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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 176 | Noviembre 1996
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Nicaragua

El nuevo escenario nacional

Los resultados electorales y la compleja crisis electoral en la que se gestaron, han configurado un nuevo escenario político. Son casi los mismos los actores y son muchos más los problemas, los desafíos y las expectativas.

Equipo Nitlápan-Envío

No es nada sencillo analizar todo lo ocurrido en Nicaragua en las elecciones del 20 de octubre de 1996. Las elecciones - esperadas y temidas - han trastornado el panorama político de Nicaragua y han causado un trauma nacional, con consecuencias -positivas y negativas- que aún no son predecibles.

El Poder Ejecutivo quedó en manos de la Alianza Liberal. En el Poder Legislativo, 42 diputados de la Alianza Liberal frente a 36 del FSLN -hay 15 de otros 9 partidos-, cuando el país estrena la reformada Constitución de 1987, que por primera vez en la historia de Nicaragua da reales e importantes poderes al Parlamento. En el Poder Municipal, 92 de las 145 alcaldías están en manos de liberales y 51 en manos de sandinistas, con presencia importante de concejales rojinegros en las alcaldías rojas y viceversa.

El país ha quedado dividido prácticamente entre dos fuerzas. Los liberales tienen más espacios de poder. Los sandinistas -a pesar de tantos conflictos internos- conservan más organización. A gran distancia, emerge como tercer partido el Camino Cristiano Nicaragüense, un novísimo partido evangélico, mientras una gran parte de los nuevos y antiguos partidos de todas las ideologías -que se llamaron de centro para esta contienda- se extinguieron jurídicamente al no lograr ni una sola diputación.


Resultados políticos inesperados

Al estar la transmisión y esclarecimiento de los resultados de las elecciones plagados de anomalías, irregularidades y actitudes claramente fraudulentas - especialmente en los departamentos de Managua, Matagalpa y Jinotega -, las elecciones tuvieron otro inesperado resultado político. Han causado una gravísima herida en la naciente democracia electoral del país y en su ya frágil institucionalidad. Y hay otro resultado destacable. La crisis que el país vivió entre el 20 de octubre -día de las votaciones- y el 22 de noviembre -anuncio de los resultados definitivos- se convirtió en una gran escuela política, llena de lecciones y de experiencias que marcarán, sin duda, la nueva etapa en la que entra Nicaragua.


Un ciclo de inconsistencias

A la par que con las elecciones se abre una etapa, parece haber culminado otra. Con ocasión de la crisis electoral, entró al escenario político la palabra inconsistencia, que caracteriza legalmente una irregularidad en la documentación de las votaciones.

Realmente, las de 1996 fueron elecciones plagadas de inconsistencias. No es casualidad. Durante estos casi siete años de gobierno Chamorro -que en el argot político de moda se llaman de transición-, el país, sus instituciones, sus dirigentes, sus organizaciones, fueron transitando, entre otras cosas, hacia la inconsistencia. Año tras año vimos cómo se generalizaba el abandono de esa consistencia que da la responsabilidad y la honestidad en el trabajo, el apego a la realidad, la palabra verdadera.

La corrupción se extendió y se vació de sentido la palabra servicio. No es extraño, pues, que afloraran tantas y tantas inconsistencias, legales y también humanas, a la hora de las elecciones, que también pueden ser analizadas como reflejo y culminación de estos difíciles siete años, último ciclo de la prolongada crisis nacional.

¿Cuál es la dimensión cuantitativa y la magnitud cualitativa de las inconsistencias electorales? Difícil el saberlo con claridad en el corto plazo. Probable el no saberlo tampoco en el largo plazo. Casi seguro el no conocerlo nunca. Y por eso, estas elecciones -a diferencia de las nacionales de 1984 y 1990 y de las costeñas de 1994- quedarán signadas por la falta de transparencia. Las recordará la historia como opacas y turbias. El cúmulo de anomalías, irregularidades e ilegalidades que hubo en ellas no son sólo un manojo de anécdotas preocupantes o pintorescas. Constituyen un hecho político trascendental, porque hacen imposible ver con claridad cuál fue la voluntad popular en varios puntos del territorio nacional.
Aunque la convicción de que no hubo transparencia en las elecciones es el punto de partida de nuestros análisis, los resultados aritméticos -a pesar de haber sido obtenidos opacamente- son los oficiales y han configurado ya un nuevo escenario político, que hay que analizar.

Dos líneas de interpretación -en cierto sentido complementarias- tenemos para intentar comprender cómo se llegó a estos números, cómo se rompió a favor de los liberales el empate técnico previsto en las vísperas electorales, por qué los indecisos de las encuestas se decidieron al final por el liberalismo.

Una primera línea de interpretación tiene que ver con la estrategia de última hora que siguieron los poderes económicos y sociales del país, y que podríamos llamar todos contra el FSLN. En la segunda línea de interpretación de los resultados hay que incluir la nube de anomalías del proceso: todos y todo -incluido un fraude- contra el FSLN. Contra el Frente, en razón de esa disputa, aún no resuelta, por quiénes deben tener la hegemonía económica, política e ideológica de Nicaragua.


Sorpresas de último momento

Las últimas encuestas, públicas y privadas, llevadas a cabo antes de las votaciones no permitían un pronóstico definitivo sobre los resultados electorales en la boleta presidencial. Estaba ya prevista la polarización de los votantes entre liberales y sandinistas, entre Arnoldo y Daniel, los indecisos se reducían y desde hacía un mes se observaba un cierto estancamiento de la Alianza Liberal y un sostenido ascenso del FSLN, que muchos achacaban a una excelente campaña propagandística de los sandinistas.

Sin embargo, en todas las encuestas hechas desde mitad de 1996, Alemán apareció siempre como favorito. ¿Razones? Una mayoría de pobres - que son la mayoría - veía en Arnoldo el cambio: salir de la miseria de los 90 y no volver a la guerra de los 80.

El rápido e inexplicable ascenso del FSLN era la noticia con la que llegaron a Nicaragua las decenas de periodistas internacionales que vinieron a cubrir las elecciones. Desde octubre los resultados presidenciales se preveían muy cerrados. Lo que más nos preocupa - habían dicho técnicos del CSE - son resultados muy ajustados. Sólo elementos-sorpresa de último momento moverán una balanza que parece bastante equilibrada hacia uno u otro de los polos, pronosticó el director de una empresa encuestadora días antes de los comicios. Sólo verdaderas sorpresas podrían romper el empate técnico. Y hubo estas sorpresas antes del día de las votaciones. Sorpresas tan sorprendentes que, a juicio de muchos, fueron las que determinaron que al final la balanza se inclinara a favor de los liberales.

Una campaña que sorprendió

La publicidad electoral llenó durante agosto, septiembre y octubre de forma creciente los medios de comunicación. En las elecciones de 1990 esta propaganda predominó en la prensa y en la radio y en pintas en muros y tapias. En 1996 saturó especialmente los canales de la TV. Es una fiebre no vivida nunca antes, comentó el director de programación del Canal 2 de la TV, que llegó a pautar un promedio de 50 spots de propaganda diarios, lo que representa una cantidad y una inversión notables para nuestro país.

No ha habido analista de ningún color que no haya tenido que reconocer que la campaña presidencial del FSLN -incluidos sus spots televisivos- fue la mejor concebida y la más consistente. Sorprendió. La Alianza Liberal y todos los partidos tenían diseñadas sus campañas para atacar al FSLN, pero con un casette viejo: atacaban una idea antigua, un Frente Sandinista pleitisto, violento e intolerante, un Frente que ya no existe y un Daniel Ortega que ellos no conocían, dice Adán Morales, del equipo de campaña del FSLN. Asustados por el nuevo casette sandinista, los liberales invirtieron en propaganda electoral en los medios tres veces más que el FSLN y modificaron una y otra vez sus mensajes tratando de dar en el blanco. En el blanco del antisandinismo, que es el único cemento que cohesiona al liberalismo de los años 90.

Se jugó limpio y se jugó sucio. Llegó un momento en que parecía que los liberales se habían olvidado que el gobierno saliente, después de siete años de gestión, era el gobierno Chamorro. No hablaban de sus errores, sus debilidades o su corrupción. Siguiendo a los liberales, la propaganda de otros partidos y grupos hacía un paréntesis y nos colocaba en los 80, en las dificultades de los años de la guerra, los años del gobierno sandinista. Todos contra el FSLN.


Una campaña llena de agresividad

En los últimos 15 días de campaña, la Asociación de Confiscados y una fabricada Asociación de Padres de Familia Azul y Blanco -grupos de la Alianza Liberal- lanzaron una agresiva y sostenida campaña de spots televisivos, cuñas radiales y anuncios de prensa en respuesta al rápido ascenso del FSLN en las encuestas. Todos estaban orientados a descalificar a Daniel Ortega, presentándolo como único responsable de la guerra de los 80. Con imágenes de calaveras y fusiles, los spots insistían: No le creás, es el mismo de siempre. O recordaban un refrán nica que usaba Alemán en todos sus discursos: Gallina que come huevo, ¡ni que le quemen el pico!

Sólo al inicio de esta campaña sucia, el FSLN reclamó al Consejo Supremo Electoral porque esta propaganda violaba la ética electoral acordada por todos los partidos. El CSE -que no atendió a ningún otro reclamo anteriormente planteado por el FSLN- sí hizo caso a éste y prohibió estos mensajes.

¿Resultado? La agresividad se extendió. Varias instituciones estatales -el Ministro de Educación Humberto Belli a la cabeza- y sectores empresariales y eclesiásticos expresaron que la prohibición del CSE atentaba contra la libertad de expresión, alentando a no respetarla. Los spots contra Daniel Ortega se continuaron transmitiendo y se incrementaron. Hubo más de diez modelos diferentes y fueron pautados a toda hora y en todos los canales de TV, a excepción del canal 4, del FSLN.


Liberales: cierre de campaña

La Ley Electoral ordenaba que el miércoles 16 de octubre, a las 12 de la noche, debía iniciarse un silencio electoral de tres días y debía cesar cualquier propaganda de los partidos políticos.

Sandinistas y liberales eligieron ese día 16 para impactar con sus actos de cierre de campaña en la capital. La Alianza Liberal eligió la plaza de la Catedral -con capacidad para 40 mil personas- en horas de la mañana. El FSLN eligió la tarde y la cercana plaza hoy llamada Juan Pablo II -antes Carlos Fonseca-, a orillas del Lago Xolotlán, con una capacidad mucho mayor, pero mucho más difícil de precisar por su configuración, muy abierta.

Al conocerse sólo cuatro días antes que ambas organizaciones políticas cerrarían su campaña con pocas horas de diferencia y en plazas contiguas, se generó en Managua una gran expectativa. Y no faltó la irresponsabilidad. El posteriormente electo diputado al PARLACEN por la Alianza Liberal, José Castillo Osejo -con fama de ponderado- clamó el día 12 desde Radio Corporación para que el CSE suspendiera el acto del FSLN. No van a alcanzar -decía- los cementerios ni los hospitales en Managua para acoger a los muertos y heridos que provocará la conflagración que han planificado los sandinistas.

Todo transcurrió en la más completa calma. La Naturaleza fue la única agitada. La cercanía del huracán Lilí, que se encaminaba hacia Cuba, provocó un temporal en el Pacífico de Nicaragua. En Managua, diluvió desde la noche del 15 y durante toda la mañana del 16.

Al cierre de campaña de la Alianza Liberal asistieron unas 30 mil personas, que agitaban banderas rojas. No dejó de llover a cántaros durante todo el acto. Arnoldo Alemán leyó su discurso, retórico al inicio, con promesas electorales después y moviéndose en todo momento entre la moderación y la agresividad.

Nicaragua es de todos -dijo- y nos exhorta al encuentro fraterno, a la reconciliación sincera y duradera, a que nos acojamos bajo su manto azul y blanco, olvidando dolorosos pasados teñidos de odio, destrucción y sangre... Son el des-empleo, la corrupción y la impunidad las únicas fosas que queremos abrir para sepultar juntos los odios, venganzas y revanchismos. Queremos perdón con olvido y reconciliación con justicia.

Pero también se lanzó contra sus adversarios, los sandinistas: No hay ropajes, canciones ni propaganda que oculten sus fracasos. No importa que cambien de himno ni ofrezcan el olivo de la paz, de la honradez, del respeto a la propiedad privada y a las libertades, ocultando el AK que impone el guerrerismo y el garrote que rompe la piñata. ¡Son los mismos!
Las ovaciones sólo siguieron a este tipo de frases, mientras punteaba todo el discurso un maestro de ceremonias que gritaba, entre otras, esta consigna -usada insistentemente durante toda la campaña liberal-: ¿Cuándo los sandinistas volverán al poder?, a la que los participantes respondían: ¡Nunca! Entre la multitud, las que más destacaban era una media docena de pancartas del PLN, el partido liberal de los Somoza, incluido en la Alianza Liberal, y que ha recobrado su personalidad jurídica, disuelta en 1979.


Sandinistas: cierre de campaña

Pasado el mediodía, los liberales abandonaban la plaza de la Catedral, mientras comenzaban a ingresar en la plaza contigua los sandinistas, con sus banderas rojinegras. Cuando el acto dio comienzo a las 6 de la tarde, ya había en el área unas 300 mil personas y el cielo estaba totalmente despejado. Desde mediodía dejó de llover. El único discurso fue el de Daniel Ortega, que reflejó y resumió el tono de todas las palabras y gestos de su campaña. Algunos párrafos:

"Ahora son otros tiempos, el mundo ha cambiado, las circunstancias han cambiado... Yo le digo al pueblo de Nicaragua que los errores -porque indiscutiblemente cometimos errores en el pasado-, le digo que esos errores no se van a repetir...

Y les digo con toda franqueza: ¿qué les puedo ofrecer? Experiencia. Experiencia porque estuve en el gobierno. Pero también porque sé lo que son las necesidades, porque me tocó pasar necesidades con mi familia cuando estábamos muchachos. Sé también lo que es la guerra porque me tocó vivir la guerra contra la dictadura de Somoza. Sé lo que es la cárcel y la tortura, porque pasé siete años en la cárcel y fui torturado innumerables veces. Sé lo que es perdonar. Yo diría que lo que más he aprendido en todos estos años es que debemos saber perdonar...

Hermanos nicaragüenses, qué les puedo decir, sino pedirles que nos unamos. No vamos a establecer el gobierno de un partido, porque eso ya no tiene cabida en la historia de este país. Vamos a establecer el gobierno de todos los nicaragüenses, porque es lo único que tiene cabida en este país".

Entre los participantes podían verse algunas gorras, camisetas y afiches de la campaña electoral del 90. Guardadas celosamente durante casi siete años regresaban, tercas, a la misma hora y a la misma plaza de aquel año, a respaldar al mismo candidato.


Comienza a inclinarse la balanza

El clima del acto fue de victoria, de orden y de alegría. Ni una sola consigna antiliberal ni antisomocista. Como parte de su estrategia de campaña, y no sin cierto triunfalismo, el FSLN pagó para que los cinco canales de la TV nacional transmitieran el acto en directo a todo el país. Y todo el país vio aquella extraordinaria demostración de convocatoria y de fuerza del sandinismo. Fue una sorpresa que puso a temblar a los liberales y a toda la derecha nacional. Si así cerraban la campaña, ¿qué iban a decir, al abrirse, las urnas? Creen muchos que el espectáculo de aquella plaza llena y vibrante comenzó a inclinar la balanza de las elecciones.


Una misa en la Catedral

Desde hacía unos días, la Conferencia Episcopal de Nicaragua y los pastores evangélicos venían pidiendo a los cristianos que oraran a Dios para que el proceso electoral culminara en paz. En respuesta, hubo variadas iniciativas en este sentido: vigilias, eucaristías, cultos.

Pero sólo una de estas celebraciones marcará para siempre la historia de este proceso. A las 6 de la tarde del jueves 17, iniciado ya el período del silencio electoral, el Cardenal Arzobispo de Managua, Miguel Obando, concelebró una misa en la Catedral de Managua para pedir la bendición de Dios en las ya inminentes elecciones. La eucaristía fue transmitida en directo a todo el país por el Canal 2, el de mayor audiencia nacional.

En la Eucaristía, el Cardenal vestía casulla roja. Aunque según el calendario litúrgico del tiempo ordinario le correspondía vestir de verde, eligió celebrar al mártir San Ignacio de Antioquía -desconocido para la piedad nicaragüense- para usar ornamentos rojos. En la liturgia de la Palabra, la lectura de la Epístola de San Pablo a los Efesios (1, 1-10) correspondió a Arnoldo Alemán. Dios nos eligió en Cristo para estar en su presencia, consagrados y sin mancha ante El... Dios nos ha mostrado su amor dándonos toda sabiduría y entendimiento..., leyó el candidato presidencial. La lectura del salmo responsorial (Salmo 97) correspondió a Roberto Cedeño, candidato liberal a la Alcaldía de Managua.

El Cardenal Obando abrió su homilía narrando en detalle un sueño de San Juan Bosco: la barca de la Iglesia es atacada por una poderosa escuadra de barcos de guerra que terminan matando al Papa. Después, el Cardenal comentó la situación electoral leyendo fragmentos de la carta de los obispos sobre las elecciones. Y cerró su homilía exhortando a los votantes a ser prudentes a la hora de elegir al hombre idóneo para la Presidencia.

Ilustró esta exhortación con una fábula de su cosecha: Dos hombres iban caminando por el campo y vieron que en el camino estaba una víbora. La víbora parecía que estaba muriéndose a causa del frío. Y uno de aquellos hombres dijo: `Se está muriendo esta víbora por causa del frío, creo que si le damos un poco de calor no morirá.' El compañero le dijo: `Ten cuidado, que yo creo que esta víbora ya mató a alguien, porque salía de ese hueco y mató a fulano de tal. Pero aquel dijo: `Las circunstancias han cambiado, esta víbora no me hará nada, yo le voy a dar calor.' Se agachó y la agarró contra su pecho para darle calor. Y cuando le había dado calor, la víbora lo mordió y lo mató.

Durante sus actos de campaña, Alemán venía comparando al Frente Sandinista con la peligrosa culebra coral, que es roja y negra, a la que -decía- había que cortarle la cabeza.

Al terminar la misa, el Cardenal llevó en procesión la custodia con el Santísimo por el interior de la Catedral. Llevaban el palio que cubría al Santísimo Arnoldo Alemán, su hijo mayor y Roberto Cedeño.

Tres días después, el mismo día de las votaciones, los diarios La Prensa y La Tribuna publicaron en la primera plana de su edición dominical, vendida a los votantes que esperaban en largas filas ante las juntas receptoras de votos, una fotografía central en colores, en la que se veía al Cardenal Obando bendiciendo a Arnoldo Alemán, en devota actitud ante él.


Como tornado o terremoto

Durante al menos los tres últimos años del gobierno Chamorro, en los que Nicaragua ha vivido sucesivas y desgastantes crisis políticas e institucionales de muy difícil solución, y dado el creciente vacío de liderazgo existente en el país, el Cardenal Miguel Obando se había ido constituyendo en el árbitro buscado y respetado por todos, en la única autoridad capaz de generar consensos y de mediar en conflictos de Estado con una muy cuidada diplomacia e imparcialidad. En años anteriores, aunque con más oscilaciones, también actuó en este sentido.

Las elecciones de 1996 pueden compararse a un tornado o a un terremoto porque descolocaron a muchos, abrieron profundas grietas, arrasaron y pusieron por el suelo muchísimas cosas que parecían sólidas. También este liderazgo.

A la sorpresa de la plaza rebosante, siguió la sorpresa de la víbora de Catedral. Creen muchos que la misa celebrada ese día inclinó decisivamente la equilibrada balanza de las elecciones a favor de los liberales.

Una derecha sin candidato

Durante los meses previos a las elecciones, los más poderosos sectores económicos y sociales de la derecha nicaragüense no somocista expresaron tácitamente y por diversas vías su temor a una victoria de Arnoldo Alemán. Les preocupaba la desestabilización que su visceral y conocido antisandinismo pudiera provocar en el país, afectando sus intereses. Parecía también que esta preocupación era compartida por la embajada de Estados Unidos en Managua, porque de Nicaragua lo único que parece preocupar ya en Washington es la estabilidad, sea quien sea el que la asegure.

La derecha no somocista -que hizo dinero con el gobierno sandinista y que lo siguió haciendo con el gobierno de doña Violeta- prefería la continuidad de la fórmula económica y política del chamorrismo-lacayismo y temía una ruptura brusca de este esquema, que era lo que anunciaba Alemán. Bajo esta perspectiva, y a lo largo de 1996, apoyaron al PRONAL de Antonio Lacayo, fabricaron el liderazgo de Noel Vidaurre dentro del Partido Conservador, promovieron un fracasado compromiso patriótico para impulsar la candidatura presidencial del poeta Pablo Antonio Cuadra, alentaron la unión del centro en un solo bloque político, promovieron el liderazgo real de Pedro Solórzano como candidato a la Alcaldía de Managua...

Se movieron en varias direcciones. Pero, a medida que se acercaba la hora de las votaciones, era evidente que en la disputa electoral nadie representaba, con posibilidades de victoria, a la derecha no somocista. Más evidente se les hacía que el FSLN sí representaba el anti-alemanismo con posibilidades de éxito y que estaba creciendo en intención de votos en muy diversos sectores sociales. Ante esta disyuntiva, y a despecho de algunos análisis -incluso formulados desde estas mismas páginas-, que apuntaban a que a última hora el racional temor a Alemán pesaría más que el emocional temor al pasado sandinista, la derecha no somocista apostó por Alemán, aún sabiendo que representa los intereses de la derecha somocista desplazada a Centroamérica y a Estados Unidos desde 1979 y los intereses económicos y políticos desestabilizadores del sector más corrupto y extremista del exilio cubano en Miami.

Quince días antes del día de las votaciones, Carlos Pellas, un hombre de muy bajo perfil público y que no acostumbra a dar declaraciones, encontró una ocasión informal para darlas. Si ganaba el FSLN -dijo- el país podría ver paralizadas las inversiones y, en general toda la economía, durante dos años, a la espera de señales positivas del FSLN en esta segunda oportunidad de gobierno. El capital de los Pellas es el símbolo del poder económico en Nicaragua.

Unidos contra el FSLN

Días después, el 14 de octubre, los dirigentes de las seis Cámaras del Consejo Superior de la Empresa Privada (C0SEP) hicieron público un comunicado en el que se desnudaban sin pudor para sumarse al pánico de última hora que se alimentó contra el FSLN. Decían así los dirigentes empresariales: El COSEP considera que el FSLN no es capaz de generar la confianza necesaria para el sector privado y para la inversión nacional y extranjera, por lo que resulta totalmente inaceptable como alternativa de un futuro gobierno dados sus antecedentes históricos, que tanto daño nos hicieron a los nicaragüenses: expropiación, confiscaciones y control de todos los medios de producción, economía dirigida y tarjetas de racionamiento, servicio militar obligatorio, persecución y asesinatos de líderes empresariales, trabajadores y obreros, manifiesta incapacidad de administrar el gobierno, alianzas con partidos, naciones y movimientos revolucionarios y terroristas que llevaron al país a una política conflictiva y confrontativa con naciones y organismos amigos, censuras y cierre de medios de comunicación, etc. Por lo tanto, el COSEP insta a todos los nicaragüenses a constituir, como en las elecciones del 90, un pueblo unido para evitar el retorno del FSLN y fortalecer al candidato que los informes de las firmas encuestadoras serias le den la posibilidad del triunfo. Ese candidato innombrado sólo era Alemán.

Estas declaraciones y presiones públicas fueron acompañadas de otras presiones y chantajes más privados. Son varias las empresas de estos empresarios donde se reunió a los trabajadores en las vísperas electorales: Si gana el FSLN, tendremos que cerrar la empresa y ustedes se quedarán sin trabajo, advertían los patrones a sus obreros. El 20 de octubre, los beepers de todos los nicaragüenses que gozan de esta tecnología recibieron un mensaje que alguien pagó para enviarles: Haga patria, mate a la víbora.

Todo esto fue haciendo peso en la balanza, desequilibrándola. Los que habían pasado meses alertando sobre lo peligroso de una polarización electoral, polarizaron hasta el extremo a la población con todas estas maniobras de último momento.

¿Un árbol caído?

La crisis interna del FSLN, el doble discurso y la doble moral de un sector de sus dirigentes de nivel alto, medio o de base, debilitó y dispersó a la base social del sandinismo durante todos estos años del gobierno Chamorro. La lista de inconsistencias del FSLN es larga y conocida. Tanto que llegó un momento en que la derecha nacional -la somocista y la no somocista- dio al sandinismo por árbol caído y comenzó a hacer leña de él.

En 1994 hubo un importante desmentido a este diagnóstico con un indudable destello de vitalidad sandinista. En agosto de aquel año, el FSLN convocó a sus militantes en todo el país a inscribirse como tales, renovando las condiciones y requisitos para dar este paso. A pesar de la crisis que ya existía en el FSLN y que se había expresado en mayo en la división interna y en la creación del MRS, más de 200 mil nicaragüenses -muchísimos de ellos jóvenes- se inscribieron como militantes del FSLN.

Aunque este hecho no pasó desapercibido en Nicaragua, se produjo en un contexto de crisis política tan aguda, que apenas fue valorado por los no sandinistas y los antisandinistas. Y como la crisis interna del FSLN acaparaba las mejores energías del sandinismo, ni los mismos inscritos lo valoraron suficientemente. Valorada o no, aquella inscripción masiva de militantes mostró que el árbol no estaba caído ni mucho menos. Se demostró que el FSLN es el partido nicaragüense mejor organizado y con más militantes inscritos (El PLC, núcleo de la Alianza Liberal, dice contar con 50 mil).


¿Un bonsai?

En 1996, año electoral, el FSLN siguió dando pruebas públicas de incoherencias y ambigüedades. Incluso, para muchos sandinistas no parecía claro en qué estrategia electoral iba a inscribirse el FSLN, ni si tenía siquiera alguna estrategia. En febrero de este año, en la consulta interna que el FSLN organizó para elegir a sus candidatos a las elecciones nacionales, hubo graves tensiones y una notable falta de transparencia, lo que agudizó algunas de las contradicciones internas del sandinismo.

Con toda esta sucesión de inconsistencias, no es extraño que desde hace años la derecha considerara que el FSLN no sería adversario de consideración en unas elecciones y que el sandinismo estaba en crisis terminal. Si el árbol aún no estaba muerto, al menos sí parecía estar en camino de transformarse - al menos, en cuanto a votos- en un diminuto y domesticado arbolito bonsai dentro del jardín de la democracia.

Hasta mediados de 1996, las encuestas hablaban de que el FSLN era respaldado únicamente por un 15% como máximo de la población nicaragüense. Muchos pensaron que era inexorable el triunfo de Alemán, a no ser que lo enfrentara una opción de centro. Mientras esta opción se pregonaba, se trataba de forjar y se deshacía, empezó a correr oficialmente la campaña electoral, en la que el FSLN entró sin haber logrado construir alianzas con ningún otro partido. Nadie quería aparecer vinculado a los sandinistas, no tanto por no contaminarse con piñateros, sino porque no les veían posibilidades reales de triunfo electoral.


Clima propicio a la ilegalidad

A finales de agosto, las encuestas, y más que todo la realidad, ya empezaban a demostrar que el sandinismo no estaba muerto ni tampoco agonizaba. Revivía aceleradamente desde sus bases, a medida que se aproximaba la hora electoral, que siempre tiene mucho de competencia deportiva y mucho de declaración de identidad. Ambos resortes funcionaron y pronto se vio que aunque el árbol había perdido ramas, había parido frutos podridos y se había inclinado a un lado y a otro según soplaran los vientos, podía reverdecer, apoyado en la solidez de sus raíces. Las raíces de la historia y de la memoria colectiva.

Cambió entonces la percepción de los sectores del poder económico: si el FSLN no estaba muerto, había que matarlo. El escenario político del mes de octubre estuvo dominado por una feroz campaña antisandinista, orientada a romper el empate técnico del que hablaban las encuestas y destinada a ganar por el pánico a los que aún parecían indecisos. Esta campaña, que alentó la ideología antisandinista, cargada de intolerancia y agresividad, tuvo varios efectos. El más grave, empujar a muchos a aprovechar las inconsistencias de la Ley Electoral y del Consejo Supremo Electoral, sus retrasos y su laxitud, para actuar fraudulentamente el día de las votaciones.

¿Por qué votar por el FSLN?

¿Cómo explicar tanto apoyo popular al FSLN en estas elecciones, a pesar de su aparente muerte -por inercia- durante estos años y a pesar de la decisión de matarlo -por desprestigio- durante la campaña electoral?

Son muchos los factores, y son políticos, sociales, culturales. El indiscutible liderazgo simbólico y político que tiene Daniel Ortega. La experiencia que tienen y recuerdan decenas de miles de nicaragüenses de haber mejorado su vida con la revolución (vivienda, salud, estudios para todos sus hijos...). La experiencia de haber participado, en los 70 y en los 80, en un proyecto nacional, colectivo, que transformaba la historia y hacía más digna la propia vida, la de la comunidad y la de la nación. La convicción de que en esta segunda oportunidad, el FSLN gobernaría mejor, ya sin la presión de la guerra y sin el acoso del gobierno de los Estados Unidos. El deseo de reparar el voto antisandinista del 90, que trajo la paz al país, pero también la miseria y el desempleo a la mayoría. El temor a una vuelta al liberalismo somocista, tan parecido al liberalismo alemanista. El temor a un regreso de Somoza, reencarnado en Alemán. Son muchos los factores.

A pura corazonada

En las primeras horas del 22 de octubre pocos habían podido aún dormir y eran menos los que tenían capacidad para descubrir el significado de tantas anomalías, de las que cada nicaragüense tenía ya un buen ejemplo que contar a su vecino. A esas horas, Edgar Tijerino, el comentarista deportivo más popular e influyente de Nicaragua desde hace muchos años, hacía por radio un primer análisis político de los resultados. Lo hacía, sin dudar de la victoria limpia de Alemán -aún no se dimensionaba lo ocurrido- y lo hacía reconociendo que él había votado por el FSLN. Con su habitual pasión y voz enronquecida, el análisis de Tijerino da en uno de los clavos de la necesaria interpretación:

"No, no hablemos simplistamente de una victoria de los liberales. Porque el eje fundamental de esta lucha eleccionaria ha sido sandinismo o antisandinismo. Fue la UNO, con su 50 y pico por ciento de votos, la ganadora en 1990. Ese 50 y pico por ciento pasa hoy a ser de color rojo. Ese 50 y pico por ciento podría mañana seguir siendo de color rojo o podría ser de color amarillo o de color mostaza o de color azul... No importa el color. Aquí se eligió entre sandinismo y antisandinismo. Y es que en Nicaragua la historia cambió en 1979 y ya sólo hay dos grupos: los que están con el Frente y los que no están con el Frente. No podemos creer que la victoria de Arnoldo es porque haya renacido con fuerza esa vieja paralela histórica que es el liberalismo. Su fuerza era únicamente el estar en contra del proyecto sandinista.

Y del sandinismo, ¿qué decir? ¿Qué hizo el Frente para ganarse ese 38% de votos? ¿Qué hizo para ganar esa asombrosa recuperación de confianza? De hecho, no hizo un gran esfuerzo. No hubo un hecho claro que dijéramos: ahí está la prueba de que el Frente cambió. Y sin embargo, sin las pruebas, sin los hechos, fuimos caminando sobre la carretera de la recuperación de la confianza...

¿Por qué el pueblo sandinista es tan terco en las creencias? ¿Por qué confió una vez más en la recuperación del Frente? ¿Por que decidió darle al Frente una segunda oportunidad? Fue una respuesta de corazonadas puras. A pura corazonada, creímos y confiamos en que el Frente iba a poder manejar el país, en que había mejores perspectivas, un cambio de mentalidad y un regreso al espíritu de sacrificio y honestidad a toda prueba que nos permitieron construir una revolución".

El fracaso del centro

Según su última encuesta, la CID-Gallup pronosticó que las votaciones desembocarían en un virtual colapso de los partidos pequeños. Y afirmó con certeza: No hay nada en el centro.

No se equivocaron los números de la encuesta. Los resultados del amplísimo espectro del centro están ahí. Los 21 partidos que no eran la Alianza Liberal o el FSLN tuvieron en conjunto menos del 12% de los votos en la elección presidencial. 19 de ellos no alcanzaron ni un 1% de los votos. 13 de ellos se extinguen jurídicamente al no haber logrado votos para un solo diputado, ni dentro de los 20 diputados nacionales ni dentro de los 70 que llegan al Parlamento desde los departamentos, ni siquiera a partir de la asignación por residuos, que resultó fabricada tabla de salvación para 7 de los partidos que, con una insignificante cantidad de votos, lograron conservar su personalidad jurídica.

Al desaparecer, estos mini-partidos deberán devolver en los próximos cinco años y con un interés del 3% una cantidad proporcional - según sus resultados - de los miles de dólares que el Estado entregó a cada uno para su campaña electoral. De hecho, la lucha política de muchos de los dirigentes de estos partidos se orientó, después de las elecciones, a cabildear, intentar legislar o denunciar el fraude con el único objetivo de no pagar esa deuda.

¿Cómo explicar políticamente el fracaso del centro? El análisis más repetido durante meses, y aún después de las convulsas votaciones, ha sido éste: dos caudillos -Alemán y Ortega- representantes de opciones extremas y extremistas, polarizaron a los votantes, mientras otras 22 opciones de centro, realmente alternativas, no lograron hacerse oir en esta marejada de confrontación.


Voto de castigo para el centro

Realmente no fue así. Aunque a algunos no les guste, es una realidad que tanto Arnoldo Alemán como Daniel Ortega tienen liderazgo entre la población nicaragüense, que está mayoritariamente polarizada, no sólo por la política o por la ideología sino por una pavorosa crisis económica.

El centro económico se viene desdibujando en una sociedad donde crece aceleradamente la inequidad y el 80% de la población vive en la pobreza, la mitad de ellos en la miseria. Esa población, que vive a diario en el extremismo de las necesidades básicas no resueltas, reconoce un liderazgo en Arnoldo Alemán y ve en su mano dura capacidad para cambiar las cosas y darles empleo y habilidad para transformar milagrosamente tantas miserias en una rotonda de surtidores luminosos. O ve en Daniel, el rostro más conocido de quien dirigió el proceso de transformaciones revolucionarias que cambió la vida de tantos pobres de Nicaragua, la capacidad y la experiencia para volver a repetir el milagro y lograr que todos tengan trabajo y coman los tres tiempos.

¿Extremismo en ambos liderazgos? Si en Alemán hay una clara tendencia al extremismo autoritario -tal como lo mostró su campaña y bastantes de los primeros anuncios para el futuro gobierno que hizo tras su autoproclamación-, el FSLN viene mostrando, por convicciones que se abren paso o por intereses que debe defender, que representa hoy una opción política muy alejada del extremismo que supone cualquier revolución social.

¿Cómo etiquetar la nueva opción con que el FSLN se presentó esta vez ante la nación, pidiéndole una segunda oportunidad y una primera oportunidad de gobernar sin guerra? ¿Centro izquierda? ¿Nacionalismo de centro? ¿Capitalismo con rostro humano? La realidad es que el FSLN no sólo ocupó, por azar, con la casilla l2 el centro de la boleta electoral. Su opción en 1996, con la fórmula del gobierno de todos, lo ubicaba en el centro del espectro político, que reclamaban para sí veintipico de partidos de todos los colores.

Veintipico de opciones. Sólo el número ya genera inquietud. ¿Cómo es posible que un país de 4 millones y medio de personas -la mitad niños- tenga veintipico de proyectos diferentes de sociedad? ¿Será por la amplitud de la Ley Electoral, que permite crear un partido con sólo 500 firmas? Este supermercado de ofertas de centro quitó seriedad a la propuesta centrista. Y puso en evidencia ante el pueblo que lo que la mayoría de estos veintipico de candidatos a la Presidencia buscaba era solamente conseguir suficientes votos para llegar a ser o para seguir siendo diputados: un trabajo seguro, un muy buen salario, muchos otros privilegios y oportunidades económicas y cámara asegurada. Si en las elecciones de 1996 hubo un voto de castigo fue al centro al que la gente castigó no reconociéndolo.


Evangélicos al poder

La mayor de las sorpresas de estas elecciones no fueron tanto sus resultados como las anomalías que las envolvieron. La mayor de las sorpresas estalló el día después, cuando comenzó a descubrirse el cúmulo de irregularidades en las que se habían desarrollado los comicios. En cuanto a los resultados, una de las más grandes sorpresas fue el tercer lugar -aunque con un distante 4% de los votos- que obtuvo el partido Camino Cristiano Nicaragüense (CCN). Se confirmó así lo que en septiembre ya comenzaron a indicar algunas encuestas.

El CCN es muy joven. Nació en 1995 para participar en estas elecciones, como varios de los partidos y alianzas de la boleta electoral. Es novato en política. Nació y creció en apenas unos meses entre un sector, el de los evangélicos pentecostales, tradicionalmente apolíticos o incluso anti-políticos. Es exitoso. Nació después del otro partido evangélico que compitió, el Partido de Justicia Nacional, creado en 1992 y que, sin embargo, sólo consiguió el 0.32% de los votos en la elección presidencial y por tanto, perdió su personalidad jurídica.

La victoria del CCN y su representación parlamentaria resultaron un hecho novedoso y muy comentado, aun cuando algunas estimaciones indican que ya un 20% de la población nicaragüense pertenece a varias denominaciones evangélicas. Entre éstas, las pentecostales son las que cuentan con más fieles, la mayoría de ellos entre la gente más pobre de la ciudad y el campo.

Guillermo Osorno fue el candidato presidencial del CCN y llega a la Asamblea Nacional por serlo y por el cociente que alcanzó su partido. Se convirtió a la fe evangélica en 1978 y se dio a conocer desde entonces en los templos de los evangélicos pentecostales de las Asambleas de Dios y a través de su predicación durante años en la emisora radial que dirigió, Ondas de Luz. En 1994, Osorno se convirtió a la política.

¿Cómo explicar la aparición y el triunfo del CCN? Según un sociólogo evangélico, los partidos evangélicos de Nicaragua venden más esperanzas que certezas o no tienen la suficiente claridad sobre la materializacion de sus ofertas, pero indudablemente vender esperanzas en un mundo lleno de pesimismo ya es bastante y son pocos los que logran hacerlo.

Liberales: la herencia que reciben

Los resultados electorales -más o menos opacos u opacados- introducen a Nicaragua a una situación muy diferente a la de estos siete años. El gobierno Chamorro entrega el poder dejando al país con una economía nacional estabilizada según los estándares de los organismos financieros internacionales. Y lo deja acostumbrado ya a una total libertad de expresión. Son puntos a su favor. Y desafíos del nuevo gobierno serán el mantener la necesaria estabilización económica y la sana cultura de un debate siempre abierto.

Pero el gobierno Chamorro deja también al país con economías familiares, artesanales y de la pequeña producción agrícola y comercial devastadas. Y acostumbrado ya a una voraz corrupción en instituciones y funcionarios. Son puntos en su contra. Y desafíos para el nuevo gobierno serán superar estas lacras.

Mayor desafío aún que enfrentar la corrupción será enfrentar la pobreza extrema, las profundas desigualdades sociales que el gobierno de Violeta Chamorro deja instaladas y entrega como amarga herencia a Arnoldo Alemán.

El nuevo gobierno liberal ha prometido dar prioridad a la creación de empleos para aliviar la extrema pobreza y a la resolución del problema de la propiedad, vinculando ambas metas, ya que resuelto el problema de la propiedad se multiplicarían las inversiones nacionales y extranjeras, lo que generaría los anhelados cien mil empleos anuales prometidos en la campaña, promesa que le debe haber ganado a Alemán el apoyo de miles de empobrecidos no liberales y no antisandinista y una gran cantidad de los votos que obtuvo en las urnas.

Propiedad: proyecto explosivo

Uno de los proyectos más concretos que anunció Alemán antes y después de las votaciones para resolver el problema de la propiedad consiste en:

Desconocer / reformar (dar "una reformadita", dijo) a la Ley 209, Ley de Estabilidad de la Propiedad, aprobada en la Asamblea a fines de 1995 y elaborada con la mediación de Jimmy Carter.

Exigir la devolución o el pago - a precios del mercado - de las propiedades rurales o urbanas "piñateadas" que están en manos de dirigentes del FSLN o de altos funcionarios del actual gobierno.

Entregar títulos a todas las personas que ocupan propiedades rurales y urbanas que fueron distribuidas entre la población pobre desde 1979 hasta hoy. (Nada se dice de las cooperativas ni de las propiedades comunitarias o de carácter social ni de la nueva propiedad asociativa, surgida en los 90 a partir de los acuerdos de Concertación, que crearon empresas propiedad de sus trabajadores).

Compensar a los injustamente confiscados por las propiedades que no les puedan ser devueltas (incluye ímplícitamente a los somocistas expropiados por los decretos 3 y 38), calculando el monto de estas compensaciones en 400-500 millones de dólares, que no saldrían de la venta de las telecomunicaciones nacionales, sino de una donación internacional -no se sabe quién la daría- con la que el gobierno liberal espera comprar la paz en Nicaragua.

El proyecto es previsiblemente explosivo en todos sus puntos. Lo de la donación internacional fue calificado de propuesta disparatada que tienen que descartar por Jimmy Carter, que afirmó que Alemán no encontrará ningún gobierno o institución del mundo que le dé esa suma de dinero.

El tema de la propiedad, y la posibilidad de que trate de resolverse a favor de los ricos y somocistas con violencia y al mejor estilo autoritario, es el horizonte que a lo inmediato crea una mayor incertidumbe entre los sandinistas, sean pobres, medianos, ricos o enriquecidos. Para confirmar la zozobra, inmediatamente después del anuncio del triunfo de Alemán, se empezaron a escuchar por todas partes envalentonados rumores de desalojos para la recuperación de propiedades.

Una nueva y poderosa Asamblea

El nuevo Ejecutivo tiene recortadas notablemente sus funciones a partir de las reformas constitucionales de 1995, que configuraron un modelo político menos presidencialista y más parlamentarista. Pero estas reformas apenas han dejado ver su trascendencia porque después de ellas se creó la Ley Marco, que obligó al consenso Ejecutivo-Legislativo en todo lo reformado.

La Ley Marco expira el día de la toma de posesión de Alemán. Y la Asamblea Nacional empieza a tener nuevos y significativos poderes. Si Arnoldo Alemán ganara para sus prioridades a todos los diputados no sandinistas en la Asamblea y lograra mantener sin fisuras a todos los diputados que llegan al Parlamento por la Alianza Liberal (42 liberales + 14 de otros grupos), podría lograr la mayoría calificada con la que reformar incluso la Constitución. Pero ganar a todos los ajenos y mantener unidos a todos los propios son dos metas muy difíciles de lograr.

Más fácil le resultará conseguir algunos votos para tener la mayoría simple con la que, por ejemplo, reformar sustancialmente, tanto el Código Militar como la Ley Orgánica de la Policía. Barrer todo vestigio de sandinismo en las instituciones armadas y apropiarse de ellas corrompiéndolas, confrontándolas, cooptándolas, asfixiándolas económicamente, es la primera prioridad, aunque no declarada, del nuevo gobierno.

Alemán no arrasó

Algunos de los iniciales anuncios hechos por Alemán, al calor del triunfo electoral, constituyeron notables desaciertos. Anunció que pediría a la Corte Suprema de Justicia la destitución de todos los jueces del país para poder hacer una reestructuración total del Poder Judicial. La Corte reaccionó indignada, recordando la separación de los Poderes y lo que son sus atribuciones. Anunció que trasladaría la Asamblea Nacional a Granada y la Corte Suprema de Justicia a León. Y funcionarios de ambos Poderes le recordaron que la sede es Managua según la Constitución, que parecía no haber leído.

Algunos de los nombramientos que hizo en los primeros días han causado también gran preocupación en distintos sectores.

El desafío de Arnoldo Alemán es inmenso. No arrasó como esperó y deseó. No le dio una solemne capoteada a los sandinistas, como anunció durante toda su campaña. Requiere de consensos para garantizar estabilidad. Pero su victoria, que quedará para siempre empañada por la nube de anomalías numéricas y éticas que acompañaron los comicios, le complica la estabilidad y el consenso. Es un comienzo difícil, que recorta bastante las alas del autoritarismo con el que un sector de su equipo de gobierno se dispone a cumplir la misión de revancha histórica que doña Violeta, a juicio de ellos, eludió: exterminar al sandinismo, matar a la víbora.


FSLN: ¿enfrentará su desafío?

El reto del FSLN es también inmenso. Es el reto de hacer una oposición cohesionada, responsable, constructiva y creativa, muy diferente a la ambigua oposición de los años del chamorrismo. Con esta oposición, el FSLN debe responder a las necesidades democráticas de la nación y a las expectativas del pueblo sandinista y de sus muchos votantes.

Pero no es ése el único reto, que ya es enorme. Mayor aún es el reto de reactivar ética y políticamente al FSLN aprovechando las grandes lecciones de la crisis electoral, que entre otras cosas mostró cuán poderoso es aún el antisandinismo y también cuán fuerte es aún el sandinismo en la base, a pesar de la debilidad ética y organizativa de algunas cúpulas del FSLN.

Durante estos años, el FSLN funcionó descoordinadamente, sin una estrategia clara y con tácticas desgastadas, y no convincentes para la mayoría porque no respondían ni a sus necesidades de organización ni a sus anhelos de cambio. El FSLN no supo tampoco articular ningún proyecto viable con miles de simpatizantes sandinistas que desde la sociedad civil siguieron trabajando por Nicaragua, por los pobres y por los intereses populares, pero que desde 1990 quedaron dispersos, sin participación política y sin participación partidaria, si es que la habían tenido. Hay que recuperar a tanta gente de valía que ha sido ninguneada y desconocida en estos años.

La realidad es que el FSLN continúa siendo manejado por una estructura machista y llena de peligrosas inercias e innecesarios sectarismos, y siempre inclinada al doble discurso. Nicaragua y las bases sandinistas que, a pesar de tantos errores, volvieron a confiar en el FSLN, se merecen ya una real democratización de las estructuras del FSLN. Los resultados electorales dan margen a la esperanza. Muestran que el FSLN no ha sido derrotado, que ese árbol se mantiene vivo. Al menos, lo hemos visto reverdecer en la coyuntura electoral. Es hora de mejores y maduros frutos.

El MRS, que nació en 1994 con la vocación de renovar al sandinismo y volver a acoger bajo la bandera de Sandino a los mejores nicaragüenses no sandinistas, no logró cumplir - al concluir con la contienda electoral esta primera etapa de su breve vida política - ninguna de esas dos misiones. Sólo dividió al FSLN, sin sumar al sandinismo a otros nicaragüenses. Y a la hora de los comicios, de los 30 mil afiliados que dijo tener, sólo una tercera parte -como promedio en las 6 boletas- votó por la casilla anaranjada del sombrero, a pesar de que Sergio era lo mejor que nos puede pasar, como repetía el MRS en su propaganda.


La verdadera división del FSLN

El problema para el FSLN no es ni puede seguir siendo la división interna, que tuvo su traducción en el nacimiento del MRS. En el nuevo escenario político el problema es otra división. Naturalmente, habrá que mantener unida a la bancada de diputados sandinistas en la Asamblea y habrá que vincular en estrategias unitarias a ese medio centenar de alcaldías sandinistas y a las significativas bancadas de concejales sandinistas en el resto de los municipios.
Pero, sobre todo, el FSLN deberá prestar atención a esa otra división que lo carcome: la que existe entre los intereses económicos y políticos de algunos sectores de sus dirigentes históricos y los intereses y expectativas de la mayoría del pueblo sandinista, hoy tan empobrecido. Esa división que existe entre los sandinistas calculadores, carentes de pasión y de compasión, y los sandinistas con mística e ideales. Ese abismo entre el dirigente sandinista pragmático - que sólo habla de la cruda realidad de Nicaragua desde la tribuna, pero que no arriesga nada de nada para transformar esa realidad - y el sandinista pobre, que sufre esa realidad y lucha sin suficiente apoyo para cambiarla.

El desafío es también enorme para el FSLN. El caudal de votos conseguido en las urnas, la lucha por la transparencia electoral y el justificado temor a un retorno del somocismo han rescatado en gran medida algo que estuvo escondido, dañado y hasta perdido en estos años: el orgullo de los sandinistas de serlo y de proclamarlo.

Este rescate debería ser el primer capítulo de una más amplia lucha por vincular la ética del servicio y de la honestidad al quehacer político. Es una misión histórica. Como lo fue hace 20 años el hacer una revolución.

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