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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 171 | Junio 1996
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Nicaragua

¿Ya está rayado el cuadro?

Los políticos parecen tener rayado su cuadro. Una buena parte del electorado no lo ha hecho aún. El papel de los grupos cívicos y el control directo de los ciudadanos a nivel territorial se vuelve clave para el aún incierto proceso electoral.

Equipo Nitlápan-Envío

En mayo se cerró el plazo para la inscripción de alianzas electorales, partidos y candidatos que participarán en los comicios de octubre. En los días previos, la efervescencia del cabildeo electoral alcanzó su punto máximo... hasta el momento. Se deshicieron partidos, otras fuerzas se escindieron, algunos lograron reunirse y formar alianzas más o menos sorprendentes, mientras que otros corrían por los extremos del espectro político buscando infructuosamente a partidos, afines o no, que al menos no los rechazaran.

Electorado: escéptico y expectante

Toda esa ebullición ya es historia. Vencidos los plazos, los alineamientos partidarios resultantes, para bien o para mal, son los que competirán en los próximos comicios electorales. Y a pesar de que el cuadro de partidos y alianzas resultante continúa siendo muy amplio, abigarrado y confuso, persiste una clara tendencia a la polarización de la campaña electoral entre las dos fuerzas con mayor intención de voto entre el electorado: los liberales y los sandinistas. La contienda

se avizora con un alto grado de rivalidad entre estos dos principales participantes, que "obligan" a los demás contendientes a definiciones tajantes. La lógica del "estás conmigo o contra mí" se ha reforzado, pese a las permanentes declaraciones de estabilidad y reconciliación que todos emplean. Como sea, los políticos ya rayaron su cuadro y en los próximos meses tratarón de convencer al electorado de las bondades de sus ofertas.

Es el electorado quien no tiene su cuadro completamente rayado. A pesar de que las dos principales fuerzas contendientes cuentan con un 50-70% de la intención de voto que se expresa ya definida en las encuestas y que el resto de partidos menores puntean en conjunto una intención de voto que va del 10 al 15%, en todos los sondeos aparece siempre un fluctuante caudal de indecisos que oscila entre el 15 y el 40%, que no expresa su intención de voto, lo que mantiene incierto el desenlace electoral.

A la par de la polarización de las dos principales opciones electorales, es evidente que coexiste en el electorado, tanto entre la minoría pudiente como entre los sectores populares, una actitud recelosa ante la clase política y ante sus opciones de gobierno. No es extraña esta actitud en una población que aunque no lo ha visto todo, sí ha visto suficiente como para alimentar su desengaño político. Con una institucionalidad democrática endeble, un sistema político y judicial minado por la corrupción y el enriquecimiento meteórico de los funcionarios públicos de alto nivel, el escepticismo popular está más que justificado.

En estas circunstancias, quedan aún muchas preguntas al margen del cuadro ya rayado. ¿Cuál sería la naturaleza de un arreglo entre las fuerzas políticas? ¿Cuáles son las estrategias en conflicto? ¿Son altas las posibilidades para una segunda vuelta electoral en la elección presidencial? ¿Logrará mantener el empresariado bajo control las diversas opciones electorales o se conformará con la tradicional relación indirecta de influencia? Y los sectores populares, ¿empujarán el cambio o se conformarán con contemplar el quehacer de los políticos?

Pesados, pesos mosca y sin peso

El cuadro electoral "rayado" presenta 5 alianzas y 19 partidos que compiten solos. Si se les clasifica por la intención de voto del electorado, las fuerzas políticas pueden clasificarse en "pesos pesados": Alianza Liberal y FSLN, por contar con intenciones de voto superiores al 20% del electorado, "pesos mosca": para el amplio rango de fuerzas y agrupaciones que cuentan con una intención de voto que va del 1 al 10%, y los "sin peso", con menos de un 1% de la intención de voto.

De las cinco alianzas, la única que es "peso pesado" es la liberal, con un oscilante 30-40% de la intención de voto declarada. La alianza la conforman 4 partidos, de los cuales el pivote es el PLC de Arnoldo Alemán, que ha mantenido la línea de "yo al frente, los demás detrás de mí", desgastando así a cualquier posible aliado y provocando escisiones internas al exigir adhesiones incondicionales. A esta alianza se le han sumado fracciones de partidos y una miríada de adhesiones individuales, ansiosas de aliarse con quien ven ya como seguro ganador en octubre. Los que han razonado más su adhesión a la Alianza han sido los de la fracción del PNC encabezada por Castillo Osejo. Se aliaron a los liberales - dicen en una Declaración pública- "preocupados por la dispersión del voto democrático, producto de la proliferación de candidaturas, que podría poner en peligro los importantes logros alcanzados..."

Alianza Liberal: "arrasar"

La Alianza Liberal apuesta a ganar el Ejecutivo en primera vuelta, para lo que necesita el voto del 45% del electorado. El 14 de mayo, al recibir la adhesión del sector del PLI que lidera Wilfredo Navarro, Alemán afirmó en un encendido discurso: "No sólo vamos a ganar en la primera vuelta, ¡vamos a arrasar en el Ejecutivo, en el Parlamento y en las Alcaldías!". La propuesta de cambio de un triunfo "arrasador" de la Alianza está teñida de un antisandinismo visceral, atemperado pragmáticamente para no sobresaltar más el desarrollo del proceso electoral ni reforzar la imagen de desestabilizadores que han promovido sus adversarios, que son prácticamente todos los demás partidos, aunque deleguen esa bandera en el FSLN.

Aunque los liberales de Alemán son claramente una fuerza de derecha, la raigambre popular de sus bases no los hace confiables a la oligarquía financiera y comercial del país, tan divorciada del pueblo. La base de apoyo de los liberales es amplia entre sectores medios y profesionales. Ensombrece radicalmente a la Alianza su asociación con el capital nicaragüense de Miami, en gran parte de origen somocista, y con el aún más poderoso y turbio capital cubano-americano de Florida.

La estrategia electoral de Alemán tiene un canal abierto hacia el empresariado nacional, por lo que escogió como candidato a la Vicepresidencia al conocido empresario y ex-presidente del COSEP, el conservador Enrique Churruco Bolaños. Mas sintomático es que tanto Bolaños como el jefe de campaña de la Alianza Liberal, Jaime Morales Carazo, fueron afectados en sus bienes y haberes por el gobierno sandinista. Es simbólico que la casa que habita el candidato presidencial del FSLN, Daniel Ortega, esté bajo reclamo de la esposa de Morales Carazo, su ex-dueño.

La promesa del "castigo"

Es éste un claro mensaje para la cúpula del FSLN: habrá castigo para quienes no tengan en regla sus propiedades o hayan cometido ostentosos abusos. En gran medida, la promesa explícita o implícita de "castigo" es un poderoso cemento que cohesiona a la base antisandinista del liberalismo alemanista.

Pero esto, que constituye una fuerza interna para los liberales, es lo que preocupa más a un empresariado que ha sido beneficiado por el co-gobierno de estos años y por las alianzas entre el nuevo capital sandinista y el nuevo capital de los lacayistas. No sólo el nuevo capital se vería muy afectado con una nueva pugna política que intentara revertir todo lo actuado en los últimos seis años, sino que para el resto de sectores del empresariado el actual objetivo no es revertir nada sino hacer más pareja la distribución de los beneficios entre todos ellos. Por esto, el capital tradicional, que tanto ha enarbolado el discurso de la reconciliación, lo que desea es un buen arreglo que no trastoque exageradamente el actual estado de cosas. En este sentido, la promesa de "castigo" y el discurso de cambio radical que el alemanismo ha sostenido en todos los tonos, es percibido por muchos sectores empresariales como la mayor amenaza de inestabilidad que hoy tienen ante sí porque terminaría afectando sus intereses.

Obviamente, esta amenaza no es una mera presunción, en tanto el nuevo capital crecido a la sombra de la maquinaria política del FSLN mantiene un permanente chantaje sobre la estabilidad política del país a cambio de que no toquen los privilegios, los espacios de influencia y los bienes de sus dirigentes.

FSLN: solo y con fuerza

El FSLN es el otro "peso pesado" del escenario político, con una intención de voto entre 20-30%, en leve ascenso. El FSLN va solo a los comicios electorales. El FSLN, que protagonizó la insurrección antisomocista y hegemonizó una revolución que tantas esperanzas generó en el mundo, ha ido mutándose, en amplios sectores de su dirigencia, en una nueva agrupación empresarial. Dentro de la estrategia orientada a ampliar su base electoral y sobre todo orientada a reforzar una nueva imagen de estabilidad, el FSLN optó por un candidato a Vicepresidente elegido entre los productores del COSEP, el ganadero Juan Manuel Caldera, confiscado a inicios de la revolución.

El FSLN ha planteado un programa "productivista" de reactivación, tratando de capitalizar el descontento de los productores agropecuarios, especialmente de los morosos y de los excluidos del crédito. Entre sus opciones, es clara la de los sectores empresariales "en apuros", donde identifica una cantera de votos inexplotada. En los años 80, el FSLN mantuvo la estrategia de "comprar" el favor político de los empresarios "chapiollos" a cambio de exenciones y privilegios de política económica. Por esta razón, el FSLN no hizo a fondo una reforma agraria a favor de los campesinos, pero sí trató de ganarse a finqueros y grandes productores con una políticas de crédito "barato" y de condonaciones recurrentes de las carteras de crédito en mora. Superadas formalmente las discusiones internas en el FSLN, que tuvieron su más alta expresión en la "derrota" interna de la defensora de los derechos humanos Vilma Núñez, que representaba las aspiraciones de amplios sectores sandinistas que buscan un cambio, de realidad y de imagen, en el partido rojinegro y una vuelta a aquella mística original que tanto respeto infundió en generaciones de luchadores antisomocistas, el FSLN orienta hoy toda su poderosa maquinaria a las elecciones. Cuenta para ello con importantísimos medios de comunicación social escritos, radiales y televisivos.

Como organización, el FSLN ha invertido buena parte de sus fuerzas en estos años en mantener cohesionada a su base social, pese a los cambios en la naturaleza y orientación de su dirección política, que necesita aún de la experimentada maquinaria política y organizativa del sandinismo para mantener importantes cuotas de poder en el tablero político. Las actuales movidas electorales del FSLN son erráticas y efectistas, por lo que no es una fuerza suficientemente confiable para el gran capital.

Indiscutiblemente, lo que de rivalidad, lucha, creatividad, improvisación y polémica contiene toda campaña electoral y el formidable enemigo que en Alemán tiene ante sí el FSLN, serán elementos dinamizadores y cohesionadores de las bases populares del sandinismo, sufridas y comprometidas, capaces de garantizar reconciliación y estabilidad y que conservan aún sinceras expectativas en sus dirigentes históricos. Esta gente, que es mucha gente, es sin duda una de las reservas morales de mayor peso con las que cuenta hoy Nicaragua.

MRS, PRONAL, PNC

El resto de fuerzas políticas mantiene la atomización inicial, a pesar de que se crearon 4 alianzas partidarias además de la Liberal. Estas alianzas agrupan a partidos que se dicen centristas o que son de derecha. Los partidos restantes, repartidos ente "pesos mosca" y "sin peso", se presentan por su cuenta a los próximos comicios electorales. Pese a la escasa intención de votos con la que cuentan, algunos de estos partidos tienen presencia organizativa y estructura a nivel nacional en diversos grados.

Existen tres "pesos mosca" que, por su estilo y presencia organizativa a nivel nacional, merecen ser mencionados: los sandinistas del MRS, los "matraqueros" del oficialista PRONAL de Lacayo y los conservadores (PNC) de Noel Vidaurre. Estas agrupaciones han demostrado estar bien estructuradas a nivel nacional, inscribiendo fiscales en casi la totalidad de las Juntas Receptoras de Votos y manteniendo una regular actividad electoral en la mayoría de los municipios del país. Sin embargo, la intención de voto que les es favorable oscila entre el 2 y el 4%. Por su historia tan disímil, era excesivamente difícil concebir una posible alianza entre los "pesos mosca", cuya sobrevivencia política depende en gran medida de los resultados que obtengan en las elecciones.

Adiós al "centro"

La posibilidad de una gran alianza de "centro", se desvaneció, lo que a pesar de todas las razones obvias no deja de constituir un enigma. Es obvio que ninguno de los partidos que no son el FSLN o la Alianza Liberal, aún los mejor organizados, tienen por sí mismos ninguna oportunidad real en las elecciones. Hasta podrían desaparecer si no obtienen determinada cantidad de votos.

Las grandes diferencias de intereses y el personalismo de varios de sus líderes malograron la posibilidad de una amplia alianza con evidentes mayores posibilidades. La razón más de fondo de su incapacidad para la unión es que las alianzas viables se debaten ante el dilema de una orientación continuista-estabilizadora o de ruptura-cambio.

Una alianza "sin principios", basada puramente en la estructuración de un "centro", era una quimera. No porque la falta de principios incomodara a muchos de los participantes, sino porque ninguno representa realmente a un sector de envergadura nacional. Sin representatividad y sin un candidato con carisma suficiente como para convencer al resto de candidatos que atraería a muchos electores, el proyecto del "centro" tampoco tuvo el apoyo del empresariado. Menos lo tuvo de los sectores populares, para los cuales el "esfuerzo" pasó desapercibido.

Con el fracaso del "centro", se anuló la posibilidad de construir una opción estabilizadora y continuista, potable para el gran capital nacional y foráneo. En su momento, y con ciertas posibilidades, el oficialista PRONAL de Lacayo y Arriba Nicaragua -ahora muerto, aunque "resucitado como Lázaro", según su líder Alvaro Robelo- trataron de erigirse en las opciones de centro con mayor apoyo empresarial.

PRONAL y Arriba Nicaragua

Lacayo y Robelo se lanzaron solos a la aventura del "centro". El PRONAL, partiendo de la base de capital que le daban sus influencias en el actual gobierno. Arriba Nicaragua, a partir de los nexos con capitales foráneos, algunos de dudosa procedencia. Ambas fuerzas políticas llegaron a puntear niveles de intención de voto del 2 al 4%. Ahora el apoyo que tienen parece menor.

El PRONAL se quemó por la terquedad de Lacayo en postularse como candidato presidencial, pese a las inhibiciones constitucionales en su contra. También adolece Lacayo de un débil apoyo de los funcionarios de una administración ya saliente donde casi todos andan buscando cómo "posicionarse" para cuando "cambien las cosas" a partir del 97.

En el caso de Arriba Nicaragua, el escándalo internacional que involucra a su candidato presidencial Alvaro Robelo, dio pie a que éste fuera purgado de su propio partido, el cual terminó desapareciendo, cuando ya su excelente propaganda le había creado una imagen atractiva. ¿Qué pasará con él? El "misterio" que rodea a este empresario-político-diplomático-banquero se revistió de tintes cada vez más "religiosos" a partir de la crisis de mayo: "He salido adelante (de esa crisis) y es algo casi milagroso y profético. Siento que alguien me guía, que soy un misionero que tiene la misión de redimir al pueblo..."

A estas alturas, ni Lacayo ni Robelo parecen ser quienes garantizarán una continuidad básica del modelo de acumulación inaugurado en los 90. Robelo expresó con más claridad que ninguno de los candidatos la necesidad de afianzar los intereses del gran capital internacional, sin excluir al resto de sectores del empresariado y prometiendo una política social compensatoria más efectiva que la actual. La fórmula de Lacayo era más débil y mucho menos convincente, especialmente porque su propia persona representa el continuismo de la exclusión, del arribismo y de los privilegios siempre discrecionales de un sector del gran capital, el nuevo y el tradicional.

Robelo expresaba el anhelo de buena parte del empresariado y de amplios sectores populares de atenuar los conflictos para permitir que la economía tenga un prudencial margen de recuperación. Esto implica una política más integradora y de mayor sensibilidad social, que comparta los beneficios entre más sectores. En cierto sentido varias iniciativas -"Compromiso por Nicaragua", "Agenda Mínima", etc.- y las posiciones públicas de los obispos de la Iglesia Católica, reflejan esta conciencia generalizada de la necesidad que tiene hoy Nicaragua de pasar de un capitalismo salvaje y depredador a un capitalismo con rostro humano y cristiano, que afiance sólidamente los derechos de propiedad y garantice a todas las condiciones de un mercado realmente democrático donde florezcan las iniciativas priva- das de todos los que hoy han sido privados de oportunidades.

Menú de "derechas"

Con algunas minúsculas opciones de "izquierda", la opción real que se ofrece al electorado nicaragüense se mueve del "centro" a la derecha. Las opciones autodenominadas de "centro", junto con los micro-partidos de "izquierda", no acumulan más allá del 6-7% de la intención de voto del electorado. Todas estas fuerzas, a excepción del MRS, tienen estructuras organizativas muy locales, con mayor presencia en la capital, como la Alianza Unidad, o en zonas rurales específicas, como el Partido de Justicia Nacional.

La mayoría de las fuerzas se ubican en realidad en una opción que va desde el centro-derecha hasta la derecha sin discusiones. Excepto el FSLN, ninguna de las restantes fuerzas de este grupo tiene presencia nacional, y dos de ellas son organizaciones "virtuales", que viven en las imágenes de los medios, como es el caso de la Alianza Nicaragüense de Alvaro Robelo (exitosa campaña radial y televisiva entre enero y abril) y el PUL de Haroldo Montealegre (diario La Tribuna). Es notorio el vínculo con la banca comercial que varias de las agrupaciones políticas tienen -PUL con el Banco Mercantil, PAN y Fuerza con el Banco del Café, las mas obvias- sin que esto los haya conducido a una convergencia de intereses. Probablemente, el personalismo y los problemas asociados con la probidad de las fuentes de financiamiento de los fondos electorales han contribuido también a distanciar a estos y a otros partidos.

Los dilemas del empresariado

Las principales fuerzas políticas del país, han cortejado con mayor o menor éxito al empresariado, tratando de llevar a empresarios no-políticos en sus fórmulas presidenciales. La consigna parece ser: A sus órdenes, Don Capital. Más que indicar esto un vuelco del empresariado hacia la política -como lo interpretan algunos -, las incursiones de éste en la política se deben a que el empresariado no encuentra una representación adecuada de sus intereses en el actual sistema partidario y a que las actuales opciones le resultan poco confiables.

A falta de buenos representantes, algunos empresarios han aceptado acompañar como candidatos a Vicepresidente algunas fórmulas electorales: FSLN, UNO 96, PRONAL, Alianza Nicaragüense. El objetivo sería "influir más directamente las políticas económicas". Obviamente, el sector empresarial ha sido muy beneficiado con el actual esquema de políticas económicas y buscaría darles continuidad. Pero los claros beneficios obtenidos por el empresariado en la actual administración no han sido muy parejos ni se han dado dentro del diseño de una clara política para el empresariado en su conjunto. Ha sido una fracción muy privilegiada de la banca y del capital comercial-industrial la que se ha beneficiado a fondo durante estos años porque existe un Estado que se concibe como un botín que usufructúa la fuerza política que logra acceder a su control.

Mientras esta situación perdure, el empresariado en su conjunto - aunque algunas fracciones o miembros se beneficien de esa situación - no podrá estar seguro de que los actuales beneficios serán suficientes ni de que perdurarán. La conciencia de que al período de ganancias extraordinarias se le debe poner ya un punto final y que debe ser limitado, de modo que se establezcan reglas del juego más parejas para las diferentes fracciones del capital local, se ha generalizado. Alcanzar este objetivo es lo que posibilitará el afianzamiento viable y estable del dominio empresarial. Las fracciones más voraces y desleales del empresariado político, deben ser contenidas y disciplinadas a la lógica del capital mediante una clara política estatal. El Estado-botín tiene que desaparecer y dar paso a un Estado de Derecho que permita la estabilidad y las reglas del juego.

El "ajuste" los afectaría

Del lado de los organismos financieros internacionales, la postura que han mantenido durante estos años -hacerse de la vista gorda ante el deficiente desempeño de los programas de ayuda y préstamos concesionales- tampoco puede prolongarse. Ante la ineficacia gubernamental en aplicar medidas de ajuste estructural y crear condiciones de mercado, estos organismos internacionales han mantenido la ayuda a regañadientes por criterios políticos. Pero esperan un cambio de conducta del próximo gobierno, al cual le aplicarán los rigores que le ahorraron al gobierno Chamorro.

Una aplicación medianamente básica de los programas de ajuste implica de entrada una limitación seria a la corrupción en el aparato estatal y el sometimiento a la apertura comercial a grandes empresas como el ron Flor de Caña, las cervezas Toña y Victoria y las lecherías industriales. Implica una simplificación del sistema de impuestos y una mejora del tipo de cambio real. El camino de una reforma implica muchos costos para estos sectores, en materia fiscal y arancelaria y en la facilidad de acceso a los mecanismos de poder. En pocas palabras, la base de privilegios de la fracción más depredadora del nuevo y viejo capital, se vería alterada tarde o temprano con un verdadero programa de ajuste estructural. El problema radica en que todos quieren que las cosas mejoren, pero nadie quiere hacer sacrificios para que eso ocurra. Sólo se alienta a los demás a efectuar estos sacrificios, pero nadie toma la iniciativa por cuenta propia.

Capital: ganadores y niveladores

Todo esto explica que en las filas del empresariado -con intereses muy encontrados entre los privilegiados y ganadores de la actual administración y los "niveladores", que buscan una mayor paridad y estabilidad al dominio del capital en su conjunto- no exista un acuerdo claro sobre cuál fuerza política apoyar para garantizar mejor los intereses empresariales. Aunque el nuevo capital sandinista y lacayista tiene sus propios aparatos políticos en el FSLN y el PRONAL, sus intereses son demasiados particularistas como para ser los abanderados del empresariado en su conjunto. El empresariado está aún muy disperso, probando unas u otras fórmulas políticas, sin contar ninguno de los grupos con el consenso de los demás. Es la resistencia del capital tradicional a que se operen cambios de envergadura en el país la que tiene trabada la articulación de una estrategia más integradora del capital en su conjunto.

Alcaldía de Managua: clave

A primera vista, parecería que los dos "pesos pesados" están alineando al resto del espectro político detrás de una u otra opción. Pero si se mira más atentamente, los desprendimientos o reacomodamientos en los partidos se han dado fundamentalmente en organizaciones de orientación derechista o de centro para alinearse con la Alianza Liberal. En el resto de los casos, los movimientos son más de personalidades que de agrupamientos. Esto indica que la pelea por los votos de los indecisos será muy encarnizada en lo que resta del proceso electoral.

La estrategia del FSLN de abrirse hacia el capital "chapiollo" en apuros, enarbolando la promesa de la condonación de las deudas, es probable que le gane votos. Si el FSLN logra hacer crecer su "voto cautivo" por ésta o por otras vías -por miedo al alemanismo, reviviendo la mística sandinista, con el activismo organizado en el que tanta experiencia han acumulado, etc- podría terminar como una segunda fuerza muy cercana al liberalismo para una segunda vuelta. Para esa segunda vuelta, ganar la Alcaldía de Managua es clave. Como las elecciones para candidatos a diputados y alcaldes se resuelven en una sola vuelta, un triunfo sandinista en la Alcaldía de Managua podría impactar en el voto para Presidente de la República en una segunda vuelta. La posibilidad de una segunda vuelta en las elecciones presidenciales -eventualidad con la que ya cuentan muchos- es una de las razones por la que la Alcaldía de Managua se ha convertido en una pieza esencial de la contienda presidencial.

¿Hacia arriba o hacia abajo?

A pesar de que un sector de la dirigencia histórica del FSLN cristalizó, tras la derrota electoral y los años de co-gobierno con el lacayismo, en un nuevo capital "chapiollo" muy activo, aún no son bien vistos por el capital tradicional. Difícilmente puede el FSLN ampliarse electoralmente "hacia arriba" con sectores del capital tradicional, en tanto exista más desconfianza que unidad de intereses entre estos sectores del capital. Por otra parte, el FSLN no parece contar para ampliar sus votos con sectores populares como el de los campesinos-finqueros, a quienes parece haber renunciado a representar. Ampliarse "hacia abajo": ése es el desafío actual del FSLN, reto en el que se pone a prueba su credibilidad, tan erosionada en estos seis años.

En un escenario de este tipo, ¿está apostando el sandinismo a ganar o a perder en solitario con el mayor puntaje posible para continuar siendo la segunda fuerza política del país -como lo es desde 1990-, ejerciendo el suficiente poder de veto para impedir que los espacios conseguidos les sean cerrados?

Si la respuesta es "a perder", la inestabilidad depende en gran medida de cuán corta sea la distancia entre la primera y la segunda fuerza política. Si la distancia es grande, el FSLN tendría que prepararse para rendir su rey en un contexto de derechización nacional al que ellos mismos habrían contribuido.

No esperar "milagros"

Mientras las distintas fuerzas políticas se aprestan para salir lo mejor libradas en la contienda electoral, el ejercicio del voto ciudadano tiene todavía un arduo camino por recorrer. Los atrasos acumulados, y también la salida de Mariano Fiallos de la Presidencia del Consejo Supremo Electoral, tuvieron y continúan teniendo serios impactos en el desarrollo del proceso de cedulación e inscripción electoral.

En una de sus escasas comparecencias públicas desde que abandonó su cargo, Fiallos señaló que, para las elecciones de 1990, hubo un gran respaldo financiero internacional que hoy no existe. De hecho, el Consejo Supremo Electoral habla a diario del déficit financiero con el que trabaja. "Los patrones de calidad que se logra- ron en 1990 y 1994 (elecciones en la Costa Atlántica) no se pueden aplicar este año, porque no se van a alcanzar, dijo Fiallos. También afirmó que, a su juicio, uno de los aspectos más preocupantes del actual proceso es que no existen mecanismos de control sobre el origen de los fondos de los partidos. Y recordó que en julio/95 había solicitado a la Asamblea Nacional la creación de una Contraloría Electoral, pero que no fue atendida su solicitud.

Para complicar las cosas, la sopa de letras del menú electoral en las seis boletas que tendrán que marcar en octubre los votantes es capaz de marear a cualquiera. Mientras los ojos se centran cada vez más sobre la labor del CSE, la población permanece expectante y con bastante ánimo de, por lo menos, inscribirse para poder votar. El gran desaliento se centra en las definiciones electorales. El electorado percibe que estas elecciones no traerán necesariamente la estabilidad y el esperado mejoramiento del nivel de vida. El ritual electoral de la democracia aparece ante la mayoría demasiado complicado y costoso y con el riesgo de que no tenga beneficios tangibles.

Son pocos los partidos que han estructurado una consistente oferta electoral. El papel de los grupos cívicos y el control directo de los electores a nivel territorial es una cantera de trabajo abierta. En vez de esperar el "milagro" de que los políticos profesionales cambien las cosas a favor de la población, la población debe de impedirles a los políticos que incumplan sus promesas. Las grandes soluciones no hay que esperarlas de las grandes promesas de los de arriba sino de la organización de todos los demás.

Gobierno: ya no hay que criticarlo

¿Cuál es el marco económico de las elecciones? Por segunda vez desde 1995, el gobierno anunció oficialmente que la economía nicaragüense ha crecido. Este anuncio contrasta con la percepcion de la realidad cotidiana y con las expectativas de la población, signadas por el ambiente de desempleo y pobreza, inestabilidad e insuficiente inversión.

No se puede negar, sin que sea generalizado, que ciertos sectores presentan un notable dinamismo. Y ese crecimiento es motivo de alegría para una economía por tanto tiempo deprimida como la nicaragüense, que de ser puntera en el crecimiento económico de Centroamérica, es ahora el furgón de cola y la rémora del desarrollo regional.

A pesar de que el volumen de café exportado en 1995 fue inferior al de 1994, los buenos precios del grano de oro arrojaron un mayor valor exportado en el 95. El crecimiento de las exportaciones no-tradicionales de mariscos, madera y algunos rubros agrícolas menores, fue extraordinario en 1995. Pero se trata, en el caso de los mariscos y la madera, de actividades extractivas que requieren de poco capital de inversión y que sin regulaciones firmes que limiten su actividad, depredan los recursos naturales, sacrificando el largo plazo por la rentabilidad a corto plazo. Otros rubros dinámicos son los tradicionales, como el ajonjolí y la ocra, o no tradicionales como los melones y mangos, pero que no tienen perspectivas de sustituir el peso que alguna vez tuvieron el algodón, el café y la carne vacuna.

Por todo ello, este crecimiento parcial aún no es suficiente para relanzar la economía como un todo. Lo más grave es que los frutos de este dinamismo favorecen únicamente a un reducido sector del nuevo y viejo empresariado nacional. Por todo esto es cuestionable la siempre optimista visión oficial de que "vamos mejorando por el camino correcto".

Después de una larga depresión y estancamiento, la pregunta clave es si el crecimiento registrado en estos dos últimos años tiene bases firmes, así como permanencia y sostenibilidad. El prolongado sacrificio sufrido por la población para alcanzar la estabilidad monetaria, con escasos frutos tangibles en términos de desarrollo y bienestar, han arraigado en la ciudadanía un sentimiento pesimista que oscila entre la resignación y la esperanza de un "milagro" que cambie el actual estado de cosas.

Tanto en la política como en la economía, será con ojos visionarios centrados en el largo plazo, y no con los anteojeras del miope cortoplacismo, que debemos evaluar las realizaciones del gobierno Chamorro. No ya para criticarlo, ni siquiera para influirlo, ahora que ya doblan las campanas por su gestión, que ya concluye. Sino para extraer lecciones con las que enfrentar los desafíos urgentes que cualquier gobierno que asuma tras los comicios de 1996 tendrá que encarar.

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