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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 52 | Octubre 1985
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Nicaragua

Guerra y Paz en la Costa Atlántica

En el filo de la navaja se mantiene hoy el destino de la Costa Atlántica de Nicaragua. Por un lado, un acuerdo que pondría fin a tres años de guerra, con un gobierno regional autónomo y el retorno de los mískitos. Por el otro, una insensata continuación de las hostilidades.

Edgar Chamorro Coronel

En el filo de esa navaja, en este difícil equilibro se mantiene hoy el destino de la Costa Atlántica de Nicaragua. Por un lado está un acuerdo negociado que pondría fin a tres años de guerra, un gobierno regional autónomo y el retorno pacífico de los mískitos a su amado Río Coco. Por el otro, se mantiene aún una insensata continuación de las hostilidades, siguiendo las órdenes de los jefes mískitos más duros que permanecen fuera de Nicaragua y que están influenciados en sus decisiones por sus contactos norteamericanos y por el dinero que éstos les hacen llegar.

Desde el mes de mayo los enfrentamientos fueron disminuyendo en la Costa, como resultado de una tensa e incipiente paz lograda en las conversaciones que el gobierno nicaragüense mantuvo por separado con los dirigentes de los dos grupos indígenas armados, Misura y Misurasata. A partir de entonces, y como era de esperar, la mayor amenaza al delicado equilibrio conseguido viene del gobierno norteamericano. Los dirigentes mískitos de la línea dura fueron encandilados recientemente con la entrega de $300 mil a cambio de que unieran las fuerzas indígenas, continuaran la guerra y entraran a formar parte de UNO (Unión Nicaragüense de Oposición), la más reciente de las organizaciones cívico-militares contrarrevolucionarias, creada entre otras cosas para administrar los $27 millones en ayuda "humanitaria" aprobados por el Congreso norteamericano en junio.

Es una asamblea celebrada en Rus Rus (Honduras) a finales de agosto, y que estuvo dominada por los representantes de Misura, se aprobó el aceptar todas estas condiciones impuestas para recibir los $300 mil y se rechazó el diálogo con el gobierno nicaragüense. Al término de la asamblea se anunció que Misura y Misurasata se había disuelto formando una nueva organización unitaria llamada KISAN, iniciales de "Kos Indianka Aslasa Nicaragua", que en mískito significa Unidad Indígena de la Costa Nicaragüense. Al líder de Misurasata, Brooklyn Rivera, que abandonó el diálogo con el gobierno nicaragüense el pasado mayo, los funcionarios hondureños le impidieron el ingreso en Honduras durante los cuatro días que duró la asamblea.

Es demasiado pronto p ara evaluar los efectos que este reciente acontecimiento tendrá sobre el complejo proceso que se está desarrollado actualmente en la Costa. Sin embargo, el análisis que ofrecemos sobre la evolución de dicho proceso puede servir de útil contexto para interpretar mejor estos efectos, una vez que éstos se vayan produciendo.

Tres años de guerra

En octubre de 1984, exactamente hace un año, Brooklyn Rivera recorrió la Costa Atlántica nicaragüense acompañado de observadores y periodistas internacionales. La visita, libre y abierta, respondió a una invitación que hizo a Rivera el entonces Coordinador de la Junta de Gobierno y hoy Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. Después de que Rivera salió de Nicaragua en 1981, siguiendo a Steadman Fagoth, no había regresado nunca al país. Habían transcurrido tres años de costosa y sangrienta guerra.

Fagoth salió de Nicaragua cuatro meses antes que Brooklyn Rivera. Durante ellos se alió con la Legión 15 de Septiembre, banda contrarrevolucionaria formada por ex-guardias somocistas en Honduras, y estaba formando su grupo Misura, con jóvenes mískitos que le habían seguido. Oficiales hondureños y argentinos y ex-guardias de Somoza se encargaron del entrenamiento militar de los indígenas con la ayuda de la CIA.

Brooklyn Rivera intentó trabajar junto a Fagoth en Honduras, pero por razones personales, que Rivera tipifica como de celos, hubo problemas entre ambos. Fagoth hizo que los militares hondureños arrestaran a Rivera en tres diferentes ocasiones. En la tercera, a fines de 1982, Rivera fue expulsado de Honduras.

Brooklyn Rivera fue entonces a Costa Rica y allí formó su propio grupo armado. Astutamente se apropió del nombre de Misurasata, la dinámica organización civil de mískitos, sumus y ramas que fue formada a raíz de la caída de Somoza con el apoyo del gobierno sandinista. Según declaraciones del propio Rivera, su nueva organización estaba formada principalmente por mískitos que habían abandonado Misura a causa de los crueles abusos cometidos por el ambicioso Fagoth.

Misura se llevó a Honduras a comunidades mískitas enteras. Entre los que huyeron de la evacuación forzosa del Río Coco en enero de 1982 y los que fueron sacados de Nicaragua durante estos últimos tres años, se calcula que hay hoy refugiados en Honduras 20 mil mískitos y 4 mil sumus nicaragüenses. En Costa Rica se estima que podría haber mil refugiados indígenas costeños. Los jóvenes indígenas se han integrado a la lucha armada por su propia elección o por la presión que se ejerce sobre sus familias. En bastantes ocasiones se han informado que Fagoth tortura o mata a aquellos que no quieren participar en la lucha armada y que impide a las familias de refugiados el regreso a Nicaragua.

A comienzos de 1983, Misurasata, con unos 300-500 hombres, empezó a atacar objetivos en Zelaya Sur. Aliado a ARDE (Alianza Revolucionaria Democrática) Rivera estuvo en capacidad de recibir entrenamiento y equipo militar. En el último trimestre de ese año el grupo se había extendido desde el sur hacia el norte, llegando a su habitual área de concentración, desde las comunidades mískitas costeras del sur de Puerto Cabezas hasta el Río Grande de Matagalpa, río que divide la provincia de Zelaya en zona norte y zona sur. Misura, con varios miles de hombres, dominaba una ancha faja de terreno desde el litoral al norte de Puerto Cabezas hacia el oeste de la minas de Zelaya Central. En estos territorios, Misura entraba y salía con toda facilidad hacia sus campamentos situados en Honduras.

La extensión de la guerra en toda la inmensa provincia de Zelaya, en la que los grupos contrarrevolucionaria no indígenas continúan realizando independientemente sus ataques, paralizó virtualmente la actividad económica y social en la región durante el pasado año. Los vehículos destinados a trabajos de construcción o al abastecimiento de alimentos eran frecuentemente destruidos por minas colocadas por Misura en los pocos caminos que existen; los aserraderos fueron quemados; los barcos pesqueros eran atacados cuando salían al mar; los maestros y trabajadores de la salud en misiones móviles eran amenazados o asesinados y eso mismo les sucedía a los constructores de caminos o de casas y a los que instalaban líneas eléctricas o telefónicas. El comercio interno en la región se interrumpió a causa de esta grave situación y el sufrimiento de toda la población llegó a alcanzar niveles dramáticos.

Responder a la pregunta por qué luchan los indígenas? no es nada sencillo. Algunos de ellos están convencidos de que participan en una especie de guerra santa contra los "demonios ateos sandinocomunistas". Otros se integrarán a la lucha por venganza frente a los que consideran abusos del gobierno, por ejemplo el traslado de las comunidades del río Coco a Tasba Pri.

Otros desconfían de cualquier gobierno de Managua y están profundamente convencidos de que solamente conseguirán sus derechos indígenas a través de la fuerza. Algunos luchan simplemente porque así pueden tener botas, rifles y cinturones norteamericanos y quizá algunos dólares; mientras que para otros el vínculo con los Estados Unidos es, sobre todo, una especie de prueba simbólica de que están en el camino recto y de que obtendrán el triunfo. Pero la mayoría, la inevitable carne de cañón de toda guerra, no tiene respuesta para la pregunta o la única respuesta que tiene es que no tuvo elección posible. La novedad en este último año es que la pregunta sobre el sentido de esta guerra comenzó a plantearse cada vez con mayor insistencia y que las respuestas a esta pregunta estaban cada vez menos respaldadas por la convicción.

A lo largo de 1984 una serie de comunicaciones a través de terceros indicó que había posibilidades para iniciar un diálogo entre Brooklyn Rivera y el gobierno sandinista. La base para esta posibilidad estaba en el hecho de que Rivera había declarado estar luchando únicamente por los derechos indígenas y no para derrocar al gobierno revolucionario. A principios de octubre/84, el Senador Edward Kennedy, que tenía un creciente interés en el tema indígena después de un encuentro que había tenido con Rivera, preparó una conversación entre éste y Daniel Ortega, que asistía entonces a la Asamblea de las Naciones Unidas. A partir de este encuentro, Ortega invitó a Rivera a visitar Nicaragua, a recorrer la Costa y a encontrarse con otros dirigentes revolucionarios. Uno y otro se comprometieron a llevar adelante negociaciones en las que los temas principales serían el cese al fuego, el derecho a la tierra y la autonomía.

Cambios en la política sandinista hacia la Costa: ¿presión externa o madurez interna?

Los errores de los sandinistas en su primera aproximación a las poblaciones costeñas han sido admitidos por ellos mismos. Buenos deseos acompañados de una comprensión muy simplista de la realidad de la Costa les llevaron a la conclusión errónea de que bastaba con sacar a la zona de su subdesarrollo económico y social. Esta visión, que no tenía en cuenta la realidad de la opresión étnica, chocó violentamente con un nacionalismo cultural que estaba latente, especialmente entre los mískitos, y que se fue radicalizando aceleradamente como consecuencia de la misma apertura que trajo la revolución. Muchas manifestaciones objetivas expresaron este inicial error de la revolución, desde la dificultad de un sector sandinista en reconocer cuánto hay de imposición cultural en la pretensión de que los indígenas adoptaran las estructuras y actitudes revolucionarias desarrolladas en el Pacífico, hasta los cotidianos insultos con que activistas sandinistas en la Costa manifestaban sus arraigados prejuicios etnocéntricos.

Un conflicto paralelo, menos teórico y con cierta base, lo produjeron los excesivos temores al separatismo mískito, que han formado parte esencial de la matriz del pensamiento histórico del Pacífico y que alimentaron las muy reales manipulaciones separatistas que desarrollaron desde el comienzo algunos líderes mískitos, especialmente Steadman Fagoth, líder indiscutible de la naciente organización Misurasata. Las siniestras aptitudes de Fagoth como líder carismático, combinadas con la tendencia de los mískitos a revertir de excesivo poder a los líderes en quienes confían, llevaron inconscientemente a las bases de Misurasata a tendencias separatistas, confirmando así los prejuicios sandinistas y alimentando más aún las reacciones equivocadas de los sandinistas frente a una problemática que no dominaban y que miraban a través de lo que hacía Fagoth.

Con la salida del país de la mayoría de los más importantes líderes de Misurasata, el gobierno retiró su reconocimiento a la organización indígena. El FSLN reaccionó autocríticamente a la confianza que había depositado en Misurasata como interlocutor válido en su relación con las comunidades, pues le había impedido el acercamiento directo a las mismas. En lo dos años siguientes las energías se invirtieron en la guerra y en el intento de conocer mejor a los pueblos de la Costa, en especial desde que se implementó la descentralización gubernamental histórica se había añadido una nueva dosis de recelos y de odios y la mayoría de la gente estaba totalmente desorientada frente a la situación.

Muchos de los que trabajaban en la región criticaba el que la única política sandinista definida para la Costa fuera la política militar. Sin embargo, el fruto de estos dos años de mayor cercanía a la problemática étnica fue una notable madurez por ambas partes y un creciente deseo de comenzar nuevamente con una relación distinta. A comienzos de diciembre de 1983, el gobierno decretó un indulto para todos los mískitos convictos de actividades contrarrevolucionarias en el plan que se llamó "Navidad Roja" y una amnistía para todos aquellos que habían abandonado Nicaragua y quisieran volver, con excepción de los dirigentes contrarrevolucionarios.

La organización de Rivera respondió a la ley de amnistía en un comunicado de prensa firmado por Misurasata-SICC (Southern Indigenous Creole Council - Consejo Creole de los Indígenas del Sur). Escrito en un marcado lenguaje retórico, calculado para encender el ánimo de los "guerreros indígenas", Rivera no dejaba de reconocer aquel paso positivo y pedía otros pasos similares como una prueba de la voluntad del FSLN de resolver la situación. Entre los seis pasos iniciales propuestos en el documento estaban: "reconocimiento a Misurasata-SICC como la legítima y única representatividad indígena" y una decisión de diálogo con los auténticos líderes indígenas en relación al territorio y la autonomía".

Seis meses después, al Dra. Mirna Cunningham, mískita, fue nombrada Ministra Delegada de la Presidencia en Zelaya norte, el más alto rango civil del gobierno en la zona. Unos meses después, Thomas Gordon, un creole, fue nombrado para el mismo cargo en Zelaya sur. (Zelaya norte es la Zona Especial I y Zelaya Sur la Zona Especial II desde que se inició la regionalización en 1982). En los últimos dos años, los costeños han ido reemplazando a los del Pacífico en los cargos de alto nivel.

En julio de 1984, las discusiones sobre la creación de una nueva organización indígena, iniciadas en Tasba Pri el mes de diciembre anterior, condujeron a la creación de Misatan (Organización de Mískitos de Nicaragua). Después su nacimiento, Misatan combinó la conciencia revolucionaria con la conciencia indígena en un nuevo marco de análisis. Hasta marzo de 1985, Misatan fue la única organización indígena civil. Ese mes, Sukawala, una organización de los sumus que había sido fundada en 1974, reinició sus actividades. Entre todos los cambios que se dieron en este período, el más importante, fue, sin duda, el hecho de que a partir de octubre de 1984 y por primera vez en la historia de Nicaragua, conmoviendo a los nicaragüenses de ambas costas del país, la palabra "autonomía" comenzara a ser mencionada y proclamada en un contexto positivo y constructivo, en un contexto de paz.

La economía y las negociaciones: un dúo dinámico

Entre octubre de 1984 y mayo de 1985 se desarrolló un doble proceso. Por un lado, las negociaciones con Brooklyn Rivera y, por el otro, el desarrollo del proceso interno basado en la decisión tomada por el gobierno nicaragüense de reconocer las aspiraciones de los pueblos costeños a una mayor autonomía. Existían muchos puntos de contacto - temas, ritmos, personalidades, objetivos - entre estos dos movimientos, pero fueron evolucionando de forma paralela y diversas, cada uno según su propia dinámica y según sus propias posibilidades de éxito o de fracaso.

A lo largo de la segunda mitad de 1984, un pequeño grupo de personas comenzó a estudiar intensamente los sistemas de autonomía y otras formas de relaciones entre los gobiernos centrales y las minorías en diferentes partes del mundo. A comienzos del mes de diciembre este grupo quedó constituido como Comisión Nacional de Autonomía. Estaba presidida pro el Viceministro del Interior, Comandante Luis Carrión, miembro de la Dirección Nacional del FSLN y responsable de los asuntos de la Costa Atlántica. Formaban parte de la Comisión, Galio Gurdián, antropólogo y director del CIDCA (Centro de Investigación y documentación de la Costa Atlántica); Ray Hooker, diputado de la Asamblea Nacional por la Zona Especial I; Orlando Núñez, Director del CIERA (Centro de Investigación y Estudio de la Reforma Agraria ); y Manuel Ortega Hegg, subdirector de investigación y análisis del gobierno central y antropólogo con experiencia en la Costa.

Al mismo tiempo, con grupos de Zelaya norte y sur, que informalmente se habían juntado para reflexionar sobre el tema, se crearon dos Comisiones Regionales. El objetivo era que, después de un período de estudio y consulta con todas las comunidades de la Costa, se escribiera un estatuto especial de autonomía, que se sometería a la Asamblea Nacional para su posterior discusión y ratificación y finalmente se incluiría en la nueva Constitución de Nicaragua.

A la par, se desarrollaba el segundo movimiento, las negociaciones con Brooklyn Rivera. Se iniciaron éstas el 8 de diciembre en Bogotá, Colombia, bajo los auspicios del gobierno de Belisario Betancur. Desafortunadamente, la instalación de las Comisiones Autonomía se produjo sólo tres días antes de estas primeras pláticas, lo que fue para Rivera una prueba de que todo el proceso de autonomía era unilateral y "oficialista".

Rivera llegó a las pláticas con un documento base de cuatro páginas titulado "Proceso de Negociaciones hacia un Tratado de Paz y de Reconocimiento del Territorio y Autonomía Indígena entre los pueblos nativos mískitos, Sumus y Ramas y el Estado de Nicaragua". Enseguida se hizo claro que Rivera condicionaba el cese al fuego a que se diera cumplimiento a los puntos que contenía aquel documento.

El equipo del gobierno de Nicaragua, encabezado también por Luis Carrión, fue a la mesa que era el reverso de la de Rivera. SU deseo era discutir todos los aspectos de la autonomía con Misurasata, como parte de la amplia consulta popular, pero contemplaba el cese de las hostilidades como necesaria precondición para iniciar este proceso. A cambio de un cese al fuego conservando las propias posiciones, Carrión le ofreció a Rivera un puesto en la Comisión de Autonomía y libertad de movimientos para que una delegación de Misurasata organizara a las comunidades indígenas según su particular visión de la autonomía.

Rivera se aferró a su visión escéptica sobre la Comisión Nacional de Autonomía, olvidando las evidencias que contradecían su escepticismo: la existencia de dos Comisiones Regionales, el proyecto de una amplia consulta popular casa por casa y la participación en la Comisión Nacional de Hazel Lau, a la que Rivera había invitado incluso a participar en las negociaciones con los sandinistas, representando al equipo de Misurasata. Repitiendo su acusación de que la Comisión Nacional impondría una solución unilateral, Rivera insistió en que el proceso autonómico sólo podría legitimarse a través de unas negociaciones bilaterales con Misurasata.

La delegación gubernamental rechazó este punto de vista. En primer lugar, argumentó que los temas en cuestión no eran puramente étnicos sino también políticos y que esto se evidenciaba en la existencia de tres organizaciones indígenas: Misurasata, Misura y Misatan. En segundo lugar, si Misurasata no hablaba por todos los indígenas y ni siquiera por todos los mískitos, podría mucho menos pretender hablar por todos los otros grupos étnicos de la Costa, que juntos constituyen las dos terceras partes de la población de la zona. Este era un tema esencial, ya que las Comisiones autonómicas estudiaban la autonomía para la región y no la autonomía para un grupo étnico. Este impasse creado desde el primer encuentro, que afectaba principios fundamentales de las negociaciones, continuó presente hasta la tercera ronda de conversaciones.

La concepción de Brooklyn Rivera: autonomía indígena con la hegemonía de Misurasata

El documento inicial de Misurasata tenía 5 secciones, de las que las 3 primeras precisaban las distintas demandas que abrirían el camino para la implementación del cese al fuego. La contradicción auto-definición de Misurasata como el único representante legítimo de la Costa aparece ya en la primera sección del documento titulada "Reconocimiento Oficial de la Indentidad Etnica y de los Derechos Aboriginales de los Pueblos Indígenas y Creole de la Región." El punto primero pide el reconocimiento de las "poblaciones Miskitu, Sumu y Rama como pueblos indígenas soberanos de la región atlántica del país, con su identidad étnica propia y con el derecho natural de determinar libremente su propio desarrollo político, económico , social y cultural, de acuerdo a sus valores y tradiciones." Entre los 4 puntos de esta sección, sólo el punto 2 menciona a los creoles, incluyéndolos dentro del concepto de autonomía indígena "El GRN (Gobierno de la República de Nicaragua) reconoce el inalienable derecho a un territorio indígena (tierras, ríos, lagunas y mares), con sus recursos naturales para los pueblos mískitos, sumus, ramas y creoles..." El documento no hace ninguna referencia a la población dominante demográficamente, la de los mestizos, ni tampoco a los indígenas negros caribes, llamados garífunas. Mientras que la autonomía indígena resulta una posición legítima, es incompatible con la postura de reclamar la representación exclusiva de una región compleja y multiétnica.

De los 18 puntos que comprenden las otras dos secciones de precondiciones, sólo 4 eran seriamente conflictivos: el reconocimiento gubernamental de Misurasata como la legítima organización de los pueblos indígenas, la retirada del ejército por los sumus y los mískitos en sus propias comunidades como un medio de autodefensa frente a los ataques de los grupos armados contrarrevolucionarios -, el reemplazo del ejército sandinista por tropas de Misurasata y la "suspensión" del reclutamiento forzado de jóvenes indígenas y creoles para el SMP (Servicio Militar Patriótico)". Este último punto aparecía en la sección titulada "Represión institucionalizada contra los pueblos indígenas. Rivera también reveló en el documento su propio punto de vista sobre el objetivo de una consulta popular sobre la autonomía y que según él sería simplemente un proceso para ratificar un tratado previamente firmado entre él y el gobierno revolucionario. La sección final del documento - sobre la composición de una comisión para supervisar el cumplimiento de los acuerdos - habría también llegado a ser conflictiva.

A pesar de todo, varios puntos clave favorecían las negociaciones. Por el lado de Misurasata, estaban el reconocimiento de la soberanía del Estado nicaragüense, de la integridad territorial del país y de la legimidad del gobierno de la República. Por el lado del gobierno, el reconocimiento de que la autonomía es un tema básico y de que una vez ratificado, tendrá rango constitucional.

En la segunda ronda de conversaciones, celebradas a mitad de marzo y también en Bogotá, hubo cambios notables en el nuevo documento de Misurasata. Primeramente, muchas desaparecido. No había ya ninguna referencia a los creoles. En segundo lugar, la demanda desaparecido y el concepto de los derechos "aboriginales" inalienables de los nativos había sido reemplazado por el de los derechos históricos". En tercer lugar, las 18 pre-condiciones detalladas habían sido sustituidas usando un lenguaje más suave, más general y más flexible tocando, por ejemplo, puntos como la mutua promoción de la asistencia humanitaria a las comunidades indígenas y las facilidades del gobierno para el reasentamiento de la población desplazada o para la repatriación de los refugiados. Todos estos cambios eran una importante muestra de buena voluntad, pero ni Rivera había hecho cambios en los puntos de más conflictivos ni ninguna de las dos partes había hecho cambios en el orden de prioridad de la negociación que enfrentaba:cese al fuego y autonomía.

Reacomodos internos y movimientos sorprendentes

Entre estas dos rondas de conversaciones, ocurrieron una serie de acontecimientos aparentemente inconexos, que en realidad representaban los primeros signos de reacomodos dentro de Misura y Misurasata. En primer lugar, Rivera volvió clandestinamente a la Costa a finales de diciembre, para encontrarse con sus cinco principales comandantes y con ocho comandantes de Misura. En la reunión, algunas llegaron a la conclusión de apoyar el cese de fuego, pero sólo mientras estuvieran vigentes acuerdos respaldados en los deseos del pueblo. En los primeros días de enero, Rivera dijo que había sido herido en un enfrentamiento entre Misurasata y los sandinistas y regresó a Costa Rica.

No se oyó nada mas sobre su estancia en Nicaragua durante dos semanas, hasta poco antes de que se celebrara la segunda ronda de conversaciones, cuando Rivera anunció que no regresaría a las mismas hasta que el ejército sandinista suspendiera los "bombardeos aéreos" contra las comunidades mískitas. Carrión negó esta acusación, dijo que el gobierno ni aceptaría ni impondría condiciones para las conversaciones y fue a Bogotá a esperar a Rivera, que no se presentó a la reunión.

Este signo de buena voluntad de Carrión fue enterrada por la noticia de que Rivera - que, según algunas versiones, nunca fue herido - había sido expulsado de Misurasata por tres disidentes que se proclamaban a sí mismo nuevos dirigentes vera había negociado "dando la espalda a nuestro aliados". Reafirmando su alianza con ARDE, y con "nuestros hermanos que están luchando en el norte", la última página del documento cambiaba bruscamente de tono para formular un compromiso de continuar la lucha "hasta derrotar al gobierno tiránico, asesino y comunista de Managua".

En los días siguientes, Rivera anunció que era él quien expulsaba a estos tres, a los que calificaba como "víctimas de los intereses de ARDE y de la FDN". Cuando comenzaron las conversaciones, Rivera había admitido que estas dos organizaciones, al igual que Misura y los funcionarios de la Embajada norteamericana, le habían puesto a cualquier negociación con el gobierno de Nicaragua. UN observador señaló entonces: "Brooklyn se ha puesto en una situación difícil. Si se inclina hacia las negociaciones con los sandinistas, pierde a algunos de sus comandantes de la línea dura, que se levan con Misura. Y si adopta una posición en favor de la guerra, pierde a sus tropas, que se le van con Misatan".

Mientras tanto, en Honduras, el 5 de enero, al día siguiente de que las noticias informaran sobre Rivera había sido herido, el Canciller hondureño Edgardo Paz Barnica anunció que Steadman Fagoth sería deportado. Paz Barnica manifestó su disgusto con la declaración pública del dirigente de Misura, que había dicho a los periodistas que una semana antes habían dado órganos a sus fuerzas de que ejecutaran a 23 soldados sandinistas que habían sido capturados en Tasbapauni - la misma comunidad que Rivera denunció habría sido bombardeada-. Oficialmente, Honduras siempre ha negado la presencia de contrarrevolucionarios en su territorios, tratando de mantener así un bajo perfil en el conflicto centroamericano. Fagoth - como escribió aquellos días un periódico norteamericano - había "violado claramente el sentido hondureño de la discreción".

Fagoth salió de Honduras y regresó tranquilamente al mes siguiente, después de recaudar $30 mil en un maratón radial organizado por los cubanos exiliados de Miami. Pero un periodista que visitó los campamentos de Misura en su ausencia dijo que otros comandantes habían ocupado su lugar y habían tenido la oportunidad de experimentar un trato distinto al de Fagoth, tanto con las tropas como con los refugiados mískitos. En las filas de Fagoth comenzaban también a aparecer signos de disención.

Las negociaciones: dos pasos adelante y uno atrás

Las pláticas de Misurasata con el gobierno revolucionario se reanudaron en marzo, con la ayuda de intermediarios internacionales, entre ellos el presidente colombiano Belisario Betancur. Unos días antes del encuentro, Rivera declaró, en conferencia de prensa en Costa Rica, que su organización no había tenido más contactos con ARDE y que los miembros de ARDE estaban desfigurando el sentido de las negociaciones entre sus bases en la Costa. También declaró que "el triunfo popular en Nicaragua abre un esperanza de que la revolución pueda comprender las justas aspiraciones del sector indígena no sólo en Nicaragua sino en América Latina y más allí." En esta ronda, varios gobiernos europeos y latinoamericanos enviaron observadores a las conversaciones y Rivera llevó unos 20 observadores indígenas de ambos continentes. A pesar del impasse que permanecía aun en este encuentro, ambos grupos calificaron las pláticas de positivas.

En la tercera ronda de conversaciones celebrada en abril, esta vez en México, se alcanzaron acuerdos mínimos. Rompiendo el anterior estancamiento, este éxito desmintió también observaciones muy pesimistas de Rivera antes de la sesión. Los acuerdos conseguidos en esta ronda incluían el compromiso del gobierno de facilitar el abastecimiento de alimentos y medicinas a las comunidades de zonas de guerra, así como el darles ayuda para reiniciar las actividades agrícolas y pesqueras. El gobierno se comprometió también a liberar a todos los indígenas que aun se obtuvo con el compromiso de ambas apartes de "evitar las acciones armadas ofensivas".

El equipo encabezado por Carrión, animado por el logro de este compromiso clave, acudió a la cuarta ronda, un mes después, preparado para discutir con Rivera los temas sustantivos de éste. Uno de los temas en los que el gobierno estaba en este momento remiso a ser flexible era la demanda de que el ejército sandinista se retirara de las zonas estratégicas, confiando la defensa de las comunidades a Misurasata. Esta demanda no sólo ofendía el sentimiento sandinista de soberanía nacional sino, como explicaba Carrión: "Lo que están sugiriendo es que el gobierno esté indefenso frente a otros grupos armados que ellos saben que están operando en la región". De hecho, los comandantes de Misura y Misurasata habían coordinado en la región". De hecho, los comandantes de Misura y Misurasata habían coordinado sus acciones por lo menos desde octubre de 1983, cuando ambos grupos llevaron adelante una serie de ataques que trajeron grandes daños económicos a las comunidades cercanas a Puerto Cabezas.

Para dejar zanjado este debate, Carrión presentó una lista con la enumeración de 15 ataques que se habían producido desde el 1 de abril, 11 de los cuales habían ocurrido después del acuerdo de cese al fuego firmado el 22 de abril. Entre los daños producidos por estos ataques se contabilizaban 21 muertos, entre soldados y civiles; 15 heridos, 23 secuestrados y 13 vehículos destruidos, muchos de ellos vehículos con los que se estaba cumpliendo el acuerdo de llevar provisiones a las comunidades de zona de guerra.

El documento presentado por Carrión no responsabilizaba a ningún grupo por la mayoría de los ataques mencionados, pero fue presentado como la base a partir de la cual discutir los mecanismos para controlar las violaciones a los acuerdos, a la vez que para demostrar que el ejército sandinista no podía abandonar la zona hasta que todos los grupos armados aceptaran el cese al fuego.

Rivera, molesto, tuvo que reconocer que no tenía salida. En su propia evaluación de los mismos, elaborada apresuradamente con la ayuda de sus asesores norteamericanos, admitió cuatro de las acciones armadas señaladas y restó importancia a los acuerdos firmados con anterioridad, resistiéndose a admitir una discusión sobre el tema. En relación a un ataque que se había producido contra la ciudad de Bluefields, en realidad llevado a cabo no por sus hombres sino por la FDN, Rivera afirmaba en su documento: "Ese día los indígenas se adentraron en la ciudad, táctica dirigida por el MINT (Ministerio del Interior), con el fin de aniquilarlos y de conseguir propaganda política." Carrión, perplejo ante cuál sería la propaganda política que lograría los sandinistas "aniquilando" indígenas, calificó la descripción de Rivera de "absurda y pueril".

Pero fue la discusión sobre una comisión supervisora la que puso fin a las conversaciones. Rivera propuso la formación de una comisión tripartita integrada por dos miembros de Misurasata y dos del gobierno, más otro por la Organización de Estados Unidos Americanos (OEA), otro por el Consejo Mundial de Pueblos Indígenas y otro por la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Carrión argumentó que tratándose de un asunto interno, los observadores no podían ser extranjeros y que los miembros de la Comisión debían ser de la población costeña y con la aprobación de ambas partes sin añadir que, a su juicio, por lo menos dos de los tres observadores propuestos, no podían ser visto como neutrales. Rivera, que habían propuesto que esta comisión actuara incluso de mediadora en las siguientes rondas de conversaciones, abandonó la reunión al estancarse la discusión sobre este punto.

En una entrevista a su regreso a Nicaragua, el Comandante Carrión fue interrogado sobre lo que podría llamarse "intransigencia" de Rivera. "El rechaza reconocer el sentimiento por la paz que existe, tanto entre sus tropas como entre las comunidades - respondió Carrión-. La presión por la paz es fuerte y está acompañada del deseo del pueblo por regresar a sus comunidades de origen. Brooklyn se ha tratado en un plano que no se corresponde con la realidad:"

Las evaluaciones sobre lo sucedido eran contradictorias. "Brooklyn no confía para nada en el gobierno. La mayoría de los indígenas pensamos así y por eso él tiene derecho a querer mediadores internacionales", opinaba un joven sumu. Mientras que un mískito de Puerto Cabezas que trabaja en un campamento de refugiados de Costa Rica, lo interpretaba así: "Todos esos empezaron a luchar por su pueblo. Pero ahora tienen dinero y tienen poder y ya sólo luchan por sí mismo. Eso es lo que ha pasado con Brooklyn".

La gente de Misurasata, la que culpó al gobierno por el fracaso de las pláticas, tenía otra explicación:Carrión había sido como responsable de las Regiones I y VI de Nicaragua en abril y había sido sustituido en las responsabilidades sobre la Costa por el Comandante Tomás Borge, un "duro". La razón del fracaso era ésta.

En sus declaraciones, Carrión no picó en el anzuelo del personalismo. "Nosotros - dijo - hemos mantenido un política coherente y consistente hacia los problemas étnicos, que no ha variado desde que las conversaciones empezaron: Y cuando se le preguntó quién continuaría encabezando esas conversaciones, dijo: "Primero hay que reanudarlas".

Otros acontecimientos, que sucedieron entonces y que se hicieron públicos al mes siguiente, vinieron a demostrar la falsedad de las apreciaciones de Misurasata sobre la buena voluntad del Comandante Borge.

Negociaciones sin alharaca en Nicaragua, alharaca sin unidad en el exterior

El 22 de junio, el principal comandante de Misura en Nicaragua, Eduardo Panting - más conocido en la Costa por los mískitos como "Layan Pauni", León Rojo -, fue asesinado en la comunidad mískita nicaragüense de Yulu. Algunos comandantes de Misura que declararon ser testigos de los hechos, explicaron que Panting había muerto cuando se le cayó su pistola y se le disparó, pero hay razones para sospechar que Steadman, Fagoth habría ordenado su asesinato. Esta sospecha creció cuando Orlando Mcklean, segundo hombre en el Estado Mayor de Panting, desapareció, informándose después que había sido apresado en Honduras en el mes de agosto por el ejército hondureño.

Para este tiempo el gobierno de Nicaragua anunció que un tácito cese al fuego había sido negociado entre Panting y los comandantes regionales del Ministerio del Interior y el Ejército Sandinista y que otros comandantes Misura habían decidido reunirse para considerar la forma de apoyar este acuerdo. Estaban en la base del acuerdo con Panting que el gobierno propiciaría el retorno seguro de los mískitos al Río Coco. El acuerdo fue firmado el 17 de mayo , una semana antes de que tuvieran lugar las últimas pláticas con Rivera.

Unos días antes de la muerte de Panting, representantes de Misurasata y una pequeña fracción que se autollamaba Misurasata-SICC se encontraron en Miami bajo los auspicios de la Iglesia Morava de Estados Unidos. Expresado en un retórica ya superada, el documento que resultó de esta reunión anunciaba la creación de una Comisión Provisional llamada ASLA, que significa "unidad" en mískito, y que coordinaría los trabajos iniciales para la reunificación de las organizaciones indígenas en los 60 días siguientes para concretizar la reunificación "de la familia y del movimiento indígena".

La única referencia a la paz era un tanto ambigua: "El desarrollo de fuerzas político-diplomáticas coordinadas para continuar con el tema de una solución de paz con justicia contra la solución racista y guerrerista del Frente Sandinista". Los firmantes del documento fueron Brooklin Rivera por Misurasata, Jennelee Hodgson por Misurasata_SICC y Wycliffe Diego por Misura. Steadman Fagoth, que nunca ha negado su propósito de derrocar al gobierno revolucionario, estuvo presente pero no firmó.

Después de esta reunión, Rivera inició un viaje por Canadá y Europa, que duró dos meses, pensando en la Asamblea en la que tenía razones para creer que sería elegido como el dirigente unitario de la nueva organización. Esta posibilidad se hizo más cercana todavía cuando a comienzos de agosto Fagoth fue expulsado de Misura por el Consejo de Ancianos, acusado de haber secuestrado a varios miembros del Consejo con el fin de darles una especie de "golpe de Estado".

Existen numerosos y sinceros comandantes de Misura y Misurasata que están cansados de la guerra, que son sensibles a las presiones populares por la paz y que reconocen que los nuevos esfuerzos del gobierno revolucionario han quitado sentido a la lucha armada. La rápida sucesión de los acontecimientos ha dejado a estos comandantes sin un portavoz que represente y exprese esta tendencia. De todas maneras, desde mayo y con la excepción de "Aguila Negra" (Yakal Siksa), un mískito de la línea dura de Misura en el norte, y de varios dirigentes de la línea dura de ambas organizaciones en el sur, el cese general de las hostilidades entre el ejército sandinista y los indígenas es una realidad en toda la Costa. Los miembros de ambos grupos armados se mueven libremente por las comunidades mískitas y discuten sobre la autonomía con la población, sin ninguna interferencia gubernamental ni militar.

Además, los jefes militares sandinistas han continuado las discusiones con los comandantes mískitos locales, tratando de ir solucionando los problemas caso por caso. Algunos militares han aceptado recibir armas, municiones y otros abastecimientos de los militares sandinistas y cortar sus vías de abastecimiento desde Honduras. En algunos casos, el compromiso de los indígenas de defender sus comunidades y otros lugares contra las incursiones de los contrarrevolucionarios que apoya Estados Unidos, ha llevado a la organización de puestos de guardia para la defensa de comunidades integrados por tropas sandinistas y tropas indígenas.

En algunos casos, como en el del estratégico puente de Sisin, en la balsa sobre el Río Wawa o en las comunidades de Sandi Bay, la salida del ejército sandinista fue negociada en las semanas pasadas en base a estos acuerdos. Así, la demanda de Rivera se está haciendo realidad porque la realidad ya lo permite. "Si los grupos indígenas están dispuestos a defender la seguridad del área, no tenemos necesidad de mantener allí nuestras tropas," dice el comandante regional del EPS Antenor Rosales. El puente de Sisin atraviesa una profunda garganta en la única vía que va hacia el Río Coco. Los hombres de Misura no han podido destruirlo en varios atentados realizados durante todos estos años. Actualmente, cuando se está produciendo el retorno de los mískitos al río, el que este puente se convierte en una buena prueba de la paz conseguida y en un continuo test para medir la sinceridad de los acuerdos.

La autonomía: un proceso que se aceleró

El 29 de mayo, dos días después de las fracasadas conversaciones con Misurasata, el Presidente Ortega publicó un comunicado sobre la Costa con varios puntos clave. En primer lugar, expresaba la "plena disposición" del gobierno de renovar las conversaciones con Misurasata en el momento en que esta organización lo solicitara, al igual que "con todos aquellos grupos indígenas que en Zelaya Norte y Zelaya Sur deseen conversar para llegar a acuerdos de alto al fuego y asegurar el apoyo en el suministro de abastecimientos y servicios de salud a las comunidades". En segundo lugar, el documento anunciaba el "paulatino, ordenado y planificado" regreso a sus comunidades originales de los mískitos que fueron evacuados en 1982 de las orillas del Río Coco.

El presidente suspendía también el uso de la cédula de identidad y del permiso para viajar por la Costa para los residentes de la zona. (Estos requisitos habían sido impuestos varios años atrás para ayudar a los militares sandinistas a distinguir entre civiles y combatientes, pero habían herido seriamente el sentido de libertad de los indígenas). Finalmente, el comunicado llamaba a las Comisiones Nacional y Regionales de Autonomía a llevar adelante el proyecto autonómico para que fuera "oportunamente conocido por la Asamblea Nacional para su aprobación". "El Comandante Tomás Borge, en Puerto Cabezas y el mismo día, leyó el comunicado y habló a la población sobre él, en un discurso pronunciado enteramente en lengua mískita.

El proyecto de autonomía se había desarrollado hasta ese momento con lentitud, a la espera de un favorable desenlace de las negociaciones. Cuando esta expectativa fracasó, la Comisión empezó a moverse más activamente. El pasado junio, las tres Comisiones se reunieron en un largo seminario de una semana. En él debatieron, volvieron a redactar y aprobaron por consenso un documento llamado "Principios y Políticas para el Ejercicio de los Derechos de Autonomía de los Pueblos Indígenas y las Comunidades de la Costa Atlántica". Al mismo tiempo, las tres Comisiones se unieron en una sola, compuesta por 80 personas, la gran mayoría elegida por sus propias comunidades en la Costa. Lo que hasta entonces había sido la Comisión Nacional quedó transformado en un equipo para ofrecer apoyo logístico y metodológico a las que antes habían sido Comisiones Regionales.

En el documento base la autonomía es definida como "el efectivo ejercicio de los derechos históricos de los pueblos indígenas y de las comunidades de la Costa Atlántica, dentro del marco de la unidad nacional y de los principios y políticas de la revolución popular sandinista. Aun cuando la consulta popular no ha terminado todavía y aunque el borrador se van a introducir sin duda cambios, éste y otros principios básicos permanecerán seguramente intactos. (ver "ENVIO" abril/84).

Ya en septiembre, unos 600 costeños habían sido entrenados en talleres especiales para llevar adelante la consulta popular, un proceso que se espera durará varios meses. En una Asamblea en Zelaya Norte, celebrada a mediados de agosto, los mískitos tomaron la iniciativa de elegir una Comisión Zonal que representada a 45 comunidades, para discutir la autonomía. Muy pronto, otros grupos zonales o étnicos de la región hicieron lo mismo. Un líder de Misatan consideró que estas discusiones asamblearias constituían un salto de calidad en la realidad costeña. "Dada la situación militar desde 1981 -dijo Rufino Lucas, representante de Misatan en la Comisión Autonómica- el pueblo tenía miedo. Esta es la primera vez que expresan estas ideas públicamente".

Hay otras razones, además del miedo acumulado, para explicar el por qué las opiniones van apareciendo todavía lentamente. Por un lado, el "anhelo" por la autonomía no debe ser confundido con una concepción sofisticada de este derecho a la que se habría llegado tras largos años de lucha. Son pocos en la Costa, realmente, los que tienen esta concepción y de entre ellos, algunos la han desarrollado sobre todo por sus contactos con el movimiento indigenista internacional y no por un análisis de la realidad de nicaragüense ni por un activismo desarrollado en nombre de la autonomía. (La palabra "autonomía" no existía en la lengua de los mískitos o de los sumus hasta que este proceso se inició).

En segundo lugar, dado el histórico vacío de oportunidades educativas que han tenido, muchos mískitos se sienten incómodos ante los términos abstractos. Cuando se les pregunta que significa la autonomía, muchos responden: "que no haya más guerra", "volver al río", "podremos pedirle más cosas al gobierno". En tercer lugar, los mískitos y otros nicaragüenses formados por la Iglesia Morava, se sienten orgullosos de menospreciar lo que ellos creen que es la "política" y rechazan el participar activamente en un debate político. Finalmente, la guerra que el pueblo ha padecido no es una abstracción y el fin de esa guerra es la única cosa que hay hoy en la mente de muchos. (Un futuro artículo de "ENVIO" se centrará más en el tema mismo de la autonomía, cuando termine el proceso de consulta y se puedan analizar sus resultados).

El regreso al río: en medio de las dificultades, el sueño se hizo realidad

El regreso de 37 comunidades al Río coco sigue adelante, aunque no tan rápido como algunos desearían. En junio, cuando se pidió voluntarios para desbrozar una selva crecida salvajemente durante tres años de abandono, para limpiar de culebras o de otras fieras el camino del retorno y para combatir como fuera las hordas de mosquitos extendidas a todo lo largo de las orillas de los ríos crecidos por las lluvias, se superó la cantidad prevista de 1,200 mískitos. Desde Krasa, hasta Living Creek, una de las ubicadas más abajo del río, la limpieza del terreno, que se había calculado se haría en 20 días de trabajo, se hizo en sólo 10. El entusiasmo por el regreso al río fue inmenso.

En este ansiado retorno no han faltado tragedias, dolores y alegrías. Seis mískitos murieron cuando, de forma accidental, activaron una mina dejada en el camino por Misura, 42 fueron llevados a un campamento en Honduras por militares hondureños, siendo allí rechazados por los empleados del refugio. Algunos de los que habían acariciado en su memoria bellas imágenes de sus lejanas comunidades, sufrieron una choque al llegar y ver la selva vacía que les esperaba en aquellos lugares. Los mískitos que huyeron a Honduras, desplazándose en canoas por el río y buscaban a amigos y parientes para confirmar o descartar las historias de horror que habían escuchado en Honduras. Ayudaron a los que estaban preparando el terreno y a veces pasaron la noche en las tiendas de campaña y después volvieron de nuevo a Honduras por el río, diciendo que querían volver al lado nicaragüense si las cosas seguían saliendo bien.

A pesar del constante bombardeo de una propaganda terrorífica sobre los sandinistas, muchos mískitos y sumus que están en Honduras quieren volver a Nicaragua. La "reunificación familiar" que tiene muchos significados en la mente indígena, es la principal consigna lanzada por Misatan y ha sido retomada también por Misurasata. Se calcula que varios miles de mískitos han vuelto ya a Nicaragua en un continuo e ininterrumpido goteo desde que se proclamó la amnistía. Algunos han vuelto clandestinamente, otros oficialmente con el apoyo de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados). En el último mes el promedio de regreso semanal fue de 50 a 100 personas.

El regreso al río es una empresa descomunal y requirió un censo del número de las familias, de los miembros de cada familia y de las posesiones que tiene cada comunidad original, que ahora están dispersas desde Puerto Cabezas hasta Tasba Pri y Blufields. Con una caravana de seis camiones privados alquilados y de 12 camiones estatales, cuando están disponibles después de que reparten alimentos y otros materiales, la Comisión para el Retorno al Río Coco tiene que organizar el transporte para el regreso, comunidad por comunidad. Ya han regresado 1,143 familias (7.190 personas) a 12 comunidades.

Las primeras poblaciones que tenían que ser reubicadas estaban en lugares accesibles por carretera, en el camino que sube y que se extiende a ambos lados de la ciudad de Waspán capital del río. Las restantes comunidades están sobre el mismo río y buscar botes y combustible para los mismos es un problema. Los últimos por reasentar serán los pobladores de comunidades en la zona más alta del río y había que luchar contra la corriente. Parte del acuerdo con Misura fue que las caravanas de los que regresaban no llevaran escolta militar.

Ambas partes respetarían este trato. La Comisión para el Retorno, en la que los miembros de Misatan son muy activos, estima que las 25 mil personas que se calcula que van a regresar al río, estarían allí "donde quedó enterrado su ombligo" a mitad de noviembre, previéndose que para entonces los principales problemas estén superados. Un 90% de las casas permanecían intactas en la comunidad de saupuka, algunas estaban aun en pie en Francia Sirpi y en una o dos comunidades más.

Las familias del asentamiento de Tasba Pri que regresan al río han podido llevar sus animales y todas sus pertenencias, incluso las planchas de zinc para los techos. Lo que no llevan es la madera de las casas que el gobierno les proporcionó. La población de Waspán nunca fue evacuada y cuando abandonaron el río, la mayoría llevó sus casas hacia Puerto Cabezas. Ahora, estas casas ya no se moverán más. Dos aserraderos que fueron destruidos por los ataques contrarrevolucionarios ya están siendo reedificados. Esto hace más lenta la reconstrucción de las casas junto al río.

La unidad indígena y la creciente participación de las bases

Todo el mundo habla ahora de la unidad indígena. Los Estados Unidos están dispuestos a comprar esta unidad, siempre que sea en torno los contrarrevolucionarios y para continuar la guerra. Brooklyn Rivera hablaba de esta unidad en el extranjero soñando con que sería elegido el principal dirigente de esta fuerza unida. Ahora trata de abrir puertas para su retorno a la mesa de negociaciones. Hazel Lau, una de los 19 mískitos elegidos para un Comité de Paz, responsable de buscar un diálogo sustantivo con Misura y Misurasata, le dijo un día a Rivera que él debería regresar a Nicaragua y encontrarse no sólo con dirigentes del gobierno sino con todos los otros grupos indígenas como Misura o Sukawala. En su opinión, las organizaciones indígenas deben unirse porque son sus bases las que se lo reclaman. "Desde 1981, cuando nos fraccionamos -insiste- el pueblo ya sabía que debíamos unirnos". Y cuando se le pregunta alrededor de qué desea el pueblo ver unidos a sus líderes, respondió: "Nosotros tendremos que decidirlo".

Misatan hizo este mes uno de los más osados llamamientos a la unidad. En una conferencia de prensa realizada en Managua el 2 de octubre, los líderes nacionales de Misatan pidieron al gobierno de Nicaragua que reconociera oficialmente a Misura y a Misurasata y que permitiera a los miembros de Kisan -la nueva organización "unitaria" creada en Honduras- participar en Puerto Cabezas en una Asamblea convocada por Misatan y a la que acudirían los dirigentes sandinistas para tratar los problemas de la Costa. Propusieron que este encuentro se realizara a mediados de octubre. Misatan afirma que su propósito fundamental es unificar a todos los grupos en la legítima lucha por los derechos indígenas. "Es muy difícil -dijo un miembro de Misatan-, pero será menos difícil cuando todos los que andan armados estén dentro del país".

Los representantes de Misura y los pocos de Misurasata que desde Nicaragua acudieron a la Asamblea de Kisan celebrada hace un mes, ya están regresando de Honduras. Queda por descifrar si están convencidos y si pueden convencer a los que están alzados en armas de el objetivo norteamericano de seguir la guerra tiene sentido con una población mískita urgida por el deseo de paz. En el caso de Rivera, un participante en la asamblea de Kisan, al que sólo se identificó como un "piloto occidental", expresó la opinión de que Rivera "estaba liquidado", por haber negociado con los sandinistas. El brazo derecho de Fagoth, Wycliffe Diego, que resultó elegido en la asamblea de Kisan como nuevo dirigente "unitario", denunció el "culto a la personalidad" que Rivera ejercía con su liderazgo. Otro asunto que está por descifrarse es si Rivera, que ha jugado únicamente cartas internacionales durante estos pasados meses, estará también "liquidado" para sus bases en la Costa, que se habrán preguntado dónde estaba su dirigente cuando ellos más lo necesitaron.

Con el magnetismo que ejercen los dólares norteamericanos por un lado y la presión que ejerce la opinión de la población mískita por otro, las maniobras por el poder político entre las organizaciones indígenas armadas están hoy caracterizadas por la tensión y los rencores y, al menos temporalmente, se convierten en un factor de desestabilización de esas organizaciones. Lo que es más importante a largo plazo es el hecho de que la negociación política entre los mískitos y el gobierno ha reemplazado al conflicto militar entre ambos.

Misatan, que fue vista por Misura y Misurasata desde su nacimiento como el brazo civil "oficialista" de los sandinistas, ha desechado esta caracterización y continua trabajando con las bases y haciendo trabajo político con los que permanecen alzados en armas. Si esta dinámica se mantiene y las fuerzas que luchan por la unidad prevalecen, existe la posibilidad de que los mískitos se unan en turno a criterios realistas sobre un proyecto autonómico. Estos criterios deberán acomodarse a los criterios que tienen otros grupos de la Costa. Sukawala, por ejemplo, está desarrollando una serie de posiciones sobre la autonomía con sus bases de sumus, en la que parte de unas mejores relaciones con los sandinistas. Una de las razones para el resurgir de Sukawala fue precisamente el temor a ser dominados de nuevo por los mískitos, como sucedió siempre durante el período colonial británico.

En algún sentido, la Costa está viviendo la maduración de su propia lucha por una liberación, que quizá no se veía tal cual es hoy desde el principio, y en la que se decidirán las futuras relaciones con el gobierno central. Los sandinistas juegan un papel activo en la búsqueda de soluciones políticas y respetan el actual proceso popular. Es una experiencia basada en una confianza más madura en la capacidad del pueblo costeño y en un mayor respeto por sus diferencias culturales. De hecho, esto es ya una forma de experimentar la autonomía.

Todavía puede reaparecer la desconfianza por ambas partes, sobre todo por parte de los pueblos costeños, que han acumulado durante siglos esta desconfianza. Va a depender de los pasos que den los costeños, los grupos indígenas aun alzados en armas, los sandinistas, la FDN y los Estados Unidos el que sea posible que, por primera vez en su atormentada historia, las dos costas de Nicaragua comiencen a compartir una conciencia común sobre quiénes son sus amigos, quiénes sus enemigos y cuál es la causa que están defendiendo.

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