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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 44 | Febrero 1985
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Nicaragua

Un nuevo gobierno: diagnósticos autocríticos y programas

Al frente del nuevo gobierno está Daniel Ortega, quien coordinaba ya la Junta de Gobierno. Como vicepresidente está Sergio Ramírez, otro de los miembros de la Junta. También es el mismo el partido en el poder, el FSLN. Y es el mismo el programa de gobierno que se venía aplicando. Se trata, no obstante, de un gobierno nuevo, con la novedad de la legitimidad representativa que le otorgó el voto electoral.

Equipo Envío

"Este es un poder distinto, nuevo, original y revolucionario, que no tiene ninguna liga con el pasado. Este poder es soberano. Nuestro pueblo, a través de todos nosotros, sus representantes, decidirá con entera y absoluta libertad, el futuro de esta Revolución, mediante el modelo político que más convenga a sus intereses, a sus anhelos y a sus esperanzas. (Comandante Carlos Núñez, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, 9 enero)

"Hoy 10 de enero de 1985, nos toca asumir funciones como presidente de la República de Nicaragua. Decimos "nos toca", porque el Presidente es el pueblo que, al votar por su candidato del Frente Sandinista, estaba votando por sus propios intereses. Asumimos estas funciones como el compañero presidente de todos los nicaragüenses, sin distingos de colores políticos, pero sí con distingos de colores patrios..." (Comandante Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua, 10 enero)

Un nuevo comienzo

En Nicaragua, desde el 9 y 10 de enero de 1985, hay un nuevo gobierno. Todos lo reconocen así. En la recién pasada Asamblea Nacional de Sindicatos, los planteamientos de los trabajadores se dirigen "a la nueva administración". El Presidente de la Conferencia Episcopal, en conferencia de prensa, se refiere al diálogo de la Iglesia "con el nuevo gobierno". Algunos campesinos que viven montaña adentro de Matagalpa, reacciona a depositar confianza en ningún Estado y poco entusiastas con el Estado revolucionario, manifiestan expectativas ante "el nuevo gobierno". Más líricamente, escuchamos este comentario al regreso del acto de toma de posesión del nuevo Presidente: "Es algo para contarle a mis nietos... El comandante con su banda presidencial: ahí estaba naciendo de nuevo Nicaragua".

Al frente del nuevo gobierno está el Comandante Daniel Ortega, la misma persona que coordinaba la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. Y el vicepresidente, Sergio Ramírez, es otro de los miembros de aquella Junta. También es el mismo el partido en el poder, el FSLN. Y es el mismo el programa de liberación nacional, que ya venía aplicando y que ahora seguirá ejecutando el nuevo gobierno.

Se trata, no obstante, de un gobierno nuevo, con la novedad de la legitimidad representativa que le otorgó el voto electoral. A la legitimidad revolucionaria que le da el haber alcanzado el poder dirigiendo a un pueblo insurrecto se suma la legitimidad de haberse sometido, más de 5 años después, en circunstancias de guerra y escasez, a la arriesgada prueba del voto. Con su nueva legitimidad arranca el nuevo gobierno. Se inicia una nueva etapa en el proceso revolucionario. Es un nuevo comienzo.

Los anteriores condicionamientos positivos y negativos

El nuevo gobierno inicia su gestión con varios condicionamientos, positivos unos, negativos otros. Los positivos son probablemente algunos de los motivos que llevaron a al mayoría del pueblo nicaragüense a votar por el FSLN.

Podrían enumerarse, sintéticamente, así: nacionalismo digno frente a la imposición arrogante de Reagan; diplomacia ágil, siempre dispuesta a la negociación y al dialogo y cosechadora de importantes triunfos internacionales; contacto directo y continuo de los gobernantes con los reclamos del pueblo; respetuosa firmeza de la policía y bajos niveles de coacción; extensión masiva de la educación y mejoría masiva de la salud; lenguaje público en el que se dice la verdad sobre las dificultades del país y, no pocas veces, sobre los errores de los gobernantes; honestidad fundamental del equipo dirigente de gobierno; voz y participación en la creciente organización autónoma de los trabajadores;' voz y participación creciente de todos en la vida cotidiana; dos millones de manzanas de tierra entregadas a los campesinos en forma familiar o sobre todo cooperativa a través de la reforma agraria mantenimiento de más de 200 centros de educación privada, en su mayoría religiosos y de una universidad de inspiración cristiana; respeto básico a la religión de la mayoría del pueblo y a las confesiones minoritarias; presencia internacional, solidaria y sin imposiciones, en variados servios de asesoría y cooperación...

El nuevo gobierno arranca también con un condicionamiento, en sí mismo positivo, pero posiblemente insostenible a corto plazo: su audaz activismo revolucionario. En 5 años del gobierno de Nicaragua enfrentó innumerables y gigantescos desafíos: la redistribución de los bienes culturales, la construcción de un nuevo Estado, la diversificación del comercio exterior, la redistribución del acceso a la tierra, una ambiciosa inversión a largo plazo en proyectos de infraestructura y agroindustriales, el subsidio de los precios de los productos básicos de consumo, la defensa del país contra la agresión, el fomento de la nueva jerarquía de valores de sacrificio y generosidad colectivos, el proyecto electoral, y muy recientemente una amplia consulta sobre el proyecto de autonomía para la Costa Atlántica...

El nuevo gobierno arranca condicionado también pro sus propios errores, limitaciones e ingenuidades, que no ha ocultado. En las vísperas de la toma de posesión del nuevo Presidente, Sergio Ramírez se refirió, por ejemplo, al gigantismo del Estado:

"Creamos un aparato demasiado grande para las necesidades del país... Nos preparábamos quizás par aun proyecto más ambiciosos de transformación social y económica, sin parecer que la agresión iba a cortar esa posibilidad de desarrollo a corto plazo. No era un gobierno diseñado para soportar una agresión o hacerle frente a un bloqueo..."

El vicepresidente electo también reconoció el error de haber levantando la emergencia nacional en el primer semestre después del triunfo revolucionario, alucinado pro la normalidad de la ciudad capital.

Por otra parte, Rafael Córdoba Rivas, tercer miembro de la Junta de Gobierno, continuó haciendo autocrítica el día 9, el mismo día en que se instalaba la nueva Asamblea Nacional. Se refirió a la falta de cohesión entre los diversos organismos ministeriales y a la falta de rendimiento en el trabajo:

"Hay una serie de ministerios aquí, que son como una República... Tienen sus sistemas de televisión, su oficina de relaciones exteriores, tienen su flota de vehículos, hasta aviones y barcos. Ese es uno de los vicios que hay... Aquí falta una política de incitación al trabajo; el rendimiento humano está por el suelo, tanto en el gobierno central como en las dependencias, en las empresas fabriles y agrícolas..."

A estos límites y fallas se suman grandes problemas que aún no han empezado a resolverse. El 45% de la población de Managua trabaja en el comercio informal formando una interminable cadena en la que los intermediarios u especuladores obtiene grandes ganancias. Peor es una cadena cómoda. Y así, obreros industriales y campesinos abandonan a veces sus puestos de trabajo para alargar aún mas esa cadena, en la que consiguen ingresos equivalentes o mayores a los que obtienen con trabajos más duros.

También se suman a los condicionamientos, errores iniciales que fueron acumulando conflictos. Córdoba Rivas se refirió por ejemplo, a los problemas con la jerarquía católica, al tratamiento de caballo que, según él, se le dio desde el principio, sobre todo a Mons. Obando, aludiendo a un esfuerzo de acercamiento que faltó para hacer familiar a la jerarquía de la Iglesia el nuevo tipo de gobernantes que asumía en Nicaragua un nuevo tipo de poder, poco dado a "diplomacias" en el trato. Algo semejante ocurrió con el fuerte y frecuente desahogo retórico que se dio al principio en las referencias públicas a los Estados Unidos.

El nuevo gobierno arranca especialmente condicionado por la contradicción histórica entre el campo y la ciudad, más importante por el predominio que la población urbana tiene en Nicaragua sobre la población rural (53.8% en 1980), siendo este el mas alto porcentaje urbano en Centroamérica.

Largamente curtido en al guerrilla de montaña, el FSLN consiguió apoyos intensos pero distanciados geográficamente entre un campesinado que constituía un 32% de la población del país. La larga guerra de liberación nacional se precipitó tan sólo en un año y medio de agitación e insurrección urbanas. Después del triunfo, si bien algunas zonas rurales han sido símbolo de coherencia revolucionaria ("Jalapa es Nicaragua", se ha podido decir), las ciudades han sido en general al sede del mayor entusiasmo revolucionario, del más solido apoyo al proceso. Idiosincrasia urbana, con aires de progreso, e idiosincrasia campesina, con etiqueta de atraso, han estado en contradicción en la nueva Nicaragua. Las exigencias de los patrones urbanos de consumo han acaparado las pocas divisas procedentes de la exportación, retrasando así el mejoramiento de la infraestructura campesina y los incentivos a una producción de alimentos básicos que culminen en al autosuficiencia alimentaria que aún es lejana en Nicaragua.

En este condicionamiento básico está en juego la realidad de "la alianza obrero-campesina", más allá de consignas, propósitos y realidades ya logradas. Está en juego el contenido de igualitarismo que cualquier proceso revolucionario que se dé en América Latina debe tener como prioridad, pues la contradicción campo-ciudad es básica en todos nuestros países y en la igualación de las diferencias entre trabajadores del campo y trabajadores urbanos se juega su futuro cualquier revolución de este continente. Así como en el proyecto autonomista para la Costa Atlántica está en juego la igual dignidad de clases populares de diversas etnias.

El nuevo gobierno arranca, finalmente, con el tremendo condicionamiento negativo de la guerra de agresión norteamericana. Esta agresión es una barrera para el desarrollo del país y una hipoteca que pesa sobre las aspiraciones populares y los principios programáticos de una mayor justicia. Esta guerra supone el desvío de un 25% del presupuesto nacional estrictamente hacia la defensa y hasta un 40% si se contabilizan también gastos industriales, de transporte u construcciones militares, de carreteras y caminos de penetración, el montaje institucional desde cero del servicio militar, etc.

La guerra de agresión posibilita la voluntad de revancha de antiguos somocista y desvía hacia cauces injustificados de violencia el descontento y el desconcierto de ciertos sectores campesinos apartados y de comunidades étnicas con las que el país en su conjunto no logró antes conectarse geográfica, económica y culturalmente. Siendo en regiones cafetaleras (agroexportadoras) y productoras de alimentos básicos, en donde la guerra es más intensa, se exacerban las dificultades para una mejoría de los mecanismos que deben ligar complementariamente a la ciudad y al campo. Paradójicamente, sin embargo, la guerra hace pasar por un criterio de sacrifico el entusiasmo revolucionario de la población urbana, sobre todo en la de Managua. en el desafío de asumir los costos dolorosos de la guerra se establece un criterio de unidad nacional. De manera recíproca, el heroísmo y el diario aguante de muchos campesinos, defensores de cooperativas, de unidades estatales de producción y de haciendas de productores privados, no sólo se establecen como símbolo de que no hay tendencias conservadora insalvables en el campesinado sino que suponen el desafío de acelerar en el campo el proceso revolucionario. Vencer el condicionamiento dislocador de la guerra es, también desde el campo, criterio de unidad nacional.

Con todos estos condicionamientos, positivos y negativos, inicia su gestión el nuevo gobierno revolucionario. Es difícil precisar qué pesa más en la balanza.

Diagnóstico esencial: la herencia del dominio estadounidense
y el peso de la agresión estadounidense

Desde mediados de diciembre hasta mediados de enero, varias intervenciones de miembros de la Dirección Nacional del FSLN fueron indicando las preocupaciones fundamentales del gobierno revolucionario. En diagnósticos autocríticos y en líneas programáticas para 1985 se recogían esas preocupaciones en torno a la marcha del proceso revolucionario, necesitado de golpes de timón correctores del rumbo y de jerarquización de prioridades.

El mismo hecho de la continuidad del FSLN en el pode fue tenido en cuenta en estas declaraciones. No se trata de un cambio de programa, peor sí se insistió claramente en las limitaciones que enfrenta el gobierno para el cumplimiento del programa histórico del FSLN. como sucedió durante la campaña electoral, se han hecho muy pocas promesas de satisfacer las aspiraciones populares a corto plazo y se ha expresado claramente la convicción de que la mayoría del pueblo sabe interpretar esas limitaciones y está dispuesta a las cuotas de austeridad y de sangre necesarias para consolidar el proceso revolucionario. Así lo expresaba el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, Comandante Carlos Núñez, el 9 de enero:

"No hemos ocultado la situación aguda que padece la clase trabajadora, las limitaciones e insuficiencias para satisfacer las demandas del campo, los obstáculos para resolver las miserias de la herencia de entreguismo y explotación, las distorsiones de la economía, la necesidad de fortalecer la defensa nacional, los errores cometidos; y hemos ofrecido una economía de guerra que nos permita subsistir como una nación soberana, destinando los escasos recursos a los sectores productivos y a la línea del fuego. Hemos demandado sacrificio, combate, dignidad, honor, futuro. El pueblo ha respondido".

La línea propagandística del gobierno de Reagan repite incansablemente que las elecciones fueron una farsa y que este gobierno e nuevo sólo formalmente, porque en realidad no es sino "más de lo mismo": continuismo totalitario. El nuevo gobierno nicaragüense, claramente, esta ofreciendo mas de los mismo; mas sacrificio, mas esfuerzos, con el fin de asegurar un mejor futuro, una nación digna, organizada no desde la perspectiva de las necesidades de consumo de una élite sino desde las necesidades y el esfuerzo productivo de las clases populares.

En la interpretación del proceso nicaragüense, se enfrentan siempre, de fondo, dos visones divergentes. Los Estados Unidos interpretan el aire revolucionario que viene de Nicaragua desde la óptica de su confrontación con la URSS y así dan un peso irreal, por excesivo, a la oposición entre capitalismo y tendencias socialistas en Nicaragua. Nicaragua lee su propio proceso desde la óptica de su condición de neocolonia de los Estados Unidos durante más de un siglo y pone el acento primordial en la oposición entre liberación nacional y dominación imperialista. En su discurso de toma de posesión, el presidente Daniel Ortega recurrió a la historia para recordarlo:

"Las pesadillas siguen llegando a Nicaragua enviadas por los gobernantes norteamericanos, que no fueron capaces de propiciar la democracia en Nicaragua en más de un siglo de dominación en el que causaron ,más de cien mil víctimas con sus políticas neocolonialista."

El pasado 20 de diciembre, un misionero norteamericano lúcido, con 10 años de experiencia en Nicaragua, el nuevo obispo auxiliar de la Costa Atlántica, Mons. Pablo Schmitz, hablaba así de la persistencia de esta política"

"Ojalá que la Iglesia aquí en Nicaragua pueda tomar una posición en la que, por un lado, no pierda su credibilidad y, por otro, ayude a evitar una matanza entre los dos factores que están peleando: el imperialismo y el pueblo."

El primer diagnostico que realiza el nuevo gobierno hace necesariamente referencia a los Estados Unidos y, por esto tiene que tener en cuenta primordialmente el aspecto militar. Y esto, no porque Nicaragua intente exportar la revolución ni porque adopte una perspectiva militarista, sino porque se le esta imponiendo desde hace años una guerra de agresión. En su discurso de toma de posesión, el Presidente Ortega dio estos datos:

"El gobierno de Estados Unidos ha financiado con más de 100 millones de dólares la contrarrevolución; ésta ha causado en 4 años cerca de 8 mil víctimas, entre ellas 2677 muertos, * de los que 132 han sido niños menores de 12 años, 705 campesinos, 153 técnicos y profesionales y 48 mujeres. El dinero del pueblo norteamericano ha sido invertido para provocar pérdidas materiales a la economía del pueblo nicaragüense pro más de mil millones de dólares, al destruir los mercenarios centros de producción, escuelas, centros de salud, puentes, barcos pesqueros, depósitos de combustible, maquinaria y equipos de construcción..."

En el discurso de fin de año, el Presidente diagnosticó sin ingenuidades: "La agresión militar seguirá siendo en 1985 el principal factor que afecte la vida del país".

El 26 de diciembre el Ministro de Defensa, Comandante Humberto Ortega, analizó la marcha de la guerra. Se refirió a las etapas pro las que ha ido pasando la agresión: ataques-relámpago de bandas contrarrevolucionarias que huían por la frontera hondureña a sus campamentos-santuario en ese país; penetración de fuerzas de tarea asiladas; constitución de comandos regionales abastecidos en la noches desde le aire y dotados de equipos de comunicación muy avanzados, que permitieron a las FDN en el norte tácticas flexibles de dispersión-concentración y una mayor capacidad para permanecer en territorio nicaragüense sin tener que buscar refugio en Honduras. Sus dos estrategias fundamentales, en cualquiera de estas formas, les han sido siempre impedidas: la "liberación" del territorio nicaragüense con la toma de alguna ciudad importante y la unificación de las FDN en el norte con ARDE en el sur. Este último fracaso no sólo se debió a las divergencias ideológicas entre ambos grupos sino a los golpes estratégicos que el ejército de Nicaragua asestó a las fuerzas de Edén Pastora, en constante derrota después de su golpe -más espectacular que militar- de la toma de San Juan del Norte, un puerto inservible y abandonado desde hace décadas.**

Lo que no ha logrado aún el ejército, según el Comandante Ortega, ha sido "golpear a un plazo más corto a estas fuerzas". Es decir, desalojarlas del territorio nacional.

La táctica contrarrevolucionaria del terror -asesinatos, secuestros...-, casi exclusiva durante los años 82 y 83, fue complementándose con la de la "propaganda armada" -en la que instruye precisamente el Manual de la CIA-, con la que se busca persuadir y reclutar a campesinos. Con esta táctica, y con la mayor posibilidad de concentración -dispersión de fuerzas-, los contrarrevolucionarios actúan en este momento como contingentes guerrilleros. Se trata, naturalmente, de una guerrilla apoyada por un inagotable abastecimiento gratuito. Esto la convierte en una especie de guerrilla de lujo y hace dependiente su moral de lucha y la coherencia de sus tácticas de la continuidad de este abastecimiento. Después de muy recientes y fuertes golpes del ejército sandinista, los contrarrevolucionarios han vuelto a reforzar tácticas de terror, como arma desesperada.

En el análisis del Comandante Ortega se señaló que el minado de los puertos nicaragüenses demostró hasta donde está dispuesta a llegar la Administración Reagan en su apoyo colateral a la acción contrarrevolucionaria.

El Ministro de Defensa anunció que los esfuerzos contrarrevolucionarios se dirigieron, sobre todo, en los últimos meses de 1984 a impedir la recogida de la cosecha de café en la zona norte. Por primera vez los contrarrevolucionarios, para lograr este objetivo, atacaron haciendas privadas. El terror contra los cortadores voluntarios ha sido una de sus armas en esta etapa, en la que aún estamos. Se trata no sólo de cargar una de las fuentes de divisas básicas del país -el café- sino de mantener un acciona que dificulte el flujo de bienes y servicios hacia el campesinado norteño y aumente el descontento en este sector y sea a la vez eficaz como para convencer a los congresistas norteamericanos de que en Nicaragua existe una guerra civil y de que les corresponde ayudar a uno de los dos bandos en conflicto. Por otra parte, hay que tener en cuenta que para que la propaganda norteamericana resulta más vendible el argumento de peligro nicaragüense, con el cual se pueden seguir sosteniendo las maniobras militares en Nicaragua, que son las verdaderas fuentes de aprovisionamiento logístico y militar de los contrarrevolucionarios. La crisis de los Migs consigue mas que cualquier imagen de guerra civil en Nicaragua.

La paz: objetivo número uno para 1985

El 19 de julio de 1979, con el triunfo revolucionario "soñamos haber recuperado la paz... pero volvió la guerra... encubierta, escalonada, cínica, agresora,, descarada, una guerra de opresores", dijo el 9 de enero el Comandante Carlos Núñez la instalarse en la Asamblea Nacional.

El nuevo gobierno, no solo sueña -junto con todo el pueblo nicaragüense- en la paz. Su programa es trabajar arduamente por conseguir la paz. "La principal batalla que debe librarse es la batalla de la paz", proclamó el 10 de enero el nuevo Presidente.

Para librar esta batalla, el Ministro de Defensa anunció un incremento en la ofensiva del ejército sandinista para el comienzo de 1985, añadiendo con claridad que esto implicaba una profundización de la movilización masiva, es decir, una expansión y mejoramiento del servicio militar, la profundización de la retaguardia activa, de la defensa civil, de la vigilancia revolucionaria y de la atención priorizada a las víctimas de la guerra.

El Presidente ratificó el 31 de diciembre y el 10 de enero este programa, añadiendo otros puntos estratégicos en la lucha pro la paz. Comprometió públicamente su palabra de que Nicaragua jamás será un país agresor y rechazó la propaganda sobre una revolución sin fronteras fomentadora del armamentismo, presuntamente basada en la falta de democracia y que requeriría de un expansionismo nacionalista para compensar los descontentos internos. Reiteró además Daniel Ortega la disposición de Nicaragua de firmar el Acta de Contadora del 7 de septiembre de 1984.*** A la par que denunció las violaciones norteamericanas del derecho internacional en su trato con Nicaragua, manifestó que Nicaragua no es enemiga de los Estados Unidos y defiende el derecho a normalizar sus relaciones con dicha nación.

Recalcó que es en al Corte Internacional de Justicia de la Haya en donde Nicaragua ha presentado su denuncia, ateniéndose así a los canales abiertos por el derecho internacional. Apoyó firmemente las conversaciones de Manzanillo, como una magnífica oportunidad de ir sentando las bases para una negociación. Anunció una amnistía sin límites para los contrarrevolucionarios que depongan las armas -incluyendo a los cabecillas, excluidos en al amnistía de diciembre/83-. Recordó, finalmente, que sólo la lucha por un nuevo orden económico internacional puede hacer de la paz un acontecimiento que estructure la convivencia digna entre las naciones.

Interesa destacar que, mientras el gobierno de Reagan, desde mayo/81, cuando el entonces Subsecretario para América Latina, Thomas Enders, propuso sus condiciones humanas militantes e intervencionistas para una mejoría de relaciones con Nicaragua, ha mantenido total intransigencia en las conversaciones, el gobierno de Nicaragua no programa otra cosa que la continuidad de una serie de pasos ya dados para negociar esa difícil paz: apoyo a la negociación de Contadora, abstención de cualquier represalia contra los campamentos contrarrevolucionarios en Honduras y Costa Rica, sucesivas ampliaciones de la amnistía, continuación de los acuerdos previos al proceso electoral entre los partidos políticos, persistencia en favorecer las conversaciones de Manzanillo, abstención práctica de la adquisición de aviones capaces de cortar el abastecimiento a la contrarrevolución, creación de comisiones mixtas para intentar resolver cualquier incidente fronterizo con Honduras y Costa Rica, etc.

En el gobierno de los E.U. ha habido fijación en sus posturas e incluso entorpecimiento de los esfuerzos de Paz de Contadora y Manzanillo. En el gobierno nicaragüense, la flexibilidad y la creatividad han mostrado su voluntad de paz.

Diagnóstico económico: las causas de la crisis

El diagnóstico económico del nuevo gobierno es muy realista. Se señalan, ante todo, los enormes gastos de la defensa y las repercusiones de la agresión militar en la economía. Se añaden a la crisis nicaragüense los efectos de la persistente crisis económica internacional.****

El Presidente Ortega se refirió también a "los costos de la transición revolucionaria de la economía del somocismo a la construcción de una nueva economía revolucionaria". Se trata, sobre todo, de los costos sociales de la expansión de la educación y de la expansión y mejoría de la salud pública, del seguro social y de los subsidios a los costos de producción para que se frene los precios de la canasta básica y semibásica. Se trata también de los costos de inversiones a largo plazo (proyectos geotérmico, puerto de aguas profundas, proyecto conservero, lechero, de palma africana, proyecto azucarero agroindustrial...) Se trata, además, de los costos de importación para una agricultura que históricamente descuidó la producción de alimentos y no integró una agricultura que históricamente descuidó la producción de alimentos y no integró con la agroexportación una agroindustria complementaria.

En definitiva, se trata de una crisis no de crecimiento de la economía, pues en 1980, 1981, y 1983 la economía nicaragüense ha sido una de las pocas en América Latina con altas tasas de crecimiento. Se trata de una crisis financiera, de una crisis producida por el empuje -a veces anárquico- hacia cambios profundos y el desvío forzado de recursos hacia la defensa. En la actualidad ese empuje es realmente insostenible. Durante varios años consecutivos los productos de exportación nicaragüense han traído al país apenas $400 millones, mientras que las inversiones en proyectos a largo plazo, la defensa de la revolución, la extensión de los servicios sociales y culturales y los insumos importados para la producción requerían de mil millones de dólares. La brecha acumulada en estos años se ha ido haciendo enrome y no puede continuar ensanchándose. A esto se añade el déficit fiscal, a causa de la escasez, la especulación y el agotamiento de la política de subsidios a los bienes básicos de consumo. A este déficit contribuye también la baja de rendimiento en el sector productivo a consecuencia del abandono de este sector hacia el sector del comercio informal, más rentable para muchos por la especulación.

El activismo revolucionario, empeñado en una redistribución más justa del producto social y en la creación de una base firme para el desarrollo futuro, es uno de los dos factores de fondo de la crisis económica actual. Si a esto se añade que la revolución nicaragüense no ha querido realizar cambios sin tratar de suavizar los costos para todo sector importante de la población, el problema se hace más complejo. En esta voluntad de contar con todos y beneficiar a todos se jugaba precisamente la unidad nacional necesaria para enfrentar con éxito las presiones de los Estados Unidos.

En 1985, una economía dominada por la austeridad

En las palabras del Presidente Ortega se adivina que 1985 va a ser una año cualitativamente más duro que cualquiera de los dos anteriores. En cierto sentido, los Estados Unidos han logrado provocar en Nicaragua una contradicción entre las metas de justicia social y las de defensa del país.

Las prioridades anunciadas del presupuesto 85 son: "defensa, salud y atención social y subsidios a los damnificados que son víctimas directas de la agresión". No aparecen en estas prioridades ni la educación ni los subsidios a los costos de producción ni las inversiones a largo plazo, que han sido prioridades de todos los presupuestos anteriores. Este reordenamiento de las prioridades irá probablemente concretándose a lo largo del año en serios recortes a la inversión, a los subsidios y a la educación.

El Presidente Ortega anunció, a la vez, importantes complementos a estas líneas programáticas. Habrá un reajusta de salarios para los trabajadores productivos (de bienes materiales y culturales y de servicios fundamentales), que trate de compensar el inevitable salto en los precios que traerá el recorte de los subsidios. Habrá un congelamiento en la ampliación de servicios sociales en las ciudades para derivar al máximo de recursos hacia el campo, mientras se mantiene el avance de la reforma agraria y se incentiva a los productores eficientes con mejores precios, mejores bonos, emulaciones (recompensas materiales y morales), etc.

Se integrará una lucha más eficaz para reducir la competencia que en el mercado de trabajo representa el comercio informal contra el empleo productivo en la industria y en la agricultura. Para ello se ha creado un nuevo impuesto de renta presuntiva, a través del cual se complementa la deficiente declaración actual de renta o de ganancias estimando, según determinados criterios, una renta anual o de otro tipo de periodicidad. Dentro de este impuesto se incluyen también a profesionales liberales, los empleados de servicios hoteleros, bares o restaurantes, los pequeños mercaderes importadores (buhoneros se llaman en Nicaragua), los dueños de pequeños negocios y los que arriendan casas a diplomáticos. Las ganancias de estos sectores ha sido sorprendentes y han contribuido a la inflación y a la especulación.

Es evidente que el incremento de la reforma agraria va a restar aun más mano de obra a las tareas de la agricultura de exportación, que exige muchos obreros agrícolas. La elevación del salario rural para hacerlo competitivo con el urbano, la creación del impuesto sobre la renta estimada y la subida de los precios de fábrica de algunos productos básicos restarán atractivos al empleo en el sector informal y de servicios. Otros impuestos -sobre ganancia de capital, sobre constitución, disolución de sociedades y aumento de su capital- y la racionalización de los impuestos al consumo pueden contribuir significativamente a disminuir el déficit fiscal.

"Cada nicaragüense -dijo el Presidente Ortega- debe de estar consciente de la crítica situación que atravesamos, y si queremos paz y si anhelamos tranquilidad, todos debemos luchar por conquistarla." No cabe duda que el momento más grave para todo proceso revolucionario se presenta cuando los costos de una justicia estructural mayor empiezan a ser sentidos con desigual peso por los diversos sectores de la población. La oligarquía nicaragüense improductiva -el tradicional terrateniente rentista o ausentista- ya fue afectada con la reforma agraria. La burguesía productiva ya fue golpeada al perder acceso dominante al poder.

Los obreros industriales y agrícolas han alcanzado más poder y mayor seguridad en el acceso a los bienes básicos por su mejor organización y su mayor comprensión de la economía, pero han trabajado durante años con salarios congelados y aun reducidos, siendo así que ellos aportan los hombres sobre los que descansa el esfuerzo productivo del país. Los campesinos han sido beneficiarios de la reforma agraria, aunque aún no todos, pero no se han puesto suficientes energías para hacerles llegar los bienes conque el Estado puede apoyar la mejoría de su estilo de vida rural. Son, además, las víctimas más directas de la guerra, a través de las milicias de autodefensa que se constituyen en las cooperativas.

Los jóvenes de las ciudades en edad escolar y universitaria han aportado trabajo voluntario en educación, salud, agricultura y su gran cuota de sacrificio a través del servicio militar. Bastantes maestros y no pocos de los trabajadores del Estado han ido voluntariamente por turnos a los cortes de café y algodón y han recibido salarios bajos hasta 1984,cuando se dio el aumento de un 100% a los maestros y a los trabajadores de la salud. Es el sector informal, el inmenso sector del pequeño comercio y de la venta ambulante, y de la clase media profesional los que tendrán que sufrir costos este año.

Toda la lógica del programa económico del nuevo gobierno busca la defensa del salario real de los trabajadores productivos, con más disciplina, con más productividad; incentivos para los productores (la canalización de ) bienes y servicios p[ara los trabajadores productivos y la lucha contra los agiotistas y los especuladores. Así resumió el programa y su lógica el nuevo Presidente el 10 de enero. En ese propósito se expresa la voluntad de hacer valiosos y dignos de la vida y el trabajo en el campo, frenando la crisis, impidiendo que se agudice, es decir, tratando de detener la distorsión nacional que representa el gigantismo de Managua y su área metropolitana (31.6% de la población del país), que concentran el abastecimiento y lo canalizan de regreso costosamente hacia las regiones, inflando continuamente el sector improductivo de la economía. Montaña adentro de Matagalpa, donde también hay campesinado pro-revolucionario, el presidente de una cooperativa, un hombre maduro que conoció al Comandante Carlos Fonseca, comentaba el Primero de enero: "sabemos que no podemos recuperar toda la tierra que se nos quitó desde la colonia, pero tal vez pude crecer aún la Reforma Agraria. Entonces, y con la paz, podremos producir mejor".

El desafío, tanto en los reajustes financieros como en el frenazo a las tendencias migratorias que todas estas medidas representaran, está erizado de dificultades. Pero sin afrontarlo ahorra es imposible asegurar el fortalecimiento de la actual economía de guerra y el desarrollo a largo plazo.

Diagnóstico político: el peligro del paternalismo

El diagnóstico político lo inició el Comandante Henry Ruiz el 26 de diciembre:

"Los sandinistas reconocemos con honestidad y sin ambages, con humildad y valentía, que la administración y el ejercicio del poder no han sido nuestra mejor tarea. Ante el pueblo y de cara a él lo reconocemos".

Esta autocrítica sobre el ejercicio del poder, hecha pro el entonces Ministro de Planificación, fue ampliada y detallada por el Presidente electo en su saludo de fin de año. Daniel Ortega se refirió a la incoherencia en el uso de los mecanismos del poder para aplicar los programas económicos, para cohesionar la participación popular en las distintas tareas masivas, para crear una nueva identidad. Su análisis señalaba implícita o explícitamente la incoherencia en la agilidad de los procedimientos, en la eficiencia, en la productividad, en el sacrificio racional, en la sobriedad.

En todo esto se centró su autocrítica y su diagnóstico, partiendo naturalmente de la base de los logros revolucionarios y de las "irreparables lesiones" causadas al pueblo nicaragüense por la guerra de agresión, y teniendo en cuenta que, a pesar de todo, el pueblo reafirmó mayoritariamente el proyecto revolucionario de sociedad en las elecciones, dando con ello muestras del crecimiento y consolidación de la misma identidad nacional y de la misma voluntad de transformación radical del poder que lo llevó a participar masivamente en la insurrección.

El Presidente Ortega estaba señalando lo que ha sido tal vez la mayor deficiencia en el ejercicio del Poder, tanto desde el Estado como desde el pueblo organizado y desde cuadros del FSLN: la falta de proporción entre el alto grado de identidad política y el bajo nivel de articulación de los mecanismos económicos y administrativos.

El equipo de gobierno, los mejores cuadros partidarios, muchos trabajadores organizados, una proporción de jóvenes mucho más extensa que en otros países, y otros sectores de la población han sido capaces de heroísmo en el trabajo y en la defensa. Pero, al mismo tiempo, se han empantanado al tener que enfrentar las decisiones necesarias para que la economía iniciara caminos de transformación estructural. Es en estas indecisiones en donde más se ha manifestado la tenaz influencia del sistema capitalista, que oculta la explotación en la que se basa y crea aparentes necesidades.

Un nuevo programa con un gabinete reestructurado
y con mayor participación política

El programa político del nuevo gobierno se reconoce en el énfasis y en la reiteración con los que el Presidente Ortega señaló la necesidad de que el gobierno, el partido vencedor de las elecciones y le pueblo organizado ejerzan el poder con mucha mayor coherencia. No se puede estar claro o estar dudoso en las cumbres del poder y no debatir esas claridades o esos interrogantes en todos los aparatos del Estado, en todos los comités partidarios, en todos los organismos de masas. La relación entre escucha del pueblo y explicación popular de las decisiones políticas es aún deficiente y el pueblo fue a menudo incoherencia entre explicaciones y decisiones, entre decisiones y acción. Si esas deficiencias no se atacan -dijo el nuevo Presidente- llenos de buenas intenciones, podríamos pecar de demagogos y paternalistas. Y, por eso, el poder necesita articularse "desde el cuadro dirigente hasta el cuadro de base para vincular de manera efectiva el análisis brillante y la acción práctica".

Este programa se ha querido iniciar ya con la recomposición del Gabinete. Se ha creado el Ministerio de la Presidencia y en él es titular René Núñez, Secretario de la Dirección Nacional del FSLN, uniendo así la secretaria del partido con la coordinación del gabinete. Si a esta innovación se añade el hecho de que 7 de los 9 miembros de la Dirección Nacional del FSLN desempeñan servicios estatales (Presidencia de la República, 5 Ministerios, y Presidencia de la Asamblea Nacional) aparece clara la voluntad política del FSLN de hacer gobierno, cosa a la que todo partido triunfador en elecciones tiene derecho. en este esquema renovado la Dirección Nacional (del FSLN) está definiendo líneas". Así expresó el Presidente electo el 8 de enero el papel de liderazgo revolucionario del Frente.

Al mismo tiempo, el Ministerio de Planificación ha sido sustituido por una Secretaría de Planificación y Presupuesto, cuyo Secretario Ejecutivo formará parte de un Consejo de Planificación, que preside el Presidente de la República. En este Consejo se encuentran también el Vicepresidente de la República (encargado de coordinar el área de infraestructura), el nuevo Ministro de Cooperación Externa (encargado de coordinar el comercio exterior), el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria (coordinará las áreas de abastecimiento y trabajo), el Ministerio de Industria (coordinará minería y pesca) y el presidente del Banco Central (coordinará las finanzas). También participará en el Consejo el Ministro de la Presidencia, René Núñez, quien a su vez coordinará a todos los Ministros representantes del gobierno en las distintas regiones. Es evidente, pues, la determinación de tratar la política económica alrededor de la producción con mayor coherencia. La incorporación del Instituto de Recursos Naturales (IRENA) al Ministerio de la Reforma Agraria (MIDINRA) y del Instituto de Estadísticas y Censo (INEC) a la Secretaría de Planificación podría estar iniciando una tendencia a racionalizar la gran expansión del aparato estatal.

Finalmente, las decisiones ratificadas por el Presidente de la Asamblea Nacional de convocar a elecciones municipales y de elaborar la nueva Constitución de la República con una amplia consulta popular, y del Presidente de la República de cumplir con los importantes acuerdos de la Cumbre de Partidos Políticos de octubre, reafirmando la voluntad de pluralismo político, de democracia participativa y de unidad nacional. No parece aventurado prever que la oposición partidaria al FSLN -más de un tercio del total de los diputados- tendrá en la Asamblea Nacional un papel importante para definir el marco de esta unidad nacional. El carácter amplio, no exclusivamente partidario, de la representación mayoritaria del FSLN en la Asamblea contribuirá también a la complejidad del debate en ella.

La nueva beligerancia de los sindicatos, sobre todo de la central Sandinista de los Trabajadores (ATC), cuya última asamblea multiplicó el numero de delegados hasta llegar al millar y mantuvo un dialogo muy vivo con los dirigentes del FSLN y del gobierno, apuntan hacia un camino de maduración de la democracia participativa. Es innegable que el clamor de los trabajadores por reajustes salariales, porque vuelvan a fortalecerse los comisariatos en fábricas y centros de trabajo que aseguren el abastecimiento, su preocupación por la dura vida del campesinado, pro las fallas en la productividad y por la especulación, son aportes beligerantes que contribuirán a la implementación de una política económica más realista.

Este programa de mayor coherencia en el uso del poder, que intenta apuntalarlo mejor, va presidido por la voluntad de conseguir la paz. "Por la paz, todos contra la agresión", es la consigna del año 1985. En la construcción de la paz, se entrelazan los esfuerzos para vencer los dos grandes enemigos de Nicaragua: la guerra (desde la de "baja intensidad y bajo perfil", que parece predominar, hasta la invasión o el bombardeo siempre posibles) y el atenazamiento de la economía. Este último es objetivo y subproducto de la agresión, pero es también subproducto de incoherencias e ineficiencias en la administración institucional, en la organización misma de la producción, la distribución, el comercio exterior y el consumo. Mientras se intenta programar mayor coherencia para atinar en las decisiones económicas y administrativas, se experimenta en Nicaragua una actividad enérgicamente renovada para conquistar la paz por la defensa, la diplomacia, la mejor atención al campesinado y a las etnias y la solidaridad.

Diagnóstico cultural: el heroísmo en la vida diaria

En este reciente período de transición el gobierno abordo también un diagnóstico ideológico-cultural. El Presidente Ortega se refirió a los vicios que nos dejó el pasado y que aún no son erradicados de nuestro medio social y, al contrario, tienden a reproducirse. Mencionó algunos de estos vicios. El burocratismo, en el que se reproduce la creencia del poder dominante y jerarquizado de que la multiplicación de normas y reuniones racionaliza las energías humanas. En él pueden crecer la ineficiencia, los privilegios y el cansancio de la creatividad subutilizada. En él prolifera la vanidad del rango. Mencionó también la tendencia -sobre todo urbana- a tomar las cosas "al suave" -como se dice en Nicaragua-, y que no es más que una falta de disciplina, de trabajo cotidiano, de austeridad y de cuidado de los bienes públicos que puede degenerar en un egoísmo colectivos e irresponsable.

Los valores en que más insistió el nuevo Presidente fueron: "el interés de la patria, que debe guiar el espíritu verdadero de la unidad nacional, haciéndolo prevalecer sobre los intereses políticos". Los valores de la democracia participativa, de la dignidad nacional, del pluralismo político, de los derechos humanos y étnicos, del respeto a las creencias y prácticas religiosas del pueblo y, sobre todo, de la construcción de la paz y del trabajo productivo, fueron las metas culturales que trazó.

Desde que la fase final de la guerra se precipitó en 1977 hasta hoy los nicaragüenses nos hemos movido entre los extremos del derroche de heroísmo y el insuficiente esfuerzo cotidiano. El desafío por delante no es otro que el heroísmo de la cotidianidad, el reto de cargar superando el cansancio, con el diario dolor de los muertos, con los riesgos de la defensa armada y con la difícil austeridad de un camino hacia el desarrollo que implica la distribución equitativa del peso del trabajo y de los frutos de una mayor justicia, cuando, al parecer, falta tanto tiempo para que se pueda trabajar en paz. Frente a esto no cabe aducir que, en ese caso, es dudoso para qué sirve una revolución, porque después de la insurrección y el triunfo revolucionario en Nicaragua se vivió en paz y en reconstrucción pro más de dos años hasta que los E.U. intervinieron. Es verdad que sin guerra y sin "castigos" económicos, los cambios estructurales llevarían tiempo y encontrarían resistencias, pero tendrían oportunidades de intentarse a un ritmo constante mientras en el proceso se va propiciando la educación del hombre nuevo.

En este mismo terreno de la clarificación cultural del proceso, el Comandante Víctor Tirado, miembro de la Dirección Nacional del FSLN, al que corresponde la tarea de fomentar la participación popular organizada, habló el 16 de diciembre a los profesionales organizados del proceso:

"Lo novedoso y original de esta revolución consiste en que se unió al movimiento cristiano y al Frente Sandinista contra la dictadura y pro una nueva sociedad".

Es evidente que esta conjunción supone históricamente un importante cambio cultural. Los conflictos que se han producido entre parte de la jerarquía católica y algunos movimientos cristianos laicos con el FSLN y los interrogantes culturales que hoy se plantea un pueblo mayoritariamente cristiano, no hacen sino demostrar la realidad y el desafío de un ámbito tan trascendental como ése. La derrota del somocismo y el retroceso imperialista en Nicaragua fueron, antes que una simple victoria militar y política, el derrumbamiento de unos símbolos de poder y la siembra de nuevos valores culturales. Peor esto no significa que el nuevo poder y los nuevos valores surgidos de este derrumbamiento no estén hoy acosados por los restos atractivos de aquel mundo cultural que no se resigna a su derrota. La dialéctica entre una conciencia nueva de lo que puede llegar a ser realidad y una realidad que se va haciendo poco a poco nueva forma parte esencial del proceso revolucionario en Nicaragua.

Al programa revolucionario le falta aún encontrar canales pedagógicos que desmenucen con el pueblo los complejos detalles de las grandes verdades que el gobierno y el FSLN están acostumbrados a escuchar como clamores y a proclamar como consignas. Falta una política de explicación cotidiana, persistente, del por que de los caminos tortuosos y de las medidas drásticas. Sin este contacto con las masas no se tomo el poder popular revolucionario. Sin este contacto con las masas no se seguirá construyendo.

En los labios de algunos trabajadores nicaragüenses hay aun razones y valores que son producto de la dominación pasada y en las acciones de los nicaragüenses revolucionarios y de los organismos estatales -ministerios, ejército, partido- hay a veces incomprensión de este hecho real y desafiante. Los nicaragüenses cargamos con las lacras históricas, materiales y morales de varios regímenes y sistemas de dominación y explotación: el colonial, el señorial-latifundista y el capital dependiente. En la ciudad, todos ellos han creado necesidades y valores de enriquecimiento fácil, de burocratismo, de acomodo al consumo importado, de superioridad técnico-libresca. En el campo, el largo brazo del Estado no ha sido confiable para los campesinos a través de estos sistemas. El proceso revolucionario, en la medida en que convoca a la organización y participación responsable y en la medida en que articula una administración estatal respetuosa y servicial, puede ir contribuyendo a la superación de las lacras y a la potenciación de los valores que también se encuentran en la herencia cultural de Nicaragua. Llegar a formularlo jurídicamente con la originalidad de la Revolución será tarea de los nuevos legisladores al elaborar la nueva Constitución. Así el nuevo gobierno articulará a un pueblo hacia metas de desarrollo y dignidad en el mismo proceso de autoliberación que los nicaragüenses irán llevando a cabo.

El mismo Comandante Tirado indico que este país, con su estructura agrícola, con un enorme atraso, no puede plantearse un proyecto socialista y que mientras exista la guerra de agresión tenemos que pensar más en la sobrevivencia económica.

Y son estas frases tan realistas las que revelan al máximo condicionamiento de este nuevo gobierno, el máximo condicionamiento de la revolución en Nicaragua: el condicionamiento de la pobreza. Su marca, que es marca de muchos siglos y muchos sistemas de explotación, se nota en el campo y también en la ciudad. Se nota en la falta de técnicos, de cuadros, de ideólogos, de divulgadores. Se nota, sobre todo, ene la facilidad con que asalta al pueblo -a todos sus niveles- la tentación de arrimarse al poder y de no responsabilizarse del mismo. La revolución nicaragüense ha ido venciendo este condicionamiento sabiendo despertar, bajo la inspiración de Sandino, un fuerte anhelo de dignidad.

Y esta dignidad se ha expresado brillantemente en un heroísmo y en una poesía sorprendentes. El reto, como dijo el nuevo Presidente de la República, es que esa brillantez no se convierta en demagogia paternalista o en incapacidad de convertir las palabras en trabajo. Tanto en los valores cristianos como en los revolucionarios existen recursos para vivir heroicamente en lo cotidiano. Esto será lo que habrá que hacer en los próximos años, acompañando a las víctimas de la guerra, hablando todos y escuchando todos para que no haya nunca nadie más sin voz, construyendo entre todos la paz, aceptando entre todos -los dirigentes los primeros- la austeridad y el trabajo responsable, ejerciendo el poder como servicio y no como privilegio. Sobre estas bases, Nicaragua y su nuevo gobierno podrán reclamar la solidaridad internacional para que termine la guerra.

La campaña electoral mostró la capacidad del pueblo nicaragüense para discernir sus intereses colectivos en medio de la guerra, la escasez y un fuerte debate político. La guerra continua; su lógica siempre perturba la vida civil. Los ahogos económicos persisten; mucha gente se juega en la conducción nacional de la economía la vida decente o la insatisfacción vital básica; otros se juegan sólo la comodidad o la incomodidad. El debate político también continúa, porque el pueblo no sólo tiene opinión sobre las grandes opciones sino también sobre los mecanismo concretos para viabilizarlas y sobre los efectos inesperados de ambos.

El esfuerzo de todos, para que la guerra termine pronto y el proceso revolucionario gane la paz es el mayor desafío del futuro inmediato. Bastante será posible con esta victoria. La economía del futuro no tendrá futuro si no hay ímpetu para el trabajo o si se quiebra la capacidad de festejar la paz. La austeridad de la defensa y de la economía podrán ser sobrellevadas con cohesión si el poder es cada vez más participativo y a la par no le teme a las decisiones justas llevadas a la practica con firmeza y respeto.

A la política de decir la verdad le tiene que acompañar la política de practicar la verdad. Un Ministro del gabinete, ya hace varios meses, se dirigió a los trabajadores del ministerio después de una sesión de crítica colectiva. Les dijo que no podía haber "dos morales", una moral de sacrificio en las zonas de guerra y una moral de irresponsabilidad e ineficiencia en Managua. Verdaderamente Nicaragua hoy no puede ganar la paz ni sostener la defensa con dos morales. Ni ganar la economía ni sostener la austeridad con dos morales. Ni seguir construyendo una convivencia ciudadana participativa con dos morales. Cuanto menso existan esas dos morales, cuanta menor sea la distancia entre "análisis brillantes y actuación práctica" más se hundirán las posibilidades de la contrarrevolución, en el campo y en la ciudad, en el Pacífico y en el Atlántico. Más se hará realidad la semilla enterrada de los que dieron la vida. Así formuló su programa fundamental el Presidente Ortega el 10 de enero:

"(Seguir) siendo sangre ardiente de los que cayeron, para no desmayar en nuestros compromisos con los obreros, con los campesinos, con los productores, con los artesanos, con el pueblo trabajador".

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