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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 172 | Julio 1996
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El Salvador

"Estamos a oscuras y vamos a la deriva"

En el país falta luz para iluminar las verdades que no se dicen. Y falta liderazgo para decir la verdad y enrumbar a la nación, que navega como barco a la deriva. El obispo Gregorio Rosa Chávez ha hablado con lucidez y valentía sobre esta crisis.

Carta a las Iglesias UCA San Salvador

Se han cumplido ya dos años del segundo gobierno de ARENA. Ha habido muchos discursos. Se ha hablado de dos años de gobierno y también de una época que está llegando a su fin en El Salvador. Algunos dicen que esa "época" concluyó en 1992 con el fin de la guerra y el comienzo de los acuerdos de paz. No es exacto, porque la etapa de post-guerra ha estado muy ligada a la etapa de la guerra. En un momento, los acuerdos de paz parecían ser la clave para finalizar definitivamente la guerra y para enderezar el rumbo del país. Y en los últimos tres años muchos han querido interpretar el cumplimiento de estos acuerdos como termómetro.

Ha terminado un ciclo

Pero los acuerdos no son el único termómetro que sirve para medir cómo está la vida de millones de salvadoreños. Existe la sensación de que, cumplidos o no los acuerdos, algo muy importante ha terminado en el país. Después de cambios y de hechos trascendentales -toma de conciencia de las mayorías, organización popular, años de represión y de guerra, de mártires y caídos, firma de acuerdos, presencia de Naciones Unidas y muchos otros acontecimientos- crece la convicción de que ha terminado un ciclo en el que, de diversas maneras, se ha querido cambiar este país.

La raíz de la pobreza

Las últimas dos o tres décadas no han sido capaces de resolver la pobreza de una manera digna y eficaz. Lo reconocen casi todos. Tampoco se ha resuelto la raíz de la pobreza, que es la injusticia, tema del que ya casi ni se habla. Y como esta falta de soluciones persiste después de tantos años y de tantos y tan diversos intentos de solución, a la pobreza material se ha ido añadiendo la pobreza del espíritu, que no por ser menos visible es menos real. En dramáticas palabras del obispo auxiliar de San Salvador, Mons. Gregorio Rosa Chávez, en la actualidad sufrimos de dos graves males: "estamos a oscuras y vamos a la deriva". En el país falta luz y liderazgo.

El primero de junio, el Presidente Calderón Sol leyó un discurso a la nación, en ocasión del segundo aniversario de su mandato presidencial. Como siempre, no faltaron la retórica y la demagogia y se echó de menos la necesaria dosis de autocrítica que todo gobierno que se respete a sí mismo y a los ciudadanos que dice representar debería incluir en sus discursos.

También hizo falta realismo en los redactores del discurso presidencial. En el marco de un acelerado empobrecimiento del pueblo y del rebrote de prácticas terroristas en el seno de los grupos de derecha, sostener que el país avanza en el fortalecimiento de las instituciones democráticas o que existe el compromiso por parte del gobierno de fortalecer el desarrollo social son afirmaciones sin ninguna base en la realidad.

Cada vez más pobres

Siendo realistas, en los dos últimos años El Salvador ha ido a la deriva, dando giros inesperados de un lado al otro, sometido a los intereses particulares que han logrado imponerse en el seno del equipo asesor de Calderón Sol. El gobierno se ha visto sometido a las presiones de los grupos empresariales más poderosos -en fuerte pugna entre sí-, y esto se ha traducido en improvisaciones y cambios de marcha en la conducción de la economía. Y en la pugna existente entre los grupos empresariales ha predominado siempre el sector financiero que, amparándose a la sombra del Estado, ha ido dejando a la zaga a los sectores agropecuario e industrial.

Mientras los grupos financieros van devorando la economía del país, los sectores populares han resentido durante estos dos años el impacto de las medidas neoliberales que, desordenadamente, ha ido implementando el gobierno. Durante los dos años de gestión de Calderón Sol los pobres de El Salvador se han hecho más pobres. El que nace pobre sigue condenado a morir pobre. Y nuevos pobres se han sumado a los miles de salvadoreños que tienen que luchar por sobrevivir miserablemente. Las bases para alcanzar un desarrollo económico y social con equidad se hacen cada vez más remotas.

Falta visión estratégica

El desempeño político del gobierno se ha caracterizado por acentuar las tendencias y los rasgos de grave ineficiencia y de severa pérdida de legitimidad, evidenciados claramente desde su primer año de administración.

En la sección política de su discurso, Calderón Sol hizo sólo una vaga y retórica referencia al marco de transición política por el que atraviesa el país. Quiso presentar como éxitos de su gestión política un proceso que en la realidad ha sido guiado por la inercia de las reformas institucionales impulsadas por los acuerdos de paz, más que por la decidida voluntad del Ejecutivo para profundizar el marco de convivencia democrática.

La reforma política -electoral, judicial, etc.- ha registrado algunos avances importantes, en contra y a pesar de la voluntad gubernamental. Pero estos avances son todavía insuficientes para transformar verdaderamente y de manera democrática el régimen político salvadoreño. En la actual coyuntura pesa mucho ese déficit democrático, pues es el pluralismo -aún no garantizado plenamente- el que ofrecería auténticas posibilidades a soluciones eficaces y concertadas.

La principal crítica que se hace al desempeño político de la actual administración arenera es que el Ejecutivo carece de la definición de una visión estratégica de nación, desde la que establecer prioridades nacionales en lo económico, lo social y lo político y con la que diseñar los mecanismos para alcanzar esas prioridades.

Pero hacer entrar en razón a los distintos grupos de poder en torno a un programa de prioridades y metas de alcance y vocación nacional no es una empresa fácil. Lo más grave es que si el Presidente es incapaz de realizar esa tarea, otros lo harán y quizás, valiéndose de mecanismos autoritarios y excluyentes.

Lo bueno y lo malo

Según una encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la UCA, el 36.1% de los salvadoreños califica de mala o muy mala la actuación del Presidente Armando Calderón Sol en sus dos años de gestión. En la consulta se pidió a los salvadoreños que, en una escala del 0 al 10, asignaran una nota al gobierno por su trabajo en estos dos años. Los entrevistados lo calificaron con un promedio de 5.12 puntos.

Se preguntó a los ciudadanos si han notado cambios positivos en el país durante estos dos años. El 46% considera que sí ha habido cambios positivos. Los aspectos reconocidos como positivos son, entre otros: el arreglo de las calles y parques (16.7%), el cumplimiento de los acuerdos de paz (82%) y el mejoramiento en los servicios públicos (7.3%).

El 71.2% de los ciudadanos afirmó que sí ha habido cambios en el país desde que entró la actual administración, pero que éstos son negativos. Los fracasos atribuidos al gobierno en estos dos años se concentran en la situación económica y en la crisis de la seguridad ciudadana. El 28.2% piensa que el principal fallo del Ejecutivo es la inflación, el 19.4% sostiene que el gobierno no ha sido capaz de detener la delincuencia y el 10.4% que el mayor fracaso del gobierno es la falta de empleo. Aunque, en comparación con la evaluación hecha en una encuesta similar de hace un año, las opiniones parecen haber mejorado muy levemente, la valoración de conjunto sigue señalando más fracasos que éxitos.

"Lotería de la muerte"

Nuevamente, la crítica situación de las cárceles del país volvió a ser noticia, poniendo de manifiesto la necesidad de adoptar medidas urgentes para solucionarla. De lo contrario, se repetirán las escenas que hace más de dos años impactaron a la nación: personas masacradas y despedazadas entre sí, cadáveres lanzados a camiones que los conducirían a las fosas del cementerio...

Los reclusos del Penal de Santa Ana amenazaron en junio con realizar acciones de protesta por la situación en que se encuentran, destacando entre estas acciones una huelga de hambre y sobre todo, la "ruleta de la muerte": los presos hacen un sorteo diario para decidir a quién de ellos ahorcarán en señal de protesta porque no se agilizan los trámites de sus procesos judiciales ni se mejoran las condiciones en que malviven, sobre todo en lo que se refiere al hacinamiento y a la mala alimentación. La amenaza está pendiente y de ella hablan a diario, con lujo de detalles macabros, los medios de comunicación.

Los síntomas de esta grave "enfermedad" que aqueja a la sociedad salvadoreña no son nuevos. Desde hace mucho tiempo las personas privadas de libertad que saturan estos centros, mal llamados de "readaptación", realizan acciones desesperadas para atraer la atención de la sociedad. Pero nunca hay una respuesta concreta y efectiva para superar su alarmante realidad.

Varios son los males que se expresan con macabra claridad en la situación de las cárceles salvadoreñas. El gobierno no se hace cargo del problema, entre los funcionarios se culpan mutuamente y proponen salidas coyunturales e inmediatistas sin ir a las causas profundas de la crisis. O se contentan con palabras vacías: "El Ejecutivo ha creado nuevos mecanismos de cooperación inter-institucional, a fin de que el sistema nacional de justicia adquiera un mayor grado de eficiencia", dijo ya hace un año Calderón Sol.

Violencia en las cárceles

Otro mal está contenido en medidas precipitadas, y aun absurdas, que se toman. El ejemplo cumbre es la desafortunada "Ley transitoria de emergencia contra la delincuencia y el crimen organizado", solución cosmética que no va a la raíz de la problemática que expresan las cárceles, que siguen siendo importantes focos de violencia: la que viven cotidianamente los detenidos, la que ejercen los vigilantes en contra de ellos y de los familiares que los visitan, la que se produce cuando se rebelan protestando por las condiciones en que viven y la que generan al salir, desadaptados y sin oportunidades, para insertarse en una sociedad que los rechaza.

Otro mal -y bien serio- es el que provocan los medios de comunicación, que hacen un morboso negocio con la muerte y con la desesperación ajenas. La "lotería de la muerte" y el sensacionalismo con que se informa de ella son síntomas de la pendiente de deshumanización en que vive hoy la sociedad salvadoreña, acostumbrada a que cualquier barbarie sea posible... y a que todo siga igual.

Contra el aborto: no basta

En la primera quincena de junio, el obispo Gregorio Rosa Chávez expresó importantes y claras verdades sobre el país y por ello fue atacado por el Diario de Hoy. En la coyuntura de los dos años de gobierno de Calderón Sol, las palabras de Mons. Rosa han sido especialmente objetivas y críticas.

En su homilía del 2 de junio, describió la situación nacional. El Salvador es un país "que clama por el auténtico desarrollo humano al que tiene derecho. El primer derecho humano es el derecho a la vida. Pero no basta con estar en contra del aborto, porque también existe el derecho a una vida digna -es decir, a tener asegurado el pan, el trabajo, la educación, la salud, la vivienda- y el derecho a la convivencia democrática en justicia, paz y libertad". Y refutando el engaño que se suele esconder tras el lenguaje técnico, añadió que el país "espera ansioso noticias estimulantes que vayan más allá de los índices macroeconómicos".

Cualquier cosa -aun la más alucinante- puede ser normal en el país, y ahora se ha puesto de moda secuestrar a sacerdotes, pero no como antes, para intimidar políticamente a la Iglesia, sino para que las diócesis paguen rescate por ellos. Esto sucedió con el padre Cándido, secuestrado en Santiago María, Usulután. Esta fue la reflexión de Mons. Rosa:

"Quizá la formulación más acertada es la que escuché de labios de varios amigos: `Si esto pasa con los ministros de Dios, que están dedicados al servicio del pueblo, es que ya no se respeta a nadie'. Sí, la situación es muy grave, sobre todo en los departamentos de San Vicente y Usulután, donde el robo y la extorsión son el pan de cada día. Las víctimas no se atreven a denunciarlo por temor a represalias".

En el "misterio"

En la segunda semana de junio, el Diario de Hoy denunció la existencia de un supuesto plan de acciones ilegales de tipo terrorista promovido por las principales gremiales del país para impedir el proceso de privatización de empresas públicas como ANTEL. Las autoridades gubernamentales se apresuraron a dar a conocer el plan y lo denunciaron. A todo esto respondió también Mons. Rosa.

En primer lugar, opinó que "el presunto plan terrorista para impedir la privatización, del cual es acusado el sector sindicalista, es un hecho propagandístico del gobierno". Y añadió irónicamente que "si las autoridades tienen capacidad para resolver este hecho, deberían tenerla para resolver otros que afectan a la mayoría de la población".

En segundo lugar -dijo- lo que hay es temor a la verdad. "Hechos relevantes ocupan las primeras páginas de las noticias y luego desaparecen misteriosamente". Se refería a la explosión de un coche-bomba en una zona residencial exclusiva de San Salvador y a otra explosión en la aseguradora SISA, hechos no aclarados y relacionados ambos con el ex-presidente Alfredo Cristiani, ya que la primera fue cerca de su residencia y la segunda en una empresa de su propiedad.

Las fieras sueltas

Monseñor Rosa hizo también extensas declaraciones a periodistas españoles, en las que denunció varios problemas nacionales, que son de fondo:

"El espíritu de los acuerdos de paz se ha revertido ante la instalación de la violencia. Hoy todo mundo anda desconcertado porque las fieras como que se vuelven a soltar. Necesitamos llegar a compromisos básicos sobre los fundamentos con los que queremos construir un país en democracia".

"Falta coherencia para tratar los problemas reales de la sociedad por las maniobras de distracción que se están utilizando. Aunque en toda sociedad es común utilizar fenómenos de distracción, es muy peligroso la forma de hacerlo. Algo está pasando y no se ve que se quiera llegar a la verdad. Se debe llegar a la verdad, le cueste a quien le cueste y afecte a quien afecte".

"Hermanos que viven entre cuatro cartones y cuatro láminas: ésa es la situación habitacional en la que están en el país miles de salvadoreños. Es éste un drama sumamente angustioso, producto de los gobiernos carentes de políticas sociales en favor de una vivienda digna para todos".

Escuelas y no cárceles

"El cierre de varias escuelas para convertirlas en centros de reclusión es lo mas trágico y absurdo para una sociedad. Este hecho representa un fracaso en el plan de readaptación de menores en la sociedad. La acción debe ser la contraria: por cada escuela construida, una cárcel cancelada".

"En el país se está instalando nuevamente la violencia. Hay elementos que alientan la violencia, como los medios de comunicación, que exacerban la situación. Pero las raíces se encuentran también en la injusticia estructural, la corrupción, la impunidad y el encubrimiento".

"El drama de El Salvador hoy es que se vive en una especie de guerra no declarada, y aunque el país logró firmar unos acuerdos de paz, no ha conseguido la reconciliación. Hay un clima de frustración, extrema pobreza y vacío de liderazgo. Este país ha firmado la paz, pero no está reconciliado, nos encontramos en una situación de empantanamiento, sin un proyecto político y social. La aplicación estricta de una política económica neoliberal agrava aún más la pobreza".

Iglesia: falta liderazgo

En esta reunión con periodistas, que duró hora y media y en la que Mons. Rosa se centró en la situación del país, respondió también a preguntas sobre la situación de la Iglesia. Y dijo:

"En este marco la Iglesia salvadoreña ha entrado en un proceso de desaceleración y vive una noche oscura, de la que saldremos, pero no se sabe cuándo... Hay un vacío de liderazgo en la Iglesia y faltan voces que orienten al pueblo... Se está perdiendo la oportunidad de ser el referente que fuimos en el pasado ante la opinión pública".

"Al actual arzobispo de San Salvador, el español Fernando Sáenz Lacalle, le falta todavía sabor a pueblo, un baño de multitud, ver las cosas desde el lado de la gente que más sufre... El sabor a pueblo ni se improvisa ni se compra en un supermercado".

Rosa Chávez confía en un posible cambio de actitud del arzobispo, que sólo se ha movido por el ámbito universitario y por el del Opus Dei, asociación a la que pertenece.

Las declaraciones de Mons. Rosa Chávez sobre el país y la Iglesia causaron revuelo. Y el Diario de Hoy atizó el fuego para que el revuelo fuera mayor.

Dentro de su denuncia profética, Mons. Rosa apuntó también a la esperanza: "A pesar de este cuadro general negativo la situación todavía puede encauzarse, dada la riqueza humana del pueblo salvadoreño, la existencia de algunas voces en favor de los pobres dentro de la Conferencia Episcopal y dado que incluso empiezan a detectarse cambios de actitud en la sensibilidad de la clase dirigente".

"Un aspecto clave para la solución de la crisis que El Salvador atraviesa -concluyó- es comenzar a desarrollar programas de educación para la paz, no sólo en los colegios, sino una educación dirigida a la sociedad en su conjunto. Este es el camino para conseguir una verdadera reconciliación nacional".

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