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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 35 | Mayo 1984
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Honduras

Honduras: militarización y desnacionalización

Estados Unidos prepara en Honduras, a través de maniobras militares casi permanentes, una infraestructura militar complementaria de la base norteamericana en el Canal de Panamá. Esta militarización ha desnacionalizado a Honduras.

Equipo Envío

Durante años, una de las acusaciones mas persistentes de la Administración Reagan contra Nicaragua se concreta en la fórmula: "Nicaragua es otra Cuba". De aquí se sacan las consecuencias y se han diseñado las estrategias tanto retóricas como militares. Estas últimas tienen su punto más clave en la militarización de Honduras. La Administración Reagan trata, en respuesta, de hacer de Honduras "otra Nicaragua" (como era la incondicional Nicaragua somocista, sólo que enormemente más equipada para una guerra de "contención contrainsurgente"). La tendencia principal ha consistido en preparar en Honduras, a través de maniobras casi permanentes, una infraestructura militar complementaria de la base norteamericana en el Canal de Panamá. Suponiendo que el lector conoce datos básicos, tanto estructurales como coyunturales, de la realidad hondureña, intentamos un análisis más global de la desnacionalización que la militarización ha provocado.

Dos graves crisis del pasado que aún pesan

En los últimos 20 años Honduras ha vivido procesos muy variados y muy dramáticos. Señalaremos dos de los más fundamentales sin entrar en los detalles.

El primero es el proceso de articulación del Mercado Común Centroamericano, en donde Honduras fue la pieza insertada con mayores desventajas. En los objetivos que planteaba el Mercomún -libre tránsito de capitales, de mercancías, de población trabajadora y equilibrio en el desarrollo regional- Honduras no obtuvo ningún beneficio, fue sacrificada en beneficio de países de la región más desarrollados. Nunca se logró el acuerdo que habría permitido a Honduras servirse de preferencias comerciales correspondientes a su menor grado de desarrollo.

En el segundo, es la guerra con El Salvador en 1969, que tuvo su causa fundamental en el problema de la tierra. En los años anteriores a la guerra (67-68), la oligarquía y el gobierno salvadoreño había hecho a Honduras ofertas para ayudar en el financiamiento de la colonización de la Mosquitia a través de migración salvadoreña. La oligarquía de El Salvador sabía que era necesaria una reforma agraria en su país y la apoyaba... siempre que se hiciera en territorio hondureño. En Honduras, los terratenientes reaccionaron duramente contra estas intenciones. La última propuesta salvadoreña -visita de Rochac a Honduras- traía ya planteamientos amenazantes y la respuesta fue una ley de reforma agraria hondureña, patrocinada por los terratenientes, pero de la que sólo podrían beneficiarse los hondureños de nacimiento. Todo esto abonó el terreno para la guerra. Las fricciones por la tierra y por el Mercado Común fueron propiciando la enemistad entre los dos países.

En el ejército, las consecuencias de la guerra fueron importantes. Se desenmascaró la corrupción. En Santa Rosa de Copán, por ejemplo, de 1,000 soldados "acuartelados", sólo 463 eran reales y 537 estaban únicamente en las listas de planilla; en Choluteca había 150 plazas ficticias). Por otra parte, se produjo una semirevolución entre los oficiales, que se sintieron apoyados por el pueblo, apoyo que -por contraste- no consiguió la Fuerza Armada Salvadoreña. De esta limpieza y este apoyo surgió un ejército más o menos moderado y reformista, que aunque temía a las masas organizadas -los años posteriores lo cofirmarán- no puede ser caracterizado como "represivo" tomando como media para esto a ejércitos vecinos como era la GN somocista o como son los ejércitos de El Salvador y Guatemala.

El pueblo votó por un cambio que abortó la estrategia Reagan

La Reforma Agraria del régimen de López Arellano y sus seguidores no resolvió los graves problemas económicos. Desde 1974 hasta hoy se entregaron tan sólo 230.000. Has. de tierra (178,000 entre 1974 y 1977). (Conviene recordar que en sólo 4 años el gobierno revolucionario de Nicaragua repartió 750,000 Has) . Hoy existen en Honduras entre 180 y 200 mil familias sin tierra. En 1975 eran 135 mil.

Cuando los hondureños llegan al proceso electoral iniciado en 1980 y culminado en 1981 con elecciones presidenciales y legislativas, alienta en ellos una esperanza. Han visto el fracaso de los regímenes reformistas. Melgar y Paz han detenido el proceso de reforma agraria, reivindicación básica de un pueblo fundamentalmente campesino. Han visto también el proceso revolucionario triunfando en la vecina Nicaragua, aunque tan costoso en vidas y en destrucción. De ahí la mezcla de aspiraciones que alienta en su esperanza y que se concreta en el deseo de una transformación social pacífica para Honduras que se inicie con la entrega del poder político a los civiles.

El 80% de la población hondureña con capacidad de votar, lo hizo en las pasadas elecciones por un proyecto así. Fue un proceso realmente limpio y de participación, inédito en la historia del país. El pueblo, con su voto, quitó el poder al Partido Nacional, en alianza histórica con los militares, y lo entregó a los liberales.

Durante todo el siglo XX, el Partido Liberal sólo gobernó a Honduras durante 5 años y medio, entre ellos los 3 años de Villeda Morales (1959-62), quien codificó la legislación laboral, planteó la reforma agraria y se negó a permitir que Honduras fuera usada por Estados Unidos como base logística para la invasión contrarrevolucionaria a Cuba en 1961.

La Administración Carter presionó al ejército a ceder el poder a los civiles. Esta presión resolvió por el momento la división con que los militares enfrentaron el proceso electoral. Durante él hubo intentos de golpe, tanto de los militares más derechistas como de los reformistas. En los primeros, privaba el deseo de no abandonar el poder. En los segundos, la convicción de que entre los dos candidatos -Zúniga (nacionales) y Suazo Córdova (liberales)- no había diferencias y de que ambos iban a provocar la crisis social que estos militares reformistas habían tratado de evitar durante años.

Los liberales de Suazo Córdova llegan al gobierno en momentos críticos para la región. Les rodea la Nicaragua revolucionaria y los dramáticos procesos de liberación de El Salvador y Guatemala. La política de la Administración Carter había asignado a Honduras un papel estratégico en la frontera con El Salvador. En los meses pre-electorales, el ejército hondureño cooperaba con el salvadoreño en acciones de contrainsurgencia en los llamados "bolsones' -lugares fronterizos en litigio entre los dos países desde el fin de la guerra de 1969-. Contrainsurgencia "efectiva" -recordemos la masacre de 600 campesinos salvadoreños en el Río Sumpul-. Hasta las elecciones presidenciales hondureñas -noviembre 1981- puede decirse que hubo una gran continuidad entre la política Carter y la política Reagan para Honduras. Pero a fines de ese año la Administración Reagan, al o lograr "resolver" el problema de El Salvador en semanas, como pensaba, decide jugar de otra manera con la pieza de Honduras en el tablero centroamericano. Suazo Córdova, el civil liberal que fue votado para el cambio y para poner fin a los regímenes militares, sometido a presiones estadounidenses, adoptará incondicionalmente este juego. Un juego de creciente escalada militarista.

La militarización del país para cumplir dos papeles

¿Cuál es la estrategia Reagan para Centroamérica y, más en concreto, para Honduras? Según el Documento de Santa Fe, Centroamérica es un territorio en disputa entre Estados Unidos y la URSS, es una zona privilegiada en la confrontación Este-Oeste. Siendo Nicaragua el país que "ya está en manos de la URSS", Reagan tratará de contrarrestar esa influencia utilizando a Costa Rica contra Nicaragua, propagandísticamente, y a Honduras militarmente. A Honduras le corresponde también el papel de continuar siendo un freno militar frente a la guerrilla de El Salvador. La dinámica de hechos que escapan de las manos de Reagan -consolidación de la revolución sandinista y auge de la guerrilla salvadoreña en estos años- ha ido variando el énfasis en los dos papeles asignados a Honduras. Hoy Honduras es mucho más: es la base de la intervención norteamericana en Centroamérica, contra el gobierno de Nicaragua y contra la guerrilla salvadoreña. El punto de mira se ha dirigido en los dos últimos años, más hacia Nicaragua que hacia El Salvador. Porque esa es la estrategia Reagan. Una estrategia ratificada en el Informe Kissinger, revistiéndola de manera más compleja, con los simbiosis entre ayuda económica y ayuda militar.

Y si en Costa Rica las estrategias diseñadas ya en el documento de Santa Fe han tenido quiebres que, antes del último giro antinicaragüense, parecían significativos, con hechos como el fracaso de la Comunidad Democrática Centroamericana -y el surgimiento de Contadora- o como la declaración de "neutralidad perpetua" y el relevo del Canciller Volio; con Honduras, no sólo no ha habido nunca quiebres en la línea inicial, sino, más bien, se ha producido una creciente profundización. Ni el mismo relevo en la cúpula militar -con la destitución de Alvarez- puede considerarse como quiebre en esta línea de docilidad incondicional con que Honduras se ha plegado a las estrategias norteamericanas.

Pero si la destitución de Alvarez no quebró nada, (Ver envío no34 abril 84) su ascensión sí significó el cimiento con el que comenzó a armarse la estrategia de militarización. Suazo Córdova fue ascendido al General Alvarez hasta el puesto supremo de las Fuerzas Armadas, a pesar de la oposición mayoritaria del Alto Mando del Ejército, a pesar de que el consejo Superior de las FF.AA votó contra su ascensión en presencia del mismo Alvarez. La respuesta con que Suazo enfrentó esta oposición se podría sintetizar así: "hay compromisos más serios". Y es que ya estaba en Tegucigalpa un hombre clave para cualquier análisis de la actual situación hondureña, el nuevo embajador norteamericano: John D. Negroponte. Otros muchos y profundos cambios que se efectúan entonces en el ejército se hacen en función de sustentar el nuevo poder militarista emergente que representa el Gral. Alvarez. "Sus hombres" controlan las Fuerzas Armadas.

Para entender mejor esto hay que tener en cuenta que Honduras entrará con la Administración Reagan a participar de la visión propia de la ideología de la Seguridad Nacional, nacida a finales de los 60 en Brasil e implementada a costa de tanta sangre en los países del Cono sur y en Bolivia. Los cuadros del ejército hondureño y en primer lugar el Gral. Alvarez (1958-1962), fueron formados en Argentina según esta ideología. El núcleo de esta concepción del mundo es que, por la global influencia del conflicto Este-Oeste, todo país -quiéralo o no- está en guerra. Honduras también está en guerra. Lo está en sus dos fronteras, porque en ambas, el gobierno sandinista y la guerrilla del FMLN son la amenaza del Este que desafía al Oeste. La única salida para Honduras es enfrentar con la guerra defensiva esta ofensiva del comunismo internacional. Desde esta perspectiva es coherente el apoyo a la contrarrevolución nicaragüense y la colaboración contrainsurgente con el ejército salvadoreño. Y el prestar el territorio para que los Estados Unidos desarrollen esa misma estrategia de contención a escalas cada vez mayores (bases militares, carreteras, aeropuertos, maniobras gigantescas, estacionamiento de tropas...)

El precio interno que ha pagado Honduras por servir a esta ideología, unilateralmente militarista, es muy alto. Se ha destrozado el incipiente proceso de democratización y se ha miltiarizado la política. El país ha sido conducido fatalistamente a la guerra. Globalmente, se ha desnacionalizado lo que apenas había de nación en Honduras.

La militarización y la quiebra económica

En este acelerado proceso de militarización -desnacionalización que ha levado a Honduras a jugar el papel político-militar que la Administración Reagan le va fijando, se han ido dejando a un lado los problemas sociales y económicos de fondo que arrastra el país desde hace tantos años: educación, reforma agraria, salud, energía... Honduras puede ser clasificada hoy, sin temor a exageración, como un país en quiebra. El documento presentado por el gobierno de Suazo Córdova a la Comisión Kissinger, cuando visitaba Centroamérica, describía el período 1980-83 como una época de "decrecimiento con inestabilidad". La lluvia de préstamos recibida por el gobierno en 1983 no hace sino prolongar ambas cosas. En octubre del 83 una serie de préstamos que alcanzó el total de $240 millones impidió el colapso general e la economía y la paralización de proyectos de infraestructura básicos.

Las consecuencias sociales han sido tremendas. En 1962, el 13% de la población de Tegucigalpa, San Pedro Sula, Choluteca y Progreso vivían en zonas marginadas; e 1982 la cifra ha aumentado el 46%. La desocupación es hoy del 30% de la población económicamente activa; con la subocupación se alcanza el 50%. En los últimos 3 años el índice de desnutrición ha subido del 76 al 80%. El Banco de Honduras, de donde algunos de estos datos provienen (no fueron incluidos en el documento presentado a Kissinger) afirma que el 57% de las familias hondureñas están en extrema miseria.

La militarización tiene mucho que ver con esta situación. La única esperanza que alcanza a ver el gobierno para esta economía en bancarrota es la ayuda norteamericana. A la Comisión Kissinger se le solicitaron 10 mil millones de dólares en planes a mediano y largo plazo. A cambio de tan astronómica suma, Honduras ofrece el seguir siendo una plataforma incondicional para la estrategia militar norteamericana en el área. En la carta enviada por el presidente Suazo al presidente Reagan el 14 julio/83 -carta en que se planteaban urgencias económicas-, se manifestaba sin pudor esta realidad: "Intereses estratégicos de Estados Unidos también están siendo protegidos a muy bajo costo para su país... El apoyo presupuestario solicitado representará a la larga un costo relativamente bajo (para Estados Unidos) si se toma en cuenta los riesgos políticos y militares que Honduras está asumiendo... Estos riesgos están siendo asumidos no sólo en defensa nuestra sino de intereses vitales de su país".

Mapa


INSTALACIONES MILITARES EN HONDURAS

PALMEROLA

Cuartel general maniobras "Ahuas Tara II". Equipo de comunicaciones. 160 barracas de madera. Instalaciones médicas privisionales. En construcción: ampliación e iluminación pista aterrizaje y depósitos para 50,000 barriles de combustible ($13 millones). Proyecto: hangar de mantenimiento y cuartel para 100 norteamericanos ($1.5 millones).

LA CEIBA

Pista aviación. Proyecto: Mejoras en pista. Depósitos para 30,000 barriles de combustible Pista auxiliar para aviones de caza USA ($8 millones). Los fondos están aprobados; actualmente la construcción está suspendida hasta que el Departamento de Estado USA haga un informe.

SAN LORENZO

Pista de tierra (3 mil pies) para aviones C-130. 94 barracas de madera. 13 millas de trampas para tanques. Proyecto: almacén de municiones (35 mil pies cuadrados) y tanques para almacenar combustible. ($2.9 millones).

AGUACATE

Pista de tierra extendida de 4,300 a 3,000 pies para maniobras "Ahuas Tara II". Instalaciones subterráneas para almacenar municiones y pertrechos. Proyecto: pavimentación de pista.

TRUJILLO

Cerca del Centro Regional de Entrenamiento Militar (CREM) para tropas hondureñas y salvadoreñas. Pista para aterrizaje de aviones de transporte.

ISLA DEL TIGRE

Radar con personal estadounidense.

CERRO LA MOLE

Radar con personal estadounidense.

PUERTO LEMPIRA

Pista de aterrizaje ampliada en maniobras "Ahuas Tara I".

PUERTO CASTILLA

Muelle de 150 metros. En construcción: 2 almacenes. Proyecto: aeródromo, edificios auxiliares y carreteras ($150 millones). Fue rechazado en la revisión del presupuesto USA para defensa.

CUCUYAGUA

Se construirá aeródromo de 3,000 pies durante maniobras "Granadero I".

JAMASTRAN

Se construirá aeródromo durante "Granadero I".

LA MESA

La base de la Fuerza Aérea Hondureña se empleó por aviones USA en las "Ahuas Tara II". (No hay aún construcción norteamericana).

Los aeropuertos internacionales de Toncontín (Tegucigalpa) y San Pedro Sula se utilizan por tropas norteamericanas con fines militares.

Por otra parte, en los casi 10 mil millones de dólares solicitadas a los Estados Unidos se ve claramente la tendencia a mantener la dramática situación de desigualdad social existente. Así, mientras que para 4,400 agricultores, propietarios de más de 100 manzanas, se solicita la cantidad de $250 mil por persona, para los manifundistas se solicitan la tan sólo $7.500. Para los grandes agricultores se piden préstamos, mientras que para los campesinos no hay más salida que someterse a los proyectos crediticios en los que el gobierno los quiera encuadrar. 160 mil manifundistas -cálculo gubernamental- recibirían, caso de aprobarse la solicitud millonaria, la misma cantidad de dinero que 4 mil terratenientes. No hay pues, ni siquiera un proyecto económico patriótico a cambio del alto costo de la militarización, si por patriótico se entiende la búsqueda eficaz de una salida realista del subdesarrollo.

El irresistible ascenso de APROH

En enero de 1983 se fundó la Asociación para el Progreso de Honduras (APROH), una nueva estructura para el control del país en la nueva situación creada con la militarización que puso en crisis a las fuerzas de derecha tradicional. En APROH se reúnen el fascismo militar que representaba el Gral. Alvarez -presidente de la Asociación desde su fundación hasta su reciente destitución- y la ultraderecha económica del país. Aunque en los estatutos se afirme que cada miembro está vinculado a la institución a título privado ninguno de los hombres más fuertes de la gran empresa hondureña está fuera de APROH. Los de la banca nacional y extranjera, los de las industrias química y textil, los de la agroindustria y la televisión y los de la tecnocracia. Todos están representados en APROH. La ideología de la Asociación está muy ligada a la de la secta coreana "Moon". "Causa Internacional", brazo operativo de esta secta, ha desarrollado toda una serie de seminarios anti-comunistas para los hombres de negocios vinculados a APROH y para cuadros medios. Los obispos católicos llegaron a cuestionar este ascenso social de la secta en su carta pastoral de abril-83 y consiguieron gestos de desvinculación económica de APROH y los "moonies".

En los estatutos de APROH no aparece nada especialmente "sospechoso". Un grupo de empresarios se asocian para estudiar sus problemas, con una proyección asistencial hacia otros sectores. El modelo económico que defendían asociados era claro: la libre empresa con escasos mecanismos de control y con múltiples mecanismos para maximizar la ganancia. A los socios se les exigía "guardar la debida confidencialidad sobre los documentos o informaciones que conozcan con motivo de su participación en las actividades de APROH y cuya divulgación pudiera causar perjuicio a ésta o a sus miembros".

Durante el primer semestre de 1983 APROH no llamó la atención de nadie. Se veía como un nuevo intento de cohesionar a los sectores más conservadores del país. en el mes de noviembre el diaro "Tiempo" publicó uno de esos "documentos" de uso interno: APROH recomendaba a la Comisión Kissinger, a través de un amigo personal y asesor de éste, la solución militar para Centroamérica. Al hacerlo, APROH se arrogaba en cierta manera la representación del gobierno de Honduras. En la reunión de Miami, donde esta propuesta se hizo, los empresarios hondureños se hicieron acompañar de colegas de C.A. y Panamá. El 9 de diciembre "Tiempo" hacía público otro "documento" de APROH. Este último, sobre política interna, con propuestas sobre proyectos forestales para entregarlos en manos de familias campesinas cooperativizadas y en régimen de servicio militar obligatorio o propuestas sobre control de las organizaciones sindicales. El escándalo creció. Una organización privada iba asumiendo funciones causi-gubernamentales. Su estrecha vinculación con la cabeza de las fuerzas Armadas, El Gral. Alvarez, hacía más delicado el asunto. A fines de 1983, y tras estos escándalos, los rumores sobre la preocupación con que la embajada norteamericana veía el consolidamiento de un grupo e presión tan conservador y tan vulnerable a críticas al interior del país eran insistentes.

En realidad, la política económica consistente en sostener la bancarrota del país a base de préstamos norteamericanos y a cambio de la miltarización, sólo ha favorecido a APROH. Gran parte de la empresa privada -los pequeños y medianos cafetaleros, que son los más abundantes en Honduras y de los que depende el primer renglón en las exportaciones y los textileros, que tienen en Nicaragua su único mercado actual por la vía del treque- han solicitado en distintas ocasiones que se detenga la política de hostilidad hacia Nicaragua y revierta definitivamente la desgastante situación de pre-guerra.

La máxima expresión de este proceso de desnacionalización de Honduras llevado a cabo por la cúpula militar y la cúpula económica -que se expresa en una organización como APROH- es la solicitud hecha por el gobierno hondureño a la Comisión Kissinger en un documento de trabajo, en el que afirma que si "América" permite la consolidación del gobierno sandinista, Honduras no podría subsistir sin un estatuto de "Estado Asociado" -como Puerto Rico- o sin un tratado permanente de defensa -como Corea del Sur-. Aun cuando el mismo gobierno reconoce que ambas propuestas son incompatibles con la idiosincracia hondureña, en el resumen presentado definitivamente a la Comisión se optó por la segunda propuesta.

La caída de Alvarez no afectará la dinámica de la militarización

El General Gustavo Alvarez se fue proyectando como el hombre fuerte de Honduras. Por encima del gobierno civil, a la cabeza de APROH, "convertido" a la secta "Moon", con un control férreo sobre las Fuerzas Armadas.

Se calcula que un 20% de la oficialidad hondureña estaba opuesta a Alvarez desde el momento en que fue encumbrado por el presidente Suazo. Y que su creciente actitud de prepotencia al interior de las Fuerzas Armadas mantuvo o aumentó este descontento. El General había llegado a prohibir a los altos mandos militares el que hablaran con los representantes del gobierno civil sin que antes le presentaran una agenda del contenido del diálogo. Es sólo un dato para explicar que las razones de su destitución hay que buscarlas fundamentalmente en la crisis interna que originó la concentración de poder en una persona de sus características políticas, morales y personales.

Las Fuerzas Armadas, a pesar de todo, sí reconocían su efectividad contra la "subversión". Y también la reconoció la Administración norteamericana. Sin embargo, un incremento inusual en la historia de Honduras de los métodos represivos -desapariciones, asesinatos políticos, cementerios clandestinos, amenazas...- se fue imponiendo desde 1982, al calor de la ideología de la seguridad nacional. A mediados de 1983 la Embajada norteamericana en Tegucigalpa envió una nota al presidente Suazo -con copia a Alvarez y de hecho, a él iba dirigida la advertencia -en que se expresaba lo "inconveniente" que resultaba el que mientras hubiera tropas norteamericanas en Honduras se produjeran este tipo de acciones represivas. El memorándum contribuyó, en cierto sentido, a frenar esta ola de represión que iba en aumento y de la que Alvarez era, en último término, responsable. El memorándum fue la expresión inicial de la preocupación de la Administración Reagan por la extremista conducción del General "todopoderoso". De entonces hasta la destitución de Alvarez, esta preocupación se fue haciendo más profunda. La imagen internacional de Alvarez no era buena, contribuía a desdorar la imagen que de una Honduras democrática y civilista ha querido dar siempre la Administración Reagan para hacer más eficaz su estrategia militarista en el país y su política "regional" de normalización democrática.

Todos estos factores se conjugaron para provocar la caída de Alvarez. No parece correcto pensar que ésta se precipitó porque él estuviera planificado un golpe de Estado para derrocar a Suazo. Alvarez concentraba ya muchos poderes, suficientes poderes para ser el que controlaba el país. Había quebrado la estructura colectiva de forma de decisiones en el ejército. Más bien, cualquier intento de golpe por parte suya -si lo hubo- fue el último acto con que quiso responder al real golpe que militares inconformes -entre ellos, fascitas y moderados- se decidieron a darle. Para los Estados Unidos, la caída de Alvarez supone una posible mejoría en el terreno de los derechos humanos, en la imagen internacional y un mayor control en el tema Nicaragua. Alvarez era ya realmente incontrolable en este asunto tan delicado. El pueblo, por su parte ha experimentado un cierto alivio con la retirada del general. Primero, porque se espera un respiro a la represión. Y segundo, porque no capta que la última decisión de una guerra con Nicaragua la tomarán los norteamericanos. Y captaba -por su continua retórica agresiva- que la decisión estaba en manos del General. El fantasma de la guerra parece alejarse de momento de la opinión pública.

El sucesor de Alvarez, el General Walter López, Comandante en Jefe de las fuerzas Aérea hondureña, aunque de talante más dialogante que su antecesor, ha expresado claramente que no estaría en contra de una guerra con Nicaragua y que, incluso no le desagradaría el que se produjera, pues le tocaría a él la dirección de la fuerza aérea y metiendo en cuenta que la fuerza aérea hondureña es la más poderosa de la región centroamericana y la tercera en importancia del Caribe -después de Cuba y Venezuela-, Honduras ganaría esa guerra gracias a "sus" aviones. López ha hecho, incluso, comparaciones con la guerra de Las Malvinas, en la que Argentina, al menos, consiguió algunas victoria por su fuerza aérea. En el inventario actual -datos de mayo 1983- Honduras cuenta con 13 jets de combate franceses Super Mystere, 11 jets de ataque norteamericanos A-37A Dragonfly, varios T-41 también americanos y 28 helicópteros norteamericanos del tipo UH-1H y UH-1B.

En cualquier caso, la caída de Alvarez -inesperada y esperable, dad la lógica de acaparamiento de pode en que se situó- y los amplios y significativos cambios producidos tras ella en la cúpula de las Fuerzas Armadas, abre un período de reestructuración interna en el país que podría durar fácilmente un año.

El futuro inmediato de Honduras

La creciente fuerza política de las fuerzas armadas sobre el electo gobierno civil y el deterioro de las condiciones socioeconómicas, no sólo ha frustrado al pueblo hondureño. Ha empezado también a producir una grave crisis en los partidos tradicionales. En el liberalismo, surcado ya por dos corrientes (la Rodista, de Suazo, rural y caudillista; y la ALIPO, urbana y modernizante), se ha producido una nueva escisión. Se trata del Movimiento Liberal Democrático Revolucionario (M-LIDER), encabezado por los dos hermanos Reyna, de carácter social-demócrata, que basa su estrategia en la movilización popular organizada. Se intenta rescatar así la conciencia popular -a juicio de ellos, aún mayoritaria- que piensa que en Honduras es posible aún fijar objetivos socionacionales y desarrollarlos pacíficamente a través del acceso al poder por elecciones y que éstas no podrían suprimirse sin acabar con la imagen democrática de Honduras.

En el Partido Nacional, los seguidores del caudillo tradicional, Zúniga Agustinus, amigo de las fuerzas armadas pero amigo molesto por su base autónoma de poder, han sido desafiados por el Movimiento Unidad y Cambio, mucho más plegado a las iniciativas militares. Estos últimos han instaurado una solución provisional de compromiso, logrando elegir al ex-jefe de Estado, General Melgar Castro (que no puede ser candidato a la Presidencia constitucionalmente) como Presidente del Partido. Mantienen así sus cartas sin jugar, conservando los lazos con las fuerzas armadas pero no cortando con Zúñiga. Sin su habilidad y base social creen no poder competir victoriosamente en las elecciones.

Los poderes entre telones -las Fuerzas Armadas, la Empresa Privada y la Embajada de EEUU- mantienen intacta su fuerza de presión y manipulación sobre el gobierno y los partidos.

El Ejército ha visto purificada su imagen con la desaparición de Alvarez y sus colaboradores incondicionales. La contradicción mayor se daría ahora si aflorara un enfrentamiento entre quienes están dispuestos a la guerra y quienes prevén en la guerra un desastre nacional.

La empresa privada, o su sector más políticamente reaccionario, ve disminuida su capacidad de presión al poder APROH la conexión directa con las fuerzas armadas después de la caída de Alvarez. Esto puede dar más margen de presión a banqueros y publicistas "modernizantes" (el grupo detrás del diario El Tiempo), interesados en un desarrollo nacional de la economía. También los cafetaleros y textileros tendrán algún mayor peso. Es notable la continuidad con que algunos miembros de la iniciativa privada hondureña siguen viajando a Nicaragua para mantener inversiones y relaciones comerciales.

La Embajada tiene que contar este año con el factor electoral. Es en Honduras donde los candidatos demócratas están seguros de poder enfrentar a Reagan con la presencia permanente de tropas estadounidenses cerca de zonas de combate. Además las maniobras militares, separadas entre sí por breves períodos, han permitido a Reagan eludir el control del Congreso sobre la presencia de tropas en zonas de combate por más de sesenta días (ley de poderes de guerra). El congreso, molesto con este subterfugio, se ha dedicado -en base al informe del Senador Sasser- a obstaculizar las construcciones militares en Honduras, sobre las cuales tiene facultades de asignación o no de fondos. Son estas construcciones las que permitirían a Reagan alistar la infraestructura necesaria para una rápida intervención en E.S. o Nicaragua sin necesidad de utilizar las bases de Canal de Panamá y violar los tratados. Finalmente, la amenaza de la creciente militarización respecto del proceso de democratización hondureño es otra cuestión espinosa que deja al descubierto la inconsistencia de la política de Reagan en el área centroamericana. Por todo ello, "en lo de Honduras, Reagan está a la defensiva", afirman los observadores políticos norteamericanos.

Un interrogante importante es el que nace al evaluar el más amplio margen de expresión popular que podría desarrollarse al reducirse la represión ¿Cuánta capacidad de reorganización popular existe latente en Honduras? ¿Hasta dónde -supuesto que se desarrolle- será permitida esta reorganización?

La coyuntura electoral hondureña está aún lejana (1985, segundo semestre). Mientras tanto, la reunión de Abril en El Salvador entre los Cancilleres de El Salvador, Honduras y Costa Rica, de la que brotaron propuestas públicas para entorpecer las negociaciones de Contadora, es un dramático indicio de que, al menos en los meses cruciales para Nicaragua entre mayo y noviembre de 1984, la política exterior hondureña seguirá dócilmente las directrices de la política exterior estadounidense.

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