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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 46 | Abril 1985
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Nicaragua

Las elecciones que Reagan quiere enterrar

Resumen de las conclusiones más relevantes de los informes de los observadores internacionales de las elecciones de Nicaragua el 4 de noviembre que dieron el triunfo al FSLN. Todos estos informes coinciden en la legitimidad del proceso electoral y de sus resultados.

Equipo Envío

La crisis de los Mig soterró los resultados electorales con mayor eficacia que un ciclón soterra el paisaje urbano por donde pasa bajo montañas de fango. La elecciones de Nicaragua
-informó la delegación de LASA (Latin American Studies Association, The Electoral Process in Nicaragua: domestic and international influences, November 1984) que vino a observarlas- "fueron literalmente enterradas bajo una avalancha de cables alarmistas, basados en conocimientos secretos de espionaje filtrados deliberadamente a las cadenas de televisión pro funcionarios del gobierno de Reagan. Estos transmitieron la imagen de una masiva escalada de armas ofensivas proporcionadas pro los soviéticos, con el objetivo presunto de dar a los sandinistas la capacidad de invadir países vecinos".

Sin que importara el descubrimiento de la falsedad de esta información, a los pocos días, la delegación de LASA fue de la opinión de que la histeria levantada por las filtraciones contribuyó a que el gobierno de Reagan caminara hacia el logro de uno de sus objetivos: "desviar la atención del público de las elecciones nicaragüenses, con su fuerte participación, su ausencia de irregularidades y la evidencia de su pluralismo (más de un 32% de votos para la oposición)... El resultado de las elecciones en Nicaragua fue virtualmente ignorado en los Estados Unidos y en Europa Occidental", según LASA.

Oportonidad para un nuevo análisis de las elecciones del 4 de noviembre de 1984

Sobre la base de aquel éxito propagandístico ha seguido construyéndose la leyenda de que las elecciones fueron en Nicaragua "una farsa". El tino en desencadenar el furor sobre los supuestos Mig en ruta hacia Nicaragua cuando el consejo supremo electoral aún no había tenido el tiempo de terminar de procesar el conteo de los votos, no pudo menos de contribuir a la nebulosa en que los resultados quedaron. Desde esta nebulosa el Presidente Reagan ha visto facilitada la escalada de retórica con la que ha acompañado su intento de pelear hasta el fin la batalla legislativa pro la ayuda financiera "encubierta" a la contrarrevolución. Ha podido implicar continuamente que el gobierno sandinista carece de legitimidad según las normas de la democracia representativa. Ha podido enunciar como objetivo de su política "la sustitución de la estructura" de ese gobierno, sin tener en su contra el vivo recuerdo en la opinión pública de los resultados electorales.

En las páginas de Envío hemos proporcionado ya un análisis global de los resultados a nivel nacional, una apreciación de su significado y una crónica seria del aval que a estos resultados y a este análisis dieron los días que precedieron a las votaciones, el día mismo de la elección y los que le siguieron.* El Consejo Supremo Electoral acaba de terminar una revisión total de los resultados y ha puesto a disposición de los interesados todos los detalles de aquellos, incluso antes de su publicación en la "Memoria" que tiene en preparación. Sobre este detalle, al nivel de cada una de las 3.898 juntas receptoras de votos, consideramos hoy útil volver a proporcionar a nuestros lectores un cuadro global de las elecciones nicaragüenses y una serie de análisis mas particularizados. Confiamos en que la misma presentación de estas realidades contribuirá a arrojar más luz sobre la forma en que tres cuartas partes de los ciudadanos nicaragüenses con derecho a voto e inscritos para ejercerlo, se pronunciaron sobre mas de cinco años de proceso revolucionario en este país.

Hay quienes toman partido ya en contra de este proceso y lo considera irredimible. El prototipo de esta postura se encuentra en la Casa Blanca. La dirección ejecutiva de LASA, pro ejemplo, envió al Presidente Reagan un ejemplar de su informe sobre las elecciones nicaragüenses. En respuesta, Robert Reilly, ayudante especial del Presidente para enlace con el público, no se dignó considerar ninguno de los análisis publicados por LASA. Simplemente los rechazó por razones ideológicas: "El FSLN -escribió-, un partido marxista-leninista desde su comienzo, considera que la única utilidad de las elecciones está en proporcionar una pátina de legitimidad en su régimen. Y trata de sustentar su afirmación catégorica en la existencia -no mencionada pro LASA- de un discurso secreto de Bayardo Arce ante el PSN, en el cual "afirmó que las elecciones eran una molestia impuesta por los EU y serían utilizadas sólo para legitimar el poder del FSLN, después de lo cual la mascarada burguesa debería pasar en la historia"

Por supuesto, en ningún momento medita el Sr. Reilly en la posibilidad de que -si esa afirmación de Arce fue en realidad hecha, como parece confirmarlo el hecho es que el texto del discurso fue publicado sin interferencia de la censuran "La Prensa" de Managua- el miembro de la Dirección nacional del FSLN estuviese expresando una opinión política disentida y derrotada en su partido. No cabe duda de que, como Reilly dice, en estos años pasados, varios líderes sandinistas se expresaron en la línea de que el poder en Nicaragua no estarían en discusión electoralmente. Pero también es cierto -y Reilly dice lo omite- que el candidato del FSLN, Daniel Ortega, afirmó que se entregaría el poder al que lo ganara en las elecciones, y que la ley de partidos políticos de 1983 define a éstos como agrupaciones de ciudadanos cuyo objetivo es optar al poder político.

Opiniones de algunos observadores electorales

Ningún análisis sobre los resultados electorales convencerá a quienes decretaron que los sandinistas no toman en serio ni las elecciones ni la democracia. Lo que aquí observaron, en cambio, condujo a no pocas delegaciones de diversos países e instituciones a conclusiones bastante diversas pero coincidentes en el reconocimiento de la legitimidad de las elecciones. Veamos algunas de estas conclusiones. La delegación conjunta del "International Human Rights Law Group" y de WOLA, concluía: "Si bien las elecciones no han resuelto todos los problemas en Nicaragua -rara vez tienen este alcance-, el proceso electoral favoreció una serie de objetivos. Creó una apertura política. Se están desarrollando las organizaciones partidarias. Los nicaragüenses han gustado un sistema político abierto y será crecientemente difícil justificar un retorno a las situación previa. Los nicaragüenses han visto también trabajar un sistema electoral eficiente y honesto y esto aumentará la confianza en elecciones futuras." (International Human Rights Law Group and Washington Office on Latin America, A Political Opening in Nicaragua, Report on the Nicaraguan Elections of November 4, 1984, Washington, Diciembre 1984).

La delegación irlandesa, formada por miembros del parlamento de varios partidos, llegó a las siguientes conclusiones: "Creemos que las elecciones en Nicaragua fueron libres y honestas, y en particular hacemos notar lo siguiente: -El proceso electoral fue llevado a cabo con total integridad. A pesar de las condiciones generales en el país, la votación tuvo lugar con todas las precauciones y salvaguardias necesarias para un resultado válido. -Como observadores de las elecciones y sobre la base de un amplio espectro de representantes de la sociedad y de la política con los que nos entrevistamos, no tenemos ninguna duda respecto de la validez de los resultados electorales. -Los siete partidos que participaron en las elecciones representan un amplio espectro de ideologías políticas y son un indicador del pluralismo de la vida política en aquel país. -Nicaragua, a pesar de esfuerzos considerables para diversificar sus socios comerciales y sus fuentes de financiamiento y para mejorar los niveles de vida de su pueblo a través de sus programas económicos, enfrentan una desestabilización crítica que surge de la oposición de los Estados Unidos al gobierno actual."(Irish Inter-Party Parliamentary Delegation, The Elections in Nicaragua, Dublín, noviembre 1984).

Por su parte, la delegación canadiense, constituida por eclesiásticos y miembros de organizaciones de derechos humanos, se expresó así: "La ley electoral es excelente. Las elecciones fueron bien administradas en circunstancias excepcionalmente difíciles. Los partidos opositores, que representaban opciones políticas muy diversas de las del FSLN, expresaron sus críticas libremente. La población participó democráticamente en el proceso electoral, habiendo votado casi un tercio de ella por partidos diversos al FSLN. Los procedimientos de apelación para abordar las reclamaciones fueron imparciales. La gran mayoría de los nicaragüenses apoyó al FSLN durante la guerra contra la dictadura de Somoza, lo apoyó durante cinco años de reconstrucción, de cambios sociales y de guerra persistente, y el 4 de noviembre eligió un gobierno liderado por el FSLN." (Canadian Church and Human Rights Delegation, Democracy, Elections and War, Toronto, diciembre 1984).

La delegación enviada a petición de un grupo de instancias de las Iglesias de Holanda, resumió así sus observaciones: "Respondemos de manera afirmativa la pregunta de si las elecciones del 4 de noviembre constituyen un paso hacia la democracia pluralista. Luego de unas elecciones libres con la posibilidad real del pueblo de expresar su opción política, el FSLN ya no puede volver a mecanismos superficiales de legitimación del poder. La población se ha pronunciado en primer lugar por las elecciones libres como tal y luego mayoritariamente por el FSLN. El proceso electoral constituyó una forma de educación parlamentaria y política". (Grupo de Instancias de las Iglesias de Holanda, Declaración, en DIAL, diciembre 1984).

El informe del Señor Thorval Stoltenberg, representante especial de la Internacional socialista ante el gobierno de Nicaragua para observar las elecciones, acepta debilidades en el proceso electoral ("hostigamientos a mitines de partidos opositores, tiempo desigual en radio y televisión y censura de prensa a algunos materiales relacionados con las elecciones"); afirma que no encontró "vacilación alguna (en la gente) para criticar al gobierno y a los sandinistas"; señala que "la ley electoral se sastifactoria" tanto a juicio de expertos internacionales como de representantes de la oposición; y partiendo de la base que ha comenzado en Nicaragua un proceso de democracia, recomienda: incentivarlo manteniendo el apoyo a quienes lo favorecen y los contactos con ellos, fomentar fuertemente un dialogo nacional al servicio de la unidad, la paz y la democracia, apoyar activamente como "única solución viable" el Acta de Contadora, y contribuir a las condiciones propicias para un proceso democrático con ayuda y cooperación económica, especialmente en alimentos y medicinas." (Thorvald Stoltenberg, Report to Willy Brandt, President of the Socialist International, on the Nicaraguan Elections, November 4, 1984, Londres, noviembre 1984).

Incluso las conclusiones menos entusiastas, como las de la delegación oficial del Parlamento Europeo, tienen una sensatez básica, ausente de cualquier declaración del gobierno de Reagan: "El hecho de que los partidos de oposición hayan obtenido un 32% de los sufragios depositados, implica: 1) que los sandinistas han sacado partido de su identificación con una revolución triunfante, 2) que Nicaragua no es hoy un estado totalitario, si bien dependerá de las capacidades y del valor de opositores electos y no electos que la democracia pueda realizarse en Nicaragua o que, por el contrario, este país termine por deslizarse más tarde hacia un régimen de partido único". (Mission d'observation de la délégation officielle du Parliament Européen aux Elections Présidentielles et Législatives qui ont eu lieu an Nicaragua le 4 novembre 1984, Rapport au Bureau élargi du Parlament Européen (Rapporteur: M. Pol Marck).

Finalmente, es inútil que bastantes de estas delegaciones expresaron su convicción de que la no participación de la Coordinadora Democrática Nicaragüense en las elecciones estuvo políticamente decidida desde el comienzo y fue una directriz del gobierno de Reagan, el cual a su vez creó una imagen ficticia de ser "el grupo opositor más fuerte" del país.

El análisis electoral

Los resultados sobre la base de los resultados a nivel nacional, de las elecciones nicaragüenses a nivel departamental revelan notables diferencias en el comportamiento electoral de la población. La mayor asistencia a las urnas se da en el departamento de Estelí (86% de los inscritos) y en el de Managua (81.9%). Peor los departamentos de Madriz -contiguo al de Estelí-, Chinandega y León superan el 79%, y los de Rivas, Granada, Carazo y Masaya están por encima también del promedio nacional (75.4%).

Mapa


Todos los análisis están hechos en base a los resultados de la elección presidencial. Los resultados para la Asamblea Nacional presentan desviaciones generalmente tan pequeñas que no ameritan un análisis especial.


RESULTADOS ELECTORALES POR REGIONES Y DEPARTAMENTOS



Cuadro 1


a) La cifra superior es el total de votos depositados. La inferior es el % sobre los ciudadanos inscritos.

b) La cifra superior es el total de abstenciones. La inferior es el % sobre los ciudadanos inscritos.

c) La cifra superior es el total de votos nulos. La inferior izquierda es el % sobre los ciudadanos inscritos y la derecha es el % sobre los votos depositados.

d) La cifra superior es el total de votos válidos. La inferior izquierda es el % sobre los ciudadanos inscritos y la derecha es el % sobre los votos depositados.

e) La cifra superior es el total de votos válidos conseguidos por el partido. La inferior izquierda es el % sobre los ciudadanos inscritos; la central, el % sobre los votos depositados y la derecha, el % sobre los votos válidos.

El 74.8% de participación alcanzada en casi todo el departamento de Río San Juan (en la Zona Especial 3, fronteriza con Costa Rica y escenario de guerra) es notable. Nueva Segovia sobrepasa el 70%. Con menos del 60% solo se registra el departamento norteño de Jinotega, golpeado persistentemente por la guerra (54.6%). Cifras relativamente bajas -menores del 65%, es decir con una abstención superior al 35%- se dan en los departamentos de Boaco y Chontales y en Zelaya Central. Finalmente, entre el 65 y el 69% están el departamento de Matagalpa y las 2 zonas especiales de la Costa Atlántica (Zelaya Norte y Zelaya Sur).

Es claro, a nivel departamental, que zonas de guerra (Jinotega, Zelaya Central y en parte Matagalpa) y zonas de campesinado muy tradicional y de ganadería extensiva (Boaco, Chontales) fueron las que menos pudieron o quisieron participar en las elecciones, aunque siempre una mayoría de los inscritos acudió a las urnas. En su conjunto estas Zonas del país (las regiones V y VI) constituyeron el 21.4% del total de los inscritos. Por otro lado, y a pesar de las circunstancias de guerra, algunas de las votaciones más masivas se registraron en los departamentos de Estelí, Madriz, Chinandega y Río San Juan.

Los votos nulos fueron depositados en mayor proporción en Zelaya Sur (11.8) y en Madriz (10.1% del total de los votantes). El menor porcentaje de nulos se dio en León (4.1%) y Chinandega (4.5%).

Sobre el total de ciudadanos inscritos, el FSLN resultó absolutamente mayoritario en seis departamentos: Estelí (59.9%), Chinandega (56.5%), Río San Juan (56.1%) León (54.4%), Managua (52.1%) y Rivas (50.7%), que conformaron en total el 54.3% de los inscritos. Pero sus votaciones en el resto de los departamentos no fueron suficientes para obtener una mayoría absoluta del total de inscritos en todo el país (llegó muy cerca con un 47.7% del total nacional de inscritos).

Sobre el total de votantes, el FSLN obtuvo mayorías absolutas en 17 de los 18 departamentos o zonas, no alcanzándola únicamente en el departamento de Boaco (49%). En cambio, sobre le total de votos válidos, su mayoría fue absoluta en todos los departamentos o zonas.

Sobre el total de los votos depositados, la mayor fuerza del FSLN se registró en Río San Juan (75.0%), Chinandega (71.1%), Estelí (69.7%), León (68.2%), Zelaya Norte (66.8%), Nueva Segovia (65.1%) y Carazo (69.1%). Su menor fuerza fue constatada en Boaco (49%), Granada (51.0%), Masaya (53.8%), Matagalpa (56.1%) y Zelaya Sur (56.9%). Departamentos con predominio de obreros agrícolas y de campesinado muy politizado del dieron al FSLN sus mayorías más sólidos. (En zonas de Carazo surgió la Asociación de Trabajadores del Campo a partir de Delegados de la Palabra). En las cabeceras departamentales correspondientes también obtuvo el FSLN similares mayorías (Municipio de Estelí: 70.2%; de Jinotepe-Carazo-: 71.4%; de León: 69.6%; de Chinandega: 69.0%). En cambio, el alto apoyo para el Frente en Zelaya Norte no se debió tanto a Puerto Cabezas (54.4%) sino a los municipios de la zona minera (Siuna: 73.5%; Rosita: 72.5%; Bonanza: 82.8%). En el otro extremo del espectro, el menor apoyo al FSLN vino de zonas de campesinado tradicional muy vinculado a hacendados conservadores, a burguesía cafetalera y a campesinado-comerciante, así como una de las zonas de la Costa Atlántica.

La segunda fuerza política del país, el Partido Conservador Demócrata (13.2% de votos depositados a nivel nacional) obtuvo sus mejores resultados en Boaco (15.3% de inscritos y 24.2% de los votantes), Masaya (17.6% y 23.1%), Granada (16.1% y 20.7%), Chontales (11.2% y 18.6%), Zelaya Central (10.6% y 17.6%) y Matagalpa (10.9% y 16.6%). Demostró, en cambio, su menor fuerza en Chinandega (3.8% y 4.8%), Nueva Segovia (4.6% y 6.4%), Estelí (5.4% y 6.3%), León (6.0% y 7.5%), Río San Juan (6.7% y 9.0%) y Rivas (7.3% y 9.3%). Quedó así bastante claro el contraste entre la distribución de los mayores y menores apoyos del FSLN y del PCD.

El PLI, tercera fuerza política en estas elecciones (9% de votos depositados a nivel nacional), obtuvo sus mejores resultados generalmente allá donde también -a nivel departamental- los obtuvo el FSLN: en Rivas (10.7% de inscritos y 13.7% de votantes), León (10.9% y 13.6%), Zelaya Sur (9.6% y 14.1%), Estelí (9.7% y 11.3%), Nueva Segovia (7.9% y 11%) y Chinandega (8.2% y 10.3%). Sus zonas de menor apoyo se dieron en Zelaya Central (3% y 5.1%), en Zelaya Norte (3.1% y 4.5%), en Chontales (3.7% y 6.1%), en Carazo (4.1% y 5.2%), en Boaco (4.7% y 7.5%) y en Managua (5.8% y 7.1%). Estos resultados muestran, por un lado, la capacidad del PLI de disputar votos al FSLN en sus zonas más sólidas de apoyo y, por otro, el contraste, de raíces históricas, entre zonas de mayor apoyo del PLI y menor de los conservadores y de menor apoyo al PLI y mayor para los conservadores.

El Partido Popular Social Cristiano (PPSC) se ubicó en cuarto lugar en las elecciones (5.2% del total de los votos depositados). Partido disidente del Social Cristiano, sus mejores resultados, a nivel departamental, se dieron en Granda (5.8% de los inscritos, 7.4% de los votantes), en Boaco (4.5% y 7.1%), en Managua (5.1% y 6.3%) y en Chinandega (4.7% y 5.9%), mostrando capacidad de arrancar votos en zonas de historia "conservadora" y en núcleos urbanos (obtuvo 8.7% y 13% en el municipio de Boaco, 7.1% y 9% en Granada, 5.6% y 7.7% en el Puerto Cabezas y 5.5% y 6.7% en el de Managua, llegando al 8% en dos de las once zonas de la ciudad de Managua). Su menor fuerza se constató en departamentos muy alejados de la capital, donde sus esfuerzos organizativos, de origen reciente, han podido penetrar muy poco (Río San Juan -0.8% y 1%-; Estelí -2.4% y 2.7%-; Madriz -2.6% y 3.3%-; Chontales -2.6% y 4.3%-) y en los departamentos de León (2.7% y 3.4%) y Rivas (2.8% y 3.6%).

Los partidos más a la izquierda del FSLN -tres- no pasaron de obtener un 3.6% de los votos depositados a nivel nacional entre los tres. El Comunista -ubicado en quinto lugar- obtuvo un 1.7% de los inscritos y un 2.2% de los votantes en el departamento de Madriz, de campesinado fuertemente empobrecido y semiproletarizado. El Partido Socialista llegó al 1.4% y 1.8% respectivamente en el departamento de Granada. Y el MAP-ML alcanzó un 1.3% y 2.1% en Zelaya Central, en plena frontera agrícola, de colonizadores. Sus resultados desfavorables están tan multiplicados por los diversos departamentos que no tiene sentido singularizarlos, excepto para destacar su derrota aplastante en Managua, donde ninguno de ellos llegó al 1.5% de los votantes.

Resultados en los municipios

Hay actualmente en Nicaragua 139 municipios. El análisis, a nivel municipal, muestra aún mejor las discrepancias en la conducta electoral de los ciudadanos nicaragüenses.

Los extremos entre participación masiva en las votaciones y masiva falta de participación se dieron entre Somotillo, municipio del departamento de Chinandega fronterizo con Honduras, donde el 99.1% de los inscritos fue a las urnas, y Bocana de Paiwas, municipio azotado por la guerra en Zelaya Central, donde el 86.2% de los inscritos pudo o no quiso votar.

Nos encontramos con 10 municipios en los que la participación en al votación sobre pasó el 88% de los inscritos. Dos pertenecen al departamento de Estelí (Estelí -89.2%- y Pueblo Nuevo -89.5%-); dos al de Madriz (Las Sabanas -91.8%- y San Lucas -93.8%-); uno al de León (Achuapa -95.5%-); uno al de Managua (Ticuantepe -90.8%-); uno a Zelaya Norte (Bonanza
-89.6%-); y tres al de Chinandega (San Pedro del Norte -92.1%-, San Francisco del Norte -89.8%- y Cinco Pinos -89.7%-). En fuerte contraste, destacan 23 municipios en los que no fueron a las urnas desde un 73% hasta un 40% de los votantes. Uno se ubica en Madriz (San Juan del Río Coco -40.3% de no votantes); uno en Masaya (San Juan de Oriente -40.9% de no votantes-); otro en Rivas (Moyogalpa -40.8%-); uno en Boaco (Camoapa -52.6%-); cinco en Chontales (San Pedro de Lóvago -45.2%-, Villa Sandino -46.6%-, Santo Tomás -51.5%-, Santo Domingo -53.7%- y Comalapa -59.8%-); tres en Zelaya Central (Paiwas -40.9%-, Rama -45%- y Muelle de los Bueyes -54.3%-); tres en Matagalpa (Muy-Muy -41.2%, Matiguás -42.7%- y Río Blanco -61%-); seis en Jinotega (Yalí -42.8%-, Wiwilí -45.3%-, El Cuá -50.7%-, San Rafael del Norte -51.5%-, Pantasma -56.1%- y San José Bocay -72.9%-); uno en Zelaya Norte (Siuna-Waslala -45.4%-); y uno en Zelaya Sur (La Cruz del Río Grande -56.1%).

Finalmente, tenemos 55 municipios mas en los que la participación en la votación fue mayor o igual que el promedio nacional (75.4%). En contraste existieron 49 municipios más en los que la participación osciló entre un 60.2% y un 75.3%. De manera que en conjunto, de los 139 municipios del país, 66 fueron a las urnas en un porcentaje de 75.4% de los inscritos o más y en 73 municipios los votantes no llegaron al 75.4% de los inscritos.

Cuadro 2


Al nivel de municipio nos encontramos de nuevo con al diversidad al reseñar y analizar el comportamiento electoral respecto del voto nulo. De nuevo los extremos están en fuerte contraste: San Francisco del Norte (Chinandega), en donde la votación subió hasta el 88.8% de los inscritos, es el municipio en el que los votantes anularon menor cantidad de votos (0.9% de los depositados); en Ciudad Antigua (Nueva Segovia), por el contrario, el 29.5% de los inscritos no fue a las urnas y el 33.5% de los que votaron, lo hicieron nulo. En 11 municipios (cuatro de León, tres de Chinandega, dos de Rivas, uno de Zelaya Sur y uno de Río San Juan) el voto nulo no pasó del 3.5% de los votos depositado. En 18 municipios más (5 de León, 3 de Chinandega, 1 de Managua, 1 de Masaya, 3 de Carazo, 2 de Chontales y 3 de Río San Juan) no pasó del 4.5% de los votos depositados. En otros 39 municipios estuvo entre 4.6% y el promedio nacional de 6.1% (1 de Estelí, 2 de Madriz, 6 de Chinandega, 5 de Managua, 3 de Masaya, 4 de Carazo, 2 de Granada, 5 de Rivas, 1 de Boaco, 1 de Chontales, 3 de Zelaya Central, 1 de Matagalpa, 3 de Jinotega y 1 de Río San Juan). Finalmente en 26 municipios el voto nulo estuvo entre le 9% y el 18.5% del total de los votantes (1 en Estelí, 6 en Madriz, 5 en Nueva Segovia, 1 en León, 2 en Boaco, 3 en Chontales, 3 en Matagalpa, 3 en Jinotega y 2 den Zelaya Sur).

Cuadro 3


En 18 municipios se encuentra correspondencia entre municipios que menos votantes tuvieron (menos del 70%) y aquellos en que más votos nulos hubo (más del 9%). Se trata de los de San Juan de Río Coco, Telpaneca (ambos de Madriz), Quilalí, S. Fernando y Mozonte (los tres de Nueva Segovia), San Nicolás (de León), Boaco y Camoapa (de Boaco), Comalapa, San Pedro de Lóvago y Villa Sandino (de Chontales), Terrabona, San Dionisio y Río Blanco (de Matagalpa), San Rafael del Norte y Pantasma (de Jinotega) y Bluefields y Corn Island (de Zelaya Sur). La correspondencia no se da en otros 34 municipios que tuvieron menos del 70% de votantes y menos de 9% de votos nulos. De manera que puede asumirse que en los primeros 18 la abstención y los nulos suman fuerza de rechazo político a las elecciones, no siendo esa hipótesis en los 34 restantes.

Cuadro 4


El FSLN obtuvo los dos tercios o más de los votos depositados en 51 de los 139 municipios del país (4 de Estelí, 4 de Madriz, 6 de Nueva Segovia, 6 de León, 9 de Chinandega, 1 de Managua, 3 de Carazo, 3 de Rivas, 1 de Boaco, 2 de Chontales, 2 de Zelaya Central, 2 de Jinotega, 4 de Zelaya Norte, 1 de Zelaya Sur y 3 de Río San Juan.

El FSLN obtuvo entre el 50% y 66.5% de los votos depositados en otros 64 municipios (1 de Estelí, 3 de Madriz, 3 de Nueva Segovia, 5 de León, 4 de Chinandega, 5 de Managua, 7 de Masaya, 4 de Carazo, 3 de Granada, 7 de Rivas, 3 de Boaco, 3 de Chontales, 3 de Zelaya Central, 7 de Matagalpa, 2 de Jinotega, 1 de Zelaya Norte, 1 de Zelaya Sur y 2 de Río San Juan).

En 24 municipios el FSLN no llegó al 50% de los votos depositados (2 de Madriz, 3 de Nueva Segovia, 1 de Managua, 2 de Masaya, 1 de Carazo, 1 de Granada, 2 de Boaco, 3 de Chontales, 1 de Zelaya Central, 4 de Matagalpa, 3 de Jinotega y 1 de Zelaya Sur). Pero solamente en un municipio del país, el de Teustepe (departamento de Boaco), no alcanzó el FSLN a ser la primera pluralidad. Además, tanto en Teustepe como en Yalaguina (Madriz), Mozonte (Nueva Segovia), San Rafael del Sur (Managua), Tisma y la Concepción (Masaya), San Pedro de Lóvago (Chontales) y San Rafael del Norte (Jinotega), el FSLN perdió respecto de los votos reunidos de los demás partidos. El promedio nacional del FSLN llegó al 62.9% de los votos depositados.

El Partido Conservador Demócrata alcanzó la primera pluralidad en Teustepe (Boaco) con un 41.8% del total de los votos depositados. Además superó el 30% del total de votantes en otros 6 municipios: La Concepción (35.4%) y Catarina (30.8%) -de Masaya-; San Rafael del Sur (32.7%), Villa Carlos Fonseca (32.3%) y Ticuantepe (30.8%) -de Managua-; y Dolores (30.3%) -de Carazo-. En otros 9 municipios (2 de Managua -Tipitapa y S. Francisco Libre-; 1 de Masaya -Nindirí-; 1 de Carazo -La Paz-; 1 de Boaco -San José de los Remates-; 2 de Chontales -Comalapa y Villa Sandino-; y 2 de Matagalpa -Ciudad Darío y Terrabona-) llegó al 25% de los votos depositados y aun superó este porcentaje. Finalmente, obtuvo al menos 1 de cada 5 votos (el 20% o más de los depositados) en 17 municipios más (entre ellos los de Granada, Diriamba y Puerto Cabezas). Los resultados peores para el Partido Conservador (porcentajes inferiores al 5%) se dieron en 12 municipios (5 de Chinandega, 2 de Rivas, 1 de Zelaya Central, 1 de Jinotega, 1 de Zelaya Norte, 1 de Zelaya Sur y 1 de Río San Juan). El promedio nacional de los conservadores alcanzó un 13.2% del total de los votos depositados.

El mayor porcentaje de votos depositados correspondiente al PLI lo obtuvo este partido en la Concordia (Jinotega): 24.1%. En Mozonte (Nueva Segovia), Quezalguaque (León), San Jorge y Moyogalpa (Rivas) y Río Blanco (Matagalpa), el PLI superó el 20% de los votos depositados. En otros 12 municipios (1 de Estelí, 2 de Madriz, 1 de Nueva Segovia, 3 de León, 1 de Chinandega, 1 de Rivas, 1 de Jinotega, 1 de Zelaya Sur y 1 de Río San Juan) el PLI superó el 15% de los votos depositados. Los peores resultados para el PLI se dieron en 26 municipios, en los que no llegó al 4% de los votos depositados (1 en el departamento de Nueva Segovia, 1 en León, 4 en Chinandega, 2 en Managua, 1 en Masaya, 2 en Carazo, 1 en Rivas, 2 en Chontales, 2 en Zelaya Central, 4 en Jinotega, 3 en Zelaya Norte, 1 en Zelaya Sur y 2 en Río San Juan). El promedio nacional del PLI alcanzó el 9% de los votos depositados.

En 20 municipios el Partido Popular Social Cristiano llegó a ocupar un tercer lugar en la votación, mejorando su lugar nacional como cuarta fuerza política electoral del país. Pero su resultado mejor se logró en el municipio de Corinto (Chinandega), donde ocupó el segundo lugar con un 14.2% de los votos depositados. En otros 5 municipios desplazó al cuarto lugar a los conservadores (se trata de Ocotal -5.4%- y Ciudad Antigua -6.2%-, ambos del departamento de Nueva Segovia; de León -4.5%-; de Chinandega -6.4%-; y de Chichigalpa -8.1%- municipio del departamento de Chinandega). En Cusmapa (Madriz), Mateare (Managua), Jinotepe, Diriamba, Dolores y el Rosario (los 4 pertenecen a Carazo), en Boaco, en San Pedro de Lóvago y Santo Domingo (los 2 de Chontales), en Nueva Guinea (Zelaya Central), en Terrabona (Matagalpa) y en Siuna, Rosita, Bonanza y Puerto Cabezas (Zelaya Norte), fue el PLI el desplazado al cuarto lugar a costa del PPSC. El promedio nacional del PPSC (5.2% de los votos depositados) fue superado por este partido en 23 municipios.

El Partido Comunista de Nicaragua obtuvo su votación más alta en Santa María (Nueva Segovia): 3.5% de los votos depositados. El Partido Socialista en el municipio de Granada (2.2% de los votantes). Y el MAP-ML en Nueva Guinea (Zelaya Central): 2.4% de los votos depositados.

Mapa



RESULTADOS ELECTORALES
EN LOS 26 MUNICIPIOS MAS URBANOS DE NICARAGUA



Cuadro 5


NOTAS:
a) La cifra superior es el total de votos depositados. La inferior es el % sobre los ciudadanos inscritos.

b) La cifra superior es el total de abstenciones. La inferior es el % sobre los ciudadanos inscritos.

c) La cifra superior es el total de votos nulos. La inferior izquierda es el % sobre los ciudadanos inscritos y la derecha es el % sobre los votos depositados.

d) La cifra superior es el total de votos válidos. La inferior izquierda es el % sobre los ciudadanos inscritos y la derecha es el % sobre los votos depositados.

e) La cifra superior es el total de votos válidos conseguidos por el partido. La inferior izquierda es el % sobre los ciudadanos inscritos; la central, el % sobre los votos depositados y la derecha, el % sobre los votos válidos.

LAS "CIUDADES" NICARAGUENSES

Nicaragua, respecto de Centroamérica, tiene el porcentaje mayor de población urbana en el área (un 53.8%, casi 10 más que Costa Rica y El Salvador, que vienen detrás con un 45.7% y un 44.1% en 1980). Además, la ciudad capital -Managua- tenía en 1980 el 28.1% de la población total del país, muy por encima del porcentaje de población total del país alcanzado por las otras capitales centroamericanas. (San José: 22.4%; Tegucigalpa: 13.4%; Guatemala: 11.7% y San Salvador: 9.2%).

¿Cómo votó esta población urbana? Un indicador suficiente nos lo dan los datos para los municipios que son cabeceras departamentales o que superan los 10.000 ciudadanos inscritos, aunque en ellos no se haya hecho diferencia entre zona estrictamente urbana y zona rural. Se trata de 26 municipios.

En 14 de ellos la participación en las votaciones fue inferior al promedio nacional de 75.4% de votantes sobre el total de inscritos. Se trata de Wiwilí (54.7%), Jinotega (60.2%), Matagalpa (66.6%), Boaco (67.2%), Bluefields (69.2%), Nagarote (70%), Nueva Guinea (70.6%), Ciudad Darío (71.6%), Juigalpa y San Rafael del Sur (ambos 72.5%). En los otros 12, las participación fue igual o mayor que el promedio nacional de 75.4%. Son los municipios de Masaya (75.5%), San Carlos (78.9%), Tipitapa y Granada (79%), Jinotepe (80.3%), Ocotal (81.3%), Chinandega (81.7%), León (82.3%), Managua (82.6%), Rivas (82.8%), Somoto (86.9%) y Estelí (88.2%).

En 13 de estos municipios más urbanos, el porcentaje de votos nulos con relación al de votantes fue también más alto que el promedio nacional del 6.1%. Se trata de Blueflieds (12.3%), Boaco (10.5%), Jinotega (8.7%), Matagalpa y Puerto Cabezas (8.5%), Ocotal (8.1%), Somoto (7.3%), Granada y Ciudad Darío (6.9%), San Rafael del Sur (6.7%), Masaya y Nueva Guinea (6.3%) y Estelí (6.3%). Los otros 13 mantuvieron el promedio nacional o lo rebajaron. Son los municipios de Juigalpa (6.1%), Wiwilí (5.9%), Chichigalpa (5.4%), Jinotepe (5.2%), Managua y Diriamba (5.1%), Rivas (4.7%), Tipitapa y El Viejo (4.6%), Chinandega (4.4%), León (4.2%) y San Carlos (4.1%).

En 13 de los municipios más urbanos el FSLN superó su promedio nacional de votos depositados (62.9%). Esto sucedió en San Carlos (81.4%), Wiwilí (78.7%), Jinotepe (71.9%), Estelí (70.2%), Chichigalpa (66.4%), Managua (65.1%), Ocotal (64.8%), Rivas (64.7%), y Juigalpa (63.7%). Sólo en 3 de los 13 municipios más urbanos no alcanzo el FSLN la mayoría absoluta de los votos depositados: en San Rafael del Sur (46.6%), en Granada (46.9%) y en Ciudad Darío (48.4%). No cabe duda de que estas mayorías absolutas en 23 de los 26 municipios más urbanos de Nicaragua, son una de las claves de la victoria en las urnas del Frente.

En estos mismos 26 municipios más urbanos, el Partido Conservador Demócrata obtuvo sus mejores resultados en San Rafael del Sur (32.7%), Ciudad Darío (29.2%), Nagarote (21.5%), Tipitapa (20.4%), Granada (16.3%), Masaya (15.5%). Además superó su promedio nacional del 13.2% en otro Diriamba -15%-. Es decir, sólo en 8 de los 26 logró alcanzar votaciones superiores a su promedio nacional. Esto da una idea del peso que en la votación global del PCD pudo tener la población campesina tradicional, cosa, por otro lado, no sorprendente en la historia política de Nicaragua.

Pro su parte, el PLI obtuvo votaciones mejores que su promedio nacional del 9% en 12 de los 26 municipios más urbanos del país. Se trató de Ocotal (15.8%), Rivas (15.6%), Bluefields (15.1%), León (14.6%), Diriamba (14%), Estelí y Granada (12.2%), Chinandega y Nagarote (12%), Matagalpa (11.2%), Chichigalpa (10.5%), El Viejo (10.4%) y Masaya (9.1%).

También el PPSC mejoró su promedio nacional de 5.2% en 12 de los 26 municipios más urbanos del país. Sucedió esto en Boaco (13.1%), Granada (9%), Chichigalpa (8.1%), Puerto Cabezas (7.7%), Nueva Guinea (7.1%), Managua y Masaya (6.7%), Chinandega (6.4%), Diriamba (6.2%), Jinotepe y Jinotega (5.8%), y Ocotal (5.4%).

Los grandes perdedores en los municipios más urbanos del país, fueron, sin lugar a duda, los tres partidos de izquierda marxista-leninista. De ellos, sólo el Comunista en El Viejo (2.6%) y el Socialista en Granada y Masaya (2.2%) superaron alguna vez el 2% de los votos.

En Managua, la ciudad capital

La ciudad de Managua, o mejor dicho el municipio de Managua, se dividió para fines electorales en 11 zonas, de las cuales la 2 y la 11 están muy poco urbanizadas, hasta el punto de rozar el concepto de zonas rurales: se trata de los espacios aledaños al comienzo de la carretera a León (zona 2) y del espacio situado entre la carretera sur panamericana y la carretera a Masaya (zona 11). También al zona 8 tiene comarcas rurales con alguna población campesina (es la zona que abarca la comarca de Esquipulas).

Las zonas 4 (incluye al Barrio Bolonia), 6 (Los Robles, Planes de Altamira y Villa Panamá entre otros) y 11 (Altos de Santo Domingo, Santo Domingo, Las Sierritas, por ejemplo) pueden albergar una parte importante de las familias adineradas de Managua. La zona 1 corresponde a lo que es Ciudad Sandino, barrio de aluvión formado por migraciones desde hace 15 años por efecto de inundaciones en el antiguo centro de Managua y más tarde por el terremoto de 1972; pero incluye también a otro de los barrios más adinerados ("Satélite Asososca", hoy conocido como barrio Eduardo Contreras).

La zona 3 abarca, entre otros, el populoso barrio Monseñor Lezcano, de población obrera y pequeños comerciantes; pero también el barrio de las Palmas, otro de los asientos de la gente adinerada.

La zona 6 -anteriormente citada- está compuesta en su mayoría por los barrios Camilo Ortega, Sierra Maestra y San Judas, con mucha de la población más pobre de Managua.

En al zona 8 se encuentra una concentración de clases medias notable (Bosques de Altamira, Colonia Centroamérica, Reparto Shick), pero también parte de los famosos "barrios orientales" que se distinguieron en la insurrección (Riguero, Máximo Jerez, México). En al zona 7 se ubica otra parte importante de las clases medias (Ciudad Jardín) completándose el cuadro con la zona 9 (Bello Horizonte). Las zonas 9 y 10 reúnen las concentraciones de población mas fuertes de Managua (a ambos lados de la carretera norte al aeropuerto y a ambos lados de la carretera de unión entre la de Masaya y la norte). Mucha parte de los funcionarios del Estados viven en Las Colinas (zona 8), Pancasán (zona 8), Villa Panamá (zona 6) y Los Robles (zona 6). El mapa y los cuadros adjuntos ilustran estas indicaciones.

Manteniéndose todas las zonas de Managua pro encima del promedio de participación nacional en la votación (75.4%), no extraña que los porcentajes de menor participación se den en las zonas 2 y 11 (78.l3% y 78.8%). La mayor participación, en cambio, se dio en la zona 5 (86.3%), zona poco poblada de los alrededores del antiguo centro, y en la zona 1 de Ciudad Sandino (86.2%), oscilando los demás porcentajes entre 81% y 83.8%. El único porcentaje de votos nulos que iguala al promedio nacional (6.1% de los votos depositados ) se dio en la zona 7 (Ciudad Jardín, Larreynaga, Tenderí, Jorge Dimitrov, etc...) El menor porcentaje se dio en Ciudad Sandino zona 1 (3.3% de votos nulos).

El Frente Sandinista obtuvo sus mejores resultados de Managua en la zona 5 (poco poblada): 72.1%, en la 6(San Judas, Sierra Maestra, Camilo Ortega, Los Robles, Planes de Altamira...):
70.4%, en la zona 4 (Bolonia, Colonia Divino Pastor, María Mazarello, etc.): 68%, en Ciudad Sandino: 66.7% y en la zona 10 (Ducualí, El Dorado, La Nicarao, Las Américas, Rubenia, 14 de Septiembre, Villa Venezuela, Villa Revolución, Villa Libertad, Colonia la URSS, Colonia Georgino Andrade, Omar Torrijos, 1 de Mayo), la zona más populosa de todas las de Managua: 66.6%. Sus peores resultados se dieron en la zona 11 (comarcas rurales Silvio Ferrufino, San Isidro de la Cruz Verde, y zonas residenciales de Altos de Santo Domingo, Sto Domingo Las Sierritas): 52.6%, en la zona 2 (carretera vieja a León, zona semirural): 55.5% y en la zona 7 (Ciudad Jardín, Larreynaga, Jorge Dimitrov...): 61.7%.

Mapa



Cuadro 6


NOTAS:
a) La cifra inferior es el total de los votos depositados. La inferior es el % sobre los ciudadanos inscritos.
b) La cifra inferior es el total de abastecimiento. La inferior es el % sobre los ciudadanos inscritos.

c) La cifra superior es el total de votos nulos. La inferior izquierda es el % sobre los ciudadanos inscritos y la derecha es el % sobre los votos depositados.
d) La cifra superior es el total de votos válidos. La inferior izquierda es el % sobre los ciudadanos inscritos y la derecha es el % sobre los votos depositados.
e) La cifra superior es el total de votos válidos conseguidos por el partido. La inferior izquierda es el % sobre los ciudadanos inscritos la central el % sobre los votos depositados. Y la derecha, el % sobre los votos válidos.


Los conservadores tuvieron votaciones importantes en la zona 11 (26.8%), en la zona 2 (24.5%) y en Ciudad Sandino zona 1 (16.7%). Sus peores resultados se registraron en la zona 6 (San Judas, etc...): 9.1%, en la zona 10 (Ducualí, La Nicarao, Las Américas,etc...): 10.4%, y en la zona 4 (Bolonia, etc...): 10.7%.

El PLI obtuvo sus mejores resultados en la zona 9 (ambos lados de la carretera norte al aeropuerto): 8.9%, en la zona 7 (Larreynaga, Ciudad Jardín, Jorge Dimitrov, etc.): 8.6%, y en la zona 10 (Las Américas, La Nicarao, Ducualí, etc...): 8.3%. Le correspondieron los cómputos más bajos en la zona 5 (alrededores poco poblados del centro): 4.8%, en Ciudad Sandino: 5.3% y en la zona 6 (San Judas): 6.1%.

El PPSC alcanzó buenas votaciones en la zona 3 (Monseñor Lezcano, Las Palmas, etc.): 8.2%, en la zona 9 (ambos lados de la carretera al aeropuerto): 8%, y en la zona 7 (Ciudad Jardín, Larreynaga, etc.): 7.1%. Sus votaciones más bajas se constataron en Ciudad Sandino: 4.9%, zona 5: 4.9% y zona 2: 5.1%.

En ninguna zona de Managua alcanzaron los partidos de ultra-izquierda marxista-leninista un 2%. El Comunista tuvo sus más altas votaciones en las zonas 6 y 10 (1.6%); el Socialista en las zonas 10 y 9 (1.4%), y el MAP-ML en Ciudad Sandino (0.9%) y en la zona 11 (0.8%).

Así pues, en la ciudad capital, en dos de las tres zonas donde el PCD, tuvo sus mejores resultados, el FSLN obtuvo los peores (zonas 11 y 2), y en la zona donde el PLI obtuvo su segunda mejor votación y el PPSC su tercera, el FSLN logró su tercer pero computo (zona 7). Mejores votaciones del FSLN y del PCD coincidieron en zona 1 Ciudad Sandino (la tercera mejor de ambos partidos) y, por otro lado, la tercera mejor del PLI y la cuarta mejor del FSLN coincidieron en la zona 10. El PPSC y el PLI tuvieron su segundo y su primer apoyo respectivamente en la zona 9, donde ni el FSLN ni el PCD lograron sus mejores resultados. Finalmente el PPSC logró su máximo apoyo en Managua, allá donde ninguno de los otros tres partidos, que en conjunto le ganaron, obtuvo ninguna de sus mejores votaciones: en la zona 3.

El voto en las zonas rurales

Se pueden definir a trazos muy gruesos en Nicaragua tres clases de población mayoritaria en las áreas rurales: un campesinado que ha ido pauperizándose y en cierta medida se ha proletarizado, convirtiéndose en trabajador agrícola asalariado (estacional o permanente); un campesinado que produce en parcela o en cooperativa y que comercia su producto hacia la capital, coexistiendo no pocas veces las dos actividades -productiva y comerciante- en la misma unidad familiar; y un campesinado tradicional, predominantemente de parcela familiar y de mozos de haciendas más o menos alejado de centros urbanos, que se extienden desde las estribaciones de las cordilleras que atraviesan Nicaragua hasta las fronteras agrícolas que penetran en la Costa Atlántica. El campesinado proletarizado está ubicado sobre todo en los municipios de León y Chinandega, contiguos a la carretera panamericana que corre cerca de la costa pacífica, en municipios del departamento de Managua, en algunos municipios de Estelí y Las Segovias occidentales, en algunos municipios de Rivas y en algunos municipios del Valle de Sébaco en Matagalpa. El campesinado comerciante puebla la mayoría de los municipios de Masaya, Granada y Carazo y alguno de Rivas. El campesinado tradicional se ubica en los municipios de Las Segovias orientales, en la mayoría de los de Matagalpa, Jinotega, Boaco, Chontales y en las fronteras agrícolas de Zelaya.


Mapa



Cuadro 7


La participación electoral fue muy diversa en el campo nicaragüense, que comprende en un análisis a trazos gruesos 110 municipios (8 de los cuales fueron también incluidos en el análisis de los 26 municipios más urbanos): de estos 110, 21 pertenecerán al campesinado comerciante, 31 al campesinado proletarizado y 58 al campesinado tradicional. En estos municipios del campo (dejamos fuera las regiones especiales I y II de la costa Atlántica y la región especial III del Río San Juan) la participación en la votación igualó o superó el promedio nacional en 53 de los 110 y fue menor que el promedio (menor de 75.4% de los inscritos) en los restantes 57. Las diferencias entre los tres grupos son notables. 22 de los 31 municipios del campo proletarizado (el 71%) igualaron o superaron el promedio nacional de participación, mientras que en 9 de los 31 municipios (el 29%) la participación no llegó al promedio nacional.

En 14 de los 21 municipios del campesinado comerciante (66.7%) se igualó o superó el promedio nacional de participación en las elecciones, y en 7 (33.3%) no se llegó a el. Finalmente, en sólo 17 de los 58 municipios del campo tradicional (muchas veces regresado a la autosuficiencia por el efecto de la guerra sobre el comercio), es decir en sólo el 29.3% de ellos, se igualó o superó el promedio nacional, mientras que en los restantes 41 municipios (70.7%) la votación fue inferior al promedio nacional. El mayor porcentaje de votos nulos se dio también entre los municipios del campo tradicional.

El Frente obtuvo votaciones superiores a su promedio nacional (62.9%) en 22 de los 21 municipios del campesinado proletarizado (es decir, en el 71% de ellos). En 7 de los 21 municipios del campesinado comerciante (33.3%) el FSLN igualó o superó su promedio nacional, pero en 14 de ellos (66.7%) sus resultados fueron inferiores a este promedio. Finalmente, en el campo tradicional, el FSLN consiguió votaciones iguales o superiores a su promedio nacional en 24 de los 58 municipios (es decir en el 41.4% de ellos), y se tuvo que conformar con votaciones inferiores a su promedio nacional en 34 de los 58 municipios (es decir en el 58.6% de ellos). No cabe duda de que en estos resultados del FSLN refleja el éxito de programas como el "Plan Pro-Norte" para el campo de Las Segovias occidentales, el énfasis dado al bienestar cooperativo y a la protección armada en zonas fronterizas, la mayor atención del gobierno al "área de propiedad del pueblo" (área estatal del campo, relativamente moderna), y los terribles efectos de la guerra y de la interrupción del comercio en extensas y dispersas zonas rurales. También, naturalmente, se sienten en estos resultados las tendencias históricas de la alianza burguesa-campesina y la disminución del transporte desde el área metropolitana de Managua a los mercados de la capital).

Por su parte, el PCD sólo igualó o superó su promedio nacional (13.2%) en 8 de los 31 municipios del "campo proletarizado" (el 25.8%) mientras que sus votaciones fueron inferiores a su promedio en los restantes 23 municipios (en el 74.2% de ellos). En cambio, en 19 de los 21 municipios del "campo comerciante" (en el 90.5%) el PCD igualó o superó su promedio nacional, no consiguiéndolo sólo en los restantes 2 (9.5%). Finalmente, en 28 de los 58 municipios del "campo tradicional" (el 48.3%) el PCD igualó o superó su promedio nacional, siendo sus resultados inferiores a éste en los restantes 30 (51.7%).

El PLI igualó o superó su promedio nacional (9% de los votos depositados) en 16 de los 31 municipios del "campo proletarizado" (en el 51.6%). Por el contrario sólo en 3 de los 21 municipios del "campo comerciante" (en el 14.3% de ellos) igualó o superó su promedio, no lográndolo en los 18 restantes (85.7%). En el "campo tradicional", el PLI igualó o superó su promedio nacional en 20 de los 58 municipios (en el 34.5%) y sus resultados fueron inferiores a su promedio en los 38 restantes (el 63.5%).

El PPSC sólo superó su promedio nacional de 5.2% de los votos depositados en 5 municipios del campo nicaragüense, uno del "campo proletarizado" y 4 "del campo tradicional".

El voto en las zonas de frontera

23 municipios de Nicaragua, descontando el de Puerto Cabezas, están ubicadas en espacios fronterizos; 16 de ellos al Norte u Occidente (riberas del Golfo de Fonseca y Frontera con Honduras) y 7 al Sur (frontera con Costa Rica).

El conjunto de los 5 municipios del norte de Chinandega, fronterizos con Honduras, forma el más alto ejemplo de participación en las elecciones (Somotillo: 99.1%; San Pedro del Norte: 92.1%; San Francisco del Norte: 88.8%; Cinco Pinos: 88.7% y Santo Tomás del Norte: 79% de los inscritos votaron). En todos ellos los votos nulos se mantuvieron por debajo del 4% del total de votantes (promedio nacional: 6.1%), siendo en San Francisco del Norte: 0.9%. Las votaciones por el FSLN fueron masivas en todos ellos, mayores del 80% (San Francisco del Norte: 96%; Somotillo: 89.4%; San Pedro del Norte: 88.8%; Cinco Pinos: 85.8% y Santo Tomás del Norte: 82.5%). Estos resultados son tanto más impresionantes cuanto que fue San Francisco del Norte el primer municipio gravemente atacado por los contras en 1982.

En El Viejo y Puerto Morazán (riberas del Golfo de Fonseca), la participación fue del 72.7% y 73.4% del total de los inscritos y los votos nulos el 4.6% y 3.3% de los depositados. Por el FSLN votaron el 69.7% y el 72.3% de los votantes (las segundas votaciones correspondieron al PLI: 10.4% y 13.7% respectivamente).

En Nueva Segovia las cifras oscilaron mucho: en Dipilto, Macuelizo y Santa María la participación no bajó del 80% de los inscritos. En Murra, San Fernando y Mozonte, en cambio, la participación fue del 64.4%, 61.8% y 61% respectivamente. En Jalapa fueron a votar el 86.7% de los inscritos. En Mozonte y Dipilto el FSLN obtuvo algunos de sus peores resultados en todo el país (37% y 48.3% de los votos depositados). En Macuelizo (61.9%) anduvo cerca de su promedio nacional. En Santa María, San Fernando, Jalapa y Murra lo superó ampliamente (69.1%, 71.5% y 72.6%). Sólo en Mozonte (13.5%) superó el PCD su promedio nacional. Pero el PLI logró superarlo en Mozonte (23.4%), en Dipilto (13.4%), en Jalapa (11.2%) y en Macuelizo (10.6%).

En San José Bocay y Wiwilí la participación en las votaciones fue baja (27.1% y 54.7% respectivamente), pero los votos nulos se mantuvieron por debajo del promedio nacional en relación a los depositados (6.1%). El Frente consiguió entre los votantes mayorías abrumadoras, por otro lado (72.9% y 78.7%), dejando poco margen a los otros partidos.

En Cárdenas y San Juan del Sur participó en la votación el 87% de los inscritos. Los votos nulos en San Juan del Sur sólo fueron el 2.9% de los depositados; sin embargo, en Cárdenas llegaron al 8.1% (promedio nacional; 6.1%). En Cárdenas -con fuertes contingentes militares- el FSLN obtuvo el 90.8% de los votos depositados y en San Juan del Sur el 71.5%. En san Juan del Sur el PLI superó su medida nacional (9%), alcanzado un 13.3% de los votos depositados. En ambos lugares los conservadores estuvieron muy por debajo de su promedio nacional -13.2%-: obtuvieron 1.5% y 4.3% en Cárdenas y San Juan.

Finalmente nos quedan los 5 municipios de la Zona Especial III, (casi todo el departamento del Río San Juan, excepto el municipio de El Almendro, asimilado a la V Región). En ellos la participación resultó irregular: 64% en Morrito, 71% en San Miguelito, 74.8% en El Castillo, 78.9% en la cabecera, San Carlos, y 82.9% en San Juan del Norte (puesto militar). Los votos nulos no pasaron de 4.4%, excepto en San Miguelito (7.2%). El Frente tuvo resultados dispares. Mucho mayor votación que su promedio nacional de 62.9% en San Juan del Norte (98.6%) -puesto militar, en El Castillo (83%) y en San Carlos (81.4%). Más o menos su promedio nacional en San Miguelito (63.1%) y muy inferior a él en Morrito (50%). En Morrito el PCD obtuvo 20.2% de los votos depositados y el PLI 17.8%, y en San Miguelito el PCD también superó su promedio nacional, logrando un 17.1%.

Es evidente que el intenso cuidado puesto por el Gobierno de Reconstrucción Nacional en las zonas fronterizas pobladas (reforma agraria y protección armada de las cooperativas, alto grado de educación política, cuadros partidarios responsables e inteligentes, educación y salud popular, etc...) ha dado frutos notables. Pero las votaciones de los municipios fronterizos de Chinandega se explican también por la vigencia en ellos de una pastoral católica de liberación que ha hecho de los campesinos un verdadero bloque campesino de pueblo protagonista y activo y de líderes laicos profundamente responsables.

La labor de los religiosos dominicos ha hecho de fermento en esos pueblos tenaces y conscientes. Las atrocidades de la contrarrevolución explican también las reacciones de participación y de votación pro-FSLN en esos mismos municipios de Chinandega y en los de Río San Juan. Tal vez haya sido en Jalapa donde los resultados revelan más la capacidad del campesinado de evolucionar desde el conservatismo a una actitud revolucionaria; la atención social, la protección armada, el trabajo colectivo muy productivo y una pastoral eclesial de liberación son factores que han contribuido a este camino y lo han reforzado.

El voto en las reubicaciones fruto de la guerra

Es interesante analizar los resultados de las elecciones en aquellos lugares en que ha habido reubicaciones, algunas de ellas forzadas por efecto de la guerra. La más famosa entre todos es la de los mískitos, trasladados de Waspán y orillas del Río Coco (fronterizo con Honduras) a TASBA PRI, perteneciente hoy al municipio de Puerto Cabezas. Otro de los asentamientos de reubicación de los mískitos se encuentra en Wasminona (municipio de Rosita). Están también los asentamientos pro reubicación en el departamento sur-fronterizo del Río San Juan, y la famosa reubicación llevada a cabo en Jalapa (Nueva Segovia), municipio fronterizo que penetra en el vértice de su triángulo hacia Honduras.

En Tasba Pri participó en las elecciones un 88.2% de los 3.202 inscritos. Los votos nulos se mantuvieron menores que el promedio nacional del 6.1% de los depositados: fueron un 5.1%. El Frente obtuvo 2.018 votos (el 64.1% de los depositados, es decir algo más que su promedio nacional); el PCD consiguió un 21.8% de los votos, también más que su promedio del 13.2%; la tercera votación correspondió al PPSC -por debajo de su promedio nacional del 5.2%-: 4.3%; el PLI obtuvo un 2.5% de los votos. Los demás partidos -los de la extrema izquierda- juntaron un 2.2% de la votación. Así después de dos años y medio de reubicación, no puede explicarse como el voto, masivamente forzado por el temor, de una especie de "Gulag". La diversidad aparece más clara en el siguiente cuadro por Juntas Receptoras de Votos.

Cuadro 8


Otro de los asentamientos mískitos se ubicó en el municipio de Rosita. Se le conoce con el nombre de Wasminona. Tuvo 541 personas inscritas. De ellas votaron 461 (el 85.2%). El PCD obtuvo la primera pluralidad: 178 votos (38.6%). Le siguió el FSLN con 153 votos (33.2%). El PPSC obtuvo 36 votos (el 7.8%). El PLI 17 (el 3.7%). El MAP-ML 16 (el 3.5%). El Comunista 8 votos (1.7%) y el Socialista 6 votos (1.3%). Los nulos fueron 47 (el 6%). Demostración de más que los mískitos reasentados no votaron conforme a una única pauta.

En Jalapa* participó en la votación del 86.2% de los inscritos, y la cifra de nulos superó el promedio nacional del 6.1%: 7.2%. Por el Frente votaron el 71% de los votantes; por el PLI el 11.2%; por el PCD el 5.1%; por el PPSC el 1.9%; el 1.3% votó por el MAP-ML, el 1.2% por el Partido Comunista y el 1.1% por el Socialista.

En Río San Juan, se establecieron al menos cuatro asentamientos en el municipio de San Carlos (Santa Isabel, La Esperanza, Azucena y los Chiles); tres asentamientos en San Miguelito (Valencia, San Cristóbal y San Antonio) y uno en Morrito (El Oyate). Veamos un cuadro con los resultados:

Cuadro 9


A partir de estos datos se puede indicar que una cosa es analizar los desplazamientos y reubicaciones a corto plazo, cuando ocurren como efecto de la guerra, y otra diferente es analizarlos a mediano plazo a largo plazo, cuando han podido ser comparados con las circunstancias que obligaron a llevarlos a cabo.

El voto de la Costa Atlántica

La Región Especial I (Zelaya Norte) tuvo menor participación electoral que el promedio nacional. En el municipio de Puerto Cabezas dejó de votar por voluntad o imposibilidad el 30.8% de los inscritos. El voto nulo fue además más alto que el promedio nacional del 6.1%: 8.5%. En Puerto Cabezas el Frente tuvo casi un 10% menos de votos que su promedio nacional de 62.9%: el 54.4%. En cambio, el PCD subió bastante por encima de su promedio del 13.2%, alcanzando un 21.3%, el tercer lugar del PLI (7.7%) no llegó a su promedio nacional del 9%. Los municipios mineros tuvieron una participación irregular: muy alta la de Bonanza (89.6%) y Rosita (82.6%) y bastante menor que el promedio nacional la de Siuna (60%) y Siuna-Waslala (54.6%), explicándose estas dos últimas cifras por el acoso de la guerra.

Los porcentajes de votos nulos fueron de 4.8% en Bonanza, 5.5% en Siuna-Waslala, 7.1% en Siuna y 7.8% en Rosita. El Frente obtuvo mayorías por encima del 70% en todos ellos, también el PCD y el PLI obtuvieron resultados muy inferiores a sus promedios nacionales. No hay que olvidar que las nacionalizaciones de las minas, las pensiones a jubilados y los programas de salud estuvieron entre las primeras acciones revolucionarias del Gobierno de Reconstrucción nacional.

En la Región Especial II (Zelaya Sur), la participación llegó al 69.2% en Bluefields y al 67.7% en Corn Island, pero bajó al 43.9% en La Cruz del Río Grande. Los votos nulos fueron altos en Bluefields (12.3%) y Corn Island (9.8%) y mínimos en La Cruz de Río Grande (2.2%). El FSLN obtuvo una arrolladora mayoría absoluta inferior a su promedio nacional en Bluefields (56.4%) y sólo la primera pluralidad en Corn Island (46.2%). Así como en Bluefields el PLI estuvo por encima de su promedio nacional (15.1%)., en Corn Island fue el PCD el que lo superó con un 19%.

El voto multiétnico de la Costa Atlántica (mestizos, criollos, mískitos, ramas, sumus, caribes) reflejó, por tanto, los problemas que aquejan a la Costa Atlántica.

Mapa


Hemos visto algo del voto mískito en los asentamientos de Wasminona (donde perdió el FSLN) y de Tasba Pri (donde ganó). Veámoslo en otros lugares. En Tasba Ponie, por ejemplo (Zelaya Sur) ninguno de los 509 inscritos votó. En Sandy Bay (Zelaya Sur, hay otro Sandi Bay en Zelaya Norte) 465 inscritos, 115 no votaron y los 350 restantes votaron nulo. En Kukabila (Zelaya Sur), de 86 inscritos, 30 no votaron (el 35%), 16 lo hicieron por el PLI (28.5%), 11 por el FSLN (19.6%), 5 por el PSN (8.9%), 4 por el Partido Comunista, por el MAP-ML y por el PPSC (7.1%cada uno) y 3 por el PCD (5.3%). En Raituipura (Zelaya Sur), de los 329 inscritos, 142 no votaron (el 43.2%); de los 187 que votaron (el 56.8%), lo hicieron por el FSLN 122 (el 65.2%), 20 por el PCD (10.7%) y 14 por el PLI (7.5%). Finalmente, en Karawala (Zelaya Sur), de 425 inscritos, 355 (el 83%) votaron y los votos nulos fueron sólo el 2.5%. Por el FSLN votaron 247 (el 69.6%), 59 por el PCD (el 21.8%), 14 por el PLI (el 4.3%) y 12 por el PPSC (el 3.4%). Queda clara una vez más la diversidad de la conducta electoral, esta vez en el caso de los ciudadanos mískitos.

Los votos mískitos que hemos analizado corresponden a casi 6.000 ciudadanos, es decir a unos 10 o 11.000 habitantes. La población mískita de la Costa Atlántica y Jinotega se calculaba en 1981 en casi 67.000*, de los cuales de 10 a 15 mil huyeron a Honduras o Costa Rica y algunos centenares se encuentran en Managua. Los datos anteriores ofrecen, por tanto, sólo el inicio de un análisis del voto mískito en las elecciones de 1984, aquel inicio que se desprendía de la identificación de algunas juntas receptoras de votos como correspondientes a poblaciones mískitas.

Algunos casos históricos

Es importante señalar, al final de este análisis somero, algunos casos históricos. El municipio de Pantasma por ejemplo, en Jinotega, en el cual los miembros del FSLN y del Ejército Sandinista cometieron abusos gravísimos contra la población, por los cuales algunos de ellos fueron juzgados en el fuero militar y condenados a 30 años de prisión (la pena más alta en Nicaragua), parece haber respondido a estos hechos en las elecciones en forma activa, no sólo con un 56.1% de no votantes (en parte explicables por la guerra) sino otorgando al FSLN únicamente una pluralidad del 45.2% de los votos depositados. Los abusos, aun en los castigados, dejan su huella en un pueblo consciente.

En el otro extremo, el archipiélago de Solentiname, en el Lago Cocibolca, famoso por el experimento monástico-laical del P. Ernesto Cardenal, votó así en Noviembre de 1984: de 457 inscritos, 396 (el 86.7%) acudió a las urnas. Votos nulos hubo sólo 12 (el 3.5%). Por el FSLN votaron el 89% (353 de los votantes). 18 votantes lo hicieron por el PCD (el 4.5%), y 8 por el PLI (el 2.0%). El Partido Comunista obtuvo 4 votos (1%) y el MAP 1 voto (0.3%). Solentiname, después de haber sido arrasado por la guardia nacional en octubre de 1977, tras el ataque sandinista a San Carlos que partió del archipiélago, esta hoy rehabilitado y su artesanía ha sido reforzada industrialmente por una fábrica de muebles con alguna de la mejor maquinaria que hay en Nicaragua.

Los municipios de Tola y San Juan del Sur, teatro de la actividad pastoral del sacerdote Gaspar García Laviana, MSC (caído en combate en diciembre de 1978), participaron e la elecciones en un 86.3% y 86.7% de los inscritos respectivamente. Los votos nulos fueron el 5.4% y el 5.1% de los depositados. Por el FSLN votaron el 66.5% y el 71% de los votantes, superando su promedio nacional. En ambos municipios, el PLI, con mas del 13% de los votos, superó también su promedio nacional y quedó en segundo lugar.

El municipio de Masatepe en Masaya, fue la cuna de la ATC. El CPEA (Centro de Educación y Promoción Agraria) trabajó durante años en formar Delegados de la palabra, que luego sintieron la votación sindical agraria y política. Su participación en las elecciones fue del 78.8% de los inscritos. Los votos nulos llegaron a un 4.7%. El FSLN obtuvo el 64% de los votos depositados, porcentaje mayor que el promedio nacional del Frente (62.9%) y que en los departamentos de Masaya, Carazo y Granada sólo fue superado por la Conquista (64.6%) y Jinotepe (71.9%), ambos de Carazo.

En Las segovias de Sandino, y especialmente en la ciudad de Estelí, donde hubo 3 insurrecciones en el 78 y 79, el FSLN obtuvo mayorías, muchas veces superiores al 70% de los votos, reafirmandose así las raíces históricas lejanas y recientes del actual proceso revolucionario.

En cambio, el barrio indígena de Monimbó en la Ciudad de Masaya, famosos por su insurrección espontánea a comienzos de 1978, tras del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, no presenta hoy, según los resultados electorales ni la imagen de un mito sandinista ni el estereotipo de la desilusión de una revolución traicionada. En 14 juntas receptoras de votos había inscritos 6.325 ciudadanos. De ellos voto el 74.7% -la media nacional- (4.725). 294 votos fueron nulos (6.2% -más o menos el promedio nacional del 6.1%) Por el FSLN votó el 59.6% (2.815), algo menos que su promedio nacional (62.9%). Por el PCD votaron 717 votantes (el 15.2% -algo más que su promedio nacional del 13.2%). Por el PLI votó más o menos su promedio nacional, el 8.7% (411 votos). El PPSC mejoró sus votaciones promedio del 5.2% alcanzado con sus 343 votos un 7.3%. Los socialistas tuvieron 102 votos (el 2.1%), los comunistas 62 votos (1.3%) y el MAP-ML 34 votos (0.7%).

Conclusiones

Todo análisis de números electorales es tedioso. Sin embargo, es una manera de medir a la reacción de una población ante el modo como ha sido gobernada durante el período anterior al acontecimiento electoral. Nos pareció importante abordar este análisis a una escala minuciosa y detallada una vez que los resultados a disposición lo permitían. Se trata de contribuir a que el proceso electoral nicaragüense quede sometido a rigor de un análisis objetivo y se libere de la camisa de fuerza d los calificativos ideológicos con que la política exterior de la actual administración norteamericana intentó aprisionarlo en un espacio de irrelevancia. ¿Qué conclusiones creemos posibles a partir de ese esfuerzo de abordar realidades y no imágenes propagandísticas?.

En primer lugar, solamente quien acepte la apreciación de que la oposición política nicaragüense que determinó abstenerse de participar en las elecciones (la Coordinadora Democrática Nicaragüense) no se distingue notablemente en programas políticos de los conservadores y liberales independientes que si participaron, y nunca contó antes de estas elecciones con una medición objetiva de su fuerza, aceptara también que un análisis de las elecciones tiene sentido, a pesar de la abstención de esta fuerza opositora. En cambio, quienes postulen a la Coordinadora abstencionista como la fuerza mas poderosa en el espectro político de la oposición nicaragüense, pensaran que además de tedioso este análisis es inútil, porque se privó a los ciudadanos nicaragüenses de la opción electoral que habría podido de verdad contrarrestar con la opción que representaba el FSLN.

Naturalmente se trata de un postulado y, si su base quiere tener el valor racional, tendría que acreditarse. Para ello sería necesario poder probar que una parte mas importante del 29% de los ciudadanos que votaron en contra del FSLN y por partidos menos revolucionarios, habría votado por la coordinadora o por ella y, además, por algunas de las alternativas diversas al FSLN que se presentaron a las elecciones. Pero esta hipótesis implicaría que de una parte importante de los ciudadanos nicaragüenses desearía tener la oportunidad de imprimir un giro de regresión a la revolución nicaragüense. Una manera de haber dado a entender tal voluntad política habría sido por medio de una abstención o de un voto nulo bastante mayores de los que se produjeron.

Si una cuarta parte de los inscritos (381.455 personas) no se presentaron a votar y, algo mas de una vigésima parte de los votantes (71.209 personas) hicieron nulo, en el supuesto (improbable) de que toda la no participación y todos los votos nulos fueran votos de rechazo político al proceso electoral , es difícil calificar seriamente a más de 450.000 ciudadanos como nicaragüenses dotados de especial valentía política, tanto mas cuanto que los observadores extranjeros no detectaron coacción para votar ni temor por las consecuencias de no ejercer un derecho que no era obligatorio.

En segundo lugar, los resultados electorales no sirven para enjuiciar el ambiente democrático del proceso electoral. Esta constatado que este ambiente no fue perfecto. No lo podía ser en un país con las tradiciones políticas de Nicaragua, que favorecieron el autoritarismo durante la mayor parte de sus historia independiente, condición que una gran parte de los países latinoamericanos también ha padecido. Pero es un hecho que los observadores extranjeros tuvieron muy poco que objetar al desarrollo técnico del proceso electoral.

Y también, en su mayoría, se expresaron en el sentido de que la campaña electoral se tomó en serio y que fuera de algunas instancias de censura de prensa los incidentes anti-democráticos registrados no tuvieron ni la frecuencia ni la importancia como para influir restrictiva y decisivamente en las oportunidades políticas de los contendientes. Finalmente, las ventajas políticas del FSLN por haber sido partido en el poder durante los cinco años precedentes, por haber alcanzado una identificación privilegiada con el proceso revolucionario y sus instituciones, etc., tenían sus contraparte de desventaja política en que el país llegaba a las elecciones en guerra, con un servicio militar muy duro de aceptar por la población y con una situación económica gravemente deteriorada, todo lo cual podían adscribirlo los nicaragüenses a la cuenta negativa del FSLN.

En este contexto, y en tercer lugar, los resultados electorales demostraron notable variedad en la conducta política de los nicaragüenses. Se dieron grandes diferencias de participación en las urnas entre diversas zonas del país, y en las zonas en que hubo menor participación (Jinotega, Chontales, Zelaya Central y Boaco) las causas no pueden relacionarse únicamente con la mayor incidencia de la guerra, apenas presente en bastantes municipios de Boaco y Chontales. Tampoco faltaron diferencias notables entre las proporciones de votos nulos. Y es bien evidente que allá donde los conservadores recogieron votaciones menores el FSLN las obtuvo peores. Los distintos sectores del campo nicaragüense tuvieron conductas electorales muy diversas. Y también la región multiétnica de la Costa Atlántica manifestó una diversidad electoral nada despreciable. En los núcleos mas urbanos del país -mayoría de la población- el apoyo al FSLN fue mas compacto (fenómeno predecible por el carácter mas urbano de las insurrecciones revolucionarias que condujeron al triunfo del FSLN en 1979), sin que dejaran de registrar bastante alteraciones en al escala de ese apoyo.

En cuarto lugar, la variedad de la conducta electoral de los nicaragüenses no presenta incoherencias que internamente hagan los resultados poco creíbles. En las zonas de guerra hay tres regiones (la I, la II y la zona especial III) en donde la participación electoral fue elevada y el FSLN obtuvo fuertes mayorías, y hay otras dos regiones (la V y la VII) donde la participación fue baja y el FSLN obtuvo mayorías mucho menores y sufrió incluso algunas pérdidas. Las primeras han sido regiones de campesinado proletarizado, de programas agrícolas revolucionarias exitosos y de terrenos relativamente accesibles y capaces de ser protegidos por el ejército; en ellas la labor política de concientización ha sido llevado con cordura.

En las segundas, predomina el campesinado tradicional, los programas revolucionarios han resultado menos exitosos y el comercio ha sido perturbado gravemente por la guerra, los terrenos son montañosos, más extensos, de población más dispersa y menos aptos de ser protegidos y en algunos lugares se han dado abusos de poder. Incluso en la región I, municipios como Macuelizo, Mozonte, ciudad Antigua, Dipilto, San Fernando y Quilalí, se desvían de la pauta de alta participación y/o de la de votaciones muy favorable para el FSLN. En algunos de ellos existió una tradición de reclutamiento de parte de la guardia nacional en tiempos del somocismo; en otros también se habla de excesos y abusos de parte del ejército sandinista. Hay, por lo tanto, una explicación razonable, basada en la conciencia política de la población, para resultados dispares en zonas mas o menos golpeadas por al guerra.

En quinto lugar, de hecho, lo que ha vuelto posible un proceso electoral de la calidad ciudadana del que tuvo lugar en Nicaragua es, en gran parte, la preparación de la educación cívica, que comenzó desde le día siguiente de la revolución, con la Cruzada Nacional de Alfabetización. No existe en Nicaragua, después de cinco años de proceso revolucionario un pueblo sin un mínimo de capacidad política y sin abundantes experiencias de participación. Cobra sentido, una vez analizados los resultados electorales en su globalidad y en su detalle, la conclusión a la que han llegado tantos visitantes de regiones como el departamento de Estelí o la zona de jalapa, por ejemplo, quienes al ver miles de fusiles en manos de civiles, afirmaban: si el FSLN no aglutinara las aspiraciones nicaragüenses, hace tiempo que esas armas se habrían vuelto contra él.

En sexto lugar, las elecciones no son la única forma de participación política ciudadana. Por eso la legitimidad el actual gobierno nicaragüense se refuerza con ellas, pero no se agota en ellas.

El pueblo sintió legitimidad cuando parte de él tomo en sus manos la alfabetización de otros conciudadanos, cuando decenas de miles de ciudadanos hicieron posibles las jornadas de salud, cuando, hablando en general, no hay sensación de terror en la relación con la institución militar ni con la policía (en casi 6 años, no se registra en las ciudades nicaragüense un solo choque entre policía y contingentes masivos de población: un verdadero récord en América Latina), cuando los trabajadores discuten con los dirigentes políticos y los técnicos los programas económicos de austeridad y las condiciones de eficacia de trabajo, y cuando el pueblo ve que sus gobernantes siguen mezclándose con la gente en sitios turísticos comunes y en las fiestas populares. En las afirmaciones propagandísticas del totalitarismo del régimen actual hay un notable desconocimiento de la conciencia de dignidad que los nicaragüenses han adquirido y del respeto básico a ella que experimentan, en todo caso mucho mayor que en el pasado. Hay también ignorancia de la intuición que la mayoría de los nicaragüenses tiene de que sólo profundizando este proceso revolucionario se podrán consolidar estructuras de mayor justicia.

Finalmente, cuando hoy, desde el gobierno de Reagan, se reclama al gobierno nicaragüense la organización de nuevas elecciones verdaderamente democráticas, esto se puede hacer porque se esta acostumbrado a utilizar las elecciones -en el caso de El Salvador, por ejemplo- como una bandera política, un acontecimiento orquestado y recreado en las imágenes de la propaganda; no como un proceso que hay que analizar y explicar, porque en su complejidad se encuentra la voluntad política de un pueblo. Pedir nuevas elecciones hoy en Nicaragua es, a la luz de un análisis sobrio de sus resultados, la prueba de que la estrategia política de Reagan carece de respeto por la voluntad política del pueblo de Nicaragua.

No hay por que dudar del testimonio de un alto funcionario diplomático de los EU en Centroamérica, quien afirmo a la delegación de observadores de LASA -ya mencionada- que los Estados Unidos no están obligados a aplicar el mismo criterio de apreciación a las elecciones en El Salvador y en Nicaragua; la amenaza (de Nicaragua) a la seguridad de los EU... nos permite cambiar de medida.* La razón última, por tanto, en base a al cual las elecciones en Nicaragua no puede ser consideradas validas por el Gobierno de Reagan es su distorsionada concepción de lo que es una amenaza a la seguridad nacional de los EU. Nada tiene que ver con una análisis sereno y sobrio de las elecciones. Tal análisis no ofrece puntos de apoyo a la afirmación del Señor McFarlane, Consejero del Señor Reagan para Seguridad Nacional, de que los EU no ven la reanudación de las conversaciones de Manzanillo como solución porque el desacuerdo no es entre los EU y Nicaragua sino entre el gobierno sandinista y el pueblo de Nicaragua.

"Nuestra opinión -finalizan los observadores de LASA- es que el futuro de la libertad y la democracia en Nicaragua descansa en primera lugar en manos de los EU. Al igual que casi continuamente desde 1909, los EU permanecen como el principal creador de las opciones políticas de Nicaragua.

Hay etapas, a veces muy prolongadas, de la historia de los pueblos en que sus opciones políticas les son condicionadas desde poderes foráneos -coloniales o neo-coloniales- en forma casi determinante. Peor existen también horas históricas en que los pueblos están decididos a hacer valer el derecho a su autodeterminación y a configurar principalmente por si mismos su convivencia ciudadana, aunque no puedan dejar de tomar en cuenta con sensatez su ubicación geopolítica y el balance internacional de fuerzas.

Ni siquiera observadores norteamericanos bien intencionados pueden llegar a afirmar que en esta hora revolucionaria el pueblo nicaragüense en su mayoría esta decidido a ser el principal creador de las opciones políticas de Nicaragua. Así lo demostró en las pasadas elecciones, enterradas por el ciclón de la propaganda reaganiana, pero vivas en la conciencia política de este país y de América Latina. En el futuro, cuando las medidas económicas, tomadas para contrarrestar el deterioro de la economía a causa de la guerra, hayan dejado su huella; cuando la guerra haya sembrado los frutos de inhumanidad que siempre conlleva y el pueblo haya atravesado por esta dura prueba, el proceso revolucionario de Nicaragua y las aspiraciones de los nicaragüenses serán el reto que el FSLN y cualquier otra fuerza política tengan que afrontar. Las elecciones municipales que, conforme al acuerdo de octubre del 84 en al cumbre de Partidos Políticos, deberán celebrarse en el correr de estos dos años (85 y 86), constituirán otra instancia de medición de la voluntad popular frente a las opciones políticas partidarias en Nicaragua.

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