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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 34 | Abril 1984
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Nicaragua

La familia nicaragüense en proceso de cambio

La sociedad nicaragüense vive un profundo proceso de transformaciones: estructuras políticas nuevas, nuevas leyes, nuevos proyectos económicos. Los cambios han atravesado también los umbrales del hogar poniendo en crisis las actitudes tradicionales.

Equipo Envío

Cinco años de revolución no son suficientes para hacer una nueva familia. Sí lo son para mostrar algunas tendencias de renovación que, no sin conflictos, se revelan en la crisis actual.

Rasgos que caracterizan a la familia nicaragüense

La familia nicaragüense es, en su estructura, en las funciones que desempeñan sus miembros y en la autocomprensión que de ellas tienen, heredera del modelo colonial (feudal-patriarcal) y del modelo indígena, en sus rasgos tribales y matriarcales. Gran parte de las estructuras familiares del continente latinoamericano, especialmente entre los sectores más pobres, participa de este choque cultural.

Según un informe elaborado por la Dirección de Orientación y Protección Familiar -organismo creado a los 15 días del triunfo revolucionario- del 34% de los hogares urbanos a nivel nacional -el 60% para Managua- está ausente de padre. En ellos es la madre la que responde económicamente de la casa y de los hijos y es, por esto, la que juega el papel más determinante como agente socializador del niño. Datos como éste permitirían hablar de la familia nicaragüense como de un matriarcado.

En estas familias con padre ausente, éste, sin embargo, está de algún modo presente. La madre suele introyectar en el hijo un "cariño respetuoso" hacia el padre, a quien ve alguna vez, de quien habla. La presencia del padre, evocada de diversas maneras -aunque no viva en el hogar-, refuerza el clásico esquema patriarcal: la mujer "sufre" pro causa del hombre, es débil sin él, es su "propiedad", etc. Estas pautas, muy enraizadas en al conciencia, permitirían hablar de una forma velada de patriarcado, que la sociedad en sus restantes estructuras -marcadamente machistas- confirmaría.

Es en las áreas marginales de las ciudades donde el fenómeno de la ausencia del padre es mayor. Y es Managua, a donde confluyen las oleadas de migraciones campesinas, el espacio social donde este matriarcado-patriarcado se puede observar mejor, en sus causas y en sus consecuencias.

Según el estudio del nicaragüense J.G. Moncada "Matriarcado y Patriarcado" (1977), el hombre domina a pesar de todo, el hogar marginal de Nicaragua. Basa esta apreciación en datos como éstos: el hombre decide sobre la conducta de sus hijos en un 45.98% (mujer: 19.32%), sobre el número de hijos en un 23.96% (mujer:13.93%), sobre el cambio de casa en un 25% (mujer:15.05%). En general, se aprecia un poder paternal más fuerte en las clases altas y medias que en las bajas. (En una relación así: 77% clase alta, 67% media, 58% baja). Son razones económicas las determinantes. En las familias de clase media y alta del padre depende la familia. En las marginales, el padre, aunque está ausente y no sostiene a la familia, compensa esta impotencia económica con actitudes machistas. Es evidente que la estructura de poder autoritario-patriarcal del somocismo consolidaba todos estos comportamientos.

Otra característica de la familia nicaragüense es el ser extensa. Es muy raro encontrar un hogar compuesto solamente por la pareja y los hijos -o por la mujer sola con sus hijos-. La presencia de abuelos, tíos u otros parientes es bastante común. Los factores económicos determinan en buena medida esta realidad. La escasez de vivienda y la gran cantidad de mujeres que tienen que sostener el hogar -o reforzar su economía- requieren la presencia de otros adultos en el hogar, que se transforma así en un pequeño y eficaz núcleo de organización, en donde todos los miembros son interdependientes y en donde las responsabilidades están repartidas en función de las posibilidades de cada uno y de la común supervivencia de todos.

La familia extensa se da tanto en el campo como en la ciudad. El fenómeno campesino podría denominarse, aún más exactamente, el del "clan familiar". Es frecuente que el padre campesino vaya consiguiendo para cada uno de sus hijos parcelas de tierras cercanas al hogar paterno, para que allí construyan su casa y funden su propia familia. Así, en una misma área, viven familias muy numerosas en relación estrecha y con áreas de trabajo de dimensión comunal.

Entre las clases media y alta los patrones culturales son ya otros. Un mayor desahogo económico y pautas más urbanizadas de conducta producen el fenómeno habitual en otras latitudes del hijo o hija, que al decidir casarse está decidiendo paralelamente el fomentar su propio hogar. Sin embargo, esta separación no es ruptura. Los lazos afectivos -de dependencia, también- entre padres, hijos, tíos, hermanos, son muy profundos y continuos. Aun en las clases más acomodadas, los factores económicos también influyen para estrechar estos lazos. El estado nicaragüense -tampoco hoy- no está en capacidad de cubrir las necesidades sociales en esta población, como lo hacen los estados desarrollados. La búsqueda de seguridad y de apoyo entre los que llevan la misma sangre, da entonces raíces más profundas a los afectos.

La familia nicaragüense es numerosa, fecunda. Nicaragua es un país de jovénes y de niños: el 40% de su población es menor de 15 años. La tasa de fecundidad varía ligeramente en las distintas zonas del país. En el departamento de Managua -29.4% del total de la población nacional- el promedio es de 5 hijos por mujer al concluir su período fértil. En otras ciudades del Pacífico, el promedio es de 5 y 6 hijos. En las ciudades del Atlántico es de 6 y 7.

Generalmente la mujer comienza su vida sexual muy joven. Según datos del Informe "Familia y Fecundidad"(*), el 38.28% de las mujeres han comenzado a vivir acompañadas entre los 14 y 16 años y el 72.72% entre los 14 y los 19 años.

* Hay que señalar la dificultad que existe de obtener datos precisos y actualizados sobre la realidad familiar en Nicaragua. Los estudios que nos han parecido más importantes y de los que hemos hecho uso son :"Familia y Fecundidad" (Banco Central de Nicaragua, 1975) y la Encuesta de Hogares realizada por el INEC en 1981 entre el sector urbano y en 1983 entre el sector rural del Pacífico.

En cierto sentido la familia nicaragüense es una familia inestable y desintegrada. La miseria de siglos en el campo, causa esencial de las migraciones de campesinos hacia zonas urbanas o hacia regiones en donde el café o el algodón les proporciona empleo temporal para sobrevivir, ha determinado casi siempre las uniones con una segunda o tercera mujer a la que encuentran en ese lugar de trabajo estacional.

Las pobrezas estructurales de las cudades o semi-ciudades, donde las viviendas son escasas y con pobres servicios, influye también en esta desintegración. En las áreas marginales de Managua, el 65% de viviendas sólo tiene un dormitorio, donde duermen hacinadas 6 ó 7 personas. A eso se suma la desesperación que produce el subempleo, la fatiga laboral y el escaso salario. Detrás de las tensiones entre la pareja, y de los problemas de celos y de alcoholismo, están muchas veces estas condiciones infrahumanas de vida.

Pese a esta realidad difícil que afecta la estabilidad familiar, la familia nicaragüense se define como una estructura monogámica. Ese es el ideal al que aspira, como un medio para que las cosas vayan mejor, para "ser más felices"... En el fondo se aspira a este modelo porque se tiene la certeza de que proporciona una mayor estabilidad emocional, tanto a la pareja como a los hijos. Y naturalmente, porque en él puede comenzar a generarse la necesaria estabilidad económica. Pese a todas las rupturas actuales producidas por la revolución -que también es revolución en la moral, en los patrones culturales, en los ideales colectivos- la meta sigue siendo para todos "la familia una y unida".

AHORA TODO ENTRA EN CRISIS

Esta familia, así descrita a grandes rasgos, sufrió el impacto de la revolución, que no sólo expresa la contradicciones entre las clases sociales, sino la que existe en las relaciones hombre-mujer o padres-hijos. Las tensiones se producen tanto entre las familias que asumen el proceso revolucionario como entre aquellas que tienen reticencias ante él, bien sea por sus intereses económicos o por el grado de desarrollo de la conciencia social. Aunque son tensiones de distinto signo. Todas, sin embargo, parecen apuntar en el sentido de la renovación.

El período insurreccional la inicia. El hombre, los hijos, la mujer, participaron de muy diversas manera en la lucha, cuando aun el triunfo apenas se vislumbraba. Estos compromisos -en los que se arriesgaba hasta la vida- introdujeron serios conflictos en las familias. Cuantas familias pobres no vieron frustrados sus sueños de mejorar -en un sentido individualista- cuando sus hijos abandonaron el hogar para incorporarse a una lucha idealista en la que cayeron. Cuantas familias de las clases medias y altas no ocultaban la "vergüenza social" que representaba para ellos el hijo, la hija, que habían dejado la universidad para mezclarse con "subversivos". En esta época surgen, a pesar de todos los escrúpulos, innumerables "madres-cómplices", que resultaban figuras claves en la lucha, encubridoras de los compromisos clandestinos de sus hijos, responsables máximos del apoyo logístico que en campos y ciudades tuvo el FSLN. David, abogado y padre de cuatro hijos expresa:

"Mi hijo mayor fue colaborador del Frente desde los 16 años. Nunca supe hasta después del triunfo cual era el verdadero alcance de su compromiso. seguramente en complicidad con su mamá colaboró en el transporte de armas y otras tantas cosas de ese tipo".

De esta relación más afectiva que política entre la madre y sus hijos nacieron compromisos que hoy ya son algo más. Son opción personal de aquellas mujeres por este proceso. Es también durante la insurrección cuando muchas mujeres empiezan a concebir su papel en la vida mas allá del marco de las labores domesticas.

Después vino la revolución, con su ritmo y sus exigencias, cuestionando a diario, por los profundos cambios en las estructuras económicas sociales y políticas, la misma estructura familiar. Nuevas tareas, nuevas responsabilidades, en las que no se hacían diferencias entre hombres, mujeres, jóvenes -a veces niños- introdujeron por las puertas del hogar poblemáticas totalmente nuevas. Al respecto, Mariana, secretaria de una oficina de comunicación señala:

"Yo fui ama de casa durante 20 años, solo eso fui. Después del triunfo, al escuchar a otras contra sus experiencias de participaciones en tantas tareas, me empecé a sentir inútil. Yo solo podía hablar del precio del arroz, de las verduras. Yo no era mas que la señora de... Fue mi esposo el que me animo para que participara en la Cruzada nacional de alfabetización . Allí fue m escuela. Y así fue para muchas madres como yo. Allí me di cuenta de lo que era capaz y allí supere un montón de complejos y de inhibiciones".

La Cruzada, efectivamente, fue la primera gran escuela que la revolución abrió par todos los nicaragüense. De una forma u otra, esta tarea gigantesca, que asumió el pueblo entero en 1980 toca a todos los hogares. 200 mil jóvenes, abandonaron sus casas para ir hasta los extremos mas remotos del país. En ese momento, masivamente, entra en crisis la relación autoridad-obediencia dentro de la familia. Por un lado, los jóvenes quieren participar en esta tarea. Por otro, algunos padres temen a los riesgos y se resten a autorizarlos. De nuevo dice Mariana:

"Nos preguntábamos por qué, si éramos sus padres, no podíamos oponernos a que se fueran a la montaña. No nos dábamos cuenta entonces pero fue ahí cuando entro en crisis es concepto de autoridad tradicional en el que se da por sentado que los padres tienen el "poder" para decidir sobre todo lo deben hacer o no sus hijos".

En los jóvenes, se genera una desobediencia-rebeldía-madurez, que en casos extremos les enfrentara a sus padres. Empiezan a decidir por si mismos hasta donde antes nunca habrían decidido. La relación de autoridad, entendida tradicionalmente, se resquebraja y comienza a aparecer una nueva escala de valores, en donde los bienes comunitarios, que trascienden la familia, aparecen en escena. Daniel, miembro de una Comunidad Eclesial de Base de un barrio periférico de Managua, dice:

"No, ya no le podemos decir a los hijos: "Usted no me va allí, yo no le doy permiso... " Los muchachos, que han tomado conciencia de tantas cosas en tan poco tiempo, nos responde:" Bueno, si no le parece, esta bien, pero de todas manera yo lo voy a hacer porque Nicaragua lo necesita! Y nosotros no sabemos que responder".

La ruptura de la total dependencia padres-hijos iniciada en la Cruzada Nacional de Alfabetización ha ido consolidándose. Los jóvenes han seguido dejando su hogar para cortar café, para cortar algodón, para los entrenamientos militares, para integrarse en los batallones de reserva. El desafío esta abierto: los hijos deben respetar a sus padres desde su autonomía creciente; los padres deben respetarlos en sus decisiones con unos criterios totalmente nuevos. Unos y otros están en fase de aprendizaje.

Pero no solo el esquema se esta reacomodando en la relación padres-hijos. También ha sufrido un gran impacto la relación hombre-mujer.

"Mi mujer ha cambiado mucho en estos años. Yo la veo mas segura. Nunca antes le había conocido amigos, solo amigas. Ahora los tiene. He de confesar que a mi me cuesta aceptar esto. Yo soy celoso. Pero a veces me alegra que mi mujer sea una mujer y no una niña, dependiente de mi. Tiene muchas responsabilidades en el barro que ni yo las conozco",. Así se expresa Ramón, jefe de personal de una de las fabricas de Managua y padre de una familia numerosa.

"Mi marido no acepta que este fuera de la casa cuando él llega. El dice palabras revolucionarias, pero en su casa es otra cosa. La comida tiene que ser a la hora que él quiere, y tiene que ser caliente y que yo la sirva. Cuesta hacerle entender. También me pleitea porque dice que tengo abandonados a los niños". Este es el sentir de Zoraida, responsable de salud en su zona y madre de cuatro hijos.

Los testimonios se podrían acumular. En un sentido y otro. Se puede hablar de una cierta desestabilización del núcleo familiar. Y, sin negar esto, de una nueva estabilización sobre la base de nuevos valores. Factores que siempre han sido causa de desintegración y de ruptura y nadie tenía en cuenta, comienzan ahora a mirarse de una forma distinta. D. Andrés, coordinador del CDS en su barrio y padre de varios hijos comprometidos en distintas tareas del proceso revolucionario, señala:

"Yo no estudie nada, yo era un bruto. Y he sido un vicioso, bebía continuamente. Entonces destruía a mi familia, peor yo no oí que nadie me acusara por esto. Ahora, que no bebo y que ando en lo del barrio, ahora me dicen que soy un padre descuidado".

Todo esta en proceso de cambio revolucionándose, a la par que la revolución alcanza. La unidad familiar, entre las familias que van asumiendo los nuevos valores de la revolución, va teniendo una nueva referencia. La unidad no es para la felicidad del grupo. Esta al servicio de cumplir con tareas colectivas "para el bien de todos". Se rompen las cuatro paredes y el "nuestro " hogareño se va ampliando a la medida de la nación.

Yo cero que ahora nos queremos más. Pero es un amor que ha roto con un montón de cosas y lo trasciende. Aprendimos a olvidarnos de nosotros mismos y lloramos o reímos por cosas que no son de "la familia"... dice la responsable de una pequeña industria alimenticia y madre de seis jóvenes milicianos, reservistas y brigadistas de salud.

Para las familias que se resisten a estos valores, cada día trae nuevos conflictos. D. Moisés, dueño de un comercio en una zona residencial, no oculta este conflicto:

"Mi hija hace tiempo que dejo de ser mi hija. Yo no la soñé así. Mientras ella siga "casada" con la Juventud Sandinista no habrá forma de entendernos".

En el último año, el énfasis que Nicaragua ha tenido que poner en la defensa militar a causa de la guerra que le es impuesta por las fuerzas contrarrevolucionarias, ha tenido repercusiones importantes en la familia. Las ausencias de esposos e hijos que enfrentan la guerra en las fronteras, los secuestros y asesinatos de campesinos, la ley del servicio militar patriótico para los varones, han incidido en casi todos los hogares. Se calcula que hay unos 100.000 desplazados en el interior del país por efectos de la guerra, y aunque no hay datos numéricos, muchos padres de familia de clase media y alta no fueron capaces de asimilar las exigencias de la ley de Servicio Militar y optaron por sacar a sus hijos del país.

Nuevos proyectos que renueven la familia

Lo que si hay ya son bases materiales, económicas y sociales nuevas que la revolución ha creado y continúa creando y que han incidido positivamente en la vida familiar.

Es claro que los programas sociales del gobierno revolucionario no repercuten directamente en la concepción que la familia tiene de si misma ni en las formas de convivencia aún muy arraigadas. También es claro que en los barrios pobres de la ciudad y en el campo, el mero hecho de tener por primera vez agua potable, o luz eléctrica, una calle pavimentada, el acceso a un teléfono o transporte más frecuente, un puesto de salud mas cercano, etc., pueden transformar en gran medida la perspectiva familiar.

En relación a la vivienda, elemento básico para mejorar la vida familiar, el problema a nivel nacional, es uno de los más serios. Se calcula que en Nicaragua se necesitan 260 mil nuevas viviendas. Hasta 1983 sólo han podido construirse 4.955 (hay otras 719 en fase de autoconstrucción). Los proyectos de reurbanización progresiva beneficiaron a unas 60 mil personas.

Los logros en salud y en educación si han sido notables y han podido cubrir a mayor número de familias. Las jornadas populares de salud, que tienen también como objetivo la transformación de hábitos de alimentación y la aplicación de medidas de salud preventiva, en la higiene ambiental y en el campo de la inmunización por vacunas, son ya una estructura consolidada. Particularmente, el programa materno-infantil, es de gran significado para la familia. El número de consultas infantiles aumento entre 1977 y 1983 en un 263.3%. De 883.435 consultas a 2 millones 325.948. Este programa incluye una atención integral a la mujer y al niño y estimula la lactancia materna, la atención del niño en la fase post-natal y la participación de los padres en la psicoprofilaxis del parto.

Respecto a la educación, se calcula que más de un millón de personas -el 40% de la población nacional- participa de alguna forma en los distintos programas educativos. El 53% de estas personas son mujeres. Todos estos programas -comenzado con la campaña de alfabetización- han favorecido el acercamiento entre padres e hijos, entre adultos y menores y van creando una mayor responsabilidad en los padres. Para profundizar en esto, el Ministerio de Educación promueve desde 1981 el proyecto de Escuela de Orientación de padres, fundados en el reconocimiento del papel vital que la familia debe jugar en la educación de los hijos. Tiene, entre otros, el objetivo de elevar la cultura de los padres en temas pedagógicos y psicológicos. Este proyecto se trata de implementar en cada escuela y abarcó en 1983 a 422 centros de enseñanza primaria y media en todo el país.

Los proyectos del Instituto de Seguridad Social y Bienestar (INSSBI), también inciden de manera clave en la situación familiar. El seguro social (por invalidez, vejez, muerte y riesgos profesionales), significa un beneficio para la familia obrera. Este seguro será extendido al campo a partir de mayo de 1984. Existe también una disposición que dispensa a la mujer de trabajar en la fase pre y post-natal (3 meses en total), asegurándole su puesto de trabajo y su sueldo.

Para asegurar una adecuada protección a la niñez, el INSSBI creó el programa "Tutelar de Menores", que incluye el desarrollo de cuatro tipos de servicios: Centros Comunales, Centros de Desarrollo Infantil, Servicio Infantil Rural y Comedores Infantiles. Por medio de ellos se garantiza a niños y adolescentes una alimentación balanceada, un espacio para que puedan cumplir con sus tareas escolares, para que realicen actividades culturales y recreativas. Estos servicios facilitan también que la mujer pueda trabajar, sin que sus hijos queden sin atención, contribuyendo con sus trabajo a mejorar la economía de las familias de bajos ingresos.

También se está implementando otro tipo de centros para los niños y muchachos callejeros, que viven en las calles de la mendicidad, las ventas de periódicos y frutas, para los lustradores de zapatos y limpiadores de carros. En estos centros se intenta brindar una capacitación técnica mínima y orientación para ellos y sus familias, con la que prevenir que estos muchachos puedan terminar siendo delincuentes.

A estos centros de prevención, como a los centros de protección acuden muchachos que son huérfanos o abandonados o que han sido maltratados en sus casas. El objetivo es facilitar la posible reintegración del menor al núcleo familiar.

Hay más proyectos sociales que no hemos citado. Las dimensiones nacionales de todas estas iniciativas -en la mayoría se empieza desde cero- sirven en sí mismas como indicador para imaginar cuántos son los límites y las imperfecciones humanas y materiales con las que se está trabajando. Es una realidad, que la familia pobre, la más afectada durante siglos, es hoy la más favorecida. El círculo cerrado del "infierno de los pobres" se ha roto y ya empiezan a vislumbrarse saldas...

Nuevas leyes para una nueva concepción de la familia

La nueva estructura familiar es el resultado de un complejo proceso de aprendizaje al que esta sometido el hombre desde que nace. En la familia se le transmiten actitudes, valores, pautas de relación y la conciencia de sus derechos y deberes. La familia es la primera escuela de la vida.

El estado revolucionario tiene en cuenta todo esto y valora el carácter socializador del núcleo familiar, impulsando programas educativos que orienten a la familia hacia valores de igualdad, respeto mutuo, responsabilidad y participación en la vida política, económica y social.

La forma de las nuevas relaciones familiares quedaron fijadas por primera vez en el Estatuto de Derechos y Garantías de los Nicaragüenses (1979).

En base a a estos principios, la organizaciones de mujeres nicaragüenses, AMNLAE, ha ido elaborando nuevas leyes familiares que renueven el antiguo Código de la familia de 1904, basado en principio patriarcales y clasistas (autoridad absoluta del hombres, discriminación de la mujer, desconocimiento de las uniones de hecho, discriminación para los hijos extra-matrimoniales,etc).

Al elaborar los diferentes anteproyectos, AMNLAE promovió asambleas de consulta popular entre distintos sectores del país (profesionales, obreros, campesinos, amas de casa, estudiantes, etc.). El debate en el Consejo de Estado reforzó esta consulta en la que un buen numero de familias tuvieron alguna participación con observaciones, aportes y criticas o, al menos, conociendo lo que se discutía.

Este debate público sobre las reformas legales es un procedimiento pedagógico, pues así se trasmite masivamente el nuevo espíritu de la ley a la conciencia colectiva. En este sentido podría decirse que el efecto concientizador de los cambios jurídicos tiene mas valor que la ley misma.

El espíritu de la letra de todas estas nuevas leyes esta el valor de la solidaridad. La solidaridad familiar es quebrada a diario por el tipo de machismo que se da en al sociedad nicaragüense, igual que en otras sociedades latinoamericanas. Las leyes cuestionan, de distintas maneras, esta mentalidad. Sin embargo, "llamar al demonio por su nombre" no significa ya haberle expulsado. Hasta ahora solamente se ha dado un paso. Se ha introducido la preocupación en el seno de la familia y de la sociedad.

Para consolidar la solidaridad familiar

La regulación de los derechos y deberes entre los padres y sus hijos menores, ha sido de hecho, uno de los principales objetivos pretendidos por la reforma legal revolucionaria. Durante mucho tiempo la población hizo diferencias entre hijos nacidos dentro del matrimonio o fuera de el. La investigación sobre la maternidad en los casos de ciertos niños se hacía fácilmente, mientras que la investigación de la paternidad estaba muy limitada. Todo esto ha cambiado en la nueva legislación, buscando un igualdad real. En un sentido más amplio, la Ley Reguladora de Relaciones entre Padre, Madre e Hijos, trata de consolidar la solidaridad entre los diferentes miembros de la familia, de poner fin a la discriminación de la mujer y de garantizar el derecho integral de todos los hijos. Dispone que sea el padre y la madre en conjunto los responsable de la educación de los niños menores, que tienen obligación , a su vez, de proteger y cuidar a sus padres. Se trata de construir una solidaridad recíproca.

En este mismo espíritu de solidaridad el objetivo de la llamada "Ley de Alimentos". En ella se entiende por "alimentos" todo lo necesario para el desarrollo de la persona, incluyendo cultura y recreación. Padres, hermanos y abuelos -en este orden- son responsables de proporcionarlos a los menores de 21 años y a los enfermos que haya en la familia. Fue la discusión de esa Ley la que causo mas polémica a nivel nacional. Rosa María Zelaya, encargada de la Oficina de Protección Familiar, juzga así uno de los aspectos más debatidos de la ley referida a la ayuda que el hombre debe brindar a la mujer en los trabajos domésticos:

"Esto fue muy conflictivo. Peor al introducir el tema, al discutirlo, pretendemos que el hombre entienda que el trabajo doméstico es un trabajo que tiene repercusiones económicas. Además, intentamos llamar la atención sobre el problema de la incorporación de la mujer en el desarrollo económico. El objetivo es que hombre y mujer se incorporen al trabajo productivo. El conflicto entre el hogar y la producción, la mujer lo resuelve todavía con formulas muy primarias: la abuela, la tía, que cuidan la casa y los niños".

La ley de alimentos ya debatida en el Consejo de Estado, esta aun pendiente de ratificación por la Junta de Gobierno. según el Comandante Daniel Ortega, las condiciones no son suficientemente maduras" para su aprobación. Si ha sido aprobado definitivamente la ley reguladora de las relaciones entre Madre, Padre e Hijos y la ley de Adopción. La adopción no es frecuente en Nicaragua con excepción del caso que de los padres que no pueden tener hijos. La nueva ley favorece al menor y no permite la "exportación" de niños. Los adoptantes deben ser nicaragüenses o extranjeros que residan en el país la mayoría de la edad del niño.

Y para consolidar la estabilidad de la pareja

La mayoría de las parejas nicaragüenses no han formalizado su convivencia ni por la vía civil ni por la eclesiástica. El matrimonio por la Iglesia o por lo civil ha tenido importancia entre las clases medias y altas. Entre las familias marginales y campesinas predominan las "uniones de hecho". Una tercera parte de los nicaragüenses casados se han unido simplemente, sin preocuparse de las formalidades legales, mientras que solo una sexta parte están casados por lo civil.

La nueva legislación reconoce esta situación y califica esta convivencia entre hombre y mujer sin contrato matrimonial como estado civil "de acompañado". Cuando la unión de hecho tiene caraterísticas de permanencia y estabilidad recibe el mismo tratamiento legal que el del matrimonio civil, en lo que se refiere a derechos y deberes de la pareja, situación de los hijos, uso de los bienes materiales, etc.

Con las escasas informaciones estadísticas de las que se dispone en Nicaragua, se deduce que la estabilidad en este tipo de relación es relativamente alta. De entrevistas realizadas con parejas que viven así, resulta siempre que la fidelidad y la responsabilidad no se contempla necesariamente relacionada con el contrato oficial. A diferencia de lo que sucede en otras sociedades, en la nicaragüense la seguridad económica y social no esta muy vinculada al contrato matrimonial. Teniendo en cuenta las dificultades económicas y sociales que atentan contra la relación monogámica, muchas parejas se unen "a prueba" por unos años, dejando abierta para el futuro las posibilidad de dar carácter definitivo a esa unión.

Es claro que en esta situación generalizada, algunos llamados de la Iglesia sobre "la unidad familiar" -concebida este en el marco del sacramento oficial- carecen de realismo. Entre ciertos juveniles de las clases medias el matrimonio eclesiástico comienza a ser mirado como una formalidad vacía. El sentido de la unidad familiar según el concepto cristiano, esta hoy en crisis.

Sobre el divorcio y la separación no existen estadísticas sobre estas realidades. Sería aventurado, pues, adelantar hipótesis sobre la influencia que la revolución esta reteniendo sobre la estabilidad de las parejas, tema del que se escucha hablar mucho, de manera informal.

Si hay que señalar que la creciente toma de conciencia de la mujer en este momento histórico esta influyendo en la vida de la pareja, especialmente en aquellos aspectos más groseros en los que se expresa la cultura machista: el maltrato físico de la mujer, la irresponsabilidad total del hombre frente a sus hijos y los "derechos" del varón a tener relaciones extra-matrimoniales.

AMNLAE ha criticado la Ley de Divorcio, precisamente porque considera que si no ser reforma rigurosamente es una ley con características machistas. La Ley insiste en el mutuo consentimiento como formula para obtener el divorcio y si este consentimiento no se da, dispone de seis causales de divorcio que resultan discriminatorias para la mujer, (por el momento basta el adulterio de la mujer como razón que pueda aducir el hombre mientras que la mujer tiene que aducir que su pareja viva en concubinato en la misma casa o en otro lugar conocido notoriamente). Actualmente, en materia de divorcio o separación todo esta dependiendo de la decisión generosa de los tribunales. En cualquier caso, entre los asuntos problemáticos con que se encuentra hoy la legislación familiar en Nicaragua, el divorcio no ocupa, ni mucho menos, el primer lugar.

La Oficina Legal de la Mujer -fundada en 1983- aborda un sinnúmero de casos. El 55% de ellos se refieren a problemas de pensiones alimenticias que los hombres que han abandonado a sus mujeres deben darles, el 15% son casos de divorcio y el 6% se refiere a la tutela de los hijos.

En solo medio año, la Oficina brindo atención a 2.233 mujeres y la demanda de servicios creció en ese espacio de tiempo en un 500%. En esta oficina, tanto hombres como mujeres, reciben asistencia legal gratuita y orientación familiar.

A la par de esta oficina, también la Dirección de Orientación y Protección Familiar del INSSBI contribuye en la resolución de conflictos familiares de diverso tipo: maltrato a mujeres, problemas psicológicos de los hijos, pensiones alimenticias....

En su mayoría, son mujeres las que solicitan asistencia legal y familiar, aunque esto no significa que se excluya a los hombres. El feminismo en la nueva Nicaragua esta basado en el respaldo a las reivindicaciones femeninas pero sin radicalismo de oposición hombre-mujer.

"Todas nuestras acciones van dirigidas a la sociedad en su conjunto -dice Rosa María Zelaya, encargada de la Oficina de Protección Familiar en el INSSBI-. Lo que sucede es que la mujer esta mas interesada que nadie en estos temas y los asume como propios. Es lógico. La revolucion privilegia a los marginados. Igual sucede en la relacion hombre-mujer. La mujer es la que mas ha sufrido las consecuencias del machismo y por eso esta mas sensibilizada".

Planificación familiar

Desde otra perspectiva, pero con incidencia familiar, el Ministerio de Educación intenta promover la conciencia sobre la interdependencia entre le hogar y el desarrollo poblacional. Con este objetivo se ha elaborado el proyecto "Educación en población" en torno a tres áreas: Población y Medio Ambiente, Población y Desarrollo Económico-Social, Educación Sexual y Educación para la Vida Familiar. El proyecto, en los medios de comunicación colectiva y en los niveles educativos primarios y medios, busca propiciar situaciones de aprendizaje que contribuyan a mejorar las relaciones familiares sobre la base del reconocimiento de las funciones de cada miembro y de sus propias responsabilidades en esta hora de transformación de la sociedad nicaragüense. Se trata también de promover la creación de valores, conocimientos, actitudes y comportamientos nuevos respecto a la sexualidad, que contribuyan, tanto a superar la "doble moral" que domina las relaciones hombre-mujer, como a desarrollar las responsabilidad sexual de cada uno y de la sociedad entera. Un proyecto -menos amplio- peor también importante en este contexto ha sido la introducción de la educación sexual a nivel escolar en 1983. De momento, hasta que nuevas actitudes formen parte de la conciencia colectiva, un asunto tan delicado como la planificación familiar será, en gran parte, un problema individual. No existe en Nicaragua propaganda sobre medios anticonceptivos; sin embargo las estadísticas del Ministerio de Salud indican que crece el interés por al planificación familiar. Las actividades desarrolladas en ese sentido e han ido incrementando: 23.111 (1981), 80.001 (1982), 149.808 (1983).

El gobierno ejerce control sobre los anticonceptivos que se venden en las farmacias y recomienda a la población que no adquiera estos productos en los mercados por los riesgos que comporta. No obstante y esta recomendación, en algunos mercados vende incluso anticonceptivos que como el Depo-Povera puede ocasionar deformaciones congénitas. Aun se habla menos en Nicaragua sobre el aborto. Se practica pero esta prohibido. No existen datos fiables sobre el numero de abortos clandestinos.

En general, se evade oficialmente la discusión sobre la planificación familiar. Es una forma de rechazar las teorías económicas imperialistas que tratan de explicar las crisis económicas de los países subdesarrollados a partir de los fenómenos demográficos para así implementar programas de control de natalidad con el lema "Es mas barato evitar que nazcan los guerrilleros que combatirlos". En Nicaragua por el contrario, se considera la fecundidad como una "riqueza natural" y un elemento clave para el potencial desarrollo futuro.

"A pesar de esto, creo que toda pareja tiene el derecho de decidir el numero de hijos que va a tener y debe de ser libre para elegir los métodos científicos que le permitan controlar la natalidad. La familia nicaragüense tiene también ese derecho. Un crecimiento desmedido de la población no es positivo, pues el estado no tiene capacidad para ofrecer los servicios necesarios. La pirámide poblacional de Nicaragua tiene una base excesivamente amplia. La población económicamente activa no puede asumir responsablemente la atención en salud, vivienda, educación,etc. de tal cantidad de menores de edad". Es la opinión del Ministro de la Vivienda, y padre de familia numerosa, Miguel Ernesto Vigil".

Cuadro 1


Por muchas razones -expuestas y supuestas a partir de los datos que vamos agrupando- se ve que urgen en Nicaragua una política integral sobre la familia ya la población. En enero de 1984 se celebro en Managua el Primer Encuentro sobre la Familia Nicaragüense. En el se reflejaron con claridad las enormes dificultades que existen para lograr esta planificación y la colaboración interinstitucional que permita una amplia investigación sobre la realidad y, a partir de ella, la elaboración de programas adecuados.

Entre las limitaciones y los sueños

A solo 5 años de la revolución no pueden esperarse milagros. Se han logrado mejorar en gran medida las condiciones básicas de la vida familiar, a la vez que todos los caminos apuntan a transformaciones mas profundas. En este campo, como en tantos otros, no faltan programas, proyectos, ideas. Pero así como sucede en el resto del quehacer nacional, muchas energías se pierden en la constante agresión militar y muchos proyectos se engavetan sin salida por las limitaciones que impone el bloqueo económico. La actual guerra de desgaste, que entra ya en su tercer año, no permite a las instituciones relacionadas con el bienestar familiar, salir por fin de situaciones de emergencia.

A finales del mes de marzo el INSSBI hacia publicas estas elocuentes cifras sobre lo que podía hacer esta institución con los $21 millones que la Administración norteamericana entregara a los grupos contrarrevolucionarios para que realicen "operaciones encubiertas" contra el pueblo y Gobierno de Nicaragua.

Cuadro 2


La nación sometida a estas presiones, convocada al desafío que supone esta difícil reconstrucción, exige a las familias, de cada familia, nuevas actitudes de responsabilidad, de solidaridad. Exige compartir, desvelarse y comprometerse con los demás y por los demás, más allá de los vínculos naturales. La respuesta en este caso, como en otros, no esta determinada tanto por la clase social sino por la aceptación o el rechazo del proceso revolucionario.

Quedan muchas interrogantes pendientes. El tema familiar es uno de los prioritarios en el terreno de la lucha ideológica que acompaña naturalmente, el proceso de cambios. En ese contexto se aplica con preferencia la palabra "reconciliación" para señalar los conflictos entre la revolución y la contrarrevolución no son mas que un "pleito familiar" y la jerarquía católica intenta ser mediadora entre "Caín" y "Abel". La Semana de la Familia, celebrada por la Archidiócesis de Managua en octubre de 1983, tuvo como lema: "Familia, camino de la reconciliación". Por otra parte, los grupos contrarrevolucionarios llegan a formular que su lucha armada es, entre otras cosas, "para encontrar el desarrollo integral familiar". (Comunicado de unificación de ARDE con UDN-FARN, marzo 1984). A pesar de los intentos de desprestigiar la política social y la ideológica revolucionaria, los constructores de la Nueva Nicaragua tiene clara conciencia del reto planteado a estos niveles.

"Nicaragua tiene que aprender de otras revoluciones para no cometer errores", dice Rosa María Zelaya, son de sobra conocidos los problemas generalizados de divorcio y mal entendimiento de la natalidad que existen en la URSS,, donde el trabajo productivo corresponde en un 52% a las mujeres o la imposibilidad que ha habido en Cuba de quebrar la estructura patriarcal de la familia.

Que perfil tendrá la familia nicaragüense dentro de 20 años?

"Tenemos que ser bien cuidadosos para proteger las relaciones familiares, señala Rosa María Zelaya. Tendemos a estar en mil actividades y aquí hay que aplicar lo de la Biblia: "que haya tiempo para reír y haya tiempo par llorar, que haya tiempo para todo... Si no entendemos bien esto, la relación de la pareja se deteriora rápido y los hijos sufren. Tenemos que cultivar las relaciones humanas para consolidar la familia. Tenemos que buscar espacios... "Esta Revolución tan nueva por tantas razones, puede ser espacio global en donde se este edificando ya un nuevo hogar".

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