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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 178 | Enero 1997
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Nicaragua

Alemán: primeros pasos, primeras señales

El liberal es un gobierno muy diferente, en estilo y en proyecto al gobierno Chamorro. tiene delante enormes expectativas, desafíos y contradicciones.

Equipo Nitlápan-Envío

A elecciones cruciales, cambios cruciales. Todos esperan que esa sea la lógica nacional tras el triunfo de los liberales. Pero el tiempo transcurrido desde el traspaso de gobierno es aún muy breve para notar cambios drásticos. O el laberinto de las contradicciones de Nicaragua es tal que sirve de freno a la tentación de emprender de inmediato cambios provocadores de inestabilidad. O la acumulación de tantas crisis ha llevado a todos o a casi todos a una posición desde la que evitar cambios convulsivos.

Aún no se sabe. Aún no hay sorpresas. Y hay quien se atreve a afirmar que no las habrá. El tiempo dirá. La realidad dirá.

Los niveles de sensatez, entremezclados con los intereses de los grupos de poder que dominan el escenario, irán diciendo. De momento, predominan las expectativas y las incertidumbres. Y, a medida que Alemán da sus primeros pasos, van apareciendo algunas señales.

Proceso electoral: capítulo cerrado

Después de 2 mil 542 días al frente del gobierno de Nicaragua, Violeta Barrios de Chamorro entregó el 10 de enero la banda presidencial al liberal Arnoldo Alemán en el estadio de béisbol de Managua en donde ella había recibido esa misma banda azul y blanca de manos del sandinista Daniel Ortega.

Los resultados electorales definitivos fueron anunciados por el Consejo Supremo Electoral (CSE) el 22 de noviembre, en una ceremonia nocturna que pasó desapercibida. El FSLN siguió cuestionando los resultados desde dos ópticas. Una extrema, que ha calado en la mayoría de los sandinistas: las elecciones fueron puro fraude. Otra más exacta y de compleja quizá imposible demostración: las elecciones fueron una desorganizada pero eficaz operación de falta de transparencia. Mientras los sandinistas siguieron denunciando sin éxito, 13 candidatos de 9 partidos incluidos 4 del mismo FSLN , afectados por la arbitraria asignación de escaños que unilateralmente hizo el CSE en el último momento violentando la Ley Electoral, se mantuvieron reunidos y activos, también denunciando y también sin éxito , este aspecto de los resultados, que los privó de ocupar un escaño en el Parlamento.

Violet: ¿misión cumplida?

Concluido así el proceso electoral, el gobierno Chamorro entró en su recta final. Decidió hacerlo por la puerta grande de las apariencias. Tal vez para borrar las poco lucidas y cuestionadas elecciones, que esperaba fueran su "broche de oro". Fue un final abrillantado con imágenes de triunfos, en medio de una realidad saturada de claros fracasos. Con el slogan "¡Misión cumplida!", el aparato de propaganda del gobierno saliente gastó millones para saturar por más de un mes todos los medios con spots, cuñas y desplegados de prensa que elogiaban, con frases retóricas y cifras manipuladas, la gestión de doña Violeta en todos los ámbitos.

Esos mismos días aparecía nadie lo comentó el último informe anual del PNUD sobre el Indice de Desarrollo Humano de todos los países del planeta, basado en tres indicadores: renta per cápita, nivel educativo y esperanza de vida. Cuando la Presidenta Chamorro recibió la banda presidencial, Nicaragua con subdesarrollo heredado y guerra estaba en el puesto 85 entre los 178 países de la lista. Instalada la "democracia", año tras año fue cayendo más rápido que cualquier otro país del mundo, incluidos los más empobrecidos países africanos hasta ocupar en 1996 el lugar 117, el más bajo de Centroamérica, sólo superada por Haití en América Latina.

La propaganda oficial no puede ocultar la realidad: fueron casi siete años en los que "se cumplió la misión" de acelerar el empobrecimiento material y moral de los nicaragüenses. Hasta la última de sus declaraciones, Violeta Chamorro señaló como éxitos de su gobierno el fin del servicio militar y la proliferación de bancos privados en Nicaragua. Hasta el final achacó cualquier error, grande mediano o pequeño, al "nacatamal" que heredó y, sin un mínimo de autocrítica, se obstinó en negar aún lo más obvio: que en su gobierno hubiera habido funcionarios corruptos o que durante su gestión se hubiera extendido el desempleo. Hasta el último día marcó distancia, con altivo menosprecio, de la etapa revolucionaria y de los indiscutibles avances y valores que llenaron ese momento histórico.

En las fechas anteriores a las Navidades, la Presidenta recibió prácticamente a diario homenajes, placas, condecoraciones, flores y fiestas, de personas, instituciones, gremios y sectores del país. Como clímax de esta campaña carente de pudor político, surgió en medios oficialistas la iniciativa de proponer a Violeta Chamorro para el Nobel de la Paz 97. La Presidenta culminó su gestión con un deseo: viajó al Vaticano para saludar en audiencia privada al Papa Juan Pablo II. Punto final, misión cumplida. Nicaragua entra en otra etapa y en otro estilo de gobierno.

Un gobierno muy diferente

El gobierno entrante ha sido desde el primer día y va a ser radicalmente diferente al gobierno saliente. Por su naturaleza y por su estilo. El gobierno de Violeta Chamorro no fue nunca, ni un solo día, el gobierno de la alianza política UNO que la llevó al poder. Ni siquiera representó a ninguno de los 14 partidos políticos que integraron la UNO. Fue un gobierno sin partido y sin base social, el gobierno de una familia y de sus allegados, amigos, conocidos y parientes, con una cúpula tecnocrática que representaba los intereses de los grupos económicos del gran capital industrial, comercial y financiero de la oligarquía nicaragüense no somocista, decidida a recuperar los espacios que le vedó el somocismo y el sandinismo y ansiosa por "transnacionalizarse". Había en el gobierno Chamorro inexperiencia política y voracidad económica.

El gobierno de Arnoldo Alemán es el gobierno de un partido político con larga historia y tradición en Nicaragua, un partido con probada y centenaria experiencia de organización de bases sociales. El gobierno liberal de 1997 representa fundamentalmente los intereses económicos del capital agropecuario, grande y mediano. Dentro de Nicaragua representa también los intereses financieros de los somocistas nicaragüenses estadounidenses y los intereses comerciales transnacionales de los contrarrevolucionarios cubano estadounidenses de Miami. Hay en el gobierno liberal experiencia política y nuevos intereses económicos que aparecen o reaparecen en la escena nacional.

Liberales: proyecto de largo plazo

Existen otras diferencias esenciales. El gobierno de doña Violeta se concibió a sí mismo y de hecho fue un gobierno "de transición", aunque haya interpretaciones divergentes acerca de la meta a la que "transitó" Nicaragua en estos siete años. Fue un gobierno con un proyecto cortoplacista. De ahí, la forma acelerada e irresponsable también irrealista con la que se aplicó la apertura comercial, el plan de privatizaciones y otras medidas del ajuste estructural, para que, con comisiones, tráfico de influencias y alta discrecionalidad en el uso del presupuesto, de los proyectos y las donaciones se enriquecieran aceleradamente los funcionarios del gobierno Chamorro. El gobierno liberal tiene y lo hace notar un proyecto de largo plazo y de largo alcance, en lo político, en lo económico, en lo social y muy especialmente en lo ideológico cultural.

Otra diferencia. En el gobierno de Violeta Chamorro el poder presidencial era legalmente muy fuerte, por los enormes poderes que le daba la Constitución al Ejecutivo. Pero ese poder, aunque se ejerció, estuvo siempre plagado de veleidades y ambigüedades que dejaban espacios importantes fuera de control. Además, el rostro diario de quien ostentaba ese poder quedaba diluido. Doña Violeta reinaba más que gobernaba, mientras el gobierno quedaba en manos de un grupo de impopulares tecnócratas del gabinete económico que dirigía Antonio Lacayo.

En el gobierno liberal el poder presidencial promete ser fuerte y estar diariamente fortalecido por decisiones, ejecuciones y presencia personal de Arnoldo Alemán, un hombre de aspiración ubicua que estará al frente de todo, lo grande, lo mediano y lo pequeño, en la capital o en cualquier rincón del país. Si el gobierno Chamorro decidió desde las oficinas y se fabricó, para legitimarse, un colorido espacio de apariencias, el gobierno liberal no renunciará a ninguna oficina ni a ninguna apariencia, pero privilegiará el gobernar en la calle y en los mercados, en los campos, en todos los espacios de la realidad de la gente. Y lo hará con decisión, haciéndose notar, sin dar lugar a ninguna ambigüedad. Con autoridad. Y con todo el autoritarismo que haga falta.

La meta estratégica

De la naturaleza y estilos diferentes de estos dos gobiernos, de derecha ambos, se puede deducir que la meta estratégica del gobierno alemanista no va a ser la exclusión de los pobres o la confrontación con los sectores populares organizados. La meta parece ser un populismo que gane a los pobres desorganizados y coopte a los organizados, con un horizonte claro: organizar a los más posibles de ambos grupos, pero dentro del liberalismo. Para eso, hay que borrar de la historia, de la memoria, de las leyes, de la sociedad, todo rastro de la revolución popular sandinista y hay que quitarle al sandinismo sea populista o sea popular la mayor cantidad posible de espacios de acción.

Algunas de las primeras señales del gobierno liberal este análisis cubre sólo los primeros pasos dados en las tres primeras semanas lo empiezan a demostrar. En su estreno, Arnoldo Alemán envió una amplia gama de señales para ir construyendo imágenes claras de cuál será su estilo y cuál es su proyecto. Imágenes con las que sondear las posibilidades de ponerlo en práctica y con las que medir a sus adversarios.

Todo el poder posible

Además de este despliegue de imágenes y señales los liberales hicieron sólo una cosa: apropiarse de todo el poder a su alcance. Fue su primer paso estratégico. El máximo espacio en los Poderes del Estado. Espacio en los ministerios interpretando cargos altos, medios y bajos como "cargos de confianza" . Igual en el resto de instituciones, empresas y organismos estatales. Espacios los más posibles en todas las alcaldías que ganó la Alianza Liberal. Para "empoderarse" como ahora se usa decir , Alemán y los liberales han hecho nombramientos como les correspondía y también han desplazado, sustituido y despedido. Muchas sustituciones y cambios se han hecho no en base a profesionalismo, capacidad o experiencia. Ni siquiera responden a la aptitud política o ideológica para implementar con habilidad el proyecto liberal. Se trata de amiguismos, de premios de campaña y de favores prometidos a correligionarios políticos.

El esfuerzo y los recursos que invirtió la cooperación internacional para capacitar a cientos de funcionarios públicos durante estos años se echaron así por la borda. Y hay organismos y gobiernos desalentados ante este inexplicable desmantelamiento estatal por el que todo el país tendrá que pagar, con nuevos aprendizajes y nuevos recursos, ahondándose así el subdesarrollo, si lo entendemos como la incapacidad de acumular experiencia. El primer paso estratégico llenar los espacios institucionales lo dieron los liberales, de forma ostentosa, en el Poder Legislativo. Aunque la Alianza Liberal conquistó con los votos 41 de los 93 escaños, mostró decisión, capacidad y arbitrariedad para asegurarse un control férreo en el Poder Legislativo.

Asamblea: la última gran crisis

La Asamblea Nacional vivió entre octubre de 1996 después de concluido el proceso electoral y los primeros días de enero de 1997 cuando terminaba su período uno de sus más críticos y complejos momentos. Poco después de conocerse los resultados electorales, favorables a la Alianza Liberal, varios diputados de la Directiva parlamentaria leales al alemanismo o "hechos leales" en esos mismos días con promesas de cargos o con prebendas trataron de poner punto final al trabajo legislativo, para dejar todo lo que estaba pendiente de debatir, aprobar, dictaminar, etc. a los nuevos legisladores que iban a asumir en enero 97.

Esta estrategia de "brazos caídos" de los diputados coincidió con la "toma de conciencia" con que Arnoldo Alemán asimiló, días más tarde de asegurarse de su victoria presidencial, que no tenía mayoría en el Legislativo. "No sólo nubla la mente la derrota, también la victoria. El doctor Alemán tardó tiempo en darse cuenta de que no tenía mayoría en el Congreso para hacer todo lo que quisiera", cuenta un allegado de los liberales. Concibiendo el poder como se concibe en la tradición liberal nicaragüense, como un poder fuerte y centralizador, los primeros pasos que vimos dar al nuevo gobierno antes de su toma de posesión estuvieron encaminados a crearse una mayoría en la nueva Asamblea.

Había que empezar por paralizar el trabajo de la Asamblea saliente. Y si no se paralizaba, había que romper el quórum para que se paralizara. Y si no se rompía el quórum, había que recurrir al Poder Judicial para que lo paralizara. Y si ni aún así, la Corte debía dar por nulo todo lo que se hubiera trabajado en la Asamblea. Todos estos pasos dio Alemán a través de sus diputados leales entre noviembre y enero con el fin de garantizarse el control sobre el Poder Legislativo.

Legislativo: trabajo acelerado

A partir del 22 de noviembre, cuando estalló la crisis, la actividad legislativa de los diputados que enfrentaron las tácticas de Alemán alcanzó un ritmo trepidante. A partir de esa fecha, la intención liberal se hizo obvia, aunque los discursos de muchos de los que daban su opinión sobre la crisis tratando de influir en ella se revistieran de alegatos sobre "el Estado de Derecho".

Lo ocurrido en el Legislativo configuró un conflicto institucional, legal y obviamente político, de importantes dimensiones. Pero la complejidad jurídica y legal que envolvía la crisis, el desgaste sufrido en su credibilidad por la Asamblea Nacional a lo largo de estos años, la reciente crisis electoral, el desmovilizador ambiente navideño y la convicción de muchos de que "si Alemán terminó ganando las elecciones, ganará también en este pleito", impidió a la mayoría de los nicaragüenses tomarse en serio el conflicto, vivirlo con preocupación, o incluso informarse sobre él con el fin de entenderlo. Durante el conflicto, el Poder Ejecutivo la Presidenta Chamorro y varios de sus ministros tomaron abierto y constante partido con declaraciones y acciones en contra de los diputados que seguían trabajando y, en consecuencia, en favor de las maniobras liberales. También lo hizo el Cardenal Obando, que opinó que la Asamblea estaba "amarrándole las manos" al nuevo gobierno y debía cesar en su trabajo para "facilitarle el camino".

El claro apoyo que el Ejecutivo saliente dio al Ejecutivo entrante en este conflicto no dejó de sorprender, tan sólo recordando las tensiones que durante años se mantuvieron entre el gobierno Chamorro y el Alcalde de Managua, Arnoldo Alemán. Con esta alianza de última hora, "han querido comprar impunidad", interpretaron sandinistas y no sandinistas. Impunidad, porque Alemán siempre habló de llevar a la cárcel no sólo a los "piñateros" sandinistas sino también a los "piñateros" del gobierno Chamorro. La Asamblea Nacional continuó legislando en tiempos extra hasta el 22 de diciembre. Entre las muchas tareas que cumplió en este agitado período estuvo la elección el 19 de diciembre y con 60 votos para el nuevo cargo de Procurador de Derechos Humanos de Miriam Argüello, una mujer que, como política siempre, como diputada en estos años y como dirigente durante la crisis electoral, se creció una y otra vez.

Corte Suprema: grave señal

Las fiestas de Navidad crearon un paréntesis de distensión a la crisis del Legislativo, que en los primeros días de enero y ante el inminente cambio de gobierno, volvió de nuevo al tapete. Y volvió al rojo vivo. Faltaban muy pocos días para que Arnoldo Alemán asumiera el poder y la crisis debía tener alguna solución legal, con un dictamen definitivo de la Corte Suprema de Justicia, a la que los diputados leales a Alemán recurrieron para que hiciera de árbitro.

Aunque una gran mayoría de los juristas y analistas que siguieron la crisis sandinistas y no sandinistas, de todos los colores esperaban que la Corte resolviera el último de los recursos que se le presentaron sin dar señales de interferencia con las decisiones soberanas del Poder Legislativo, respetándolo, haciendo un discernimiento ejemplar de la maraña legal y política creada, la sentencia que la Corte emitió el 7 de enero de 1997 anuló de un tajo y absolutamente todo lo actuado por la Asamblea en el período iniciado el 22 de noviembre de 1996.

Ciertamente, con los 41 diputados que obtuvo en las urnas, la Alianza Liberal no tenía la mayoría simple para la aprobación de ninguna ley, fuera cual fuera su rango. Pero, a aquellas alturas, la Corte Suprema de Justicia, toda la clase política y algunos más sabían que la imposibilidad de convertirse, por mayoría, en "aplanadora" legislativa estaba prácticamente "superada" ya por el nuevo Presidente Alemán, con la adhesión comprada, con cargos o bienes, de un número suficiente de los 15 diputados de los partidos pequeños que lograron poner a algún representante en la Asamblea. En la práctica, la sentencia de la Corte, usando un discutible argumento legal, hacía una opción política a favor del nuevo gobierno liberal y enviaba una señal favorable a la centralización del poder que caracterizará su proyecto.

Colgados sobre un abismo

Los juicios que mereció la sentencia de la CSJ de parte de los parlamentarios descalificados, de prestigiosos juristas, de dirigentes políticos y de analistas ponderados ponían literalmente los pelos de punta. En vísperas del cambio de gobierno, dos de los cuatro diarios, los que no son oficialistas Barricada y El Nuevo Diario titularon el 8 de enero en primera plana: "Golpe de Estado", mientras todos los analistas cuestionadores de la sentencia no sólo sandinistas alertaban sobre el "caos institucional" y la "situación explosiva" en los que el país había caído. "Hoy amanecimos colgados sobre un abismo y pendientes de un bejuco", sentenció un calificado jurista liberal, perplejo ante la decisión de la Corte. Lo más preocupante de los juicios que se escucharon fue que todos vinculaban el fallo de la CSJ, al dejar libres las manos a Alemán para controlar el Legislativo, con los albores del renacimiento de una dictadura como la somocista.

El antídoto a cualquier tremendismo fue el escepticismo político en que vive la mayoría. "Hastiados estamos, hartos estamos de política", repite mucha gente. La conciencia social nicaragüense supo entonces y sabe hoy que esta última crisis institucional será sólo la penúltima. Y que el caos en que el país caía no era ningún agujero negro sin salida. Por eso, con abismo y bejuco, con caos y golpe de Estado, todo siguió su curso exactamente igual.

Los problemas reales de Nicaragua inequidad creciente, cierre de oportunidades para la mayoría, desatención de la producción campesina, ansia afiebrada de los ricos tradicionales y de los nuevos ricos por "globalizarse" caiga quien caiga, aunque sea Nicaragua la que caiga, desastre ecológico, saqueo de los recursos de la Costa Atlántica y tantos otros complejísimos problemas aparecen cada vez menos vinculados para la mayoría de los nicaragüenses a las interminables crisis entre los Poderes crisis por el poder vividas en estos años que, en gran medida, siempre terminan resolviéndose comprando voluntades y vendiendo principios. En esta última crisis legislativa bastó como "precio", en algunos casos, con una casa en la playa o una buena camioneta en la puerta. Parecería que en Nicaragua falta dinero para desarrollar el país pero sobra para comprar todas las conciencias.

Fue lamentable que la sociedad civil quedara al margen de este último conflicto del Legislativo, que era realmente trascendente para el futuro, para la institucionalidad del país y para la democracia. El clima de confusión, de pasividad, de desconfianzas y de angustia por la sobrevivencia que hoy impera nubló la posibilidad de entenderlo. (envío quiere contribuir a su comprensión con el análisis que hace, en otras páginas de este número, la ex diputada de la Asamblea Nacional y ex Presidenta de la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea, Dora María Téllez).

9 de enero: cambio de gobierno

La crisis que enfrentó al Poder Ejecutivo saliente con el Legislativo que decidió seguir funcionando, que tensionó al extremo al Legislativo, que llevó al Poder Judicial a extralimitarse en sus funciones, terminó también involucrando al cuarto Poder del Estado, el Poder Electoral, al instalarse la nueva Asamblea Nacional.

El 9 de enero, los nuevos 186 parlamentarios (93 propietarios y sus 93 suplentes) tomaron posesión de sus cargos, iniciándose con esta ceremonia el cambio de gobierno. La sesión de instalación del Parlamento estuvo dominada por el debate sobre el procedimiento para elegir a la Junta Directiva de la Asamblea Nacional. Voto público pedían los liberales ("Quienes nos eligieron deben saber por quién votamos"). Voto secreto pedían los sandinistas. A su juicio, la secretividad garantizaría libertad a los diputados de los partidos pequeños para atreverse a no votar por los candidatos que iban a proponer los alemanistas.

En vísperas del cambio de gobierno, varios de los más calificados voceros de la Alianza Liberal declaraban sin pudor que si habían ganado las elecciones, aunque sólo contaran con el 44% de los legisladores, debían copar todos los puestos claves de la Junta Directiva de la Asamblea, desde los que se diseña y controla prácticamente todo el trabajo legislativo. El proyecto de los liberales requiere de este control, pues el 10 de enero de 1997 entraron en pleno vigor las reformas constitucionales y el Legislativo tiene nuevos poderes e importantes áreas de decisión y de influencia. Para lograr los principales cargos de la Directiva, con una mayoría de votos que no tenían, los liberales desarrollaron, entre noviembre y enero, todo tipo de tácticas. La última, reunir durante los días previos al 9 de enero en la atractiva playa de Montelimar a casi todos los diputados de los partidos pequeños para "asegurar" sus votos.

Asamblea: control liberal

Tocaba al Consejo Supremo Electoral (CSE) que presidía por ley la sesión inaugural de la Asamblea decidir sobre si los diputados debían votar a mano alzada o en secreto. Después de un debate de cinco horas protagonizado por el FSLN, destinado a desgastar las paciencias, y de una deliberación de dos horas del CSE destinada a lo mismo, el CSE anunció que el voto sería público, basándose en la cuestionada sentencia de la Corte Suprema de Justicia. Cuando el CSE anunció su decisión, los 36 diputados del FSLN abandonaron la Asamblea. "Fue un gesto simbólico dijo a Envío un diputado del FSLN . Ya no teníamos nada que hacer allí. Si el voto era público, ya sabíamos los resultados, ninguno se atrevería a enfrentar a Alemán." Ninguno lo hizo. Y los liberales controlaron sin ningún problema y con los votos ya previstos todos los cargos de la Junta Directiva de la Asamblea.

Días después, al iniciarse los trabajos en la Asamblea, impusieron con autoritarismo y arbitrariedad desde la controlada Junta Directiva, el control liberal sobre 13 de las 17 Comisiones permanentes de trabajo de la Asamblea, las más estratégicas. "Tenemos derecho a garantizarnos la gobernabilidad. Si el pueblo votó por nosotros fue para que gobernáramos", dijeron. La sesión de instalación del Legislativo terminó entrada la tarde. Horas después, el recién elegido Presidente de la Asamblea Nacional, el jurista y académico Iván Escobar Fornos, entregaba la banda presidencial a Arnoldo Alemán.

10 enero: Alemán Presidente

La ceremonia de toma de posesión, el viernes 10 de enero, fue muy ordenada, aunque dentro de una estricta teatralidad provinciana. No asistió ningún dirigente del FSLN. Hubo una modesta asistencia internacional. Y, por razones de seguridad, hubo un control tan grande de la asistencia popular que el estadio estaba semivacío. El domingo siguiente se convocó al pueblo liberales y no liberales a celebrar la victoria de Alemán. La controversia por los resultados electorales tuvo, entre otras muchas consecuencias, que esa victoria nunca se expresara en una celebración masiva y callejera. Pero la Plaza de la vieja Catedral, escenario de la fiesta postergada, estuvo también prácticamente vacía, a pesar de las orquestas internacionales que fueron invitadas por el gobierno.

Alemán inició su discurso inaugural ubicando en un párrafo el pasado sandinista dentro del nuevo marco internacional: "El camino se ha despejado abriendo insospechables horizontes y oportunidades, con el derrumbe de muros, mitos y fetiches, de barreras ideológicas y de hegemonismos geopolíticos desfasados que alimentaron los fuegos fatuos del aislacionismo, la intolerancia y compartamentalización del mundo, de la sociedad, y del sometimiento a Estados totalitarios, erigidos sobre los derechos, voluntades y libertades de la persona humana. ¡Es el pasado! ¡Es la noche oscura!".

El resto de sus palabras tuvo un tono conciliador y propositivo. Solo hubo epítetos cargados contra los diputados de la legislatura que acababa de concluir. "...Múltiples candados, amarres, componendas oscuras, concesiones, privatizaciones objetables, vicios ocultos y limitaciones se han dejado colocados como en un campo minado. Unos de viejas fechas, y otros de muy reciente acuñamiento, a través de una insólita y desenfrenada avalancha de pretendidos nombramientos y leyes, oportunistas y vergonzosos, promovidos por ciertos conocidos elementos de dudoso patriotismo y ética de la pasada Asamblea Nacional..."

A grandes rasgos, Alemán diseñó una amplia programática, ya más o menos conocida por sus promesas de campaña y en estos términos juró cumplirla: "Juré esta mañana solemnemente cumplir por mi honor con la Constitución y defender la soberanía, independencia e integridad de nuestra Patria. Agrego públicamente: velar por mi pueblo, en especial por los pobres; respetar la ley, los derechos y libertades de los nicaragüenses, conduciéndolos por caminos de paz, cívicos y de bienestar que llegue con justicia social a todos los sectores. Evocando a los antiguos romanos, fundadores de la milenaria primera República, pongo mi mano en la venerable piedra de la boca de la verdad para reiterar este juramento ante Dios, ante nuestra sagrada bandera nacional; por la memoria de mis fallecidos padres y esposa; y por mis hijos aquí presentes, que nunca defraudaré la confianza y esperanza de mi pueblo".

La principal contradicción

En sus primeras tres semanas de gobierno las que cubre este análisis Arnoldo Alemán ha tratado de proyectarse con multitud de imágenes positivas como un hombre trabajador que está en todo, como un gobernante flexible que encontrará respuesta aún para lo más complejo, como una persona de paz que dialoga con sus peores adversarios y como una persona de principios que no renunciará ni a aplicar la ley ni a llevar adelante su programa de cambios trascendentales.

Para llevar adelante el proyecto liberal, centralista, populista y de largo plazo, Arnoldo Alemán tiene delante importantes contradicciones. La principal tiene que ver con los condicionamientos que encorsetan hoy la economía nicaragüense, según los planes de estabilización y ajuste del FMI y el Banco Mundial, que en ningún lugar del mundo han potenciado el empleo productivo, la economía campesina o el espacio para pequeños y medianos productores, que ordenan reducir el déficit recortando el gasto social, y que no promueven nunca igualdad de oportunidades ni tienen la equidad económica como un valor.

¿A favor de los pequeños?

Sabiéndose dentro del corsé macroeconómico del ajuste, en sus primeras tres semanas de gobierno, Alemán:
* Prometió una muy flexible reestructuración de las deudas de los productores agropecuarios con la banca estatal, haciendo diferencias a favor de los pequeños y medianos deudores. (Unos 30 mil productores deben 1 mil 100 millones de córdobas. La mayoría de los deudores son pequeños, pero la mayoría de la deuda es de los grandes).

* Puso fin a los cobros judiciales y embargos de propiedades que estaba llamada a llevar a cabo "la Cobra" empresa estatal para cobrar deudas a productores morosos , que se había convertido en una amenaza y también en un símbolo de la crisis sin retorno en la que parecía caer la economía del campo.

* Aseguró suficiente financiamiento para la producción agrícola y ganadera y dijo que haría de ella "el motor" de la reactivación económica del país. ("Nicaragua volverá a ser el granero de Centroamérica", repite Alemán) y haría que los pequeños y medianos productores, excluidos por el gobierno Chamorro, volvieran a ser sujetos de crédito y de apoyo técnico. (La UNAG calculó en unos 800 millones de córdobas la cantidad necesaria para financiar el ciclo agrícola 97).

Falta aún concretar todas estas positivas líneas de acción económica que eran las que prometía en su campaña electoral el FSLN . Como el inicio del ciclo agrícola es inminente, la concreción tendrá que ser pronta. ¿Tiene margen el gobierno para hacer todo esto y más que ha prometido en el área del empleo y en el área social dentro del ajustadísimo marco del ajuste estructural?

ESAF: ¿sí o no?

El nuevo Ministro de Finanzas, Esteban Duquestrada, anunció en sus primeras declaraciones que el gobierno liberal tendrá "más firmeza", y no será "sumiso ante lo que nos impongan" los organismos financieros internacionales. "Deben tomarnos en cuenta", recalcó. Habló de renegociar el acuerdo ESAF incumplido por el gobierno Chamorro para que el énfasis de la política económica de los liberales esté en el aumento del gasto social y en la generación de empleos productivos. Pero, ¿algún acuerdo con los organismos internacionales de algún país del Sur permite esos énfasis?

El representante del BID en Managua, Martín Stabile, afirmó esos mismos días que el nuevo gobierno tendrá que acordar pronto algo con el FMI, sea el ESAF tal como ya estaba establecido concluye a mediados de 1997 o sean cambios en el mismo. Pero descartó que "por el momento se den transformaciones de fondo en el acuerdo ESAF."

Todos saben que en el gabinete económico del gobierno liberal están concentrados los mejores hombres del nuevo gobierno. Se trata de un grupo heterogéneo, dividido entre quienes quieren renegociar el ESAF y quienes rechazan las condicionalidades con las que esa brújula enrumba toda la economía nacional. Siendo tantos los empobrecidos y siendo tan profundo su nivel de empobrecimiento, ¿será posible el populismo alemanista en el marco del modelo económico en el que Nicaragua quedó alineada tras la gestión Chamorro? En el mundo globalizado por los neoliberales, ¿qué margen tiene Nicaragua para llevar adelante un programa económico populista? Esta aparece en el horizonte inmediato como la contradicción de fondo.

Las expectativas de los pobres que votaron por la Alianza Liberal son descomunales. En algunos casos, se esperan transformaciones casi mágicas. Las incertidumbres de los pobres que no votaron por los liberales son también enormes. La incógnita sobre el margen de maniobra y la voluntad política que tendrá el nuevo gobierno para responder populistamente a los pobres es la mayor de todas.

Estado de Derecho: ¿un mito?

El tema recurrente que el nuevo Presidente introduce con vehemencia en cualquier declaración o discurso es el del establecimiento en Nicaragua de un Estado de Derecho. ¿Tendrá este concepto el mismo espacio casi mítico que el establecimiento del libre mercado tuvo en el gobierno Chamorro?

La realidad es que durante el gobierno Chamorro nunca hubo "libre mercado". El mercado fue "liberado" discrecional y sesgadamente por el gabinete económico que presidió Antonio Lacayo y resultó sólo liberado en beneficio de los miembros de ese gabinete y de los grandes capitales oligárquicos y de algunos nuevos capitales sandinistas. Igualdad de oportunidades en el mercado democracia económica es lo que menos hubo y hay en Nicaragua.

¿Pasará lo mismo con el Estado de Derecho? No hay que ser ni sandinista ni de izquierdas para saber que "quien tiene el poder tiene la ley", porque siempre y en todo lugar la aplicación del derecho es un problema de poder y porque, más que las leyes, pesa la confianza que crea un pacto social sólido y con espacio para todos. "La ley es una culebra que sólo pica a los que van descalzos", decía sabiamente Monseñor Romero.
Por muchas razones leyes trascendentales que son profundamente obsoletas, sistema judicial frágil y muy vulnerable a la corrupción institucionalizada en estos años, una revolución social cuya legitimidad, legalidad y derecho están puestos en cuestión por el proyecto liberal, y una cultura política basada en la doble medida y en la ilegalidad tolerada en que se han movido históricamente los poderosos siembran graves dudas sobre el significado que en la Nicaragua liberal tendrá el Estado de Derecho.

Ya se dio una preocupante señal para el futuro con el férreo y provocativo control que los liberales se aseguraron en la Asamblea Nacional, Poder del Estado que se encarga de hacer nuevas leyes o de reformar o reglamentar interpretativamente las ya existentes, incluida la Constitución. Más grave es que se aseguraron ese control "en nombre del Derecho", según la interpretación de la Corte Suprema.

¿Justicia legal o justicia social?

Frente al proyecto liberal, se alza un empobrecimiento generalizado. Alemán y los funcionarios del nuevo gobierno hablan apasionadamente de la justicia legal. Miope perspectiva en un país tan necesitado de justicia social. Nunca por correcta que sea su elaboración y su aplicación la desnuda ley construyó la justicia. En ninguna parte. La justicia social, además de leyes de proyección social, exige el cultivo de un conjunto de valores que el modelo económico neoliberal que se ha impuesto en el mundo va descartando por poco rentables en el mercado. La solidaridad, la gratuidad, el sacrificarse por los demás y no sólo ascender individualmente... ¿Formarán parte del proyecto liberal estos valores?

En la primera incursión del nuevo gobierno en un tema social muy complejo, el de los niños y niñas trabajadores en la calle, oímos con sorpresa la interpretación con que el Presidente, el nuevo Ministro de Gobernación y la nueva Ministra de Acción Social pensaban enfrentar interinstitucionalmente esta situación. Hablaron de "limpiar" las calles, de "internar a los niños en centros de menores" y en "reformatorios", afirmaron que los padres de estos niños son "delincuentes" por mandarlos a trabajar y los amenazaron: si no cambian su conducta delictiva, perderán la "patria potestad" sobre sus hijos.

Días después, el Ministerio de Gobernación, para resguardar el orden público y garantizar la seguridad ciudadana, inició con duración indefinida el llamado "Plan Semáforo", quitando de las zonas de varios semáforos de Managua a todos los vendedores callejeros y a los niños y niñas trabajadores limpiavidrios, vendechicles, etc. , por considerarlos asociados a los delincuentes. A los niños se les advirtió que si vuelven a los semáforos serán recogidos en "centros especiales".

Los niños de los semáforos

El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) señaló la lista de derechos humanos violados con esta disposición, que pretende atacar un problema social y una de las muchas expresiones de la economía informal con "una doctrina sociológica ya obsoleta denominada `doctrina de la situación irregular'", que está en abierta contradicción con los principios de la Convención de los Derechos del Niño, reconocida en la Constitución nicaragüense.

La Coordinadora de ONGs que trabajan con la niñez y la adolescencia más de 30 instituciones hizo un pronunciamiento señalando que la medida no resolverá el problema. "En cualquier plan de emergencia dicen las ONGs la familia debe entenderse como parte de las soluciones del problema y no como el problema mismo. Debe privilegiarse a la familia como responsable del desarrollo físico, afectivo y moral de estos niños y niñas, restituirles su capacidad económica y social para asumir esta responsabilidad, asimismo restituirle a los niños y niñas el acceso a la escuela, a la salud, a la familia y a un trabajo digno según su edad."

Y añaden desde su experiencia: "Los niños y niñas de los semáforos, sus padres y familias deben participar en la elaboración y ejecución de cualquier acción o medida que se tome respecto a su situación. No pueden ser meros objetos de las medidas sino sujetos autores de las mismas. No se debe intervenir en la vida de ningún niño o niña sin tomar en cuenta sus opiniones y la de sus familias. Tampoco pueden tratarse en "masa". Son personas, niños que tienen una historia, un drama, una realidad e identidad propia y cada uno requiere de una respuesta."

En los temas sociales empiezan a aparecer señales que indican que pugnarán por prevalecer enfoques basados en la atención de beneficencia, o sustentados en un modelo de "familia" que apenas existe en Nicaragua, o impregnados del "machismo" y de los valores "morales" de corrientes tan conservadoras dentro del catolicismo como son el Opus Dei o la Ciudad de Dios.

Por otra parte, como el proyecto populista de Alemán tiene entre sus prioridades el "ganarse" a los pobres pro sandinistas con medidas sociales que los beneficien, deberá acompañarlas de un "paquete ideológico" para que los beneficiados interpreten las causas de su pobreza, no en relación con los mecanismos económicos del capitalismo actual, que provocan tanta inequidad en la distribución de las riquezas si a unos les falta es que a otros les sobra , sino en el "desastre económico" que habría significado la revolución sandinista.

El laberinto de la propiedad

El nuevo gobierno liberal tiene delante un complejísimo problema no resuelto en el que está la huella más profunda de la revolución: la redistribución de la propiedad. Alemán ha reiterado que es prioritario el resolver definitivamente este problema, titulando las propiedades de los pobres, indemnizando a los confiscados y obligando a los ricos en este caso, a los dirigentes sandinistas a pagar o a devolver las "mansiones" de "la piñata".

En sus primeros días, Alemán comenzó a entregar títulos a pequeños propietarios de asentamientos de Managua y también aseguró estabilidad y titulación de sus tierras a las cooperativas agropecuarias. Pero, titulando las propiedades redistribuidas con la reforma agraria, individuales o cooperativas, o los lotes y viviendas de los pobres de Managua no se resuelve la médula del asunto. Tampoco se resuelve exigiendo la devolución de algunas propiedades símbolo de algunos dirigentes del FSLN.

¿Qué va a pasar con tantos pequeños propietarios dispersos en las muy revalorizadas zonas semiurbanas que rodean la capital? ¿Qué va a pasar con las muy valiosas 400 empresas agropecuarias, industriales y de servicios que se privatizaron legalmente desde 1991 hasta hoy a favor de los trabajadores y que, con debilidades y tropiezos, también con obvios éxitos, constituyen la novedosa Area Propiedad de los Trabajadores? ¿Qué va a pasar con el grupo de confiscados que tanto se distinguieron en apoyar a Alemán en su campaña , que siguen desconociendo la Ley de Estabilidad de la Propiedad (Ley 209) de diciembre/95, como en su día la desconoció el PLC de Alemán? En esa ley se llegó a un difícil y amplio consenso que después no se implementó, por falta de voluntad política del gobierno Chamorro. ¿Se hará trizas el arduo consenso que refleja esa ley? ¿Y qué sucederá con la "piñata" que hicieron con valiosísimas empresas y propiedades estatales los funcionarios del gobierno Chamorro?

La resolución de todo este enredado laberinto de intereses no puede ser solamente jurídica. Tiene que sostenerse en un consenso político para garantizar una estabilidad que beneficie la economía. De hecho, la solución no va a ser jurídica. Según los expertos, resolver por la vía jurídica y en los tribunales los problemas de propiedad que existen hoy en Nicaragua tardaría, cuando menos, 30 años.

El contrapeso del Ejército

El proyecto liberal tiene enfrente al Ejército de Nicaragua. No como factor de oposición o de contradicción, sí como un contrapeso de poder. Desde el triunfo electoral de la Alianza Liberal, un sector vinculado a la Alianza ha puesto a diario sobre el tapete el tema del Código Militar aprobado en 1995. Por ser el Código una ley ordinaria, podría ser reformado por la Asamblea Nacional. Esto se facilitaría al tener los liberales ya asegurada una mayoría en el Legislativo y se justificaría porque el gobierno liberal estrena un Ministro de Defensa civil, que no tiene aún muy definidas sus atribuciones.

Ante las insistentes sugerencias de algunos sectores en este sentido, el Ejército ha sentado en varias ocasiones su posición en el nuevo escenario nacional. El 17 de diciembre fue una de ellas. Al graduarse los primeros 39 cadetes del Ejército, el Jefe del Ejército General Joaquín Cuadra, afirmó: "Sería lamentable pretender hacer de esta institución democrática un nuevo foco de tensiones innecesarias y conflictos... Nunca debemos olvidar que la causa germinal de la inmensa mayoría de los problemas y conflictos que han abatido a la sociedad nicaragüense no ha sido la contradicción entre civiles y militares, sino más bien la decisión de algunos sectores del liderazgo nacional de instrumentalizar al cuerpo castrense y convertirlo en el brazo armado de los particulares intereses de individuos, grupos, familias o partidos".

"Somos seres pensantes"

"Por muy paradójico que parezca dijo Cuadra el militarismo en Nicaragua no es un fenómeno de naturaleza estrictamente militar. Han sido civiles quienes lo han estimulado y ellos mismos han sido sus principales beneficiarios... Somos fieles cumplidores de la norma constitucional y como toda fuerza armada, reconocemos que no somos deliberantes. Pero ello no niega ni contradice el que seamos seres pensantes, preocupados por el destino de Nicaragua y el futuro de los nicaragüenses."

El proyecto liberal puede ir avanzando en lo fundamental sin desestabilizar al Ejército con "tensiones innecesarias". Esto permite pensar que el gobierno de Alemán va a evitar cualquier conflicto con el Ejército. Jaime Cuadra, el nuevo Ministro de Defensa, ha desestimado que los diputados liberales se dediquen a reformar el Código Militar. "La Asamblea Nacional tiene un volumen de trabajo que es más importante". Y Arnoldo Alemán también ha querido deshacerse de las presiones que de entre su Alianza recibe en esa dirección: "No tenemos, como gobierno, interés ni chiquito ni grande en reformar el Código Militar". De momento, a Alemán le basta y le sobra con el símbolo del General Joaquín Cuadra prestándole juramento y dándole un caluroso apretón de manos no se le cuadró durante la ceremonia de toma de posesión. Le basta el haber recordado a todos en su discurso inaugural que, como Presidente, es él "la autoridad máxima de las fuerzas armadas".

Cómo hacer oposición

Delante tiene también la Alianza Liberal una sólida oposición política. Como los liberales llegaron como aplanadora y con "escoba," la oposición tiene una amplia gama de intereses y colores. Pero domina el rojinegro. El FSLN es, desde cualquier punto de vista, la fuerza de oposición al gobierno.

El diálogo iniciado el 13 de enero entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega es una magnífica señal. Pero a ese nivel tan alto, el diálogo no significa aún estabilidad nacional ni tampoco garantía de respeto o solución a las necesidades populares. Que los nuevos y fuertes capitales de dirigentes sandinistas sean aceptados por los grupos económicos que hoy controlan el gobierno da estabilidad al país y fomenta la unidad nacional, pero no garantiza espacios a la economía popular ni asegura oportunidades a los excluidos ni defiende, mecánicamente, los intereses de los más pobres.

Para que el diálogo sea un elemento que asegure el inicio de un auténtico proyecto de nación, el proyecto liberal deberá adecuarse a la realidad de Nicaragua, en donde hubo una legítima revolución social, donde hay una sed y una capacidad de tolerancia cada vez más sentida, y donde arrinconar al sandinismo como algunos parecen pretender puede causar nuevas crisis sobre las graves crisis que ya existen.

Para que el diálogo sea en realidad una esperanza de que los pobres no sigan siendo excluidos y vuelvan a participar y a decidir, a hacer sentir aquello que se llamó en los 80 el "poder popular", el proyecto del FSLN debe de redefinirse en esta nueva etapa, partiendo de ese acumulado de conciencia, organización y capacidad de movilización que aún conserva el sandinismo, a pesar de muchos de sus dirigentes y de sus problemas no resueltos. El diálogo debe darse al interior del FSLN, con los sandinistas que se pasaron al MRS, con los que desde el 90 andan dispersos, con los que han chocado con estructuras impositivas y cerradas, con el sandinismo de base y con el pueblo no sandinista que sigue necesitando de transformaciones sociales.

Hay un énfasis en la línea de oposición que en esta nueva etapa va a hacer el FSLN. La describió así Daniel Ortega en entrevista radial: "En el diálogo con el gobierno vamos a representar intereses nacionales, intereses generales de la nación. Pero en ese diálogo, el Frente no puede ser portavoz de la lucha de todos y cada uno de los sectores sociales y populares afines o no al sandinismo. En esta nueva etapa el FSLN no va a asumir sobre sus hombros la lucha de todos los sectores. Va a depender de la capacidad de organización, de gestión y de presión que tenga cada uno de los sectores para que se resguarden en este país las conquistas de la revolución. Vamos a apoyar las luchas de los sectores que estén dispuestos a luchar. No va a ser una lucha de dirigentes ni de directivas. Son otros tiempos. Que nadie espere que el Frente va a hacer caer maná del cielo."

Es tiempo de la sociedad civil

"Ya no es tiempo de paternalismos", han dicho estos días Arnoldo Alemán y Daniel Ortega. Tampoco es tiempo de balances ni de conclusiones. Ni siquiera de una evaluación preliminar. La política nicaragüense es cambiante como la naturaleza nicaragüense y siempre hay que estar alerta y listo para un sismo. Los primeros pasos y las primeras señales del cambio indican, entre otras cosas, que es tiempo de que los movimientos sociales, la sociedad civil, el movimiento popular, crezcan, maduren, aprendan a hacer oir su voz y a participar.

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