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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 156 | Enero 1995
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México

El derrumbe de la fantasía neoliberal

El caos económico que vive el país ha puesto en evidencia los frágiles cimientos del "milagro" mexicano. Paradójicamente, el estallido de la economía trajo un bien: evitó el estallido de la guerra en Chiapas. Fue un giro total, inesperado.

Enrique Flota Ocampo y David Fernández

El 1 de noviembre de 1994, el presidente Carlos Salinas de Gortari rindió su último informe de gobierno. Fue un maratón de autoelogios, sin rastros de autocrítica. Los diputados de su partido, el PRI, lo ovacionaron y compitieron entre sí en un torneo de zalamerías. Era la culminación del presidencialismo mexicano llevado hasta sus extremos. Y era difícil percibir en ese ambiente que el desengaño acechaba al país.

Las cifras oficiales: México avanza

Desde 1994 México pertenece al exclusivo club de
países de la OCDE. El ingreso del país al Primer Mundo sirvió para apuntalar en el exterior la imagen de país próspero, tan ansiada por el salinismo. Entre las muchas referencias a sus éxitos económicos Salinas hizo afirmaciones como éstas en su informe:

"Comenzamos una etapa de crecimiento económico gradual y sostenido, que promueve la creación de empleos permanentes y el aumento de los salarios reales y fortalece el combate contra la pobreza extrema. Atrás quedaron los problemas de deuda, de déficit, de inflación y de crisis".

"Por primera vez en un cuarto de siglo, México comienza una fase de expansión económica que no está apoyada
por el endeudamiento excesivo o por el incremento artificial de la demanda".

"Recordemos: pasamos de transferir recursos al exterior equivalentes al 6% del PIB anual para recibirlos en 3.2% del PIB en promedio anual entre 1990 y 1993. Entre 1989 y julio de 1994 los flujos de inversión extranjera ascendieron a casi 50 mil millones de dólares, con lo cual se duplicó la meta sexenal.

Globalmente, el superávit en la cuenta de capital de la balanza de pagos fue de 31 mil millones de dólares en 1993, y el flujo de recursos foráneos en el primer semestre de 1994 ha sido de 12 mil millones de dólares".

"La contrapartida natural del superávit en la cuenta de capital es un déficit de la cuenta corriente. Este déficit es la prueba de que el país está haciendo uso de recursos del exterior que hacen posible la expansión de la planta productiva nacional a mayor velocidad que si se utilizara exclusivamente financiamiento de origen nacional. A diferencia de lo que sucedió en el pasado, los recursos del exterior se utilizan para financiar proyectos de inversión del sector privado, y ello se ha traducido en el aumento de la inversión respecto al PIB, permitiendo avanzar en la modernización de la planta productiva y en el cambio estructural de la economía, sin afectar las reservas... El nivel de las reservas (17 mil 242 millones de dólares) nos permite fortalecer la solvencia de nuestra moneda".

Euforia de los banqueros

Durante toda la lectura del informe de Salinas, un legislador del PRD se mantuvo de pie, inmediatamente debajo de la tribuna, sosteniendo una manta que decía: "Mientes, Salinas". Resultó inevitable la difusión de la imagen del Presidente con este expresivo "pie de foto". El incidente dio lugar a una campaña más contra el PRD, haciéndolo aparecer como opositor irracional y majadero. Aunque el PRD tenía razón: Salinas mentía.

Varios de sus socios en el gobierno compartieron el engaño de Salinas y su partido. Es el caso de los banqueros que, enriquecidos con la ayuda de las políticas gubernamentales, no dudaron en certificar la bonanza:"Por primera vez en mucho tiempo, estrenaremos administración pública con horizonte económico despejado. No habrá sorpresas. Todo está definido y hay consistencia. Esta sería la definición: continuidad de la estrategia dentro de la estabilidad, pero también continuidad en el cambio, siguiendo las pautas delineadas".(Examen de la situación económica de México en la revista mensual del grupo financiero Banamex Accival de diciembre/94).

Y en el colmo de la ceguera ¿o de la mala fe? Banamex hacía esta lectura del déficit externo: "Ahora la gente se fija en el déficit externo (desaparece un motivo de preocupación e inventamos y abultamos otro). En su sexto informe de gobierno, el Presidente reiteró los argumentos que explican el fenómeno y descalifican las versiones negativas, que son superficiales, no analíticas. Numerosos países han pasado (o pasan) por condiciones similares. Corea y Singapur, casos de éxito, que alcanzan elevadas marcas de bienestar: mejoran su productividad, son campo fértil para proyectos rentables orientados al mercado externo, inician un proceso de inversión, les falta ahorro para financiarlo y entra capital para cubrir la brecha (no para financiar déficits públicos, como ocurría en México, sino para llevar a cabo planes privados). Esto es lo que origina el faltante en la cuenta comercial, aunque también apreciaciones (incluso nominales) del tipo de cambio, dinamismo exportador, crecimiento económico y mejoría del estándar de vida". (idem).

Estas largas citas reflejan la euforia reinante en lo que se proclamaba como "el milagro mexicano" y la descalificación prepotente de todo juicio crítico. En este clima, el nuevo presidente, Ernesto Zedillo, tomó posesión del cargo sin sorpresas. Los Criterios Generales de Política Económica elaborados ya por su equipo eran una continuación de la estrategia y del optimismo: estimaciones de un 5% de crecimiento del PIB, con una tasa de inflación similar, etcétera, etc. Con todo esto, el pasmo fue uno de los primeros efectos cuando sobrevino la debacle.

Se agota el milagro

La propaganda oficial ha convertido el análisis económico en una tarea casi imposible. El manoseo de las cifras y el manejo político de las estadísticas hacen difícil tener acceso a información real y completa de lo que ocurre en el país a nivel económico. A pesar de esto, desde 1994 algunos indicadores hacían perceptible la tendencia al agotamiento de los tan proclamados éxitos macroeconómicos del régimen.

De todos esos "éxitos", el único que quizá se mantuvo hasta el final del sexenio salinista fue el del control de la inflación. Según el Banco de México, en noviembre la inflación acumulada en el año era de 6.1%. Frenar la inflación fue una obsesión en aras de la cual se sacrificó a los trabajadores. La contención salarial fue uno de los instrumentos utilizados para lograr tasas anuales de inflación de un solo dígito y a los trabajadores les tocó cargar el fardo de un empleo inseguro y mal remunerado. En el segundo trimestre de 1994, el 43.5% de la población urbana con empleo percibía menos de dos salarios mínimos. De ellos, un 8.4% percibía menos de un salario mínimo.

El crecimiento del Producto Interno Bruto fortaleció las expectativas optimistas. Después de un crecimiento nulo en 1993 (0.4%), el PIB creció en 2.2% durante el primer semestre del 94 y se esperaba alcanzar a fin de año una tasa de crecimiento de entre 3 y 4%. Apoyar la baja inflación con políticas de restricción salarial y de restricción del gasto público provocó una contracción del mercado interno. El desplome de ventas estimado por la ANIERM entre un 17 y un 20% entre enero y noviembre del 94 agudizó el problema de las micro, pequeñas y medianas empresas. Aunado esto a la carestía del crédito a pesar del esfuerzo constante por reducir las tasas de interés, pero acicateado por los márgenes amplios de intermediación bancaria , el problema de estas empresas repercutió en el crecimiento de las carteras vencidas y presionó el cierre de negocios.

Entre junio de 1993 y junio de 1994, la cartera vencida de los bancos se incrementó en 27% y llegó a 41 mil 625 millones de nuevos pesos. Este incremento fue constante a lo largo del sexenio: entre diciembre de 1988 (584 millones) y junio de 1994 (41 mil 625 millones), la cartera vencida aumentó en un 764%. Pese a la gravedad del problema, la postura de los bancos expresada en su convención anual en octubre no varió: no habría condonaciones sino reestructuración de créditos caso por caso. "No somos agiotistas pero tampoco beneficencia pública", decían.

El efecto sobre el desempleo fue casi automático. Y el desempleo fue el único punto asumido como falla en el informe de Salinas, que reconoció que no se crearon los empleos anunciados. Pero el desempleo es también uno de los indicadores más envueltos en el misterio. El único dato oficial es el del desempleo abierto (personas de 12 años o más que en la semana de la investigación no trabajaron, se encontraban disponibles o buscaron incorporarse a alguna actividad económica). En agosto/94, la tasa de desempleo abierto, según este criterio, era de 3.6%. Pero este dato no da cuenta del problema real del desempleo, encubierto por la economía informal y por los trabajos eventuales. Según Banamex, casi el 20% de la población ocupada trabaja menos de 35 horas a la semana.

Balanza desequilibrada

Pero era en la relación con el exterior donde la economía nacional mostraba sus mayores fisuras. México ingresó a la globalización económica y a la apertura de mercados con más entusiasmo que capacidad competitiva. A lo largo del sexenio fue constante el déficit de la balanza comercial, marcado por el intercambio con Estados Unidos, principal socio comercial. Según informes de la Secretaría de Comercio, entre 1991 y 1994 el déficit comercial acumulado fue de más de 50 mil millones de dólares.

El desequilibrio comercial implicó el desequilibrio de la cuenta corriente, obligando a la captación de capitales extranjeros y a apoyarse en el respaldo de las reservas internacionales.

Las reservas tuvieron una evolución favorable hasta 1993. Desde 1988, su crecimiento fue constante:

dic/88: 6 mil 588 millones de dólares,
dic/89: 6 mil 860 millones,
dic/90: 10 mil 274 millones,
dic/91: 18 mil 95 millones,
dic/92: 19 mil 257 millones,
dic/93: 24 mil 538 millones.

En febrero/94 las reservas llegaron a su punto más alto: 28 mil 663 millones de dólares. A partir de entonces empezaron a descender. La incertidumbre generada por el asesinato de Luis Donaldo Colosio marca el inicio de las presiones sobre el peso y sobre el mercado accionario y la defensa gubernamental por la vía de la venta de divisas y de la compra de acciones. En junio/94 las reservas habían descendido a 16 mil 200 millones de dólares y en noviembre, según el informe de Salinas, se situaban en 17 mil millones.

Deuda gigantesca

¿Y la inversión extranjera? El flujo arrojaba saldos positivos, con la salvedad de que, según reportes de INEGI y la Bolsa Mexicana de Valores, aproximadamente el 56% se canalizaba a la bolsa, con la consiguiente volatilidad y alto riesgo de fuga, como sucedió.

La cara positiva del flujo de capitales se expresaba en una cuenta de capital positiva. Pero el reverso de esta "moneda" era la incidencia en la cuenta corriente y en el endeudamiento externo. Al final del primer semestre de 1994 y según datos del SHyCP, del Banco de México, de la Bolsa Mexicana de Valores y del Banco Mundial, la deuda externa total llegaba a niveles históricos: 140 mil millones de dólares. Hay que señalar que durante el salinismo la información oficial ya no consignaba el valor nominal y el valor total (público y privado) de la deuda externa y el dato que se manejaba era el del porcentaje que representaba la deuda y su servicio respecto del PIB.

La deuda pública externa reconocida oficialmente alcanzaba los 85 mil millones de dólares. En cuanto a la deuda externa privada, es indudable que fue alentada por la política gubernamental de modernización. A lo interior hay que sumar el endeudamiento público interno. En noviembre/94, la deuda pública interna era de 130 mil millones de nuevos pesos (aproximadamente 40 mil millones de dólares al tipo de cambio de entonces). Lo dramático de estas cifras es que indican que se esfumaron los activos estatales destinados a amortizar deuda interna. El producto de la venta (privatización) de empresas públicas particularmente los bancos y TELMEX- decía canalizarse al pago de deuda interna, pero al final el Estado seguía con un endeudamiento que continuaba siendo grande y sin las empresas más productivas que tenía. Estos eran los frágiles cimientos de la economía mexicana. Los acontecimientos de diciembre sólo los pusieron al descubierto.

El "lunes negro"

El 19 de diciembre fue el "lunes negro", el inicio del caos. Ese día la Bolsa de Valores tuvo una pérdida de 4.15%. Desde la toma de posesión de Zedillo en diciembre era la décima jornada de once que terminaba con pérdidas. Ese mismo día arreció también la demanda de dólares. Las presiones en el mercado de divisas y de valores obligaron a una reunión de emergencia del Pacto para el Bienestar, la Estabilidad y el Crecimiento (PABEC). En ella se acordó elevar a 53 centavos el límite superior de deslizamiento del peso frente al dólar. La ampliación de la banda de flotación significó una devaluación del 13.89%, con lo que el peso acumuló una depreciación de 28.8% en lo que iba del año 1994.

En la Cámara de Diputados, los priístas defendieron tercamente que no se trataba de una devaluación sino sólo de la ampliación de la banda de flotación del peso y atribuyeron la medida a los efectos de los sucesos de Chiapas, en mayor tensión tras el fraude electoral. Rechazaron las críticas del PAN y del PRD y se negaron a tomar las medidas propuestas por esos partidos: comparecencia del Ministro de Hacienda, Serra Puche, protección a la economía popular e indexación de los salarios a los índices devaluatorios. El anuncio de la "ampliación de la banda de flotación del peso" incrementó la demanda de dólares. Todo mundo recordó especialmente los inversionistas norteamericanos que el Secretario de Hacienda había asegurado unos días antes que no habría devaluación. La fuga de capitales se aceleró.

El peso en picada

Seguía la crisis. Dos días después los integrantes del PABEC volvieron a reunirse. Del análisis de la evolución de los mercados financieros, concluyeron que la ampliación de la banda de flotación del peso acordada un día antes "no detuvo el proceso especulativo desatado en los mercados financieros". Ante esto, "las autoridades financieras decidieron que la oferta y la demanda de divisas determine libremente el tipo de cambio, hasta que el mercado cambiario muestre condiciones de estabilidad", dijo Serra Puche. A partir de ese día sería la oferta y la demanda la que determinaría, sin límites, la devaluación del peso. En la reunión del Pacto, Serra habría dicho que las reservas internacionales habían disminuido hasta 6 mil millones de dólares, lo que obligó a tomar estas medidas. Los firmantes del PABEC acordaron que en los próximos 70 días los precios de bienes y servicios públicos y privados se mantendrían sin alteraciones y se mantendrían también los acuerdos sobre salarios (aumento del 7% a los salarios mínimos, más una bonificación fiscal equivalente al 3% de los salarios vigentes en el 94).

En esa misma semana y durante la entrega del Premio Nacional de Economía, Ernesto Zedillo ofreció una explicación de las causas de la devaluación en la que a diferencia de los primeros días ya no puso en primer lugar el factor Chiapas. Durante 1994 dijo algunos desequilibrios de la economía que hasta hace un año se estimaron como sumamente manejables, adquirieron en 1994 una proporción muy preocupante. Por su parte, el SHyCP y el Banco de México emitieron un boletín en el que explicaron que las presiones en el mercado cambiario se recrudecieron como consecuencia de "un elevado déficit en la cuenta corriente (de la balanza de pagos) en 1994, y de una perspectiva similar para 1995, en un contexto de relativa escasez de capitales en los mercados financieros internacionales y de las amenazas a la paz social hechas recientemente por el EZLN, que han creado un ambiente de incertidumbre que obstaculiza el sano desenvolvimiento económico del país".

Frustración generalizada

El día 21, la crisis llegó a la bolsa. La masiva venta de acciones por parte de los inversionistas extranjeros estuvo a punto de provocar un crack en la BMV. Durante la jornada llegó a retroceder un 11.46% en su principal indicador. Una intempestiva intervención de los inversionistas institucionales Nafinsa y Bancomer, entre otros , que adquirieron acciones por más de 971 mil millones de nuevos pesos, revirtió la tendencia. La bolsa cerró con una pérdida de 3.10%.

A finales de diciembre, el peso había sucumbido completamente. Llegó a cotizarse a 6 pesos por dólar, lo que suponía una devaluación cercana al 100%. Para entonces empezaron a hacerse públicas las explicaciones del colapso. Gustavo Lomelí escribió en El Financiero: "Informes recabados revelan que desde mayo pasado se empezó a considerar la conveniencia de ajustar la paridad cambiaria, y en septiembre y octubre se planteó, a nivel del gabinete económico y del equipo de alcance entre la anterior y la actual administración, la necesidad de elevar en 10% la banda de flotación de nuestra moneda y aumentar el ritmo de deslizamiento del peso frente al dólar, de 40 a 80 centavos de viejos pesos. Sin embargo, el presidente Carlos Salinas rechazó esa petición una y otra vez, por recomendación de Pedro Aspe, Secretario de Hacienda, y de Miguel Mancera, Gobernador del Banco de México".

Las consecuencias fueron múltiples. Los mercados financieros latinoamericanos resintieron la sacudida por la desconfianza generalizada de los inversionistas del Primer Mundo. El sistema financiero se tambaleó ante la posibilidad de que, como en los 80, México tuviera problemas para el pago de su deuda externa. En el país, la frustración y el coraje dominaron a los mexicanos. El discurso de campaña de Zedillo "Bienestar para toda la familia" cambiaba bruscamente y se le pedían a todos más sacrificios. La crisis alcanzó a la inmensa mayoría de los empresarios, especialmente a los poseedores de franquicias, a los endeudados en dólares, a los dedicados a la importación de mercancías, a los endeudados en pesos por el incremento de las tasas de interés...

Paradójicamente, el estallido de la crisis económica tuvo un aspecto positivo: evitó el estallido de la guerra en Chiapas.

Acabar con los zapatistas

El conflicto de Chiapas había entrado en una fase peligrosa. Con el cambio de gobierno, el segundo Comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas, Jorge Madrazo, había presentado su renuncia. Nunca se pudo entrevistar con los zapatistas y se había abierto una especie de impasse en el conflicto. Simultáneamente, crecía en forma acelerada en Chiapas la descomposición social y los conflictos agrario y post electoral pasaban a un primer plano, generalizándose los enfrentamientos entre los distintos actores sociales. En este contexto y durante noviembre y diciembre, los acontecimientos se fueron encadenando de tal manera que revelaban cuál era la decisión gubernamental: acabar militarmente a los zapatistas. Ocho acontecimientos mostraban que todos los planes iban en esta dirección.

En su informe de noviembre, Salinas presentó una visión de la situación en Chiapas que resultaba provocadora. El tono del discurso no fue conciliador sino prepotente y autoelogioso. No mencionó al EZLN por su nombre: sólo habló de "el grupo armado". Según Salinas, el ejército había ganado la guerra en enero y tenía controlada la situación militar. En su discurso aparecieron de nuevo acusaciones ya usadas contra el EZLN: el rezago social no explica suficientemente el alzamiento que se debe a una estrategia política, hay dirigentes "foráneos", pretenden internacionalizar el conflicto...

Salinas introdujo en su informe una significativa alusión a Don Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal: "El conflicto armado que surgió en la selva de Chiapas tiene rasgos singulares... Es una zona geográficamente aislada, con cerca de 70 mil habitantes dispersos en pequeñas comunidades y que, además, coincide con la diócesis correspondiente". Significativa alusión porque nunca las diócesis han servido como referencia geográfica en el discurso oficial, con lo que parecía insinuar una identificación entre el alzamiento y "la diócesis", es decir Don Samuel.

PRI: mano tendida al PRD

El 3 de noviembre se publicó en los periódicos de la capital una publicidad del autodenominado Supremo Tribunal del Pueblo Chiapaneco, que descalificaba el trabajo de la Procuraduría y del Tribunal Electoral del Pueblo Chiapaneco y reafirmaba la legalidad de las elecciones en el Estado, ganadas oficialmente por el PRI.

Durante el mes de noviembre se fue perfilando una nueva política del gobierno hacia el PRD. El diputado priísta Oscar Levin Coppel la anunció en la Cámara de Diputados, en el marco de la glosa al informe presidencial, como un nuevo trato del PRI con sus opositores: "Creo, compañeros, que después de haber escuchado este importante debate tenemos grandes puntos de coincidencia. Creo que estamos listos. Todas las fracciones y muchos de nosotros en el PRI estamos pensando en un nuevo trato con las oposiciones.

Quiero que sepan que estamos abiertos a terminar esta lucha de enconos que ha dividido a los mexicanos durante ocho años, que nos ha lacerado a todos y que desgraciadamente no ha sido más que un pleito de familia. Quiero decirles que de parte de muchos compañeros existe voluntad, que transigiríamos muchos de los compañeros de la fracción priísta para lograr un nuevo trato. Intentaremos encontrar ese nuevo trato aunque muchas veces los duros de ambas partes traten de impedirlo".

El comportamiento cínico y arcaico de los diputados priístas al evaluar las elecciones presidenciales de agosto mostró los límites de estas buenas intenciones. A pesar de todo, comenzó a esbozarse un claro acercamiento del PRI con el PRD, concretado en encuentros de perredistas con Zedillo. Zedillo enfatizó la nueva disposición presidencial hacia el PRD: reconocimientos públicos, ofrecimiento de puestos en el gobierno, etc.

Visto todo esto desde Chiapas, la lógica era la neutralización del PRD, halagando la madurez de los "dialoguistas" y acorralando a los que Levin Coppel identificó como los "duros" opuestos al diálogo. Buscaban dividir al PRD precisamente en el tema de sus relaciones con el gobierno. Las consecuencias para Chiapas eran obvias: el gobierno aliviaba o neutralizaba uno de los polos de tensión opositora y aislaba así a los zapatistas. En este clima se hizo evidente la decisión gubernamental y priísta de apoyar a Robledo como Gobernador de Chiapas, a pesar de que su victoria electoral era cuestionada. Apoyarlo o, al menos, aumentar el costo político de su cabeza. A mediados de noviembre, el PRI empezó a movilizarse en el Estado de Chiapas.

¿Quién es intransigente?

El 28 de noviembre, Jorge Madrazo renunció como Comisionado para la Paz. En su balance final, introdujo en su discurso alusiones a la "intransigencia" del EZLN, fundándola sobre todo en que los zapatistas rechazaron todas sus propuestas de encuentro directo, elemento que después fue enfatizado en la postura oficial. En su toma de posesión, Ernesto Zedillo marcó la pauta que iba a seguir: un discurso fuertemente pacifista la salida es el diálogo y la negociación , pero sin referirse a hechos concretos con los que tender un puente real hacia los zapatistas.

El discurso fue reiterativo en favor del diálogo e incluyó una nueva capacidad del gobierno para asumirse como parte del conjunto de fuerzas que reclaman diálogo y paz. Así, los que le gritaban consignas pacifistas al gobierno descubrían con sorpresa que sus gritos iban ahora dirigidos al EZLN.

Gobierno, partidos y sociedad civil quieren una salida negociada y sólo el EZLN se resiste: ésa es la imagen barata con que se busca aislar al EZLN. Y ése es el problema de los pronunciamientos por la paz, el diálogo y la negociación que no señalan la responsabilidad gubernamental que, con sus actos, contradice su discurso pacifista. En este sentido, situarse a igual distancia del gobierno y del EZLN acaba resultando favorable al gobierno.

Contra la paz

Los hechos gubernamentales iban en sentido contrario al de la paz. La composición del gabinete zedillista fue la primera muestra de resistencia a los cambios. Pichardo Pagaza quedó como Secretario de Energía, a pesar de todo su desprestigio tras el asesinato de Ruiz Massieu. Buena parte de los ejecutores de la política económica salinista sobrevivieron en el nuevo gabinete (Serra Puche, Herminio Blanco, José Angel Gurría). En política social también hubo continuidad: Carlos Rojas fue ratificado en SEDESOL y Santiago Oñate quedó como Secretario del Trabajo. Los conflictos post electorales de Veracruz y Tabasco fueron manejados con absoluta cerrazón y con endurecimiento gubernamentales y en Chiapas, Robledo fue impuesto con la presencia de Zedillo y la del ejército.

Al demandar diálogo sin condiciones "a quienes se han inconformado" así llamó Zedillo a los zapatistas , el gobierno se autoexime de su propia obligación de poner condiciones para el diálogo. La AEDPCh, el PRD, Don Samuel Ruiz y muchos otros reclamaron solución al conflicto post electoral en Chiapas como condición y como signo para restablecer el diálogo, pero el gobierno ignoró esta demanda haciendo aparecer como intransigencia zapatista lo que era su propia intransigencia.

Zedillo y el ejército

El gabinete "plural" de Eduardo Robledo Rincón, gobernador "electo" de Chiapas, fue una burla. La propaganda oficial destacó que incorporaría a un panista y a un perredista. El panista (Secretario de Salud) fue Valdemar Rojas, un cuasi fascista que señala a Don Samuel como Comandante zapatista. El perredista fue Eraclio Zepeda, amigo de Robledo. Su primera actuación como Secretario de Gobierno fue solicitar que el ejército patrullara las ciudades chiapanecas. En el resto del gabinete sobresale la presencia de hombres que fueron funcionarios de los antipopulares gobiernos de Absalón Castellanos y Patrocinio González Garrido.

El trato del gobierno hacia el ejército reflejaba la posición de fuerza de éste. En su respuesta a la iniciativa de paz de Don Samuel, Jorge Madrazo llegó al absurdo de colocar a miembros de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en los retenes para vigilar que no se hicieran falsas acusaciones contra las fuerzas armadas. Y Salinas exaltó esta medida en su informe de gobierno. Zedillo ha aumentado el presupuesto militar, al tiempo que reivindicó al ejército como pacifista en un discurso durante un desayuno con las fuerzas armadas, dos días después de su toma de posesión. La presencia y movilización del ejército en Chiapas era cada día mayor y más evidente. El terreno estaba siendo preparado para, en caso de guerra, presentarlo como un ejército obligado contra su voluntad y su vocación a exterminar indígenas para salvar la paz nacional.

Una apuesta por la guerra

Estos ocho acontecimientos eran síntomas que permitían un claro diagnóstico. La estrategia gubernamental era la de acorralar a los zapatistas para obligarlos a negociar en condiciones de debilidad o si no, para obligarlos a la guerra. Este efecto de acorralamiento se había conseguido en bastante medida antes del estallido de la economía. A esta estrategia oficial había que sumar otros factores: la incapacidad de la Convención Nacional Democrática para constituirse en actor significativo, la derrota electoral del PRD en agosto y las presiones para contener sus avances electorales, y el creciente desinterés de la opinión publica por la causa del EZLN en aras de la paz.

Para los zapatistas, negociar en estas condiciones era negociar desde la debilidad, en condiciones muy diferentes a las que tenían en las jornadas de diálogo de febrero/94. Pero si no negociaban, además de aparecer como intransigentes, tenían que abrir los fuegos de la guerra. De no hacerlo, perderían credibilidad después de tantas advertencias como habían estado haciendo.

El gobierno sabe que los zapatistas están dispuestos al sacrificio y a la muerte. Al acorralarlos, estaba apostando por la guerra.

La guerra inminente

Varios acontecimientos habían resultado adversos a los zapatistas. El resultado de las elecciones de agosto frustró la posibilidad de un gobierno del PRD que abriera el camino para una solución de fondo a la crisis chiapaneca. En el Estado de Chiapas, la imposición del candidato priísta terminó de cerrar los espacios para un avance político.

La Convención Nacional Democrática, concebida como un gran frente de la sociedad civil para impulsar una salida no militar tampoco rindió los frutos esperados. Los conflictos internos de la Convención al mejor estilo de la izquierda tradicional , su fuerza y capacidad de convocatoria decrecientes y su dificultad para tomar iniciativas acabaron por convertir esta instancia tan promisoria en un actor poco significativo.

A principios de diciembre, el EZLN declaró roto el diálogo y comunicó al gobierno que no mantendría el cese al fuego. Ante la posibilidad de una guerra inminente, los zapatistas emprendieron acciones que volvieron a mostrar su enorme habilidad política y operativa. En medio de una gran tensión y expectativas anunciaron que habían roto el cerco militar del Ejército y que parte de sus tropas se desplazaban ya por 38 municipios del Estado de Chiapas. Geográficamente, esto significaba una demostración de su capacidad de extender la guerra a casi todo el territorio chiapaneco. A la vez, se cuidaron de no provocar un choque que desatara las hostilidades. En aquellos días aparecieron zapatistas por todos lados, bloqueando caminos y carreteras, desplazándose por comunidades y poblados, dejando aquí y allá señas claras de su presencia.

Y justamente cuando el gobierno movilizaba fuertes contingentes de tropas en Chiapas sobrevino la crisis económica, que le hizo perder de golpe al gobierno toda la legitimidad ganada ante la opinión pública para combatir a los zapatistas. El costo de una guerra se elevó considerablemente ante la delicada situación de la economía. El giro fue radical y obligado: al gobierno le urgía tener alguna buena noticia que dar al país y la guerra no lo era.

La "rebelión" del PRI

Los acontecimientos posteriores fueron en la línea de la distensión, a pesar de grandísimas dificultades. Una intensa labor desarrollada por Don Samuel Ruiz y por la Comisión Nacional de Intermediación a la que el gobierno tuvo que reconocer como instancia mediadora si efectivamente quería la paz permitió ir poniendo bases para evitar el choque armado. Ambas partes se hicieron concesiones para mantener una tregua provisional y para ir cimentando una tregua estable.

Particularmente relevante fue el hecho de que el Secretario de Gobernación acudiera en enero a una entrevista directa con los zapatistas en la zona bajo su control. Aunque los detalles de ese encuentro no han sido revelados, es evidente que de ahí podrían derivarse una serie de medidas que parecen encaminarse hacia una nueva fase de negociación que permita una salida política al conflicto.

Pero nueva paradoja el gobierno tuvo que hacer frente ahora a un nuevo obstáculo: la "rebelión" de sus propias bases priístas. Cuando parecía que el gobierno lograba recomponer la situación, la presión provino de su propia retaguardia. Desde su toma de posesión, Zedillo ha dejado claro que busca una nueva relación con el PRD y que el rencor salinista hacia ese partido es cosa del pasado. El avance más notable en esta dirección fue la firma de un pacto entre los cuatro partidos realmente existentes: PRI, PRD, PAN y PT. Este pacto y los rumores sobre la destitución de los gobernadores de Chiapas y Tabasco en favor de los candidatos opositores realmente electos apuntaban hacia la configuración de un consenso que permitiera al Presidente Zedillo gobernar el país.

La reacción de los priístas de estos dos Estados fue inesperada. Desafiaron el antes sagrado poder presidencial, presionando incluso con violencia para sostener a los dos gobernadores. Pero más que la cabeza de los gobernadores parece estar en juego otra cosa. Los priístas perciben que se sigue acercando el fin de su ubicación como partido de Estado. La evolución acelerada de la realidad nacional ha ido estrechando los espacios de que el partido oficial disponía de forma absoluta. Y los priístas empiezan a buscar un nuevo acomodo.


Rescatar a los millonarios

A pesar de los préstamos multimillonarios de Estados Unidos, el FMI y la comunidad internacional que llegaron a México en febrero, la crisis no dejó de ser muy grave. Porque la fórmula con la que el gobierno quiere remontar la situación de emergencia es la misma que la provocó. No es otra cosa que más de lo mismo: la misma medicina.

Lo que se prevé en el recién creado Plan de Unidad para enfrentar la Emergencia no es otra cosa que el mismo programa de ajuste, con el mismo control de precios y salarios, con la venta de las pocas paraestatales que nos quedan ferrocarriles y telecomunicaciones, por lo pronto , con el endeudamiento por los nuevos préstamos del extranjero, con el fortalecimiento del sector monopólico y exportador de la economía, con la reducción del gasto social, con la consecuente caída de la calidad de vida de la mayoría del pueblo de México y, por último, con la vulneración creciente de la soberanía nacional. El plan no contempla ninguna política de rescate de la pequeña y mediana industria ni ninguna política de reactivación del mercado interno y no existen incentivos para la creación de empleos. La economía no puede reactivarse tampoco con tasas de interés tan elevadas como las que han quedado. La emergencia se piensa enfrentar con una política recesiva y orientada al mercado de exportación.

Viendo esto, es innegable que el equipo económico de Zedillo sigue pensando en administrarle la riqueza a los 24 multimillonarios mexicanos cuyos nombres aparecieron en la revista Forbes, en lugar de administrar los intereses de la nación. Una buena parte de los dueños del capital está todavía molesta porque no se les informó a tiempos de la devaluación y exigen que se le repare el daño. Van y vienen rumores de posibles quiebras de bancos nacionales. La disparidad actual en las tasas de interés y en los beneficios de intermediación de las distintas instituciones financieras revela una descoordinación muy grave en las políticas económicas concretas.

Evitar el efecto tequila

En este contexto, los fondos de "rescate económico" aprobados por el Presidente Clinton y el Fondo Monetario Internacional hasta por 51 mil millones de dólares montos sin precedente en toda la historia de la humanidad, incluyendo los que se aportaron para la reconstrucción de Europa Occidental después de la II Guerra Mundial , han sido otorgados precisamente a condición de mantener inalterado el original proyecto económico neoliberal.

Los fondos tratan, en realidad, de contrarrestar el llamado efecto tequila que amenazaba desequilibrar el modelo económico en otros países latinoamericanos: Argentina, Venezuela, Colombia, Chile. La finalidad última de tan descomunal respaldo no es tanto salvar a México ya lo dijo el propio Clinton , sino acudir al rescate de todo el proyecto económico regional, asociado al rescate de la economía de los Estados Unidos.

La operación financiera es sencilla: se trata de abrir una línea de crédito para que el gobierno de México pueda hacer frente al pago de los Tesobonos Bonos de la Tesorería del país , cuyo vencimiento es a corto plazo, y trasladar el débito a mediano y largo plazo. Algo similar a lo que hiciera el famoso Alcalde de Lagos célebre en el imaginario popular mexicano quien, para rellenar un hoyo que había frente a la Presidencia Municipal, cavó junto al hoyo otro hoyo para rellenar el primero con la tierra extraída del segundo y después cavó un tercer hoyo para reparar el anterior y así, hoyo tras hoyo, hasta que luego de semanas logró "sacar" del pueblo el agujero original acabando con el pueblo, naturalmente.

La soberanía del petróleo

Lo grave ahora es que, antes de la devaluación de diciembre, los grandes capitales especularon escandalosamente con los Tesobonos y, con la sola variación de la paridad monetaria del peso frente al dólar, obtuvieron ganancias por más de 15 mil millones de nuevos pesos (algo así como 5 mil millones de dólares, casi el doble de lo que son las reservas nacionales en este momento). Más grave aún: las condiciones puestas por los Estados Unidos vulneran seriamente nuestra soberanía y empeñan a futuro todos los ingresos que México obtenga por sus ventas de petróleo, que quedó como garantía de los préstamos.

El programa de emergencia y la aceptación de esta nueva línea de créditos por parte del gobierno de México son, en realidad, una declaración de guerra del gobierno en contra del pueblo mexicano trabajador, disimulada con el ya gastado discurso que pide sacrificios hoy y promete recuperación económica mañana. La crisis ha confundido más a las mayorías y el gobierno continua abusando de su credulidad. Pero el régimen no está midiendo las consecuencias sociales que sus políticas económicas pueden tener para garantizar o no la paz en el país.

Hoy más que nunca es difícil vaticinar hacia dónde evolucionará el país. En medio de una crisis económica y de un proceso de reconfiguración de la sociedad y del Estado, cada movimiento de los actores sociales va influyendo en la evolución posible. Lo que sí está claro es que México ha entrado de lleno en un tiempo de cambio, en "otro" tiempo.

¿Hacia dónde?

Contra las afirmaciones dogmáticas, la historia ha demostrado que las crisis no llevan necesariamente a un avance del pueblo hacia la justicia y la democracia. Las salidas conservadoras o regresivas tienen también en las crisis su caldo de cultivo. Mientras sean más los mexicanos que interioricen que "el tiempo" cambió y que se les ofrece una ocasión privilegiada para una actuación social y política que construya una paz con justicia y dignidad, la balanza se inclinará hacia el lado de la vida.

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