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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 207 | Junio 1999
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Nicaragua

Después de Estocolmo y antes del pacto

Los contenidos del pacto Alemán-Ortega atentan contra todos los presupuestos sociopolíticos e institucionales que requiere la transformación de Nicaragua, por la que apostó la comunidad internacional en Estocolmo.

Equipo Nitlápan-Envío

Entre los frutos anunciadamente dulces de Estocolmo y los frutos ciertamente amargos del pacto Alemán-Ortega se mueve la realidad política del país. La reunión en Estocolmo de los gobiernos centroamericanos con representantes de los países que integran el Grupo Consultivo, celebrada del 25 al 28 de mayo, mantuvo interesado a un sector de la opinión pública nicaragüense desde hace meses. El gobierno trabajó activamente, con una costosa campaña de propaganda, tratando de interesar al resto de la población, buscando recubrir la reunión de Estocolmo de oropel político y de unas expectativas desmesuradas y fuera de lugar. Alguien habló de un "gigantesco proceso de desinformación oficial", lo que llevó a muchos a jugar con el nombre de la sobriamente bella capital de Suecia: "esto colmó", "esto es el colmo"...

¿Habrá transformación?

El acontecimiento diplomático-financiero de Estocolmo tuvo como telón de fondo el trágico acontecimiento del Mitch, destinado a marcar -¿durante cuántos años?- la coyuntura regional, de tal forma que ya algunos juegan con otras palabras y hablan de Centroamérica am y Centroamérica pm, la de antes y la de después de esa hora fatídica que señaló en el reloj de nuestra historia el huracán Mitch.

¿Se transformó la tragedia en oportunidad, como expresaba la consigna más extendida? ¿Se puede hablar realmente de un "antes" peor y de un "después" mejor, de perspectivas para una transformación? El temor a una respuesta afirmativa es justificado. Horas después de que bajara el telón de Estocolmo, se reanudaron los capítulos más lamentables del guión previo al huracán y dio comienzo el pacto Alemán-Ortega que los diluvios del Mitch obligaron a postergar. El contenido de este pacto atenta contra todos los presupuestos sociopolíticos e institucionales que requiere la transformación de Nicaragua, de los que se habló tanto en Estocolmo.

Encuestas, manipulación, derrumbes

En una encuesta realizada por la CID-Gallup a fines de abril, el 71% de los nicaragüenses consultados dijo no saber absolutamente nada sobre el significado de la reunión de Estocolmo. Este resultado cuestionaba la costosa publicidad planificada por el gobierno para capitalizar el encuentro en Suecia a favor de la muy desgastada figura del Presidente Alemán.

El plan publicitario llegó a un clímax el 14 de mayo, con una misa campal vespertina organizada por el gobierno. Fue presidida por el Cardenal Miguel Obando, que concelebró con todos los obispos. El fin del acto litúrgico era orar por el éxito de la delegación gubernamental en Estocolmo. El gobierno llenó la plaza con empleados públicos, alumnos de colegios estatales y con jóvenes de los barrios más pobres de

Managua a quienes regaló diez córdobas y el viaje en bus.
Aunque la relevancia del encuentro de Estocolmo era obvia, prácticamente todo lo que iba a ocurrir en Suecia se sabía de antemano. No existía ninguna incertidumbre o temor que ameritara clamores espectaculares y oraciones públicas. Estocolmo era un guión escrito, ensayado y conocido hasta en sus mínimos detalles. Fue claro que el gobierno buscó manipular la fe y las esperanzas de la gente. Dada la ocasión y el motivo de la misa, no dejó de resultar curioso escuchar al Presidente de la República declamar, en la lectura de la misa, esas palabras del profeta Isaías que dicen: "Nos alegramos con la alegría de quienes se reparten el botín..."

En los días previos a Estocolmo, hablaron más fuerte que encuestas y oraciones las primeras lluvias del invierno, que causaron desastres en muchas de las obras de "rehabilitación" y "reconstrucción" hechas después del paso del Mitch, incluidas algunas de las aplaudidas construcciones que realizaron en el norte del país los poderosos y bien equipados ingenieros del ejército de los Estados Unidos. Los primeros aguaceros dejaron a varias comunidades incomunicadas por el estado en que quedaron los caminos "rehabilitados" y porque varios de los puentes provisionales construidos después del Mitch se desplomaron ante el primer embate. Si uno de los temas centrales en el encuentro de Estocolmo fue el de nuestra vulnerabilidad, las primeras aguas del cielo dejaron bien claro lo complejo que será lograr una mínima invulnerabilidad...

La ausencia del FSLN

A última hora, el FSLN decidió no enviar a ningún representante a Estocolmo. La decisión hizo más ácido el intenso debate público que está sacudiendo al FSLN -¿para liquidarlo o para transformarlo?-, una pugna muy desigual entre el sandinismo de base aún presente en las rígidas estructuras del FSLN y la máxima dirigencia del partido rojinegro.
Las bases plantearon no ir a Estocolmo, como un gesto testimonial y ético, para no avalar al que los resultados de la encuesta de envío, en abril, calificaban como "el gobierno más corrupto de la historia de Nicaragua". La ausencia del FSLN quedó aprobada el 16 de mayo en una reunión de la Asamblea Sandinista. Pero, posteriormente, la cúpula del partido, al anunciar oficialmente que el FSLN no enviaría a nadie a Estocolmo, dio una razón más pragmática: ya Daniel Ortega había dado sus aportes sobre el tema de la deuda externa y sobre el tema de la política económica al director del Fondo Monetario, ya Bayardo Arce había estado en la reunión post-Mitch de Washington en diciembre 98.

El FSLN obvió así cualquier crítica al gobierno por su ostentosa corrupción. Signos de que soplaban ya los primeros vientos de la reanudación del pacto. La realidad demostró que, en un cuadro tan definido como era la reunión de la comunidad internacional de Suecia, la ausencia del FSLN resultó irrelevante. Como irrelevante hubiera resultado su presencia.

El encuentro: características

El encuentro de Estocolmo fue un foro multilateral, en el que participaron más de 50 representantes de los países que integran el Grupo Consultivo -financiadores de proyectos en los países menos desarrollados- con representantes de los países centroamericanos. La comunidad internacional acudió al foro sólo a conocer proyectos, no a aprobarlos, mucho menos a entregar ya el dinero necesario para ejecutarlos. La aprobación de los proyectos que viajaron a Suecia corresponde a un proceso posterior, que supone foros bilaterales, bien sea el de un diálogo in situ entre cada uno de los gobiernos de los países cooperantes con los gobiernos de cada uno de los países centroamericanos, o bien sea el de los poderes legislativos de cada país donante, pues son los Parlamentos nacionales los que finalmente deben aprobar los montos de ayuda internacional comprometidos en Suecia, teniendo en cuenta sus estrategias de cooperación para los próximos años.

Expectativas, condiciones, límites

La cooperación internacional con Nicaragua ha ido en descenso año tras año desde 1990. Y aunque la tragedia del Mitch despertó de nuevo voluntades e intereses, los países del Grupo Consultivo tienen limitaciones que no pueden esconder. En el mundo de la globalización neoliberal -donde manda el dinero y se fabrican pobres- estos gobiernos luchan también contra déficits fiscales crecientes, a la vez que están interesados en brindar cooperación a nuevos países empobrecidos, especialmente a los de la propia Europa. El pastel se reduce y crecen los invitados. La crisis de Kosovo ha reducido más lo que se puede dar y ha incrementado el número de quienes piden.

Antes de la reunión de Estocolmo, el representante del PNUD en Nicaragua, Carmelo Angulo, señaló como una limitante de la cooperación internacional la "fatiga" de los donantes. Una fatiga que caracterizó con tres síntomas: "fatiga porque la cooperación internacional dispone de menos recursos que hace unos años, fatiga porque tiene dudas sobre la credibilidad de los mecanismos de la ayuda, y fatiga porque piensa que las cosas se podrían hacer de otra manera".

¿De qué manera? A cambio de sus recursos, los donantes, fatigados o no, piden gobernabilidad a los países a los que ayudan. En el argot globalizado de la cooperación gobernabilidad debe significar el resultado de tres ingredientes: una política macroeconómica "sana" (reducción de los déficits, equilibrios financieros), un uso eficiente y transparente de los recursos, y una participación activa de la sociedad civil en los proyectos.

La cooperación de Suecia ha sido, sin ninguna duda, la más generosa, consistente y leal de todas las muchas que ha recibido Nicaragua a lo largo de su historia reciente. Como anfitriones del evento, los suecos llegaron a él con decepciones acumuladas en los meses de preparación. Porque la convergencia gobiernos-sociedades civiles de los países centroamericanos no se logró. Cada uno por su lado. Porque no hubo un verdadero enfoque regional de los proyectos para impulsar la necesaria integración centroamericana. Cada uno por su lado. Y porque la cooperación europea no logró distanciarse creativamente de los enfoques que impone siempre el poderío de Estados Unidos, enfoques centrados en los cuestionados programas de ajuste estructural, que hacen de los excluidos por el ajuste -damnificados o no por huracanes- simples objetos de "compensación social". Al final del encuentro, el contenido de algunos de los documentos emanados de la reunión y el alto perfil que lograron en el encuentro las ONGs centroamericanas y las ONGs europeas inyectaron más optimismo en los anfitriones suecos.


Con vacíos y en inglés

En la nutrida delegación nicaragüense que viajó a Estocolmo participaron once representantes de ONGs nicaragüenses, que se encontraron en Suecia con sus contrapartes europeas. En las vísperas, no dejó de haber tensiones entre quienes iban y quienes no iban al viaje. La realidad es que el sol de medianoche tentó a demasiados... Las ONGs fueron a Suecia con sus propios documentos y no recibieron los documentos oficiales que llevaba el gobierno hasta el último momento, y cuando se los entregaron, los recibieron en inglés. Con vacíos, poco precisos, y sin mecanismos tanto para su implementación como para su seguimiento: éstas fueron algunas de las críticas que las ONGs hicieron a los proyectos que presentó el gobierno de Nicaragua. En la crítica de fondo, coincidieron con todos los especialistas: el gobierno llevó una lista de "proyectos", pero sin insertarlos en una estrategia de mediano plazo.

La cartera de "proyectos"

La delegación de Nicaragua no tuvo capacidad para presentar en Suecia verdaderos proyectos. El economista Néstor Avendaño, asesor del Ministerio de Cooperación Externa durante el gobierno Chamorro, comentó así en una reunión con envío cuál era la realidad de la "cartera de proyectos" que Nicaragua presentó a consideración de los países donantes: "Desde hace más de un año, desde antes incluso del Mitch, eran conocidos ya los proyectos que llevó el gobierno a Estocolmo. Algunos incluso se venían arrastrando desde el gobierno Chamorro. Sólo reordenaron los papeles después del huracán. Pero lo más destacable es que lo que llevamos no eran proyectos, eran sólo perfiles, fichas e ideas de proyectos, con la excepción del Ministerio de Transporte e Infraestructura, que sí llevó verdaderos proyectos de reconstrucción vial".

"En Nicaragua existe una muy limitada capacidad para formular proyectos de inversión que sean verdaderamente rentables, que son los que financia la cooperación internacional -dice Avendaño-. Esta debilidad la comparte tanto el sector público como el sector privado. A esta débil capacidad de formulación hay que sumar una débil capacidad de ejecución de los proyectos. Por varias razones: por los límites del sector construcción -que dispone de muy escasa maquinaria- y, sobre todo, por los límites institucionales. En Nicaragua no hay mucha gente capaz de gestionar, contratar y desembolsar proyectos desde las instituciones. Y la gente que sí sabe hacerlo es desaprovechada. Con la "escoba" han iniciado su gestión todos los gobiernos. Se despide alegremente a quienes conocen los laberintos de la cooperación internacional, se desprecia la experiencia acumulada en gobiernos anteriores, no se utilizan los recursos humanos calificados, se improvisan ministros y directores generales que no tienen ninguna experiencia en el área que asumen. Todos estos cambios no sólo debilitan las instituciones, también fortalecen el triunfalismo de los nuevos funcionarios que llegan a ocupar los cargos que dejan los "barridos". La cooperación internacional conoce de sobra estos límites de Nicaragua, nos conocen bien."

Otros analistas rcordaron, en ocasión del encuentro en Suecia, que la escasez de mano de obra calificada explica también la muy débil capacidad de ejecución de proyectos de inversión que existe en Nicaragua. Con un analfabetismo y una desnutrición crecientes no se puede ejecutar en el terreno ningún proyecto que se diseñe en las oficinas.

Baja ejecución, alta representación

Según Avendaño, entre 1990 y 1998 la cantidad que en proyectos y programas financiados con ayuda internacional ha logrado ejecutar Nicaragua no sobrepasa los 350 millones de dólares anuales. Para otros economistas, el tope es aún menor: sólo 250 millones se logran ejecutar. En 1998, la capacidad de ejecución fue la más reducida desde 1990: 207.6 millones.

Con las apreciaciones de Avendaño coincidió plenamente un alto funcionario del Banco Mundial, que estuvo en Estocolmo y al que envío consultó en Washington sobre la cartera de "proyectos" del gobierno de Nicaragua. Esa cartera -lo repitió- no contenía más que fichas e ideas de proyectos. Vender ideas ha sido más labor de políticos que de técnicos. En circunstancias como las que vive Nicaragua, los técnicos pasan a un segundo plano, o se tornan políticos o politiqueros. Estocolmo propició un cruce de funciones, a las que se sumó la función de turista. El mismo funcionario del BM nos comentó su desacuerdo con que hubiera que viajar hasta Estocolmo para discutir los problemas de Centroamérica. Opinaba que la reunión debió haberse celebrado en algún lugar de Centroamérica, para reducir notablemente los gastos del encuentro, y para evitarle a muchos alegres trotamundos criollos la tentación de transformar una reunión de trabajo -a la que sólo era necesario que llegaran delegaciones pequeñas y muy cualificadas- en un viaje de placer multitudinario.

Fue el caso de Nicaragua, con la delegación más numerosa de todas, integrada por 69 personas. 47 eran delegados "oficiales", asesores e invitados del gobierno, cuando sólo cinco de ellos iban a hablar en el evento en representación de Nicaragua para presentar los proyectos de nuestro país.

Fantasías, falsas imágenes

Nicaragua llegó a Estocolmo con un listado de 300 proyectos para los que solicitaba 1 mil 300 millones de dólares. El 77% de esa cantidad la solicitaba para proyectos destinados a reconstruir la red vial destruida por el Mitch. No dejó el gobierno de incluir en la lista proyectos que mejorarán otras vías útiles para el desarrollo de los grupos económicos en el poder.

Aunque en Estocolmo ningún país iba a recibir dinero en efectivo (recursos líquidos), sino promesas de dinero para proyectos (recursos atados), el gobierno trató de inducir en la opinión pública que viajaba para recoger "ayuda", y que regresando con esa ayuda, las cosas iban a mejorar sensiblemente para el país y para los pobres, inmensa mayoría. Para aumentar la confusión, y por irresponsabilidad o desinformación, el Presidente de Nicaragua y varios de sus altos funcionarios buscaron también hacer creer a los nicaragüenses que la reunión de Estocolmo era el espacio donde se le iba a perdonar totalmente a Nicaragua la deuda externa.

Políticamente, la popularidad del gobierno liberal estaba en un punto tan bajo que crear estas fantasías parecía urgente. Era como una medida de emergencia y rehabilitación tras el huracán de la corrupción gubernamental que se había ido descubriendo en los meses que siguieron al huracán.

Estos espejismos, creados a la fuerza, pueden revertirse contra el gobierno, y relativamente pronto. La ayuda prometida no comenzará a llegar hasta el próximo año y los proyectos de construcción no podrán comenzar a realizarse con lluvias previstas ya como abundantes y destructivas. Así, lo más seguro es que 1999 cierre con una mayor profundización de la crisis económica, lo que diluirá, en los bolsillos y en los estómagos de la mayoría, cualquier espejismo.

De Ginebra a Estocolmo

Nicaragua asistió por primera vez a una reunión del Grupo Consultivo en 1995, en París, durante el gobierno Chamorro. Pudo hacerlo porque había iniciado desde 1991, aunque con resultados llenos de altibajos, un programa de ajuste estructural, condición que imponen los países que integran el Grupo Consultivo para financiar proyectos en los países del Sur. En Washington, en 1996, y antes de terminar el gobierno Chamorro, Nicaragua acudió a otro encuentro de este tipo. En abril de 1998 el nuevo gobierno liberal participó en Ginebra en un nuevo encuentro con el Grupo Consultivo. Al regreso de aquella reunión el gobierno anunció, con pompa y circunstancia, que había recibido 1 mil 800 millones de dólares de la comunidad internacional. También entonces se habló eufóricamente de "antes de Ginebra" y "después de Ginebra". La realidad mostró muy pronto que el reloj nacional se para a menudo y necesita de mucha y paciente cuerda...

En vísperas de Estocolmo, nunca dejó claro el gobierno si los 1 mil 300 millones que iba a solicitar eran una parte aún no aprobada o aún no desembolsada de los 1 mil 800 millones de dólares que dijo haber conseguido en Ginebra. Según todos los economistas, ambos montos estaban traslapados, teniendo en cuenta los calendarios y la voluntad de los donantes de extenderlos de una administración a otra para así facilitar la transición y la consolidación del Estado.

Sólo al regreso de Estocolmo, y con una seriedad desconocida, muy alejada de la alegre irresponsabilidad mostrada a la ida, el gobierno declaró que el 52% de los montos prometidos en Estocolmo no eran "nuevos", sino que estaban ya definidos hace más de un año en Ginebra.

Los recursos conseguidos

A pesar de confusiones o de manipulaciones oficiales con las cifras, en Estocolmo la comunidad internacional dio a Nicaragua un apoyo relativamente adicional sobre lo solicitado. El apoyo global fue de 2 mil 500 millones de dólares para los próximos 3-4 años en créditos concesionales y en donaciones: unos $300 millones en alivio del pago de intereses de la deuda externa (tanto de la deuda multilateral como de la deuda con los países del Club de París); $500 millones del Banco Mundial para proyectos de reconstrucción; unos $500-600 millones del BID para proyectos y unos $400 millones para financiar la condonación parcial de la deuda externa de Nicaragua; y apoyo bilateral de países amigos para diversos proyectos por algo más de $700 millones.

En las cantidades destinadas a proyectos, el 65% deberá aplicarse a programas sociales (salud, educación y vivienda popular) y sólo el 35% a proyectos de infraestructura. El apoyo global para Centroamérica fue de 9 mil millones, casi el 30% de esa cantidad la recibirá Nicaragua. Como país, España fue el país que se comprometió a mayores aportes bilaterales. Para los próximos tres años, España ofreció a Nicaragua 243.5 millones de dólares para diversos proyectos.

Grandes temas del encuentro

En Estocolmo no sólo se habló de dinero para proyectos. Grandes temas políticos, sociales e institucionales atravesaron toda la reunión. El Contralor General de la República, Agustín Jarquín - presente en Estocolmo en representación de la organización que agrupa a las entidades fiscalizadoras de Centroamérica y el Caribe- comparó el encuentro de Estocolmo 99 con la reunión de Esquipulas 87, en el sentido de que la comunidad internacional se unió para respaldar el esfuerzo conjunto de los centroamericanos. "En Esquipulas, la comunidad internacional nos respaldó para que consiguiéramos la paz, en Estocolmo para que alcancemos el desarrollo." Jarquín consideró que Estocolmo es una especie de "última oportunidad" que la comunidad internacional nos da, y señaló las cuatro prioridades que el mundo espera de Centroamérica -y de Nicaragua- al ayudarla: que en nuestros países se fomente la participación ciudadana, el poder municipal, la transparencia y los enfoques regionales.
Para la comunidad cooperante reunida en Estocolmo garantizar un uso transparente de la ayuda internacional destinada a la reconstrucción post-Mitch se convirtió en el tema central "Es el tema que más preocupa a los donantes", remarcó la ex-embajadora de Suecia en Nicaragua. En esta atmósfera, todos los participantes en el foro -donantes y donados, probos y sospechosos de falta de probidad- incluyeron la palabra transparencia en sus discursos.

Transparencia vs. corrupción

También habló de transparencia el Presidente de Nicaragua. Tenía que hacerlo. Pero el récord con que el Presidente Alemán llegaba a la reunión no era el más presentable. No tanto porque en la ayuda de emergencia enviada desde el extranjero en los primeros meses post-Mitch se hubieran comprobado casos de corrupción de los que pudiera responsabilizarse a su gobierno. De hecho, con estas ayudas -parte de las cuales permanece inexplicablemente aún embodegada- parecen haber sido mucho mayores las ineficiencias y las descoordinaciones que los actos de corrupción.

Los antecedentes poco presentables del Presidente Alemán en Estocolmo tenían que ver, fundamentalmente, con sucesos escandalosos ocurridos en Nicaragua desde mucho antes de la reunión: las pruebas aportadas por la Contraloría General de la República (CGR) sobre su enriquecimiento vertiginoso y desmesurado desde que ocupa cargos públicos -hecho por el que tiene pendiente un proceso sumario-, y la campaña de descrédito y de desacato que ha venido dirigiendo contra la Contraloría General de la República (CGR), la institución que tiene el deber y el derecho de fiscalizar los bienes públicos y las actividades del gobernante y de sus funcionarios.

Caso tras caso, ataque tras ataque, escándalo tras escándalo: de este avergonzante cúmulo parecían estar suficientemente informados los gobiernos de la comunidad donante. Tanto, que algunos países amenazaron con retirar definitivamente todos sus aportes económicos si reciben alguna nueva noticia de irregularidades del gobierno en el uso de la ayuda internacional. Los países más críticos con el gobierno de Nicaragua parecen haber sido Alemania y Canadá.

Alemán: iniciativa sin eco

A pesar de su lamentable expediente, el Presidente Alemán propuso en la tribuna de Estocolmo la creación de una nueva superestructura centroamericana destinada a fiscalizar la ayuda internacional post-Mitch, que dejaba por fuera a las instituciones fiscalizadoras nacionales ya existentes. La llamó "instancia superior e independiente" y propuso que "dé seguimiento muy de cerca, monitoree, inspeccione, supervise y garantice a plena satisfacción de todas las partes la correcta aplicación de los recursos de los donantes que se originen en esta reunión." Se trataba de la misma instancia que ya anunció piensa implementar en Nicaragua, y para la cual seleccionó él mismo a los supervisores. En Suecia quiso darle un alcance centroamericano, para así "competir" con la propuesta, que a nombre de Centroamérica, hizo en el foro el Contralor Agustín Jarquín.

La iniciativa del Presidente de Nicaragua no tuvo eco. Aunque la presentó como regional, no estaba acordada con la legislación de cada país. Era imprecisa en su formulación. Y sobre todo, era sospechosa por quien la promovía. La opinión prevaleciente entre los representantes de la comunidad internacional fue fortalecer, con independencia financiera y administrativa, las instancias fiscalizadoras de cada uno de los países. En Nicaragua, fortalecer a la Contraloría General de la República.
Como resultado de la reunión se crearon varios mecanismos para controlar el uso eficaz y transparente de la ayuda. Nicaragua tendrá un trato específico, y el uso de la ayuda será monitoreado por una instancia en la que deben participar representantes de la sociedad civil nicaragüense y en la que se integrarán representantes de cinco de los países cooperantes: España, Canadá, Estados Unidos, Alemania y Suecia.

Jarquín: diez acciones

En Estocolmo, el Contralor de Nicaragua, Agustín Jarquín, propuso que se impulsen y adopten, en cada país de Centroamérica, diez acciones que garanticen la transparencia. Su propuesta tuvo excelente acogida en el foro. En síntesis, estas diez acciones serían: 1) Lograr que las instituciones del Estado operen de forma transparente, elaborando presupuestos con claridad en el origen y destino de los recursos, poniendo en vigencia leyes que permitan fácilmente a los ciudadanos acceder a la información pública, y desarrollando sistemas integrados de gestión financiera y auditoría en la contabilidad pública; 2) modernizar los sistemas de compras de las entidades estatales garantizando equidad en la competencia de quienes le venden al Estado; 3) profundizar la descentralización, transfiriendo a los gobiernos locales recursos y facultades; 4) mejorar la participación ciudadana promoviendo que la comunidad auditoree los proyectos; 5) fortalecer las Contralorías nacionales; 6) mejorar la seguridad jurídica, la independencia de los poderes y la fortaleza de las instituciones; 7) establecer los sistemas de lo contencioso-administrativo para defender los derechos de los ciudadanos frente a las instituciones públicas; 8) promover campañas públicas para difundir valores éticos; 9) mejorar y hacer efectivas las leyes que vigilan la honestidad de los funcionarios y tipificar delitos como el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito y el soborno, castigándolos con severidad; 10) establecer la carrera del funcionario público para que los cargos tengan estabilidad en base a la profesionalidad y no a lealtades políticas.

Se reanuda la guerra

Todas las crónicas periodísticas en Nicaragua resaltaron que el enfrentamiento del Presidente con el Contralor, trasladado a Estocolmo, había tenido en Suecia un neto ganador: Jarquín. ¿Y en Nicaragua? "¡Que me controlen!" fue el "grito de guerra" del Presidente Alemán al regresar al país, vitoreado por cientos de sus seguidores en el aeropuerto, mientras en los periódicos sus funcionarios lo saludaban con un "Siga usted cabalgando, señor Presidente".

Quienes imaginaron que Estocolmo marcaría un límite a la campaña del Presidente Alemán contra el Contralor Jarquín se dieron cuenta en sólo unas horas de que se trataba de una imaginación ilusa. Alemán fue cuestionado por los representantes de varios países por su "guerra" institucional contra la Contraloría, y el efecto de estos cuestionamientos es obvio: tal vez ya no podrá destituir a Jarquín. El costo político, interno e internacional, sería inmenso. Pero la guerra sigue. Cambiará la táctica, pero la estrategia es la misma: lograr que nadie lo controle ni a él ni a los suyos cuando se alegran repartiéndose el Estado como botín.

Contraloría colegiada y pactada

Se trata ahora de intensificar al máximo el desprestigio de la persona de Jarquín -tanto por opacar su trabajo y agotarlo como por si se le ocurriera lanzarse como candidato en el 2001, lo que Jarquín insiste en que no hará-. Y, sobre todo, se trata de neutralizar a la institución, transformando la actual estructura de la CGR para convertirla en una institución colegiada con seis contralores más "controlando" a Jarquín. El sector pactista del FSLN acompañará a Alemán en esta empresa, para después elegir entre el PLC y el FSLN a los nuevos contralores. Ortega y su círculo ya lo afirman abiertamente.

Desde que llegó de Estocolmo, el Presidente reanudó su guerra en todos los frentes, aunque sirviéndose de otros funcionarios: más y más historias sobre la "corrupción" de Jarquín, recortes presupuestarios a la CGR que dificultarán su trabajo, y el proyecto de ley para la Contraloría colegiada priorizado en el Parlamento. En esta situación y ante un tal embrollo de "asuntos internos", es obvio que los representantes de la comunidad internacional se encontrarán con importantes límites para seguir cuestionando al Presidente con suficiente eficacia. La injerencia internacional aún respeta algunas fronteras...

Después de Estocolmo, el pacto

Desalientos y optimismos, más deseos de avance que avances concretos: ésos fueron los ingredientes reales de Estocolmo. Al regreso a Nicaragua, todo está por hacer, todo por rehabilitar, todo por reconstruir. Todo proyecto está por aterrizar, con el tiempo en nuestra contra y en un terreno cada día más complejo y plagado de "minas", como lo demuestra, entre muchísimos otros, el caso de la emblemática Posoltega, corazón de la tragedia, del que hablamos someramente en las páginas de este mismo número.

Lo que ensombrece casi del todo el terreno para el necesario aterrizaje de los resultados de Estocolmo ha sido el inmediato post-Estocolmo. Como se temía, el pacto Ortega-Alemán va. De hecho, nunca dejó de ir, se viene fraguando desde hace mucho, y sólo fue pospuesto transitoriamente por el Mitch. Ahora va, y sin ningún pudor, hasta con ostentación, como una obscena y agresiva pornografía política. Un sector de la cúpula del FSLN, con Daniel Ortega al frente, anunció que negociará con el gobierno de Arnoldo Alemán un amplio paquete de reformas a la Constitución y de cambios institucionales y legales orientados todos a garantizarse ambos partidos una correlación de fuerzas lo más favorable posible, tanto en los espacios económicos como en los políticos, ganen o pierdan las elecciones, buscando excluir -como fruto de los acuerdos- la competencia de otros partidos o de otros liderazgos, el debate real que el país necesita, el proyecto de unidad que la nación demanda, y las oportunidades para quienes no decidan alinearse en este cerrado esquema bipartidista.

Este es el plan de ambas fuerzas. Lo han anunciado con la arrogancia que les da su convicción de ser fuerzas "mayoritarias", identificando "institucionalidad" con la consolidación de sus dos partidos. Este es el desafío que tiene hoy por delante una sociedad indignada ante tanta corrupción y cinismo, pero aún débil, demasiado empobrecida y demasiado atrapada en los laberintos ideológicos de su historia más reciente. El pacto plantea, de nuevo, otro desafío ético para una sociedad en crisis.

Tienen prisa y no tienen gente
Las agendas de ambos negociadores del pacto se abrieron inmediatamente después de Estocolmo. Son agendas preocupantes: aumento de la burocracia estatal, repartición partidaria de espacios institucionales, legitimación de corrupciones pasadas, presentes y futuras, impunidades e inmunidades garantizadas, atentados contra el pluralismo que recién se estrena, menosprecio a lo pequeño calificándolo de enano, para no permitirle crecer, reducción de la democracia política al hecho electoral, reforzamiento de los caudillismos, consolidación de grupos económicos de origen oscuro, destrucción del incipiente surgir de la autonomía de los gobiernos locales, manoseo de las leyes, un corsé bipartidista para que asfixie a toda la nación... Todo esto -totalmente opuesto a la descentralización, participación y transparencia propuestas en Estocolmo- se esconde, o se exhibe impúdicamente, tras la cascada de propuestas que comenzaron a hacer los dos grupos pactistas.

Tienen prisa ambos caudillos. El tiempo está contra ellos. Las reformas a la Constitución suponen dos legislaturas consecutivas y hay que iniciarlas ya. La reforma electoral tiene sobre sí la presión de las próximas elecciones municipales. ¿Decidirán retrasarlas para poder afianzar previamente los componentes del pacto? Contra el pacto, y también contra los dos pactistas mayores, está mucha gente. Cada vez más gente. En encuesta tras encuesta, en sondeo tras sondeo, la mayoría de los nicaragüenses dice no sentirse representada por estos dos partidos, el PLC y el FSLN, y dice que no respaldarían con su voto ni a Alemán ni a Ortega.

¿Tiempo y gente contra el pacto?

Daniel Ortega ha insistido en afirmar -imperturbable, sin sombra de vergüenza- que la mayoría de los sandinistas lo apoyan en su acercamiento al gobierno con intenciones de pacto. Para dar pasos en ese acercamiento, ha tenido que retorcer, una y otra vez, la voluntad expresada en diversas instancias de su partido. Tampoco hay respaldo entre los liberales a los acercamientos de Alemán con un Daniel Ortega cada vez más desprestigiado en su partido, en la sociedad y también en el ámbito internacional.
El desprestigio del gobierno y de su máximo representante, el Presidente Alemán, es igualmente notable. Hablando a comienzos de mayo sobre "la gobernabilidad democrática", el conocido empresario Manuel Ignacio Lacayo calificaba así al actual gobierno: "Hoy es casi unánime la opinión de que no contamos con un gobierno capaz, austero, moderno, honesto, receptivo, prudente y racional. Los escándalos de corrupción son tan frecuentes que ya nos estamos acostumbrando. La ineficiencia es tan grande que los puestos públicos mejor remunerados se han convertido en una recompensa para los amigos, parientes y partidarios. No hay una asignación de recursos que se base en las leyes del mercado, lo que hay es un tráfico de influencias y un reacomodo de prebendas y prebendados."

Es éste el gobierno que va a pactar. Es con este gobierno que va a pactar el partido que dirigió la revolución nicaragüense. Y aunque no es cierto que si se evita el pacto, todos los males se resolverán, algo habrá que hacer. Y habrá que hacerlo, sobre todo, con principios -y también con finales- éticos.

Todos los males que arrastramos tienen raíces muy profundas en la historia, en la cultura política, en el atraso económico. Es imposible que por buenos que sean los resultados de Estocolmo se toquen esas raíces. Tal como están las cosas, podrían incluso profundizarse. Es imposible que, aun frenando el pacto, erradiquemos males tan antiguos. Pero el huracán del pacto puede hacernos retroceder a estadios que parecían superados, pueden ponernos en una situación aún más difícil.

Volvimos así del templado sol de medianoche a este "maldito país" -como se le conocía en los tiempos de aquel hombre honesto que fue Sandino-, para entender que es "bajo el sol de Satán" que tendrá nuestra sociedad que reaccionar ante tantos retos.

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