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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 168 | Marzo 1996
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El Salvador

Cuatro visitas, cuatro mensajes

¿Pasará al olvido el proceso de paz? Están pendientes aún tareas, leyes, acuerdos... ¿Habrá algún plan económico para sacar al país de la crisis? Predomina la inercia y el cortoplacismo, mientras crece el abismo entre los ricos y los pobres y avanza la destrucción ecológica.

Carlos G. Ramos

1995 no fue un buen año para el proceso de democratización de El Salvador. Muchas tendencias verificadas durante el año apuntaron a un alejamiento progresivo de los ideales democráticos plasmados en los acuerdos de paz. La intolerancia ante la protesta social, la infundada descalificación que hizo el gobierno de sus adversarios políticos acusándolos de "desestabilizadores" y la intimidación o violencia policial ante todo signo de movilización social fueron norma del hacer gubernamental. Se desestimaron así los mecanismos de diálogo y negociación que, según el espíritu de los acuerdos, deberían ser el principio rector de la nueva forma de hacer política en el país.

"A cuentagotas"

1995 dejó deudas con los compromisos suscritos en los acuerdos de paz, un reforzamiento de las tendencias autoritarias - en parte, por la falta de capacidad de gobierno que ha mostrado la administración de Calderón Sol -, y una oposición política cada vez más difusa y atomizada. En materia política, los temores sobre la orientación del proceso pesaron más que los esfuerzos encaminados a cumplir los compromisos políticos previamente acordados.

Por si fuera poco, en el ámbito económico no se logró proponer, y menos impulsar, ningún rumbo claro. Las pretensiones presidenciales de hacer de El Salvador "una inmensa zona franca", y las inconsultas medidas planteadas para ese fin, chocaron frontalmente con la oposición de las gremiales de la gran empresa privada. Y del supuesto "plan económico" - que no era más que una serie de medidas cuya integración en un plan estratégico nunca pudo ser explicada - sólo se pudo impulsar el incremento del impuesto al valor agregado. Y eso, no gracias a la capacidad de negociación o persuasión gubernamental, sino por el apoyo que le brindaron los ex-guerrilleros y diputados del Partido Demócrata con la firma del polémico pacto de San Andrés.

En este contexto, al concluir 1995, los incumplimientos o atrasos en la ejecución de diversas obligaciones adquiridas con la firma de los acuerdos de paz se constituyeron, una vez más, en preocupación para Naciones Unidas. Los graves acontecimientos de fines de noviembre, cuando en una protesta de desmovilizados de guerra la Policía Nacional Civil dio muerte a un ex-combatiente, acrecentaron la preocupación internacional por el rumbo del proceso salvadoreño.

¿Balance de 1995? Un cumplimiento "a cuentagotas" - como en su momento definió el obispo Gregorio Rosa Chávez la lentitud en la ejecución de los acuerdos pendientes -, un grave retroceso hacia actitudes autoritarias, una peligrosa inercia hacia la conformación de un estado policíaco y sensibles vacíos en materia de política económica. Preocupante balance.

Amnesia: mal endémico

Con este lastre, 1996 se inició en un clima de riesgosas inercias políticas. En el fondo está la arraigada tendencia al olvido de la que han dado muestra las élites dirigentes. El texto y el espíritu de los acuerdos corren el riesgo de pasar a ser materia olvidada, junto a muchas otras de la agenda política. Sin duda, la amnesia es un mal endémico en El Salvador. Se ha olvidado la guerra, los crímenes, a los criminales y a sus víctimas. Más fácil aún ha sido olvidar las promesas electorales. Hoy se pretende olvidar, sobre todo, el espíritu de los acuerdos.

1996 también inició en medio de visitas. Siguiendo a los tres reyes magos arribaron a El Salvador cuatro visitantes más que, de diferente modo y con distintos motivos, recordaron al país una serie de tareas que deben emprenderse para poder considerar irreversible el proceso de paz y dar por cerrada la agenda de la transición política.

En este orden, llegaron a El Salvador el Vicepresidente de Taiwán, Li Yuan-Zu (8-10 de febrero), el Papa Juan Pablo II (8 de febrero), el Subsecretario para Asuntos Políticos de la ONU, Alvaro de Soto (11-13 de febrero) y el Secretario de Estado norteamericano, Warren Christopher (25-27 febrero).

Li Yuan-Zu

La visita del Vicepresidente de Taiwán Li Yuan-Zu - que coincidió con la llegada del Papa - se enmarcó en una lógica y preocupaciones relativamente distintas a las del resto de visitantes. Antes que las vicisitudes del proceso político y los avances de la transición, las inquietudes de Yuan Zu se vincularon con el problema del crecimiento económico, la cooperación económico-comercial y la inserción del país en la economía mundial. No por eso Yuan-Zu dejó de recordar a las esferas gubernamentales algunos temas de los que ya no suele hablarse en el país y que más bien son calificados de anacrónicos.

El mensaje más importante que habría dejado el político taiwanés tuvo dos ideas básicas. La primera, acogida de muy buena gana por funcionarios gubernamentales y empresarios incondicionales de las tesis del neoliberalismo, es que el Estado debe ser "administrado como una empresa". Esta idea fue probablemente muy atractiva para los grupos empresariales y políticos que pretenden ver y manejar al país como "su empresa" privada. Al menos, les debe haber sido mucho más alentadora que el llamado presidencial a hacer de El Salvador "una inmensa zona franca".

Planificación y educación

La segunda idea, en cambio, difícilmente habrá sido recibida con agrado por el actual gobierno, pues se aleja de la escasamente ilustrada afiliación neoliberal de sus funcionarios. Según Yuan-Zu, dos componentes fundamentales para el desarrollo son: el diseño de una planificación económica acertada y el incremento de la educación gratuita, obligatoria y tecnificada. Las formulaciones del alto representante de un país al que suele proponerse como modelo a seguir, no sólo se alejan, sino que se oponen a las ficciones que rigen el discurso y la práctica del actual gobierno y de ARENA, el partido al que representa.

De hecho, se trata de temas que han estado en el reciente debate político nacional y sobre los cuales la administración de Calderón ha asumido definidas, pero poco afortunadas, posiciones políticas. Sobre la necesidad de una planificación estratégica, el mismo Presidente de la República, en el afán de justificar la inexistencia de un plan de desarrollo nacional, ha dicho públicamente que la planificación era un problema del ya colapsado estado soviético. Insistir en la planificación estatal sería -según el Presidente- un anacronismo al que sólo mentes socializantes o sovietizantes pretenden regresar, pese a su fracaso.

Tampoco en las tareas del Estado parece coincidir el gobierno salvadoreño con su "modelo" taiwanés. Según ha insistido también públicamente el Comisionado presidencial para la modernización del Estado, Alfredo Mena Lagos, "las funciones legítimas del Estado son las seguridad pública y la construcción de caminos vecinales". Si alguna otra tarea puede cumplir es puramente accesoria. Desde esta lógica, la educación no constituye una "función legítima", menos aún una prioridad del Estado.

Lista de olvidos

El mensaje de Yuan-Zu pudo ser relativamente desconcertante para el discurso de moda en el actual gobierno. No podían descalificarlo como fruto de una mente socializante o trasnochada. Pero, tratándose de una administración que poco tiene de gobierno, no es difícil suponer que este llamado a estructurar un Estado responsable y con visión estratégica, pasará enseguida a engrosar la lista de olvidos de los "modernizadores" del Estado.

Juan Pablo II: vísperas

Los preparativos para la visita papal empezaron por lo menos desde noviembre/95 y fueron ambiente propicio para confirmar los renovados lazos de solidaridad entre la Iglesia, el Estado y sectores empresariales. Los mismos lazos que el asesinado Monseñor Romero habría puesto en cuestión y que emergieron con fuerza tras la muerte de Monseñor Rivera.

La visita papal se convirtió progresivamente en una preocupación casi exclusiva de la jerarquía eclesiástica, del gobierno y de la empresa privada. El gobierno lanzó una campaña de difusión propia de un Estado religioso y prometió la donación de 15 millones de colones para los trabajos de construcción de la Catedral Metropolitana. Cinco de estos millones fueron entregados por el Presidente de la República a la recién creada Fundación Catedral, presidida por el reconocido banquero Archi Baldocchi y conformada por los también empresarios José Alfredo Dutriz, Boris Eszerski, Roberto Llach Hill, Carlos Enrique Araujo, Francisco Callejas y Roberto Murray Meza. Por su parte, el Arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle indicó en el mismo acto de entrega que el gobierno y la empresa privada continuarían su apoyo a la Iglesia y aportarían un total de 30 millones de colones para la construcción de la Catedral.

Ninguna voz

La visita del Papa también fue utilizada como excusa para condenar la huelga de hambre que realizaban los trabajadores estatales en las instalaciones de Catedral, como protesta por la falta de transparencia en la aplicación del decreto 471, que dejó cesantes a unos 15 mil empleados públicos.

El Presidente de la República y el Nuncio Apostólico responsabilizaron a los huelguistas por los atrasos en la preparación y ornamentación del templo, donde el Papa visitaría la tumba de los ex-Arzobispos de San Salvador y se dirigiría brevemente a los jóvenes. Ninguna voz - salvo la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos - se atrevió a mediar en nombre los legítimos derechos de los trabajadores. Los representantes del FMLN ante la Asamblea apenas se acercaron para informarse sobre el estado del conflicto. Los costos políticos eran - probablemente - muy altos como para involucrarse en acciones concretas encaminadas a una solución justa del problema. Al final, los trabajadores terminaron abandonando las instalaciones de Catedral con promesas gubernamentales de las que no se habló más.

Los tres protagonistas

El contexto de la visita del Papa también parece haber sido el momento propicio para impulsar cambios internos en la Iglesia, evitando así que éstos generaran prolongadas o profundas discusiones. La presencia del Papa dirimiría cualquier conflicto potencial. Así, el rector del Seminario Mayor San José de la Montaña - considerado cercano al pensamiento de Monseñor Romero - fue destituido junto a su equipo de formación, e igual suerte corrió el director de la radio católica YSAX. Las protestas y descontentos surgieron pero, como podía esperarse, no pasaron de ser débiles y aisladas.

Hasta el día de la llegada de Juan Pablo II, los compartidos esfuerzos de preparación y las recíprocas felicitaciones de los tres actores protagónicos - Estado, Iglesia, Empresa - fueron pan de cada día. Cada uno parecía buscar las mayores rentas políticas posibles. Los empresarios, obtener la sanción religiosa de una Iglesia hasta hace poco no muy afecta. La jerarquía, conseguir apoyo, limar asperezas pasadas y acercarse a sectores "pastoralmente olvidados". La administración Calderón pareció más inclinada a propagandizarse a sí misma, en un intento de rescatar la imagen y credibilidad perdida por su equívoco desempeño gubernamental.

"Canonice a Monseñor"

En este escenario, el conciliarmente llamado "pueblo de Dios" no encontró ni lugar ni mucho menos protagonismo. Su única tarea fue esperar el día de la función. Sólo la imaginación cristiana hizo que algunas comunidades impulsaran sus propios proyectos, alejados la mayor parte de las veces del poder eclesial. Es el caso de la comunidad cristiana de San Bartolo, al sur-oriente de la capital, que promovió la realización de murales alusivos a la visita, pintados por jóvenes pertenecientes a las denominadas maras o pandillas juveniles. En uno de estos murales, junto a la imagen del Papa, se leía: "Su Santidad, Juan Pablo II: canoniza a nuestro pastor y mártir".

La misma tónica dominante en el período de preparación marcó la pauta del día de la visita. De hecho, en algunos momentos de la cadena de radio y televisión impuesta por el gobierno para cubrir el evento, el mismo Papa fue opacado por otras imágenes y otras palabras. Antes que una difusión de carácter pastoral, la cadena hizo oscilar el acontecimiento entre la crónica de un evento social y la propaganda política. Pero más que las imágenes, lo que sin duda se opacó del Papa fue su mensaje.

Capitalismo desenfrenado

Aparte de su llamado a la reconciliación y al no retorno a la confrontación, lo mejor del mensaje evangélico de Juan Pablo II fue la recuperación de la doctrina social de la Iglesia y con ella, la necesidad de tener presente el problema de la justicia como una preocupación pastoral. En su homilía, el Papa fustigó por igual al marxismo y a lo que el llamó "capitalismo desenfrenado". "Cuánto se hubiera evitado -dijo- si renunciando al egoísmo y sin ceder a esas ideologías, se hubiera emprendido un camino de justicia, de fraternidad y de progreso". Tema sobre el que los difusores oficiales y oficiosos evitaron ahondar, quizás porque la irracional adopción de los dogmas neoliberales - que no son otra cosa que expresiones del "capitalismo desenfrenado" - se ve amenazada por el mensaje papal.

El único aplauso

Lo mejor que se llevó Juan Pablo II de El Salvador no fue el recuerdo de una bien montada y costosa recepción. Lo mejor fue el prolongado aplauso de los jóvenes - el único aplauso de su visita - cuando, al caer la tarde y desde la fachada de la Catedral metropolitana, evocó al asesinado Monseñor Romero y al hace poco fallecido Monseñor Rivera.

Alvaro de Soto

Si bien no tan larga como la de lista de Schindler, el subsecretario para asuntos políticos de la ONU, Alvaro de Soto, visitó el país con su respectiva lista. En este caso, la de los compromisos políticos que deben ser salvados para dar mayor sustento al proceso de transición salvadoreño.

Las preocupaciones del organismo internacional por los retrasos en el cumplimiento de un calendario de ejecución, modificado ya en múltiples ocasiones, no pueden ser pequeñas.

A dos meses de concluir el plazo de la última renovación del mandato de la misión de la ONU en el país, MINUSAL, la cantidad y naturaleza de los acuerdos rezagados lleva a pensar que este nuevo plazo pasará sin que se logren mayores avances.

De un total de 16 reformas constitucionales aprobadas en 1994 por la anterior legislatura, apenas dos artículos se han ratificado. Otro punto de entrampamiento legislativo es la aprobación o reforma en al menos una decena de leyes. Aquí se cuentan la aprobación de los códigos Penal, Procesal Penal, Ley Penitenciaria, Ley de Justicia Constitucional, Código Agrario, Ley de la Carrera Policial, Ley Orgánica de la PNC - cuyo proyecto aún no se ha presentado -, así como reformas a la Ley de la Carrera Judicial, Ley Orgánica del Consejo Nacional de la Judicatura, y la derogación de la Ley de Policía que data de 1886.

Todo esto sumado a los déficit que muestra la ejecución de los acuerdos en materia de transferencia de tierras, reinserción de combatientes a la vida productiva y sobre todo, lo concerniente al espinoso tema de los asentamientos humanos. Y tantos otros graves problemas verificados en el ámbito de la seguridad pública.

Deudas con la paz

El enviado de la ONU hizo énfasis en la ratificación de las reformas constitucionales, muchas de las cuales están relacionadas con las recomendaciones y conclusiones de la Comisión de la Verdad y el Grupo Conjunto. Tras las reuniones de trabajo con el Presidente de la República y los funcionarios de gobierno vinculados con los acuerdos, se habría concertado un mecanismo para agilizar su ratificación y así lo habría confirmado el mismo De Soto.

Al finalizar la visita, algún avance se habría logrado en términos de ablandar la voluntad política para agilizar la cancelación de deudas con los acuerdos de paz. Estaría aún por verificar en la realidad hasta dónde los nuevos llamados de atención de la ONU hacen efecto en un gobierno que sólo parece caminar a fuerza de presiones. Quizás por ello el enviado de la ONU, pese a haber confirmado la concertación de un mecanismo agilizador, anunció una próxima visita antes de concluir marzo.

Warren Christopher

El Secretario de Estado norteamericano, Warren Christopher, estuvo en el país entre el 25 y el 27 de febrero. Además de los temas regionales que trató con los Presidentes centroamericanos o sus representantes, la visita del Secretario de Estado se vinculó directamente con las temáticas propias del proceso político salvadoreño.

Su presencia en El Salvador fue públicamente presentada como una clara muestra de apoyo al proceso de paz, considerado un "caso ejemplar" de pacificación que debiera imitarse. Como muestra de ese apoyo, Christopher firmó con el gobierno salvadoreño una enmienda a un convenio de donación estadounidense, que permite aumentar en 10 millones de dólares el monto original de 164 millones. Los fondos estarían dirigidos a impulsar el atrasado Programa de Transferencia de Tierras (PTST) y la reinserción de ex-combatientes a la vida productiva.

Algunas palabras del funcionario parecieron sugerir que su presencia también constituía una señal del interés norteamericano por una pronta consumación de los compromisos pendientes y de la disposición a no permitir que el proceso adquiera características preocupantes de incumplimiento o desnaturalización. En su discurso ante la Asamblea Legislativa, Christopher instó a los diputados a "actuar decisivamente sobre las vitales reformas constitucionales y legales que se han planteado" y atacó, con inusual claridad en un diplomático, fenómenos como el vigilantismo y otras formas ilegales de acción policíaca o paramilitar en la nueva Centroamérica.

La presencia de Christopher parece haberse movido entre el apoyo público al proceso y una presión expresada entre líneas a la administración gubernamental, advirtiéndole del riesgo de poner en cuestión la "ejemplaridad' de la pacificación salvadoreña.

Habrá que esperar todavía algún tiempo para medir los efectos de estas cuatro visitas que recibió El Salvador al abrirse el año. De lo que no hay duda es que algunas tienen más posibilidad de pervivir e influenciar. Y no por su peso moral, sino por la capacidad de presión política - y de presión económica - que representan.

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"Vamos hacia la destrucción del país"

Entrevista con Ricardo Navarro, ambientalista y presidente del Centro Salvadoreño de
Tecnología Apropiada (CESTA)

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¿Qué ha sido lo más importante de 1995 en cuanto al medio ambiente?

El regalo de Navidad que nos dio el gobierno fue haber acordado con el presidente de la cooperativa El Espino, en San Salvador, destruir la finca. Están tratando de acabar con 200 manzanas de bosque. Allí se va a iniciar una urbanización en un terreno de la familia Dueñas. La urbanización la va a realizar la familia Poma. El primer impacto que vamos a tener es en el agua. Nos estamos quedando sin agua, y la poca agua potable que tenemos está altamente contaminada. Esto ha venido siendo una realidad en los últimos 15 años. Existen también otras amenazas. Por ejemplo, en la bahía de Jiquilisco, que es una zona de manglares, básicos para la vida marina, quieren hacer una zona turística y le están metiendo millones de colones. La misma familia que quiere destruir

El Espino, los Poma, es la que quiere destruir la bahía de Jiquilisco. En cuanto a la contaminación de ríos, hay un grave problema: aquí las industrias tiran a los ríos cualquier cosa que se les ocurra y como el gobierno no les exige nada... ¿Desechos sólidos? La basura está presente en todas partes y a toda hora. Producto de estos promontorios de basura es que tenemos enfermedades como el cólera y el dengue hemorrágico. Una solución que está pensando impulsar el alcalde de San Salvador es incinerar toda la basura. Esto es una cosa grave. Porque aquí en El Salvador la principal causa de muerte de niños pequeños son infecciones respiratorias agudas, producto de la contaminación del aire. Y el alcalde, lo que quiere hacer es agarrar mil quinientas toneladas diarias de basura y quemarlas. Imaginémonos lo que esto va a significar en contaminación del aire. En todo este proceso se genera, por lo menos, un 25% de cenizas tóxicas.

También va a tener que buscar un lugar para esas cenizas. En nuestra basura tenemos un 80% de material que es biodegradable, que podría convertirse en abono, pero nada de eso le interesa al gobierno, sino que quiere deshacerse del problema rápidamente y traer unas plantas incineradoras que ya son rechazadas en muchos países del mundo. Si vamos al área de transporte, que es el principal contaminador del aire, varias veces le hemos sugerido al gobierno que trate de promover el uso de la bicicleta, pero quizás, les parece una solución no moderna.

¿Hacia adónde vamos? ¿Cómo se ve el futuro?

Si vemos las tendencias, las cosas hoy son peores que ayer. Los niveles de los mantos acuíferos van bajando metro y medio cada año en San Salvador. Vamos hacia la destrucción de nuestro país si no impulsamos medidas que detengan este deterioro ecológico. El caso del agua ya es un problema social y estos problemas sociales pueden convertirse en problemas olíticos. Aquí ya hemos tenido experiencias donde por el agua una población se levanta a desafiar a la autoridad, incluso al mismo ejército.

Lo que urge es cuestionar nuestro modelo de desarrollo, que sólo busca generar riquezas para algunos sectores, y permite altos niveles de corrupción. Debemos de darnos cuenta que este odelo nos está llevando a la destrucción del país. Tenemos que buscar un modelo de desarrollo que piense en la naturaleza, que piense en la gente, que considere que es importante que todos vivamos en .paz .Y esto, ¿qué significa? En el caso de la destrucción de El Espino, significa ponerle freno a estas familias millonarias y no dejar que sigan destruyendo los bosques. El desafío fundamental es: ¿cómo hacemos sustentable nuestra sociedad? No es adecuado hablar de desarrollo sostenible porque lo que hay que hacer sostenible es la sociedad. El objetivo último es la sociedad sustentable. Y hacia eso debemos ir. Por el momento vamos hacia la destrucción de nuestro país.

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