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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 180 | Marzo 1997
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Estados Unidos

Lucha antidrogas: control social

Estados Unidos descertifica a Colombia por su fracaso en la lucha contra las drogas. Es una pieza más en la estrategia estadounidense para el control social de negros y de hispanos, basada en el cultivo del odio y del miedo.

Noam Chomsky

Toda la lucha antidrogas en los Estados Unidos es, en general, una técnica de control social en dos sentidos. Existe una especie de programa de ajuste avanzado en los Estados Unidos similar al ajuste en el Tercer Mundo. En nombre de este ajuste, el gobierno estadounidense lleva a cabo políticas que encauzan la riqueza y los recursos hacia los sectores más ricos de la sociedad y que perjudican a la mayoría de la población. Probablemente, más de la mitad de la población estadounidense ha venido sufriendo un deterioro en los últimos 15 años, y se siente descontenta. Estas políticas puestas en marcha en los Estados Unidos están haciendo de un sector de mi país una típica sociedad del Tercer Mundo.

En una típica sociedad del Tercer Mundo, como Colombia o la India o Egipto, todo sigue más o menos igual con el ajuste. Existen tres sectores en el país: un sector muy rico, enormemente rico; otro buen número de gente que vive de algún modo entre el padecimiento y la miseria; y otro sector que es superfluo, gente que sobra, que no contribuye con ninguna ganancia y ante la que no hay más remedio que buscar alguna forma de librarse de ella. En Colombia, a este librarse se le llama “limpieza social”. En otros países existen otras formas.

Todas las sociedades del Tercer Mundo tienen esa misma estructura, y es esa estructura la que comienza a imponerse en Estados Unidos. Un amplio sector de la población, probablemente la mayoría, sufre un creciente deterioro; la riqueza está muy concentrada, y es enorme para otros, sus ganancias ascienden hasta el techo y nunca antes se las había visto crecer tanto; y aumenta un numeroso sector de la población, negros e hispanos, que es inservible. El trabajo no cualificado en los barrios miserables urbanos lo hacen por lo general estas gentes superfluas.

¿Que puede hacer el sistema? Lo mismo que se hace en el Tercer Mundo. Hay que deshacerse de la gente superflua y hay que controlar a los que viven entre el padecimiento y la miseria. ¿Cómo controlarlos? Una de las mejores formas de controlarlos es aumentando el miedo y el odio, haciéndolos odiarse entre sí y provocando que teman a la gente superflua. Esta forma de controlar se está dando en todas partes y es la que se está aplicando en los Estados Unidos. Es en este marco en donde debe interpretarse la lucha antidrogas de los Estados Unidos.

La lucha antidrogas que se desarrolla en mi país tiene muy poco que ver con las drogas en sí mismas. Se trata básicamente de aplicar una técnica para controlar a las poblaciones que se consideran peligrosas dentro de Estados Unidos. Y no es una técnica nueva, siempre ha sido así. Basta con volver la mirada un poco atrás, a la Inglaterra del siglo XIX, cuando se declaró ilegal la ginebra, mientras que el whisky se mantenía dentro de la legalidad. Y no sólo por una simple razón de clase: la ginebra era la bebida de la clase obrera y el whisky lo era de la clase rica. Se trataba, sobre todo, de una forma de mantener el control sobre la clase obrera.

Cuando se prohibió el alcohol en los Estados Unidos, el propósito que se buscaba era el cierre de los salones de Nueva York en donde solían reunirse los obreros inmigrantes. Nunca se detuvo a nadie que bebiera en los barrios ricos. En el caso de la marihuana sucedió algo similar. La prohibición en los Estados Unidos estaba dirigida a los mexicanos. Cuando fue prohibida, nadie sabía lo que era la marihuana, sólo se conocía que era algo que sólo consumían los inmigrantes mexicanos. Por esto se criminalizó su consumo: para poder controlar a la población de inmigrantes mexicanos. Después, la marihuana fue autorizada.

La actual “guerra antidrogas” de Estados Unidos comenzó en la década de los 80 y fue directamente dirigida a la población negra. De esta guerra se trata de apartar a la población blanca y en la mira están precisamente los tipos de drogas que consumen los negros. Nada en esta lucha tiene que ver con las drogas y todo en ella tiene que ver con una forma de controlar y criminalizar a las poblaciones consideradas “peligrosas”. Es, en cierto modo, una fórmula estadounidense de la “limpieza social” en Colombia.

Las autoridades norteamericanas no intentan detener el suministro de drogas, tratan de criminalizar a la población negra. Los negros son las mayores víctimas en esta guerra. Es enorme el número de ellos que se encuentran atrapados en el sistema judicial y penal.

¿Y como incide esta guerra en la población que se halla en franco proceso de deterioro? Se trata de asustarlos. Mientras más se pueda incrementar el temor a las drogas y al crimen, y el temor a las madres subsidiadas y a los inmigrantes, y el temor a los extranjeros y a toda suerte de personas “peligrosas”, más se podrá controlar a la gente. Hágalos estar temerosos unos de otros y hágalos pensar que el otro les está robando. Si usted hace eso, podrá controlarlos. Eso es lo que busca, en el fondo, la guerra antidrogas.

Colombia desempeña un papel en esta guerra. En muchos países se producen drogas, pero Colombia es el símbolo de donde vienen las drogas. Por lo tanto, si el gobierno puede mostrarse duro imponiéndole sanciones a Colombia, “descertificando” a Colombia, esto contribuirá a la guerra antidrogas al interior de los Estados Unidos, a este programa de control social.

Lo que está sucediendo en mi país no tiene nada que ver con una prevención de las drogas que vienen de Colombia. Las drogas seguirán llegando y, hagan lo que hagan, en el gobierno de Estados Unidos saben que no existe forma de impedirlo. Si de verdad se quisiera detener el consumo de drogas en los Estados Unidos, hay una forma fácil de hacerlo: los programas educativos. Son muy eficaces y han logrado grandes cambios. Entre los sectores más privilegiados, el consumo de drogas ha ido disminuyendo de un tiempo para acá, al igual que el consumo de cualquier otra sustancia dañina. Por ejemplo, mis estudiantes no fuman ni consumen drogas, el consumo de café está bajando, y así con todo. En la actualidad, el consumo de cigarrillos en Estados Unidos es un asunto de clases. Casi ningún estudiante universitario fuma. Pero si uno va al sector pobre de cualquier ciudad y encuentra allí a grupos de jóvenes, verá que todos fuman. Es un problema de clases, como lo es el consumo de drogas o de alcohol. Es una costumbre que tiene que ver con cambios de percepción y concepción que dependen de la cultura de las clases sociales.

Hace unos años murió en Estados Unidos, a causa de una sobredosis de cocaína, un jugador de basketball llamado Len Bias. En el curso de más o menos un año, el consumo de cocaína disminuyó en mi país en un 50% aproximadamente. La disminución en el consumo de drogas se debe básicamente a la educación. En este caso, un descenso tan rápido en el consumo se logró con la publicidad masiva que tuvo un acontecimiento muy horrible, pero hay formas de lograr lo mismo de manera inteligente.

En Estados Unidos se están dando recortes en los programas educativos dirigidos a la gente y a la vez, se intensifican las circunstancias que conducen a la gente a las drogas. Hay más pobreza y menos empleos, sueldos más bajos y menos programas de ayuda. Todo esto conduce a la gente a las drogas. Es ahí donde radica el problema. Cuando los colombianos dicen: “El problema está en los Estados Unidos”, tienen toda la razón. Mientras exista demanda de drogas, habrá suministro. Y no existe modo de detener esto. La raíz del problema está dentro de los Estados Unidos, un problema que nunca se va a solucionar si las drogas y la guerra contra ellas son utilizadas como un medio de control social.

Es como cuando encendemos la televisión estadounidense y escuchamos toda suerte de ataques contra las madres solteras subsidiadas por programas sociales del gobierno. El propósito de estas campañas es enfrentar a la gente trabajadora contra ellas. Los salarios de los trabajadores descienden, sus vidas empeoran, sus hijos ni siquiera tendrán las oportunidades que ellos mismos tuvieron. Entonces, ¿qué nos va decir la televisión? ¿Nos dirá: “Estoy haciendo todo lo posible por hacerte daño” o nos dirá: “Las madres subsidiadas te están robando”? Es claro que nos dirá que las madres subsidiadas nos están robando. Si una adolescente fue violada y tiene un niño y yo la subsidio, me está robando. Entonces, ódiala. Es por eso que se está presentando tan negativamente el sistema de subsidios.

Aumento del odio y del miedo: son métodos de control social usados en todas partes. En un país como los Estados Unidos, donde realmente no se podría hacer uso de grupos paramilitares para asesinar a la gente, se confía más en las técnicas de control social. Y básicamente, es con esto con lo que tiene que ver la lucha antidrogas.

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