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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 186 | Septiembre 1997
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América Latina

ONGs: es hora de repensar la estrategia

Habrá un día en que lo local se convertirán el protagonista del movimiento social. Pero para adelantar, para forzar ese día las ONGs que en el mundo entero buscan una alternativa deben detenerse a examinar sus estrategias y atreverse a enfrentar los nuevos desafíos.

Peter Marchetti

En las discusiones sobre el impacto de la mundialización pasamos demasiado tiempo barajando las preguntas "qué hacer y con quiénes hacerlo", y damos insuficiente fuerza a la pregunta "cómo hacerlo". El resultado es dejar lo cotidiano y lo operacional en una suerte de caja negra que termina siendo un agujero negro de insostenibilidad económica, financiera y ecológica.

Debemos girar nuestra atención hacia el método y tratar de enfrentar dos preguntas: cómo hacer desarrollo local autónomo y autosostenible y cómo negociar desde la sociedad civil con las instancias multilaterales y el gobierno nacional. Dos preguntas de respuestas nada fáciles. Para empezar a responder adecuadamente a estas preguntas hay que tomar en cuenta cuatro retos que desafían hoy nuestras estrategias:

-Retos del contexto impuesto por la mundialización.

-Retos del contexto de la sociedad civil latinoamericana.

-Retos del contexto de los organismos financieros internacionales.

-Retos institucionales internos de la cooperación internacional.

Y para analizar correctamente estos retos, es preciso partir de dos tipos de realismo. Un realismo es aceptar que el contexto mundial, el contexto de la sociedad civil y el contexto de los organismos financieros internacionales juegan en contra de nuestras estrategias. Reconocer que la evolución de estos tres contextos está concatenada y actúa en contra de la implementación de propuestas alternativas. No es nada esperanzador el horizonte para quienes tenemos pasaporte centroamericano y para la mitad de la población latinoamericana, que nunca tendrá ningún pasaporte para poder emigrar al Norte.

La esperanza radica en ese vacío que hoy existe y que sólo la sociedad civil puede llenar. La historia nos impulsa a responder, pero con realismo, sabiendo que nadamos contra la corriente y que cuando decidimos realizar un modelo de desarrollo local alternativo y buscamos negociar con las instancias municipales y gubernamentales, debemos tomar todas las medidas de seguridad para no ahogarnos en las encrespadas olas de la avalancha neoliberal.

Otro realismo es aceptar que el pueblo latinoamericano está cansado de escuchar discursos críticos sobre su pobreza y de asistir al fracaso de los proyectos de cooperación internacional de las ONGs y quiere ver realizadas propuestas concretas que detengan realmente su empobrecimiento. Estamos obligados moralmente a disminuir la pobreza porque realmente es posible disminuirla. Y es posible porque existen brotes de nuevas experiencias locales propositivas cuya metodología puede ser difundida con el apoyo decidido de la cooperación internacional.

Primer reto: la mundialización

El primer reto que enfrentamos es la actual revolución conservadora que vive el planeta, con transformaciones mundiales informativas, gerenciales e ideológicas y sobre todo, con el manejo de la especulación financiera.

El paradigma dominante ha provocado una globalización desde arriba, elitista, concentradora y centralizadora de la riqueza, de la tecnología y del poder militar y político, nunca antes vista en la historia de la humanidad. Al mismo tiempo, ha provocado un crecimiento de la pobreza y del desempleo, la exclusión de grandes masas de población convertidas en población superflua, y una mayor fragmentación y polarización de las sociedades, tanto en la sociedad de los dos tercios del Norte como en la sociedad de un tercio del Sur.

Jamás habían existido los actuales niveles de concentración del ingreso. Se dibuja a la actual sociedad global en forma de una copa de champán: el 20% más pobre de la población mundial se reúne en la estrecha base de esa copa y posee sólo un 1% del ingreso mundial, mientras que el 20% más rico está en la ancha cima de la copa controlando un 83% del ingreso. La riqueza personal de sólo 383 individuos es igual a los ingresos de un 45% de la población mundial.

Por otra parte, el gasto oficial en armamentos y seguridad pública (fuerzas armadas y policías) no disminuye y es equivalente al ingreso del 49% más pobre de la población mundial, mientras el tráfico de drogas, que genera 750 mil millones de dólares anuales, es igual a los ingresos del 44% de la humanidad. Igualmente desiguales son los niveles de concentración de los conocimientos técnico científicos, que son cuatro veces más pronunciados aún que los que se dan en la concentración del ingreso.

También es característica de esta hora la nueva pobreza que surge en los países del Norte, donde se ha consolidado el fenómeno del crecimiento económico sin gene ración de empleo. Los países del Sudeste asiático son la única excepción a esta tendencia. Tal como están y van las cosas, la especulación y la volatilidad de los mercados de divisas cancelan de forma estructural cualquier posibilidad de desarrollo social sostenible no sólo en el Sur sino también en el Norte. El proceso de globalización en Centroamérica y en América Latina está sometiendo a un acelerado proceso de empobrecimiento a amplios sectores de población que hasta hace poco identificábamos como no pobres.

En este contexto, el primer reto que nos plantea el actual proceso de mundialización es la miseria y la asimetría en la distribución del poder económico, tecnológico y político que genera. Esto condiciona severamente nuestras propuestas, porque la miseria desactiva las posibilidades de una organización local sostenible. La formación de capital humano y el hallazgo de programas de ajuste estructural alternativos son cruciales y determinarán el éxito o el fracaso de nuestros programas de desarrollo social, de género y de medio ambiente.

¿Los pobres o los empobrecidos?

La mundialización nos obliga a repensar a los grupos meta con quienes trabajamos. ¿Cuántos de los proyectos que se financiaron para el grupo meta de los más pobres hace 10 años existen todavía y siguen funcionando en medio de la avalancha de la mundialización? ¿Cuántos de esos pobres "aprendieron a pescar" por sí mismos sin depender de la inyección de nuevos recursos externos?

¿Esa definición genérica de "habilitación del pobre para fortalecer su capacidad de auto organización" es sinónima de la definición de grupo meta? ¿O el énfasis de la última década en la auto organización y en la creación de redes de experiencias locales exitosas representa una redefinición de grupos meta frente al impacto de la mundialización?

¿Existe contradicción entre organización autosostenible y la definición del grupo meta como el grupo de "los más pobres entre los pobres"? Si reconocemos esa contradicción, ¿no será necesario abandonar el "pobrismo", reinante en el pensamiento y en el discurso de las agencias no gubernamentales, para ampliar nuestra definición de grupo meta e incluir también como beneficiarios de la cooperación local a los empobrecidos con más capacidad económica ociosa?

¿Acaso los amplios sectores de nuevos empobrecidos y los más pobres que se han convertido en población superflua no son todos víctimas del mismo proceso de mun dialización, que concentra casi todo en manos de unos pocos? ¿Podemos considerar antagónicos los intereses de los pobres de siempre y los de quienes hasta ayer no eran pobres? ¿O los intereses de ambos no serán base para la única alianza que en el Sur es hoy capaz de cuestionar la actual tendencia de la mundialización?

El instituto de investigación Nitlapán de la Universidad Centroamericana de Managua tiene actualmente como su contraparte a un grupo meta compuesto por un 80% de los más pobres y por un 20% de los sectores empobrecidos. La autonomía y autosostenibilidad de nuestras con trapartes depende, en gran parte, de los pasos que hemos ido dando para superar el "pobrismo", porque los sectores empobrecidos que hemos sumado contribuyen significativamente a la autonomía del desarrollo local y aportan a los más pobres.

Ante los gerentes de la mundialización

El segundo reto del contexto de mundialización que vivimos nos lo plantea la gerencia de la mundialización que hacen las instituciones nacidas en 1948 en Bretton Woods, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que protegen la especulación financiera internacional al mismo tiempo que imponen un ajuste parcial en los países pobres. Más exactamente, que en vez de controlar la especulación financiera internacional como deberían hacer en cumplimiento de la misión para la que fueron creados facilitan esa especulación al haber encontrado una fórmula para ajustar todas las economías del Tercer Mundo al mercado internacional. O, aún más exactamente, es con su fórmula con la que ajustan nuestras economías a la especulación financiera internacional.

La rapidez, la profundidad y el carácter de las transformaciones a las que ha asistido el mundo en las dos últimas décadas implican un cambio de época dominado por una revolución conservadora de carácter global, que pretende hacer inevitable la mundialización homogénea del mercado internacional, basándose en la privatización y en la apertura y desregulación liberalización de todas las economías bajo el tutelaje de las instituciones financieras internacionales.

Nadie, fuera de quienes dirigen estas instituciones, estaría en desacuerdo con la aseveración que hace la ONG danesa IBIS Centroamérica: "A pesar de un crecimiento o recuperación en países como El Salvador y Costa Rica, Chile y Colombia, y en el Perú en el primer quinquenio de los 90, la política de ajuste no ha solucionado los problemas de pobreza heredados de la década anterior. Más bien, ha profundizado esos problemas, los cuales fueron creados en esa anterior década por el mismo ajuste parcial. Tanto en el caso de la región andina como en Centroamérica se han incrementado los niveles de descomposición social". Sin embargo, líderes de las ONGs más anti neoliberales reconocen que ciertos elementos del ajuste impuesto han logrado eliminar subsidios a empresas oligopólicas y a las clientelas políticas del "modelo de control estatal".

¿Cómo enfrentar un ajuste parcial?

Tenemos que analizar el ajuste parcial que las instituciones financieras internacionales nos han impuesto imaginando una estrategia para negociar con ellas un ajuste alternativo. Para enfrentar el paradigma dominante, es crucial que los diversos sectores de la sociedad civil tomen una posición clara con respecto al ajuste impuesto. La mayoría de los partidos políticos, supuestamente progresistas, no obstante su retórica, son muy ambiguos ante el ajuste. Las redes de ONGs, los gremios y las asociaciones locales no pueden darse el lujo de calificar el ajuste como "totalmente nefasto" sin presentar una propuesta alternativa de ajuste.

La mayor crítica que hay que hacerle al actual ajuste impuesto es su parcialidad y su falta de transparencia. El ajuste es parcial porque sólo ha tocado las transacciones comerciales en el mercado sin ajustar las estructuras del mercado interno. De hecho, no ha sido un ajuste estructural, sino sólo un ajuste comercial y monetario que beneficia los intereses de los países del Grupo de los Siete y los de una ínfima minoría de empresarios y comerciantes latinoamericanos.

El ajuste ha profundizado la segmentación de nuestros mercados y ha acentuado los oligopolios, convirtiendo a las viejas oligarquías en "sectores modernizantes". En los países más pobres del continente latinoamericano es urgente la construcción de mercados verdaderos y la búsqueda de equilibrio en los mercados locales. Esta urgencia la desconoce el ajuste parcial.

¿Cuál es nuestra estrategia para cuestionar al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial? Existen hoy, por lo menos, dos estrategias.Una es la que critica frontalmente los objetivos del ajuste estructural y propone como alternativa una reedición de algunas fórmulas del modelo de control estatal, maquillándolo con discursos sobre la sociedad civil. Esta estrategia supone que los elementos económicos del ajuste son intrínsecamente perversos y que los programas de reforma estructural están en proceso de realización. Esta estrategia sobrestima la capacidad del FMI y del BM para implementar su programa, a la vez que sobrestima la posibilidad de la sociedad civil de ganar una confrontación directa con el Fondo y el Banco y con los gobiernos dominados por ellos.

La otra estrategia critica al FMI y al BM pero con sus propios términos de referencia, buscando enredar al opresor en sus propios protocolos y mecanismos, proponiendo alternativas dentro de las mismas ecuaciones monetaristas y comerciales, para posibilitar así las reformas estructurales realmente necesarias en nuestros países. Esta estrategia parte de que lo más nefasto del ajuste son sus elementos políticos y que una receta única impuesta a un país sin que exista en él un nuevo contrato social nacional no podrá obtener jamás las metas propuestas en la reforma estructural. Esta estrategia exige una colaboración estrecha entre las ONGs nacionales de investigación y de incidencia con las redes de gremios, de asociaciones locales y de ONGs que desarrollan iniciativas de carácter autónomo y autosostenible y que movilizan los intereses clasistas de las mujeres, de los niños, de los indígenas y de los sectores que sufren más en sus derechos humanos.

Ante la cultura global

El tercer reto que nos plantea la mundialización es el de identificar su talón de Aquiles. Y ese talón es la fragilidad cultural de la mundialización y el juego de espejos en que se envuelve este proyecto para encubrir y proteger esa debilidad.

La actual revolución conservadora mundial no es solamente una revolución económica. Es, sobre todo, un intento de globalización de una cultura de consumo homogeneizada y de diferenciación social justificada. Para esta revolución, es más importante el dominio de los medios de comunicación y el control de las imágenes que el dominio sobre los recursos informáticos, administrativos, tecnológicos y de capital que le permiten una actividad en la esfera de la especulación financiera que está hoy apenas cuestionada.

La centralización y la concentración de poder económico que ha traído la mundialización está acompañada de una desintegración o fragmentación de las estructuras de las naciones y de sus sociedades civiles. Esta desintegración es una crisis de cultura, una crisis de civilización que los medios de comunicación opacan con una cotidiana ración de opio, que nos sirven no solamente en el campo de la diversión y el espectáculo, sino manejando también las noticias como espectáculo, con lo cual generan parálisis, impotencia y pasividad. Su consigna diaria es informar para conformar y no para inconformar.

Pero, ¿no será verdad también que no sólo existe esta tendencia a la desintegración cultural, sino también una tendencia a la mundialización desde abajo, que viene emergiendo con una cultura alternativa y que representa la fuerza motriz de las nuevas propuestas, que buscan proyectar alternativas y soluciones basadas en experiencias locales hacia un horizonte nacional e internacional?

Ya ha nacido un nuevo consenso, surgido de las experiencias fracasadas de desarrollo sostenible y de sus elementos exitosos. Es un consenso que no intenta resucitar ni reeditar el pasado. Este nuevo consenso es em brionario precisamente por la ausencia de estrategias globales o nacionales. En la perspectiva de las mejores ONGs dedicadas al desarrollo local y a la investigación y en los más maduros gremios de la sociedad civil existe hoy un consenso sobre el papel que deben jugar la sociedad civil y las fuerzas sociales frente a las instancias políticas.

Es un consenso en torno a cómo usar el mercado, reformándolo pero no demonizándolo. Un consenso sobre el desarrollo sostenible, sobre las luchas de género, las de los movimientos étnicos y las que defienden a la Naturaleza. Un consenso sobre los cruciales vínculos micro macro y local nacional. Es un consenso que busca no divorciar el debate sobre el desarrollo social del debate sobre los programas de ajuste del FMI y BM. Un consenso que está atravesado de un nuevo y sano pragmatismo. Lo que hoy hacen falta son los mecanismos para implementar y concertar la nueva visión que encierra este nuevo consenso.

Segundo reto: la sociedad civil

Una realidad con la que tenemos que contar no la encontramos en el contexto internacional, sino en nuestros contextos nacionales. Es el actual debilitamiento de las instancias tradicionales de la sociedad civil (sindicatos, gremios de pequeños y medianos industriales, asociaciones del campesinado y de la pequeña producción agropecuaria, asociaciones barriales).

A pesar de esta realidad, que es de debilitamiento, no se puede dejar de subrayar que estas instancias todavía pesan mucho más en nuestros países que las redes de las ONGs y los nuevos actores sociales de desarrollo local nacidos en estos últimos 15 años. Tampoco puede dejar de tenerse en cuenta la evolución que se ha dado en las instancias tradicionales para enfrentar las causas de su debilitamiento.

El debilitamiento de los actores sociales tradicionales ha corrido paralelo al debilitamiento del Estado nacional, causado por los nocivos efectos del ajuste y por el crecimiento de la corrupción en los nuevos gobiernos de "hombres fuertes y eficaces" que propugnan por un capitalismo de Estado liberal, que mejor debiera llamarse conservador o reaccionario. Además de su evidente debilitamiento, son tres las características más relevantes de las instancias tradicionales de la sociedad civil latinoamericana:

- Cargan con una herencia no democrática que las lleva a actuar como cúpulas de poder a nivel nacional, sin propiciar espacios adecuados de participación para sus bases.
- Están a la defensiva por falta de propuestas alternativas, sobre todo propuestas de "cómo" resolver los problemas en vez de cómo señalarlos y denunciarlos.
- Están desunidas ante el embate del ajuste neoliberal por su incapacidad de juntar lo específico de su gremio con la problemática nacional. El aislamiento de los gremios unos con otros es fuente de la separación de todos respecto del pueblo.

Ante los nuevos procesos sociales

A la par, existen nuevos procesos en la sociedad civil latinoamericana. Del enfrentamiento de la revolución conservadora y de las debilidades del movimiento social tradicional han nacido nuevos procesos sociales y nuevos actores.

Un primer proceso social, que recibe a veces demasiada atención y aparece con frecuencia sobredimensionado, es el de la apatía y el individualismo reinante entre los pobres, el de su incorporación acrítica a los valores del Primer Mundo aceptando sus patrones culturales y rompiendo sus tradicionales lazos colectivos y comunitarios, como si renunciaran a la posibilidad del cambio social. Pero, a pesar de este proceso, que es real, el fin de las dictaduras y, con ellas, el fin de patrones culturales sumamente conservadores, hace que dentro de las nuevas democracias restringidas vaya apareciendo hoy entre las mayorías un nuevo esquema de valores libertarios, destinado a alzar su palabra y su voluntad en el escenario político.

Un segundo proceso social es quizás el más masivo. Se trata del generado por proto movimientos de los excluidos. La exclusión social siempre produce su contradicción. Los excluidos encuentran hoy su dignidad y su identidad en espacios subalternos. Y la creación de espacios de identidad y de dignidad subalternos se expresa de muchas formas, algunas ambiguas y contradictorias. Entre las formas más visibles están hoy, a nivel urbano, la violencia y las maras o pandillas, mientras en el campo permanece la violencia rural.

Un tercer proceso social es de ruptura. Es la aparición de la política oculta de los excluidos en el escenario sociopolítico tradicional. El ejemplo más reciente y más clamoroso es el de los indígenas zapatistas en Chiapas. En América Latina existen hoy otras múltiples erupciones de violencia sociopolítica y otras acciones colectivas que no logran aún imprimirse en los escenarios nacionales e internacionales como logró hacerlo la de Chiapas, pero están ahí, presentes, ocultas, y nadie puede predecir cómo se masificarán y que rutas de politización seguirán. Un cuarto proceso social es el que está vinculado a movimientos de derechos humanos, de género y de medio ambiente, que también nacieron de la política oculta y clandestina de los excluidos y que hoy son ya abiertos. En estos movimientos sociales la forma de expresar demandas ante el Estado no pasa por la violencia, sino por la creación de una plataforma institucional intermediadora de redes de ONGs. En estos movimientos, la representación no se da a través de los partidos políticos ni de los gremios económicos.

Se trata de un "tercer sector", diferente del Estado y del Mercado. Este tercer sector ha sido un factor indispensable para la democratización y para el alivio de los trágicos efectos sociales del ajuste. El gran problema de este tercer sector es su relativa incapacidad para vincularse más directamente con los movimientos de desarrollo local y con los sindicatos y los gremios cuando éstos luchan para no perder espacio en el mercado globalizado y neoliberal.

Un quinto proceso social es la renovación de las asociaciones locales y de los gremios tradicionales en su capacidad de auto organización y en su vinculación con redes de ONGs capaces de incidir a nivel nacional e internacional. Esta renovación tiene como aspecto más importante el nacimiento de asociaciones populares de productores y de agentes de servicios a nivel local, que operan en el mercado y que van consolidando su capacidad y sus cuotas de poder para una posterior negociación con el Estado.

Estas asociaciones han nacido de la mejor expresión de las ONGs cuando éstas han sido capaces de catalizar o generar movimientos autónomos y autosostenibles. La capacidad de renovar a la sociedad para después ser reemplazadas por movimientos de esa misma sociedad renovada es el mayor logro de cualquier ONGs.
La expansión de este quinto proceso representará el abandono por parte de las ONGs de acciones de compensación social y de toda forma de subsidio no compatible con acciones de desarrollo local autosostenible. De todos, es éste el proceso más clave para crear redes nacionales capaces de negociar con el Estado y para dar bases firmes a las redes de ONGs y de nuevos actores sociales a nivel continental.

¿Qué deben ser las ONGs?

¿Qué son, qué deben ser las ONGs y las organizaciones populares: organizaciones de la sociedad civil, organizaciones paraestatales o correas de transmisión de la sociedad política?Existe actualmente una indefinición de las ONGs y de las organizaciones populares nacionales financiadas por agencias no gubernamentales del Norte. Pare cería que las definiciones jurídicas ni bastan ni funcionan.

Hay ciertas ONGs que tienen más características de organizaciones populares que las mismos organizaciones populares. Hay ciertas organizaciones populares, sindicatos y gremios que tienen más características de ONGs que las mismas ONGs. Y muchas veces, tanto las ONGs como los gremios tienen rasgos económicos que corresponden a entidades públicas. No se trata del hecho de que, en esta era neoliberal, las ONGs y los gremios estén llenando el vacío de servicios públicos que el Estado no llena y que son responsabilidad estatal. Se trata de que ONGs y gremios viven de las transferencias de impuestos de los contribuyentes de los países del Norte o de los contribuyentes de los gobiernos nacionales o municipales de América Latina.

¿Cuál debe ser el criterio más importante: el título de sociedad civil o el título de no gubernamental? ¿Neutralidad ante cualquier política partidista definida en térmi nos jurídicos o sostenimiento económico y administración de la propia ONG y de sus servicios a través de las contribuciones de sus propios miembros o socios y de las contribuciones voluntarias de la ciudadanía?

La misma pregunta debe hacerse a las asociaciones locales que son contrapartes de las ONGs. ¿Cuántos de sus gastos operativos están cubiertos por sus propios socios? En las acciones de desarrollo local, ¿los socios están pagando realmente el costo del dinero?

En 1995, las contrapartes locales de Nitlapán cubrían el 100% de sus costos operativos y el 100% del costo del dinero con dinero caliente que salía de los bolsillos de sus socios. Nitlapán cubría el 12% de su presupuesto con aportes propios conseguidos con la venta de servicios compatibles con su misión y un 10% con aportes de los pobres que eran beneficiarios de sus programas. Esto, como fruto de la opción de no pedir a las agencias que financien presupuesto para gastos administrativos y de pedir a nuestras contrapartes locales que paguen intereses para cubrir los costos que tenemos en la interme diación de donaciones internacionales o préstamos con tasas concesionales.

¿Cómo se cubren los gastos operativos de las ONGs internacionales: con los aportes de sus bases ciudadanas o con partidas de sus gobiernos? Sin sacrificar el necesario subsidio que requiere la capacitación y la formación humana, urgentes para la construcción de institucionalidad local, y sin sacrificar tampoco el ideal de revertir el flujo de capital Sur Norte, ¿hace falta una nueva inserción en el mercado de trabajo para las ONGs interna cionales, nacionales y locales que acentúe sus rasgos de sociedad civil?

Tercer reto: organismos internacionales

Todos los financiadores internacionales, desde el FMI hasta la última de las ONGs, viven un momento de crisis. La mejor definición de crisis es esa que dice que es el momento en que "lo viejo que tiene que morir no muere y lo nuevo que tiene que nacer no nace todavía."

La incorporación de políticas de compensación social que promueve el Banco Mundial y la reedición de los estilos de burocracia tradicional que fraguaron el Estado de Bienestar Social son claros signos de la situación moribunda en la que se halla el neoliberalismo. Pero el modelo neoliberal no muere aún del todo porque todavía no ha nacido el nuevo paradigma con todos sus mecanismos de implementación.

Aunque no muere todavía, el modelo neoliberal ya ha entrado en una importante fase de desgaste. El modelo neoliberal ya está muerto a nivel académico y técnico. Los mismos técnicos que trabajan en el BM y en el FMI han aceptado las agudas críticas que los japoneses han hecho al modelo neoliberal. El BM aceptó también severas críticas a su modelo en un reciente seminario que reunió en Brasil a representantes de la sociedad civil latinoamericana, que insistieron en que la inversión en capital humano era un mejor indicador del crecimiento económico que la estabilidad monetaria que el BM exige e impone a los países del Tercer Mundo.

Según afirmó uno de los más importantes representantes del Banco Mundial en la preparación de la Cumbre Social de Copenhague de 1995, hasta los mismos directivos del Banco han perdido confianza en el modelo neoliberal a causa de su visión reduccionista. En seminarios internos con los obispos latinoamericanos del CELAM y con científicos sociales y económicos de la Compañía de Jesús, los directivos del FMI y del BID, Michel Camdessus y Enrique Iglesias, han expresado sus dudas sobre el modelo que promueven. En lo que no ceden todavía es en su "derecho" a definir la reformulación del modelo desde las alturas y sin la participación de la sociedad civil.

¿Cómo erradicar de verdad la pobreza?

Una pregunta clave que debemos hacernos es ésta: ¿debemos promover la compensación social o la capacidad de auto organización y de representación de intereses a nivel microregional y nacional?

Los actuales niveles de concentración de la riqueza, no sólo en los países del Grupo de los Siete sino también en países como México, Brasil, Chile o Colombia, nos indican que existe una reserva enorme de recursos para erradicar la pobreza e iniciar el desarrollo en nuestros países. Y aunque la solución no es una redistribución matemática de estos recursos, esa redistribución permitiría liberar recursos para iniciar la solución al problema de la pobreza. Un buen ejemplo: con sólo un impuesto directo del 2% sobre la renta de la quinta parte de los latinoamericanos más ricos, toda la población del continente podría superar de inmediato el umbral de la pobreza a través de programas de compensación social.

Sin embargo, la redistribución del ingreso y los programas de compensación social son insuficientes. Lo que hace falta es una redistribución del poder y el respeto a los potenciales de participación política de las mayorías populares. Sólo la movilización de ese capital humano y cultural, con dinámicas de desarrollo endógeno, será capaz de sustituir la pobreza y hacer que quienes hoy son pobres sean pronto productores que aporten al producto interno bruto de sus países en vez de exigir compensación social.

No se puede divorciar lo económico de lo social. Los acuerdos de las cumbres económicas condicionan los acuerdos de las cumbres que no son específicamente económicas. Los ministros que llegan a la reunión del Grupo de Río deberían ser aliados de las ONGs, porque tanto ellos como nosotros somos subordinados de los supragobiernos del FMI y del BM, que no rinden cuentas a nadie.

En la Cumbre Social de Copenhague muchas ONGs cayeron en el juego de estos supragobiernos, que tratan de reducir el papel de las ONGs a la discusión de los programas sociales y a la ejecución de programas de compensación social para los pobres. Los nuevos sujetos populares capaces de reactivar nuestras economías en la clave de un auténtico desarrollo con incremento del empleo demandan que los compromisos de las cumbres se hagan compatibles con los programas económicos impuestos por el FMI, el BM y el BID.

¿Seguir con la compensación social?

¿Qué ritmo imponen los programas de ajuste estructural en la cooperación de las ONGs? ¿Existe una clara definición para analizar la lista de proyectos de nuestras ONGs en términos de su contribución a apoyar el actual ajuste parcial con programas de mera compensación social? ¿O elegimos los proyectos que representan iniciativas de construcción de sociedad civil a nivel local con perspectivas de poder que cuestionan el paradigma dominante? ¿Cuál es la distribución de los recursos entre los dos tipos de proyectos?

¿Siguen creyendo las ONGs que la generación de empleo temporal en proyectos poco sostenibles en términos económicos y financieros puede ser la base de redes en la sociedad civil capaces de negociar sus intereses con gobiernos municipales y nacionales? Sólo la generación de empleo pleno dentro de un proyecto sostenible puede canalizar la capacidad de ahorro y la institucionalidad autónoma local y sólo esa base sirve para incrementar la influencia directa de los pobres y de los empobrecidos en la mejora de sus propias condiciones de vida. Desde esta perspectiva, ¿existen en las ONGs criterios para juzgar proyectos en términos de la generación de empleo y del aumento de los niveles de ahorro local? ¿Hasta cuándo van a dejar las ONGs que el Banco Mundial siga expropiando nuestra agenda para superar la pobreza?

¿Cómo financiar pensamiento propio?

Existe falta de financiamiento para proyectos que logren la vinculación macro micro y nacional local, al igual que existen dificultades institucionales y operativas para este tipo de proyectos. Las ONGs nórdicas son la excepción entre una mayoría de ONGs porque no siguen la línea programática de la AID y del BM, que indica que el ataque a la pobreza requiere financiar sólo la educación primaria y la educación técnica, ya que el financiamiento de la educación universitaria y de la investigación de las políticas macroeconómicas y sectoriales ha sido ineficaz y se ha traducido en una especie de apoyo a las capas medias acomodadas, con claras consecuencias en la concentración del ingreso y el incremento de la pobreza.

Desde Washington la consigna es que los latinos y los africanos que puedan aprendan en las universidades de los países del Grupo de los Siete. En Washington consideran que la investigación, el desarrollo tecnológico y el pensamiento propio son un lujo para los países del Sur en estos tiempos de mundialización y de alta eficiencia.

Un planteamiento estratégico requiere de otra línea de acción. Requiere financiar la generación de un pensamiento propio en aquellos foros que permitan la sistematización de experiencias locales, nacionales e internacionales. Y requiere financiar la investigación de políticas alternativas. Esta es una propuesta que empieza a plasmar programáticamente una nueva relación Norte Sur en torno a la democratización del conocimiento.

¿Cuáles son los criterios que debe tener en cuenta una ONG para garantizar la vinculación entre la reflexión nacional y municipal con las experiencias de autosostenibilidad local? ¿Cómo diseñar métodos que desde lo local alimenten los foros supra locales? ¿Cómo diseñar métodos que alimenten el referencial metodológico de las experiencias locales? ¿Están conscientes las ONGs de que una estrategia así requiere reorientar su plan de financiamiento hacia la investigacion aplicada, tanto en términos de programas de desarrollo como de políticas alternativas? Son preguntas nada fáciles de contestar. Y, a pesar de su validez, tampoco una correcta respuesta garantiza todavía el éxito de la estrategia. Los riesgos de fracaso son considerables, a pesar de la validez de estos cuestionamientos. El desafío es enorme.

Cuarto reto: cooperación internacional

El reto que nos plantea la propia cooperación internacional es el de elaborar una estrategia que nos permita caminar sobre dos piernas para ir forjando un modelo de desarrollo alternativo. Estas dos piernas son: La reconstrucción de la sociedad civil desde la auto organización de los sectores populares en torno al desarrollo económico a nivel local. El desarrollo de la capacidad de negociación de esa sociedad civil con los gobiernos municipales y nacionales hasta lograr ampliar esa capacidad negociadora con los supragobiernos del FMI y el BM.

Para desarrollar estas dos piernas y para saber caminar con ellas existen varios problemas. Uno de ellos es el de los distintos ritmos que se requieren para afrontar los dilemas que se presentan en el trabajo local nacional, lo que exige paciencia y una perspectiva de mediano plazo.

Ante los diferentes ritmos

Para negociar desde la sociedad civil y entablar negociación con actores públicos, es preciso representar fuerzas sociales que sean merecedoras de respeto. Antes de hablar de términos de referencia y de las condicionantes de la negociación es necesario e importante construir la fuerza efectiva de la negociación. Ningún Estado, ningún partido político progresista, ninguna red de ONGs puede hacer por y para el pueblo lo que el pueblo organizado no sea capaz de negociar desde sus propios recursos, espacios e identidades frente al Estado neoliberal actual.

La concertación social y la participación efectiva se hacen desde el manejo de recursos propios, desde el dominio de una cuota de poder, desde un mínimo de desarrollo económico local y desde un mínimo de humanidad y del derecho conquistado a esa humanidad. Actualmente, la definición dominante de desarrollo entre los economistas latinoamericanos y los asiáticos es cultural: la cultura propia y los recursos propios son el punto de partida para el desarrollo.

El proceso de concertación debe respetar los ritmos que son necesarios para la creación de alternativas a la situación actual. Cualquier alternativa nacional surge desde una lenta acumulación de poder local y de experiencias de solución a problemas específicos. El ritmo de esta acumulación de poder, de capacidades y de formación de capital humano es distinto que los ritmos de concertación municipal, nacional y regional. La comunicación entre las localidades y las regiones entre los distintos sectores, gremios y sindicatos también es de ritmo lento. El gran enemigo de una concertación efectiva es una negociación prematura que rompa la unidad de los distintos sectores de la sociedad civil y que los aísle a unos de otros. Es preciso compatibilizar los ritmos de concertación con el gobierno con los ritmos de la creación de nuestra propuesta. Hay que caminar sobre dos piernas, pero priorizando nuestro propio proceso de creación de identidad, priorizando la comunicación y la acumulación de capacidad negociadora desde abajo.

¿Impacientes o respetuosos?

En la actual estrategia de las ONGs, ¿cuál es la pierna prioritaria? ¿Seremos víctimas de la impaciencia en el afán de formular un modelo de desarrollo alternativo en vez de esperar a que las contrapartes locales lancen su propia propuesta? ¿Sucumbiremos a la tentación de querer coordinar a los movimientos sociales con raíces loca les todavía inmaduras en vez de concentrarnos en facilitar y habilitar los espacios que tienen que ver con la auto organización local?

En la implementación de la estrategia de las ONGs, ¿habrá un pleno reconocimiento de que el territorio local (la aldea, el cantón, la comarca, el barrio) es el espacio natural de la política y de la ideología de los sectores populares, pero que el espacio municipal y el nacional es el espacio natural de la política e ideología de los no pobres? ¿Podrán las ONGs mantener una estrategia que combine simultáneamente la paciencia de aguantar los detalles aburridos y el sinfín de elementos técnicos que exige el desarrollo local y que son de sumo interés de los pobres con la tarea de sistematizar a la vez las metodologías de sus contrapartes, que por definición no son locales, preparándose así para el trascendental momento en el que lo local se convierta por fin en protagonista del movimiento social?
¿Podrán las ONGs caminar sobre dos piernas: esforzándose con una en andar hacia la negociación supra local y con la otra hacia la promoción un auténtico desarrollo y auto organización local?

Ante el espacio nacional de la lucha

Existen también muchos dilemas que dilucidar en las redes Sur Sur y Norte Sur y es urgente concentrarse en experiencias nacionales con el objetivo específico de negociar un ajuste alternativo.

Para no caer en el error de financiar más seminarios de reflexión internacional sin que de ellos resulten programas de habilitación de movimientos sociales nuevos en la sociedad civil latinoamericana, es crucial que las ONGs reflexionen sobre el hecho de que la estrategia de los organismos financieros multilaterales es una sola receta universal que se impone a cada una de las naciones. El espacio del enfrentamiento es nacional. Sin habilitar a la gente para ese enfrentamiento a nivel nacional no se aterriza ni se acumulan fuerzas sociales en la sociedad civil. Sin embargo, las experiencias nacionales no pueden caminar sin las de sus contrapartes en otros países de su región. Centroamérica es un ejemplo obvio.

El aterrizaje de la alternativa requiere también de importantes inversiones en asistencia técnica internacional altamente cualificada e incluso, requiere de una experiencia práctica en las mismas entrañas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

Ante dos lógicas distintas

La lógica de la habilitación de auto organización local y la lógica de negociación de alternativas a nivel nacional son dos lógicas muy distintas. Mientras que a nivel local hay que concentrarse en un número limitado de temas, en el nivel nacional la limitante para la búsqueda de la estrategia está en las condiciones del país y no en los temas.

A nivel local, la especialización de iniciativas locales es crucial. La auto organización requiere optar por la formación de contrapartes locales en servicios financieros y en la capitalización de los sectores que han sido excluidos, bien sea por la globalización de la comercialización o por la reconversión productiva. Los costos de la formación y la capacitación aplicada a la construcción de institucionalidad local son sustanciales y requieren de un constante énfasis en la profesionalización metodológica.

A nivel nacional, se necesita de análisis e investigación sectorial y subsectorial nacido de las experiencias de productores, de agentes de servicios sociales y de ONGs que representen los intereses de las mujeres y de la Naturaleza. Sólo con este tipo de investigación se roza con la verdadera sociedad civil. Sin embargo, para poder debatir con los gerentes de la mundialización desde el Sur se requiere de un planteamiento macroeconómico alternativo que abarque una gran variedad de temas.

Ante una compleja agenda económica

En nuestra experiencia en Centroamérica, el listado mínimo de temas de economía que debe ser abordado en un planteamiento macroeconómico que sea alternativo incluye:

- La seguridad alimentaria y nuevos esquemas de comercio intra regional. La Unión Europea está recortando hoy sus programas de ayuda alimentaria en nuestros países con el acertado planteamiento de que los países del Sur tienen los mismos derechos a la seguridad alimentaria que los países del Norte.

- Las finanzas. Existe capital financiero en Centroamérica. El problema son los intereses proteccionistas de la banca comercial y sobre todo, las tasas de interés impuestas por el ajuste parcial, que prohibe la penetración de capital financiero en la producción agro pecuaria e industrial.

- La renegociación de la deuda internacional. Se trata de un tema que estrecha lazos entre ONGs internacionales, nacionales y locales. Los canjes de deuda por desarrollo local solvente son una puerta abierta para integrar propuestas. La renegociación de la deuda es además la manera más efectiva de lograr efectos multiplicadores en términos de flujo de recursos del Norte hacia los sectores pobres y empobrecidos del Sur.

- Los esquemas de integración comercial en bloques. Esta realidad exige un análisis crítico del tema de la apertura comercial y del de la distribución del ingreso, tanto para realimentar las fuerzas sociales como para negociar con el FMI y el BM. Este podría ser el tema más central si se quiere habilitar capacidad de incidencia y hacer frente a la concentración de riquezas que la mundialización va a seguir reproduciendo en el futuro.

- La apertura a la inversión extranjera y nacional. Es un tema de los más complejos, pero también de los más fructíferos para hacer propuestas concretas y viables frente a la mundialización.

Además de incluir todos estos temas, se necesita una modelización de escenarios macroeconómicos semicontable, diseñada para la compatibilización de las propuestas de los distintos sectores de la sociedad civil. En otras palabras, en vez de recetas que, en fin de cuentas están resultando muy útiles a los gerentes de la mundialización y a los ganadores en este proceso, se necesita una economía de nuevo tipo que sirva para negociar eficazmente dentro de una coyuntura totalmente nueva.

¿Qué investigaciones financiar?

No se debe aceptar la tesis del consenso de Washington, que es el consenso de las instituciones financieras internacionales, sobre la ineficacia del financiamiento a la educación universitaria y a las investigaciones especializadas en los países del Sur. Los países y las ONGs nórdicas son de los pocos que han comprendido que, sin pensamiento propio y sin un esfuerzo por contrarrestar la concentración de conocimiento en el Norte, se seguirá profundizando el debilitamiento de la sociedad civil latinoamericana. Sin embargo, sólo se debe financiar una investigación:

- Que tenga vínculos supranacionales con capacidad de enfrentar la mundialización.

- Que tenga vínculos específicos con redes nacientes de la sociedad civil que pretendan plantear alternativas viables frente al ajuste parcial.

- Que tenga propósitos de recanalizar el despilfarro de asistencia técnica nacional y de priorizar la reubicación de los recursos públicos existentes en los países del Sur en fideicomisos o "fondos de desarrollo humano" compatibles con las experiencias locales de auto organización bajo el control mayoritario de redes de la sociedad civil.

- Que tenga un carácter propositivo, que sea una investigación aplicada porque propone nuevos mecanismos institucionales y programáticos.

¿En qué países trabajar?

¿Cuáles son los criterios que deben tener las ONGs para seleccionar países y contrapartes? El dirigismo internacional es el rasgo más característico de la vida en los países del Sur. Sin embargo, hay diferencias notables entre cada uno de nuestros países.

La estrategia propuesta por una ONGs, ¿tendrá más impacto en países con un alto grado de dirigismo inter nacional y con una sociedad civil débil o en países con una sociedad civil más desarrollada y con más independencia relativa frente a la gerencia externa de las instituciones financieras internacionales? ¿Dónde tendrá más éxito: en países en los que las municipalidades tengan más desarrollo o en los que éstas hayan alcanzado menos desarrollo?

¿Blandengues o transparentes?

Hay que aplicar el análisis del ajuste a la evolución de la cooperación internacional de las ONGs para preguntarnos si existe también un ajuste en los mecanismos institu cionales de las agencias internacionales no gubernamentales y en sus contrapartes.

El ajuste parcial impuesto por los países del Grupo de los Siete y por sus gerentes, el FMI y el BM, se caracteriza por la liberalización de los procesos contractuales sin ninguna reforma o transformación de los mecanismos institucionales de nuestras economías. A partir de esta realidad debemos preguntarnos cuáles han sido las transformaciones en nuestros mecanismos institucionales durante la última década de mundialización y de ajuste.

Ha habido poca transformación de los mecanismos institucionales de las agencias internacionales no gubernamentales y de sus contrapartes, que en vez de responder a la mundialización con reformas institucionales creativas, también nos han impuesto un ajuste contractual.

Quizás la mejor manera de establecer la distinción entre reformas liberales y reformas institucionales es un ejemplo. Entre 1990 y 1993, la relación institucional de Nitlapán con sus contrapartes locales fue ésta:

- Retórica de auto organización, autonomía y desarrollo local.

- Falta de exigencias mutuas debido a la ausencia de reglas de juego claramente establecidas para procesos de corrección y de crítica. Ser así, "blandengues", dejó como resultado una realidad de mutua manipulación en que nosotros intentamos inducir cambios en las asociaciones locales y ellas en nosotros.

- Falta de correspondencia entre los sistemas de control y seguimiento de las contrapartes y los sistemas de seguimiento y control con los que informamos a las agencias internacionales no gubernamentales.

- Intermediación de recursos financieros y transferencia de tecnologías administrativas, organizativas, pe dagógicas y económicas según el desembolso de los recursos externos.

- Mensaje constante a nuestros beneficiarios sobre los pocos recursos que teníamos para ser distribuidos entre ellos.

El resultado de todo esto era poca sostenibilidad social, económica y financiera de los proyectos y niveles bajos de colaboración en el desarrollo local.Entre 1993 95 las cosas cambiaron. La relación de Nitlapán con sus contrapartes fue ésta:

- Difusión de principios de colaboración y de cogestión para lograr la autonomía de las dos partes y búsqueda de la autogestión por etapas predefinidas.

- Dureza en la aplicación de reglas de juego claramente establecidas.

- Mensaje constante de que hay mucho dinero y de que ya está desembolsado en una cuenta para nuestras contrapartes y que sólo hace falta cumplir con las condiciones mínimas del inicio de la auto organización local.

El resultado de todo esto ha sido una expansión de las operaciones generada de forma más espontánea por parte de nuestras contrapartes, rompiéndose así la anterior debilidad caracterizada por focos aislados de desarrollo local subsidiado sin comunicación con experiencias similares en el resto de país.

En síntesis, la diferencia está entre ser blandengue y decir que tenemos pocos recursos o manejar transparencia con dureza y decir que los recursos son muchos y tienen condiciones.

En busca del eslabón perdido

¿Cómo evitar que las contrapartes se vuelvan más sagradas que los criterios del programa? La mundialización va eliminando a los candidatos a ser verdaderas contrapartes de las ONGs internacionales al mismo ritmo que concentra los ingresos. Sin embargo, nuestra experiencia nos está enseñando que para lograr desarrollo local, el compromiso tiene que ser con el territorio y no con las contrapartes.

El proceso más autónomo y autosostenible es el que filtra y rota a los líderes. Quizás, el mejor criterio de evaluación de las agencias internacionales no gubernamentales sería el tiempo promedio que trabajan en un territorio local contrastado con el número promedio de cambios de contrapartes en ese mismo territorio.

Existe hoy en América Latina un nuevo referencial metodológico en los mecanismos institucionales de promoción de autonomía y de sostenibilidad local. Esta metodología incluye la gradualidad, la progresividad especializada y profesionalizada, los tipos de co gestión, los procesos de transparencia, los mecanismos de intercambio y de comunicación y su relación con la coordi nación de esfuerzos, etc. Se trata de una nueva metodología en los estilos de formación aplicada, que supere algunos desgastados métodos de la educación popular.

Lo que hace falta es la sistematización de la experiencia de las etapas del proceso de reforma institucional en el desarrollo local y la sistematización de los primeros experimentos para descubrir así el eslabón perdido que hay entre lo micro y lo macro, entre lo local y lo nacional.

¿Vinculadas a los municipios?

Existe un tema de debate que está implícito en todas las preguntas hasta aquí formuladas. Es el debate en torno a cómo incrementar el movimiento social frente a la actual mundialización, que es verticalista, asimétrica y concentradora.

Existe hoy una moda: ver la solución, el "hilo dorado", en la vinculación de las experiencias de desarrollo local con los procesos de descentralización y municipalización de los Estados latinoamericanos. ¿Es esta moda algo más, una libre opción de la comunidad de ONGs internacionales y nacionales, o es un resultado impuesto por el proceso de mundialización y por el recorte del flujo de recursos Norte Sur?

Sin duda, la descentralización administrativa en varios Estados latinoamericanos es un proceso positivo. Pero debemos ser realistas y críticos antes de proclamar ese proceso como la vía más prometedora para multiplicar los efectos de nuestros programas de desarrollo. La actual descentralización es solamente una reacción al ajuste y en parte, es una manera de soslayar la dureza de los criterios de evaluación del FMI, que exige un incremento de los ingresos del gobierno central y la restricción de sus gastos. La actual descentralización administrativa, ¿no representará en realidad un programa de compensación social disfrazado que re edita el modelo de desarrollo de control estatal, desplazándolo ahora hacia los territorios locales?

No debemos cerrar el camino a la vinculación con las municipalidades, sino reconocer que para muchas ONGs nacionales en general, para las más grandes ha sido un camino para recuperar los déficits ocasionados en sus presupuestos por los recortes de ayuda del Norte. Pero no debemos dejar de reconocer que esta vinculación a las municipalidades ha incrementado la dependencia de las ONGs de las instancias públicas, afianzando así una inserción en el mercado que sólo podemos definir como "paraestatal".

Existen muchas aristas en este debate. Se pueden analizar los procesos de planificación típicos de la descentralización administrativa, que tienden a corresponderse con la planificación por objetivos, por identificación de cuellos de botella, etc. Podemos decir que en estos procesos "se cosecha exactamente lo que se ha sembrado". Pero existe otro estilo de planificación más descentralizado, donde "se cosecha donde no se ha sembrado". Este otro principio de planificación coloca claramente la responsabilidad en manos de la contraparte local y prioriza la expansión espontánea y auto organizada de los actores locales. Es un proceso de planificación que se mueve por la lógica de los resultados progresivos y contiene más democracia que el otro.

Caminar con las dos piernas

Como conclusión, lo más importante es afirmar que sólo el método de crecimiento centrífugo de los focos de desarrollo local alcanzará suficiente fuerza social para detener la avalancha de la mundialización en nuestros territorios y suficiente capacidad negociadora para entablar un diálogo serio y una negociación propositiva con los gerentes de la mundialización.

Existen dos métodos para lograr un incremento de la influencia del grupo meta en el proceso de desarrollo más allá de la localidad. Son las mismas dos piernas de la estrategia de incidencia de la sociedad civil latinoamericana. Los tiempos son difíciles. Son los tiempos del cólera y del ajuste y hay que caminar con las dos piernas, hay que moverlas simultáneamente. Si no, nos vamos a caer.

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