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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 3 | Agosto 1981
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Nicaragua

Sacerdotes - Ministros: análisis teológico de la crisis

¿Hasta qué punto el cumplimiento de tareas públicas como las que desempeñan los cuatro sacerdotes que participan en el gobierno revolucionario es compatible o incompatible con su condición sacerdotal?

Teófilo Cabestrero

El desarrollo eclesial que ha tenido este asunto ofrece varias dimensiones y niveles de análisis. Nos limitamos aquí a sugerir algunas referencias para una aproximación teológica a esta cuestión nuclear: ¿Hasta qué punto el cumplimiento de tareas públicas como las que desempeñan esos cuatro sacerdotes en la coyuntura histórica de su pueblo, del proceso revolucionario nicaragüense, es compatible o incompatible con la condición sacerdotal?

Una primera contestación: Aunque se ha llegado a una solución aceptada por la Jerarquía de la Iglesia, por los sacerdotes y por el pueblo cristiano (aceptada por todos no con idénticos sentimientos) existen notables diferencias de percepción y valoración en los tres sectores de experiencia, pensamiento y decisión: 1) la práctica de los 4 sacerdotes, su experiencia personal de las tareas vividas desde su identidad propia; 2) la decisión de los Obispos y su justificación pastoral y doctrinal; 3) cómo lo ha vivido y lo ha visto el pueblo cristiano; ¿qué valoración expresan los sectores del pueblo a través de sus expectativas y peticiones?

El análisis de esas tres perspectivas aportará datos útiles para una reconsideración doctrinal en este asunto.

Referencias teológicas sobre el sacerdocio y las tareas no sacerdotales:

1) Frente al culto y al sacerdocio de la Antigua Alianza, Jesucristo vivió e instauró un nuevo culto y un nuevo sacerdocio para la Nueva Alianza que la Iglesia debe mantener y practicar en su pureza original según la inspiración del Espíritu de Jesucristo.

En su Carta a los Hebreos, San Pablo ofrece luces para una teología de la novedad del sacerdocio y del culto que instaura Jesucristo con su encarnación y sacrificio, quien reubica y redimensiona la "separación" que tenía la sacralidad sacerdotal y cultural, dando al sacerdocio y al culto cristiano un lugar en la historia, una encarnación, que relaciona el "servicio a Dios" con el servicio al hombre y el sacrificio ritual con los sacrificios personales de participación en la lucha por la vida justa y libre en que Cristo mismo se sacrificó y se ofreció suplantando los sacrificios de animales.

Jesús introdujo así una fuerte dimensión profética en el sacerdocio y en el culto de la Nueva alianza: a) en las acciones cultuales o litúrgicas, b) en la ubicación y encarnación de esas acciones dentro del proceso histórico de salvación que incluye servicios y sacrificios salvadores en tareas y acciones humanas y sociales necesarias y complementarias para la construcción de la comunidad eclesial y del Reino de Dios en la historia de los pueblos, tareas y acciones que son "proféticas" por la motivación, finalidad e incidencias en el pueblo, y que vienen a ser coherentes con la misión profético-sacerdotal de los sacerdotes en la Nueva Alianza; "servicios" y "sacrificios" que son señales de credibilidad en la construcción del Reino de Dios y de su testigo y profeta la Iglesia, la comunidad creyente, en medio de los pueblos.

2) En la teoría y la práctica de la Iglesia se ha venido a distinguir bien el "sacerdocio común" que todos los cristianos reciben por el bautismo y el "sacerdocio ministerial" con que el obispo "ordena" a alguien al servicio cultual o litúrgico de la comunidad. Este sacerdocio ministerial capacita para residir "in persona Christi" las "celebraciones" eclesiales del Ministerio de Cristo por las que la Iglesia se constituye o se reconoce y se expresa como tal y da culto a Dios Padre en Jesucristo y por su Espíritu.

El llamado "sacerdocio común" no sólo capacita para "participar" en esas "celebraciones" eclesiales, sino que capacita también para actuar "in persona Christi" a todo bautizado en las acciones de la vida humana para que tengan la motivación y el alcance del amor salvífico de Cristo muerto y resucitado. Los que son ordenados para el ejercicio del sacerdocio ministerial en las celebraciones de la comunidad, siguen siendo capacitados por el sacerdocio común para realizar como todos los cristianos "in persona Christi" cuantas acciones humanas, servicios y sacrificios han de seguir realizando, si bien una vez ordenados para el sacerdocio ministerial esas otras acciones, servicios y sacrificios han de medirlos en relación al buen cumplimiento de su servicio sacerdotal-ministerial.

3) En la práctica tradicional de la Iglesia de todos los tiempos y lugares los sacerdotes han tenido que asumir y han asumido numerosas tareas y acciones, servicios y sacrificios que no son cultuales directamente, no son litúrgicos o estrictamente sacramentales, pero son coherentes o complementarios con la misión del sacerdote y líder cristiano de la comunidad y del pueblo. Tareas y servicios convenientes y aún indispensables, tanto para el pueblo, para la comunidad, como para la credibilidad y coherencia de la función sacerdotal. Servicios que han llenado al menos el 80% de la vida de numerosos sacerdotes con todo tipo de trabajos, desde los más humildes a los más científicos. Así numerosos sacerdotes han ejercido de constructores, albañiles, mecánicos, obreros, investigadores, médicos, etc. Incluso, a los llamados "sacerdotes obreros" la Iglesia les ha reconocido una dedicación al trabajo manual en función de conveniencia situacionales de testimonio o presencia en ciertos ambientes.

La práctica histórica ha acuñado así motivos o razones fuertes para que los sacerdotes ejerzan tareas o servicios no sacerdotales: la emergencia en las situaciones, la suplencia en las funciones, el testimonio, la presencia testimonial y el apostolado indirecto en las motivaciones...

4) Es cuestión de discernimiento práctico el determinar qué acciones y tareas pueden ser compatibles y hasta convenientes para determinados sacerdotes en ciertas situaciones en coherencia con su misión sacerdotal según la novedad profético-cristiana que le imprimió Jesucristo al sacerdocio; y qué acciones y tareas convendrá reservar a los laicos, y qué circunstancias especiales de emergencia permiten o aconsejan, o incluso obligan, a determinados sacerdotes a cumplir una suplencia, o qué acciones y tareas se hacen incompatibles y desaconsejables o prohibitivas para los sacerdotes.

En ese discernimiento práctico entran en juego diversos tipos de análisis, no sólo religiosos sino también sociológicos y de ciencias humanas, que aconsejan recurrir a interlocutores interdisciplinares en el discernimiento.

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