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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 43 | Enero 1985
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Nicaragua

El desafío de la guerra encubierta

Managua y las ciudades del Pacífico de Nicaragua que no son escenario de la guerra, se fortalecen como retaguardia activa. Continúa fortaleciéndose el plan de defensa militar de la ciudad de Managua para enfrentar una intervención directa de Estados Unidos, posibilidad que no puede nunca descartarse.

Clemente Guido

En la mañana del martes cuatro de diciembre un camión en el que 33 cortadores voluntarios de café se trasladaban a una hacienda cafetalera de Nueva Segovia, fue emboscado por un grupo de 200 contrarrevolucionarios de la FDN. Muchos de los cortadores murieron inmediatamente a causa de los disparos y otros resultaron heridos. Jorge Luis Briones, uno de los sobrevivientes, que logró ocultarse entre los matorrales, resaltó unos días después cómo los contrarrevolucionarios se acercaron al camión averiado y hundieron sus bayonetas en el cuello de los heridos para rematarlos, y cómo después, prendieron fuego al vehículo, quemando vivos a los sobrevivientes. Entre ellos estaba una madre campesina con su hijo pequeño.

Cinco días después, en Estelí, otra emboscada contrarrevolucionaria obligó a una camioneta del Ministerio de la Reforma Agraria a detenerse en un camino desolado. En la camioneta iban el técnico Manuel Llames, su esposa y la empleada doméstica del matrimonio. Al ver acercarse a los contrarrevolucionarios, Llames dijo a las mujeres: "Seguramente a mí me van a asesinar. Si ustedes quieren salvar la vida, vos no digas que sos mi esposa ni vos que sos mi empleada. Digan que no me conocen y que yo les di "raíz". Así lo hicieron las dos, pero la empleada no pudo evitar lamentarse a gritos cuando vio como a Llames, antes de matarlo, le cortaban las muñecas, le sacaban los ojos y después lo degollaban . Sus gritos resultaron muy sospechosos para los atacantes, que la secuestraron llevándolas con ellos. Diez días mas tarde, en la zona atlántica de Nicaragua, una ambulancia de la Cruz Roja fue atacada por las fuerzas de la FDN, resultando muerta una paciente y heridos cuatro socorristas. Los casos podrían multiplicarse. Diariamente hechos como éstos suceden en Nicaragua. Diariamente los contrarrevolucionarios atentan contra la vida de civiles en una guerra encubierta, de agresión y de desgaste, que en 1985 entra ya en su cuarto año.

Etapas de la guerra encubierta contra Nicaragua

Según datos del Ministerio de Defensa, tan sólo en las dos primeras semanas de diciembre, 72 civiles, casi todos vinculados a la tarea de la recolección del café, fueron asesinados pro fuerzas contrarrevolucionarias. A lo largo de 1984 las bajas civiles llegaron casi a mil. Algunas de ellas fueron niños menores de 12 años. En total, 134 niños han sido asesinados por la contrarrevolución desde que en 1982 se inició la "guerra encubierta" y, según cálculos preliminares del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social y Bienestar Social (INSSBI), alrededor de 5 mil niños han quedado huérfanos como resultado de esta guerra de agresión.

Las pérdidas en vida han sido muchas y ha sido grande la destrucción de bienes materiales. Sin embargo, los objetivos estratégicos de los dos grupos contrarrevolucionarios, FDN y ARDE, no se cumplieron en 1984.

Tras los fallidos intentos de la ofensiva contrarrevolucionaria de noviembre y diciembre de 1983, el primer trimestre de 1984 se caracterizó entre estas fuerzas por un despliegue de esfuerzos organizativos, manteniendo al mismo tiempo cierto nivel de operaciones militares. Según los planes contrarrevolucionarios, el segundo trimestre del 84 debería caracterizarse por un incremento de las actividades armadas, que irían creciendo hasta culminar en julio con un golpe espectacular que incidiera propagandísticamente en las celebraciones del V Aniversario de la Revolución y en las inscripciones de ciudadanos para las elecciones de noviembre, realizadas a finales de ese mismo mes de julio. Según estos planes, en los tres meses posteriores -agosto a octubre- el objetivo básico sería el de entorpecer la campaña electoral y, en caso de no lograr retrasar o impedir las elecciones, se planificaban operaciones importantes en torno a la fecha electoral del 4 de noviembre.

A la par que incidir negativamente en el proceso electoral, todas estas acciones militares continuarían, naturalmente, deteriorando la economía nicaragüense. El plan militar se completaba también en diversas formas de boicot político a las elecciones a través de los partidos políticos nicaragüenses de posiciones pro-norteamericanas y a través de la búsqueda, por parte de la Administración Reagan, del aislamiento diplomático de Nicaragua en caso de que no hubiera aceptado la firma de la propuesta final que en septiembre el Grupo Contadora hizo a las naciones centroamericanas.

De haber tenido éxito estos planes específicos, el proceso electoral se hubiera frustrado, el proceso revolucionario no habría logrado su legitimación nacional e internacional a través de las votaciones y los daños económicos habrían superado cualitativamente los actuales, con el consiguiente descenso en el nivel de vida de la población, creándose así las condiciones internas para una eventual intervención directa contra Nicaragua o un eventual doblegamiento político de la revolución tras la reelección de Ronald Reagan.

Para conseguir sus propósitos en 1984, el equipo militar que desde Estados Unidos dirige la "guerra encubierta" buscó unificar orgánicamente las fuerzas contrarrevolucionarias de la FDN y ARDE. Al no avenirse Edén Pastora a los términos en que tal unidad se planteaba se produjo la división en ARDE y la FDN trató de abrir un frente de guerra estable en la zona de operaciones de Pastora (sureste de Nicaragua) fortaleciéndose con otro frente en el suroeste.

Mientras tanto, Pastora sufrió un atentado, sus fuerzas se debilitaron con una importante ofensiva sandinista, disminuyó la ayuda que la CIA daba a su grupo y sus posición se hizo cada vez más incompatible con las posiciones de las dos principales fuerzas de la contrarrevolución, FDN y el resto de ARDE, buscó un diálogo con el gobierno sandinista. Con este último acontecimiento y aun cuando MISURASATA, el grupo de Rivera, no ha depuesto aun las armas, el panorama militar contrarrevolucionario pasó a lo largo de 1984 a ser dominado en exclusiva por los nombres y las estrategias de la FDN. La crisis en ARDE y el fracaso unificador, obliga desde entonces a los líderes somocistas de la Fuerza Democrática Nicaragüense a dislocar parte de sus fuerzas hacia el sur para conformar nuevos frentes de guerra en territorios costarricense.

El mayor número de hombres y las actividades principales de la FDN han continuado y continuarán movilizándose y desarrollándose, de todos modos, en el norte montañoso de Nicaragua. La dirección norteamericana de la guerra encubierta implemento cambios cualitativos en la organización de las fuerzas de la FDN, en busca de los objetivos diseñados para 1984, creando así los comandos regionales forma superior de organización militar con la que se logra una dirección orgánica regional de las anteriores fuerzas de tarea, que actuaban hasta entonces independientemente. Con los comandos se esperaba conseguir una mayor operatividad militar, permitiendo este modelo la concentración y la dispersión de las fuerzas en función de planes específicos. Paralelamente, se buscó perfeccionar los sistemas logísticos, especialmente el sistema de radiocomunicaciones y el abastecimiento de alimentos y equipo militar de los grupos contrarrevolucionarios. Estos planes se redondeaban con la captación de una base social campesina en poblaciones remotas del norte del país buscando con esto consolidar asentamientos territoriales en el interior de Nicaragua que fueran complementarios de las bases de retaguardia ya establecidas en Honduras.

Con la perspectiva del tiempo transcurrido desde que se iniciaron estos cambios, los hechos muestran que con el salto organizativo gestado en el primer trimestre de 1984 y que se ha ido desarrollando a lo largo del año pasado no se lograron los objetivos militares ni en julio -V Aniversario e inscripciones- ni durante la campaña electoral y las votaciones. La pretendida toma de Estelí y de otros lugares claves de Nueva Segovia en la Región I resultó un fracaso. Fracasó también la toma de poblados importantes en Matagalpa y Jinotega en la Región VI. Fracasaron tanto el control de la carretera al Rama y a Río Escondido, principal vía de acceso terrestre a la zona atlántica como la toma de centros en el sur, como San Carlos, desde los nuevos frentes abiertos en Costa Rica. Esta suma de fracasos hizo el proceso electoral se desarrollara con normalidad y con éxito.

En buena parte, la desarticulación sustancial de estos y otros planes se consiguió, según fuentes del Ministerio de Defensa, en los 1.500 encuentros armados de diversa índole que se desarrollaron en 1984 entre las fuerzas contrarrevolucionarios y el ejército de Nicaragua. En los cuatro combates diarios que se produjeron como promedio en este año, y según las mismas fuentes, resultaron muertos unos 3 mil contrarrevolucionarios y mil combatientes sandinistas.

Pero si es evidente que los agentes de la "guerra encubierta" no alcanzaran sus objetivos, esto no ha significado ni el fin ni el descenso de las actividades contrarrevolucionarias. A partir de septiembre, mes en el que los mandos contrarrevolucionarios advirtieron que no podría cumplir sus planes de gran envergadura, comenzaron a adaptar sus tácticas a la lucha de tipo irregular, evitando enfrentamientos directos con el ejército sandinista e incrementando los ataques de tipo guerrillero. De esta forma lograron abarcar una mayor extensión en sus actividades dentro del territorio nacional a la par que buscaban consolidar una retaguardia interna en regiones montañosas de Jinotega y Matagalpa. El 26 de diciembre el Ministro de Defensa de Nicaragua, Comandante Humberto Ortega, calculaba en 8 mil el número de contrarrevolucionarios que operan en el interior del país. Tras las elecciones, su objetivo central es impedir la recolección de la cosecha de café y afectar al máximo la vida económica de las regiones en donde opera. (En 1984 los contrarrevolucionarios causaron daños materiales por 254.9 millones de dólares, lo que equivale a un 70% de lo que Nicaragua obtiene por sus exportaciones básicas).

La evolución que ha tenido la "guerra encubierta" y su lógica interna, indican que los tácticas guerrilleras serán la principal forma de lucha que adoptará la FDN a lo largo de 1985. con esto no se descarta que las fuerzas intenten eventuales reagrupaciones, posibles gracias a su buen sistema de radiocomunicaciones, para intentar lanzarse sobre objetivos mayores. El Ejército Popular Sandinista, por su parte, está en proceso de adaptación para enfrentar esta táctica guerrillera de la contrarrevolución. Para ello actualiza nuevas tácticas y operativas de combate, incorpora a nuevos combatientes para mantener proporciones adecuadas y favorables frente al número de contrarrevolucionarios y fortalece el papel de retaguardia activa de la población civil en las regiones no afectadas por la guerra.

Un aspecto especialmente importante en la actual guerra, generalmente distorsionado en la propaganda internacional, es el que se refiera a la fuerza aérea del ejército sandinista. Es evidente que la fuente fundamental de abastecimiento para la FDN proviene de los países vecinos, sobre todo de Honduras, vía aérea. Aun cuando no hubieran sido detectados abundantemente estos vuelos de abastecimiento bastaría recordar para probar que ésta tiene que ser al fuente, el hecho de que los contrarrevolucionarios no han sido capaces nunca de atacar puntos militares importantes en los que autoabastecerse de pertrechos bélicos, sustraídos al ejército sandinista. En 1984 el ejército de Nicaragua detectó 1326 actividades aéreas extranjeras sobre territorio nacional. (En 1983 habían sido 620). De estas 1326 actividades aéreas extranjeras sobre territorio nacional, 480 fueron realizadas por aparatos estadounidenses. (En 1983 habían sido 200). La mayoría de estas actividades violatorias tienen como objetivo el abastecimiento de los contrarrevolucionarios, a la par que el facilitarles información que les garantice eficacia en sus desplazamientos.

Es en este contexto de continuas violaciones del espacio aéreo de Nicaragua de obtener medios aéreos que impidan la circulación de estos aviones y de fortalecer otros medios de defensa antiaéreo. Es también en este contexto en el que hay que interpretar los intentos de la Administración Reagan de impedir este fortalecimiento aéreo alegando falsedades como la de Nicaragua intenta con estos medios invadir a sus vecino o que estos medios suponen un peligro para la seguridad norteamericana. Pese a todo, Nicaragua ha reforzado ya su fuerza aérea con modernos helicópteros, eficaces especialmente en las formas irregulares de lucha antiguerrillera.

Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicas de Londres las fuerzas aliadas de Estados Unidos en Centroamérica -excluyendo a Panamá- superan por más de 9 a 1 el poderío aéreo de Nicaragua. Según esta fuente, Nicaragua tiene 12 aviones de combate y los otros países 105 en total (59 El Salvador, 16 Guatemala y 30 Honduras). Impedir el reforzamiento de la fuerza aérea de Nicaragua, con presiones o con falsas acusaciones, no tiene otro objetivo que el de evitar el golpe estratégico que nuevos y adecuados aparatos darían a la contrarrevolución y a los planes de la Administración Reagan.

Las maniobras militares: apoyo básico a la guerra encubierta

Para sostener la "guerra encubierta" contra Nicaragua, el Congreso de Estados Unidos ha aprobado hasta el momento la entrega a los grupos contrarrevolucionarios de casi 100 millones de dólares a lo largo de 3 años. En junio de 1984 este suministro de dinero se suspendió temporalmente. El próximo marzo el nuevo Congreso de los Estados Unidos volverá a discutir abiertamente la continuación del financiamiento de esta guerra encubierta. Pero, a pesar de que desde hace meses el dinero norteamericano no fluye a la contrarrevolución, la guerra de agresión no ha cesado.

Si se calcula en 12 mil el número total de contrarrevolucionarios que operan dentro de Nicaragua o que actúan como fuerzas de recambio den países vecinos, y asignamos un promedio de 500 dólares mensuales a cada uno de ellos, tan sólo en un año y sólo en concepto de "salarios" se habrían gastado 72 millones de dólares. Aun cuando este cálculo no tiene ninguna pretensión de exactitud, sí muestra que los fondos aprobados oficialmente por el Congreso en los distintos debates ya celebrados sobre este asunto resultan irrisorios en relación a un cálculo aproximado de los gastos reales de una guerra como la actual, que incluye no sólo "salarios" sino armamento sofisticado, equipos de comunicación, apoyo aéreo y marítimo, centros de entrenamientos, etc.

Según los líderes contrarrevolucionarios, al cortarse en junio de 1984 el apoyo financiero del gobierno norteamericano, diversos organismos privados les habían facilitado en concepto de donaciones 5 millones de dólares. Aun haciendo a un lado el dato facilitado por la prensa norteamericana que ha vinculado a la CIA y a entidades intermedias a ella ligadas gran parte de esa ayuda "privada" y aun aceptando -porque creemos que es un dato cierto- que esa ayuda privado ha aumentado ante las dificultades que ha ido poniendo una parte del Congreso a la continuación del financiamiento de la guerra, la distancia entre los fondos declarados públicamente y los fondos reales necesarios para esta guerra insalvable. Quién cubre las diferencias? Qué cantidades está proporcionando realmente la CIA? Juega Israel algún papel?.

Las maniobras militares de Estados Unidos en la región centroamericana,. especialmente las que se realiza en Honduras son, en cualquier caso, uno de los medios para salvar esta diferencia. Estas maniobras dirigidas por el Pentágono y apoyadas por sus gigantescos presupuestos, no son controladas por el poder legislativo norteamericano ni sometidas a la presión de la opinión pública estadounidense. En el supuesto de que el Congreso deseara modificar la estructura esencial que ha ido adoptando la "guerra encubierta", debería atreverse a invocar la Ley de Poderes de Guerra. El grado de libertad que proporcionan las maniobras, por su bajo costo político y por sus obvias posibilidades de sostener y de fortalecer la "guerra encubierta", las hacen especialmente aptas como camino a seguir para cumplir con el diseño bélico de la Administración Reagan en la región.

Las maniobras refuerzan el peso específico de los Estados Unidos en los países en donde se realizan y entre los ejércitos con los que las desarrollan en conjunto. Pese a la actual renegociación de los convenios militares hondureño-norteamericanos, la Administración Reagan realizó en Honduras en 1984 las maniobras Pino Grande II, Granadero I, los ejercicios Kid Ponch, Kiss World I, Ojo Azul, la Operación Grillo, etc. En diciembre de 1984 continuaban desarrollándose las maniobras Guardianes del Rey III en el Golfo de Fonseca (Pacífico) y en territorio miskito de Honduras (Atlántico). De enero a marzo de 1985 se llevaran a cabo las maniobras Pino Grande III, mientras se preparan ya las Granadero II. Todas ellas se insertan en un conjunto más amplio de maniobras en toda la región, que obviamente rebasan los objetivos específicos y directos de Estados Unidos sobre Nicaragua.

En cualquier caso, las maniobras representan un apoyo sustancial a la guerra encubierta (entrenamientos adicionales, entrega de armas, construcción de infraestructura: carreteras, pistas y bases, etc.). Esto no significa que la decisión que tome el Congreso norteamericano el próximo mes de marzo carezca de importancia, pero ayuda a ubicarla mejor en su verdadera dimensión, a la vez que plantea una pregunta de fondo: por qué el Congreso no debate los costos reales de esta guerra?.

Mientras Honduras -pese a los más recientes problemas internos con los grupos contrarrevolucionarios- sirve a este proyecto, Costa Rica, acosada económicamente por el FMI, mantiene también unidades del ejército norteamericano en su territorio. En ese país se están ampliando aeropuertos como los de Upala, Alajuela y Guanacaste, se están ampliando carreteras que representan objetivos militares en un eventual ataque a Nicaragua y se están haciendo mejoras navales en el puerto de Puntarenas, cercano a Nicaragua, en el Pacífico.

Los miembros del ejército norteamericano participan, a través de la maniobras regionales y de otras actividades complementarias, en la guerra encubierta. Algunos ya han muerto ejecutando operaciones especiales. Su involucramiento es creciente. Desde esta perspectiva es comprensible que uno de los puntos más importantes que Honduras, El Salvador y Costa Rica, apoyados por Estados Unidos, han pedido que se modifique en el Acta de Contadora del 7 de septiembre es el de que las maniobras militares internacionales no sean prohibidas en el área.

Consolidación interna del proceso revolucionario: respuesta al desafío de la guerra encubierta

Desde la perspectiva de la Administración norteamericana, la continuación o el incremento de la agresión militar contra Nicaragua cuanto la situación política interna del país se ha fortalecido después de las elecciones.

Los siete partidos que concurrieron a las elecciones del 4 de noviembre han dedicado buena parte del mes de diciembre a prepararse para los debates que se entablarán en la Asamblea Nacional que se instala el 9 de enero. El Partido Liberal Independiente, que tenía un conflicto intento sobre su participación en dicha Asamblea, decidió el 6 de enero ocupar los 9 escaños que le correspondieron en las pasadas elecciones.

La actividad central de la Asamblea Nacional en los próximos dos años será la redacción de la Constitución política de la nueva Nicaragua. En la Asamblea, el FSLN cuenta con la mayoría absoluta (61 de los 96 escaños), pero no con los dos tercios, lo cual le obligará -en aquellas votaciones que lo precisen- a negociar alianzas con los partidos opositores. Este futuro debate pluralista fortalecerá sin duda, la unidad nacional ante la agresión. Pese a las grandes diferencias entre los 7 partidos representados en la Asamblea, el rechazo a la agresión contra Nicaragua y el propósito de cerrar filas ante ella es un denominado común de todos.

Mientras esta unidad nacional pluralista se consolida, la Coordinadora Democrática Nicaragüense, que se abstuvo de participar en las elecciones, sufre importantes crisis. Su opción abstencionista le ha cerrado cada vez más el espacio político interno. No tienen diputados en la Asamblea, no han renovado sus estructuras ni sus bases después de las elecciones, no lograron incidir en la población desde sus planteamientos abstencionistas y deslegitimadoras de las elecciones, etc. A la difícil búsqueda de algún espacio político interno se contrapone otra vía: el autoexilio, que permita atacar políticamente a la revolución usando los espacios internacionales, más fáciles de ocupar. Es el camino que eligió este mes Pedro Joaquín Chamorro Barrios, co-director del diario "La Prensa". En la búsqueda de espacios internos permanece el Partido Social Cristiano, el más afectado por la abstención de la Coordinadora, que por medio de campañas cívicas buscará incidir desde fuera en los trabajos de la Asamblea y que reestructura actualmente su partido con el objetivo de participar en las próximas elecciones municipales que tendrán lugar tras la redacción de la Constitución.

En este momento de fortalecimiento político del proceso revolucionario, el gobierno sandinista inició este mes un diálogo con la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Ambas partes calificaron la iniciativa de provechosa y nombraron comisiones para continuarlo de modo sistemático después que el nuevo gobierno inicie su mandato el 10 de enero.

Por otra parte, continúa desarrollándose el proyecto de estatuto de autonomía para el pueblo mískito. Actualmente este proyecto está siendo discutido en la Costa Atlántica entre los diversos grupos que estarán implicados en esta audaz iniciativa.

En el proceso de distensión en la zona atlántica hay que incluir el diálogo del gobierno de Nicaragua con Brooklyn Rivera, que continuó desarrollándose este mes. Aunque no se llegó a ningún acuerdo de cese al fuego -resultando incluso herido Rivera durante un enfrentamiento cuando se encontraba visitando a un grupo mískito alzado en armas-, el diálogo iniciado en octubre tiene perspectivas de llegar a acuerdos básicos en los próximos meses.

Fortalecida la unidad nacional dentro del pluralismo en el campo político partidista y estando en marcha dos importantes iniciativas de diálogo (con la Iglesia y con el pueblo mískito), el gobierno de Nicaragua busca consolidar a lo largo de este año una economía de defensa. Importantes pasos han comenzado ya a anunciarse, aun en forma genérica, para lograr este objetivo. Con estas medidas se enfrentará la importante crisis económica provocada por la guerra contrarrevolucionaria, los costos de la transición hacia una nueva economía, la crisis económica internacional y también las limitaciones y errores del gobierno sandinista en estos cinco años.

Mientras se consolida la unidad política pluralista y se inician los debates que darán forma a la nueva constitución, mientras se empiezan a implementar medidas que permitan sortear los costos económicos de la agresión, las fuerzas armadas sandinistas, tras frustra los objetivos estratégicos de la contrarrevolución en 1984, se adaptan ahora aceleradamente a una nueva forma de lucha. De este modo la nación entera desafía la continuación de la guerra contrarrevolucionaria, que podría prolongarse por varios años más.

Managua y las restantes ciudades del Pacífico de Nicaragua que no son escenario de la guerra, se fortalecen como retaguardia activa. Para ello continúa fortaleciéndose el plan de defensa militar de la ciudad de Managua con el que enfrentar una eventual intervención directa norteamericana -posibilidad que no puede nunca descartarse-.

En esta situación el gobierno electo por el pueblo de Nicaragua toma posesión de sus cargos el 10 de enero. Mas de 70 delegados del más diverso nivel y de los más diversos países y organismos asisten a un evento histórico que marca el inicio de una nueva etapa política de la revolución nicaragüense.


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