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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 158 | Abril 1995
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Nicaragua

Frijol mungo: entre la fe y la esperanza

En Nicaragua comienza a experimentarse con el verde frijol mungo. Y los resultados son excelentes: el mungo combate las malezas, abona las tierras y las rescata, alimenta a humanos y a animales. Nicaragua le da la bienvenida a este pequeño pero poderoso aliado.

Raquel Fernández

El frijol mungo es redondo, de un verde llamativo. Como la esperanza. Y como todo lo que tiene que ver con la esperanza, oculta en su pequeñez una incalculable energía y una enorme capacidad de crecer y de sobrevivir. Porque el frijol mungo crece donde no crece nada, casi no necesita agua y sus vistosas plantas proporcionan diferentes productos para múltiples necesidades: pienso para los animales, alimentación rica en proteínas y vitaminas para el ser humano y abono para la agricultura orgánica. Aunque, seguramente, el producto ms importante que se obtiene del mungo es la esperanza que llega a generar entre los campesinos de las tierras ms deprimidas y olvidadas de Nicaragua.

Terco, resistente, rápido y fácil

El frijol mungo (Vigna radiata) es una leguminosa originaria de Asia suroriental y la India. Desde allí se extendió por Asia meridional, especialmente por Filipinas, Pakistán, Indonesia y Tailandia. Posteriormente se fue conociendo y cultivando en diferentes países de Africa y América. Actualmente, es cultivado y utilizado para sus variados propósitos en distintos países de América Latina. Nicaragua es el único país de Centroamérica que cultiva este frijol. Todo empezó con un proyecto de experimentación universitaria en Posoltega. Allí encontró al mungo Albéniz Miranda, técnico del CIPRES (Centro para la Investigación la Promoción y el Desarrollo Social Rural), organismo no gubernamental nicaragüense que tiene entre sus objetivos ofrecer una alternativa de desarrollo sostenible al campesino pobre.

Lo más atractivo de esta leguminosa de apariencia bastante parecida a la del frijol negro o rojo, los más usados en la mesa latinoamericana , es su rápido crecimiento. Menos de tres meses transcurre entre la siembra y la cosecha. Y en tan breve espacio de tiempo, el mungo proporciona varios productos. La siembra también resulta atractiva, por lo fácil: se requiere de pocos preparativos previos en la tierra: basta incorporar los rastrojos al suelo. Aprendiendo a sembrarlo, los campesinos abandonan poco a poco la tradición de la quema, que arruina los suelos: el fuego hace desaparecer la capa orgánica.

Si la siembra se hace con arado tirado por bueyes o caballos, conviene chapodar el terreno dos semanas antes para facilitar que los rastrojos se mezclen más fácilmente al suelo. Una vez germinado, el frijol mungo demuestra una notable terquedad para continuar su proceso de crecimiento hasta la cosecha. En realidad, sólo necesita estar en contacto con la tierra. Y un poco de agua. Tres o cuatro lluvias cuando está iniciando su desarrollo le bastan. Es tanta la esperanza de vida que se oculta en las bolitas verdes del mungo, que unas cuantas de ellas que caigan al suelo vuelven a brotar con cualquier lluvia. Así ocurrió en Somotillo." Después de la cosecha de postrera, tendremos también una pequeña cosecha a destiempo", asegura Francisco Vargas, técnico del CIPRES en Somotillo, una de las zonas más áridas y empobrecidas de Nicaragua.

La terquedad del mungo para permanecer vivo y continuar su desarrollo es notable. La primera vez que se sembró este frijol en las comarcas de Somotillo, una plaga de langosta se abatió sobre las plantas tiernas y las arrasó. Pero cuando los voraces insectos se fueron, las plantitas ya estaban retoñando. Y produjeron una abundante cosecha. Como si nada hubiera ocurrido.

Abono y yerbicida eficaz

Las semillas del mungo germinan a los 3 ó 4 días de la siembra. Las plantas se llenan de flores amarillas 30 ó 35 días después. En ese mes de vida, además de crecer y enflorarse, las plantas cumplen con otras importantes tareas. Como todas las leguminosas, el mungo tiene la capacidad de captar el nitrógeno del ambiente y fijarlo en el suelo. El nitrógeno una vez fijado fertiliza la tierra para otros cultivos, que son perfectamente posibles porque el ciclo del mungo es menor de tres meses. Además, el vigoroso mungo crece compitiendo con éxito con las malezas y logra destruir a muchas de ellas, sin necesidad de aplicar yerbicidas.

Estas dos características conjuntadas abono y yerbicida sirven para que, sembrando el mungo en asociación con otros cultivos, se produzcan cosechas más abundantes. Del mungo y del otro cultivo. Aunque hay que saber cómo hacerlo. Uno de los campesinos de Somotillo que empezaron a sembrar el nuevo frijol verde el CIPRES los llama "experimentadores" tuvo temor de que "aquello" no le produjese nada y, por las dudas, sembró también maíz, surco por medio. Entonces, el mungo atacó el maíz con la misma decisión con que combate habitualmente las malezas. El resultado fue una espléndida cosecha de mungo y ni una mazorca de maíz.

La experiencia, sin embargo, fue provechosa. Inspirados en este error, otros campesinos imitaron a su compañero, pero perfeccionando su sistema. Primero sembraron el maíz y cuando las plantas ya estaban bien desarrolladas, al momento del aporque, sembraron frijol mungo entre los surcos. De esta manera, el maíz se benefició del nitrógeno que produce el mungo cuando más lo necesitaba y el frijol todavía pequeño no significó amenaza para él. Resultado: una abundante cosecha de mungo... y también de maíz.

Más nutritivo que la soya

Sea cual sea el procedimiento de siembra, 75 80 días después de la siembra, el frijol mungo ya está listo para la cosecha. El mungo no se cosecha como los demás frijoles, arrancando o cortando la mata, sino cortando las vainas en la parcela. Si se arrancase la mata, las raíces se llevarían consigo el nitrógeno acumulado en ellas. Tampoco se corta, para así reintegrar su rica materia orgánica al suelo como fertilizante. Así, el mungo no produce basura ni rastrojo. Produce abono. Además de rendimientos de hasta 20 quintales de frijol por manzana.

Reina Isabel Corrales que vive cerca de Somotillo ya sabe preparar el frijol mungo como alimento. Es fácil. El secreto consiste en dejarlo en remojo durante 2 ó 3 horas, para que suelte el pergamino verde que lo envuelve, y cocerlo en poca agua solamente durante un cuarto de hora."Más de eso no, porque este frijol es bien suave y si hierve demasiado, se desbarata todo y queda como atol", explica Reina. Para comerlo, se saltea en un poco de manteca o aceite y queda muy rico. Si en la manteca se echa un poquito de cebolla, mejora el sabor. El valor nutritivo del mungo supera al de cualquier otro frijol, incluido el de soya.

La cocción en sólo 15 minutos es una gran tanto a favor del mungo en un país como Nicaragua, donde la mayoría de las cocinas funcionan con leña y la deforestación está desertizando el país.

Para crecer, el mungo tiene que enfrentar a poderosos enemigos: los animales domésticos. La vaca, el cerdo, la gallina y otros animales de granja encuentran delicioso el sabor de la mata de mungo y, al menor descuido, se la comen. Sólo por su enorme capacidad de rebrotar puede el mungo prosperar y llegar a la cosecha. El grano también entusiasma a los animales y es para ellos un gran alimento. José Angel ("Chango") Betanco, campesino de la comarca Los Limones, al noreste de Somotillo, ha comprobado que cuando se alimentan con mungo, las gallinas se vuelven más ponedoras. "No dejan un día sin poner un huevito por lo menos y con buena yema". Las vacas dice llegan a duplicar su producción de leche y los cerdos engordan más de prisa y tienen una carne más sabrosa. De hecho, los campesinos de Somotillo cultivan hoy el mungo, sobre todo como pienso para sus animales. Para comer, prefieren el poco frijol rojo que aún puede cosecharse en algunas comarcas del desertizado Somotillo. A las mujeres y a los niños les gusta ya comer mungo, pero los hombres siempre más rígidos sólo lo comen cuando ya no hay otra cosa que echarse al estómago. Los hábitos alimenticios ya se sabe son los más difíciles de cambiar en la cultura de un pueblo.

Un acto de fe de los campesinos

Cuando se siembra el mungo para cosechar su grano, la parcela queda enriquecida por el nitrógeno y la materia orgánica, lo que beneficia las siembras posteriores. Pero hay un procedimiento aún más directo de fertilizar la tierra con mungo: sembrarlo para no cosecharlo. Esta utilización del mungo como "abono verde" exige hacer algunos cálculos: hay que sembrar con anticipación suficiente el mungo para que dé su floración a tiempo y así enriquezca el otro cultivo. Porque cuando el mungo echa sus flores es el momento en que los nódulos de sus raíces tienen más alta concentración de nitrógeno. En ese momento óptimo, es necesario chapodar la mata, incorporarla al suelo generalmente por medio de arado o gradeo y sembrar el otro cultivo que será abonado con mungo. En las tierras de Somotillo, ese otro cultivo suele ser el ajonjolí.

No es sencillo convencer a un campesino para que realice esta "incomprensible" operación. Más aún, sabiendo que para cosechar alimento hay que sembrar entre 50 y 60 libras de semilla por manzana, mientras que para no cosechar nada para sólo abonar hay que arrojar a la tierra entre 90 y 100 libras por manzana. El campesino siembra para cosechar y son muchos los esquemas mentales que hay que romper para que pase machete a una lozana y prometedora planta que le producirá alimento. Más difícil aún en tierras de hambres antiguas y prolongadas. "Esta forma de hacer las cosas de verdad beneficia la tierra, pero a mí me costó maltratar las plantas antes de cosecharlas", dice un campesino.

Son "actos de fe". Toma algún tiempo que el campesino aprecie las múltiples ventajas del abono a base de mungo. La primera y más convincente a corto plazo es el costo. Para sembrar una manzana de un cultivo comercializable, como el ajonjolí, es necesario invertir por lo menos 430 córdobas (unos 59 dólares) en fertilizante. Y ese fertilizante hay que comprarlo en un establecimiento comercial con dinero contante y sonante, adquirido muchas veces mediante créditos difíciles de conseguir, imposibles de pagar por sus altos intereses .

Los costos del abono con mungo son, además de la semilla, unos 120 córdobas (16.5 dólares), que es lo que cuesta chapodar una manzana. Pero como es el mismo campesino quien realiza personalmente esta tarea en su parcela, los costos son mínimos. Con 90 córdobas en semilla de mungo basta para fertilizar una manzana, pero una vez que el campesino produce mungo en sus tierras, el abono sale gratis. En cualquier caso, aún cuando tuviera que desembolsar dinero, el "abono verde" del mungo le saldría mucho más barato que el fertilizante convencional. Y otra ventaja: si no se utilizan insecticidas químicos, el cultivo principal en este caso, el ajonjolí puede venderse como ajonjolí "orgánico", con mejores y más estables precios en el mercado. Y así con cualquier otro cultivo que se combine con el mungo.

El "abono verde" del milagroso frijol verde

Como el uso de frijol mungo como "abono verde" tiene una experimentación muy breve en Nicaragua apenas dos o tres años , todavía no se tienen datos confiables acerca de los porcentajes de incremento en los rendimientos. Calculando a ojo, los campesinos están convencidos de que sus tierras producen más. El aumento de los rendimientos es un logro importante. Más importante es la recuperación de suelos erosionados, devolviéndoles la fertilidad y la vida.

La maleza es un dolor de cabeza para los campesinos. Su abundancia y agresividad acaban las cosechas. Hasta ahora, lo único que parecía tener efectividad contra las malezas eran los yerbicidas dañinos para la Naturaleza o el paso de la grada cuatro o cinco veces por la parcela. Pero la grada es un instrumento pesado que, poco a poco, va compactando el suelo y reduciendo la tierra útil para la siembra a una estrecha capa, cada vez más pobre, con capacidad cada vez más reducida para la cantidad de humedad, nutrientes y aire que requiere una buena cosecha. Las constantes pasadas de la maquinaria agrícola reducen aún más esa estrecha capa de tierra fértil que va quedando.

Entretanto, la parte profunda del suelo, la gruesa capa compactada por las máquinas, se va endureciendo tanto que puede llegar a ser casi impermeable, lo que dificulta el paso del agua de lluvia hacia la capa freática, lo que genera pérdida de las cosechas por encharcamientos. Un "abono verde" como el del frijol mungo supera todos estos problemas. Según datos facilitados por el Programa Nacional de Fertilidad de Suelos del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Nicaragua, cuando el frijol mungo se utiliza exclusivamente como abono verde, en cada manzana se producen unos 315 quintales de materia orgánica, 1.3 quintales de nitrógeno y 3 quintales de urea.

El cultivo del mungo y el cultivo con mungo ofrecen grandes posibilidades y dan respuesta al campesinado nicaragüense, especialmente en las zonas de tierras más deprimidas. Su capacidad de devolver fertilidad a la tierra agotada ha hecho sumamente popular al mungo en las comarcas donde el CIPRES lo ha introducido. Tanto, que su fama ha extendido ya el cultivo a muchas otras zonas del país.

Las limitaciones del versátil mungo

En el primer momento de esta experiencia, los 123 campesinos que se ofrecieron como experimentadores recibieron 6 libras de semilla de mungo cada uno. El objetivo era que sus vecinos, a la vista de los resultados, se animasen a desarrollar el cultivo. Los experimentadores se iniciaron como productores de semilla. "Pero yo no sembré esa cosa verde en mis mejores tierras confiesa "Guancho" Betanco, a quien la vida ha enseñado múltiples astucias de supervivencia . Yo las puse en una tierrita que tenía ahí, junto al río, que era tierra agotada, que tenía ocho años de no producir nada y ya ni la sembraba, y ahí lo dejé".

Sin proponérselo, "Guancho" estaba cumpliendo los deseos del CIPRES, que pretendía también que el mungo fuese empleado como abono orgánico. Por muchos insecticidas que se hubiesen echado sobre la parcelita ribereña de "Guancho", aquellas tierras ya estaban "limpias", agotadas a fuerza de agroquímicos. El frijol mungo llegó a tiempo para despertar las fuerzas que dormían en el seno de la tierra. El mungo creció de manera prodigiosa. Y aunque la parcela estaba peligrosamente cerca de unos voraces cerdos, no hubo problema: se engordaron ellos y se pudo cosechar mungo. Al final, la parcelita logró la fertilidad que nunca antes había tenido y se hizo capaz de recibir nuevos cultivos.

El abono verde a base de frijol mungo como todo lo que se relaciona con la agricultura biosostenible aspira a dar una respuesta, pero no pretende ser la respuesta. El mungo plantea algunos problemas que deberán ser estudiados y resueltos con otras técnicas. Uno de estos problemas es la incapacidad del mungo para crecer en tierras con demasiada agua. Peor aún, en suelos encharcados. Este frijol, que soporta las sequías sin perder su color verde, muere cuando hay demasiada agua. Se ahoga. Otro problema es que, aunque demuestra una gran agresividad contra las malezas, no puede hacer nada frente a algunas que son altas y de rápido crecimiento: el zacate invasor (Sorghum halapense) y el jalacate (Titonia sp.).

El mungo no es el único frijol que puede usar el agricultor como abono verde. Ni su cultivo es la única manera de recuperar los suelos erosionados y desgastados. Existen otras variedades de frijol que ofrecen diferentes respuestas a otras tantas preguntas y soluciones a los muchos problemas que nos ha heredado la fracasada "revolución verde". Entre ellos, el frijol caballero (Lablab purpureus).

Es mucho lo que hay que experimentar, probar y comprobar para devolver a la Naturaleza lo que unos pocos años de soberbia y locura de los humanos le han arrebatado. El humilde frijol mungo no aspira a ser "la mamá de Tarzán". Se conforma con poner sus granitos verdes como un aporte en esta tarea que necesitará de muchos años y de muchas manos.

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