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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 48 | Junio 1985
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Nicaragua

Los reasentamientos campesinos: proyecto para desplazados de guerra

La guerra contrarrevolucionaria ha impuesto el reasentamiento de extensas poblaciones campesinas. El proyecto es muy amplio y apenas comienza. Un equipo de Envío visitó diferentes asentamientos de la zona norte de Nicaragua.

Equipo Envío

"Ellos (los sandinistas) están utilizados las tácticas de reubicación del Gulag de Stalin contra aquellos que no apoyan su régimen tiránico".(Ronald Reagan, al dirigirse a un grupo de contrarrevolucionarios nicaragüenses de visita en la Casa Blanca. 25 de marzo 1985).

"El reasentamiento de miles de familias nicaragüenses de la frontera norte de Nicaragua es una respuesta directa al terrorismo de la contrarrevolución en contra de inocentes civiles que viven en zonas rurales aisladas y han sido víctimas de la guerra mercenaria apoyada por la CIA".(Comunicado de respuesta a Reagan de la Embajada nicaragüense en Washington).

I. SIETE CASOS: SIETE DESAFIOS

Masivos desplazamientos campesinos

La revolución, las energías que dinamizó, los proyectos con los que comenzó a edificarse, las expectativas que generó, ha producido en estos años una amplia migración del campo a las ciudades o a los núcleos más urbanos de las zonas campesinas. Los proyectos cooperativos -claves en la estrategia de desarrollo agrícola de la revolución- provocaron también importantes desplazamientos campesinos.

En este complejo panorama migratorio vino a añadirse como un nuevo factor la movilización campesina causada por la guerra. Los actuales reasentamientos campesinos -algunos estrechamente vinculados a proyectos cooperativos que ya existían- pretenden ser una respuesta integral a esta realidad tan compleja.

Cooperativas diezmadas por los ataques contrarrevolucionarios, familias enteras huyendo del terror sembrado por los "paladines de la libertad", campesinos que vivían dispersos aislados en las zonas más conflictivas de las montañas nicaragüenses: esta es, a grandes rasgos, la población que ahora se está desplazando o que está siendo trasladada o reubicada según un amplio programa que se inició en febrero de 1985 en las dos regiones más afectadas por la guerra contrarrevolucionaria: la I (Estelí, Madriz y Nueva Segovia) y la VI (Matagalpa y Jinotega).

El proyecto de reasentamientos es muy amplio. Apenas comienza. La población involucrada en el proyecto es muy diversa según las zonas y apenas se está acomodando a la nueva vida. Un equipo de Envío realizó en el mes de abril varias visitas a diferentes asentamientos de la zona norte del país para recoger datos e impresiones sobre esta inicial fase del proyecto. Las descripciones que presentamos muestran ya la diversidad de las situaciones. Las conclusiones iniciales que se pueden obtener de este acercamiento alas zonas y a los protagonistas señalan los grandes retos y sugieren los riesgos que este programa plantea la proyecto revolucionario. Es imposible sacar conclusiones más amplias en este momento y en esta situación tan complejizada por diversas corrientes de movilidad campesina surgidas antes aún antes del impacto de la guerra. Hacer juicios más globales parece una temeridad. Nos conformamos, de momento, con describir algunas situaciones y con proporcionar algunos datos esenciales que permitan comprender el por que de este proyecto.

Yalí: en donde el precio de la guerra ha sido más alto

El viaje parece una procesión en la que las estaciones están señaladas por jeeps y camiones quemados a la orilla de la carretera, hechos ya chatarra tras las emboscadas contrarrevolucionarias. Para todas las curvas hay un mensaje: "aquí fue donde emboscaron a...", "allá fue el combate..."

La vegetación tropical se alterna con los escasos pinos que escaparon a la inmisericorde deforestación del pasado. El joven al que llevamos desde San Rafael del Norte a Yalí nos despide recordándonos la característica de esta población mártir: "Uno de los precios más altos de esta guerra lo ha pagado Yací". Son más de 300 las víctimas de la guerra en una población de tan sólo 7.000 habitantes.

Por las calles de Yalí se ven muchos niños jugando. La mayoría de ellos huérfanos. El Instituto Nicaragüense de Salud y Bienestar Social (INSSBI) está construyéndoles un centro de atención.

"Mirá a esa gente sentada. Algunos se pasan el día en Yalí haciendo negocios o simplemente pasándola. A la noche vuelven al asentamiento". Es el primer contacto con los desplazados de guerra de esta zona, recientemente asentados, aún no acostumbrados, aún desorientados, con un drama no aceptado en la mirada.

Uno de los asentamientos para los campesinos desplazados de las comarcas que rodean Yací está en Las Colinas, una comarca ubicada unos 18 kms. al norte. Por el camino que lleva hasta allá hay también signos de la guerra: chatarra de vehículos quemados y hasta un blindado del ejército sandinista precipitado en una quebrada. Cuando llegamos, los habitantes de Las Colinas estaban alineados en dos filas en el cementerio, cantando, esperando la visita del obispo de Jinotega.

Hace poco se inició la construcción de las casas del asentamiento. Un techo de zinc para 36 metros cuadrados, pilares, paredes de plástico negro: ésas son las casas de momento. Les tocará a los campesinos concluir la obra con la madera de los bosques cercanos. Todavía no es seguro el número de familias que serán trasladadas aquí. Inicialmente el plan preveía unas 60 viviendas, peor a la hora de trasladarlas desde las aisladas montañas las familias resultaron ser mas de 100. El lugar no es muy grande y, por eso, los técnicos del Ministerio de Reforma Agraria responsables del asentamiento piensan ya en buscar otros lugares para nuevos asentamientos. Grupos alemanes de solidaridad e iglesias evangélicas norteamericanas han mostrado su disponibilidad a ayudar en su construcción.

Algo más arriba del asentamiento había un beneficio del café. Ya no existe. La contrarrevolución lo destruyó en su táctica de arrasar la frágil infraestructura económica. Al llegar, un delegado de la reforma agraria está reunido con unos 15 campesinos. Les está repartiendo la tierra que corresponderá a cada uno en el asentamiento. Como en el valle no había tierras estatales para distribuir, el Estado tuvo que comprar tierras a propietarios privados. Estas compras provocaron una escalada especulativa en los precios. Sólo fue confiscada una finca de café que pertenecía a un terrateniente vinculado con Edén Pastora. Pero los campesinos tienen temor de ocuparla, pues la contrarrevolución podría tomar represalias contra ellos. Además, quieren certeza de que no sólo ocuparan la tierra sino de que se les entregara en propiedad. Hasta el momento, los "títulos" de propiedad que se están entregando no son más que hojas de cuaderno en los que aparecen el nombre y los apellidos del campesino y el número de manzanas que le asignan. Lo escribe en el papel un agrónomo, que asume el compromiso de acelerar los trámites burocráticos.

La tierra es fértil, buena para café, granos básicos, caña y ganado. Los campesinos lo saben y hay entre ellos espíritu de colaboración. Son campesinos pobres, que ven la posibilidad de mejorar el nivel de vida que hasta ahora tenían. Los más golpeados con el traslado son algunos campesinos que vivían mejor en sus montañas. Para esta minoría, en éste como en otros asentamientos, se mantiene viva la posibilidad del regreso a sus antiguas propiedades. Esta posibilidad está ligada, naturalmente, a la desaparición o disminución sustancial del peligro contrarrevolucionario.

Del encuentro con los campesinos y los técnicos salen sugerencias, críticas, buenos aportes para el desarrollo productivo de la zona. Peor para producir se hace imprescindible organizar la defensa. El límite de seguridad de la zona esta señalado en el camino por otros 3 caminos quemados por los contrarrevolucionarios. "Han muerto ya muchos, son demasiados", dicen los campesinos. Adentro en la montaña está La Rica, una comarca que ha sido escenario de decenas de combates. Puestos de observación militar ubicados en las alturas cercanas y una pequeña base militar cerca del límite protegen la entrada al valle en donde nace el asentamiento.

Este asentamiento de Las Colinas es uno de los que esta más avanzado entre los muchos que ya existen en las zonas de conflicto de la región. Desde el comienzo de la guerra la contrarrevolución se infiltró en estas montañas. En el primer momento utilizó la influencia y el apoyo de terratenientes ligados al somocismo o reaccionarios, aun cuando no habían sido afectados por la reforma agraria. Los contrarrevolucionarios aprovecharon también cierta insatisfacción de los campesinos, que no veían ninguna ventaja inmediata de la revolución. En esta situación la contrarrevolución intento asentar las bases para un trabajo de propaganda basado fundamentalmente en motivaciones "religiosas" y en un anticomunismo visceral. Desde el comienzo dirigió sus ataques militares contra los campesinos organizados. De las 14 cooperativas que había en Yací hoy sólo queda una. Las otras han sido destruidas y sus miembros diezmados. El proceso de transformación agraria sufrió así un duro golpe y se vio privado de una importante base social.

La contrarrevolución ha intentado mas de una vez tomarse el cercano pueblo de San Rafael del Norte, fracasando siempre. Si lo hubiera logrado, hubiera controlado la carretera hacia Yací y con ella toda la zona, acercándose peligrosamente a Jinotega, la cabecera departamental. La contrarrevolución ha andado durante mucho tiempo por estas montañas. En estos momentos el ejército sandinista la está empujando hacia el norte. "Cada manzana de tierra que entregamos a estos campesinos es tierra que quitamos a la influencia contrarrevolucionaria", dice el joven delegado de la reforma agraria.

Pancasán: teniendo en cuenta el estilo de vida campesino

"Allá fue donde la guardia de Somoza detectó a la columna sandinista", dicen cuando uno se acerca al lugar. Desde 1967 Pancasán es uno de los símbolos más importantes de la lucha de liberación. Desde entonces la zona es sandinista y lo sigue siendo hasta hoy por una tradición muy arraigada. Muchos de los campesinos de aquí fueron colaboradores o combatientes en al guerrilla. "Con esta gente tenemos un compromiso histórico":, dice Pedro Haslam, secretario político del FSLN de Matiguás.

Después del triunfo, los campesinos se organizaron en cooperativas de autodefensa. Y fueron duramente atacados por los contrarrevolucionarios, que quemaron también fincas de productores privados. No muy lejos de aquí, en San José de las Mulas, cayeron a fines de febrero de 1983, unos días antes de que llegara el Papa a Nicaragua, 23 reservistas, jóvenes sandinistas estudiantes de secundaria. En estas comarcas la FDN ha asesinado a 80 campesinos y ha secuestrado a unos 150. Muchos de ellos han logrado huir de las filas c contrarrevolucionarias y se han acogido a la ley de amnistía. Se cuentan en la zona unos 150 desalzados.

Los contrarrevolucionarios no lograron nunca asentarse en esta zona. Sólo venían cuando la siembra y cuando la cosecha. Así, la producción bajaba, cuando no se perdía del todo. Fue entonces cuando cooperativistas y campesinos individuales se vieron obligados a desplazarse. Ha sido un flujo lento pero constante desde hace años. En Matiguás hay unas 60 familias dispersas, hospedadas en casa de familiares y amigos. La progresiva urbanización de una población campesina que producía alimentos básicos y que, a causa de la guerra y los desplazamientos no produce sino que tiene ahora que ser subsidiada durante meses, constituye un serio riesgo para la estructura social y productiva del campo.

En Pancasán están previstos 5 asentamientos. Un proyecto ambicioso y de largo alcance y, pro esto, con no pocas dificultades para su realización. El que está más adelantado es el del llamado sitio histórico. Son 25 viviendas de las que 13 forman parte de la cooperativa "Silvio Mayorga". El modelo de las casas es el mismo que en otros asentamientos: 36 metros cuadrados. Pero las paredes son de paneles prefabricados. El techo es de zinc. La disposición ha tenido en cuenta el estilo de vida campesino. Les gusta tener sus gallinas y sus chanchos y un huerto alrededor de la casa. Sería un error trasladar un esquema urbano a la montaña, dice Pedro.

En otros dos asentamientos -El Laberinto (30 casas) y El Bálsamo (50)- está previsto el mecanismo de la autoconstrucción, con la creación de un banco de materiales con ayuda del cual las familias cooperativizadas -15 en El Laberinto y 18 en El Bálsamo- pueden mejorar las viviendas que ya tienen, mientras que los otros campesinos puedan levantarlas por completo. De momento, todo son previsiones.

En total, se calcula que sobre una población de 4.000 habitantes serán 200-300 las familias que serán reasentadas en los próximos meses. En su mayoría son campesinos pobres. La reforma agraria les ha asignado tierras en forma de parcelas individuales o en forma cooperativa. Los campesinos eligen la forma en la que se prefieren trabajar. Un agrónomo supervisa los proyectos y planes de producción. La tierra es fértil. Granos básicos, plátano, algo de café y caña de azúcar: todo para el autoconsumo. La ganadería ofrece perspectivas más rentables. El traslado tuvo sus costos: los campesinos tuvieron que dejar todo, las cosechas se perdieron y las nuevas tardarán aún meses. Hasta entonces una comisión gubernamental subsidia a la población reasentada con comida, ropa, medicinas, etc.

En Pancasán ya hay un centro de salud. Para muy pronto ya está programado un curso de capacitación de parteras. Cuando nos vamos, una señora pide que la llevemos hasta el hospital a ver a su hijo herido unos días antes en combate. En la zona operan ahora varios Batallones de Lucha Irregular (BLI), formados básicamente con los muchachos que cumplen su servicio militar. Los sombreritos -así se les llama por su característico sombrero- tienen un base de apoyo en Pancasán. Desde hace poco los jóvenes de la zona que cumplen el servicio militar ya no salen del lugar sino que son integrados a las milicias de defensa territorial. Esto les permite seguir viviendo con sus familias y trabajar la tierra.

Pantasma: volver a vivir después de la tragedia

Un grupo de niñas entran en la pequeña oficina del ministerio de reforma agraria. Entregan una solicitud; piden libros infantiles para la biblioteca popular. En todos los asentamientos lo primero que llama la atención es el alto porcentaje de niños.

Los campesinos de Pantasma, en general, han sido desplazados dos veces. La primera vez fue en mayo de 1984, cuando la cooperativa agrícola en la que vivían, en la comarca El Ventarrón, fue atacada y destruida. Los campesinos se trasladaron entonces a Pantasma. En febrero fueron reubicados en el nuevo asentamiento de Loma Alta. También las dos cooperativas que fueron desarticuladas por los ataques de la contrarrevolución en octubre de 1983 están hoy reasentadas en el valle, en Las Praderas.

En Pantasma están previstos 4 asentamientos, peor sólo en los dos mencionados se ha comenzado a trabajar. Loma Alta acogerá a 60 familias. La Pradera, a 80. Grupos de solidaridad de Estados Unidos y de Alemania Federal ayudan en la construcción de las viviendas que son de 36 metros cuadrados y paneles de concreto prefabricados. El diseño de los asentamientos tiene características urbanas, con las viviendas bastante cercanas una de la otra. Se ha querido así porque Las Praderas será el casco urbano del valle, a lo largo de la carretera. El asentamiento de Loma Alta es distinto. Esta dentro de una gran finca de café. Las casas se alternan con los surcos del rojito, aunque tampoco están muy dispersas.

El plan de reasentamiento -dice Ronald Zeledón, responsable zonal del ministerio de reforma agraria- había sido estudiado desde hace tiempo. Y, por esto, ya habían surgido núcleos de población a lo largo de la carretera con la idea de un mayor desarrollo de las cooperativas.

En Pantasma, hermoso valle de 422.5 kms con 12.000 habitantes, ha habido desde el comienzo de la revolución un ambicioso proyecto cooperativo que nunca ha podido desarrollarse plenamente porque los fondos necesarios han sido y continúan siendo bloqueados en el BID por la política de Reagan. Contra este proyecto se lanzó en octubre de 1983 una fuerza de tarea de la FDN jefeada por "Mike Lima", que causó la muerte de 47 campesinos. A más de 170 se elevan en la zona las víctimas de la guerra en estos cuatro años, mientras unos 250 campesinos han sido secuestrados pro los contrarrevolucionarios.

La guerra obligó a reformular los planes de desarrollo productivo de este fértil valle. "Hemos querido mantener en lo posible el tipo de producción que ya tenía cada cooperativa". En Pantasma, las cooperativas -en sus distintas variantes- son los núcleos alrededor de los que se orienta la vida del asentamiento. Junto a los campesinos cooperativizados viven otros campesinos con distintas experiencias. Son los que hasta ahora vivían aislados en la montaña. Algunos, muy pobres; otros son medianos productores relativamente ricos. Estos proceden de comarcas en las que la contrarrevolución concentró su propaganda para crearse una base social.

Lamentablemente esta tarea contrarrevolucionaria encontró eco, por los graves errores cometidos por dirigentes sandinistas de la zona. Errores que llegaron a ser crímenes. Por ellos los culpables -42 personas- pagan hoy severos castigos; varios de ellos, el mas severo que contempla la justicia nicaragüense: 30 años de cárcel. No hay duda de que la diversa extracción social del conjunto de la población reasentada en Pantasma, como sucede en otros lugares, constituye uno de los mayores desafíos de este proyecto.

Jalapa: con una larga experiencia de organización

Esta noche no hay luz. No hay gente por las calles de Jalapa. Todos están en las casas iluminadas pro lámparas de keroseno. De vez en cuando, algún disparo que viene de las vecinas montañas rompe el silencio. Zona de frontera, como un triángulo que se adentra en Honduras, Jalapa fue en los primeros años de la guerra uno de los principales objetivos de la contrarrevolución, que quiso hacer de ella un territorio liberado (ver envio, febrero/84).

En este fértil valle -las mejores tierras de Nicaragua- el flujo de desplazamiento de guerra, campesinos que bajan de las montañas cercanas, ha sido constante durante años. En respuesta a los campesinos que buscaban trabajo y seguridad para sus vidas, se levantaron en el 82 y en el 83 los asentamientos de La Estancia, Santa Cruz y Escambray, donde la población ya tiene un fuerte sentido de vida comunitaria y una gran adaptación a la nueva vida -hay hasta jardines con flores en muchas casas-, un buen nivel de desarrollo social -escuelas, centros de salud y atención infantil, comedores gratuitos para los niños-, actividades productivas -granos básicos y tabaco- y una consolidada capacidad de autodefensa, la que hizo disminuir de forma considerada la actividad contrarrevolucionaria en la zona.

Toda la experiencia acumulada por el gobierno local para hacer frente a la problemática de los desplazados hace que la máquina organizativa funcione aquí con buena coordinación.

El actual plan de reasentamientos es hoy más amplio y más articulado que el de hace años y, por eso, presenta nuevos desafíos. Las 650 familias que han sido desplazadas esta vez serán reasentadas en 5 asentamientos, 3 de los cuales son los ya existentes. En La Estancia, 26 familias trasladadas desde la zona de Murra bajo protección militar y mientras se desarrollaban fuertes combates, se sumaron a las 50 familias que ya vivían allí. Los viejos desplazados acogieron bien a los nuevos. La cooperativa donó alimentos y se formaron grupos de trabajo para la producción de autoconsumo y la construcción de viviendas. El Ministerio de Vivienda da a los que llegan el techo y los pilares para las casas. A los campesinos les corresponde terminar la casa levantando los paredes.

Los niños ya van a la escuela, hay un puesto de salud y una pequeña venta para los productos básicos. Pero comenzar una nueva vida no es fácil. Los viejos desplazados han hecho más suave el golpe a los que han llegado. Porque aunque estos campesinos -en su mayoría pobres-, que vivían aislados en las montañas, sólo pudieron traer consigo pocas cosas y tuvieron que ser trasladados de prisa para evitar emboscadas de la contrarrevolución, encontraron al llegar la solidaridad y la fraternidad de una comunidad ya consolidada que les abría los brazos. También los diferentes organismos de los gobiernos locales les han dado todo tipo de ayuda en este duro primer momento. Allá los combates eran muy cerca -dice doña Sara-. Nosotros sólo queremos vivir en paz y trabajar. Aquí podremos lograrlo.

Tierra removida y árboles cortados son los primeros signos del nuevo asentamiento de El Portillo, que es el mas reciente. Las 150 familias aquí reasentadas también proceden de Murra. Allá habían llegado cuando en los años 60 la extensión de las fincas cafetaleras empujó hacia el norte a miles de campesinos pobres sin tierras. La pequeña parcela de tierra conquistada a las selvas en la frontera agrícola, el ganado, unos árboles cargados de frutas nuevas, la tumba de la familia: todo lo que tuvieron que dejar ahora en el traslado tiene, más allá de su valor material, un profundo valor simbólico y sicológico para estos campesinos que hoy se ven enfrentados nuevamente al reto de volver a empezar.

Los campesinos reconocen que las tierras que les han dado son buenas. El Estado compró 170 manzanas aptas para café, granos básicos y cítricos, para después distribuirlas. El problema es la presencia de plagas, par las que los campesinos piden ahora pesticidas y fertilizantes. Están contentos de tener, por primera vez en su vida, un tractor, que les ha dado la reforma agraria. Hasta que llegue la próxima cosecha, recibirán subsidios para comida y una ayuda de 100 córdobas diarios. La organización entre los desplazados ya están dando sus primeros pasos. Hay grupos de trabajo: unos cargan leña, oteros cortan madera par hacer las casas.

Hubo algunos problemas con la distribución de los lotes para levantar las casas, que si hizo por rifa. Las casas se construyen muy cerca de otras. Algunos ven una ventaja en esto. Queremos vivir cerca de nuestro parientes, dicen algunas mujeres, que demuestran gran iniciativa en reordenar con eficacia y convicción la primera distribución de los lotes, haciendo cambios que todos aceptan. En general, los campesinos tienen en los asentamientos amplios márgenes de iniciativa para organizar el trabajo y la vida. En algunos casos, las comunidades eligen sus propios representantes para coordinar toda esta organización.

La Jumuyca: vienen de Murra, dura zona de guerra

"No hay un pueblito en esta zona de Nueva Segovia en donde no haya cooperativas", señala José Reynaldo Girón, de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG) de El Jícaro. Allí, el 90% de los productores está organizado en cooperativas, afiliadas a la UNAG. Susucayán, otro pueblo de la región, es en realidad un pueblo cooperativizado: casi el 100% de los productores esta organizado en una gran cooperativa den la que obtienen créditos y servicios.

En la última cosecha, la cooperativa de la Jumuyca fue vanguardia en la producción en la zona. Esta cooperativa, "Cristino Palacios", se formó en octubre de 1983. Cuenta con 65 campesinos, de los que 10 son mujeres. Cultivan 170 manzanas de café, producen granos básicos y legumbres. Parte de la producción sirve para el autoconsumo y el resto se vende.

Desde el comienzo de la guerra la contrarrevolución empezó a infiltrarse en la zona. Penetró en las comarcas sembrando el terror en las pequeñas comunidades aisladas. Buscaba también apoyo logístico. El mensaje conque se presentaban es siempre el mismo: los sandinistas son comunistas y ateos, les van a quitar la tierra, en las cooperativas se van a morir de hambre, a los jóvenes se los llevan a Rusia, las mujeres son propiedad de todos, etc. Frente a cualquier símbolo revolucionario, a cualquier participación en tareas de la revolución o frente al mínimo signo de resistencia a aceptar estos mensajes, la respuesta contrarrevolucionaria ha ido siempre igual: muerte y destrucción.

Por eso, en ésta como en otras muchas cooperativas los campesinos están organizados para la autodefensa y cuando algunos hombres tienen que dejar el arado para ir en persecución de las bandas contrarrevolucionarias, hay otros compañeros que los sustituyen. Esto sucede con frecuencia,. ya están acostumbrados. A estos campesinos es difícil que los contrarrevolucionarios, los engañen diciéndoles que en Navidad ya estamos en Managua o cuando ganemos habrá dólares, cigarros y pantalones americanos para todos...

Hace un año, 16 familias se desplazaron a La Jumuyca, huyendo del terror provocado por los contrarrevolucionarios. Ahora son 60. Proceden de Murra, donde la ofensiva sandinista ha desarticulado a las fuerzas contrarrevolucionarias. Esto ha sido posible precisamente por la evacuación de los campesinos, a los que los contrarrevolucionarios han usado como escudo en muchas ocasiones.

Ya están levantadas unas 50 viviendas nuevas. Los restantes lotes sólo están trazados. El modelo arquitectónico es del tipo conocido como "minifalda": unas filas de bloques encima de las que se levantan en las paredes de madera. En El Jícaro -que hoy se llama Ciudad Sandino- han sido contratados los carpinteros que levantarán otras 50 casas.

Las casas son bastantes amplias: cocina, sala, dormitorios, patio. Cada 8 casas hay un puesto de agua, una letrina, un lavandero y baños. Hay también sorprendentemente una ducha de agua caliente, alimentada por un pequeño generador de energía solar, que donó un grupo de solidaridad de Estados Unidos. Los "chelitos" (rubios) ayudaron también en la construcción de las casas, de un centro de atención infantil y de un puesto de salud.

Quibuto: el primer objetivo es elevar el nivel de vida

Cuando en mayo de 1984, 800 contrarrevolucionarios atacaron la comunidad de Quibuto, a 6 kilómetros de San Juan del Río Coco (Madriz), la cooperativa, integrada por 48 campesinos, había logrado importantes avances: había cursos de educación de adultos, las mujeres estaban organizadas, varios campesinos se habían afiliado a la UNAG y hasta funcionaba una pequeña oficina de correo.

Los contrarrevolucionarios quemaron 14 casas, el correo y los almacenes de granos básicos. Mataron a 5 miembros de la cooperativa. A los restantes los buscaron casa por casa, pero aquel día no estaban allí. Por eso salvaron su vida. Los campesinos, aterrorizados, pidieron entonces ser trasladados bajo protección del ejército sandinista. Se fueron a Telpaneca y de allí, después de unos meses a La Dalia, una finca estatal de café en las montañas de Jinotega, donde cortaron el rojito hasta hace pocas semanas. Ahora, los sobrevivientes de la cooperativa regresaron a Quibuto. Y con ellos, 136 familias más que vienen de otras comunidades: Altagracia, Namaslí y Santa Ana, comarcas de la zona de San Juan de Río Coco.

El asentamiento, ubicado en la zona más alta de una colina, recuerda la táctica medieval de construir pueblos y castillos en lo alto de las montañas para una mejor defensa frente al enemigo.

"Bienvenidos", se lee a la entrada del asentamiento. Esta escrito con piedras de colores por los 100 muchachos de la Juventud Sandinista que viven en el asentamiento. Otros jóvenes -los de la "prepa"- hacen un curso preparatorio para ingresar a la universidad nacional.

Los jóvenes han construido también un parque infantil. Allí preparan la comida para los 500 niños del asentamiento. Muchachos maestros de la Brigada 50 Aniversario -la que sustituyó hace unos meses a los 1500 maestros cubanos que dejaron el país tras años de trabajo en el campo- dan las clases de primaria y las de educación de adultos.

A pesar de esta presencia juvenil activa, son pocos los jóvenes en el asentamiento. Algunos han sido llevados a la fuerza por los contrarrevolucionarios. En Honduras los entrenan para enrolarlos en sus filas. Si se resisten, los matan o obligan a cometer delitos para que no se decidan a regresar a Nicaragua por temor a las represalias. La incertidumbre por los hijos secuestrados y por las amenazas de la contrarrevolución es una constante en la población campesina de la zona.

Los muchachos de la Juventud Sandinista quieren ganarse la confianza de los campesinos. Queremos ser sus amigos, ayudarles a construir sus casas, a sembrar. Con ellos platicamos de todo, bromeamos, queremos demostrarles que estamos con ellos. De hecho, estos jóvenes hablan muy poco de política: no mencionan ni a la revolución ni a la contrarrevolución. Por otra parte las organizaciones que existían antes del ataque de mayo de 1984 no han sido reactivadas. Tampoco la cooperativa. Lo que nos interesa en primer lugar es mejorar los niveles de vida de la gente. Los jóvenes, junto a viejos milicianos, son los responsables de la defensa, pero a ningún otro campesino se le pide que se integre a esta tarea.

La coordinación de las distintas actividades del asentamiento está en manos de un grupo de campesinos, líderes naturales de sus comunidades, que son los que administran el crédito bancario. Toda la precedente deuda ha sido cancelada como un medio de facilitarles la adaptación a la nueva situación. La tarea prioritaria y común es la siembra de 159 manzanas de granos básicos. En esta siembra participan campesinos de las distintas comunidades, con lo que se empieza a ir superando el tradicional individualismo en que ha vivido esta gente. En este sentido, el papel de los viejos habitantes del lugar es muy importante. Un signo esperanzador es que los ex-miembros de la cooperativa colaboran en la construcción de las viviendas de las nuevas familias, aun antes de levantar las suyas. Un grupo de carpinteros de las cuatro comunidades asesora la obra y un carpintero profesional de Estelí supervisa el trabajo a tiempo completo. La mayoría de las familias vive todavía en tiendas de campaña o en champas hechas con plástico negro, ramas y maderas de las moscas.

San Lucas: la esperanza de las cooperativas

Cerca de de Quibuto y más cerca de San Juan Río del Coco, le nuevo asentamiento de San Lucas acogió a unas 180 mil familias desplazadas de guerra. Proceden principalmente de la comarca El Ojoche, zona que las bandas contrarrevolucionarias que penetran en la profundidad del territorio nicaragüense han usado con frecuencia como corredor de tránsito.

Los campesinos desplazados son pobres en su mayoría. Hay algunos medianos productores. Se dedicaban al café y a los productos básicos. El aislamiento en el que vivían favorecía la actividad criminal de la contrarrevolución: robos, secuestros, destrucción y muerte. En el traslado tuvieron que abandonar casi todo. Hoy reciben subsidios en comida y en ropa.

Un problema serio en el asentamiento es el agua, que hay que traer desde lejos a lomo de mulas. Una brigada de empleados de varios ministerios de Managua está construyendo una pila de cemento para almacenar el líquido. Esto aliviará algo la situación. Hay enfermedades intestinales a causa del problema del agua.

Otra brigada de obreros de Estelí ayuda a construir las viviendas. Hace unas semanas se formó, en coordinación con el gobierno local, una delegación de líderes naturales de la comunidad que fueron a visitar Jalapa, Escambray, Estelí. Algunos nunca habían viajado tan lejos. Durante una semana conocieron otros asentamientos y algunas cooperativas. A su regreso venían satisfechos: es bueno lo de las cooperativas, son ricos esas gentes, me gustó el modo de trabajar la tierra juntos.... Nadie esperaba reacciones tan entusiastas y positivas.

Los medianos productores que antes de estos traslados contrataban a los campesinos más pobres para que trabajaran en sus fincas han recibido en propiedad nuevas tierras que están fuera de las zonas conflictivas.

Al caer la tarde, como cada día, llegan de las champas los acordes de los himnos religiosos que entona la comunidad evangélica del asentamiento.

II. EL POR QUE DE ESTE PROYECTO

Una respuesta a miles de desplazados

El actual programa de reasentamientos campesinos se inició el pasado febrero. Está concebido para dos grandes etapas. Para 1985 está prevista la construcción de 80-90 asentamientos para una población de 7.000 familias. En 1986 el número de asentamientos se elevaría a más de 130 para unas 9.000 familias. Si calculamos un promedio de 5 miembros por familia, cálculo conservador para lo que es la familia campesina tipo, resultará que unos 50.000 nicaragüenses, serían destinatarios de este programa. Estos son los planes. Las circunstancias del país determinarían si podrán cumplirse con esta amplitud.

Los asentamientos previstos para la primera fase son unos 35, ubicados en la Región I (Estelí, Madriz y Nueva Segovia) y unos 50 en la Región VI (Matagalpa y Jinotega). En la segunda etapa no habría nuevos asentamientos en la Región I y en la VI se harían unos 40-50 asentamientos mas. Dos terceras partes de estos asentamientos están ubicados en las zonas de guerra más conflictivas de la montaña nicaragüense.

Las zonas escogidas para los asentamientos son: en la Región I el valle de Jalapa -que acogerá población de todas las zonas aledañas, en particular de Murra-; las riberas del Río Coco, cerca de San Juan; Telpaneca, Quilalí y la zona de San Juan de Limay.

En la región VI las zonas de asentamientos son: San Rafael del Norte, Yalí, La Concordia, Pantasma, Wiwilí, Abisinia, El Cuá, San José de Bocay, La Dalia, Rancho Grande, Waslala, Matiguás, Río Blanco y Mulukukú.

Detrás de cada uno de estos nombres está la historia de la agresión militar que soporta Nicaragua desde 1981. Una guerra que ha causado hasta diciembre de 1984, 7.342 muertos, de los que 3.346 eran niños y adolescentes.

El drama de los niños es uno de los más dolorosos al hacer cualquier balance de esta guerra. Los huérfanos de guerra sumaban en diciembre de 1984, 6.239. De ellos, 1.500 eran huérfanos de padre y madre, 4.333 sólo de padre, mientras 400 niños habían sido abandonados. Un 60% de la población de los asentamientos son niños.

Las familias campesinas trasladadas ahora a los nuevos asentamientos previstos en el proyecto vienen a unirse a un alto número ya existente de desplazados de guerra y de campesinos movilizados pro muy diferentes motivos -proyectos cooperativos, migración a las ciudades pro motivos económicos, personales, etc. Los actuales reasentamientos tienen diferencias básicas con otros realizados en años anteriores y de los que el más publicitado internacionalmente fue el de los 9 mil mískitos, trasladados en 1981-82 desde las riberas del Río Coco a Tasba Pri. Tampoco se trata en los actuales reasentamientos de favorecer una colonización de zonas de frontera agrícola, como quiso hacerse en los reasentamientos y proyectos cooperativos que en 1983 involucraron a varios miles de campesinos de la zona sureña de Río San Juan.

En el actual proyecto no hay factores étnicos que complejicen las reubicaciones ni tampoco hay selvas por colonizar. Una de las mayores diferencias es, sin duda, el que el proyecto de los desplazamientos, traslados y reubicaciones, con sus problemas y sus incidencias, ha sido conocido desde el primer momento y día a día por la opinión pública nicaragüense, a la que se ha informado ampliamente, con el objetivo de que la ciudad comparta los problemas del campo y los habitantes de las zonas en paz se identifiquen con los sufrimientos de los que viven en zonas de guerra. Esta publicidad dada al proyecto marca una notable diferencia con pasadas experiencias.

Una oportunidad para todos y una necesidad de la guerra

Desligar el programa de reasentamientos de la situación de la guerra es totalmente imposible. Por muchas razones. Por un lado, el plan surge como una respuesta más organizada e integral al flujo de desplazados que ya existía desde 1981 y que se fue incrementando considerablemente al perfeccionarse las tácticas terroristas de la contrarrevolución. El terror sembrado por los contrarrevolucionarios e el campo es, en realidad, la primera motivación de este plan, que busca garantizar la vida de la población civil.

Hasta ahora había sido prácticamente imposible defender objetivos civiles en zonas tan poco pobladas y aisladas como son aquellos de las que provienen la mayoría de los desplazados. Esto hacía de estos campesinos dispersos uno de los blancos preferidos de los contrarrevolucionarios. Los atacaban, los secuestraban o con argumentos religioso los captaban para integrarse en sus bandas.

Desde la proclamación de la ley de amnistía el fenómeno de los secuestrados tiene su contrapartida en el de los desalzados. En 1984, datos de la defensa nicaragüense calcularon en 4.000 las bajas (muertos y heridos) causados a la contra. En ese mismo período 4.000 campesinos fueron secuestrados, con lo queda patente que los secuestros son, fundamentalmente, un método para realimentar las filas contrarrevolucionarias.

Después del secuestro, los campesinos son entrenados en Honduras. En muchos casos se les manda cometer delitos para evitar que se decidan a regresar a Nicaragua. La ley de amnistía vino a superar este obstáculo. Cualquier campesino, sea cual sea el delito que se vio obligado a cometer en las filas contrarrevolucionarias, puede acogerse a la amnistía si depone las armas. Los delitos son perdonados y el campesino se reintegra a la comunidad. Hasta el momento se calculan en 1500 los desalzados acogidos a la amnistía. Entre ellos está un hombre como José Efrén Mondragón, jefe del comando regional "Segovia" (2 mil hombres) de la FDN. En sus varias declaraciones en Managua, a lo largo del mes de mayo, se puso de manifiesto la escasa formación, de la baja moral y el débil convencimiento ideológico que caracterizan a estos grupos armados. La tendencia de estos mes indica que el número de los que se acogen a la amnistía va a aumentar.

En los asentamientos se confunde una población campesina afectada de muy diversas maneras por esta guerra: campesinos cooperativizados y conscientes políticamente conviven con desalzados y con familias que no tienen hijos en la contrarrevolución -secuestrados o no- que aún no han regresado. No hay duda que esta mezcla supone numerosos y difíciles desafíos. La actitud de los responsables de los asentamientos esta dirigida precisamente a atenuar las contradicciones, a evitar, en la medida de los posible, conflictos entre los grupos y a promover la colaboración de todos en tareas comunes. Hay indicios que muestran que este desafío social se superara: la acogida y solidaridad mostrada por los desplazados viejos de los asentamientos que ya existían a los nuevos que van llegando, el reconocimiento de los líderes naturales de las comunidades de procedencia, la flexibilidad respecto a las formas de propiedad y de trabajo de la tierra, la tolerancia y acogida a los desalzados o ex-colaboradores de la contra, etc.

Esto no significa que en los asentamientos no puedan producirse fuertes tensiones sociales. Al contrario. La cuestión es que estas tensiones sean aprovechadas de forma positiva en la dialéctica política, social e ideológica para el crecimiento de la conciencia campesina, impidiendo así que la injusta guerra de agresión reduzca toda confrontación al plano militar.

No puede descartarse que la contrarrevolución pretenda infiltrase en los asentamientos, aprovechándose de los vínculos que tienen con familias de secuestrados o de hombres enrolados en sus filas. También podría lanzarse a ataques o secuestros masivos que después serían presentados internacionalmente por la propaganda norteamericana como rescates de campesinos de los campos de concentración comunista...

En relación a esto hay que tener en cuenta algunos aspectos en torno a la defensa. La ubicación de los asentamientos responde, entre otras cosas, a consideraciones de orden defensivo. Reagrupando a la población es posible evidentemente garantizar mejor su seguridad. Pero, en general, esto no requiere de una presencia militar permanente en el asentamiento sino en el área, tomando en cuenta la disposición geográfica del lugar, las rutas de penetración posible de las bandas contrarrevolucionarias, sus planes de orden táctico y estratégico, etc.

En los asentamientos, además, hay campesinos que vienen ya organizados desde antes de sus traslados, en las milicias o en otras formas de autodefensa popular. No existe obligación ninguna de que los reasentados que no estaban organizados tomen las armas. Incluso los jóvenes están exentos del servicio militar, quedando disponibles para la autodefensa del lugar, solo si se presenta el caso.

Por otra parte, la evacuación de la población civil en zonas que la contrarrevolución ha usado durante años como corredores del tránsito o como laboratorios en los que concentras esfuerzos para crear redes de apoyo logístico u ganar base social responde a consideraciones militares no sólo defensivas, sino también de carácter ofensivo.

Desde hace varios meses el ejército sandinista ha tomado claramente la iniciativa en la guerra. La ofensiva lanzada desde fines de 1984 ha ido empujando a los contrarrevolucionarios hacia le norte, causándoles cuantiosas bajas. La combinación de medios de artillería, fuerzas de infantería -los batallones de lucha irregular- y de helicópteros, se ha mostrado muy eficaz. Con los desplazamientos de población civil, la eficacia aumenta pues se puede operar militarmente en las zonas conflictivas sin temor de causar daño a los campesinos.

Un impulso a la producción y un reto a la organización

Los asentamientos son también un proyecto para restablecer y consolidar la producción campesina, que se había visto profundamente afectada por la situación de guerra. En el norte del país se cultivan productos económicamente estratégicos para Nicaragua: café en Matagalpa, Jinotega, Estelí y Madriz; tabaco en Jalapa. En granos básicos y carne el 67% y el 40% de la producción nacional respectivamente están en estas zonas. Se calcula que aproximadamente la mitad de las exportaciones del país se salen de estas regiones norteñas.

El programa de reasentamientos no es, sin embargo, un proyecto para la colonización de nuevas tierras. No hay nuevas fronteras agrícolas que explorara. Las tierras asignadas a los campesinos trasladados son fértiles -a veces, de las más fértiles que hay en el país, como es el caso de Jalapa- y se encuentra generalmente ya insertas en polos de desarrollo productivo.

El reasentamiento tampoco representa un intento de proletarización o de cooperativización forzosa de la economía campesina. Las tierras proceden en buena medida del área de propiedad estatal -tierras confiscadas a Somoza y a los somocistas en el momento del triunfo-. De tal manera que la APP (Area Propiedad del Pueblo) ha desaparecido de muchos lugares al ser ahora repartida entre los reasentados. También para repartirlas se comparan tierras a los propietarios privados pagándoselas en efectivo, método que ha provocado una espiral de especulación. Sólo en raros casos, de propietarios vinculados a la contrarrevolución, se ha procedido a las confiscasiones.

Fincas de café, de granos básicos, tierras aptas para la ganadería, son asignadas en propiedad a campesinos individuales en forma parcelada o en cooperativas de surco muerto, de producción o de créditos y servicios. Nuca es la cooperativización exigencia para la obtención de tierras.

Los asentamietnos no son, por todas estas características, un proyecto meramente coyuntural. Aunque, en general se asegura a todos los que los desean que regresaran a sus lugares cuando termine o disminuya el peligro contrarrevolucionario, hoy no es posible hacer previsiones realistas de cuando será este momento.

La experiencia de las comunidades mískitas de Bismona y Wawa, que recientemente han regresado desde los asentamientos hacia sus comunidades originales es un índice de que se trata de un promesa sólida. El clima de dialogo y distensión promovido al surgir una nueva conciencia sobre la cuestión étnica ha favorecido esta situación. A pesar de ello, los mískitos regresados no dejan de ser objeto de amenazas de los grupos contrarrevolucionarios.

Los asentamientos constituyen también un desafío que pone a prueba la capacidad del estado revolucionario para proporcionar a la población desplazada servicios de salud, de educación, de ayuda a la producción, etc., que antes, por las condiciones generales del país, por el aislamiento de estas familias y por la guerra, resultaba objetivamente difícil y en muchos casos imposible ofrecer. Las perspectivas de un mejoramiento real del nivel de vida de esta población se puede medir ya en pequeños avances: la visita periódica de un médico, la oportunidad para miles de niños de ir por primera vez a una escuela, la posibilidad de obtener créditos bancarios o tractores para los cultivos, etc.

Hay que reconocer aquí los asentamientos de Tasba Pri, de Río San Juan, de Jalapa, etc., después de un primer momento de extrema dificultad, y bajo los ojos críticos de la opinión publica internacional en el caso de los mískitos, fueron una respuesta satisfactoria para las necesidades de la población trasladada. Los niveles de vida mejoraron sensiblemente, los planes productivos se cumplieron, no se produjeron serios conflictos sociales y esto no hubiera represión, etc. (Ver el comportamiento electoral en los asentamientos en Envío de abril/85). Muchas de las acusaciones y de las dudas o temores que envolvieron aquellos traslados tienen que ser contrastadas con la actual realidad, que las desmiente.

Un proyecto de desarrollo campesino

El proyecto de asentamientos requiere de un esfuerzo de organización muy grande, en medio de muchas dificultades. La coordinación del programa esta a cargo de una comisión de alto nivel que preside el Vicepresidente Sergio Ramírez y en la que participan 9 instituciones estatales: los ministerios de reforma agraria (MIDINRA), de vivienda y asentamientos humanos (MINVAH), de construcción (MICONS), de transporte (MITRANS), de comercio interior (MICOIN), de salud (MINSA), de educación (MED), el Instituto de Seguridad Social y Bienestar (INSSBI) y la Secretaría de Asuntos regionales de la Presidencia de la República.

El MIDINRA, el MICONS y el MINVAH son los responsables de las tareas prioritarias: proporcionar techo y pilares para las casas y tierras para los campesinos. Los tres ministerios se distribuyen por zonas de competencia la construcción de los asentamientos, facilitan a los campesinos bancos de materiales o herramientas y promueven la autoconstrucción. Ocasionalmente, brigadas voluntarias de trabajadores de la capital y de otras ciudades, así como grupos de solidaridad internacionales, colaboran en las distintas tareas.

El modelo arquitectónico de las viviendas ha sido estudiado por el MINVAH para simplificar su realización y ahorrar materiales. Aunque en algunos asentamientos se pueden observar modificaciones al modelo, sugeridas por las características del lugar o por los materiales disponibles, la estructura básica que más se observa es la de un área techada de 36 metro cuadrados, considerado espacio mínimo, que puede ser ampliado por los mismos campesino.

El diseño del asentamiento en conjunto, la disposición de las viviendas en el terreno, varía en cada lugar, dependiendo de las condiciones naturales y de otros factores como la cercanía a centros productivos, a redes viales o a objetivos de defensa,. Por lo general, se aprecia un esfuerzo para conservar o valorizar las formas de vida propias del campo, como es la costumbre de tener espacio suficiente alrededor de la casa para animales o cultivos familiares. Esto no siempre ha sido posible, tampoco siempre se ha tenido en cuenta.

Al juzgar la decisión gubernamental del traslado y los asentamientos, no debe absolutizarse al modo de vida campesino, idealizado el aislamiento o haciendo el individualismo en el que han vivido estas familias algo idílico. Este aislamiento es un mal y los primeros en quejarse de ello son los campesinos hoy reasentados cuando ven otra cosa. "Antes necesitábamos un día de camino para conseguir una cajilla de fósforos ahora tenemos la venta ahí nomás": frases como esta se escuchan ya con frecuencia.

A pesar de todas las distorsiones que en Nicaragua ha planteado la guerra y que se asumen como normales -escasez de alimentos, de transporte, etc.- los asentamientos tienen asegurados por un mínimo de seis meses, hasta la próxima cosecha, todo lo necesario y vital.

El INSSBI ha calculado el gasto en alimentos básicos -arroz, azúcar, frijoles, maíz, leche, harina, aceite y sal- par más de 46 mil desplazados y por 6 meses en 115 millones de córdobas (2 millones 300 mil dólares). Es sólo una parte del costo total previsto para el programa, que suma 46.5 millones de dólares. Una cuarta parte de esta cantidad global está destinada a la compra de las tierras que serán después distribuidas entre los campesinos. Los costos en el rubro de la construcción superan los mil millones de córdobas. A 8.8 millones de dólares asciende el aporte del INSSBI, en parte fruto de la solidaridad de organismos internacionales. Este dinero se emplea en servicios infantiles rurales, comedores, centros de desarrollo infantil... El MED por su parte, realizó un estudio sobre la reubicación de las escuelas y el radio de acción de los maestros populares. El MITRANS considera la posibilidad de abrir nuevas rutas campesinas. El MINSA prevé la realización de una docena de puestos de salud.

Si es más fácil el calculo de los gastos materiales del proyecto, resulta difícil calcular cuantas son las energías humanas que requiere este nuevo esfuerzo del gobierno nicaragüense para responder a la población históricamente más marginada del país, la que es hoy la mas afectada por la guerra.

En estos momentos, cuando el proyecto apenas comienza, son muchas las preguntas y dudas que surgen y para las que las repuestas no aparecen todavía con suficiente claridad. ¿Se podrá llegar a movilizar a tal cantidad de población minimizando sufrimientos, crisis de adaptación y riesgos sociales dentro de un proyecto que ya en su arranque resulta tan complejo y ambicioso? ¿Será éste proyecto en realidad una repuesta estructural con la que hacer más digna y más feliz en vida de los campesinos o será la estrategia militar de este momento de la guerra la que determine, en definitiva, la orientación del proyecto? Son preguntas de fondo que no pueden dejar de hacerse cuando la vida y el futuro de tantos miles de personas están en juego.

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