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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 55 | Enero 1986
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Centroamérica

Factor militar en la Prolongación del conflicto y en la agudización de la crisis

Los éxitos militares centroamericanos frente a la guerra de baja intensidad que promueve Estados Unidos y la intransigencia de la administración Reagan para encontrar una salida negociada al conflicto centroamericano lo prolongan peligrosamente.

Equipo Envío

La prolongación del conflicto bélico lleva consigo, como consecuencias, enormes costos para el pueblo centroamericano en vidas humanas, en la agudización del sufrimiento de los más pobres, en la pérdida paulatina de todo dinamismo económico autóctono. En una palabra, la prolongación ha convertido lo militar en el factor social dominante de la coyuntura actual.

Lo militar imposibilita cualquier recuperación económica. Socava las esperanzas suscitadas por el proceso de democratización política y desgasta con rapidez ese mismo proceso. Coarta el desarrollo de los nuevos valores humanos y la creación de una nueva cultura, que el pueblo centroamericano desea como alternativa a la cultura de represión y sometimiento del pasado.

En al siguiente fenomenología de la situación militar centroamericana intentaremos mostrar los signos específicos del peso de este factor dominante en cada país.

NICARAGUA

Hace un año la contrarrevolución, con sus siete comandos regionales, había tal vez alcanzado el punto máximo de su capacidad de amenazar el desarrollo equilibrado del proceso revolucionario sandinista. El símbolo de esta capacidad se concentro alrededor de las pérdidas que los contrarrevolucionarios causaron a la cosecha del café, sobre todo en las zonas más productivas de Jinotega y Matagalpa. Alrededor de un 20% de la cosecha se perdió y numerosos beneficios fueron incendiados, ocasionando con ellos no sólo un mal para la cosecha del 84-85, sino un deterioro más estructural. Por otro lado, la posibilidad de comunicación entre los diversos comandos regionales y entre cada uno de ellos y sus "fuerzas de tarea" era significativa. Esta capacidad de penetración en las zonas norteñas del país tenía su correlato en los continuos hostigamientos de ARDE - fuerzas de Edén Pastora sobre todo- en el Departamento de Río San Juan, fronterizo con Costa Rica.

Uno de los comandos regionales del FDN -el "Jorge Salazar"- se había infiltrado desde el norte hacia el centro del país -Boaco, Chontales, sur de Matagalpa, etc.-. Las fuerzas del FDN tal vez habían alcanzado la cifra de 15.000 personas. Sus resultados en el reclutamiento campesino de la frontera agrícola no eran despreciables, a consecuencia de la debilidad organizativa del proceso revolucionario en dicha zona. Si bien el escándalo internacional alrededor del minado de los puertos nicaragüenses había logrado una fuerte critica internacional y aún del mismo congreso norteamericano, el apoyo de la Casa Blanca a la contrarrevolución nicaragüense no amainó; los vuelos de espionaje -efectuados por el "Pájaro Negro", e incluso en los días de las elecciones- y los de abastecimiento de la contrarrevolución seguían su curso. La "sangre inocente" seguía vertiéndose en forma a veces atroz.

Todo este panorama comenzó a cambiar a lo largo de 1985. A finales de este mismo año comenzaron a escogerse los frutos del Servicio Militar Patriótico (SMP), institución controvertida y los Batallones Sandinistas de Lucha Irregular (BLIs) pacientemente entrenados, empezaron a causar bajas cada vez más numerosas a los contrarrevolucionarios.

Apoyados por alguna tecnología armamentista de cierta calidad (plataformas lanza-cohetes Katiuska, helicópteros soviéticos de una cierta sofisticación, equipos de radar mejor manejados, etc.), los BLIs iniciaron un plan de derrota estratégica de la contrarrevolución que, al comienzo de 1986 ha logrado hacer retornar a sus campamentos "santuarios" en Honduras a la mayor parte de los siete comandos regionales, quedando dentro aún los llamados "Diriangén" y "Jorge Salazar". Este último con dos o tres mil efectivos.

Recientemente incluso estos dos comandos están siendo blancos de maniobras envolventes que los están forzando a tomar de nuevo el camino de la frontera hondureña. Fred Iklé, asistente del Secretario de Defensa de los EE.UU. y conocido "halcón", reconoció hasta final de 1985 estos golpes estratégicos sufridos por la contrarrevolución, añadiendo con cinismo que dejaban cada vez más abierta la otra alternativa posible: la intervención directa de las tropas de los EE.UU.

Aunque las declaraciones de Iklé figuraron dentro de la estrategia norteamericana como una táctica para conseguir más apoyo económico para la contrarrevolución en el congreso norteamericano, la debilidad de la contrarrevolución armada nicaragüense es un signo muy claro del estancamiento de la política militar actual norteamericana contra Nicaragua. Para salir del empantanamiento los EE.UU. tendrían que resucitar a la contrarrevolución o buscar una alternativa política o militar que viabilice sus objetivos.

Parece que una inyección en dólares y de apoyo logístico no revivirá a los contrarrevolucionarios por una serie de razones:

1) Un nuevo impulso económico y logístico a las fuerzas contrarrevolucionarias no les aseguraría una victoria rápida y sin dificultades, sobre todo porque las victorias sandinistas van influyendo poco a poco en el fuerte sentido común del campesinado provocando desalzamientos en las filas contrarrevolucionarias.

2) El reclutamiento de campesinos de parte de la contrarrevolución ha creado problemas. En su inicio fue realizado con cierto grado de persuasión -no sin que faltaran las amenazas veladas-; peor posteriormente pasó a ser un reclutamiento forzoso, violentando así al campesinado.

3) Las fuerzas contrarrevolucionarias no pueden hacerle frente al plan general conjunto de las regiones Primera y Sexta -Jinotega y Matagalpa- a una mejor articulación entre las tropas del Ejército Popular Sandinista -EPS-, las tropas especiales del Ministerio del Interior -MINT-, y las Milicias Territoriales Permanentes. Esta articulación incluye a las cooperativas y a las unidades de producción económica de autodefensa -Cooperativas y Unidades de Producción Estatales instaladas actualmente a lo largo de las carreteras- ubicadas en la zona de guerra. Así se ha garantizado la defensa territorial a la vez que se contribuye eficazmente a comenzar paulatinamente un proceso de reconstrucción de la destruida red de abastecimiento y comercio de la frontera agrícola.

4) La contrarrevolución ha perdido su accionar en la zona sur del territorio nicaragüense. Las tropas de ARDE, prácticamente han sido derrotadas y obligadas a retirarse a territorio costarricense. Detrás han dejado únicamente bolsones de ineficaz, pero inmisericorde hostigamiento, conducta que es típica de tropas desmoralizadas aisladas de sus líderes.

5) Los reasentamientos de la población han resultado ser mecanismos de autodefensa frente a los ataques contrarrevolucionarios. El plan de reasentamientos, que la comienzo originaron una serie de problemas a la revolución, no tan fuertes como los ocasionados en los reasentamientos, que al comienzo originaron una serie de problemas a la revolución, no tan fuertes como los ocasionados en los reasentamientos mískitos, desde el Río Coco hasta Tasba Pri, en 1982, han ido evolucionando lentamente, desarrollando atmósfera menos enrarecidas e incluso, actitudes de autodefensa frente a los ataques y hostigamientos esporádicos de la contrarrevolución armada.

Evidentemente, la guerra no está liquidada. Es importante, sin embargo que, militar y políticamente, la peligrosa situación de finales de 1984 ha sido revertida estratégicamente. Dentro de esta tendencia que apunta hacia la derrota estratégica de la contrarrevolución tal vez, el elemento más perturbador con que terminó el año 1985 fue el impacto del cohete SAM VII que derribó un helicóptero MI-8 de la Fuerza Aérea Sandinista.

Este hecho significó el presagio de que, en su absoluta intransigencia, la administración Reagan esta dispuesta -mientras estigmatiza el terrorismo presunto de los libios, de los palestinos, de los norcoreanos y de los sirios a llevar al auténtico terrorismo de Estados que practica con Nicaragua a niveles extremadamente peligrosos.

La utilización de cohetes SAM 7 por parte de la contrarrevolución implica un grado mayor de sofisticación de la guerra, obligando al gobierno de Nicaragua a mejorar tecnológicamente su fuerza aérea. Para entender como la introducción del SAM 7 obligará al gobierno de Nicaragua a dar estos pasos, sólo hay que imaginar la reacción de los Estados Unidos y de las fuerzas armadas salvadoreñas si se diera el uso del SAM 7 por parte del FMLN. Si Nicaragua mejorara su armamento aéreo, probablemente, la administración Reagan reaccionaría como en el momento de la ficticia "crisis de los MIGS", que a través de las pantallas de televisión norteamericana, se elevó a símbolo de lo que la administración norteamericana no aceptaría tolerar de parte del gobierno nicaragüense. Tal lógica ubicará al istmo en la cúspide de la tensión político-militar, gracias a la intransigencia norteamericana.

En Nicaragua, el peso del factor militar se registra en el control militar sobre la vida política y civil -como es el caso de Guatemala y El Salvador- que en el gradual debilitamiento de la sociedad civil, por falta de recursos materiales y humanos que se dedican prioritariamente a enfrentar la guerra contrarrevolución financiada y dirigida por los EE.UU.

La militarización de la vida en Nicaragua es una respuesta a la agresión norteamericana y a la amenaza de una cuarta invasión de marines. Es en Nicaragua donde se desvela más lo que los norteamericanos llaman "la estrategia de la guerra de baja intensidad", que intenta quebrar la economía del país, obligar al gobierno a concentrar todos sus esfuerzos en el plano militar, y aprovechar tanto las deficiencias de un proceso revolucionario naciente como la insatisfacción económica de las masas para fomentar una base social para la contrarrevolución armada, que tiene como finalidad aislar y controlar parte del territorio nicaragüense bajo un gobierno provisional.

La estrategia norteamericana ha sido efectiva en aumentar el sufrimiento económico de las masas y en obligar al Gobierno a implementar medidas de discutible popularidad como el Servicio Militar Patriótico -SMP-, pero no ha logrado romper los mecanismos básicos de la reproducción de la economía ni convertir el sufrimiento popular en insatisfacción masiva en contra del nuevo gobierno nicaragüense.

La insatisfacción potencial queda neutralizada y estancada por la injusta y deshumanizante agresión de una poderosa superpotencia contra un país pequeño y por las atrocidades de la contrarrevolución contra la población civil. De las 8000 víctimas de "la guerra bajo perfil", un buen número de ellas han sido asesinadas atrozmente pro medio de torturas. Maestros, miembros de Cooperativas campesinas, trabajadores de la construcción, de la salud de la reforma agraria y líderes de las comunidades eclesiales de base son los blancos preferidos de la contrarrevolución armada.

El fruto de la política del asesinato de civiles en la zona de guerra es la eliminación de los servicios vitales para la población campesina. Unas 331 escuelas han debido ser abandonadas reapareciendo el analfabetismo entre la población juvenil entre los 7 y 13 años. Los servicios de la salud han sido interrumpidos, frenándose la progresiva erradicación de la malaria, que empezó en 1980, dando paso a la propagación de la poliomielitis. El hambre y la desnudez, en las zonas de guerra, son ya plagas reales entre la población campesina cuya producción se ha visto forzada a mermar, a la par que las redes de comercio han sido destrozadas tanto por errores en la política de comercio interior del gobierno (1980-83), como por la prohibición del comercio por la contrarrevolución 1984-85. Unas 250.000 personas -cuarta parte de la población en zonas de guerra- han optado por enfrentar los sufrimientos, igualmente agudos, de entrar en las filas de los desplazados de guerra.

La lógica de la guerra ha desviado la prioridad del gobierno de fomentar la participación popular en los demás ámbitos de la vida social, como se hizo de 1980 a 1983, a lo militar. Junto con la austeridad de la vida, aún en las ciudades, el bajó en la participación popular en tareas de salud, educación y economía han significado una merma en el apoyo fervoroso que caracterizaba los primeros años de revolución. Peor, por otro lado, la contrarrevolución no ha podido cosechar una base social aprovechando la desilusión con el FSLN. Al revés, ha ido perdiendo apoyo civil de los mískitos y campesinos de la frontera agrícola montaña adentro, que han sido los blancos preferidos para tratar de manipular una base social para una contrarrevolución que nace con apoyo extranjero.

No se debe olvidar que en la Costa Atlántica se ha logrado ya un inicio de paz; mískitos y soldados del EPS han llegado incluso a defender conjuntamente de casos de la contrarrevolución objetivos estratégicos (puentes, etc.). La mayor parte de Zelaya Norte era la única zona donde la contrarrevolución tenía una verdadera base social. Este hecho se acompaña también de un creciente desalzamiento de campesinos en las filas de la contrarrevolución debido a la prolongación del conflicto.

Aquí yacen las causas del fracaso del FDN de no poder tomar ni una ciudad rural pequeña tras cuatro años de combate. La diferencia con las insurrecciones urbanas provocadas por el FSLN es patente. Aun más significativo es el hecho de que la contrarrevolución no ha podido establecer ninguna zona liberada en el campo, ni coordinarse efectivamente con la población civil como hacen los guerrilleros en El Salvador.

Todo esto no quiere decir que la contrarrevolución esta a punto de desaparecer, ni mucho menos. La perspectiva es la prolongación del conflicto armado en Nicaragua. Pero cada vez se evidencia más que la guerra de bajo perfil y el FDN, son un callejón sin salida para el proyecto norteamericano de desestabilización el gobierno nicaragüense; sobre todo, porque las fuerzas sandinistas han podido golpear estratégicamente a la contrarrevolución, al intensificar la lucha militar.

Al gobierno de Nicaragua le queda todavía una gama ancha de tácticas para socavar a la agresión contrarrevolucionaria. Hasta ahora la priorización del factor militar ha impedido en forma significativa implementar las otras formas de lucha.

GUATEMALA

Desde 1979 hasta 1985 la situación militar en Guatemala ha pasado por diversos momentos. El triunfo del nuevo sujeto histórico en Nicaragua estimula la lucha guatemalteca y entrando en una etapa de intensificación de la lucha guerrillera. Esta etapa culminante en 1981, año en que se pensó cercano el triunfo, incluso antes que en El Salvador.

En 1981, el ejército comienza una ofensiva que primero desmantela las redes urbanas y luego se lanza sobre las áreas rurales, desde las más cercanas a la ciudad hasta las fronterizas, especialmente en el altiplano. La ofensiva hace retroceder a la guerrilla a puntos donde la resistencia impide el avance ulterior del ejército. La ofensiva corta el nexo de la guerrilla con el movimiento popular a nivel nacional y organiza al pueblo en patrullas civiles forzados por el terror, aunque no daña a las estructuras militares de la guerrilla ni las desvincula de sus bases locales. A finales de 1982 la ofensiva estratégica se empatana en esas zonas de resistencia guerrillera.

A fines de 1983, comienza a surgir otra vez en los nuevos escenarios de guerra, concentrados, el accionar guerrillero de manera sistemática. Pero no es sino en 1985 cuando se da un paso sustancial en la unidad, primero con campañas coordinadas de los tres frentes de guerra de la URNG -Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca-, equivalentes a los escenarios de las tres organizaciones político militares, y luego con la formación de una comandancia general conjunta. Todo ellos -al menos- de acuerdo con los informes periódicos que la misma URNG difunde.

Durante 1983 el ejército por el contrario, inicia la formación de los "polos de desarrollo", constituidos a su vez en "aldeas estratégicas", se pretenden cercar a la guerrilla en sus zonas de acción y presionarla para que no se extienda geográficamente.

Las aldeas estratégicas, usadas en Vietnam por los norteamericanos, han sido llevadas a la práctica ahora en Guatemala, más bien con asesoramiento israelí y constituyen kibbutzim forzados o invertidos. En el kibbutz israelí, la participación de sus integrantes fue voluntaria y lleno de inspiración nacionalista, en la lucha contra la guerrilla palestina. Nada puede ser más distinto que lo que sucede en los polos de desarrollo guatemaltecos. La forzada participación de las poblaciones en estos polos de desarrollo con sus "aldeas estratégicas" y llenas de gente vencida por hambre y miedo a la represión, por parte del ejército, son como kibbutzim invertidos. En ellos anida el resentimiento de quienes fueron forzados a ocuparlos, después de haber sido testigos de terribles masacres en sus aldeas. En vez de ser puntos álgidos de nacionalismo y apoyo al ejército guatemalteco son más bien agrupamientos potencialmente explosivos.

En la constitución de los polos de desarrollo y en las masacres a la población civil, el ejército guatemalteco tuvo como objetivo la estrategia de "quitarle el agua al pez guerrillero", invirtiendo la famosa máxima maoista de que los revolucionarios son invencibles porque se mueven hacia sus objetivos como "peces" en el "agua del pueblo", que los mantiene vivos. El ejército en forma inescrupulosa, masacró a miles de gentes "sospechosos" -a su juicio-, a veces poblaciones enteras (véase Falla, 1983), y practicó en 1981-1983, una política de "tierra arrasada" para "quitarle el agua al pez guerrillero".

También en 1983, los militares establecieron las "coordinadoras interinstitucionales" que combinaron todos los esfuerzos del Estado civil para la tarea de derrotar a la guerrilla tanto en las ciudades como en la campaña del terror en el campo.

Las operaciones estratégicas contrainsurgentes del ejército más poderoso del área, apoyadas por los métodos de contrainsurgencia israelí -país experto en la materia-, ubican a Guatemala como el país donde la guerra contra el nuevo sujeto histórico ha sido más efectivo y donde la sociedad en su conjunto ha sufrido la mas profunda militarización en el Istmo, superando aún a El Salvador y Nicaragua.

Los golpes que hicieron replegarse estratégicamente a las organizaciones revolucionarias con la táctica exitosa de masacres a la población civil, no hizo desaparecer, como vemos, a los contingentes exclusivamente militares de la URNG, peor sí cambiaron fundamentalmente el rostro tanto de la sociedad civil como de la sociedad política.

Por un lado, el control sobre la sociedad civil indígena en las patrullas civiles y en los polos de desarrollo, ha dado como resultado una militarización del campo aún más intensiva que en El Salvador. Por otro lado el control de las FF.AA. sobre el estado y la sociedad política ha ido logrando nuevos niveles de eficiencia y sofisticación en las llamadas "Coordinadoras interinstitucionales" donde las FF.AA. mantienen la jefatura -o al menos la coordinación- de todo el aparato de Estado en cada departamento del país.

A lo largo de 1984-1985 la URNG ha empezado a remontar su repliegue -demostrando haber podido vivir como "pez en aguas ralas", y ha avanzado, incluso, mostrando incluso golpes particularmente importantes, aunque aún locales en los últimos 12 meses.

Los avances guerrilleros, en cuanto a calidad y número de acciones, en 1984 y 1985, y la unidad demando dislocan al ejército, el cual no puede lanzar todas sus fuerzas concentradas contra uno solo de los frentes de guerra de la URNG. Se calcula que el ejército debería aumentar sus efectivos en cinco mil para neutralizar los nuevos ataques guerrilleros.

Sin embargo, el mejoramiento de la calidad de acciones, desde 1984 hasta 1985, consistente en el ataque a objetivos fijos -pequeños cuarteles por ejemplo- no llega todavía a dar los resultados separados en términos de recuperación de armamento. Por eso la URNG contempla, como afirma en sus publicaciones, la realización de operativos que la conduzcan a golpear cuarteles de las FF.AA. para recuperar cantidades significativas de armamentos, en un futuro no muy lejano.

El aumento en le grado de dificultad de operaciones por parte de la URNG, realizadas consistentes en pasar de ataques a blancos móviles a ataques a objetivos fines ha provocado una merma en el número de bajas efectuadas al ejército- en 1984 se realizó un promedio de 94 bajas por mes, mientras que en el 85, se realizaron 89 por mes-. Sin embargo, la guerrilla ha logrado causar 1.000 bajas por año al ejército en los últimos dos años, cifras sustantiva dada la calidad del ejército guatemalteco. El mismo ex-ministro de Defensa, General Lobos Zamora ha confesado recientemente que el ejército no ha podido liquidar a la guerrilla a pesar de tantos años de lucha feroz y cada vez más sofisticada.

Las perspectivas para 1986, son de aumento en el número, calidad, resultados y extensión de las acciones guerrilleras. El horizonte, además, parece ser de resurgimiento y confluencia del movimiento popular con el revolucionario. El resurgimiento se prevé que tiene como causa la continuación de la crisis económica aguda que no logrará resolver el nuevo régimen y la "apertura" que dará más espacio a las reivindicaciones de las masas.

La consolidación de los avances recientes de las fuerzas guerrilleras en Guatemala frente a niveles altísimos de represión dependerán en gran parte de la capacidad del Gobierno de Cerezo de controlar la represión probablemente seguirá a los mismo niveles que antes durante la supuesta "democratización". A los pocos días de la toma de posesión del nuevo Presidente Cerezo, han seguido desapareciendo en lugares transitados cadáveres desfigurados, irreconocibles, ferozmente torturados antes de ser asesinados, ferozmente torturados antes de ser asesinados, verdaderamente un mal presagio para el inicio de un supuesto "cambio". Si no aumentan los niveles de represión se esperan avances de la URNG y si los niveles de la represión bajan, habrá avances estratégicos -lógica que pone en jaque el proyecto de democratización apoyado por los EE.UU. en un país donde la CIA enterró el movimiento democrático hace 30 años.

EL SALVADOR

Es en el más pequeño país de Centroamérica donde la guerra se profundiza y se manifiesta con más intensidad. Además a cada paso las dos partes del conflicto van aumentando su sofisticación militar como respuesta al avance del enemigo respectivo.

El intervencionismo norteamericano ha logrado levantar, a través de la cadena ininterrumpida de armamento y de preparación, la moral de los oficiales del ejército. Las alzas en los salarios de las tropas, han logrado estabilizar a la base del ejército. El soldado raso gana un 100% más que un obrero agrícola en sus primeros dos años de servicio. Si se queda en el ejército por más tiempo gana un 400% más que el obrero agrícola o el equivalente al salario de un profesor de escuela secundaria. Si se encuentra en batallones de reacción inmediata gana un 600% más que el nivel del salario del "jornalero agrícola". La inmensa mayoría de los soldados de la Guardia Nacional salvadoreña, son jornaleros agrícolas jóvenes; a través de su participación en la guerra acceden a niveles de consumo personales inimaginables en condiciones de paz -radios, grabadoras, bluejeans designer- al mismo tiempo que logren duplicar los ingresos de sus familias.

La guerra de contrainsurgencia pretende en esta etapa aislar al FMLN de su base social de apoyo y desgastarlo física y logísticamente. Para ello está utilizando predominantemente -una estrategia de "tierra arrasada" y "lucha sin cuartel".

La guerra aérea ha sido intensificada en una forma bastante sofisticada. No logra golpear a los guerrilleros que quedan protegidos en "buzones". Su propósito principal es impedir la expansión de las áreas liberada y la consolidación de la vida civil en ellas. Es decir, el propósito de los bombardeos es obligar al retiro forzoso de la población civil, bloqueada así las actividades productivas revolucionarias defendidas con las armas. Así se intentaría aislar a la guerrilla de la población civil, impidiendo a su vez las actividades productivas para el sustento, tanto de la población civil como de los guerrilleros. En una guerra que -respondiendo a un nuevo y mejor modelo de gobierno gerencial de los intereses norteamericanos- refina la experiencia de Vietnam y trata de aplicarlas a un país pequeño y controlable, el objetivo de la guerra aérea -ayudada por el espionaje aéreo- no es masacrar a la población civil, sino forzarla a pasar zonas bajo control del ejército. Pero en el intento de crear una "tierra de nadie", se comenten masacres ocasionales.

Por otro lado, la táctica militar del FMLN ha demostrado tener capacidad para hacer fracasar los anteriores planes contrainsurgentes. En 1984-85, logró readaptar sus fuerzas y su estrategia para poder neutralizar el actual plan de los EE.UU., retrotrayéndose desde una fase de ejército casi-regular a una nueva fase guerrillera. Esta recuperación del estilo guerrillero significa, menos bajas para las fuerzas del FMLN, la ampliación de su radio de acción de 9 a 12 de los catorce departamentos, y sobre todo crear condiciones para consolidar aún más su línea de masas entre el pueblo.

El FMLN, ha incrementado su capacidad de causar "bajas" -muertos y heridos- al enemigo. En 1985, le causó mil más que el año anterior. El promedio mensual fue de 551 bajas. De esta forma esta desgastando constantemente a las tropas gubernamentales y haciendo fracasar su "lucha sin cuartel". El FMLN ha conservado la iniciativa estratégica y ha mantenido y consolidados sus "zonas bajo control". Además se están repoblando las áreas de Chalatenango, Guazapa, Morazán y Usulután donde el ejército había logrado hacer huir a la población civil.

La dureza de la fase de la intervención indirecta estadounidense, ha convertido al FMLN en lo que muchos observadores llaman "la guerrilla con mejor preparación y capacidad militar en la historia de los procesos de liberación nacional", -recordemos que en 1985, incrementó su capacidad de control sobre las carreteras llegando a imponer paros nacionales, del transporte en un 90% del país en enero del 86.

Hazañas como los paros nacionales del transporte, demuestran que el FMLN es capaz de prolongar el conflicto directo con los EE.UU. por un tiempo muy indefinido. El FMLN ha demostrado tener capacidad, de poner en jaque la economía salvadoreña, incluso, tal vez, de quebrar la voluntad del gobierno de Reagan, para seguir apoyando al ejército salvadoreño. Este, por otro lado, demuestra ser incapaz, a pesar de sus variaciones tácticas y de las crecientes inyecciones de ayuda norteamericana, de quebrar la voluntad política del FMLN-FDR.

La posibilidad de que las fuerzas armadas hondureñas o guatemaltecas, actúen en conjunto con el ejército salvadoreño, contra el FMLN es cada vez menos probable, porque se han incrementado las contradicciones y recelos entre los ejércitos de Honduras y de El Salvador, mientras que el ejército guatemalteco ha anunciado que mantendrá su neutralidad.

Aunque el conflicto militar es más intenso en El Salvador, la militarización de la vida civil y política no ha sido tan profunda como en Guatemala. Mientras que en Guatemala las "Coordinadoras interinstitucionales" son un mecanismo de control militar a nivel nacional, en El Salvador, la dominación militar sobre el gobierno civil, se da no tanto en la capital -San Salvador-, sino en las ciudades cabeceras del departamento.

En las áreas de combate intenso, -Chaletenango, Cabañas, Guazapa, San Vicente, Morazán, San Miguel, Usulután, La Unión y la parte Nor-Oriental de Santa Ana-, el gobierno civil, en las ciudades pequeñas, está en manos militares. En el caso de algunos departamentos, el control militar sobre el gobierno civil es total, aún en sus cabeceras departamentales. El Cnel. Vargas controla toda la administración pública de Morazán y El Coronel Ochoa tiene un control casi dictatorial sobre las ciudades de la parte no liberada del departamento de Chaletenango.

La militarización de la sociedad política en El Salvador significa muchas veces la eliminación de servicios básicos. Toda la atención pública está supeditada a la incorporación de la población civil en la defensa. Cuando la población civil rechaza su incorporación a la guerra, desaparecen los servicios básicos. Por ejemplo, en una de las zonas más tranquilas de Chalatenango, la población civil de Nueva Concepción, rechazó la defensa civil, propuesta por el Coronel Ochoa.

Como castigo el Coronel no permitió al recanalización del río, que el año pasado rompió las barreras, hechas hace quince años, e inundó la ciudad. Asimismo, el Coronel detuvo la terminación de los trabajos de las aguas negras, dejando a Nueva Concepción, con sus hediondas calles, como un chantaje para estimular la defensa civil. En ciudades más adentro de las zonas de guerra o más pequeñas simplemente no hay servicios. CONARA, Comisión Nacional de Restauración de Areas, está firmemente bajo control militar y a principios de diciembre de 1985, sus logros eran casi inexistentes. Todo el proyecto norteamericano de instalar el nuevo estilo móvil "guerrillero" de la FF.AA. salvadoreña no ha sido acompañado por un esfuerzo colectivo de restauración de servicios básicos públicos.

Por otra parte la fuerza militar del FMLN, impide el tipo de militarización de la población civil rural que existe en Guatemala. Más bien hay una militarización revolucionaria de la población civil en los nuevos órganos de poder popular. Aunque los niveles de participación popular son altos y aunque los poderes civiles son otro mundo, con respecto a los "polos de desarrollo" en Guatemala, la lógica dominante en las áreas liberadas o zonas de control del FMLN es militar.

Ambas partes están desarrollando un concepto de guerra integral, que incluye aspectos económicos, políticos, ideológicos, etc.; pero sin mucho éxito, por ninguno de los dos lados, de poder realmente captar y responder a los intereses inmediatos de la población civil no directamente ligada a los aparatos militares de las partes en conflicto.

La prolongación de la guerra, se debe a que ninguna de las partes beligerantes, tiene capacidad de derrotar militarmente a la otra, y a que el gobierno salvadoreño, por presiones de la administración Reagan, demora continuamente los posibles pasos hacia una solución pacífica del conflicto.

Por lo tanto, ambos lados apuestan a poder desgastar a sus enemigos. El gobierno de El Salvador cuenta con los cuantiosos recursos del Estado norteamericano y programa una victoria a un mediano plazo de dos o tres años. El FMLN, que en parte del nuevo sujeto histórico, proyecta un escenario de lucha mucho más prolongada y tenaz que el del Gobierno de El Salvador.

La perspectiva de que continúe prologándose el conflicto supondrá más probablemente los siguientes resultados. Primero, un continuo incremento del costo humano de una guerra que ya se ha cobrado más de 50,000 muertes. La sensibilidad norteamericana, a lo que implica el costo humano de la guerra, se hace patente sólo cuando los muertos que deja el conflicto son estadounidenses; cuando la guerra tocó a los asesores norteamericanos en junio pasado, Reagan declaró públicamente que sólo el Consejo de sus asesores más cercanos logró disuadirlo de represalias en las que hubieran muerto muchos civiles. Segundo, con la prolongación del conflicto se prevé la imposibilidad de recuperar la economía salvadoreña. Tercero, se puede pronosticar la continuación del avance del FMLN, lo cual llevará con más probabilidad, a un mayor incremento de la intervención norteamericana para contener un avance revolucionario. el bombardeo de los alrededores de la población de Jucuarán, ubicada al oriente del departamento de Usulután, por un destroyer norteamericano -a finales del 85-, parece ser un símbolo de los niveles que pude alcanzar la intervención norteamericana en los años venideros.

HONDURAS

En cierto sentido, la militarización forzada en Centroamérica, tiene un impacto aún más fuerte sobre los países del Istmo donde no existe la amenaza de una guerrilla y de un proceso avanzado de los movimientos de liberación nacional como Honduras, Costa Rica y Panamá.

Honduras ha incrementado sus fuerzas armadas de modo asombroso en los últimos años. Los costos son altísimos tanto para el fisco nacional, como -sobre todo- para la soberanía del país, que se sometió al objetivo estadounidense de tener una segunda plataforma militar del Istmo.

Tradicionalmente, Honduras ha sido "la República bananera más bananera" de Centroamérica, no sólo por el monto de la cosecha del banano, sino por el dominio que las compañías fruteras han ejercido sobre su economías y sus gobiernos.

El forcejeo entre la soberanía nacional y la entrega de la nación para convertirla en plataforma militar de las bases y las maniobras militares de los EE.UU. han dado como resultado aeropuertos para uso de cualquier avión, ya sea de transporte o de combate, centros de radar complementarios de los del Canal de Panamá, carreteras de acceso a las costas y a las dos fronteras de El Salvador y Nicaragua, un centro de entrenamiento militar para los fuerzas locales -especialmente salvadoreñas- (hoy clausurado), hospitales de campaña, una base naval en el Atlántico caribeño, y un estacionamiento progresivo de armamento, configuran la plataforma.

Desde hace tres años se suceden las maniobras militares conjuntas con breves intervalos. Desde agosto de 1981 a abril de 1985 se han realizado en Honduras 33 maniobras militares -conjuntamente o no con las fuerzas armadas hondureñas-. Los gastos de estas maniobras corren en gran parte -paradójicamente- por cuenta del gobierno de Honduras, especialmente en combustible y alimentos.

Se calcula que esta plataforma podría posibilitar en una tarde, el despliegue rápido de 15,000 soldados norteamericanos en Honduras, ya aclimatados al terreno a través de su intervención en las maniobras.

Por supuesto, también está la concentración de campamentos contrarrevoluciones en la zona sur de Nicaragua. Cualquier proyecto de democratización y civilidad en Honduras, ha quedado hipotecado con esta militarización, que en algunas zonas ha creado, además , inflación, drogadicción y prostitución -con los típicos mestizos sin padre conocido- y sobre todo una profunda desnacionalización, que puede desencadenar una guerra repudiada por la población en cualquier momento.

Si atendemos el bajo perfil que han alcanzado las discusiones sobre Honduras en el congreso norteamericano -en comparación con los casos de Nicaragua y El Salvador-, salta a la vista lo que genialmente ha sido llamado "el secreto mejor guardado de 1984: la invasión a Centroamérica por los EE.UU.". (Narmic 1985). La invasión militar a Honduras ha escapado al control del gobierno de Honduras, durante la presidencia de Suazo Córdoba. La nueva administración Azcona Hoyos, no representa posibilidad alguna de cuestionar esta realidad.

Ninguna declaración de un presidente electo resultó -en primera lectura- tan ridículamente absurda como la de Azcona Hoyos: "Es anti-constitucional, la presencia de la contrarrevolución nicaragüense en territorio hondureño. Esa guerra la deberían librar en Nicaragua. Pero yo no he dicho en ningún momento
-hablaba frente a los medios de comunicación- que voy a hacer nada para expulsarlos". En segunda lectura, la declaración refleja la ambigüedad de quien, siendo Presidente y llamado a hacer respetar la Constitución de su país, sabe que no es Presidente con poder de decidir algo sin contar con los poderes tras del trono, que en Honduras son la Embajada de los EE.UU. las compañías fruteras, los militares, etc.

De los resultados de las próximas elecciones en Costa Rica (Feb.86) dependerán, en gran medida, los posibles ritmos de militarización de esa sociedad en los próximos años. La victoria del partido Unidad Social Cristiana, implicaría la aceleración de la tendencia militarista, en cambio, una victoria del partido actualmente en el poder posiblemente implicaría una disminución en esa tendencia, o al menos la dificultaría significativamente.

COSTA RICA

El efecto de la militarización forzada por los EE.UU. en ninguna parte ha sido más estridente que en el modelo costarricense de sociedad. La asimilación por parte de Costa Rica de la caracterización norteamericana de Nicaragua como "enemigo total" de la paz y de la seguridad de sus vecinos, la subrepticia pero firme aceptación de la "guerra total" -implicada por la progresiva sustitución de la seguridad nacional de Costa Rica por la de los EE.UU.-, ha llevado a este país sin ejército, a militarizar sus fuerzas de policía y a ir formalizando rápidamente un ejército permanente.

En un pueblo que ha ido perdiendo en los últimos años la relativa moderación de sus estructuras sociales -pero cuyos grupos dominantes carecían de un ejército para imponer soluciones autoritarias (lo hubo en Uruguay y vimos sus consecuencias)-, la regionalización de la política exterior intransigente de los EE.UU. tal vez haya sembrado, con la posible creación del ejército, las semillas de la destrucción de su propio modelo, único en Centroamérica.

Grupos económicos muy poderosos en esa sociedad, propugnan actualmente una mayor militarización de la sociedad, hasta el punto de llegar a formar un ejército, realizar maniobras militares conjuntas con Estados Unidos y ampliar el apoyo a las fuerzas contrarrevolucionarias nicaragüenses. Otras fuerzas sociales importantes asumen posiciones más moderadas ante el tema.

PANAMA

En Panamá, la militarización "centraomericanizante", está dando paso a un cuestionamiento del modelo del Torrijismo nacionalista y tercermundista. La inestabilidad del Gobierno de Panamá, tiende a incrementar la influencia de los diversos y divergentes sectores de las FF de Defensa sobre la sociedad civil y la política panameña.

Su influencia en la política civil, salta más a la vista en este momento por el nivel de tensión que existe actualmente entre sus diversos facciones. El aval por parte de los EE.UU. y las Fuerzas de Defensa (FF.DD.) a las elecciones fraudulentas de Barleta, y su posterior dimisión por las mismas FF.DD. indica que existen contradicciones en el seno de la cúpula de la casta militar. el caso del secuestro de Mauro Zúñiga y del asesinato de Spadafora, es otra señal de tensiones existentes dentro de las FF.DD. Su muerte en otro contexto económico, político y social menos problemático no hubiera tenido la significación que tuvo en la coyuntura actual. Su importancia en el escenario nacional se debió a sus declaraciones de contenido crítico a las FF.DD., especialmente a su comandante, el General Noriega.

Estas tensiones existieron, en la institución militar antes que arribara al poder Torrijos. En 1968, cuando las clases dominantes se vieron incapacitados de gobernar pro ellas mismas, la Guardia Nacional ocupó el papel protagónico como producto de esa inestabilidad de las fuerzas políticas civiles. Antes de Torrijos la casta militar no era monolítica. Muy por el contrario, se dieron fisuras ejemplificadas por la salida de Boris Martínez y luego del dúo Silvera-Sanjur de las Fuerzas de Defensa. Torrijos quiso significar el intento de un Estado anti-oligárquico y anti-colonialista que le abrió cancha a la fracción hegemónica ligada a la plataforma de servicios transnacionales, y a sectores del capital nacional y que proporcionó una imagen de consolidación en la cúpula militar hasta después de su muerte donde resurgen las diferencias con el salto del General Paredes al vacío político.

El esquema populista de Torrijos se centró en la figura carismática del líder -al estilo Perón-, y cierta base doctrinaria desarrollista, que las nuevas figuras parecieron no poder apropiarse prefiriendo el papel de tutelar el gobierno civil, en un aparente repliegue,que les dieran el espacio para conformar un modelo contrainsurgente interno, en base a una identificación con la estrategia reaganiana de agresión hacia los pueblos centroamericanos.

La crisis política hace aparecer a la casta militar en un primer plano, obligándoles a asumir un alto perfil e incluso hacer paralelismo con la figura civil. Definitivamente las FF.DD. tienen un papel protagónico en la caída de Barletta, y con el recambio busca también un espacio para rearticularse internamente. Los últimos ascensos y jubilaciones anunciadas el 11 de octubre parecen, indicar que la ruta ha sido la ampliación del espacio interno, más que la depuración. Una sola jubilación, contrastada por tres nuevos coroneles, y 6 tenientes coroneles, además de los otros ascensos a mayores y otros rangos.

Sumado al anuncio de una serie de anuncios internos, que amplían la estructura interna de las FF.DD. emprenden la ofensiva contra la "sedición", situando sus enemigos en la DC, el PAPO, sectores empresariales e incluso personeros del Departamento de Estado y al Embajada de EE.UU. incluyendo la amenaza del Comando Sur, como fuerza interventora de la oposición. Esto último parece suavizarse con las declaraciones dle General Noriega en Colón, donde hace profesión de fe de su mancomunidad de intereses con el Comando Sur, como "socios" hasta fin de siglo, y después de ese año "de acuerdo a las situaciones geopolíticas y necesarias que vive la región". No debemos olvidar los tratados Torrijos-Carter, tantísimas veces violados unilateralmente por los USA -quienes mantienen en Panamá un ejército de ocupación cualitativa y cuantitativamente superior a las fuerzas de Defensa panameñas.

El General Noriega, ha demostrado, sin embargo, en muchas ocasiones, sobre todo en el contexto de la participación panameña en el foro de Contadora, su habilidad par sortear las presiones de los distintos jefes del Comando Sur (Gorman, Galvin), y en definitiva de la misma Administración Reagan. Se han hecho públicos sus intentos de mediación entre las comandancias del EPS nicaragüense y de la FF.AA. hondureña. Sin embargo, hasta el momento estos intentos no han llegado a buen término.

Análisis de las tendencias del factor militar

Una vez de haber intentado describir la fenomenología de la evolución de la guerra y el peso de la militarización -respectivamente- del Istmo, nos esforzaremos ahora por analizar lo que podrían ser las líneas tendenciales en la evolución del conflicto, teniendo en cuenta el proceso que ha originado paulatinamente la evolución del factor militar en este año recién pasado de 1985.

1 - Evolución del conflicto; desplazamiento del conflicto entre los antiguos protagonistas del poder y el nuevo sujeto histórico, al conflicto entre este último y los EE.UU.

La total resistencia de los antiguos protagonistas del poder a los cambios profundos necesarios, hechos ya patrimonio de la conciencia revolucionaria del nuevo sujeto histórico, llevó, tras el agotamiento de los intentos pacíficos, al planeamiento militar del conflicto. Pero la maduración del conflicto durasen los últimos 50 años, permitió que, en su última fase, el desafío militar del orden establecido, fuera de hecho por grupos revolucionarios en articulación con bases sociales numerosas y muy organizadas. La victoria de estas fuerzas sociales armadas, sólo ha podido ser detenida por el intervencionismo norteamericano (o israelí, -en el caso de Guatemala-).

Lo que era un recurso extremo revolucionario para abrir el camino a un proceso de transformación y reconstrucción social, ha quedado así, convertido en un estado de cosas. La estrategia norteamericana de vincular en una respuesta global contrainsurgente, las diversas crisis nacionales de Centroamérica, ha regionalizado la guerra. Esta estrategia, la debilidad de las oligarquías y los avances del nuevo sujeto histórico han producido la tendencia siguiente, en el conflicto militar: aunque el conflicto militar nació entre el sujeto histórico y las oligarquías, los dictadores y sus aparatos coercitivos, la prolongación de la guerra, como tendencia, ha ido desplazando a los antiguos protagonistas del poder y el conflicto se revela, cada vez más como un enfrentamiento directo entre el nuevo sujeto histórico y los EE.UU.

2 - Se prevé una prolongación del conflicto en su fase de invasión indirecta porque el nuevo sujeto histórico, va minando las tácticas de dicha intervención, por un lado, y porque los EE.UU. no cuenta con las condiciones político-ideológicas necesarias para una intervención exitosa fulminante.

Las dos fases de la intervención militar norteamericana

El término "guerra de baja intensidad", es uno de esos eufemismos del lenguaje utilitario que desenmascara el horrible rostro de la intervención militar norteamericana. Preferimos hablar de dos fases de la intervención militar: 1) la fase de intervención indirecta y 2) la fase de intervención directa.

En la fase de intervención indirecta los asesores extranjeros dirigen el ejército nacional subordinado. Durante esta fase se suele mejorar la calidad de la tropa del ejército subordinado y sobre todo se financia una expansión enorme del aparato militar del país intervenido. También se construyen instalaciones militares norteamericanos en la región intervenida para el entrenamiento del ejército subordinado, las cuales sirven luego, como bases logísticas para lanzar la intervención directa. La presencia norteamericana m notable en la fase de intervención indirecta es la presencia económica a través de la AID, cuyo propósito es estabilizar la economía de los países intervenidos mientras que el ejército subordinado enfrenta a las fuerzas de liberación nacional.

La segunda fase de intervención directa, empieza cuando el ejército subordinado, no puede controlar ya la escalada guerrillera por falta de apoyo civil, y por los niveles de corrupción generados en al fase de intervención indirecta.

A veces se habla de la presente intervención norteamericana en Centroamérica, como si fuera algo novedoso en la política agresora de los EE.UU. En realidad, la fase de intervención indirecta en Centroamérica, no es una nueva estrategia, distinta a la que se utilizó en Vietnam. No implica un rechazo de la opción de intervención directa, por parte del Estado norteamericano, ni una nueva etapa de poder imperial en que la intervención directa, quedara obsoleta. Más bien lo que experimentamos hoy en Centroamérica, es la misma estrategia mejorada; una estrategia que utilizará la intervención directa, cuando pueda y cuando la fase de intervención indirecta quede vencida por las fuerzas progresistas.

Hay una conexión racional o teóricamente necesaria, si no es impedida entre la fase de intervención indirecta y la fase de intervención directa. Durante la fase de intervención indirecta, la perspectiva de invasión funciona como presión psicológica contra las fuerzas de liberación , que se ven forzadas a una continua preparación táctico-logística para una intervención fulminante. Asimismo la invasión siempre queda como último recurso en caso de que las fuerzas de liberación nacional superen la fase de intervención indirecta. La posibilidad de intervención directa, es lo que más prolonga la crisis y la convierte en una prueba de desgaste de voluntades entre las partes en pugna. Mientras que las fuerzas de liberación vayan aguantando y especialmente, si van avanzando frente al enemigo, aumenta la posibilidad de que estalle la fase de posterior de invasión directa. Si el nuevo sujeto histórico y sus representantes más organizados, no se lanzan en contra del régimen salvadoreño, no es porque les falte al capacidad de hacerlo temblar, sino porque optan por evitar la provocación de la intervención directa. Es decir que ambas partes, están intentando desgastar a su enemigo a lo largo de esta fase de intervención directa en América Central. La llamada guerra de bajo perfil es una espada de doble filo.

Al subrayar las conexiones tácticas y estratégicas entre las dos fases intervención imperial, no queremos indicar que la intervención en Centroamérica sea un paso inevitable. Siempre existe la otra salida alternativa: negociación o solución peloteas.

Similitudes y divergencias de la intervención en Vietnam y Centroamérica

Hay que recordar que la fase de intervención indirecta, se extendió por unos pelados años en Vietnam (1955-1963).Las tácticas diplomáticas, económicas e ideológicas de los EE.UU. en la fase de intervención indirecta, han mejorado sustancialmente desde entonces. Es precisamente la incorporación de las mismas tácticas palidez de los peloteéis dentro de la estrategia militar norteamericana, lo que hace mucho más difícil que antes en Vietnam, la tarea de superar la fase de intervención indirecta.

Durante el conflicto en Vietnam, los EE.UU. no tuvieron un frente interno dentro de Vietnam del Norte por falta de tácticas palidez, y en Vietnam del Sur, su guerra de paleados con fuerzas regulares, fue muy inferior a las tácticas militares que ha estado utilizando contra el FMLN desde 1983. Sobre todo, la ubicación del conflicto en la propia esfera de influencia de los EE.UU. le da una gran ventaja en la fase de intervención indirecta, no sólo en términos de lucha ideológica, sino también en términos de abastecimiento y logística militar.

Tendencia a la prolongación y sus causas de fondo.

Recientemente, un grupo de 250 expertos norteamericanos, anunció su pronóstico de que los EE.UU. invadirán C.A. en 1988, es decir, después de una fase de intervención indirecta de la misma duración de Vietnam. Los avances del nuevo sujeto histórico centroamericano, han sido impresionantes, pero dado el resultado de las tácticas mejoradas de la fase de intervención indirecta, nos inclinamos a creer que la fase de intervención indirecta será aún más larga aquí, que en Vietnam.

Los EE.UU. utilizarán la invasión directa como su último recurso, porque presienten las dificultades políticas e ideológicas que lleva consigo.

En las condiciones actuales internacionales e internas de los EE.UU., la administración Reagan necesita grandes máximos de certeza, que le garanticen la victoria, en una intervención directa, sin empantanarse prolongadamente y con un mínimo de costos posibles.

Granada y República Dominicana siguen siendo los "modelos" contemporáneos de intervención directa en C.A., es porque los EE.UU., no han podido debilitar al nuevo sujeto histórico, lo suficientemente para apostar por una intervención de fácil éxito. Más bien, el nuevo sujeto histórico, va superando las tácticas de intervención indirecta. Lo que define la coyuntura actual, es el callejón sin salida de la política norteamericana actual, es decir, el lento avance exitoso de las fuerzas de liberación nacional en Centroamérica en V de la estrategia de la guerra, de bajo perfil por un lado, y el hecho de que la invasión directa lleva costos demasiados elevados, por el otro.

En definitiva, la intervención directa en América Central (bien tome la forma de ataque, por fuerzas "vicarias" -Honduras, etc., por ejemplo-, bien suponga una invasión con o sin ocupación prolongada de territorio nicaragüense, o sólo reduzca a bombardeos "quirúrgicos" de blancos estratégicos), será más fácil de superar que la fase de intervención indirecta. Por ello, el conflicto se prolonga, porque ni la opinión pública norteamericana, ni la Junta de Jefes Militares del Pentágono, ni la opinión internacional, ni los países socialistas, ni -incluso- parte de los diplomáticos y burócratas del Departamento de Estado, está dispuestos a aceptar los costos -económicos, morales o en prestigio-, que una intervención directa acarrearía en el mundo de hoy, 20 años después de Vietnam.

En consecuencia, debido a la creciente sofisticación de las tácticas de paleados adquiridas por el imperialismo durante y después de Vietnam, la fase de intervención indirecta se muestra muchos más dura y probablemente mas prolongada que la misma fase de Vietnam. Por otro lado, mientras que la fase de intervención indirecta será más difícil de vencer en C.A., la fase de intervención directa -si se presenta-, será con toda probabilidad, mucho más corta y más fácil de superar que en Vietnam.

3 - La prolongación del conflicto militar entre el nuevo sujeto histórico y los EE.UU. implica costos muy altos; pero sobre todo un desfase entre los ritmos militares y los político-ideológicos. Se prevé, tendencialmente, que el nuevo sujeto histórico será más capaz de cerrar esta brecha, porque no ha hecho uso todavía de sus recursos políticos-ideológicos: a diferencia de los EE.UU. que en cuatro años a gastado casi todas su opciones ideológicas.

La prolongación del conflicto y la predominancia del factor militar implica costos muy altos, tanto para el nuevo sujeto histórico centroamericano, como para los EE.UU. El sufrimiento humanos, los presupuestos militares que ascienden, hasta la mitad de los presupuestos nacionales en El Salvador y Nicaragua y los costos económicos asociados con la guerra, caen más fuertemente sobre los pobres. La prolongación del conflicto ha significado costos políticos significativos, para las organizaciones que representan el nuevo sujeto histórico. Muchos que se animaron con la promesa revolucionaria, han quedado atrás, al revelarse los costos que hay que pagar para la liberación. Asimismo, la predominancia del factor militar, ha limitado el pleno desarrollo de una nueva cultura. La nueva cultura de simplicidad y sacrificio voluntario se está fraguando en una clave prevalentemente militar.

Por otro lado, la prolongación del conflicto militar, ha implicado costos muy altos geopolíticos para los EE.UU. Su opción por una solución militar ha ido socavando la legitimidad imperial. En la coyuntura reciente, Nicaragua, ha sido apoyada en una serie de foros internacionales en contra de los intereses diplomáticos y políticos de los EE.UU. El juicio contra EE.UU. en la Corte Internacional de la Haya, la elección de Nicaragua para ocupar puestos en al Comisión Económica de la Asamblea General de la ONU, el GATT y la FAO, evidencian el creciente aislamiento de los EE.UU.

Este aislamiento tiene sobre todo, un carácter de protesta pública frente a la nueva agresividad de los EE.UU. Las presiones económicas de los EE.UU. sobre sus aliados en Europa, y los países capitalistas de América Latina, han ido sin embargo, suficientemente fuertes para apaciguar esta protesta, dejándola demasiado tímida para impedir la escalada militar norteamericana.

Envío pronosticó en el monográfico de junio de 1983, "Nicaragua en la Encrucijada", que los años 1983-1985, iban a ser años de una carrera entre el crecimiento de la solidaridad internacional con América Central y el avance de la intervención norteamericana en el Istmo. A estas alturas se ve que se han agregado formas cada vez más representativas de solidaridad en los foros internacionales, señalados y particularmente en la expansión de la iniciativa de Contadora -Colombia, México, Panamá, Venezuela- con el grupo de Apoyo, -Brasil, Perú, Argentina, Uruguay-. El avance de la solidaridad latinoamericana y su debilidad en poder defender efectivamente los derechos internacionales y humanos en Centroamérica, quedaron patentemente revelados en la reciente reunión de la OEA en Cartagena. La propuesta latinoamericana, frente al poder yanqui, es nueva y esperanzadora, pero incapaz de obligar a los norteamericanos a buscar una solución pacífica en Centroamerica. Los países de América Latina, dan testimonio de su cansancio, con la prolongación del proceso de Contadora, pero es el pueblo centroamericano, el que sufre los dolores de parto, de esta nueva unidad latinoamericana.

La carrera para cerrar la brecha entre el ritmo militar y el ritmo político-ideológico

Existe un desfase entre los ritmos militares, y los ritmos político-ideológicos, tanto en la práctica del nuevo sujeto centroamericano, como en la practica del sujeto imperial. Tendencialmente se prevé, que el nuevo sujeto histórico será más capaz de cerrar esta brecha que los EE.UU. Las vanguardias no han utilizado todavía sus recursos políticos-religiosos. Quizás su mayor deficiencia ha sido la subestimación de la importancia de la lucha ideológica frente a las tareas militares. Los EE.UU. por el otro lado, ha gastado en estos 4 años, casi todas sus opciones ideológicas. Su espacio de maniobras se prevé, será muchos más limitado que el del nuevo sujeto histórico.

Este tipo de desfase es normal, en todos los procesos de liberación nacional. La capacidad de las organizaciones revolucionarias de cerrar la brecha entre su accionar militar y su accionar político-ideológico, se convierte cada vez más, en un factor decisivo para vencer la actual escalada de intervencionismo norteamericano.

En los Estados Unidos, la administración, no cuenta con el apoyo público para su programa militar actual en al región y mucho menos con apoyo, para la intervención militar directa. A pesar del apoyo actual del Congreso para el proyecto militar de la administración en al región, al prolongación del conflicto, determina requisitos financieros cada año más pesados para resultados cada vez más nebulosos. Por ejemplo, estamos viviendo entre diciembre 1985 y febrero-marzo 1986, una fuerte ofensiva ideológica y diplomática. Nicaragua, por parte de la administración norteamericana, para poder conseguir mas apoyo financiero para las actividades militares de la contrarrevolución.

En los corredores del Congreso se platica con claridad, de que la contrarrevolución, supuestamente iba a celebrar la Navidad de 1984, en Managua, se encuentra muy golpeada celebrando la Navidad de 1985 en al jungla de Zelaya, con sus espacios y márgenes de acción sumamente reducidos y sus fuerzas en un rápido proceso de desalzamiento. Al Congreso norteamericano, no le agrada seguir apostando con dólares de contribuyentes norteamericanos a un "looser" (perdedor), que desgasta la credibilidad norteamericana, a la vez que devora su plata. La administración probablemente conseguirá del congreso apoyo militar para la contrarrevolución, pero el tiempo de prolongación del conflicto, si no se dan éxitos militares, la V de los sandinistas, corre contra ella, y a favor del nuevo sujeto histórico centroamericano.

A largo plazo el financiamiento del proyecto económico norteamericano, será un punto de mayor contradicción que el financiamiento militar entre el Congreso y la Casa Blanca. Con 500 millones de dólares de ayuda militar a El Salvador, Costa Rica, Honduras y Guatemala, los EE.UU. logra restringir el ritmo de avance militar de la revolución, pero la misma suma no es suficiente ni para consolidar la economía de El Salvador.

Probable mayor involucramiento de Estados Unidos en la guerra y el papel de la solidaridad internacional

La superación de la fase indirecta de la intervención, por parte del nuevo sujeto histórico, conduce tendencialmente a un mayor involucramiento militar de los EE.UU., en la región, si no se incrementa notablemente la solidaridad internacional que a lo largo del conflicto ha revelado una sensible disminución.

Tras cinco años de intervención militar indirecta, los EE.UU., no han logrado paralizar al nuevo sujeto histórico revolucionario, ni quebrar su política. En términos militares, la cercanía de la derrota estratégica de la contrarrevolución en Nicaragua, la flexibilidad estratégica del FMLN, la resistencia y el avance de una UNRG fundamentalmente incólume en su capacidad militar puede sugerir a los EE.UU. la intensificación de su guerra en el Istmo. Su respuesta probablemente tomara el perfil siguiente: reanudación e incremento de la ayuda militar a la contrarrevolución, aumento de asesores militares y maniobras en la región e intensificación de la guerra aérea tanto en El Salvador como en Nicaragua.

Como hemos señalado más arriba el incidente con el cohete SAM-7 (o Red Eye -las versiones varían-), utilizado para derribar un helicóptero sandinista y el plan de la administración Reagan de dotar a la contrarrevolución de una aviación propia, demuestran lo peligroso de la intensificación de la fase de intervención indirecta con armas cada vez más sofisticadas.

Los éxitos militares de las fuerzas revolucionarias en al fase de intervención indirecta, tienen el peligro de acercar el día de la intervención directa. Es decir, en la medida en que el nuevo sujeto histórico, está derrotando militarmente las estrategias del acoso indirecto, el peligro del paso a al segunda fase se incrementa. Por otro lado, el incremento de los movimientos de solidaridad internacional y sobre todo aquellos que contradicen en los mismos EE.UU. la política exterior de Reagan, respecto de C.A. (Santuario, Testigos por la paz, Compromiso de resistencia, por ejemplo), pueden contribuir a alejar la probabilidad de la segunda fase de intervención y acercar la posibilidad de una resolución negociada del conflicto.

En el último período (83-85), ha sido el nuevo sujeto histórico revolucionario centroamericano el que ha ido venciendo -en Nicaragua y El Salvador, sobre todo- en la

fase de intervención indirecta, mientras que la solidaridad internacional, no se ha fortalecido suficientemente. Esto se pone de manifiesto especialmente en el norte del istmo, donde el apoyo internacional no se ha concretado respecto a la URNG, Y ha descendido con respecto al FMLN-FDR. Aunque la solidaridad internacional con Nicaragua se ha mantenido, ha sido insuficiente para llevar un buen término a Contadora -que parece revivir después de la Declaración de Caraballeda, (Venezuela), y de los enclaves de posesión de Cerezo, en Guatemala.

Por consiguiente, si no hay cambios fundamentales, la tendencia que se manifiestan en hacia la intensificación de la guerra, hacia el aumento de conflicto fronterizos y hacia un mayor involucramiento militar de los EE.UU. en la región. Esto significaría que va caminando hacia la intervención, peor que le camino se vislumbra como extremadamente largo y costoso. Sin embargo, no es un esquema de "etapismo" mecánico (paso fatal de la primera a la segunda fase de la pelotas) lo que queremos destacar. Los EE.UU. nunca juegan su política con sólo dos opciones alternativas. en este sentido la negociación seria, podría avanzarse como opción, con tal de que se viera que conduce eficazmente a proteger los intereses de la superpotencia -sobre los cuales y sobre la definición de su "seguridad nacional", hay discrepancias incluso dentro de la administración Reagan y más aún, en el llamado establishment que se ocupa permanentemente de la orientación de la política exterior de los EE.UU.

El factor económico en la prolongación del conflicto
y en la agudización de la crisis centroamericana

Centroamérica atraviesa por una crisis económica de dimensión y profundidad sin precedentes. Tras dos décadas (1950-1970), de crecimiento económico de los más estables en toda América Latina, todos los países de la región independientemente del grado de paz o de convulsión político-militar que experimentan, han entrado en una crisis económica prolongada. Como veremos más adelante el "milagro" de crecimiento centroamericano de 1950-1970, fue un "milagro" sin futuro. En la década de los 70, este crecimiento seguirá peor sobre bases más artificiales y en los 80 estalló la crisis, gestada en las décadas anteriores, cayendo con mayor fuerza sobre las mayorías pobres.

El comportamiento del producto interno bruto por cada país, durante los últimos 35 años, (ver cuadro al final de esta sección), muestra la magnitud de la crisis económica generalizada, afecta aún más seriamente a las clases populares del Istmo, registrando una regresión en su nivel de vida aún más fuerte que los promedios nacionales. Las cifras del cuadro no expresan lo que han significado ocho años (1978-1985), de agravamiento del sufrimiento económico de las mayorías centroamericanas. Los niveles de ingreso real per capita, al final de 1984, no fueron nada alentadores. Guatemala y Costa Rica retrocedieron a los niveles de 1972; honduras a los de 1970; y los países más afectados por la guerra a los niveles de 1965 en Nicaragua y de 1960 en el Salvador. Con la prolongación del conflicto militar, no hay perspectivas de que la situación económica de estas masas centroamericanas mejore en la década que viene.

La prolongación y agudización de la crisis económica trae como una de sus consecuencias que "el problema económico" y la búsqueda de las causas que lo han originado, sean uno de los temas que actualmente generan mayor discusión en todos los países centroamericanos. La novedad e importancia de este hecho, estriba en que, por primera vez, se da la búsqueda de las causas del desastre económico, por parte de los sectores populares que más lo padecen. Tanto a niveles populares, como de entendidos en la materia, se dan diversas explicaciones de la crisis económica.

Diversas explicaciones de la crisis

Algunos observadores de la crisis centroamericana, movidos por el espejismo de los ritmos de crecimiento económico (1950-1978), plantean que el problema central del Istmo centroamericano, no es la desigualdad de sus estructuras económicas, sino la falta de democratización interna. Ellos afirman que Nicaragua necesitaba un Alfonsín y no un proceso de transformación social a lo sandinista, que lo que El Salvador necesita es un mayor control de Duarte sobre los militares y que los proyectos de transformación del FSLN y del FMLN no son realistas en el patio trasero de los Estados Unidos.

Esta apreciación es en nuestra opinión profundamente equivocada y dañina. Equivocada en dos razones: 1) en primer lugar, no logra captar lo específico en América Central por no explicar por qué surgió el nuevo sujeto histórico con un programa viable de lucha armada en América Central y no en los otros países de América Latina que sufrieron la misma crisis del mercado internacional que los centroamericanos; 2) en segundo lugar, esta perspectiva es equivocada porque imagina que los pueblos se alcanzan cuando su miseria se incrementa; por el contrario, los pueblos se rebelan en aquellos momentos en que el crecimiento económico permite que las masas levanten sus cabezas. Ese crecimiento provoca cambios superficiales en la economía y abre grietas en el sistema social que, a su vez, permiten el cuestionamiento de las estructuras existentes.

Es una opinión, además, dañina, porque favorece la opinión reaccionaria de que todo iba bien en el Istmo antes de la revolución sandinista y del accionar del FMLN en El Salvador. Además, afirman que la espantosa desigualdad existente en los países centroamericanos, era un mal menor necesario par el desarrollo capitalista. De ahí viene la estrategia reaganiana de querer eliminar al FSLN, FMLN-FDR, URNG, para volver al modelo de capitalismo dependiente que, según ellos, rindió tantos beneficios durante las últimas tres décadas. Es decir, la falta de un análisis de la especificidad económica del Istmo, nos puede llevar a culpar de la crisis económica a aquellos sectores del pueblo organizado, que más ha sufrido en ella.

Existe una segunda interpretación de la crisis económica. Algunos militantes revolucionarios, las clases acomodadas y la administración Reagan, afirman que la causa principal de la crisis económica es la guerra revolucionaria que se libra en algunos de los países del Istmo centroamericano. Ellos imaginan que al terminar la guerra, se va a solucionar el problema económico del Istmo. Aunque esta opinión es compartida por un amplio espectro de gente de variada ideología, creemos que es ilusoria y que difundirla sería solo defraudar a los pobres con esperanzas falsas.

La prolongada crisis económica empezó a registrarse en la década de los 70. No fue una lucha armada la que generó la crisis económica, como dicen los ideólogos de derecha, a lo largo del Istmo, sino que, al revés, fue la crisis económica de los 70, cuyas raíces yacen en el crecimiento dependiente de los años 1950 a 1970, que antecede a la nueva ola de lucha armada. Es cierto que la guerra ha profundizado la crisis, pero esto no significa que ha logrado la paz y una estabilidad política se superaría automáticamente la crisis económica.

El intento de encontrar las verdaderas causas de la crisis económica, nos lleva a plantear nuestra hipótesis central sobre la economía centroamericana:

Tal como están estructuradas e insertadas en el mercado internacional, estas economías centroamericanas son inviables independientemente de que el tipo de gobierno, sea de izquierda o de derecha.

De la recuperación económica centroamericana, no solamente depende la paz, el fin de las democracias restringidas y las reformas sociales que las clases dominantes rechazaron hacer en su momento oportuno, sino también un nuevo proyecto de integración regional y una nueva inserción de la región como conjunto en el mercado internacional, por el camino de la agroindustrialización y la diversificaciones de exportaciones. Estos cambios debieron haber sido iniciados en el período de expansión económica extraordinaria entre 1945 y 1965.

Es importante insistir en la necesidad de un cambio en la inserción de las economías centroamericanas en el mercado internacional, porque su actual modo de insertarse como económicas agro-exportadoras las hace ser demasiado vulnerable a los ciclos de la economía capitalista mundial.

De hecho, la actual crisis de la economía centroamericana no ocurre aisladamente, sino que coincide con el comportamiento general de los desajustes cíclicos de la economía mundial que empieza a profundizarse en 1966, al romperse el modelo liberal keynesiano del crecimiento de la post-guerra. En toda América Latina, se presenta, durante los años 70, una caída de las tasa de ganancia en la producción, no obstante los movimientos especulativos del capital. En la misma década el rápido endeudamiento de todos los países latinoamericanos, debido a las políticas de fácil acceso al crédito internacional, fue otro rasgo característico de la recesión internacional.

Lo que da intensidad peculiar de la crisis en Centroamérica, es no sólo, que estalla tras dos décadas de crecimiento rápido y estable, sino, sobre todo, su especial vulnerabilidad, producto de su forma de insertarse en el mercado internacional. Es tan fuerte la actual crisis centroamericana, que aún en vías de realizar transformaciones anteriormente señalada, se necesitaría, en este estadio del mercado internacional, por lo menos tres décadas para que las mayorías sientan los beneficios económicos de las transformaciones. El conflicto militar y la agresión norteamericana en la región, impiden iniciar el enorme proyecto de transformación necesaria para salir de al crisis prolongada que empezó hace trece años en 1972-9173.

En realidad la situación del istmo, en las décadas antes de la crisis fue bastante compleja. Durante 20 años (1950-1970), hubo crecimiento económico estable y mucho cambio superficial pero sin cambios estructurales.

Este fenómeno centroamericano de crecimiento económico sin desarrollo estructural, es en el fondo lo que un documento reciente de la CEPAL califica como "desarrollo aditivo... Las considerables transformaciones que se produjeron durante las tres décadas de la postguerra, se caracterizaron esencialmente en la forma en que fueron yuxtaponiendo las nuevas capas económicas sociales a las anteriores dentro de un proceso de cambio y de modernización que no amenazó, en su esencia a la estructura económica pre-existente". (CEPAL, 1985). Discrepamos con la fácil evaluación de la CEPAL, de que hubo tres décadas de crecimiento económico estable y opinamos que los problemas comenzaron en la primera parte de los 70, aunque sus causas se remontan incluso a los años anteriores.

En el crecimiento superficial de los 70, la primera extensión significativa de los beneficios de la educación y de salud a las mayorías y los inicios de estilos de consumo semejantes a aquellos de los países latinoamericanos con extensas capas medias, escondieron el cáncer que carcomía el sistema.

Este cáncer consistía en la incapacidad de los países centroamericanos (con la excepción de Costa Rica) de efectuar reformas económicas y sociales, que hubieran podido hacer viable al capitalismo dependiente, creando clases medias suficientemente anchas, para sustentar regímenes parlamentarios y sociedades civiles con suficiente sofisticación y así, representar una alternativa a la vía armada. En otras palabras, las sociedades centroamericanas perdieron el tren del capitalismo dependiente latinoamericano, no sólo por sus espacios económicos reducidos, sino por no diversificar sus exportaciones más allá del modelo de agroexportación de materias primas durante la larga etapa de crecimiento económico de la post-guerra.

La falta de audacia económica, por parte de las élites económicas centroamericanas, fue contrabalanceado pro un manejo sobrio de la economía que aprovechaba los términos, entonces favorables, de intercambio internacional, que trajo como resultado el "milagro" de crecimiento rápido y estable entre 1950 y 1970.

Esta estabilidad del crecimiento económico centroamericano dependió del manejo conservador de cuatro balances macroeconómicos: 1) la balanza de pagos; 2) el balance entre la oferta y la demanda; 3) el balance fiscal y 4) el balance monetario. Es decir, a lo largo de los años 1950-1970, las economías centroamericanas fueron economías sin deudas, sin inflación, sin déficits fiscales y sin inestabilidad monetaria. Como se ve, al final de este apartado, en los cuadros 2,3,4,5 y 6, a partir de 1970 aparecieron el endeudamiento, la inflación, los crecientes déficits fiscales, en algún grado en todos los países centroamericanos. La inestabilidad monetaria y las devaluaciones ya golpeaban a Costa Rica y Nicaragua, a finales de la década de los 70, Guatemala y El Salvador se vieron afectados hasta en los 80. Ya en los años 70 los responsables de la gestión económica centroamericana habían perdido el control de los mecanismos básicos, que produjeron balances equilibrados y el crecimiento económicos del Istmo entre 1950 y 1970.

El "antiguo sujeto histórico centroamericano" (las burguesías, frenadas por las oligarquías y amenazadas por al competencia clasista o la exigencia corrupta de prebendas de los militares), descuidó estos balances macroeconómicos básicos precisamente en una década en la que los términos de intercambio para sus productos tradicionales de agroexportación fueron muy favorables en el mercado mundial.

Se podría culpar a las antiguas clases dominantes, pro su falta de interés nacional, por su falta de audacia económica, para atreverse a diversificar sus bases económicas, pro su irresponsabilidad en el uso de su capital, durante los años de bonanza y porque la crisis estalló en la economía que ellos manejaron durante largas décadas de crecimiento internacional. Peor, a pesar de que la Doctrina Social de la Iglesia indica, que el propietario tiene responsabilidades sociales, en el sur de su capital, las condiciones del capitalismo en los pequeños países de la periferia, son tan difíciles para el inversionista nacional que, si mantiene sus responsabilidades de pagar un salario justo y de cuidar la reproducción de la economía nacional a largo plazo, termina por quedarse en bancarrota y desaparece como capitalista.

Los capitalistas centroamericanos, no podían apartarse de esta lógica capitalista. La burguesía guatemalteca no admitió, ni siquiera en la Constitución de 1985, el concepto de "función social" de la propiedad privada, pero lo neutralizó con la prohibición, en leyes complementarias con rango constitucional en 1982, de la sindicalización de los campesinos. Hoy en día, se acepta de nuevo el concepto de responsabilidad social, tras 50,000 asesinados, aunque la burguesía logró parar la reforma agraria antes que tocara la mayoría de las fincas cafetaleras.

En los pequeños países de la periferia el único acto racional capitalista en tiempos de recesión internacional, es olvidarse de las responsabilidades nacionales, descapitalizar su empresa e invertir en el Primer Mundo. En tiempos de crecimiento excepcional, hay lugar para ganancias en la exportación de materias primas. La austeridad necesaria para haber diversificado las economías centroamericanas entre 1945-1965, requería ser una especie de capitalistas semejantes a los "monjes tibetanos" y no una vulgar copia del empresario occidental.

La mayor vulnerabilidad de las economías del Istmo, a los ciclos de la economía capitalista mundial, determinó que la ausencia del interés nacional del inversionista centroamericano fue mayor que en los empresarios de otras regiones de América Latina, por lo que toca a cuatro áreas:

1 - Se da un decreciente esfuerzo inversionista por parte del sector privado. Mientras que el esfuerzo promedio de inversión realizado en América Latina en el período 1960-1980, osciló entre un 20% y un 25%, la misma cifra para Centroamérica, osciló entre un 14% y un 19% (casi un 30% inferior a la de los otros países según un estudio reciente de PREALC). Además a lo largo del período de crecimiento el sector privado evadía cada vez más sus responsabilidades inversionistas. La inversión privada, que hacia 1950 representaba un 70% a un 80% de la inversión total, cayó hasta menos -y bastante menos en algunos casos- de un 50% en todos los países hacia 1980. Igual que los empresarios nacionales, los inversionistas extranjeros iban abandonando el proyecto inversionista en los años 70. Mientras que la inversión extranjera representaba un 30% de la inversión total en el sector industrial, en los años 60, bajó a un sólo 8% en los años 70. Ante esta situación el Estado tiene que asumir un creciente papel de inversionista.

2 - Las clases dominantes no evadieron solamente sus responsabilidades inversionistas, sino también sus deberes fiscales. Las nuevas obligaciones del Estado como inversionista no fueron acompañadas con la reformas tributarias necesarias. Las cargas tributarias por país permanecieron prácticamente estables en torno al 10%, a pesar de aumentos de gastos públicos como porcentaje del PIB en los 70, como se ve en el cuadro 7. En particular, el sector industrial nacido con el MCCA, que utilizaba cuantiosas divisas, quedó exento de tributación, involucrando sacrificios de ingresos fiscales extraordinariamente altos en todos los países.

A finales de los años 70, la mayoría de los gobiernos del tercer mundo, utilizaron préstamos internacionales para aumentar el gasto público, sin necesidad de acceder a nuevos impuestos. Estos préstamos para gasto público, fueron muchas veces utilizados en inversiones no productivas, incrementaron descomunalmente la deuda externa. Este proceso empezó muy fuertemente en América Central a partir de 1972, como puede apreciarse en el Cuadro 2.

3 - La inversión realizada tuvo un carácter "no reproductivo" en el sentido que la modernización, tanto en el sector industrial como en el sector rural, no llevó consigno una expansión de la capacidad de generar nuevas divisas. Como expresa la CEPAL, las transformaciones efectuadas tuvieron reducida hacia atrás o hacia adelante. Es decir, las inversiones no utilizaban en forma prioritaria materias primas racionales ni representaron bases para la expansión de otras actividades económicas. Sólo convertían las divisas en monedas nacionales. El sector industrial que debía haber actuado como un eje dinámico de acumulación, de hecho jugó un papel de desacumulador de la riqueza nacional. Recursos de divisas que pudieron haber diversificado las exportaciones del Istmo, fueron las posibilidades de nuevas inversiones en el consumo de cocacola, cerveza, cigarros y otros productos de consumo nacional.

4 - Las inversiones de las clases dominantes incorporaron indiscriminadamente tecnología moderna que ahorraba mano de obra, (recurso que no era escaso) y gastaron las escasas divisas en una modernización que excedía las posibilidades de acumulación de la región, dejando las economías sin generación ni de empleo ni de divisas.

Recapitulando lo anteriormente afirmado, las clases dominantes, preocupados por sus propias ganancias, dejaron de invertir y lo que invirtieron lo invirtieron mal para la reproducción de la economía a largo plazo. Aunque el Estado tuvo que reemplazarlos como empresario, no aumentaron su tributación. La única salida para mantener la economía fue que los Estados nacionales se endeudaron y aumentaron sus déficits fiscales, rompiendo así los dos macrobalances más importantes. La deuda externa de la región aumentó de unos US$564.1 millones en 1970, a unos US$ 3,211.9 (CEPAL, 1980), en 1978. Los déficits fiscales subieron un 1,060% en la década de los 70, de unos 122.9 millones de dólares, (SIECA, 1982). De allí se siguió el círculo vicioso hacia la inflación y los desbalances monetarios.

Estos problemas no se desbordaron sobre las masas centroamericanas durante los años 70. Más bien el crecimiento de la deuda externa y de los déficit fiscales velaban y escondían la crisis, manteniendo el movimiento económico en una forma artificial. Los términos de intercambio internacionales, tan favorables, coayudaron para impedir que la caldera explotase. Como demuestra el Cuadro 8, otra válvula de escape para que la crisis económica no estallara, fue la reducción de los salarios de los más pobres, entre los pobres, entre 1970 y 1980 especialmente en los países del Norte del Istmo.

Con las segunda laza de precios del petróleo en 1979/80, el rápido empeoramiento en los términos de intercambio internacional (acelerado por la recesión internacional y las altas tasas de intereses impuestas por los Estados Unidos), hizo que los mismos problemas de los 70, se profundizaran y estallara la crisis.

Lo que mantuvo la caldera de la economía durante los 70, fue: 1) la demanda estable para los productos de exportación de Centroamérica y 2) el fácil acceso a las fuentes del crédito internacional. Al final de la década de los 70, estos dos factores de estabilidad desaparecieron. Con la recesión internacional, y especialmente porque el valor de nuestras exportaciones estuvo pegado al dólar norteamericano sobrevaluado, la demanda para nuestros productos desapareció y sus precios se desplomaron. Con las alzas en las tasas de interés (de un tradicional 7% a 8%, hasta -en los peores momentos- un 19%), el crédito internacional y las divisas escasearon, generando mayores desequilibrios en la balanza de pagos, en los déficits fiscales, y empujando a todos los países hacia una mayor inflación y la devaluación de sus monedas.

Aunque la crisis económica de los 80 representa una profundización de los mismos desbalances de los 70, el margen de maniobra para superar los desbalances y empezar las reformas es tan estrecho que la misma crisis tiende a salirse fuera de control, provocando desajustes económicos profundos que nadie quiere.

Por la prolongación del conflicto la lógica económica cede a una lógica militar que se impone

Esta es nuestra segunda hipótesis. Este planeamiento tiene especial validez en El Salvador y Nicaragua, donde sus presupuestos militares se acercan a la mitad de su gasto público ordinario. En El Salvador, como política de paleados se han cortado los servicios sociales básicos y se ha enfatizado el bienestar de las fuerzas armadas sobre las necesidades económicas del país. En Nicaragua se mantienen los servicios sociales básicos, pero la asignación de los cuadros a zonas de guerra impide y estorba la promoción de las organizaciones de masas en la sociedad civil, promoción que es crucial para enfrentar la prolongación de la fase de intervención indirecta de los Estados Unidos. De modos distintos el factor militar se impone y parece que ninguno de los protagonistas ha logrado aún la capacidad de priorizar la lucha política, económica y social en esta fase del conflicto.

Aunque en Honduras, Guatemala y Costa Rica, la guerra impacta sus economías muchos menos que en Nicaragua y El Salvador, también se ven afectados por ella. La creación de las bases militares norteamericanas en Honduras y la expansión de su ejército nacional, han golpeado fuertemente la economía hondureña. En Guatemala la expansión del militarismo se hace evidente con la creciente penetración de las fuerzas armadas, en el manejo de la administración particularmente estatal, no militar entre 1982-1985. En Costa Rica crecen las presiones en contra de su neutralidad, en favor de la creación de una fuerza armada y, al mismo tiempo, para desmontar todas las reformas sociales que se iniciaron con la revolución de Figueres, en 1948. En la era de la "Reaganomics", era de esperar que la fórmula de Reagan para ir demoliendo el "estado keynesiano de bienestar social", iba a efectuar en Costa Rica, para que dejara de ser el único país en Centroamerica con características de "Welfare State".

Es iluminador y señal de larga noche de transformaciones y sufrimiento que espera a los pueblos centroamericanos, el hecho de que las reformas liberales llevadas a cabo en Costa Rica a partir de 1948, no lograron proteger a ese país de los mimos balances externos e internos que están afectando a todo el Istmo. Es aún más preocupante que el endeudamiento externo y los déficits fiscales aparecieron en ese país antes que en los otros.

Las reformas liberales tipo CEPAL, no garantizan un provenir de bienestar para nuestros pueblos, cuya historia exige cambios internos más profundos, y, sobre todo, como ya hemos afirmado, cambios en su inserción en el mercado internacional, para ser países viables económicamente. Toda presión de realizar reformas liberales resulta inviable en un doble sentido, por no poder realizarlas debido a la reacción de las clases dominantes y los militares peor más profundamente aún, en el sentido de que su realización no garantizará el desarrollo y bienestar de los pueblos centroamericanos. Es aquí donde se encuentran las debilidades objetivas de proyecto de los partidos políticos de centro, como la Democracia Cristiana.

Centroamérica: economías subsidiadas y geopolitizadas

Nuestra tercera hipótesis: la tergiversación de un conflicto Norte-Sur, conflicto Este-Oeste ha convertido a las economías centroamericanas en "economías subsidiadas y geopolitizadas".

El apoyo subsidiario a las economías centroamericanas empezó en los años 70, cuando los Estados nacionales empezaron a sustituir a las clases dominantes a través del endeudamiento externo y del déficit fiscal. Con la agudización de la crisis y la prolongación del conflicto militar, hay una profundización de este proceso en que los agentes externos empiezan a desplazar la injerencia de los Estados nacionales. Mientras que en los 70, el motor de apoyo subsidiario fue el interés del capital financiero internacional, de menté los miente, en los 80 la lógica de fondo es geopolítica.

Dentro de la lógica geopolítica y militar, la dependencia externa alcanza niveles tan altos e irracionales que un corte o una baja sustancial del flujo de fondos en cualquier país del Istmo, puede provocar cambios fundamentales en su estructura económica y en su modelo político.

La excepción a esta regla podría ser Guatemala, que había mantenido una capacidad financiera propia, pero la economía de Guatemala en 1985, debido al hundimiento financiera y fiscal de la misma, necesita entrar en el mismo proceso. Guatemala, único país que autofinanció su guerra de paleados, se vio al fin en la misma crisis, en parte porque la "empresa" de la guerra ya general, el manejo militar del Estado, generaron no sólo gastos "racionales" sino gastos "irracionales": los gastos de la corrupción y del acceso de los militares a su carácter de "clases social".

Aquí se encuentran las raíces más profundas del nuevo proceso electoral y del posible distanciamiento guatemalteco de las posiciones mexicanas respecto al conflicto centroamericano y el posible acercamiento a las posiciones norteamericanas. Sólo un apoyo financiero fuerte de Europa, podría romper esta tendencia. En Guatemala, hoy como en los otros países en los 70, el rechazo de la burguesía nacional a aumentar su cuota impositiva, obliga al Estado guatemalteco, a involucrarse en más endeudamiento y en una crisis fiscal que puede desbordarse en una crisis económico-social profunda, como demostraron los acontecimientos de la rebeldía popular de agosto-septiembre de 1985.

Primera tendencia: recolonización económica del istmo centroamericano

Existe una tendencia muy acelerada de acrecentamiento de la dependencia externa y del proceso de reciente apoyo subsidiario en las economías centroamericanas. Estas economías cuyo crecimiento de los 70, fue subsidiado, hoy exigen subsidios más fuertes cada año, sólo para suavizar el ritmo de su decrecimiento. La ayuda norteamericana es la base principal de estos subsidios (con la evidente excepción de Nicaragua), y trae consecuencias políticas que agravan más el sofocamiento económico. Da lugar a un proceso de recolonización económica o a la constitución de protectorados informales.

En El Salvador, los Estados Unidos desembolsaron en 1985, 744 millones de dólares, que equivalen al 82% de las exportaciones del país, al 20% del PIB, al 117% de los gastos corrientes del Gobierno salvadoreño, lo cual significaría que los Estados Unidos habrían pagado en 1984, un 58% de los impuestos en El Salvador. El caso de El Salvador es el más dramático, ya que representa una especie de vietnamización de la economía salvadoreña, al estilo de lo que sucedió en el país surasiático entre 1956 y 1962, antes de la invasión norteamericana.

En Honduras, aunque el desembolso es del orden de 300 millones, el peso es casi tan fuerte por el tamaño menor de la economía hondureña. Aunque la pérdida vergonzosa de soberanía en El Salvador y Honduras se da en forma directa y acentuada, se registra el mismo fenómeno en Costa Rica pro la presión económica combinada del FMI y los Estados Unidos, en Panamá por la FMI y la presión militar de los Estados Unidos.

El hecho de que Guatemala no pudo mantener el apoyo del FMI, marca sus primeros pasos en el terreno de los protectorados informales de Centroamérica. Por otro lado, el apoyo subsidiario de la economía nicaragüense, es el más fuerte del Istmo, peor sus fuentes son más diversificadas (A. L., Europa Occidental y COMECON) y sirve para financiar cambios estructurales profundos en su economía.

Nicaragua demuestra mucho más diversificación de dependencia y más independencia frente al flujo de ayuda de Cuba y del COMECON, que los otros países respecto a la ayuda norteamericana con la excepción hasta hoy de Guatemala.

Tendencia 2: desgaste de las antiguas clases dominantes,
corrupción creciente y surgimiento de los nuevos ricos de la recolonización

La prolongación del conflicto está teniendo como consecuencia el desgaste del antiguo sujeto histórico. Según CEPAL, "la profundidad de la crisis ha dado paso a un clima de desmoralización e incertidumbre de las antiguas clases dominantes siguen traduciéndose en fuga de capitales, inversiones en servicios -de rápida maduración- más que en el sector productivo, rechazos a pagar "impuestos de guerra" o de saneamiento de los enormes déficits fiscales, traslado de la crisis económica a las mayorías con aumento de su sufrimiento y rebeldía.

Por otro lado la creciente recolonización económica provoca peleas intra-burguesas por porciones de la ayuda norteamericana, corrupción de todo tipo que se extiende desde los Bancos Nacionales (acceso a divisas para fuga, exportaciones no repatriadas, sobrefacturación de importaciones), pasa pro los programas de AID (a pesar del creciente esfuerzo del gobierno norteamericano para controlar la corrupción) y llega hasta la fragmentación de las economías en zonas francas para los militares y la creciente corrupción civil-militar donde las FF.AA. empiezan a reemplazar a las aduanas nacionales especialmente entre El Salvador, Honduras y Guatemala.

La recolonización tiende a producir una clase de nuevos ricos, que ha sabido cómo aprovecharse del poder incrementado de los militares y de todo el proceso de recolonización. Sobre todo llama la atención el crecimiento de un nuevo sector de servicios de alta sofisticación que atiende las necesidades de las misiones internacionales y a los nuevos estilos de consumo de esta nueva clase que utiliza las divisas que han logrado captar no para fines de inversión productiva sino dentro de la lógica del carpe diem. La antigua lógica de las minorías está desapareciendo con la profundidad de la crisis y ha nacido una nueva lógica de las minorías mas corrupta y menos productiva que aquélla de las antiguas clases dominantes, quienes están siendo desplazadas por el conflicto entre el imperio y el nuevo sujeto histórico que propugna una lógica de las mayorías y una nueva independencia de los controles de la super potencia.

Tendencia 3: Crecientes problemas para financiar
la necesaria recolonización a mediano plazo

No hay un proyecto burgués nacional en el Istmo y estas actitudes de las antiguas clases dominantes (incertidumbre, desinversión, fuga de capitales y reubicación fuera del Istmo), y de las clases de nuevos ricos (corrupción y consumo), chocan con el proyecto de reactivación económica propugnado por los Estados Unidos. Es decir, no hay nadie para administrar la economía de capitalismo dependiente que los Estados Unidos intentan resucitar en el Istmo Centroamericano. Sin una burguesía dependiente que defiende sus privilegios de clases, la fase de intervención indirecta norteamericana entra en crisis. Cada año se necesitan más subsidios para las economías centroamericanas y los fondos de reactivación económica se convierten cada vez más en welfare (bienestar social) otorgado al "barril sin fondo" que hoy es la economía centroamericana.

Los dos grandes pecados mortales en los corredores del congreso norteamericano son el "comunismo" y el welfare. Tendencialmente, si la administración norteamericana no puede controlar la corrupción y crear una imagen de reactivación (la verdadera reactivación está a décadas de distancia, debido a la prolongación del conflicto), existe una alta probabilidad de que el Congreso norteamericano no quiera seguir financiando el creciente subsidio. Por ejemplo en El Salvador, con sólo 75 millones más de ayuda en el sector público, se habrían solventado problemas cruciales, cuya persistencia que ha dañado a la economía y a la legitimidad del gobierno de Duarte. Esta contradicción entre un "Congreso de Tacañas" y un proyecto de "recolonización económica" que se pone cada año más caro, mostrará una tendencia a profundizarse en los años venideros.

El problema de fondo es que ya no existe un proyecto burgués autóctono. Esta burguesía centroamericana, en vez de enfrentar su propia crisis, goza de las comodidades de la vida norteamericana, manda a sus hijos a las mejores universidades norteamericanas y sigue sacando su capital, mientras que espera que los norteamericanos eliminen las guerrillas salvadoreñas y guatemaltecas y desestabilicen el gobierno de Nicaragua. Tarde o temprano crecerá la desesperación del Congreso con "estos latinos flojos", pero la alternativa será aún más desagradable: que los hijos de la burguesía centroamericana, estudien en las universidades norteamericanas mientras que los "boys" norteamericanos mueren en las montañas de América Central. Es la misma problemática que el imperio enfrentó a Vietnam.

En una fase correlativa de la intervención estadounidense allá (fase indirecta: 1956-1963), no había casi ninguna discusión pública en los Estados Unidos, mientras que la intervención indirecta de Centroamérica ha estado en primer plano durante años. Esto favorece al nuevo sujeto histórico si sabe como aprovechar las contradicciones que existen entre la administración y el Congreso. Los problemas en el pasado no deben desanimar los esfuerzos para socavar el apoyo en el Congreso porque la tendencia al largo plazo, y su carácter "tacaño" juegan a favor del nuevo sujeto histórico.

Tendencia 4: Hiperurbanización y reducción de los hinterlands
y del espacio económico nacional

La prolongación del conflicto provoca una fuga del campo a las ciudades y de las ciudades pequeñas a los más grandes con el resultado de una reducción del territorio económico nacional y de un hacinamiento crecientemente improductivo y un aumento de inyecciones económicas externas para sostener esa hiperurbanización improductiva. Este proceso es más intensivo en El Salvador, Nicaragua y Guatemala, pero el deterioro de intercambio campo/ciudad lo hace tendencial también en Honduras y Costa Rica. En El Salvador ciudades como San Miguel y Sonsonate, han duplicado su población entre 1980-1985.

La hiperurbanización crea una falsa imagen de un movimiento económico intenso. Por ejemplo, mientras que las actividades de construcción dan la impresión de un boom en San Miguel, San Salvador y Santa Ana, el sector de la construcción es quizás el sector que demuestra más decrecimiento a nivel nacional en 1984 (-4.9%). Asimismo mientras que hay un "boom" en los servicios de alta sofisticación en San Salvador, ya no hay siembra de algodón y los cafetales se pierden en el hinterland de la capital.

Tendencia 5: creciente erosión de la integración centroamericana

Una de las razones de ser del MCCA, fue supuestamente de atenuar las fluctuaciones depresivas en el mercado internacional que tanto estorban el movimiento de economías tan pequeñas y tan abiertas a ese mercado mundial, como son las centroamericanas.

A gran costo de divisas, generadas en el sector agroexportador y de endeudamiento externo, se expandió el comercio intraregional de un 6.5% del comercio total en 1960 hasta un 23% en 1979, (PREALC, 1985). Ahora, frente al peor ciclo depresivo en el mercado internacional que ha golpeado a Centroamérica, el MCCA, en vez de atenuar la crisis se comprime en los años 80, a sólo un 18.5% del comercio total de la región. El problema de fondo es la extrema dependencia pro parte del sector integracionista de insumos importados del mismo mercado internacional. Así es que en la evaluación de la CEPAL se dice que la "interdependencia económica entre los cinco países ha tendido a convertirse en un mecanismo de transmisión de las fuerzas económicas recesivas (CEPAL,1985)" y, por tanto, un multiplicador de la crisis.

Se prevé una creciente erosión del MCCA, no sólo por la razones señaladas, sino porque los Estados Unidos está pagando los costos y tiene la responsabilidad cada vez más directa de la economía centroamericana. Se reconoce que el MCCA, no beneficia a Centro América y se buscan otras salidas.

Tendencia 6: Cada vez más la crisis recaerá sobre los hombros de los pobres

La depresión del ingreso per capita en la región a los niveles de los 60, en los países que más sufren por el conflicto armado y a 1970, en los otros países significa un incremento enrome de miseria. La CEPAL estimó que en los años 80, un 63.7% de la población vivían en estado de pobreza. Las cifras de PREALC son parciales (sólo para Costa Rica y Guatemala), y demuestran que en estos dos países el 20% más pobres se empobrece debido a la crisis, mientras que la burguesía y la clase media alta son los grupos que más se benefician de la crisis en términos relativos.

En particular, las devaluaciones en 1984 y 1985 en El Salvador, han golpeado muy fuerte a la población que constituyen el grueso de la extrema pobreza en el Istmo. En El Salvador, mientras que los impuestos sobre la renta y sobre el patrimonio han bajado, el Estado trata de evitar su dependencia total de la ayuda norteamericana subiendo los impuestos indirectos. Esto hace que la crisis recaiga más fuertemente sobre los hombros de los pobres. La misma negativa de las clases acomodadas a costear la crisis en Guatemala y el intento de provocar aún más sufrimiento al pueblo pobre con la reducción de los subsidios al bienestar social desembocaron en los inesperados motines callejeros de agosto y septiembre de este año. Asimismo, la nueva ola de tensiones sindicales y huelgas ¿de los empleados públicos? en El Salvador, se deben al impacto de las tres olas de inflación que golpearon a la economía salvadoreña entre abril y octubre de 1985, tras la devaluación del colón.

En el futuro se prevé un incremento de tensiones sociales del mismo tipo y por las mismas razones a lo largo del Istmo. En la región no sólo se carece de una burguesía capaz de responder al proyecto de reactivación norteamericana, sino que se padece a una burguesía y a unos gobernantes que actúan sin respeto por el pueblo, como si no estuviera en juego la existencia de la hegemonía estadounidense por un reto militar que nace del mismo pueblo que los Estados Unidos y sus procónsules siguen despreciando.

Tendencia 7: creciente migración fuera de la región especialmente a Estados Unidos

La prolongación del conflicto provoca que una migración de la población centroamericana a los Estados Unidos, a través de México. Supone una válvula de escape para la miseria que la crisis produce. Muchos jóvenes mueren a manos de maleantes mexicanos que se aprovechan de los pobres centroamericanos en su largo viaje ilegal hacia la frontera de los Estados Unidos. Para tener más protección se pueden pagar US$1,000.00 dólares a los "coyotes" que a su vez exigen favores sexuales de las jóvenes que migran. Los pobres se endeudan con miembros de sus familias ya establecidas en los Estados Unidos. Aún con los salarios ilegales en Los Angeles, un joven puede ganar en tres días el salario mensual de un profesor salvadoreño. Con los mismos tres días de trabajo manual puede triplicar lo que gana el jornalero agrícola en El Salvador.

Con razón Los Angeles ha logrado ser "la segunda ciudad más grande de El Salvador, y Nueva York y Washington compiten con Santa Ana por ocupar el tercer lugar en ese pequeño país centroamericano. Las transferencias privadas, oficialmente recibidas en El Salvador, de familias que viven afuera , ya alcanzan US$125 millones de dólares (la segunda fuente de divisas para el país, sólo menos importante que la procedente del café). Las estimaciones de esto tipo de sostenimiento familiar alcanzan hasta US$300 millones de dólares que equivale a 39% de las exportaciones totales del Salvador.

Estas transmisiones introducen enormes diferencias de nivel de vida, aun entre los estratos más pobres de la población con consecuencias ideológicas bien complejas de apoyo-rechazo al imperio que rompe su familia, le obliga a salir de su patria, peor le bendice con una respuesta material de la miseria.

Tendencia 8: el sector informal urbano como campo de batalla

El creciente aislamiento de los centros urbanos centroamericanos, tanto respecto de su hinterland rural como del intercambio con el resto del Istmo, el proyecto de exportación fuera de la región de los Estados Unidos, y sobre todo el crecimiento del Sector Informal Urbano (SIU), en las grandes ciudades en un contexto de fuerte devaluación e inflación, coloca al SIU como un futuro campo de batalla de la economías centroamericana. Este sector se perfiló como revolucionario tanto en Cuba, como en Nicaragua. Por falta de una vanguardia armada, el SIU no tumbó al gobierno peruano en las insurrecciones de 1978/79.

Los motines guatemaltecos del 81 y del 85, explotaron más s fuertemente en los barrios en los que el SIU está fuertemente representado.

Por todo esto, el SIU se perfila como la más disputada fuerza social por parte de las fuerzas políticas reaccionarias y revolucionarias. Recientemente se llevó a cabo una reunión de las organizaciones empresariales del Istmo en San Pedro Sula en que el tema principal fue el Sector Informal Urbano. La documentación de esta reunión, promovida por Henry Kissinger, presenta a este sector como rebelde frente a la planificación sandinista y como aliado de los empresarios a lo largo del Istmo. El propósito de la reunión fue el siguiente: "a estas alturas sólo tenemos una alternativa: el Sector Informal tiene que ser tomado debidamente en cuenta si el Sector Privado quiere sobrevivir".

Las palabras de la reacción son muy fuertes peor son un fiel reflejo de las presiones que se viven en el SIU, porque mientras el SIU se expandió bajo la avalancha de la migración a las ciudades, el ingreso promedio del SIU disminuyó proporcionalmente. Esto, en condiciones de devaluación e inflación fuerte, hace a este sector particularmente explosivo.

Resumen de estas tendencias

La prolongación del conflicto tiende a privar a la economía centroamericana de su racionalidad autónoma, haciéndola una función de la geopolítica de los Estados Unidos; tiende a separar del proyecto económico al antiguo sujeto histórico centroamericano, dejando al Istmo sin un proyecto burgués nacional y tiende a una creciente recolonización de las economías, agravada aún más pro la corrupción y el reparto de los países en "zonas francas" entre los actores políticos.

Sin embargo, al mismo tiempo, se está dando otra tendencia de enorme importancia en el Istmo: la creciente toma de conciencia critica de lo económico por parte de las masas pobres de Centroamérica. Con el peso de la crisis, el "problema económico" y sus causas se ha convertido en el tema de conversación más común en todos los países del Istmo. Este tipo de cuestionamiento por parte de las mayorías representa un hito político y cultural de enorme importancia en la región centroamericana.

La concatenación de décadas de rápido crecimiento económico con lo que van a ser décadas de recesión y miseria, está produciendo una concientización económica muy profunda. Por un lado, como señalamos anteriormente, el crecimiento estable entre 1950-1978, permitió que las masas levantaran sus cabezas con esperanza de una mejor vida, posibilitándose el surgimiento de la conciencia económica. Por otro lado, del mismo modo que los terremotos de los años 70 desvelaron la realidad cruel, donde el 20% de la población más pobre disponía de sólo el 4% del ingreso nacional, la agudización de la crisis económica entre 1978-1986 se ha convertido en un prolongado terremoto de la conciencia social.

Este proceso de concientización masiva sigue los esquemas lógicos de los políticos e ideólogos profesionales. Simultáneamente, la conciencia popular puede culpar a los Estados Unidos por su intervencionismo, a los ricos y comerciantes que se aprovechan de los pobres, al FSLN y al FMLN, cuyas guerras de liberación ha coincidido con el estallido de la crisis centroamericana. El sufrimiento económico de los pobres no se traduce automáticamente, ni en ningún esquema, ni en ninguna opción política.

Por otro lado, al crisis económica es la fuerza que mayoritariamente y en forma determinante va haciendo madurar al nuevo sujeto histórico centroamericano. En este sentido la prolongación de la crisis es como un enrome y complejo curso de educación política. Esta educación tiene un ritmo mucho más lento que las necesidades políticas de las élites envueltas en ambas partes del conflicto:" es sin embargo, esta maduración de la conciencia popular lo que más temen los Estados Unidos y las antiguas clases dominantes. De ahí, que su deseo de eliminar las amenaza que representan los sandinistas, el FMLN y el URNG, es en realidad un deseo de restringir este proceso de concientización masiva que se vive en el Istmo, cuyo contenido todavía está por terminar de aclararse.

El hecho que la conciencia popular no sea una copia de una ideología conocida es quizás su rasgo más peligros para la dominación y la hegemonía de los Estados Unidos sobre Centroamérica. Los pobres empiezan a beber de su propio pozo y con ello, va naciendo un nuevo espíritu nacionalista, y popular en todos los países del Istmo, que no encuentran respuesta, ni en los viejos esquemas, ni en los viejos dueños de poder.

Las palabras de un campesino salvadoreño, ferviente partidario de la Democracia Cristina, son el mejor resumen de la coyuntura económica centroamericana. A la pregunta de cuál sería la solución a todos los problemas económicos que padecen los campesinos salvadoreños, respondió:

"Si los Estados Unidos no quieren que los dos extremos sigan ganando, que manden "pisto"(28) para montar sus fábricas acá. Si Estados Unidos no quiere que la guerrilla avance en El Salvador... pues que se paguen salarios altos acá como allá. Los jóvenes no tienen donde trabajar. Entonces, el hombre decide ir a las montañas. Sería mejor que se haga en El Salvador como una colonia y que circule la moneda de los Estados Unidos aquí. Si no hacen algo así, la gente va a la guerrilla y esto va a terminar en una guerra civil, no como ahora, mucho más fuerte".

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Prolongación del conflicto y agudización de la crisis

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El factor político en la prolongación del conflicto y en la agudización de la crisis

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