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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 173 | Agosto 1996
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Nicaragua

El café que sale en mula

No le conviene a Nicaragua que tantos miles de familias rurales continúen produciendo café con tantas dificultades. Apoyarlos, contar con ellos, creer en ellos: es éste un desafío para cualquiera de los candidatos.

Miguel Alemán

Recorriendo muchos lugares en el país, nos encontramos que no hay ni sucursales ni agencias de bancos. El pequeño productor no tiene dónde conseguir préstamos. Además, si va a un banco y no tiene escritura de propiedad no es sujeto de crédito. ¡Esto vamos a componerlo!" (Candidato a la Vicepresidencia de Nicaragua, al iniciar oficialmente la campaña electoral de su partido).

Después de seis años de finalizada la guerra, Nicaragua sigue siendo el país centroamericano que menos café produce, a pesar de haber gozado de una muy generosa ayuda externa, de contar con un plan nacional de renovación y recuperación del café y de contar con un abundante potencial agroecológico y con gente que sabe cómo cultivar, cómo cosechar y cómo procesar un café de calidad. ¿Tiene que ver esta contradicción con lo que señala el candidato a vicepresidente?

En Nicaragua se cultivan unas 110 mil manzanas de café. Más de dos tercios de esa superficie se encuentran en las regiones montañosas del interior del país, donde se genera el 75% del total de la producción nacional. De cada 10 manzanas de café, 7 están en fincas como la de Esteban Blandón, campesino de Jinotega que trabaja con sus tres hijos una propiedad de 40 manzanas: 3 de café, 25 de potreros -pero sólo con 2 vacas y una mula - y unas 5 de maíz y frijol para el consumo familiar y la venta. De fincas parecidas a ésta sale a lomo de mula la mitad de toda la producción cafetalera nacional, unos 300-400 mil quintales. Esa es la realidad, aunque las autoridades parecen desconocerla.

El café que sale en vehículo

No todo el café que se produce en el interior sale en mula. El café de las haciendas más grandes está ubicado en zonas de fácil acceso, comunicadas por una red muy densa de caminos de todo tiempo que conecta sus fincas con las principales ciudades del interior. La mayor parte de estas grandes haciendas no fueron afectadas por la guerra, muchas fueron confiscadas por el gobierno sandinista, que realizó en ellas cuantiosas inversiones. Algunas han sido devueltas a sus dueños y otras son hoy empresas asociativas de los trabajadores, una fórmula económica nueva. En varias de ellas, ex-funcionarios y técnicos sandinistas juegan al "socialismo científico", mientras los "obreros-empresarios" continúan trabajando como mozos y los administradores son los verdaderos dueños.

Otras de estas grandes haciendas fueron repartidas a campesinos, que las parcelaron. Algunos de sus ex-dueños recibieron bonos de indemnización. Otros, sólo promesas de indemnización. Cuando la correlación de fuerzas a nivel local así se lo permitió, algunos ex-dueños lograron desalojar a los campesinos ocupantes o acordaron con ellos el emplearlos como trabajadores asalariados. Otras haciendas cafetaleras, grandes, medianas o pequeñas, ubicadas en zonas más alejadas, fueron devueltas a sus dueños completamente destruidas y éstos han tenido que comenzar de cero en el adverso contexto económico y social de los 90.

Bancos: puertas cerradas y amarres

Este fue el caso de Esteban Blandón y el de otras 20 mil familias campesinas, al regresar en 1990 a sus fincas, arruinadas por la guerra. Seis años después, don Esteban dice: "No he podido poner la finca a tope porque las puertas de los bancos están cerradas para nosotros". En la conciencia de la población rural, tanto la de los acomodados como la de los pobres, los bancos cerrados se han convertido en el símbolo más negativo y más expresivo de la política económica que ha dominado el gobierno de Violeta Chamorro. Por eso, las promesas que don Esteban oyó el domingo pasado del candidato a vicepresidente son tentadoras y tienen gran resonancia en sus oídos.

Después de seis años, los grandes empresarios del café, más vinculados con el gobierno y representados en UNICAFE han logrado, con el apoyo del Estado y con su esfuerzo propio, renovar, recuperar y mejorar tecnológicamente sus plantaciones de café. Se espera que en los próximos cuatro años Nicaragua aumente significativamente su producción gracias a estas inversiones. Hasta 1996, unas 30 mil manzanas de café se han renovado con el apoyo financiero de la banca comercial y de la estatal. El 75% de este financiamiento fue captado por los grandes empresarios cafetaleros. Otra característica de la política económica del gobierno Chamorro: las puertas de los bancos no estuvieron cerradas para todos.

Otras 35 mil manzanas de café fueron mejoradas, recuperadas o renovadas por el esfuerzo de productores como Esteban Blandón. Para finqueros como él, uno de los grandes bloqueos para tener acceso a los programas de financiamiento han sido los paquetes tecnológicos a los que viene amarrado el financiamiento del banco. Se le exige al productor aplicar una tecnología altamente especializada, que no está al alcance de las posibilidades económicas de estas familias y que es además incompatible con otras actividades económicas que realizan.

Las plantaciones que el banco les obliga a instalar podrían en teoría rendir más de 40 quintales oro por manzana, pero sus costos son muy altos. A juicio de algunos analistas, estos paquetes tecnológicos amarrados son rezagos de la revolución verde que prevaleció en la década de los 80, basada en una extendida política de subsidios, y que al final resultó un fracaso: ocasionó enormes gastos en importaciones de insumos, mientras las exportaciones se veían afectadas por la baja de los precios internacionales.

Para los finqueros ubicados en regiones de difícil acceso por la pobre red de caminos, que no tienen apenas mulas, que padecen limitaciones para beneficiar el café una vez cosechado - carecen de despulpadoras, piletas de fermentación y canales de lavado -, instalar plantaciones de alto rendimiento significa optar por el suicidio económico.

Estas familias tienen plantaciones menos especializadas, con pocos árboles por manzana, y asocian generalmente el café con plátanos y cítricos. No logran así un salto significativo en los rendimientos por manzana -no pasan de 6 quintales por manzana-, pero trabajan según sus posibilidades de mano de obra familiar y su demanda de alimentos y responden así a la necesidad de contar con dinero en diferentes épocas del año. Por esto, decidirse por plantaciones no especializadas con bajos rendimientos no es la opción de un "indio bruto" que se opone al "desarrollo" y a los "avances tecnológicos". Es el fruto de una racionalidad muy bien pensada que resulta beneficiosa para estas familias.

¿Por qué no invertir en ellos?

No le conviene a Nicaragua que estas familias continúen sembrando café en condiciones tan adversas. La producción nacional pudo y podría ser aún mayor con políticas que fomentaran el desarrollo de la caficultura en estas fincas. Si estos productores aumentaran a 10-12 qq/mz sus rendimientos, la producción nacional podría incrementarse en casi 300 mil quintales más de café, lo que significaría, a los precios actuales, unos 27 millones de dólares adicionales por exportación. Sin olvidar que para producir un quintal de café, estas familias gastan sólo 25 dólares, mientras que las empresas más grandes requieren de más de 50 dólares para producir el mismo saco de café. Un país como Nicaragua, agobiado por el peso de una enorme deuda externa y urgido a aumentar aceleradamente sus exportaciones, no se puede dar el lujo de abandonar y desproteger a productores como don Esteban, con un potencial exportador tan grande.

Un gran atractivo para apoyar la renovación de estas fincas es que el costo de instalación de una manzana de café con un nivel tecnológico intermedio -el que a ellos conviene- es sólo la mitad de lo que cuesta instalar una manzana con tecnología especializada, casi 2 mil dólares. Para renovar unas 30 mil manzanas en estas fincas el gobierno requeriría de unos 26 millones de dólares. Para el tipo más especializado de café necesita 50 millones. La reducción de la ayuda externa es el escenario más seguro y esperado para los próximos años, lo que hace todavía más interesante el apoyo a estas familias, capaces de aportar más divisas con menores costos.

Hasta el cansancio, los nicaragüenses han escuchado del gobierno que el país debe producir más dólares y ahorrar más dólares, que el gran mal de nuestra economía es que consumimos más de lo que producimos y que por eso vivimos enjaranados con la banca internacional. Pero hasta ahora, las soluciones oficiales no pasan de correr a miles de empleados públicos y de cerrar decenas de sucursales bancarias estatales. ¿Por qué no invertir en estas familias, capaces de generar dólares a mínimos costos, según la fórmula que propone el mismo Banco Mundial?

Café "con aroma de dificultades"

En todos los países del mundo donde se produce café, cuando los precios internacionales están bajos, los productores nacionales reciben apoyo y protección de sus gobiernos. En la novela colombiana "Café con aroma de mujer" -que tan alto nivel de audiencia tuvo en Nicaragua- todos vimos cómo el gobierno colombiano subsidiaba el combate de los productores contra las plagas del café. Siendo el café un rubro tan importante, resulta de obvia racionalidad económica el proteger a los productores en las duras y en las maduras.

En Nicaragua no sucede así. A pesar de argumentos tan claros, el gobierno Chamorro no ha tenido, en sus casi siete años de gestión, ningún programa de fomento para la recuperación y desarrollo de las fincas de la pequeña y mediana empresa rural cafetalera. Sólo el 25% del crédito destinado a la inversión en cafetales ha sido captado por este tipo de familias. La situación es todavía más desfavorable con el crédito de corto plazo. Caminos rurales que ya existían en los años 70 y que constituían puntos claves para la salida del café aún no han sido reactivados. Hasta la fecha, los finqueros como don Esteban han tenido que enfrentar los bajos precios del café, del maíz y del frijol, han tenido que resignarse ante los bancos cerrados y los créditos usureros, ante la escasez de mulas y ante el mal estado de los caminos por donde sacar unos cuantos sacos a lomo de una única mula... Últimamente, es tan aguda la crisis que para comprar medicinas, ropa, comida y los insumos que necesitan para producir, han tenido que vender "de futuro" su propia producción, recibiendo un 20% menos del precio que podrían obtener si vendieran tan sólo unos meses después.

Cambiar la política económica

La falta de equidad y el contraste es mayor si se compara la situación de estos productores rurales con el de los productores de azúcar, que cuentan con empresas azucareras sostenidas y enriquecidas con el subsidio de miles de consumidores, que pagan el azúcar a un precio mayor que el internacional. Los dueños de las empresas azucareras poseen hasta bancos, y aunque cuentan con enormes recursos económicos comparados con los de don Esteban, reciben la ayuda de una política estatal orientada a protegerlos del complejo marco económico internacional.

La poca representación de las familias finqueras de la pequeña y mediana empresa rural en las cúpulas de poder las deja desvalidas y con poca incidencia en los debates de política económica. La reducción de la pobreza rural, del desempleo en el campo y el desarme de las bandas armadas dependen en gran medida de un cambio profundo de la cuestionable política económica de estos años.

No es racional ni es justo que se trate tan desigualmente a los finqueros del interior, con tan alto potencial económico para Nicaragua. Si el nuevo gobierno cambiara su visión sobre el papel productivo de la pequeña y mediana empresa rural, el café seguiría saliendo, modestamente, a lomo de mula, pero Nicaragua estaría entrando con esperanza y con pies de hierro y no de barro al próximo siglo.

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