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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 211 | Octubre 1999
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Honduras

Llueve sobre mojado, llueven las preguntas

El poderoso río Ulúa arrancó de un tajo el puente bailey que efectivos de la Marina de Guerra de los Estados Unidos de América levantaron en Ilama después del Mitch. Fue la señal de que el país está aun muy frágil, que es muy vulnerable, y que lo seguirá siendo si no se toman las medidas adecuadas.

Ricardo Falla

El domingo 3 de octubre, en la tarde, cuando se acercaba la noche, visitamos una comunidad del valle de Sula, al norte de El Progreso, llamada Estero de Indios. Unos 50 hombres luchaban contra la fuerza de las aguas colocando sobre el bordo, que lentamente se estaba deslizando, cientos de sacos de tierra. Llevaban tres días y tres noches turnándose ininterrumpidamente para que las aguas de lo que ya era un anchísimo río no anegaran toda la margen derecha, donde los campesinos tienen sus casas y cultivos. Los jóvenes campesinos y cooperativistas habían echado ya tres mil sacos, pero las filtraciones lo estaban moviendo todo.

El gobierno brillaba por su ausencia. Ni COPECO (Comisión Permanente de Contingencias) -rumboso y contradictorio nombre, a no ser que se admita la permanencia de las contingencias- ni la Comisión del Valle de Sula (CEVS) -que había reparado el boquete roto por el Mitch en ese mismo lugar- ni las Fuerzas Armadas ni el Municipio estaban presentes.

Salimos del lugar apresuradamente a lanzar un SOS para que el gobierno mandara volquetas, sacos, palas y gente que impidieran que el bordo cediera. También para que el gobierno detuviera las descargas de la represa de El Cajón, pues la inundación en Estero de Indios no se debía precisamente a las lluvias...

¿La presa o los bordos?

De todas las amenazas de los ininteligibles pronósticos meteorológicos que se cernieron sobre Honduras desde después de las fiestas de la Independencia el 15 de septiembre, ninguna se cumplió sobre la Costa Atlántica. Llovía a cántaros en las sierras, en el centro -en Tegucigalpa- y en el sur, pero el sol brillaba en la costa. Sólo algún chubasco esporádico. Toda la destrucción producida en el valle de Sula la causaron las lluvias caídas sobre las amplias cuencas de los ríos Chamelecón y Ulúa, que pasa al lado de El Progreso. El Ulúa fue el más destructor, no sólo por más caudaloso, sino porque uno de sus afluentes, el Humuya, forma la represa de El Cajón. Para evitar que la represa "tronara" -según el gobierno-, con la subida de sus aguas a 290 metros sobre el nivel del mar, desde el día 23 de septiembre se produjeron repetidamente descargas de agua que a veces llegaron a más de mil metros cúbicos por segundo. Estas descargas provocaron que los bordos, mal reparados por el mismo gobierno, fueran los que tronaran en muchos de los meandros del río.

Al día siguiente, tuvimos la oportunidad de lanzar un grito de auxilio a todo el país a través de Radio América, con cobertura nacional y monitoreada por el gobierno. En Estero de Indios oyeron el mensaje y llamaron de nuevo con el mismo SOS. Desde Tegucigalpa, el Comisionado Nacional de COPECO prometió hacer algo inmediatamente, pero explicó que la situación de El Cajón era crítica, y que no podía acceder a la petición de dos o tres días de clemencia, de respiro, en la inundación artificial que estaban creando. No iban a dejar que El Cajón "tronara", preferían evacuar a la población.

A las horas mandó un fax. Decía que había tratado de reforzar los bordos de contención para proteger la aldea, pero que técnicamente era difícil asegurar que no cederían, por lo que pedía que intercediéramos ante la gente, que se negaba a evacuar el lugar. A la vez, llegó un fax del Comandante de la 105 Brigada de San Pedro Sula asegurando que el contingente destacado en la población vecina de Urraco se había empeñado en las labores de reforzamiento de los bordos de contención para proteger a los habitantes de Estero de Indios, pero que éstos se negaban a evacuar el área de riesgo.

¿Evacuar o resistir?

La situación nos recordaba cuando, en Guatemala y en los tiempos de la guerra y los planes de emergencia, la guerrilla le exigía a la población que saliera porque el ejército, como un huracán, venía. Mucha gente se resistía y no salía y después era masacrada por el ejército. Sin embargo, aquí y ahora la gente es inteligente, conoce su propia circunstancia mejor que COPECO o las Fuerzas Armadas, y sabe que con cualquier decisión que tomen son ellos los que pierden y no el ingeniero ni el comandante.
La estrategia del ingeniero no era otra que la evacuación a todo trance. Pero para la gente evacuar significa capitular en su resistencia contra el agua, ceder a la tentación de no trabajar más acarreando sacos y agarrar sus pertenencias para subirse a un monte a cruzarse de brazos y a esperar que la fuerza del río truene el bordo y anegue con tres metros de agua las siembras de maíz y de palma africana. En la tarde, el Comité de Reconstrucción de El Progreso tiene un programa, radial llamado "Al calor de la tacita de café". Allí leímos el fax del ingeniero, pero sin intentar convencer a la gente, ni en un sentido ni en otro.

A la mañana siguiente, la situación estaba controlada en Estero de Indios. En todo este proceso fue obvia la tensión entre la CEVS y COPECO. Si el bordo se hubiera destruido, la CEVS hubiera responsabilizado a COPECO por no parar las descargas en la presa, mientras que COPECO hubiera dicho que la responsable era la CEVS por haber reparado mal el bordo.

Los bordos son inmensas masas de tierra a un lado y al otro de los ríos, tan grandes que por encima de ellos puede uno caminar en carro. Desde los tiempos en que todo el valle de Sula era propiedad de la transnacional frutera Tela Railroad Company, se hicieron obras de ingeniería para proteger los bananales de las inundaciones. La compañía hizo canales de alivio para sacar las aguas por varios lados. Si los bordos de estos canales no están bien construidos, la inundación se esparce ampliamente. La Tela (Chiquita Brands) no tuvo pérdidas en los bananales que rehabilitó después del Mitch. La construcción de bordos que la compañía hizo en sus terrenos fue de mejor calidad que la hecha por el gobierno.

Las pérdidas en cifras

Al 6 de octubre, las últimas estadísticas de COPECO eran: 28 personas muertas, 6 desaparecidas, 3 heridas, 17 mil 609 evacuadas, 7 mil 242 evacuadas en albergues temporales, 96 viviendas destruidas, 1 mil 158 viviendas dañadas, 15 puentes destruidos, y 26 vías de comunicación en mal estado.

Son cifras probablemente conservadoras, aunque con una credibilidad de la que carecieron las cifras del Mitch, porque, por ejemplo, desglosan las personas muertas por departamento, cosa que permite comprobar la veracidad. Esta vez, el centro de operación conjunta de COPECO estuvo mejor organizado. La experiencia del Mitch pesó y se sabe cómo responder mejor ante una emergencia. También, porque COPECO recibió una ayuda de la AID y del Servicio Geológico de los Estados Unidos, que estableció la COPECO en la sede del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, con un funcionamiento de 24 horas continuas y con 15 líneas de teléfono. La ayuda se concretó en computadoras, muebles y equipos de oficina. No se informó si también hubo asesoría técnica.


Quebradas y ríos desbordados

Las regiones más golpeadas por las lluvias en el aniversario del Mitch fueron Tegucigalpa, Choluteca, Santa Bárbara y la zona norte del país, especialmente el valle de Sula. La capital del país, ubicada en una gran taza cruzada por el río Choluteca, fue afectada por el río y también por las quebradas que bajan de las laderas y caen en los ríos asolvados. Las llenas del río Choluteca se llevaron el puente bailey que comunica la ciudad de Choluteca con el resto del país. Santa Bárbara sufrió por la del llena del río Ulúa, que derribó el puente bailey que los militares norteamericanos levantaron entre Ilama y Santa Bárbara después del Mitch. Los ingenieros del país más desarrollado del mundo no supieron asentar el puente sobre bases firmes.

El norte del país, atravesado por los grandes ríos que cruzan la zona -Chamelecón, Ulúa, Aguán, Sico, Patuca y Coco- fue muy golpeada. En el norte las precipitaciones fueron moderadas y el daño lo causaron las lluvias torrenciales en toda la franja montañosa de las cuencas de estos ríos. Dentro de la zona norte, el valle de Sula fue el lugar más dañado, y dentro del valle, las márgenes del Ulúa, debido a las descargas de El Cajón.

¿Banqueros o agricultores?

Las pérdidas mayores se dieron en la agricultura. En el valle de Sula, la Asociación de Ganaderos y Agricultores de Sula calculó 5 mil manzanas de tierra afectadas: 1,500 de banano, 300 de plátano, 600 de caña, 200 de maíz y el resto de otros rubros. En las márgenes del Ulúa, cerca de El Progreso, los agricultores medianos y pequeños tuvieron grandes pérdidas. Son los bananeros que le venden a la Tela y que habían recibido préstamos para volver a sembrar. Ahora, están pidiendo una política de asistencia financiera semejante a la que se implementó para rescatar a un banco en quiebra. Recientemente, cuando quebró ruidosamente el Banco Corporativo, el gobierno aceleró la Ley Temporal de Estabilización Financiera para salvarlo con 180 millones de lempiras. Los productores se preguntan hoy por qué no se les ayuda también a ellos a recuperar la inversión, y presionarán en el Congreso por una ley que les favorezca.

Nuestro Comité de Reconstrucción en El Progreso financió las siembras de granos básicos en más de 1 mil 500 manzanas con la ayuda de Concern American, en base a que cada familia devolviera el 15% del préstamo. Ahora, todo está de nuevo perdido. Esta es la segunda cosecha que estos pequeños agricultores pierden después del Mitch. La primera la sembraron en febrero -ya tarde- y se perdió por la sequía de abril y mayo. Lo tardío de la siembra se debió a que la tierra estaba aún muy húmeda por las huellas del huracán. Para los pequeños agricultores esta nueva pérdida no es sólo material. Supone un muy duro golpe a su moral: nuevamente tendrán que aceptar alimento por trabajo y solicitar financiamiento para poder sembrar otra vez.

¿Los pobres o los ricos?

¿Cuáles fueron las causas de esta nueva destrucción? Un experto en la "sociología del desastre" iría en orden lógico, desde la preparación remota a la evacuación, pasando por la preparación próxima y la alerta.

Entre las causas, no podemos dejar de mencionar la que es más obvia: el cambio climático a nivel global. Toda Centroamérica, México y el Caribe han sufrido lluvias y huracanes este año. Los destrozos del Floyd en Estados Unidos han sido desmesurados. Las lluvias que ahora han vuelto a destruir a Honduras y a Centroamérica cayeron también sobre Colombia y México. Las tormentas se forman en el Océano Atlántico al oeste de Africa y desde allá viajan hasta América. Es un fenómeno global que no tiene únicamente que ver con la deforestación de las cuencas de nuestros ríos. Y aunque se culpa muchas veces a nuestros campesinos, son los países ricos los que consumen nuestras maderas preciosas. Desde el Mitch, no ha habido tiempo en Honduras para reforestar las laderas de las cuencas de los ríos. En lugares como Tocoa se ha empezado a hacer algo gracias el efecto revelador del Mitch. En el valle de Sula aún no se ha podido hacer nada.


¿Y el dinero de Estocolmo?

Hubo suficiente tiempo para preparar la infraestructura de protección, pero no se hizo. No se dragaron los ríos que se llenaron de arena y de tierra con el Mitch y esto ha reducido sus cauces. Sencillamente, no cabe en esos cauces un caudal de 600 metros cúbicos por segundo. Si llegan más de mil, habrá una inundación. En Tegucigalpa se oyeron quejas por no haberse dragado el río Choluteca, y el Presidente Flores le tiró la pelota a la alcaldía. Sería la alcaldesa -del partido azul- la responsable de esas obras, porque la municipalidad es autónoma, dice, insistiendo en que el gobierno central le puede ayudar, pero no quitar la responsabilidad. Sobre el dragado de los ríos en las municipalidades pobres, Flores ha dicho que es un trabajo que cuesta 300 millones de dólares y que Honduras no los tiene. Y uno se pregunta: ¿qué pasó con los fondos de Estocolmo?

¿Bordos o puentes?

Después del dragado de los ríos y en segundo lugar como infraestructura de protección están los bordos de contención. Desde marzo, los pequeños agricultores de El Progreso le han exigido al gobierno que arreglara los bordos, una obra de ingeniería que supera las posibilidades de los municipios. Es para eso precisamente que existe la Comisión del Valle de Sula, ya que a la Tela RR.Co. le toca el mantenimiento de los bordos en sus propiedades y a la CEVS en las otras. La CEVS no hizo nada, o lo hizo tarde y a la carrera, o lo hizo mal, sin compactar la tierra. Aduce que los fondos le llegaron tarde. Donde había boquetes abiertos por el Mitch, el agua se filtró, abriendo caudales torrenciales. En algunos casos, los agricultores lucharon por protegerlos acarreando cientos y miles de sacos de tierra y arena, como sucedió en Estero de Indios. A veces, la CEVS les ayudó, pero no siempre.

Las emergencias de septiembre y octubre han hecho evidente lo que el gobierno parece no veía en los meses de verano, marzo, abril y mayo: la tremenda vulnerabilidad de los valles. El Presidente -que estuvo visitando personalmente los lugares dañados- aceptó que era el país, y no sólo los valles, el que estaba frágil y vulnerable, dándose cuenta de la imperiosa necesidad de dragar los ríos y de reparar los bordos de contención como tarea prioritaria. Después del Mitch, el gobierno estuvo centrado en la rehabilitación de las vías terrestres y en la construcción de puentes, especialmente los bailey, inaugurándolos vistosamente. En esta operación se olvidó de los bordos y del dragado de los ríos, tal vez por ser obras que carecen de visibilidad.

¿Baileys indestructibles?

Muchos puentes han sido destruidos, aunque no tantos como en el Mitch. Lo más notable ahora fue la destrucción de algunos bailey. Aunque feos, su notable estructura de hierro hacía pensar que serían eternos y que quedarían como recuerdos del Mitch. Pero hasta el de Ilama -inaugurado con bombo y platillo por el Presidente Flores en febrero, el "hecho por los gringos", exactamente por la Marina de Guerra, el que tenía la garantía del made in USA, a prueba de todo- resultó destruido.

El 15 de septiembre se cerró el paso de los vehículos por este puente. El río había socavado sus bases. El 16, el río subió hasta sobrepasar las barandas del puente. El Presidente Flores llegó al lugar y COPECO decretó alerta roja para las zonas aledañas del Ulúa y Chamelecón. Al puente -todavía en pie después de este embate- se le tomaban fotos y nadie pensaba que estaba herido de muerte. El día 18, por fin, fue arrastrado por la corriente y literalmente desapareció, arrancado de un tajo por la crecida del Ulúa. Del puente sólo quedó una pieza de metal que lo sostenía en la orilla.

El aldabonazo

Parece que para el gobierno este hecho fue el aldabonazo que indicó la magnitud que podía alcanzar la catástrofe. Si uno de los baileys más famosos se deshacía, ¿qué podía sucederle al país? ¿Se volvería a fracturar, como un pedazo de cristal tirado al suelo, en mil pedazos, como sucedió con el Mitch? El gobierno decretó situación de emergencia nacional y, en una decisión atropellada según algunos, decidió desvestir a un santo para vestir a otro: trasladar el bailey del río Bonito, junto a la Ceiba, a Ilama, causando el enojo de los habitantes de La Ceiba. Aunque los puentes estuvieran bien hechos -tal vez no para crecientes de esa magnitud-, el problema revierte al tema prioritario: el dragado de los ríos, que podrían volver a crecer tanto o más de lo que crecieron con el Mitch.

El nivel de El Cajón

Otro elemento a evaluar como causa de los daños es lo ocurrido en la represa El Cajón. Su nivel máximo de tolerancia es de 290 metros sobre el nivel del mar. No está claro qué sucedería si el agua sobrepasa ese límite. La impresión es que podría ceder la muralla de cemento y la avalancha inundaría las ciudades y pueblos del valle. Un cataclismo. Cuando los periodistas dicen que El Cajón puede "tronar", abonan con esa expresión esta idea. También se explica que si las aguas llegan a su nivel máximo, las turbinas tendrían que paralizarse, posiblemente por la presión del agua, para no dañar irremediablemente un activo nacional. La paralización de la principal fuente de energía eléctrica representaría una pérdida económica que repercutiría en todo el país. El hecho es que en torno a la presa existe una especie de misterio que el público acepta pasivamente, considerando que se trata de cosas técnicas muy complicadas que pequeñas y poco instruidas cabezas no pueden abarcar...

En los días más álgidos de la reciente emergencia el nivel de la presa superó los 285 metros, acercándose hasta los 288. A principios de octubre estaba subiendo 5 centímetros cada hora y media. Las descargas -calculadas combinadamente con las crecidas del río Ulúa- se hacían necesarias. Las descargas iniciales fueron pequeñas: 100-300 metros cúbicos, pero llegaron a ser de más de mil metros cúbicos por segundo.

¿El Cajón o el valle?

Ante el problema y los límites de El Cajón surgen dos preguntas. ¿Realmente las descargas se hicieron en el momento necesario o se actuó atropelladamente, aunque no necesariamente con mala voluntad? ¿Se ha tenido realmente en cuenta el daño que las descargas causan en el valle? La impresión es que se ha actuado sólo mirando al El Cajón y no mirando al valle. Un empresario sugirió que se formara una comisión técnica que administre El Cajón. Otra sugerencia es que se haga una auditoría social sobre el manejo de las descargas. Según este criterio, El Cajón -que es un "activo nacional" que hay que proteger a toda costa porque produce energía barata- está generando una energía muy cara si se tienen en cuenta los daños que provoca a los agricultores. Los pequeños agricultores con quienes hemos hablado ven en lo que sucede una política de fondo: los pobres, como siempre, están subvencionando a los industriales. Igual que en el caso del quebrado y rescatado Banco Corporativo: es el pueblo quien financia los errores o los robos de los ricos.

¿Campo o ciudad?

La otra pregunta es: ¿Por qué, previendo que los meses de septiembre y octubre son los de las grandes lluvias -el Fifí fue en septiembre, el Mitch en octubre-, no se descargó El Cajón en los meses secos para tenerlo como muro de contención en la época lluviosa? Aunque no se conoce la respuesta, probablemente tiene que ver con la experiencia de 1994, cuando el problema fue al revés. El Cajón se acercó entonces a su límite mínimo de agua y el país entró en una recesión económica muy fuerte debido a los constantes apagones. Para evitar la sequía de El Cajón, "mejor tenerlo lleno". Ahora ha quedado claro que se está entre dos límites, ambos peligrosos, ambos fuente de grandes daños para el país. La doble contradicción -entre agricultores (ricos y pobres) e industriales y entre los habitantes del campo y los habitantes de la ciudad- debería ser resuelta con equidad y teniendo en cuenta que los agricultores muy ricos suelen ser también industriales y habitantes urbanos, de modo que se encuentran en la mitad de la contradicción.

¿Exagerar o alertar?

Al examinar la fase de la alerta, hay que decir que a los pronósticos meteorológicos les suele faltar claridad. )Los meteorólogos de Aeronáutica Civil no entienden lo que dicen y sólo repiten los partes que les llegan por Internet, o quieren hacer sentir que ellos son los técnicos y el resto el vulgo ignorante?
"Sistema de baja presión errático interactúa con la zona de convergencia intertropical y provocará lluvias intermitentes". Qué quiere decir esa jerigonza? Con base en el misterio contenido en esas palabras, la opinión pública suspende el juicio y se aflige pero no obedece.

En ocasiones, no sólo es que los pronósticos no se entiendan, sino que están lamentablemente equivocados. El jueves 30 de septiembre se dio la alerta máxima y se suspendieron las clases en todo el país. En la costa norte los niños se presentaron el viernes a los colegios porque no estaba lloviendo. Pasó el sábado, pasó el domingo y el cielo siguió soleado. ¿Dónde estaba la ALEEERTA MAAAXIMA? ¿Por qué se había ordenado? En el campo se sospechó que se había tratado de alertar al país no para anunciar lluvias sino para justificar las descargas de El Cajón, que seguían amenazando los bordos flojos que la población luchaba por reforzar. Que todo había sido una gran mentira y que la inundación no la causaba la naturaleza, sino la política.

Los medios de comunicación -radio, prensa, televisión- hicieron un buen papel, aunque no tan bueno como en el Mitch. Entonces, la población se preparó mejor al mirar con sus propios ojos en la pantalla de TV el ojo rojo del huracán sobre un fondo azul acercándose a las costas del país. Ahora, los medios tendieron a exagerar y a presentar unas fotografías de satélite que no dicen nada. Sólo una gran nubosidad blanca sobre toda Centroamérica. Esa fue la foto que acompañó la alerta máxima. Pero ¿qué significa esa nube, qué lloverá mucho o poco o nada? A nadie convenció. Tal vez hubo buena intención de parte del gobierno al alertar tanto a la gente para que no hubiera pérdida de vidas humanas, pero en estas cosas no cabe la exageración. Como en el caso de El Cajón: no se trata de tenerlo lleno por si acaso, sino de conocer lo real y de hacer lo objetivo, lo exacto, y darlo a entender de manera muy sencilla a la población. Si se exagera, la alerta pierde credibilidad y se hace un daño en la próxima crisis. Ya viene el lobo, ya viene el lobo, y cuando de verdad llega, ya nadie cree. Hipotecamos el futuro por el presente. Tapahuequismo lo llaman algunos.

Militares en acción

En cuanto a la fase de la evacuación y al rescate, apareció un actor que no apareció en el Mitch: las Fuerzas Armadas. Más de 10 mil efectivos, entre oficiales, tropa y personal auxiliar, se dispersaron por todo el país. En el Mitch, algunos decían que, para bien, los militares brillaron por su ausencia. Ahora estuvieron presentes, el Centro Conjunto de Operaciones se asentó en el Estado Mayor, y hubo una mayor colaboración entre civiles y militares. Al parecer, los militares subordinados a los civiles. Es posible que los recientes cambios en la cúpula militar -que le dieron al Presidente de la República un mando más real sobre el estamento militar- y la presencia de un comandante cercano a Flores, hayan facilitado la coordinación. Las Fuerzas Armadas han recibido también adiestramiento para casos de desastres.

¿Evacuar a la fuerza?

Se reportaron muchos casos de gente que se resistía a ser evacuada. Los personeros del gobierno afirman que la gente es terca e irresponsable, echando así por tierra la estrategia principal de una evacuación, que es la persuasión por convicción.

Mucha gente no quiere dejar sus casas en el campo porque no tienen adonde ir, porque es muy incómodo vivir fuera de la casa con un zancudero insoportable, porque temen a los ladrones, y porque prefieren luchar, hasta donde juzgan que es posible, para evitar la inundación. Cuando quienes se resisten son comunidades enteras o grupos grandes parecen tener un juicio más certero de la situación local, un radar más sensible que el que tiene el gobierno. No se oyó de grupos o de personas que por no acatar la orden de evacuación hayan perecido. Tampoco se oyó de casos en que los militares forzaran a la gente a salir amenazándola con las armas, como algún personero de COPECO lo aconsejó. La Fuerza Naval utilizó lanchas para la evacuación de lugares ya anegados de donde la gente gustosamente salió, aunque a veces sucede que salen las mujeres y los hombres se quedan o vuelven, viviendo en algún bordo seco. Sería muy importante que COPECO analizara la experiencia de la evacuación para conocer las reacciones de la gente, sin la cual no se puede orientar eficazmente una política de salvamento.

¿Viviendas sin terrenos?

La estrategia del COPECO y la del gobierno privilegió la evacuación, en lugar de brindar apoyo a la población para que reforzara la infraestructura de contención, los bordos. Casi 18 mil personas fueron evacuadas. Poco menos de la mitad fue concentrada en albergues pequeños. Los macroalbergues de las ciudades ya estaban llenos con la gente del Mitch, que aún espera la construcción de sus viviendas. Ha sido política del gobierno no crear más macroalbergues, porque a juicio de los funcionarios generan hacinamiento, falta de identidad y "chusma".

El Comisionado Nacional de COPECO ofreció -alegremente- a los nuevos damnificados construirles dos mil viviendas prefabricadas donadas por ONGs internacionales y por el gobierno de los Estados Unidos, prometiendo levantar cien por semana. Pero no habló del terreno donde las levantaría. La falta de terreno es la base del problema de la vivienda y una de las razones principales que explica por qué a un año del Mitch todavía miles de damnificados esperan en los macroalbergues.

Más médicos cubanos

Para la atención de la salud, el gobierno acababa de recibir a 32 médicos y enfermeras cubanas. En el mismo vuelo en que dejó el país el contingente de 109 médicos y enfermeras de la isla, que estuvieron diez meses en Honduras y que atendieron a 500 mil personas en más de 126 aldeas, llegó la nueva brigada temporal. El pueblo hondureño despidió con lágrimas y agradecimiento a los que se iban, mientras el Colegio Médico los veía partir con regocijo, porque les quitaban clientela.

La nueva brigada fue localizada en El Progreso y sus alrededores, una de las áreas más golpeadas por las últimas lluvias. El gobierno acogió calurosamente a los cubanos. Fue notable que el cacique liberal del departamento, el diputado Micheletti, los recibiera con una barbacoa, los abrazara, y los integrara en el sistema de salud del área, con mucha presencia en el hospital y para trabajar codo a codo con los médicos hondureños. Indudablemente, el diputado busca jugar a la política con los cubanos, que aunque se deben de sentir usados, tienen que resignarse a una prudencia silenciosa.

¿Centralismo, equidad?

¿Quién indemnizará a los agricultores por las pérdidas debidas a la falta de drenaje de los ríos, a la deficiencia en la reparación de los bordos de contención y a la mala política en el manejo de la presa de El Cajón? El gobierno no ha respondido a esta pregunta, que está en la mente de los agricultores del norte, y ha desembolsado 100 millones de lempiras para todas las municipalidades para que respondan a las emergencias de su población.

El viernes 1 de octubre, en la noche, el presidente Flores se dirigió al país en cadena de radio y TV. "Hoy más que nunca siento el peso y la responsabilidad de gobernar", dijo, dando a entender que estaba más agobiado que después del Mitch, cuando la solidaridad internacional puso sus ojos en Honduras, cosa que hoy no sucede, porque la lluvia cayó pareja por toda Centroamérica y México.

Al día siguiente, la AHMON (Asociación de Municipios de Honduras) expresó su preocupación porque los 100 millones sean administrados por una entidad intermedia que centralice los fondos, en vez de hacer llegarlos directamente a las comunidades. La AHMON también dejó entrever su preocupación por las proporciones de la ayuda. ¿Darían la misma cantidad a una municipalidad de diez mil habitantes que a una de medio millón? ¿O a una damnificada lo mismo que a otra no damnificada?
A los locatarios del mercado capitalino, que perdieron mucho con las inundaciones y con los ladrones que las siguieron, les darán 20 millones de lempiras. Reinaban también entre ellos las mismas incertidumbres: ¿cómo se manejará y distribuirá el dinero? ¿les llegará de forma no sólo transparente, sino también rápida?

¿Teología política?

En estos momentos de incertidumbre, la "teología" que utilizan los personeros del gobierno se resume en esto: hay que tener fe y rezar. Así lo expresó el Presidente del COPECO, Juan Bendeck, el viernes de la alerta máxima. El Presidente Flores también tiene un discurso religioso, aunque más elaborado y siempre con un estilo retórico y muy redondo. El día que habló en cadena nacional dijo: "Ningún huracán es más fuerte que nuestra voluntad de sobrevivir, ni ninguna potencia natural es mayor que nuestro Dios, en cuya piedad y potestad descansamos y confiamos esperanzadamente". A veces, viéndolo ciertamente atribulado y en carreras de un lugar de la geografía al otro en su helicóptero, tapando huecos y, como lo pintan las caricaturas, con la nariz goteando el agua de las inundaciones y de los ojos brotando lágrimas, no sabe uno si creerle, si creer que realmente siente lo que dice, o si todo es política. El hombre es un profesional en el manejo de su imagen. Experiencia religiosa mezclada con destreza política Sin querer esquivar el tema t1eológico del sentido que puede tener el rezar ante las inclemencias del tiempo, sabiendo que el clima tiene sus propias leyes, lo cierto es que, a pesar de su habilidad, el presidente Flores ha perdido imagen, y esto se nota en las críticas que recibe en algunos medios, que antes eran más respetuosos con él.

Hasta el ex-Presidente Reina -también liberal- ha denunciado acremente al gobierno de Flores por haber abandonado el combate contra la corrupción, iniciado en su gobierno, y por haberse aliado a los callejistas para condenar a Reina a pagar 30 mil lempiras por un escándalo en el manejo de los fondos de los sextos juegos deportivos centroamericanos. Reina lo niega y ha llegado a denunciar directamente a Flores por manipular la opinión pública. Esto es muy grave, dice, porque los pueblos están en el derecho de ser informados debidamente, y si por cualquier razón no se les informa, "los pueblos se convierten en enemigos, porque las manipulaciones producen efectos desastrosos". ¿Peores que los de las inundaciones?

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