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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 54 | Diciembre 1985
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Nicaragua

Las maniobras militares de Estados Unidos en Centroamérica

Desde 1981 se vienen desarrollando, con mayor o menor publicidad, las más diversas y complejas maniobras militares (terrestres, aéreas y navales) de Estados Unidos en el área centroamericana. ¿Cuál es el significado estratégico de esas maniobras?

Equipo Envío

El territorio y los mares hondureños han sido el espacio donde con más frecuencia se han desarrollado estas maniobras. Cuando se ponen en orden todos estos ejercicios militares -juegos de guerra los llaman también los norteamericanos- no deja de sorprender su volumen, su continuidad y el involucramiento de tantos efectivos y de tan importantes equipos militares en ellos. (Ofrecemos al final de este artículo una síntesis de las características de las maniobras realizadas en estos 5 años).

¿Qué pretenden las maniobras?
¿Por qué Estados Unidos persiste en ocultarlas?

¿Qué significan realmente estas maniobras? ¿Qué pretenden? ¿Por qué son manzana de discordia al interior del proceso de Contadora? ¿Por qué la persistencia de Estados Unidos en ocultarlas, defenderlas, negarse a suspenderlas? ¿Por qué Nicaragua señala una y otra vez este fenómeno militar insistiendo en su proscripción? ¿Por qué Contadora, que exigía esta proscripción en 1984, ya sólo pide su regulación en 1985? El tema de las maniobras militares es amplio y relativamente poco conocido. Permite diversas aproximaciones. Para lograr una, lo más completa posible, Envío entrevistó a la analista norteamericana sobre temas de militarización en Centroamérica Deborah Barry.

ENVÍO

- Así, en general, cuál darías que es el significado de las maniobras dentro de la estrategia política y militar de la Administración Reagan?

BARRY

- Discutir sobre las maniobras militares norteamericanas conducidas principalmente a partir de Honduras, resulta tema de suma importancia en estos momentos, cuando el debate y el proceso de Contadora llega a esta etapa definitoria. En cierto modo, en este tema de las maniobras se pone a prueba la capacidad de Contadora para resolver el conflicto centroamericano. Contadora está llamada a servir de instrumento político-diplomático para enfrentar la creciente intervención de las fuerzas militares norteamericanas en los asuntos internos de los países de Centroamérica y, sobre todo, su intención declarada de derrocar el proyecto revolucionario de Nicaragua.

Las maniobras no son cualquier cosa... Son una pieza muy importante, una pieza clave. Realizar maniobras militares de simulacros de combate en Centroamérica, ya desde 1981, fue una de las decisiones más importantes que tomó la Administración Reagan en su política exterior hacia la región. De hecho, con esta serie de maniobras, Estados Unidos establece una presencia militar permanente en la zona. La movilización en ella de sus tropas, de una manera constante y, sobre todo a partir del 83, sin que esto se haga como consecuencia de una declaración de guerra, representa evidentemente una real amenaza de guerra y de intervención norteamericana.

Esta amenaza constante es, a su vez, una de las formas fundamentales para llevar adelante el tipo de guerra de baja intensidad que Estados Unidos libra desde hace años contra Nicaragua y las demás fuerzas revolucionarias de la región. Esta amenaza promueve y sostiene una guerra sicológica destinada a provocar respuestas y reacciones por parte de estas fuerzas revolucionarias y, en particular, por parte del gobierno nicaragüense.

Un segundo aspecto de las maniobras que conviene resaltar: las maniobras han servido de paraguas para asegurar una paulatino pero seguro crecimiento en la infraestructura militar, logística y de inteligencia norteamericana en Centroamérica, sin que la creación de toda esta infraestructura tenga que pasar por el escrutinio y la aprobación del Congreso de Estados Unidos. Se trata de una manera de incrementar el armamentismo sin que esto sea punto de controversia a nivel público en Norteamérica. Gran parte del equipo usado en las maniobras queda en Honduras. Las maniobras son así un canal directo de abastecimiento militar sin que exista chequeo o control alguno sobre este abastecimiento.

En tercer lugar, las maniobras son una escuela. Permiten a las fuerzas armadas norteamericanas y a la CIA participar unidas en simulacros de guerra que les posibilitarán coordinar después mejor posible acciones futuras y adquirir un importante conocimiento del terreno y de la capacidad de los ejércitos locales y hasta de los mismos ejércitos revolucionarios, tanto el Ejército Popular Sandinista como el FMLN, sin estar aún involucrados con ellos directamente en combate. La coordinación de las fuerzas aéreas, terrestres y navales es de suma importancia en el tipo de guerra que se ha diseñado para la región. Las maniobras sirven de ensayo para la guerra. Con estos ensayos se van superando los problemas de mando de las diferentes fuerzas y ciertas rivalidades que se dan entre ellas. Se supera además la gran desventaja que tradicionalmente enfrenta una fuerza invasora y que es el desconocimiento del terreno. La invasión de Grenada, en 1983, evidenció la necesidad de superar estos límites y aprender mucho más en coordinación militar.

ENVÍO

- Amenaza, canal para el armamentismo, escuela, ensayo... ¿Tienen otras maniobras norteamericanas en otras partes del mundo las mismas connotaciones? ¿Se diferencian en algo las maniobras centroamericanas de las realizadas en otras partes del mundo?

BARRY

- Las maniobras que se han dado en Honduras desde 1981 se diferencian de las maniobras militares que Estados Unidos realiza en otras partes, básicamente por cuatro razones: Primero: en Honduras, a partir de 1983, las maniobras se desarrollan en forma continua. En otros lugares hay maniobras periódicas, pero no con esta continuidad, con esta persistencia. En Honduras, una maniobra empata con la siguiente...

En segundo lugar, las maniobras periódicas en otras partes del mundo son anunciadas con muchas anticipación y programadas con calendarios exactos de operaciones militares. En la región Centroamericana no es así. Se ocultan hasta última hora o se improvisan en poco tiempo. En tercer lugar, las maniobras en Honduras han implicado construcciones de carácter permanente que vienen a aumentar y mejorar la capacidad militar del país. Por último, en el caso de Honduras, tras las actividades y los ejercicios de las maniobras el Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha dejado gran cantidad de equipo bélico en el país sin que todo este armamento pase por los canales normales de asignación presupuestaria de ayuda militar a otros países, como está prescrito en las leyes de los Estados Unidos.

ENVÍO

- Encájanos mejor esta pieza de las maniobras dentro de toda la estrategia Reagan. ¿Cuándo empieza a tener toda su importancia y por qué?

BARRY

- Después del otoño de 1981, cuando las fuerzas revolucionarias de El Salvador demostraron una capacidad militar superior a lo previamente calculado por la administración norteamericana, Reagan rechazó la propuestas hechas por el entonces Secretario de Estado, Alexander Haig, en el sentido de realizar una acción mucho más directa en la región. Reagan adoptó por el contrario un plan para aumentar drásticamente la presencia militar de los Estados Unidos en toda la cuenca de El Caribe. Esta presencia debería tener la capacidad de proyectar el poderío norteamericano a los países de la región. Un vocero del Ejecutivo afirmó entonces que la presencia de las fuerzas norteamericanas era para demostrar que Estados Unidos estaba allí y que no saldría hasta que la situación mejorara, y por otra parte, para señalar que los Estados Unidos estarán siempre del lado de cualquiera de los "países democráticos amigos" que soliciten su ayuda.

Los instrumentos principales por medio de los cuales se proyectaría el poderío norteamericano en la región habrían de ser los que de hecho se han usado hasta ahora durante todos estos años:

-El incremento de la ayuda militar y económica a los países centroamericanos, pero vinculando la ayuda económica a la militar, como señala la Comisión Kissinger, apoyando especialmente a los gobiernos de El Salvador y Honduras.

-La expansión de la capacidad de inteligencia de la CIA.

-El inicio de operaciones encubiertas en Nicaragua, financiando a un grupo de más o menos 500 hombres armados para empezar con ellos una guerra de hostigamiento contrarrevolucionario desde Honduras.

-El desarrollo de toda una serie de planes de contingencia para un eventual o posible escenario de invasión a Nicaragua o El Salvador con tropas norteamericanas. En estos planes las fuerzas armadas regionales deberían cumplir con el papel principal de atacar a Nicaragua o a las fuerzas revolucionarias salvadoreñas.

-El montaje de una serie de maniobras militares para alimentar con ellas los cuatro planes anteriores: aumentar la entrega de equipo militar a los ejércitos de Honduras y El Salvador; incrementar la capacidad de inteligencia, no sólo de la CIA sino también de las mismas fuerzas armadas regionales, con uso de sistemas de radar que abastezcan los sistemas de información aérea y faciliten el detectar las posibilidades o dificultades de esos planes de contingencia, posibilitar la presencia de una gran fuerza permanente en la región como mecanismo de presión sobre el gobierno de Nicaragua, que se vería así obligado a tomar medidas para su propia defensa ante una supuesta guerra de invasión norteamericana y abastecer y entrenar a las fuerzas contrarrevolucionarias nicaragüenses.

ENVÍO

- En el conjunto de maniobras realizadas desde 1981 hasta hoy ¿es posible distinguir diferentes etapas? ¿Ha habido una evolución? ¿Cuál ha sido la forma, el alcance y la justificación aducida en cada una de esta etapas?

BARRY

- Sí, se pueden distinguir diferentes etapas en base a la información restringida disponible. La primera va del otoño del 81 hasta principios del 83. Las maniobras de este período tuvieron un carácter muy general y amplio, en términos geográficos, en el Golfo de México y El Caribe, desde la isla de Vieques, en Puerto Rico. Fueron gigantescos simulacros de combate, con la participación de hasta 120 mil hombres, 240 naves y 1,000 aviones. Intervinieron fuerzas de la OTAN, de Argentina de Venezuela y de Colombia.

Estas maniobras, llamadas "Ocean Venture", fueron presentadas como maniobras rutinarias, conforme al calendario de operaciones militares. Sin embargo, alcanzaron una mayor importancia por la re-evaluación de la coyuntura política norteamericana que, con la administración Reagan y ya desde comienzos del 81, consideraba que la Cuenca del Caribe constituía un espacio vital para los intereses norteamericanos "amenazados" por las fuerzas revolucionarias de El Salvador y por la revolución nicaragüense. Ante esta amenaza -se arguyó para justificar la magnitud de estas maniobras- era necesario desplegar todo el poderío de los Estados Unidos como expresión de su voluntad de mantener su hegemonía histórica en la región.

Hasta principios del 83, las maniobras siguieron teniendo este carácter más general. Las fuerzas navales fueron los principales actores y se involucró también a fuerzas de otros países, principalmente de Puerto Rico. Fueron maniobras de gran envergadura y su conducción estuvo a cargo de las Fuerzas Navales de la Florida, cuya tarea es velar por la seguridad de todas las rutas marítimas que llevan al Golfo México y a toda la cuenca de El Caribe.

La segunda etapa, desde febrero el 83, viene marcada por un cambio en la política exterior norteamericana hacia la región. Después de repetidos rumores sobre el incremento de la capacidad militar de las fuerzas insurgentes salvadoreñas y ante la evidencia de que la guerra en El Salvador había llegado de hecho a un impasse imposible de romper, el ejecutivo de la Administración ordenó un viaje de la Embajada ante la ONU, Kirkpatrick, con el fin de evaluar el impacto de la política sostenida por Reagan desde 1981. Coincidió esta evaluación con un aumento del poder de influencia que los ideólogos del aparato de seguridad nacional ejercen sobre lo que hasta ese momento había sido la política mantenida por los así llamados "pragmáticos" del Departamento de Estado. Este cambio en la correlación de fuerzas significó en concreto en Washington una consolidación del poder de la CIA. A partir de entonces, en la formulación de la política a seguir en la región tuvieron una mayor participación el director de la CIA y el Comando Sur.

Después del viaje de la Kirkpatrick el grupo de ideólogos de la derecha criticó la política de Enders como inapropiada e incapaz de conducir a ningún tipo de victoria en términos aceptables. Para estos poderosos ideólogos hablar de negociaciones significaba compartir el poder, cosa que equivalía a rendirse o a enfrascarse -como lo había sugerido Haig- en una invasión directa. No se encontró tampoco solución viable en términos políticos y militares.

El grupo de ideólogos de derecha condenó la política exterior de Estados Unidos por haber conducido a contradicciones y conflictos patentes: en El Salvador, el FMLN estaba avanzando y demostrando mayor capacidad militar que la calculada; en Honduras el favorito General Alvarez provocaba fuertes oposiciones internas; en Costa Rica se producía una división interna frente a la política norteamericana; la revolución nicaragüense seguía el camino de consolidación de su proyecto político, sin que tuviera un éxito mayor el debilitamiento intentado por los Estados Unidos. Las maniobras hechas hasta entonces, contra todo lo previsto, habían permitido movilizar a la población nicaragüense contra los Estados Unidos. De toda esta situación surgieron los cambios que se dan en la segunda etapa de las maniobras.

Y el cambio fundamental radica en la adopción de una estrategia denominada guerra de baja intensidad aplicada a toda la región. La intención de esta nueva estrategia fue coordinar todos los planes regionales de contrainsurgencia e incidir a nivel regional tomando en cuenta los distintos aspectos de cada país. Se quiso también coordinar todos los planos de la influencia norteamericana: el político, el económico, el social, el militar y el diplomático, mediante una conducción única y altamente centralizada. Se formó así una cúpula de dirección dentro del Consejo de Seguridad Nacional y se estructuró lo que se llama la Agencia Especial de Operaciones, de los "Joint Chief's of Staff", encargada de coordinar las actividades de las fuerzas especiales en el Tercer Mundo.

Durante la primera mitad del 83, mientras se realizan estos cambios en Washington, la administración propone y organiza la Comisión Kissinger, con la responsabilidad de elaborar una política pública para la región en la que se combinarán todos los factores (económicos, políticos, tecnológicos, etc.) de modo coherente, para poder así presentar una política cuya cara pública fuera capaz de lograr un consenso mínimo dentro de la opinión pública norteamericana y dentro del sistema bipartidista de los Estados Unidos.

En términos generales, se puede decir que la política hacia el Tercer Mundo y hacia Centroamérica en especial, se hacía prioritaria. Se pasó a la ofensiva. A partir de entonces Reagan comienza a ubicar cada uno de los hechos que ocurren en Centroamérica en relación con la amenaza de Nicaragua dentro de un marco de retórica alarmista y con referencias constantes al conflicto Este-Oeste. Nicaragua comienza a ser señalada como una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, en medio de una campaña global contra la amenaza del comunismo a nivel internacional.

ENVÍO

- ¿Y donde quedan en todo esto nuevo marco las maniobras? ¿Se intensifican? ¿Tuvieron variaciones? ¿Cuál era ahora su objetivo?

BARRY

- Todos los cambios en la concepción de la política exterior se reflejaron también en las estructuras de las maniobras. Esto se ve a partir de la serie Pino Grande I, II y III (Ahuas Tara en mískito). Ahora las maniobras son realizadas dentro de Honduras y vinculan a las fuerzas terrestres norteamericanas con las del ejército hondureño. No es que las fuerzas navales dejaran de participar, pero sí se da un cambio en el enfoque: en la etapa anterior el actor principal eran las fuerzas navales, con grandes despliegues de buques que interrelacionaban a los distintos países del Caribe y de América Latina; desde febrero del 83, la vinculación se da principalmente entre las fuerzas terrestres y aéreas norteamericanas y las fuerzas hondureñas.

Según el "Washington Post" del 3 de febrero de ese año, un diplomático del Departamento de Estado señaló que el objetivo militar de estas maniobras era evaluar la capacidad de despliegue rápido militar de las fuerzas hondureñas y el objetivo político era mostrar que nosotros defenderemos a nuestros aliados en Centroamérica contra cualquier tipo de agresión. Muy significativo fue, en este sentido, el mismo nombre de Pino Grande, que algunos observadores norteamericanos tradujeron como "Gran Garrote..."

A partir de estas maniobras del 83, Estados Unidos logra mucho: Primero, proveer de armas y de entrenamiento adicional -no aprobado por los canales normales- a las fuerzas salvadoreñas, hondureñas y a la contrarrevolución nicaragüense. También proveer a esos mismos grupos de un sistema de inteligencia a través de vuelos de reconocimiento y establecer redes regionales de comunicación entre cada uno de esos ejércitos.

En otro aspecto, logra fortalecer las áreas de retaguardia de los ejércitos amigos, incluyendo al ejército de la contra, mediante un aumento de infraestructura a lo largo de las fronteras Honduras-Nicaragua, Honduras-el Salvador, Nicaragua-Costa Rica y mediante acciones cívicas y asistenciales de los programas de refugiados administrados por agencias gubernamentales norteamericanas y por grupos privados.

Las maniobras logran también vincular con una relación directa los distintos comandos norteamericanos con su contraparte hondureña, con ejercicios de operaciones contrainsurgentes dentro de Honduras o con simulacros de operativos contra El Salvador o Nicaragua. Cada una de las maniobras implica, en términos operativos, un ensayo o ejercicio de un sector de las Fuerzas Armadas norteamericanas y regionales en una actividad específica, o el entrenamiento de fuerzas combinadas contra supuestos blancos enemigos que, en la realidad de una guerra, serían evidentemente las tropas sandinistas o las del FMLN.

A partir del 83 las maniobras empiezan a ser continuas y en algunos casos simultáneas. En mayo del 84, coinciden maniobras navales con maniobras terrestres: entre ambas -"Granadero I" en Honduras y "Aventura Oceánica" en El Caribe- contaron con 33 mil soldados. Del mismo modo, en abril del 85, coincidieron dos maniobras: las Pino Grande II y las Universal Trek con 10 mil soldados. Desde el verano del 83, el número de norteamericanos llegados a Honduras no fuer menor de 700 u 800, y con frecuencia llegó a 2,000 lo que indica una presencia constante, muy por encima de lo estipulado por el congreso.

A fines del 83, las fuerzas navales comienzan de nuevo a estar presentes en las maniobras, pero, fuera de las maniobras "Ocean Venture" y las "Computex" (1-19 noviembre), que alcanzan toda la costa del Caribe, las fuerzas navales aparecen de forma más integrada con las terrestres y aéreas bajo un comando único. Aparentemente, la tarea específica de las fuerzas navales en estas maniobras era impedir el supuesto tráfico de armas hacia Nicaragua desde Cuba y ofrecer cobertura aérea desde los buques navales a cualquier tipo de tropa especial invasora dentro del istmo centroamericano.

Una tercera etapa -que coincide con maniobras de la etapa anterior- queda marcada por la participación de fuerzas norteamericanas que vienen directamente desde diferentes bases de Estados Unidos. En esta etapa se evidencia ya el crecimiento de construcciones militares en Honduras cerca de la frontera con Nicaragua, el mejoramiento de pistas aéreas y el establecimiento de un puesto e comando en Palmerola, destinado a ser el centro de planificación y conducción de las maniobras para el futuro. Las construcciones se llevaron a cabo primero en Palmerola misma, en San Lorenzo, Trujillo y Aguacate y en un segundo momento en Cuyagua y Jamastrán, que son ya bases norteamericanas en Honduras, en el sentido operacional.

En este mismo período se envía toda una serie de ayuda humanitaria para la población civil enclavada en los lugares en donde se desarrollan las maniobras. Se mandan medicamentos y equipos médicos, se distribuyen alimentos, se ofrecen servicios veterinarios, se construyen escuelas... Se quiere con todo esto garantizar una relación amistosa con la población civil en zonas de posible conflicto y extender de este modo la retaguardia estratégica de la contrarrevolución nicaragüense. Como fin político, el objetivo de toda esta asistencia es ganar el apoyo de la población de la población hondureña para fines de inteligencia contra el FSLN y FMLN.

ENVÍO

- Nicaragua ha denunciado en repetidas ocasiones estas maniobras como una amenaza contra su propia seguridad y como un obvio preparativo para una invasión directa de los Estados Unidos? ¿Son también para esto las maniobras?

BARRY

- Es innegable que el conjunto de maniobras, especialmente las realizadas desde el 83 en Honduras, desarrollaron una infraestructura militar capaz de ser potencialmente usada por las fuerzas terrestres y aéreas en un combate contra los sandinistas. Es igualmente innegable que todas las maniobras han contribuido -como lo reconoció el teniente coronel Buchanan, ex-oficial norteamericano- a entrenar a la tropa de una serie de bases de estados Unidos para un rápido despliegue hacia Honduras, a la vez que le han dado a esta tropa un mejor conocimiento del terreno y una mayor capacidad operativa.

No puede tampoco olvidarse que los ejércitos nacionales de la región han sido fortalecidos o capacitados para tomar medidas en contra de Nicaragua de manera conjunta, contando con el apoyo de fuerzas especiales norteamericanas y del apoyo logístico que Estados Unidos ofrece desde Panamá o desde las mismas bases ubicadas dentro de Estados Unidos, especialmente las de reserva y la Guardia Nacional de Estados Unidos. Los sistemas de inteligencia norteamericanos han quedado más adiestrados. Todo esto constituye, naturalmente, una amenaza real contra Nicaragua.

Las maniobras son algo así como el penúltimo paso para una invasión directa contra Nicaragua. Dejando siempre abierta la posibilidad de esta invasión -toda la infraestructura está puesta para eso-, creo que las maniobras pretenden en lo inmediato una guerra más sutil, que es parte también de la guerra de baja intensidad.

En este sentido, las maniobras, junto con la guerra diplomática, la guerra de estrangulamiento económico y la guerra de guerrillas de la contrarrevolución, han jugado un papel importante en la guerra sicológica contra el gobierno, el ejército y el pueblo de Nicaragua. Lo dice así un mayor de las Fuerzas Armadas Norteamericanas: "Las operaciones sicológicas forman un componente esencial de nuestra política, de nuestras acciones políticas, económicas y militares. Esas acciones psicológicas son capaces de reforzar la eficacia de un elemento de poder y, al mismo tiempo, de inhibir otros esfuerzos en otras áreas. Las operaciones psicológicas en otras áreas deberían de comenzar pronto para poder desarrollar todo su potencial completo y así lograr también con ellas los objetivos de nuestra política.

En esta hipótesis, le objetivo de las maniobras es presionar al gobierno de Nicaragua y a sus fuerzas armadas a aceptar la peor de la hipótesis, es decir, a aceptar como escenario probable una guerra entre Nicaragua y Estados Unidos, y así conducir su propia estrategia bajo esta perspectiva de la peor de las hipótesis, quitándoles de este modo la capacidad de reaccionar de una manera flexible frente a amenazas militares múltiples.

En otras palabras, las maniobras han pretendido crear todas las condiciones para que el gobierno de Nicaragua interpretara la situación de tal manera que esperara una ofensiva convencional de las fuerzas norteamericanas contra él desde Honduras y respondiera, por consiguiente, también de la misma manera con tropa convencional fuerte. Hacer, en otras palabras, que el gobierno y su ejército sobrerreaccionara frente a la envergadura de esta amenaza y orientara sus respuestas hacia el incremento de su capacidad militar y la militarización de su propia economía y de su sociedad.

Desde esta interpretación de los efectos sicológicos, las maniobras intentarían que la reacción del FSLN contribuyera de una manera más rápida a su propio desgaste, al verse obligado a utilizar en prevenir la invasión sus pocos recursos, disminuidos ya por la otra guerra patente y real a que está sometido, la guerra económica. De esta manera, el aumento del presupuesto de defensa aceleraría más el desgaste económico del país. Y más aún, la convencionalización de las fuerzas de defensa sandinista en función siempre de la esperada invasión habría de dejar a Nicaragua en menor capacidad de enfrentar una guerra irregular tipo guerra de guerrillas, que es la que lleva adelante la contrarrevolución. Esto, en la intención norteamericana, habría de tener también sus consecuencias en el plano diplomático, concretamente en Contadora.

Los sandinistas habrían de verse en su estrategia diplomática obligados a presentar una y otra vez la posibilidad de una invasión de Nicaragua por parte de los norteamericanos, pero la mera posibilidad, avalada por el montaje de toda la infraestructura levantada durante las maniobras en Honduras, habría de debilitar su argumentación mientras tal montaje no fuera de hecho utilizado en una invasión. Las maniobras -es una hipótesis que no puede dejarse a un lado- pretendieron a corto plazo una guerra que no habría de dejar huellas concretas..

En el plano interno, las maniobras aumentaron para Nicaragua el costo económico y social de la guerra para asegurar su propia defensa. Tal desgaste supuestamente habría de conducir al aumento del conflicto social interno, y así la guerra sicológica habría de incidir en la población misma e inducirla a abandonar el proyecto revolucionario. Por el temor de un frente interno, podría incrementarse la represión interna y comenzar así el abandono de la naturaleza misma del proyecto social de la revolución sandinista. El aparato propagandístico de los medios de comunicación de Estados Unidos estarían listos para aprovechar cualquier aumento de la capacidad militar o de represión interna para desgastar más la imagen positiva que se ganó el FSLN y la Revolución.

Las maniobras fueron, en esta hipótesis, concebidas también como parte de una estrategia total, donde cada una de las áreas tiene relación con las otras y el objetivo final es el desgaste hasta el derrocamiento.

ENVÍO

- Asumiendo que las maniobras han dejado de hecho una infraestructura capaz de ser utilizada en el caso de una invasión -alternativa a la que los más altos funcionarios norteamericanos no dejan de aludir- y aceptando que esta guerra sicológica puede ser un componente significativo de una guerra total, ¿podría verse en el Acta Afinada de Contadora, tal como fue propuesta en Panamá el 12 y 13 de septiembre de 1985, en la que ya no se proscriben las maniobras sino que sólo se regulan, la expresión de una trampa tendida a Nicaragua, de un triunfo decisivo de Estados Unidos?

BARRY

- No podría yo afirmar que los países de Contadora y el Grupo de Apoyo hayan diseñado intencionalmente esta trampa. El mismo Presidente Ortega reconoce el gran aporte que esos países han hecho en la búsqueda de la paz en Centroamérica. Pero sí parece que con las modificaciones introducidas en septiembre 85 -entre ellas, la referente a las maniobras- Nicaragua fue sometida al aislamiento pretendido por la Administración Reagan. Estados Unidos puede lograr don esta Acta Afinada un instrumento regional utilizable en su favor, un fuerte instrumento diplomático al servicio de sus intereses hegemónicos y militares.

Aquí es donde es necesario interpretar las maniobras como parte de un conjunto, al lado de las acciones diplomáticas de presión que los Estados Unidos han conducido de manera continua y escalada frente los demás países de la región, en un esfuerzo por fortalecer sus posiciones agresivas contra Nicaragua.

Es evidente que los Estados Unidos han logrado revertir la actuación del grupo de Contadora. Han debilitado la posición de apoyo y solidaridad de los grandes países del grupo. Han logrado que los países de la región centroamericana tomen una posición cada vez más agresiva contra Nicaragua. Han aumentado su capacidad logística, de inteligencia y militar y han logrado que Nicaragua, sin la posibilidad actual de negociar directamente con los Estados Unidos en forma bilateral, quede frente a la estructura diplomática propuesta por Contadora sin los recursos necesarios que le permitan apelar a la comunidad internacional en su denuncia contra esta guerra de baja intensidad. Se pretende culpar a Nicaragua del fracaso de Contadora, quedando Estados Unidos sin responsabilidad.

Son los propios países de Centroamérica los que se presentan luchando por su seguridad frene a un enemigo potencial. Si Nicaragua compra armas para defenderse de la guerra impuesta por Estados Unidos está rompiendo los acuerdos de Contadora, sin que Contadora haya proscrito ninguna de las actividades ofensivas de Estados Unidos. Si Nicaragua comprara armas, los Estados Unidos no están impedidos de lanzar una invasión. Si Nicaragua decide tomar medidas internas contra cualquiera de las campañas de desestabilización, está violando los acuerdos de Contadora... Difícil situación, porque será siempre complejísimo para Nicaragua probar que la guerra total de Estados Unidos opera ya en Nicaragua, que hace años empezó la intervención...

La naturaleza regional e los acuerdos de Contadora no pone límites a las acciones de los países de la región, que están ya funcionando como fuerzas títeres de Estados Unidos. Los límites son sólo para las fuerzas extrañas a la región. Cualquier incidente fronterizo provocado por los ejércitos de la región, podría constituirse en una ventaja para los norteamericanos. Aun en el caso de que los nicaragüenses reaccionaran de una manera defensiva, todo podría ser interpretado como un acto de agresión de Nicaragua. En fin, Contadora se convierte en una especie de camisa de fuerza atando las manos de Nicaragua para defenderse.

Las maniobras lograron hacer a Nicaragua más y más vulnerables ante un ejército y unas fuerzas aéreas mucho más fortalecidos en Honduras ante una costa Rica mucho más antisandinista y unas fuerzas armadas salvadoreñas cuatro veces mayores que su tamaño original.

A su vez, a través de este estilo de guerra -como un terrible Caballo de Troya- el foro de Contadora ha sido utilizado para convertir a los países vecinos de Nicaragua en los jueces "legítimos' de cualquier acción que Nicaragua emprenda para defenderse de los Estados Unidos. Las maniobras han sido utilizadas también para desgastar la credibilidad de Nicaragua ante la comunidad internacional, que no cree ya ni es conmovida ante los gritos de alerta nicaragüense por una posible invasión.

En su aislamiento, Nicaragua, no ha caído en la trampa: no se ha dedicado de forma unilateral a construir sólo un ejército convencional para una posible invasión, sino que ha sabido mantener toda su pericia guerrillera en la rápida movilización de sus batallones de lucha irregular, y no ha dejado de denunciar ante todos los foros las agresiones reales que no son mera posibilidad, sino hechos ciertos, como fue el minado de los puertos, como son las atrocidades contrarrevolucionarias contra la población civil...

La carta del Presidente Daniel Ortega a los países miembros de Contadora y del Grupo de Apoyo es, en este sentido, el más claro y decidido esfuerzo por desenmascarar la trampa de toda la política norteamericana orquestada en contra de Nicaragua a través de los países de la región centroamericana. Suicida sería aceptar lo que hoy propone Contadora: que sin quedar proscritas de modo absoluto e inmediato las maniobras militares se congelara "de inmediato" la adquisición de los armamentos y recursos que Nicaragua sigue necesitando para su defensa.

Cuadro 1



Cuadro 2



Cuadro 3



Cuadro 4



Cuadro 5



Cuadro 6



Cuadro 7



Cuadro 8



Cuadro 9



Cuadro 10



Cuadro 11

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