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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 33 | Marzo 1984
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Centroamérica

Una de las caras de la guerra: refugiados y desplazados en Centroamérica

¿Qué significado tienen las oleadas de población refugiada que vienen rompiendo las fronteras entre los países de Centroamérica desde hace unos años a causa de la guerra? He aquí datos básicos de toda la región.

Equipo Envío

"Convulsionada región centroamericana": es éste uno de los clichés periodísticos más usados para describir -simplificándola-la situación de esta zona geográfica del mundo. Casi dos millones de centroamericanos, de las clases más pobres, se han visto forzados a abandonar su hogar (desplazados) o también su patria (refugiados), a causa de esta "convulsión".

¿Dónde están? ¿En qué condiciones viven? ¿Qué significado tienen estas oleadas de población que vienen rompiendo las fronteras entre los países de Centroamérica desde hace unos años o que han alterado los mapas demográficos al interior de alguno de ellos?

He aquí algunos datos básicos de toda la región -incluyendo a México en el norte y a Panamá en el sur como países receptores-, a los que incorporamos las cifras globales y sistematizadas más recientes que tenemos: las de junio de 1983. La mayoría de los datos y observaciones están tomados de la información de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y de un informe de organizaciones eclesiásticas que visitaron toda la zona a mediados de 1983. (Con respecto a las cifras hay que tener en cuenta que, como la realidad misma que contabilizan, no son muy fijas. Varían bastante en cortos períodos de tiempo y en algunos casos, según la fuente que las suministra).

Estos datos que hemos reunido pueden resultar bastante fríos. Sabemos que detrás de cada número hay un rostro y un nombre y detrás de cada observación hay una larga y compleja historia. Aunque aquí no caben las lágrimas ni las frustraciones y los traumas de tantas vidas sometidas a la ruptura del desarraigo, no que queremos dejar del mencionar la dimensión humana de esta realidad. Dimensión que por ser tan esencial difícilmente podrían recoger unas pocas páginas.

EL SALVADOR

Durante años, la superpoblación de El Salvador (la más alta densidad demográfica del continente) unida a la injusticia estructural, a las profundas desigualdades sociales ha llenado de salvadoreños los restantes países del área. "Los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo", los eternos "indocumentados" a los que cantó en su "Poema de Amor" Roque Dalton llegaron incluso hasta la Arabia Saudita, como mando de obra barata y hambrienta. Los salvadoreños han sido "extranjeros crónicos", como diría otro poeta.

Dos de cada tres refugiados en Centroamérica son salvadoreños. Sin embargo, esta larga tradición de emigración de trabajadores pobres hace difícil calcular el número exacto de los refugiados actuales, que también son en su inmensa mayoría pobres. (Un estudio hecho en 1971, mucho antes del conflicto y aun después de "la guerra del fútbol", estimaba que había 30 mil salvadoreños en Guatemala, 12 mil en Nicaragua y 300 mil en Honduras). Las últimas cifras de ACNUR hablan de unos 242 mil refugiados salvadoreños en toda la región, casi la mitad de ellos en México. También existe una gran cantidad de emigrantes-refugiados (o de refugiados-emigrantes) legales e ilegales en los Estados Unidos. -Un indicador indirecto podría ser esta cifra que recogía "The Washington Post": entre el 1 de octubre de 1980 y el 30 de septiembre de 1981, 10.473 salvadoreños fueron devueltos desde los Estados Unidos a El Salvador, no aceptándoseles en el país en calidad de refugiados políticos o de emigrantes laborales)

El Salvador es el único país de Centroamérica en donde no hay refugiados de otros países. El problema, al interior del país, es el de los desplazados. Si los muertos entre la población civil en la guerra iniciada de manera abierta en enero de 1981 suman ya unos 40 mil (30 mil según informe Kissinger), los desplazados pro las características de esta guerra -"los refugiados internos"- se calculaban en más de medio millón. Un 20% de la población total salvadoreña está hoy desplazada dentro de las fronteras de su pequeño país o refugiada en países vecinos.

Estos desplazados son en su inmensa mayoría campesinos pobres. Y en su inmensa mayoría, niños, mujeres y ancianos. En un país empobrecido y destrozado por la guerra, la situación de estos desplazados es muy crítica en cuanto a vivienda, salud y alimentación.

Según la ayuda que reciben, se les puede encuadrar en dos categorías. Un grupo estaría compuesto por los campesinos evacuador por el mismo ejército gubernamental de zonas críticas de guerra. En este grupo se incluyen los familiares de miembros del ejército o de los grupos paramilitares (la llamada "defensa civil", antiguamente ORDEN). También se cuentan, más recientemente, campesinos a los que se pretende reubicar en "aldeas estratégicas" (zona de San Vicente, por ejemplo). CONADES (Comisión Nacional de Asistencia a la Población Desplazada), fundada por el gobierno salvadoreño en septiembre de 1981, en la que participan 6 ministerios, atiende a estos grupos. Un estimado de CONADES de diciembre de 1982 calculaba 253.954 desplazados, establecidos en 265 asentamientos.

Por otra parte, estarían otros cientos de miles de desplazados, a los que el gobierno no contabiliza, no da atención e incluso reprime de diversas maneras. Muchísimos de ellos son atendidos por la Iglesia, a través de ARCECO, una comisión integrada por las Iglesias Católica, Bautista y Luterana, la Conferencia de Religiosos y la Universidad de los jesuitas (UCA).

Una caracterización de estos desplazados (se les llama "refugiados" en El Salvador) la ofrece Mons. Arturo Rivera y Damas, Arzobispo de San Salvador, en su homilía en la Catedral el 14 de agosto de 1983:

"¿Cuándo comenzaron los refugiados, cuál fue su origen en nuestro país? Fue hacia 1979, en que muchas personas tuvieron que abandonar sus cantones, amenazados de muerte por los grupos paramilitares que actúan libremente. Muchos de ellos dejaron sus tierras, sus casas, su familia. Muchos de ellos cuentan atrocidades: cómo fueron asesinados miembros de sus familias, hijos, padres, madres, etc.

Es natural que habiéndose empeorado la situación y habiendo explotado la insurrección, los refugios aumentaron. Mucha de esa gente huye porque es señalada como colaboradora de la guerrilla y su vida corre peligro; porque basta un señalamiento para que le pueda suceder lo peor. Otros tuvieron que abandonar sus cantones debido a los operativos por tierra y por aire, con bombardeos indiscriminados, donde los que mueren no son precisamente elementos de la guerrilla sino gente civil indefensa, entre ellos, mujeres niños y ancianos.

Es natural que, dado su origen, mucha de la gente asilada en los refugios que sostiene el Arzobispado, no sea afecta al régimen ni esté conforme con la situación actual, porque ellos son la primera víctima. Es natural que muchos hayan perdido sus papeles y tengan miedo de salir por los señalamientos y por la represión existente....


Desde el punto de vista de su ubicación, los desplazados salvadoreños pueden dividirse en cuatro categorías:

1- Los que tienen sus movimientos restringidos y viven en refugios (Es a ellos a quienes especialmente se refiere Mons. Rivera).

2- Los que han construido sus "champas" en asentamientos, donde tienen una mayor libertad, según las zonas.

3- Los que han hallado un lugar, aunque sea temporal, con parientes o amigos, con frecuencia tan pobres como ellos.

4- Los que no tienen lugar seguro o fijo y se mueven continuamente, acompañando a las fuerzas guerrilleras o huyendo del ejército gubernamental.

El primer refugio que se abrió oficialmente fue el ubicado en el Seminario de San Salvador y fue Mons. Rivera quien, en marzo de 1980, poco antes de ser asesinado, abrió esas puertas. El 85% de los desplazados en refugios carecen de documentos de identidad. Uno de los casos más extremos entre los que viven en refugios es el de los que se encuentran en San Roque (el sótano de un templo abandonado de San Salvador), en donde hay niños que allí han nacido y en 3 años no han visto aún la luz del sol.

En los asentamientos se viven a veces situaciones tan críticas como las de los refugios. Un ejemplo sería el asentamiento de Cacaopera (2 mil personas), en una especie de "tierra de nadie", entre una zona controlada por el FMLN y otra que el ejército desarrolla sus operativos.De las cuatro categorías señaladas, las dos últimas son las más difíciles de cuantificar con cierta exactitud.

HONDURAS

Tradicionalmente, Honduras fue tierra a la que campesinos nicaragüenses por el sur o campesinos salvadoreños sin tierra por el oeste llegaban para trabajar temporalmente o para sembrar parcelas o para asentarse más establemente -incluso definitivamente- manteniendo vínculos con las familias que quedaban del otro lado. Las fronteras tenían un sentido de doble dirección: esta población campesina se desplazaba de un país a otro sin mayores problemas.

Hoy ya no es así. Los 20 mil salvadoreños refugiados que hay en Honduras llegaron a este país huyendo de los operativos del ejército gubernamental. Arriesgaron la vida al cruzar los ríos fronterizos y más la arriesgarían si intentaran regresar a su patria. Por otra parte, los 3.500 nicaragüenses que se calculan en la zona sur central de Honduras son fundamentalmente ex-guardias somocistas que escaparon de Nicaragua o campesinos nicaragüenses de las zonas fronterizas captados por ellos para integrarse a las bandas contrarrevolucionarias. El caso de los mískitos es el más especial y atípico entre los de los refugiados centroamericanos, porque para el pueblo mískito nunca ha existido fronteras nacionales ni dos países ni sentido de ciudadanía nicaragüense e hondureña. Su hábitat histórico y natural abarca parte del territorio de ambos países, en las dos riberas del Río Coco, la llamada Mosquitia. Se calcula que 14 mil mískitos, que habitualmente estaban restablecidos del lado nicaragüense, están hoy en Honduras. También hay en Honduras 1.000 refugiados guatemaltecos.

La situación de los refugiados salvadoreños es muy delicada. Los dos grandes campamentos donde se encuentran, Mesa Grande y Colomoncagua (16 mil personas) son "centros de dolor, pero funcionarios hondureños dicen que son lugares de "veraneo", en donde van a descansar de los guerrilleros", en aparición del Arzobispo del Salvador, Mons. Rivera, cuando visitó a estos compatriotas suyos a mediados de 1983.

Los primeros refugiados salvadoreños empezaron a cruzar el río Lempa -fronterizo- a finales de 1979. El gobierno hondureño -que no ha firmado la Convención de Ginebra sobre Refugiados (1951)- "autorizó" la presencia de estos grupos de campesinos en su territorio, rechazando cualquier responsabilidad sobre ellos. Pronto se multiplicaron las oleadas de refugiados y se vio la necesidad de dar alguna respuesta al problema. ACNUR comenzó a actuar entre ellos en septiembre de 1980 y en enero de 1981, el gobierno de Honduras creó la Comisión Nacional de Refugiados (CONARE) para controlar esas actividades. Ya desde entonces el gobierno hondureño enfocó la realidad de los refugiados como un problema de seguridad nacional más que de ayuda humanitaria. ACNUR, está muy vinculado hoy al gobierno hondureño y es Honduras el país del área centroamericana en el que ACNUR atiende mayor número de refugiados*.

En los campamentos salvadoreños de refugiados existe un gran control, como expresión de la política gubernamental. Colomoncagua es zona militarizada, como una continua supervisión por parte de los militares hondureños del personal de las agencias de ayuda que allí prestan sus servicios (médicos, trabajadores sociales), a los que sólo se permite permanecer durante 8 horas en el campamento. Existen también prohibiciones para los refugiados: no pueden salir a bañarse o a cortar leña, no pueden alejarse más de 50 metros del campamento, etc. El gobierno hondureño justifica este control: así los víveres, ropas y medicinas no irán a parar a manos de la guerrilla.

El presupuesto de ACNUR para la atención de estos refugiados fue en 1983 de $17 millones. Para 1984 se rebajó a $12 millones y está prevista la reubicación de los refugiados desde la llanura de Mesa Grande hasta una zona más interior, en Olancho, cerca de un campamento militar, en donde se entrenan tropas salvadoreñas. Estos refugiados de Mesa Grande ya fueron reubicados allí provenientes del campamento de La Virtud, que estaba a 4 kms. de la frontera.

* Hasta mayo de 1982 el brazo de ACNUR para administrar los campos de refugiados salvadoreños era el CEDEN (Comisión Evangélica para el Desarrollo y Emergencia nacional), que coordinaba el trabajo de Cáritas, la Iglesia Menonita, Médecins sans Frontieres y World Vision. Esta última agencia norteamericana, evangélica-fundamentalista, causó conflictos y tuvo que retirarse. CEDEN, acusada de fraude, desapareció, aunque no las tres primeras agencias citadas que coordinaba y que juegan un papel politico y decisivo. En diciembre de 1982 ACNUR especializó su asistencia en programas más concretos.

Esta reubicación -que se iniciaría a comienzos de mayo- fue decidida por el gobierno hondureño y norteamericano con criterios geopolíticos. Para las maniobras militares norteamericanas-hondureñas "Granadero I" estos miles de refugiados y los testigos internacionales de las agencias que los asisten son un estorbo significativo. Por otra parte, la infraestructura de los campamentos será ocupada en las maniobras. -y aún después- para fines militares. Este traslado preocupa actualmente a todos quienes se interesan en el tema de los refugiados en la región. Los salvadoreños están dispuestos a ofrecer residencia a este traslado masivo y algunos observadores prevén un conflicto serio que podría concluir en una masacre.

La sensación de inseguridad de los salvadoreños en Honduras se remonta a la masacre ocurrida en el río Sumpul -también fronterizo- el 14 de mayo de 1980, cuando tropas hondureñas y salvadoreñas cercaron y asesinaron masivamente a un grupo de 600 campesinos que huían de un operativo militar en El Salvador. La denuncia de Mons. Carranza y de los sacerdotes de la diócesis de Santa Rosa de Copán conmovió al mundo. La inseguridad ha continuado, pues las incursiones de soldados salvadoreños u hondureños en los campos han seguido produciéndose. (El 16 de febrero pasado, 14 refugiados, entre 14 y 20 años, fueron asesinados por el ejército hondureño. El hecho fue publicado en la prensa de Honduras). ACNUR ha hecho una especie de "pacto de caballeros" con los militares hondureños, pero no garantiza la seguridad de los refugiados.

La población de los campamentos salvadoreños está integrada en un 50% por niños. Los principales problemas son: la desnutrición, el inadecuado servicio de aguas y las malas comunicaciones. Cáritas de Honduras coordina actividades de educación y de fabricación de artesanías, con una participación activa del 90% de los adultos (25% son mujeres, 25% ancianos). El sucesor provisional del fallecido Mons. Carranza, Mons. Oscar Andrés Rodríguez, ha jugado un papel muy importante en la defensa y atención de los refugiados salvadoreños. Será sustituido próximamente.

La mayoría de los mískitos provenientes de Nicaragua y asentados hoy en Honduras están en el campamento de Mokorón, cerca de la frontera. Es muy difícil el acceso de visitantes o periodistas a este campamento, del que salen grupos de mískitos para ser entrenados militarmente por el grupo contrarrevolucionario MISURA, de Steadman Fagoth, que opera desde Honduras contra Nicaragua. Tropas hondureñas armadas vigilan a los refugiados en el interior de Mokorón. Fuentes consultadas por el Servicio Paz y justicia para América Latina calculan que el 30% de los mískitos de Mokorón quisieran regresar a Nicaragua. No tanto porque la atención que se les da sea deficiente, sino por el excesivo control y vigilancia que sobre ellos se ejerce o por desencanto acerca de los planteamientos políticos por los que se fueron. Según testimonio del funcionario de ACNUR MacLean, Mokorón es una experiencia cuestionante: "Los mískitos -dice- no mueven un dedo para ayudarse a sí mismos... El campo está basado en la donación de alimentos y esto está destruyendo a los mískitos. Ellos son probablemente los refugiados más privilegiados de la zona".

MISURA da otras cifras de nicaragüenses en Honduras: 2.500 ex-guardias somocistas, 17.500 mískitos y 7 mil nicaragüenses no indígenas.

Poul Hartling, Alto Comisario de ACNUR, insiste en que su organismo "considera la repatriación voluntaria como la mejor solución para los refugiados". Hasta el 21 de febrero de 1984, 208 nicaragüenses en Honduras se habían acogido al decreto de amnistía promulgado por el gobierno de Nicaragua el 4 de diciembre de 1983 para los que en condición de "refugiados-alzados" hubieran abandonado Nicaragua y quisieran regresar voluntariamente. Pero la implementación de esta política de repratriación del gobierno nicaragüense está teniendo dificultades en Honduras. El índice más alarmante, en el caso de los miskítos fue la solicitud hecha por el Premio Nóbel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel para que se formara una comisión uqe investigara la masacre de unos 200 miskítos que habría ocurrido el pasado 6 de enero cuando el grupo intentó abandonar Mokorón y regresar a Nicaragua y de la que él tenía datos muy confiables.

BELIZE

La cifra exacta de los refugiados en Belize es un asunto político delicado. El gobierno reconoce 2.500-3 mil refugiados, sólo salvadoreños. Y sostiene que los que llegaron después de junio de 1981 son inmigrantes ilegales. ACNUR da un total de 7 mil, todos salvadoreños (Da asistencia a 2 mil). Fuentes eclesiásticas hablan de 130-15 mil refugiados, incluyendo también a los guatemaltecos. Parte de la confusión puede deberse a la falta de definición del estatuto del refugiado pero existen problemas más profundos, cuando el gobierno no quiere reconocer ni siquiera las cifras manejadas por ACNUR. Si se aceptara la cantidad de 13-15 mil, Belize, -con sólo 145 mil habitantes- es el país del área con mayor proporción de refugiados: el 10% de su población actual.

Con una agricultura poco desarrollada y una casi ilimitada cantidad de tierra disponible (densidad: 6.3 habitantes/km²) (El Salvador: 229, Honduras: 67), parecería lógico que Belize aceptara la inmigración de esta población -sean cuales fueran las causas de su exilio- para potenciar el desarrollo rural. Pero pesan más las razones de índole racial y cultural y la misma historia. Belize es el único país en Centroamérica con población criolla negra, con cultura inglesa y con una historia política armónica y pacífica. Todo este equilibrio podría venirse abajo con la presencia masiva de refugiados indígenas o blancos, de habla española y provenientes de países con trayectorias política muy conflictivas. Actualmente -y con el fin de mantener el equilibrio étnico- el gobierno beliceño planifica trasladar al país a 3 mil refugiados haitianos, mediante un proyecto que promueve Haití y que financia el gobierno norteamericano.

Un profesor de la Universidad de Belmopan expresa así la situación: "Sí no tomamos medidas correctivas, muy pronto la capital de Belize se convertirá en otro Miami, en el sentido de que un grupo étnico distinto llega y se apodera de todas las ventajas. La historia del hombre negro en este continente, cuando es reducido a una minoría, es una historia triste, muy triste. Al negro de aquí le causa miedo un patrón de cambio violento: tiene miedo de ser exterminado".

A pesar de todas las resistencias gubernamentales, el Government Refugee Advisory Board, fundado en 1980, cuando llegaron los primeros refugiados salvadoreños, y que colabora con ACNUR, implementa una política asistencial muy generosa, integrando los esfuerzos oficiales con los de la Iglesia y el sector privado.

GUATEMALA

Guatemala es el país donde se encuentra menor información sobre los refugiados, a pesar de ser el país centroamericano donde hay menor cantidad de ellos. ACNUR no trabaja en Guatemala, pero calcula entre 50 y 100 mil el número de salvadoreños refugiados en este país. Nadie les da ninguna asistencia y es muy difícil ubicarlos. Algunos opinan que se mantienen escondidos, con el objetivo de alcanzar las fronteras de México y Estados Unidos. Sus condiciones de supervivencia son críticas, aunque difíciles de precisar.

Pero hay un problema aun más grave en Guatemala: el de los desplazados. La guerra contrainsurgente desatada por el ejército gubernamental contra las organizaciones populares y guerrilleras ha provocada ya -según testimonio de los obispos guatemaltecos que recogía "The New York Times" en abril de 1982- un millón de desplazados, en su mayoría indígenas. (La octava parte de la población total del país). "Aquí no hay campos de refugiados". Hay solamente un campo de refugiados y es toda la república", decía un religioso describiendo esta dramática situación.

Estos desplazados permanecen ocultos en algunas ciudades, en casas de familiares o conocidos, subsistiendo por la ayuda caritativa -medicinas o alimentos- que reciben, a través de algunas parroquias. En las áreas rurales, especialmente en la zona norte del altiplano, hay masas de indígenas "itinerantes" que intentan sobrevivir, en un continuo éxodo para evitar ser detectados por el ejército, que considera subversivo a cualquier indígena, por el apayo logístico que ha dado o podría dar a la guerrilla.

Ya desde los tiempos del General Ríos Montt comenzó a implementarse para la población indígena desplazada un modelo de reasentamientos: las "aldeas modelo" o "aldeas estratégicas" la estilo de las que se instalaron durante la guerra de Vietnam, basadas en un control estricto de la población que en ellos se reconcentra. En septiembre de 1983, le nuevo gobierno del Gral. Mejía Víctores, que ha continuado esta política, instaló el primer campamento de este tipo en la base militar "Coronel Antonio José Irisarri" en la Alta Verapaz, con 871 campesinos de 13 aldeas.

En cualquiera de los asentamientos de desplazados abundan los casos de familias en las que algún miembro ha sido asesinado por el ejército en su campaña contrainsurgente. Un ejemplo indicativo: en el Hogar Rural de Rabinal (Baja Verapaz), promovido por el Centro de Integración Familiar, hay 7.500 indígenas. De ellos, 679 son viudas y 1.612 niños huérfanos de padre.

MEXICO

México es cuatro veces más grande que todos los países centroamericanos juntos y tiene el triple de población que ellos. Más de la mitad de toda la población refugiada de la región está en México; entre 120 y 150 mil salvadoreños y entre 35 mil (ACNUR) y 60 mil (fuentes eclesiásticas) guatemaltecos.

La tradición mexicana ha garantizado asilo a políticos, sindicalistas y revolucionarios latinoamericanos que huían de regímenes represivos. Pero, al igual que otros países de la región, México no estaba preparado para recibir la corriente repentina y masiva de campesinos y obreros centroamericanos que, carentes por completo de medios de subsistencia, han tocado a sus puertas en estos últimos cuatro años. Tampoco estaba preparado para enfrentar las implicaciones políticas de estos refugiados, de países ya no lejanos sino vecinos.

Es en México en donde el estatuto de refugiados es más inseguro y confuso. México no ha firmado la convención de Ginebra ni el Protocolo sobre Refugiados de 1967 y hasta muy recientemente carecía de legislación interna sobre refugiados.

Según ACNUR, entre 2 ó 3 de cada 10 refugiados salvadoreños son "emigrantes económicos" y sólo pasan por México hacia los Estados Unidos. Otras fuentes afirman que de los miles de salvadoreños que sobreviven en México, sólo un 30% trabaja y apenas un 50% estudia.

Los refugiados guatemaltecos son el problema mas importante. Y donde es más conflictiva la situación es en el Estado sureño de Chiapas. (Anualmente, México recibía a 50 mil guatemaltecos en el tiempo de las cosechas). Pero actualmente, no buscan sólo empleo sino salvar su vida. Huyen de los operativos contrainsurgentes del ejército. Chiapas es tan extenso como Guatemala y contiene una gran parte del petróleo mexicano. La presencia de refugiados en esta zona está centroamericanizado ("convulsionado") a México, por el sur y convierte el problema de los refugiados en un importante problema político, pues el contacto de los indígenas mexicanos con sus hermanos guatemaltecos puede acelerar en ellos la toma de conciencia sobre la explotación en que viven.

Por todo esto, el gobierno se debate entre razones de seguridad, de soberanía, de rigorismo político y de burocracia migratoria y cae en grandes contradicciones. En mayo de 1981 se creó la Comisión Mexicana para la Ayuda a los Refugiados (COMAR), que firmó un acuerdo con ACNUR, que abrió oficinas en la ciudad de México en enero de ese año. Según el director de ACNUR en México, las autoridades mexicanas dan respuestas diversas a las situaciones coyunturales que se van presentando, pero no tienen una política definida. El Departamento de Migración retiene poderes considerables sobre los refugiados y fue responsable de las deportaciones de cientos de guatemaltecos en 1981, hecho que originó fuertes protestas internacionales. Existe también el criterio de no permitir la entrada al país de agencias extranjeras de voluntarios que ayuden a los refugiados. Se acepta la colaboración financiera, pero COMAR insiste en controlarla toda.

Constitucionalmente, el gobierno mexicano no reconoce a la Iglesia ni trabaja oficialmente con ella. Sin embargo, en la zona de Chiapas la Iglesia Católica, con el obispo Samuel Ruíz al frente, ha asumido el liderazgo en la ayuda a los refugiados guatemaltecos. Es la Iglesia la que denuncia ante el gobierno su situación, la que apoya su derecho al asilo y les ofrece toda la ayuda que puede desde instancias eclesiales. Se trata de una ayuda modesta, pero administrada eficientemente.

En junio de 1983, el gobierno de Guatemala inició una campaña para convencer a los refugiados de que volvieran a su patria. Por un lado, hay presiones del gobierno de los Estados Unidos para que México cierre sus fronteras a los refugiados para ocasionar así mayores problemas a la guerrilla. Por otro lado, el gobierno considera los campamentos de refugiados en México como bases de apoyo a los guerrilleros, a pesar de que según la caracterización de "The New York Times" el 15 de junio de 1983, "están habitado en su mayoría por mujeres y niños, muchos de ellos enfermos, analfabetos, aterrorizados y políticamente inactivos".

El nuevo gobierno del Gral. Mejía Víctores ha tenido en cuenta a estos refugiados: son una mancha para la nueva imagen internacional que busca el nuevo gobierno. La actual política necesita el regreso de estos miles de indígenas. Hay evidencias de connivencia entre funcionarios mexicanos y guatemaltecos en la zona fronteriza. Helicópteros de ambos países patrullan juntos la frontera y a los funcionarios guatemaltecos se les permite acceso a los asentamientos, donde presionan a los refugiados para que regresen. También se han dado incursiones armadas y bombardeos de los campamentos por parte del ejército de Guatemala, hechos de los que ha informado la prensa mexicana. Fernando Andrade, canciller guatemalteco, afirmó en la 38a. Asamblea General de la ONU de octubre pasado que su gobierno no escatimará esfuerzos "para obtener el regreso voluntario de los refugiados que se encuentran en México, porque uno de los derechos más importantes del ser humano es poder habitar en la tierra que lo vio nacer".

COSTA RICA

Costa Rica tiene, como México, una larga y probada tradición de dar asilo a refugiados de países latinoamericanos. Con frecuencia, representantes de sus élites políticas o intelectuales. Durante la guerra de liberación de Nicaragua dio acogida a 6 mil nicaragüenses.

Desde comienzos de 1980 se inició el flujo de salvadoreños hacia Costa Rica. En junio de 1983 se calculaban 10 mil (8 mil atendidos por ACNUR). A finales de 1981, las condiciones de estos refugiados comenzaron a deteriorarse como efecto de la política gubernamental frente a la problemática salvadoreña y centroamericana. La crisis económica también ha influido en esto y existe la prohibición de que los refugiados trabajen en el sector público y en el privado, viéndose forzados a hacerlo sólo en proyectos aprobados oficialmente. Los obstáculos burocráticos para obtener documentos legales son serios y se calcula que la mitad de los refugiados no los tienen. La propaganda de los medios de comunicación insinúa que los salvadoreños son un elemento desestabilizador de paz costarricense y una cobertura para movimientos terroristas.

Aunque Costa Rica ha firmado, tanto la Convención como el Protocolo de Refugiados, la política del gobierno es actualmente contradictoria. Pues mientras no acepta más salvadoreños, acoge fácilmente a los refugiados nicaragüenses.

ACNUR afirma que hay 1.500-2 nicaragüenses en el país. Las fuentes oficiales hablan de 3 mil y de una expectativa de llegar a 10 mil. Es muy difícil el cálculo aproximado, pues los campamentos son "de tránsito" y hay una gran movilidad entre los refugiados a través de la frontera. En los meses de octubre y noviembre de 1983 -especialmente críticos en la coyuntura nicaragüense- hubo una afluencia mayor de refugiados en este país, motivada -según fuentes costarricenses- por la situación de guerra en la zona sur de Nicaragua, en donde opera el grupo contrarrevolucionario ARDE, de Edén Pastora y por la ley del servicio militar patriótico decretado por el gobierno revolucionario de Nicaragua. La interpretación que Nicaragua hace del éxodo de estos campesinos destaca que los operativos de la contrarrevolución han atemorizado a cientos de campesinos y que algunos han sido captados por los grupos armados, de manera similar a lo que ocurre en la frontera norte, donde operan los FDN.

Hasta el 21 de febrero de 1984 sólo 9 nicaragüenses en Costa Rica se habían acogido al decreto de amnistía y garantías ofrecido por el gobierno de Nicaragua para que regresaran a su patria. La mayoría de los refugiados nicaragüenses en Costa Rica son campesinos de zonas fronterizas muy aisladas y empobrecidas entre ellos una buena cantidad de mískitos.

Hay también en Costa Rica 500 guatemaltecos. Desde 1982 es el país del área donde el problema tiene menor significación. Hay mil salvadoreños en Panamá, la mayoría artesanos y estudiantes, no campesinos como en los países vecinos. Todos reciben asistencia de ACNUR.

En los años 70 se formó una comisión ecuménica para atender a los refugiados chilenos y ACNUR la utilizó como agencia oficial por la que canalizar su asistencia. La llegada de los refugiados salvadoreños, desde finales de 1980, cambió la situación. El gobierno, inicialmente, les negó le permiso de residencia y de trabajo, hasta que en julio de 1981 firmó la Convención de Ginebra, estableciendo una comisión que delinearía las políticas. En marzo esta Comisión asumió los programas asistenciales de ACNUR. Más adelante, ACNUR transfirió sus proyectos a Cáritas, que orienta su ayuda a la promoción de proyectos urbanos en los que los refugiados lleguen a ser autosuficientes.

NICARAGUA

"La libertad que tienen los refugiados para residir, viajar y trabajar en Nicaragua no tiene paralelo en otro país de asilo en la región. Como consecuencia, la mayoría de los refugiados se integren con facilidad en la vida de Nicaragua". La afirmación es del "Refugees Magazines", órgano informativo del ACNUR, de septiembre de 1982.

22 mil salvadoreños y 150 guatemaltecos son refugiados en Nicaragua. Sólo 3.200 -la mayoría, salvadoreños- reciben atención de ACNUR. Es el porcentaje más bajo en la zona, entre los de los países en donde es activo ACNUR, dato que habla en favor de la atención que el gobierno de Nicaragua da a los refugiados. Si de Nicaragua han salido en calidad de refugiados unos 17 mil nicaragüenses -incluyendo el especial grupo de los mískitos- mayor ha sido el número de los que han venido a refugiarse a estas tierras.

Los primeros refugiados salvadoreños empezaron a llegar en marzo de 1980 y en ese mismo mes el gobierno nicaragüense firmó la Convención y el Protocolo sobre Refugiados. (Sólo Costa Rica, Nicaragua y Panamá han suscrito estos dos documentos entre los países del área). En Nicaragua, los refugiados tienen los mismos derechos que cualquier ciudadano, en cuanto a residencia y trabajo. En general, se intenta integrarlos en los programas de la reconstrucción del país: reforma agraria, cooperativas, educación de adultos, sistema de salud, etc. En septiembre de 1982 el gobierno estableció una Oficina Nacional para Refugiados como dependencia del Ministerio de Bienestar Social para coordinar programas de integración y asistencia y administrar las donaciones y los fondos de ACNUR.

"Refugees Magazine" explica así las razones de la generosa política del gobierno nicaragüense hacia los refugiados: "A pesar de sus agobiantes problemas económicos, los nicaragüenses reciben a los refugiados con los brazos abiertos. Ellos saben lo que es estar desarraigado. Durante la guerra que terminó en julio de 1979, más de 100 mil nicaragüenses huyeron a Honduras y a Costa Rica y otros 800 mil se vieron desplazados dentro del país. Cuando la guerra terminó pudieron regresar a sus casas. La otra razón señalada por ACNUR es económica: "Nicaragua es un país despoblado. Vastos espacios de tierra virgen potencialmente fértil están disponibles, lo mismo que haciendas que han quedado vacías como consecuencia de la reforma agraria". Habría que añadir a éstas una tercera razón. Quien la señala es la misma oficina del gobierno nicaragüense para los refugiados; esta política de acogida "es la expresión institucional de la solidaridad y apoyo del gobierno revolucionario a sus hermanos salvadoreños".

Si la guerra contra Somoza produjo cientos de miles de desplazados internos, la actual guerra defensiva contra los grupos contrarrevolucionarios ha repetido este fenómeno, especialmente en zonas fronterizas. En diciembre de 1983 el INSSBI (Instituto Nicaragüense de Seguridad Social y Bienestar) contabiliza ya a 100 mil desplazados.

Los ataques de las FDN y MISURA en el norte y de ARDE en el sur han obligado a la evacuación de miles de campesinos de Nueva Segovia, Jinotega, Madriz, Matagalpa, Chinandega, Zelaya y Río San Juan. Pero las condiciones de estos desplazados son esencialmente distintas a las de aquellos que tuvieron que movilizarse por la guerra anti-somocista. Para el gobierno de Nicaragua la atención a estas familias es un objetivo prioritario en cada zona en cuanto a entrega de tierras de la reforma agraria, construcción de viviendas en los reasentamientos, salud, etc. Dada la crisis económica nicaragüense, en gran parte motivada por el desgaste de la guerra defensiva, el gobierno se ve desbordado y junto con diversas organizaciones religiosas y humanitarias del país creó un Comité de Emergencia Nacional para solicitar ayuda internacional con el fin de facilitar alimentos básicos, ropa y materiales del construcción para estas familias y poder así cumplir con la priorización del problema.

Dentro de los desplazados el grupo más numeroso y mas específico es el de los mískitos, que en los primeros meses de 1982 fueron evacuados desde las riberas del Río Coco hasta los asentamientos de Tasba Pri (8.300 personas). Después de esas fechas se han hecho otros desplazamientos menos numerosos de mískitos hacia zonas más alejadas de la frontera que ya no han resultado polémicos como lo fue aquel primero.

Los desplazamientos masivos de la población civil nicaragüense más importantes y más delicados -por la urgencia con la que tuvieron que realizarse han sido hasta el momento los de las ciudades portuarias de Corinto (26 mil personas) y de Potosí (1.053), atacadas por la contrarrevolución en octubre de 1983 y enero de 1984.

* "The Annals" revista de la Academia Americana de Ciencias Políticas y Sociales (mayo/83), calcula que entre 30 y 40 mil somocistas o clases altas y medias nicaragüenses no regresaron nunca o abandonaron definitivamente el país después del triunfo y están mayoritariamente localizados en Estados Unidos.

La mayoría de la población desplazada en Nicaragua es campesina. A diferencia de los desplazados salvadoreños o guatemaltecos, se trata en general, de familias enteras, en las que se incluyen también a los hombres. Una de las ventajas que estos desplazamientos forzados han tenido es la posibilidad de concentrar a poblaciones antes muy dispersas. Esto facilita su atención en educación y en salud su integración al movimiento cooperativo que promueve el proyecto de Reforma Agraria.

La versión de la Comisión Kissinger

La situación de los refugiados y desplazados en Centroamérica no puede desligarse de la situación sociopolítica de cada país y de la valoración global de las tensiones del área, agravadas al extremo por la política de la Administración Reagan.

La Comisión Kissinger, al estudiar la situación centroamericana para hacer sus recomendaciones, no dejó de tomar en cuenta la realidad de los refugiados y desplazados. No podía dejar de hacerlo: es un problema candente. El Informe Kissinger se refiere a él en tres ocasiones. Pero el contraste entre la dramática y compleja realidad que reflejan los datos anteriores y la superficialidad de la descripción que de ella hace este Informe resulta hasta hiriente.

Es una constante histórica el contraste entre los hechos y las realidades que viven los centroamericanos y el juicio que de ellas hacen los principales responsables de los mismos. Resulta clave para entender el por qué de la actual convulsión centroamericana. Esto dice el Informe Kissinger:

"Las fuerzas guerrilleras intentan con regularidad intimidar y presionar a la población civil con tiroteos, secuestros y otras tácticas armadas". Y los costos humanos de la guerra han sido inmensos. Se cuentan por cientos de miles los salvadoreños desplazados, arrojados de sus hogares, llevando una existencia precaria dentro del país. Muchos miles más han dejado El Salvador en calidad de refugiados". (Cap. 3 "La crisis actual").

"La tragedia de más de un millón de personas desplazadas en Centroamérica -arrojadas de sus hogares por la violencia o por el temor a ella- es bien conocida. Los que han hallado refugio en el México, Honduras y Costa Rica están siendo adecuadamente atendidos bajo los auspicios de ACNUR. Sin embargo, cientos de miles permanecen en El Salvador y en Guatemala viviendo en las condiciones más miserables. Estas naciones, cuyas economías han sido seriamente alteradas, no pueden por sí mismas proporcionar atención adecuada o ayuda a esa gente. Los campos de refugiados y las ciudades superpobladas a las que han ido a parar se convierten en campo fértil para el descontento y la frustración (Cap. 5 "Ayuda Humanitaria")

"Como Nicaragua ya está haciendo, nuevos regímenes marxistas-leninistas en Centroamérica expandirían sus fuerzas armadas, contarían con numerosos asesores cubanos o del bloque soviético, desarrollarían sofisticados sistemas de represión interna y de subversión externa y provocarían polarizaciones, tanto al interior como a nivel regional. Es casi seguro que esto produciría, quizá millones de refugiados, muchos de los cuales buscarían acogida en los Estados Unidos. Aun cuando no tengamos en cuenta consideraciones estratégicas, los Estados Unidos no pueden aislarse de la convulsión regional. La crisis está a nuestras puertas." (Cap. 6 "Implicaciones estratégicas")


Respuestas solidarias

Efectivamente, también los refugiados centroamericanos buscan, tocan a las puertas de los Estados Unidos. "Time" (25-IV-83) calcula que 250 mil centroamericanos viven "ilegalmente" en los Estados Unidos. Son, sobre todo, salvadoreños y guatemaltecos.

Pero no es fácil para estos refugiados encontrar allí las puertas abiertas. En 1982 el INS (Servicio de Naturalización e Inmigración) de los Estados Unidos concedió 74 asilos políticos a salvadoreños, rechazó 1.067 casos presentados y tienen pendientes 25 mil. Desde 1980 a abril de 1983, 24,700 salvadoreños fueron deportados de Estados Unidos a El Salvador, exponiéndolos a todo tipo de represiones.

Ante esta situación han surgido iniciativas para una acogida alternativa y segura. Una de las más singulares -que está creciendo- es "sanctuary", organización fundada por un grupo de cuáqueros en 1981 y que, coordina hoy desde Chicago, es una red de solidaridad religiosa, ecuménica, que agrupa (hasta abril/83) a 43 Iglesias cristianas. Los templos o inmuebles de las Iglesias así organizadas se abren como "santuarios" de acogida, refugio y protección para los que son rechazados por la ley, evocando con este gesto las antiguas leyes eclesiásticas que hicieron durante siglos de capillas y templos espacios de refugios para los que perseguía la autoridad civil.

Más allá de los Estados Unidos, son ya decenas los organismos no-gubernamentales, de carácter religioso o humanitario, independientes de ACNUR, que miran hacia los refugiados centroamericanos como prioridad en sus tareas, que los atienden y que juegan un papel muy significativo en la defensa de sus derechos.

A principios de 1984 se reunió en Suiza el ICVA (Consejo Internacional de Agencias Benévolas), que agrupa a 70 de estas entidades. Algunas de las cuales, a su vez, agrupa hasta a 50 ó 100 organismos. Se trataba de coordinar esfuerzos, de crecer en claridad sociopolítica en el análisis de tan compleja situación y de fortalecer líneas de acción eficaces.

Cuadro 1


Es difícil predecir el futuro de los refugiados centroamericanos, doloroso fruto de la "convulsión" del área, forzada a un futuro incierto por la errónea política de la Administración norteamericana. Es difícil saber hoy cómo podrá frenarse esta tendencia mientras Centroamérica no sea zona de paz y de justicia. Hasta entonces, las miles de manos solidarias que se acercan a estos dos millones de personas empiezan ya a construir esa difícil paz y esa urgente justicia.

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