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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 172 | Julio 1996
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Nicaragua

Mal alimentados y desnutridos

"Somos lo que comemos". El capital físico que tenemos -o el que nos queda- es el resultado de nuestra alimentación. En Nicaragua, los alimentos son insuficientes y son cada vez más caros.

Elliett Marín y Vera Amanda Solís

Asegurar que toda la población de un país tenga acceso estable, tanto físico como económico, a sus necesidades alimentarias básicas: ésta es la definición que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) hace de la seguridad alimentaria. Esto significa que el país debe de tener suficiente oferta de alimentos, estabilidad en los flujos de estos alimentos y en sus precios y acceso seguro de todos sus habitantes a los alimentos.

La situación de seguridad alimentaria la mide la FAO de acuerdo al Indice Global de Seguridad Alimentaria Familiar, cuyos valores van de 0 a 100. El 0 corresponde al hambre endémica y el 100 a una seguridad alimentaria completa. Un valor menor de 65 refleja niveles críticos en la situación alimentaria. En 1991-93 Nicaragua aparece clasificada con 64. Se encuentra, pues, en una situación de inseguridad alimentaria y por esto, de inseguridad nutricional.

Alimentos insuficientes e inadecuados

Una oferta suficiente de alimentos significa alimentos en cantidad tal que satisfagan las necesidades alimentarias básicas, tanto de la demanda efectiva -quienes pueden comprarlos-, como de quienes por problemas de ingreso no pueden.

Existe una norma: la recomendación que de cada alimento se calcula como necesaria, por persona y por año, para satisfacer las necesidades alimentarias básicas. Según datos del Programa Alimentario Nicaragüense, en 6 de los 11 productos que conforman la canasta alimentaria básica de Nicaragua, la oferta a lo largo de 1990-95 ha sido insuficiente en maíz, harina de trigo, frijol, aceite, leche y huevos. También la oferta de carne de cerdo fue menor que la norma, excepto en 1991. La oferta de arroz superó la norma, excepto en 1992, pero entre el 20% y el 30% de este arroz fue importado. La carne de res estuvo disponible en cantidades suficientes. Pero esas cantidades fueron disminuyendo año con año, hasta ser insuficiente la disponibilidad en 1995. La carne de pollo, por el contrario, creció sostenidamente a partir de 1991. Aunque en los primeros años del quinquenio la oferta de azúcar fue menor que la norma, a partir de 1993 creció (cuadro 1).

En Nicaragua, los alimentos básicos no son suficientes. Este nivel de insuficiencia se profundiza aún más por las exportaciones de alimentos que el país realiza. En 1994 se exportó 14.5 veces más arroz, 16.6 veces más maíz y 3.4 veces más frijoles que en 1993. Aunque en 1995 las cantidades exportadas de estos tres productos básicos no fueron tan elevadas como en 1994, sí se vendieron al exterior más cantidades de azúcar, frijol y carne de res (cuadro 2).

La insuficiencia en la oferta de alimentos, sumada a las altas cantidades de alimentos que exportamos, mantienen la insuficiente alimentación de los nicaragüenses. Además, las calorías y proteínas necesarias para la vida que reciben los nicaragüenses presentan altibajos. Para mantener un buen estado nutricional se recomiendan 2,155 calorías y 55 gramos de proteína diarios. En ningún año del quinquenio 90-95 el nivel de calorías y proteínas disponibles tuvieron una adecuación suficiente (cuadro 3).

Alimentos más caros

La insuficiente producción de alimentos y las exportaciones de alimentos -especialmente de granos básicos- son causas, entre otras, de la falta de estabilidad en el suministro de alimentos para el consumo. Otra causa es la insuficiente capacidad de almacenamiento con que cuenta Nicaragua. A nivel nacional existen 119 instalaciones -incluyen silos para granos básicos, bodegas y trillos- de la Empresa Nicaragüense de Alimentos Básicos (ENABAS), con una capacidad de 159.9 miles de toneladas métricas. El 43.2% de estas estructuras está concentrado en la Región III (Managua) y las restantes están dispersas por todo el país.

Otra causa que influye en el inestable suministro e inestable precio de los alimentos es la comercialización. Hasta antes de 1990 el Estado intervenía en el mercado de granos básicos para mantener estables los precios y favorecer a los grupos de población de más bajos ingresos. Pero desde 1990 se inició la privatización de ENABAS -diseñada para concluir en 1996-, quedando prácticamente todas las operaciones de comercialización de los granos básicos en manos del sector privado. Por razones de "rentabilidad", los productos básicos no llegan ya a muchos lugares alejados y se han encarecido.

El costo de la canasta de alimentos básicos se ha incrementado: era de 122.9 córdobas en 1991 y fue de 187.5 córdobas en 1995. A la par, el ingreso per cápita del 50% de la población de menores ingresos se redujo: en 1991 era de 43.8 córdobas mensuales en el área rural y de 77.6 córdobas en la urbana. En 1995 estos ya pobrísimos ingresos se habían reducido aún más: 37.5 córdobas en el campo y 62.6 en la ciudad.

La falta de estabilidad en la disponibilidad o consumo y en el precio de los alimentos no sólo afecta a los granos básicos. También a los alimentos provenientes del mar y a las verduras y frutas. Todos ellos son productos que se deterioran rápidamente y Nicaragua no cuenta con una tecnología apropiada de manejo post-captura y post-cosecha que permita que el pescado, las verduras y las frutas lleguen a lo largo de todo el año a todo el país y a precios estables.



Alimentación dependiente del exterior

El grado de autonomía o de autosuficiencia alimentaria es un indicador del peso relativo de las importaciones sobre el consumo interno. Se define como baja una dependencia inferior al 10%, alta si está entre 20-30% y crítica si va más allá. Nicaragua tiene baja o ninguna dependencia alimentaria de maíz, frijol, azúcar, carne de res, cerdo, pollo y huevo. Tiene alta dependencia alimentaria de arroz y de leche y una crítica dependencia de aceite, y de trigo para la elaboración de pan (cuadro 4).

Si en ningún año del quinquenio se logró llegar a las 2,155 calorías por día, que es lo recomendado para Nicaragua, el panorama se agrava al constatar que el origen de las calorías disponibles no es totalmente nacional. Aunque se ha reducido el porcentaje de dependencia externa -en 1991 fue de 37.4% y en 1995 se redujo a 30.4%-, se trata aún de una alta dependencia. Esta situación nos hace vulnerables: para alimentar en lo básico a la población nicaragüense se requiere de la ayuda externa a través de donaciones o de transacciones comerciales.

Niños y mujeres mal nutridos

A la situación de inseguridad alimentaria hay que sumar que la mayoría de los nicaragüenses eligen, compran, preparan y consumen los alimentos de forma no adecuada, por falta de información o por la práctica de una arraigada cultura tradicional. La consecuencia es la inseguridad nutricional en que están viviendo los nicaragüenses.

En la última Encuesta Antropométrica realizada por el Ministerio de Salud en 1989 -no hubo más encuestas desde entonces- entre escolares de 6 a 14 años, las prevalencias de peso bajo para la edad, de talla baja para la edad y de peso bajo para la talla alcanzaron al 10.9%, al 18.7% y al 2.3%, respectivamente de los encuestados. La prevalencia de retardo en talla fue de 24.8%. Si se compara este resultado con el del censo nacional de talla que se realizó entre escolares de 6 a 9 años en 1986 -fue de 23.9%-, se aprecia que, de acuerdo al indicador Talla para la Edad, la prevalencia de retardo en crecimiento (moderado + severo) se mantiene a nivel nacional para todas las edades. Esto indica que una cuarta parte de los niños y niñas que asistían a la escuela en ambos períodos había dejado de crecer en algún momento por estar subalimentados durante un tiempo prolongado. Lo más probable es que en 1996 ésta siga siendo la tendencia o que haya empeorado, dado el deterioro generalizado del nivel de vida en estos difíciles años.

Esta realidad poco alentadora hay que complementarla con información sobre otras deficiencias nutricionales. Según la Encuesta Nacional de Micronutrientes (1993), 2 de cada 3 niños de 12 a 59 meses de edad sufre de anemia por deficiencia de hierro. En la mayoría de los casos, la deficiencia es de moderada a severa. Además, una de cada 3 mujeres adultas padece de anemia por un consumo deficiente de alimentos ricos en hierro o por pérdidas de hierro no compensadas con una buena alimentación.

El mismo estudio encontró que el 67% de los niños y mujeres adultas presentaba deficiencias leves, moderadas o severas de vitamina A. Como una de las consecuencias graves de las carencias de esta vitamina es la ceguera irreversible, éste es uno de los más serios problemas de salud pública que hoy enfrenta nuestro país. La situación es especialmente alarmante entre los niños y las mujeres pobres del campo.

Otra manifestación de la crisis nutricional es el bajo peso de los niños al nacer, considerado como un indicador indirecto del estado nutricional de las mujeres embarazadas. Según datos del Ministerio de Salud (1995), del total de nacidos vivos, un 8.8% nace con un peso menor de 5.5 libras. La mortalidad materna es de 15 por cada 10 mil nacimientos vivos. En muchos casos, las mujeres mueren al dar a luz por estar desnutridas. Esta debilidad complica su trabajo de parto.

La tasa de mortalidad infantil en 1995 era alta: 50 por cada mil nacidos vivos. Las causas fundamentales de muerte fueron enfermedades prevenibles: diarrea y otras enfermedades intestinales, desarrollo fetal retrasado, nacimiento prematuro, malnutrición y enfermedades respiratorias. La desnutrición es en un 70% una causa asociada a las muertes infantiles en los hospitales. Probablemente esta cifra es más alta, teniendo en cuenta que no todas las muertes son reportadas como asociadas a la desnutrición.

Varios factores agravan la situación de un pueblo mal alimentado y desnutrido: el crecimiento demográfico y la hiper-urbanización, el deterioro del medio ambiente y la pobreza y el desempleo.








Crece la población y las ciudades

Nicaragua tiene una tasa de crecimiento demográfico de 2.9% annual, una de las más altas de América Latina. En 1971, los nicaragüenses éramos 2.1 millones. En 1995 somos 4.2 millones. La población se duplicó en 24 años.

El nivel promedio de fecundidad es de 5.5 hijos por mujer. En el área urbana, 4.6 hijos por mujer y en zonas rurales, 7.6 hijos por mujer. Esta realidad hace que Nicaragua sea un país de niños: casi la mitad de los nicaragüenses, el 44.6%, tiene menos de 15 años.

Cada año nacen 140 mil niños y niñas. El 45% demanda atención hospitalaria. 40 mil jóvenes demandan cada año trabajo y 25 mil nuevas familias demandan anualmente vivienda, alimentos, agua potable, educación y salud.

Entre 1970 y 1990 Nicaragua vivió un acelerado proceso de hiper-urbanización: la población de las ciudades creció en un 50%. En Managua se concentra hoy el 33% de toda la población del país.


Grave crisis ecológica

Un aspecto importante a tener en cuenta es que, al ser la población rural muy joven, la presión sobre la tierra crecerá en los próximos años. Cuando estos jóvenes sean adultos tratarán de obtener tierras a costa de la destrucción del bosque tropical o seguirán emigrando a la ciudad, sumándose al enjambre de pobres urbanos. Es muy grave este giro: los tradicionales productores de alimentos se están convirtiendo masivamente en consumidores de alimentos.

La deforestación y el mal uso de la tierra han traído como consecuencia que 15 mil kms. Cuadrados de tierras del Pacífico -donde están los suelos de mayor vocación agrícola de Nicaragua- estén afectados por la erosión. Esto repercute directamente sobre la capacidad de producción de alimentos del país.

La tala de los bosques y la contaminación de las fuentes de agua ha afectado la calidad y cantidad de las aguas superficiales y hoy están en proceso de "enfermedad" y "muerte" 38 ríos, 2 lagos y 6 lagunas.

Asimismo, el uso inadecuado y la explotación de los recursos naturales ha traído como consecuencia que las especies vegetales y animales de valor comercial de las zona central y del Pacífico estén en serio peligro de extinción.

Gravísimo es el hecho de que aproximadamente el 30% del territorio nacional esté hoy en manos de extranjeros, principalmente a través de concesiones para explotar nuestros recursos mineros. ¿Llegará a tiempo la nueva Ley del Medio Ambiente -y sobre todo, su normativa, aún pendiente- para frenar la explotación irracional de los recursos mineros y la destrucción de los ecosistemas donde están ubicados?



Cada vez más empobrecidos

Un 50% de los nicaragüenses viven hoy por debajo de la línea de pobreza y el 20% malvive por debajo de la línea de extrema pobreza. Esto significa que no obtienen siquiera los requerimientos calóricos diarios mínimos para poder sobrevivir.

Según estudios del Banco Mundial, la pobreza afecta principalmente las zonas rurales. El 75% de los habitantes del campo viven en la pobreza. En las zonas urbanas este índice es menor: 32%. La extrema pobreza está también concentrada en el campo: el 78% de quienes viven en extrema pobreza habita en zonas rurales.

Esto significa que el sector agrícola es el más afectado por el creciente empobrecimiento. El 75% de los pobres obtienen la mayoría de sus ingresos de la agricultura. Los pequeños productores de granos básicos están considerados como los más pobres entre los pobres.

Una de las causas de tanta pobreza es la falta de empleo y principalmente el subempleo, que en los últimos cuatro años alcanzó al 42.3% de la población económicamente activa. Entre los más afectados por el desempleo y el subempleo están los pobladores de los barrios marginales de las ciudades del occidente y sur del país y de Managua y quienes viven en áreas rurales.

Otros datos de 1995 son reveladores. El 70% de los nicaragüenses no satisface sus necesidades básicas de alimentación, vivienda, vestido, salud y educación. El 34.4% de la población vive en hacinamiento. El 22% no tiene acceso a agua potable. El 80% de los pobres rurales no tiene agua ni dentro ni fuera de su vivienda. Entre el 20 y el 30% no tiene acceso a la energía eléctrica. El 70% no tiene servicios de alcantarillado. El déficit de viviendas es de 20 mil cada año.

Entre 1985 y 1990, el 18.8% de los niños nicaragüenses no fue a la escuela. La educación secundaria sólo llega hoy al 13% de los jóvenes de esa edad. La tasa de analfabetismo se elevó al 24%. El 41% de la población adulta no tiene aprobada la primaria, lo que reduce sus oportunidades de encontrar un trabajo y un mejor salario.

Somos lo que comemos

La construcción de la seguridad alimentaria y nutricional en Nicaragua se debe basar en el fomento de la producción interna de alimentos, en especial en la época seca y en las zonas de secano, sin descuidar las zonas de riego. También en el mejoramiento de las actividades de acopio y almacenamiento, en el aumento de la productividad de la agroindustria y en la eficiencia de la comercialización. Debe mejorarse la asistencia técnica a los pequeños y medianos productores para que puedan incrementar la producción y disminuir las pérdidas post-cosecha y debe lograrse que la transferencia de tecnología se realice de acuerdo a necesidades nacionales y locales. Y todas las acciones deben estar dirigidas a mejorar los niveles nutricionales de la población de bajos ingresos, en especial en las zonas rurales y urbano-marginales.

El desafío es descomunal. De no afrontarlo, el futuro está perdido. "Somos lo que comemos". Si comemos poco y comemos mal, ¿qué seremos en el siglo que viene?

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