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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 41 | Noviembre 1984
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Nicaragua

De la victoria electoral al Estado de alerta

Daniel Ortega y el FSLN ganaron las elecciones en Nicaragua. Días después, el Partido Republicano y Ronald Reagan ganaron las elecciones en Estados Unidos. Tras la reelección de Reagan se produjo una escalada en la provocación militar de Estados Unidos, lo que obligó al gobierno nicaragüense a declarar un estado de alerta.

Equipo Envío

Haber llegado a la fijada fecha de las elecciones y haber realizado, con tanto éxito, la consulta electoral es de por sí una victoria. Con gran satisfacción interna e internacional. La alegría por esta victoria estuvo precedida de difíciles momentos políticos, de un evidente congelamiento en el avance diplomático hacia la paz, y en definitiva, duró muy poco, pues con la reelección de Reagan se produjo inmediatamente una escalada en la provocación agresiva de los Estados Unidos que puso a toda Nicaragua en estado de alerta.

Los dos caminos para destruir la revolución

Siendo el objetivo declarado del presidente Reagan el destruir la revolución sandinista o el desvirtuarla esencialmente, ha intentado desde ha 4 años lograrlo por dos caminos: por el de la presión político-diplomático-militar o por el de la intervención militar directa, posibilidad que nunca ha descartado.

Estos dos medios son complementarios. Por un lado, se necesita en ambos caminos de la combinación de planes de acoso militar, económico, político y diplomático. Por otro, cuando Nicaragua logra desarticular alguno de estos planes, se pasa inmediatamente a jugar con otra nueva carta de presión.

Tras el éxito de Nicaragua al impedir las condiciones para la intervención en noviembre/83, en todo el año 1984 -electoral en Estados Unidos y en Nicaragua- el énfasis lo puso Reagan en la búsqueda del doblegamiento por presiones político-diplomáticas y por acoso militar, mientras seguía preparando las condiciones para la intervención.

El mes pasado se caracterizó porque Nicaragua tomó la ofensiva en el terreno diplomático (decisión de firmar el Acta revisada de Contadora) y porque, sorteando muy variadas presiones políticas, llevó adelante el proceso electoral. Para este mes estaba previsto un incremento en la agresión militar de los grupos contrarrevolucionarios y en las presiones en los restantes terrenos con el fin de impedir la legitimación del proceso revolucionario por la vía electoral el 4 de noviembre. Se tenían que combinar las estrategias de agresión en los dos caminos. Y así fue.

Para conseguir el doblegamiento por presión político-diplomática y también para mejor preparar las condiciones para un eventual intervención es indispensable para a Administración Reagan mantener e incrementar la agresión militar, que además afecta directamente la economía y puede desgastar el apoyo popular al proyecto revolucionario.

Contrarrevolucionarios: desarticulados pero activos

En el período inmediatamente previo a las elecciones se dio un claro incremento del hostigamiento militar contrarrevolucionario con vistas a entorpecer el proceso electoral. Según datos del Ministerio de Defensa en los 3 meses de campaña electoral se produjeron 285 combates entre el ejército nicaragüense y las fuerzas contrarrevolucionarias. En ese período aumentó de 0.67 a 3.17 el número de combates por día, con un promedio diario de 5.84 contrarrevolucionarios muertos.

Dentro de este espacio de tiempo hubo períodos más críticos. Por ejemplo, el comprendido entre el 1 y el 24 de octubre, en el que se desarrollaron 92 combates con 240 contrarrevolucionarios muertos, gran número de heridos (cantidad no precisada) y 28 capturados. En este mismo lapso se detectaron 34 violaciones del espacio aéreo nicaragüense, más de una diaria. Estas violaciones son, mayoritariamente, de aviones que principalmente desde Honduras abastecen de pertrechos bélicos y logísticos a los grupos armados contrarrevolucionarios. Es en el contexto de lograr una ofensiva más eficaz contra estos grupos donde hay que ubicar la necesidad que tiene Nicaragua de aviones caza de intercepción, como podrían ser los MIG y, más aún, de helicópteros artillados para combates directos. Los caza y los helicópteros son, pues, armas defensivas ofensivas en relación a los contrarrevolucionarios y no en relación a la seguridad de los países del área o de los Estados Unidos. Hay que tener en cuenta, además que según informes de la misma prensa norteamericana, la contrarrevolución posee al menos 12 aviones Push-and-Pull equipados con cohetes, que les han sido entregados por la CIA y con los que ya han atacado posiciones nicaragüenses. No puede, por otra parte, Nicaragua romper el equilibrio militar del área pues su fuerza aérea prácticamente no existe y es superada, con mucho, por la aviación militar de Guatemala, Honduras y El Salvador.

En las vísperas electorales las fuerzas contrarrevolucionarias tenían el objetivo estratégico de entorpecer seriamente el proceso de las votaciones. Uno de los medios más importantes para conseguirlo era la toma de alguna ciudad importante, intento en el que han fracasado en otras coyunturas. Apuntaron especialmente hacia Estelí, y también a Somoto y Condena, de menor importancia. De hecho, más de 500 hombres de 3 Comandos Regionales se concentraron con este fin en esa zona y llegaron a combatir a escasos kilómetros de la ciudad de Estelí, fracasando en su intento. En los 50 combates que libró el ejército sandinista para desarticular este plan, la contrarrevolución tuvo 170 bajas.

Combates frontales y de varios días entre el ejército sandinista y el contrarrevolucionario han desarticulado este mes a varios comandos regionales que operaban en el norte, fragmentándolos y dispersándolos, además de causarles significativas bajas. Así, de la posible "guerra de posiciones" que podrían haber diseñado tras la toma de alguna ciudad, estos grupos han entrado nuevamente en fase de "guerra irregular". Hasta 50 grupos dispersos de 15-20 hombres cada uno, siguen actuando ahora como salteadores y emboscadores en carreteras y caminos, en cooperativas y pequeñas comunidades campesinas, siendo la población y el transporte civiles sus blancos principales. En zonas centrales quedan aun comandos concentrados y activos. Estos comandos pueden tener entre 800-2000 hombres cada uno. Se desconoce aún si los grupos irregulares una vez dislocados, actúan así por necesaria táctica defensiva para mantenerse dentro del territorio o como medio ofensivo para sus objetivos de destrucción y sabotaje de las cosechas.

En otras zonas operan fuerzas de tarea (60-100 hombres). La jefeada por "Ciclón", que actuaba en zonas de Boaco, era una de ellas. Sus 75 hombres fueron aniquilados en la más eficaz operación contra fuerzas de tarea, llevada a cabo por las Tropas Especiales "Pablo Ubeda". En esta acción cayó heroicamente el Ministro de Telecomunicaciones de Nicaragua, Subcomandante Enrique Schmidt (5 de noviembre).

En esta situación, golpeados y dispersos en zonas estratégicas del norte, la "tregua" anunciada por la contrarrevolución para las elecciones, no puede interpretarse más que como una forma de encubrir la actual debilidad estratégica.

Ha de entenderse, sin embargo, que la infiltración de la contrarrevolución sigue siendo masiva -alrededor de 6 mil- y que la actual dispersión no implica que estas unidades o bandas no puedan reagruparse y articularse de nuevo en forma de comandos, pues poseen excelentes medios de comunicación que les permiten hacerlo con relativa rapidez. Por otra parte, la táctica de "guerra irregular", con emboscadas, sabotajes, minado de caminos y actividades aisladas les es más útil en estos meses de recogida de café (noviembre-febrero). Son tácticas extremadamente peligrosas para los miles de cortadores y para la misma cosecha, siendo la de este año una de las más prometedoras de la historia. Muchas vidas y mucho grano (muchas divisas) pueden perderse por el terror desatado por estos pequeños grupos armados en las zonas cafetaleras del norte, especialmente en Matagalpa y Jinotega.

Este mes se produjeron importantes fisuras en las filas contrarrevolucionarias, con consecuencias que aun no pueden ser totalmente evaluadas. Pero, aun a primera vista, parece tratarse de alteraciones cualitativas:

Brooklyn Rivera, líder mÍskito y dirigente del grupo armado indígena MISURASATA integrado a ARDE, y ya opuesto al grupo MISURA de Fagoth, estuvo en Nicaragua del 20 al 31 de octubre, invitado por el gobierno revolucionario, que dialogó ampliamente con él. Rivera visitó toda la zona mÍskita, hablando públicamente y con toda libertad en las comunidades que quiso. La decisión de Rivera de aceptar este diálogo fue criticada por el sector de ARDE leal a Edén Pastora. (Pastora también había rechazado la propuesta de Arturo Cruz de un diálogo de los contrarrevolucionarios con el gobierno sandinista). El atentado contra Alfonso Robelo en San José, en los primeros días de noviembre, expresa también nuevas o viejas divisiones y tensiones en ARDE. En este momento, Pastora -que sigue hablando de "sus" 8 mil hombres- parece definitivamente marginado, mientras la alianza del MDN (Robelo) y de las FARN ("Negro" Chamorro) con la FDN, iniciada en junio, parece consolidarse. Por otra parte, la presencia de miles de hombres armados de la FDN en Costa Rica, trasladados por la CIA desde Honduras , confirma una vez más que es en la fuerza de los somocistas de la FDN en quien confían los Estados Unidos. Este traslado "es la primera fase de la intervención y ya se ha cumplido", declaró recientemente el Comandante Daniel Ortega.

Si el viaje de Rivera a Nicaragua profundizó las fisuras en ARDE, también este mes se abrieron fisuras -y eso sí es nuevo- en la FDN. Son importantes, en este sentido, las declaraciones hechas en Estados Unidos por Edgar Chamorro, del Directorio de la FDN, en las que criticaba abiertamente los métodos empleados por la CIA en su dirección de los contrarrevolucionarios, incluido el famoso Manual, que Chamorro calificó de "repugnante" en su primera versión. En algunas de sus críticas Chamorro ha sido apoyado por Alfonso Callejas, también del directorio de la FDN. Todo indica que la conmoción periodística y política causada por el Manual "Operaciones Sicológicas en Guerra de Guerrillas", publicado por la CIA para los contrarrevolucionarios, fue tan amplia que catalizó también tensiones entre los mismos dirigentes del grupo más consolidado de la contrarrevolución, la FDN. Si este "escándalo", no sirvió plenamente a Modale y a los demócratas, quizá sí podría servir para agudizar las contradicciones al interior de este grupo armado, creando así más dificultades a los planes de Reagan.

1985 será aun más difícil

En estos primeros 4 años de mandato del presidente Reagan la agresión militar ha causado a Nicaragua 7,500 muertos, ha producido 130 mil desplazados y ha dejado a 5 mil niños huérfanos. Si el costo en vidas es alto, es también alto el costo económico de esta prolongada guerra de defensa.

La campaña electoral del FSLN incluía las llamadas "visitas casa por casa" de los militantes sandinistas. El objetivo de estas visitas era detectar los problemas más sentidos por la población. Unánimemente, y por todo el país, se han escuchado las mismas inquietudes. El servicio militar es preocupación prioritaria, naturalmente, para todas las familias con hijos jóvenes. Los otros tres problemas siempre mencionados fueron las serias dificultades en abastecimiento, transporte y salud (hospitales y centros sanitarios). La falta de divisas líquidas (para piezas de repuesto y equipo médico) y las consecuencias de la guerra (priorización de vehículos, combustible, alimentos y atención hospitalaria para los combatientes) afectan sensiblemente a toda la población en estos tres campos vitales. En los tres las perspectivas para 1985 no parecen modificar, sino acentuar, la escasez y las limitaciones, especialmente si la agresión, como todo parece indicar, se incrementa.

El deterioro de la economía y la escasez se dejan sentir particularmente en Managua (800.000 habitantes). El problema se ve acentuado por lo que se ha dado en llamar "la estampida campo-ciudad". El crecimiento de la capital tiene hoy un ritmo del 8% anual (doble del crecimiento nacional: 4%). A este crecimiento hay que sumarle el fenómeno explosivo que diariamente se produce en la capital, cuando 60 mil personas de la periferia de la ciudad y 200 mil de los Departamentos cercanos de Masaya, Carazo y Granada vienen a Managua a trabajar y a comer, afectando sensiblemente el difícil abastecimiento y transporte de la capital.

Aun cuando la revolución ha priorizado el campo y no la ciudad, la "estampida campo-ciudad" es un fenómeno más propio de la coyuntura revolucionaria que de la estructura heredada. Se inicia ya con fuerza en 1979, cuando las familias del nuevo ejército sandinista se trasladaron a la capital. Se ha profundizado después por la desigualdad salarial que existe todavía entre lo que gana un empleado de servicio de la capital y un jornalero del campo (celador: 3 mil córdobas al mes; jornalero: 60 córdobas diarios). La guerra ha venido a hacer aun más extensa esta estampida. Una de las zonas de mayor flujo es Matagalpa, zona muy castigada por la agresión. Efecto inmediato de este desmedido e incontrolable crecimiento es una Managua caótica, en donde los terrenos baldíos se van transformando en improvisados barrios a los que no hay capacidad de atender en sus necesidades elementales de agua, luz, transporte, abastecimiento. Entre Masaya y Managua se ha ido creando un corredor humano crecientemente pauperizado, que plantea a corto y largo plazo problemas de notable importancia económica y de clara incidencia política.

La situación es y será difícil en el terreno militar y en el económico. En algunas zonas aisladas del centro del país, la contrarrevolución tiene la iniciativa. La crisis económica la siente en mayor o menor medida toda la población, aunque es totalmente tendencioso hablar de un "país hambriento'. Pero ni la presión militar ni el desgaste económico ha sido suficientes, ni parecen serlo, para doblegar a la revolución sandinista. Hay medios defensivos para enfrentar con éxito a la contrarrevolución y hay cada vez más medidas racionales para organizar a la población para una economía de resistencia. El consenso popular no parece significativamente erosionado. Los resultados de las elecciones son más elocuentes si se los lee en el contexto de este largo desgaste: a pesar de tantas dificultades, el FSLN mantiene una clara hegemonía.

Agresión política: las elecciones en la mira

La agresión militar y económica se complementa con la agresión política, teniendo ésta como objetivo prioritario en estos tres meses las elecciones. La Administración Reagan trató por todos los medios de impedir/desvirtuar la institucionalización del proceso revolucionario y la legitimación internacional que iban a presentar las elecciones.

Para conseguirlo, ha empleado diversos planes en distintas fases. Inicialmente, en la primera fase, intentó abrir un espacio político a la contrarrevolución armada (el polémico "diálogo con los alzados en armas", propuesto por la Coordinadora desde diciembre/83).

En una segunda fase Arturo Cruz es manipulado como representante-mediador de la contrarrevolución y, a la vez, como principal promotor del boicot a las elecciones por vía abstencionista. En Río de Janeiro (1-2 octubre) se hizo claro que una apertura del gobierno sandinista a las posiciones de la Coordinadora no garantizaba realmente el fin de la guerra. Y es que la guerra tiene el objetivo de destruir el gobierno sandinista o hacer que claudique y no el de conseguir que el FSLN comparta cuotas de poder con otros grupos como la CDN. El insistente abstencionismo de la Coordinadora hizo claro que no existía ningún propósito por parte de ellos de decidir el conflicto en las urnas. Viniendo este terco abstencionismo -como también se vio en Río- de la cúpula de los empresarios del COSEP, presidido por Enrique Bolaños, muy vinculados a la Administración norteamericana, apareció más clara la estrategia y las razones de la misma. La "operación Cruz", en todas sus fases desde julio hasta el mismo día 3 de noviembre, en que el líder de la Coordinadora llegó sorpresivamente a Nicaragua, podría compararse a la "incursión en profundidad" de una "fuerza de tarea política" con misiones de ataque, sabotaje, presión, desestabilización y captación de base social.

La tercera fase se implementó especialmente en este último mes de campaña electoral, cuando ya el proceso de las elecciones parecía indetenible. Por una parte, se trató de ahondar la deslegitimación -iniciada con el abstencionismo de Cruz- intentando arrastrar a otros partidos a la abstención (PLI y PCD). En esta fase, noticias ciertas aunque incompletas en sus datos muestran que ha sido clave el papel usado por la Embajada norteamericana en una constante labor de captación por promesas -amenazas-presiones-recompensas sobre dirigentes de los partidos opositores inscritos para las elecciones. Por otra parte, se trató nuevamente de posponer la fecha de las elecciones, como un medio de "ganar tiempo" para que el incremento en las presiones militares tuviera mayor efecto político sobre el diseño de "otras" elecciones que no fueron las del 4 de noviembre.

Un elemento destacable en esta coyuntura fue el silencio que, en definitiva, guardó la Conferencia Episcopal respecto de las elecciones. No quisieron los obispos colaborar con su juicio a una deslegitimación del proceso electoral. Frente a este silencio contrata más la actitud asumida por el Presidente de la Conferencia Episcopal y obispo de Juigalpa, Mons. Pablo A. Vega, que convocó a la prensa nacional e internacional el 23 de octubre para presentarles un escrito personal sobre "el momento sociopolítico". Mons. Vega leyó parcialmente a los periodistas un texto de 16 páginas en el que hacía severas críticas al gobierno revolucionario, desprendiéndose de él una deslegitimación de las elecciones por falta de condiciones y libertades.

Pero, más significativo que el texto es sí fue el hecho de que Mons. Vega lo publicara en solitario, y que incluso admitiera públicamente esta situación. Y es que desde que se anunció en febrero el proceso electoral no cesaron nunca las expectativas sobre la posible posición oficial de la jerarquía. Se habló con insistencia -en los sectores eclesiásticos más beligerantes contra la revolución- de que saldría una Carta Pastoral con definiciones y Mons. Vega fue el que más la anunció en las últimas semanas. Pero la Carta no llegó nunca y todo indica que fue la falta de criterios comunes entre los diez obispos la que impidió el pronunciamiento y se tradujo en un silencio respetuoso.

De hecho, los obispos no llamaron a la abstención ni tampoco mostraron pública adhesión a ninguno de los partidos contendientes, aunque tanto Mons. Vega como Mons. Obando, con continuas declaraciones ambiguas y escépticas ante el proceso electoral, se acercaron claramente al abstencionismo de la Coordinadora. Un análisis de los resultados electores muestra la escasa incidencia que tuvo esta posición de los dos principales jerarcas de la Iglesia sobre el pueblo cristiano. Las elecciones expresaron, en este sentido, un "voto laico" sin que dejara de ser a la vez un "voto en conciencia".

La cuarta fase de agresión a las elecciones se inició ya algo antes de que éstas se celebraran y durará aún por un tiempo. Se trata de desvirtuar las elecciones presentándolas internacionalmente como una farsa. A partir de esto, se trataría de ir más allá y forzar, con presiones militares, políticas y diplomáticas la celebración de nuevas elecciones en 1985, como de hecho ya ha sugerido el Departamento de Estado y el diario "La Prensa" de Managua.

La agresión política contra las elecciones resultó un fracaso. Aun cuando hubo que pagar algunos costos de desgaste político (divisiones en el PLI y PCD, deficiencias de la campaña electoral, imagen de intransigencia con Cruz...) el FSLN salió airoso de la prueba y el gobierno revolucionario no fue doblegado. Los mismos resultados de las elecciones son ahora la mejor arma para enfrentar con éxito lo planeado para la actual cuarta fase.

Agresión diplomática: Contadora en su gran encrucijada

Cuando Nicaragua decidió firmar el acta revisada de Contadora y anunció su decisión, sorprendió realmente a los Estados Unidos y a sus aliados en el área centroamericana e incluso a otros muchos países. (Estados Unidos no pensó nunca, por ejemplo, que Nicaragua estuviera dispuesta a congelar la adquisición de armamentos defensivos, compromiso que asume al firmara el Acta).

La decisión de Nicaragua, que dio el primer paso frente al Acta de Paz -propuesta para ser firmada antes del 15 de octubre- movilizó adhesiones a Contadora de multitud de países e instituciones del más distinto signo político. Muchos países se comprometieron a su vez públicamente a adherirse al Protocolo adicional. Por su parte, los cancilleres de Contadora viajaron por distintos países con el fin de entregar personalmente a algunos jefes de Estado el Acta, pidiéndoles su apoyo a la misma. La entregaron, por ejemplo, al Papa Juan Pablo II cuando éste visitaba República Dominicana, no habiéndose recibido ninguna respuesta por parte del Vaticano. También la llevaron a la India, a Indira Gandhi, presidente del Movimiento de los No-Alineados. Una de las últimas manifestaciones públicas de la estadista asesinada fue su "pleno apoyo" al Acta de Contadora.

Todo este movimiento universal parecía suficiente para presionar política y diplomáticamente a los Estados Unidos, actor principal en el conflicto centroamericano. Pero no fue así. Después de urgentes reacomodos tras la decisión de Nicaragua, la Administración Reagan puso a punto su contraofensiva. Primero hizo declaraciones genéricas sobre la "insinceridad de los sandinistas". Inmediatamente el Secretario de Estado, Shultz, afirmó que el Acta no era sino "un borrador" y que, por tanto, estaba sujeta a nuevas negociaciones, reservándose Estados Unidos el derecho a hacer observaciones. A la vez, la prensa norteamericana informaba que Reagan había variado en 180 grados su posición sobre Contadora. Pero realmente, no se trataba más que de una variación aparente. Lo que sucedía era que con el Acta final había llegado "la hora de la verdad", en la que de la retórica de apoyo a contadora había ya que pasar -si Estados Unidos la aceptaba y se adhería a su Protocolo- a desmantelar bases militares en Honduras, a suspender maniobras en suelo centroamericano, a cortar la ayuda al ejército salvadoreño y a la contrarrevolución nicaragüense...

En ningún momento de la historia de 20 meses de gestión de Contadora se había visto como en este mes dónde están los límites de este grupo latinoamericano mediador que quiere ser autónomo. No están en otra parte que en la total falta de voluntad negociadora de la Adminstración Reagan, que aspira a derrocar por la fuerza al gobierno sandinista, pues está decidida a conservar a cualquier precio -incluso el de una guerra regional- su hegemonía en Centroamérica.

México fue el primer país de Contadora en advertir sobre el "enorme riesgo" en el que se entraría si, objetando el Acta, se abrían nuevas negociaciones. Carlos Andrés Pérez calificó de "sumamente grave" la actitud norteamericana.

Muy pronto, Washington dio forma a su desacuerdo con el Acta revisada de Contadora. En medios diplomáticos hizo circular un texto de 2 páginas en el que señalaba sus problemas de fondo frente al texto. Las objeciones norteamericanas pueden reducirse a este argumento tan simple: Nicaragua gana y Estados Unidos pierde y eso no puede permitirse. El Acta, tal como ésta -dicen- "pondría fin a la ayuda militar de Estados Unidos a El Salvador, Honduras y Costa Rica", "colocaría al gobierno de Duarte en una posición insostenible frente a la guerrilla" y reduciría nuestra presencia y nuestra presión contra Nicaragua sin requerir ninguna acción por parte de Nicaragua". Evidentemente esto no es cierto: Nicaragua se compromete, al firmar el Acta, a cortar cualquier posible ayuda al FMLN, se compromete a una revisión periódica de su arsenal defensivo y a un congelamiento de éste. Acepta el riesgo que podría suponer la aceptación -sin modificaciones- de todo el conjunto de medidas que sobre miltiarización propone Contadora, medidas estrechamente ligadas a su supervivencia y a la defensa de su soberanía, a cambio de que Estados Unidos -por la firma de Protocolo- se comprometa, a su vez, a cesar la ayuda a la contrarrevolución. Nicaragua "se pone en manos" de la mediación de Contadora, aceptando sus decisiones. Naturalmente, con Contadora, todos ganan algo, todos pierden algo y algunos "ganan" más que otros. Nicaragua gana paz y Estados Unidos pierde hegemonía.

Es por eso que al valorar el Protocolo adicional al Acta revisada, Estados Unidos descubre su verdadero "problema" con Contadora. Washington plantea no firmar, porque de hacerlo se "admitiría efectivamente un papel político de la Unión Soviética y Cuba en Centroamérica" -ya que éstos también están llamados a firmar-. Estados Unidos, desconocido que Contadora pidió a todos los países del mundo su adhesión al Protocolo, está implícitamente declarando que Centroamérica es y ha de ser esfera exclusiva de su influencia, oponiéndose así a la médula del mismo proceso de Contadora, basado en la autodeterminación y soberanía de los países y en la recuperación para América Latina de espacios de iniciativa diplomática autónomos de Washington.

Muy pronto el gobierno de Honduras invitó a una reunión a los cancilleres centroamericanos -no a los de Contadora- para discutir la paz en Centroamérica. Nicaragua calificó esta reunión como carente de sentido, pues no se trataba ya de discutir sobre la paz sino de agilizar el proceso de firma de un Acta que contenía los mecanismos concretos para hacer posible esa paz.

El 15 de octubre los Cancilleres de Contadora se reunieron en España, a donde fueron a recibir el Premio Príncipe de Asturias por su gestión pacificadora. "Aspiramos a que la reunión de Madrid sea el último trabajo del Grupo, pero no podemos cerrar la página del libro mientras no se logre una solución", dijo en la capital de España el canciller de Colombia, Ramírez Ocampo. En Madrid los cancilleres estudiaron las observaciones que desde el 7 de septiembre -fecha del Acta revisada- les habían hecho llegar los países centroamericanos. Al término de la reunión, los cancilleres declararon que las observaciones presentadas eran tales que habría que celebrar una nueva reunión. El libro seguía abierto, pero en la última página amenazaba la sombra de una sentencia de muerte.

Ese mismo día, y ante la gravedad de la situación, el Comandante. Ortega enviaba una carta a los 4 presidentes de Contadora pidiéndoles una pronta cumbre de los 9 presidentes -Contadora y Centroamérica-. Por su parte, Herrera Campins, ex-presidente de Venezuela, uno de los iniciadores de la gestión de Contadora, sugería una reunión de los 4 presidentes en Managua antes de las elecciones del 4 de noviembre.

El 19 de octubre se celebraba la reunión de Tegucigalpa, a la que Nicaragua no concurrió. Se acordaron allí nuevas reuniones para "reformar" el Acta revisada. Y sobre todo, se planteó un tema muy delicado: los 4 países centroamericanos parecían querer salirse de las manos de Contadora, abandonando su mediación, que hasta entonces habían aceptado, y se proponían como redactores del nuevo texto reformado: "(Los 4 países) reiteraron la importancia fundamental que en esta etapa tiene la participación directa de los países centroamericanos en la negociación y redacción del texto del Acta". Sin embargo, los cancilleres de Contadora prosiguieron su batalla y presentaron a la 39 Asamblea General de la ONU un Proyecto de Resolución en el que hacían un llamado urgente a todos los países centroamericanos para que firmaran el Acta revisada y a todos os países del mundo para que se adhirieran al Protocolo adjunto.

El 24 de octubre se inició el debate sobre Centroamérica en la ONU. Lo inició el representante mexicano, Porfirio Muñoz Ledo, haciendo un dramático llamado a "cancelar un prolongado ciclo de ambiciones hegemónicas en el área", a las que atribuyó las condiciones de injusticia y pobreza en la zona. Dos días después, y tras 43 intervenciones, los 159 países miembros de la ONU -incluidos los Estados Unidos y los países centroamericanos- aprobaron por consenso el Proyecto. Un hermoso gesto en el que se expresaba el deseo del mundo por la paz en Centroamérica, pero que no rompía el "impasse" de Contadora, pues también habían participado en los aplausos de aprobación los mismos que ya estaban elaborando una nueva Acta: Estados Unidos y sus aliados en la región.

El 30 de octubre, la Cancillería de Nicaragua, leyó esa "nueva" Acta, y tras conocer y examinar las observaciones hechas por Honduras, El Salvador y Costa Rica fijó su posición:

"Se trata de cambios sustantivos que afectan gravemente la naturaleza y el espíritu de la propuesta de Contadora, así como los acuerdos alcanzados por consenso".

"Examinando las observaciones... encontramos que son un reflejo fiel de las objeciones manifestadas por el gobierno de los Estados Unidos".

Nicaragua expresaba su "total oposición" a estas observaciones, declarando que era "inaceptable volver a los inicios del proceso negociador".

¿Cuáles son las observaciones que rechaza Nicaragua? Un grupo de ellas tiene que ver con la desmilitarización y las formas de verificación y control de la misma. Otro, con la "homogenización de la democracia". En el primer grupo de observaciones e han incorporado calendarios y mecanismos que "calman" las preocupaciones norteamericanas, dando una clara ventaja a Estados Unidos. En el segundo, se intenta la homogenización de la democracia, incluso en los procesos y formas electorales y administrativas de cada uno de los países, situación que de aceptarla Nicaragua podría invalidar las recientes elecciones, que -ya se sabe- los Estados Unidos y sus aliados del área consideran "una farsa". La estabilidad y la originalidad del régimen sandinista están en peligro si se aceptan estas observaciones.

"Contadora está herida de muerte", dijo el Canciller, P. D'Escoto, valorando el actual "impasse". Al cerrar este análisis, se especulaba con la posibilidad de que Estados Unidos forzara, por la presión mediadora de sus aliados centroamericanos, el cambio del marco de Contadora por el de la OEA para la discusión del tema centroamericano, pretensión que desde el mismo inicio de Contadora maneja la Administración republicana. De hecho, del documento del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, filtrado el 6 de noviembre en el "Washington Post", se desprende que a estas alturas Estados Unidos se jacta ya de haber sido eficaz en el "bloqueo" de Contadora.

La labor de Contadora, después de 20 meses de difícil gestión, terminó con la elaboración del Acta revisada del 7 de septiembre, a la que tan sólo faltaba añadir afinamientos, dado que el contenido del Acta fue discutido y aprobado por consenso entre los países centroamericanos en largas reuniones y dado que estos países acataron la mediación de Contadora como instancia que debía resolver las diferencias en un texto de compromiso con cesiones mutuas.

En el actual impasse quedan dos alternativas: que los países de Contadora sigan presionando con el Acta revisada en las manos o que cedan a las presiones norteamericanas y acepten las observaciones, con lo que quedaría definitivamente muerta una iniciativa diplomática cuyo gran valor era el ser latinoamericana, es decir, independiente de los Estados Unidos. Está, pues, en juego el marco diplomático que garantizaba la existencia de una Nicaragua revolucionaria. Y está en juego, una vez más la autonomía y la dignidad de América Latina frente al imperio norteamericano.


Los diálogos de Manzanillo y La Palma

Como era de esperar, siendo Manzanillo un complemento indispensable de Contadora, al ser bloqueada ésta, también Manzanillo había de entrar en crisis y también por voluntad de Estados Unidos.

Es conocido el acuerdo de ambas partes de no hacer público nada de lo que se tratara en estas reuniones ni ningún juicio de valor que pudiera entorpecerlas. Sin embargo, después de la 7a. ronda de conversaciones (29 de octubre) ha habido más explicitaciones que nunca. Y así, fuentes del Departamento de Estado, que antes de que Nicaragua firmara el Acta revisada de Contadora manifestaban "optimismo", se declararon pesimistas al término de esta última plática y después de conocer la decisión nicaragüense. "No hay progresos", dijeron. Incluso algunas de esas fuentes fueron más allá, declarando que Shlaudeman (el negociador de EEUU) tiene una "autonomía limitada", pues "La Administración no desea realmente un arreglo con los sandinistas".

También el Comandante Daniel Ortega en diferentes declaraciones a la prensa que vino al país para las elecciones, dijo que Nicaragua había planteado a Estados Unidos "un marco de seguridad mutua", pero que "el balance es desfavorable", que "se ha llegado a un estancamiento" y que "es destacable que no se haya llegado aun avance real antes de las elecciones. También insistió en que desde la visita de Shultz a Managua (1 de junio), que fue seguida por las pláticas de Manzanillo, Estados Unidos había repetido a Nicaragua que estas rondas de conversaciones eran "para fortalecer a Contadora". La actual crisis de Contadora, por el "bloqueo" norteamericano, traerá, en buena lógica, la crisis de Manzanillo.

Finalmente, el diálogo del FDR-FMLN con el gobierno de Duarte en La Palma (15 de octubre) -que tendremos que analizar en sus implicaciones para El Salvador en otras ocasión- tiene implicaciones para Nicaragua dentro de la futura estrategia norteamericana de agresión en todos los frentes. (Estas implicaciones pasan por la "estrategia de la simetría", de la que "envío" habló con detalle en el número de junio/84. Una "simetría" ya forzada y fracasada en las continuas presiones para conseguir el "diálogo con los alzados en armas", pero que en una escalada de la agresión podría apuntar, por ejemplo a la liberación de territorios en Nicaragua con ayuda de tropas interventoras norteamericanas para después ensayar "soluciones" a través del diálogo -desde una posición de fuerza y de hechos consumados-.

En cualquier caso, el diálogo en La Palma muestra, desde una perspectiva objetiva, la no-simetría de los conflictos en El Salvador y en Nicaragua: Duarte no fue a dialogar a Cuba sino que dialogó en El Salvador y con el FDR-FMLN y Nicaragua va a dialogar a Manzanillo con los Estados Unidos y no a las bases contrarrevolucionarias de Honduras o a los campamentos de Costa Rica con los jefes de los "alzados en armas".

Después de las elecciones, ¿la intervención?

El 4 de noviembre, Nicaragua celebró sus elecciones. Como era de esperar, el FSLN resultó vencedor, pero ni el desarrollo del día de las votaciones ni los resultados electorales fueron como los esperaba la Administración norteamericana. Las elecciones nicaragüenses no fueron en nada la farsa que ellos habían anunciado que iban a ser.

El 6 de noviembre, Estados Unidos celebró sus elecciones. Como era de esperar, Reagan resultó vencedor, pero como nadie podía esperar, aun antes de terminar de anunciarse en Estados Unidos los resultados finales de la reelección, la Administración planteó, con despliegue inusitado y repentino, el "escándalo de los MIG".

Basándose en un supuesto cargamento de aviones MIG que estaría llegando a Nicaragua en un buque soviético, el gobierno norteamericano amenazó al gobierno revolucionario con tomar "las medidas que fueran necesarias" -no descartándose ninguna, incluida la intervención, según algunos voceros- para impedir su desembarque en el puerto de Corinto. Estados Unidos justificaba esta actitud por el desequilibro militar que supondrían en Centroamérica tales aviones y por la amenaza en que estaba con ellos la seguridad nacional de Estados Unidos. Las declaraciones más agresivas de Reagan, de Weinberger, de Shultz, y los hechos más amenazantes se sucedieron en muy pocas horas.

El barco soviético "Bakuriani" fue provocativamente interceptado por una fragata de guerra norteamericana en el mismo canal de entrada al puerto, quedándose después en aguas nicaragüenses en permanente vigilancia. El día 8 volvió a sobrevolar el territorio nicaragüense el sofisticado avión espía norteamericano SR-71 "Pájaro Negro", rompiendo premeditadamente la barrera del sonido, con intención de fotografiar objetivos estratégicos para afinar futuras operaciones militares y también con el objetivo de alarmar a la población con las explosiones sónicas que produce. (Había pasado el día 31 de octubre pro primera vez). Ese mismo día "La Voz de estados Unidos" realizó como "acción prueba" la intercepción por varios minutos de la emisora estatal "La Voz de Nicaragua", medida que se tomó en Granada cuando se decretó la intervención.

Estados Unidos anunció también ese día que varios batallones de sus mejor entrenadas divisiones terrestre, navales y de paracaidistas (entre ellas, de la 82a. Aerotransportada que participó en Granada) habían sido movilizadas de sus cuarteles. Anunció también nuevas y gigantescas maniobras en Centroamérica en las próximas semanas, entre ellas la operación "Penetración Rápida" en la que tomarán parte 15,000 soldados norteamericanos, 1 batallón de la 82 División y 1 batallón de ataque aéreo. (30 noviembre-7 diciembre).

Nicaragua respondió inmediatamente, llamando de urgencia al Consejo de Seguridad de la ONU, movilizando contactos políticos y diplomáticos, llamando al mundo a la solidaridad urgente, decretando el estado de alerta de todas sus fuerzas armadas y de sus fuerzas de defensa civil en previsión de inesperado ataques aéreos o de una intervención masiva. El día 8 se tomó una medida bien concreta: a los 20 mil jóvenes que iban a partir esos días hacia las montañas del norte a cortar voluntariamente el café ya maduro se les dio una contraorden: debían quedarse en Managua como combatientes y entrenarse para reforzar la capital en caso de intervención o bombardeo.

Y así, en 72 horas, después del claro y mayoritario triunfo del FSLN y del Partido Republicano, el conflicto Nicaragua-Estados Unidos entró en una de sus más agudas fases. "Es el momento más crítico por el que ha atravesado la revolución", dijo el recién electo presidente Ortega.

En esta grave coyuntura se abren varias preguntas y varias interpretaciones:

¿Es la actual escalada agresiva -en acciones y amenazas- una forma más, aunque más alta, de presión y acoso, en la que se estarían combinando elementos diplomáticos (la actual crisis de Contadora), militares (intensificación del espionaje para facilitar, por ejemplo, bombardeos-relámpago) y económicos (cuarentena naval o preludios de ella)?

Si esta escalada es sólo el comienzo de una nueva etapa de intensificación del desgaste, la agresividad con que ha comenzado y el momento en que se desató, parece estar en relación con el inesperado fracaso que para la estrategia político-diplomático norteamericana supuso el éxito de las elecciones nicaragüenses. ¿Es esta escalada para hacer olvidar el "fracaso" electoral en Nicaragua, ya que las elecciones no fueron "una farsa"?

Siendo la escalada un medio de presión militar y de desgaste sicológico, podría estar en relación con los muy fuertes reveses que está sufriendo en El Salvador el ejército de Duarte, especialmente desde la audaz acción del FMLN que costó la vida del Gral. Monterrosa y de otros mandos. (Monterrosa era el estratega clave de las operaciones de contrainsurgencia). Como es en El Salvador en donde Estados Unidos necesita con urgencia escalar su involucramiento militar, o incluso intervenir directamente, ¿la actual presión sobre Nicaragua no estaría encaminada a desviar el foco de atención de la opinión norteamericana y mundial sobre Nicaragua para poder actuar más libremente en El Salvador? Si fuera así, no puede olvidarse que una intervención en El Salvador siempre tendría que ir acompañada de ataques preventivos en Nicaragua.

¿Es esta escalada ya el primer paso de la intervención directa, pues con el "fracaso" en las elecciones nicaragüenses, y con la firmeza mostrada por el gobierno revolucionario frente a tantas presiones, Reagan da ya por agotada esta fase y por imposible el doblegamiento?

¿No sería esta actual escalada el "resto" de una operación interventora "por sobrepasa" que fracasó, tanto por lo que sucedió en las elecciones de Nicaragua como por las grandes tensiones que parece haber entre el Departamento de Estado y la Casa Blanca -Pentágono sobre la "solución" para Nicaragua? (Hay señales que indican que quizá estaba pensado un ataque-sorpresa sobre Managua en el mismo momento de ser reelecto Reagan. Hay también indicios que llevarían a pensar que quienes levantaron el "escándalo de los MIG" fueron los que se oponían a este ataque-sorpresa).

Y una tercera hipótesis-pregunta:

¿No irán encaminadas las actuales presiones y amenazas tanto a doblegar como a preludiar una intervención, pero con la clara intención de liberar parte del territorio de Nicaragua (¿en la Costa Atlántica?), de partir el país, como un nuevo medio de presión militar y política, con menores costos políticos que una intervención masiva pero con mayor eficacia que el actual acoso contrarrevolucionario?

En cualquier caso, lo menos que puede esperarse es una tremenda presión por parte de Estados Unidos y una creciente defensa por parte de Nicaragua, que necesitará del apoyo solidario de quienes en todo el mundo apuestan por la paz. Reagan tiene ahora un margen de cuatro años por delante para elegir las mejores opciones y momentos. Las horas más dramáticas están por venir.

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