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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 188 | Noviembre 1997
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Cuba

Cuba: Brújula para peregrinos

María López Vigil

Dicen que después de que Juan Pablo II visite Cuba, sólo le quedará en su agenda un único gran sueño, el mayor de todos: cruzar el umbral del milenio, entrar al año 2000 al frente de la grey católica. Pero antes lo espera Cuba, el único país de América Latina cuya tierra aún no ha besado.

En abril, nueve meses antes de la visita papal, siete mil periodistas internacionales esperaban dar cobertura al acontecimiento. Y ya corrían las primeras bolas por La Habana. Pa’ que el Papa vea tó de paquete, el Poder Popular va a regalar pintura pa’ que to’ el mundo pinte la casa, escuché en algunos barrios. Otros rumores apuntaban más alto: Llegando el Papa se cae el bloqueo!

Dentro de Cuba, las expectativas que genera este viaje, las lecturas que sugiere, son muchísimas y se orientan en todas direcciones. Fuera de Cuba, especialmente en Miami y como es habitual, prevalece un simplismo unidireccional: la visita papal es un criticable respaldo del Papa a Fidel o es el Pontífice quien viene a darle al régimen el deseado empujón final. En el medio, a los lados, no existe casi ninguna otra consideración.

En las plazas de Santa Clara, Camagüey, Santiago de Cuba y La Habana, miles y miles de cubanos y cubanas verán y escucharán a Juan Pablo II. Todos ellos han vivido inmersos en una historia compleja, peculiar y llena de altibajos. Todos ellos han sido protagonistas en esa historia y aunque todos llegarán a escuchar al Papa, no todos esperan lo mismo de él. Los caminos que les han llevado hasta esas plazas no son idénticos.

En la plaza global en que la televisión ha convertido a nuestro mundo, millones de no cubanos acompañarán desde la sala de su casa al Papa en su viaje a la isla. ¿Qué religiosidad encuentra Juan Pablo II en Cuba? ¿Y qué encontrará el alma cubana en Juan Pablo II? Con datos de la historia construyamos una primera brújula para peregrinos que oriente nuestra perspectiva.

Un pueblo mestizo con una religión mestiza

Cuando en 1959 la revolución triunfó, el 95% de los cubanos eran revolucionarios: respaldaban lo ocurrido. Y el 95% eran religiosos: creían en una realidad superior de la que sentían depender. La mayoría quería cambios en el más acá y confiaba en las fuerzas del más allá. A la hora de la revolución, la religiosidad cubana era una compleja mescolanza de ritos, creencias y subjetividades. En esa mezcla había mucho menos de esos otros ingredientes que también tiene la religión: institucionalidad, doctrina, autoridades, normas, leyes, compromisos.

La matriz inicial de este ajiaco fue el catolicismo de un puñado de desarraigados aventureros españoles y las religiones animistas de cientos de miles de desarraigados africanos esclavizados. No entraron a esta mezcla original los rastros de la religiosidad indígena. El golpe brutal de la invasión española y los primeros años de conquista acabaron muy pronto con los pueblos autóctonos de Cuba. Como herencia visible apenas quedó eso: Cuba, el nombre con el que ellos llamaban a la isla. No hubo, pues, que arrancar de cuajo la religión de los vencidos para imponer la de los vencedores, como sucedió en otros muchos lugares de América.

Desarraigados todos, españoles y africanos, los negros fueron, durante siglos, mayoría numérica sobre los blancos. Y por eso, aunque la católica era la religión oficial y pública, y la de los negros la religión clandestina y prohibida, durante siglos hubo más repicar de tambores invocando a los lejanos orishas nigerianos que misas en latín ante los altares barrocos. Muy pronto, gentes y religiones se fueron entremezclando y terminaron siendo mulatas, mestizas, cruzadas. A esa mezcla original (cristiano católica—yoruba santera), que es la que prevalece en el alma de la mayoría cubana hasta el día de hoy, se unieron estrechamente varias reglas del espiritismo desde mediados del siglo XIX, incluido el espiritismo de origen haitiano. Guardando más claras distancias del abigarrado coctel de creencias, y manteniéndose siempre en minoría, fueron llegando a Cuba las iglesias protestantes. Los anglicanos aparecieron los primeros y fugazmente, cuando la ocupación de La Habana por los ingleses, en 1762. A partir de 1898, varias iglesias protestantes procedentes de Estados Unidos se hicieron un lugar en la isla y en algunas conciencias.

Muy pocos vivieron su religión en estado puro. Todo se mezcló. Las supersticiones con las devociones. El anticlericalismo de los muchos francmasones con el respeto a todo lo sagrado incluido el clero de los muchos indiferentes. El rezo del rosario con el rosario de consultas espirituales que le hacían por radio al famoso Clavelito. El amor a la Virgen de la Caridad con el cuestionamiento de la caridad como sustituto de la justicia. La histórica lejanía de la Iglesia con la natural cercanía a la fe.

Todo se sincretizó. Se podía ser masón y ser católico. La cruz colgaba al cuello junto a los collares rojos de Changó o los amarillos de Ochún. Se hacían promesas a Santa Bárbara y se encargaban al párroco misas por los difuntos. Todas las fronteras estaban borradas. Los bautizados con agua en los templos católicos ponían vasos de agua a los espíritus a los pies de la cama, pedían a los babalaos que les leyeran los caracoles o a los paleros que les hicieran un trabajo, rezaban avemarías, peregrinaban de rodillas al santuario de San Lázaro, el gran Babalú Ayé, y alguna vez se asomaban a un culto protestante o leían unas frases en la biblia del vecino. Casi nadie veía nudos de contradicción entre los hilos de esta intrincada trama de creencias. Al amanecer del año nuevo de 1959, casi nadie veía tampoco cuál podía ser la contradicción entre la religión y la revolución. Pero la hubo.

La Revolución llegó antes que el Concilio

Las primeras contradicciones surgieron entre las autoridades católicas, algunos obispos y algunos sacerdotes que, después de recibir el proceso revolucionario con entusiasmo, quedaron muy pronto sorprendidos por una radicalidad que no esperaban y lo rechazaron con desconfianza, hasta llegar finalmente a enfrentarlo con organizada agresividad, incluso armada.

Aquel fue un conflicto político, un conflicto entre poderes. Entre el poder cultural ideológico de la iglesia católica la institución más antigua de Cuba y el nuevo poder revolucionario. Nunca existió en Cuba, a diferencia de otros países latinoamericanos, un partido de la Democracia Cristiana con inspiración en la doctrina social de la iglesia que asumiera el protagonismo en este inicial conflicto. En los inicios, la religiosidad de la mayoría de la gente, escasamente institucionalizada y con poca base doctrinal, quedó por fuera del conflicto. Los dardos volaban de poder a poder.

Para comprender mejor el por qué de este choque inaugural, ayuda bastante echarle una ojeada al calendario. En enero de 1959, a la par que audaces barbudos guerrilleros desmantelaban la dictadura batistiana y el dominio estadounidense en Cuba, en Roma el audaz Papa Juan XXIII despertaba a la iglesia católica de años de letargo para convocarla a concilio. Por varias ventanas del mundo entraba el aire fresco de los cambios. La revolución cubana y el Concilio Vaticano II: dos hechos históricos que marcaron el siglo que acaba.

Las autoridades católicas que chocaron con la revolución, aunque tenían una verdadera preocupación por los problemas sociales, tenían en muchas mayores dosis un pensamiento monolíticamente pre conciliar. A aquellos obispos también a sacerdotes y a monjas les faltaban herramientas teóricas y experiencias prácticas a partir de las cuales entender lo que pasaba, para aceptar la autonomía de aquel proceso, para interpretarlo con mayor flexibilidad, para acercarse a los cambios en actitud de diálogo y sobre todo, para acompañarlo desde la humildad de la levadura que decide disolverse en la masa. El caso del cura guerrillero Guillermo Sardiñas fue una excepción, brillante y precursora.

El cambio revolucionario se iniciaba en los momentos más calientes de la Guerra Fría y la temprana decisión del gobierno revolucionario de volverse hacia la URSS para enfrentar la política de aislamiento y agresividad de Estados Unidos, llevó a la jerarquía a la confrontación. Sólo acertaron a ver en el horizonte a la iglesia cubana convertida en una iglesia del silencio tras otro telón de acero.

Revolución: mala y reversible

El conflicto tuvo cuna ideológica. También política. La jerarquía católica apostó por el enfrentamiento con dos claras premisas sobre la mesa. El proceso revolucionario era malo el dogma ideológico del comunismo intrínsecamente perverso y también era reversible el dogma político del poderío invencible de Estados Unidos en el continente . Ya desde finales de 1959, las declaraciones de las autoridades eclesiásticas, aunque aplauden los objetivos de justicia social de la revolución y también sus primeros logros, matizan todo lo que hallan de positivo con el mal que supone el giro hacia el comunismo ateo. Después de las declaraciones y de dar respaldo en espacios eclesiásticos a grupos opositores, incluso armados, tres sacerdotes desembarcarán en 1961 en Playa Girón junto a mil doscientos contrarrevolucionarios armados. Con una cruz en sus uniformes, llegaban a Cuba con la misión de revertir el mal.

La apuesta por la confrontación no tuvo éxito: muy pocos se convencieron de la maldad del proceso y no se revirtió nada. Sin embargo, las hostilidades entre el poder eclesiástico y el poder revolucionario en los años 1959, 1960 y 1961 marcarían el rumbo de los acontecimientos. Y justificarían la inmovilidad de las posiciones de ambos poderes enfrentados.

Si las autoridades católicas lo mismo las protestantes no entendieron a la revolución, al reaccionar, las autoridades revolucionarias tampoco entendieron ni el fondo del hecho religioso ni los sentimientos religiosos del pueblo cubano. En 1959, ¿era posible ese milagro de apertura en la iglesia y ese milagro de lucidez en la revolución? Aquel conflicto, como todos, fue hijo de su tiempo.

Tres años de conflicto político e ideológico

En el conflicto con la revolución, hubo autoridades eclesiásticas que defendieron los intereses de quienes estaban siendo desplazados del poder económico y político y con quienes tenían vínculos históricos, familiares, formales. Pero los obispos defendieron, sobre todo, el espacio de una ideología, la de la institución católica, que aunque no era mayoritaria en la religiosidad de la población, era la que ellos tenían el deber de guardar celosamente. Las autoridades católicas vieron con gran temor cómo la ideología tradicional, permeada toda ella por la religiosidad, empezaba a ser arrollada por otra ideología, abarcadora y totalizante, la ideología revolucionaria. Los obispos católicos defendieron un sistema de valores y una visión de la vida y del mundo una religión que sentían en peligro y desventaja ante una poderosa competidora. Una revolución, en sus comienzos, también es una especie de “religión” que se abraza, a la que uno se convierte, en la que se cree, de la que se espera, que inspira amor, lealtad, entrega, que impone tareas y exige sacrificios.

El nuevo gobierno revolucionario respondió a las críticas de la jerarquía eclesiástica denunciándola, acorralándola, castigándola con el peso de la ley o con el empuje de la nueva realidad. Se descalificó en bloque a todos los obispos, hubo batallas campales durante algunas celebraciones en algunos templos en rechazo a los sermones de algunos clérigos, se allanaron templos e instituciones católicas donde se guardaban armas o donde se sospechaba que podía haberlas, se desató una campaña pública en distintos lugares y en los medios para desacreditar a sacerdotes, a grupos e instituciones, se clausuraron todos los espacios católicos en la radio y en la TV. Finalmente, en 1961, después de Girón, fueron expulsados de Cuba un obispo y 131 sacerdotes y religiosos varones. En estos primeros años se instaló en torno a la iglesia católica un cerco de control y de intimidación. Acciones reacciones de este tipo se dieron también, aunque en menor medida y por similares razones, con autoridades, grupos e instituciones de varias iglesias protestantes.

A partir de 1962, cuando la revolución ya se ha proclamado socialista e inspirada en el marxismo leninismo, las aguas comienzan a volver a su cauce. Un lúcido representante del Vaticano, Cesare Zacchi, favorecerá una tregua y procurará que ambas partes la llenen con reflexión. El gobierno da por cerrada su campaña y los obispos católicos se repliegan, no emiten más pronunciamientos y entran en un prolongado silencio. Se inicia una larga y poco estudiada etapa en la historia de la iglesia cubana y en la historia de las relaciones que con ella mantuvo el gobierno revolucionario.

Por la patria potestad y contra el comunismo

La realidad de convulsión social, política, económica y humana que supuso la revolución causó desde el primer momento un éxodo masivo de cubanos, principalmente hacia los Estados Unidos. Los primeros en irse fueron los afectados en sus bolsillos por las leyes de nacionalización, de reforma agraria o de reforma urbana. Junto a ellos, también se fueron en aquellos primeros años algunos otros que no habían perdido nada ni tenían nada que perder, pero que estaban asustados ideológicamente por la marea de los cambios. Algunos temieron que el comunismo es quitara la patria potestad de sus hijos para llevarlos a Rusia y se fueron con ellos o los mandaron solos al extranjero para salvarlos. Otros, muy pocos, optaron por el exilio haciendo caso al llamado de los obispos: no colaborar en nada con el comunismo.

Entre los que se fueron estaban las bases más ilustradas y comprometidas de la iglesia católica clases altas y también medias, muchos profesionales . Todos los exiliados de aquella primera hora eran blancos. Este éxodo voluntario que se preveía breve, porque casi todos confiaban en una pronta acción de Estados Unidos que pondría las cosas en su lugar desarticuló un sinfín de asociaciones y organizaciones católicas, algunas con trabajo social y con influencia. El éxodo debilitó aún más la voz de la jerarquía católica, al reducírsele de golpe la audiencia más receptiva a sus mensajes.

También gran parte del liderazgo de las iglesias protestantes históricas optó por el exilio con consecuencias parecidas, aunque no exactas. El protestantismo cubano era mayoritariamente apolítico, divorciaba las creencias religiosas de los compromisos sociales. El pastor bautista Raúl Suárez recordaba no hace mucho, con humor y con pena, que el tema de reflexión en los templos bautistas en los mismos días en que triunfó la revolución era éste: ¿Puede un cristiano fumar?

El tiro de gracia: los colegios privados

En 1961, ni un mes después de la victoria de Cuba sobre Estados Unidos en Playa Girón, la institución católica recibió el tiro de gracia al decretar el gobierno revolucionario la nacionalización de todos los colegios privados católicos, protestantes y laicos . Más que la catequesis parroquial o que otras formas de trabajo pastoral, más incluso que el adoctrinamiento religioso que se recibe en la familia, los colegios católicos que había por toda la isla eran las instituciones que garantizaban la continuidad de la doctrina y de la práctica católica en Cuba, especialmente entre la clase acomodada, entre un importante sector de la clase media y también en cierto sector de las clases populares, especialmente blancas, pues muchos de estos colegios no admitían a estudiantes negros. Los pobres llegaban becados o estudiaban en instalaciones adosadas: la escuela gratuita para los niños pobres.

La nacionalización de los colegios privados, más que una medida anti religiosa fue una medida pro masificación de la educación. No implicaba expulsar del país a las religiosas y religiosos que en ellos enseñaban ni tampoco el desplazarlos de sus tareas no sólo impartían religión sino un buen número de asignaturas . Aún así, todas las monjas, hermanos y curas dedicados a la enseñanza decidieron unánimemente irse del país. Fue un éxodo también masivo que terminó por desangrar la institucionalidad católica. A finales de 1961, de los 800 sacerdotes y de las 2 mil monjas que había en Cuba al momento de la revolución sólo quedaban 200 y 200.
¿Por qué se fueron todos los religiosos en aquella hora crucial? ¿No consideraron las congregaciones religiosas el conservar espacios estratégicos de influencia, manteniendo siquiera a algunos de sus miembros en los colegios nacionalizados, como servidores públicos que trabajarían con la ventaja de la experiencia y el prestigio acumulados? ¿Por qué no dieron esa batalla? El gobierno, ¿les habría dejado darla? ¿Por qué abandonaron el campo? ¿Por no colaborar con el comunismo? ¿Por temor a sufrir una “persecución como la que hubo en la guerra civil española, tan cercana para muchos por su origen español? ¿O porque también ellos confiaron, más que en su propia acción pastoral, en que la acción de Estados Unidos pusiera fin a la experiencia revolucionaria y les permitiera regresar triunfantes a sus colegios en Cuba? Jamás tendremos respuestas exactas. El caso es que se fueron, abandonando no sólo colegios, sino grandes conventos, asilos y hospitales. Cuando esta legión de excelentes educadores y educadoras dejaron Cuba la mayoría con sus hábitos decimonónicos no había comenzado aún en Roma el Concilio Vaticano II, que no iniciaría sus sesiones hasta octubre de 1962. La formación dogmática de los que se fueron contagió a la revolución cubana con otra suerte de dogmatismo.

Dos graves y prolongados errores

Ante la jerarquía católica, el poder revolucionario reaccionó con firmeza. Aunque nunca llegó a extremos a los que llegaron otras revoluciones. No se apresó a sacerdotes aunque sí se expulsó a un buen grupo y durante muchos años no se autorizó la entrada a curas y monjas . No se cerraron templos en las ciudades, aunque sí se prohibió a católicos y a protestantes construir nuevos templos y se cerraron iglesias en pueblos del interior, cierre que facilitó el notable descenso en el número de sacerdotes.

Todas éstas fueron medidas de respuesta y de carácter político. Pero, envuelta en esta confrontación política con el poder eclesiástico, la revolución cayó en dos errores ideológicos: equiparó la doctrina de las autoridades de las iglesias con las vivencias religiosas del pueblo cubano y confundió toda forma de religiosidad con un peligro para la revolución. La revolución se parapetó tras el conflicto político para arrojar sobre la religión la abusada etiqueta de opio del pueblo y para lanzar sobre los religiosos que sobrevivieron a la crisis inicial una pesada cruz. Lo más grave fue el largo tiempo que se mantuvo firme en estos dos errores.

La mayoría privatizó su religiosidad

Religiosos: así se llaman a sí mismos en Cuba y hasta hoy quienes son creyentes de cualquiera de las tradiciones religiosas, cristianas o no. ¿Dónde quedaron esos religiosos durante y después de este conflicto? ¿Qué hizo ese 95% de cubanos y cubanas de todas las edades que eran religiosos a su modo y manera al triunfo de la revolución? ¿Cómo reaccionaron ante estos acontecimientos?

En estos primeros años revolucionarios tuvo lugar un masivo proceso de privatización de la religiosidad. Contribuyeron varios factores. Una gran mayoría consideró la actitud de la jerarquía que confrontó el proceso y la reacción de la revolución como un problema esencialmente político, en el que tomó partido por la revolución. La mayoría tenía una religiosidad difusa, con vínculos esporádicos con la jerarquía, con prácticas religiosas sólo en ciertas fechas y en algunos momentos de la vida, una religiosidad pragmática: a cada necesidad, una promesa, una misa, una visita a la iglesia… Además, la mayoría practicaba esa religiosidad difusa en la santería y no vinculó sus creencias ancestrales y sus dioses ni con el opio ni con nada de lo ocurrido.
Más que todo esto, a la privatización de la religiosidad contribuyó el que la inmensa mayoría del pueblo cubano se encontraba en aquellos años envuelta en un proceso de cambios tan impactante personal y colectivamente, tan absorbente y fascinante un proceso que proporcionaba nuevos espacios, importantes realizaciones y responsabilidades, grandes sueños, sentido histórico, valores, y también respuesta a necesidades de salud, alimento, trabajo, todo esto en competencia con lo que también proporciona la vivencia de una religión que la mayoría no hizo ningún problema entre su religión y su revolución. Sustituyó una por la otra o simplemente, sin demasiado dramatismo, privatizó su religiosidad en el fondo del corazón. Había demasiadas tareas en el más acá y la religión, que es cosa del más allá, podía esperar. Pero no todos lo vivieron así.

Años 60: los religiosos marginados

Un calvario empezó para los menos, para los que se quedaron en Cuba después de que el éxodo masivo de los primeros años sacara del escenario a los religiosos politizados, a los políticos enmascarados en la religión y a algunos pocos más. La cruz fue pesada para aquellos que tenían una religiosidad más definida o de mayor convicción, para los de práctica católica o protestante más frecuente, para los de mayor formación doctrinal o tendencia militante. Y aunque la mayoría de ellos no quería ni tenía por qué entrar en contradicción con una revolución que llegaba para beneficiarlos, vieron cómo la revolución sí entraba en contradicción con ellos. Una contradicción que fue cada vez menos política y cada vez más ideológica.

Los años 60, que son los años más frescos de la revolución cubana, los de pensamiento más audaz e innovador, fueron, paradójicamente, los de más torpe dogmatismo contra los religiosos. En nombre de la defensa de la revolución se estableció en la sociedad una extendida, permanente y molesta discriminación contra ellos. Una marginación similar o incluso más descarnada se instauró también en estos años contra los que decidían irse de Cuba y estaban a la espera del permiso de salida.

En el terreno religioso, no fue solamente que todo cubano o cubana con creencias religiosas tuviera prohibido el ingresar al único partido de la revolución y de la nación cubana, fundado en 1965 con el nombre de Partido Comunista de Cuba (PCC), lo que constituyó un grave atentado contra la unidad nacional. Lo peor fue la vida diaria. La práctica de la religión o las convicciones religiosas fueron consideradas tanto un riesgo político como un atraso del pensamiento. Quedó prohibido hablar de religión fuera de las cuatro paredes de las iglesias. El religioso fue no sólo objeto de control por razones de seguridad sino también objeto de mofa por razones ideológicas . Cuando menos, era visto con prejuicios. La religión fue oficial y extraoficialmente considerada una lacra, un anacronismo oscurantista, que debía superarse y que de hecho ésa era la lógica sería superado a medida que avanzara la revolución.

Aquel llamado del Che cayó en el vacío

A comienzos de los años 60, el Che Guevara, que siempre quiso ver más allá de cualquier horizonte, pronunció una de sus frases más famosas: Cuando los cristianos se atrevan a dar un testimonio revolucionario integral, la revolución latinoamericana será invencible. Paradojas de la historia: con esta frase el Che hizo pensar a los religiosos de América Latina, pero dentro de Cuba, apenas rozó la reflexión de los revolucionarios cubanos. Su lúcida premonición, que no sólo hacía posible sino necesaria la unión de religiosos y no religiosos para lograr el cambio social, debía haber movido al menos a un debate sobre otros aspectos mal entendidos del marxismo hubo interesantes debates en aquellos años , pero no fue así. El llamado del Che cayó en un vacío. Algunos años después, en 1966, el luminoso testimonio integral que se atrevió a dar el sacerdote colombiano Camilo Torres tampoco fue capaz de modificar la situación.

Más que en ningún otro, en el tema religioso prevaleció el simplismo y se impuso ese dogmatismo que nace del temor, de las actitudes defensivas. En cualquier trabajo, en cualquier centro de estudios, para cualquier beca, para cualquier viaje, era obligado declarar si uno era o no religioso, o si lo había sido antes. Si la respuesta era afirmativa, veía reducidas o canceladas sus oportunidades de ascender en el trabajo, de estudiar tal o cual carrera, de viajar para estudiar, de llegar a puestos de dirección. Muchos mentían en estos formularios, mientras una minoría hacía de la confesión de su religión la prueba de la madurez de su fe.

De estos años 60 son innumerables las historias que aún hoy te cuentan. Niñas y niños pequeños aguantan en la escuela pesadas burlas de sus compañeritos, que se ríen de ellos cuando los ven entrar a la iglesia y los acusan de estar en la mojigatería; batallas a pedradas entre religiosos y no religiosos; actos de repudio con lluvias de piedras o insultos en las puertas de las iglesias, sátiras contra los curas ensotanados, recriminaciones públicas en lugares públicos, sanciones… Ponerlo a uno en vergüenza delante de todos, negarte el saludo, tirarte a mondongo, todo eso.

Muchas de las víctimas de estos ya lejanos hechos injustos estarán en la plaza escuchando a Juan Pablo II, y habrá en algunos el sentimiento de una cierta revancha histórica. Uno de estos discriminados me dijo una vez que los que así fueron tratados se dividen en dos: los que, por ser cristianos, aprendieron a perdonar, y los que aún tienen esa asignatura pendiente… y se les nota.

Navidad: prohibida ayer, privatizada hoy

Expresión simbólica de esta ofensiva contra la religiosidad popular en estos primeros años fue la supresión de la conmemoración de la universal fiesta de la Navidad. Ya antes se había eliminado la semana santa y se usaba el domingo para dedicarlo a trabajos voluntarios, lo que algunos interpretaban como un desafío anti religioso.

Desde hace más de 30 años, Cuba es el único país occidental de cultura cristiana donde el 24 y el 25 de diciembre son días laborables como cualquier otro día del año y donde no aparece en ningún lugar público ningún símbolo propio de esta fiesta que, aunque tiene un origen religioso, se ha convertido ya en una fiesta cultural en la que el mundo celebra bien, regular o mal el humanismo del mensaje de Jesús de Nazaret, cuya natividad recuerdan árboles, coronas, velas, estrellas y las figuritas de pastores, ovejas y reyes magos.

También se privatizó la Navidad. En los últimos años, la afluencia turística ha obligado a poner arbolitos navideños en los hoteles y a vender algunos, para las casas, en las shopping, las tiendas estatales en las que circulan dólares. La Navidad continúa privatizada hoy, no ya en nombre del ateísmo oficial, sino en nombre del laicismo oficial entendido estrechamente, con lo que persiste el mismo absurdo cultural. En 1994 y en nombre del escrupuloso cumplimiento de un laicismo que no debe favorecer a ninguna religión se prohibió expresamente que los edificios estatales exhibieran adornos navideños y que las radios cubanas todas estatales sacaran al aire canciones religiosas cristianas o dedicadas a cualquier deidad.

Discriminación ¿sutil?

Expresión institucional de la intolerancia antirreligiosa de los años 60 fue la creación en 1963 de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción). En instalaciones especiales y segregada del resto de la población, la crápula social cumplía en la UMAP un especial servicio militar consistente en trabajos agrícolas. Homosexuales, delincuentes, marihuaneros, seminaristas y sacerdotes, pastores protestantes, testigos de Jehová, melenudos, rockeros, todos los diferentes iban a dar allí porque deshonrarían a la patria y al ejército si se integraban a sus filas y portaban armas. La UMAP duró casi dos años.

Fidel Castro declaró en 1985 que nunca hubo de parte de la revolución persecución religiosa y que lo que existía, todavía en los años 80, era cierta forma de discriminación sutil . Tal vez el adjetivo sutil sea el que perviva en la historia oficial, pero no parece el más adecuado para contar la historia real de tan largos años.

El encuentro entre Diego y David en el film Fresa y Chocolate pinta de forma genial el aire de intolerancia muy poco sutil que existía en 1979 en este año se ubica la trama de la película , con el que se marginaba y acosaba a los diferentes, incluidos los religiosos.

Aunque la cultura cubana es de raíz cristiana y aunque en la cultura cubana es virtud básica la tolerancia porque el cubano es naturalmente ecléctico, abierto a todo, con tendencia a las mezclas creativas lo que también pinta magistralmente la película , la revolución cubana olvidó este sustrato, olvidó en este punto a Martí un hombre profundamente religioso, intransigente en los principios pero siempre tolerante e incluyente y durante demasiado tiempo causó innecesarios sufrimientos.

Isla bloqueada, iglesias bloqueadas

Al privatizarse la religión, sus espacios institucionales se debilitaron socialmente, a la vez que la convicción religiosa, siempre a la defensiva, se fortalecía en la conciencia de una minoría que, pese a presiones y burlas, decidió proclamarse creyente; y a la vez que la religiosidad de la mayoría la de quienes no cogieron esa lucha , avasallada por el ateísmo sociológico que se imponía, seguía creciendo hacia abajo, echando raíces en las conciencias.

El bloqueo con que el imperio estadounidense castigó a Cuba desde 1961 acrecentó estas tendencias en la religiosidad y determinó un aislamiento notable de los religiosos cubanos. Separada Cuba de su natural área geográfica, cuando toda América Latina a excepción de México rompió relaciones con la isla acatando la orden imperial estadounidense, la iglesia católica y las iglesias protestantes quedaron cada vez más aisladas, con cada vez mayor número de viejitos y viejitas, al margen de la realidad de empobrecimiento y de violencia en la que vivían sumidos sus hermanos del continente, y al margen de la reflexión y las prácticas que empezaron a hacer cambiar a muchos cristianos latinoamericanos que decidieron luchar contra el pecado estructural y se atrevieron a dar el testimonio integral con el que soñó visionariamente el Che.

Por fuera de la historia eclesial latinoamericana en ebullición, en una geografía de isla aislada, las iglesias cubanas vivieron durante largos años de sus reservas: doctrinas superadas, prácticas y ritos tradicionales, lenguajes, estilos y pautas de conducta que iban siendo cuestionados y dejados atrás en el resto del continente. Iglesias congeladas en sus dogmas ante una revolución también congelada en los suyos. En 1968 la iglesia católica latinoamericana iniciaba su propia revolución con la reunión de obispos de Medellín. Pocos ecos escucharon los religiosos cubanos de aquel trascendental acontecimiento.

Si el bloqueo que Estados Unidos impuso a Cuba ha generado en el proceso cubano autobloqueos y un sinfín de actitudes defensivas, ese visible complejo de gloriosa plaza sitiada, algo muy similar le ocurrió a las instituciones eclesiales y al sector de creyentes más vinculado a ellas. Tendrían que pasar muchos años para que se iniciara un desbloqueo que Juan Pablo II no encuentra aún concluido y en el que su visita es sólo un paso más al que tendrán que seguir otros.

Años 70: ateísmo y manuales soviéticos

Los años 70 son los de la institucionalización de la revolución. Tras el fracaso de la zafra de los 10 millones, Cuba se vuelve más decididamente hacia la URSS, estrecha sus alianzas con el campo socialista y adopta muchas de sus formas de organización. El marxismo de estilo soviético, ya presente en la revolución, se adueña de todos los terrenos e impone sus dogmas.

Se acentúa el copismo del socialismo real soviético y en el paquete de fotocopias que se importan de la lejana URSS viene, con rasgos aún más acentuados, la concepción del ateísmo como religión del Estado. Aunque ya en estos años la discriminación contra los religiosos no tiene los ribetes burdos que habían revestido algunos episodios de los 60, queda institucionalizada al oficializarse el ateísmo en todo el sistema educativo y en la Constitución de 1976.

Por toda la isla circulan manuales que distorsionan y deforman contenidos esenciales del marxismo de Marx, al igual que hacen ciertos catecismos con el evangelio de Jesús. Manuales y catecismos se aprenden nunca se cuestionan, nunca se debaten y además, se aprenden de memoria. En esos textos soviéticos se enseñaba que el mayor de los errores humanos es el idealismo, se identificaba a todas las religiones con idealismos y misticismos, y en algunos se llegaba a afirmar que Jesús de Nazaret no fue un personaje real de la historia sino una creación idealista en la mente de los esclavos del imperio romano.

La indoctrinación masiva y manualesca empobreció el marxismo cubano, atentó contra la cultura nacional y consolidó las ideas que se habían venido manejando ante el hecho religioso. La acertada crítica hecha por Martí a la religión fue sustituida por la rastrera crítica contenida en los manuales. En la plataforma programática del PCC de estos años se lee que la religión está caracterizada por constituir un reflejo tergiversado y fantástico de la realidad exterior. La enseñanza pública la única adoptó los postulados de la concepción científica del mundo, la del materialismo dialéctico e histórico entendido manualescamente, dogmáticamente. Y aunque no todos los maestros y profesores se dedicaron a un proselitismo activo en favor del ateísmo, fueron muchos los que orientaron sus habilidades a fomentar en sus alumnos una conciencia arreligiosa o antirreligiosa.

Algunos lo hicieron burdamente. Aún recuerdo a un profesor de secundaria en la Isla de la Juventud explicándome, con no disimulado orgullo, su destreza para aprovechar los avances de la carrera espacial con el fin de demostrarle a los muchachos que naves y satélites, tanto soviéticos como estadounidenses, nos estaban dando la prueba definitiva de que Dios no existe: ¡Oiganme, tantos astronautas que han ido ya al espacio y ninguno lo ha visto ni por asomo! Era el año 1984. A estas alturas, los libros del educador de educadores Paulo Freire seguían ausentes en Cuba.

Este sesgo seudocientífico, que coincide con la masificación de la educación, más una tendencia a compartimentar y especializar la enseñanza al estilo estadounidense separando unos saberes de otros, más la voluntad de relegar a categoría inferior a las ciencias humanas y sociales, ha provocado notables desarmonías en la formación de varias generaciones. Es de hace tan sólo unos meses la historia de aquellos alumnos de la Escuela de Bellas Artes de La Habana que buscaban afanosamente a un sacerdote. Querían que les explicara qué cosa es el juicio final que Miguel Angel pintó en la cúpula de la Capilla Sixtina en el Vaticano. Cuando encontraron a un párroco le explicaron que estaban estudiando a Miguel Angel, pero el profesor sólo les instruía en estilo, técnicas, perspectiva, color, contexto histórico… Hasta ahí. El profesor no cruzaba la frontera. Dice que no es cosa suya hablar del juicio final, que eso sólo lo puede explicar un sacerdote.

Ahora, con ocasión de la visita del Papa, les toca a los sacerdotes, y a los que no lo son pero saben de juicios finales, explicar y explicar en unos meses lo que se desconoció en todos estos años de colapso cultural.

¿Quién creó el mundo?

Un chiste refleja bien la situación de estos años de ateísmo oficial, ese barniz espeso que cayó, capa a capa, sobre la espiritualidad de la gente y sobre su religiosidad, aspectos de la subjetividad humana que, pese a todo, siguieron desarrollándose en el fondo de muchos corazones.
Después de años de no verse, dos amigos se cruzan en una calle de La Habana. Uno va con la sotana negra de los curas y otro con el uniforme verde olivo de los militares.
- ¡Mi hermano! ¿Qué es de tu vida?
-¡Ahí me ves!
Después de los saludos, los abrazos y las primeras preguntas, vinieron los cuestionamientos. Y el militar le dice al sacerdote:
-Oye, chico, ¿pero como tú andas todavía con ese túnico negro y con esas ideas atrasadas? ¿De verdad de verdad que tú crees en esos cuentos de camino?

Fue larga la respuesta del sacerdote, que insistía en que un mundo tan bello, y una Cuba tan bellísima en medio de ese mundo, sólo podían ser obra de Dios. El militar le ripostaba. Al final, los dos decidieron resolver la disputa preguntando su opinión al primero que pasara por aquella esquina. Pasó un muchachón. El cura lo abordó y le dijo:
-Oye, ven acá, ¿quién tú crees que creó el mundo?
-Bueno, padre respondió sin dudar , ¿quién va a ser? El mundo lo creó Dios.

Y al ver al militar añadió con la misma certeza:
-Lo creó Dios, pero con la ayuda desinteresada del campo socialista y muy particularmente, con la colaboración de nuestros hermanos de la Unión Soviética.

Si en los años 60 se acumuló sufrimiento, con obcecadas incomprensiones y distancias, y los sobrevivientes de aquella crisis no lo han olvidado, en los años 70 se fraguó una generación atea, científicamente materialista. Pero ese ateísmo no fue un avance en la racionalidad. Fue un atraso, un subdesarrollo de la mente. Porque no significó el necesario laicismo, que sabe reconocer la autonomía que hay entre lo subjetivo religioso y lo objetivo social. Tampoco significó la conciencia secular de la modernidad, por más que los cambios revolucionarios estaban modernizando la sociedad cubana. No significó tampoco el sano y sabio agnosticismo del que, lleno de respeto, se detiene responsablemente en los bordes del misterio. No, ese ateísmo, masificado por la ideología oficial e impuesto como religión de Estado, se tradujo, más que en una convicción sólidamente argumentada, en una crasa incultura religiosa, en notables vacíos para una cultura integral y en la pervivencia oculta raíces bajo tierra de muchas formas de la religiosidad que se quisieron combatir y que hoy, enmarañadas, afloran por doquier y surgen, emotivas, dispares, hasta frenéticas, para saludar al Santo Padre.

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BREVES

La esclavitud de los africanos en Cuba duró casi cuatro siglos. Entre 1517, cuando llegó el primer grupo, y 1873, cuando arribó el último cargamento del que se tiene noticia, fueron desembarcados en Cuba más de medio millón de africanos de unas veinte etnias, que con su trabajo hicieron posible los grandes capitales creados en torno al azúcar. En el siglo XIX el comercio de esclavos era aún floreciente. Sólo entre 1821 y 1860 está documentada la entrada a Cuba de más de 350 mil africanos. La esclavitud fue abolida legalmente en Cuba muy tarde: en 1884. Junto a Brasil, Cuba fue el último país latinoamericano en suprimir de su historia este pecado original. La dramática realidad de la esclavitud está presente en las raíces más profundas de la cultura nacional y de la religiosidad popular del pueblo cubano.

Dentro de la tradición cristiana católica, la Virgen de la Caridad del Cobre es la patrona de Cuba. La imagen, pequeña, de madera oscura y colocada sobre un madero en el que se leía Yo soy la Virgen de la Caridad, apareció flotando sobre las aguas de la bahía de Nipe, al Oriente de Cuba, en los primeros años del siglo XVI. De 1687 son los relatos escritos de su hallazgo por dos indios naturales del país y un niño negro esclavo que buscaban sal. Durante las guerras de independencia, la medalla de la Virgen de la Caridad estaba sobre el pecho de los mambises. Fueron los veteranos de las guerras de independencia quienes solicitaron al Papa Benedicto XV que declarara oficialmente a la Virgen de la Caridad Patrona de Cuba. En 1927 fue inaugurado su Santuario en las montañas de El Cobre, de donde la imagen bajará a Santiago de Cuba para ser coronada por Juan Pablo II. La Caridad, Cachita, es amadísima por todo el pueblo cubano. En la religión santera ella es Ochún, la diosa de las aguas dulces y de la miel, la protectora de las embarazadas, a quien se honra con el color amarillo.

Según fuentes de la iglesia católica, ocho sacerdotes católicos se sumaron a las fuerzas insurgentes que lucharon contra la tiranía batistiana como capellanes y otros lucharon en la clandestinidad. El de compromiso más permanente y consecuente fue el cura y párroco rural Guillermo Sardiñas, que llegó a ser oficial del Ejército Rebelde tras acompañar durante año y medio a Fidel Castro y a las columnas guerrilleras del Movimiento 26 de Julio, desarrollando su trabajo pastoral entre los campesinos de la Sierra Maestra, base social de la guerrilla. Al triunfo de la revolución, se le otorgó a Sardiñas el grado de Comandante a petición de Camilo Cienfuegos. Sardiñas murió en 1964, a los 47 años, y hasta el final de su vida ejerció su ministerio sacerdotal sin dejar de usar nunca su uniforme verde olivo. Sin saberlo él, y sin reflexionarlo suficientemente la sociedad cubana, Guillermo Sardiñas es el precursor de la legión de sacerdotes y religiosos que en los años siguientes se comprometieron de diversas maneras con movimientos de liberación armados en toda América Latina.

La iglesia católica cubana no inicia su trabajo social, con el primer hospital, hasta más de 100 años después del inicio de la colonización española. A mediados del siglo XVIII vivió una época de oro: contaba con 561 sacerdotes y 46 de los 50 sacerdotes que atendían parroquias ya eran criollos. Pero, a partir del primer tercio del siglo XIX entra en una crisis profunda, que durará más de un siglo: los clérigos son españolistas se oponen a la independencia , trabajan con una
gran desorganización pastoral y viven en degradación moral.
Esta situación prolongada consolidó en un amplio sector de
la población cubana la incultura religiosa, todas las formas del sincretismo religioso y rasgos de profundo anticlericalismo.

El sacerdote católico Félix Varela (1788 1853) es una de las piedras fundacionales de la cultura cubana. Abrió caminos desde su cátedra en el seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana, institución donde se empieza por primera vez a mirar los problemas de Cuba con ojos cubanos. El maestro de la generación que luchó por la independencia en 1868, José de la Luz y Caballero, dijo del padre Varela que él fue quien primero, nos enseñó a pensar. Varela es el primero que comienza a hablar de la necesidad de que Cuba se independice de España, fue apasionado pionero de las ideas que propugnaban por la abolición de la esclavitud, enseñó a los cubanos eso: que lo primero que hay que hacer y aprender a hacer, es a pensar. Varela escribió, enseñó, predicó. Vivió muchos años en el exilio, en Nueva York, por razón de su lucha contra la metrópoli española. Allí fue abogado de los inmigrantes más marginados entonces, los irlandeses. Fue un hombre culto, sabio y santo. Su causa de beatificación está en marcha. Y se deseó concluirla para que el Papa Juan Pablo II lo proclamara beato en su visita a Cuba. Es una figura religiosa y patriótica de gran consenso: entre los cubanos del exilio y los de la isla, entre los comunistas y los católicos, entre todos los cubanos creyentes y no creyentes.

En la noche del 28 al 29 noviembre de 1959, la iglesia católica cubana convocó al pueblo a un Congreso Católico, que consistió en una misa campal nocturna, precedida de una procesión con antorchas que culminó en la que aún se llamaba Plaza Cívica y fue después Plaza de la Revolución. El Congreso buscó ser una masiva demostración de fe cuando se iniciaban las tensiones de las autoridades católicas con el gobierno revolucionario. Presidió el Congreso, viajando desde la otra punta de la isla, la imagen de la Virgen de la Caridad. A la plaza asistieron unas cien mil personas, incluido el propio Fidel Castro y otros funcionarios del nuevo gobierno. De las palabras dichas en aquella ocasión por el obispo de Matanzas, Alberto Martín Villaverde, son estos fragmentos, que dan el tono teológico y político del momento:En este siglo sólo existen dos filosofías: la filosofía del materialismo y la filosofía del reino de Dios. Se predicó el materialismo y se sembró el odio; nosotros predicamos el reino de Dios y sembramos el amor Que escojan, pues, los pueblos: o el reino de Dios y ser hermanos con hermanos en justicia y amor, o el reino del materialismo y unos contra otros en la ley del más fuerte El pueblo católico de Cuba se ha reunido en este grandioso Congreso, para decirle al mundo que ya hemos escogido.

De todos los prelados cubanos, el que planteó con más frecuencia a lo largo de 1959, 1960 y 1961 el conflicto con
el comunismo de la naciente revolución y el que lo hizo en términos más reveladores de la mentalidad eclesiástica de aquella época, fue el arzobispo de Santiago de Cuba, Enrique Pérez Serantes. En un comunicado de mayo de 1960 decía: El enemigo está dentro, hablando fuerte, como quien está situado en propio predio ¿Cuál debe ser la actitud de los católicos?... Nos vemos en la imperiosa necesidad de recomendar, y aun de conminar, a nuestros diocesanos (y si cabe a todos los cubanos) no quieran en manera alguna cooperar con el comunismo, o ir del brazo con el mismo; más aún, deben tratar de alejarse de este implacable y prepotente enemigo del Cristianismo cuanto puedan.

La Circular Colectiva del Episcopado, del 7 de agosto de 1960, firmada por los nueve obispos que había en Cuba en ese momento, marca una ruptura con el proceso revolucionario. Después de saludar las medidas de carácter social de la revolución aunque distanciándose en algunos puntos de su aplicación concreta , los obispos se centran en un problema de extraordinaria gravedad que ninguna persona de buena fe puede negar en este momento, y es el creciente avance del Comunismo en nuestra patria. Y añaden: En los últimos meses el Gobierno de Cuba ha establecido estrechas relaciones comerciales, culturales y diplomáticas con los gobiernos de los principales países comunistas, y en especial con la Unión Soviética. Nada tendríamos que decir desde el punto de vista pastoral acerca de los aspectos estrictamente comerciales o económicos de estos acercamientos, pero sí nos inquieta profundamente el hecho de que, con motivo de ellos, haya habido periodistas gubernamentales, líderes sindicales y aun algunas altas figuras del Gobierno que hayan elogiado repetida y calurosamente los sistemas de vida imperantes en esas naciones, y aun hayan sugerido, en discursos pronunciados dentro y fuera de Cuba, la existencia de coincidencias y analogías, en fines y procedimientos, entre las revoluciones sociales de esos países y la Revolución Cubana. Nos preocupa este punto muy hondamente, porque el Catolicismo y el Comunismo responden a dos concepciones del hombre y del mundo totalmente opuestas, que jamás será posible conciliar… Condenamos, en efecto, el Comunismo, en primer lugar, porque es una doctrina esencialmente materialista y atea, y porque los gobiernos que por ella se guían figuran entre los peores enemigos que ha conocido la Iglesia y la humanidad en toda su historia… Seguían condenas al comunismo por otras razones, referidas al respeto de los derechos individuales. Y terminaban los obispos: Contra el Comunismo materialista y ateo esta la mayoría absoluta del pueblo cubano, que es católico, y que sólo por el engaño o la coacción podría ser conducido a un régimen comunista.

Antes de la revolución, y según datos de 1953, había en Cuba 51 colegios católicos para niños y 107 para niñas. Había también una universidad católica en La Habana, la de Santo Tomás de Villanueva. Fidel Castro estudió la primaria con los Hermanos de La Salle y en el prestigioso colegio de los jesuitas en Santiago de Cuba, el Colegio Dolores; y el bachillerato en el más importante colegio religioso de la isla, también de los jesuitas, el Colegio de Belén de La Habana.

El último escrito pastoral de los obispos cubanos en esta etapa inicial de conflicto es una carta abierta a Fidel Castro de diciembre de 1961, en la que le expresan una serie de preocupaciones. Desde entonces hasta un comunicado de abril de 1969, no aparece ningún otro texto de los obispos. Muchos años después, en 1986, la iglesia cubana habló así de su prolongado silencio: La Iglesia Católica en Cuba ha hecho una clara opción por la seriedad y la serenidad en el tratamiento de las cuestiones, por el diálogo directo y franco con las autoridades de la nación, por el no empleo de las declaraciones que puedan servir a la propaganda en uno u otro sentido y por mantener una doble y exigente fidelidad: a la Iglesia y a la Patria. A esto se debe, en parte, el silencio, que ciertamente no ha sido total, de la Iglesia, tanto en Cuba como de cara al Continente, en estos últimos 25 años.

En escasas ocasiones Fidel Castro hace alusión a temas religiosos en sus discursos de los años 60 y 70. Una de estas alusiones, de las más extensas, la encontramos en un discurso en La Demajagua del 10 de octubre de 1968, al conmemorarse los cien años del inicio de la guerra de independencia. Sus palabras dan
el tono, la atmósfera de aquellos años: El odio de los enemigos crece a medida que la revolución se fortalece… ¿A qué grados llegan? A increíbles grados en todos los órdenes. Llegan, incluso a extraordinarios ridículos. Recientemente leíamos un cable en que hablaba de un cura español que organizaba en Miami rezos contra la revolución. Un cura español que, según decía, rezaba para que la revolución se destruyera. Incluso, daba misas y rogativas para que los dirigentes revolucionarios nos muriéramos en un accidente o asesinados, como requisito para aplastar la revolución… Llama la atención esta filosofía de los reaccionarios, esta filosofía de los imperialistas. Ellos mismos decían que organizaban un mitin contrarrevolucionario y apenas iban 200; y organizaban un rezo contra la revolución e iban miles de gusanos. Eso, desde luego, denota que a la contrarrevolución le va quedando toda la gusanera beata y ridícula que se reúne a hacer misas. ¡Vaya espíritu religioso el de esos creyentes!¡Vaya espíritu religioso el de ese cura que da misas para que asesinen o para que muera la gente!... Si el cura nos dijera que hay una oración para rechazar a los imperialistas si invaden este país, nosotros le diríamos a ese cura: ¡váyase al diablo con su oración, que nosotros nos vamos a encargar de aniquilar aquí a los invasores, a los imperialistas, a tiro limpio y a cañonazo limpio! Los vietnamitas no rezan oraciones contra los imperialistas, ni el heroico pueblo de Corea rezó oraciones contra los imperialistas, ni nuestros milicianos rezaron oraciones contra los mercenarios que venían armados con calaveras, crucifijos y no sé cuántas cosas más. Venían en nombre de Dios, con cura y todo, a asesinar mujeres campesinas, a asesinar niños y niñas, a destruir las riquezas de este país… Desde luego, no son los rezos del cura y su muchedumbre de beatos y beatas las cosas que le preocuparían a esta revolución.

Durante casi dos años, seminaristas y sacerdotes jóvenes cubanos cumplieron su servicio militar en la UMAP junto a otros muchos diferentes. Uno de ellos, el cantautor Pablo Milanés. El hoy Cardenal de La Habana, Jaime Ortega, estuvo en una de estas instalaciones durante siete meses, ya ordenado sacerdote. El hoy diputado a la Asamblea del Poder Popular, el pastor bautista Raúl Suárez, también estuvo en la UMAP. A partir de 1979 y ya desaparecida, por fin, la UMAP los seminaristas católicos combinaron, como el resto de los jóvenes cubanos, el estudio con el trabajo agrícola. Todas las demás instituciones del país lo hacen y no queremos que el seminario sea una excepción, porque el trabajo manual tiene un valor formativo que redunda en bien del futuro sacerdote y porque con ese trabajo queremos dar un modesto apoyo al desarrollo del país, dijo en 1981 en declaraciones a la prensa cubana el obispo Pedro Meurice, Presidente entonces de la Conferencia Episcopal.

Los obispos cubanos denunciaron por primera vez la injusta situación de bloqueo que sufría Cuba desde 1961 hasta ocho años después. En abril de 1969, en un comunicado en el que
hablaban sobre la reunión de obispos latinoamericanos en Medellín, donde se reflexionó sobre el subdesarrollo del continente, los obispos se refirieron al bloqueo, pero sin nombrar a Estados Unidos. ¿Quién de nosotros escribieron ignora las dificultades de toda índole que entorpecen el camino que debe conducir al desarrollo? Dificultades internas, originadas en la novedad de la problemática y en su complejidad técnica, aunque producto también de las deficiencias y pecados de los hombres; pero, en no menos proporción, dificultades externas, vinculadas a la complejidad que condiciona las estructuras contemporáneas de las relaciones entre los pueblos injustamente desventajosas para los países débiles, pequeños, subdesarrollados. ¿No es éste el caso del bloqueo económico a que se ha visto sometido nuestro pueblo, cuya prolongación automática acumula graves inconvenientes a nuestra Patria? Inconvenientes que pesan, principalmente, sobre nuestros obreros de la ciudad y del campo, sobre nuestras amas de casa, sobre nuestros niños y jóvenes en proceso de crecimiento, sobre nuestros enfermos, en fin, para no alargar los casos, sobre tantas familias afectadas por la separación de sus seres queridos. Aunque el bloqueo continuó causando esos inconvenientes, los obispos no volverán sobre este tema hasta 23 años después, en una declaración de octubre de 1992, cuando rechazan el recrudecimiento del embargo económico de los Estados Unidos contra nuestro país, promovido por la Ley Torricelli. Afirman que todo embargo es una medida de fuerza que participa, en cierto modo, de la violencia de la guerra y que, al afectar el comercio de productos esenciales para los pueblos, es éticamente inaceptable. En marzo de 1996, los obispos cubanos publicaron una declaración en la que criticaban la Ley Helms Burton. En ella expresaron su preocupación porque esta legislación amenaza con alejar la probabilidad de hallar medios pacíficos que conduzcan a la reconciliación de todos los cubanos.

En 1992, y desde muy arriba, se hicieron reformas trascendentales, en lo ideológico y en lo económico, a la
Constitución de 1976. Estas reformas hicieron desaparecer de varios artículos el ateísmo confesional del Estado. Un ejemplo: en el artículo 38 de la Constitución de 1976, referido a la responsabilidad del Estado de orientar, fomentar y promover la educación y la cultura, se leía que el Estado fundamenta su política educacional y cultural en la concepción científica del mundo, establecida y desarrollada por el marxismo leninismo. En el mismo artículo de la Constitución reformada (ahora, artículo 39) se lee que el Estado fundamenta su política educacional y cultural en los avances de la ciencia y la técnica, el ideario marxista y martiano, la tradición pedagógica progresista cubana y la universal. Un cambio drástico sufrió el artículo 41, que suponía la legalidad de la discriminación por razones religiosas. La Carta Magna de 1976 decía: La discriminación por motivo de raza, color, sexo u origen nacional está proscrita y es sancionada por la ley.Desde 1992, este artículo (hoy 42) dice: La discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquier otra lesiva a la dignidad humana está proscrita y es sancionada por la ley.

Fragmentos de una sugerente canción que en los años del ateísmo oficial cantaba el popular cantautor cubano Pedro Luis Ferrer:

Tengo un amigo palero
tengo un amigo abacuá
son mas hombres y más amigos
que algunos que no son ná

Uno de la extrema izquierda
me vio con un abacuá
Me dijo: Véndele al socio
porque te vas a embarcar
Le dije: Vete tranquilo
el socio es buena persona
Ahora lo estoy despidiendo
porque se va para Angola
....

Y luego se justifiquen
negando que existe cielo
citándome a Carlos Marx, a Lenin
y al mundo entero

Yo conozco a Calderón
no a Calderón de la Barca
sino a quien lleva faisán
que comen hijos de casta
Y luego se justifiquen
con Engels y El Capital
diciéndonos que en el cielo
ningún Dios nos va a esperar

Yo conozco la comuna
no la que estalló en París
sino la que está viviendo
muy distinto a ti y a mí

Y luego se justifiquen
con que el ser es lo primero
y que el espíritu es
de nuestra vida el reflejo.

....

Tengo un amigo palero
tengo un amigo abacuá
son más hombres y más amigos
que algunos que no son ná.

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1979: LA FRONTERA (SEGUNDA PARTE)

La brújula que nos orienta en la historia de la religiosidad cubana en los primeros veinte años de revolución, apunta permanentemente al conflicto, a la tensión, al desencuentro. Al silencio y al encogimiento, a la rutina. También a la callada espera. Las cosas empezarían a cambiar en 1979. Este año marca una frontera. Y a partir de esta fecha, la brújula apunta por momentos en varias y nuevas direcciones: distensión, esperanza, reencuentros. Para volver de nuevo y en ocasiones al áspero pasado. Pero una vez que se cruza la frontera ya no se vuelve al mismo y exacto punto de partida.

El "enigma" cubano

"Sería un error creer que porque nos hicimos marxistas sucedió todo, cuando la verdad es que nos hicimos marxistas por todo lo que sucedió", recuerda un cubano verdaderamente marxista, evocando la gesta humanista que desde el primer momento emprendió la revolución cubana. Este proyecto de justicia social es la base del consenso y del respaldo masivo con el que se ha sostenido la revolución durante tantos años y entre tantas dificultades, la mayor de todas la cercana arrogancia de Estados Unidos, un tan inhumano y anticristiano imperio.

Los logros sociales de Cuba, creando riquezas y redistribuyéndolas más justamente, masificando la participación, la dignidad, la educación a todos los niveles, el trabajo, la salud preventiva y curativa, la cultura, el deporte, la seguridad social, "todo lo que sucedió", hacían mucho menos significativos los déficits en el tratamiento que la revolución daba a la religiosidad popular. Al fin y al cabo, la preocupación por el prójimo, la responsabilidad por el bien común, el cuidado de la vida, son reglas de oro en todas las grandes religiones.

En la fe cristiana, el amor a los demás es el test para verificarla. La fe cristiana o es amor o no es. Para América Latina, el único continente mayoritariamente cristiano y mayoritariamente empobrecido, que en los años 70 vio nacer y desarrollarse la teología de la liberación y las comunidades de base y que asistió a fecundas alianzas entre cristianos y revolucionarios y que, sobre todo, vio derramar torrentes de sangre de creyentes, de pastores, curas, monjas, catequistas, hasta obispos, en nombre de la lucha del gobierno de Estados Unidos y de las dictaduras latinoamericanas que eran sus aliadas "contra el comunismo ateo", lo que ocurría en Cuba en estos años permanecía ahí, como un doloroso enigma: un Estado preocupado por la justicia social y soberanamente digno ante Estados Unidos, pero que marginaba a las iglesias, menospreciaba la religión y difundía el ateísmo. Y unas iglesias cristianas paralizadas, silenciosas, guardando distancia de este Estado justiciero y soberano, sin saber dialogar con él.

Se abren las dos ventanas

La teología de la liberación no llegó a Cuba a su tiempo. Y hoy, cuando aún no parece haber ni llegado, algunas autoridades eclesiásticas la dan por muerta. La pastora bautista Clara Rodés contaba que a finales de los 70 muchos cristianos cubanos desconfiaban de la teología de la liberación cuando oían hablar de ella. "Pensaban que era un engendro de la CIA para aplacar el avance del comunismo".

Cuando en 1972 y en 1977 Fidel habló, en Chile y en Jamaica, a los cristianos que apoyaban procesos de transformación social en marcha en esos países, cuando aplaudió la "alianza estratégica" entre cristianos y marxistas, a los religiosos en Cuba aquel mensaje les sonó como un producto revolucionario "de exportación".

No está de más incluir aquí una pregunta inquietante de no fácil respuesta, que he escuchado a algunos latinoamericanos al constatar la prolongación de la discriminación de la revolución hacia los religiosos, a pesar del coyuntural origen histórico que había tenido el conflicto. ¿Al Partido Estado que ha conducido el proceso cubano le interesó realmente alguna vez que dentro de Cuba surgiera una "iglesia popular" viva, activa, bien organizada, como levadura en la masa de la sociedad? ¿O lo que de veras le interesó fue únicamente mejorar sus relaciones con las autoridades de la iglesia, mientras aplaudía la realidad de la "iglesia popular" fuera, en el resto de los países de América Latina? El tren de la historia pasó y nunca tendremos clara la respuesta.

Al margen de hipótesis, la realidad mostró que la vida no se detiene ni deja de entrar aire fresco aún por las ventanas más cerradas. En 1979 suceden dos acontecimientos que van a empezar a moverle piso al conflicto de la revolución con la religión, y a la viceversa. Tal vez esta movida llegó tarde y ciertamente fue lenta, como lentas se mueven casi todas las cosas en Cuba. Pero llegó la hora. En enero de aquel año, la reunión de los obispos católicos en Puebla "toca" a la iglesia católica cubana y la despierta. Y en julio, el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua conmueve a Cuba, al continente y al mundo.

ENEC: momento estelar

En la reunión de Puebla estuvieron presentes varios obispos cubanos. Pero la peculiar perspectiva que ellos llevaron ante sus colegas apenas fue recogida en los documentos finales del encuentro. En aquellos años la realidad latinoamericana era bastante homogénea y contundente. Sólo Cuba y su iglesia vivían una realidad diferente, que los religiosos cubanos, en tan obvia minoría, no lograban ni definir ni comunicar adecuadamente después de tantos años de ensimismamiento.

Constatar este vacío y disponerse a llenarlo, buscar respuesta a las preguntas ¿qué dice la iglesia católica cubana de sí misma y qué puede decirle a las demás iglesias?, hacer "un Puebla en Cuba", puso en marcha, en 1979, el ENEC, Encuentro Nacional Eclesial Cubano. Los años de preparación de este evento, que se realizó en 1986, revitalizaron a la iglesia cubana, a su jerarquía y a sus bases. También contribuyeron a que sus comunidades se informaran sobre lo que ocurría allende los "muros" de la paralizada iglesia cubana. "Te va a dar risa me cuenta una amiga pero para esas fechas no sabíamos, por ejemplo, qué quería decir eso de laicos, uno de los conceptos más importantes de los que manejó el Concilio Vaticano II. En las reuniones preparatorias del ENEC me acuerdo que decíamos: los jóvenes aquí y los laicos allá. Pensábamos que los laicos eran los viejos..."

El ENEC movió el piso de la iglesia católica, de su jerarquía y de sus bases, minoritarias pero cohesionadas. Fue su momento estelar. Preparar el ENEC durante cinco años exigió encuestas, estudios e investigaciones, reuniones, debates, retiros y convivencias, asambleas en las parroquias, en las vicarías, en las diócesis. Exigió mirar serenamente al pasado y atreverse a mirar al futuro.

La reflexión organizada que dio vida al ENEC se realizó en el marco de la ya más distensionada realidad cubana de los años 80, tiempos de mayor calidad de vida, con una nueva generación, hija de la revolución, estudiada, alimentada, pensante e inquieta, que no había vivido los conflictos iniciales y que ocupaba ya espacios en el escenario nacional y también en el reducido, pero siempre significativo, espacio católico. Me cuenta otra amiga, que en los tiempos del ENEC era jefa de un grupo juvenil parroquial: "Fue la primera vez que en la iglesia nos paramos a pensar que nos habíamos pasado el tiempo luchando contra el mundo y que por ahí no iba la cosa. Y eso fue lo que significó el ENEC: ya está bueno de protegernos del mundo, de estar a la defensiva, de no tener más imagen de iglesia que esa lucha. Y ya está bueno también de pensar que el mundo que te ataca es la revolución. No, nos atacan los fanáticos y extremistas que están metidos dentro de la revolución. Y oye, chica, la vida nos ha demostrado que esos fanáticos nunca fueron revolucionarios. Mira cuántos de ellos se han ido, cuántos de ellos se quieren ir ahora. Oye, el ENEC fue un desbloqueo mental".

Desconfianza católica: temor al diálogo

A pesar de que a mediados de los años 80 ya la discriminación contra los religiosos empezaba a perder acidez y terreno entre otras cosas por razón de la educación que, por masiva, aunque atea, educaba y educaba a todos , las heridas aún estaban sin cicatrizar. Uno de los temas más difíciles de asimilar por autoridades y bases católicas fue el del diálogo y la reconciliación con el gobierno. Fue el tema que enfrentó más resistencias. "Sentíamos desconfianza por todo lo que había pasado. Temíamos al diálogo, pero no porque quisiéramos ser perseguidos, sino porque temíamos ser manipulados", dice un católico.

Aunque han pasado más de diez años de aquellas resistencias, siguen habiendo desconfianzas en la iglesia y en el gobierno, y esos recelos explican muchos de los cortocircuitos organizativos que han caracterizado las vísperas de la visita del Papa.

A pesar de todo, el ENEC cumplió su misión de desbloqueo. "Nos queda de él, a todos los que lo vivimos, el sabor de haber hecho la experiencia de una iglesia viva, con más espacios de participación, con un debate abierto. Los laicos nos sentimos escuchados. Asistimos a un cambio de mentalidades", me explican. Cuando los escucho hablar aún hoy tan entusiastamente de aquella experiencia, me parece como si el ENEC hubiera sido para los católicos cubanos un concentrado de tres acontecimientos que las iglesias latinoamericanas vivieron por etapas y bastante antes: el Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla.

El ENEC produjo un Documento Final, que recoge la reflexión de los católicos durante esta etapa. Son textos a los que el paso de los años no les ha quitado frescura, por positivos y por propositivos. La letra de este documento, "el más eclesial y el menos clerical" de la historia de la iglesia católica cubana, revela el espíritu que hizo posible esta experiencia ¿irrepetible?

El regalo que Nicaragua le hizo a Cuba

¿Qué pasaba, entretanto, en la arena oficial? Lentamente, se había ido poniendo en marcha una cierta distensión entre los dos poderes, entre el gobierno y las autoridades eclesiásticas: facilidades para la reconstrucción de templos en abandono o para que el personal religioso adquiriera vehículos para su trabajo, apoyo oficial a las monjas que trabajaban en asilos de ancianos o en otras "obras de caridad", etc. Sin embargo, aunque con mayor laxitud y tolerancia, ser religioso continuaba siendo una especie de marca social negativa y la discriminación oficializada se mantenía.
El gran vuelco en la percepción de la revolución ante el hecho religioso lo vendría a propiciar la revolución nicaragüense. A dos horas de vuelo de Cuba, y después de 20 años de apoyar infructuosamente en todas partes del continente a grupos guerrilleros que luchaban por la toma del poder, al ya maduro proceso revolucionario cubano le nacía una hermana.

Cuba se volcó hacia Nicaragua: médicos, maestros, técnicos, instructores militares, entrenadores deportivos... Cubanos por miles en Nicaragua. La colaboración fue masiva y en todos los campos. Y nicaragüenses por miles en Cuba a aprender, a curarse, becados, lisiados, a pasear, a conocer... En este intercambio permanente, diario, que duró más de diez años, los cubanos se toparon enseguida con la religiosidad de una buena parte del pueblo nicaragüense, que no tenía contradicciones con la revolución. Descubrían que, además del conflicto político ya existente entre varias autoridades eclesiásticas y el gobierno nicaragüense, en la cultura de rebeldía de los nicas y en la argamasa del sandinismo había "otra cosa".

Encontraron sacerdotes que eran a la vez ministros de Dios y ministros del pueblo. Experimentaron "a qué sonaba" la teología de la liberación, no "en la oposición" y denunciando injusticias como en el resto de América Latina , sino "en el poder" y anunciando logros. Sólo sucedía esto en la Nicaragua de Sandino. Descubrían así algo de la cosecha que se había logrado tras una prolongada siembra de auténticos valores cristianos y el abono de mucha sangre. Desde Nicaragua se aproximaron también los cubanos a una realidad similar y aún más relevante en El Salvador eran los años gloriosos de Monseñor Romero y en Guatemala, con su inacabable martirologio.

A tientas, Cuba se asomaba a una cara oculta del "fenómeno" religioso. Aun recuerdo el rechazo que esta palabra produjo en una comunidad cristiana de Managua. Un funcionario cubano, "experto en temas religiosos" y ateo científico, llegó donde ellos y se presentó. Venía, dijo, a observar en aquella comunidad de base "el fenómeno religioso". Igualada, irreverente, pura nica, una señora se levantó y lo encaró: "Vea, nosotros no somos un chivo de dos cabezas, ¡nosotros no somos ningún fenómeno!" Así, a tropezones, cientos de funcionarios comunistas del gobierno cubano, junto a miles de cubanos y cubanas que colaboraron con ejemplar generosidad con la revolución sandinista, se rindieron a la evidencia de lo que no era sólo un fenómeno de estudio en libros o congresos, sino una interpelación caliente y viva a la congelada realidad cubana. Fue tal vez el mayor aporte que la pequeña Nicaragua le hizo en aquellos años a su hermana mayor.

"Fidel y la religión": un rayo

A ver, a admirar, el "fenómeno" nicaragüense no llegaron sólo los cubanos. En los años 80 Nicaragua se convirtió en destino de los inconformes del planeta, en plaza abierta, en meca o portal de Belén que visitaban, atraídos por su estrella u obligados por su fe, religiosos del mundo entero. La última revolución clásica del siglo XX recibió a Juan Pablo II y a Desmond Tutu, a Hans Küng y a la Madre Teresa, a obispos evangélicos, monjes budistas, teólogas católicas, predicadores fundamentalistas... Y en aquellas visitas obligadas nunca faltaba la pregunta por la veracidad de la consigna "Entre cristianismo y revolución no hay contradicción".

Correspondió a uno de aquellos visitantes, a uno que iba de La Habana a Managua y de Managua regresaba a Brasil para volver a Cuba y a Nicaragua, el marcar un hito en esta historia. La apasionada lucidez del fraile dominico brasileño Frei Betto contribuyó al deshielo religioso en Cuba de forma determinante.

En mayo de 1985, Betto entrevistó durante 23 horas a Fidel Castro, centrándose en un tema inédito en cientos de anteriores entrevistas: Fidel y la religión. Así se llamó el libro que recoge aquella histórica conversación y que salió a la venta en Cuba a finales de ese año 85. Miles de ejemplares se agotaron en horas. Ha sido uno de los mayores best seller de la historia editorial cubana.

Después de 26 años de roces y conflictos, sólo el título del libro era ya en sí una novedad y una provocación. Reediciones una tras otra. La población cubana devoró sus 379 páginas. Y aún sin digerirlas, empezó a comentar con ardor lo leído. Visto desde fuera, aunque en el texto había datos de la biografía de Fidel y algunas anécdotas completamente desconocidas, nada era, ni en contenido ni forma, propiamente impactante. No había ni revelaciones ni exclusivas. ¿Por qué entonces tanto alboroto? En la isla lo que impactó fue el respeto, la mesura, y sobre todo el aprecio con el que Fidel hablaba por primera vez tan extensamente de "la religión", especialmente de la religión cristiana, y más específicamente de la católica, que es la que más conoce pues fue educado durante 12 años en ella y cuyas autoridades estaban en el origen del conflicto.

Aunque el libro de Betto se tradujo enseguida a varios idiomas y dio varias vueltas al mundo en poco tiempo, los cubanos no leyeron ya aquel mensaje como otro producto "para la exportación". Fidel hablaba para los cubanos en Cuba. Era obvio que su mensaje estaba destinado a ir preparando el terreno para el deshielo del ya obsoleto dogmatismo oficial. Este libro cumplió una importante misión histórica y abrió una nueva etapa de distensión, no exenta de vaivenes, que es ya la actual, la que llega a conocer el Papa.

Aunque no faltaron reticencias y tomas de distancia de algunas autoridades eclesiásticas, los religiosos, la gente religiosa, recibió el libro y lo que él anunciaba con alegría. Entre los comunistas cubanos especialmente entre los fanáticos, o entre funcionarios medios, o entre los más fríos ante el hecho religioso los sentimientos fueron chirriantes y muchos empezaron a ir del asombro al rechazo. "Aquello fue como un rayo que le cayó arriba a la ideología oficial", recuerda un amigo.

En aquellos mismos meses, Cuba convocaba a América Latina a un evento para discutir sobre la impagable deuda externa del continente y un grupo de cristianos latinoamericanos tuvimos en La Habana tribuna pública, con una calurosa acogida. Y en aquellos mismos meses Fidel apareció en el púlpito de la iglesia metodista del Vedado, con su mano sobre la biblia, acompañando al pastor estadounidense Jesse Jackson en un culto. "Nada de malo puede haber en la religión cuando Fidel le hace tanto caso", fue la reflexión general que estos hechos inducían. Por todos lados empezaron a aparecer señales. Pero, las posiciones que cristalizan en tiempos de conflicto son las más difíciles de modificar. Y el "ateísmo" cubano era, en gran medida, la cristalización de una crisis política que, aunque ya empolvada, seguía presente.

El troquel del ateísmo científico

Los católicos cubanos que, por los tiempos de Fidel y la religión, estaban ya en vísperas del ENEC, alimentaron la expectativa de que el gobierno daría pasos audaces y haría rectificaciones de fondo. Esperaban, por ejemplo, que en el III Congreso del Partido Comunista de Cuba (octubre 86) se eliminara el ateísmo oficial de los papeles y de la vida diaria. Sobre esa caduca "confesionalidad de Estado" había interpelado Betto a Fidel.

Pero, aunque hubo posiciones oficiales más abiertas que en los dos Congresos anteriores, el Tercer Congreso de los comunistas cubanos no respondió a las esperanzas de los religiosos. La realidad demostraba que en un sector del pueblo cubano y en un sector todavía mayoritario de los militantes del partido, el ateísmo vivido como un "dogma religioso" había calado con cierta profundidad. "Con bastante profundidad me comenta un militante maduro . A toda una generación le metieron en el cerebro un troquel que le hizo creer que la revolución y que el ateísmo científico y que la materia y que los tres movimientos de la dialéctica ¡remoje, exprima y tienda! son una sola cosa. Y se creyeron esa barbaridad".

Hubo también en la maquinaria del Partido razones políticas basadas en actitudes defensivas para negarse a quebrar el dogma. Finalmente, prevalecieron las resistencias ideológicas a despojarse de esa dimensión de la subjetividad que es el ateísmo. Porque, al igual que la creencia dogmática, el ateísmo dogmático da certezas. Da seguridad, garantiza una cierta paz del espíritu, al que se le libra de lidiar con misterios o de morder el polvo de las dudas. No es fácil dejar de creer, tampoco es fácil dejar de ser ateo. No les fue fácil dejar de serlo a los ateos cubanos, especialmente en aquellos años en los que la revolución cubana seguía su marcha inexorable y la pequeña Cuba, henchida de certezas, iba pa'lante, los recursos sobraban y se derrochaban y en la sociedad predominaba el optimismo. Pero dice un refrán cubano que "cuando el tolete viene no hay cabeza que aguante". En sólo unos años vendría el toletazo de la crisis sobre todas las cabezas, aún sobre las más cuadradas.

A la espera del momento propicio

"La Iglesia parece que quiere y puede, el Estado parece que quiere. ¿Llevará adelante este proyecto?" Hablaba así en 1987 el hoy Cardenal Jaime Ortega, refiriéndose a la impaciencia generada entre las filas católicas, recién salidas de su ENEC, al ver que la apertura oficial, que se esperó para 1986, no llegaba. Pero, si en 1986 el Partido Comunista de Cuba perdió una oportunidad preciosa para liberarse de un anacrónico pasado de discriminación e iniciar una nueva andadura, algo similar le sucedió a la iglesia, que a menudo repite a la sociedad en la que está inserta. También la iglesia católica desaprovechó la oportunidad abierta por el ENEC para ir más allá y emprender los caminos pastorales que ella misma se había trazado, ya más ligera de equipaje.

La realidad es que, después de un debate tan rico, faltó en la iglesia católica cubana estrategia y organización. "Siempre nos ha faltado un plan pastoral, siempre. Y cuando después del ENEC ya lo teníamos, no empezamos nunca a ponerlo en práctica", se lamentaba un sacerdote. El documento final del ENEC, esperado para acompañar ese plan, fue a Roma a revisión, tardó mucho tiempo en regresar a Cuba y cuando finalmente volvió, ya el mundo y Cuba en el mundo empezaba a ser otro. En la URSS Gorbachov iniciaba la perestroika y en el muro de Berlín las grietas del modelo socialista europeo anunciaban derrumbe.

En aquellos últimos años "normales", antes de que a fines de 1990 el gobierno cubano inaugurara el "período especial", se habló en varias ocasiones de una posible visita de Juan Pablo II a Cuba como otra señal de la distensión y de los nuevos tiempos en las relaciones Iglesia Estado. Hubo tiras y aflojas, temores y expectativas entre las autoridades católicas y entre las del gobierno, aún desconfiadas y tanteándose las unas a las otras. Por fin, la crisis empezó a justificar, año tras año, una vez por una cosa y otra vez por otra, la postergación del acontecimiento, a la espera del momento más propicio.

1991: Se abren las puertas del Partido

En 1990 el Partido Comunista de Cuba vive su momento estelar con la preparación del IV Congreso. Seiscientos mil comunistas cubanos son convocados, junto al resto del pueblo, a debatir un texto, el Llamamiento, valiente, autocrítico y convocador de la creatividad de todos para dar respuesta a la nueva situación que empezaba a vivir la isla, tras el derrumbe del socialismo europeo. Entre los temas a debate para el IV Congreso aparecía el de eliminar de los estatutos del PCC la discriminación establecida durante 25 años que prohibía a los creyentes ingresar en sus filas.

Aunque ya parecían maduros los tiempos, todavía no fue fácil. Las defensas anti religiosas difundidas en la escuela, inculcadas en el núcleo del partido, presentes en la propaganda oficial, se revelaron todavía activas. "Eliminar esta discriminación fue la moción más acaloradamente debatida, la que enfrentó más resistencias y la que pasó con menor consenso de todas", me contó años después un militante.

Finalmente, en nombre de la unidad nacional, en su IV Congreso (octubre 91) el PCC abrió sus puertas a los creyentes, conservando en su definición la misma identidad marxista leninista de siempre y por tanto, una determinada filosofía materialista. La opinión que Fidel había expresado ya a Frei Betto en el libro y en la que insistió en los debates del Congreso, con todo el peso de su autoridad fue decisiva.

La tolerancia frente al hecho religioso abría situaciones inéditas. En las sesiones del Congreso se escucharon inquietudes que sólo podían nacer del dogmatismo en el que fueron troquelados los militantes. Como ésta: Está bien planteó preocupado un congresista que aceptemos que entren los religiosos, pero ¿qué hacemos con los que ya están dentro y entraron como ateos si ahora les da por hacerse religiosos? ¿Los dejamos dentro o los sacamos fuera?

En noviembre, los obispos católicos emitieron un pronunciamiento ante el histórico paso dado por el Partido. El texto tenía más lógica doctrinal que comprensión evangélica y resultó inoportuno políticamente. En el documento, los obispos calificaban como "paso positivo" el dado por el PCC, cuestionaban la existencia de un partido "único y selectivo" y concluían: "Si el PCC sigue conservando su ateísmo integral y su explicación de la realidad física, personal, social y política basada en los postulados del materialismo, a un católico le es moralmente imposible pertenecer a dicho partido sin perder por ello su identidad cristiana". Quizá cuando los cambios no se hacen a su tiempo, los frutos maduros que de ellos se esperan ya no se pueden comer, nacen secos, sin fibra ni sustancia.

Unos que entran y otros que salen

¿Nació seca, llegó a destiempo esta medida de apertura? Una amiga católica me responde con esta reflexión: "El cambio no fue tan grande. El Partido siguió y sigue teniendo una filosofía materialista, que no es la mía. Muchos religiosos sentimos que el cambio sólo era una nueva estrategia. Para mí, llegó tarde, porque yo tengo ya 30 años y tengo mi propia estrategia. Oyeme: la revolución no es el Partido. Yo nunca sentí ni siento hoy que porque el Partido me dé o no un carnet se me abren las puertas de la revolución. Yo nunca sentí cerradas las puertas de este proyecto, aunque me discriminaran tanto de chiquita en la escuela porque yo era religiosa. Yo no necesito de ese cambio en el Partido para seguir luchando por el bienestar de los demás, por una sociedad justa. Eso es lo que he hecho siempre. Y tengo una pila de amigas religiosas que piensan igualito. No conozco muchos casos de gente religiosa que hayan entrado al Partido después de esa medida. Conozco más casos de gente que lo que hicieron fue devolver el carnet del Partido y entrar a la iglesia".

Un militante comunista me señala que el dato del número de creyentes que entraron en el PCC después de la apertura de 1991 nunca se ha hecho público. "Probablemente porque no fueron muchos", dice. Y añade: "Más que entrada de creyentes, lo que pasó es que muchos militantes confesaron sus creencias, y muchísimos de éstos, sus creencias en la santería. Creo que el efecto principal de la medida fue un sinceramiento del partido consigo mismo".

Al año siguiente, en 1992, el gobierno dio un paso mucho más trascendental, aunque menos publicitado y apenas reflexionado, con las reformas a la Constitución de 1976. De varios artículos del texto constitucional fueron eliminados todos las expresiones, explícitas o implícitas, que comprometían al Estado revolucionario con el ateísmo. El Estado cubano comenzó a ser finalmente un Estado laico. Pero, para entonces eran ya dolorosamente obvias las señales materiales y espirituales, objetivas y subjetivas, de la crisis cubana y el espacio de la religiosidad comenzaba a ser otro. También comenzaba a ser otra la agenda de los religiosos.

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BREVES

En 1971, Fidel Castro visitó Chile gobernaba Salvador Allende y se reunió con un grupo de sacerdotes con los que compartió ideas como ésta: "Yo les digo que hay diez mil veces más coincidencias del cristianismo con el comunismo que las que puede haber con el capitalismo... Aunque por motivaciones diferentes, las actitudes y la conducta ante la vida que propugnamos son muy similares". A dirigentes de iglesias cristianas en Jamaica, les dijo en 1977, entre otras cosas: "Hay que trabajar juntos para que cuando la idea política triunfe, la idea religiosa no esté apartada, no aparezca como enemiga de los cambios. No existen contradicciones entre los propósitos de la religión y los propósitos del socialismo. No existen. Deberíamos hacer una alianza, pero no una alianza táctica, sino una alianza estratégica entre la religión y el socialismo, entre la religión y la revolución." Dentro del Partido Comunista de Cuba, y durante muchos años, estas posiciones abiertas y antidogmáticas de Fidel respecto de la religión parecen haber estado en minoría.

En febrero de 1986 la iglesia católica cubana culminó cinco años de reflexión colectiva con el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC). En aquel momento había en Cuba 200 sacerdotes, 300 religiosas y un número indeterminado, aunque muy minoritario, de católicos que estuvieran realmente vinculados a la institución eclesiástica. Algunos textos de aquel acontecimiento reflejan el espíritu que lo animó. Hay humildad en el discurso inaugural del entonces Presidente de la Conferencia Episcopal, Adolfo Rodríguez, cuando afirma: "El ENEC no debe pasar a la historia como un juicio, que pertenece sólo a Dios. No es seguro que un hombre o una institución o un sistema puedan cambiar desde fuera el rumbo de otro mediante la fuerza o mediante la condena. Todavía pesan en la memoria el recuerdo costoso de épocas en que pretendimos combatir el error mediante la Inquisición, y no dio resultado. Después, mediante el anathema sit y no dio resultado. Luego, mediante el Indice, y no dio resultado. Después, mediante el Santo Oficio, y no dio resultado. Finalmente, mediante la apologética, y tampoco dio resultado." También hay realismo: "Nadie encontrará en el Documento de Trabajo el espíritu de revancha, el resentimiento y la recriminación, las ganas de insistir en las heridas o el vocabulario férreo del hijo mayor de la parábola. Tampoco encontrará la estrategia fría, ni la doblez de intenciones, ni el cálculo egoísta, ni los compromisos falsos ni las formas prepotentes. Tampoco el angelismo cándido, el triunfalismo vacío, el acomodamiento insincero o el optimismo simplista del que se pone algodones en los oídos para encubrir nuestros propios errores y para desconocer los errores de los demás". Hay espíritu positivo en sus palabras: "Los cubanos, por nuestro carácter, somos capaces de construir cualquier cosa en común; y en común vamos a construir este camino del Espíritu, felicitándonos por tantas cosas que salen bien en nuestra Patria y preguntándonos qué podemos humildemente hacer para que las que salen mal, salgan bien."

La libertad será un tema presente en los discursos y homilías de Juan Pablo II en Cuba. En el Documento del ENEC los católicos cubanos hacían esta lúcida reflexión sobre "la libertad": "Nuestra sociedad ha hecho serios esfuerzos por promover los derechos esenciales, como son: la vida, la alimentación, la asistencia médica, la educación, el trabajo convenientemente remunerado, etc. Consideramos que esto ocupa un lugar de primer orden; y sabemos que el logro pleno de estos derechos constituye no sólo la condición para la auténtica libertad, sino un modo ya notable de ser libres".

Hay mucha expectativa sobre el reconocimiento o desconocimiento que Juan Pablo II haga en sus discursos y homilías sobre los valores de la sociedad revolucionaria cubana. En el documento del ENEC, los católicos cubanos reconocían así estos valores: "La acción de Dios en la historia de los hombres se realiza no sólo a través de la Iglesia y de los cristianos... El Espíritu sopla donde quiere, también fuera de las fronteras visibles de la institución eclesial. La sociedad socialista nos ha ayudado a: tener una mayor valoración de la persona humana; adquirir una mayor conciencia de la dimensión social del pecado, en especial frente a las distintas formas de injusticia y desigualdad (racial, económica, etc.). Nos ha enseñado a dar por justicia lo que antes se daba por caridad; a apreciar mejor el trabajo, no sólo como factor de producción, sino también como elemento de desarrollo de la persona; a comprender la necesidad de cambios estructurales para una mejor distribución de los bienes y de los servicios (educación, asistencia médica, etc.); a propiciar una mayor entrega personal y ayuda solidaria a los demás."

El libro "Fidel y la religión", que recoge una extensa entrevista del fraile dominico brasileño Frei Betto a Fidel Castro ha sido publicado en 28 países y traducido a más de 20 idiomas. En ocasión del décimo aniversario de su publicación en Cuba, Betto dijo que era un libro escrito por todos los religiosos cubanos que durante tantos años, y a pesar de todo tuvieron "fe en que el cristianismo y la revolución son compatibles". En 1993, Betto publicó en Brasil otro interesante libro, "O paraíso perdido. Nos bastidores do socialismo", en el que relata interioridades de los viajes que hizo en los años 80 por varios países del socialismo real: Cuba, Nicaragua, Checoslovaquia, Alemania, Polonia, URSS, China, siempre en busca de lograr una mejor relación entre el cristianismo y el socialismo. En este libro Betto asume una sugerente caracterización de la revolución cubana, constatando la impronta que los jesuitas dejaron en Fidel y Raúl Castro, que fueron alumnos en sus colegios. Dice Betto que de la influencia de los jesuitas "hay ciertos aspectos preponderantes de la Revolución cubana, como el voluntarismo, el sentido ético, el verticalismo de las instituciones, el espíritu de sacrificio en el trabajo, la obediencia a las decisiones superiores y la disposición misionera abierta al escenario internacional". Y concluye: "Cuanto más se conoce el carácter y el estilo de la Compañía de Jesús, mejor se comprenden las características de Cuba gobernada por Fidel".

Las posiciones oficiales del Partido Comunista de Cuba en relación con la religión expresan una evolución. En el I y en el II Congreso del PCC (1975 y 1980) se establece como tarea la difusión sistemática del "ateísmo científico". En el I aparecen como realidades antagónicas la religión y la revolución. En el II, y por influencia de lo que está ocurriendo en América Latina, se considera a los religiosos revolucionarios como aliados estratégicos. En esta ocasión se define la "libertad de conciencia" como "el derecho de los ciudadanos a profesar cualquier religión o creencia religiosa, o a no profesar ninguna." En ese derecho se incluye "la práctica del culto de preferencia del creyente". La religión era reducida así a una actitud privada y en lo social, se veía limitada al culto. En el III Congreso (1986) ya no se menciona el ateísmo científico y al hablar de la religión se hace referencia a los cristianos latinoamericanos que "desde su fe" se han comprometido con las luchas de liberación. "Es la primera vez en la historia destacará Frei Betto años más tarde que un partido comunista reconoce que las motivaciones que llevan a un cristiano a la lucha revolucionaria no son necesariamente las influencias marxistas que él puede tener, sino su propio marco de fe." El IV Congreso (1991) dio un paso decisivo: excluyó de los estatutos del PCC el que las creencias religiosas fueran un obstáculo para la militancia en el Partido. En el reciente V Congreso (octubre 1997) este tema no fue abordado, lo que resulta inexplicable desde el punto de vista de una adecuada evaluación y reflexión, después del importante paso decidido por el PCC en 1991.

Desde 1979 se habló de un posible viaje a Cuba de Karol Wojtyla, elevado al solio pontificio en 1978. En 1981 los medios internacionales hablan por primera vez de este inminente viaje. El tiempo pasa y la noticia se disuelve. En febrero de 1989 Fidel expresa públicamente la disponibilidad del gobierno a esa visita y la Conferencia Episcopal le escribe una carta agradeciéndole esta disposición, proponiendo que gobierno y obispos inviten formalmente al Papa y entre ambos acuerden las fechas del viaje. "Conscientes de que este proyecto debe madurar durante un tiempo prudencial", consideran los obispos que la visita podría llevarse a cabo antes de 1991. En 1989 se inicia el derrumbe del socialismo europeo y Cuba se conmueve con el caso Ochoa. El plan de la visita se estanca, esperando ambas partes un momento más adecuado. En 1991, cuando ambas invitaciones ya se habían cursado, pero la fecha seguía sin fijarse, los obispos publicaron una carta pastoral "con motivo de la próxima visita" del Papa. En 1993, el Mensaje de los obispos "El amor todo lo espera" contribuye a que vuelva a posponerse la fecha. Casi cuatro años después, la audiencia privada entre Juan Pablo II y Fidel Castro (noviembre 1996) enciende la definitiva luz verde por parte de la iglesia y por parte del gobierno.

Un estudio oficial, no editado, hecho unos años antes de la crisis del 90 por investigadores del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociales (CIPS) de La Habana, con el título "Conciencia religiosa en la sociedad cubana contemporánea: características y formas en que se estructura", demostró que después de 30 años de ideología oficial atea, sólo el 15% de la población cubana podía ser considerado no creyente. Ese mismo estudio demuestra también que sólo un 13 15% puede considerarse como creyente claramente definido en cualquiera de los grupos religiosos existentes. El 50% confiesa una religiosidad difusa y pragmática en función de las necesidades que se le presentan que vive de forma "cruzada" entre distintos grupos religiosos. El restante y aproximado 20% expresa vacilaciones y dudas entre la creencia y la no creencia. Según algunos analistas cubanos, el fallo de investigaciones como ésta es que no distingue las consecuencias sociales de una u otra forma de religiosidad o de la pertenencia a una u otra tradición religiosa. La población cubana es hoy de once millones de personas, el 20%
menor de 15 años.

Esta canción de los años 90, del cantautor cubano Carlos Varela, glosa el son tradicional cubano "Lágrimas negras" y refleja muy bien la crisis subjetiva de los cubanos dentro
de su inesperada crisis económica:

Las iglesias hablan de la salvación
y la gente reza
y pide cosas en silencio
como los peces
Y en la cara de Jesús hay una lágrima rodando
Lágrimas negras
Y los padres ya no quieren hablar de la situación
sobreviven prisioneros
y acostumbran a callar
como los peces
Aunque tú me has dejado en el abandono
aunque ya han muerto todas mis ilusiones
lloro sin que sepas que este llanto mío
tiene lágrimas negras
Las noticias hablan de resignación
y la gente traga
y se miran a los ojos
como los peces
Y en la cara de la Virgen
hay una lágrima rodando

Lágrimas negras
Los muchachos hablan de desilusión
y en silencio van al mar y se largan
como los peces
Y en la cara de la madre
hay una lágrima rodando
Lágrimas negras

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LA AGENDA RELIGIOSA EN LA HORA DE LA CRISIS (TERCERA PARTE)

Toda crisis económica se traduce en crisis en los valores, en las conductas. La crisis material siempre da el salto y se transforma en crisis espiritual. Si el ajuste que hace Cuba para enfrentar su crisis económica fue calificado en 1993 por el BID como "el más complejo" de toda América Latina, puede uno imaginarse el sinfín de ajustes subjetivos que han tenido que hacer los cubanos y cubanas que habitan estoicos, inciertos y unidos en el corazón de esa crisis.

En el terreno religioso, no es necesario imaginar. Basta observar. Las iglesias y los templos están más llenos que nunca, "aunque nunca estuvieron vacíos", dicen muchos. La biblia se vende como pan caliente en todas las ferias del libro. Son muchísimos los jóvenes y los adultos que piden ser bautizados. Por cualquier lugar es frecuente ver a hombres y mujeres de toda edad vestidos íntegramente de blanco: se están haciendo "santos" en la religión santera. Y en los centros espiritistas hay cada vez más participantes que se reúnen a darse las manos y a hablar con los familiares y amigos muertos que pasaron ya a la vida invisible.

Desde hace años, todos los periodistas que informan sobre Cuba se ven en la necesidad de destacar el "revival" religioso. La visita del Papa ha añadido dinamismo a este despertar. Y ha dado más relieve a la agenda religiosa de las instituciones y de los creyentes.

Volver al más allá

El actual renacer de la religiosidad se inició a mediados de los 80, en la medida en que se empezaron a romper, desde arriba, los tabúes que la tenían aprisionada en lo profundo de la conciencia y el ateísmo oficial decidió empezar a renunciar a algunos espacios. Salieron entonces de la clandestinidad, del sótano del alma, sentimientos reprimidos, guardados, olvidados, disimulados.

"En la universidad empezamos a discutir bastante de muchos temas, más que antes, aunque no dentro de las aulas. Y si tú eras religiosa, te preguntaban muchas cosas, había mucha curiosidad, una curiosidad positiva", me cuenta una amiga. Muchachos y muchachas empezaron a lucir cruces sobre el pecho y a asomarse a las iglesias antes vedadas. Y el ¡Alabao! y el ¡Ave María Purísima!, tan cubanos, retornaron a las conversaciones. Las peregrinaciones del 17 de diciembre al santuario de El Rincón, a cumplirle promesas a San Lázaro, eran cada vez más multitudinarias. Para los más viejos, lo que ocurría era como una vuelta a sus raíces. Para los jóvenes era lo nuevo, lo desconocido, el placer estético ante ciertas ceremonias, el imán por conocer gente "diferente".

En los años 90 se generalizaron todas estas tendencias. El ateísmo se rompía ahora desde abajo, desde dentro. La sociedad cubana perdió de golpe referentes que creyó estables para siempre, casi eternos. La URSS se suicidó, el PCUS se desmoronó, el socialismo real de Europa se derrumbó, el sandinismo perdió el poder, y con el fin del Este aliado, los cubanos vieron pavonearse omnipotente como un dios al Oeste amenazante. Era lógico volverse al más allá con semejante vuelco en el más acá. Y hacia la religión empezaron a volverse muchos cubanos y cubanas, desconcertados por los cambios que la crisis trajo a sus vidas, agotados por los sacrificios que les exige resistir tantas dificultades, llenos de nuevas preguntas "trascendentales" para las que el sistema en el que han vivido durante tanto tiempo y tan seguros no sabe, no quiere o no puede dar respuestas satisfactorias.

¡Todavía creen en Dios!

Hoy, el "despertar" religioso se da en todas las direcciones. En número, han crecido los católicos, los protestantes de todas las denominaciones, los espiritistas y más que todos, los santeros y otras religiones de origen africano. Hasta los judíos, una minoría de unas quinientas personas, se duplicó y ya son mil los judíos que leen la torah y celebran con panes ázimos la pascua...

Hay un crecimiento, cuantitativo y cualitativo, que es real. "¡Todavía creen en Dios!", dicen sorprendidos los no religiosos al ver lo que pasa. Y eso mismo dicen, satisfechos, los que nunca dejaron de ser religiosos: "¡Todavía creen en Dios!" En la religión se busca "sentido". Y se busca comunidad, amor. "Entre los militantes, en el núcleo del partido, no nos queremos", me dijo una vez un amigo comunista que trataba de entender mejor las razones de esta búsqueda interior.

Pero, a la par de estos reales buscadores, van también por el mismo camino otros andariegos menos serios. Existe un pasa pasa de una iglesia a otra, de una denominación a otra, a ver cuál me gusta más, a ver qué dan aquí o qué es lo que dicen allá... Hay también una santería folclórica promovida por el auge del turismo que resulta muy rentable económicamente. Y hay una maraña de intereses políticos montados en el carro de la efervescencia religiosa. Quien escucha Radio Martí, que transmite desde Miami, lo nota enseguida.

La religión es la aspirina que falta, es un más resguardado espacio de activismo para la oposición política, es un mundo donde expresar que eres disidente o diferente o, al menos, que tienes un look distintivo. Es una moda, es "lo prohibido", es una vía de afirmación personal, es el mensaje duradero y permanente, un muro que no se derrumba, es el paraíso perdido o el paraíso hallado. Es todo eso. Es lo que siempre es la religión: una de las más hondas y complejas expresiones de la subjetividad humana. Si siempre hubo en Cuba mescolanzas, ahora la hay y en grande. "¡Lo que hay ahora es una cochambre!", así le llama al "renacer de la fe" un babalao viejo y sabio que no se deja sorprender.

"El amor todo lo espera"

La envergadura de la crisis económica sorprendió a Cuba. No había sido prevista estratégicamente, ni en lo material ni en lo espiritual. En septiembre de 1993, un momento duro, después de meses de perplejidad, parálisis y una terca pero fracasada apuesta a resistir sin cambiar casi nada, poniendo parches y esperando tal vez un milagro pozos de petróleo, la vacuna del sida, una gallina de huevos de oro , cuando una Cuba desabastecida se disponía ya a emprender los primeros ajustes económicos de importancia, los once obispos católicos de las siete diócesis cubanas publicaron un extenso Mensaje titulado "El amor todo lo espera".

En los medios de comunicación, todos oficiales, distintas voces criticaron duramente el texto, aunque sin dar a conocer su contenido. Resultado: gran publicidad para el documento. "Yo no paraba de hacerle fotocopias en la oficina. Por la vía de las parroquias jamás hubiera llegado esto a tanta gente como con la ayudita que nos dio el gobierno", me cuenta una amiga católica.

El Mensaje era la tercera importante toma de postura colectiva de la jerarquía católica cubana durante todo el proceso revolucionario. La primera fue en 1960 de ruptura, la segunda había sido de diálogo en 1986, en ocasión del ENEC. En 1993, con un lenguaje directo, los obispos tomaban posición ante la crisis nacional y la interpretaban. Hacían pública su agenda.

Atinados para aquel momento concreto en párrafos como éste: "No nos compete señalar el rumbo que debe tomar la economía del país, pero sí apelar a un balance sereno y sincero, con la participación de todos los cubanos, sobre la economía y su dirección. Más que medidas coyunturales de emergencia, se hace imprescindible un proyecto económico de contornos definidos, capaz de inspirar y movilizar las energías de todo el pueblo. No excluimos la posibilidad de que exista dicho proyecto, pero su desconocimiento no contribuye a generar confianza para potenciar las energías reales de los hombres y mujeres de nuestro país".

Osados cuando planteaban que si los dólares de los cubanos exiliados habían sido recientemente despenalizados para ayudar a salvar la economía, habría que contar con esos cubanos: "Hoy se admite que los cubanos que pueden ayudar económicamente son precisamente aquellos a quienes hicimos extranjeros. ¿No sería mejor reconocer que ellos tienen también el legítimo derecho y deber de aportar soluciones por ser cubanos? ¿Cómo podremos dirigirnos a ellos para pedir su ayuda si no creamos primero un clima de reconciliación entre todos los hijos de un mismo pueblo?"

Lo más atrevido de la agenda que planteaban los obispos eran las "implicaciones políticas" que veían ellos en la crisis económica (ver en columna adjunta). Como salida a la crisis, los obispos proponían un diálogo entre todos, porque "tenemos que reconocer que en Cuba hay criterios distintos sobre la situación del país y sobre las soluciones posibles y que el diálogo se está dando a media voz en la calle, en los centros de trabajo, en los hogares." "Un diálogo planteaban no para averiguar tanto los ¿por qué? como los ¿para qué?, porque todo por qué descubre siempre una culpa y todo para qué trae consigo una esperanza".

La hora de la humildad

Después de años de tregua, de delicadas aproximaciones o de tensiones no públicas y prudentemente superadas en privado, el mensaje creó la última importante tensión conocida entre la iglesia católica y el gobierno, lo que pudo haber influido en nuevos retrasos para la visita del Papa.

Es evidente la meditada racionalidad del documento de los obispos. La reacción de los revolucionarios ninguna reacción pública del gobierno se explica por suspicacias nunca superadas. El texto reabrió cicatrices. Tal vez la clave de la molestia oficial esté en que, en 1993, muchos revolucionarios no habían dimensionado ni asumido aún la envergadura de la crisis que ya vivía y que tendría que vivir Cuba. No era fácil asumir esto. Durante más de tres décadas la revolución había sorteado, siempre con éxito, grandísimos escollos, jugando a ser una pequeña gran potencia. Ahora, aunque el juego terminaba, no estaba aún generalizada una humildad realista que permitiera entender que había que empezar de nuevo, que habría que reinventar la revolución y el socialismo.

El realismo humilde faltaba también en el lado de los obispos. Después de tantos años de cauto silencio, uno no puede dejar de sorprenderse al leer su mensaje. Es como si hubiéramos conocido ayer a uno que anda apoyado en un bastón y hoy lo vemos saltando con una garrocha. ¿Querían los obispos precipitar los acontecimientos, aquel inminente desplome de la revolución que el mundo entero empezó a esperar impaciente desde 1990, al desaparecer la URSS? "Ha sido una tendencia en la jerarquía católica, desde el inicio de la revolución y durante muchos años después, el dudar de la permanencia de la revolución, el dudar de su capacidad para sobrevivir. Pensar que esto se está cayendo, que esto no dura, ha sido una de las muchas causas que ha incapacitado a los obispos para diseñar un proyecto estratégico, para pensar una pastoral de la dimensión política de la vida de la iglesia", comenta un sacerdote.

¿Volvieron a pensar así, retoñó esta tendencia histórica? El Mensaje de 1993 contiene, a la par de una descripción realista de la crisis, una implícita valoración de la misma profundamente desesperanzada, como si se se estuviera ante una catástrofe irreversible. Como si fuera ya imposible toda recuperación, toda reconstrucción. La lógica del Mensaje de los obispos es ésta: Dios estuvo ausente del proyecto revolucionario y por eso, aunque hubo justicia, faltó el amor; así que debemos volver al amor y debemos volver a Dios. En los debates del encuentro llamado ECO, con el que se celebraron en 1996 los diez años del ENEC, se lee esta afirmación: "La Iglesia es la única voz que habla por el hombre de forma integral".

Muchos revolucionarios cubanos han metido ya más lúcida humildad para leer la crisis que vive la revolución cubana, aunque aún se aferran más a los llamados a la resistencia que a la promoción de la participación y la creatividad. ¿Y los obispos? ¿Se aferrarán aún a la interpretación que hicieron en 1993? ¿Será ésa la perspectiva que, implícita o explícitamente, los obispos cubanos trasladaron de su agenda a la de Juan Pablo II?

La torre de Babel

Esta interpretación de la crisis cubana, que sutilmente propone equiparar el esfuerzo humanista de cuatro décadas de revolución con la construcción soberbia y desafiante de una alta torre de Babel a la que Dios habría terminado castigando con un fulminante derrumbe, es la que buscan difundir algunos "cubanólogos" de Miami cuando hablan entusiasmados del despertar religioso de los cubanos.

Está también presente esta visión en la ingenuidad de algunos religiosos y religiosas que trabajan en Cuba. Si ahora les llegan cien, doscientos niños a catequesis que antes estaban casi vacías, hablan emocionados de un renacer de la fe en las familias. ¿No será que con la enseñanza del catecismo les dan a los muchachos un vaso de leche y un pan con mantequilla? Si a las puertas de los noviciados tocan las muchachas pidiendo ser monjas, leen conmovidas esos toques como una prueba de la sed de Dios de la juventud cubana. ¿No será que el noviciado es un expedito camino para salir de Cuba y después quedarse en el extranjero con un trabajo y sin hábito de monja? ¿Tanto auge del carismatismo católico no será porque con el movimiento carismático se consiguen viajes para encuentros y congresos? ¿No buscará hoy la gente casarse por la iglesia, más que por la gracia del sacramento porque es más bonito un templo reluciente y kitsch que los ya descuidados "palacios de las novias"? Hay autenticidad y hay búsqueda. Pero también hay otras cosas. Y como dice un refrán cubano: "No porque se zambulla la jicotea es submarino".

Etica, estética y fotocopiadoras

También hay realismo en la agenda de los católicos. Fue un sacerdote, un párroco, quien con humor me hizo esta reflexión: "¿Por qué tú crees que tanta gente nos pide hoy el bautismo? Para después hacerse santos, para eso. La santería está vinculada con el catolicismo, con nuestras fiestas, con nuestros santos. El sincretismo lo hace la santería con el catolicismo, no con el protestantismo. Santeros totalmente puros son sólo una minoría. Los santeros aprecian a los sacerdotes, nos consideran sagrados, reciben los sacramentos, conocen la doctrina católica, la respetan."

Fue una joven amiga católica la que me hizo este comentario: "La gente de mi generación pasamos nuestra juventud en secundarias grandes, feas, descuidadas. Recogíamos papas a la vez que estudiábamos. Aprendimos en la batalla. Así crecimos. Fue duro, no fue fácil, tenía que ser así, eso era lo que había. Y lo hicimos. Ahora ya hay otras cosas y cuando algunos jóvenes descubren otro mundo, iglesias bonitas, convivencias donde hay monjitas dulces que cocinan divino y te dan besos y te acogen...¡se hacen religiosos! Las conversiones de ahora no son por ética. ¡Esto es también una cuestión de estética!"

Y fue una profesional católica, con toda una vida declarando su fe contra el viento y la marea de discriminaciones injustas, siempre participando en trabajos eclesiales, la que me habló de algunos lados ocultos que también tiene este "renacer de la fe": "Yo creo que las iglesias no crecen. Se renuevan, pero no crecen, porque lo que hay es un entra y sale. ¿Tantas conversiones, tantas vocaciones? Corta y quédate con la mitad. Y como no hay capacidad ni un plan pastoral serio para atender a los que entran, la gente sale tumbando, se va. Ahorita, más que un plan pastoral adecuado para lo que está pasando, lo que hay es un deslumbramiento por los recursos, por tener una gran oficina, la mejor fotocopiadora, una buena computadora, un vehículo. Con esto de las ONGs, las diócesis no presentan proyectos y piden dinero para lo mismo: para montar oficinas."

Las iglesias protestantes enfrentan una problemática similar: el desafío de elegir entre cantidad o calidad. Y señalan con preocupación el distanciamiento que está creando entre los fieles y los pastores el que éstos, por razón de su trabajo multiplicado ahora con la afluencia de nuevos creyentes , tengan fácil acceso a recursos técnicos, a viajes y a productos en dólares que la población no tiene.

Nuevos creyentes, nuevos formadores

Los católicos más realistas evalúan que en las "conversiones" de quienes hoy piden ser bautizados o confirmados, acuden a la misa o quieren aprender a orar, hay más ruido que nueces. A la vez que dan gran valor a las nueces que van encontrando. Consideran que la iglesia católica, con los recursos que tiene, carece de capacidad para acompañar el largo proceso que permite discernir la calidad, ese camino que se inicia en un ser humano con confusos sentimientos religiosos y debe concluir en una fe sólidamente formada y comprometida.

Punto prioritario de la agenda de la iglesia católica hoy es el tener presencia en los medios de comunicación masivos para poder multiplicar su voz, limitada hoy al trabajo parroquial, al culto, a la catequesis infantil, juvenil y de adultos. Este reclamo encontrará un altavoz privilegiado en ocasión de la visita del Papa.

Hay escasez de agentes de pastoral. Y no ha sido raro el caso de agentes de pastoral formados en estos últimos años que aprovechan la primera oportunidad que encuentran un viaje para asistir a algún evento eclesial, por ejemplo para irse de Cuba sin boleto de regreso. Irse o quedarse: esta frontera, que ha marcado desde hace tantos años a toda la sociedad cubana, y que es hoy más tentadora que nunca, ha influido también la vida de las iglesias y la de los religiosos.

El que en estos últimos años, y como fruto de la distensión, el gobierno cubano haya permitido con mayor flexibilidad la entrada a nuevas congregaciones religiosas y a nuevos sacerdotes no es suficiente aún para asegurar capacidad en el acompañamiento del proceso de fe de nuevos creyentes.

En el Comité Central del PCC funciona la Oficina de Asuntos Religiosos, atendida durante los tiempos del conflicto por José Felipe Carneado, militante del PSP, partido comunista anterior a la revolución. Desde hace cuatro años, la Oficina tiene al frente a Caridad Diego, una mujer muy capaz para el desempeño de cargo tan delicado, a quien conocen bien religiosos y religiosas de toda la isla. Admirable, entre otras cosas, porque es mujer y ha aprendido a dialogar con autoridad con las autoridades religiosas, tarea nada fácil si se tiene en cuenta que en la iglesia la autoridad es "cosa de hombres".

Una de las preocupaciones actuales de la Oficina es el que no sean cubanos y cubanas la mayoría de los religiosos y religiosas que hoy están llegando para atender al pueblo. Consideran, por otra parte, que la rigidez de la formación que se da en el seminario y en los noviciados hace desistir a muchas vocaciones nacionales. De México han llegado a Cuba sacerdotes de la congregación Legionarios de Cristo, conocidos en su país como "Millonarios de Cristo", por la mentalidad elitista que inculcan en sus colegios a los hijos de los ricos más ricos de la sociedad mexicana. En Camagüey se les ha encomendado a los Legionarios responsabilidad en los programas de formación. También han llegado de España y de México sacerdotes y personal laico del Opus Dei que, como en todos los países, manejan abundantes recursos materiales y financieros y buscan captar jóvenes y profesionales para formarlos en una ideología religiosa sectaria y también elitista. En Cuba parecen haber puesto en mira preferencial a los profesionales de la medicina muy abundantes, muy preparados para ofrecerles programas de formación. "Los del Opus están montando tremenda sala de bioética", escuché en La Habana. No pude verla. Presentes también en Cuba desde hace unos años están sacerdotes adscritos a la renovación carismática y sacerdotes vinculados a las comunidades neocatecumenales, con su particular estilo de formación apolítica y festiva.

"Aquí hay mucho sujeto"

Existen grupos de religiosas presentes insertas en barrios o ciudades cubanas o en pueblos del campo, ya no viviendo en los grandes conventos de antaño sino en pequeñas comunidades, sin hábito muchas de ellas, como una familia más. Apoyan la pastoral parroquial. Casi todas han ido llegando a Cuba en los últimos años. A algunas y al principio, la gente sólo les demanda medicinas como si fueran farmacia , comida como si fueran bodega , un paseo a la playa como si fueran agencia de transporte . "Todo lo que falta en Cuba lo esperaban de nosotras", recuerda una.

Con el tiempo, la gente es la que les da generosamente lo que tiene y busca en ellas otras cosas: formación, criterios, doctrina. Es el dorado momento en que estas religiosas descubren la ventaja comparativa que, también en lo eclesial, tiene Cuba sobre el resto de América Latina. "Una ventaja que es fruto maduro de la revolución. Aquí avanzas rápido, aprenden mucho enseguida, existe mucha capacidad. Lo que hay en Cuba es mucho sujeto", me dice otra religiosa, feliz de estar trabajando en la isla desde hace tres años.

No dejan de sentir desconciertos las que llegan de América Latina, especialmente si han vivido respirando esa atmósfera que creó la teología de la liberación entre los religiosos del continente. Les desconcierta, por ejemplo, que niñas de la Cuba socialista quieran hacer su primera comunión para poder vestirse con los vestidos blancos de muselina y encajes de hace 50 años, y que rechacen cualquier alternativa de vestido más sencillo. Les desconcierta que las autoridades eclesiásticas les den calurosas bienvenidas y las ubiquen muy pronto aquí o allá, para enseguida sentirse al garete, sin un plan pastoral de objetivos claros que les marque el rumbo en su nuevo trabajo. Descubren pronto que estas peculiaridades les permiten, si tienen paciencia, espacios nuevos y mayor libertad para desarrollar su trabajo de formación.

Las religiosas son más pacientes. Como en todas partes, las mujeres enfrentan con más resistencia lo adverso y lo nuevo. Algunos religiosos varones se impacientan. Muchos llegaron a Cuba con un importante equipaje de experiencias incluso arriesgadas en significativos trabajos de base y no le ven mucho sentido a lo que les toca hacer en Cuba. "Dejamos en nuestros países trabajos pastorales difíciles y al llegar aquí no sabemos bien qué papel es el que tenemos que jugar. Sí, hay viejitos que visitar y el domingo hay que dar catecismo y siempre hay gente que te pide y te pide, pero ¿vinimos para eso? Cuba es otro mundo, ya lo sabíamos, pero ¿qué es lo que tenemos que hacer en este mundo?", dicen. Algunos se van.

Los límites de la leche de soya

Uno de los desconciertos con que tropiezan algunos los causan los límites del sistema político cubano. La escasa autonomía que la sociedad civil cubana tiene todavía dentro del proyecto revolucionario dificulta o cancela iniciativas en las que estos religiosos están acostumbradas a trabajar y en las que tienen probada experiencia. "Conocí a unas monjas me cuenta una amiga que llegaron a Cuba en 1992, cuando la gente se caía de hambre. Venían de Nicaragua, en donde habían hecho un proyecto de soya en un barrio de Managua con bastante éxito. Allá, ellas organizaron a la gente para sembrar soya, para cosecharla, para hacer leche de soya, para repartirla. Consiguieron que el barrio mejorara. Los niños se alimentaban, la gente participaba. Al llegar aquí, enseguida pensaron en hacer algo parecido en el barrio a donde las destinaron los obispos. Un proyecto así les permitiría conocer mejor a la gente, sus problemas, y podrían mostrar en la práctica que la fe cristiana no sólo es ir a misa o rezar sino también un compromiso social, un trabajo comunitario. Pero no pudieron hacer nada. La única cobertura legal para un proyecto de este tipo es la que tiene un trabajador por cuenta propia. Pero para producir suficiente soya para todo un barrio no basta un solo trabajador con su familia, que es lo único que te permite la ley. Para que dé resultado algo así tienes que organizar a una pila de familias..."

Pregunté si no se coordinaron con el poder popular del barrio. "Claro, pero el poder popular les dijo: Bien, gestionen ustedes, monjitas, el dinero para el proyecto, para la semilla, para la máquina con que hacer la leche de soya, pero después a la gente la organizamos nosotros. ¿Tú me entiendes? Aquí ninguna religiosa, nadie de iglesia, ni aunque sea de la teología de la liberación, puede estar al frente de nada, nadie que no sea el Estado puede ser responsable de ningún proyecto social".

Algunas, algunos, entienden y esperan. Consideran que es tanto o más estratégico el trabajo de formación que pueden hacer que el de proyección social que no les permiten hacer. Otros viven en el filo de una inconformidad que comparten con un sector del clero nacional que busca proyección, no sólo social, también política. A los que llegan de fuera les cuesta más entender límites y oportunidades. Llegaron al capítulo 42 de una complicadísima telenovela en la que les faltó ver los 41 capítulos previos. Tal vez les habrían aclarado el guión actual.

Ser católico hoy: agenda llena de preguntas

¿Está la iglesia católica cubana en capacidad de responder al "despertar" religioso, sabrá discernir entre el trigo y lo que se le parece, querrá acompañar o protagonizar? ¿Hacia dónde orientará esa religiosidad naciente? ¿Crecerá o no la iglesia después de que baje la espuma de la efervescencia? Es grande el reto para la institución eclesiástica y para la comunidad eclesial cubana. La agenda católica está repleta de desafíos.

Cuando la Madre Teresa de Calcuta visitó Cuba a finales de los años 80 tuvo una larga y cordial entrevista con Fidel Castro. Llegaba a solicitarle permiso para que sus monjas misioneras pudieran fundar en Cuba un asilo para ancianos abandonados. Fidel le aceptó de muy buena gana su propuesta. Traiga a sus monjas le dijo , haga el asilo, pero lo que no va a encontrar en Cuba es ni un solo anciano abandonado. ¿Le hubiera dicho lo mismo ahora, cuando tantos ancianos, si bien no yacen en las calles o deambulan como mendigos, sí reciben una pensión mensual de apenas 80 pesos, el equivalente a menos de cuatro dólares? Hablé de estas cosas con algunos católicos, no de los nuevos conversos sino de los que han sido creyentes de toda la vida. Me dice una: "Hasta hace poco, yo, como cristiana, no tenía que ocuparme de si mi vecina comía o no comía, porque eso era un problema del Estado. Mi caridad iba por otra línea, por una línea más moral, más ética. Pero ahora mi vecina no come y el Estado ya no le garantiza que coma. ¿Qué tengo que hacer yo? No estábamos preparados para esto, nos educaron para la solidaridad, pero con mucho paternalismo. Ni el gobierno estaba preparado para el período especial, ni la iglesia tampoco. Los católicos cubanos tendremos que aprender a vivir la fe como un compromiso social".

Esta inquietud ronda a los más despiertos. Me dice otra: "Cuando a mí de chiquita me seguían hasta la iglesia para ver cómo me arrodillaba y se reían de mí, yo no me acobardé, yo seguí. En la escuela, yo supe ganarme mi espacio, y aunque era religiosa llegué a ser corresponsal. En la universidad, igual. En la asamblea de ejemplares siempre me proponían para la Juventud, se olvidaban de que era religiosa. Yo supe ganarme mi espacio argumentando mi fe, hablando con otros para defenderla. Y ahora que ya no hay aquellas cosas, en una situación tan distinta, me pregunto cuál será mi espacio."

Me dice uno: "En mi tiempo, en las comunidades, ser cristiano era sólo eso: ser un testimonio callado, confesar tu fe siendo el mejor en todo. Mi época de muchacho está marcada por eso: por dar el ejemplo. El más honesto, el más cumplidor, el más sacrificado. Los que vinieron detrás de mí ya no necesitaban dar ese ejemplo, porque ya no nos "perseguían" como al principio, ya no tenías que ser ejemplar, ya podías ser cualquier cosa. Y ahora tenemos que empezar a vivir la fe como un compromiso social, pero con una juventud que ya no fue criada en el hábito del sacrificio. ¿Cómo lo vamos a hacer?" Ninguno me habló del compromiso "político" que podría tener su fe cristiana en la situación actual de Cuba. No quiere esto decir que este tema esté ausente de la agenda de los católicos cubanos. Está muy presente en la agenda de un sector de la institución eclesiástica. Fe y política, participación política de los laicos, papel político de los creyentes: ¿dirá algo Juan Pablo II sobre esta relación necesaria, pero extremadamente delicada en la Cuba de los 90, más expuesta que nunca antes a la obcecada política de Estados Unidos?

Los protestantes y sus desafíos

En Cuba no se dice, como en el resto de América Latina, evangélicos. Todos hablan de los protestantes. También se llaman así ellos mismos. La agenda de los protestantes contiene preguntas y realidades muy similares a las que que se encuentran en la de los católicos. Sólo es menor la escala. Otras diferencias las determina el que el protestantismo puro es aún más minoritario que el catolicismo puro en Cuba y el que las autoridades de la iglesia católica siempre han estado, histórica y culturalmente, más cercanas tanto al poder político como a la religiosidad popular, marcada por lo africano.

Los templos bautistas, presbiterianos, metodistas y episcopales las iglesias protestantes históricas están más llenos que antes para los servicios religiosos, para las actividades sociales, para cualquier cosa que se organice. También se llenan las numerosas casas culto donde desde hace años celebran el culto muchas denominaciones evangélicas. Según una amiga católica, muchos jóvenes educados en el ateísmo y hoy tocados por inquietudes religiosas se inclinan hacia los protestantes. "La sociedad cubana es muy libre en lo sexual, tú sabes. Y la iglesia católica es muy rígida. Y hay algunas iglesias protestantes que tienen ideas más avanzadas que los católicos, que admiten el divorcio y la planificación familiar". "¿Sabes me dice otra qué me gustó de algunos protestantes que no siempre hemos tenido los católicos? Para algunos ser de una comunidad no es sólo ir a la iglesia. La comunidad la mantienen en el vecindario. Saben cuando uno está enfermo, se visitan, se conocen, se ayudan. Me gusta también que sus iglesias son luminosas y algunas iglesias católicas dan miedo".

Al igual que en el lado católico, se percibe también un cierto triunfalismo simplista en el lado evangélico ante la cascada de "conversiones", identificando la crisis con la torre de Babel. Los fundamentalistas añaden alarmismo al descalabro de Babel, convencidos de la inminencia del fin del mundo, una de cuyas señales más claras sería, naturalmente, el fin del mundo socialista en Europa. Pero, al igual que entre los católicos, hay lucidez, humildad y autocrítica entre los protestantes. Y frente a los ocupados en contabilizar conversos y en cosechar cantidad, están los preocupados por sembrar calidad y por asegurar el compromiso cristiano. A muchos protestantes les preocupa hoy, específicamente, el que, cobijados por el turismo, mezclados en la avalancha de visitantes, estén entrando esos predicadores de sectas sin fronteras, tan abundantes en el milenarista mundo globalizado de este fin de siglo.

Vi a una de esas "turistas" rubias en La Rampa chapurreando el español para invitar a los que se detenían a oirla a asistir a "sesiones cristianas de sanación del cáncer". La gente, curiosa, recibía las tarjetas de colores que repartía. Algunos se encogían de hombros y otros anotaban la dirección en donde sucedería la prometida "noche de milagros".

El difícil ecumenismo católicos protestantes

En momentos de dificultad con la jerarquía católica, Fidel Castro ha buscado contrapesar el peso de lo católico en la cultura realzando políticamente a los protestantes. Una ocasión muy significativa se dio en 1990. Se vivió entonces una tensión fuerte, aunque poco publicitada, entre Fidel y los obispos católicos. En aquellos meses se habían autorizado, tras casi 30 años de enclaustramiento entre las cuatro paredes de las iglesias, las procesiones. Algunas fueron aprovechadas para mezclar, con el ¡Tú reinarás! y otras canciones religiosas de los años 50, gritos de ¡Abajo Fidel!. Hubo otros incidentes. La situación creó roces, nuevas prohibiciones y nuevos roces.

Posteriormente, Fidel Castro viajó a Brasil y tuvo allí un encuentro con obispos y con católicos de las comunidades de base. "Estos son los católicos y estos son los obispos que quisiera tener yo en Cuba", dijo Fidel al auditorio brasileño, aprovechando provocativamente la ocasión. A este encuentro se le dio amplia cobertura informativa en Cuba. En abril, y para reforzar aún más la señal, Fidel se reunió con 74 líderes evangélicos en un encuentro que fue televisado a todo el país. Los evangélicos expresaron su apoyo a la revolución y a Fidel, aunque también le reclamaron por tres décadas de discriminación. Fidel aprovechó el encuentro para anunciarles los cambios que sobre la religión iban a darse en el IV Congreso del Partido.

Esta reunión tuvo efectos múltiples. Distensionante para algunos sectores protestantes, pero tensionante para otros, los más tradicionales, los distanciados no sólo de la política revolucionaria sino de toda "política" en nombre de su fe. También tensionó a los católicos."Creo que esa manipulación, ese manicheo que el gobierno ha hecho algunas veces de algunas iglesias protestantes, y de algunos de sus líderes, ha contribuido a crear más barreras entre el gobierno y los católicos", comenta un amigo.

Este tipo de situaciones pueden haber contribuido a restar impulso al ecumenismo entre las autoridades católicas y las protestantes, mientras la gente tiende a vivir con naturalidad el ecumenismo aunque no le llame así como expresión del extendido cruzamiento sincrético entre todas las creencias. No puede olvidarse que en la debilidad del espíritu ecuménico católico protestante también ha influido la mentalidad pre conciliar en la que cristalizó el catolicismo cubano dentro de la revolución.

El ecumenismo fue una de las banderas más novedosas y audaces que levantó el Concilio Vaticano II entre los católicos. "A mí me formaron cuenta un católico ya maduro insistiéndome en que los católicos somos los que tenemos la verdad y la razón, diciéndome que los protestantes fueron los que se desgajaron, que ellos son culpables por la división entre los cristianos. Y yo diría que esa mentalidad se mantiene enterita hasta el día de hoy".

Ecumenismo entre los protestantes

Existe ecumenismo entre las distintas iglesias protestantes. De hecho, el Movimiento Ecuménico surge en Cuba en 1941, animado por las iglesias protestantes históricas con el objetivo de unirse entre ellas y de mantener unidas a las iglesias que van surgiendo y a las denominaciones nuevas que van llegando al país.

El Consejo Ecuménico de Cuba hoy se llama Consejo de Iglesias es el heredero de este movimiento, que ha luchado por buscar la unidad entre los protestantes. Actualmente, el Consejo es contraparte e interlocutor del Consejo Mundial de Iglesias con sede en Ginebra. En el Consejo coordinan acciones los sectores más progresistas del protestantismo cubano, que empieza a tener fuerza y presencia en los años 80, "cuando según me explica uno de sus líderes decidimos librarnos de dos fundamentalismos: el fundamentalismo pentecostal y el fundamentalismo marxista; porque ambos coinciden en que la religión y la fe son sólo para las cuatro paredes del templo y para las cuatro paredes de la casa".

En el Consejo de Iglesias se reúnen 30 grupos, entre denominaciones evangélicas y movimientos ecuménicos protestantes. No se han integrado al Consejo unas 20 denominaciones, fieles al fundamentalismo pentecostal, muy conservador. Dentro de estas 20 hay tres que son importantes por historia y por número de fieles: las dos Convenciones Bautistas la Oriental y la Occidental y las Asambleas de Dios. Las restantes son iglesias muy pequeñas nacidas de las sucesivas divisiones que se suelen dar en el protestantismo pentecostal.

Santería: la creencia más arraigada

La Regla de Ocha o Santería, de origen yoruba, con su panteón de dioses y con todos los lazos sincréticos que ha elaborado a lo largo de siglos con el catolicismo, el espiritismo y también con otros cultos de origen africano paleros y ñáñigos fue la religión mayoritaria en Cuba antes de la revolución, lo fue durante los años del dogma ateísta y lo sigue siendo hoy. Es a un sacerdote católico a quien le escucho esta reflexión: "Serán muchos los cubanos y las cubanas, serán muchísimos, los que verán en Juan Pablo II, más que al pastor de los católicos, a Obatalá, que llega de muy lejos, vestido de su color, el blanco, a bendecirlos, a bendecir a Cuba".

Aunque la primera Constitución cubana garantizaba la libertad de todos los cultos, ser babalao, ser palero, ser de la sociedad abakuá, era considerado dentro del Código Penal un índice de peligrosidad social. Esto rodeó siempre de secretismo y de cierta clandestinidad estas prácticas religiosas, que fueron consideradas socialmente como supersticiones o "cosa de negros", aunque por su gran arraigo eran también "cosa de blancos". La Constitución de 1940 concedió más espacio y libertad a los cultos afrocubanos. Al enfrentar decididamente la discriminación que contra los negros había en la cultura dominante blanca y racista , la revolución dignificó, indirectamente, esta tradición religiosa. En la medida en que a los negros y a los pobres se les abrieron todas las oportunidades que los blancos ricos ya tenían, también se le abrió una puerta grande a la santería.

Desde 1959, y hasta no hace mucho, la celebración de determinados cultos santeros requirió de los permisos que no necesitaron nunca, ni en los peores momentos del conflicto, las misas católicas. Pero eso no parece haber sido percibido ni como "persecución" ni como discriminación. Dice la santera María: "La revolución tiene sus leyes y los santeros las respetan. No hay problemas. Nada tiene de particular que tengamos que pedir permiso para dar un toque o hacer un asiento. Siempre hubo que hacerlo, fueran o no fiestas de santos. Eso no es algo inventado por la revolución. Viene de mucho antes. De la colonia". Hoy existe una total permisividad. Tanta que, celoso, decía el Cardenal de La Habana Jaime Ortega en febrero de 1996, ante el delegado papal al décimo aniversario del ENEC: "Hay ocasiones en que pareciera haberse sustituido el ateísmo de Estado, como una especie de credo oficial, por la santería cubana como religión nacional".

Antes de 1959 los santeros estaban mínimamente organizados, a causa del prolongado pasado de prohibiciones y subestimación, más por negros que por santeros. Hoy están cada vez más organizados y cada vez aparecen más vinculados con creyentes de esta tradición en otros países de América Latina. Han crecido muchísimo: afirman contar con 15 mil babalaos (baba + awo = padre + secreto). El babalao es quien inicia a otros en la santería, el que transmite los ritos y las creencias, el que se consagra a adivinar e interpretar el destino que a los vivos trazan ancestros, antepasados y fuerzas de la naturaleza, el que apadrina a los nuevos "santos". Es la dignidad más alta en la santería.
También la santería tiene en su agenda desafíos específicos en esta hora. Y corresponderá a esta legión de babalaos el discernir en "el monte" de su religiosidad lo que es verdadero y lo que es pura mercancía, folklor barato o engañabobos para turistas incautos.

Marianao: el famoso caso de la urna

La actual crisis es la mayor que ha afrontado, en su breve pero densa historia, la nación cubana. El auge de la religiosidad, de la espiritualidad, de la subjetividad, es sólo un elemento más dentro de esa crisis. Pero es un elemento importante que plantea desafíos, no sólo a católicos, protestantes o santeros. También están desafiados aquellos que, sin ser creyentes, toman en serio el nuevo carácter laico del Estado cubano, los revolucionarios que luchan hoy por mantener las conquistas del socialismo y quieren reinventar éste creativamente. Se percibe que no está asentada aún la comprensión de lo que significa que el Estado sea y deba ser laico. Falta aún una perspectiva de flexibilidad y en algunas mentes oficiales aparece la tendencia a sustituir el ateísmo oficial e intolerante por un laicismo intolerante y oficial.

Me cuentan el famoso caso de "la urna", un episodio fellinesco que tiene en tensión desde hace años al vecindario de una zona de Marianao en La Habana. En los años 50 un hombre del barrio, un moreno, le pidió un milagro a la Virgen de la Caridad y al conseguirlo, le pagó la promesa poniendo su imagen en una esquina de la calle de su casa. Muy pronto, los vecinos hicieron suya la milagrosa imagen y le construyeron una urna. Le llevan flores, le rezan, le piden más milagros. La urna se convierte en expresión religiosa fuerte y en signo de identidad del vecindario. Con las limosnas, el dueño de la urna comienza a celebrarle una fiesta a los niños del barrio el 8 de septiembre, fiesta de la Caridad.

La urna sobrevive al ateísmo de los años 60 y sigue siendo punto de confluencia de las creencias de muchos. Es todo un símbolo. En los 70, unos ladrones, también devotos de la imagen, van huyendo después de robarse un alijo de valiosas joyas, y echan en la urna una de ellas. Es su particular homenaje a la virgen por el éxito que han tenido. Cuando la policía agarra a los ladrones y los interroga, ellos confiesan. Buscando la joya que falta, unos policías intentan quebrar la urna. El vecindario, todos a una fuenteovejuna, lo impide. Un día, las autoridades identifican que el "problema" del barrio está nada más y nada menos que en esa urna, mezcla de religiosidad, delincuencia y organización barrial fuera de control. Primero, ordenan quitarle la luz a la urna. Los vecinos la alumbran entonces con velas y mechones. Finalmente, el hijo del que puso la urna termina retirando la imagen de la virgen y la urna comienza a deteriorarse. Desde entonces, y durante 20 años ha permanecido tenaz la voluntad de reinstalar a la Virgen de la Caridad en la esquina de siempre, en una urna nueva. Hoy, con la efervescencia religiosa, la decisión es incontenible y unánime: militantes y no militantes, creyentes y no creyentes, quieren volver a poner la urna.

"Chica, ¿qué cosa es ser laico?"

Ha habido discusiones encendidas. Autoridades del poder popular electas por el barrio respaldan el deseo de la gente, pero las autoridades del Partido han dictaminado que la urna no puede colocarse. En nombre del laicismo del Estado. "Laico o no laico, la gente la va a poner de todos modos. Es un conflicto innecesario. ¿Qué sentido tiene ahora una guerra religiosa en nombre del Estado laico? ¿Por qué convertir el poner esa dichosa urna en algo que se hace contra la revolución? Oye, chica, por favor explícame bien qué cosa es eso de ser laico", me dice preocupado el delegado del Poder Popular de un municipio cercano que conoce del famoso caso.

"El Partido dice otro delegado está quedándose fuera de este fenómeno del auge de la religiosidad popular haciéndose los monos sabios: no veo, no oigo, no hablo y, por lo tanto, no tengo poblemas. Autorizan sólo lo que se impone por la fuerza: la Virgen del Camino, las fiestas de la Virgen de Regla, las organizaciones abacuá de Regla y Guanabacoa y hasta los Testigos de Jehová. En este caso, ¿por qué dejar que la gente ponga la urna por la fuerza? ¿No es mejor ponerla como un proyecto de la comunidad, apoyado por el consejo popular, por la gente de cultura, por todos los demás factores de las organizaciones populares?"

Tal vez la visita del Papa, con sus tiras y aflojas, sea una gran escuela para que funcionarios y no funcionarios entiendan mejor qué es lo laico y cuál debe ser la sensibilidad cultural y popular ante el tema de la religión. "¿Cómo va a ser eliminada la ideología ateísta en Cuba? se pregunta un amigo revolucionario, de pensamiento marxista y de talante verdaderamente laico ¿Como parte de una reacción social anti revolucionaria, contraria a la revolución, actitud que está hoy en ascenso por las dificultades que vivimos todos los días? ¿O como una profundización de la cultura socialista de los cubanos?" Ese es el desafío mayor que tiene la agenda religiosa de todos los revolucionarios cubanos, creyentes o no creyentes.

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BREVES

En septiembre y octubre de 1995, los militantes comunistas cubanos estudiaron un documento del Comité Central del PCC titulado "El trabajo del Partido en la actual coyuntura". Es el texto público más reciente del PCC en el que se analiza el actual "renacer" religioso. Dice así: "Una situación que con frecuencia es objeto de atención por parte de los revolucionarios y de la población en general es el incremento observado en las prácticas de las diversas creencias religiosas existentes en el país. Ello ha sido determinado fundamentalmente en gran medida por el impacto en la conciencia de muchas personas de las consecuencias socioeconómicas del período especial y está vinculado también a la expresión más abierta de los sentimientos y concepciones religiosas a partir de la política aprobada en el IV Congreso del Partido sobre la cuestión religiosa y las modificaciones hechas a la Constitución, que enfatizan aún más la libertad que garantiza la Revolución para su ejercicio. No puede desconocerse asimismo la utilización de algunas prácticas, que poco tienen que ver con los propios conceptos religiosos, dirigidos a captar adeptos efímeros o interesados en obtener ventajas materiales o políticas de ocasión. El incremento de las prácticas religiosas, en el que se aprecia actualmente una tendencia a la estabilidad, no constituye un problema para la Revolución, siempre que corresponda a la profesión honesta de cualquier fe religiosa, cuyos principios, no sólo formalmente sostenidos, sino consecuentemente observados en el comportamiento personal y social, promuevan el amor al prójimo, el desinterés, la protección al más débil o desvalido, la unidad de la familia, la justicia social, las virtudes morales y ciudadanas, el amor y el sacrificio por la patria. Los que no actúen así, niegan no sólo a su pueblo, sino a su fe."

En su Mensaje titulado "El amor todo lo espera", del 8 de septiembre de 1993, los obispos cubanos señalaban que, a la par de los cambios económicos, "deberían erradicarse algunas políticas irritantes". Señalaban cinco:

"1.El carácter excluyente y omnipresente de la ideología oficial, que conlleva la identificación de términos que no pueden ser unívocos, tales como: Patria y socialismo, Estado y Gobierno, autoridad y poder, legalidad y moralidad, cubano y revolucionario. Este papel, centralista y abarcador de la ideología, produce una sensación de cansancio ante las repetidas orientaciones y consignas.

2. Las limitaciones impuestas, no sólo al ejercicio de ciertas libertades, lo cual podría ser admisible coyunturalmente, sino a la libertad misma. Un cambio sustancial de esta actitud garantizaría, entre otras cosas, la administración de una justicia independiente, lo cual nos encaminaría sobre bases estables, hacia la consolidación de un estado de pleno derecho.

3. El excesivo control de los Organos de Seguridad del
Estado que llega a veces, incluso, hasta la vida estrictamente privada de las personas. Así se explica ese miedo que no se sabe bien a qué cosa es, pero se siente, como inducido bajo un velo de inasibilidad.

4. El alto número de prisioneros por acciones que podrían despenalizarse unas y reconsiderarse otras, de modo que se pusiera en libertad a muchos que cumplen condenas por motivos económicos, políticos u otros similares.

5. La discriminación por ideas filosóficas, políticas o de credo religioso, cuya efectiva eliminación favorecería la participación de todos los cubanos sin distinción en la vida del país."

En 1993, en plena crisis, y con su Mensaje titulado "El amor todo lo espera", los obispos cubanos emitieron una especie de "juicio" sobre el proceso revolucionario cubano. En 1986, obispos y católicos cubanos habían afirmado: "La Iglesia no quiere presentarse ante la sociedad civil como un poder frente a otro poder, ni por encima de las estructuras sociales como una especie de alto tribunal que juzga y enumera lo bueno y lo malo. La Iglesia está en medio de su pueblo como servidora y maestra de la verdad y de la justicia en el amor, y esto pretende alcanzarlo en la búsqueda solidaria del bien común."

En la visita "ad limina" de los obispos cubanos al Papa (Roma, junio 94), el arzobispo de La Habana, Jaime Ortega habló a Juan Pablo II en nombre de los obispos cubanos con palabras que reflejan una interpretación de la crisis cubana desde la perspectiva de la torre de Babel: "En el orden espiritual dijo , la insuficiencia de las propuestas materiales y lo perecedero de la ideología que las sustentaba, han evidenciado, sobre todo, la inconsecuencia del ateísmo y su incapacidad para generar la tenacidad y el entusiasmo necesario a los seres humanos en la gran aventura de la vida, que no puede fundarse sobre una ausencia, sobre un no ser, sobre el vacío de Dios."

En sus escritos pastorales, los obispos cubanos han abordado, a partir de los años 80 y en varias ocasiones, el problema de la emigración de cubanos, por vías legales o ilegales, incluyendo el fenómeno de los balseros. Es una constante su preocupación por este éxodo, en ocasiones masivo, y el cuestionamiento que hacen de estas salidas, entre otras cosas porque diezman las filas de los creyentes activos en la Iglesia. Por ejemplo, en su Mensaje de Navidad en 1987 dicen: "Invitamos a los católicos a descartar las motivaciones fáciles o egoístas en cualquier proyecto de emigrar, pues consideramos la emigración como tal una solución en muchos casos desacertada y siempre dolorosa para familias y pueblos. No hablamos únicamente como los Pastores de una Iglesia que tiene que anunciar aquí el Evangelio, sino también como cubanos que nos dirigimos a cubanos para recordarles que el amor a nuestra Patria exige a veces de nosotros esfuerzos y sacrificios. De esto debemos dar testimonio también los cristianos."

Según información de la iglesia católica cubana, en febrero de 1996, desarrollan en Cuba trabajo pastoral 240 sacerdotes, 31 diáconos, 470 religiosas y 25 religiosos. Los sacerdotes tienen a su cargo 650 templos en toda la isla y unas 200 casas donde también se celebra la liturgia, por falta de templos. En el seminario de La Habana estudian 67 seminaristas: 48 son diocesanos y 19 religiosos de varias congregaciones: jesuitas, dominicos, escolapios, paúles, carmelitas. Varias congregaciones femeninas tienen en Cuba noviciados para la formación de sus aspirantes.

Entre las diócesis católicas cubanas, la que parece tener un plan pastoral más estructurado, con mayor proyección social, y la que ha sido más "osada" en la temática de la relación fe política, es la diócesis de Pinar del Río, que no será visitada por el Papa. Especialmente activo y motivador de controversias con el gobierno cubano es el grupo eclesial "Vitral", nacido como fruto de la Primera Semana Social Católica, celebrada al iniciarse la crisis cubana. El grupo tiene capacidad de aglutinar a varios sectores sociales y no sólo a los eclesiales. También toca a universitarios, grupos culturales o artísticos con las distintas actividades que realiza, tratando de promover el debate y la reconciliación entre las distintas tendencias que hoy atraviesan a la sociedad cubana. Publican una revista llamada "Vitral". (Actualmente, la iglesia católica publica varias revistas, bastante parecidas todas, con temas religiosos y eclesiásticos). "Vitral" es la de más claro perfil. En Pinar del Río, es bien conocido el dirigente laico Dagoberto Valdés, un agrónomo de algo más de 40 años, vinculado en sus primeros años a sectores latinoamericanos afines a la teología de la liberación. Es el promotor de un método de formación llamado "Somos Personas" y "Somos sociedad" que, en cursos que duran varios meses y con la metodología de la educación popular, llega a campesinos y profesionales mezclados todos para despertar en ellos y ellas la conciencia de que deben ser personas con responsabilidad de participación social y no sólo objetos del paternalismo oficial. Naturalmente, los sectores adversos al gobierno dentro de Cuba y especialmente los que monitorean la realidad cubana desde Estados Unidos miran con interesadísimas expectativas el "Vitral" de Pinar del Río, lo que ha acentuado el control gubernamental sobre este grupo.

La intervención de Estados Unidos en la guerra entre Cuba y España en 1895, y la presencia e influencia que durante los primeros años republicanos tuvieron en la isla los estadounidenses diversificaron el espectro de las creencias. La iglesia católica percibió como adversa la nueva situación. En el documento del ENEC se lee: "Para la Iglesia la intervención norteamericana constituyó una fuente de dificultades: la supresión de la oración en las escuelas, la expulsión de las religiosas del trabajo en la mayoría de los hospitales y centros asistenciales del Estado, la introducción de sectas e Iglesias protestantes de origen norteamericano."

Desde finales del siglo XIX hasta 1963 se establecieron en Cuba más de 50 denominaciones protestantes. Las primeras en llegar (presbiterianos, episcopales, metodistas y bautistas) se conocen como iglesias "históricas", "tempranas" o "tradicionales". Estas denominaciones históricas llegaron desde Estados Unidos y sus templos y cultos, sus himnos y su teología, reflejaban el estilo estadounidense. Tuvieron colegios prestigiosos, especialmente al servicio de las clases medias. Al igual que los católicos, estos colegios fueron nacionalizados en 196l. El proceso revolucionario facilitó de alguna manera que las iglesias históricas se independizaran de sus iglesias madres en Estados Unidos. Las denominaciones que se conocen como "tardías" son las que pertenecen a la corriente pentecostal. Empiezan a llegar a la isla, también desde Estados Unidos, desde los años 30 y se desarrollan especialmente en los años 50. El pentecostalismo protestante, en Cuba como en otros lugares del mundo, tiene puntos de contacto con el carismatismo católico: liturgia llena de cantos, testimonios, hablar en lenguas, sanaciones, interpretación fundamentalista de la biblia. En lo social, promueven actitudes apolíticas y no vinculan el compromiso social con la fe.

Constatando la escasa o nula presencia de sacerdotes católicos en las muy empobrecidas zonas rurales de la Cuba pre revolucionaria y las particularidades de la práctica de los protestantes, Fidel Castro se refiere así a ellos en el libro "Fidel y la religión": "Yo observé siempre que las iglesias evangélicas se habían propagado más bien en sectores humildes de la población, como regla, y también observaba en ellos una práctica de la religión más militante; observaba más disciplina en las iglesias evangélicas, dentro de sus concepciones, dentro de sus estilos, sus métodos, su forma de hacer la oración. Eran más consecuentes con su práctica religiosa. No había muchos, pero el que pertenecía a tal escuela, a tal iglesia evangélica a una o a la otra de las muchas que existen era, por lo general, consecuente con sus sentimientos y sus concepciones religiosas, mucho mas que los católicos; eran más disciplinados".Y evocando los primeros años del conflicto del nuevo gobierno revolucionario con la jerarquía católica, dice Fidel: "Realmente no surgieron problemas con los sectores evangélicos, al contrario. En general, siempre fueron muy buenas y fáciles las relaciones con ellos. Dentro de las iglesias evangélicas, hay algunas con las que, por sus especiales características, sí surgieron algunos problemas con la revolución, como fue con los Testigos de Jehová. Pero he leído que los Testigos de Jehová suelen tener problemas por todas partes. Entran en conflicto con los símbolos patrios, con la escuela, con la salud, con la defensa del país, con muchas cosas, y en ese sentido nosotros éramos especialmente sensibles."

El pastor bautista Raúl Suárez, hoy diputado en la Asamblea Nacional del Poder Popular, describe así la visión de los protestantes cubanos al iniciarse la revolución y la perspectiva de los protestantes fundamentalistas que convivieron satisfechos con el ateísmo oficial: "Para la inmensa mayoría de los cristianos protestantes, a la altura de 1959, la religiosidad era entendida y vivida en términos verticalistas, subjetivos y fuertemente indiferentes a los problemas políticos, económicos y sociales. El concepto de Dios se hizo pagano, y generalmente deísta, con la diferencia de que en vez de empujarlo a un punto perdido del universo, encerramos a Dios en el corazón y en los templos, sin trascendencia en el aquí y en el ahora de la vida cotidiana del pueblo. La comprensión y la práctica de la fe la redujimos al intramurismo eclesiástico y convertimos el templo en la casa de Dios, donde dominicalmente nos encontrábamos con él. A la vez, el intento de la política oficial con relación a la religión, las iglesias y los creyentes, se orientó a legitimar a ese dios pagano. Una revolución que se propuso liquidar la propiedad privada, definía, no obstante, la religión como una cuestión privada, y tomaba una serie de medidas para que no trascendiera en la vida concreta de la sociedad. Resulta interesante que ambos esquemas mentales se legitimaban en el espíritu dogmático que los inspiraba. Los fundamentalistas se sentían muy bien con todo esto y afirmaban no sin orgullo: A este gobierno lo único que le falta es ser creyente. Ellos se ocupan de las cuestiones materiales y así nosotros podemos dedicarnos por completo a los asuntos espirituales."

Fragmento de la canción "Voy a pedir pa'ti lo mismo que tú pa'mí" del compositor cubano Adalberto Alvarez, que expresa el estilo y el sincretismo de los ritos santeros. Aparece citado en el interesante libro de testimonios "Hablan paleros y santeros" de Tomás Fernández Robaina, publicado en 1994:

Del Africa vinieron y entre nosotros quedaron/
todos aquellos guerreros/
que a mi cultura pasaron
Obatalá, Las Mercedes/
Ochún, la Caridad/
Santa Bárbara, Changó/
la Virgen de Regla es Yemayá
Va a empezar la ceremonia/
vamos a hacer caridad
La casa está repleta
ya no caben más/
y todos se preguntan/
qué dirá Elegguá/
El abre los caminos/
ésa es la verdad/
Vamos a darle coco/
a ver qué nos da./
La gente sale, la gente viene/
y todos piden lo que les conviene/
Yo voy a pedir lo bueno para mi mamá/
y para mi familia la tranquilidad/
que todo el mundo en esta tierra se porte bien/
y se acabe la guerra/
Hay gente que dicen que no creen en ná/
y van a consultarse por la madrugá/
No tengas pena, pide pa'ti/
No pidas cosas malas que te vas a arrepentir/
Voy a pedir pa'ti lo mismo que tú pa'mí.

Sobre su religiosidad o falta de religiosidad personal, Fidel Castro ha dado muy pocas pistas en escasas ocasiones. He aquí dos. En los días de 1985 en que Frei Betto lo entrevistó sobre el tema de la religión, Fidel le obsequió a Betto un afiche de los primeros años de la revolución en el que le puso esta dedicatoria: "Aún no lo ha logrado, pero si alguien puede hacer de mí un creyente es Frei Betto." En una entrevista de mediados de 1996 con el peridodista Dan Rather, de la cadena estadounidense CBS, Fidel dijo: "No, yo no rezo. El rezo mío fue muy mecánico... Me recuerdo de aquello de Voltaire que dice que el hombre hizo a Dios a su imagen y semejanza. Dios debe ser mucho mejor de lo que somos nosotros. No va a traer al mundo unas criaturas para después condenarlas al infierno por algunas pequeñas faltas. No permitiría los sufrimientos en este mundo. ¿Para qué, por qué? No hay una explicación cabal, total, del origen del universo, del origen de la materia. No se sabe lo que ha pasado, no se sabe siquiera si el tiempo existe. Estamos ante problemas muy difíciles de comprender, pero todo lo que se ha convertido en un cuerpo de doctrina religiosa no me persuade." Cuando el periodista le preguntó cuál era la esencia de su credo político y cómo le gustaría ser recordado, Fidel no dudó: "Un socialista. Alguien que quería una sociedad más justa, más igualitaria, más honorable, una mejor sociedad. Como tantos hombres que la han querido a lo largo de la historia, Cristo entre ellos."

La definitiva luz verde para que el gobierno cubano invitara finalmente a Juan Pablo II a visitar la isla, la encendieron dos hechos. El 18 de octubre de 1996 el Cardenal Roger Etchegaray, Presidente de la Comisión Pontificia Justicia y Paz, hizo unas declaraciones de dureza poco habitual, consideradas declaración oficial del Vaticano, condenando las medidas de bloqueo de Estados Unidos contra Cuba como "inaceptables". Explícitamente, Etchegaray criticó la Ley Helms Burton como medida "extraterritorial y jurídicamente discutible". Una semana después, el Cardenal Jean Louis Tauran, especie de Ministro de Relaciones Exteriores del Vaticano, visitó Cuba. Y en Cuba reiteró las condenas vaticanas al embargo contra Cuba. "El aislamiento y los bloqueos no son métodos adecuados para las relaciones internacionales dijo Tauran . No nos gusta la política de imperios. Siempre hemos sido fieles a los principios del derecho internacional, la no interferencia en los asuntos internos y la solidaridad entre los pueblos". Tauran afirmó en esta ocasión que el Vaticano "hará todo lo posible por ayudar a Cuba" a superar su crisis. El otro hecho que prendió la luz verde fue la cordial acogida con la que Juan Pablo II recibió al Presidente Fidel Castro el 19 de noviembre en audiencia privada. En esta visita, Fidel agradeció a las autoridades vaticanas su posición contra la Ley Helms Burton.


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POSIBLES ESCENARIOS: ALGUNAS PISTAS (CUARTA PARTE)

Más de 80 viajes al extranjero ha realizado Juan Pablo II desde 1978, cuando llegó al solio pontificio. El viaje a Cuba (21-25 enero 1998) podría ser uno más en la lista. Indiscutiblemente, con más expectativas y más cobertura. Pero apenas un viaje más. O podría tener consecuencias importantes, difíciles de predecir. Nadie lo sabe.

* En la historia de casi cuatro décadas de revolución, ningún otro acontecimiento expondrá durante tantos días a Cuba al escrutinio internacional. Los viajes del Papa Wojtyla se acompañan de una cada vez más estudiada tecnología para convertirlos en un fabuloso montaje copyrights incluidos destinado a impresionar a los medios televisivos internacionales, que siempre cubren los desplazamientos del Papa. Muchos de estos medios llegan a Cuba constructivamente curiosos, pero otros llegan con una interesada morbosidad informativa. La experiencia cubana se verá desafiada por este embate mediático.

* El momento económico y político en el que Cuba recibe a Juan Pablo II es particularmente difícil y tenso por obra y desgracia de la errada política de Estados Unidos, que ha colmado su agresividad de más de 30 años con la Ley Helms Burton, expresión suprema del derecho de la fuerza y del desprecio a las leyes internacionales. A pesar de sus carencias, contando con sus fortalezas, Cuba decidió recibir al Papa. No quiere estar aislada. Calcula que tiene reservas para salir airosa de la prueba.

* Muchos otros momentos de la revolución fueron más dramáticos, de mayor trascendencia o riesgo, más decisivos. Pero ningún otro, como la visita del Papa, tendrá tantas cámaras y focos encima. Aparatos sofisticados que no sólo captarán lo que suceda realmente, sino que tendrán también la capacidad de editar con inmediatez cualquier imagen para causar el impacto deseado. Cuando el Papa visitó Ecuador en 1987, un indígena le obsequió en Latacunga un poncho de lana. El agujero del poncho era muy estrecho y al querer ponérselo, la cabeza del Papa no pasaba por ahí. Juan Pablo II probó una y otra vez. Al verlo en apuros, los indígenas rieron a carcajadas, al unísono y durante un buen rato. Pero los periodistas que editaron aquel momento de la visita, borraron todas las risas y "agrandaron" el poncho. Los televidentes de todo el mundo vieron a una multitud que observaba piadosa cómo el Papa se colocaba sin ninguna dificultad la prenda indígena. La tecnología puede hoy más que la realidad...

* En todos los momentos más o menos trascendentales, vividos antes por Cuba, el gobierno cubano tuvo siempre total control de la situación. Ahora no lo tendrá tan totalmente. Durante varios días los funcionarios del gobierno, desde Fidel hasta el último policía, acompañarán, pero no protagonizarán. Las visitas del Papa tienen su propia dinámica. Son como un tren de alta velocidad que ni se puede detener ni se debe intentar frenar, mucho menos parar. Las normas protocolarias, simbólicas y religiosas, que dominan la escena en los viajes de este peculiar Jefe de Estado, que es a la vez Arzobispo de Roma y Pastor universal de los católicos, no son sometibles a los controles a los que está históricamente acostumbrado el Estado cubano.

* El desafío mayor es simbólico. Toca muy sutilmente algo muy hondo. El Papa celebrará la misa campal de cierre de su viaje en la Plaza de la Revolución de La Habana. "Desde chiquitos hemos ido a esa plaza. Siempre por razones políticas, patrióticas. Siempre convocó la revolución, siempre fuimos para ver a Fidel, y siempre se llenó para escuchar a Fidel... Ahora, en ese mismo lugar estará el Papa, convocará el Papa, hablará el Papa... ¡Coño, qué batacazo! ¡Es como si el Papa invitara a Fidel a hablar desde su balcón en el Vaticano y la Plaza de San Pedro se llenara para oir al Comandante!" A más de un cubano le escuché la premonición de ese batacazo. En esto se resume y se concentra el principal desafío que la revolución tiene en esta visita. Asumirlo es ya una señal de madurez.

* Sigue lo simbólico. El pueblo cubano nunca ha visto a Fidel Castro en un segundo plano cuando algún mandatario o personalidad mundial visita Cuba. Pero el protocolo papal no permitirá a Fidel estar al lado del Papa en sus misas, en sus paseos si los da en el papamóvil o en varios otros momentos de la visita. Con el Papa estarán más los obispos católicos que las autoridades cubanas. Para los cubanos, que no tienen muy presentes imágenes de las visitas papales en otros países del mundo, este protocolo puede tener también una lectura política: la cosa está mal, Fidel se doblegó, no le quedó más remedio, tremendo poder tiene aquí la iglesia...

* En vísperas de la visita papal, se percibe en Cuba otra sensación, díficilmente definible o precisable en su origen exacto. Para algunos disidentes, para algunos en la iglesia católica ¿para cuántos, para quiénes exactamente? las concentraciones humanas que acudirán a las cuatro misas al aire libre que celebre el Papa en Santa Clara, Camagüey, Santiago de Cuba y La Habana deben ser interpretadas ¿por quiénes? como "las primeras manifestaciones masivas de oposición al gobierno". Hay ciertamente quienes trabajan febrilmente en la dirección de que los "vivas" al Papa se escuchen, se lean y se interpreten como "mueras" a Fidel. Esto, que es un dato real y no un fruto de la imaginación, puede decidir al gobierno a restringir espacios o a intentar afrontar los varios retos de la visita desde posiciones defensivas, dogmáticamente laicas u obsoletamente ateas. Sería peor el remedio que la enfermedad.

* Como "ensayos" para familiarizar a la población con la visita papal, el gobierno autorizó a la iglesia católica a celebrar misas al aire libre por todo el país. Misas así no se celebraban en Cuba desde hace más de 35 años. A estas liturgias, la jerarquía católica lleva la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, que despierta pasión religiosa entre los católicos y entre los creyentes en la santería. En algunos lugares estas concentraciones fueron prohibidas por el ambiente de desorden y de confrontación política con que algunos quisieron aprovecharse de ellas. En alguna de estas misas se ha coreado esta consigna: "Juan Pablo amigo, ¡jamás será vencido!" En todas, el altar estuvo adornado con la bandera cubana y la bandera amarilla y blanca del Vaticano.

* Los grupos cubanos de Miami llevan meses discutiendo en sus radios y periódicos sobre la oportunidad o no de la visita del Papa. Un sector, bastante amplio, considera que el Papa no debía haber aceptado nunca la invitación de Fidel Castro para visitar Cuba, critican la "debilidad" de los obispos cubanos y hacen campaña para que ningún cubano estadounidense peregrine a la isla. Razón: esto sólo ayudaría al gobierno cubano a captar dólares. Están decididamente en contra de la visita y de los visitantes. Otros grupos han anunciado que viajarán como "peregrinos" en yates y lanchas desde Miami hasta las costas de La Habana, "con visas o sin ellas", en el afán de provocarle al gobierno una situación incontrolable. El gobierno cubano ha autorizado la llegada de barcos y aviones con católicos cubano estadounidenses, siempre que cumplan con los lógicos requisitos migratorios. La Arquidiócesis de Miami fletó el crucero Majesty para llevar a un millar de peregrinos a Cuba. El gobierno de Estados Unidos, en atención a una petición de la Arquidiócesis de Miami, donde vive más de un millón de cubanos, anunció desde agosto que facilitará los trámites para permitirles viajar a Cuba con ocasión de la visita papal. Es lógico suponer que algunos cubanos que, procedentes de Estados Unidos, visiten Cuba en ocasión de la visita papal, generen tensiones. ¿Confrontaciones? Antes, durante y después de la visita del Papa, los grupos cubanos en Estados Unidos, vayan o no vayan a Cuba, son los más decididos a crear problemas.

* En Estados Unidos algunos grupos cristianos han hecho unas camisetas conmemorativas de la visita del Papa en Cuba. La camiseta es negra y lleva en el centro un círculo con una foto en la que Fidel y el Papa se dan la mano, durante la entrevista que sostuvieron en noviembre de 1996. Alrededor del círculo se lee, en inglés y en español: "Ser cristiano y no ser revolucionario es vivir en pecado mortal (Camilo Torres)". ¿Cuántos irán a ver al Papa con atuendos como éste o parecidos? Seguramente muy pocos.

* Noticias, augurios, sospechas, temores y las arraigadas actitudes defensivas de la sociedad cubana pesan en la preparación de los revolucionarios ante el viaje papal. Ir o no ir: ésa es la cuestión. Ir o no ir a los actos del Papa: existe este debate en los centros de trabajo y en los núcleos del Partido Comunista. ¿Vamos o no vamos a esas misas masivas? Unos argumentan que, de todas formas, va a llegar mucha gente a esos actos y consideran que, si van a ser interpretados o movidos como actos "de oposición" al gobierno, no tiene sentido ir para sumarles gente. Otros, considerando esa misma posibilidad, creen que, por eso mismo, lo mejor es ir, lo más adecuado es estar ahí. Para contener o neutralizar cualquier provocación.

* En algunos revolucionarios priva la curiosidad ante un espectáculo tan anunciado. "Si viniera Michael Jackson yo no me lo pierdo. ¿Cómo me voy a perder al Papa?", escuché a un oficial del ejército. Conocí también a muchos revolucionarios que están tranquilos. "Muy poca cosa sería la revolución, muy jodida estaría si le temiera al Papa". Sea cual sea su mensaje y sea cual sea la reacción de la gente en las misas, están tranquilos. Para éstos, toda esta "papomanía" obligará al Partido y a las organizaciones populares a trabajar más cerca de la gente.

* No es previsible que ocurra en Cuba en 1998 lo que ocurrió en Nicaragua en 1983. Entre otras cosas, porque "de Roma viene lo que a Roma va", como dice un dicho. El Papa dirá en Cuba lo que los obispos le hayan dicho antes a él. Reflejará la información recibida, hará eco a las percepciones y demandas de la iglesia cubana, Si los obispos de cualquier país, hacen énfasis en algunos temas, es de eso de lo que el Papa habla cuando visita ese país. Quienes preparan la visita influyen en sus contenidos. ¿Qué ha ido de los obispos cubanos a Roma durante estos meses preparatorios? ¿Y del nuncio, qué ha ido a Roma? Es una incógnita. Pero ha sido una constante en la política de la iglesia católica cubana el rechazo a toda provocación que busque una convulsión social violenta y el rechazo a la política de bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba.

* Hace unos meses, la versión más extendida en el gobierno de Cuba era que el Papa no convocaría a tanta gente y que si hablaba desfavorablemente de la revolución, habría una reacción de rechazo en el público que lo escuchara. Hoy, esta versión ha sufrido modificaciones: se espera mucha gente y se espera un mensaje en nada confrontativo por parte del Papa.

* En el Vaticano, en la audiencia de noviembre de 1996, fue obvio para cualquier observador el aprecio que el Papa mostró al Presidente cubano, expresado con varios gestos poco habituales, y la emoción que esto produjo en Fidel Castro. Después de su audiencia con el Papa, Fidel, visiblemente conmovido, declaró que el encuentro había sido un milagro: "Para mí es un milagro haber podido saludar al Papa, pero el milagro está en el hecho de que un hombre extraordinario se haya reunido con un modesto luchador, con un modesto político". Fidel elogió al Papa: "Me causó una impresión inolvidable su personalidad, su bondad, su rostro noble y formas de tratar". "Cuando era niño dijo también nunca me hubiera imaginado que un día me reuniría con el Papa, y eso, naturalmente, me ha emocionado." Al despedirse de cardenales y obispos vaticanos, Fidel les dijo: "Tal vez los cubanos que estamos aquí (la delegación que viajó con él) cuando nos marchemos, nos sintamos un poco mejor de lo que somos".

* Corren por Cuba los chistes sobre la visita del Papa. Una muestra. "¿Sabes cuáles son los tres motivos que decidieron al Papa a viajar a Cuba? El primero, conocer un país que tiene "camellos" (autobuses lentos, gigantescos y con jorobas "made in período especial cubano). El segundo, ver a un pueblo que vive "de milagro". Y el tercero, tener la oportunidad de entrevistarse con el Diablo."

* ¿Qué tipo de diálogo bilateral, de encuentro personal, se dará en Cuba entre "el diablo" Fidel Castro y Karol Wojtyla, dos dirigentes con tantos rasgos comunes: liderazgo, experiencia, los dos ya viejos, los dos conscientes de que han jugado papeles estelares en la historia mundial, los dos expertos en diseñar y mantener estrategias de gobierno?

* Los viajes del Papa siempre resultan un éxito si se los analiza como hechos de multitudes y de imagen. ¿Exitos de espuma? Es muy difícil analizar el impacto más duradero que consiguen en las conciencias de quienes acuden a ver y a escuchar al Pontífice. En el caso cubano, ambas dimensiones, la de la espuma superficial y la de las olas y corrientes en profundidad, importan. Ambas dimensiones pueden tener consecuencias, ambas se entrelazan estrechamente.

* Para los más viscerales críticos del régimen cubano, el Papa llega a Cuba a darle la extremaunción, los santos óleos, a la moribunda revolución cubana, que tiene sus días contados, aunque la agonía se les alarga mucho, ya que la cuenta regresiva la empezaron hace más de siete años. Para los que defienden la experiencia cubana, al Papa se le presenta en Cuba la oportunidad dorada de bautizar uno de los procesos más auténticos del socialismo real, un proceso de transformación humana y social en el que Dios estuvo presente, aunque sin nombrarlo, siempre que se hicieron esfuerzos por multiplicar los panes y los peces para repartirlos equitativamente, siempre que se luchó porque nadie quedara abandonado.

* En sus viajes, el Papa, más que confrontar al gobierno que lo recibe, busca legitimar y fortalecer a la iglesia católica local. Es previsible que en Cuba hará lo mismo y que será en esto donde pondrá sus más fuertes acentos. Si es así, "el día después" es mayor reto que los propios días del viaje papal. Reto para el gobierno. Reto aún mayor para la iglesia cubana. ¿Tratará la iglesia de reforzar exigencias o de abrirse espacios desde donde disputar hegemonía, apoyándose en el seguramente triunfal paso del Papa por Cuba? ¿O buscará profundizar en el pueblo, tal vez deslumbrado efímeramente por el espectáculo papal, las actitudes de solidaridad y compromiso con el trabajo y con la comunidad que la crisis cubana demanda de todos?

* En sus homilías y discursos el Papa tiende a usar un lenguaje espiritual genérico y abstracto. Esto permite que pobres y ricos se apropien por igual de muchos de sus mensajes, que víctimas y verdugos se disputen sus palabras y defiendan con ellas posiciones contrarias. Que sus mensajes sean muy aptos para ser manejados en direcciones opuestas. En Cuba, un lenguaje así, algo indefinido, puede ser el más conveniente, el más prudente, pero puede ser el que mejor se preste para posteriores manipulaciones interesadas. Cuba es tal vez el país del mundo sobre el que existe una información más fuertemente manipulada y distorsionada desde hace más años. Los poderosos medios de información estadounidenses se han especializado en este trabajo y lo afinarán aún más en ocasión del viaje del Papa.

* Juan Pablo II llega a Cuba en 1998, una fecha clave en la historia cubana. Se cumplen los cien años del fin del imperio español en América, los cien años de la primera guerra imperial de Estados Unidos en el mundo. En febrero de 1898, Estados Unidos intervino en la guerra de independencia que Cuba ya le había ganado a España con el fin de apropiarse de la isla, propósito al que no ha renunciado. ¿Habrá alguna referencia del Papa a este centenario? Seguramente no. ¿Habrá algún reclamo, aunque sea sutil, aunque sea implícito, contra la Ley Helms Burton, que además de buscar el estrangulamiento de la economía de un país pequeño es también un bien estructurado proyecto piloto para sondear las resistencias europeas y mundiales ante la determinación estadounidense de violar el derecho internacional en función de sus intereses estratégicos? Mientras más explícita sea esta referencia en las palabras del Papa, más valioso será su aporte al pueblo cubano.

* El tema más querido y constante del Papa en cualquier país del mundo es el de la unidad familiar, el de la condena del divorcio y el aborto, el del control de la natalidad únicamente por métodos naturales. Seguramente, estos temas aparecerán en las palabras de Juan Pablo II. La sociedad cubana se caracteriza por una notable libertad sexual. Varias generaciones han vivido totalmente desprejuiciadas su sexualidad. Las mujeres cubanas gozan de leyes y derechos reproductivos como las de cualquier sociedad desarrollada del Primer Mundo. Ultimamente la sociedad se ha venido preocupando por la maternidad precoz, por el empleo irresponsable del aborto como método de control natal y por la crisis de la familia que la economía en crisis complejiza. ¿Cómo encajará la reiterada doctrina del Papa en esta tan singular sociedad del Tercer Mundo?

* Ha habido varios temas de debate entre el gobierno cubano y la delegación vaticana cubana encargada de los preparativos de la visita papal. La Iglesia pide al gobierno que facilite medios de transporte público para que la gente pueda estar presente en las misas papales. "En cuanto lo permitan las limitaciones materiales del país, habrá transporte", respondió el gobierno. Elemento central de la crisis cubana es la limitación de combustible. La Iglesia pide al gobierno acceso a los medios masivos para informar a la población sobre los preparativos de la visita y, naturalmente, para despertar interés y asegurar participación. Se abrió esa posibilidad. "Los espacios concedidos no satisfacen las expectativas de la Iglesia, pero son una ayuda", dijeron portavoces de la Iglesia. Los medios de comunicación cubanos se han caracterizado durante años por un voluntarismo informativo: hablan más de lo que debe ser que informan de lo que es. Adolecen de falta de debate y les falta pluralidad de voces. ¿Cómo actuarán en esta ocasión? Al margen de los espacios que conceda a la iglesia católica, ¿transmitirá la televisión y la radio cubanas en directo las misas del Papa? ¿Y si lo hace, cómo lo hará? ¿Dará una cobertura de la visita tan amplia como la que se acostumbra en otros países? El tratamiento que den los medios nacionales al Papa es un tema mayor. ¿Habrá asueto laboral en las cuatro ciudades cubanas que el Papa va a visitar el día en que el Pontífice esté en ellas para facilitar la participación de la población?

* En sectores del exilio cubano se considera que Fidel Castro "jugó con fuego" al invitar al Papa, ya que su visita fortalecerá a la iglesia católica y resultará un detonante que obligará inevitablemente al gobierno a una mayor apertura política. En sectores diplomáticos también existe esta expectativa. El Canciller español, Abel Matutes, declaró que espera que el viaje papal "contribuya a promover reformas en el régimen". La secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine Albright, dijo que ve la visita papal "como una oportunidad importante de llevar al pueblo cubano un mensaje sobre la importancia de respetar los derechos humanos." Estas declaraciones se multiplicarán como un alud y presionarán sobre el gobierno cubano y sobre el mismo Papa. La visita papal también beneficia a las autoridades cubanas y al proyecto de superación de la crisis en el que están empeñadas. Es difícil imaginar que, como resultado de la visita papal, el gobierno haga alguna transformación de fondo en el sistema político o decida abrirles espacios a los poco representativos disidentes internos. Nada tiene que ver una cosa con la otra. Lo que sí se puede esperar son algunos espacios para las iglesias en los medios de comunicación y más libertades para un mejor desarrollo de su trabajo pastoral.

* Todo es posible en los mensajes del Papa en Cuba. La brújula apunta hacia los cuatro rumbos de la rosa de los vientos. El Norte sinceramente preocupado por el empobrecimiento del Sur espera de Juan Pablo II una condena clara de la política de acoso económico que Estados Unidos, desconociendo a la ONU y al derecho internacional, practica contra Cuba. El Sur, especialmente el Sur latinoamericano, desea que el Papa reconozca y valore toda la justicia, toda la soberanía, todas las oportunidades de vida digna que el socialismo dio al pueblo cubano y todos los heroísmos y esfuerzos que ese pueblo ha hecho y sigue haciendo por encontrar su propio camino. El Este, hoy deshecho, conoce que Karol Wojtyla contribuyó activamente al fin del socialismo en Polonia y en Europa y sabe que en los reclamos que el Papa polaco haga en Cuba estarán muy presentes las huellas de este éxito personal del Pontífice. El Oeste satisfecho y victorioso, el que sólo adora al dios dinero, confía en que el Papa empujará los cambios "democráticos" que los que comercian con la religión quisieran ver en esa isla, tan pequeña y tan rebelde. Cualquier cosa es posible en los mensajes del Papa. La brújula señala en todas las direcciones.

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