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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 182 | Mayo 1997
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Nicaragua

La urgencia de un contrato social

Antisandinismo y antisomocismo: dos "demonios familiares" de los nicaragüenses. Superar estos "demonios" es el primer paso para acordar entre todos un contrato social que nos saque del mapa de la crisis y nos coloque en el mapa del futuro.

Xabier Gorostiaga

Pretender ser constructivo y propositivo al evaluar los primeros 100 días del nuevo gobierno es una tarea difícil, pareciera ser una tarea imposible. hagamos el esfuerzo desde una perspectiva ética, donde el drama de la mayoría de nuestro pueblo, de los desempleados y excluidos, de las mujeres y de los niños y las niñas, sean la motivación fundamental.

Alemán no es el símbolo que doña Violeta fue

La Alianza Liberal llegó al poder después de un cuestionado proceso electoral, respaldada por alianzas políticas con más intereses antisandinistas que proliberales y con fuertes compromisos que condicionaban el carácter de la misma Alianza. A pesar de estos cuestionamientos, se debe reconocer que el gobierno del Presidente Arnoldo Alemán es un gobierno legítimo, es el gobierno de Nicaragua y hay que darle la oportunidad de que sea parte de la solución de la crisis nacional.

Hoy, al igual que durante el gobierno de Violeta Chamorro, los dos polos de la confrontación política nacional persisten, con el agravante de que el doctor Alemán no es el símbolo que doña Violeta fue y trató de ser, con ingentes esfuerzos, para encabezar un intento de reconciliación nacional.

Lo que hizo popular a Arnoldo Alemán en las elecciones y le permitió obtener una sustancial mayoría fue su antisandinismo. Antisandinismo que hoy representa su principal limitante para gobernar. La Alianza Liberal obtuvo un claro apoyo de la jerarquía de la Iglesia Católica, que jugó un papel importante en momentos decisivos del proceso electoral. También se convirtió en el grupo político favorito de la embajada de Estados Unidos, no porque confiasen en los liberales como alternativa política, sino porque Estados Unidos sigue priorizando una política antisandinista hacia Nicaragua, violentando así su repetido compromiso de mantener una "neutralidad constructiva".

El gobierno de Arnoldo Alemán comenzó su período con un discurso inaugural reconciliador, lleno de ofertas y promesas, las que hoy se han convertido en parte de la "desilusión", del "desconcierto", del "sabor amargo", del "fin de la luna de miel" con el que se han evaluado sus primeros 100 días. El diálogo sobre la propiedad iniciado con la dirigencia del FSLN demostró una imagen y una voluntad política de conciliación que creó expectativas de poder abrir espacios de consenso, a pesar de la polarización heredada y de los ácidos cuestionamientos del sandinismo al proceso electoral.

Estas expectativas e imágenes positivas de las primeras semanas de gobierno provocaron después un mayor desconcierto y desencanto por su falta de consistencia y de claridad de propósitos, e incluso por estar acompañadas de señales de arbitrariedad, y causaron también tensionamientos con grupos afines e incluso aliados de la Alianza Liberal.

Múltiples contradicciones sirvieron de caldo de cultivo para la protesta callejera con que culminaron los 100 días, intentando frenar lo que parecía un estilo arrollador y dictatorial de gobierno. "Se ha rebalsado nuestra paciencia", declaró un miembro de la Dirección del FSLN. La "crisis de los tranques", que semiparalizó al país y provocó un tensionamiento que comenzó a escaparse al control del gobierno y del propio FSLN era previsible desde el mes de marzo. Y, a pesar de lo impopular y forzado de las formas de lucha de los grupos sandinistas, lo ocurrido reveló nuevamente que estamos ante una situación política que demuestra que no es suficiente administrar las contradicciones sino que es fundamental encontrar una solución a las causas de las mismas.

Nuestros "demonios familiares"

La gran conclusión de estos primeros 100 días es que, aunque el antisandinismo puede ser una opción política útil para ganar el poder no es una opción útil para gobernar y reconstruir Nicaragua. Es tarea de nuestros pastores religiosos exorcizar este "demonio" del antisandinismo, es tarea de todos superarlo para dar paso a propuestas nacionales, a propuestas para el futuro y a proyectos políticos más orientados a construir un gran contrato social nacional que a vencer en una confrontación.

Algo similar puede decirse del antisomocismo, no sólo de los sandinistas sino también de una amplia mayoría de la población. Erradicarlo es aún más difícil, porque las raíces antisomocistas son muy profundas y las heridas están aún a flor de piel. El antisomocismo, además es parte de una conciencia e historia patria que convocó una de las insurrecciones nacionales mas importantes y masivas en la historia de América Latina. A pesar de todo esto, el antisomocismo debería también ser superado para poder encontrar un proyecto nacional.

No será fácil y llevará mucho tiempo, pero es imprescindible, poder superar estos dos "demonios familiares". De otra forma, destruirán todo intento de reconstruir el país y de recrear el tejido social e impedirán la convivencia ciudadana y la cultura de la tolerancia en lo político, en lo económico y también en lo cultural. Ubicamos en esta superación del antisandinismo y del antisomocismo la principal dificultad anímica para encontrar y lograr un gran acuerdo nacional.


Otros contratos sociales en otras crisis

La propuesta de un contrato social nacional no tiene nada de mágico ni de utópico. La propuso Juan Jacobo Rousseau en plena Revolución Francesa, en aquel cambio de época en que era necesario reconstruir la sociedad civil francesa. Más recientemente, un contrato social se llevó a cabo en Suecia en los años 30. Fue un gran pacto que permitió consolidar un proyecto de futuro para el pueblo sueco y fue considerado durante muchos años como un modelo mundial de la sociedad del bienestar compartido. El "New Deal" promovido por Roosevelt en Estados Unidos supuso también un gran acuerdo nacional para superar la crisis y la polarización. La transición española de la dictadura de Franco a la democracia, y más cercanamente, la transición chilena, reflejan acuerdos nacionales que permitieron superar graves crisis nacionales.

En el caso chileno, ese gran contrato nacional, en el que dos tercios de la población y de la clase política están comprometidos en la reconstrucción, reactivación y creación de una genuina democracia en Chile, ha significado un crecimiento económico, sostenido por 10 años , de 7% anual del producto interno bruto. El gobierno de coalición nacional chileno lo conforman no sólo los partidos que apoyan a la democracia cristiana sino una amplia coalición que incluye al propio partido socialista e incluso a personas de su línea de izquierda más radical, el MIR. La figura del Presidente Patricio Alwin pasará a la historia de América Latina como una figura señera de fin de siglo, que consiguió superar graves contradicciones internas y logró cauterizar heridas profundas e históricas con un gran acuerdo nacional. Ninguno de estos ejemplos es aplicable ni imitable por Nicaragua, pero sí ofrecen inspiración e indican posibilidades de cómo superar crisis tan profundas o mayores que las nuestras.

Arnoldo Alemán: estilo bonapartista

La construcción de la democracia en situaciones de polarización paralizante, como la que padece Nicaragua, exige del gobierno y de la oposición que articulen el disenso necesario en toda democracia para crear el consenso que permita la consolidación de la misma. "La política es el arte de lo posible", subrayó Carlos Marx, tanto para los que le abominan como para los que le invocan. La calificación de "caudillo populista" que aplicó a Arnoldo Alemán el Canciller de su gobierno y uno de sus más claros ministros en el gabinete, Emilio Alvarez Montalván, no puede ocultar la fragilidad de la Alianza Liberal.

La habilidad del Presidente Alemán ha sido la de administrar contradicciones, la de mantener las contradicciones, e incluso la de generar nuevas contradicciones, para fortalecer su poder político personal, su autoridad y la centralización que ha hecho del gobierno en torno a un grupo de asesores personales que conforman una especie de "gabinete sombra" frente al gabinete oficial y público.

En las ciencias sociales, un estilo de gobierno así ha sido calificado como bonapartismo. Es el estilo del líder fuerte que, al modo napoleónico, maneja los pactos, las alianzas y las contradicciones de forma que pueda mantenerse sobre ellas sin haber logrado resolverlas. Un buen ejemplo de este estilo es la negativa del candidato Alemán a firmar en octubre 96 la Agenda Mínima, elaborada por una plural representacion de organimos de la sociedad civil y suscrita por el resto de candidatos presidenciales. Alemán se negó a firmarla porque eso suponía aceptar unos compromisos multipartidistas, y su estilo bonapartista busca acuerdos puntuales y bilaterales con los que administrar las contradicciones con cada uno de los sectores, evitando la concertación multilateral.

Realismo ante la tragedia económica

El bonapartismo es el estilo de un Velasco Alvarado en Perú a finales de los años 60 o el del General Torrijos en Panamá, que pactó con los sectores del capital y con el Partido del Pueblo (comunista), al mismo tiempo que organizaba a los campesinos y a las fuerzas populares en una alianza nacionalista con el objetivo de poder negociar con respaldo fuerte un nuevo tratado canalero con Estados Unidos. Un bonapartismo el de Torrijos que le permitió expandirse internacionalmente a través de los No Alineados y convocar a una gran movilización de la conciencia latinoamericana para recuperar el espacio nacional de Panamá, donde Bolívar consideraba que debería estar la capital del continente.

El bonapartismo puede ser un estilo de gobierno precario pero útil, cuando existe un proyecto nacional capaz de aglutinar en torno a una figura o a un partido las principales fuerzas nacionales, superando las contradicciones económicas y políticas entre ellas. En el caso de Nicaragua no se dan estas precondiciones, al no existir un proyecto nacional consensuado, ni siquiera los consensos mínimos necesarios para pactar un acuerdo nacional. Lograr este acuerdo requiere enfrentarse a raíces muy profundas y dolorosas que polarizan y paralizan al país. Sin superarlas no será posible ni una gobernabilidad estable ni una reactivación económica suficiente para recuperar en una década los niveles históricos que alcanzó Nicaragua a mitad de los años 70.

Así de trágica y cruda es la realidad económica de Nicaragua: el único país del mundo que ha colapsado y tiene hoy los niveles per cápita que tenía hace 50 años. Con este rezago y tan alta tasa de crecimiento poblacional -una de las mayores del mundo-, e incluso logrando tasas de crecimiento económico dobles a las del 5% alcanzado en 1996, Nicaragua no podrá recuperar en muchísimos años sus mejores niveles económicos del pasado. El realismo de esta tragedia nacional debe ser enfrentado honestamente por los gobernantes y también por toda la ciudadanía, para no dejarse distraer una vez más con diálogos y acuerdos parciales que no enfrenten las profundas causales de la crisis.

Contrato social en Nicaragua: una propuesta

Con temor y temblor, me permito ofrecer el esquema de una propuesta sobre el gran contrato social nacional que necesitamos. Propongo cuatro ejes prioritarios para este contrato social nacional:

- La consolidación de las instituciones.

- La solución definitiva de los problemas de propiedad.

- Un acuerdo nacional sobre la educación.

- La consolidación de un espacio propio y autónomo para la sociedad civil.

Estas cuatro tareas no son independientes, se interrelacionan. Las cuatro requieren de un tiempo adecuado:

- El corto plazo de 1997 para iniciar los cuatro procesos y para acordar los procedimientos que requiere el logro del consenso en cada uno de ellos.

- Un mediano plazo a lo largo del período de este gobierno para implementar el contrato social. Este debe seguir pro- fundizándose en los siguientes gobiernos.
- Un largo plazo de unos 10 años adicionales, que abarcará las dos siguientes administraciones, que permita el tiempo necesario para consolidar el contrato social, superando las diferencias y consolidando los consensos.

En Nicaragua, el país más intervenido militarmente en América Latina, junto con Panamá, es fundamental que este proceso interno y los acuerdos que se logren, y que debían contar por lo menos con el apoyo de los dos tercios de la población nacional, sean acompañados con apoyos internacionales:

- El del gobierno de los Estados Unidos.

- El de la comunidad internacional, fundamentalmente el del Grupo de Países Amigos (Suecia, Canadá, España, Holanda y México).

- El de los organismos multilaterales.

Consolidación de las instituciones

No es posible construir la democracia sin consolidar la autonomía de los poderes del Estado. Es necesario y fundamental defender y recuperar el espacio propio de la Asamblea Nacional, el de la Corte Suprema de Justicia y el de la Contraloría General de la República, no sólo para que funcione la democracia, sino para que funcione el mercado.

En las condiciones de asimetría y polarización que existen en Nicaragua, el mercado sólo ha creado y seguirá creando un dualismo económico, convirtiéndonos en un país mezcla de Somalia y de Taiwan. En Nicaragua vamos hacia la somalización creciente de la mayoría de la población, que está condenada a la pobreza, al desempleo y a la exclusión. Y vamos a la vez hacia minoritarios enclaves modernizantes para ciertos sectores del capital que pueden insertarse exitosamente en el mercado regional o internacional. Si se mantiene esta dinámica de somalización-taiwanización en términos económicos, se seguirá fomentando la pervivencia del antisandinismo y el antisomocismo en términos políticos. Sólo la consolidación de instituciones que garanticen un verdadero estado de derecho puede lograr y superar el dualismo y la polarización política y económica a la que hoy está condenada Nicaragua.

Solución definitiva de los problemas de propiedad

Los problemas de la propiedad despiertan a los "diablos familiares" e influyen en la somalización-taiwanización de nuestro país. Tema difícil y complejo el de la propiedad, donde la intervención de Estados Unidos ha sido determinante y sin cuya actual participación, en forma ecuánime y con respeto a los intereses nacionales, será difícil resolverlo. Es necesario un pragmatismo audaz para aprovechar los acuerdos y los consensos reflejados en la Ley 209 de finales de 1995. Es evidente que estos acuerdos no fueron suficientes, pero también es obvio que no se pueden arrinconar. La comisión Gobierno-FSLN creada en febrero para resolver definitivamente la problemática de la propiedad es la primera que debe dar ejemplo de superación del antisandinismo y del antisomocismo, porque bajo esos esquemas, implícitos o explícitos, no hay ninguna posibilidad de llegar a acuerdos.

Lo prioritario es la solución de los problemas que afectan a las propiedades de beneficio social, especialmente las propiedades agropecuarias en las que se ganará o se perderá este ciclo agrícola. Los conflictos en torno a propiedades mayores, a las indemnizaciones pendientes y a las privatizaciones de la CORNAP, deben entrar a un proceso más reposado e institucional. El factor del tiempo diferenciado para la resolución de los problemas específicos es fundamental ante una problemática tan compleja y diversa.

Acuerdo educativo y espacios para la sociedad civil

En un país con casi 60% de la población menor de 20 años, la educación es una prioridad nacional, por el porcentaje de la población involucrada en el sistema educativo, por razones democráticas: se trata de la mayoría de los nicaragüenses: niños, niñas y jóvenes. Urge un gran acuerdo nacional educativo donde el Estado, la familia, las Iglesias, la empresa y, naturalmente, todo el sistema educativo conformen un Consejo Nacional de Educación y promuevan a corto plazo una Ley Nacional de Educación que pueda ser perfeccionada según los avances de integración del sistema educativo.

Se requiere de una premisa: todas las instituciones de educación aceptarían que los planteamientos implícitos o explícitos del antisandinismo-antisomocismo deben ser erradicados y superados. En este sentido, y a corto plazo, un elemento fundamental debería ser un manejo consensuado y flexible del tema del 6% del presupuesto para las universidades, evitando por todos los medios recrear la conflictividad innecesaria y estéril de los últimos años.

El establecimiento de un plan educativo para los cuatro próximos años del actual gobierno, con perspectivas y propuestas consensuadas para las dos próximas administraciones, de forma que se establezca un proceso educativo hasta el año 2010, es un paso estratégico para lograr la necesaria cultura de tolerancia entre los nicaragüenses. Definir actitudes y líneas maestras para la recuperación de la autonomía universitaria, la consolidación de una reforma universitaria de calidad y la integración de la universidad junto con los tres subsistemas educativos -el básico-primario, el secundario y el técnico- son tareas urgentes.

La consolidación y la autonomía de la sociedad civil en relación con el Estado y los partidos, independientemente del compromiso político de sus participantes, es uno de los elementos que pueden ayudar a consolidar la institucionalización, a resolver el problema de la propiedad y sobre todo, a impulsar un proyecto educativo nacional. La Coalición de Mujeres, la Iniciativa por Nicaragua y la Agenda Mínima han sido pasos importantes en la dirección de una sociedad civil más protagonista.

Los tiempos del contrato social

En el corto plazo, lo más urgente es garantizar el ciclo agrícola y recibir en mayo al FMI, que viene con una agenda llena de condicionalidades. La capacidad negociadora del gobierno con el Fondo Monetario dependerá fundamentalmente de haber avanzado en la dirección de un contrato social nacional.

En el mediano plazo es fundamental garantizar capacidad de negociación con la comunidad internacional, con Estados Unidos y con los organismos multilaterales, fundamentalmente para renegociar el pago del servicio de la deuda externa. Esta capacidad se ha agrietado por el estilo inconsistente y autoritario del gobierno, que le ha enemistado con un sinnúmero de sectores nacionales. Se hace imprescindible recomponer algún tipo de consenso y apoyo nacional mayoritario.

En el largo plazo, hay mucho pendiente. En octubre de 1993, en el foro económico realizado por los organismos multinacionales en el Olof Palme, el Ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo, propuso un proyecto que, más allá del período de gobierno de Violeta Chamorro, conformara acuerdos económicos de largo alcance. Lamentablemente, aquella propuesta, en principio bien recibida por la comunidad internacional y por amplios sectores del país, nunca llegó a ser formulada y mucho menos implementada.

Esta es una tarea pendiente. Hoy, la comunidad internacional está fatigada por el derroche de recursos invertidos en Nicaragua con escasos resultados, y está perpleja por la arbitrariedad del nuevo gobierno, que ha desplazado a un sinnúmero de técnicos y profesionales que trabajaban en el Estado y que fueron formados con la cooperación externa, para sustituirlos por allegados y familiares del gobernante.

Será difícil recuperar la credibilidad de la comunidad internacional, incluso la del Grupo de Países Amigos, que han sido repetidamente marginados, a pesar de sus buenas intenciones e intentos de cooperar en la solución de las permanentes crisis nicaragüenses. Difícilmente se podrán establecer los viejos vínculos y los montos de cooperación si no se presenta un proyecto de acuerdo y pacto nacional que convoque a la comunidad internacional, tal vez a darnos una última oportunidad, con un nuevo y significativo apoyo para la reconstrucción de Nicaragua y para su integración en Centroamérica, tema permanentemente ausente en todos los protagonistas del conflicto nacional, y que debe ser incorporado en la agenda.

Es fundamental recuperar el apoyo de la comunidad internacional con un acuerdo que saque a Nicaragua del mapa de la crisis y lo coloque en el mapa del futuro. Y es fundamental una Nicaragua donde, por lo menos dos tercios de los nicaragüenses, apoyen un contrato social que nos garantice futuro. No es una tarea fácil. El primer paso es superar nuestros "demonios familiares", mirando más al mañana que al ayer.

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