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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 178 | Enero 1997
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Honduras

Un modelo para la pobreza

Es tan acelerado el empobrecimiento de los hondureños, que los grandes empresarios advierten sobre la posibilidad de una guerra civil, un fujimorazo o la anarquía. Para impedir esto, han presentado un polémico y elitista Gran Proyecto de Transformación Nacional.

ERIC (Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación) Honduras

En enero de 1997 el gobierno de Carlos Roberto Reina cumplió tres años en el poder, mientras la gran mayoría de los hondureños sigue preguntándose dónde quedó la pregonada revolución moral que Reina prometió insistentemente durante su campaña electoral. Más inquietante esta otra pregunta: ¿Dónde está el rostro humano que iba a suavizar los duros ajustes económicos que el gobierno implementó para cumplir con las exigencias de los organismos financieros internacionales?

Todos contra el neoliberalismo

Desde las organizaciones populares en las calles hasta altos funcionarios en las mismas oficinas del gobierno, resuena unánime un profundo descontento con el modelo neoliberal que se impone con todo rigor sobre las endebles estructuras de la economía hondureña.

El Comité para la Defensa del Consumidor Hondureño realiza manifestaciones ante la casa presidencial con esta consigna: Señor Presidente, de hambre se muere la gente, Los Reina gobernando y el pueblo hambreando, La revolución moral al pobre pueblo tiene mal. A la par, entrega al mandatario una carta en la que argumenta que la situación económica está produciendo inestabilidad social. Pero no son sólo los del Comité. Cuando la designada presidencial, Guadalupe Jerezano, llega a las oficinas ejecutivas, arremete públicamente contra el modelo neoliberal: Hemos visto que no ha sido un modelo que ha venido a sacar a la mayoría de los países en el mundo de la pobreza en que se encuentran.

Manuel Zelaya, director del Fondo Hondureño de Inversión Social, agencia clave para amortiguar los efectos sociales de los ajustes económicos, urge al gobierno a que revise el modelo neoliberal, por considerar que cada día produce más pobreza: Hoy podemos confirmarle, con datos estadísticos ya comprobados, que cada minuto de cada día hay dos nuevos pobres en América Latina. Y el canciller hondureño advierte ante la Asamblea General de la ONU que la globalización mundial amenaza a las naciones pequeñas: Adelantamos nuestra preocupación sobre el porvenir de las naciones débiles y menos desarrolladas.

Resultaría tedioso enumerar todos los pronunciamientos que se han hecho en los últimos meses en Honduras en contra de las políticas neoliberales del gobierno. Los más significativos han venido del Consejo Coordinador de Organizaciones Campesinas de Honduras, del Colegio Hondureño de Economistas y de la Confederación Unitaria de Trabajadores de Honduras. También de los empresarios. Uno de los principales diarios del país publicó un editorial titulado: Modelo para pobreza. Y la dirigencia de la empresa privada reconoció la necesidad de adaptar los ajustes a la realidad hondureña para evitar una convulsión social.

Tenemos decían que buscar un equilibrio para que Honduras se mantenga en paz y desarrollo. Hay que condicionar el modelo económico a la situación del país. Durante una prolongada toma de carreteras en el Valle del Aguán en octubre, Juan Bendeck, presidente del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) sentenció: El país está prácticamente el borde de la anarquía. Si el gobierno no toma acciones inmediatas, esta situación se le puede complicar.

Economía: un fracaso

La realidad es que el gobierno reinista, en el poder desde principios de 1994, después de prometerle al pueblo una política económica con rostro humano, ha continuado exactamente la misma línea de ajuste y aún la ha acentuado que inició el gobierno de Rafael Callejas. A pesar de las privatizaciones, las liberalizaciones, la restricción de recursos crediticios, el aniquilamiento de la reforma agraria, y la disminución de los gastos sociales del gobierno, la economía nacional se ha mantenido en un prolongado estado de depresión.

En 1994, a raíz de una crisis energética, la economía decreció en 1.5% en términos reales, mientras que en 1995 el crecimiento (3.6%) apenas superó el crecimiento de la población. En 1996 enfrentó esta misma contradicción. Según el informe anual del Banco Interamericano de Desarrollo, el producto interno bruto per cápita de Honduras es de $597, después del de Nicaragua el segundo más bajo de América Latina.
El mayor dinamismo de la economía está en el sector comercial y en el financiero. El único desarrollo que existe es el del capital muy especulativo, en base a tasas de interés elevadas, compra de dólares e incursiones en algunas actividades de carácter comercial. Esto genera una cada vez más acentuada concentración de las riquezas.

Según el Banco Central de Honduras, más del 50% de los créditos otorgados por el sistema financiero se destinan al comercio, con consecuencias funestas para toda la economía porque no hay inversión para generar nuevas empresas ni fuentes de empleo. El ritmo inflacionario continúa invariable, ahora entre los más altos de América Latina. En 1996, por tercer año consecutivo, la inflación anual alcanzó un nivel de 25 30%. Según las cifras oficiales, el índice de precios al consumidor se incrementó en exactamente el 100%entre diciembre/93 y noviembre/96, cálculo oficial que seguramente subestima el nivel real de la inflación, al no tener en cuenta aumentos aún más grandes en los granos básicos (maíz y frijol), la energía eléctrica y el transporte.

A causa de la deficitaria balanza comercial, el deslizamiento cambiario avanza aceleradamente. Al inicio del gobierno de Reina, el lempira valía un poco más de 14 centavos de dólar. En noviembre de 1996 había bajado hasta menos de 8 centavos. A pesar de la devaluación, las exportaciones no se han incrementado significativamente, mientras la importación de artículos de lujo crece sin freno.

A raíz de la devaluación del lempira, los depósitos en dólares aumentaron en 1996 en un 109%, mientras que los depósitos en moneda nacional apenas se incrementaron en el 17%. En noviembre/96 los depósitos en moneda extranjera representaban el 31% de la masa monetaria nacional. Al mismo tiempo, existe según la Asociación Nacional de Industriales una alarmante fuga de capitales hondureños hacia bancos extranjeros.

Cada vez comen menos

Todos los indicadores que sirven para demostrar la viabilidad de una economía muestran que la gestión económica del gobierno de Reina es un fracaso aparatoso. En lo social, el desastre es aún más llamativo. La desnutrición afecta al 39% de los niños que asisten a la escuela primaria y a más de la cuarta parte del total de la población. La crisis de granos básicos que hubo en la segunda mitad de 1996 agrava esta situación. El maíz y el frijol triplicaron su precio en pocos meses a causa de la baja producción, de la exportación a los países vecinos y del acaparamiento de los intermediarios. Las catastróficas inundaciones de noviembre/96 en el norte del país destruyeron miles de hectáreas de cultivos, tanto de exportación como de alimentos de consumo interno, y para 1997 habrá seguramente más escasez de granos.

El problema de la producción de maíz, frijol y arroz no es coyuntural, tiene una larga historia. De 1981 a 1994, la población hondureña creció en un 50%, mientras que la producción de maíz aumentó sólo en 3%, la de frijoles en 7% y la de arroz en 22%. La estancada producción de estos alimentos de la dieta básica ha provocado una dramática caída de su consumo per cápita. El consumo anual de maíz decreció de 264 libras por persona en 1981 a 171 libras en 1994, el de frijol de 33 libras por persona a 22, y el de arroz de 21 libras a 16.

Los más recientes datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo revelan que el 71% de los hondureños vive actualmente bajo la línea de la pobreza, y un 55% de ellos en la indigencia, sin ingresos suficientes ni siquiera para cubrir los requerimientos nutricionales mínimos. La brecha entre los hambrientos y los hartos se ensancha: los indigentes aumentan en un 3% anualmente, mientras que los no pobres aumentan sólo en un 1.7%. Una señal obvia de la pobreza endémica es la deficiencia habitacional: se calcula que el 16% de las viviendas del país son improvisadas y urgen de reposición, mientras que otro 46% presenta deficientes estructuras, carece de servicios y en ellas se padecen problemas de hacinamiento.

Mínimo salario básico

El salario básico en Honduras es irrisorio. En 1994 y 1995, el salario mínimo para los jornaleros subió de 12 a 15, y de 15 a 20 lempiras al día. Pero, el efecto combinado de la inflación y la devaluación ha cancelado en la práctica cualquier aumento. Los 70 mil jóvenes que trabajan en las maquiladoras ganan un salario básico de 30 lempiras diarios por una jornada de ocho horas (menos de 2.40 dólares diarios).

Curiosamente, la preocupación por un incremento en el salario mínimo surge hoy, no ya en el apagado movimiento sindical, sino entre los empresarios, que parecen avergonzados de que los obreros hondureños apenas ganen la mitad de lo que ganan los obreros de los países vecinos. El reciente incremento en un 25% del salario mínimo fue cancelado por un alza inmediata y desconsiderada de varios productos. Juan Bendeck, del COHEP, llamó sinvergüenzas a los empresarios que aumentaron los precios. Están llevando al país a una guerra civil, dijo.

Inseguridad y riesgo

La crisis económica ha traído también como consecuencia una descomposición cada vez más patente del tejido social hondureño. El aumento en la violencia callejera y el terrorismo paramilitar cobra cada vez mayor número de víctimas. En los tres años del gobierno de Reina se han producido en Honduras 57 atentados con artefactos explosivos. A principios de octubre/96, una bomba de alto poder explosivo estalló en los bajos del Palacio Legislativo, produciendo cuantiosos daños al inmueble y a otros edificios, el Banco Central y el Banco Ficensa. A principios de noviembre, una granada de fragmentación fue lanzada contra el portón principal de los juzgados capitalinos, matando a una persona e hiriendo a otras 25. A principios de diciembre, un poderoso explosivo plástico fue descubierto y desactivado antes de estallar en el edificio principal del Ministerio Público.

Después, han seguido produciéndose estos atentados. Las organizaciones de derechos humanos insisten en que estos ataques terroristas son perpetrados por aliados de los militares con el objetivo de mantener un clima de zozobra. Los secuestros, los asaltos bancarios, la delincuencia y las masacres de familias enteras son evidencias de que el valor de la vida se devalúa con la misma rapidez con que pierde su valor la moneda nacional. Según el Comité para la Defensa de los Derechos Humanos, en los tres últimos años aumentó dramáticamente el número de asesinatos. asaltos y robos.

El Comité asevera que la calificación de alto riesgo para la inversión extranjera otorgada a Honduras por The Wall Street Journal se basa en el resultado de las investigaciones de los indicadores de violencia en el país, que en esta administración aumentaron exageradamente". Según el criterio del Economist Intelligence Unit de Londres, Honduras ha experimentado este año un empeoramiento en su calificación de riesgo global, pasando de 70 a 75 puntos en una escala de 100, donde el cero indica ausencia de riesgo.

Sólo los grandes

Las razones principales para este empeoramiento son las divergencias de Honduras con el FMI acerca de la privatización de los servicios públicos y acerca de la reestructuración de la deuda externa, que es actualmente de 4 mil 3 millones de dólares, equivalente al 108% del producto interno bruto anual.

Pese a los grandes esfuerzos que hace el gobierno por complacer a los organismos financieros internacionales, Honduras no ha logrado los favores que con urgencia necesita de éstos. La renegociación de la deuda de mil millones de dólares con los países del Club de París fracasó, y no se retomará hasta 1998, con el próximo gobierno. Tampoco se pudo suscribir un acuerdo con el FMI porque el gobierno no incrementó las tarifas de energía eléctrica en julio de 1996 y porque no se cumplió con el programa económico, que incluía la aprobación del Código Tributario y reformas al Banco Central. Por indicaciones de los organismos financieros internacionales, el gobierno de Reina ha dejado de lado no sólo a los campesinos y a los obreros, sino también a los pequeños y medianos empresarios, que se quejan de que las tasas de interés, del 40%, les cierran la posibilidad de acceder a créditos.

El Gran Proyecto

En vez de favorecer proyectos que fortalezcan la economía agropecuaria y produzcan fuentes de empleo, el gobierno ha respaldado con exagerado entusiasmo el Gran Proyecto de Transformación Nacional (GPTN), cuya ejecución requerirá nada menos que de 18 mil millones de dólares, obtenidos naturalmente en el extranjero.

El promotor del proyecto, el conocido empresario e inversionista, Miguel Facussé, se ha distinguido por acaparar miles de hectáreas en los valles más fértiles del país, aprovechando la desesperación de los campesinos abandonados por el gobierno después de la aprobación de la Ley de Modernización Agrícola.

El GPTN es una propuesta con la que las élites económicas hondureñas buscan el despegue nacional en el contexto de la globalización, aprovechando las ventajas comparativas que ofrece Honduras. Facussé presentó el GPTN ante el Presidente de la República, el consejo de ministros, el cuerpo diplomático, los miembros del COHEP y de la Asociación Nacional de Industriales y funcionarios de los organismos financieros internacionales, como el instrumento que transformará la economía hondureña, resolverá los problemas nacionales y, en la nueva era de la globalización, hará de Honduras una nación competitiva.

Según sus promotores, los objetivos del GPTN son:

* Creciente bienestar y progreso permanente para todos en un marco de paz social, democracia efectiva, concertación y sustentabilidad ambiental para las generaciones futuras. Igualdad de oportunidades para los hondureños más desfavorecidos.

* Inserción de Honduras en la inevitable globalización económica mediante la potencialización de las ventajas nacionales y regionales. Promoción humana para elevar el desempeño de los recursos humanos y naturales del país.

* Ampliación de los cultivos de banano. Exportación del cultivo de palma africana e industrialización de la madera. Exploración y explotación de los yacimientos mineros de Yuscarán.

* Concesión para el diseño, construcción y operación de los proyectos turísticos de Tela y Amapala. *Concesión, diseño, construcción y operación de una autopista entre Tegucigalpa y el Valle de Comayagua.

* Concesión de las terminales de aeropuertos del país.

Al presentar el GPTN, se resaltó su necesidad argumentando que de continuar desmejorando las condiciones de vida de los hondureños habrá un golpe de Estado, un fujimorazo o la anarquía. Los promotores del GPTN expresaron que un crecimiento económico del 4 5% no es suficiente para resolver el problema del subdesarrollo y de la pobreza en Honduras. Y afirmaron que no se pueden esperar 18 años para alcanzar los niveles de desarrollo de El Salvador o 27 años para conseguir los de Costa Rica. El Proyecto pretende obtener un crecimiento económico anual de 12 a 16%. Según sus promotores, el GPTN crearía 65 mil empleos directos nuevos por año hasta un total de 325 mil, lo que beneficiaría a un millón y medio de hondureños, y agregaría 4 mil 500 millones de dólares al PIB nacional.

Mendigos sobre riquezas

El GPTN está formulado para que trascienda al gobierno Reina y para que tenga continuidad en futuros gobiernos. Roger Marín, economista y coordinador de la comisión presidencial del GPTN, concibe el programa como suprapartidario. Por eso, los partidos políticos deberán comprometerse a apoyarlo y a no entorpecerlo, evitando que el año político se convierta en un estorbo para el proyecto.

Marín fue totalmente claro al explicar lo que pretende el Gran Proyecto. Los principales objetivos están destinados a satisfacer las necesidades de la comunidad internacional y no las necesidades del mercado interno (caso de la carretera interoceánica y de la Superzona franca entre Puerto Castilla y el Golfo de Fonseca). No hay que pensar el Gran Proyecto como algo destinado al mercado interno y vinculado a necesidades como la de granos básicos. No es así. El nuevo enfoque estratégico del desarrollo del país es satisfacer las necesidades de la comunidad internacional. Miguel Facussé dice del GPTN: El verdadero reto consiste en establecer una economía competitiva, dinámica y robusta, que genere los recursos para la evolución de una sociedad justa, moral y progresista. No es posible que seamos un pueblo de mendigos sobre lechos de riqueza.

El Gran Proyecto, que consiste principalmente en nuevas carreteras, una refinería de petróleo, varios proyectos hidroeléctricos, facilidades portuarias y aeroportuarias y desarrollo turístico, no da espacios al empresariado nacional, que ni siquiera posee recursos financieros para ser socio de tercera categoría en tan gigantesca iniciativa.

De nuevo, un enclave

El Gran Proyecto parece estar orientado a convertir al país en un nuevo enclave, como lo fue en el pasado con las transnacionales fruteras. Si en la década de los 80, las élites políticas, económicas y militares del país transformaron a Honduras en el portaaviones USA de la región con el profundo anhelo de convertirla en un estado asociado" de Estados Unidos, como fórmula para resolver los problemas nacionales , ahora las élites económicas buscan convertir a Honduras en el Hong Kong o el Singapur del continente.

El aspecto más preocupante del Gran Proyecto es la instalación de la Superrefinería en Puerto Castilla, cercana a una zona turística y a áreas ecológicamente delicadas. Las organizaciones ambientalistas se oponen al Gran Proyecto alegando que los avances en materia de gestión ambiental y desarrollo sostenible están siendo sacrificados en aras de un rápido enriquecimiento económico elitista de corta duración que, a mediano o largo plazo, dejará al pueblo hondureño mucho peor que como se encuentra hoy.

El proyecto de Facussé ha sido criticado también por depender completamente de préstamos que aumentarán la deuda externa y por correr el riesgo de convertirse en otra CONADI: la Corporación Nacional de Inversiones, que en los años 80 derrochó cientos de millones de lempiras en proyectos fracasados por la corrupción.

Elecciones: cuatro novedades

En medio de esta profunda crisis económica, la membresía de los dos grandes partidos políticos tradicionales, el Liberal y el Nacional, acudió a las urnas el 1 de diciembre de 1996 para escoger a sus nuevas autoridades internas y a los candidatos a cargos de elección popular que competirán en las elecciones generales de 1997.

Una de las novedades de estas elecciones internas fue la introducción del voto separado: se votó directamente por el candidato presidencial y por sus designados (vices). Por aparte, se votó también por la planilla (lista) de aspirantes a diputados y por el candidato a alcalde de cada jurisdicción municipal. Los votos fueron contabilizados individualmente. Esta modalidad permitió escoger directamente al candidato a alcalde, independientemente de si pertenecía o no a la corriente del aspirante presidencial.

Otra novedad fue la elección para candidata a la Presidencia de una mujer, Nora Gunera de Melgar, esposa del fallecido General Juan Alberto Melgar, que llegó a la Presidencia de Honduras por un golpe de Estado en 1975. La elección de doña Nora no significa que las mujeres estén accediendo al poder detrás de ella son puros hombres los que manejan los hilos , pero tiene alguna importancia porque se da en un momento en que el papel de la mujer está siendo redefinido al interior de la sociedad hondureña. La doña Nora sacrificada por el presidente Callejas en las elecciones de 1993 para darle paso a la candidatura de Oswaldo Ramos Soto es la misma que impulsa en 1996 el ex presidente Callejas, que busca escapar de la justicia que le acusa de corrupto arropándose en las acogedoras enaguas de la viuda de las Fuerzas Armadas.

Otra novedad de las elecciones fue que el Partido Nacional aceptó, por primera vez, en su larga historia de cien años de imposiciones, el someterse al mecanismo de las elecciones internas para escoger a sus candidatos a cargos de elección popular, dejando atrás una tradición en la cual la consulta ciudadana era vista como una debilidad. Fue un bautismo de fuego para el Partido Nacional, asociado por el pueblo hondureño con los militares, nunca en su historia sometido a un proceso semejante porque sus dirigentes, caciques caudillistas, imponían desde arriba los nombres de los candidatos de todos los niveles, en nombre de la disciplina partidaria.

Otra novedad fue la puesta en práctica del voto domiciliar. Ante la crisis de credibilidad de los partidos políticos, éstos fueron en busca de los electores.

Estas cuatro novedades son signos positivos dentro del proceso democrático iniciado en 1980, cuando el traspaso del poder de los militares a los civiles sólo sirvió para que éstos justificaran el convertir a Honduras en base estratégica para la guerra de baja intensidad de Estados Unidos contra los movimientos revolucionarios centroamericanos.

Los ganadores de las elecciones internas fueron, por el Partido Liberal, el ingeniero Carlos Roberto Flores, Presidente del Congreso Nacional; y por el Partido Nacional, la profesora de educación primaria Nora Gunera de Melgar. Ambos se disputarán la Presidencia de la República en 1997.

Flores: candidato liberal

Flores triunfó ante otros cinco precandidatos, inscritos por el Consejo Central del Partido Liberal con la anuencia del presidente Carlos Roberto Reina y de su hermano Jorge Arturo Reina, con el fin de hacerle más difícil el control total del partido a la corriente florista, la que después del triunfo de Flores convertido ahora en el hombre fuerte del Estado hondureño , deja a los hermanos Reina en la penumbra en este año electoral.

Flores se presentó como un candidato reconciliador que dará un nuevo enfoque a los problemas del país. Con su Nueva Agenda propone combatir la especulación que encarece la canasta básica y desestabiliza los precios. Según Flores, ha llegado la hora de crecer sin perder la estabilidad financiera y el momento de fomentar la competencia eliminando la incompetencia para que la economía esté al servicio de los hondureños y haya bienestar. Ante los temores de la población por la creciente inseguridad, anunció que su primera tarea, ya como candidato presidencial y desde el Congreso, será la aprobación del traspaso de la policía de manos militares a manos civiles.

Flores invirtió en su campaña unos 20 millones de lempiras. Con ellos logró derrotar a la nube de mosquitos con que el Consejo Central del Partido Liberal quiso debilitar la fuerza de los floristas, que aglutinan en su seno a los sectores económicos más fuertes del país. En Honduras, quien tiene más dinero para invertir en transporte, propaganda y pago de activistas es siempre quien consigue más votos.

Doña Nora candidata

Doña Nora de Melgar se alzó con el triunfo derrotando a otros tres candidatos y después de haber hecho una alianza de última hora con los oswaldistas y los callejistas, para impedir el triunfo del candidato de las manos limpias, Elías Asfura. La lucha al interior del Partido Nacional fue más reñida que otras veces y el triunfo de doña Nora no significa que tenga garantizada la unificación del partido, despedazado después de la derrota de las elecciones de 1993.

Doña Nora representa a un sector de los militares, y por eso defiende que el jefe de la policía civil sea un militar. Su alianza con Callejas la llevó a aliarse con el sector del Partido Nacional más cuestionado por la corrupción durante el gobierno de los nacionales que precedió a Reina. Muchos de sus miembros están siendo demandados en los tribunales y, si no se les aplica la justicia, es porque viven en la impunidad atrincherados en su inmunidad.

La alianza de doña Nora con Oswaldo Ramos Soto la identifica con los sectores más conservadores del Partido, los que justificaron la represión y las desapariciones en los años 80. Las elecciones internas costaron al Estado 8 millones de lempiras, gastados en la impresión de 3 millones 800 mil papeletas y en el traslado de 6 mil urnas a todos los rincones del país. La preocupación más sentida de los hondureños es la impotencia ante una situación nacional que se deteriora rápidamente, sin que se vean intentos serios de solución por parte del gobierno, la empresa privada o los políticos.

La incapacidad de los políticos y los empresarios para crear alternativas y soluciones a los problemas fundamentales del país es cada día más evidente para la mayoría. El alto grado de abstencionismo en las elecciones internas de nacionales y liberales el 1 de diciembre fue sólo un indicio de la desilusión que impera.

Pueblo cansado y pasivo

El pueblo está cansado de la demagogia, las promesas incumplidas, los discursos retóricos y las artes de los políticos, y empieza a discernir con más claridad que detrás de ellos están los empresarios, que sólo buscan grandes e inmediatas ganancias sin preocuparse por el auténtico desarrollo de Honduras y de los hondureños.

Sin embargo, los partidos tradicionales dominan aún el panorama, los partidos nuevos son insignificantes en su membresía, y las organizaciones populares siguen extrañamente pasivas ante la avalancha de adversidades que cae sobre la mayoría empobrecida.

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