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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 184 | Julio 1997
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Nicaragua

¿Diálogo nacional o monólogo liberal?

¿A qué apuesta el gobierno en el Diálogo Nacional? ¿Y a qué apuesta el FSLN con las protestas callejeras? Más allá de las imágenes, Nicaragua urge de realidades: compromisos concretos, espacios de participación para todos.

Equipo Nitlápan-Envío

En este mes, el FSLN habló de la posibilidad latente de "derrocar" al gobierno, mientras otros sectores buscaban moderar la tendencia autoritaria del gobierno y se generalizaba la sensación de que el implacable transcurso del tiempo puede estarnos llevando a la institucionalización de la propuesta antidemocrática del liberalismo alemanista.

Una encuesta realizada en mayo por Borge y Asociados, la misma empresa que predijo el triunfo de la Alianza Liberal, indica que si los nicaragüenses volvieran a votar, sólo un 31% lo haría por Arnoldo Alemán, un 20% menos de los votos que contabilizó hace sólo ocho meses. En este contexto, ¿que puede esperarse del Diálogo Nacional?

Diálogo: ¿estrategia o táctica?

Cuando el 9 de junio el Presidente Arnoldo Alemán convocó a todos los partidos políticos y a la sociedad civil a un Diálogo Nacional, los perfiles de este evento aparecieron difusos. En esos mismos días, los diálogos políticos sectoriales que desde hacía un mes llevaba adelante el gobierno con gremios y organizaciones sociales sandinistas o cercanas al sandinismo, hacían crisis de forma lamentable. Y entraron en crisis precisamente porque de la inicial voluntad de diálogo para llegar a acuerdos y firmarlos, expresada por el Presidente, estos diálogos o mesas de trabajo habían ido evolucionando hacia encuentros cada vez más espaciados donde se desarrollaban conversaciones cada vez más tensas en las que no se firmaba ni concluía nada. Cuando la crisis en las cuatro mesas de trabajo gobierno sandinismo pareció irreversible, la dirigencia del FSLN comenzó a hablar de iniciar de inmediato una segunda fase de la "protesta nacional" desarrollada en abril ("crisis de los tranques"), para continuar rechazando la política y también la falta de políticas del gobierno.

Fue en este tenso marco que el Presidente Alemán anunció que convocaba a un Diálogo Nacional. Aunque sonaba a decisión improvisada, había aún espacio, y deseos, para creer que el Diálogo pudiera ser el primer paso de un giro gubernamental, que ampliara el espectro de los interlocutores, abandonando el difícil diálogo bilateral con los sandinistas. Si ésta hubiera sido la estrategia del gobierno, era plausible. Con el Diálogo se le evitaba al país el desgaste económico y político de nuevas "asonadas" y se iniciaba un proceso de acercamiento, para la concertación, con todas las fuerzas nacionales, incluido el sandinismo. De ser así, por fin llegaba la hora de que Alemán cumpliera su consigna electoral: "Juntos hagamos el cambio". De ser así, el Diálogo aparecía como la oportunidad de iniciar una rectificación en el rumbo autoritario, intolerante y confrontativo que ha estado caracterizando desde enero a la gestión alemanista.

¿Por qué no ir?

Desde el primer momento, el FSLN expresó un total escepticismo ante el anuncio. Con bases objetivas: la credibilidad del gobierno estaba notablemente erosionada. Y en base a intereses partidarios: el anuncio del Diálogo desmovilizaba las nuevas protestas que ya estaba organizando el sandinismo y el carácter multilateral del diálogo le restaba protagonismo opositor al FSLN. Diversas fuerzas políticas cuestionaron el escepticismo que mostraban los sandinistas y los instaron a participar, haciendo votos para que también los no sandinistas superaran sus dudas y resaltando, naturalmente, la importancia del diálogo como única vía razonable para resolver juntos los graves problemas de Nicaragua. Nadie, ni el más antidialogante de los políticos, se atreve nunca a criticar cualquier propuesta de diálogo.

En una reunión con Envío, la prestigiosa dirigente conservadora Miriam Argüello planteaba así su posición sobre los escepticismos sandinistas frente al Diálogo: "A veces, uno es convocado a un diálogo y no ve muchas razones para acudir. Pero acude. Yo les recordaba aquel diálogo al que el FSLN nos convocó en 1988 a 14 partidos de oposición, algunos de ellos pertenecientes a la Coordinadora Democrática. ¿Para qué íbamos a ir?, decíamos. Pero fuimos. Y sentados aquellos 14 partidos, algunos que ni nos conocíamos, fuimos descubriendo que éramos capaces de encontrar coincidencias. Esas coincidencias se fueron plasmando en 17 reformas que sostuvimos debían hacerse a la Constitución. Se las exigimos al gobierno, pero los sandinistas nos dijeron: "Si quieren reformas, ganen el poder". Aquel diálogo duró un mes y su fruto principal fue un resultado no previsto: los 14 partidos seguimos reuniéndonos, seguimos reflexionando y haciendo planes juntos, hasta formar lo que después fue la UNO. Y al fin, eso le costó el poder al FSLN. Por eso, yo digo que el FSLN debe ir y aunque las expectativas de ellos, y las de muchos de nosotros, sean pocas, al final quién sabe qué puede salir de ese diálogo. Podría pasar como en el 88..."

Quince días después, Miriam Argüello ya no pensaba así, ya no veía en el diálogo convocado por el Presidente una oportunidad abierta sino un simple oportunismo gubernamental para mejorar una imagen seriamente dañada por políticas erradas y erráticas. "El gobierno es el que ha ido desvalorizando el diálogo que él mismo convocó", nos dijo preocupada la ex Presidenta de la Asamblea Nacional.

¿Quiénes van?

El Presidente Alemán fue limitando día a día los alcances reales del Diálogo a la vez que buscaba ensanchar sus alcances de imagen. En los primeros momentos dijo que invitaría a representantes de todos los organismos de la sociedad civil, lo que ciertamente hubiera hecho del evento un caos si acudían los más de mil ONGs que existen en el país. Esta posibilidad se esfumó enseguida: se supo que, de la sociedad civil, sólo invitaría a los sindicatos reconocidos por la OIT, a las cámaras empresariales del COSEP, a dos universidades estatales y a dos privadas, a la Iglesia católica, al CEPAD y a la Alianza Evangélica y a las dos asociaciones nacionales de periodistas.

Anunció al comienzo el Presidente que invitaría a todos los partidos con personería jurídica. Son más de 30. Pero pronto esta invitación también se redujo: sólo podrían llegar los que tienen representación parlamentaria. Son 11, y prácticamente todos ellos están ya vinculados, por chantajes o prebendas económicas, al proyecto del liberalismo alemanista, según se ha venido comprobando en la Asamblea Nacional, ese primer poder del Estado que debería de ser y no lo está siendo el espacio institucional y privilegiado para un permanente diálogo nacional.

Una interpretación peligrosa

Uno de los primeros argumentos con los que los dirigentes del FSLN empezaron a rechazar el Diálogo fueron los procedimientos para convocarlo, prepararlo y organizarlo. Unilateralmente, el gobierno decidía el cuándo y el con quiénes del diálogo sin previos sondeos ni consultas. Sin cortesía. "De forma atropellada", señaló el Secretario General del FSLN, Daniel Ortega.

El gobierno apareció decidiendo, también unilateralmente, el qué del Diálogo, sus contenidos. Algunas fuentes gubernamentales hablaron de la "agenda máxima" que el gobierno llevaría al encuentro. Tendría siente puntos: empleo, producción e inversión, recursos naturales, seguridad ciudadana, educación, gobernabilidad y reforma del Estado, propiedad. Pero unos días después, el Presidente Alemán visitaba a Etica y Transparencia el grupo de observación electoral que se estrenó como observador nacional en las pasadas elecciones para contratarlos como moderadores del diálogo, dándoles también la tarea de que confeccionaran la agenda a debatir.

El diseño del diálogo no sólo pecó de unilateral. También de incoherencia. Esto se hizo evidente cuando el Vicepresidente Enrique Bolaños declaró que aquello a lo que el gobierno estaba convocando no era un diálogo, sino un simple conversatorio, un intercambio de criterios. Y repitió una vez más una idea arraigada en los más altos funcionarios del gobierno y que ha marcado todas sus actitudes y decisiones: "El diálogo dijo Bolaños ya se dio, y se dio con el pueblo en las votaciones del 20 de octubre".

La gobernabilidad de la que actualmente tanto se habla, presentándola como el ideal a alcanzar no es la democracia. Un país puede ser gobernable y no ser democrático. Al revés, sí: la democracia es la base sólida de una positiva gobernabilidad. En el caso de la actual Nicaragua, en manos liberales, el que el Vicepresidente Bolaños, el propio Presidente y tantos otros funcionarios interpreten el 50.9% de los votos recibidos o contabilizados en las urnas como una carta blanca con la que eludir la búsqueda de consensos, búsqueda en la que hay que escuchar y ceder; el que lo interpreten como un permiso incondicional para entronizar la intolerancia, está alejando al país no sólo de la democracia, también de la gobernabilidad. La interpretación del resultado electoral que hacen los liberales, vinculada a su obcecado antisandinismo, está haciendo ingobernable a Nicaragua.

¿Sólo un compromiso moral?

El propio gobierno terminó de desvalorizar su diálogo con el anuncio de página entera que publicó la Presidencia de la República en los periódicos el 23 de junio. La explicación sobre el contenido del diálogo era extremadamente vaporosa: "El Gobierno de la República ha invitado a un diálogo nacional en el cual, mediante un libre intercambio de sugerencias y recomendaciones, fijar los términos de la Agenda Nacional. El objetivo central de este diálogo nacional es conocer el sentir de los más variados líderes políticos y personalidades de la sociedad civil organizada, respecto a la identificación y solución de los problemas nacionales de hoy y del mañana... El diálogo producirá un consenso sobre el país que deseamos y sus resultados consistirán en una suma de recomendaciones para lograrlo, dando paso a un compromiso nacional para enfrentar con éxito su futuro... Los resultados del diálogo no se medirán con la firma de documentos de compromisos particulares. Todos asumiremos, en las recomendaciones, el compromiso moral de darle a nuestro país un cauce de viabilidad para el bienestar y el progreso..."

A partir de este anuncio oficial, muchos sectores se sumaron al FSLN externando dudas, críticas y objeciones a la propuesta gubernamental. Entre ellos, los sandinistas del MRS. ¿Libre intercambio de sugerencias y recomendaciones en vez de compromisos concretos y acuerdos firmados? A estas alturas de la crisis nacional, ¿reunirse para conocer el sentir de líderes y personalidades, cuando a diario se hacen públicos esos sentires? A estas alturas, ¿identificar problemas o solucionarlos? A estas alturas, ¿consultar generalidades y asumir compromisos morales cuando son urgentes los problemas concretos y los compromisos específicos?
Provocación en las vísperas

Si hubiera existido en Nicaragua un liderazgo que hoy no existe, la mejor respuesta ante la vaguedad del anuncio presidencial, hubiera sido que todos los convocados al Diálogo se hubieran unido y, antes de asistir al evento, hubieran enviado a la Presidencia la Agenda Mínima que hace ocho meses firmaron casi todos los sectores sociales y todos los sectores representados en todos los partidos políticos, a excepción de Arnoldo Alemán, que hizo ostentación de quedarse fuera de aquel histórico consenso nacional.

La Agenda Mínima es precisamente eso: una detallada identificación de problemas y una suma de sugerencias para fijar los términos de la agenda nacional. (envío, septiembre 96). Nadie lo hizo. ¿Alguien lo propuso? No existe en este momento en Nicaragua ni un liderazgo ni un objetivo común que logre aglutinar a los firmantes de ayer para presentar hoy al gobierno una posición unificada.

Pero, lo más grave y contradictorio fueron los pasos dados por el gobierno en las vísperas del Diálogo. Cuatro días antes de la ceremonia de su instalación, la Directiva de la Asamblea Nacional burdamente controlada por el Presidente Alemán decidió someter a votación la aprobación o el rechazo al veto con el que el Presidente se opuso a que se entregara a las universidades estatales el 6% del presupuesto nacional, según lo establece la Constitución, contabilizando esa cantidad sobre el total del presupuesto, incluidos los ingresos ordinarios y también los extraordinarios.

Como en otras polémicas votaciones ocurridas en el Parlamento en estos meses elección de cargos en la Asamblea, Ley Tributaria, el mismo Presupuesto 97, etc. el Presidente logró "amarrar" económica y políticamente de previo los votos de tantos diputados de partidos no liberales como necesitaba para que su veto resultara victorioso. Con un número ya fijo de diputados de partidos no liberales leales al Ejecutivo, hay otros votos que siempre fluctúan, según lo que se esté votando. "Ahora, los diputados no venden su voto, lo alquilan", se ha oido decir.

En ocasión del voto sobre el veto presidencial al 6% para las universidades, dos votos favorables y una abstención de los diputados del partido Camino Cristiano fueron los que inclinaron la balanza a favor del Presidente. Días después, el diputado del FSLN, Bayardo Arce, detalló cuál habría sido el chantaje económico ejercido sobre los diputados evangélicos.

Leña al fuego

La aprobación del veto presidencial en la Asamblea Legislativa fue un chorro de fuego sobre un barril de pólvora y esa misma noche estallaron las protestas estudiantiles, que fueron más airadas y sostenidas que en ocasiones anteriores. Varios puntos de Managua se convirtieron durante varios días en el escenario de batallas campales entre estudiantes y policías antimotines. Era de esperar.

Resultó de una torpeza difícil de entender el someter a votación el veto al 6% en vísperas de un Diálogo Nacional que la Presidencia presentaba con bombos y platillos como solemne prueba de su voluntad de consenso. Y si el Diálogo era mucho menos que eso, si era una simple maniobra táctica con objetivos antisandinistas, la aprobación del veto causó y se sabía el efecto contrario: hizo estallar las protestas callejeras y le dio nuevo impulso protagónico al sandinismo. Si el Diálogo hubiera sido pensado realmente como una estrategia de paz, la prudencia, la habilidad política y la sensatez, recomendaban al Presidente posponer la votación de su veto en la Asamblea. Más aún, le recomendaban renunciar al veto e iniciar una negociación con las universidades. Para echar arena al fuego. Pero el Presidente decidió echarle leña.

Estas provocaciones se están haciendo costumbre. La inflexibilidad, acompañada de declaraciones llenas de sarcasmo y sonrisas, se ha vuelto rutina. El gobierno, además de tener una clara tendencia autoritaria e intolerante, tiene la clara intención de no ocultarla. Provoca. ¿Torpeza política o actitud calculada? ¿Estilo atropellado y atropellante o medición de fuerzas para saber quién resiste a la presión autoritaria y quién no? En sus pasos iniciales, la estrategia de todas las dictaduras incluye esta calculada medición de fuerzas. Todas consumen un tiempo en este pulso político.

6%: lucha histórica y símbolo

Importantes sectores del FSLN deseaban que se encendiera la chispa del 6%. Porque es una de las que arde con más vigor. La lucha por el 6% universitario es histórica, se remonta a los tiempos del somocismo. Desde hace cinco años, el reclamo del 6% universitario ha sido el más polémico entre los abundantes temas financieros que dominan la escena y el que ha movilizado más sostenidamente a los jóvenes de todo el país durante más largas etapas. Y no sólo a ellos, sino a sus familias, a su entorno social. El 6% es una bandera que levanta a muchísimos. Es lógico. En un país tan empobrecido y de futuro tan incierto, uno de los "sueños" más reales y legítimos de miles y miles de familias pobres es que sus hijos se preparen bien "para que vivan mejor que nosotros". Que lleguen a la universidad. Llegar a la universidad es acceder a una especie de tierra prometida. Pero a la única universidad a la que podrían llegar los pobres es a la universidad pública, a la subsidiada estatalmente.

El 6% es un problema financiero, económico, político, jurídico, social. Es también un símbolo. Por eso, resulta imposible hacer un análisis basado exclusivamente en cifras. Es necesario recordar, una vez más, algunos de los aspectos de este debate. Resumimos algunas de las ideas del análisis que hicimos hace año y medio (envío, enero febrero 96).

Un presupuesto nada transparente

En agosto de 1992 la Asamblea Nacional aprobó la ley 151, que hacía la "interpretación auténtica de la ley de autonomía de las instituciones de educación superior". Interpretaba la ley 89, de abril 90. Al hacer esa interpretación, la ley 151 estableció que el aporte del Estado a las universidades no podía ser menor del 6% del Presupuesto nacional de ingresos y que "debe calcularse sobre el total de los ingresos ordinarios y extraordinarios independientemente del origen de estos ingresos".

Con la aprobación de esta ley, los diputados estaban bastante conscientes de que esa ley era prácticamente inaplicable, dados los recursos de que dispone el país y dada la presión que sobre los recursos del país tienen los organismos financieros internacionales. Pero, en aquel tiempo, de lo que estaban más conscientes era de que la ley era inservible en la práctica, porque en esos años, y a causa del hiperpresidencialismo de la Constitución, la Asamblea Nacional no tenía ningún control efectivo sobre el presupuesto nacional ni siquiera lo lograba conocer con precisión.

Con las reformas constitucionales, la ley 89 y en consecuencia, la ley 151 "de interpretación auténtica" adquirieron rango constitucional. Y como consecuencia de las reformas, la Asamblea empezó por fin a tener control real sobre el presupuesto. Durante casi todo el período del gobierno Chamorro, el Ministerio de Finanzas utilizaba la real dificultad económica que tenía para entregar tan alta cantidad de dinero a las universidades como una excusa para presentar a la Asamblea presupuestos nada transparentes, siempre "disfrazados", en los que no se informaba de los ingresos reales del país.

Con esta y otras excusas, y hasta 1995, el Ejecutivo envió al Legislativo un presupuesto reducido para que los diputados lo aprobaran, pero después ejecutaba un presupuesto expandido. Ya con las reformas constitucionales, y tras años de disgusto institucional expresado por el FMI ante esta maniobra, el Fondo exigió al gobierno el presentar un presupuesto real y transparente. No para que diera el 6% con el que tampoco está de acuerdo el FMI sino para que las cuentas estuvieran claras y se pudiera aplicar mejor el ajuste estructural. El gobierno Chamorro tuvo que hacer transparente el presupuesto, pero pretendió obviar la ley, resistiéndose a entregarle el 6% a las universidades. De hecho, no lo entregó.

Argumentos discutibles

El gobierno Alemán ha mostrado la misma resistencia. Y ha usado similares argumentos a los que usó el gobierno Chamorro. Aduce que la educación universitaria es menos rentable que la primaria y que las universidades son ineficientes, e intenta presentar como "elitista" la educación superior. Hace eco a los ideólogos de los organismos financieros internacionales, que recorren América Latina vendiendo esas ideas, tratando de demostrar que lo que se le da a las universidades se le quita a los niños y niñas de primaria.

Los liberales añaden otros argumentos, con el infaltable toque de antisandinismo: los estudiantes que reclaman el 6% son "vagos y agitadores sandinistas" y los rectores de las universidades estatales, que son "reductos del FSLN", "se dan la gran vida" a costa del 6%. Y como han proliferado en el país las universidades privadas al menos, hay ya 14 que funcionan sin autorización del Consejo Nacional de Universidades presentan a las privadas como "mejores", "más serias" y "más rentables" que las universidades públicas. Algunas de estas universidades están estrechamente vinculadas a la cúpula liberal.

El argumento más usado por ambos gobiernos para reducir la cantidad del 6%, sacando del cálculo los "ingresos extraordinarios" del Presupuesto es especialmente demagógico: "¿Cómo, si el gobierno de un país amigo nos dona dinero para un hospital, vamos a quitárselo a los enfermos y dárselo a la universidad? ¿Cómo si nos dan un crédito para pupitres de escuelas primarias, vamos a quitárselo a las criaturas, que no tienen ni dónde sentarse, para entregárselo a las universidades?" Durante años Nicaragua viene oyendo esta falacia.

Naturalmente, hay en el presupuesto recursos externos atados a proyectos concretos. Y hay otras formas de cooperación externa: transferencias, donaciones, préstamos, etc. Pero, en razón de lo que los especialistas llaman la fungibilidad de la ayuda externa, el que la cooperación internacional financie tal o cual proyecto público le permite a Nicaragua utilizar los ingresos propios los que entran, por ejemplo, por la vía de los impuestos para otros gastos que no se podrían cubrir sin dicha ayuda.

Indirectamente, la ayuda externa financia cualquier actividad o gasto público. Es lógico: si las actividades socialmente necesarias se hacen con ayuda externa, el presupuesto público puede dedicarse en mayor medida a otras cosas. El empeño en insistir en que "la ayuda externa no se puede tocar" que tanto repitió el anterior Ministro de Finanzas, Emilio Pereira, y que reitera hoy el Presidente Alemán intenta encontrar eco en la sensiblidad popular. Y puede encontrarlo, porque la economía doméstica, la de una familia, no es fungible: a cada ingreso le corresponde un gasto preciso y de esa forma se equilibra el presupuesto doméstico. Pero en ningún Ministerio de Finanzas, ni en el de un país tan singular como el nuestro, es esa forma de contabilidad primitiva la que se emplea.

¿Derrocar al gobierno?

Cobijado bajo la bandera del 6% un sector del FSLN está apostando a iniciar "una insurrección popular", a profundizar la inestabilidad, a capitalizar el descontento que ha cosechado el gobierno de Arnoldo Alemán en su primer medio año de mandato. El FSLN busca cómo dar forma de protesta masiva y callejera a la protesta diaria que en el Legislativo provocan las arbitrariedades del Ejecutivo que, decisión tras decisión, ha hecho del Parlamento su sucursal, marcando un estilo de gobernar que no es sólo presidencialista sino de un presidencialismo avasallador y autoritario, que provoca inestabilidad.

Pero pérdida de popularidad del Presidente no necesariamente significa apoyo a la profundización de esa inestabilidad. Hay un rechazo generalizado por cansancio, escepticismo y desmoralización frente a los políticos a los métodos de lucha callejera como vía para expresar los reclamos sociales y políticos. En la más reciente encuesta del Instituto de Estudios Nicaragüenses (IEN), realizada a comienzos de abril, esto se pone de manifiesto. Más de un 70 80% de los encuestados "desaprueban totalmente" formas de protesta como la invasión de propiedades privadas, los cierres de calles y carreteras y las tomas de fábricas, edificios y oficinas. El 77.5% dijo "desaprobar totalmente que haya personas que participen en grupos para derrocar al gobierno electo."

En el actual contexto, cuando el diálogo parlamentario se ha convertido en un monólogo entre los liberales alemanistas, cuando el FSLN no está dialogando aún honestamente con el resto de la oposición al liberalismo o cuando ese resto de la oposición no dialoga aún con el FSLN, porque ha perdido la credibilidad en muchos de los dirigentes sandinistas, el Diálogo Nacional puede terminar siendo un monólogo liberal.

¿Hacia dónde vamos?

Si los años del gobierno chamorrista polarizaron extremadamente a un país que recién salía de la polarización que causa una guerra, entre unos muy pocos enriquecidos y muchísimos empobrecidos, seis meses de gobierno liberal están contribuyendo a una extrema polarización entre el sandinismo y el antisandinismo, exacerbado este último en la atmósfera que busca crear el nuevo gobierno y el propio Presidente.

El Diálogo Nacional inició en un ambiente dramático de altercados callejeros por el 6%. Y de altercados verbales. El Presidente Alemán declaró que "los sandinistas no van al diálogo porque están más interesados en llorar para que les demos un mártir, porque eso es lo que le gusta a todas las izquierdas: estar cargando ataúdes" El dirigente del FSLN, Daniel Ortega, acusó a Alemán de "mentiroso y guatusero", admitiendo que "derrocar al gobierno" es una inquietud que está planteada" entre los sandinistas.

Mientras se profundiza la polarización, el marco económico nacional sigue sellado por una dramática urgencia, una urgencia que rebasa los plazos de cualquier diálogo. El gobierno no da a conocer su plan económico, no se sabe siquiera si lo tiene, e insiste a toda costa en rehacer el capital de los "náufragos" de 1979. Y, aunque el Fondo Monetario descartó ya el firmar el acuerdo ESAF II con el gobierno hasta 1998 acuerdo que serviría para que entraran al país recursos líquidos , Nicaragua seguirá endeudándose y pagando un servicio de deuda externa insoportable, de unos 250 millones de dólares, que representa una tercera parte de su producto interno bruto.

¿Africanizándonos?

¿Hacia dónde vamos? Un país se "somaliza" o se "africaniza" según el más reciente lenguaje político cuando la desnutrición y el desierto se instalan irreversiblemente en su población y en sus tierras. La cuarta parte de los niños de Nicaragua sufre de desnutrición severa, han dicho las fuentes de la ONU a través de la UNICEF. También Naciones Unidas, a través de la CEPAL, advirtió en la reciente Cumbre de la Tierra que Centroamérica y en lugar especial, Nicaragua va camino de convertirse en un inmenso desierto en sólo 20 30 años. Un país se "somaliza", sobre todo, cuando los intereses de los distintos sectores sociales y partidos políticos que pudieran enfrentar estas tragedias se desencuentran tanto que la nación se "tribaliza", haciéndose imposibles los consensos, anulándose los liderazgos, imponiéndose una competitividad destructiva sobre cualquier forma de cooperación. Cuando todos se acostumbran a convivir con la "cultura" del oportunismo y del cortoplacismo. Es lo que ya le está pasando a Haití. Es lo que le puede pasar a Nicaragua.

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