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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 159 | Mayo 1995
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Cuba

¿Qué se cayó? ¿Qué se levanta?

María López Vigil

Hace ahora 100 años caía José Martí del lado de la vida. Hoy Cuba está aprendiendo a ser más martiana. Cuba cambia. Los cambios son muchos y son radicales. Algunos afirman que Cuba se rindió y se apunta al capitalismo. No es así. Los cambios de hoy, a la vez que redefinen el nuevo proyecto cubano, apuntan al centro de lo que soñó Martí: la plena independencia nacional y la máxima justicia social.

Regreso a Cuba después de un año. Con las expectativas de tanta gente que hoy mira hacia esta isla. Regreso a casa. Cuánto ha cambiado mi país. A las pocas horas de llegar a La Habana ya me están contando uno de los chistes del momento:

Fidel manda a llamar a Pepito. Y le pregunta serio, mesándose la barba:

Pepito, yo sé que tú eres un tipo bien informado y quiero que me digas la verdad, chico, pero la verdad verdad...

Diga, Comandante...

Oye, Pepito... ¿tú crees que esto se caiga? Pepito se queda en silencio, con los ojos revirados.

-¡Coño, Pepito! Te dije que me dijeras la verdad... ¿Tú crees que esto se caiga?

Bueno, Comandante, la verdad... La verdad ¡es que
esto ya se cayó! Lo que estamos es en el papeleo.

Muchos cambios y muchos desafíos

La revolución está aquí, en pie. Pero realmente, Pepito está muy bien informado. Son muchas las cosas que "se han caído" en Cuba. Del modelo socialista construido durante 30 años han caído aspectos que se consideraron esenciales: el igualitarismo, el pleno empleo, el gigantismo y la tecnificación en la agricultura estatal, la misma agricultura estatal, la política de subsidios...

Y esa seguridad que le daba a Cuba el estar apoyada en los muros socialistas que parecían inconmovibles.

Para adaptarse a la caída de esos muros y a sus propios resbalones, Cuba está ahora metida de lleno "en el papeleo", empeñada en cambiar toda su economía. Los cambios son muchísimos. Por un lado, un abanico de medidas de ajuste financiero: recortes de subsidios, implantación por primera vez de un sistema de impuestos, reducción del déficit fiscal, libre circulación del dólar y otras divisas, suspensión de gratuidades, etc., etc. Por otro lado, tres trascendentales medidas de cambio estructural: cooperativización masiva de la agricultura estatal, autorización del trabajo por cuenta propia y apertura de toda la economía a la inversión extranjera. Otros muchos cambios vienen en camino: la reforma salarial y laboral, la reforma empresarial, la ley inmobiliaria...

El "papeleo" para concretar, poner en marcha y dar forma a todos estos cambios es inmenso e intenso, absorbe a todo el país. Y como Cuba quiere hacer todos estos cambios conservando dos elementos esenciales de su modelo socialista, los que no quiere que "caigan" de ninguna manera un arraigado nacionalismo y las máximas cuotas de justicia social , esto hace aún más compleja, aunque más interesante, la situación.

Al contrario de lo que pinta la propaganda, Cuba cambia, está cambiando profundamente. Y al contrario de lo que también pinta, todos estos cambios se viven en un clima de consenso y de gobernabilidad notables. Donde la propaganda habla del inmovilismo de un dinosaurio y de una caldera a punto de explotar, la realidad habla de movimientos cada vez más flexibles y de calma.

Sin embargo, todo lo que "se cayó" y lo que ahora con los cambios económicos se está levantando supone un tremendo desafío al sistema político cubano y a la ideología revolucionaria moldeada durante 30 años. Yo fui a Cuba para entenderlo mejor.

DE LA SEGURIDAD A LA INSEGURIDAD

Cuando "se cayó" el mundo de la guerra fría, a Cuba se le cayó el mundo encima. Había sido demasiado fuerte su apuesta en el mundo bipolar. El viejo orden internacional le permitió a la revolución cubana una vez que Estados Unidos formalizó su enemistad hacer una arriesgadísima pero exitosa jugada política. En pleno Tercer Mundo y en las narices de la gran potencia imperial del Primer Mundo, Cuba se hizo con una cuota suficiente del excedente del Segundo Mundo como para garantizar su transformación, su desarrollo social, su despegue económico, su futuro. Y su soberanía. En esta jugada, la nación cubana logró su gran conquista: sacó a Estados Unidos del escenario político interno, donde era protagonista, y lo convirtió en un peligro externo, lo que es hasta el día de hoy.

El genio político que es Fidel Castro supo conjugar su descomunal liderazgo interno y un hábil protagonismo internacional para lograr que durante 30 años la URSS decidiera hacer masivas inversiones de capital y tecnología en la pequeña Cuba. Con esos aportes, ese respaldo y la inteligencia de los cubanos, Cuba se transformó. No es poco. El despegue económico y el desarrollo del que hoy hablan todos los países latinoamericanos no pasa de ser una efímera promesa de los candidatos en campaña electoral. En ningún país de América Latina están puestos ya tantos cimientos para el desarrollo económico y social como en Cuba.

Una jugada política brillante

La isla se fue llenando de industrias, carreteras y escuelas, de hospitales, centros deportivos, presas y universidades. La agricultura se transformó y hubo electricidad para el 95% de los cubanos. El trabajo rural se humanizó con máquinas. La esperanza de vida pasó de 58 a 76 años. Educación masiva, salud masiva y cada día de mayor calidad. Descubrimientos punteros en medicina, hallazgos en biotecnología. El país entero, ciudad y campo, se desarrollaba. Se desarrollaba el cerebro de los cubanos. Y las riquezas que se producían se redistribuían entre todos. Faltaban aún muchas cosas y eran muchos los errores, pero también eran muchos los avances. Y hasta sobraban recursos para que Cuba nos mostrara lo hermoso que es el rostro de la solidaridad. Cuba no competía, compartía. Miles y miles de médicos y maestros cubanos por todo el mapa del Tercer Mundo. Miles y miles de muchachos y muchachas de todo el Tercer Mundo estudiando gratis en Cuba. Y la sangre derramada de miles de soldados cubanos contribuyendo a la liberación de Namibia, de Angola, de Sudáfrica.

La jugada de Cuba con la URSS en el tablero de la guerra fría fue brillante: sin una apuesta así, un país tan pequeño nunca hubiera logrado una acumulación de infraestructura y capital humano tan grandes. Tan estrechos vínculos económicos con la URSS no permitieron, sin embargo, un desarrollo ni armónico ni autónomo y llegado a un cierto momento, traspasaron los límites de la prudencia. Lo más grave de todo era que se trataba de una jugada política que dependía de la indiscutible capacidad del jugador, Fidel Castro, en una situación internacional muy especial. La solidez del otro jugador la URSS como aliado político, económico y militar, nadie la ponía en duda.

Pero ya en 1980 Raúl Castro lo reveló no hace mucho en una entrevista a un diario mexicano la URSS comunicó secretamente a Cuba que en caso de una confrontación USA Cuba, los soviéticos no meterían ni un dedo en la isla. Fidel y Raúl habrían decidido guardar el secreto bajo "siete llaves" y toda la doctrina militar cubana se transformó: no sería la poderosa tecnología bélica ni un gigantesco y equipado ejército lo único que disuadiera a los Estados Unidos de un ataque. Sería principalmente la capacidad de resistencia y de combate de los cubanos organizados en lo que se llama hasta hoy la guerra de todo el pueblo.

Acta Torricelli y acto loco de Helms

Si como aliado militar, la URSS "se rajaba", como aliado económico y político parecía inconmovible. Sin embargo, ya en 1985 los postulados de la perestroika de Gorbachov enviaron a Cuba un trascendental mensaje: si la economía soviética se orientaba hacia parámetros de rentabilidad y eficiencia, de competitividad en el mercado mundial, tendría que recortar sus subsidios internos y también su cooperación económica internacional. Para entonces la revolución cubana estaba lanzada a un proceso de rectificación que convocaba a la productividad económica insistiendo en consignas ideológicas y el barco cubano iba en dirección totalmente contraria a lo que señalaba la brújula del aliado soviético. "El proceso de rectificación, basado en la ideología, que no tuvo en cuenta las leyes económicas cree un buen grupo de economistas cubanos , mantuvo la ineficiencia y le quitó a Cuba cinco años de acomodo a las nuevas realidades de la economía".

El juego se había prolongado tanto en el tiempo que la dirigencia revolucionaria cometió el error estratégico de confundirlo con la realidad. Cuando cayó el muro de Berlín y se desintegró la URSS, la mesa de juego, el tablero y las cartas volaron hechos pedazos y llegó la hora del recuento responsable. Desaparecido el Segundo Mundo, Cuba volvió a su realidad. Sigue siendo un país del Tercer Mundo, aunque consiguió espacios de Primer Mundo: su sistema de salud o sus centros de investigación biotecnológica lo son. Volvió Cuba, sobre todo, a su más amenazante realidad. El mundo cambió, pero el mapa no: Cuba sigue a 90 millas de Estados Unidos y está sola frente a ellos. La Habana está en segundos en el radio de acción de 600 aviones caza de los más sofisticados del planeta.

En la política de Estados Unidos contra Cuba lo más relevante no es discutir si se trata de un embargo o de un bloqueo. O de si el acta de Torricelli o el acto loco de Helms. Se trata de una documentada historia de 150 años en la que un gran imperio ha pretendido, por todos los medios, anexionarse a una pequeña isla. En el "nuevo" orden internacional, Cuba está más expuesta que nunca antes a la pretensión del Norte, especialmente después del "desafío al imperio" que han supuesto 36 años de dignidad nacional. Hoy, a Cuba "se le cayó" su seguridad externa. Del calor con que la protegía el mundo bipolar de la guerra fría, Cuba ha pasado a la fría intemperie del mundo unipolar, donde ya no puede jugar igual, mientras los Estados Unidos pueden jugar aún más fuerte. En la nueva situación que vive Cuba, éste es el elemento más crítico, el que sigue condicionando todos los cambios.

DEL AISLAMIENTO A LA APERTURA

La desaparición de la URSS fue un trauma tan inesperado y trascendental para Cuba que pasaron casi tres años sin que la dirigencia revolucionaria reaccionara adecuadamente. Y aunque en 1990 todo lo que iba a pasar el fin de aquel mundo y de aquel juego ya había ocurrido, Cuba parecía estar interpretando lo que acontecía en la isla como una crisis de desabastecimiento a la que respondía con programas de emergencia puntuales. Con parches. Mientras toda la economía caía en picada, se declaraba el período especial y el pueblo era convocado a "resistir". "Estábamos como a quien le dan con un poste en la cabeza y se queda atolondrado un tiempo": así ha descrito Fidel Castro esa etapa.

Tal vez ese "tiempo" y ese "atolondramiento" se prolongaron demasiado por la autosuficiencia del sistema, que no supo consultar a toda la sociedad sobre las salidas, que no supo auscultar las demandas y sugerencias de cambios que ya tenía la población. "Todo lo que hemos hecho desde finales del 93 me señala con voz firme un economista cubano lo pudimos haber hecho en el 90 y nos hubiéramos ahorrado mucha desmoralización y mucha desmovilización, ¡incluidos los balseros!". Fue hasta septiembre de 1993 que se produjo en la agricultura el primer cambio de fondo, en respuesta a una crisis que era de fondo y demandaba más que parches. A comienzos de 1994 se iniciaron las medidas de ajuste financiero.

Los mismos economistas que critican tanto retraso y lo califican como "dramático", y que señalan una tal vez excesiva lentitud y discontinuidad en las medidas que ya se están tomando hoy, no dudan en afirmar que desde finales de 1994 existen suficientes señales como para saber que, por fin, la estrategia económica de la nueva Cuba ya está diseñada y que ya no son previsibles los retrocesos. Que ya no habrá parches, sino un vestido nuevo. La estrategia, sin embargo, no está anunciada y tal vez no se anuncie nunca así. Irá mostrando su rostro en cada una de las medidas y reformas que se vayan formulando. "La decisión política de diseñar una estrategia económica total implica una clara comprensión de la magnitud de la crisis. Y lo que se ha ido haciendo hasta ahora indica que Cuba quiere enfrentarla desde una perspectiva nacionalista y popular", afirman estos mismos economistas. Hay más optimismo y distensión hoy en Cuba. Hay un respiro. Y más sonrisas. Se nota en los rostros. Hace un año se palpaba la crispación: "Nos dicen que el túnel es largo ¡y encima nos apagan todos los bombillos!". Hoy, quien más quien menos, sabe y siente que con los cambios, el túnel se acorta y habrá luz al final.

Lo sabe hasta el Pentágono

Entre los cambios estructurales, de fondo, que Cuba ha emprendido está la apertura a la inversión extranjera. Con timidez y de forma limitada desde 1992. Hoy ya es amplia la apertura en todas las ramas de la economía.

Después de vínculos comerciales y económicos casi totales con el campo socialista, tan lejano geográfica y culturalmente, Cuba está volviendo a vincularse con éxito a su Tercer Mundo más cercano el Caribe, toda América Latina y al Norte capitalista Canadá, Europa . También a Asia y a Africa. La única excepción es la derecha de Estados Unidos la de Washington y la de Miami que, aferrada a una ideología jurásica, no quiere hacer negocios con Cuba ni quiere que otros los hagan.

El fin del campo socialista significó para Cuba la pérdida de mercado para sus productos y de materias primas y de tecnología para sostener la extensa infraestructura instalada. Significó la escasez dramática de la más estratégica de las materias primas: el petróleo. En brevísimo espacio de tiempo, estas carencias afectaron a toda la economía y a todos los cubanos. Y donde quedó algo de mercado o había algo de materia prima o existía tecnología aún utilizable, faltaba el capital. La moneda cubana, fuera del sistema financiero internacional, quedó sin valor para comprar lo que Cuba necesita. Y a la hora de la crisis Cuba lo necesita todo.

La inversión extranjera viene a llenar muchos de los vacíos que dejaron los derrumbados muros del socialismo europeo. Con el capital internacional, Cuba echa a andar hoy una fábrica parada por falta de repuestos o petróleo o el complejo de níquel de Moa. Con capital internacional se levantan uno o diez nuevos hoteles, se inicia o se continúa una investigación biogenética, se asegura en el mundo la venta del tabaco o del ron cubano o se explora en el mar en busca de petróleo. Las modalidades de inversión extranjera son muy variadas. La contraparte, el socio, el Estado cubano, estudia caso por caso, aunque a veces con una centralización tan excesiva, que se frustran inversores e inversiones.

Cuba no podría salir de su particular crisis ni pretender continuar desarrollándose cuando ya salga del hoyo, sin asociarse al capital internacional. Hubo titubeos iniciales, la inversión extranjera tuvo una primera luz verde sólo en el turismo y quiso restringirse a algunos otros campos, la ley de inversión extranjera de 1982 fue quedando obsoleta y se dio paso a una mucho más flexible, el bloqueo no ha dejado de obstaculizar toda inversión que llega a Cuba...

Pero, a pesar de todos los zigzags, a inicios de 1995 ya todos saben hasta el Pentágono no sólo que Cuba resistió y no se explican cómo sino saben también que ya superó el fenomenal bache inicial. Saben que ya el país ha descubierto, conoce y ha aprendido a manejar los mecanismos que le permiten articular toda su economía con la economía mundial. Que la economía cubana está ya colocada sobre nuevas bases. Y que ya hay recuperación en una veintena de renglones aunque todavía no en el azúcar .

En la minería invierte Canadá y Australia, en los teléfonos México, en el tabaco España, en la prospección petrolera Francia y Canadá, en textiles Israel y México, en el azúcar ¿los ingleses?, en los cítricos Chile e Israel, en el turismo España y otros países europeos... Llegan otras inversiones importantes de Holanda o Italia y otras más pequeñas de países más cercanos: Brasil, Colombia... Según las informaciones oficiales, hay a esta fecha en Cuba capitales de 36 países en 176 asociaciones mixtas con el Estado. Y están negociándose 300 proyectos más. A fines de 1994, el aporte de capital extranjero sumaba más de 1 mil 500 millones de dólares, cantidad aún insuficiente para levantar todo lo caído.

¿Una gran maquila?

Es una imagen de propaganda hueca la que afirma que Cuba está aislada. Nunca tuvo más relaciones económicas y políticas que hoy. ¿Exigir el cese del bloqueo es entonces una demanda también hueca? No lo es. El bloqueo sigue haciendo daño a Cuba. A estas alturas, busca muy especialmente hacer más lentos, enredados y costosos los cambios que emprende la revolución. Para que así haya más desgaste en el país y en los cubanos y el desgaste se convierta en desesperación y Cuba "caiga" del lado de los intereses de Estados Unidos. Por eso, cuando Cuba conduce con excesiva lentitud los cambios, cuando no es lo suficientemente audaz, le puede estar haciendo el juego a la estrategia USA. ¿"Se está Cuba convirtiendo en una gran maquila, en un paraíso de inversores extranjeros que consiguen grandes ganancias a costa del desempleo y de los salarios bajos que pagan a los nacionales?", pregunto a una analista cubana que ha viajado bastante por América Latina. "No responde , no es éste un modelo de maquila, es simplemente un modelo exportador. Una de las características de la industrialización cubana, por una concepción de gigantismo y por la distancia de la URSS, es su capacidad para elaborar el producto completo. La maquila produce partes del producto. Cuba no se está maquilizando. Lo que pasa aquí es que el capital mixto (internacional + estatal) está ocupando cada vez más espacio en la economía".

No falta capital internacional para reactivar las grandes ramas tradicionales de la economía cubana: el níquel, el azúcar, el tabaco. Pero el nuevo modelo de economía mixta, basado en la exportación, revela ya uno de sus desafíos: ¿Habrá suficiente capital extranjero que quiera invertir en la industria ligera cubana, la que produce los zapatos, la ropa, los jabones, los fideos que consumían los cubanos y que hoy tiene tantas fábricas paradas?

Y si hay ese capital, una parte de lo que produzcan esas fábricas reactivadas tendrá necesariamente que exportarse (¿a dónde?) para con parte de las divisas que se ganen (¿cuánta?) permitir a la industria seguir funcionando hasta que un día (¿cuándo?) la fábrica produzca lo suficiente como para exportar y ganar y para que también los cubanos (¿todos?) puedan consumir ese producto.

En la nueva economía mixta cubana estarán ya siempre en una punta, los capitales internacionales y en la otra, un Estado nacionalista que se asocia con ellos en busca de excedentes para garantizarle a todos los cubanos sus "conquistas revolucionarias".

Los cubanos: ¿relegados?

¿Cuánto espacio económico debe controlar en esta alianza un Estado que pretenda dar a todos, a 11 millones y medio de cubanos, salud, educación y seguridad social de la mejor calidad? Es una de las acuciantes preguntas de fondo que se le abren hoy a la pequeña Cuba aliada del gran capital.

En la calle son otras las confusiones y otras las preguntas. En su afán por captar inversiones, el discurso oficial maldice al capitalismo, pero bendice a los capitalistas que invierten en Cuba, sea cual sea su historial. Estos aplausos a los inversores coexisten con el mayor hermetismo sobre las inversiones. De la mayoría de estas operaciones nadie conoce apenas nada hasta que los acuerdos se firman. Todo el proceso de inversión extranjera transcurre super centralizado en la cúpula. "Estamos en guerra, tenemos encima el bloqueo", es la justificación. Un eventual y necesario control social ni se plantea.

Falta transparencia. Y no precisamente para saber si alguien roba ése no es el problema en Cuba sino para debatir cómo se establecen las prioridades. ¿Y no es socialismo el socializar las decisiones? Me cuentan cómo la máxima dirigencia revolucionaria "planchó" en la Asamblea Nacional a un diputado que sugirió un control del proceso de inversiones extranjeras por los órganos del Poder Popular.

"Le están vendiendo el país a los extranjeros", dicen alarmados algunos cubanos, que hacen eco a las radios de Miami y que magnifican los hechos, tanto por los aplausos como por los silencios oficiales. "Parecería que el pecado ahora es ser cubano, mientras se llama amigo a cuanto extranjero viene aquí a invertir su capital. Los cubanos no tenemos espacio en casa, mientras se les abren las puertas hasta la cocina a algunos extranjeros que en su país son más reaccionarios que el peor de los cubanos", llega a afirmar un documento de trabajo de la Iglesia Católica de Cuba.

La apertura al capital internacional y el turismo en auge van abriendo así el país, no sin perplejidades y escándalos. Son muchos los cubanos que se sienten relegados. Me cuenta furioso y desencantado Fermín, un viejo mecánico, que lo trataron mal en un hotel y en más de una de las tiendas en dólares. "Hay autoridades que ahora a uno, por ser cubano, lo hacen sentir un comemierda". No es él el único que carga con esa sensación.

Otros andaban preocupados por la nueva ley de inversiones. Su elaboración se mantuvo excesivamente compartimentada, su discusión no trascendió, nadie sabía nada, nadie sabía cómo iba a salir una ley que tanto afecta a todos. Entre algunos la expectativa era saber si los cubanos con capitales podrían o no invertirlos en Cuba. El costo político de relegarlos es muy alto. Sí, es muy variado el abanico de las perplejidades a la hora de esta apertura. La economía cerrada a su entorno y sobreprotegida por el apoyo soviético en la que Cuba se manejó a la defensiva, "ha caído" hecha pedazos. Hoy Cuba está empeñada en una peculiar ofensiva para atraer capitales y capitalistas. ¿Qué imprevisible socialismo surgirá de esta alianza?

DEL IGUALITARISMO A LA EQUIDAD

Hasta la desintegración de la URSS, y a pesar de carencias e imperfecciones, Cuba fue la sociedad más igualitaria del planeta Tierra. La sociedad con más desarrollo social de todo el Tercer Mundo. Con las mismas oportunidades para todos los cubanos y los mismos beneficios para todos.

El igualitarismo con que se diseñó la revolución fue aliviando aceleradamente el inmenso yugo que pesaba sobre la mayoría de los cubanos que por pobres, por campesinos, por negros y mulatos, por mujeres, habían vivido excluidos de la enseñanza elemental y de la salud básica y también de los libros, de la luz, del agua, de las vacunas, de la universidad, del cine, del deporte, de las vacaciones, de la seguridad en la vejez. De tantas cosas. De la participación en un proyecto nacional.

Un solo país, dos economías

Esa igualdad desde el nacer hasta el morir, ese igualitarismo, cimentó el consenso político de la revolución, consenso indispensable para enfrentar la agresividad de Estados Unidos. Muchos cubanos durante muchos años tradujeron socialismo por igualitarismo. Pero ese igualitarismo que cimentaba el consenso político despojaba a la economía de una de sus claves: un sistema de estímulos. Un exceso de igualitarismo conduce a una inmensa injusticia. Y desestimula de principio a fin la economía. ¿Para qué trabajar si al final no pierdo nada y tengo lo mismo que el que trabaja? En tiempo de crisis, el igualitarismo desestimula aún más el trabajo y estimula el mercado negro, ampara todo lo que de trampa, engaño y mañosería cabe en la palabra "cubaneo".

Hoy el igualitarismo está quebrado en Cuba en la medida en que toda la economía se ha dualizado. Por una parte de la economía lo más ostensible son los enclaves turísticos y especialmente, Varadero circulan divisas (dólares y otras monedas fuertes) y por otra parte de la economía circulan pesos, debilitadísimos con la crisis. En la economía mixta, la de las divisas, se acumulan todos los privilegios que pueda haber hoy en Cuba, mínimos si se los compara con los que separan a los pocos ricos y a los muchos pobres de cualquiera otra sociedad del mundo. Pero máximos por lo duro del prolongado período especial. Basta tener un dólar para poder comprar una hermosa barra de pan y "escapar" así del único pancito que por día y por persona te venden por la libreta de racionamiento. "Chica me hace observar un viejo canoso , con todo y período especial lo que nadie entiende aquí es que después de 35 años la revolución no haya resuelto ni siquiera priorizado el pan". Con cada vez más carencias, la libreta sigue funcionando en la parte de la economía estatal donde sólo circulan pesos y sigue garantizando a precios muy bajos arroz, frijoles, chícharos, azúcar, algunas onzas de proteína y la leche para los niños más pequeños.

El auge del turismo empezó a traer dólares a Cuba. Venían más aunque escondidos en los bolsillos de los cubanos que viajaban a visitar parientes en la isla. El dólar circulaba, pero de forma ilegal. En julio/93 el gobierno cubano despenalizó la tenencia de dólares en manos de los cubanos. Y a la par, creó redes comerciales centenares de tiendas en toda la isla para vender sólo en dólares a los cubanos que los tuvieran algunos productos escasos que no podía ofertar a toda la población. Era el camino más práctico para recoger los "fulas" e incorporarlos a la debilitada economía estatal.

"Pero hubo que esperar a que más de mil millones de dólares circularan clandestinamente en Cuba y más de la mitad del fondo mercantil del país se moviera en el mercado negro, donde se vendía desde un jabón hasta una casa, para decidirse a legalizar el dólar", me puntualiza quejoso un amigo. A comienzos del 94 vinieron medidas de ajuste financiero para reducir el exceso de circulante en pesos.

Con dólares se "escapa"

Todas estas disposiciones se han mostrado eficaces. Al abrir 1994, el cambio "negro" llegó a estar a más de 120 pesos por 1 dólar y en unos 6 meses pasó a 35 40 por uno. Se pueden cambiar dólares por pesos, pero no al revés. Lo distorsionada de la situación financiera no aconseja aún la libre convertibilidad de las divisas. Sólo cuando esté garantizado un mínimo umbral de producción la moneda nacional será libremente convertible y volverá a tener la plena soberanía que hoy ha perdido en la economía dualizada.

La legalización del dólar permitió la entrada en Cuba de forma abierta, y por eso creciente, de remesas familiares que llegaban de Estados Unidos. Más de 1 millón de cubanos vive en los Estados Unidos 700 mil en Miami y aunque algunos "se toman la cocacola del olvido", muchos no lo hacen. Se calculó conservadoramente en unos 250 millones de dólares lo que sería el monto de estas remesas en el primer año, con tendencia al incremento. Pero un año después de iniciada la experiencia, y al calor de la crisis de los balseros, el Presidente Clinton prohibió el envío de remesas a Cuba. Evidentemente y aunque no lo dijo, para "bloquear" el proceso de recuperación del peso cubano. Algunos dólares siguieron llegando por los más pintorescos medios, aunque no en la misma cuantía.

Hoy, quien tiene dólares vive mejor que el que no los tiene. Y muchos profesionales y técnicos se pasan a trabajar a áreas de la economía mixta para "escapar". A otros profesionales los destina el propio Estado al área turística. Aunque no existen estudios, algunos economistas calculan que por las diferentes vías y redes formales e informales que la economía dualizada va creando, el 40% de los habitantes de La Habana tiene regularmente acceso a dólares, aunque sea a unos pocos. En el interior del país sería menor el número.

¿Se pierden los valores?

Con la desigualdad creada por las divisas legales, el Estado busca mantener algunas otras igualdades esenciales. Si, por ejemplo, vende jabón de baño (importado o nacional) a algunos cubanos en la red comercial en dólares, con esas divisas puede garantizar por la libreta a todos los niños cubanos hasta los 7 años un litro de leche diario a 25 centavos de peso, que es nada. Esta operación que el Estado hace "por arriba", en su caja central, y que crea algo de igualdad a partir de algo de desigualdad, no la entienden muchos. Lo que muchos ven hoy es que ya no es como antes, que "ya el suelo no está parejo para todos", como decía molesta una enfermera. En la cultura política cubana nada irrita tanto como las desigualdades.

Las divisas legalizadas y ya omnipresentes han creado algunas. Cortaron de un tajo el igualitarismo. La nueva economía mixta que Cuba va forjando es la que lo corta irreversiblemente. ¿Le quita esto consenso a la revolución? La situación previa, de un extendido mercado negro, había llegado a crear ya mucha desigualdad aunque más clandestina y todos lo saben. El estancamiento de aquella situación sin salidas también erosionaba el consenso. El alivio que la legalización del dólar trae a una buena parte de los cubanos justifica a plenitud la medida. Los valores que se sembraron en Cuba en 30 años matizan de mil maneras el individualismo puro y duro que siembra y cosecha el capitalismo en otras latitudes. "¿Sabe? me decía un ingeniero de 32 años que vende artesanías en dólares y sobrevive con eso , yo sufro porque no puedo ayudar a mi vecino. A mí no me alcanza, y veo las que él está pasando y me mortifica. Yo no me conformo, lo que no podemos perder son los valores".

Pero la hora es crítica. Y se podrían perder. Porque "los valores" hay que sembrarlos y resembrarlos y cultivarlos permanentemente. El igualitarismo "ha caído" hecho añicos. Todos en Cuba te hablan de esto al empezar a hablar de cualquier cosa. El igualitarismo se presentó durante mucho tiempo como un valor. Pero no lo es. La meta es la equidad. Y el valor es la solidaridad. Sin embargo, a la hora de la caída del igualitarismo se echa en falta en los medios de comunicación social, en el discurso oficial, una reflexión sobre todo esto, que vaya acompañada de una convocatoria permanente, inteligente y atractiva a la solidaridad entre los cubanos que hoy tienen y pueden más y los que tienen menos. Ninguna otra urgencia puede descuidar el cultivo de este valor.

DE UN MODELO DE SUBSIDIOS A UN MODELO DE ESTÍMULOS

Los excedentes que producía la economía cubana eran totalmente insuficientes para financiar los grandiosos proyectos de inversión que en la agricultura, la industria y toda la infraestructura se hacían. Mucho más lo eran para levantar el masivo y sofisticado sistema de salud y educación que la revolución creó. Desde escuelas primarias en el último rincón del campo hasta escuelas especiales para todas las discapacidades y universidades en todas las provincias. Desde centros de salud en la punta de una loma hasta decenas de hospitales habilitados con el último grito de la medicina moderna. El excedente para todo esto se obtenía de los soviéticos. El modelo era siempre deficitario. Siempre había necesidad de más y más subsidios. Y el presupuesto nacional se armaba cada año no ajustando las demandas a la realidad, sino ajustando los números a las demandas. Siempre había más egresos que ingresos.

La revolución cubana cubría con subsidios sus ambiciones y sus sueños. También su despilfarro. Y, sobre todo, la creciente ineficiencia y falta de rentabilidad de su economía. En los primeros años de la crisis se siguió subsidiando todo el todo que cada vez era menos y eso llevó a un exceso de circulante insoportable. Con una gran demanda creada durante años y con una oferta mínima, la moneda perdió su valor, el salario perdió su sentido y la indisciplina laboral, la falta de productividad y la ineficiencia características históricas llegaron a batir récords.

Parlamentos Obreros: una innovación

Desde comienzos de 1994 Cuba ha tomado un amplio conjunto de medidas de ajuste financiero para reducir el circulante (12 mil millones de pesos a mediados de 1994) y para recuperar el valor de la moneda, como paso indispensable para estimular el trabajo, para estimular la producción y la productividad, único camino para remontar la crisis. Para realizar este ajuste Cuba no recibe crédito internacional, lo que hace más difícil y complejo el proceso. El ajuste financiero intenta equilibrar el presupuesto. O dicho más propiamente, se intenta por primera vez hacer realmente un presupuesto. El ajuste cubano tiene como todos dos manos: con una recoge impuestos, con la otra recorta subsidios.

Las medidas de ajuste fueron precedidas por los Parlamentos Obreros: 80 mil reuniones en las que participaron unos 3 millones de trabajadores, celebradas durante varios meses de 1993 94 en todos los centros de trabajo del país. Dirigentes sindicales y partidarios explicaban las características de la crisis cubana, las medidas para enfrentarla y la más dura de ellas: el ajuste (impuestos, recortes de subsidios, supresión de gratuidades...). También fueron espacios para evaluar la eficiencia y la disciplina laboral en cada centro de trabajo. Y para que los trabajadores dieran sugerencias y expresaran sus opiniones.

Aunque estuvieron muy pautados "desde arriba", los Parlamentos cumplieron su misión de "alfabetización económica". Hubo divulgación, se tomó conciencia. Y algo se debatió. De hecho, han quedado constituidos como un mecanismo permanente de consulta. En estos tiempos neoliberales, en que las medidas de ajuste económico se esconden, se disfrazan y se imponen en nuestros países, la revolución cubana insistió en que los ajustes no son un problema técnico ni de los técnicos sino político y del pueblo y quiso abordar políticamente la crisis económica con este instrumento, buscando consenso y participación. Es algo innovador. Ningún gobierno latinoamericano que haya emprendido ajustes económicos y son todos se atrevería a hacer algo así.

De los Parlamentos Obreros fue de donde surgió con fuerza la medida (mayo 94) de confiscar los bienes de los "macetas", individuos que acumularon una desproporcionada cantidad de bienes (casas, vehículos, joyas, productos) y de dinero (divisas y pesos cubanos) a medida que crecía y se perdía control de la bolsa negra. Tres meses después del decreto de confiscación, se habían abierto expedientes a 377 "macetas" que retenían bienes, aunque no en las cantidades espectaculares que al principio se previó.

Aprendiendo a pagar impuestos

Los cubanos no tienen ninguna experiencia de la obligación ciudadana de pagar impuestos. Durante 30 años, sólo los timbres y algún arancel aduanero fueron fuente fiscal del Estado. No hay la más mínima educación tributaria. Hoy ya empiezan a cobrarse algunos impuestos se paga el agua y la luz proporcionalmente a su consumo, se paga más por el placer de fumar o de beber, se pagan licencias por el trabajo privado, se paga en los aeropuertos, se paga más el transporte por tierra, mar y aire, etc. . Desde agosto 94 está aprobada, aunque aún no se aplica en su totalidad, la Ley Tributaria, que regula todo el paquete de impuestos. Las mayores expectativas las generó el impuesto sobre los beneficios, tanto los que gravan las ganancias de una empresa de capital mixto como las de un trabajador por cuenta propia. Los Parlamentos Obreros recogieron una gran resistencia de la población a que se establezca un impuesto sobre el salario. "¡¿Me van a quitar más de lo poco que tengo?!"

También se han recortado los subsidios. Y aún tendrán que ser más recortados. O conservados sólo para los que más los necesitan: familias numerosas o con salarios más bajos. Hoy ya se paga algo por el almuerzo que los niños reciben en las escuelas y los círculos infantiles. Se pagan los estudios de idiomas extra curriculares. Se paga la entrada en los estadios y en los espectáculos culturales. Se pagan las vitaminas que previenen la neuritis óptica. Lo que se cobra es casi simbólico, insuficiente para cubrir el costo real de lo que se da y la salud y la educación, como actividades, siguen fortísimamente subsidiadas.

El desafío del pastel

Cuando en Cuba se habla hoy de "preservar las conquistas del socialismo", de "las conquistas de la revolución", de lo que se está hablando exactamente es de la salud, de la educación y de la seguridad social, especialmente para proteger a niños y a ancianos. "No hemos conquistado toda la justicia, pero tenemos que salvar toda la justicia conquistada": así expresa el actual compromiso de la revolución Fidel Castro en su muy importante discurso a la Federación de Mujeres Cubanas (marzo 95).

Actualmente, el gasto estatal en estas tres "conquistas" a pesar de las evidentes deficiencias que en ellas ha provocado la crisis consume el 40% del presupuesto. El gobierno cubano ha reiterado que estas tres áreas permanecerán bajo control estatal y que la revolución "no dejará a ningún cubano desamparado". Aunque en estas áreas empieza a desaparecer el injusto igualitarismo una operación de cirugía estética, aún por capricho, ¡era gratis! , se reserva para ellas el gran desafío de la equidad social.

Desafío que enfrenta contradicciones. Algunas estructurales. Los viejos y viejitas de la Cuba que tanto alargó la esperanza de la vida, son una de ellas. La pirámide poblacional cubana se parece a la de un país desarrollado. Son muchos los jubilados los hombres se jubilan a los 60, las mujeres a los 55 y los ancianos que viven de pensiones de la seguridad social. Representan el 10% de la población total. Hoy, cada cubano que trabaja sostiene los servicios sociales de otros tres cubanos niños o ancianos . En el año 2000, sostendrá a cuatro. La tendencia demográfica es a una disminución del número de niños y a un incremento del número de jubilados: en 25 años serán casi el 30% de la población. El rubro seguridad social tendrá que crecer. Y el sistema de salud tendrá que ir incorporando los avances de la geriatría.

Es una de las varias contradicciones del grandísimo desafío de Cuba en esta hora. Si los sistemas de salud, educación y seguridad social, tan masivos y de tan alta calidad, no deben deteriorarse, deben crecer y perfeccionarse y deben seguir abiertos para todos, ¿qué parte del pastel, qué gran parte del pastel que no garantizan nunca los impuestos debe conservar el Estado en el nuevo modelo mixto para hacer realidad este compromiso revolucionario?

"Nosotros estamos ahora obnubilados por la crisis me comenta un intelectual, ya experto en cruzar La Habana en bicicleta . Pero al día siguiente de que cuadremos las cuentas, el problema de ahí en adelante es cómo hacer crecer el pastel. Ahora estamos viendo cómo recuperamos el plato, la cocina, un poco de polvo para hornear... Pero cuando hagamos un pastel que permita que la gente sobreviva, tendremos que entrar al problema central de la política económica: ¿cómo crece el pastel en las circunstancias de Cuba hoy?"

¿Cuba lo podrá lograr?

El pastel ya no puede crecer con el excedente de otros ni con los subsidios. Ya nunca más crecerá así el pastel cubano. Sólo puede crecer con producción. El desafío de la equidad está así estrechamente ligado al más descomunal de los retos internos que se le plantea hoy a la economía cubana: ser capaz de crear un modelo de estímulos al trabajo adecuado al país, a su nueva realidad y a su justa ambición de justicia.

Durante más de 30 años el pleno subsidio desestimuló plenamente el trabajo. El estímulo "moral" reconocimiento al heroísmo, apelación a la conciencia se demuestra, en Cuba y en la Patagonia, insuficiente para que todos y no sólo algunos héroes hagan eficiente la economía. Y un modelo de estímulos sólo positivos, que no incluya sanciones, castigos, despidos, coerción, no es acorde con la condición humana.

Sólo si se logra estimular al máximo el trabajo de todos, si se logra inculcar la convicción de que el primer compromiso moral es precisamente trabajar, se podrá garantizar la igualdad de oportunidades para todos. Esta forma de pensar el estímulo implica necesariamente cuotas de diferenciación salarial y de consumo, cierta desigualdad en los estilos de vida. Supone lo que propone el socialismo: a cada uno según su trabajo.

Cuba transita hacia esa meta. En un mundo cínico como el actual, donde el capitalismo habla de su "éxito" a la vez que excluye de él y hasta de su sombra a tres cuartas partes de la humanidad, Cuba está dispuesta a demostrar que así no puede ser, que no hay una fatalidad económica que desvincule la eficiencia y la equidad social, que el desarrollo económico y el social pueden y deben darse la mano. Cuba quiere ser eficiente y no quiere excluir a nadie. Sólo organizando lo que nunca tuvo, un modelo de estímulos adecuado a su nueva realidad económica, podrá demostrar que esto es posible.

"¿Y Cuba lo podrá lograr? le pregunto algo escéptica a un lúcido cientista social mientras nos tomamos el típico café con leche cubano ¿No será ya demasiado tarde?" "Hemos perdido mucho tiempo, tenemos que reformar muchas cosas y a todo ya llegamos tarde. Pero el refrán dice que no llega tarde quien llega me responde optimista . Yo creo, y no es una creencia basada en ninguna fe religiosa, que sí, que lo lograremos, que tenemos la voluntad y la capacidad para lograrlo y que al final de este camino tendremos una economía próspera con cuotas de equidad social inéditas en todo el Tercer Mundo". Es todo el Tercer Mundo el que ganará si Cuba lo logra.

DE LA PLANIFICACIÓN ESTATAL A LA AUTOGESTIÓN

Aunque en Cuba los planes tardaban más en hacerse que en deshacerse o reformarse sustancialmente, la economía cubana era planificada centralmente desde el Estado en el sentido de que el Estado establecía las prioridades y administraba y distribuía todos los recursos. Y cuando una rama de la economía no aportaba ganancias, el Estado siempre la subsidiaba. Así, año tras año.

En la agricultura era donde el Estado más invertía y en donde más subsidiaba. Porque la rama más ineficiente y más irrentable de la economía cubana era la agricultura. Más inversión, más ineficiencia. Más y mejores recursos, más ineficiencia. Paradójicamente, la agricultura estatal podía mostrar muy positivos resultados: enormes logros en la producción.

La niña de los ojos de Fidel

El proyecto agrícola fue ambicioso. La revolución transformó la agricultura: multiplicó el área de cultivos, creó una agricultura extensiva, fomentó múltiples formas de mecanización, se sirvió de todas las tecnologías para aumentar los rendimientos, creó nuevas ramas productivas cítricos, avícola, ganadería genética . Cada vez se producía más y más de muchas cosas. Se lograban significativos volúmenes, pero a la hora de traducir la actividad en números, en términos financieros, aparecía el problema: se producía más, pero nunca en proporción a lo que se invertía. Pero de esto nunca se le decía nada a nadie, de esto nunca se hablaba.

La revolución transformó no sólo el campo, también la vida del campesino. Alivió con máquinas el pesado trabajo de los macheteros en la zafra del azúcar, llevó la electricidad hasta el último rincón de la montaña, enseñó a leer y a escribir. Y pronto, los hijos de campesinos que llegaron analfabetos a adultos, ya querían ser universitarios. Con esta ambiciosa política, la revolución le dio la vuelta a la tortilla demográfica de la isla y hoy el 74% de los cubanos es población urbana y sólo el 26% población rural.

En la agricultura cañera la caña era y siguió siendo con la revolución la base de la economía cubana y re presenta todavía casi un 70% de las exportaciones se produjeron trascendentales transformaciones. La productividad creció en un 40% con toda la variadísima tecnología empleada. Se lograron rendimientos históricos. Zafras promedio de 8 millones de toneladas, que a los precios preferenciales con que la URSS pagaba el azúcar cubano, eran como zafras de 16 millones de toneladas.

Dentro del CAME, Cuba se especializó en la caña. La URSS financiaba los avances tecnológicos que hacía la industria azucarera cubana y compraba a Cuba toda su zafra a cambio de todo el petróleo que el país necesitaba (13 millones de toneladas en 1989, aunque con un uso más racional bastarían 10 para que el país funcionara a plena capacidad). Aunque irrentable calculadora en mano, por sus rendimientos y por su ambicioso diseño, por la inmensa acumulación de capital lograda, la agricultura estatal cubana podía presentarse ante cualquiera con justo orgullo. Así la presentaba la revolución. Según algunos, era "la niña de los ojos de Fidel".

Volver al campo

El desplome del socialismo europeo desplomó el proyecto de la agricultura estatal cubana. Lo más grave y aún sin solución es que se ha perdido el 45% de la productividad de la caña, el

Cuba: Cultivo central. Cayeron también en picada todas las otras producciones. Menos cantidad de todo. ¿Cómo garantizar extensiones tan infinitas de caña sin yerbicidas? ¿Y de dónde vienen los repuestos rusos para los tractores rusos? ¿Y con qué fertilizante abonar áreas tan enormes? ¿Y si la torula se producía para que los alemanes alimentaran con ella a sus vacas a cambio de leche en polvo para los niños cubanos, ahora qué?

¿Y ahora qué con todo esto? Toda la agricultura entró en crisis. Y enseguida otras preguntas. Porque no sólo faltaba tecnología, sino que faltaban hombres. ¿Y si las combinadas de caña no se mueven por falta de petróleo, cuántos macheteros vamos a necesitar para cortar, para alzar la caña? ¿Y dónde están esos macheteros? Se empezaron a castrar toros por decenas de miles para que como bueyes suplieran a los tractores. Pero un buey no logra arar áreas tan extensas.

La gran escala y la alta tecnología conspiraban contra la recuperación agrícola. También conspiraba la propia humanización del trabajo, que atrajo a tantos obreros agrícolas a la ciudad. También el modelo burocrático y centralizado que gestionaba las inmensas granjas estatales. También la indisciplina laboral fomentada por una economía sin un modelo de estímulos. Y la realidad mostraba que Cuba, a pesar de la revolución, nunca dejó de ser un país agrícola, destinado a vivir durante muchas eras de lo que el campo produce y que lo que había logrado en 30 años era organizar modernizar tecnificar su agricultura, creando a partir de ella nuevas ramas agroindustriales. Pero hasta ahí.

Cuba necesitaba ahora volver al campo y hacer producir el campo. La crisis en la agricultura en la ganadería ocurría lo mismo se dejó sentir pronto en la dieta de los cubanos. Y no tanto porque los avances en la agricultura estatal hubieran estado vinculados a garantizar la autosuficiencia alimentaria lamentablemente nunca fue así , sino por una enredada maraña de razones. El queso, el yogur y la mantequilla, por ejemplo, desaparecieron de la mesa porque la leche de todas las vacas cubanas se decidió dedicarla a garantizar la leche de los niños y de los viejos. Porque ya no llegaría más leche en polvo de Alemania Democrática. Porque ya no existía Alemania Democrática. A la altura de 1993, los cubanos no estaban ni desnutridos como tantos latinoamericanos, ni sometidos a una hambruna como tantos africanos. Era otra cosa. Pero todos habían adelgazado ostensiblemente. Comían mal y muy poco todos los días en los tres tiempos de comida.

La tercera reforma agraria

En octubre de 1993 llegó la respuesta, que sorprendió a todos. La agricultura estatal iba a ser cooperativizada en su casi totalidad. De todos los cambios económicos, éste ha sido el único que se anunció con un acuerdo del Buró Político del Partido. Una señal del compromiso empeñado en un cambio que quiebra la arraigada concepción de que socialismo equivale a estructura estatal.

Las empresas agrícolas estatales están en proceso de disolución y la tierra de estas empresas se entrega en usufructo a sus obreros agrícolas que, organizados voluntariamente en cooperativas, empiezan a hacerlas producir. Los trabajadores administran, gestionan y organizan la producción. Son dueños del producto. Venden al Estado una cuota y el resto lo venden en mercados libres. Nadie esperaba una cosa así. Sin duda, es el cambio más estructural y más trascendental de todos los que ha hecho hoy Cuba. El más osado, el más revolucionario. Un test de hasta qué punto la revolución está dispuesta a hacer cambios. "La tercera reforma agraria": así lo califican muchos.

Las tierras que quedan ociosas después de cuadrar tierras hombres para formar cada cooperativa, se entregan en forma de fincas individuales a productores privados que las solicitan. Este aspecto de la medida que inicialmente se pensó como algo marginal fue agarrando mucha fuerza y llovieron las solicitudes para obtener en usufructo esas tierras. Y esta atractiva modalidad hizo volver al campo a muchas familias de las ciudades. En marzo/95 se calculaban 8 mil fincas repartidas ya de esta forma y unas 40 mil personas familias enteras recuperadas así para el sector rural.

Al final del proceso -como todos los cambios en Cuba, rigurosamente ordenado , el 52% de la tierra agrícola cubana incluyendo la tierra cañera , casi un millón y medio de hectáreas, estará en manos de unos 400 mil obreros agrícolas que fueron asalariados del Estado y que trabajarán en forma cooperativa en unas 4 mil BPC (Unidades Básicas de Producción Cooperativa). Un 20 25% de la tierra agrícola estará en manos de productores individuales: los campesinos propietarios que siempre hubo y los nuevos productores, usufructuarios de fincas, creados con esta medida.

Se juntan así un amplísimo proceso de cooperativización y un significativo proceso de re campesinización. Aunque la tierra estatal que se da a las cooperativas y a los nuevos finqueros no se otorga en propiedad, sino en "usufructo indefinido", se trata de un proceso de tan gran escala que parece imposible considerarlo un experimento reversible. En la ganadería, está propuesta una medida similar: repartir el hato ganadero estatal de forma cooperativa.

El Estado conserva tierras y producción en granjas y unidades experimentales específicas. También conserva las tierras que hacen producir desde hace ya algunos años las fuerzas armadas a través del llamado EJT (Ejército Juvenil del Trabajo). Unos 50 mil militares jóvenes están dedicados a la producción agropecuaria en más de 150 granjas estatales, que abastecen casi todo el consumo de las fuerzas armadas y algo el de la población. Son empresas eficientes, donde la disciplina militar es la clave del éxito económico.

Mercado libre de nuevo

Si el principio que rige la total apertura al capital extranjero es que ninguna fábrica esté parada, el principio en la agricultura es que ninguna tierra permanezca ociosa, que toda la tierra produzca. Para exportar. Y también para comer. La crisis de alimentación de la población cubana es tan aguda, que Raúl Castro ha llegado a formular: "La principal tarea económica, política, ideológica y militar que tenemos por delante (los militares) es la producción de alimentos". O así: "Para defender la revolución, hoy valen tanto los frijoles como los cañones".

Para estimular la producción de alimentos, y como medida complementaria a la desestatalización agrícola, se abrieron desde octubre 94 por toda Cuba más de 200 mercados libres agropecuarios, reedición del polémico mercado libre campesino, clausurado en varias ocasiones por decisión de la más alta dirección del país, descalificándolo por la acumulación capitalista a la que se prestaba.

En los nuevos mercados, campesinos y productores individuales, las UBPC, las CPA cooperativas nacidas en los años 70 y las empresas del EJT venden a precios de oferta y demanda los excedentes que obtienen, después de servir al Estado las cuotas que éste necesite para cubrir la alimentación de escuelas, hospitales y otros centros.

Aunque son aún pequeños y apenas cruzan los umbrales de una experiencia inicial, estos mercados han aliviado ostensiblemente el desabastecimiento. Se come con la boca y también con los ojos. Los habaneros han vuelto a ver, después de muchos años, una fruta bomba o un mamey y han vuelto a acompañar la comida con yuca, malanga o boniato. Y aunque los precios son altos es aún baja la oferta y enorme la demanda , por aquí o por allá aparecen algunos pesos y en un día especial uno "inventa" algo y algo consigue para comprar una pierna de puerco, el rey de la mesa cubana. Todo esto se podía hacer antes, pero no siempre y a precios aún más altos y en la clandestinidad. Ahora ya es legal.

Una cosa es pintar el pájaro...

La revolución cubana satanizó el mercado y trató siempre de erradicar, por pureza doctrinaria, las relaciones monetario mercantiles. Fue una propuesta única dentro de todo el campo del socialismo real, pues en el marxismo lo que se debate es cuánto plan y cuánto mercado, pero nunca se propuso el no mercado. Hoy, la realidad ha hecho añicos esta insensatez que la dirección cubana mantuvo durante tanto tiempo.

La diversidad de empresas, los intereses de inversionistas diversos y de una gama diversa de productores hacen ya imposible un manejo centralizado y planificado de toda la economía. También el mercado y sus leyes la manejarán. Esto reduce el papel del plan y el de la burocracia. Y a la vez incrementa el papel de control que puede y deberá jugar la sociedad para defender los intereses de todos de los intereses meramente individuales.

La sociedad cubana tiene que aprender a ser autogestionaria. El primer paso se ha dado en el campo. La producción autogestionaria va a dominar la estructura agraria. Pero crear una cooperativa no es lo mismo que lograr que ese grupo de agricultores hasta ayer asalariados estatales funcione como cooperativa. Mucho menos cuando estas cooperativas han sido creadas "desde arriba" y esta forma de organización productiva no responde a una demanda hecha y luchada "desde abajo". "Una cosa es pintar el pájaro y otra es que cague", dice un refrán cubano. Las UBPC ya están pintadas. Ahora, tienen que aprender a vencer todas las resistencias que hay "por arriba" en los burócratas de la agricultura, después de tantos años de verticalismo y autoritarismo. Y tienen que superar toda la inexperiencia que hay "por abajo", en estilos, hábitos de trabajo y falta de conciencia de los nuevos cooperativistas.

El proceso será lento y pasarán años hasta que se vea al "pájaro" en acción. Si esta experiencia se consolida, Cuba habrá visto caer el pilar de su socialismo estatista y estaría en marcha hacia la construcción de un socialismo más participativo.

DE LA TECNOLOGÍA A LA ECOLOGÍA

La agricultura cubana, por la gran escala que se planteó y que alcanzó, por la tecnología masiva que pudo importar con los excedentes soviéticos, por tan amplia mecanización, no fue rentable en términos mercantiles, pero sí tuvo rendimientos espectaculares y volúmenes de producción históricos.

El mejor ejemplo está en el arroz, base histórica de la alimentación de los cubanos. Con la más sofisticada mecanización desde la siembra por avión hasta la cosecha con compleja maquinaria , Cuba alcanzó un récord histórico, al cubrir el 50% del consumo nacional de arroz. Hoy, esta producción, una de las más tecnificadas, es una de las que más resiente el golpe de la crisis. Cuba sólo puede producir ahora el 10% del arroz que consume. El resto llega de Corea o de China y en solidarios barcos cargados de arroz con los que el Vietnam agradece las toneladas de solidaridad que Cuba le regaló durante su guerra con los Estados Unidos.

Toda la agricultura cubana "cayó", padece una severa regresión tecnológica de muy difícil salida. Una de las que se ha buscado es la cooperativización. ¿Otra será la que plantean los ecologistas? Aunque en Cuba hubo siempre importantes medidas en favor de la Naturaleza reforestación masiva, denodada lucha contra la salinización de los suelos, conservación de especies autóctonas, el propio pastoreo de ganado con el método Voi sin es hasta ahora que, por la fuerza de la realidad, Cuba se ha topado con la agricultura orgánica.

La regresión tecnológica obliga a los agricultores cubanos a descubrir o a re descubrir los más viejos los fertilizantes y los plaguicidas orgánicos. Y hoy se crían lombrices o se producen industrialmente bacterias para sustituir los abonos químicos, se siembra el árbol del nim para combatir con sus hojas todo tipo de plagas también las humanas: chinches o sarna , se inventan arados menos agresivos, se exploran caminos en la energía solar o en la que da el viento, se recurre a las semillas del tempate en busca de combustible, se aprende sobre el biogás y el buey vuelve a ser colega como ha tenido que serlo en la ciudad la bicicleta. También se vuelve, cada vez más científicamente, a la inmensa gama de las plantas medicinales autóctonas. En esto de la "medicina verde" son pioneras las experiencias productivas de las fuerzas armadas. Y en todas las búsquedas ecológicas, van a la cabeza algunos grupos comunales y cristianos que reciben el apoyo de organismos no gubernamentales.

Experiencia única en el mundo

De todas las transiciones que hoy hace Cuba es ésta de la tecnología a la ecología la más inconsciente de todas, la que pasa más inadvertida a la mayoría de los cubanos, que lo único que ven y lamentan es el atraso sufrido, sin alcanzar a valorar aún el camino iniciado.

No se ha generalizado aún una conciencia ecológica en Cuba. Para casi todos, tener preocupación medioambiental no pasa de "no maltratar a los animales", "sembrar árboles" o "conservar a los cocodrilos de la Ciénaga de Zapata". Sin embargo, la transformación de gran parte de la agricultura cubana en unidades de pequeña escala, la necesidad de consolidar en el campo una población que sustituya a la máquina o a la química con el trabajo intensivo de toda la familia y la escasez de insumos importados de todo tipo que se prolongará durante mucho tiempo, empuja a toda Cuba, y de un solo empujón, en la dirección ecológica.

Tan significativa esta nueva situación que el eminente agroecólogo estadounidense Peter Rosset, llegó, vio y se entusiasmó tanto que concluyó: "En Cuba se está desarrollando la más amplia experiencia de agricultura sostenible de todo el mundo". El interés que esta experiencia ha despertado entre estudiosos y ecólogos de todo el mundo es creciente.

Buscando sólo sobrevivir, tal vez Cuba encuentre los secretos de la vida. Y retada por la escasez de los recursos de la tecnología, tal vez descubra la abundancia de los recursos de la Naturaleza. Tal vez aprenda como decía Teresa de Avila a "hacer de la necesidad virtud". Y al final, en la otra punta del arco recorrido, se encuentre con un tesoro. Mientras, conscientemente o a empujones de la realidad, está en camino de ser un país "más verde".

DEL PLENO EMPLEO ESTATAL A LOS CUENTAPROPISTAS

Ni una fábrica parada. Ni una tierra ociosa. El otro principio en la actual brújula de los cambios es: ni un cubano desempleado. Y comienzan a haber bastantes. También "se cayó" la política de pleno empleo.

La consecuencia de cualquier política de ajuste es siempre desempleo. La rentabilidad exige revisar plantillas y recortarlas. La racionalización de los costos y la exigencia de una mayor productividad desembocan siempre en el desempleo de cierto número de trabajadores. El recorte de los subsidios también crea desempleo. Como en todo eso está Cuba empeñada, el desempleo urbano crece. Hay una inmensa oferta de empleo rural, pero no todos quieren volver al campo. Y el turismo la rama que crece más aceleradamente y es más atractiva hoy no logra absorber a tantos. No se inflan las plantillas de los hoteles precisamente porque los administradores casi siempre extranjeros exigen eficiencia.

Hasta hoy, el Estado, cuando se le queda parada una fábrica y tiene que desemplear o cuando decide reducir plantillas, subsidia con un por ciento del salario a los que quedan sin trabajo, al menos durante unos meses, hasta que el desempleado encuentre otra forma de vivir. Trata de reubicarlo. O le da la oportunidad de hacer algún curso para que recicle conocimientos. Pero todas estas soluciones humanas aumentan el gasto social del presupuesto y tienen altos costos económicos. Y como, además, la moneda ha perdido tanto su valor, no se resuelve mucho con estos parches.
No se conocen cifras sobre el nivel de desempleo que existe hoy en Cuba, contando a los que perdieron su trabajo y a los jóvenes que llegan a la edad de trabajar y no encuentran dónde. Según algunos, ese desempleo podría afectar ya a un 10% de la población económicamente activa. Cualquiera que sea el porcentaje exacto, todo indica que la tendencia es a que el desempleo aumente.

Esta situación está en la raíz del tercer gran cambio estructural que se ha producido en la isla: la autorización del trabajo por cuenta propia. Junto con la masiva cooperativización de la agricultura estatal y con la apertura de toda la economía a la inversión extranjera, esta medida va a cambiar el perfil económico de Cuba. Y las tres medidas influirán en los nuevos perfiles políticos e ideológicos de la sociedad cubana.


Una decisión aberrante

En una decisión que muchos economistas de dentro y de fuera de Cuba califican de "aberrante", la llamada "ofensiva revolucionaria" suprimió en 1968 todos los servicios y pequeños comercios individuales y familiares. Desde una venta callejera de fritas o granizado hasta una barbería. Todo fue nacionalizado, bajo la concepción de que el pequeño comercio era, como toda propiedad privada, perverso y además, cuna de actividades contrarrevolucionarias. Peluqueras, manicuras, carpinteros, fontaneros, pintores, vendedores de guarapo, modistas, quincalleros, electricistas, etc., etc., etc., pasaron a ser asalariados del Estado y fueron integrados en empresas municipales de servicios. Cuba se quedó sin vendedores callejeros. Y sin pregones en las calles.

Esta decisión, además de abultar innecesariamente el gasto estatal, determinó desde ese mismo momento una increíble ineficiencia en todos y cada uno de los servicios. Y, a la vez, enriqueció su propio mercado negro. Una cañería que reventaba en cualquier casa debía ser reparada a muy bajo costo por el plomero estatal, pero éste o tardaba o no llegaba nunca o hacía el trabajo mal por falta de estímulo o porque no encontraba la pieza. Entonces, había que acudir al vecino plomero para que hiciera la reparación, a cualquier costo. Muchas veces, ese vecino plomero trabajaba en la empresa estatal. Allí era durante el día un asalariado ineficiente del Estado y en sus horas libres un clandestino eficiente, que cobraba precios muy altos y usaba piezas que había robado a la empresa estatal. Así sucedía con todo, o con casi todo. La crisis con escasez de repuestos, con exceso de circulante, con el deterioro de toda la infraestructura agudizó más esta situación.

¿Informales en las calles?

Un cambio en el área de los servicios fue reclamado por la sociedad cubana desde hace años, y especialmente en 1990, en aquel momento estelar de la revolución, cuando cientos de miles de cubanos no sólo los militantes del Partido debatieron el Llamamiento al IV Congreso del PCC e hicieron importantes sugerencias y aportes para los cambios.

La realidad logró por fin lo que no logró el reclamo de la opinión pública. El creciente desempleo, las muchas habilidades desaprovechadas y los salarios debilitados por una moneda enferma pudieron más que la "pureza" doctrinaria. Los cuentapropistas fueron autorizados en septiembre 94. Los primeros 40 mil son hoy unos 180 mil, pudiendo haber otros 100 mil que aún no han legalizado su situación. (La población económicamente activa de Cuba se calcula en 3.6 millones de personas).

Después de iniciales titubeos, de restricciones en el tipo de oficios autorizados, después de ambigüedades y de incoherencias como el que no se vendan repuestos o materias primas a estos trabajadores y artesanos , y sin querer admitir el fracaso y la histórica ineficiencia de los servicios estatales, la experiencia empezó a consolidarse, siempre dentro de un riguroso orden en el otorgamiento y renovación de las licencias.

¿Los cuentapropistas cubanos son el equivalente de los "informales" latinoamericanos? La distancia entre unos y otros es inmensa. Los trabajadores informales latinoamericanos han estado, en general, excluidos de casi todas las oportunidades y hoy el sistema los excluye también del empleo y el salario seguro. Los "informales" cubanos que venden en una plaza tallas de madera, aretes de carey o jarros de aluminio, los que venden zapatos o libros usados en las ferias callejeras de artesanía, fueron formados para servir a la sociedad y ahora la sociedad trata de incorporar sus habilidades a una salida colectiva de la crisis. Muchos son ingenieros o economistas que hoy, con la total distorsión de la moneda, sobreviven mejor vendiendo dos o tres güiros al mes en dólares que sus colegas que aún reciben un deprimido salario estatal. "Pero yo no quiero vivir de esto me dice un profesor de inglés, que talla con una chaveta caras de pirata en cocos secos . Yo quiero vivir de mi profesión y quiero hacer un par de post grados y quiero que mi salario me permita vivir de lo que me gusta: enseñar inglés". En cualquier caso, es preferible que la gente trabaje en lo que no le gusta a que no tenga trabajo.

Lo que nos sobra es gente

El trabajo por cuenta propia tiene también otra dimensión. Cuba calificó a muchos profesionales y técnicos que hoy la economía no puede absorber. "Nos falta de todo, lo que nos sobra es gente preparada", repiten hoy muchos cubanos. El Estado "exporta" a alguna de esta gente. Antes viajaban altruistamente, una especie de "misioneros". Médicos, enfermeras, entrenadores deportivos, instructores de arte, agrónomos, técnicos de muchas especialidades sirvieron gratuitamente en todo el Tercer Mundo. Hoy el Estado cubano hace convenios con otros Estados y los "exporta". Ganan los que salen, gana Cuba y gana el país que los contrata.

Aunque en todo esto debe tratar de evitarse una potencial fuga de cerebros, la fórmula de los convenios no tiene por qué ser la única. También las iniciativas individuales pueden caber. Pero prejuicios ideológicos muy arraigados que atraviesan las leyes migratorias impiden aún a Cuba el aprovechar mejor económicamente el capital de inteligencia de los cubanos que quieren irse a trabajar en el exterior. Hay más prohibiciones que permisos. Y más suspicacia que confianza. Y fiel a su gran principio, la burocracia migratoria de Cuba inventa un obstáculo para cada solución.

A pesar del boom de los cuentapropistas, el 90% de los servicios continúan aún en manos del Estado. Pero empieza a ocurrir que los trabajadores por cuentapropia ya legalizados con sus servicios y con sus productos de fabricación artesanal son cada vez más competitivos frente al Estado. Hacen las cosas con más calidad y con más variedad y las venden más baratas.

En todo logran competir. Entre los servicios, el taxista es el mejor ejemplo. El restaurante de la red estatal más barato de La Habana te ofrece el mejor menú de comida criolla por 8 dólares. Pero en una "paladar" casas particulares con salas adaptadas como mini restaurante, todavía no autorizadas ese mismo menú se oferta por 2 dólares.

¿No habrá aquí una pista para pensar en aplicar también a los servicios, a la pequeña empresa familiar, la fórmula autogestionaria de las cooperativas, igual que se ha hecho en la agricultura? La pregunta está abierta. Y tiene una gran importancia ideológica y política. "Sobre todo me dice un sociólogo de mucha experiencia porque hasta hace muy poco hablar en Cuba de autogestión era virtualmente tener una agenda opositora. Esto hizo que no se formaran en Cuba intelectuales de la autogestión. No los hay. Ahora muchos están retomando el tema. Tampoco hay en la población cubana del campo ni de las ciudades ningún entrenamiento en el modelo cooperativo. Y es importante que la sociedad cubana tenga conciencia de que la autogestión es una fórmula socialista". Ya se ha iniciado el camino en la agricultura. Si se iniciara en los servicios, el cambio sería más trascendental. "Generalizar un modelo autogestionario añade con seguridad el sociólogo sería una revolucion en la revolución".

DE UNA SOCIEDAD NIÑA A UNA SOCIEDAD ADULTA

La dirigencia revolucionaria cubana está decidida a hacer todos los cambios que sean necesarios para sacar al país de la crisis. El proceso de estos cambios ya es imparable, no habrá marcha atrás. Y aunque no se dice así, el tipo de cambios que se han hecho, así lo dice. Aún no ha salido Cuba de la crisis. Apenas parece que ya tocó fondo y que de aquí en adelante habría, poco a poco, una recuperación. Que será muy lenta y muy ardua.

Mientras los cambios económicos ajustan – insertan – recuperan desarrollan la economía, están cambiando ya la sociedad cubana y cambiando a los cubanos: toda su forma de ver el mundo y también su conciencia. ¿Cambiarán el sistema político? Están siendo otras las reglas del juego económico. ¿Serán también otras las del juego político?

Sistema político: Estado Partido

El sistema político cubano tiene su centro en un partido único y de vanguardia. Según las propias definiciones del modelo, la democracia representativa la ejerce la sociedad a través de los órganos estatales del Poder Popular Asamblea Nacional y asambleas provinciales y municipales . La democracia participativa la ejerce la sociedad a través de sus organizaciones de masas mujeres, estudiantes, sindicatos, vecinos, etc. . El partido es el motor de todo el sistema. Motor de la sociedad es su vanguardia , y representante de toda la sociedad es único ante el Estado, presentándole sus demandas y reclamándole por desvíos, ineficiencias o errores.

En la práctica esto nunca ha funcionado así. El modelo cubano se configuró y cuajó como de Partido Estado. El Partido administra el Estado a través de sus funcionarios. Y las organizaciones de la sociedad civil cubana las organizaciones de masas participan cumpliendo las tareas que el Partido Estado les encomienda. El modelo es marcadamente paternalista y la sociedad aunque con los años ha crecido y madurado ha permanecido en gran medida como una "niña mantenida por papá". El Estado le daba a la sociedad todo lo que tenía, incluidas las formas de participación. La sociedad se daba muy poco a sí misma.

Cualquier cubano, desde los 18 meses en que entraba a un círculo infantil hasta los 25 años en que salía a trabajar con su título profesional, había recibido infinidad de beneficios del Estado, había decidido muy pocas cosas y había participado en infinidad de tareas instructivas, culturales, agrícolas, militares y sociales.

Este modelo, aunque imperfecto, ha funcionado hasta ahora con un altísimo consenso social. El irrepetible, indiscutible y carismático liderazgo de Fidel Castro, Jefe del Estado, del Gobierno, del Partido y de las Fuerzas Armadas, contribuyó a crear y a consolidar ese consenso. Había consenso porque el Estado lo administraba todo y tenía mucho que dar y lo daba igualitariamente. Porque es fácil entender la necesidad de la unidad expresada en el Partido único ante un enemigo tan grande que desde el primer momento se mostró tan agresivo. Y porque el Partido actuó realmente como vanguardia motor de la transformación del país.

Del Estado papá al Estado abuelo

Ahora todo ha cambiado. El Estado tiene cada vez menos que dar. Y cuando administra, esto le trae costos políticos. La crisis le ha obligado a introducir mecanismos que provocan desigualdad, y a redistribuir poderes económicos que antes monopolizaba. En el escenario, el Estado sigue recitando su monólogo, pero a las tablas ha subido un amplio elenco de nuevos actores. Cada uno con su papel, con sus intereses, en cierta contradicción con los del resto. El Partido, con papel de protagonista, no tiene tan claro su libreto: cuándo hablar, qué decir, cómo hacerlo. Sería dramático que el sistema pensara que la obra puede mantenerse igual.

Ya nada es igual. Ni lo será. El Estado papá quiere conservar su control, ejerciendo ahora de Estado abuelo: ya no mantiene a los hijos, no tiene qué darles, pero les da consejos. Ha acumulado experiencia y pretende discernir el rumbo y conducir solo el timón. Pero nunca los jóvenes aceptan consejos de los abuelos. El controvertido cantautor Pedro Luis Ferrer lo dice así: "Abuelo hizo esta casa/con enorme sacrificio /y aunque todos la vivimos /para mover un alpiste/hay que pedirle permiso. /Si abuelo no está de acuerdo/nadie cambia el edificio".

La mitad de los cubanos tiene menos de 30 años y quiere más espacios de participación, de decisión, de poder. Quiere también el derecho a equivocarse. "¿Y es que ustedes no se equivocaron? ¡Miren qué país nos están dejando!", le alega una joven arquitecta de 25 años a su padre comunista. Los más jóvenes que ella, 15 20 años, no entienden de padre ni de abuelo. En ellos la crisis se traduce en apatía política. "No están en nada", confiesa una preocupada madre.

Una encuesta reveladora

Cuba es otra. Y el sistema político es el mismo. Sin embargo, a pesar de sus viejas contradicciones y de todas las nuevas, el peculiar sistema cubano conserva un gran consenso. La crisis económica, pavorosa, no ha tenido un equivalente parecido en lo político.

En noviembre 94 cuando apenas se iniciaban los cambios de fondo y el país estaba exhausto por las penurias de tres años de crudo "período especial" la empresa CID Gallup realizó una encuesta de opinión, con siderada por algunos la primera que de forma independiente y con métodos científicos se ha hecho en Cuba en todos los años de revolución. Los derechos en exclusiva del sondeo los compró el Nuevo Herald de Miami, que lo publicó en diciembre. Son resultados muy significativos. El 88% de los encuestados afirmó estar "orgulloso de ser cubano". El 58% dijo que "los logros de la revolución superan a sus fracasos". El 69% se identificó como "revolucionario" (un 21% especificó como "comunista" o "socialista"). El 24% dijo "no estar integrado a la revolución". El 76% dijo estar "satisfecho con su vida personal". Sólo el 3% señaló que los "problemas políticos" eran los principales del país.

Todo esto expresa un amplio consenso social. Hoy ese consenso podría incluso haber crecido. Los cambios económicos emprendidos por el gobierno cubano son apoyados mayoritariamente. Muchos eran demandados, esperados y son aplaudidos: el mercado libre agropecuario, el trabajo por cuenta propia. Otros la inversión extranjera son mirados de forma ambigua, aunque una mayoría reconoce su necesidad (61% según la encuesta está "muy de acuerdo") y sabe que beneficia con mejores empleos y con divisas a muchos cubanos. Sobre las medidas de ajuste hay un amplio nivel de comprensión.

Los cubanos no viven dentro de Cuba estos cambios como "la vuelta al capitalismo" o "el fin de la revolución" como algunos lo pintan simplistamente afuera . Tampoco como una ruptura de sus personales vínculos con el proyecto revolucionario, al que identifican principalmente como un proyecto nacionalista y de justicia social. Los cambios en marcha alimentan hoy el optimismo de los revolucionarios más radicales, esperanzados en que, teniendo por fin una estrategia económica completa y coherente, puedan desplegarse las potencialidades de la revolución cubana, tan arraigada en lo nacional y en lo popular. Cuba no es la URSS, inmensa y llena de naciones. Cuba no es Hungría con un nacionalismo burgués. Cuba es Cuba. Y los cubanos querían cambios para mejorar, no para perder lo que reconocen han mejorado.

Burócratas y funcionarios, naturalmente, ven con temor los cambios en la medida en que pierden seguridades, control y poder. El aparato del Estado se está reduciendo drásticamente. La meta es recortarlo en la mitad. En la base, el zapatero que hoy fabrica zapatos y los vende libremente sigue siendo miliciano "porque hay que defendernos de los yankis" y entiende que "hay que colaborar con los impuestos para seguirle garantizando todo a los niños". En la base, se miran los cambios como un paso de comprensión que por fin dio la revolución: "Al fin entendieron y nos dan lugar". Muy pronto los intereses de unos entrarán en contradicción con los intereses de otros y el zapatero y el de la UBPC y los demás empezarán a preguntarse: "¿Y cómo negocio yo mi lugar con el Estado, quién me representa a mí?" Poco a poco la sociedad descubrirá ya va descubriendo que las formas de participación que ha conocido hasta ahora se le han quedado cortas, como el traje de niña a la adolescente que creció.

La tentación del modelo chino

Nada de esto quiere decir, como piensa el simplista análisis de los estadounidenses, que haya, o que esté a la vuelta de la esquina, la demanda por el pluripartidismo político. De eso nadie habla en Cuba. Y mientras Estados Unidos no renuncie a su pretensión de ser un actor interno en la política cubana directamente o a través de cierto exilio cubano de Miami estará plenamente justificado el partido único.

Pero lo que sí hay ya o va a haber muy pronto en Cuba es la demanda por una pluriparticipación social, por la plurirepresentación gremial. Por la pluriopinión entre los revolucionarios. Ante esto, una tentación a la vista es la del "modelo chino": máxima liberalización económica conservando un sistema político altamente centralizado y muy cerrado, al que se subordinan los nuevos sujetos económicos que se van creando. Pero China fue un imperio, es una potencia económica y poblacional, es un mosaico de regiones y culturas superpuestas con un vago consenso de nación. Tal vez deba recurrir China a esa fórmula política durante un tiempo para no perder lo mucho que ha logrado. Pero en Cuba, un país tan pequeño y manejable, donde el nacionalismo es una argamasa tan real y donde el consenso es tan importante para mantener independencia ante el imperio estadounidense, el modelo chino sería suicida. ¿No ha llegado la hora de que los cubanos modelen el modelo cubano, con sus estilos, sus metas, sus valores y sus creencias propias?

La sociedad cubana está preparada para mucho más que para recibir, cumplir tareas y resistir. Está preparada para proponer, tomar parte en las decisiones, controlar y evaluar. Para todos los pasos de ese proceso de decisiones conscientes que son esencia del socialismo y de la democracia. "Cada vez más el Estado no es ya la revolución. Y cada vez más el Partido no es ya el Estado. ¿Quién garantizará ahora la revolución? ¿Quién garantizará la defensa de los intereses nacionales y de los intereses sociales ante una avalancha de intereses individuales, incluidos los del capitalismo internacional? ¿El Estado solo? ¿Los funcionarios estatales? ¿Los funcionarios del Partido? ¿No es ésa tarea nuestra, de todos nosotros, de una sociedad mayoritariamente revolucionaria, a la que se le tiene que dar de una vez más poder, más autonomía, más capacidad de autogestión?", me pregunta un activo militante comunista de Marianao.

Hay un acumulado político en la sociedad cubana que el sistema no parece estar aprovechando. La sociedad cubana tiene más propuestas que las que el sistema puede asimilar. Y aunque hay algunos signos de apertura en las organizaciones de masa, no parecen suficientes. Porque la sociedad, aunque adulta, llega a esta hora trascendental de su historia, cansada y desengañada, movida por la inercia y las rutinas. Hacen falta muchos más signos, bastantes más señales, claras y osadas.

Los espacios de debate siguen siendo muy regimentados. Los medios de comunicación a pesar de cambios apreciables, aunque mínimos no logran conectar el país real con el país oficial. La gente opina en las esquinas o en las guaguas, en las casas y en los centros de trabajo, pero hay una arraigada inhibición a colocar esa opinión donde y ante quien pueda tener trascendencia política. Hay mucho silencio acumulado. Más que la censura que existe y persiste en los medios y en la sociedad lo más significativo hoy es la autocensura. Una actitud que viene de muy atrás y que en este tiempo de cambios, y por eso de iniciativas y de creatividad, puede ser más perjudicial que nunca. Paralizante.

¿Sigue siendo vanguardia?

Ha habido algunos cambios en el sistema político. En la Constitución, muy importantes en la definición del Partido partido "de la nación" y no "del proletariado", apertura a los creyentes . Se ha dado mayor poder a los órganos provinciales y locales del Poder Popular. También tienen mayor representatividad con la elección directa y secreta y con otras reformas que se hicieron en los mecanismos electorales. La Asamblea Nacional juega hoy un papel que nunca antes jugó, a pesar de que según la Constitución es el "poder supremo" del Estado.

Hay una relativa campaña de renovación de los dirigentes de las organizaciones y se busca mayor representación de los jóvenes, de las mujeres y de los negros (50% de la población es menor de 30 años, es mujer y es negra/mulata), sectores muy poco representados en los cargos de dirección, menos mientras más alto se sube en la pirámide.

El Partido Comunista de Cuba (PCC) crece. En 1994 se le añadieron 40 mil cubanos y cubanas, un aumento del 5%, entre los que entraron y los que salieron. Tiene hoy más de 700 mil miembros. "¿Sigue siendo la vanguardia?", pregunto a un viejo militante."El Partido conserva el poder, su prestigio, su autoridad opina él . Y los miembros del Partido su ejemplaridad. Pero no hay que entender esto como que fuera un partido élite, en el sentido de que es la mística del Partido la que arrastra a la sociedad. No, la sociedad cubana es la que hoy tiene la mística. Ella se arrastra a sí misma. Y hay mucha gente ejemplar y muy revolucionaria que no quiere ser del Partido, no le interesa. Tal vez a los comienzos de la revolución era diferente. Ahora, ha habido un desarrollo y la sociedad es más que el Partido. Yo diría que el reto del Partido, de nosotros sus militantes, es el lograr una permanente comunicación con la sociedad y ser los más abiertos, los más eficientes, los más audaces."

El post fidelismo

El modelo político cubano tiene un potencial democratizador no suficientemente desplegado. Con un solo partido, con el partido único, pero más democrático en su funcionamiento interno, con más debate dentro de él, con un partido más de militantes que de funcionarios, que equidiste del Estado y no administre el Estado, que se sumerja en la sociedad como levadura en la masa y la represente y la estimule a debatir y a reclamar cuotas cada vez mayores de autonomía y de autogestión, estaría resuelto el desafío político.

Una agenda política de este tipo está implícita en muchísimos cubanos, pero son pocos los que se atreven a explicitarla. Y no hay cauces para hacerlo. Las urgencias económicas absorben las mejores energías. Y el poderoso liderazgo de Fidel Castro condiciona demasiado a todo el sistema político y a todas sus instituciones.

Corre otro chiste por Cuba. Fidel llega al cielo y desde que entra por la puerta le pide a San Pedro una entrevista con Dios. San Pedro se resiste y se resiste y Fidel insiste e insiste hasta que la logra.

Bueno, Fidel, pero sólo media hora, no te paso ni un minuto más.

Fidel acepta y entra a la entrevista. Cuando ya lleva dentro 55 minutos, San Pedro se desespera, se pone bravo y abre la puerta.

¡¿Coño, Señor, qué es lo que pasa...?!
Compadre le dice Dios a Pedro , es que Fidel ya me tiene convencido de que aquí en el cielo hace falta una revolución, pero lo que no termino de entender es porqué él propone que yo sea el vicepresidente...

El liderazgo de Fidel Castro es demasiado arrollador, demasido fuerte, demasiado hábil. La transición de fondo que la revolución cubana tiene pendiente es la de pasar del fidelismo al post fidelismo. Los revolucionarios cubanos los que se sitúan en el fidelismo y los que piensan ya el post fidelismo coinciden en muchas cosas. Una de ellas es que quien únicamente puede timonear con éxito y unidad esa transición es el propio Fidel Castro. Esa es la gran responsabilidad histórica de Fidel hoy: preparar ya el post fidelismo y hacer que Cuba arribe a esa etapa de la revolución en vida de él y estando él en plenas facultades. Hay otra coincidencia también muy amplia en que el post fidelismo no significará para Cuba ningún caos.

DEL VOLUNTARISMO POLÍTICO A LA HUMILDAD ECONÓMICA

En la revolución cubana siempre pesó más la visión política que el cálculo económico. Siempre se resolvieron los problemas económicos por vías políticas. La realidad mundial sacó a Cuba del ancho camino de sus desmesuradas pretensiones y la empujó al estrecho camino de la humildad, donde manda lo viable, lo posible. Pero no la empujó ahí necesariamente para perder. En ese estrecho camino Cuba viene descubriendo sus errores y también sus potencialidades. Cuba no está desvalida, está muy bien equipada. Una revolución no sucede nunca en balde.

Sí, "se cayeron" muchas cosas, Pepito. Como la pequeña Alicia, Cuba se fue por un hoyo hacia abajo y cayó en otro país el de "las maravillas" de la economía basada en las relaciones monetario mercantiles , país desconocido donde lo tiene que aprender todo, hasta el lenguaje. Tendrá también que aprender a ser "socialista" en ese país.

Un gran vacío ideológico

La isla entera es hoy una escuela de aprendizaje. Hay que aprender a trabajar de otra manera. Hay que aprender a negociar según las exigencias de eficiencia del gran capital. Y hay que aprender a no dejarse ni engañar ni corromper por ese mismo gran capital. Hay que aprender a administrar y a ser honesto administrando. Hay que aprender a ser rentable para ganar más y hay que aprender a ganar más para poder ser equitativo. Hay que aprender a establecer relaciones con el mundo entero desde un Estado nacionalista y popular y el Estado tendrá que aprender a ser controlado por una sociedad nacionalista y popular. Hay que aprender a resolver la ecuación de la eficiencia máxima y de la máxima equidad.

Hay que aprender a defender la propia identidad cultural, a crearla y a recrearla, en medio de la homogenización cultural de las madonas y las hamburguesas. Todo exige un profundo cambio en todas las mentalidades, desde la de los máximos dirigentes hasta la de los mínimos productores. Hay que aprender a vivir en este mundo capitalista conservando una voz propia y un proyecto propio. Y habrá que redefinir ya pronto cuál es ese proyecto propio al que Cuba le sigue llamando "socialismo". Redefinirlo porque en Cuba, y en el mundo entero, esa palabra evoca referentes concretos que ya no existen, ni en el mundo ni tampoco en Cuba.

Dejando el voluntarismo y aprendiendo humildad se nota hoy en Cuba y en los cubanos un vacío ideológico muy grande. Inmenso. La transición ideológica está aún más postergada que la política. Es más fácil tomar medidas económicas o hacer correcciones políticas que sembrar valores ideológicos. La ideología no logra dar cuenta ni de lo que sucedió con la muerte de "dios" (la URSS) y la caída de su "iglesia" (el PCUS) ni tampoco de lo que sucede. Hay una gran desorientación. "Todo lo que me dijeron que era malo, ahora me dicen que es bueno", repite una y otra vez en su conversación un joven fotógrafo desconcertado.

Volver a Martí

Hay una gran confusión. Y ahora más que nunca se siente el peso de ese error estratégico de la dirigencia de la revolución cubana que, llena de prejuicios, no se vinculó a una intelectualidad orgánica capaz de "pensar a Cuba entera" como lo hizo Martí ni tampoco fomentó el debate en la sociedad.

Se argumenta en los medios oficiales que no es tiempo de enmarañarse en redefiniciones ideológicas del socialismo y del modelo cubano porque las urgencias son otras. Pero en esta hora de tanta madurez acumulada en la sociedad y de tantos desafíos, redefinir eso entre todos los cubanos puede ser movilizador política y también económicamente. El discurso oficial describe, evoca el pasado "glorioso", pero no logra redefinir, sobre todo para las nuevas generaciones, cuál es el modelo cubano. El discurso oficial se queda corto. Sigue siendo paternalista y cada vez más "abuelista".

Un visionario de 74 años, el poeta y escritor Cintio Vitier, ha propuesto agarrarse en medio de este vacío ideológico al ejemplo y a la palabra de José Martí, que tan bien conoce por haberlo estudiado toda la vida. Para Vitier, la educación cubana ha descuidado a Martí y tiene que volver a él, estudiarlo a él. Para lograrlo propuso la creación de una nueva asignatura voluntaria Aula Martiana , con contenidos y metodología específicos, desde la primaria hasta la universidad. Hoy ya tiene elaborados y están en proceso de impresión los libros de esta nueva asignatura.

No es sólo Cintio Vitier. Muchos cubanos creen que nadie puede llenar mejor, con patria, con humanismo, con unidad, con ética, con originalidad, con belleza, con análisis certero del imperialismo, el ancho espacio del actual vacío ideológico, que José Martí, el padre de la nación y de la revolución cubanas. Pero el vacío es muy grande. Y aunque Martí es la clave, "Martí no puede dar cuenta de toda la problemática actual de Cuba", opinan otros. Para algunos hay también buenas claves en redescubrir el pensamiento revolucionario latinoamericano y en rescatar a los clásicos del marxismo.

¿Qué definición de socialismo?

Cuba ha dejado atrás una forma de socialismo. Elementos claves de esa fórmula "se han caído". Y hoy, Cuba no vive socialismo ni capitalismo. Sólo sobrevive. El reto ideológico está abierto.

En busca de una aproximación a lo que podría ser una definición del socialismo nacional, de un socialismo cubano, me atrevo a preguntársela a un profesor de ciencias políticas que lleva años pensando en estas cosas. "¿Cómo lo explicitarías hoy?", le pregunto. "Bueno me responde con voz segura una definición podría ser algo así: Por socialismo entendemos una etapa más o menos prolongada de nuestra historia en la que la sociedad cubana tratará de consolidar su independencia fomentando un nacionalismo profundo, tratará de asegurar su desarrollo económico y social con una política económica que promueva la igualdad de oportunidades y la equidad, tratará de rescatar y de afirmar su identidad cultural con ideas y propuestas propias frente a la influencia de los centros mundiales y tratará de desarrollar la democracia. Esas serían cuatro metas bien precisas desde las que empezar a concretar y a redefinir nuestro socialismo. Y todo eso está en Martí".

Nacionalismo + inteligencia

La herencia que la etapa de la revolución, que concluyó en 1990 con el fin de la URSS, le ha dejado a los cubanos es el mejor bagaje para emprender y lograr una transición ideológica correcta. Sin descalificar la historia que los ha traído hasta el hoy, los cubanos están mejor equipados que otros para no perderse en el camino. El nacionalismo radical es hoy 100 veces mayor que el que había al inicio de la revolución. Y aunque la crisis lo ha erosionado algo ("nosotros solos no podemos, somos muy chiquitos") también lo ha fortalecido ("que nos dejen, ya van a ver lo que puede Cuba").

El orgullo nacional, la dignidad nacional, el nacionalismo arraigado, el permanente nacionalismo que es lo que explica a Cuba se asienta hoy sobre un pueblo preparado, masivamente estudiado, con muchos profesionales, con cientos de miles de cerebros desarrollados para pensar creativamente las soluciones. Sólo los que no piensan pensar siempre duele pueden atreverse a afirmar que el modelo que se impone al mundo de hoy es el único posible, es el inevitable destino de la humanidad.

Cuba quiere pensar otra cosa. Y al pensar, quiere servir al resto de la humanidad. "Pensar es servir", decía Martí. La alianza entre el capital del nacionalismo y el capital humano notables herencias de la revolución , más la humildad de esta hora, le garantizan a Cuba la transición hacia otro socialismo más democrático y más eficiente. Que haga más felices a los cubanos.

¿Estará Cuba a la altura de este desmesurado reto: mostrar al mundo de hoy que se puede ser muy eficiente económicamente y no excluir a nadie de las oportunidades de la vida y de la felicidad, de la equidad social? Desmesurado desafío. Pero todo lo cubano es exageradamente exagerado. La desmesura está en la raíz de la cultura cubana. Pequeño país desmesurado y radical, que todo lo exagera. La revolución cubana ya jugó un desmesurado papel político siendo la isla tan poca cosa, tan frágil, tan vulnerable. Ese afán de desmesura que está en sus raíces puede ayudar a Cuba a estar hoy a la altura de otro reto.

Los "pobres de la tierra" echan suertes en la actual ruleta cubana, apuestan en este juego y a ese número. Porque no queremos a Cuba mártir, resistiendo hasta la muerte. La queremos viva, demostrando su capacidad. "Martí, ese misterio que nos acompaña" en frase de Lezama Lima va con Cuba en esta hora.

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