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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 40 | Octubre 1984
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Nicaragua

Los partidos políticos en Nicaragua en dos meses de campaña electoral

En la campaña electoral que se desarrolla en Nicaragua aparecen los principales problemas que debate la población y se revelan las características de los partidos políticos del país

Equipo Envío

Dos meses de contienda electoral permiten una caracterización de la campaña partidaria que concluirá con las elecciones generales del 4 de noviembre. Para cualquier observador de la realidad de Nicaragua -aunque no necesariamente para los que la interpretan a distancia- se trata de una campaña realmente pluralista, e donde la oposición al proyecto revolucionario y a su conducción por el FSLN tiene espacio para expresarse. Y se expresa incluso con virulencia. Esta campaña sirve también para caracterizar mejor a los partidos políticos del país, de cuyas trayectorias ya hemos hablado en los dos números anteriores de Envío.

Las vísperas de la campaña: inscripciones masivas y la bandera de la abstención

Los últimos días del mes de julio fueron de una gran tensión política en Nicaragua. Por un lado, el Consejo Supremo Electoral, cuarto poder del Estado y responsable de todo lo relativo a las elecciones, iba a poner a prueba la eficacia de toda la infraestructura material y humana que desde abril preparaba para el primer acto de las elecciones: las inscripciones ciudadanas.

Por los días 27, 28, 29 y 30 de julio, en una semana de habitual seca dentro de la temporada de lluvias -el "invierno" nicaragüense-, estaban programadas estas inscripciones. Unas 40 mil personas, trabajando en 3,896 Juntas Receptoras de Votos, ubicadas a lo largo y ancho del país, incluso en las zonas de guerra, debían dar oportunidad de inscribirse al mayor número posible de ciudadanos desde los 16 años.

Sólo los inscritos podrían votar, según la ley electoral. Y esto, fundamentalmente, porque no existen en el país otras formas de censo poblacional en las que incluir o de las que partir para un padrón electoral.

La selección de los lugares donde ubicar las Juntas, la creación e impresión de los catálogos y las libretas cívicas (documento que recibe el ciudadano al inscribirse y con el que se identifica al momento de votar), el entrenamiento de los que iban a trabajar en el proceso, la elaboración de una propaganda clara y masiva para motivar al pueblo, fueron desafíos de gran calibre para el Consejo Electoral, en un país en donde nunca ha habido elecciones honestas (todas las infraestructuras del pasado se organizaban para el fraude), en donde existe una guerra de desgaste y e donde hay limitaciones en los caminos, los vehículos, la gasolina, el papel, la tinta y... por supuesto, en las computadoras. (90 millones de córdobas costó globalmente el proceso de inscripciones).

Se temía la abstención. Y no tanto por una masiva voluntad política del pueblo a no participar sino por la delicada situación militar en algunas zonas, por la falta de hábitos ciudadanos y por los mismos defectos que podían aparecer hasta el último momento en la infraestructura que con esfuerzos inimaginables había preparado el Consejo Electoral.

Los resultados sorprendieron a todos. Al Departamento de Estado norteamericano ("no podemos explicarnos qué mueve a los nicaragüenses a inscribirse", fueron las primeras declaraciones de un vocero de la Administración). A los partidos opositores de la Coordinadora que, al haber apostado por la abstención en aquellos mismos días, pensaron arrastrar con ellos al pueblo ya desde la misma fase de inscripciones. También sorprendieron los resultados al gobierno revolucionario, que jamás esperó una tan masiva y ordenada participación popular. El millón y medio de inscritos -cifra global- rebasó los cálculos más optimistas y obligó a reformular los mismos estimados poblacionales del Instituto de Estadísticas. Fue un masivo voto por la legitimidad del proceso. El éxito de las inscripciones -en las ciudades y en el campo, en las comarcas más aisladas y en la mayoría de las zonas de combate- se interpretó también como una garantía de que la logística necesaria para asegurar participación, orden y claridad el día de las votaciones ya estaba "ensayada" y asegurada.

Cuadro


A la tensión política propia del desafío de las inscripciones, se unió la creada por la llegada al país de Arturo Cruz, designado el 21 de julio por los partidos de la Coordinadora Democrática como su candidato a presidente. Ya desde Washington, en donde trabaja en el BID, Cruz declaró que estaba seguro de ganar si se les daba "tiempo y libertad".

Al llegar a Nicaragua, Cruz amenazó con la abstención si no se cumplía los 9 puntos señalados por la CDN en su documento de diciembre/83, puntos en los que se mezclan y confunden "condiciones electorales" -que ya se estaban implementando- con "líneas programáticas de gobierno". Cruz hizo de uno de los 9 puntos, el que reclamaba un "diálogo de reconciliación nacional" que incluyera a los dirigentes contrarrevolucionarios del exterior, la "condición básica" para participar en el proceso, a la vez que calificaba la Ley Electoral discutida durante meses por todos los partidos, de "extorsión política" y al proceso electoral de "farsa". En sus primeras ruedas de prensa en el país se presentó como "mediador" entre el gobierno revolucionario y los grupos armados de la contrarrevolución, a cuyos líderes llamó "amigos" y con quienes dijo estar en contacto.

La misma llegada de Cruz al aeropuerto de Managua resultó una de las grandes sorpresas de esta campaña electoral. Cuatrocientas personas aproximadamente llegaron a recibirlo, a pesar de la publicidad desplegada por "La Prensa". El gobierno, que esperaba un recimiento mucho más significativo, contribuyó incluso a engrosar la bienvenida con un buen número de agentes de seguridad vestidos de civil.

Durante unos días la CDN organizó mitines y concentraciones, en donde se oían corear consignas como "¡Con Arturo Presidente tendremos pasta de dientes!", haciendo referencia a las actuales limitaciones en el abastecimiento de este producto. En Chinandega y Matagalpa los primeros mitines de Cruz terminaron en actos de violencia callejera, motivados tanto por los simpatizantes sandinistas como por los de la CDN. Al final, después de toda la expectativa creada, especialmente en Managua, la CDN no inscribió a sus candidatos en los plazos estipulados por la ley electoral. Tampoco lo hizo cuando se les prolongó el plazo del día final, que era el 25 de julio, hasta el 4 de agosto y, posteriormente, en 24 horas más, hasta el domingo 5 de agosto. Desde entonces la CDN enarbola la bandera abstencionista, como convocación y como amenaza de que si no se cumplen sus demandas la guerra se incrementará y "habrá un baño de sangre".

Ya iniciada la campaña y después de proclamada la abstención -y en consecuencia, después de que el Consejo Nacional de Partidos Políticos aplicara la ley electoral a los partidos de la CDN decretando la pérdida de su personalidad jurídica-, la Coordinadora no ha dejado de tener, a pesar de todo, una continua presencia política, tanto a través de su fiel vocero, el diario "La Prensa", como a través de reuniones, asambleas y hasta conatos de manifestaciones al aire libre -que les están prohibidas por ley al haber perdido su personalidad jurídica- que, por el clima creado y el desafío que representaban, produjeron en León, Boaco y Masaya altercados callejeros en los que participaron los militantes sandinistas a los que se llama "turbas".

La CDN ha "jugado" en estos dos meses con argumentos con los que, de hecho, ya venía presentando desde hacía años su postura opositora a los cambios revolucionarios: 1) ¿Hay condiciones o no para las elecciones? (¿Se inscriben o no?) 2) Debe haber un diálogo político nacional (¿Con los líderes contrarrevolucionarios o no?). 3) El diálogo debe abordar una serie de puntos básicos para lograr la paz. (¿Cuántos y cuáles deben ser esos puntos?) 4) ¿Hay tiempo para salvar la situación? (¿Más plazos para inscribirse?). 5) Las elecciones deben retrasarse (¿Hasta cuándo y para qué). La tensión provocada por la insistencia en estas demandas, siempre ambiguas, imprecisas y variables a cada momento, que saben más a táctica de desgaste y de provocación que a verdadera voluntad política de participación para medir fuerzas, ha sido continua. Y, a partir de estas discusiones inacabables, la CDN, fuera de la campaña, no ha dejado de estar presente en ella.

Durante los dos meses de campaña, dirigentes de los tres partidos que componen la CDN han calificado persistentemente de "colaboracionistas" a los seis partidos que compiten con el FSLN en las elecciones, reclamando ser ellos la única y legítima "oposición" del país. Se remiten en esta acusación a que tres de los partidos contendientes -PLI, PPSC, PSN- integraron con el FSLN la alianza del FPR, no teniendo en cuenta que ahora manifiestan una clara postura opositora, especialmente el PLI.

En sus mitines, estos tres partidos y el PCD -siempre opuesto al FSLN- han criticado unánime y continuamente la opción abstencionista de Cruz y de la Coordinadora. Así opinan sus candidatos a la presidencia:

"Es una manera de colaborar con el continuismo del FSLN", ha dicho Virgilio Godoy, del PLI, a pesar de ser su partido el que más ha "amenazado" con seguir el camino abstencionista y más cerca ha estado de la demanda e "diálogo nacional" formulada por la CDN.

El PSN ha hecho llamados al "patriotismo de la CDN para que depongan su actitud abstencionista, pues "respaldan a Reagan con sus posición intransigente". "Nadie tiene derecho a decir que no hay condiciones", ha dicho Domingo Sánchez.

"Es un error contra el mismo pueblo...". (Los socialcristianos) "cometieron el error de tomar la decisión (de abstenerse) pensando desde Washington y no desde Caracas... (siendo así) que la Democracia Cristiana ha tenido por tradición desarrollarse dentro de las reglas del juego de la democracia participativa y representativa. En una cómoda postura abstencionista desprestigian a los partidos que iremos a los comicios". (Mauricio Díaz, PPSC).

Para el FSLN, la Coordinadora "lo sacrificó todo a cambio de nada", con lo que "se suicidó políticamente", automarginándose así de la "tarea histórica" de contribuir a la redacción de la Constitución. Más adelante, el juicio de los dirigentes revolucionarios ha sido más y más duro: ven en la abstención de la CDN una obediencia a los lineamientos de Washington para preparar la intervención norteamericana.

Una campaña electoral libre, plural y austera

En la campaña electoral nicaragüense ha habido "el tiempo y la libertad" que reclamaba como condiciones Arturo Cruz.

Tres meses de propaganda proselitista en un país tan pequeño y con sólo 3 millones de habitantes parecen suficientes para que los partidos puedan exponer sus puntos de vista a todo el pueblo. Es más del triple del tiempo de las campañas británicas, el doble de la campaña española y una tercera parte más larga que la campaña norteamericana.

Ha habido tiempo. Y las libertades se han ido ampliando desde las vísperas de la campaña hasta hoy, cuando apenas quedan incidentes aislados o situaciones irregulares que, por otra parte, se producen en cualquier campaña electoral de cualquier país del mundo, más aun si se tiene en cuenta que ese país vive desde hace cinco años un proceso profundo de cambios y una guerra que ha causado ya 7 mil muertos.

El pasado 19 de julio se levantaron la restricciones que el Estado de Emergencia, provocado por esta guerra, imponía en cuanto a libertad de movimiento, de manifestación y de reunión. Se suprimió también la censura de prensa, exceptuando únicamente las informaciones económicas y las militares. Se devolvían así las libertades que la situación de agresión había obligado a suprimir, para que nada obstaculizara el desarrollo de una normal campaña electoral. El 6 de agosto se ampliaban aun más estas libertades, restaurándose el derecho de huelga, el derecho de amparo y el hábeas corpus y limitándose la censura de prensa únicamente a las informaciones de carácter militar. También se ha concedido después amnistía a decenas de presos que permanecían encarcelados por delitos de tipo político señalados en la Ley de Emergencia. Muchos de ellos eran militantes conservadores y el PCD había insistido en su liberación, poniendo ésta como condición para su participación en la campaña.

A la par que se abría el espacio legal, se abría también para los partidos del espacio en los medios de comunicación. Para pagar estos espacios, así como para comprar otros materiales necesarios para la propaganda (papel, pintura, gasolina, etc.). El Estado entregó a cada partido 9 millones de córdobas para que los invirtieran según sus necesidades. (En Nicaragua los partidos políticos no tienen tradición de cotizar).

Bajo el principio de libre contratación, cada partido tiene derecho a 30 minutos semanales en la TV estatal y a 45 minutos semanales en cada una de las emisoras de radio del Estado. Bajo el mismo principio, pueden contratar también espacios en las emisoras privadas, que están obligadas a vender un mínimo de 5 minutos diarios a cada partido. (A fines de septiembre el Estado redujo los precios de los espacios radicales y televisados en un 50% para dar mayores posibilidades a los partidos).

Desde el 1 de agosto, los 7 partidos inscritos utilizan, con cuñas, noticieros propios y programas elaborados, todas las emisoras del país, exceptuando únicamente las dos emisoras religiosas, "Radio Católica" y la evangélica "Ondas de Luz", que, por ley, no puede publicitar a ningún partido. La TV dedica media hora diaria a la propaganda proselitista, en horas de la noche. Los partidos se van turnando en este espacio, de tal manera que cada partido tiene media hora semanal, en dos espacios de 15 minutos. De los tres diarios nacionales, "La Prensa" no publica publicidad de ningún partido, pues su opción es abstencionista; "El Nuevo Diario" la publica de todos los partidos y "Barricada", como órgano oficial del FSLN, aunque sí informa ampliamente de las actividades de los partidos, sólo publica propaganda sandinista.

El pueblo de Nicaragua está teniendo así un acceso masivo a muy diferentes puntos de vista. Los desplazamientos de los dirigentes políticos a todos los rincones del país, en donde celebran libremente mitines públicos y otros actos más selectivos, como asambleas o debates, permiten a cualquier nicaragüense interesado confrontar sus propias opiniones con las contrarias. Naturalmente, algunas de estas opiniones se le presentan al pueblo analizadas y argumentadas y otras bajo una forma claramente demagógica y simplista. "Lo que se oía en los tramos del mercado es lo que andan diciendo ahora los partidos que están contra el Frente", se oye decir a la gente, que observa el agresivo tono de oposición a la revolución con que habla la mayoría de los dirigentes políticos que participan en la campaña.

En este sentido, podría decirse que en muchas de las manifestaciones públicas promovidas por algunos partidos opuestos al FSLN -mitines que después se transmiten por TV y radio- la campaña ha tenido ribetes muy demagógicos, en la línea del electorerismo más barato y no se ha logrado siempre un debate político de altura .

Hay, pues, tiempo, libertades, pluralismo y oposición. Para el que vive en Nicaragua eso es innegable. Esto no quiere decir, sin embargo, que la campaña electoral sea perfecta ni un modelo de pureza. Se ha ido perfeccionando y depurando con el correr de los días y con la experiencia cívica y política que está aportando a todos.

El Consejo Supremo Electoral ha recibido quejas de prácticamente todos los partidos políticos. En estas quejas, los hechos más frecuentemente denunciados son: 1) Se quita, destruye o altera la propaganda (pintas o afiches), 2) Se producen agresiones físicas o amenazas verbales entre los activistas, 3) Se obstaculiza a los simpatizantes de los partidos cuando colocan propaganda o se movilizan, 4) Se coloca propaganda en edificios públicos. (La mayoría de los acusados por estas acciones suelen ser los simpatizantes del FSLN). Para poder actuar legalmente, el Consejo Electoral pide siempre que las acusaciones no sena vagas sino muy concretas.

Es una realidad que, si en el arranque de la campaña hubo una cierta constancia en estas irregularidades, y partidos como el PLI afirmaron que de continuar así se retirarían de las elecciones, en la actualidad hay más control y todos los partidos, en las reuniones de evaluación a las que han sido convocados por el Consejo, admitido las claras mejoría del clima electoral. Aunque aun en estos momentos, el PLI sigue quejándose de que el Consejo no contesta con suficiente "seriedad" a sus demandas.

Desde los primeros días de la campaña el Consejo Supremo Electoral hizo llamados a los partidos y al pueblo para hacer en Nicaragua "una gran escuela de educación cívica", pidiendo a todos "respeto al derecho ajeno y a la dignidad del ser humano". También pidió el Consejo que cesara "cualquier alusión denigrante en contra de los candidatos y sus familiares".

El más activo denunciador de las reales irregularidades cometidas -y que inevitablemente se pueden seguir cometiendo- y de supuestas y a veces fantasiosas irregularidades atribuidas al propio Consejo Electoral ha sido el diario "La Prensa" que no ha perdido oportunidad de deslegitimar las elecciones. Mas bien, parece ser su propósito en cada edición del periódico. Ya a raíz de las inscripciones, el Presidente del Consejo tuvo que responder al periódico con un firme comunicado (8?agosto): "No es el CSE el que prepara el fraude; es "La Prensa" la que trata, sin fundamento, de sentar las bases y crear las condiciones para acusarlo de fraude electoral.

La campaña electoral en Nicaragua es, antes que nada, una campaña austera, pobre en todos esos recursos con los que habitualmente estas contiendas. Y no sólo porque la campaña se desarrolla en un país empobrecido y en guerra, sino porque limitaciones de todo tipo impiden obtener gran cantidad de papel de calidad para derrocharlo en volantes o en afiches- el viento, el polvo y la lluvia despinta los que hay en pocos días- o porque si se hacen, limitaciones técnicas no facilitan hacer propaganda en colores llamativos. En este sentido, un enorme esfuerzo y muchas semanas está costando la impresión a todo color de los 4 millones de boletas electorales, en las que se invierten 192 mil dólares.

En nada recuerda esta campaña los despilfarros consumistas y espectaculares que caracterizan las de algunos países. El capítulo de Etica de la Ley Electoral prohibe también a los partidos dar "regalos" como medio de conseguir votos. Tampoco es ésta una campaña centrada en la persona de los candidatos. Se ven muy pocas fotografías con sus rostros. La campaña la define, sobre todo, una pugna más recia y mas profunda: desterrado el somocismo, el proyecto revolucionario (FSLN) -con sus costos ya conocidos, que pasan por el dolor de esta cruel guerra defensiva frente al poderío norteamericano- está midiendo sus fuerzas con otros proyectos reformistas (PSN, PPSC, PLI, PCD)o con proyectos de un radicalismo que resulta irreal para un país como Nicaragua (PC de N, MAP-ML).

Los partidos que participan en la contienda electoral

No intentamos una comparación sistemática de los programas de los partidos, pues esta se haría muy extensa y también dificultosa, por las muy diferentes formas en que estos programas están expresados. Hemos preferido, más bien, indicar algunas peculiaridades del programa de cada partido y dar unas pinceladas que muestren el tono que cada uno ha adoptado en la campaña.

Partido Liberal Independiente (PLI)

En alianza con el FSLN, el PSN y el PPSC, formó el Frente Patriótico de la Revolución (FPR). Fue el primero en romper esta alianza, al anunciarse la apertura del proceso electoral.

Sus candidatos para presidente y vicepresidente son: Virgilio Godoy, 50 años, abogado, que fue Ministro del Trabajo del gobierno revolucionario hasta febrero de 1984, y Constantino Pereira, 49 años, economista.

En su programa de acción (26/febrero/84), el PLI plantea una política económica basada en la planificación económica frente a la estatización y e el impulso y desarrollo de la economía mixta. En lo internacional -fiel a la tradición histórica del liberalismo en el área- enfatiza el estrechamiento de relaciones con los países centroamericanos.

En la campaña electoral, el PLI -que dice participar en la contienda "para restaurar la paz"- ha hecho precisamente del tema de la paz el eje de su propaganda. Sus consignas y discursos así lo muestran. "En un país en donde la guerra ocupa el primer lugar no puede existir bienestar ni paz para el pueblo. Votando por el PLI votamos por la paz", dice uno de sus eslogans radiales.

Para el PLI, la guerra "es un negocio de los que nos gobiernan". En ese sentido anuncia que su "primera tarea" será desmilitarizar el país y nacionalizar el ejército", porque "el ejército no será preocupación central en un gobierno liberal". El análisis que hace el PLI de la guerra de agresión actual se encuadra en el ya clásico del "conflicto Este-Oeste": "Rechacemos ser el experimento de las dos grandes potencias para dirimir sus problemas".

En lo económico, el PLI afirma que "la economía mixta no es más que un artículo de exportación" del gobierno revolucionario. El énfasis mayor lo hace en resaltar las limitaciones actuales en el abastecimiento de productos básicos: "al NO HAY que hacerle un monumento".

Durante la campaña, Godoy ha criticado genérica y globalmente la gestión revolucionaria, incluyendo la misma cruzada de alfabetización. Ha afirmado que "el producto" de estos cinco años es una "descomunal desilusión" y que el gobierno "ha querido convertir a Nicaragua prácticamente en un gran campo de concentración".

Constantino Pereira, su candidato a vicepresidente es quizá, entre todos los candidatos, el que más ha personalizado los ataques, al acusar al FSLN de haber entregado el gabinete y los puestos de mayores responsabilidad a las mismas familias aristocráticas de siempre, por el sólo interés de seguir manteniendo sus apellidos en las estructuras de poder en Nicaragua.

El PLI afirma que cuenta con el 25% de los electorales y que tendrá de 35 a 45 de los 90 miembros de la Asamblea. De ganar, el PLI ha declarado que formaría un gobierno de "conciliación" o "concentración nacional", disolvería los tribunales especiales que actualmente juzgan los delitos contrarrevolucionarios, decretaría una amplia amnistía y, después de redactada la Constitución, llamaría nuevamente a elecciones generales. Globalmente, y sin decir con precisión cómo, el PLI promete "la paz" si llega al poder.

Oído en la campaña

"Si bien es cierto que parte de esta crisis viene de afuera, otros factores se han cultivado aquí por los que mandan, por la violación de todas las promesas hechas a partir del 19 de julio... Si Sandino estuviera vivo votaría por el PLI" (Virgilio Godoy. San Juan de Oriente, 18 de agosto).

(Después de criticar fuertemente el Festival de Música Popular de América Latina y el Caribe celebrado en Managua durante 4 días a fines de agosto con la asistencia de 400 mil personas): "Ni los romanos se atrevieron a eso. Porque ellos daban pan y circo. ¡Y aquí sólo hay circo!" (Virgilio Godoy. La Trinidad, 25 de agosto).

Partido Socialista Nicaragüense (PSN)

En alianza con el FSLN, PLI y PPSC formó el Frente Patriótico de la Revolución (FPR). Fue el único de estos partidos que quiso que a las elecciones se presentaran unidas "todas las fuerzas revolucionarias", sin lograrlo.

Sus candidatos para presidente y vicepresidente son: Domingo Sánchez Salgado, 69 años, el más viejo de los aspirantes, veterano líder obrero, y Adolfo Everstz, 48, ingeniero, que hasta hace unos meses era responsable de la producción avícola del Ministerio de Desarrollo Agropecuario y de la Reforma Agraria.

En su Programa Político Electoral (1/agosto/84) dicen los socialistas que "la revolución popular sandinista constituye la conquista más significativa alcanzada hasta el momento por nuestro pueblo", añadiendo que "el PSN, desee sus inicios, ha apoyado el proceso revolucionario y siempre lo apoyará por el contenido profundamente popular y antiimperialista que encierra". "De todos los partidos, con quien más afinidad tenemos es con el FSLN. Somos hermanos políticos e ideológicos... Cuidamos el proceso revolucionario como a la niña de nuestros ojos", ha dicho Sánchez Salgado durante la campaña.

En su Programa el PSN se propone 1) fortalecer la defensa 2) ordenar la economía 3) perfeccionar el aparato estatal y 4) ejercitar la democracia popular.

Durante la campaña electoral -en la que el PSN espera "revivir el prestigio" que tienen los socialistas en todo el país-, el PSN dice ubicarse "en el centro", haciendo énfasis fundamentalmente en lo que llaman "revolución en la revolución", dirigida ésta a combatir las arbitrariedades, el oportunismo, el burocratismo y la "prepotencia sectaria" que estarían desvirtuándola. "Por una revolución sin sectarismo y con justicia", dice uno de los eslogans del PSN. Proponen con este fin, entre otras cosas, una ley de probidad, aplicable a los funcionarios estatales, a los que debería aplicarse una seria elección.

El PSN propone un Poder Ejecutivo "representativo de todas las fuerzas patrióticas y revolucionarias". Los socialistas han criticado durante su campaña fallas del gobierno revolucionario en la planificación económica, que -dicen- han llevado la producción a "niveles desastrosos". Entre sus propuestas económicas, el PSN señala la consolidación y profundización de la Reforma Agraria, la promulgación de una Ley de Inversiones Extranjeras, el desarrollo de la industria de la construcción y el mantenimiento y apoyo a las que llama "cuatro formas de propiedad" que se dan ya en la economía mixta (estatal privada, mixta y cooperativa). Insiste también el PSN en una política seria para unificar a la clase obrera nicaragüense.

En su campaña, el PSN denuncia el imperialismo norteamericano como culpable de la guerra en Nicaragua y propone el fortalecimiento de las estructuras de la defensa militar.

Oído en la campaña

"La solución sólo la tiene el FSLN, porque ¿qué pueden ofrecer los otros partidos si el Dr. Godoy reprimió el derecho de los trabajadores? ¿Qué puede ofrecer el Partido Conservador al pueblo si hizo leyes regresivas? El PSN no hizo las leyes (revolucionarias) pero luchó por ellas". (Sánchez Salgado, Granada, 12 de agosto).

"El tren que va hacia el socialismo camina sobre dos rieles: uno puede ser el FSLN y otro el PSN". (Sánchez Salgado).

Partido Popular Socialcristiano (PPSC)

En alianza con el FSLN, y el PSN formó el Frente Patriótico de la Revolución (FPR).

Sus candidatos para presidente y vicepresidente son: Mauricio Díaz, 34 años, abogado, y Guillermo Mejía, 46, dirigente obrero y artesano.

En su Plataforma Básica de Gobierno (24/mayo/84) el PPSC propugna por un "socialismo de inspiración cristiana", que "no es una simple vía intermedia entre el capitalismo y el comunismo". El PPSC propone "modificaciones sustanciales" al proceso revolucionario. En lo económico, privilegiar la propiedad cooperativa "o comunitaria" y transformar la actual área de propiedad estatal en área de propiedad de los trabajadores, a través de fórmulas de autogestión, dejando únicamente en manos del Estado las "areas estratégicas" (fundamentalmente, el sector de servicios básicos). El "principio de la participación" debe ser el fundamento de la organización social -dicen-, abogando también por una descentralización de las decisiones como freno al burocratismo. Una amplia participación de los trabajadores en las empresas y una fuerte inyección de capital extranjero son las soluciones que proponen en el plano económico.

En su campaña electoral -que plantean como "una cruzada cívica para rescatar la patria"- el PPSC ha enfatizado fundamentalmente "lo cristiano". Lo indican sus eslogans: "Cristianos al poder", "Los cristianos somos la paz", "Revolución sí pero cristiana", "El miedo no es cristiano ni nicaragüense"... Consideran que así su mensaje "va dirigido al 99.9% de los nicaragüenses, que son sectores cristianos". (Mejía). El PPSC espera obtener el 15% de los votos.

En cuanto al área religiosa, el PPSC propone la inclusión de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas a solicitud de los padres de los alumnos, el servicio de capellanía en las filas del ejército y el establecimiento y regulación de la objeción de conciencia al servicio militar.

Aunque el PPSC critica al gobierno norteamericano en la actual guerra de agresión y apoya la defensa militar, afirma a la vez que es el FSLN el que "ha aceptado el desafío a esa guerra".

Oído en la campaña

"El voto de los nicaragüenses sensatos es para el Partido Popular Socialcristano... Por encarnar valores cristianos y llevara la práctica política esos valores cristianos" (Mauricio Díaz. Intervención en TV, 23 de agosto).

"Aquí no hay socialismo, aquí hay un país con economía capitalista y además deteriorada" (Guillermo Mejía, Panel de discusión política en la Universidad Centroamericana de Managua, 26 de septiembre).

Partido Comunista de Nicaragua (PC de N)

Durante los cinco años de revolución, el PC de N ha manifestado continuas posturas de oposición a las medidas del gobierno revolucionario, especialmente en el campo económico.

Sus candidatos para presidente y vicepresidente son: Allan Zambrana, 30 años, dirigente obrero y Manuel Pérez Estrada, 70, dirigente sindical.

En su Programa (15/mayo/84), el PC de N hace una clara división entre su Programa Inmediato y el Mediato. Este último propone la dictadura del proletariado y la edificación del socialismo y de la sociedad comunista en Nicaragua. Para llegar a esto, el PC de N plantea en su Programa Inmediato lo que llama "el camino seguro de tránsito pacífico al socialismo". En él, señalan que la Reforma Agraria ha de ser "la tarea primaria y fundamental". Pero una Reforma Agraria distinta de la que ha promovido el gobierno revolucionario, a la que acusan de ampliar la base social del capitalismo, pues transforma a miles de trabajadores agrícolas en propietarios, con lo que se estaría impidiendo la alianza obrero-campesina que garantizaría un auténtico poder popular.

El PC de N acusa al gobierno revolucionario de "agrarismo" y propone la nacionalización de toda la tierra del país, entregándola en usufructo perpetuo a los campesinos. La política económica, en general, la juzga como "desarrollista". Y entre las medidas que propone para alejarla de esta tendencia están el desconocimiento de la deuda externa, el rechazo de todo tipo de préstamos capitalistas y la profundización de las relaciones con los estados socialistas, junto a una política de severa austeridad.

la campaña electoral del PC de N ha sido muy sobria. Apenas hay actos masivos y no han querido usar la TV. El énfasis se ha hecho en el señalamiento de las líneas económicas que juzgan no-revolucionarias en el actual gobierno, desde el proyecto de economía mixta hasta los detalles de la política salarial o laboral.

"¡A ganar la contienda electoral! ¡Porque así lo necesita la patria! ¿Podemos? ¡¡Mil veces podemos!!", es el eslogan radial que más repite la propaganda comunista.

Movimiento de Acción Popular Marxista-Leninista (MAP-ML)

El MAP-ML ha mantenido una postura de beligerante oposición al gobierno revolucionario, especialmente en aspectos económicos y laborales.

Su candidato para Presidente es Isidro Téllez, 36 años, dirigente sindical y para vicepresidente, Juan Alberto Henríquez, 38 años, periodista.

En su programa -en el que no aparece fecha- el MAP-ML diferencia lo Estratégico de lo Táctico. El Programa Estratégico contempla la edificación del "socialismo proletario y el comunismo". Pero para llegar a esa meta, el MAP-ML plantea en su Programa Táctico una serie de tareas concretas que -indican- variarán según vayan surgiendo las distintas coyunturas. Es por eso que estas tareas se expresan de manera amplia en formulaciones como éstas: "El fortalecimiento y desarrollo del partido de vanguardia de la clase obrera" o "La independencia política e ideológica de la clase obrera respecto a la burguesía y la pequeña burguesía". Si bien el MAP-ML ha sido muy activo en dar a conocer sus planteamientos especialmente en ambiente obreros, su campaña electoral -que conciben como un medio de "profundizar la revolución"- ha sido notablemente sobria en aspecto más masivos o bullangueros, aunque sí emplean la TV. De hecho, han dedicado un esfuerzo especial durante el período de campaña -y así lo reconocieron- a la preparación de sus cuadros, aprovechando los nuevos espacios políticos.

En sus apariciones públicas, el MAP-ML ha abundado en críticas a la fórmula y diversas implicaciones de la economía mixta, pues -dicen- "reconstruye las relaciones capitalistas y se ha traducido en represión al movimiento obrero". Ha hecho también continuas críticas al imperialismo norteamericano, marcando fuertemente la necesidad de la defensa militar. Sugiriendo, por ejemplo, que el dinero que gasta el Estado revolucionario en incentivar la producción privada debería dedicarlo a la compra de más y mejor armamento.

En su propaganda, el MAP-ML recuerda habitualmente que sus Milicias Populares Antisomocistas- las MILPAS, como las conocían todos- fueron "la única fuerza armada que combatió al lado del pueblo y de los sandinistas". (Estas MILPAS realizaron en 1978 y 79 algunos actos armados realmente espectaculares). Uno de los eslogans del MAP-ML dice: "¡Ni un voto a la burguesía! ¡Balas para el imperialismo!".

Oído en la campaña

"No, no podemos decir que aquí terminó la explotación ni la opresión. ¡Existe burguesía, existen terratenientes, existen salarios de hambre! Socialismo con burguesía, socialismo haciendo negociación con el imperialismo, socialismo de espaldas a los trabajadores: éste es el modelo sandinista" (Juan A. Henríquez. Panel de discusión política en la Universidad Centroamericana de Managua, 3 de octubre).

"No andamos en esta campaña pidiendo votos. Lo que queremos es llegar al cerebro de los trabajadores, de los hombres avanzados que piensan en la revolución proletaria. Queremos un gobierno ejercido por las masas. Porque ahora es la burguesía nacional y la burguesía internacional las que están decidiendo sobre esta revolución. ¡Y la socialdemocracia no quiere el socialismo!" (Idem).

Partido Conservador Demócrata (PCD)

Los tres grupos conservadores que en marzo/79 se unieron en el actual PCD mantuvieron ya desde los mismos días siguientes al triunfo revolucionario una postura de abierta y continua oposición al proceso revolucionario.

Los candidatos del PCD para presidente y vicepresidente son: Clemente Guido, 54 años, médico, y Mercedes Rodríguez, empresaria y hacendada, 52, viuda del General Emiliano Chamorro, caudillo conservador anterior al somocismo, que después pactó con Somoza García. (En sus eslogans radiales el PCD evoca al General Chamorro y lo viva).

En su programa formulado en marzo/79, el PCD, que considera que "su base social política es el trabajador del campo" y que propone "la paz social entre las clases sociales", insiste, entre otras cosas, en el respeto a la propiedad privada cuando ésta cumpla una función social, propugnando por la abolición de los monopolios y por la implementación de una política fiscal eficaz. Propone también el establecimiento del servicio militar obligatorio. En lo político, el PCD propone el pluralismo político, la autonomía municipal y las elecciones libres.

En su campaña electoral, el PCD se define como la línea "centrista". "¡Trabajadores sindicalizado!: el Partido Conservador Demócrata te espera en el centro. ¡Somos la clase media luchando por tus derechos!", dice uno de sus eslogans radiales.

En lo económico, el PCD insiste en su propaganda en la fórmula del "pacto social", que garantice al obrero participación en los beneficios de la empresa y derecho a fiscalizar su gestión y al empresario, garantías, incentivos y la seguridad de que no se confiscará su propiedad si es productivo.

Frente a la actual Reforma Agraria, que describen como "subjetiva, abusiva y teorizante", los conservadores proponen las "cooperativas conservadoras", inspiradas en dicho pacto.

De obtener el poder, el PCD afirma que tomaría tres medidas iniciales: la abolición de lo que ellos llaman "confiscaciones" , la abolición del servicio militar -que proponen en su programa escrito- y el establecimiento de buenas relaciones con los Estados Unidos, porque "los yankis pueden ser malos pero los dólares no".

Guido promete en su campaña "la revolución de la abundancia" y felicita a las madres que han impedido que sus hijos cumplan el servicio militar. En sus mitines se evocan los tiempos de los conservadores (el período "de los 30 años", entre 1837 y 1893), cuando -dicen en las concentraciones- "la abundancia fue tan grande que hasta los perros se amarraban con chorizos".

Oído en la campaña

"Nicaragüense: sólo te pedimos un día de valor cívico, unos minutos de valor cívico para que marques con una cruz la bandera vender del Partido Conservador Demócrata de Nicaragua y borres de una vez esta pesadilla de cinco años". (Clemente Guido. San Lorenzo, 19 de agosto).

"Quiero recordarles la oración de la libertad, esa oración que ustedes deben de rezar cada día antes de acostarse para que les dé valor para votar por el Partido Conservador... Esa oración de la libertad es ¡De frente contra el Frente!" (Clemente Guido. Nagarote, 15 de septiembre).

"El acta de Contadora es un documento romántico, para ser escrito en las tareas sociales de un alumno de primaria... Es un documento más en la literatura política inoperante de América Latina y sólo sirve como "salida de baño" para que los sandinistas sigan diciendo que son amantes de la paz". (Clemente Guido. Masaya, 30 de septiembre).

Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)

Hegemonizando un gobierno de unidad nacional, el FSLN ha dirigido el proceso revolucionario durante cinco años.

Sus candidatos para presidente y vicepresidente son Daniel Ortega, 39 años, comandante de la revolución, y Sergio Ramírez, 42, escritor y abogado.

El FSLN no ha presentado un Programa de Gobierno, sino lo que llama Plan de Lucha, que sintetiza en 23 puntos el programa histórico del FSLN, a la vez que los logros y metas del proyecto revolucionario ya en marcha. En este Plan, todos los compromisos que asume el FSLN se expresan, por esto, con fórmulas que indican un proceso que está decidido a continuar. Se compromete el FSLN a "profundizar", a "seguir impulsando", a "consolidar".

De cara a la novedad que va a suponer la elaboración de una nueva Constitución para Nicaragua, el FSLN indica en sus documentos que introducirá en la constitución política lineamientos básicos para la organización del Poder Popular y el Estado Revolucionario:

"La revolución popular sandinista impulsa una amplia y efectiva participación popular... también en el Sistema Nacional de Dirección de la Economía y en el proceso de planificación a nivel sectorial, regional y de empresas o centros de trabajo, así como en la participación de los organismos de masas en el proceso de decisión estatal con relación a políticas que les afecten. Así se tiene como objetivo combinar la democracia representativa con la democracia directa y participativa... El objetivo es lograr una democracia popular de tipo superior, basada en expresiones reales y efectivas del poder popular".

Y puntualiza que "la organización del Poder Popular y de la gestión gubernamental debe tener adicionalmente una expresión territorial".

El FSLN confía obtener el 80% de los votos, según declaró el Comandante Arce en la reunión de la IS en Río de Janeiro. En su campaña ha multiplicado la fórmula de los encuentros que desde hace cinco años organiza semanalmente entre los dirigentes de la revolución y los ministros del gobierno con distintos sectores de la población (barrios, profesionales, grupos con intereses afines, organizaciones populares, etc.). En estos encuentros -llamados "De cara al pueblo"-, que se transmiten siempre por radio y TV, se exponen los temas básicos de la coyuntura de la semana y se responde a las preguntas que hacen los asistentes.

Los más destacado en la campaña del FSLN es el gran realismo con el que todos sus candidatos enfocan los problemas, realismo que se resume en esta frase que aparece en los documentos oficiales presentados por el FSLN para la campaña: "El FSLN declara con responsabilidad al pueblo que vanguardiza que las posibilidad de aumentar rápidamente el nivel de vida son muy limitadas". Con ese mismo realismo se habla en estos meses -como ya se venía haciendo- de la continuación de la guerra, de los límites para el logro de la paz, de las dificultades para llevar adelante los proyectos de desarrollo ya comenzados, de las durísimas perspectivas económicas... De algún modo, hablar de la campaña electoral del FSLN es hablar de todo el proceso revolucionario, que continua su marcha en estos meses, ahora con la próxima meta de institucionalizarse a través de la consulta popular.

Como modalidad que el espacio proselitista concede y para que los sandinistas puedan captar mejor las quejas y aspiraciones populares, el FSLN ha movilizado a 70 mil activistas para que realicen visitas casa por casa en las que presenten el Plan de Lucha y lo confronten con las opiniones de cada familia. En el mes de septiembre se iniciaron sistemáticamente estas visitas, a las que el FSLN concede más importancia que a cualquier otro mecanismo de propaganda. Este método de contacto directo con el pueblo, que evoca los métodos empleados durante la larga guerra contra la dictadura, caracteriza ya la campaña sandinista, después de que en los primeros días de agosto parecía que iba a caer en los métodos aparatosos de una millonaria campaña de publicidad.

"¡Seguimos de frente con el Frente!" es la única consigna electoral del FSLN. En ella se explica el sentido que se quiere dar a estas elecciones: son una etapa más en un camino que ya está roturado y ya es conocido.

Oído en la campaña

"Tardaremos una vida en alcanzar la felicidad plena, porque muchos de nosotros moriremos y las nuevas generaciones tendrán que seguir impulsando este proceso". (Comandante Carlos Núñez, León, 1 de agosto).

¿Qué revela esta campaña?

Independientemente de los resultados de los comicios del 4 de noviembre, dos meses de campaña electoral revelan algunos elementos clave en un diagnóstico político del país:

Los partidos abstencionistas. Los tres partidos que integran la Coordinadora Democrática, en su real aunque no jurídica participación en la campaña, han consolidado la imagen con la que han venido actuando en estos cinco años de proceso revolucionario: insistentes reclamos de condiciones legales a la par que continuas actuaciones fuera de los nuevos marcos legales del país. Las últimas pláticas de la coordinadora y el FSLN en Río de Janeiro, en los primeros días de octubre, en donde la CDN hizo de la posposición de las elecciones su tema clave, no llegaron a ningún acuerdo por rechazar la CDN comprometerse en el resbaloso terreno de conseguir de la contrarrevolución un cese de la agresión. No es difícil imaginar que de participar la CDN, posponiéndose las elecciones, el proceso revolucionario habría arriesgado mucho: un plazo de varios meses de un gobierno "aún no legitimado electoralmente frente a un Reagan legitimado en una reelección.

Tampoco cuesta imaginar que si la CDN se hubiera inscrito y estuviera participando, cualquier incidente ambiguo -inevitable en cualquier proceso electoral- les hubiera dado pretexto para retirarse, señalando la falta de "condiciones" y esto hubiera servido también a un Reagan reelecto para justificar más fácilmente la intervención ante el "desorden y el caos interno". La postura de la CDN frente a Contadora -tan similar a la del gobierno Reagan-, su insistencia en ser ellos la única "oposición legítima" -tan similar a las afirmaciones de la propaganda del gobierno norteamericano- acercan peligrosamente ambas estrategias, encubiertas bajo la etiqueta de defensa de la libertad.

Los partidos inscritos. Su campaña ha sido notablemente dura y agresiva contra el FSLN, al que acusan -con distintos matices- de haber provocado con sus arrogancia a los Estados Unidos, causando así esta guerra, que está dividiendo a la sociedad nicaragüense y provocando escasez, dolor y muerte. Su frontal oposición al FSLN los conduce por caminos difíciles de transitar con argumentos válidos, pues se olvidan de la misma realidad histórica, que muestra que con arrogancia o sin ella, los Estados Unidos no parecen dispuestos a tolerar en Centroamérica un régimen que se escape de su hegemonía. Es por estos caminos a históricos que los partidos contendientes no han podido evitar el vicio de la demagogia. Una interrogante pendiente es el volumen real de votos que estos partidos puedan conseguir. Después de tan prolongado cierre del espacio político como supuso el somocismo, es una incógnita qué grado de articulación hayan conseguido cada uno de estos partidos con sus bases durante los cinco años de proceso revolucionario y especialmente en estos últimos meses, de mayor actividad proselitista.

Los partidos de extrema izquierda trabajaron durante años de somocismo en la clandestinidad, pero históricamente no fue su bandera sino la del FSLN la que movilizó al pueblo. Son probablemente partidos muy minoritarios. Por otra parte, las dos tradiciones políticas de Nicaragua -liberalismo y conservatismo- están presentes en la actual campaña, a través de dos partidos libres de toda sospecha de colaboracionsimo con la dictadura. Lo mismo puede decirse de esa reciente "tradición" latinoamericana, que representan los (Popular) Socialcristianos. ¿Qué queda de estas raíces más tradicionales, qué grado de arraigo reciente pueden tener estos partidos, cómo revivirán sus tradiciones los "socialistas"? Lo que sí parece claro es que el recurso del PLI y del PPSC a una campaña muy agresiva contra el FSLN revela su juicio político: no les favoreció el haber formado parte durante más de cuatro años del FPR, alianza política claramente hegemonizada por el FSLN, y quieren ahora romper la imagen que esta colaboración pudo haber creado entre los electores.

¿Serán capaces estos partidos de capitalizar -como parecen pretender- el descontento que en sectores muy diversos hay contra el costoso proyecto revolucionario? ¿Podrán lograrlo fragmentados? Es una evidencia que los mitines públicos de estos partidos están teniendo una asistencia exigua, aun cuando existe plena libertad de movilización. Asistencia más exigua si se la compara con las gigantescas manifestaciones con las que la revolución ha llenado estos años plazas y calles.

El FSLN. Son grandes los desafíos que plantean al partido de la revolución estas elecciones. Desde un punto de vista de los hábitos electorales de las "democracia occidentales", lo ideal para el FSLN sería que los partidos de oposición alcanzaran en conjunto un 35, 40% de los votos, pues esto haría "creíble" el resultado de los comicios. Pero desde el punto de vista de este país, donde la continuación y profundización de los cambios estructurales hace poco menos que imprescindible un amplísimo consenso social, los deseos del FSLN apuntan a metas más amplias, aunque un 70 u 80% de votos que le fueran favorables evocara en ciertos sectores del mundo occidental los resultados "plebiscitarios" de los regímenes autoritarios.

Hay otro desafío. Todo partido en el gobierno se desgasta y casi ninguna fórmula de unidad nacional puede satisfacer durante mucho tiempo los intereses de todas las fuerzas sociales de un país. No es extraño, desde esta perspectiva, que las elecciones tengan un resultado triunfante para el FSLN, aunque no aplastante. Pero a este punto de vista hay que incorporar un dato clave: la actual agresión contrarrevolucionaria, apadrinada por los Estados Unidos, ¿no podría convertirse en el cemento que unificara a la mayoría del pueblo para apoyar al FSLN con su voto?

¿Qué pesará más: la comprensión de que en la actual guerra de resistencia se expresa la voluntad de cambios profundos para mejorar la vida de los pobres o el rechazo a esa guerra cuyo final es difícil hoy de imaginar? La percepción que el pueblo tenga de esta guerra decidirá muchos votos en los comicios. De ahí que el tema de la guerra y de la paz sea eje clave en la campaña.

El FSLN, como todos los partidos, está hoy a merced de la voluntad política del pueblo nicaragüense. "Lo verdaderamente crucial es que en un proceso revolucionario (de izquierda) haya elecciones", ha dicho el Comandante Jaime Wheelock. En esto radica la audacia del FSLN. Y es tal vez esta audacia y su fundamental confianza en la madurez política y la conciencia nacional del pueblo nicaragüense -especialmente del pueblo pobre, que es el mayoritario- lo que le llevó al triunfo y a la hegemonía del proceso revolucionario.

El mayor obstáculo para esta audacia sigue estando hoy en la actitud de los Estados Unidos, que parece decidido a presionar a los países centroamericanos para congelar la frágil paz propuesta por Contadora y que continua decidido a continuar su agresión militar contra Nicaragua -en creciente escalada en estos días- para impedir así las elecciones y facilitar una intervención más directa.

En las elecciones nicaragüenses, como en todo este costoso proceso revolucionario, está en juego el destino de una pequeña nación empeñada en defender su derecho a vivir sin ser sojuzgada imperialmente ni en su política exterior ni en su política interna por el solo hecho de estar ubicada en lo que Estados Unidos juzga su "traspatio". Una alternativa política que, también en este proceso electoral, revela su profundo contenido ético.

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