedaron en Bismuna, Kisalaya, Waspam y Leimus, y comprobar que los mískitos realmente no querían irse a Honduras. Porque no era su tierra.

Si Kisan viene -oímos decir una y otra vez- tendrá que matarnos a todo o irse, porque nosotros no nos vamos allá. La única cosa que estas poblaciones tienen en común es que ahora hay cerca de ellas puestos militares del ejército sandinista. A pesar de que esto crea nerviosismo entre los mískitos, que temen que pueden ser atrapados entre dos fuegos, es probable que esa cercana presencia sandinista es la razón por la que Kisan no se acercó a estas áreas. Con todos los que hablamos, ahelaban el regreso de sus vecinos y parientes.

Algunos de los que se fueron a Honduras ya han escapado y han vuelto a Nicaragua. Contaron que Kisan ha puesto retenes y estrechos controles en el área y también que los soldados norteamericanos que están allí impiden que los mískitos regresen a Nicaragua. ACNUR -a quien el gobierno nicaragüense recurrió inmediatamente para pedir su ayuda para el inmediato retorno de estos miles de mískitos- declaró que no había recibido, por parte del gobierno hondureño, ninguna respuesta a su petición en este sentido.

Cuando preguntamos a un representante del FSLN, con años de experiencia en la zona del río, qué condiciones nuevas puedan ofrecer para que no vuelva a repetirse este hecho, si los mískitos regresan nuevamente, respondió que las condiciones ya existirán. Esta gente estaba antes en Tasba Pri, no en Honduras -dijo-. Cuando regresen de Honduras vana saber perfectamente cual es la situación allí y para qué se los llevaron. Nosotros creemos que después de esta experiencia ellos regresarán con capacidad para defender su derecho y su deseo de vivir aquí, en su tierra.

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