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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 186 | Septiembre 1997
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México

Paso a pasito hacia la democracia

Después del cambio que vive el país tras el proceso electoral, las preguntas clave que siguen vigentes y deben orientar a la oposición, ahora que tiene mayor participación en el poder, son: ¿cuántos participan?, ¿en cuántos sitios?, ¿sobre cuántos asuntos? Sólo cuando la respuestas a estas tres cuestiones sea: "la mayoría", México habrá arribado a la verdadera democracia.

Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro

"Acto fundacional", le llamó Krauze unos minutos después de haber concluido. "Novedad de la Patria", lo calificaron otros. Y aunque suenen un poco grandilocuentes, ambas expresiones apuntan hacia algo que vivimos los mexicanos en la ceremonia del Tercer Informe de Gobierno del Presidente Zedillo, el primer día de septiembre.

Como nunca antes en la historia postrevolucionaria del país, el Poder Legislativo le habló de tú al Presidente de la Nación. Se inauguró así la posibilidad del deseado equilibrio y diálogo entre los poderes de la República. Un paso más en el larguísimo camino hacia la democracia.

El Informe de Zedillo

El Informe del Presidente fue diferente. Bastante diferente en la forma y algo diferente en el contenido. En la forma, cambió el horario, desapareció la liturgia que intentaba enaltecer la figura presidencial verdadero culto de la personalidad , en detrimento de la dignidad del Congreso. No se dieron las "interpelaciones" de la oposición ni el "besamanos" en el Palacio de Gobierno. No vimos, detrás del Presidente, al Jefe del Estado Mayor Presidencial. No asistieron los tradicionales invitados especiales cuerpo diplomático, cúpulas de la iniciativa privada, dignatarios eclesiásticos, séquito de la familia del Presidente, militares, etc. . Fue notable la ausencia, en el recorrido tradicional del Presidente, de vallas de soldados, acarreados, mantas y afiches. Los cadetes del Colegio Militar tampoco acompañaron al primer mandatario. Un escenario, pues, nuevo, inédito.

A pesar de esta grandísima novedad, Zedillo se quedó corto frente a lo que demandaba la ciudadanía y a lo que requería el momento nacional. Su Informe fue sólo de hora y media, y con un esquema sencillo de cinco puntos: 1) Exordio contextual, que alude a las elecciones, a la reforma electoral y a una ética de responsabilidad. 2) Política exterior. 3) Política interior: inseguridad pública y corrupción. 4) Política económica, social y cultural: educación, salud y seguro social, vivienda, campo, empleo y finanzas. 5) Final con proyecciones al futuro.

El Presidente reconoció, por ejemplo, y con realismo, las graves fallas de su gobierno en materia de seguridad pública, en la persecución del delito y en la procuración y administración de justicia. Pero no aportó ninguna idea novedosa para superar estas realidades, como no fuera el aumento de presupuestos a las instituciones que tienen que enfrentar estos problemas. Aparte de reconocimientos obvios, el resto de la pieza presidencial estuvo lleno de lugares comunes, de principios abstractos sobre la soberanía y la justicia social. Y aunque priorizó el informar sobre la salud y la educación, el tono en que habló de todos los derechos económicos, sociales y culturales sonó demasiado optimista.

Lo que no dijo Zedillo

Inexcusables y graves lagunas tuvo el discurso del Presidente. Estuvo ausente Chiapas y el incumplimiento por parte del Presidente, de los acuerdos de San Andrés, entre el gobierno y el EZLN, a pesar de que en esos días ya estaba anunciada la movilización de los zapatistas hacia la capital. Otras omisiones llamativas: ninguna referencia a los derechos indígenas, a los grupos armados, a la política demográfica, al avance del SIDA o a la situación de los derechos humanos. Otros puntos no menos conflictivos se escamotearon también en el mensaje presidencial: los últimos fracasos de la privatización, con el "rescate" bancario y carretero, o las carteras vencidas.

El llamado a hacer de la actual política económica una política de Estado es ilusorio, a pesar del mesurado tono que usó el Presidente al hacer la propuesta. Es justamente la política económica la que ha roto el consenso del Estado y el de los distintos actores políticos del país. Y no porque no haya acuerdo en la necesidad que tiene México de crecimiento económico. Lo que está en cuestión es el modo de crecer y quiénes son los que crecen y los que ganan.

Pareciera que el Presidente de México sigue creyendo que los beneficios del crecimiento de las empresas monopólicas se van a distribuir entre todos los mexicanos y mexicanas como por arte de magia "como en cascada", dicen los artífices de esta política , sin mecanismos compensatorios amplios y precisos y sin políticas de redistribución del ingreso.

Vísperas interesantes

Dos elementos dieron a este Informe un especial interés: uno, el contexto marcado por el acuerdo logrado, en las últimas horas que precedieron a la comparecencia presidencial, entre la alianza formada por los distintos partidos de la oposición PAN, PRD, PVEM y PT y el PRI. El enfrentamiento previo a este acuerdo condujo a una situación jurídico constitucional muy delicada. Afortunadamente, se llegó a un arreglo: los partidos de la oposición cedieron respecto a algunos cambios en el formato del Informe presidencial, y el PRI cedió reconociendo la legitimidad de los procedimientos que realizaron los diputados de la oposición al constituir la 57 Legislatura. Aunque en sesión extemporánea e irregular, los diputados priístas se incorporaron a ella.

El otro elemento que creó expectativas e interés fue el discurso de respuesta al Informe, que debía realizar el presidente de la mesa directiva de la Cámara. Correspondía esta mision a Porfirio Muñoz Ledo, del opositor Partido de la Revolución Democrática (PRD), a quien el PRI quería vetar. Los priístas temían ataques y faltas de cortesía hacia el presidente Zedillo.

El paso no lo dio Zedillo

Es evidente que en su Informe, Zedillo eludió los temas y los tonos que hubieran tensado aún más el ambiente político dentro y fuera del Congreso de la Unión. Lo mismo hizo Muñoz Ledo, que mantuvo una actitud respetuosa y correcta. Pero también Muñoz Ledo esquivó ir a fondo en lo fundamental: la relación que como legisladores quieren con el Ejecutivo. Planteó la equidad, el equilibrio, el respeto y la fraternidad como normas de conducta de las Cámaras frente a la Presidencia.

Muñoz Ledo sí trajo a colación los temas que la ciudadanía esperaba escuchar: la paz en Chiapas, el estado de derecho, los deudores de la banca, las tendencias autoritarias aún presentes en el espectro político nacional, el cambio en el modelo económico. Hubo mérito en el primer mandatario al no arrogarse los créditos por los avances democráticos que se están dando en el país. En México, él y todos sabemos que la transición la estamos realizando los ciudadanos a pesar y en contra del partido en el gobierno y del régimen actual. Lejos está Zedillo de ser el Adolfo Suárez de la transición española o el Frederick De Clerck de la transición sudafricana. El y todos sabemos que no ha sido el Presidente quien se ha puesto al frente del cambio democrático. A lo sumo, lo ha padecido y ha actuado como el fiel de una balanza.

Por esto, después de la ridícula actuación de los diputados de su partido, al tratar de impedir que la oposición ejerciera en la Cámara la mayoría que ganó en las urnas, hubiera sido insultante que Zedillo hubiera reivindicado para el PRI y para sí la gloria de los logros democráticos. La ceremonia del 1 de septiembre de 1997 marca el fin de los informes "imperiales". Más allá de los contenidos y de las omisiones, fueron trascendentales en esta ocasión las formas republicanas: un diputado de la oposición dándole la palabra al ciudadano presidente, un presidente que escucha a la oposición, un Congreso plural y autónomo, una oposición con vocación de estadista...

Política social: paso errado

Mucho camino queda por andar todavía. Y esta ceremonia fue sólo un paso más en el largo camino de la transición política. El próximo gran reto a enfrentar continúa siendo la profundizacion en la reforma del Estado y la rectificación en la política social.

Sobre la política social el horizonte es preocupante. Antes de las elecciones del 6 de julio, el presidente Zedillo y su gabinete económico dieron un paso más, pero esta vez en el camino que les dejó trazado Carlos Salinas de Gortari. Y lo dieron exactamente sobre las huellas dejadas por su antecesor, al inaugurar PROGRESA (Programa de Educación, Salud y Alimentación), digno heredero del programa PRONASOL de Salinas. El titular de la Secretaría de Desarrollo Social, Carlos Rojas Gutiérrez, aseguró y reaseguró que el nuevo programa "contra la pobreza" no será ni asistencialista ni paternalista ni será desviado de sus objetivos iniciales hacia fines electoreros, lo que significa un reconocimiento implícito de que PRONASOL era todo esto.

¿Qué garantías?

Pero, ¿quién garantizará y cómo lo garantizará que PROGRESA no volverá a ser así? Cuando se aplicó PRONASOL, el PRI Gobierno tenía la mayoría absoluta en ambas Cámaras y su poder político era prácticamente total. Y aún en ese contexto y en esas circunstancias, hubo corrupción en ese programa. Ahora que el PRI y el gobierno han perdido una buena parcela de poder ante la oposición, que el propio Presidente tuvo que encabezar la campaña priísta, que la pobreza y el descontento social han aumentado y que aparecen ya en el horizonte político las próximas elecciones presidenciales, ¿quién y cómo garantizar que el nuevo programa de asistencialismo gubernamental tenga un uso adecuado y sin desviaciones?

Aspirina para un cáncer

Pero esto no es lo más importante. Lo de mayor importancia es que PROGRESA no va a ir ni podrá ir a las causas de la pobreza extrema en México. Sólo es y será un paliativo, una aspirina para una sociedad que padece del cáncer de la pobreza extrema. Solamente va a mitigar un poco algunos de sus efectos. El presupuesto otorgado a este programa es de 1 mil 200 millones de pesos, con los que se pretende "abatir rezagos y superar la pobreza" en esos tres rubros: educación, salud y alimentación.

Tres pesos diarios

En cuanto a la educación, el programa busca según el mismo Rojas "mejorar la oferta educativa y la calidad de la enseñanza; asignar becas,vinculadas a la asistencia a la escuela de cada uno de los niños que cursen del tercer año de primaria al tercero de secundaria, así como la adquisición de útiles escolares". Respecto a la salud, se habla de un paquete básico de servicios especialmente de cuidado y prevención y de evitar la desnutrición infantil. Y en relación al "complemento alimentario" se contará con un apoyo de 90 pesos mensuales, canalizado a través de las madres de familia.

Las cuentas optimistas del gobierno suponen ¡confesión explícita! que hay 17 millones de mexicanos en situación de extrema pobreza. El INEGI había dado una cifra más alta: más de 20 millones. Pero, aun con la cifra más baja, el asombro es justificado: el gobierno de México va a "mejorar sustancialmente" las condiciones de alimentación de esta población, otorgando 90 pesos mensuales, es decir 3 pesos diarios, a cada madre de familia. Si no fuera tan grave y trágica la realidad de estas mexicanas, podría pensarse que se trata de una broma de mal gusto. ¡Tres pesos diarios! Equivalen a menos de 50 centavos de dólar al día...

Primero "hizo los pobres"

Para "mejorar sustancialmente" las condiciones de educación de toda esta gente, el gobierno mexicano muy generoso también aquí proporcionará becas mensuales de 170 200 pesos a los niños que los necesiten. Si con 3 pesos diarios se "mejorará sustancialmente" la alimentación de una familia, con 170 200 pesos mensuales puede pensarse que ajustará para construir escuelas en los sitios donde no haya, para reparar y agrandar las que ya existen, para la formación de maestros y sus sueldos, para construir bibliotecas, campos deportivos, viajes de estudio, etc., etc. Otro tanto podría decirse sobre el apoyo a la salud. Todo esto, si es que la corrupción no evita que los mil 200 millones de pesos lleguen íntegros a su destino.

PROGRESA, el paliativo populista, asistencialista y ojalá que no, electorero , es, en realidad, la confesión implícita del gobierno de que su modelo neoliberal es, por sí mismo, totalmente incapaz de desterrar, y ni siquiera de disminuir, la pobreza extrema en México. Existe un antiguo verso de la tradición popular que se creó en ocasión de la inauguración de un hospital de beneficencia y que podría aplicarse con propiedad para darle la bienvenida a PROGRESA: "El señor Don Juan de Robres / con caridad sin igual /hizo hacer este hospital/ ... y primero hizo los pobres".

Como en un film de Hitchcock

Las tareas pendientes son enormes. La masiva participación de la sociedad mexicana que acudió a las urnas el 6 de julio, las declaraciones de los diferentes partidos contendientes, el profesionalismo y eficacia de los medios de comunicación y el papel jugado por las autoridades electorales y por el titular del Ejecutivo, muestran un grado de civismo político sin precedentes en la historia nacional, que augura amplias posibilidades para el ejercicio de la democracia en México.

Luego de las elecciones del 6 de julio el optimismodemocrático se desbordó a lo largo y ancho del país. Y aún persiste ese optimismo. No es para menos. La ciudadanía logró derrotar a la poderosa maquinaria del Partido de Estado. Sin embargo, aún ese mismo día todos sabían la enormidad de lo que queda por hacer. Jorge Alonso, Consejero Electoral en Jalisco, confesó después de las elecciones que se sentía como en una película de Hitchcock, justo después de haber derrotado al gran monstruo. Feliz, pero con la angustia de que, una vez que los protagonistas se descuiden, el monstruo pueda resurgir. Y es que el presidencialismo conserva todavía el control de la Cámara de Senadores, del Poder Judicial y de todas las Secretarías de Estado.

¿Hacia dónde los nuevos pasos?

El triunfo electoral y los pasos positivos que reflejó el inicio de la actividad legislativa constituyen un avance hacia la democracia. De eso nadie duda y de esto todos se congratulan. Pero, ¿hacia dónde dirigir ahora los pasos? La clave para un proceso de transición democrática es que estos avances se aprovechen en un sentido estratégico, dentro de un proceso de acumulación de fuerzas democráticas.
Desde esta perspectiva, no se trata sólo de demostrar que la oposición es capaz de gobernar. Se trata, sobre todo, de enfocar las fuerzas en tres direcciones centrales:

- Hacia la ruptura del corporativismo de Estado y hacia el establecimiento de una cultura de participación y pluralidad.

- Hacia la ampliación de las alianzas de los distintos sectores sociales que tienen intereses democráticos.

- Hacia la cohesión y creación de identidad del sujeto social que pueda impulsar un nuevo pacto federal.

Los pasos que faltan

Todos concuerdan en que en una democracia deben existir condiciones que aún no existen en México:

- Un bajo nivel de exclusión social (y el neoliberalismo que se aplica en México y en todo el mundo es esencialmente excluyente).

- Un efectivo control de los electores sobre los elegidos (y prevalecen aún en México concepciones y prácticas "delegativistas").

- Congruencia entre la legislación y la realidad. Es decir, la plena vigencia del estado de derecho.

- Un bajo nivel o la ausencia total de prácticas autoritarias y represivas por parte del Estado.

- Posibilidad de mediación y gestión de los conflictos sociales, orientadas hacia la construcción de consensos.

- Garantía de información alternativa sobre aquello que la sociedad debe decidir.

- Protección del sistema de justicia a los grupos más débiles y vulnerables de la sociedad.

- Un verdadero equilibrio de poderes.

Todas estas características de una sociedad democrática están muy lejos de estar presentes en el tejido social mexicano. La desigualdad social y la fragmentación política atentan contra la democracia. Las preguntas clave que siguen vigentes y deben orientar a la oposición ahora que tiene mayor participación en el poder son: ¿cuántos participan?, ¿en cuántos sitios?, ¿sobre cuántos asuntos? Sólo cuando la respuestas a estas tres cuestiones sea: "la mayoría", México habrá arribado a la normalidad de la democracia.

El paso de los zapatistas

Un proceso electoral exitoso, no hace por sí mismo democrática a ninguna sociedad. Es cierto que sin procesos electorales democráticos no puede haber democracia, pero la democracia no puede reducirse a un conjunto de mecanismos o de procedimientos.

El concepto de democracia es un concepto en disputa. Su significado concreto se va definiendo en cada situación y en cada tiempo. En este fin de siglo es a la mayoría, a los pobres y a los excluidos a quienes les corresponde definirlo y hacerlo propio. Omitidos en el discurso presidencial, pero más que nunca presentes en la nueva realidad de México, los indígenas zapatistas decidieron dar también un paso más en dirección a la democracia, que significa participación y no exclusión.

El 9 de septiembre, mil ciento once miembros del Frente Zapatista de Liberación Nacional iniciaron una marcha hacia la capital, que debe concluir el 12 de octubre en la Plaza del Zócalo, en donde exigirán la desmilitarización de Chiapas y el cumplimiento de los acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena.

En el camino se les unirán miles de indígenas de otras zonas del país. Los zapatistas van con el rostro cubierto con sus pasamontañas negros, pero sin sus armas. "Quieren poner al descubierto si hay o no democracia en México", dijeron los que les acompañan en esta histórica marcha.

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