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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 58 | Abril 1986
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Honduras

La debilidad del nuevo gobierno hondureño

Qué contradicciones se esconden en el último acontecimiento en que se vio envuelto el gobierno del Presidente Azcona: la supuesta invasión del territorio hondureño por parte del Ejército Popular Sandinista?

Equipo Envío

Aunque es poco el tiempo transcurrido desde la toma de posesión como Presidente de la República del ingeniero José Azcona del Hoyo, el 27 de enero de 1986 y resulta por eso mismo difícil hacer un diagnóstico del nuevo gobierno, sí hay algunos acontecimientos importantes que indican la dirección a que apunta: las maniobras y la presencia de los norteamericanos junto con los acuerdos que las hacen posibles han creado problemas y contradicciones al interior de Honduras; quisiera por eso el nuevo gobierno desembarazarse de lo que así lo ata; pero, a pesar de declaraciones y posturas que pretenderían encaminarse a eso, las reacciones y presiones de la Administración estadounidense le hace experimentar la debilidad y los compromisos con que vive hoy honduras.

Un último acontecimiento en que se vio envuelto el gobierno del Presidente Azcona: la supuesta invasión del territorio hondureño por parte del Ejército Popular Sandinista. Trataremos de evidenciar las contradicciones más importantes registradas en esos sucesos fronterizos, en relación al gobierno y al postura hondureña. Analizaremos enseguida los inmediatos antecedentes de esta crisis - a saber, la toma de posesión del presidente Azcona con su discurso inaugural y la destitución del general Walter López -. Examinaremos, en fin, las maniobras, la presencia y las construcciones militares de los Estados Unidos en Honduras; es en definitiva la política militar estadounidense hacia Honduras la que debilita al gobierno hondureño e impide la estabilización de la región centroamericana.

La postura de Honduras ante los sucesos de la frontera

"Nosotros ayudamos a los contras con la esperanza de que con el respaldo norteamericano ganarían la guerra rápidamente, pero de esto no ha ocurrido y la guerra nicaragüense ya se ha extendido a nuestras fronteras". En esta declaración, brindada a la AFP a comienzo de abril por un alto oficial hondureño que prefirió mantener el anonimato, quizás esté resumido el sentido último de la actuación hondureña ante los sucesos de la frontera.

Combatido entre la paradoja de no admitir públicamente la presencia de bases militares contrarrevolucionarias en su territorio y la preocupación de que la derrota de los contras pueda involucrar al país en una guerra contra Nicaragua, el gobierno hondureño trató en las últimas semanas de navegar en medio de la tempestad, haciendo oídos sordos, resistiendo a las presiones hasta lo posible, retrocediendo, acusando, desmintiendo, aclarando, corrigiendo...Ofreciendo, al final, el espectáculo de una comedia, llena de sorpresas y efectos dramáticos, Tanto que para el gran público no hay duda que la imagen y la posición política, por cierto del gobierno hondureño recién formado se ha rápidamente deteriorado frente a la opinión interna e internacional.

Las oscilaciones demostradas en la crisis han sido realmente microscópicas. He aquí un breve resumen cronológico de las distintas posturas asumidas por el gobierno hondureño ante los sucesos de marzo.

Silencio e indiferencia

Desde el comienzo, las autoridades hondureñas guardaron silencio y hasta desmintieron las informaciones procedentes de Washington sobre una supuesta "invasión" nicaragüense a Honduras . El lunes 24 de marzo, el secretario de prensa de la Casa de Gobierno, Lisandro Quezada decía textualmente: "nosotros no tenemos ningún conocimientos de eso y de haberlo conocido, la cancillería ya hubiera protestado". El funcionario hondureño iba inclusive más allá, esbozando un interpretación de la denuncia norteamericana, que "forma parte de la campaña para lograr la aprobación de ayuda para los contrarrevolucionarios.

El viernes antes, 21 de marzo, el Sub-secretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, Eliott Abrams, había realizado una visita, pasada extrañamente inadvertida, en Tegucigalpa. Según el Miami Herald, citando a anónimos funcionarios estadounidenses, el gobierno hondureño no habría manifestado en esta oportunidad preocupación alguna acerca de la incursión sandinista, que según las mismas fuentes se estaba todavía realizando. Sucesivamente, según el mismo Miami Herald, los Estados Unidos habrían manifestado a su vez al gobierno hondureño "su" preocupación para la seguridad hondureña, invitando además el gobierno de Azcona a denunciar internacionalmente los hechos. Sin embargo, Tegucigalpa habría reaccionado nuevamente con indiferencia, contestando más o menos en estos términos: se trata de un enfrentamiento entre contras y sandinistas, de los muchos que ha habido en estos años, lo cual concierne a los contras, a los sandinistas, a los Estados Unidos, pero no Honduras. A esta altura, los Estados Unidos optaron por ejercer mayores presiones: "Si ustedes no admiten el problema en la frontera -el relata el anónimo funcionario al Miami Herald- entonces quizás tampoco necesiten nuestra ayuda y dinero".

Preocupación y denuncia

Antes las nuevas y fuertes presiones norteamericanas, el gobierno hondureño reacciona entonces el martes 25, denunciando la incursión. Sin embargo , un día antes, el presidente Reagan había anunciado la aprobación de una ayuda de emergencia de 20 millones de dólares y la puesta a disposición de helicópteros norteamericanos - manejados por pilotos estadounidense s - para trasladar tropas hondureñas hacia el borde fronterizo - de donde, evidentemente estaban ausentes -. Llama, además, la atención el hecho de que Honduras, que posee la fuerza aérea más grande de Centroamérica, haya tenido que recurrir en esta oportunidad al apoyo aéreo norteamericano para trasladar sus tropas, sin que sus Fuerzas Armadas, frente a la "emergencia× suspendieran, por lo menos, las licencias de Samana Santa de algunos batallones.

Dos pasos atrás, uno adelante

¿Qué pasó entonces? ¿Por qué el gobierno hondureño tardó, por lo menos, tres días en reconocer las supuesta invasión sandinista? ¿Por qué el presidente Azcona no la condenó, al comunicarse telefónicamente el domingo 23, con el presidente nicaragüense Daniel Ortega? ¿Por qué , además, el mismo presidente hondureño, en medio de la que venía calificada la "peor crisis entre los dos países", no consideró oportuno renunciar a las vacaciones de Semana Santa?

A esta y otras preguntas, el gobierno no hondureño contestó indirectamente días después: hay "sectores interesados en activar un conflicto armado con Nicaragua" y, por eso, el gobierno "actúa con ponderación y serenidad", puesto que - en una clara referencia a la presencia en Tegucigalpa del general Galvin, jefe del Comando Sur de Panamá, y a los contras - el gobierno hondureño "no puede dejar en manos extrañas o inexpertas el manejo de la situación ".

Seguidamente, anónimos funcionarios hondureños atizaban nuevamente el fuego de la polémica hablando de las presiones de Washington, afirmando que los Estados Unidos habían exagerado el peligro para Honduras, mientras el gobierno hondureño sabía perfectamente que el objetivo sandinista eran las bases de los contras, quienes de hecho ocupan la región fronteriza. Y "debido a que los enfrentamientos no son con nosotros , los dejamos pasar. No vamos a conducir a nuestros países a la guerra por un combate entre los contras y los sandinistas". Como tampoco, agregaba el funcionario, Honduras va a reconocer la presencia de los contras en su territorio: "son una carta que no podemos dejar de lado, pueden significar muchas ventajas para Honduras". Estas anónimas denuncias -'nunca como en esta ocasión, los funcionarios hondureños se han lanzado a dar tantas declaraciones "fuera de dientes" - han causado, como era previsible fuertes contragolpes en Washington. Los grandes medios estadounidenses las retomaron, causando evidente molestia en la Administración Reagan, quien pidió el gobierno hondureño que desmintiera públicamente la versión sobre las presiones y aclarara los hechos.

La respuesta vino el viernes 4 de abril. En un discurso oscilante entre grandes afirmaciones de principios, realismo y cautelosas moderaciones, el presidente Azcona reivindicó la justa de la conducta de su gobierno, quien actuó "sin presiones internas ni externas". Reafirmó la solidez de la alianza con los Estados Unidos: "Honduras está decidida a requerir el apoyo militar estadounidense cuantas veces sea necesario", ya que existe una "relación especial de seguridad con Estados Unidos", que comporta, entre otras cosas, la permanencia de bases y maniobras militares en este país.

Pero el mismo tiempo, proclamó que Honduras quiere "substraerse de cualquier conflicto armado regional", y que "jamás convertirá su territorio en plataforma para invadir Estados Unidos vecinos".

Esfumada, en cambio, resultó la posición sobre los sucesos de la frontera. Después de haber acusado a Nicaragua de haber violando la soberanía hondureña - pero, al mismo tiempo, recordando que Nicaragua niega dicho cargo - Azcona suavizó los términos: durante los enfrentamientos con fuerzas contrarrevolucionarioas producidos en territorios nicaragüenses "las acciones podrían haber desbordado la frontera común".

Azcona reiteró, en fin, el apoyo a Contadora y a la propuesta de "reconciliación nacional", es decir, al diálogo entre los contras y los sandinistas.

¿Todo aclarado, entonces, y Reagan satisfecho? Todavía no. El escándalo a estallaba nuevamente después de una aclaración del vocero presidencial según el cual el gobierno hondureño no pidió en alguna forma la ayuda monetaria de emergencia de 20 millones de dólares, aprobada el 24 de marzo por el presidente Reagan, habiéndose limitado entonces a solicitar "servicios de transporte aéreo para trasladar con rapidez soldados hondureños". Pero si no fue Honduras, entonces; ¿quién la pidió? ¿Acaso los contras quienes según otras fuentes - serían los verdaderos beneficiados de esta ayuda?

En resumen, la crisis abierta con los sucesos de la frontera puso al gobierno hondureño, por un lado, ante la paradoja de no -poder- admitir al presencia militar de la contrarrevolución en su territorio: por el otro, ante las crecientes presiones internas contrarias a la presencia de los contras y externas de los Estados Unidos tendientes a involucrar siempre más al país centroamericano en su escalada belicista en Centroamérica.

Prisionero de esta situación, el gobierno hondureño no tiene muchos márgenes de maniobra. Nada nuevo, en absoluto. Sin embargo, las oscilaciones demostradas en esta oportunidad hablan por sí solas acerca de la debilidad y falta de autonomía del nuevo gobierno de Azcona ante el coloso norteamericano.

Antecedentes de la crisis fronteriza

No habían pasado ocho días de la toma de posesión del presidente Azcona cuando el General Walter López quedó destituido de su cargo como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. El discurso con que el presidente asumió la presidencia, es por su misma naturaleza, un esbozo de lo que pretende ser sus programa; la situación del Gral. López parece ser una medida inmediata para que ese programa sea posible. ¿Es esto verdad? El examen de uno y otro elemento nos ayudará a comprender cuál es el contexto inmediato de la actitud tomada por el gobierno hondureño en los sucesos de la frontera honduro-nicaragüense y el significado mismo del discurso presidencial y esta remoción militar del Gral. López.

Discurso inaugural del nuevo Presidente

El largo discurso del Presidente de la República, el ingeniero José Azcona del Hoyo, pronunciado el pasado 27 de enero, en que abordan los más diversos temas y problemas sociales en su aspecto económico, político e ideológico. El tono del discurso se mantiene en la mayoría de los casos a un nivel abstracto retórico y voluntarista, por no decir prometeico. Se enumeren problemas y realidades sin llegar hasta el fondo y no se tienen en cuenta las causas estructurales de tal situación, perdiéndose, por lo tanto, la posibilidad de encontrar una solución y una política adecuadas. Durante la campaña electoral es evidente la ausencia de un programa político con que afrontarla situación y establecimiento de líneas de acción para su solución a corto, mediano o largo plazo.

En este discurso, el nuevo presidente hondureño propone "la concertación de un pacto social a través del cual se puede conjuntar los esfuerzos de todos los sectores de la nacionalidad para impulsar verdaderamente y una vez por todas el desarrollo económico y social en la búsqueda del bien común, prometiendo solemnemente que ... jamás supeditará esta bien común a los intereses particulares o de cualquier grupo de poder". Para conseguir este proyecto se necesitaría únicamente revestirse de "voluntad férrea", "honestidad inconmovible", y "amor a toda prueba hacia nuestro país y nuestro pueblo". Aparte de la retórica voluntarista con la que se quieren resolver los problemas, resulta admirable la formulación ideológica de tal pacto social: por una parte, se encumbren los mecanismos estructurales causantes de la casi totalidad de los problemas nacionales (desigualdad, injusticia, pobreza, desempleo, endeudamiento, etc.); por otra parte, se supone que el costo social de dicho pacto será de unos (obreros, campesinos, y mayorías pobres) mientras que el beneficio será recogido por una minoría privilegiada.

Dado que con la ayuda extranjera nunca se podrán alcanzar las metas deseadas, el proyecto de nación habrá de encauzarse a utilizar los recursos humanos por ser la principal fuente de energía productora de riqueza. El énfasis vendrá dado al sector agropecuario combinado con una aceleración y ampliación de la reforma agraria. El empresario agrícola recibirá estímulo y protección, y se crearán las condiciones para incentivar al capitalista nacional en la agroindustria. Habrá interés prioritario por la mediana y pequeña industria. Al mismo tiempo se hace una invitación a los inversionistas extranjeros a quienes se les ofrecen las garantías necesarias.

Seguidamente el discurso toca los temas del desempleo (azote de la nación y caldo de cultivo de la rebelión social), la asistencia social, la juventud, la mujer, educación, salud, explotación de los recursos naturales, la organización administrativa del Estado . Todos estos temas aparecen enumerados en la larga fila descriptiva y lineal donde no aparece para nada una articulación orgánica y dialéctica de los mismos en orden a una ubicación precisa en el conjunto de la sociedad, su determinación e importancia en el conjunto, causas determinantes que los generan, y vías de solución.

Finalmente, en referencia a la realidad actual del país, habla de una isla de paz en medio de la "vorágine insurreccional y apocalipsis de la guerra civil". La política exterior será enmarcada por el respeto a la no-intervención en los otros estados y a la libre autodeterminación de los pueblos; el respaldo total a Contadora y al Grupo de Apoyo en la resolución de los problemas centroamericanos; y la unión a toda Latinoamérica. Por último se menciona explícitamente a Estados Unidos (en la invariable amistad y mantenimiento de ideales comunes), la Comunidad Económica Europea, Japón y Canadá. Ej el plan interno se mencionan a los liberales, a todos los compatriotas, y el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas (FF.AA).

¿Qué consecuencias se desprenden de todo este discurso? Ciertamente no hace ver con claridad una política definida; se tocan todos los temas y parece que el objetivo principal es quedar retóricamente bien con todos los sectores sociales. Este irenismo social hace que los problemas, intereses, conflictos contrapuestos queden ahogados como inexistentes y la retórica del momento aparece como suficiente para afrontar la realidad del país.

Como muestra de esto, se pueden entresacar las siguientes afirmaciones: "... no será justo que el pago de la deuda externa se haga agravando la situación de hambre miseria en que ya se debate nuestro pueblo..."; tenemos que... procurar que se mejore la calidad de vida de la inmensa mayoría de la población, alimentos, vivienda, libros y recreaciones..."; "lucharemos porque el futuro se aparezca... como un horizonte en el que se desvanezcan las amenazas al desempleo, el hambre y la enfermedad... tendremos que esforzarnos para que los hondureños se sientan realmente garantizados en el pleno disfrute de todos y cada uno de los derechos que le están consignados en la Constitución de la República"; "... no descansaré un instante en mi empeño de velar porque no falte un tan solo hondureño que viva sediento de justicia..."

A nivel internacional, en dos ocasiones el presidente explícita algo de lo que significaría un alineamiento con el gruesos de los países latinoamericanos: "buscaremos por todos los medios a nuestros alcance, la readecuación de nuestra deuda, solidarizándose, si ello es necesario, con otros países latinoamericanos"; "y estrechando los lazos en defensa de intereses comunes, entre ellos la readecuación de la deuda externa y la lucha por mejorar los precios para nuestros productos de exportación". Complementa este dato lo mencionado anteriormente del apoyo a Contadora e implícitamente una solución política y negociada para Centroamérica.

Este primer discurso presidencial, demuestra definitiva la seria carencia de un análisis serio y profundo de la situación nacional, y una cierta supeditación del proyecto nacional a intereses foráneos, no sin que deje de manifestarse una cierta ambigüedad en la alusión a deseos voluntaristas e ineficaces de otro rumbo.

La caída de Walter López

Esta debilidad inicial del gobierno de Azcona del Hoyo se puso de manifiesto cuando el 2 de febrero, a los pocos días de la toma de posesión, se hizo pública la destitución del general Walter López, comandante en jefe de la FF.AA. Las razones aducidas, de orden personal y cansancio, a nadie explicaron a fondo la crisis producida, tanto al interior de las FF.A. como al interior del propio gobierno, debido a lo prematuro de tal renuncia. El diario Tiempo, en su editorial del 3 de febrero, adelantaba una hipótesis sobre el trasfondo de la renuncia: "La verdad es que el general López fue echado del poder por sus compañeros de armas e incluso obligado a abandonar temporalmente el país. Esta fue un decisión unánime del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas". ¿A qué razones obedece tal hecho? El mismo diario proporcionaba una clave de comprensión: "el problema de Nicaragua y la política norteamericana a este respecto que ha puestos patas arriba nuestro entorno político por las contradicciones entre los EE.UU y por las contradicciones entre los interés de la administración Reagan y los legítimos intereses de Honduras, que definitivamente no coinciden en este caso".

Al día siguiente Tiempo volvía sobre el tema: "los entretelones del golpe militar no se conocen completamente y con certeza todavía, aunque todo esto tiene que ver con las pugnas generacionales al interior de la entidad castrense y, sobre todo el interés de mantener y si es posible aumentar la influencia militar en el manejo de las políticas del Estado Hondureño".

Frente a la tendencia hacia una "democracia con militarización" en detrimento de la sociedad civil ya que quien detenta en la práctica el poder son las FF.AA., la prensa nacional hablaba de la "anormalidad de la democracia hondureña" al comprobar que es el Consejo Superior de las FF.AA. quien destituye a su comandante en jefe, ignorando al Congreso Nacional que lo nombró. Y eso, mientras los portavoces gubernamentales del Congreso Nacional, del Partido Nacional, etc., afirmaban que "todo es normal", normal que las FF.AA: funcionen autónomamente, al margen y por encima del poder constitucional. En otras palabras, que mantengan su soberanía y primacía excepcionales sobre la sociedad civil.

En estos últimos años las transformaciones efectuadas por las FF.AA: obedecen a una "puesta al día" de la estructura militar más acorde con la política norteamericana para Centroamérica y con la "puesta en práctica" de un proyecto contrainsurgente de mayor intensidad en toda la nación que conduce a la supresión de todo tipo de oposición y de viabilidad de un proyecto alternativo por parte de las organizaciones populares.

La crisis predecida con la defenestración del general Alvarez - pero no de todos sus hombres - no cuestiona para nada los dos elementos claves: la participación de Honduras al proyecto contrainsurgente y la alianza con los EEUU. Lo que está en juego son más bien las formas de llevar adelante este proyecto, aún en un cuadro político en que las FF.AA. representan factor el poder: por un lado, manteniendo un aparente perfil alto de autonomía - y esta parecía ser la línea seguida por el general López - o, al contrario, bajando el tono - por decirlo así - de la cúpula militar, facilitando al mismo tiempo un aparente control y capacidad de negociación del gobierno civil, y en realidad una más directa intervención de los EEUU en la política hondureña. En todo caso, no puede esperarse, pues, una alternativa o salida fuera de este proyecto contrainsurgente. En este marco preciso se entienden las declaraciones del actual jefe de las FF.AA. el general Humberto Regalado Hernández, a propósito de las maniobras militares en la Mosquitia o con motivo de la amnistía a los presos políticos.

Internamente, por otra parte, se debilita la posición de Azcona de cara al proceso democrático y político del país. El Congreso Nacional no ha autorizado la presencia de un ejército rebelde nicaragüense en el país, ni mucho menos la introducción de armas y avituallamientos para ese ejército. En la misma dirección el permitir agresiones y actos de guerra contra un país vecino. Hasta la fecha tanto el Congreso como la alianza "azcona-callejista" han ratificado con su silencio y su consentimiento todo lo que ha ocurrido. SI la situación dará un giro se podrá de manifiesto y aumentará esta especie de debilidad estructural con la cual han comenzado su período presidencial. Esta serie de handicaps puede ser insuperable y aparentemente hasta ahora, parece que Azcona se le escapan los hilos de la trama nacional.

Si, por una parte, el silencio ha caracterizado al presidente, por otra, los hechos lo han definido antes de que pueda tomar una postura oficial. El acuerdo con la administración Reagan conducirá a una proyecto de nación donde la que menos cuente serán los intereses propios y los de las grandes mayorías; al mismo tiempo, - será - fuertemente presionado hacia una solución militar al conflicto centroamericano. la política exterior, bajo otra modalidad, será continuación de la anterior y de aislacionismo creciente respecto al resto de Latinoamérica. AL interior contara con unas FF.AA. con plenos poderes al margen del Congreso Nacional, con un jefe de las FF.AA. con plenos poderes al margen del Congreso Nacional, con un jefe de las FF.AA. que, en sus primeras declaraciones , mantiene una línea dura y contrainsurgente, recordando los "mejores tiempos" del general Alvarez; con un Congreso Nacional que , al parecer, está de acuerdo con esta situación de factor, pero donde en cualquier momento puede resquebrajarse el pacto "Azcona-Callejas".

Junto con lo anterior se da el hecho de que ninguno de los dos partidos tradicionales ha logrado unificarse, siendo previsibles cambios significativos a corto o medianos plazo que harían aún más inestable la situación presidencial.

Aunque la bola está aún en el aire el futuro aparece con tintes sombríos, un tanto incierto y amenazador. ¿Será capaz Azcona de poder manejar toda esta situación y tendrá margen para hacerlo?

Política militar estadounidense hacia Honduras

"Cabañas 86" y otras maniobras militares

El lunes 3 de marzo se iniciaron las maniobras militares denominadas "Cabañas 86" en la Mosquitia hondureña, Departamento de Gracias a Dios. En la primera etapa de estas maniobras (aproximadamente un mes) entre 400 y 450 ingenieros militares estadounidenses de la Fuerza de Tarea "Tigre" del 27 Batallón de Ingeniería (Basado en el Fuerte Bragg de Carolina del Norte) con militares hondureños construirán una pista de aterrizaje a 4.100 pies de extensión, para aviones de carga Hércules-130- En la segunda etapa, 2.500 efectivos de la 82a División Aerotransportada (unidad de combate, también basada en Fuerza Bragg, que jugó el papel principal en la invasión de Grenada) con 2.500 efectivos de varios batallones hondureños harán maniobra de "operaciones especiales".

"Cabañas 86" se lleva a cabo al lado del pueblito de Durzuna, cerca de Mocorón, a menos de 20 km de la frontera nicaragüense. En su primera etapa, estos ejercicios ofrecieron la novedad de que se hizo un puente aéreo durante tres días (siete horas de vuelo directo) entre Fuerte Bragg y Durzuna, con seis aviones Hércules C-130 y ocho C-141, desembarcando en paracaídas al valle de Comayagua, cerca del aldea Las Flores; pero "Cabañas 86" son las primeras maniobras en Honduras en que lanzan equipo pesado en paracaídas. Al construirse la pista de aterrizaje, los ingenieros y su equipo pesado volverán a Fuerte Bragg en aviones que despegarán de la nueva pista; al terminar la segunda etapa, la pista pasará a las FF.AA. hondureños.

Un portavoz militar estadounidense explicó el objetivo de las maniobras "Cabañas 86" en el sentido de brindar preparación a las FF.AA. conjuntas en despliegue de fuerzas especiales y en operaciones aerotransportadas, mientras se continuaba el proceso de profesionalización de las FF.AA. hondureñas. Oficiales hondureños agregaron que las maniobras también tienen el objetivo de "integrar a nuestra soberanía esta zona de La Mosquitia" (General Regalado) y de promover el desarrollo económico (Presidente Azcona) de la zona casi despoblada. Anunciaron al mismo tiempo planes de construir una carretera desde Puerto Lempira a Durzuna.

El embajador de EEUU en Honduras, John Ferch, declaró que "el gobierno sandinista deberá tomar nota que los EEUU están en condiciones de enviar tropas y equipo pesado a Honduras en cuestión de horas, si surge la necesidad ...somos capaces de venir en ayuda de Honduras si es necesario, a zonas alejadas ". Pese a estas declaraciones de Ferch y a la cercanía con la frontera nicaragüense, el general Humberto Regalado Hernández, nuevo jefe de las FF.AA. hondureñas, aseguró que las maniobras no representan ninguna amenaza a la nación vecina porque no servirán ni para preparar una invasión ni para brindar ayuda al os contras. Dijo que la política de Honduras es "no servir de trampolín para invadir ningún otro país". Al mismo tiempo el general Regalado negó, como ya es de rutina para funcionarios hondureños, que Honduras participa de alguna manera en el conflicto de Nicaragua; dijo que él no tenía conocimiento de la supuesta presencia de los contras en territorio hondureño.

"Cabañas 86" no son las únicas maniobras militares que se llevarán a cabo en Honduras en 1986. A mediados de abril se concentrará el mayor número de militares estadounidenses en Honduras en el transcurso de las maniobras simultáneas que empezaron con "Ahuas Tara I" en febrero de 1982, porque se han anunciado las maniobras "Vicente Tosta" (a partir del 13 de abril), operaciones de comando, comunicación control de la zona de Palmerola; y en Yoro continúan las maniobras "Terencio Sierra 86", iniciadas en enero. Todos los ejercicios combinados se derivan del convenio de cooperación económica y de asistencia militar entre los Estados Unidos y Honduras, firmado en 1954.

"Terencio Sierra 86", 4.500 efectivos de las guardias nacionales estadounidense cada 15 días (en grupos de 400 a 450), con apoyo de la Fuerza de Tarea "Bravo" (1.000 efectivos estadounidense) de Palmerola, construyen 21 km de carretera entre Jocón y su campamento de Puentecita, a media hora de la cabecera departemento de Yoro. Este tramo de carretera conecta con el que se hizo el año pasado en las maniobras "Cabañas 85", desde San Lorenzo (Cerca de Olanchito) a Jocón, dando paso libre para el movimiento de tropas y equipo desde Puerto Castilla, en Atlantida, hasta Yoro, y de ahí hacia otras partes del interior del país.

Efectos de la presencia de militares estadounidenses
en la sociedad hondureña

Fuera de zonas directamente involucradas en las maniobras militares, en el país, a nivel de la vida diaria, no se nota mucho la presencia de los militares norteamericanos. Sin embargo, últimamente la presencia más permanente, la de la Fuerza de Tarea "Bravo" en Palmerola, ha llegado a ser motivo de agrias discusiones públicas en todo el país. Hace tiempo se rumoreaba que algunos de los militares se dedicaban a actividades sexuales no sólo con prostitutas sino también con algunos jóvenes de Comayagua. Ahora un comité civil de Comayagua ha denunciado varios problemas esta índole, incluso la presencia de enfermedades venéreas en la boca de algún muchachito, además de varios casos confirmados del SIDA en prostitutas.

El pueblo hondureño, que no se sentía con capacidad de manifestar su opinión sobre la virtual "ocupación" del país por tropas extranjeras, sí ha sabido utilizar su preocupación por sus jóvenes y ha manifestado su desacuerdo con la presencia militar estadounidense, a través de comunicados, conferencias de prensa, y manifestado su desacuerdo con la presencia militar estadounidense, a través de comunicados, conferencias de prensa, y manifestaciones por las calles tanto de Comayagua como de Tegucigalpa. (Llama la atención que no manifestaron semejante preocupación por las jóvenes).

El embajador estadounidense John Ferch declaró que no había pruebas de las acusaciones, que todo esto no tenía nada de cierto, que desde hace meses los militares estaban sometidos a controles militares estaban sometidos a controles muy estrictos, y que se estaba poniendo en peligro las relaciones amistosas entre Honduras y los Estados Unidos. Sin embargo, no logró calmar las inquietudes levantadas por las noticias provenientes de Comayagua. La diócesis católica de Santa Rosa de Copán públicamente cuestionó la presencia de tropas norteamericanas, y le presidente del Congreso Nacional, Carlos Montaya, declaró que, a su parecer, los estadounidenses ya habían cumplido su misión de entrenar a las FF.AA hondureñas y por tanto debían retirarse del país.

Todo esta polvareda de protesta probablemente extrañó a la mayoría de los militares norteamericanos que están en Honduras, si es que se enteraron. A nivel individual, por lo general ellos no captan la realidad de Honduras; viven en un mundo aparte, poco hablan español, y muy poco se interesan por conocer "desde adentro" Honduras. Por ejemplo, cuando el General Walter López se vio obligado a renunciar como jefe de las FF.AA. hondureñas el 1 de febrero, varios no se enteraron. Otros supieron a través del titular del Miami Herald, que citaba la versión oficial de que el General López "estaba cansado", lo cual para ellos era comprensible dado su trabajo pesado etc. No hubo mayores comentarios entre los soldados de Palmerola sobre la división que podía haber en el seno de las FF.AA. hondureñas, cómo el cambio podía afectar a sus compañeros de armas hondureños. qué impacto podía tener en la política estadounidense, etc. Como los estadounidenses son de otro estilo ejército, no comprenden el poder que ejercen las FF.AA. en tantos aspectos de la vida hondureña.

Algunos por casualidad se enteran de la corrupción de uno que otro oficial hondureño de enlace, por ejemplo cuando un tal capitán García intentó quedarse con la madera ocupada para el campamento de San Lorenzo (Yoro) después que el oficial norteamericano la había prometido a los campesinos del área, o cuando el mismo capitán García intentó subir el precio del alquiler del campo donde está el campamento "Oso Grande" de Puentecita, obligando al primer grupo de guardias norteamericanos a quedarse la noche en el camino hasta que se convenció que no le iban a pagar más. Pero por lo general ni se imaginan el grado de corrupción que puede existir dentro de las FF.AA. hondureñas, sobre todo a niveles más altos donde hay más posibilidad.

Las cuestiones de análisis, de inteligencia, de política, etc., se supone que se manejan más bien desde las sedes principales: el Pentágono y la embajada estadounidense en Tegucigalpa. El mismo comandante de Palmerola es responsable tanto ante sus jefes militares en Washington, D.C., como ante el embajador John Ferch.

Tampoco tienen mucha visión de por qué están en Honduras, por lo menos cuando llegan. En sus charlas de orientación a los recién llegados a la Fuerza de Tarea "Bravo" en Palmerola, el coronel comandante explica su misión en términos de que en Centroamérica, los Estados Unidos sí están en una guerra, guerra que confían ganar y ganar sin armas. Esto, les dice, a diferencia de Vietnam, cuya memoria viene de inmediato a los veteranos cuando bajan del avión en Palmerola, en una base tan parecida a tantas que vieron en Vietnam, dentro de un paisaje también parecido. Dice el coronel que la guerra es contra el comunismo ahora casi a las puertas de los EE.UU. (18 horas de camino, según él, desde el portón de Palmerola hasta la frontera de su patria). Se supone que les habla de "conquistar las mentes y los corazones" del pueblo hondureño.

Como no conocen, los soldados norteamericanos han de tener cierto miedo cuando salen de sus bases. Hace dos o tres meses se les tenía prohibido entrar en San Pedro Sula durante varios días porque se decía que San Pedro experimentaba "actividad comunista". Se rumorea que se les tiene prohibido entrar en El Progreso por la misma razón: "muchos comunistas". Varios de los guardias nacionales que trabajan en Yoro están convencidos que casi están rodeados por "subversivos" y "terroristas"; el campamento de Puentecita está fuertemente patrullado.

Aún antes de los acontecimientos de Comayagua, parecía que los militares estadounidenses se daban cuenta de la mala imagen que tenían en varios sectores de Honduras; habían lanzado unas campañas puntuales de relaciones públicas para mejorarla . A finales de 1985 convocaron una reunión de las "fuerzas vivas" de Yoro para explicarles las finalidades y los métodos de las maniobras "Terencio Sierra 86". Subrayaron que el campo usado para el campamento "Oso Grande" estaba correctamente alquilado al dueño, con pagos contratados, etc. (En Olanchito después de "Cabañas 85" corría la bola de que en medio robaron al dueño del campo de San Lorenzo). Enfatizaron que no se iban a repetir uno errores de "cabañas 85", por los cuales ellos habían quedado mal con pobladores de los alrededores de Olanchito. (Prometieron arreglos de caminos y de campos de fútbol, y no lo hicieron, prometieron varios beneficios pero los pobladores no los experimentaron.

Además se involucraron en las actividades de las FF.AA. hondureñas, acostumbradas a "peinar" las zonas de maniobras a base de denuncias y rumores, buscando "subversivos"; efectivos norteamericanos ayudaron al traslado del P. Juan Donald, apresado torpemente por los hondureños). Toda la reunión la llevaron con mucha apertura, con verdaderos esfuerzos para que el público les respaldara. Invitaron a que pusieran peticiones de ayudas comunitarias; de hecho excavaron un nuevo poso para el hospital.

Sin embargo, por su idiosincrasia extranjera, ofenden las sensibilidades de algunos pobladores de la ciudad de Yoro. Por ejemplo, toman fotos de todo lo que les llama la atención, sin pedirle permiso a nadie. Todo lo que ellos creen "primitivo" atrae su interés. Al dueño de una farmacia le molesta cuando una y otra vez entran para tomar fotos de algo que les pica la curiosidad; pero él no se atreve a quejarse ante ellos. A la gente humilde que camina por las calles les parece que les quitan su dignidad. (Estas actuaciones fotográficas contrastan con lo que pasa si alguien se atreve a tomarles la foto a ellos).

Dentro de las relaciones públicas cabe mencionar los viajes del capellán militar estadounidense basado en Palmerola, el Teniente Coronel Joseph Anderson, sacerdote católico benedictino. EL P. Aderson, un tipo afable, amable, platicador, visita casas curales en sus giras por el los campamentos ya establecidos o por las áreas de futuras maniobras. Se relaciona con el clero local, un sacerdote que busca estar con los suyos. En algunos lugares llega a la casa cural vestido de civil y sale vestido de militar. A veces se ofrece para ayudar en la pastoral, por ejemplo, con misas en aldeas cercanas a los campamento; a veces pide ayuda pastoral, por ejemplo, con misas (o servicios protestantes) de parte del clero parroquial para los muchachos de los campamentos.

Recientemente el P. Anderson se reunió con el clero de la diócesis de Comayagua, donde les aseguró que la misión de sus compatriotas militares era nada menos prestar servicios sociales a las pobres de Honduras. Invitó a todo el clero a dar un paseo en un helicóptero Chinook (de carga) a Jocón, con almuerzo con los muchachos del campamento; varios se apuntaron. Fue enlace para atender las solicitud de un sacerdote de un lugar aislado de la costa a caribeña, en el sentido de llevar en helicóptero 150 bolsas de cemento a varias aldeas para construcción de capillas. Los militares calculan el costo del uso del helicóptero Chinook en $15.000 la hora; los cuatro días de este "servicio social" no pudieron salir en menos de 10 horas, probablemente más un promedio de $1.000 por bolsa de cemento. (El sacerdote local compró el cemento). En términos concretos el P. Anderson representa algunas de las ambigüedades de la presencia militar estadounidense en Honduras. Sobre todo los que por las circunstancias se encuentran más cercanos padecen ciertas presiones y riesgos de división interna.

Permanencia de la presencia militar estadounidense

El Congreso norteamericano prohibe una presencia militar permanente en Honduras. Por tanto, ningún individuo puede quedarse en Honduras por un período de más de seis meses. La única excepción es el comandante de Palmerola, cuya prohibición es algo ficticia; de hecho si a los militares les interesa, al sujeto le dan 4 ó 5 días de vacaciones fuera del país (p. ej. en Houston), luego vuelven a destinarlo a Honduras para otro período.

El detalle sirve para introducir la cuestión más amplia sobre la permanencia militar; porque si bien los individuos vienen y se van, las FF.AA. estadounidenses han estado en Honduras casi constantemente desde las primeras maniobras en octubre 1981. La presencia ha girado alrededor de tres ejes principales: maniobras, inteligencia (sean de estaciones fijas o de vuelos), y la Fuerza de Tarea "Bravo" de Palmerola. En torno a cada eje se hacen construcciones militares, hasta tal punto que algunos comentaristas opinan que los Estados Unidos ya tienen la infraestructura hecha para movilizar a 55.000 combatientes en Honduras (ver cuadro sobre construcciones). El Congreso, que se mantiene más o menos firme en su oposición a una presencia militar permanente en Centroamérica, hace ruido cada rato al respecto, pero en el fondo no define una postura coherente. Por otro lado el Pentágono ha sabido jugar con las leyes (según dicen algunos, con asesoría de los expertos de la CIA que ya lleva sus décadas de manejarse fuera del control del Congreso) de tal forma que se ha salido con la suya, manteniendo las apariencias legales.

Aunque Reagan no ha logrado convencer al Congreso sobre su política hacia Centroamérica en general, en el caso de Honduras ha logrado que el Congreso le deje el espacio que considera necesario para ejecutar sus planes y programas. El presidente trabaja con un Congreso incapaz, con rara excepción, de apreciar independientemente lo que de veras pasa en Centroamérica (mucho menos en Honduras), un Congreso con mucho miedo al "comunismo", y con más miedo aún de que se le s acuse de haber "perdido" otra parte de Centroamérica (como se "perdió" la República de China, Cuba, Vietnam, Irán, Nicaragua, etc.). El Congreso mismo ha incrementado la ayuda militar anual concedida o pedida para Honduras en mas de mil por ciento con respecto a toda la ayuda militar a Honduras durante lo cuatro años de la administración de Carter.

Es precisamente en la cuestión de las construcciones donde el Congreso estadounidense intenta plantear su postura. El Pentágono insiste en que las construcciones son "temporales", para las maniobras y nada más; pero la Oficina General Accounting Office, GAo), en un estudio que se le reveló hace poco, concluyó que el Pentágono usó fondos para construcciones en violación de las leyes estadounidense y manipuló las cifras para legitimar su acción. El Congreso exige que el Pentágono busque explícita autorización previa para gastos de construcción que sobrepasan $200.000; el Pentágono suele sacara los gastos de otras partidas. Varios congresistas han visitado instalaciones norteamericanas en Honduras ; según ellos, muchos cuarteles, carreteras, y otras construcciones en los años de maniobras continuas funcionan a la perfección y son permanentes, en violación de las leyes.

Después de mucho espera, por fin el 3 de febrero de 1986 el Departamento de Defensa entregó al Congreso un resumen de algunos de sus planes y pre-proyectos de construcción militar para Honduras para los años fiscales 1986 a 1991.- Para esos años el Departamento de Defensa proyecta gastar $38.75 millones sólo en construcciones es decir, sin incluir proyecciones de gastos de equipo, de armas y municiones, de personal, etc. Incluido en estas construcciones son $30.27 millones en Palmerola, de los cuales $23.67 millones estarían destinados a "mejoras de las facilidades de Palmerola, " y $6.6 millones para la construcción y mantenimiento en Palmerola de facilidades para una unidad aérea del ejército dedicada a la recopilación de inteligencia a través del vehículo sin piloto manejado por control remoto ("remote pilotless vehicle", RPV), un proyecto de la jefatura del estado mayor conjunto de EEUU. Del resto $6.6 millones se dedicarían a la construcción de un centro hondureño de entrenamiento militar que sustituiría al abandonado CREM (Centro Regional de Entrenamiento Militar) "inasequible" para el uso de los militares hondureños; y $668 mil se dedicarían a varios gastos del campamento de Puentecita para "Terencio Sierra 86" . (Cabe enfatizar que este resumen trata únicamente pre-proyectos de construcción, dentro del presupuesto del Pentágono, aquí no entran los gastos de ayudas militares, ni siquiera todas las construcciones proyectadas para Honduras).

Según el informe del Pentágono, Honduras se responsabiliza de los costos de la construcción de obras como carretera Jocón- Puentecita. En el caso concreto del equipo pesado que pertenece a la Guardia Nacional del Estado de Missouri, El Pentágono se encargó de los costos del transporte, mantenimiento y alojamiento del equipo y del personal. Así se entiende mejor lo que reporta la prensa hondureña: a Honduras sólo le toca pagar los gastos de combustible de estas construcciones. Sin embargo, muchos de estos gastos directos no entran en los renglones de "construcción" del Departamento de Defensa.

A pesar de los proyectos de construcción y de la permanencia de tropas estadounidense en Honduras desde hace algunos años (proyectada ahora por lo menos hasta 1991), el Subsecretario del Departamento de Defensa William H. Taft IV escribió al Congreso el 3 de febrero de 1986:

Los Estados Unidos no tienen ningunas bases militares y otras instalaciones permanentes en Honduras. No tenemos ninguna intención de establecer tales bases. Todos los deberes y actividades estadounidenses en Honduras, exceptuando a personal asignado a los cargos de agregados militares, a la seguridad de la embajada, ya al manejo del programa de ayuda militar, son transitorios por naturaleza y seguirán funcionando mientras la situación de la región lo requiere y el gobierno hondureño apruebe nuestra presencia.

Política estadounidense: no Honduras sino "la región"

El Sr. Taft atinó con la frase "mientras las situación requiera", porque aquí se resume la política del gobierno del presidente Reagan hacia Honduras. En esta política Honduras no se ve como un país independiente y soberano, con su propia historia, sus propias necesidades y sus propios deseos, sino como una pieza clave en un mosaico más amplio que incluye a los mismos Estados Unidos. En este cuadro Centroamérica aparece como el "patio trasero".

El presidente estadounidense utiliza a Honduras como Estado cliente para detener el avance lo que él proveniente del a URSS a través de Cuba para instalarse en Nicaragua y con intentos de derrocar al gobierno democrático y popular" de El Salvador. A Honduras le forzò a servir como base de entrenamiento para sus antiguos enemigos, los militarese salvadoreños, en el CREM. Así se intentó evitar las limitaciones impuestas por el Congreso, en el sentido que Reagan no podía subir el número de asesores militares en El Salvador por encima de 55. Pero los militares hondureños por fin se opusieron a seguir colaborando con el entrenamiento de salvadoreños, y el Pentágono tuvo que cerrar el CREM). Las FF. AA hondureñas han hecho operaciones conjuntas con las salvadoreñas en la frontera común y en los campamentos de refugiados.

A Honduras también le toca servir de base de aprovisionamiento, de entrenamiento, y de lanzamiento de ataques de los coantras nicaragüenses que buscan, con apoyo abierto de Reagan destruir el Estado sandinista a través de la "guerra de baja intensidad". La prensa nacional, citando al Washington Post, reportó que desde octubre de 1985 entre 60% y 70% de los 18.000 contras están en territorio hondureño. El Secretario de Estado George Shultz afirmó que últimamente se ha superado el problema de los obstáculos que desde octubre 1986 ponía Honduras a la entrega de materiales a los contras. El 6 de marzo reportó La Tribuna que el canciller hondureño, Carlos López Contreras "aseguró ayer que Honduras mantiene su posición de no prestar sus territorio para la entrega de la ayuda norteamericana a los rebeldes antisandinistas, desmintiendo con ello al secretario de estado, George Shultz".

Pero la misma edición del periódico traía la noticia que Gaspar Weinberger, Secretario de Defensa, había afirmado ante un comité de la Cámara de Representantes que muchos de los contras tienen sus bases en Honduras. "Estos fueron los primeros comentarios públicos den que un alto funcionario estadounidense reconocía el papel de Honduras en la guerra de guerrillas que libran los antisandinistas `contras' contra el gobierno de Managua". Citando las dificultades puestas por Honduras en el suministro de los contras, el Secretario Weinberger añadió "tenemos razones para creer que esta situación está cambiando".

Sin embargo, algo después, ante la OEA, el canciller hondureño no vio ninguna necesidad de mencionar el tema de los contras en su presentación sobre la política exterior de Honduras. Sin embargo, como va siendo habitual, lo que se niega en Tegucigalpa se afirma en Washington. El diario El Heraldo, con fecha 14 de marzo, afirmaba: "Fuentes de la Administración indicaron que después de la toma de posesión del nuevo presidente de Honduras, José Azcona, del 27 de enero, los embarques de abastecimiento se reanudaron, aparentemente, después de que Tegucigalpa se afirma en Washington concluyeron un acuerdo (subrayado nuestro) bajo el cual los EEUU no publicarían oficialmente el papel de Honduras, y buscaría incrementar la ayuda americana."

Si hasta entonces los funcionarios de EEUU. habían sido cuidadosos para no relacionar directamente a Honduras con los contras, Weinberger dijo, sin ambages, que es que en Honduras donde tienen sus bases y son abastecidos. Y tratando de vencer el escepticismo del Congreso afirmó con más énfasis aún: "Honduras está haciendo algo más que sosteniendo y diciendo algo...muchos de estos peleadores nicaragüenses por la libertad tienen su base en Honduras, y son, y muchos de ellos han sido, de tiempo en tiempo, directamente reabastecidos por Honduras".

Con el conocimiento de este hecho hay dos consecuencias que se desprenden. La primera es la "desinformación y manipulación" crónicas a que se tiene sometido al pueblo hondureño precisamente cuando se critica y achaca en los países vecinos la falla de libertad, información y libre expresión de negociar a espaldas de todo un pueblo, sobre un proyecto de nación que no va a tener en cuenta los intereses propios y, mucho menos, del de las mayorías pobres, o mejor, desposeídos. El establecimiento de este acuerdo y la continuidad de sus lineamientos en el futuro supondrá para Honduras proseguir con la política de ser "portaviones de los EE.UU., de promover el militarismo y de se eco de la voz del norte proponiendo una solución militar y no negociada en el conflicto centroamericano. Se continuará participando de la "ambivalente política norteamericana" de contradecir con los hechos lo que se afirma con las palabras puestas ejemplarmente de manifiesto por Reagan ante el Congreso cuando decía apoyar a Contadora dialogando al mismo tiempo con toda la oposición política y militar y al mismo tiempo pidiendo 100 millones de dólares para derrocar al gobierno nicaragüenses.

No sorprende, pues, que el embajador estadounidense en Tegucigalpa John Ferch, declarara que la política exterior hondureña era paralela a la estadounidense y que se sentía muy cómodo con ella por perseguir los mismos objetivos y las mismas metas.

Los comentarios de Weinberger provocaron mucho comentario en Honduras. Sin embargo con ocasión de la visita del nuevo enviado especial de la Administración de Reagan a Centroamérica, Philip Habib, el Presidente Azcona volvió a aclarar que "no hemos firmado ningún pacto ni secreto ni abierto" con los EE.UU. Al mismo tiempo calificó las declaraciones tanto de Shultz como de Weinberger como "puntos de vista" mientras enfatizó que los oficiales estadounidense bien entienden que "Honduras es un aliado, es leal amigo de los Estados Unidos". Al preguntársele si su gobierno apoya o no a los contras, Azcona se limitó a decir que "mi gobierno es amigo de los Estados Unidos y lo va a seguir siendo". Daba la impresión que los "puntos de vista" de Shultz y de Weinberger bien captaron el sentido de la profunda lealtad del gobierno hondureño, que acepta el papel regional que Reagan les ha asignado.

Pobladores de las zonas fronterizas se quejan de los graves problemas sociales y económicos causados por la contra, pero el gobierno y las FF.AA. sigue oficialmente negando su presencia en Honduras, Ni el gobierno hondureño ni las FF.AA. tienen un control de los contras, un tercer ejército dentro del territorio nacional. Tampoco han logrado negociar un nuevo convenio con EE.UU. que incluya la responsabilidad estadounidense de desarmar y ubicar a los contras en caso de su fracaso (cada día más evidente). Los últimos acontecimientos dejan en completa claridad que Honduras es víctima de una política militar estadounidense que nada tiene que ver con Honduras como tal sino que obedece a una simplista visión hemisférica manejada a los más altos niveles del gobierno de Reagan.

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