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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 175 | Octubre 1996
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Cuba

Cuba: 20 temas para una agenda verde

María López Vigil

Cuenta una fábula cubana, de origen africano, que un día, el pájaro tocoloro se puso a pensar. y su pensamiento fue buscar el fin del mundo. Lo primero que hizo fue subirse en una loma y mirar, pero los ojos se le perdían en la distancia y nada.
Entonces, decidió buscar a otros pájaros para que buscaran con él. Encontró a la tojosa, al azulejo, al carpintero, a la mariposa y a la lechuza. Y los invitó a emprender vuelo juntos. Volaron tanto que el cielo les avisó prudente: Ustedes buscan lo que no van a encontrar. Pero el tocoloro no hizo el más mínimo caso de la advertencia.

La caravana de pájaros voló y voló y voló y llegó hasta el Valle del Silencio, en Pinar del Río, en la punta extrema del Occidente de la isla de Cuba. El tocoloro miró más allá, sólo vio agua azul y pensó: No hay duda, aquí es. Y convenció de esto a todos sus amigos pájaros.

Entonces, la tojosa propuso que dejaran allí una señal. Todos aceptaron. Y como el pájaro mariposa tiene plumas de siete colores, pintó un arco lindísimo en la punta de la isla. Y cuentan que desde entonces, cuando llueve, se ve siempre ese arco, allí donde ellos pensaron que el mundo se acaba.


¿El fin del mundo u otra revolución?

Hoy, mucha gente piensa lo mismo que el tocoloro: que en Cuba el mundo se acaba. Que al "fin de la historia", proclamado por tantos, le falta apenas su último capítulo, el que escribirá Cuba. Aún ven dibujado sobre la isla socialista un arcoiris de esperanzas. Pero sospechan que es efímero, que inminentes tormentas lo empañarán. Temen que la experiencia cubana se haga cada día más frágil y termine sucumbiendo. Creen que la revolución va llegando lenta pero inexorablemente a su fin.

No saben tal vez que una nueva revolución puede estar avanzando hoy en Cuba, sin hacer mucho ruido y sin que muchos se estén dando cuenta. Una revolución ecológica, aún llena de contradicciones, aún muy frágil, pero...

La lógica fundamental de la evolución de la vida no es -como inicialmente dedujo Darwin- que son las especies más fuertes las únicas que sobreviven, en competencia con las más débiles, sino que sobreviven las que son más capaces de relacionarse, de articularse con otros seres vivos. Y como los más pequeños, los más frágiles, los más débiles, son los que más necesitan de los demás, son por eso los más capaces de flexibilidad y de vida. No lograron adaptarse a los traumáticos cambios planetarios aquellos imperiosos y descomunales dinosaurios que habían dominado la Tierra durante 140 millones de años. Los pequeños mamíferos sí.

Las frágiles musarañas sí supieron. Desde hace sólo 40 mil años, Homo sapiens, el mamífero más débil de todos, no ha dejado de adaptarse y de adaptar y readaptar sin cesar el medio en que vive.

Hoy, en este cambio de época, Homo sapiens se enfrenta a su gran encrucijada: ¿sabrá administrar el inmenso poder que controla y logrará domesticar sus infinitos deseos para no arruinar sin remedio su hábitat en la tierra?

La crisis por la que atraviesa Cuba es peculiar y específica. Pero en los actuales problemas cubanos se reflejan también facetas de la crisis de la civilización occidental que vive hoy nuestro mundo, sea en su versión socialista o en su versión capitalista.

El desafío ecológico, los dilemas que plantea una visión ambiental de la crisis, van entretejidos en todos los hilos de la realidad cubana. Pero no es el fin del mundo. Y podría ser el principio de otro mundo. Crisis significa también oportunidad. En el caso cubano, hay acciones y opciones que dejan espacio a la esperanza. He aquí 20 temas para una agenda verde de la revolución cubana.

1 LAS TIERRAS

En el comienzo, al principio, todas las tierras de Gaia eran ricas. También lo eran las de la pequeña isla de Cuba. "Las tres regiones naturales que coexisten en la isla, totalmente diferentes, hacen de Cuba un continente en miniatura", afirmó hace años el científico alemán Leo Waibel, gran conocedor de este mini-continente, casi deshabitado en el momento de la conquista de América.

La mayor catástrofe ecológica

Cuando hace 500 años se inició la universalización impuesta del modelo occidental de civilización, hoy en crisis, los escasos habitantes de Cuba vivían aún en la Edad de Piedra. Y quienes llegaron hasta ellos en busca de oro no lo encontraron en la mayor de las Antillas. ¿Qué hallaron entonces? La estratégica posición de la isla, "llave del Golfo", fue el hallazgo que más les cautivó. En pocos años, la población autóctona había desaparecido, víctima del brutal choque con la nueva y violenta civilización, y a Cuba llegaban y de Cuba salían expediciones de conquista al resto de América o navíos cargados con el botín de oro y de plata que sí encontraban los conquistadores en otras partes. Después vinieron las olas de emigraciones europeas y los barcos negreros cargados de africanos esclavizados.

Tras cuatrocientos años de colonia, Colón no hubiera reconocido la isla que pisó en su primer viaje y a la que llamó "Juana". El paisaje había cambiado de cuajo. La mitad de los frondosos bosques cubanos había desaparecido. Sus maderas preciosas adornaban iglesias y palacios españoles y castillos europeos o se habían trans- formado en naves que surcaban el océano o en él se hundían atacadas por piratas.

Desde el siglo XVIII los bosques empezaron a hacerse humo y cenizas para dejar paso a Su Dulce Majestad Azúcar y servir de combustible en ingenios que no cesaban de moler caña.

Después de la independencia de 1902 se aceleró la devastación. En los 57 años de Cuba "libre" anteriores a la revolución, el azúcar y la irresponsabilidad continuaron hacha en mano: en 1959 sólo quedaba ya el 14% de los bosques originales.

Repoblación forestal: primera decisión

Tal vez porque los guerrilleros cubanos tuvieron su santuario en las montañas, donde se concentraban los sobrevivientes verdes de siglos de tala, la primera medida ambiental de la revolución fue la repoblación forestal en todo el país. ¿Medida ecológica? ¿Conciencia ambiental? Nadie hablaba de ecología entonces y la conciencia era nacional. Y humanista.

Pero esa intuición con que la vida se abre paso y se defiende actuó de inmediato. De forma menos ordenada al principio. No hubo cubano que no plantara un árbol en algún momento, en cualquier ocasión, en las más variadas iniciativas locales. En 1987 la reforestación se organizó a través del llamado Plan Manatí: durante 8 años, organismos, instituciones, contingentes, escolares de primaria, universitarios, vecinos, plantaron 3 mil millones de árboles de muy diferentes especies en casi 700 mil hectáreas. Los que más sembraban, los militares.

La revolución se apuntó el gran logro de haber frenado la mayor catástrofe ecológica de Cuba, que no es otra que el despale de siglos. Y cubrió de árboles la quinta parte de la superficie de la isla. Todo un récord verde a nivel latinoamericano. Y una cifra cercana a lo que los científicos consideran el ideal en el caso cubano: bosques en un 25-30% del territorio.

Pero todo lo que se excede en cantidad puede resentirse en calidad. Y cualquier programa masivo, por apropiado que sea, corre ese riesgo. Según informaciones oficiales hechas públicas en 1995, el 50% de los millones de arbolitos sembrados en el Plan Manatí no prosperaron. No viven ya. Porque la campaña no fue acompañada de otras acciones destinadas a mantener y cuidar lo sembrado. Hoy se trabaja en otro ambicioso plan de reforestación, con la meta de tener un millón de hectáreas de bosque para el año 2015.

2. CATASTROFE ECOLOGICA

Catástrofe ecológica fue la pérdida de los bosques. Similar catástrofe era la concentración de la propiedad de la tierra. Al triunfar la revolución, el 8% de los propietarios -incluidos un buen grupo de estadounidenses- eran dueños del 80% de las tierras agrícolas cubanas, transformadas en extensos latifundios cañeros y ganaderos
.
Al inicio de la revolución, se decidió recuperar el bosque con la reforestación. También al inicio, se decidió repartir la tierra con la reforma agraria. Ambas medidas ecológicas se tomaron en el comienzo.


Una medida racional: tierras repartidas

Con la distribución de la propiedad se buscaba sentar las bases de un desarrollo más equitativo. Pero se arrancaba cargando con el pesado lastre del monocultivo y se partía con la meta de un modelo de desarrollo agrícola extensivo, donde modernas empresas estatales -grandes áreas y creciente mecanización- estaban llamadas a dominar sobre el resto de formas de producción. Un modelo también intensivo, donde se confiaba al uso masivo de químicos la obtención de cosechas cada vez más rápidas y voluminosas. La sostenida inversión soviética en el experimento cubano -con petróleo, maquinaria e insumos- hizo posible este modelo y durante años el país vivió una auténtica revolución agrícola.

Transformación en la agricultura

¿Quién ponía el agua? Cuba dispone de muy poca agua dulce. Sus ríos son cortos y de poco caudal. Los suelos, tremendamente erosionados y salinizados tras siglos de tala de bosques, perdían mucha agua de lluvia. Se considera que más del 70% de las tierras agrícolas cubanas están afectadas aún hoy por algún grado de erosión. Sequías y ciclones, seguidos de inundaciones, encendían la luz de alarma.

La revolución comenzó muy pronto a desarrollar lo que Fidel Castro llamó la "voluntad hidráulica". Llenar el país de embalses, presas y micropresas para garantizar riego a la agricultura durante todo el año se convirtió en una obsesión. "Construir obras hidráulicas -decía Fidel en 1963- hasta el día en que aquí no se escape al mar una gota. ¡El mar no podrá contar con una sola gota de agua dulce que caiga aquí en la tierra del país! ¡Tenemos que llegar al día en que no perdamos una gota!"

Treinta años después todavía se perdían más de tres gotas, pero Cuba había multiplicado por 200 su capacidad de embalsar aguas. Y las 160 mil hectáreas bajo riego que había en 1959 eran más de un millón. Un logro espectacular. A la par, y como recurso extra, empezaron a desarrollarse con éxito desde 1982 campañas de lluvia artificial "sembrando" las nubes con yoduro de plata.

La transformación agrícola y ganadera tuvo resultados indiscutibles en volúmenes de producción. No sólo en el azúcar, que siguió siendo la Reina Absoluta. También en cítricos, arroz, café, plátanos, leche, carne, huevos... Cuba exportaba grandes volúmenes de productos agrícolas a la Europa socialista -a través de la agroindustria y según un modelo agroexportador la isla se insertó en el CAME- y recibía de estos lejanos países el sostén técnico para un modelo que, aunque no era rentable económicamente -la agricultura se basaba en el subsidio estatal-, sí producía cantidades y calidades nunca antes vistas en la isla.

Todos los cubanos comieron más y comieron algo mejor, aunque con una dieta poco variada. En las ciudades especialmente hubo siempre vacíos en frutas, viandas y verduras cuyo cultivo o distribución no se compaginan con una agricultura extensiva ni con una comercialización totalmente centralizada por el Estado. Fueron años en que un camión con productos del campo tenía que pasar entre cuatro y siete controles burocráticos antes de llegar al mercado consumidor. Las pérdidas post-cosechas eran enormes.

A pesar de todo, la agricultura experimentó cambios profundos. Pero, a pesar de esos cambios, la seguridad alimentaria se descuidó y al entrar Cuba en crisis con el desplome del socialismo europeo, el 57% de las proteínas que alimentaban a los cubanos eran importadas.

3. LA HORA DE LA CRISIS

A la hora de la crisis, quedaron al desnudo las distorsiones y límites de la política agraria cubana. "Desde 1960 tres cosas la caracterizaron -analiza el agroecólogo Peter Rosset, asesor de la FAO y director del Institute for Food and Development Policy de Oakland, California-: el azúcar, las empresas estatales y una pasión fanática por el uso intensivo de los químicos y de las tecnologías que usan petróleo y que son propias de la agricultura convencional moderna."

Crisis en la agricultura

En Cuba se ha encontrado muy poco petróleo. La URSS hacía con Cuba trueque de azúcar por petróleo a precios preferenciales. Y las grandes y altamente mecanizadas empresas estatales -muchas de ellas centrales azucareros- requerían de mucho petróleo. Era un círculo cerrado. Cerrado y vicioso al disolverse la URSS y perder Cuba, de golpe, el 85% de sus intercambios comerciales.

Después de unos años (1991-94) de tratar infructuosamente de enfrentar la escasez de comida con el llamado "plan alimentario" -que consistió en trasladar masivos contingentes de trabajadores voluntarios a la casi paralizada agricultura tradicional, en la que se hicieron cuantiosas inversiones-, se tuvieron que tomar medidas audaces. La más trascendental y prometedora, la entrega en usufructo de la propiedad de la mitad de las tierras cultivables del país -hasta entonces grandes empresas de propiedad estatal- a sus trabajadores para que se organizaran en forma cooperativa y las hicieran producir. Nacían las UBPC. Desde arriba y decididas por la crisis y no desde abajo y en respuesta a las demandas de los obreros. Pero nacían. A la par, se abrieron mercados agropecuarios no estatales en todo el país. Después de décadas de improperios contra el mercado, totalmente ausente de los planes económicos, había que comenzar a jugar de nuevo con las leyes de la oferta y la demanda. Con estas sanas medidas, la producción de alimentos ha ido aumentando lentamente y su distribución también ha ido mejorando.

Revolución agroecológica

Todavía en 1990, Fidel Castro hacía una cerrada defensa de una política agrícola extensiva y altamente mecanizada y afirmaba sin sombra de dudas: "¡Nosotros tenemos ideas muy sólidas y una convicción total de qué es lo que hay que hacer en la agricultura!" La crisis enseñó a todos humildad. Y abrió de par en par las puertas a otra visión, más ecológica. Y aunque no todos han entrado por las puertas que se han abierto, como éstas ya no se pueden cerrar, son cada vez más los que van entendiendo. En lo mucho que la inteligencia de cubanas y cubanos, potenciada con la revolución, venía ya descubriendo empezaron a hallarse pistas de solución.

La tecnología intensiva en petróleo y químicos importados dio paso a la tecnología intensiva en conocimientos nacionales. Lo que se mantenía de forma experimental en los laboratorios salió a conquistar los campos cubanos. El mismo Rosset afirma que en Cuba se desarrolla hoy "la conversión de una agricultura industrial a una agricultura orgánica o semiorgánica a la escala más vasta que el mundo haya jamás conocido." Ya en 1991, el 56% de las tierras agrícolas cubanas estaban siendo tratadas con métodos biológicos.

Los tractores, paralizados por la falta de petróleo, llantas o repuestos, dejaron paso a los bueyes. Cien mil toros fueron castrados en los primeros meses para transformarlos en bueyes. Con tecnología cubana comenzaron a confeccionarse los arados múltiples y los arados combinados de hierro, que roturan a fondo pero respetando las tierras. En todo el país se multiplicaron nuevas prácticas de manejo de suelos, con rotación de pastos y cultivos. Cuba se convirtió en el primer país del mundo en aplicar a escala masiva el biofertilizante azotobácter, fabricado en la isla. En 1992 se duplicó con él la producción de tomate, cebolla y col. Ese mismo año más de 170 centros de cultivo de lombrices producían casi 100 mil toneladas de abono a partir de estos animalitos. En 1994 eran más de 200 los pequeños centros artesanales que producían bioplaguicidas a pequeña escala para uso local.

Ya existen en Cuba l4 biofábricas, una en cada provincia, donde se elaboran productos biológicos para abonar las tierras y controlar las plagas y surtir a todas las em- presas, cooperativas, organopónicos y huertos populares. El equipamiento de estos centros es de fabricación cubana. Y hay suficientes técnicos en el país para mantenerlos y desarrollarlos.

Biotecnológicamente se producen y se modifican bacterias que devoran larvas, hongos que atacan insectos dañinos, parásitos que parasitan a otros parásitos, bacilos, microorganismos... También se han logrado millones de vitroplantas sin virus para mejorar las especies de plátano, piña, caña de azúcar... Se "fabrican" papas del tamaño de un frijol y boniatos con calidad proteica multiplicada. A las tilapias se les hace crecer un 80% más rápido y a los lechones se les vacuna al nacer a través del calostro de sus madres. Cada día, los centros cubanos de ingeniería genética y biotecnología descubren algo nuevo.

La carreta avanza, pero puede retroceder

Esta "revolución agroecológica" no nació directamente de la ciencia. Nació de una nueva visión del desarrollo que ha generado la crisis. En esa visión resulta esencial el aprecio y el rescate de los métodos agrícolas tradicionales. De la olvidada y relegada cultura campesina empezaron a surgir por toda la isla interesantes experiencias agrosostenibles. Después, la ciencia y los descubrimientos que generan el talento de los científicos y científicas cubanas, se han ido poniendo al servicio de estas experiencias. Hoy confluyen el saber científico y el saber tradicional. Son las dos ruedas de una carreta que aunque no avanza todo lo rápido que muchos quisieran, sí va en la dirección correcta.

Pero la carreta podría atascarse en el camino... "Cuando pase esta crisis sangrona, sabemos que van a volver de nuevo al país una tonga de tractores", afirman con nostalgia y con certeza no pocos campesinos, a los que tres décadas de mecanización les troquelaron la conciencia.

También las actuales distorsiones de la economía cubana podrían hacer retroceder la carreta. Está, por ejemplo, el problema de los precios relativos. Las biofábricas -o los centros llamados CREE- venden fertilizantes orgánicos a las UBPC a un precio real, el que cubre el costo de su producción. Pero, a esa misma zona y a esas mismas cooperativas llegan también, a veces, fertilizantes químicos, producto de donaciones, que se venden al precio ficticio que marca el cambio oficial del dólar: un peso igual a un dólar. Con precios distorsionados, la conciencia también se distorsiona: a los ojos de los campesinos, los químicos aparecen mejores por más baratos y porque sus resultados, ya conocidos, son mucho más rápidos. Al final, sueñan con volver a usarlos cuando pase "la crisis sangrona".

Mientras los logros agroecológicos no penetren sólo en los suelos sino también en las conciencias, casi todo estará por hacer. Transformar lo que aún para muchos es sólo una táctica coyuntural en una estrategia de futuro: ése es el desafío, un desafío que es educativo y que, de enfrentarlo y superarlo, haría entrar a Cuba en "otra" revolución.

Tiempos económicos no son tiempos ecológicos

También pesa la impaciencia. Los resultados de la "revolución" agroecológica se ven, pero aún no deslumbran desde el punto de vista de la rapidez o de la productividad. No puede ser así. No se recobra en poco tiempo la fertilidad de un suelo agotado por químicos ni se restablece pronto el equilibrio entre insectos benéficos y dañinos después del abuso de plaguicidas. "La evidencia empírica en Estados Unidos y en otros lugares -dice Rosset- demuestra que, desde su inicio hasta alcanzar los niveles anteriores de productividad, los métodos de cultivo orgánico pueden tardar entre 3-7 años."

Los tiempos y ritmos de la Naturaleza no son nunca los de la economía. Y las urgencias de la crisis cubana tensan esta contradicción. El ejemplo es reciente. En los primeros años de la crisis, la fábrica de fertilizantes químicos de Cienfuegos, la mayor del país, tuvo que parar. De la URSS, que ya no existía, no llegaban los insumos nitrogenados con los que trabajaba la fábrica, la más orientada a surtir a la agricultura cañera. La carencia de abono fue uno de los varios factores que provocaron que la zafra viniera cayendo en picada año tras año. Aunque ya se le estaban aplicando con éxito a la caña biofertilizantes descubiertos en Cuba, producirlos en suficiente cantidad para el millón de hectáreas sembradas con caña requiere de años y después, hay que esperar otros años más por los resultados.

La crisis presionaba. A pesar de todas las transformaciones, la economía cubana sigue dependiendo del azúcar. En 1995 la zafra resultó pésima. No se podía seguir así, cuesta abajo y de rodada. Para garantizar una mejoría en la zafra de 1996, Cuba solicitó y obtuvo un significativo financiamiento internacional, con altos intereses de muy corto plazo, que destinó en parte a la compra de agroquímicos para la caña. Urgían resultados rápidos. Y los hubo. La zafra remontó por fin: 4.4 millones de toneladas. La economía necesitaba de esta cifra y de esta prueba para respirar. Para lograrlo, el país tuvo que sucumbir a las exigencias del tiempo económico y abandonar los tiempos ecológicos.

Pero perder una batalla no significa perder la guerra. Tampoco en este terreno. Ganar la guerra significará combinar cada vez más acertadamente los tiempos de la ecología con los requerimientos de la productividad. Y con una conciencia nueva en quienes trabajan la tierra. "Y somos capaces de hacerlo -me dice confiado Ricardo Sánchez, Viceministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente-. En todo lo avanzado ya en estos años en agricultura orgánica no habrá vuelta atrás. Todo lo que hemos aprendido, que es mucho, ¡y que será más!, llegó a Cuba para quedarse."

4 LOS MARES

En el centro del mar Caribe, Cuba tiene en el océano que la rodea riquezas fabulosas. Sin embargo, estaban apenas estudiadas al triunfar la revolución. En 1965 se creó el Instituto de Oceanología, con un puñado de investigadores y un viejo yate. Es también la revolución la que inicia la industria pesquera cubana. Hasta entonces, la pesca era sólo artesanal y las pequeñas embarcaciones de míseros pescadores no salían más allá de la plataforma insular.

Pesca: sobrexplotación

La nueva industria se desarrolló, como la agricultura, intensivamente. Hoy, los informes oficiales cubanos reconocen que "la plataforma se encuentra a un nivel de explotación cercano al máximo sostenible" y hablan de "sobrexplotación de algunos de los más importantes recursos." Informan, a la vez, de la voluntad de revertir los daños con "cambios en la estrategia pesquera", "regulaciones de artes de pesca" y "reordenamiento del esfuerzo pesquero."

Manglares y barreras coralinas: dos tesoros

El manglar, ese kinder del océano en donde viven su infancia tantas especies marinas, es muy abundante en Cuba. Esta "primera frontera ecológica" ocupa casi el 5% del territorio cubano. El 26% de los bosques de la isla son de mangle y Cuba es el noveno país del mundo en volumen de manglares. En 1992 se terminó de construir en Cayo Coco el Centro de Investigaciones sobre Ecosistemas Costeros, que tiene entre sus prioridades el manglar. Desde comienzos de los años 80 Cuba está empeñada en frenar el deterioro de sus abundantes manglares, controlando la tala y la contaminación y evitando construcciones en las zonas costeras. También, reforestando con distintas variedades de mangle.
El Dique Sur, obra de envergadura de fines de los 80, en las costas de la provincia de La Habana, puede contribuir -según diferentes especialistas- a detener la salinización del suelo y a proteger el agua del manto freático, lo que favorece a los manglares, que viven de un permanente y delicado equilibro entre agua dulce y salada.

Los estudios realizados en el mundo permiten calcular que, por causa del efecto invernadero y los cambios cli- máticos, en el año 2030 el mar Caribe crecerá en 20 centímetros. Varios organismos cubanos tienen ya en cuenta este cálculo a la hora de decidir nuevas obras. Y saben que los manglares son una estratégica barrera de protección frente a los embates presentes y futuros del mar.

También protegen los ecosistemas coralinos, a los que nutre el mangle. Cuba es también riquísima en barreras de corales, los ecosistemas más antiguos que perviven sobre la Tierra, los que sustentan más filum de plantas/animales en todo el planeta y los que atesoran el mayor potencial de medicamentos. En el norte de la isla, el archipiélago Sabana-Camagüey, con 465 kilómetros de extensión y más de 4 mil cayos e islotes, guarda en sus aguas una de las tres mayores barreras de corales del mundo.


5. POTENCIAL TURISTICO

Por sus centenares y centenares de kilómetros de excelentes playas, por la abundancia de paisajes aún paradisíacos, por el pasado colonial conservado en muchas zonas, por la pervivencia de la cultura africana, por su gente, y también por las huellas que va dejando la revolución, Cuba tiene un enorme potencial turístico. Pero no ha sido hasta estos últimos años que la revolución se ha propuesto desarrollarlo a fondo. Hoy lo hace y lo hace con el mismo estilo intensivo que se propuso en otras tareas económicas. Incluso, propone el turismo como el rubro que debe sustituir al azúcar en entrada de divisas al país.

Turismo: desarrollo acelerado

Antes, en los 60, en los 70, y aún en los 80, el turismo existía dosificado y estaba marcado con un cierto estigma: era visto como un foco de contaminación ambiental, y especialmente de contaminación ideológica. El turista era un potencial portador de virus capitalistas. Hoy, la política económica se ha ido al otro extremo. Lo súbito y profundo de la crisis, la urgencia de contar de inmediato con divisas, movió el péndulo.

Ha habido un desarrollo acelerado. En sólo unos años la capacidad hotelera se ha multiplicado y la actividad turística viene creciendo de forma sostenida desde 1991 en un 17% anual. La inversión extranjera que existe hoy en Cuba privilegia el sector turístico, clave en la reactivación observada en la economía cubana, que tuvo un crecimiento de 9.6% del PIB en el primer semestre de 1996.

Ha habido un cambio brusco en la escala de valores que presenta el discurso oficial. Y hoy, la excesiva priorización del turista -del extranjero, turista o no- en hoteles, restaurantes, tiendas, en cualquier servicio, en las calles, en todas partes, podría estar "contaminando" a la sociedad cubana al causar fuertes rechazos-atracciones, que degradan el sentimiento nacional, poniéndolo a la defensiva o erosionándolo. Tal vez la necesaria descontaminación comience a darse cuando la población cubana esté realmente integrada al "sistema turístico", y éste deje de estar concebido por el Estado como enclave o como apartheid.

Pedraplenes: un tema polémico

¿Y el medio ambiente? ¿Ha sufrido con el incremento del turismo? Para algunos ambientalistas, el turismo es una de las más contaminantes actividades económicas. Sin entrar a ese debate, es una realidad que, al comienzo del boom turístico que trajo la crisis, los controles -lugar de construcción de los hoteles, tratamiento de residuales, etc.- no fueron tan estrictos. Hoy ya lo son más y se hacen cumplir a los nuevos inversores y también a los primeros que no los habían tenido en cuenta. Ahora se estudian con más rigor los proyectos. Y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente está mejor equipado con leyes, experiencia y voluntad política de lo que lo estaba la precedente Comisión Nacional para la Protección del Medio Ambiente y el Uso Racional de los Recursos Naturales (COMARNA).

"No hay que destruir la Naturaleza para poder disfrutarla. La Naturaleza puede ser disfrutada y preservada, puede ser disfrutada y enriquecida. Es con esas ideas que estamos trabajando", afirmaba Fidel Castro en diciembre de 1993, al inaugurar un gran hotel en Cayo Coco, en uno de sus discursos más abarcadores sobre el tema turismo. En aquella ocasión, Fidel se refería con entusiasmo a la firma española que había invertido en el hotel: "Gracias a la experiencia de grupos como el grupo Guitart, podemos darnos el lujo de desarrollar el turismo ideal, el turismo perfecto." Tal vez, sólo tal vez, se trató de un turismo ideal en relación al medio ambiente, pero ciertamente no resultó tan perfecto... El grupo Guitart ya no está en Cuba: sus dobles contabilidades fueron descubiertas poco después en un escándalo del que no se habló mucho en voz alta.

Existe en Cuba un debate -casi nulo en los medios masivos- en torno a las ventajas/desventajas del turismo o de una clase u otra de turismo. Uno de los muchos temas polémicos es el de los famosos pedraplenes. Desde hace bastantes años, con una motivación desarrollista vinculada a futuros planes turísticos y al más puro estilo voluntarista, Fidel Castro impulsó la construcción de pedra- plenes que conectaran zonas de la tierra firme costera con los cayos cercanos y unos cayos con otros. El sistema de construcción consistía en echar al mar piedras gigantescas para construir encima la carretera. Han sido obras de ingeniería faraónica, muy costosas en materiales y esfuerzo humano y han tenido varios diseños, unos menos respetuosos de la Naturaleza, otros más. Desde el primer pedraplén de 2 kilómetros, en Sabinal, que resultó devastador para el ecosistema, hasta el llamado "puente ecológico" en el pedraplén de Caibarién, diseñado para proteger, al menos en 60 metros de la carretera, el manglar y el área donde desovan los peces, se ha ido ganando en experiencia.

"Pero todos los pedraplenes -me comenta una ecologista- dañan los circuitos de circulación del agua del mar en las fragilísimas barras costeras. Todos. El Instituto de Ecología y Sistemática los ha estudiado y sus conclusiones son generalmente negativas. Aunque también ha habido informes recientes que hablan, por ejemplo, de un regreso masivo de flamencos a zonas de pedraplenes. ¿Qué significa esto? ¿Una ecología mejorada o esa cúspide de la parábola que precede al colapso ecológico? Aún no lo podemos saber. En unos diez años estaremos en capacidad de evaluarlo mejor. Aunque entonces ya no habrá remedio. Durante años los pedraplenes se convirtieron en un mecanismo de poder político, de influencia, de proyección. Y todas las provincias querían hacer un pedraplén y un montón de funcionarios andaban corriendo y luciéndose a cuenta de los pedraplenes. Era muy difícil ponerles un freno en nombre del ambiente. Por suerte, ya sólo queda por terminar uno, el último pedraplén".

6. ECOSISTEMA

El ecosistema más contaminado de Cuba es la bahía de La Habana, una de las más sucias de América Latina y tal vez del mundo.

Antes de la revolución, y descontando la industria azucarera, la industrialización de Cuba fue prácticamente la industrialización de La Habana. Y todas las industrias habaneras de aquellos primeros 60 años del siglo, de tecnología estadounidense, carecían de mecanismos de descontaminación. Todas vertían sus desechos al río Luyanó, al río Almendares o directamente al mar. La bahía, además del permanente movimiento portuario, recibía residuos de la refinería, de la papelera, de industrias químicas, alimenticias, de construcción...

La Habana: una bahía archisucia

La revolución no logró mejorar mucho la situación. Era difícil, con el bloqueo, reconvertir industrias de tecnología estadounidense. Y las nuevas fábricas que se levantaron usaban fundamentalmente tecnología soviética, caracterizada por su alto consumo de petróleo y su falta de dispositivos descontaminantes. A algunas, sin embargo, se les hicieron añadidos de tecnologías occidentales, menos agresivas con el medio. La mayoría de las nuevas instalaciones se hicieron en el interior y las industrias más obsoletas se quedaron en La Habana.

Había conciencia de este grave problema ambiental. Ya en 1975 llegó a La Habana un buque británico limpia-bahías. En cinco años siete de estas barcazas se mantenían en sus aguas, dedicadas al complejo trabajo de limpieza. Eran los primeros pasos. Años después se construyó una costosa barrera frente a la refinería de petróleo, industria de los años 40, que desde entonces había vertido sus residuos en la bahía. La barrera de contención se fue perfeccionando después. Varias de las industrias habaneras tienen ya lagunas de oxidación para tratar sus residuos. En 1996, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente inició un proyecto de descontaminación de la bahía habanera.

Hoy, se puede afirmar que en La Habana y en otras ciudades, la industria que contaminaba o ya no lo hace, o lo hace en menor medida, o está en vías de instalar mecanismos descontaminantes eficientes. Para la industria azucarera, que genera una alta contaminación orgánica, están ya en marcha importantes planes de descontaminación en cada uno de los centrales azucareros. Algunos ya cuentan con mecanismos de hidrólisis para la purificación de los mostos.

Todos estos procesos han tenido que pensarse y hacerse escalonadamente, evitando paralizar la actividad industrial porque la economía no lo resistiría. Una solución más de fondo, la reubicación de industrias, ya está pensada, pero resulta aún más compleja y el escalonamiento tendrá que ser aun más lento.

El Grupo de Desarrollo Integral de la Capital va más allá de la bahía con su ambicioso proyecto Ecópolis, que quiere hacer de toda la ciudad de La Habana, bella pero muy abandonada por más de 30 años, una ciudad ecológica. Este proyecto incluye la recuperación total de la bahía, que costaría unos 22 millones de dólares. Hay esperanzas. Porque la bahía está viva. Aunque lo hecho no es suficiente, hay pruebas de que bajo una capa de dos metros, todavía altamente contaminada, viven ya distintas especies de peces.


Guantánamo: atentado ecológico

Los problemas de la bahía habanera existen, en mayor o menor medida, en el resto de bahías cubanas -Cienfuegos, Matanzas, Cárdenas, Nipe, Santiago de Cuba, Nuevitas, Mariel, Puerto Padre- por las mismas razones del vertido de desechos. Las soluciones que se están buscando van en la misma dirección y tropiezan con parecidos obstáculos.

Consideración especial merece la bahía de Guantánamo, la tercera en extensión de Cuba. En Oriente, la franja costera Guantánamo-Maisí -punta extrema de la isla, desde donde Haití aparece a simple vista-, con 642 kms. de extensión, está propuesta para que la UNESCO la declare Reserva de la Biosfera, pues viven en ella más de 2 mil especies vegetales únicas en Cuba o en el Caribe. Muchas, variedades endémicas de cactus. Esta zona, la más árida y calurosa de Cuba, es considerada el jardín de la prehistoria de la flora cubana. De hecho, el 30% de las especies vegetales y animales de Cuba están representadas en esa franja de la costa sur.

Allí también está desde 1902 la Base Naval de Estados Unidos. Al interior de la bahía de Guantánamo, la instalación gringa ocupa 110 km. cuadrados -29.4 km. cuadrados de ciénaga-, más de 20 km. de costas y 20 cayos. La instalación militar no sólo ofende la soberanía nacional de Cuba. También deteriora -con residuales, desproporcionado tráfico aéreo y marítimo y un polígono de tiro que se comió parte de la ciénaga- uno de sus más valiosos pero frágiles ecosistemas.


7 LA ENERGIA

El modelo de desarrollo que se inicia en Cuba con la revolución tenía su fuente de energía en un masivo consumo de petróleo. Hasta la crisis, la URSS le suministró a Cuba varios cientos de millones de toneladas. Y las más diversas maquinarias y tecnologías industriales, todas de alto consumo petrolero. Con la construcción de termoeléctricas -que consumen petróleo- el 95% del país se electrificó y prácticamente toda la población cubana pudo gozar de luz en las noches y de televisión y refrigeración en sus casas. La agricultura y la ganadería se mecanizaron casi totalmente. El país comenzó a industrializarse más equitativamente -no sólo La Habana- y se comunicó a lo largo y a lo ancho con carreteras, puertos y aeropuertos.

Petróleo: base del desarrollo

Con el fin de la URSS entró en irreparable crisis el suministro de un petróleo que recorría diez mil kilómetros de distancia hasta llegar a puertos cubanos, a cambio de azúcar sobrevalorada y a precios "políticos", que estaban muy por debajo de los del mercado petrolero internacional. Vinieron los apagones, la avalancha de bicicletas, las fábricas paralizadas... El funcionamiento de todo el país tuvo que repensarse a la luz de esta inesperada falta de luz.
¿Hay o no petróleo en Cuba? Con la crisis, varias grandes empresas de Canadá, Suecia, Francia, Gran Bretaña, empezaron a invertir sumas millonarias para explorar "a riesgo" la costa norte de la isla en busca de petróleo. Después de una etapa de expectativas y mucha publicidad oficial sobre el tema, se le bajó el perfil al asunto de la prospección petrolera internacional. Pero ésta continuó, tenaz y convencidamente, en los lugares de siempre.

Porque existe la seguridad de que allí hay petróleo, mucho y de buena calidad. Antes de iniciarse la II Guerra Mundial, los estadounidenses exploraron en esa costa norte, entre La Habana y Las Villas, y encontraron petróleo, pero lo declararon "reserva estratégica", sellaron los pozos y se llevaron mapas y documentación. Algunos técnicos estadounidenses, que participaron en estos trabajos y que hoy ya son viejos, han contado la historia. Por eso es que las transnacionales, que también la conocen, siguen trabajando como topos en el mar, en busca del tesoro negro.

De momento, el petróleo que hasta ahora se ha hallado en Cuba -desde antes de la crisis se empezó a explotar y a refinar- cubre apenas el 10% de lo que requeriría una demanda nacional racionalizada -10 millones de toneladas anuales-, y presenta un alto grado de azufre, lo que dificulta su refinamiento por el residuo que queda en las calderas.

Derrames: tragedia y oportunidad

Ha habido en Cuba en estos años algunos accidentes a causa del petróleo. En 1986, en la bahía de Cienfuegos, se partió el conducto que llevaba el petróleo de la refinería a los supertanqueros y hubo un derrame en el mar. Se actuó rápidamente, conteniendo la mancha en uno de los bolsones de la bahía hasta lograr extraerla. Lo que resultó derecho en este renglón torcido fue la investigación que generó. El Instituto de Oceanología aceleró a partir de entonces el estudio y la "fabricación" en laboratorio de bacterias y microbios marinos que se alimentan de petróleo y que, comiéndoselo, se encargan de limpiar las aguas en tiempo record, porque las bacterias se reproducen en proporción geométrica y con tanto alimento a su alcance el proceso es indetenible.

Este biodegradante o se tiene o no se puede importar. Porque la temperatura, la salinidad y las condiciones del mar necesarias para que las bacterias se reproduzcan son específicas en cada zona del mundo. Cuba, que ha estudiado muy bien sus especificidades, tiene un banco de cepas puras y cultivos mixtos de estos minúsculos come-petróleo, y los está empleando como aliados ambientales. También cultiva bacterias come-azufre, encargadas de limpiar las maquinarias de las refinerías petroleras.

Otro accidente ocurrió unos años antes y fue mucho más grave. Hasta el día de hoy se tienen sospechas de que pudo haber sido intencional. Un tanquero con bandera griega que se dirigía a Texas encalló y se hundió en aguas del sur de Pinar del Río, al occidente de Cuba, donde se cultivaban langostas y se protegía a las tortugas caguama. Fue un desastre ecológico. Durante años hubo que dejar de pescar en estas aguas. Pudo haber sido peor: la marea negra estuvo a punto de extenderse hasta la valiosa zona de Guanahacabibes, Reserva de la Biosfera. Las corrientes resultaron buenas aliadas de la vida y lo impidieron.


8. JARAGUA

Desde antes de la crisis del petróleo, Cuba trabajaba en varias experiencias piloto con energías alternativas: solar, biogás, eólica... Daba importancia a la energía hidroeléctrica. Y ya antes de la crisis, un alto porcentaje de sus más de 150 centrales azucareros usaban el bagazo de la caña como combustible. Se conocía que en las Ciénagas de Zapata y de Lanier existen reservas fabulosas de turba, de las mayores de América. Pero las Ciénagas se han respetado: son Areas Protegidas.

Juraguá: la obra del siglo

La apuesta más fuerte se hizo en 1986 por otra alternativa: la energía nuclear. En ese año se decidió llevar adelante la que se llama en Cuba "la obra del siglo", la central nuclear de Juraguá, en Cienfuegos. Con una millonaria inversión soviética y con una tecnología que emplean varios países de Europa occidental y que nada tiene que ver con la de Chernobyl, se inició la construcción. La central, prevista a estar lista antes del año 2000, tendría 4 reactores y sólo al entrar en funcionamiento el primero produciría el 15% de la demanda de energía eléctrica a nivel nacional, ahorrándole al país 700 mil toneladas anuales de petróleo.

Pero la URSS desapareció antes de concluir el siglo y la obra, y ésta quedó paralizada en septiembre de 1992, cuando ya su descomunal perfil -"de arquitectura estalinista", me puntualiza uno- destacaba apabullante sobre el elegante perfil neoclásico de la ciudad de Cienfuegos. En el momento del colapso, ya estaba terminado en un 90% el primer reactor.

En estos años, ha habido ires y venires. Después de mil 200 millones de dólares invertidos y de cientos de técnicos, obreros y profesionales preparados para manejar la central, al Estado cubano le cuesta resignarse a que todo termine en nada. Pero Cuba no puede seguir sola. Tampoco la nueva Rusia. Un consorcio europeo ha visitado en varias ocasiones la obra inconclusa para calcular los costos y condiciones para reanudarla. Entretanto, a la mole de cemento ha habido que seguirle dando mantenimiento -con ese fin Rusia le dio un crédito a Cuba de $30 millones-, mientras la ciudad de técnicos construida a su alrededor se ha ido quedando vacía y algunos de estos profesionales de la ciencia nuclear emigraron, con sus especializados conocimientos, a otros países.

En estos años, Juraguá ha recibido también la visita de comisiones de expertos de la Organización Mundial de Operadores Nucleares y de la Organización Internacional de Energía Atómica. Y todos han sido unánimes en certificar la seguridad de la construcción y del tipo de reactores y la capacidad profesional del personal cubano.

Energía nuclear: necesaria o no

"Creo que Juraguá quedará como un proyecto y me alegro de que sea así -me comenta un ecólogo-. Quedará ahí como un monumento a una determinada concepción del desarrollo, como el mausoleo con el que concluyó nuestra colaboración con el CAME. Me alegro. Porque con la energía nuclear es catastrófico cualquier error y es muy problemático el qué hacer con los residuos. Así pensamos muchos en Cuba, aunque el tema Juraguá nunca se debate aquí en público. Es un tema tabú."

Tabú por sus implicaciones políticas. Cubano-estadounidenses del sector más activo y violento del exilio cubano de Miami han hecho de la clausura definitiva de la central nuclear una más de sus banderas y hablan periódicamente del "peligro" que Juraguá representaría para la población de Florida. Cuba podría alegar lo mismo: en Florida y Louisiana funcionan unas 15 centrales nucleares que "amenazan" a la población cubana. En una de ellas, la obsoleta de Turkey Point, ya han ocurrido accidentes. Cuba podría alegar también el problema que están representando las lluvias ácidas que bañan periódicamente el occidente de la isla, según soplen los nortes, y que provienen de la alta contaminación generada en Estados Unidos.

El Viceministro Ricardo Sánchez me ubica así la encrucijada: "¿Qué es mejor? ¿Manejar seriamente una planta nuclear o dejar que el país se deforeste? Es muy fácil decirnos que no hagamos una planta nuclear desde Francia, donde el 50% de la electricidad se genera en centrales nucleares. ¡O desde Estados Unidos, que tiene cien plantas nucleares! Si todos los preocupados de este mundo vinieran y nos dijeran: no la hagan, pero ahí tienen los mil millones que ustedes ya invirtieron para que inviertan en la energía solar o en cualquier otra, estaríamos dispuestos a examinar esa propuesta. Pero el Norte nunca hace eso con el Sur. Ellos no renuncian a nada y nos quieren marcar a nosotros la conducta. Esto no es sólo un problema ambiental, lo es también de soberanía."

El programa nuclear cubano no se agotaba en la inconclusa Juraguá. En abril de 1995 Cuba firmó por fin el Tratado de Tlatelolco, en el que los países de América se comprometen a utilizar con fines exclusivamente pacíficos la energía nuclear. Durante años Cuba se había negado a firmarlo, no porque su programa nuclear tuviera objetivos militares sino porque Estados Unidos no lo firma. Hoy, la crisis ha reducido los alcances del programa nuclear cubano y se prioriza únicamente su aplicación en la medicina y en la biotecnología.

9. AUTOSUFICIENCIA ENERGÉTICA

El problema de la autosuficiencia energética es la clave de cualquier modelo de desarrollo. El modelo revolucionario cubano no lo tuvo en cuenta. La clave será ahora combinar lo más eficazmente posible otras fuentes alternativas de energía que están al alcance de los cubanos. Sobra sol en toda Cuba y durante todo el año. No hay otra fuente de energía para la Tierra que el Sol: todos los combustibles que conocemos son hijos del Sol. Pero la tecnología solar resulta aún excesivamente cara para los países del Sur.

La energía del Padre Sol

En Santiago de Cuba funciona un centro que fabrica paneles solares usados con éxito en zonas de montaña. Ya existen experiencias de electrificación total o parcial de bastantes comunidades rurales en base únicamente a la energía solar. Al finalizar 1996, cien consultorios de "médicos de la familia" funcionan en Cuba gracias al sol. Ha sido la energía solar la que ha resuelto el funcionamiento de centros como el Instituto de Investigación Biotecnológica de las Plantas en Las Villas, el más avanzado de América Latina. Allí no hay apagones que detengan el trabajo. Es el sol quien mantiene el invernadero donde se cultivan vitroplantas resistentes a los virus para surtir a la agricultura.

Aunque todo esto es ya un gran avance, las células fotovoltaicas que emplean los paneles fabricados en Cuba siguen siendo importadas. Y son muy caras. Tres o cuatro transnacionales son las que monopolizan hoy la tecnología y el mercado de las células solares. Irónicamente, se trata de transnacionales petroleras... En esta preocupante realidad existe un serio obstáculo para avanzar. Pero, como en Cuba siempre se ha producido optimismo de alta calidad, me aseguran que ya es factible la producción nacional de células solares con tecnología propia. Y como también hay realismo entre los científicos que afirman esto, estaríamos en las vísperas de una grandísima buena noticia que Cuba va a poder dar al mercado latinoamericano.

La ONG alemana EUROSOLAR, creada en 1988 para promover el uso de energía solar en el Tercer Mundo, ha hecho de Cuba su prioridad. ¿Por qué? Responde así el parlamentario Herman Scheer, director de esta ONG: "Cuba es el país del Tercer Mundo con el mayor nivel educativo en ciencias naturales y en técnica y por eso, tiene condiciones humanas óptimas. Cuba tiene mucho sol. Y Cuba siente hoy, mucho más que cualquier país del mundo, lo que significa depender de la energía."

EUROSOLAR promovió en 1995 la fundación en Cuba de la primera Universidad Técnica de Energías Renovables del mundo, para dar cursos de postgrado y familiarizar a los científicos cubanos con estos temas.


Vientos, biogás, etc., etc., etc.

Tampoco faltan vientos en Cuba, especialmente en las zonas costeras. Los vientos alisios soplan regularmente todo el año con velocidad de 15-30 km. por hora. Aunque van regresando al campo los molinos de viento para el bombeo de agua, desterrados por la modernización agrícola, se puede ir mucho más allá con la instalación de parques eólicos en varios puntos de la isla. La ventaja es que Cuba tiene electrificado casi todo el país y es eso lo que más encarece el desarrollo de la energía eólica.

Avanza también este proyecto. Una compañía en Holanda y una cooperativa en Cataluña, España, estan especializadas en la fabricación de molinos eólicos. La cooperativa catalana mantiene intercambios para transferir a los cubanos su tecnología.

El biogás es otra alternativa que aparece en el horizonte. Con el apoyo de la ONG Pan para el Mundo, de los evangélicos alemanes, se construyó en 1992 en Turiguanó, Ciego de Avila, la mayor planta de biogás de la isla, que emplea excremento de reses. Otras 50 mini-plantas de biogás funcionan en varios lugares. Personal calificado de la India -país que con China va a la cabeza en el empleo de esta fuente de energía- está asesorando el Programa Nacional de Biogás.

Según Heinz Peter Mang, que coordina el programa alemán de ayuda al Tercer Mundo en Biogás, con instalaciones en 30 países, "Cuba es la nación de América Latina con más desarrollo en teoría de biogás, pero no en su aplicación práctica." Se calcula que los residuos orgánicos tienen en Cuba un potencial equivalente a 300 mil toneladas de petróleo, pero hoy se aprovecha sólo el 1%. Están también los alcoholes derivados de la caña. Y el hidrógeno, que está siendo estudiado en el mundo como una inagotable fuente de energía del futuro. Entretanto, en Cuba se han descubierto ya bacterias ¡que producen hidrógeno por fotosíntesis! Y biotecnológicamente se producen enzimas que reducen en un 45% el consumo de petróleo necesario en el proceso de refinación del azúcar.

Tecnología apropiada y metodología apropiada

La energía hidráulica es otra opción. De hecho, se han generalizado como soluciones locales las pequeñas hidroeléctricas. Cuba tiene una de las redes de mini-hidroeléctricas más extensa del Tercer Mundo: más de 200 mini y micro centrales hidroeléctricas (menos de 500 kw) dan servicio a 25 mil personas, especialmente en comunidades de montaña. Hay otras 250 en ejecución o estudio, en colaboración con China.

En Camagüey funciona el CITA (Centro Integrado de Tecnología Apropiada), orientado a promover nuevas y apropiadas tecnologías productoras de energía a partir del agua. Se trata de hacer abundante y asequible el agua para el riego y el agua potable. El CITA promueve los molinos de viento, las bombas de mecate, la tracción animal y una novedad cubana: los llamados arietes hidráulicos. Sirven de complemento a las turbinas hidraúlicas, pero no usan otra energía que la del agua y trabajan con notable eficiencia. Los cubanos están ya en la fase de patentar este invento.

El CITA no sólo promueve tecnologías apropiadas. Tambien lo hace con una metodología apropiada: de forma horizontal, priorizando los procesos educativos y de participación, propiciando intercambios, transmitiendo experiencias "de campesino a campesino", ese estilo tan potenciado y conocido en Centroamérica. Esta es una de las características del centro camagüeyano y uno de sus mayores valores. Porque todavía son escasas en Cuba las metodologías horizontales, las que se basan más en la autogestión que en la institucionalidad. Aunque cada vez hay más interés por conocerlas.

Toa: una trascendental decisión ecológica

Para obtener energía hidráulica en grandes volúmenes, el país tiene dificultades, porque los ríos cubanos son inapropiados. Al único al que se le vieron características para la construcción de un complejo hidroeléctrico de envergadura fue al Toa-Duaba, en Oriente. Podía generar 350-400 megavatios.

A comienzos de 1994 se anunció con platillos y bombos el inminente inicio de la colosal obra, en la que participaban capital y especialistas de Corea del Norte. Pero meses después, sin mucho ruido, la obra se canceló. La decisión fue una trascendental opción ecológica. En las llamadas Cuchillas del Toa está la zona de más rica biodiversidad de Cuba. Allí, en el punto de Cuba en donde más llueve, está una de las cuatro Reservas de la Biosfera que conserva la isla. La hidroeléctrica afectaría el equilibrio de este valioso ecosistema, una selva del Amazonas en miniatura. El Consejo de Estado pensó estratégicamente y suspendió la construcción. Un significativo indicador de cuánto ha madurado en la máxima dirigencia cubana la responsabilidad con la Naturaleza.

No ha sido la única decisión de este tipo tomada en las alturas del Consejo de Estado. Anteriormente, la termoeléctrica de Santa Cruz del Norte, que ya estaba algo avanzada, fue trasladada de lugar, a pesar de los millonarios costos del movimiento, ante la evidencia de que los residuales de agua hirviente iban a afectar la barrera coralina.

Muchas cosas están cambiando en Cuba. Las ciudades se llenaron de cientos de miles de bicicletas y a los campos volvieron millares de bueyes. Se sigue buscando y usando petróleo, pero ya se busca en otras muchas direcciones, con una brújula nacional y ambiental. El Padre Sol, dueño de una infinita energía que nadie puede privatizar, es cómplice de la energía que hoy despliega el cerebro de los cubanos. En unos años más se verán los resultados de esta alianza.


10 LAS FORMAS DE LA VIDA

"En América Latina, continente de tan exuberante biodiversidad, Cuba es uno de los países que tiene mejor estudiada la suya y que conoce mejor el potencial de sus especies animales y vegetales", afirma el Viceministro Ricardo Sánchez, que me habla con entusiasmo de la primera recopilación de todo lo que ya se conoce sobre la biodiversidad cubana, estudio que Cuba acaba de concluir, apoyada por un financiamiento del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El Instituto de Ecología y Sistemática, creado en 1987, es el encargado del estudio de la flora y fauna cubanas. En lo que fue la finca de recreo del ex-Presidente Carlos Prío, cerca del aeropuerto de La Habana, el IES ha instalado el Centro Nacional de Biodiversidad.

Plantas y animales: inventario

Cuba cuenta con la más rica biodiversidad vegetal de todas las islas de América. Son conocidas 6 mil 200 especies de plantas superiores. Por comparación: en toda Europa Central hay 4 mil especies de plantas superiores. 900 de las especies cubanas están en peligro de extinción. El 51% de las plantas cubanas son endémicas, exclusivas de la isla. Sólo en palmas hay más de 100 especies, el 90% endémicas. El endemismo de la flora cubana sólo es superado en el mundo por el que presenta la flora de Hawai, la de parte de Australia y la de la región de El Cabo, en Sudáfrica. Las especies animales han sido menos estudiadas. Se conoce sólo el 50%: más de 10 mil especies. Lo más característico es la riqueza en moluscos y la escasez de vertebrados. Es notable la biodiversidad que se da en los moluscos. Se conocen 2 mil 340 especies, l,400 terrestres. Caracoles de colores y diseños magníficos. El 90% de ellos son endémicos. Por comparación: en Francia se contabilizan apenas 400 especies de moluscos. Queda mucho aún por conocer. "Pero lo más espectacular habrá que buscarlo siempre en los mares", afirma el biólogo español Jesús Ortea, gran conocedor de la flora y fauna de las costas antillanas.

Cerca del mar habita una de las más valiosas especies cubanas, Crocodylos rhombifer, una de las 23 especies de cocodrilo que existen hoy en el mundo. El rhombifer, como el resto de sus congéneres, puede vivir más de 80 años y fue contemporáneo de los dinosaurios. Aparece en cuarto lugar en la lista de especies en extinción y es la de más restringida distribución geográfica en todo el mundo: algunas zonas recónditas de la Ciénaga de Zapata, al sur de la isla, son hoy su único habitat, su último reducto. La recuperación de esta especie -que se está desarrollando en cautiverio en dos criaderos- es de alta prioridad para los científicos cubanos.


Una tragedia que no se puede medir

El mosaico geológico que es Cuba, su condición de isla lejana del territorio continental, su variedad de microclimas, explican tanta riqueza, en la que se concentra y revela una prolongada adaptación al medio. El 6% del territorio cubano (660 mil hectáreas) está declarado "área protegida de significación nacional": 4 Reservas de la Biosfera y 11 Parques Nacionales. La protección abarca otras muchas zonas, hasta alcanzar un 22% de la isla.

Cuando casi nadie hablaba en el mundo de la biodiversidad, la revolución empezó a protegerla. En los años 60, Cuba establecía ya las cinco primeras Reservas Naturales del país, una de ellas en la Sierra Maestra, cuna del Ejército Rebelde. Y fue el Ejército -quien empezó a reforestar- quien comenzó también a preocuparse, ya en estas tempranas fechas, de emitir decretos de protección para evitar la extinción de varios de los pocos vertebrados de la isla. La jutía, el manatí y el manjuarí fueron declarados en varias etapas "reservas estratégicas" de la nación. Eso detuvo su extinción.
Al recuperar los bosques se estaba recuperando el hábitat natural de miles de especies. A muchas miles más no las conoceremos nunca. Según un informe oficial cubano, "el devastador proceso de deforestación masiva es la causa primaria de la inconmensurable pérdida de la biodiversidad cubana, cuyo real impacto no podemos evaluar hoy en toda su magnitud".


11.

Hay una especie, la ceiba, la siguaraya, que "¡no se pué' tumbá!". Es el árbol sagrado de la religión afrocubana conocida como Regla de Ocha o Santería. Los africanos yorubas llevados como esclavos a la isla trajeron en los barcos negreros las sagradas semillas de la ceiba y las sembraron en los bateyes y en los montes. Y desde entonces hasta hoy, a la ceiba, bastón de Olofi, el orisha mayor, se le hacen ofrendas y homenajes.


Crisis: lados oscuros

Tal vez no la ceiba, pero todas las demás especies se tumbaron. Y lamentablemente, hoy se han vuelto a tumbar. El período especial, la crisis, con su talón de Aquiles en la escasez de combustibles, ha tenido en la tala de árboles en busca de leña para cocinar una grave dimensión anti-ecológica. La sobrevivencia, que impone una visión y unas tácticas necesariamente cortoplacistas, resulta enemiga de la visión ambiental, más estratégica y de largo plazo.

Y lados luminosos

Pero éste es sólo un lado oscuro de la crisis. La emergencia económica que vive Cuba tiene también lados luminosos: ha potenciado el talento de cubanos y cubanas en la búsqueda de soluciones, ha despertado la conciencia ecológica a la hora de tomar decisiones y viene multiplicando las experiencias que buscan mejorar el ambiente en donde vive la rica biodiversidad cubana. En primer lugar, la especie humana.

Un buen ejemplo es el proyecto destinado a salvar el río Almendares, el disminuido y archicontaminado río de La Habana, creando en torno a él el pulmón verde de la capital. Realizar la idea, que está en su fase inicial, costará unos 20 millones de dólares. El proyecto está bautizado como Parque Metropolitano de La Habana. Se trata de comprometer a fondo a las 26 industrias habaneras que vierten sus desechos en las aguas del río a poner remedio a ese desastre. Ya hay compromisos y soluciones iniciales. Se trata de reencauzar al río y de drenarlo para que recupere su antiguo caudal. Y se trata de reforestar a fondo las zonas y barrios que bordean el cauce del Almendares.

Lo más interesante, y lo nuevo, no es la reforestación en sí misma. En Cuba han abundado las campañas de este tipo. Ahora la actividad se piensa llevar a cabo de forma más descentralizada y participativa, organizándola desde los barrios y comunidades aledañas al río, no desde arriba hacia abajo sino al revés, partiendo de las necesidades de la gente descubiertas con los métodos de la educación po- pular y respetando opiniones, ritmos y preferencias de la comunidad, incorporando a todos. Incluyendo parques y arbolitos dentro de una visión más integral.

Los Talleres de Transformación Integral que funcionan en los barrios de La Habana -hay ya doce-, cercanos o lejanos del Almendares, van en esa misma línea de trabajo. Surgieron en 1988 a partir del programa de microbrigadas para la construcción masiva de viviendas populares. La vivienda -escasez o hacinamiento o deterioro- es el mayor problema ambiental que enfrentan los habaneros. Con la crisis, las tareas de construcción tuvieron que descontinuarse por la escasez de materiales. Pero si no podían hacerse nuevas viviendas sí podían mejorarse las que ya existían.

ONGs solidarias financian hoy varios proyectos a través de estos Talleres y así han ido ampliando sus objetivos. Mejorar las viviendas tiene que ver con el rescate de espacios verdes y el reciclaje de desechos, tiene que ver con dar empleo a la gente y tiene que ver con la educación para la convivencia comunitaria y familiar y tiene que ver... El objetivo es organizar al barrio para una acción comunal en beneficio de todos los seres que viven en él.

El caso de La Güinera, uno de los barrios marginales de La Habana, es elocuente. La gente vive hoy en casas más dignas, el ambiente es más limpio y más verde, los vecinos se han organizado en una red de artesanos en torno a una fibra que siembran en una laguna cercana, antes foco de contaminación y hoy fuente de empleo. Se han multiplicado las actividades culturales, en las que participan todos, también los homosexuales, muy respetados y aplaudidos en los shows de travestis que presentan en el barrio... Con nuevos métodos participativos se ha logrado todo esto: ir rescatando de la contaminación el ambiente natural y el ambiente ético de una comunidad.

12

El banco genético de las especies cubanas, ese germoplasma conservado como un tesoro en los centros de investigacion científica, es la materia prima de la que se nutre la avanzada ciencia biotecnológica desarrollada en Cuba en estos últimos 20 años. Las variadísimas experiencias agrícolas que salpican hoy todo el mapa cubano están llamadas a enriquecer ese banco genético: el germoplasma está siendo estudiado en las especies que emplean los campesinos en sus parcelas de cultivos tradicionales, especialmente en las zonas de montaña.

Una mini-potencia de la biotecnología

En el mes de mayo, la revista Time, después de una visita a la red de polos científicos de la isla, concluía que "Cuba se ha convertido, por sus propios pasos, en una mini-potencia biotecnológica".

Mucho repiten los dirigentes revolucionarios cuando hablan en defensa del sistema de justicia social cubano que, a pesar de la profunda crisis económica, no se han cerrado en estos años ni un centro de salud ni un hospital, ni una escuela ni una universidad. Hay que añadir que tampoco se ha cerrado un solo centro de investigación. Más bien, se han abierto nuevos. La visión es estratégica: ahí está el futuro, desde ahí se responde a la crisis y desde ahí se construye el desarrollo.

Otra agricultura, otras fuentes de alimento, otras fuentes de energía, otros productos para exportar, nuevas vacunas para humanos y animales, otras medicinas... Todo esto está aportando ya la ciencia al desarrollo de Cuba. "¡Y eso que no nos dan créditos! Porque si tuviéramos el apoyo que suelen dar las instituciones financieras, iríamos mucho más allá -dice el Viceministro Ricardo Sánchez-. Eso lo saben bien los yankis. Por eso es que actúan así. Saben que en cuanto a este país le den un filo, ¡el despegue va a ser tremendo! Porque tenemos la capacidad instalada y tenemos a la gente. Es nuestro cerebro el que nos sacará de la crisis. Ya lo está haciendo."

Cuba cuenta con más de 32 mil personas que trabajan directamente en más de 200 centros de ciencia e investigación-producción. A ellos están vinculados, de una forma u otra, miles de profesores universitarios. Sólo el Ministerio de Agricultura dispone de 19 centros de investigación, con 40 filiales en todo el país, donde trabajan 2 mil 700 profesionales y técnicos. El país invierte en ciencia 25 dólares por habitante y cuenta con 11 mil científicos. La revolución cubana se ha caracterizado por una sostenida inversión en capital humano. Con sólo el 2% de la población latinoamericana, Cuba cuenta hoy con el 11% de los científicos del continente.

¿Irse o quedarse?

Estos profesionales han visto gravemente deteriorada la calidad de su vida con la crisis. El salario de cualquiera de estas eminencias no pasa de 450 pesos -unos 20 dólares- y una libra de carne de res les puede costar 50 pesos. Unos se van de cualquier forma. Alguno lo hizo en balsa. Son muchos más los que optan por viajar a otros países por vía legal y con contratos temporales, confiados en su alta calificación científica y en un pronto regreso cuando las cosas mejoren.

La mayoría se queda. "El científico cubano -me cuenta una de las que se quedan- no tiene desarrollado el afán de lucro de otros profesionales en otras partes del mundo. Sí tenemos desarrollado el espíritu de sana competencia, la lucha por ver quién logra primero qué. Porque un centro de investigación siempre preserva ese espíritu competitivo. Pero la sicología que predomina es la de ser útil a los demás, la de saber, la de descubrir y hacer realidad lo que descubrimos."

Foro de inventos y de inventores

Con el propósito de convocar a todos los talentos, masificar la investigación científica y darle a ésta las más variadas aplicaciones prácticas, se celebra desde hace más de diez años en La Habana el Forum Nacional de Ciencia y Técnica, en el que muy diversos colectivos de instituciones y organismos de todas las ramas e "innovadores" individuales -incluso niños- presentan sus soluciones, más o menos sofisticadas, a problemas y retos, más o menos importantes. En el Forum se presentan tanto descubrimientos de tecnología punta como "inventos" para echar a andar una maquinaria paralizada.

Se calcula que en estos encuentros nacionales se han presentado ya, a lo largo de los años, 900 mil "soluciones", con una variada gama de validez y de posibilidades de aplicación. Algunas de estas soluciones se implementan ya con éxito a nivel local, mientras muchísimas duermen y esperan en las gavetas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente o están en fase de análisis, como corresponde al lento y controlado ritmo con el que aún se mueven casi todas las cosas en Cuba.

El Forum de diciembre 95 priorizó el tema de las piezas de repuesto. Pero allí se habló también de paneles para energía solar o de la vacuna contra el SIDA en la que está empeñado el Instituto Finlay de La Habana. Uno de los "oscares" del Forum se lo llevó un descubrimiento hecho en 1994 por especialistas de Santiago y ya probado con éxito en 50 mil equipos. Se trata de un gas refrigerante, el LB-12, alternativo al freón, cuya fabricación quedó prohibida en el mundo desde el alborear de 1996 porque destruye la capa de ozono.

La ventaja del LB-12 cubano es que puede aplicarse a refrigeradores y aires acondicionados de cualquier tipo, sin necesidad de hacerles ninguna reconversión tecnológica. Esto lo hace una alternativa mucho más barata que los "refrigeradores verdes" que ya se están fabricando en Alemania, China y la India, usando elisobutano y ciclopentano, gases que también sustituyen el freón. Con una inversión relativamente pequeña se calcula que todos los electrodomésticos refrigerantes que hay en Cuba -y los de otros países, ¿por qué no?- podrían ser "verdes" en poco tiempo. Un gran aporte de los cubanos al paraguas protector de todos.

Avanza la medicina verde

También a partir de la rica e investigada biodiversidad cubana y como efecto de la crisis, Cuba vive un boom de la medicina verde. Como en otras valiosas experiencias, los precursores fueron los militares. A comienzos de los años 80, una directiva del propio Raúl Castro, Ministro de las Fuerzas Armadas, dio impulso a varios proyectos de medicina alternativa -plantas medicinales, acupuntura, digitopuntura, homeopatía, esencias florales, etc.- y se comenzó a especializar gente para propagarla. La iniciativa fue siendo acogida por otras instituciones y la crisis le dio su impulso definitivo.

En algunos Talleres de Transformación Integral de los barrios una de las tareas es rescatar las recetas de remedios caseros que conservan las abuelas, que son muchas más que las de "El Yerbero" de Celia Cruz. Se están catalogando plantas medicinales por zonas y comunidades. En Cangrejeras se montó una procesadora artesanal para la elaboración de esencias medicinales. En muchas farmacias del país se vende ya jarabe de orégano o melito de mangle, raíces, tinturas y hojas secas para cocimientos...

La medicina cubana, tan desarrollada y tecnificada en estos años, ha creado una conciencia colectiva que aún ofrece resistencia a estas formas de cura y a sus "curanderos". Es cuestión de tiempo. Y es cuestión de combinar la medicina avanzada, de la que ya se conocen las claves, con la sabiduría de la medicina tradicional, que se estaba olvidando. "Pero, no lo dude. Los remedios de los tiempos de Maricastaña también llegaron pa' quedarse", me dice una entusiasta defensora de estos viejos-nuevos métodos.


13 LOS SERES HUMANOS

Cuando Cuba concurrió en junio de 1992 a Río de Janeiro a la Cumbre de la Tierra, en la que participaron más de cien Jefes de Estado de 175 países del planeta, el discurso de Fidel Castro tuvo gran repercusión. "Una importante especie biológica -comenzó Fidel- está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre." Y clamó más adelante: "¡Desaparezca el hambre y no el hombre!". En el excelente y extenso documento que Fidel Castro presentó a la Cumbre, Cuba aboga por la especie humana y muy especialmente, por sus ejemplares más empobrecidos, los que sobreviven en los países del Sur disputándose las migajas del banquete que disfruta el Norte y sin oportunidades de cambiar las cosas.

Si en Cuba uno pregunta a quienquiera que se interese por los temas ecológicos, desde el más alto funcionario hasta el ecologista más crítico, cuál es el mayor logro ambiental cubano, la respuesta es unánime. El mayor logro -dicen todos- es una población sana, con salud y educación de calidad, aseguradas para todos sin exclusión y desde hace años. Los países del Sur no lo han logrado y están aún muy lejos de esta meta.

La especie humana en el hábitat cubano

En Cuba, la especie humana vive mayoritariamente en el hábitat social más equitativo de América Latina y de todo el Tercer Mundo. "Erradicar la pobreza extrema" es el propósito que aparece escrito con letras más gruesas en cualquier documento, ponencia, oferta electoral o sermón eclesiástico que hablen de la actual realidad latinoamericana, saturada de extremas pobrezas y miserias. Es justo recordar que la revolución cubana ya erradicó esas plagas.

La esperanza de vida de los cubanos aumentó de 58 a 76 años en las casi cuatro décadas de proceso revolucionario. La mortalidad infantil era de más de 60 por mil nacidos vivos antes de la revolución. En 12 años había bajado a 27 por mil.

Hoy es sólo de 6 por mil y todos los niños son vacunados en sus primeros años contra 12 enfermedades. En apenas tres años se erradicó totalmente el analfabetismo (23% en 1959). La población con acceso a agua potable en su casa es el 83% en las ciudades y el 30% en el campo. Son muchos los indicadores. Y los más significativos se han mantenido a pesar de la crisis, porque son sólidas las bases que los sostienen. Con un producto per cápita notablemente inferior al de los siete países más ricos del planeta, Cuba tiene indicadores en salud y educación similares, y a veces hasta superiores.

Destacable es también, desde el punto de vista ecológico, el golpe trascendental que recibió la discriminación por raza y por género con la revolución. Y muy destacable la equidad simultánea: los indicadores de bienestar no se obtienen como promedio nacional. Son similares en las zonas rurales y las urbanas y se repiten en todas las regiones del país.

Naturalmente, las desigualdades que han introducido en Cuba los cambios económicos, y lo insostenibles -por ambiciosos- que resultan algunos programas sociales de la revolución cubana, han ido modificando este paisaje. ¿Se logrará conservar lo más justo y lo mejor de tan grandes logros en salud y en educación? Es otro de los grandes retos que hoy enfrentan la sociedad y el Estado cubanos. Un reto también para todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo que luchan por mejor vida para toda la humanidad.

Del campo a las ciudades

La revolución provocó cambios poblacionales relevantes. Los más trascendentales, el boom de la emigración campo-ciudades, el boom de nacimientos de los años 60 y el boom de ancianos de los años 90.

Al aumentarse las oportunidades de superación para la población rural y al mejorar su calidad de vida -mecanización del trabajo agrícola, electrificación, construcción de viviendas, etc.- se estaban sembrando las semillas de la emigración. Y los hijos de aquellos campesinos a los que la revolución encontró ya adultos, semianalfabetos y agotados por las zafras a golpe de machete, buscaron nuevos horizontes en las ciudades, donde también empezaba a mejorar la vida. El modelo agrícola intensivo -que da empleo a menos gente- reforzó esta tendencia.

La relación se invirtió totalmente: si el 70% de la población malvivía en el campo al momento de la revolución, ese mismo porcentaje disfruta hoy de una vida muy diferente en las ciudades. Esta vuelta de tortilla poblacional es uno de los desafíos con que tropieza hoy la reconversión agroecológica del campo cubano, porque los sistemas más respetuosos de la Naturaleza necesitan más mano de obra rural de la que existe actualmente en el país. ¿Cómo atraer a la gente de nuevo hacia el campo, hacia el trabajo agrícola? "¡No es fácil lo que se plantea!" es una frase que se repite con humor algo resignado en Cuba para cerrar cualquier conversación sobre las carencias del período especial, que entra en su séptimo año. No, no es fácil. Tampoco es fácil resolver la contradicción campo-ciudad a la hora de cambiar el rumbo del desarrollo nacional.

Ya desde 1987, el Plan Turquino -diseñado visionariamente por el Ejército- se adentraba en el problema cuando buscaba arraigar en las montañas de la isla a unos 700 mil cubanos y cubanas que en ellas viven, para que no siguieran sintiéndose impulsados a abandonarlas y emigrar a los llanos, donde el desarrollo social era mayor, más rápido y más tentador.
Abandonar la montaña por malas condiciones de vida es un gravísimo problema universal que afecta a un 10% de la humanidad. Los habitantes de las montañas están entre los grupos más empobrecidos del orbe. Cuba también enfrentaba esta realidad. El éxodo de las montañas ponía en peligro el desarrollo del café y del cacao, cultivos de altura y de cosecha masiva y sólo manual. Además, los ecosistemas de montaña, muy frágiles y totalmente vitales para el planeta, requieren de permanente cuidado y se resienten con la movilidad de sus habitantes. El Plan Turquino sigue en pie y está dando respuestas, aunque "no es fácil lo que se plantea"...

No existe política de población

Con las mejoras sociales que trajo la revolución, las parejas del campo y las de la ciudad se decidieron a tener más hijos. El crecimiento poblacional fue notable en la primera mitad de la década de los 60, recién iniciado el proceso revolucionario.

El primer censo cubano data del siglo XVIII. Doscientos años antes de la independencia, la población cubana era de sólo unas 170 mil personas en toda la isla. Durante los 200 años siguientes, y aún bien entrado el siglo XX, la población creció con masivas migraciones: siglos de barcos negreros trasladando esclavos africanos, olas de emigrantes españoles de Galicia, Asturias y Canarias, rachas de emigrantes chinos, hindúes y caribeños de todos los colores...

Al triunfo de la revolución vivían en Cuba algo más de 6 millones de personas. Entre 1961 y 1965, la población creció en un 2.6% anualmente. Nunca había ocurrido algo así. Nunca ha vuelto a suceder. Ya en 1970, con otras mejoras sociales de la revolución -independencia económica de las mujeres, por la educación y las nuevas oportunidades de empleo, entre otras-, este índice comienza a experimentar un descenso sostenido hasta hoy, cuando la población es de 11 millones y el crecimiento es de un 0.8% anual. Al igual que en los países más desarrollados, en Cuba la natalidad es baja y la esperanza de vida se ha alargado. Pero a diferencia de muchísimos países, el crecimiento poblacional en los últimos 30 años ha sido prácticamente natural, por la ausencia de migraciones externas.

Raúl Taladrid, que presidió el grupo de trabajo de Cuba para la Conferencia de Copenhague sobre Población y Desarrollo (marzo 95), afirma: "Cuba no tiene política de población, como se concibe en muchos países. Tenemos varias políticas para la población: una política de educación, de salud, de atención materno-infantil, de desarrollo de la mujer... Pero en Cuba nunca hemos tenido políticas de planificación familiar. La pareja es libre para decidir los hijos que tendrá. La pareja tiene educación, está informada sobre todos los métodos, dispone de recursos para acceder a ellos... Sabe que tener ocho o diez hijos es contraproducente en todos los sentidos".

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En el tema de nacimientos/nuevas vidas, la preocupación mayor en la actualidad son los embarazos precoces. En el otro extremo del arco, el envejecimiento progresivo de la población aparece como el mayor reto poblacional a mediano plazo. Para enfrentarlo, la geriatría se desarrolla y avanza.

Ancianos y madres muy jóvenes

En el corto plazo, y dada la aguda crisis económica cubana, los numerosos ancianos y ancianas, personas jubiladas, que son el 12% de la población, están desafiando ya al sistema de seguridad social que los protege. La seguridad social es, junto a la salud y a la educación, una de las tres "conquistas del socialismo" que Cuba trata de preservar, a pesar de los radicales ajustes que viene practicando a su economía, que tiene que aliarse a grandes y voraces empresas capitalistas para subsistir o que ya ha renunciado a mantener la política de pleno empleo.


Son también un serio problema los embarazos precoces. En 1994, el 16% de los niños nacidos en Cuba tenía una madre de 15-19 años. Esto revela la desprejuiciada libertad sexual que existe en Cuba, pero habla también de una crisis en la educación sexual que se ha impartido durante estos años y de una crisis en la familia. Durante décadas, las familias cubanas delegaron en muy gran medida en las instituciones estatales la formación de valores en sus hijos, sin asumir complementariamente esa misma tarea dentro del ámbito familiar. "¡A mí no me reclames, porque tú no me educaste a mí!", responde una muchachita de 14 años a su madre, a la hora de decidir si pone fin a su embarazo precoz con un aborto.

En 1992, por cada 100 embarazos, hubo 60 abortos. No hay apenas trabas morales en la sociedad cubana ante el aborto, pero todos saben que practicarlo en adolescentes -peor si es más de una vez- puede ser muy perjudicial para la salud.
Pirámide generacional

La crisis cubana tiene aristas especiales si se la sitúa sobre la pirámide poblacional. Hoy, sólo 2 de cada 10 cubanos conocieron, vivieron y sintieron -padecieron- el modelo capitalista anterior a la revolución y eran adultos al momento del cambio. Experimentaron en su carne, en su vida, las transformaciones profundas de aquellos primeros años y una inmensa mayoría se benefició con ellas. Por eso, aunque cansados por el esfuerzo, pueden valorar mejor cómo sería un cambio drástico de sistema, que es lo que propone la minoría que se perjudicó con los cambios, que hoy vive en Miami y que tiene, por cierto, una edad parecida a la de ellos.
Tres de cada diez cubanos eran jóvenes en el momento de la revolución, pero tenían edad suficiente para "hacer" esos cambios. Participaron activamente en aquellos primeros años gloriosos de esfuerzos ingentes, de tensiones inolvidables, y hoy se sienten protagonistas de lo logrado.

Pero cinco de cada diez cubanos, la mitad de la población, nació cuando ya mucho o lo más trascendental estaba hecho o ya estaba en marcha. Vinieron al mundo en un país estable y seguro, con todas las necesidades básicas resueltas y sabiendo que las tendrían aseguradas para siempre. No lucharon, sus esfuerzos y sacrificios fueron mínimos. No se preguntan por los ladrillos con que se levantó el edificio. Estudian todo esto en la escuela, pero no lo vivieron. Están más acostumbrados a recibir que a dar. La crisis los ha agarrado decidiendo qué van a estudiar, con un título universitario recién estrenado o a punto de conseguirlo y ante un horizonte incierto. Sus preguntas no son las mismas que las de las generaciones que los precedieron. No les convence la sociedad justa, pero excesivamente pautada, en la que nacieron. No conocen de verdad -sólo en el cine- las sociedades desgarradas por las desigualdades en las que viven los jóvenes latinoamericanos de su misma edad. Son hipercríticos pero pasivos, y no saben bien cómo encauzar sus inquietudes.

Pero están ahí. Su reloj de carbono es vigoroso, son los más fuertes físicamente y han sido colocados por la historia en el filo de una crisis preñada de responsabilidades históricas. De ellos depende. Ellos son el relevo del que depende que el habitat social creado en Cuba con la revolución se conserve y despliegue sus enormes potencialidades para que la especie humana cubana viva. Y para que sea feliz. Para que siga teniendo asegurados el derecho a la salud y a la educación. Pero para que tenga mucho más: el derecho a opinar, a debatir, a decidir, a equivocarse, a soñar. Para que esto se logre, el proyecto cubano no debe ser el sueño realizado, defendido o impuesto de los más ancianos, sino el proyecto querido y asumido de los recién llegados a la aventura de la vida.


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Cuál es el problema ecológico más grave que enfrenta Cuba? También hay unanimidad en la respuesta: el déficit mayor está en la falta de educación ambiental. Rosa Elena Simeón, Ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, lo ha declarado así en varias ocasiones. Y todos los que se interesan en Cuba por estos temas comparten el diagnóstico.

El diagnóstico es más completo añadiendo que educación ambiental requieren los teóricos, los académicos, los profesionales de las ciencias. Que tienen urgencia de ella los políticos de todos los niveles, que son los que deciden y planifican. Y que también está muy necesitada de educación ambiental la población cubana.


Principal déficit ambiental: educación

¿Cómo un sistema de educación tan avanzado y con tanto énfasis en los conocimientos científicos, incluso en los más sofisticados, no ha logrado crear una educación ambiental?
"Tal vez por eso -me responde un historiador, hoy capturado por la ecología-. Aquí ha habido una excesiva especialización en las ciencias y a la vez, una excesiva compartimentación de los saberes científicos. Y la ecología es otra cosa, es un saber científico, pero es integral, lo abarca todo, tiene que ver con todos los saberes. Esta integralidad choca con el sistema educativo cubano. En el nivel de la educación superior es clarísimo lo de los compartimientos separados. Hasta ahora, a un graduado de biología le resulta tremendamente difícil aspirar a hacer un postgrado en sociología. Su formación como científico, como biólogo, no le da acceso a las humanidades. Y viceversa.

Estudiar así las ciencias, de forma compartimentada, es una concepción muy norteamericana, que asumió la Universidad del campo socialista. Proviene de la estructuración de las ciencias a partir de la filosofía positivista. Esta concepción está siendo superada, precisamente por los avances acelerados en todas las ciencias, que borran las fronteras entre unas ciencias y otras. En la Academia norteamericana uno ya puede encontrar a un biólogo con maestría en sociología. Pero esta figura no existe aún en Cuba. O es escasísima. En las ciencias somos fuertes, pero excesivamente especializados, y en humanidades somos débiles. Extender una educación ambiental a todos los niveles tiene en estas características de nuestro sistema educativo un nudo gordiano."

El historiador-ecólogo me cuenta que hace años un profesor alemán, asesor de la Facultad de Biología y especialista en cactus, que se pasó años de su vida recorriendo la Sierra Cristal e hizo aportes a la identificación de nuevas especies, le decía al director de la Escuela de Biología: "Yo no entiendo por qué ustedes mandan a tantos muchachos a Alemania o a la URSS a especializarse en el microscopio electrónico, ¡cuando aquí en Cuba, con una lupa, se pueden descubrir tantas cosas!"

¿Cómo es posible tanta basura?

Los nudos gordianos pueden empezar a desatarse con los convenios que Cuba ha empezado a firmar con universidades latinoamericanas o españolas. Con la llegada de la carrera de Antropología a la Universidad de La Habana, donde nunca se estudió esta ciencia como profesión. Con la intención -lamentablemente, aún no es un proyecto- de un grupo de profesores universitarios y de investigadores de la Academia de Ciencias de introducir la Ecología en otras carreras: Ingeniería, Medicina, las diferentes ramas de las Ciencias Sociales. La Ecología no existe aún como carrera y los "ecólogos" profesionales que hoy existen vienen de la Geografía y de la Biología.

"Pienso -me comenta una de estas ecólogas- que una de las carreras que hoy en Cuba requiere más de la Ecología para enriquecerse es la Economía. Esto debía ser una prioridad. En la Facultad de Economía sólo conozco a tres o cuatro compañeros que tengan una visión ecológica de la gestión económica".

Es uno de los desfases. Hay varios. Otro es el que se da entre la alta capacidad científica desarrollada por la revolución y las posibilidades reales de la economía para aprovecharla. El mayor desfase de todos es el que ha ido creando un abismo entre lo institucional de la superestructura y lo cultural de las bases.

A esto se refiere una geógrafa, desesperada seguramente -como algunos, sólo algunos aún- al ver tan sucias las calles de La Habana. "No nos han faltado -dice- nobles intenciones en el tratamiento del ambiente, grandes planes de reforestación, campañas de reciclaje, creación de la Comisión del Medio Ambiente y Recursos Naturales, normas de todo tipo. Y sus principios están reflejados en nuestra Constitución, en los lineamientos económicos de los planes quinquenales, en los programas del Partido, en los programas educacionales... Pero uno se pregunta: ¿Cómo es posible? Si somos capaces de hacernos abanderados de tantos principios, ¿por qué luego no somos capaces de actuar coherentemente a nivel local, que es lo más simple, en el cuidado del árbol que usted tiene frente a su casa, en la basura que va a botar, en el respeto y cuidado de los animales urbanos, en las pequeñas actitudes de la vida cotidiana...?"

Las referencia es más concreta en la opinión del tío Panchito: "¿Ve esta gran cochinada? ¡Basura por todos lados! Y ahí la mira la gente y sigue de largo... ¿Es porque somos gente sucia? No, yo digo que es otra cosa. Aquí nos acostumbramos a que el gobierno lo hace todo, a que lo debe hacer todo, todo lo resuelve... Yo boto la basura y ya la recogerán.... ¿Y si no la recogen? Se empuerca todo, pero a mí qué, eso no es cosa mía. ¡Óigame! El paternalismo hace a la gente boba, pero en Cuba, ¡la ha hecho fresca!"


16 LA SOCIEDAD

La educación ambiental no será únicamente fruto de cambios o ajustes en los planes institucionales de la educación formal. En la educación informal de una comunidad, de este barrio o de aquel otro, de grupos cristianos, de nuevos grupos, se juega el futuro del ambiente. Partiendo en todos los espacios, formales e informales, de que educar ambientalmente es promover acciones y actitudes más que transmitir conocimientos. Y que la educación ambiental exige que todos nos eduquemos para ser productores más que para ser consumidores.

Una conciencia que avanza

Al interior de las organizaciones propias del sistema sociopolítico cubano avanza lentamente una nueva conciencia ambiental. En nuevas organizaciones, que complementan a éstas, avanza con más rapidez. Existen varias ONGs cubanas dedicadas específicamente al medio ambiente. Y en el resto del amplio abanico de ONGs cubanas, nacidas en estos años, lo ecológico está siempre presente. Hace parte de cualquier proyecto, de cualquier taller, de cualquier reflexión.

La ONG Pro Naturaleza, que hace énfasis en la educación de los niños en su propia comunidad, tiene en su agenda inmediata la creación de una Universidad Popular Ambiental, con la colaboración de una ONG italiana. La Universidad quiere ser un espacio de formación/reflexión donde capacitar a cubanos y cubanas para que sean multiplicadores de la educación ambiental. El espectro de "alumnos" de esta Universidad será muy amplio: activistas comunitarios de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), funcionarios estatales, maestros de primaria, profesores de secundaria, profesionales interesados en estos temas...

¿Existe en Cuba una comunidad ecologista? En términos profesionales, la gama de los que se conocen como "ecologistas" es muy disímil. Ecologistas son quienes piensan y actúan en proyectos que incluyen la dimensión ambiental. Están, por ejemplo, al frente de los Talleres dee Transformación Integral de los barrios. Y están en los barrios. Son cubanas y cubanos de la base que van enamorándose de esta nueva visión. Están también en los equipos interdisciplinarios que evalúan el impacto ambiental de un pedraplén o de cualquier nueva inversión. Me dicen que son muchos, que cada vez son más. Y que se caracterizan por ser gente muy activa.

Tienen contactos con el movimiento ecologista internacional. Aunque a veces el lenguaje no es el mismo. La preocupación conservacionista de muchos ecologistas del Norte -la Naturaleza contemplada en bellos e intocados paisajes o la protección de pingüinos y ballenas vivida como una moda- está muy lejana de los dilemas ambientales de los cubanos.

CDR: ¿organización ecologista?

Según el Viceministro Ricardo Sánchez, la más importante de las organizaciones ecologistas cubanas es la más masiva de las organizaciones creadas por la revolución, los CDR. "Hay muchas nuevas organizaciones -dice- que son cuatro personas, que hablan mucho, pero que no hacen mucho. Y los CDR son una organización que hace mucho y que habla mucho con la gente. A lo largo de más de 30 años ellos han hecho muchos trabajos ambientales: han recuperado materias primas, han reforestado, han desarrollado trabajos de limpieza, han vacunado, han organizado campañas de donación de sangre... La organización que más trabajo ambiental ha hecho por la comunidad y con la comunidad son los CDR, una organización que se ha dedicado al desarrollo de la familia y al desarrollo sostenible de este país.

Y le pongo un buen ejemplo reciente: el año pasado una gran tormenta acabó con el techo de las casas de mucha gente. Se dijo: hace falta cartón para poder hacer tejas infinitas, ésas en las que se usa el cartón como materia prima. Entonces, los CDR dijeron: no hay que importar cartón, nosotros vamos a recuperar el cartón que haga falta. Y lanzaron una campaña y recogieron 2 mil 500 toneladas de cartón. Se recicló y se fabricaron las tejas. No hay acción de los CDR que no vaya en esta dirección ambiental".

Esta perspectiva, que coloca a los CDR a la cabeza de la ecología cubana, no es muy compartida por quienes cuestionan el carácter vertical, uniforme, centralizado y de contenidos nacionales -por contraste con contenidos barriales y comunitarios- que han tenido durante muchos años las actividades desarrolladas por los CDR. Sin embargo, estos mismos críticos no dejan de reconocer en los CDR una escuela de participación en tareas movilizadoras y una organización que dio a cientos de miles de cubanos un fuerte sentido de pertenencia en los primeros años de la revolución.

Aceptan también que los CDR se están renovando. Han cambiado a sus dirigentes y están rediseñando sus estilos de trabajo, partiendo de las tradiciones de los barrios y haciendo énfasis en la resolución de problemas concretos de la comunidad, con métodos de participación más horizontales.

Estado - Sociedad: contradicción o coordinación

Lo más destacable es que el movimiento ambientalista o ecologista -aún no está fijado su nombre en Cuba- no tiene entre los cubanos una dimensión anti-estatal, contestataria, de oposición a políticas estatales depredadoras, ciegas o insensibles. La relación sociedad civil-Estado tiene en Cuba notables peculiaridades. Hoy, al Estado cubano y a la sociedad cubana se le han puesto en estos años sobre la mesa dos temas candentes: la crisis económica cubana y la crisis ecológica mundial. Estado y sociedad están descubriendo rápidamente los eslabones que unen ambas crisis y están comenzando a pensar ambas más integralmente.

En los problemas ambientales es donde se hace más patente la necesidad de una acción coordinada entre el Estado y la comunidad. Un buen ejemplo: a pesar de las presiones y cerrada oposición de Estados Unidos, Cuba se integró en 1995 a la Asociación de Estados Caribeños. Los 25 países y 12 territorios de la AEC comparten ese conjunto de fabulosos ecosistemas que contiene el mar Caribe. Para preservarlos, los Estados tendrán que decidir una amplia gama de acciones comunes. Pero para hacerlo tendrán que coordinar las acciones de las diversas comunidades costeras de cada país y de todos los países entre sí.

No es posible llevar adelante una política ambiental, coherente y eficiente, sin la comunidad o sin el Estado. En Cuba, por su peculiar sistema político -que no opone a ambos-, por la vocación nacionalista y humanista de su Estado, y por la alta preparación y nacionalismo de su sociedad, estarían sentadas las bases para que las coordinaciones puedan hacerse más creativamente y para que pesen siempre más que las contradicciones.

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El despertar de la conciencia ambiental, la preocupación por generalizar la educación ambiental, la presencia de la perspectiva ecológica en reflexiones y planteamientos, tanto en el Estado como en la sociedad, es bastante reciente en Cuba.

Los primeros años de la crisis cubana fueron demoledores, no sólo por las carencias materiales que bruscamente empezaron a experimentar todos, sino porque al quebrarse tantas brújulas a la vez, junto a la propuesta de "resistir" abundó el inmovilismo y el aferrarse a un pensar y actuar rutinarios. Y trotar en el asno de la rutina impide ver más allá, impide una visión ecológica. La urgencia de confiar al turismo y a la inversión extranjera la reactivación de una economía paralizada, no dejó mucho tiempo para discernir entre unos proyectos y otros. La situación de emergencia opacó la tímida conciencia ambiental que ya existía.

Comisiones locales: una esquina peligrosa

En 1994 conversé en La Habana de estas cosas con un ecologista y su visión era preocupada y preocupante. La COMARNA, creada desde 1977, había desaparecido para dar paso al nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Como a cualquiera, esto le parecía un salto de calidad. Sin embargo, junto a algunos, temía que en esta instancia estatal, que aparecía como la principal reguladora de la protección ambiental, con amplios poderes ejecutivos, predominara una visión centralizadora y tecnocrática.

Había varias señales en este sentido. La que más preocupaba a mi amigo era una. Con la COMARNA funcionaron también Comisiones de Medio Ambiente en todas las Asambleas Provinciales y Municipales del Poder Popular. Aunque no eran perfectas, estas instancias venían nutriendo a la Academia de Ciencias con informaciones muy concretas de los problemas ecológicos locales. Tenían un peso y una representación política. Y algo hacían.

Al crearse el nuevo Ministerio, éste quedó encargado de emitir al más alto nivel los dictámenes científicos y técnicos sobre los problemas ambientales, lo que iba a restar importancia y motivación al trabajo de las Comisiones. En 1994 se discutía incluso si mantenerlas o no. Y entre los criterios que parecían prevalecer estaba el de dejarlas languidecer o incluso el de suprimirlas.

Por fortuna, se impuso el criterio contrario, promovido por personas como el Viceministro Ricardo Sánchez, que concede una importancia estratégica a la participación popular en la resolución de los problemas ambientales.

Las Comisiones se van a mantener. "Ahora -analiza el que anteriormente andaba preocupado-, ante cualquier inversión, proyecto o diseño económico, la Comisión local debe funcionar y hacer oir su voz, la voz de la comu- nidad. Debe hacerse realidad un cruce entre los dictámenes científico-técnicos ministeriales y los criterios políticos de los gobiernos de base. El desafío para el gobierno central es darle recursos, autonomía y verdadero poder a los gobiernos locales. Para los gobiernos locales el desafío es hacer que en el espacio que dejan abierto las Comisiones haya una real participación popular".

En toda Cuba el reto es el mismo: que una sociedad que ya ha participado tanto recibiendo, apoyando y desarrollando tareas que se deciden arriba, participe cada vez más teniendo información, proponiendo, gestionando, controlando y decidiendo.


Nuevas leyes para una nueva situación

El Estado tiene clara conciencia de que la inserción de Cuba en la economía internacional representa riesgos que pueden poner en peligro los ecosistemas naturales y sociales en que hasta ahora ha vivido el pueblo cubano. La defensa tiene que darse en todos los terrenos. También en el de la legislación, que se está adecuando a la nueva situación.

Desde mediados de los años 70 estuvieron presentes en las leyes cubanas cláusulas que velaban por la preservación del medio ambiente. Pero en la práctica apenas eran tenidas en cuenta. ¿Por qué?, pregunto a una ecologista.

"Hay que partir de que, hasta la crisis, las inversiones que se hacían en Cuba venían exclusivamente del campo socialista y se acordaban de Estado a Estado y de que las tecnologías socialistas eran muy poco eficientes, desde el punto de vista del respeto al ambiente. Así las cosas, ¿por qué el Estado cubano era tan laxo en hacer cumplir las exigencias ambientales? ¿Falta de conciencia? ¿Resignación que se traducía en un dejar hacer? ¿O una visión ideologizada de que "lo socialista" es siempre bueno? No sabría responder qué era lo que pesaba más."

A finales de los 80 se hizo un estudio en Pinares de Mayarí sobre el impacto de las grandes inversiones soviéticas en las minas de níquel en Moa. Fue un proyecto de análisis integral: tenía en cuenta la relación entre la inversión y todo lo que afectaba a la población y al medio ambiente. Por integral, este estudio fue pionero, tuvo resultados y ha dejado huellas.

Desde 1993 la isla se abre totalmente a la inversión de empresas capitalistas, preocupadas prioritariamente por máximas ganancias en tiempos cortos, algunas con ninguna conciencia ecológica, al menos cuando invierten en un país del Sur. Otras sí. Según el Viceministro Ricardo Sánchez, una de ellas es la Sherritt. "Es una compañía con una gran vocación ambiental", dice. La minera canadiense Sherritt International es uno de los principales inversores presentes actualmente en Cuba. Sus ejecutivos fueron los primeros avisados y amenazados por el gobierno de Estados Unidos sobre las consecuencias de la ley Helms-Burton. La Sherritt ha invertido en Oriente, en riquísimos yacimientos de níquel -en Cuba está la segunda reserva mundial de este mineral-, en terrenos que fueron de dos compañías estadounidenses. La devastación de esas tierras es patente: evoca un paisaje lunar.

"La Sherritt -dice Sánchez- se ha comprometido no sólo a recuperar las áreas que ellos exploten directamente sino todas las demás de por allí que explotaron antes los yankis, y que heredamos como un desastre. Están reforestando, se han dado un plazo de 10 años para recuperarlo todo. Cumplen con las leyes cubanas y con las canadienses. Canadá es un país con mucha sensibilidad ambiental".

En cualquier caso, la Cuba socialista tenía un cuerpo legal insuficiente e inadecuado a la hora de darles la bienvenida a los capitalistas. En los últimos años, Cuba se ha venido dotando de un cuerpo de leyes para defender su medio ambiente. Entre otras, ha elaborado la regulación para el uso racional de los recursos hidráulicos (abril 95), un reglamento para la inspección ambiental estatal (junio 95), una resolución sobre la seguridad en la tecnología nuclear (enero 96), la reglamentación para ejecutar proyectos y programas científico-técnicos (julio 95), disposiciones sobre productos químicos (julio 95), la reglamentación sobre desechos peligrosos (febrero 96), la regulación para el comercio de especies (abril 96), normas para expediciones e investigaciones científicas (abril 96), una nueva Ley de Minas (diciembre 94) y un extenso reglamento para los estudios de impacto ambiental y para el otorgamiento de licencias ambientales en cualquier inversión (septiembre 95), que especifica el contenido de los artículos 54-56 de la nueva Ley de Inversión Extranjera de 1995.

¿Y el germoplasma?

Está preparándose una Ley Marco sobre Medio Ambiente. Aún no se ha terminado de elaborar una legislación específica que aborde el trascendental tema del germoplasma nacional, el banco genético cubano. Como el resto de los países del Sur, Cuba defiende que estos recursos son un patrimonio nacional, del que deben derivarse beneficios para la nación y sus nacionales. Varios países del Norte propusieron en la Cumbre de Río el declarar el banco genético de cualquier país como patrimonio de la humanidad, propiedad universal.

Naturalmente, el objetivo es apropiarse libremente del germoplasma de otros países, derivar de él nuevos productos biotecnológicos, patentarlos y venderlos después. En estos rubros, las riquezas que se obtienen son fabulosas.

Legislar sobre el germoplasma -como legislar sobre muchos otros temas ecológicos- requiere de una visión nacional y también de una visión de integración Sur-Sur. En un futuro muy cercano, la Asociación de Estados del Caribe tendrá que entrar al tema del germoplasma con un sentido de integración, ya que los países con costas en el mar Caribe comparten bancos genéticos comunes. Como Cuba va muy adelante en logros de ingeniera genética, sabe de este asunto y aprende un poco más cada día. Tal vez es uno de los países del Sur con más capacidad para pensar y producir una legislación que ilumine con equidad este crucial reto de nuestro tiempo.


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Los temas ecológicos de Cuba, su agenda ambiental -logros, retos, avances, dilemas, protagonistas- son muy poco conocidos fuera de la isla. Hay que decir que dentro, los medios de comunicación masivos, especialmente los escritos, vienen hablando más y más de esto, aunque con una visión aún muy plana, en la que se dejan por fuera, en la mayoría de los casos y como es habitual, los aspectos polémicos que podrían generar un debate enriquecedor.

Estados Unidos - Cuba: un tema para el debate

En el extranjero el debate sobre Cuba sigue siendo candente. Pero aparece siempre sobresaturado de ciertos temas políticos y últimamente de algunos aspectos económicos. Lo ecológico ni se menciona. Tal vez porque en el terreno ecológico Cuba puede presentar más aciertos que errores y lo que interesa a los medios internacionales es denunciar los errores de Cuba. Tal vez porque en los temas ambientales, menos ideologizados, se podrían encontrar más espacios de consenso que de conflicto y lo que "vende" en el caso de Cuba es sólo lo conflictivo. Tal vez incluso porque en el discurso de los dirigentes cubanos el tema ambiental apenas aparece y el discurso oficial sigue estando muy ideologizado y enfocado en torno a los asuntos que enfoca Estados Unidos.

Un libro dedicado a Mas Canosa

Poco antes del inicio del gobierno Clinton, sectores progresistas del Partido Demócrata y sectores relacionados con América Latina en Estados Unidos diseñaron nuevos escenarios para el continente. Entre ellos, estaba el escenario ambiental. La firma del Tratado de Libre Comercio Canadá-USA-México y la presencia del ecologista Albert Gore en la Vicepresidencia de Estados Unidos contribuyeron a elevar el perfil a la reflexión ecológica.

Era el momento. El cubano-estadounidense Jorge Domínguez, miembro de Diálogo Interamericano, instancia asesora-consultiva en las políticas hacia América Latina, logró incluir el tema Cuba dentro de la reflexión ambiental que se iniciaba. El terreno ecológico aparecía por primera vez como lo que seguramente es: un espacio privilegiado para abrir un capítulo nuevo y propositivo en el tenso diferendo Estados Unidos-Cuba.

Un grupo de Diálogo Interamericano, encabezado por Domínguez, viajó en dos ocasiones a Cuba para tener conversaciones con la Academia de Ciencias de Cuba. Pero, muy pronto, la iniciativa fue conocida por los sectores más negativos del exilio cubano y por la Fundación Nacional Cubano-Americana que los representa. Decidieron boicotearla con los métodos de cabildeo que tan bien dominan. E incluyeron como pieza del boicot la publicación de un libro del cubano José R.Oro, geólogo y funcionario encargado de recursos minerales en el Ministerio de la Industria Básica, que abandonó Cuba en 1991. La obra apareció en 1992 con el título "The Poisoning of Paradise" (El paraíso envenenado).

En Cuba, pregunté por el libro a un ecologista y me lo facilitó en fotocopia. Se lee rápido. Su contenido, de frío catálogo, no responde a su título, de denuncia tremendista. Sus vacíos son notables. Y sus "llenos" resultan desactualizados, incompletos y totalmente sesgados. Se refiere ácidamente a la hidroeléctrica del Toa, ya suspendida. No hay una sola palabra sobre los éxitos, con repercusiones ambientales, de la biotecnología cubana aplicada a la agricultura. Y si habla de derrames petroleros no menciona el posiblemente provocado en aguas de Pinar del Río. Por no decir que al hablar de "paraíso" pareciera que Cuba lo era antes de 1959, cuando ya para entonces el colonialismo y el capitalismo lo habían casi arrasado. Desde el título se huele el objetivo y desde la primera línea se adivinan las conclusiones.

Sin embargo, a pesar de la debilidad analítica e informativa de este libro "de ocasión", la obra cumplió su objetivo y contribuyó a condicionar, y finalmente a congelar, el diálogo USA-Cuba iniciado sobre el verde tapete de la ecología. Hoy, su autor, trabaja para una transnacional minera en Bolivia, no sabemos si respetuosa del medio ambiente, en la que sí sabemos que tiene intereses económicos Jorge Mas Canosa, Presidente de la Fundación que patrocinó su libro.


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Cuba vivió hasta 1959 con un modelo de desarrollo basado primero en el colonialismo salvaje y después en el capitalismo salvaje. La isla quedó devastada. La huella más visible que dejó este modelo es el monocultivo azucarero. Peores huellas ya son invisibles: todo el dolor de los africanos, esclavizados hasta casi entrado el siglo XX, todas las formas de la vida que se perdieron.

El modelo era "dominar" la Naturaleza

Con la revolución, el modelo cambió radicalmente. Ese era su propósito: borrar las huellas. Por ejemplo, al monocultivo se le buscó una salida, tratando de superar su lado más oscuro, la monoproducción, y hoy Cuba extrae de la caña mucho más que azúcar refinado. Obtiene otros 40 derivados, entre ellos nuevas medicinas y productos aplicables a la agroecología.

Pero el modelo que estableció la revolución siguió siendo desarrollista. En su meta, el máximo de igualitarismo para los humanos. En su estilo, el gigantismo. En su base, la concepción de "dominar" la Naturaleza prevalecía sobre la visión de "convivir" con ella. Porque somos parte de ella, la parte de ella que piensa y que se piensa.

Era un modelo modernizante, voluntarista, triunfalista. Bastaban la "fe en la ciencia" y lograr una "revolución política" para que el desarrollo fuera indetenible. Así lo planteaba Fidel Castro. En el discurso por el quinto aniversario de la victoria de Girón decía: "Contra las dificultades que nos plantee la naturaleza, lucharemos. Porque ésa, en definitiva, ha sido la historia del hombre: luchar por someter a su servicio las leyes de la Naturaleza, luchar por dominar la Naturaleza y ponerla a su servicio. Y eso forma parte también de la batalla de nuestro pueblo."

Dos años después miraba el promisorio futuro de Cuba y así lo perfilaba ante los graduados del Instituto Tecnológico de la Caña: "Una nación que hace lo que nosotros hacemos hoy está llamada a ponerse prácticamente en vanguardia entre los demás países subdesarrollados del mundo... En un futuro toda la sociedad será técnica, la mayor parte del trabajo será intelectual: las máquinas, la química, los procesos automáticos harán casi todo."

Cuánto ha llovido sobre el mundo y sobre la inteligencia de los seres humanos desde entonces... Sin embargo, tan tarde como en 1992, un funcionario cubano me entregaba entusiasta la publicación titulada "Ecología y Desarrollo", que acababa de ser publicada y que consistía en una selección temática de citas de Fidel, de donde tomo ahora estos dos fragmentos, tan cuestionables desde una óptica ecológica y desde la visión del desarrollo que se está abriendo paso entre los más lúcidos, en un mundo colocado ante una difícil encrucijada, precisamente por pensar con fe dogmática en recursos inagotables y en progresos indetenibles. Estoy segura que hoy ya nadie en Cuba me hubiera entregado ese librito. Cuánto está lloviendo en Cuba desde 1992 hasta hoy...

Si Cuba halla esta vía sobrevivirá

Después de varios años de crisis, de resistencia a la crisis, de soluciones parciales y coyunturales a la crisis, la crisis empieza a mostrar a los cubanos su lado luminoso: está forzando a pensar y a activar otro modelo de desarrollo. Sólo si Cuba halla esta vía sobrevivirá. Porque el reto de Cuba no es sólo "defender el socialismo" -como se decía al principio de la crisis- o defender "las conquistas del socialismo" -como se dijo después-. El reto no está sólo en defender el modelo político o los valores ideológicos o los logros sociales.

El reto no se agota tampoco en preservar de la depredación capitalista lo mucho que, ecológicamente, ha conservado y desarrollado ya la revolución. Está en diseñar y adoptar otro modelo de desarrollo desde una visión que tenga en su centro la dimensión ambiental. Esto quiere decir muchísimo. Al menos, quiere decir un modelo que garantice la autosuficiencia alimentaria, la autosuficiencia energética y en el que el Estado y todos en la sociedad piensen el desarrollo teniendo en cuenta los límites de la economía cubana. Porque el desarrollo tiene límites. Esto es lo que hoy se llama un modelo de "desarrollo sostenible", aunque el término ya empieza a ser una moda o una moneda devaluada por el manoseo y la inflación.


Capitalismo y socialismo son impacientes

No haber pensado antes en un modelo autosuficiente en la energía que nutre la vida humana y en la energía que mueve a la economía acentúa hoy más la crisis cubana. Pensar en un desarrollo ilimitado es la causa de la crisis mundial.

El capitalismo real es impaciente: la máxima ganancia en los mínimos plazos y con los mínimos costos para el poder financiero que dirige la operación. El socialismo real fue igualmente impaciente: la máxima justicia en los mínimos plazos y con los mínimos costos para el poder político que dirigía la operación.

La Naturaleza ha pagado por esta impaciencia máximos costos, especialmente en estos 150 años de acelerada industrialización-urbanización-modernización-desarro-llismo capitalista, a la que el socialismo respondió con las mismas barajas. Hay un refrán de la cultura esquimal que dice: "Dios perdona siempre, los seres humanos perdonan algunas veces, la Naturaleza no perdona nunca". Hoy es el turno de la Naturaleza. La Madre Tierra anda insurreccionada y pasando ya factura en algunos lugares con desiertos irreversibles, fuentes de agua muertas y descomunales agujeros en la piel de ozono con que ella se protege y nos protege del sol.

Una revolución con la Naturaleza

En Cuba la Naturaleza pide hoy su oportunidad. El turno de la Naturaleza exige de Homo sapiens paciencia, la ciencia de la paz, la que conduce a esperar. Canta Silvio Rodríguez en una plaza de La Habana. Sabiéndolo o no, está hablando también de esto, de esto habla su canción: "Cuando niño yo saqué la cuenta / de mi edad por el año dos mil / el dos mil sonaba como puerta abierta / a maravillas que silbaba el porvenir / Pero ahora que se acerca saco en cuenta / que de nuevo tengo que esperar / que las maravillas vendrán algo lentas / porque el mundo tiene aún muy corta edad / Venga la esperanza, pase por aquí / venga de cuarenta, venga de dos mil..."

La revolución "colocó" a los cubanos y a las cubanas en el "sistema histórico" de su tiempo, dándoles una clara conciencia de la dignidad nacional, del papel que la pequeña gran nación cubana jugaba en el sistema internacional y en el conflicto histórico de nuestro continente. Esto le dio a Cuba bases sólidas para convertirse en una pequeña gran potencia social, política -y hasta militar- del Tercer Mundo.

Hoy, Cuba está preparada para ir más allá, mucho más allá y dar un paso también revolucionario: el que cubanos y cubanas de todas las edades "se coloquen" en su ecosistema, en su "sistema ambiental", asumiendo una clara conciencia, colectiva e individual, de la responsabilidad que tienen con esa frágil, bella y llena de potencialidades porción de Gaia que es la pequeña isla de Cuba. Para que la esperanza siga pasando por allí...


20

Hasta la revolución, prevaleció en Cuba la lógica del mercado. La revolución hizo predominar la lógica del Estado. Hoy, en el nuevo modelo de desarrollo que la crisis le da a Cuba la oportunidad de encontrar, es trascendental que comience a brillar la lógica de la comunidad.

La lógica de la comunidad

"Hoy el ciudadano piensa que debe esperarlo todo del Estado. Y tiene razón. Y eso es precisamente una mentalidad colectivista, eso es una mentalidad socialista. Hoy lo esperan todo del aparato administrativo y sobre todo del aparato político que lo representa. Hoy no pueden esperar en sus propias fuerzas, en sus propios medios, como en el pasado. El hecho de que hoy el pueblo lo espera todo está muy a tono con la conciencia socialista que la revolución ha creado en el pueblo."

Así se expresaba Fidel en el aniversario del 26 de julio en el año 1970. Ha llovido también sobre estas palabras... Hoy, aunque quisiera, el pueblo cubano no puede esperarlo todo del Estado. Porque el Estado no lo puede dar todo. Pero, más fundamentalmente, porque aunque tuviera todo, el pueblo cubano ha crecido y la realidad y sus propias fuerzas, potenciadas por la revolución, lo han ido distanciando de esta visión paternalista y le han dado hambre y sed de autonomía.

Hoy en Cuba coinciden la lógica del mercado -que avanza-, la lógica del Estado -que busca prevalecer-, la lógica individual -potenciada por la crisis-, y la lógica de la comunidad, que se abre paso. En la lógica de la comunidad es donde debería insertarse el Partido para representar a la sociedad, para ser su voz ante el Estado. De una armoniosa relación entre estas cuatro lógicas, una relación nueva, creativa, por inventarse, depende que la experiencia cubana -en absoluto agotada- siga adelante, renovándose y alentando a otros pueblos.

"Lo comunitario es la dimensión que puede rescatar el socialismo como un sistema participativo -comenta una socióloga-. Y lo comunitario y lo participativo tienen que ver con la ecología, con una gestión ambiental de los recursos".

La hora de la sociodiversidad

La "comunidad" son las comunidades que integran la sociedad cubana. Esa comunidad de comunidades es, en lo fundamental, sana, alimentada, estudiada, preparada, creativa, ingeniosa, alegre. Ha sido sometida a pruebas, esfuerzos, desafíos y responsabilidades inmensas y las ha ido superando. Es un biosistema riquísimo. Biosistema es la "biblioteca de las estrategias de supervivencia" que ha ido aprendiendo la vida en su evolución.

Y la vida siempre se muestra diversa. Es todo, menos uniforme. La estabilidad social, el consenso político y una cierta candidez económica en los que la sociedad cubana se desarrolló y evolucionó durante los primeros años revolucionarios pudo contribuir a hacer creer a algunos que esa sociedad era homogénea. No lo era, porque estaba viva. Hoy, los cambios en la economía, han empezado a abrir resquicios en la supuesta homogeneidad.

Hasta el año 1994 la única estrategia que el Estado ofrecía era ésta: "No sabemos cuánto durará este túnel y cuándo veremos la luz, pero todos somos iguales y todos juntos tenemos que resistir". La cosa cambió a finales de ese año, con la crisis de los balseros y los sucesos de agosto en el Malecón, que fueron la chispa que mostró cuánto desgastaba la resistencia sin plazos. La estrategia cambió y se hizo más realista: "Cada uno que vea cómo camina el túnel. No podemos ser iguales, hay salida para muchos, pero no para todos." En cierto sentido, se oficializaba la lógica individual, se aceptaba la inequidad, se postergaba -¿hasta cuándo?- lo que debe ser el ideal socialista: una sociedad en la que todos quepan.

Un Informe desafortunado

Cada vez es más visible en Cuba la heterogeneidad. En lo económico, en lo social, en lo ideológico, también en lo político. Con la crisis se han desplegado nuevas estrategias de sobrevivencia y, como es lógico, algunas son de despiadada competencia y otras son de decidida cooperación. Emerge el egoísmo y se consolida la solidaridad. Se abre paso el sano escepticismo y también surgen las desconfianzas corrosivas. Se detectan oportunismos y se pone a prueba la honestidad. "Aquí no existe el doble discurso. Eso era antes. ¡Ahora hay por lo menos cinco discursos!", me dice uno. Hay corrupción. Y la hay a varios niveles. Y hay heroísmos cotidianos. Y los hay a todos los niveles. La inversión en auténticos valores hecha en Cuba durante tantos años ha sido tal que el balance aparece aún lleno de esperanza, aunque tal vez los cubanos y las cubanas, sacudidos por los cambios, sean los que menos se dan cuenta de la riqueza del habitat en el que viven.

Pero tampoco antes de los cambios todo eran valores y ahora todo son disvalores o peligros o amenazas de perder los valores del pasado, como plantea el maniqueo y simplista Informe del Buró Político del Partido Comunista de Cuba de finales de marzo de 1996. Se trata de un documento importante, porque es la primera vez que en estos años de crisis la máxima instancia política del país hace el intento de abordar globalmente los cambios ideológicos que han provocado los cambios económicos. Pero es un documento reduccionista. Propone una pureza que sólo existe en la vida que se fabrica en los laboratorios y que nunca se encuentra en las formas de la vida en sus habitats naturales.

El Informe no da cuenta de lo que ocurre. Y lo que ocurre es que ya en la sociedad cubana se revela la riqueza de la biodiversidad. Lo que ocurre es que irrumpe con pujanza la demanda por el reconocimiento de esa sociodiversidad.


La biodiversidad: defensa de la revolución

La homogeneidad nunca es el habitat ideal de la vida. Parte de la crisis ambiental de nuestro mundo es ésa: está cada vez más reducido el banco genético, cada vez son menos las especies que se cultivan y el suelo se empobrece. Cada vez son más las especies que se destruyen y el habitat de las demás especies se resiente, se reduce, se deshilacha, desaparece. A la vez, los poderosos destruyen las diversidades culturales de Homo sapiens, imponiendo a toda nuestra especie sus patrones de pensamiento y de consumo. Y la civilización se nos está haciendo cada día más empobrecida y más aburrida.

Hemos descubierto ya que mientras más biodiversidad más vida. Y mejor vida. Igual en la sociedad. La biodiversidad cultural de una sociedad garantiza su evolución, nuevas y vigorosas formas de la vida. Igual en Cuba, la sociodiversidad, la biodiversidad en la revolución -pluriopiniones expresadas y contrastadas, pliuriopciones asumidas y debatidas- garantizará la vida del proyecto revolucionario.

Defender la nación cubana, defender su habitat territorial y el habitat social y ético logrado con la revolución requiere de la promoción de la diversidad. Esto exige una nueva estrategia de educación y de comunicación. Sin miedo a ningún "desmedulamiento ideológico". Porque la médula de la vida está precisamente en la pluralidad.

Ya lo sabía Martí, tan vivo: "Un pueblo -escribía en Patria hace más de un siglo- está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan; del acomodo, que acapara, y de la justicia, que se rebela; de la soberbia que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo. De los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos; y el gobierno de un pueblo es el arte de ir encaminando sus realidades, bien sean rebeldías o preocupaciones, por la vía más breve posible, a la condición única de paz, que es aquella en que no haya un solo derecho mermado. En un día no se hacen repúblicas..."

Tampoco la Madre Naturaleza se hizo en un día.

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