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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 176 | Noviembre 1996
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Nicaragua

Cómo votaron los nicaragüenses

Aunque pueden presentar inconsistencias y aunque haya sido cuestionados, sólo a partir de los resultados oficiales de las elecciones podemos analizar el voto de los nicaragüenses y empezar a imaginar el futuro político del país.

Equipo Nitlápan-Envío

El 22 de noviembre concluyó el proceso electoral nicaragüense con la publicación de los resultados definitivos y la proclamación de las autoridades electas. Se puso así punto final a una de las crisis más complejas por las que ha atravesado nuestro país, que desembocó en una nueva correlación de fuerzas en el gobierno nacional y en los gobiernos locales.

Los resultados preliminares -que en pocas horas empezaron a ser cuestionados por el FSLN y otros partidos- comenzaron a hacerse públicos en la madrugada del 21 de octubre y fueron interrumpidos en la tarde del 23 de octubre, cuando según el CSE estaba ya escrutado el 87% de las juntas receptoras de votos (JRV). Posteriormente, el 8 de noviembre, y tras un fatigoso proceso de recuento de votos y revisión de actas - que también fue cuestionado por el FSLN y por otros partidos-, el CSE ofreció nuevos resultados preliminares. Finalmente, el 22 de noviembre - descartando impugnaciones y solicitudes de anulación- los resultados electorales se anunciaron como definitivos. Y por tanto, inapelables, según la Ley Electoral. Es sobre las cifras que el CSE dio el 8 de noviembre, y sin aún poder examinar si existe alguna variación numérica entre ellas y las del 22 de noviembre, que el equipo de envío elaboró este análisis.

A pesar de todo, éstos son los números

El 8 de noviembre, casi tres semanas después que los nicaragüenses acudieran a depositar su voto en las urnas, el Consejo Supremo Electoral (CSE) publicó los "Resultados electorales provisionales". Este documento, a diferencia de los 21 informes parciales que el CSE había publicado entre el 21 y el 23 de octubre, contiene los informes de todas las JRV que operaron en el país el día de las elecciones, 8,995 en total. Eran resultados aún "provisionales", pues a partir de su publicación los partidos podían impugnar y solicitar revisiones, como de hecho lo hicieron, en apego a lo dispuesto por la Ley Electoral.

No deja de ser embarazoso y complicado analizar los resultados de unas elecciones que se vieron empañadas por las múltiples anomalías e irregularidades que acompañaron todo el proceso, antes y durante el conteo y reconteo de los votos. No obstante, a pesar de las dudas que puedan planear sobre estos números, lo cierto es que los resultados publicados por el CSE -aunque provisionales y con inconsistencias- son los únicos datos oficiales con los que contamos para saber cómo votaron y por quién votaron los nicaragüenses el 20 de octubre de 1996.

El fantasma del fraude

Mucho se habló y se seguirá hablando de la existencia de un fraude en las elecciones nicaragüenses. La Alianza Liberal comenzó a hablar del fraude dos años antes de la fecha en que se llevaron a cabo los comicios. Muchos partidos comenzaron a hacerlo después que comenzaron a cotejar sus propios conteos con los resultados que comenzó a publicar el CSE al día siguiente de las elecciones. Después de hacer una primera revisión aritmética de los resultados, exigida por varios partidos, el CSE se vio obligado a corregir sus informes preliminares, lo que vino a confirmar que las denuncias de los partidos no eran completamente infundadas.

Todo indica que el proceso de votaciones del 20 de octubre se vio atravesado por un conjunto de anomalías o acciones fraudulentas focalizadas en varios municipios, incluso en varios departamentos del país. ¿Cuál fue la magnitud real de las irregularidades? ¿De qué datos disponemos para cuantificar sus verdaderas dimensiones? ¿Es posible que un análisis minucioso de los resultados publicados por el CSE nos proporcione alguna pista?

Hay que decir, de entrada, que con los datos proporcionados por el CSE es técnicamente imposible llegar a determinar si hubo o no un fraude electoral. Menos aún, calcular la magnitud del mismo. En cambio, esos mismos datos sí nos permiten sustentar la tesis de que hubo anomalías importantes durante el proceso electoral. También nos permiten afirmar que en la publicación de los resultados hubo un manejo tendencioso por parte del CSE. Los datos fueron organizados y presentados con el propósito de que ciertas anomalías e irregularidades no quedasen tan al descubierto de la vista pública y de que su importancia pudiese ser considerablemente minimizada.

Encubrimiento del caos: un caso

El equipo de envío tuvo acceso a la base de datos computarizada del CSE, en la que aparecen los resultados de las 8,995 JRV que funcionaron a nivel nacional. Según la información contenida en esta base de datos, que fue diseñada y elaborada por la empresa española INDRA SSI, en el departamento de Managua figura un total de 233 JRV "desiertas". Es decir, JRV que no cuentan con ningún votante o, lo que viene a ser lo mismo, con ningún voto. En estas 233 JRV se encontraban inscritos, según la información que aparece en la misma base de datos, un total de 67,158 votantes. Pero como en los datos no se da ninguna explicación adicional, resulta imposible saber si todos esos ciudadanos son personajes ficticios o, en el caso de ser personas reales, tampoco es posible saber por qué razón sus votos se reducen a puros ceros. En otras palabras, no es posible llegar a saber por quién votaron esos ciudadanos.

El cuadro inferior muestra la distribución de estas 233 JRV "desiertas" y de estos 67,158 votantes "inexistentes" en los siete municipios que conforman el departamento de Managua.



Es éste un ejemplo bien concreto de una de las graves anomalías ocurridas en las elecciones. Importante, porque sirve de muestra de algunas de las anomalías cuantitativas que reflejan los datos del CSE. Analizar este único caso nos puede dar pistas para una reflexión más amplia sobre otras anomalías que, aunque existieron, resulta casi imposible descubrir a partir de la base de datos.

¿Son estas "juntas fantasmas" una señal del fraude? Sería posible responder negativamente, aunque no de manera categórica. Hay que tener presente que en este caso desapareció la totalidad de los votos de las 233 JRV, lo que evidentemente es un hecho que no afecta a un solo partido, sino a todas las agrupaciones políticas que habrían obtenido algún voto en alguna de esas 233 JRV desaparecidas. Si se tratase técnicamente de un fraude, lo lógico sería que desapareciesen los votos que favorecían al partido en contra del cual presuntamente iba dirigido el fraude.

No significa esto negar que haya habido fraude electoral en el departamento de Managua. Pero, la prueba de ello habría que ir a buscarla en otros datos que no sean los del CSE. Por ejemplo, en los que poseen los partidos políticos que impugnaron las elecciones.

Es posible hacer un sinfín de conjeturas en torno al caso de las JRV desaparecidas en Managua. Para no mencionar más que una: podríamos pensar que alguien se apoderó de las urnas llenas de boletas de estas 233 JRV, con la finalidad expresa de devolverlas después de haber destruido o alterado las boletas que favorecían al partido al que se quería perjudicar. Podríamos imaginar, además, que ese alguien, por las razones que sea, se vio posteriormente en la imposibilidad de regresar el resto de boletas sin delatarse a sí mismo y por esta razón, optó finalmente por hacer desaparecer todas las boletas, incluyendo las que beneficiaban a su propio partido. De ser éste el caso, estaríamos frente a un fraude sui generis que habría perjudicado, paradójicamente, a todos los partidos sin distinción.

¿Dónde están las JRV "fantasmas"?

Sin descartar la hipótesis del fraude, lo mas probable es que una buena parte de las 233 JRV "fantasmas" del departamento de Managua hayan desaparecido debido al desorden institucionalizado que se produjo en el funcionamiento de todo el engranaje que culminó en las votaciones. Si dicen que de mano en mano puede perderse hasta una catedral, ¿qué suerte podría esperar a las boletas de 233 JRV, que fueron circulando de mano en mano a lo largo de una cadena que presentaba considerables deficiencias en los mecanismos de control, tanto en la fase de la recepción como en la del almacenamiento de los materiales electorales?

En su informe del 8 de noviembre, el CSE no menciona nunca de manera explícita la existencia de las 233 JRV "fantasmas" de Managua. Menos aún, no hay señas de las 403,048 boletas correspondientes a estas JRV -6 boletas por cada votante-. Quizás no lo hace tratando de mantener a toda costa su propio prestigio institucional. Es evidente que el CSE habría dañado su propia imagen si en todos sus informes hubiera introducido sistemáticamente una casilla en la que se indicara la cantidad total de éstas - ¿y de cuántas más? - JRV "fantasmas" y de los votos desaparecidos en ellas. En vez de hacer esto -que era lo que aconsejaba un espíritu de transparencia-, el CSE decidió omitir en su base de datos cualquier referencia, aunque mínima, a anomalías o irregularidades.

En un comunicado posterior a los resultados hechos públicos el 8 de noviembre, el Centro Carter afirmaba: "Lamentablemente, el CSE no emitió información sobre las correcciones hechas durante la revisión (de los resultados), ni del número de votos contados para determinar los resultados provisionales anunciados el 8 de noviembre. Es imprescindible que el CSE anuncie, lo más pronto posible, esta información para que el pueblo nicaragüense, tanto como los observadores internacionales, puedan evaluar las apelaciones de los partidos y el anuncio del CSE. Es solamente con una evaluación tan abierta y comprensiva que el pueblo nicaragüense podrá tener confianza en los resultados oficiales".

En todos sus informes, el CSE se limitó a proporcionar estos seis tipos de información, que aparecían encabezando siempre los resultados electorales de los partidos o asociaciones: - JRV totales - JRV reportadas - Total de inscritos - Total de votantes - Votos válidos - Votos nulos.

¿Dónde aparecen aquí las JRV "fantasmas"? El equipo de envío descubrió que se encuentran muy discretamente incluidas, tanto en la categoría de "JRV totales" como en la de "JRV reportadas". Que se las incluya en la primera de estas dos categorías es un procedimiento perfectamente normal y justificable. En cambio, que se las incluya en la categoría de "JRV reportadas" es una falacia contable bastante tendenciosa. Las JRV "fantasmas" no son, en realidad, "JRV reportadas". Por el contrario, son JRV "no reportadas". El CSE sabe de su existencia porque figuran en el padrón electoral.

Pero de ahí a decir que fueron JRV "reportadas" hay un enorme trecho de distancia. Si el CSE hubiese actuado con mayor transparencia, tenía que haber diferenciado y separado cuidadosamente las JRV "reportadas" de las que nunca lo fueron, puesto que desaparecieron sin dejar otro rastro que su existencia en el padrón electoral. El artificio empleado por el CSE le permite ocultar la presencia de JRV fantasmas, haciendo coincidir a la fuerza la cantidad de JRV totales y la cantidad de JRV reportadas. De esta forma, los resultados aritméticos cuadran perfectamente entre sí, aunque a costa de la manipulación de los datos y de los conceptos utilizados para ordenarlos y categorizarlos.

Queda por dilucidar cuál fue el destino que el CSE asignó a los votos "fantasmas" de estas JRV. El CSE hubiera podido optar por incluir los votos "fantasmas" en el mismo casillero de los "votos nulos" (boletas sin marcar, boletas doblemente marcadas, etc.). Pero no lo hizo. Optó mas bien por incluir todos los votos "fantasmas" en una categoría que tampoco aparece mencionada de manera explícita en los informes del CSE: se trata de la categoría de los "no votantes". Sin embargo, ésta puede obtenerse restando el "total de votantes" del "total de inscritos". En teoría, el resultado obtenido de esta operación aritmética nos proporcionaría la cantidad de ciudadanos que se abstuvieron de votar. Pero esto es así solamente "en teoría", porque en la realidad, el CSE incluyó dentro de los "no votantes" -o abstencionistas-, todos los votos de las JRV misteriosamente desaparecidas. No hace falta, sin embargo, ser un experto en asuntos electorales para darse cuenta de que votantes "desaparecidos" no es lo mismo que abstencionistas. Un ejemplo: en las elecciones para diputados departamentales en el municipio de Managua, el equipo de envío descubrió que de los 142,154 ciudadanos "no votantes", el 39% (55,295) son ciudadanos "desaparecidos". El resto, serían, "en teoría", ciudadanos que se abstuvieron de votar. Este caso es sólo un ejemplo, una pequeña muestra de cuán amañados se encuentra los datos "provisionales", pero al fin y al cabo "oficiales" pre- sentados por el CSE.

La abstención

Es obvio que si dentro de los ciudadanos abstencionistas incluimos, como lo hace el CSE, a los "votantes desaparecidos", el porcentaje de abstención electoral tenderá inevitablemente a aumentar. Como desafortunadamente no contamos con otros datos y como tampoco pudimos disponer del tiempo necesario para "limpiar" los datos que tenemos, nuestro análisis del abstencionismo en las elecciones de 1996 no podrá liberarse por completo del sesgo introducido por el CSE. Por esta razón, los datos que proporcionemos deben interpretarse con cautela.

En el caso de las elecciones presidenciales, si calculamos la tasa de abstención a nivel nacional - tomando los datos tal como los proporciona el CSE - esa tasa asciende al 22.9%. Se trata de un porcentaje sumamente elevado, que no parece guardar correspondencia con la alta tasa de participación observada durante el día de las elecciones. Según nuestras estimaciones, si de ese porcentaje excluimos a los votantes que desaparecieron de sus respectivas JRV sin dejar ningún rastro, es posible que la tasa real de abstención sea del 13.9% aproximadamente. La tasa de abstención en las elecciones de 1990 fue del 13.7%.

Desafortunadamente no disponemos de cálculos muy precisos sobre el nivel de abstención en cada departamento. Sin embargo, aun cuando se trate de estimaciones muy generales, todo parece indicar que, en el caso de las elecciones a diputados departamentales, las mayores tasas de abstención se produjeron, en orden decreciente, en la RAAS, la RAAN, Río San Juan, Jinotega y Matagalpa. Es probable que en éstos y en otros lugares del país, la categoría de abstención cubra por los menos dos realidades distintas: el caso de los ciudadanos que consciente y libremente tomaron la decisión de no participar en las elecciones (indecisos, desencantados de la política, etc.) y el caso de quienes se vieron en la imposibilidad de depositar su voto debido a la conjunción de por lo menos dos factores: el difícil acceso a los lugares de votación -lo que es particularmente cierto en la RAAS, la RAAN y Río San Juan- y el hecho de que muchas JRV comenzaron a operar con varias horas de retraso, lo que probablemente decidió a muchos ciudadanos a regresar a sus casas, renunciando a ejercer su derecho al voto.

Los votos nulos

En el informe del CSE, la categoría "votos nulos" es una de las pocas que no se presta, en apariencia, a ninguna confusión o ambigüedad. A primera vista, designaría exclusivamente los votos que fueron anulados debido a que las boletas correspondientes fueron depositadas en blanco, contenían más de una casilla marcada, etc. Sin embargo, no es exactamente así. Un alto funcionario del CSE explicó a envío que también se consideraron como "votos nulos" las boletas desaparecidas en JRV en las que no habían desaparecido todas la boletas electorales, pero sí una parte de ellas.

En el cuadro siguiente aparecen los porcentajes de votos nulos en cuatro de las seis elecciones que se realizaron el 20 de octubre.



Como puede observarse, es en las elecciones presidenciales donde el porcentaje de votos nulos es más bajo (4.95%). Este bajo porcentaje pudiera estar relacionado con el hecho de que la boleta para elegir presidente era la que brindaba a los votantes menos posibilidades de equivocación, en particular a los analfabetas, porque en ella figuraba la fotografía de cada uno de los 23 candidatos presidenciales. No ocurría lo mismo en las otras cinco boletas (diputados, alcaldes, concejales), a excepción de la boleta para alcalde de Managua, que también llevaba fotos. Esta característica de la boleta presidencial puede explicar también el hecho de que el porcentaje de votos nulos en estas elecciones haya sido inferior al de las elecciones de 1990, que fue de un 6% a nivel nacional.

Si se examinan las cantidades de votos nulos en las elecciones a diputados departamentales, se observa que los porcentajes más elevados se localizaron en la RAAN (9.84%), Río San Juan (9.11%) y la RAAS (7.92%). Los departamentos de Rivas (7.57%), Nueva Segovia (7.57%), Jinotega (7.50%), Madriz (7.43%) y Matagalpa (7.26%) también presentan porcentajes por encima del promedio nacional de votos nulos (6.15%).

Elecciones para Presidente

La fórmula de la Alianza Liberal, integrada por Arnoldo Alemán como Presidente y Enrique Bolaños como Vicepresidente, ganó las elecciones presidenciales con el 51.03% de los votos válidos. En segundo lugar, separado por una distancia de 13.28 puntos, quedó la fórmula Daniel Ortega-Juan Manuel Caldera del FSLN, con el 37.75% de los votos válidos. (En 1990, la UNO ganó las elecciones presidenciales con el 54.74% de los votos válidos y el FSLN (Daniel Ortega-Sergio Ramírez) obtu- vo el 40.82%.

Los otros 21 partidos que participaron en las elecciones a la Presidencia acumularon entre todos el 11.22% de los votos válidos. De todos esos partidos, 19 no lograron alcanzar ni siquiera el 0.60% del total de los votos válidos del electorado nacional. El caso más extremo fue el del Partido Alianza Democrática Nicaragüense (PADENIC), que obtuvo en todo el país la insignificante cantidad de 904 votos, equivalente al 0.05% del total de votos válidos. Solamente el novísimo partido Camino Cristiano Nicaragüense (CCN), lidereado por el pastor protestante Guillermo Osorno, y el antiguo e histórico Partido Conservador de Nicaragua (PCN), conducido por Noel Vidaurre, consiguieron superar la barrera del 1% de los votos nacionales. Osorno y Vidaurre obtuvieron, respectivamente, el 4.10% y el 2.26% de los votos válidos.



El hecho de que Alemán ganase las elecciones presidenciales con algo más del 50% de los votos causó sorpresa. Para la mayoría de los analistas, el repunte final de Alemán es atribuible al llamado hecho por obispos y sa- cerdotes católicos - con el Cardenal Obando a la cabeza-, por el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y por la misma Presidenta de la República a votar en contra del FSLN. ¿Cuáles hubiesen sido los resultados de las elecciones sin la invitación pública de dirigentes religiosos, políticos y empresariales a cerrar filas contra el sandinismo?
Los resultados de la encuesta realizada por la firma CID-Gallup antes de la ofensiva antisandinista de los últimos días pre-electorales, configuraban tres escenarios distintos, en función de la movilidad de los márgenes de error estadísticos. Solamente en uno de esos tres escenarios, el FSLN aparecía como ganador de las elecciones en la primera vuelta, con el 45% de los votos, superando por 3 puntos a la Alianza Liberal. En los otros dos escenarios, era la Alianza Liberal la que aparecía como ganadora en la primera vuelta. En un caso, con el 45% de los votos, dejando 3 puntos atrás al FSLN. En el otro, con el 48% de los votos, quedando detrás el FSLN con el 39% de los votos.

Este último escenario es el que más se aproxima a los resultados electorales del 20 de octubre. Por esto precisamente nos brinda un parámetro, un punto de referencia, para poder cuantificar a posteriori el efecto real que pudo haber tenido en el comportamiento del electorado - especialmente en la franja de los aún indecisos - el llamado de la jerarquía católica, del COSEP, de Violeta Chamorro y de otros a votar en contra del FSLN. Los datos del tercer escenario diseñado por la CID-Gallup revelan que el impacto de esos llamados antisandinistas no habría sido tan masivo como algunos analistas han sugerido, lo que indicaría que no es tan numeroso el electorado que reacciona ciegamente a las opiniones públicas de sus dirigentes religiosos o políticos.



El cuadro de arriba muestra que, como producto de las intervenciones públicas de varios sectores de poder, el FSLN habría perdido, a lo sumo, el 1.25% de votos, mientras que la Alianza Liberal habría conseguido un porcentaje de votos adicionales equivalente al 3.03% (73,358 votos).
Este cuadro muestra también que los otros 21 partidos que participaron en las elecciones presidenciales habrían perdido por causa de esta intromisión el 1.78% de sus votos, una cifra ligeramente superior al porcentaje de votos que habría perdido el FSLN. Esto revelaría que, en las elecciones para presidente, la Alianza Liberal le arrebató a esos 21 partidos políticos más votos de los que fue capaz de arrebatarle al FSLN.

El llamado antisandinista de los dirigentes religiosos, políticos y empresariales tuvo como principal efecto la movilización del electorado no sandinista y no alemanista a votar por la Alianza Liberal en las elecciones presidenciales, no así en las elecciones parlamentarias y municipales, o al menos no en la misma proporción. Los resul- tados de las votaciones para diputados, alcaldes y concejales parecen corroborar esta hipótesis. También es pro-bable que otro de los efectos de la cruzada antisandinista haya sido el persuadir a no votar por el FSLN a los indecisos, sobre todo de los sectores de bajos ingresos, que no dejaban de ver con cierta simpatía el retorno al poder del sandinismo.

Desafortunadamente, con los datos disponibles es bastante difícil hacerse una idea de la proporción exacta del electorado cuya decisión pudo haberse visto afectada por los acontecimientos de los días previos a las votaciones.

Elecciones para diputados

En las elecciones parlamentarias se realizaron dos elecciones en dos boletas diferentes: las elecciones para diputados nacionales y las elecciones para diputados depar- tamentales. En la elección para diputados nacionales, del total de votos válidos, la Alianza Liberal obtuvo el 46.03%, el FSLN el 36.55% y el resto de partidos, el 17.42% de los votos. En la elección para diputados departamentales, los resultados fueron: 45.30% para la Alianza Liberal, 36.42% para el FSLN y 18.28% para el resto de los partidos.



El cuadro inferior merece varios comentarios. En primer lugar, existen diferencias entre los porcentajes de votos obtenidos por la Alianza Liberal, el FSLN y el resto de los partidos en las dos elecciones parlamentarias. En comparación con los resultados que obtuvieron en las elecciones a diputados nacionales, la Alianza Liberal y el FSLN experimentaron una pérdida de votos en las elecciones a diputados departamentales, aunque el FSLN perdió un porcentaje de votos menor (0.13%) que el que perdió la Alianza Liberal (0.73%). Esto revela que el electorado de ambos partidos votó más por los candidatos de sus partidos a diputados nacionales que por los candidatos a diputados departamentales, aunque esta tendencia fue algo más marcada en el caso de los liberales. A nivel departamental, hubo un sector de alemanistas, y en menor proporción un sector de sandinistas, que prefirió votar por los diputados departamentales de otros partidos. Así, el electorado alemanista practicó el "voto cruzado" más de lo que lo hizo el electorado sandinista. En términos abso- lutos, estos porcentajes representaron la pérdida de 2,305 votos para el FSLN y de 12,945 para la Alianza Liberal en las elecciones a diputados departamentales.

El comportamiento del electorado sandinista, y particularmente del electorado liberal, explica el hecho de que los "otros partidos" - tal como se observa en el cuadro de la página anterior hayan obtenido en las elecciones a diputados departamentales un porcentaje de votos (18.28%) mayor que el que obtuvieron en las elecciones a diputados nacionales (17.42%). El electorado de estos "otros partido" no se inclinó a votar totalmente por los de su propio partido, sino por los de la Alianza Liberal y, en menor medida, por los del FSLN.

La nueva Asamblea Nacional

De los 24 partidos participantes en las dos elecciones parlamentarias, solamente 11 ganaron escaños dentro de la Asamblea Nacional. Al no haber obtenido ningún diputado, los 13 partidos restantes pierden, según la Ley Electoral, su personería jurídica. Los partidos que se extinguen son: APC, El MAR, MAP-ML, MORENA, PAN y Fuerza, PJN, PADENIC, PUL, PUNOCP, PC de N, PIAC, PAD y PSN.

El cuadro inferior muestra la distribución de los escaños parlamentarios entre los 11 partidos políticos que lograron introducir al menos un diputado en la Asamblea Nacional.

Como puede observarse en el cuadro, de los 93 diputados que compondrán la nueva Asamblea Nacional, 42 son de la Alianza Liberal y 36 del FSLN, mientras que los 15 restantes se distribuyen entre un total de 11 partidos políticos. De estos partidos, todos cuentan con un solo diputado, con la excepción del Camino Cristiano Nicaragüense (4)), el Partido Conservador (3) y el Proyecto Nacional (2).



-Electo: Diputado electo en la ronda de votos válidos (por oposición a la ronda de votos residuales).

-C.Pres: Candidato presidencial convertido en diputado gracias al mecanismo de los cocientes.

- Resid.: Diputado que obtuvo escaño gracias a varias modalidades del mecanismo de los "residuos electorales".


De los 93 diputados de la nueva Asamblea, 63 fueron designados de manera simple y directa. Tres candidatos presidenciales (Ortega, Osorno y Vidaurre) llegan a la Asamblea por los cocientes electorales obtenidos por sus partidos, según disposición de la Ley Electoral. El resto, 27 en total, fueron designados gracias a una complicada serie de mecanismos técnico-jurídicos que ya existía en la antigua Ley Electoral y que fueron reformados en la nueva Ley, con la finalidad de abrir las puertas de la Asamblea Nacional a los partidos políticos pequeños. Se- gún estos mecanismos de los "residuos electorales", mediante sucesivas divisiones aritméticas de los votos, se obtienen "promedios de promedios", cifras relativamente bajas, cada vez más bajas, cuya función es servir como un generoso "rasero" electoral: los partidos cuyos votos sean iguales o superiores a esos promedios aritméticos ganan automáticamente un escaño dentro de la Asamblea Nacional. Fue así como el CCN pudo obtener tres diputa- dos adicionales, el PCN dos diputados más y el PRONAL sus únicos dos diputados. Fue mediante este mismo malabarismo aritmético que obtuvieron un diputado el Partido de la Resistencia Nicaragüense (PRN), el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), la Alianza Unidad, el Partido Liberal Independiente, la Acción Nacional Conservadora (ANC) y la UNO-96. El mecanismo de los residuos, que en 1990 tenía la lógica de fomentar el pluralismo, terminó en 1996 favoreciendo el oportunismo de partidos y de políticos con muy escasa representación y mínimo respaldo popular.

Aunque tengan en sus manos dos sólidos bloques, ni la Alianza Liberal, ni el FSLN cuentan por sí solos con el número de diputados necesarios para obtener dentro de la Asamblea la mayoría simple, que requiere de los votos de 48 diputados. Esta cantidad de votos es la que se necesita para aprobar cualquier ley de carácter ordinario, mientras que son indispensables 56 votos para poder aprobar una ley de rango constitucional (Ley Electoral y otras) o para reformar la misma Constitución. Para poder alcanzar estas dos cifras claves, 48 y 56, la Alianza Liberal y el FSLN se verán obligados a hacer alianzas con los diputados de los otros 11 partidos presentes en la nueva Asamblea.

El control de la Asamblea Nacional es, desde que se conocieron los resultados preliminares, uno de los puntos prioritarios en las agendas de la Alianza Liberal y del FSLN, porque el Legislativo poseerá a partir de 1997 un poder considerablemente mayor que el que tuvo hasta ahora. La Constitución de la República, reformada en 1995, cambió significativamente las reglas del juego, pasando a manos de la Asamblea muchas de las atribuciones que tenía el Ejecutivo. Si Alemán no consigue el control de la Asamblea, le será difícil llevar a cabo su plan de gobierno utilizando como única palanca las instituciones del Poder Ejecutivo.

Obtener el control de la Asamblea no será una tarea fácil ni para los alemanistas ni para los sandinistas. Para los alemanistas, su principal obstáculo son, paradójicamente, ellos mismos. Bajo el alero de la Alianza Liberal se cobijan seis partidos distintos (PLC, PLN, PLIUN, PALI, Convergencia Liberal y PUCA), así como políticos y tecnócratas que no tienen ninguna filiación partidaria o que provienen de una tradición ajena o incluso opuesta a la liberal. Esta heterogeneidad es ya, y seguirá siendo, una fuente de fisuras y tensiones que, a la larga, pueden debilitar la capacidad de presión y de negociación de la Alianza Liberal dentro de la Asamblea.

Diputados nacionales y departamentales

Una de las novedades positivas introducidas por la Constitución reformada fue la creación de las diputaciones departamentales. Con esta reforma, que no elimina, sino que complementa la figura del diputado nacional, se pretende garantizar que los departamentos y regiones del país se encuentren efectivamente representados a través de diputados propios. De los 90 diputados que conforman, en número fijo, la Asamblea Nacional, 70 son diputados departamentales y 20 diputados nacionales.

De los 20 diputados nacionales que forman parte de la nueva Asamblea, 9 son de la Alianza Liberal, 8 del FSLN y los tres restantes se distribuyen entre el CCN, el PRONAL y el PCN, a razón de un diputado por cada partido. En cuanto al porcentaje de votos obtenidos en las elecciones a diputados nacionales, la Alianza Liberal captó el 46.03% del total, el FSLN el 36.55%, el CCN el 3.73%, el PRONAL el 2.36% y el PCN, el 2.12%.

La distribución de los 70 diputados departamentales es bastante compleja, porque existe una cantidad de escaños fija, establecida por la Ley Electoral, para cada departamento o región del país. Estos escaños son atribuidos a cada partido en base a los cocientes y a los residuos electorales. A causa de una de las varias disposiciones sobre los residuos, puede presentarse el caso, completamente paradójico, de que un partido obtenga un escaño parlamentario departamental aunque haya obtenido un porcentaje de votos sumamente insignificante en el departamento al que se le atribuye ese escaño.

El caso más absurdo ha sido el del partido ANC en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), donde ganó un diputado a pesar de haber obtenido solamente 0.64% de los votos en esta región, un porcentaje que equivale en términos absolutos a 311 votos. Lo mismo sucedió con el Partido de la Resistencia, que consiguió un diputado en el departamento de Estelí, donde apenas obtuvo el 0.53% de los votos, la ridícula cantidad de 408 votos. O con Alianza Unidad, que obtuvo un diputado en la RAAN con sólo 557 votos. O con el PLI, con un dipu- tado en Granada con apenas 626 votos. Este tipo de situaciones podrían ser evitadas con una reforma a la ley Electoral que establezca una correspondencia entre la cantidad de escaños parlamentarios obtenidos por un partido político en un departamento y el porcentaje de los votos obtenidos por ese partido en el mismo departamento. De lo contrario, en casos como éstos queda desvirtuada la figura del diputado departamental.



Como puede observarse en el cuadro, la Alianza Liberal obtuvo por lo menos un diputado en todos los departamentos y regiones del país. Sus porcentajes más elevados los obtuvo en Chontales (63.82%), Boaco (57.27%), RAAS (57.16%) y RAAN (50.18%). En todos ellos logró capitalizar y hegemonizar el sentimiento antisandinista de la población mejor que cualquiera de los otros partidos políticos no sandinistas.
Durante la guerra de los años 80, fue en Boaco y Chontales donde la "Contra" contó con una más amplia y convencida base social, entre gente que se había visto profundamente afectada por las políticas económicas y sociales de la revolución sandinista.

Por otra parte, en la RAAS y la RAAN, la Alianza Liberal controlaba los gobiernos regionales desde hacia dos años, después de haber ganado en las elecciones que se celebraron en la Costa Atlántica en 1994. En ambas regiones, la Alianza disponía, de una plataforma institucional para mantener o incluso ampliar su propia base de simpatizantes.

El FSLN obtuvo sus porcentajes más elevados en León (46.06%), Estelí (45.74%), Chinandega (45.72%) y Managua (42.80%), aunque sin llegar nunca al 50% del total de los votos en esos departamentos. En León, Estelí y Chinandega su porcentaje de votos fue superior al obtenido por la Alianza Liberal y por cualquier otro partido. El FSLN no consiguió ningún diputado en los departamentos de Granada y Río San Juan ni en la RAAN, a pesar de que en todos ellos ocupó el segundo lugar, detrás de la Alianza Liberal.

Si exceptuamos el caso de Río San Juan -al que por ley le corresponde solamente un escaño parlamentario-, en Granada y en la RAAN el FSLN fue víctima del mecanismo de los "residuos electorales". Como puede verse en el cuadro anterior, en Granada el FSLN no obtuvo ningún diputado, a pesar de que su porcentaje fue 36 veces superior al del PLI, que obtuvo un diputado en ese departamento. Lo mismo ocurrió en la RAAN, donde la Alianza Unidad y la ANC lograron un diputado cada una, a pesar de haber obtenido un porcentaje de votos 22 veces y 66 veces menor que el obtenido por el FSLN.

A diferencia de la Alianza Liberal y del FSLN, hubo 10 partidos que obtuvieron solamente un diputado departamental en todo el país. En los departamentos o regiones donde cada uno de ellos logró conseguir ese único diputado - siempre por el mecanismo de los residuos - ninguno de esos partidos alcanzó un porcentaje de votos que fuese igual o superior al 10% del total de votos en ese departamento o región.

El CCN y el PCN obtuvieron dos diputados departamentales cada uno. El CCN obtuvo sus mayores cantidades de votos en los departamentos de Managua, León y Matagalpa, seguidos de Chinandega, Masaya y Jinotega, aunque con resultados bastante menores en estos tres. El PCN consiguió sus mejores puntajes en los departamentos de Chontales y Matagalpa, seguidos de Granada, Masaya y Chinandega aunque con bastante menos puntos. En un lejano décimo lugar para el PCN aparece Boaco, uno de los departamentos que, junto con Chontales, es considerado como 'la cuna del conservatismo" en Nicaragua.



Elecciones para diputados al PARLACEN

Elegir diputados al Parlamento Centroamericano (PARLACEN) fue un hecho novedoso en la historia electoral del país. Nunca antes los nicaragüenses habían elegido con su voto a quienes les representarán en una instancia de carácter regional.

Los resultados electorales en las elecciones al Parlamento Centroamericano (cuadro de la página anterior) son muy semejantes a los de las elecciones a diputados nacionales para la Asamblea Nacional. Los mismos partidos obtienen exactamente el mismo número de escaños en ambas elecciones y los porcentajes de votos obtenidos por cada uno de ellos apenas difieren significativamente entre sí, con la sola excepción de los porcentajes del PRONAL y del PCN.

Los resultados de ambas elecciones parecen sugerir que el electorado siguió básicamente en ellas el mismo patrón de votación, con la única y principal variante de otorgarle un poco más de votos al PRONAL y un poco menos al PCN.

Elecciones para alcaldes

Según la Constitución reformada, las municipalidades tendrán mayores cuotas de poder y de autonomía frente al gobierno central en la gestión y captación de sus propios recursos materiales y financieros. Las alcaldías serán un importante espacio de poder en el futuro gobierno. Debido justamente a los recursos que van a manejar y debido también a los vacíos jurídicos e institucionales que deben aún ser reglamentados por la Asamblea en relación a las competencias municipales, las alcaldías se convertirán en un espacio importante de las luchas de poder entre las diferentes fuerzas políticas del país, tanto las locales como las nacionales. Además, habrá elecciones municipales dentro de cuatro años. Los partidos que controlen las alcaldías y logren, mediante una acertada gestión, ganarse la simpatía de la población municipal, irán acumulando votos para las elecciones presidenciales del año 2001. No hay que olvidar que Arnoldo Alemán llegó a la Presidencia de la República y logró reconstruir y organizar su propio partido político desde su gestión como Alcalde de Managua.

En Nicaragua existen 145 municipalidades. La Alianza Liberal logró ganar 92 (63.44% del total) y el FSLN 51 (35% del total). Ambos partidos concentraron en sus manos un total de 143 alcaldías. Las otras dos alcaldías restantes, El Rosario en el departamento de Carazo y Potosí en el departamento de Rivas, las ganaron, respectivamente, el MRS y la única asociación de suscripción popular que ganó alcaldía en todo el país, la "Asociación Cívica de Potosí".

En el caso de las alcaldías, la ventaja que obtuvo la Alianza Liberal en relación al FSLN fue un poco más del doble que en el caso de las elecciones presidenciales. En las presidenciales, los liberales aventajaron en 13.3 puntos al FSLN. En las elecciones edilicias, la diferencia entre el número de alcaldías ganadas por ambas agrupaciones políticas es de 28.4 puntos exactamente. Esto significa que la mayor derrota no la sufrió el FSLN a nivel de las instancias nacionales, sino a nivel local, en el ámbito municipal y departamental.

La mayoría de las cabeceras departamentales del país las ganó la Alianza Liberal, incluida Managua, la más importante de todas ellas. De las 17 cabeceras departamentales, la Alianza ganó 11 (64%), mientras que el FSLN obtuvo la victoria en las 6 restantes (36%). En este caso, la diferencia en los porcentajes obtenidos fue ligeramente superior a la que se dio a nivel de las municipalidades en su conjunto.

Las cabeceras departamentales que ganó la Alianza Liberal fueron: Chinandega, Managua, Masaya, Granada, Rivas, Juigalpa, Boaco, Matagalpa, Jinotega, Bluefields y San Carlos. El FSLN ganó en Ocotal, Somoto, Estelí, León, Jinotepe y Puerto Cabezas.


Elecciones municipales departamento por departamento

En el cuadro de la página siguiente puede apreciarse la cantidad de alcaldías que ganó cada agrupación política en cada uno de los 17 departamentos del país.

El cuadro nos permite ver cuáles fueron los departamentos en los que la Alianza y el FSLN ganaron o perdieron la mayoría de los municipios que los forman. La Alianza Liberal ganó la mayoría de los municipios en 13 (76.5%) de los 17 departamentos o regiones del país. Hubo tres departamentos en los cuales la Alianza Liberal ganó todas las alcaldías: Chontales, Boaco y Río San Juan. Y en otros 12 departamentos logró ganar entre el 50% y el 87% del total de sus alcaldías respectivas. Estos departamentos fueron: Boaco, Carazo, Estelí, Granada, Jinotega, Managua, Masaya, Matagalpa, Nueva Segovia, RAAN, RAAS y Río San Juan.

Sin embargo, cualquier valoración sobre victorias o derrotas en el poder municipal tiene que ver no sólo con el número total de alcaldías ganadas o perdidas por ale- manistas o por sandinistas. Tanto o más importante es tomar en cuenta el número de habitantes que tiene cada una de las alcaldías o el entorno económico en el que ellas se encuentran. Esto puede ser tema de futuros análisis del equipo de Envío.



Los departamentos sandinistas

Hubo solamente cuatro departamentos en los cuales la Alianza Liberal no pudo ganar la mayoría de las alcaldías. En uno de ellos, Estelí, porque quedó empatada con el FSLN. Y en los otros tres, Chinandega, León y Madriz, porque allí la mayoría de las alcaldías las ganó el FSLN. En León, el FSLN ganó el 80% de las alcaldías, en Chinandega, el 69.3% y en Madriz el 55.6%. A nivel departamental, la mayor base social del FSLN se encuentra en la región de Occidente, zona históricamente sandinista y también una de las más afectadas por la crisis de su tradicional producción agrícola algodonera. También ganó el FSLN en la mayor parte de Las Segovias (Madriz, Estelí y Nueva Segovia), región tradicionalmente sandinista y principal escenario en los años 30 de la lucha y hazañas del General Sandino.

En la mayoría de los departamentos donde perdió la mayor parte de las alcaldías - con la excepción de Boaco, Chontales y Río San Juan -, el FSLN obtuvo en general el 20% o más del total de alcaldías, con la salvedad de Jinotega, donde sólo pudo ganar el 14.3% de las alcaldías de ese departamento.

Elecciones municipales: del 90 al 96

Resulta interesante comparar los resultados que el FSLN obtuvo en las elecciones municipales de febrero de 1990 con los que obtuvo casi siete años después en las elecciones de alcaldes. La comparación debe ser interpretada tomando alguna distancia, porque comparamos los resultados de las elecciones de concejales de 1990 con las elecciones de alcaldes de 1996. Dos elecciones diferentes porque en 1990, los ciudadanos no eligieron directamente a su alcalde, sino sólo a los concejales. Después, eran éstos los que por votación elegían de entre ellos al alcalde. En 1996, los ciudadanos eligieron directamente a sus alcaldes.

Nos limitaremos a levantar el listado de los municipios, sin entrar a examinar las razones por las cuales el FSLN gano o perdió las elecciones en cada uno de ellos. Aun cuando no hayamos renunciado a entrar en ese análisis, envío considera que la mera presentación de la lista puede resultar de interés para muchos de sus lectores.

* Hay 22 municipios en los cuales el FSLN ganó las elecciones en 1990 y las volvió a ganar en 1996: Jalapa, Dipilto, Ocotal, San Fernando, Pueblo Nuevo, Condega, Estelí, Cinco Pinos, Somotillo, Villanueva, Larreynaga, León, San Francisco Libre, Mateare, Masatepe, San Marcos, Jinotepe, Santa Teresa, San Juan del Sur, Cárdenas, Tuma La Dalia y San Ramón. La mayoría de estos municipios se encuentran en los departamentos de Estelí y Nueva Segovia.

* Hay 25 municipios en los cuales el FSLN perdió las elecciones en 1990, pero las ganó en 1996: El Jícaro, Somoto, Telpaneca, San Juan del Río Coco, San Lucas, San José de Cusmapa, San Francisco del Norte, El Viejo, Puerto Morazán, El Realejo, Chichigalpa, Posoltega, Achuapa, El Sauce, Quezalguaque, Telica, El Jicaral, La Paz Centro, Tisma, Nandasmo, Niquinohomo, Nandaime, Buenos Aires, Esquipulas y La Concordia. La mayoría de estos municipios "recuperados" electoralmente por el FSLN se encuentran en los departamentos de Madriz, Chinandega, León y Masaya.

* Hay 8 municipios en los cuales el FSLN perdió en 1996 las elecciones, aun cuando las había ganado en 1990: Macuelizo (Nueva Segovia), San Pedro del Norte (Chinandega), El Rosario (Carazo) (el ganador es alcalde desde 1979, era del FSLN y en 1994 pasó a ser del MRS), Bocana de Paiwas (Matagalpa), Wiwilí (Jinotega), San Miguelito, San Carlos y El Castillo (Río San Juan).

* Hay 4 municipios donde por razones jurídicas - sus límites aun no estaban bien delimitados - no hubo elecciones municipales en 1990 y en donde en 1996 el FSLN ganó esa alcaldía: Puerto Cabezas, Bonanza, Corn Island y Desembocadura de la Cruz del Río Grande.

* Los municipios en los que el FSLN perdió las elecciones municipales tanto en 1990 como en 1996 son: Santa María, Mozonte, Ciudad Antigua, Murra, Quilalí, Yalagüina, Totogalpa, Palacagüina, Las Sabanas, San Juan de Limay, San Nicolás, La Trinidad, Santo Tomás del Norte, Corinto, Chinandega, Santa Rosa del Peñón, Nagarote, Tipitapa, Villa Carlos Fonseca, Managua, Ticuantepe, San Rafael del Sur, Nindirí, Masaya, La Concepción, Catarina, San Juan de Oriente, Diriamba, Dolores, La Paz de Oriente, La Conquista, Granada, Diriá, Diriomo, Belén, Moyogalpa, Altagracia, Tola, Rivas, San Jorge, Rancho Grande, Río Blanco, San Isidro, Sébaco, Matagalpa, Matiguás, Ciudad Darío, Terrabona, San Dionisio, Muy Muy, Waslala, Wiwilí, El Cuá Bocay, Santa María de Pantasma, San Sebastián de Yalí, San Rafael del Norte, Jinotega, Morrito, más todos los 6 municipios de los departamentos de Boaco y todos los 12 de Chontales.


Asociaciones de suscripción popular

Entre las organizaciones participantes en las elecciones del 20 de octubre no figuraban solamente los partidos y las alianzas políticas. También compitieron las que la Ley Electoral llamó "asociaciones de suscripción popular". Estas tenían derecho a presentar candidatos sólo para alcaldes, vicealcaldes y concejales municipales. Para constituirse en asociación necesitaban, entre otras cosas, introducir ante el Consejo Supremo Electoral una "solicitud escrita firmada por un mínimo del 5% de los ciudadanos incluidos en el padrón electoral correspondiente a la circunscripción electoral respectiva" (Ley Electoral, artículo 82).



En las elecciones participaron un total de 53 asociaciones de suscripción popular, distribuidas por departamentos, como indica el cuadro de esta página.

En todo el país, sólo una asociación de suscripción popular logró ganar una alcaldía: la "Asociación Cívica de Potosí" (ACP), que obtuvo el 37.63% de los votos del municipio de Potosí, en el departamento de Rivas. Una sola. La gran expectativa que despertó la participación de las asociaciones de suscripción popular quedó en muy poco. Los grandes ganadores de las elecciones edilicias fueron los partidos políticos y, para ser más precisos, sólo dos de ellos: alemanistas y sandinistas. ¿Consiguieron imponerse las grandes maquinarias partidarias por encima de las asociaciones políticas locales y las estructuras nacionales prevalecieron por encima de las estructuras y de las iniciativas locales? ¿O fue la enorme complejidad de la votación en seis boletas diferentes, sumada al desorden organizativo del día de las votaciones, la que cerró el camino al voto cruzado, que era el que se esperaba iba a beneficiar a las nuevas asociaciones?

A pesar de que solamente ganaron una alcaldía en todo el país, hubo una cantidad importante de asociaciones de suscripción popular cuyos candidatos terminaron en segundo o en tercer lugar. El caso más sobresaliente y único de un segundo lugar fue el de "Viva Managua", la asociación que en la última encuesta pre-electoral de CID-Gallup aparecía con el 33% de la intención de voto de los capitalinos. Todas las encuestas anunciaron siempre a Pedro Solórzano como nuevo alcalde de Managua. Sin embargo, aun cuando no ganó la alcaldía, "Viva Managua" obtuvo el 26% de los votos, quedando tan sólo 2 puntos por debajo del candidato ganador de la Alianza Liberal, Roberto Cedeño. Estos 2 puntos equivalen a 10,377 votos de diferencia. "Viva Managua" logró captar en Managua un total de 100,089 votos, una cantidad que está muy por encima de los 72,621 votos que en todo el país logró el Camino Cristiano, partido que ocupó el tercer lugar en la elección presidencial.

De las 53 asociaciones de suscripción popular participantes en las elecciones municipales, 20 (37.7%) ocuparon el tercer lugar en sus respectivas circunscripciones, lo que es bastante significativo, siendo la primera vez en la historia política del país que competían.

Aun cuando haya quedado en cuarto lugar en las elecciones para la alcaldía de Managua, hay que mencionar a la asociación "SOL", de Herty Lewites, quien fue considerado por muchos electores como una alternativa sandinista moderada y modernizadora frente al sandinismo confrontativo y rígido que representaba el candidato oficial del FSLN, Carlos Guadamuz, director de la popular Radio Ya. Con un total de 47,442 votos en su favor, Lewites terminó en cuarto lugar en las elecciones del municipio de Managua, detrás de Guadamuz (98,809 votos).

Hay que decir también que no todas las asociaciones de suscripción popular consiguieron resultados positivos, como los de Potosí y Managua o los de otros municipios del país. De las 53 asociaciones de suscripción popular participantes en las elecciones de alcaldes, 29 (54.7% del total) no consiguieron obtener ni el 5% de los votos en sus respectivas circunscripciones. Es decir, ni siquiera consiguieron igualar con los votos el número de firmas que parecían haber logrado en sus propios municipios para poder obtener, tal como lo estipulaba la Ley Electoral, el derecho a participar en las elecciones.




Elecciones a concejales municipales

Desafortunadamente, y por razón del tiempo, el equipo de envío no pudo procesar los resultados de las elecciones para concejales municipales en los 145 municipios del país. Por eso presentamos únicamente un cuadro, en la página anterior, con esos resultados en las 17 cabeceras departamentales, lo que representa una muestra bastante significativa, puesto que las cabeceras departamentales son los principales municipios del país, en razón de su población y de su peso en la vida económica y política de cada departamento.

Para saber con certeza cuál será la correlación de fuerzas internas en los Concejos Municipales de las cabeceras departamentales del país, hay que tener presente que los alcaldes electos son concejales por ley y, como tal, miembros con voz y voto de los Concejos. Siendo así, y tomando en cuenta también las posibles alianzas que puedan establecer con las agrupaciones políticas que les son afines dentro de los Concejos Municipales, el FSLN cuenta con mayoría de concejales en Jinotepe, Estelí, León, Somoto, Ocotal y Puerto Cabezas. En el caso del Concejo Municipal de Managua, podría haber un virtual empate con la Alianza Liberal, porque ésta dispondrá de los votos de sus 7 concejales, del alcalde Cedeño y, probablemente, del voto de la asociación "Viva Managua", de Pedro Solórzano. 9 votos en total. El FSLN puede alcanzar este mismo número de votos si, además de sus 7 concejales, consigue los votos del concejal del Camino Cristiano y el de Herty Lewites, dirigente de la asociación "SOL".

En 11 de las cabeceras departamentales, la correlación de fuerzas al interior de los Concejos es, en general, des- ventajosa para el FSLN y sumamente favorable para la Alianza Liberal. Es posible que en algunas cabeceras el FSLN pueda, mediante un hábil juego de alianzas, ganar algún voto adicional en su favor, aunque no será tarea fácil.


Las mujeres electas

En las seis elecciones que se llevaron a cabo el 20 de octubre, la gran mayoría de los candidatos ganadores son varones. Las mujeres vuelven a estar en notable minoría. El cuadro de abajo es elocuente: de los 403 funcionarios que aparecen en el cuadro, solamente el 12% (49) son mujeres. Las mujeres alcanzan su mayor porcentaje de participación en el PARLACEN (25%) y el más bajo en los escaños a diputados departamentales (10%).



(*): Solamente tomamos en cuenta a los alcaldes y vice alcaldes electos en las 17 cabeceras departamentales del país.




¿A qué partidos políticos pertenecen las mujeres electas? El cuadro de arriba las ubica. De las 49 mujeres que resultaron electas, el 51% pertenece a la Alianza Liberal, el 45% al FSLN y el 2% restante (dos mujeres) pertenecen al PLI y a la UNO-96. Hay que señalar que mientras la casi totalidad de las mujeres electas por la Alianza Liberal (92%) ocuparán cargos locales (alcaldesas y vicealcaldesas), la mayoría de las electas por el FSLN (54%) ocuparán cargos de más alto nivel: diputadas nacionales y departamentales a la Asamblea Nacional y al PARLACEN.

¿Voto cruzado o voto en cascada?

En las elecciones, no todos los ciudadanos nicaragüenses votaron por el mismo partido en las seis boletas electorales. Una parte practicó lo que se llamó "voto cruzado": distribuyó sus seis votos entre varios partidos. Este tipo de voto le permitió a Arnoldo Alemán elevar el puntaje con el que ganó en la elección presidencial.

Para ofrecer una idea aproximada de cuán extendida fue la práctica del "voto cruzado", el equipo de envío elaboró un coeficiente que le atribuye a los resultados de la elección presidencial el valor de 100, de tal forma que esta cifra sirva como parámetro de referencia para determinar la proporción en la que los resultados obtenidos por los partidos en las demás elecciones fueron iguales, menores o superiores a 100. El cuadro de la página siguiente presenta los valores obtenidos utilizando esta metodología. A fin de simplificar nuestra exposición, hemos incluido en él solamente a los partidos que obtuvieron escaños en la Asamblea Nacional o en el PARLACEN.

Como se observa en la página siguiente, los dos partidos cuyos resultados electorales presentan el menor grado de variación en relación a 100 son el FSLN y en segundo lugar, el Partido Conservador de Nicaragua (PCN). Esto significaría que sandinistas y conservadores no tendieron a practicar el "voto cruzado", sino su opuesto, el "voto en cascada: el voto por el mismo partido en las cuatro elecciones que figuran en el cuadro.

Los otros dos partidos cuyos simpatizantes tendieron a ejercer el "voto en cascada" fueron el Camino Cristiano y la Alianza Liberal, aunque este tipo de voto fue más frecuente entre los seguidores del CCN que entre los alemanistas. Comparados con los sandinistas y con los conservadores del PCN, los evangélicos del CCN y los liberales de la Alianza muestran un porcentaje relativamente más alto de "voto cruzado".

En los otros siete partidos que figuran en el cuadro de la página siguiente, la práctica del "voto cruzado" tendió a ser bastante generalizada. Donde los coeficientes muestran las proporciones más elevadas de voto cruzado son en el PRONAL (en las elecciones a diputados nacionales y departamentales), en el PRN (en las elecciones a diputados departamentales) y en el MRS (en las elecciones a diputados nacionales). Con base a la información contenida en el cuadro puede afirmarse que, en términos generales, la práctica del "voto cruzado" tendió a ser mayor entre los simpatizantes de los partidos pequeños que entre los de los más grandes.




¿Cuantos "fantasmas"?

Queremos terminar este análisis por donde comenzamos, por el encubrimiento del caos electoral realizado por el CSE. Y queremos concluir así porque nos parece importante arrojar cada vez más luz sobre las dimensiones reales -nacionales- de las inconsistencias descubiertas en la base de datos del CSE.

¿Guarda el grado de manipulación de las cifras por parte del CSE alguna proporción con la magnitud de las irregularidades ocurridas el día 20 de octubre? Un análisis muy preliminar y exploratorio de la base de datos del CSE y, por lo tanto un análisis aún sujeto a posterior verificación, nos pemite estimar que los departametos o regiones que parecen presentar las mayores proporciones de JRV "fantasmas" - de las que hablamos al inicio - serían, en orden decreciente, la RAAS, la RAAN, Río San Juan -prácticamente toda la Costa Atlántica-, Jinotega y Matagalpa. En estos cinco departamentos o regiones, los porcentajes de JRV "fantasmas" podrían ser significativamente superiores al porcentaje observado en nuestro pequeño "estudio de caso" en el departamento de Managua con el que iniciamos nuestro análisis.

Por otra parte, todo pareciera indicar que el porcentaje de JRV "fantasmas" existentes en los departamentos de Chinandega, Chontales y Nueva Segovia es sólo algo menor que el observado en Managua. En el resto de departamentos también "desaparecieron" JRV, pero en menor proporción.


Un pequeño error informático

Y para terminar, mencionemos una última inconsistencia. En la base de datos informática del CSE, el equipo de envío encontró un error pequeño pero que puede ser sintomático: en la Junta Receptora de Votos número 7190 del municipio de Managua aparecen reportados 402 votos desaparecidos.

¿Cómo explicar que el programa de informática haya dejado pasar esta cifra, cuando la cantidad máxima de votos que podía existir en una JRV era de 400? Este pequeño error, ¿podría ser una pista indicativa de la existencia de otros errores en el procesamiento informático de los resultados electorales? Sólo el Consejo Supremo Electoral y los responsables del procesamiento informático de los resultados electorales pueden tener la respuesta a esta pregunta.

El CSE nos debe bastantes explicaciones. Sería saludable que, sobre esta pequeñez y sobre tantas otras realidades, bastante mayores y también preocupantes, consigamos hacer suficiente luz algún día. Por el bien de Nicaragua.

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