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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 202 | Enero 1999
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Nicaragua

San Francisco Libre: voluntad a prueba de desiertos

Pequeño observatorio para entender por qué se desploman los más diversos proyectos de desarrollo, convertido en un desierto tras un proceso que empezó hace 50 años y tragado, a la hora del "Mitch," por las aguas del lago, San Francisco Libre está hoy lleno de ideas y de voluntades, que apuestan a un auténtico desarrollo.

José Luis Rocha

Con el lago Xolotlán más de kilómetro y medio adentro de donde solía ser su orilla, el pueblo de San Francisco Libre apenas emerge para tender nuevos sueños al sol. Se trata, en este caso, de un sol inclemente, bajo el que todo languidece, sobradamente capaz de deshidratar las promesas mejor plantadas.

Tras la pesadilla del Mitch, que hizo que el lago se tragara el casco urbano y algunas de las comarcas rurales, los lugareños -los mismos que tuvieron que ser rescatados en lanchas de las vastas zonas inundadas- se abocan hoy a la reconstrucción: casas, calles, ganado, pastos, cercos, letrinas, cultivos... Todo hay que levantarlo de nuevo. "Partimos de cero", se oye constantemente decir a los de la municipalidad. El optimismo impera, quizás porque partir de cero es más esperanzador que partir de un pasado que se arrastra como un lastre y que anclaba a San Francisco Libre en el estancamiento económico.

El flujo de la ayuda externa ha comenzado a gotear con generosidad sobre el municipio. Y como tantos otros lugares del mapa centroamericano, San Francisco Libre tiene en la mira su reconstrucción y transformación, no sólo para afrontar esta crisis, sino para lograr un desarrollo económico y social más equilibrado y sostenible. Las agencias de cooperación externa serán los mecenas de la reconversión productiva, la tabla de salvación tras el naufragio. Pero esta ayuda deberá enfrentar condiciones muy adversas. San Francisco Libre es también un pequeño observatorio donde apreciar por qué se desploman los más diversos proyectos de desarrollo y por qué una zona a desarrollar puede ser convertida en un barril sin fondo para los recursos de la cooperación externa.


Francisco, el carnicero

El municipio sigue marcado por su historia, fardo que lo joroba desde que era conocido como San Francisco del Carnicero. De todas las versiones que circulan en torno al origen de este nombre, la más verosímil lo ubica como generado por la antigua función del lugar. Entre 1900 y 1910, el impulso productivo activó el transporte lacustre hacia la vecina Managua, que se desarrollaba ya como capital del país. Así brotaron los primeros asentamientos a lo largo de la costa del lago y así surgió lo que se llamó el Puerto, elevado a rango de municipio en 1926, con el nombre de San Francisco del Carnicero. El Puerto comunicaba con Managua a los municipios de Darío, El Jicaral, Santa Rosa y El Sauce. "Antes de la construcción de la carretera panamericana –nos dice un poblador-, parte de la producción del norte del país se embarcaba aquí. Era la época del auge del transporte lacustre. Aquí traían las reses y los chanchos, y un tal Francisco las destazaba. La gente entonces hablaba de ese Francisco, el carnicero". La leyenda reclama a un individuo como protagonista y todavía la población se refiere al casco urbano como "el Puerto", aun cuando ya no hay muelle ni lanchas ni comunicación con Managua a través del lago Xolotlán. La carretera panamericana -construida en los años 50- privó de su posición clave a este municipio. Pero sus pobladores continuaron buscando la vida.

Tras el triunfo de la revolución, en 1979, "el Puerto" -que ya no lo era más que en boca de sus pobladores- fue rebautizado por un sacerdote, el padre Chema Cabello, como San Francisco Libre. A partir de entonces ha tenido planes y optimismo, pero también una historia que lo condiciona todo. La historia de sus continuas reconversiones productivas y comerciales, una historia que sólo ha tenido en San Francisco Libre una víctima, y no un actor.


Lejos de Dios y cerca de Managua

El incremento demográfico, la demanda comercial de Managua -¡siempre Managua!- y las facilidades que brindaba el puerto, unidos a la vocación ganadera del municipio, hicieron que entre 1945 y 1955 se introdujera en San Francisco la cría de ganado bovino. La actividad ganadera se intensificó en los años 80, gracias a los créditos sin indexación, política que caracterizó al gobierno revolucionario y que, en un contexto económico altamente inflacionario, significó obtener un crédito para una vaca y pagarlo con el valor de una gallina. Desde finales de los 80, con el ajuste estructural y la restricción de los créditos, la actividad ganadera sufrió un decremento. Para entonces, los grandes bosques naturales eran ya pastizales, las maderas preciosas habían sido aprovechadas por algunas empresas extranjeras y la demanda leñera de Managua, que no cesaba, habían garantizado la desertificación del lugar.

A partir de 1955, los préstamos de los Estados Unidos y el boom de la revolución verde incentivaron la producción algodonera en gran escala en Nicaragua. También en San Francisco. Este cultivo vino a dar el tiro de gracia a la dotación forestal del municipio. Cuando el algodón decae en los 80, el daño ya estaba hecho. Entre ganado y algodón, el saldo es un municipio desertificado y carente de oportunidades de empleo. Los recursos se pusieron al servicio de factores exógenos. La herencia es haber sido y no ser ya más que víctima de un pasado productivo para cuya continuidad el lugar está insuficientemente dotado.

Un paisano resumía así la situación: "Este es otro municipio de los "tuvos": tuvo muelle, tuvo comercio lacustre, tuvo bosques, tuvo algodón, tuvo leña, tuvo cortadores de café y caña, tuvo crédito, tuvo ganado." El desafío es cómo lograr que deje de ser el lugar de los "tuvos" para que no haya que añadir: "tuvo gente". Porque muchos lugareños están yéndose hacia otras zonas, mientras la población ha crecido tan tímidamente que la densidad poblacional, de casi 14 habitantes por kilómetro cuadrado, no supera la de muchos de los municipios más escasamente poblados del interior del país, siendo menos de la mitad de la densidad poblacional de Nicaragua.


Transformado en un desierto

San Francisco Libre se encuentra ubicado a lo largo de 80 kms. de la costa norte del Lago de Managua o Lago Xolotlán, con 756 kms. que ocupan sus 33 comunidades, distribuidas a su vez en cuatro comarcas: San Roque, Telpochapa, Laurel Galán y San Francisco. De sus 10 mil 218 habitantes, 2,598 residen en el casco urbano y 4,800 se contabilizan como población económicamente activa. Los cultivos de la zona son arroz, sorgo, maíz, frijol, ajonjolí y hortalizas (sandías, melones, pipianes, chayotes). Se trata de una región predominantemente ganadera del Trópico Seco, con precipitaciones anuales que oscilan entre los 900-1,200 mm, tan irregulares que en los últimos diez años han causado pérdidas en las producciones agrícolas, por sequía o por exceso de agua.

Predominan los suelos pobremente drenados, poco permeables, que se vuelven lodosos y encharcados en el invierno mientras en el verano se contraen y resquebrajan causando estrés en las raíces de las plantas. También se localizan, en forma dispersa, suelos coluviales, que son suelos superficiales, muy pedregosos y muy erosionados, con limitaciones para la agricultura intensiva. De hecho, el área con vocación agrícola es de sólo el 8.7%. La mayor parte del área del municipio tiene potencial forestal (48%) o agroforestal (26.7%). Actualmente, un 31.3% del territorio lo cubren praderas y pastos, un 34.1% está salpicado de arbustos y matorrales, y un 25% lo ocupan bosques ralos, de una calvicie muy resistente a todos los tratamientos.

Un estudio de la FAO señaló que en este municipio la deforestación irracional había generado disminución de las lluvias, notable aumento de la temperatura, reducción de los resultados de la siembra de primera y secamiento de los ríos de poco caudal. El carácter desértico de la zona es un tópico omnipresente en los comentarios de los pobladores: "En abril se ven sólo las piedras en estos cerros. Hasta que relumbran. Le pegan fuego a esos zacatales. ¡Tamaña grosería! Los pobres animalitos sin comida ni sombra. Aquí ya ni los garrobos aguantan; mueren de infarto y hasta polvo levantan ahí donde caen".


El transporte es un freno

Además del anonadante desierto, que impone que toda actividad productiva se opere en condiciones sumamente adversas, el otro gran dique es el transporte. "Aquí es rogado el transporte", dice uno de los pasajeros que diariamente debe invertir una porción de su día, semejante a una jornada de trabajo, para trasladarse de San Francisco Libre a Managua. La distancia es de sólo 76 kms., pero la ineficiencia del transporte hace que en ocasiones se requiera de más de seis horas, entre viajes y esperas, para recorrerla. Horas esperando que son días de trabajo echados por la borda. "Ya pasó el `Venado', un busito colorado. Ahora sólo que nos lleve el `Caramelo', un amarillo. Cuando miran sólo unos cuatro pasajeros, siguen de paso, no entran", observa a modo de explicación una víctima de este sistema, que ya incorporó las esperas a su rutina. Ha quedado así San Francisco Libre convertido en una isla del lago, sólo unido a Managua en la realidad virtual.

La municipalidad se ha quejado ante el Ministerio de Transporte por el monopolio que existe en el transporte. Los transportistas locales no permiten la entrada de otros transportistas. Acaparan el financiamiento -que el Ministerio distribuye de acuerdo al color político- y no mejoran el servicio. Después del Mitch, son vehículos con placa de Misión Internacional y los pertenecientes a diversas ONGs los que transitan con mayor frecuencia por el camino. Van seguros y herméticos, resguardados del calor y del polvo, refrigerados por sus aires acondicionados, con vidrios polarizados que hacen un poco más opaca la miseria del lugar. Concederles un raid a los lugareños que esperan horas el paso de un bus, no figura en sus agendas saturadas de reuniones.

¿A ninguno de ellos se le ocurre -quizás por efecto de los vidrios polarizados- que invertir en una mejora del transporte es de capital importancia para la zona? Tal vez se encuentran demasiado embelesados con otros proyectos -eucaliptos, pitahayas en patio y cerdos de raza- y miran los interminables viajes en bus como un tópico de poca monta. En cualquier caso, ahí están ellos, para decidir el destino de quienes desconocen...


¿Actores locales? Picadores de leña

Desde 1995, un estudio de la FAO identificó la extracción de leña como la principal actividad económica de San Francisco Libre. Todo agricultor es aquí picador de leña. Su jornada de trabajo se distribuye entre la fajina -la jornada de trabajo en la parcela hasta las 11 de la mañana- y el pique de leña, en que ocupa el resto del día. "Si no pica leña, uno se muere de hambre. Aunque aquí ya ni leña seca se halla. Se la llevaron por camionadas", dice uno de los muchos picadores de leña. Areas comunales y potreros privados están siendo devorados.

Los caminos de penetración rural surtieron un efecto contrario al pretendido. En lugar de desarrollarse, San Francisco Libre se volvió famoso como productor de leña y aun cuando no era ésta una actividad de nueva raigambre en el municipio, sí cobró bríos. La leña sale y el desarrollo no entra. Tampoco trae la leña nuevas inversiones ni mejoras en los ingresos. El picador apenas recibe 25 córdobas (poco más de 2 dólares) por cien manojitos de leña.

Algunas esposas de los picadores de leña están incursionando en una actividad aún no muy difundida en la zona: la extracción de la semilla de jícaro. Con ello complementan los ingresos del hogar, en ocasiones languidecientes, sobre todo cuando los camiones de leña están "parados". La planta que más abunda en la zona, la única que resiste quemas y sequía, la omnipresente en todos los potreros, es el jícaro. A su semilla se le reconoce un alto potencial productivo: de ella se extrae cereal, aceite, pulpa para el ganado... y, sobre todo, es una fuente de empleo.

El alcalde es consciente de la gravedad de la situación, pero sabe que una veda total para el pique de leña sería catastrófica para los pobladores. "Queremos eliminarlo, pero debemos presentar una alternativa ocupacional y forestal." El alcalde ubica la avalancha hacia el pique de leña en el momento en que la concesión de créditos sufre una contracción: "En los 90, las cooperativas dejan de recibir crédito, no pueden producir y se tiran al pique de leña." La cadena es así: ausencia de alternativas -falta de crédito y de empleo-, pique de leña, desertificación, erosión, venta de tierras, migración. La secuencia termina alimentando la población desempleada de las ciudades y activando el proceso de reconcentración de tierras en la zona. Un poblador lo denuncia: "Los hermanos Rizo, que han ocupado cargos en los últimos dos gobiernos, están comprando tierras en el municipio. Uno de ellos preside ahora el Instituto Nicaragüense de Fomento Municipal (INIFOM). Pero, en lugar de mejorar las condiciones de vida del municipio, se beneficia comprando a precio de "guate mojado" las tierras de los que abandonan este desierto." Habla de José Rizo, a quien se menciona como uno de los candidatos a la Presidencia por el PLC en las elecciones del 2001.

La única "veda" para la extracción de leña depende de la negligencia de los funcionarios del Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente (MARENA): cuando se recetan vacaciones, no hay emisión de permisos y los camiones no circulan. De hecho, no hay veda ni hay control ninguno, sino cobro de permisos a los camiones comercializadores de la leña. MARENA cobra 200 córdobas por permiso y de esa cantidad apenas entrega el 14% a la municipalidad. La municipalidad lucha por administrar todo lo referente a los recursos forestales y ha hecho esta petición al gobierno, ya que el MARENA es visto en la zona como un negociante más. A juicio del alcalde, "el técnico del MARENA no tiene conciencia. Es de fuera y sólo se interesa por su salario. Los de aquí nos preocupamos con honestidad, porque somos nosotros quienes padeceremos las consecuencias en el futuro. La municipalidad conoce la problemática de aquí. Y no es sobornable." Este argumento pesa mucho en tiempos en que, como alguien detectó, "con una tuca o un moño de marihuana se compra un ministerio."


Prioridad: reforestar. ¿Cómo hacerlo?

La actual administración municipal busca que todo programa de desarrollo que quiera introducirse en San Francisco Libre venga acompañado de un componente de reforestación. Vivienda, pesca o crédito, todos deben incluir la reforestación, reconocida como prioridad en la zona. El problema radica en qué género de reforestación promover. Existen diversos modelos y experiencias. Urge identificar las razones de su escaso éxito. Investigadores que visitaron la zona han observado que los métodos de repoblación forestal -habitualmente emprendidos por el Estado y las ONGs- hacen caso omiso de las formas de arborización que los pobladores rurales vienen desarrollando como parte de sus sistemas de producción. De ahí que sus programas se concentren en una pura reforestación, que ni valora ni se apoya en las experiencias agroforestales o silvopastoriles que los productores adoptan de forma espontánea.

La plantaciones forestales compactas, que son el método más generalizado de reforestación, tienen estas debilidades: imponen esquemas técnicos de reforestación bastante rígidos -distancias de plantación, especies, etc.- que no se adaptan a la situación concreta de los productores; ignoran las especies nativas y su inserción en los sistemas de producción locales; ubican las áreas de reserva en zonas de libre acceso para los picadores de leña; desestiman la capacidad local de absorción de las metas en árboles; descuidan la apropiación y seguimiento local de las plantaciones comunitarias; dependen de técnicos especializados -lo que tiene un impacto sobre los costos del programa-; y desconocen los complejos tejidos sociales que determinan las formas organizativas más básicas a nivel local, sus jerarquías y la capacidad de ciertos grupos de concentrar o incluso desviar los recursos. La auténtica reforestación está así en las manos de los finqueros que con fines comerciales y para efectos silvopastoriles y agroforestales, han decidido ponerla en práctica. Pocas ONGs se percatan de ello o procuran fomentar esas experiencias.


Nadie quiere cortar café

Esta zona fue conocida en un tiempo como fuente de migrantes estacionales: los cortadores de café, caña y algodón. El sistema estaba diseñado de manera que los mozos del municipio encontraban un complemento a sus escasos ingresos buscando empleo en las grandes plantaciones de café, caña o algodón de otros lugares.

El algodón desapareció con el hundimiento de los precios internacionales y los cortes de café y la zafra de la caña de azúcar han ido en decremento. "El ingenio San Antonio pide brazos –cuenta un anciano-. Yo de joven ahí me iba a meter, pero ahora los jóvenes de aquí no quieren salir. Sólo quieren estar picando leña y aquí ya no hay."

Han desaparecido aquellas migraciones estacionales, regidas por los períodos de cosecha. Hoy, si el joven se lanza a la migración, es para no volver y en busca de otras alternativas. Desconocemos el peso del municipio como emisor de migrantes, pero sabemos que los municipios ex-algodoneros crecieron entre 1971 y 1995 a una tasa de 2.5% anual, inferior a la tasa de crecimiento del total de la población rural del país en el mismo período (2.9%). Sólo el 1.9% de los jefes de hogar del país se desplazó entre 1990 y 1995 de otros departamentos hacia los municipios ex-algodoneros, que en la realidad han sido expulsores de población. El mismo anciano añade: "Algunos se han ido bien adentro, a Waslala, donde ni el diablo entra."

Tras el Mitch el Presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán, demandó que los damnificados se integraran a los cortes de café, pero la resistencia de éstos fue llamativa. Es posible que la disponibilidad de tierra propia que generó la reforma agraria haya cambiado las relaciones mozo-patrón y que el campesino se niegue ahora a trabajar lo ajeno. Pero la razón primordial está en los bajos ingresos que se obtienen en las actividades de corte. Los empresarios han transferido el impacto del descenso de los precios internacionales del café y del azúcar a los salarios de sus obreros. El alcalde de San Francisco Libre así lo expresa: "El corte de café da menos, por eso se mueven menos.Ahora te vas a los cortes y, en vez de traer reales, traés deudas. Aguantás frío y lluvias, y terminás enjaranado. Están pagando a sólo dos pesos la lata de café." El resultado ha sido un mayor flujo hacia el pique de leña y hacia la pesca.


¿Pescando contaminación?

Los medios de comunicación alertaron después del Mitch que las "pestilentes aguas del Lago Xolotlán" estaban entrando masivamente al Gran Lago de Nicaragua, al Lago Cocibolca, usando como cauce el río Panaloya, que arrastraba todo tipo de contaminantes y metales pesados. Desde hace medio siglo, el Lago de Managua ha servido a la población de la capital como depósito de sus aguas negras y a diversas empresas como receptor de sustancias químicas. Antes del huracán Mitch, las aguas del Xolotlán bajaban subterráneamente al Cocibolca en cantidades de ocho metros cúbicos por segundo y la circulación subterránea operaba un proceso de filtración que mitigaba el efecto de la contaminación. Con el Mitch comenzaron a circular, superficialmente, a través del río Panaloya, 80 metros cúbicos de aguas contaminadas por segundo.

A pesar de la contaminación del lago Xolotlán, la escasez de leña, las prolongadas y cada vez más frecuentes sequías y la falta de créditos para invertir en actividades agrícolas, han volcado a casi la décima parte de la población económicamente activa de San Francisco Libre hacia la pesca. Tras la sequía provocada por el El Niño, la flota de pescadores pasó de 150 a más de 450. La sequía tiró a la gente al agua. De acuerdo al alcalde, las corrientes hacen de esta región del lago la menos contaminada: "Nosotros recibimos el caudal del norte y la corriente del lago va hacia el sur. Por eso aquí el lago está menos contaminado que en la costa de Managua o en Tipitapa." Camiones guatemaltecos y salvadoreños entran desde 1996 a comprar aquí tilapias y guapotes, beneficiándose de la mano de obra barata... y de la con- taminación. Los guatemaltecos, cargando cada camión con alrededor de 800 docenas, pagaban el pescado al ridículo precio de 25 pesos la docena. Hoy la pagan a menos, a 15, gracias al Mitch. En lago revuelto, ganancia de comerciantes.

El pescado llega con muchas dificultades al mercado nacional. Los bajos precios y el dique que es la falta de transporte no invitan hacia ese derrotero. Las comerciantes locales compran a 20 pesos la docena de pescados, que venden a 40. Pero si fluyeran en grandes cantidades, bajarían el precio. De ahí que antes se fijara la cuota máxima para cada grupo de pescadores en 15 docenas.

Desde hace dos años la alcaldía norma la adecuación de las redes para que los peces hembra permanezcan en el lago. Pero ni esta normativa ni la de reservar el mes de octubre como época de veda se cumplen. Como saldo, se exterminó el gaspar en las aguas del lago. La medida de las redes es cada vez menor: de tres, incluso de dos pulgadas, con lo cual se capturan los peces antes de que alcancen su período de reproducción y es necesario entregar a los comerciantes mayor cantidad, porque 4-5 pescados pequeños son contabilizados como uno de los grandes.

La pesca aparece como una alternativa –pobre alternativa- al pique de leña. Incluso los pobladores de tierra adentro han demostrado facilidad para adaptarse a la actividad pesquera. Pero sin ninguna capacidad de negociar precios -a pesar de la incorporación de más pescadores a la actividad-, lo que acentúa la dependencia del comercializador externo y los efectos adversos de la propaganda en torno a la contaminación del lago.


Mitch: una noche de pesadilla

En esta lamentable situación encontró el Mitch a San Francisco Libre. Bastante postrado. El algodón, la ganadería extensiva, el pique de leña, la falta de crédito y los bajos salarios ya habían hecho su faena. El Mitch vino para completarla. Corrió el lago un kilómetro y medio más adentro, entró al "Puerto" y se tragó casas, potreros, letrinas y toda el área de hortalizas. 8 mil manzanas de pastizales y extensas áreas agrícolas están ahora sumergidas bajo el lago.

La noche en que el lago subió fue una pesadilla. Sin embargo, San Francisco Libre no tuvo un solo ahogado por la rápida movilización de la gente. Una herencia positiva que queda del gobierno sandinista son algunos resortes organizativos. Con ellos no fue difícil involucrar a la población como protagonista de las operaciones de salvamento. No sólo subió el lago. Ríos y esteros crecieron hasta reducir en horas al municipio a una serie de islotes. Para poner a salvo a la gente se usaron todos los pocos medios disponibles. Y los botes, tan abundantes, prestaron el mejor de los servicios. El alcalde circuló por las calles alertando a la población -dormida en su mayoría- con la bocina de la camioneta municipal mientras observaba con pánico cómo el lago engullía "el Puerto". En esos momentos algunos antepusieron los intereses de la comunidad a sus urgencias personales y familiares. Un poco a ciegas por la oscuridad, la prisa y el temor, la gente buscó los sitios más elevados para guarecerse, mientras sus casas, sus hortalizas y sus potreros quedaban sumergidos en las aguas del lago. Algunos tuvieron que subirse a árboles y techos acompañados de sus gallinas. En pocas horas, la superficie del lago se elevó de 38.5 metros sobre el nivel del mar hasta alcanzar los 42.2 metros, en una superficie de agua de más de mil kilómetros cuadrados. Sin embargo, "como no hubo muertos, San Francisco Libre no atrajo tanto la atención. Es triste, pero así es", observa una cooperante argentina que reside desde hace cinco años en el municipio.


Aprovechar "la ocasión"

En medio del diluvio, el alcalde declaró de inmediato las prioridades, demandando apoyo del gobierno central y de los organismos internacionales: equipo para rescatar a los que estaban aislados en zonas inundadas, ropa y víveres para quienes perdieron todo y materiales para la reconstrucción. El bajo presupuesto de la alcaldía fue suplido con la generosidad de los pobladores del municipio. Y un equipo de voluntarios ha continuado trabajando en lo que aún es, y seguirá siendo por una buena temporada, área de desastre.

En términos absolutos las pérdidas no son tan graves. Pero para las dimensiones de la economía de la zona son inmensas. De 826 manzanas de maíz se perdieron 696, de 599 manzanas de sorgo se perdieron 427, de 150 manzanas de frijol se perdieron 120, de 100 hectáreas de reforestación se perdieron 88, se perdió todo el ajonjolí (56 manzanas) y 535 viviendas. Se ahogaron 2 mil 800 reses, 4 mil cerdos y 10 mil gallinas. Para terminar de rematar el cuadro, el precio del pescado bajó en casi un dólar la docena debido a la propaganda sobre la contaminación post-Mitch y a la entrada de menos camiones al "Puerto". A pesar de tanta calamidad, el optimismo impera. José de la Cruz Bermúdez, el alcalde, ve en esta coyuntura una oportunidad para salir del estancamiento: "Queremos aprovechar esta ocasión para hacer algo más de largo plazo para el desarrollo, de modo que quede algo."

Alcaldía: trabajando con las uñas

Con el mínimo de recursos, la alcaldía ha hecho antes del Mitch, y sigue haciendo, lo que está a su alcance. El local que ocupa el escaso personal -reducido a tirones del ajuste estructural durante estos años- se divide en cinco oficinas, donde cada funcionario ocupa diversos cargos a un tiempo. Se gasta lo que se recauda -coyol quebrado, coyol comido- y, como en la mayor parte de las economías familiares del lugar, no suele haber más de 500 córdobas en caja. No habría vehículo de no haberlo concedido en préstamo una ONG italiana, MOLISV. La austeridad viene impuesta por la magra recaudación que una alcaldía puede lograr en un municipio tan esquilmado por su historia. No hay fotocopiadora, papelería adecuada ni fax, aunque sí uno de los pocos teléfonos celulares del pueblo, que presta servicio público.

Los funcionarios del INIFOM cruzan ocasionalmente por la zona y ofrecen proveer del equipo básico. Pero sus dádivas las conceden al tenor de la afinidad política. Es de conocimiento público que son las alcaldías liberales las que más se han beneficiado de los fondos que la cooperación externa ha canalizado a través del INIFOM para promover la descentralización. Mientras, no han escaseado, los folletitos del INIFOM, generados con profusión y distribuidos con generosidad. Característica del gobierno liberal:exhibir lo que se hace, hacer para exhibir en una campaña electoral permanente.

Los funcionarios del INIFOM, a dos meses del Mitch, y aun ante la evidencia de un lago que no bajaba su nivel, llegaron a San Francisco Libre con su receta: "¿Para qué reubicar a la población? Estos desastres sólo ocurren cada cien años." Típico comentario del tecnócrata que presupuesta desde su oficina en Managua y al que sólo interesan unos ceros de más o de menos en un balance contable. El alcalde no. Tiene visión de futuro y prevé una repetición más frecuente de estos fenómenos e incluso, aun con un régimen ordinario de lluvias, cuenta con un nueva llena del lago para el próximo invierno. El fenómeno de La Niña, con lluvias abundantes y desordenadas y con huracanes, hace razonables estas previsiones. Por eso ya está planificando la reubicación del 40% de la población del municipio. El casco urbano en su totalidad será asentado en un espacio más seguro. Ante la imposibilidad de vaticinar futuras crecidas del lago, la medida más sensata para reducir la vulnerabilidad es alejarse de la zona propensa a los desastres. Naturalmente, estas necesidades tan elementales de la vida no pueden ser percibidas por funcionarios que aparecen por la zona de manera tan fugaz como un cometa Halley.

Mano a mano con el campesino

La descentralización ha quedado en nada, en la cola de un venado. En lugar de ser potenciada, se implementa una serie de políticas contradictorias. El MARENA sólo entrega a la alcaldía el 14% de lo que recauda en concepto de concesión de permisos a los comerciantes leñeros. ¡Y la leña es un recurso de San Francisco Libre! Por otra parte, las reformas a la ley tributaria han reducido el impuesto sobre venta de servicios: del 2% en 1997 al 0% en el 2001. En teoría, los impuestos sobre la propiedad compensarán a la administración municipal de esta pérdida de ingresos. Pero hacer efectiva la recaudación por esta vía requiere de registros actualizados y éstos, a su vez, de una valoración técnica de las propiedades. La pregunta que se hace el alcalde es: "¿De dónde sacamos dinero para pagar y capacitar al personal, crear los registros y valorar las propiedades?"

La alcaldía incluso se ve en aprietos para recaudar un mínimo, aun sin tener una valoración precisa de las propiedades. Por esto, ha debido diseñar políticas adaptadas a la zona y al bajo nivel de ingresos de sus pobladores. El alcalde describe una de estas políticas, que cataloga como un "estar mano a mano con el campesino": "En el caso de las cooperativas, para que paguen su IBI (impuesto a los bienes inmuebles), los ponemos a trabajar en caminos. Intercambiamos trabajo por impuestos. De modo que nosotros no vemos circular dinero y así nos adaptamos a las circunstancias, a la falta de liquidez y de empleo de la zona. No queremos damnificar más a la población." Este mecanismo evita la corrupción. No hay recursos que malversar. La administración municipal se convierte así en un facilitador del intercambio de servicios entre los habitantes del municipio, instalando un sistema de trueque de servicios del que todos se benefician. Ahora, no será tarea fácil para la alcaldía lograr la reactivación del municipio. Habrá de desplegar mucha habilidad de concertación con los cheles, con los extranjeros que tienen los recursos, para que éstos sean canalizados hacia donde puedan producir mayores beneficios.


Un peligro: sobrepoblación de ONGs

Tras la contracción de los gastos sociales del sector público -según lo convenido en el acuerdo ESAF sobre la reducción del déficit fiscal- las ONGs han querido llenar los vacíos haciendo lo que deja de hacer el gobierno. La actividad de las ONGs se ha convertido en sustituta de la del sector público. Difícil tarea porque, como señaló un cooperante extranjero, "en Nicaragua, donde un proyecto internacional coloca a una enfermera, el Ministerio de Salud despide a cinco."

Hasta poco antes del Mitch podían ser encontradas en San Francisco Libre muchas ONGs: el Centro Antonio Valdivieso (CAV), que con financiamiento de NORAD promovió la salud preventiva y el mejoramiento de los patios; CISAS, laborando en salud preventiva con los niños; MOLISV, del movimiento laico italiano, construyendo pozos, minipresas, reforestando, financiando la cría de ganado mayor y menor, promoviendo el enfoque de género y el mejoramiento de patios; la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador, con trabajo de alfabetización, mejoramiento de las condiciones para los pescadores, reforestación, escuela campesina para post-alfabetizados e hijos de campesinos (quienes obtienen el título de productor habilitado), promoción de cultivos no tradicionales (pitahaya y piña) y de cerdos de raza; la Asociación para el Desarrollo de los Pueblos (ADP); el CEPAD, con crédito para ganado mayor y menor y viveros familiares; la FAO, invirtiendo en el desarrollo de las microcuencas; la Fundación Nacional para el Desarrollo Ecológico (FUNCOD), con labores de reforestación, lo mismo que COIMAGRO, AGRODERSA y la Fundación Robleto Gallo (FORG); y la UNAG, con trabajo organizativo y de conservación de suelos y agua. No todas permanecen en la zona actualmente. En San Francisco Libre, como en otros muchos lugares, la rotación de las ONGs, su efímera permanencia, ha sido antes una traba que un aliciente para el desarrollo.

En los tiempos que corren, los ejes de rigor suelen ser el enfoque de género, la sostenibilidad y la protección del medio ambiente, en sus diversas variables. El enfoque de género puede ser llamado también "promoción de la autoestima femenina" o "mejoramiento de patio por mujeres", así como la protección medioambiental se presenta bajo la forma de reforestación, de frijoles aboneros o de cercas vivas. Temas todos ellos con mercado entre las agencias financiadoras.

En el post-Mitch, la invasión de ONGs amenaza con "sobrecheliar" (sobrepoblar de "cheles") la zona. Tras la emergencia, el CAV es la ONG elegida para coordinar la rehabilitación del municipio, una iniciativa en la que participarán 14 ONGs. Para algunas instituciones languidecientes es una oportunidad de inyectarse fondos. Los casos de tuberculosis y lepra de San Francisco Libre, aunque escasos, están a la mano para ser utilizados en plan sensacionalista por algunas instituciones para reclamar la atención y succionar más fondos. San Francisco Libre, tierra estéril para la agricultura, fértil para las ilusiones. Fue beneficio para los hacendados algodoneros, y lo es aún para los comerciantes de pescado y leña. Ahora corre el riesgo de serlo para los promotores del desarrollo sin que el desarrollo asome por ningún rincón.

ONGs: ocho pecados capitales

No podemos medir con el mismo rasero el trabajo de todas las ONGs ni el de todos sus operarios. La mística que empapa las acciones de muchas de ellas y ellos es un factor que escapa a todas las evaluaciones, estudios de factibilidad y al muy politizado afán del actual gobierno por controlar su labor y, ante todo, sus recursos. Algunos de sus operarios, interesados hasta los tuétanos en el desarrollo, llevan años de trabajo en regiones inhóspitas y muy diversas para hacer fecundos los programas de desarrollo. Pero la condición humana es ambigua. Nada encontramos en estado puro. En el laboratorio de la vida, vicios y virtudes se mezclan para dar buenos y malos frutos. En cualquier caso, una mala ONG es mejor que un gobierno ausente, y el hecho es que "con estos bueyes hay que arar..."

San Francisco Libre es un buen exponente de los vicios en los que un buen número de ONGs caen al trabajar por el desarrollo:

1) Aplicar recetas preestablecidas sin prestar atención a las condiciones locales.

En San Francisco Libre el caso más patético es el de la promoción de cultivos no tradicionales en un municipio que carece de una mínima fluidez de transporte. Desconocer al sujeto con quien y para quien se trabaja es lo más habitual. Las visitas del personal de las ONGs son esporádicas, lo justo para una reunión, con lo que la jornada de trabajo se invierte sobre todo en el viaje. Pocas ONGs mantienen personal de manera permanente en las zonas de trabajo. La excepción positiva en San Francisco Libre la constituye el hermanamiento con la ciudad de Oldenburg, que mantiene una cooperante residiendo en el municipio desde hace cinco años. Los operarios de las ONGs harían bien en preguntarse cuándo fue la última vez que durmieron en la casa de un campesino. Así se explica que una ONG se llene la boca pregonando el potencial arrocero de San Francisco Libre, fundando su teoría en la humedad superficial del lugar, cuando la realidad es que el manto freático, según los pobladores del lugar, está a 7 metros de profundidad en la mayor parte del territorio.

2) Trabajar los mismos temas sin coordinación.

En San Francisco Libre, la reforestación, el género y el trabajo en los patios son causa común de muchas instituciones, pero no es común –por más que sea de sentido común- su aplicación concertada, buscando reforzamientos mutuos y un uso más óptimo de los recursos. Hace algunos años se ensayó una coordinación que fue abortada por rivalidades. Estas no son generalmente ideológicas, sino que brotan de conflictos personales, de disputas de liderazgo y del afán de acaparar el máximo de financiamiento. Para las ONGs, el protagonismo es altamente rentable, tanto como lo es inversamente para los pobladores de la zona.

3) Promover por promover algo, generalmente danzando al son que tocan las agencias internacionales.

Se emite una consigna desde Europa: aplicar la técnica de los cercos vivos. Y a San Francisco Libre llega dinero para cercos vivos. Un técnico explica a los campesinos las ventajas de los cercos vivos y les da dinero para su implementación, y los campesinos ejecutan, porque el dinero viene condicionado. Al mismo tiempo, otra ONG les financia la siembra de pitahaya -porque su consigna es el fomento de los cultivos no tradicionales-, y el campesino ejecuta, pero coloca la planta en tutores (soportes) muertos. Como el dinero no vino para cercos vivos, sino para pitahaya, a eso se dedica. Así, no se asimila por qué es ventajosa la aplicación de la técnica de los cercos vivos, únicamente se adopta circunstancialmente la técnica, corriendo tras la plata. El campesino no se beneficia con transferencia tecnológica, no asimila la lógica y a la postre, tampoco los fondos.

4) Trabajar con la política de los vidrios polarizados

Los vidrios polarizados no permiten observar desde fuera el interior del vehículo. Con vidrios institucionales polarizados se oculta el interior del organismo. La rivalidad y el celo institucional, que ronda en torno a acaparar el financiamiento, estanca la información. El hermetismo con que ésta es manejada sienta las bases de la ineficiencia, la mala administración y las sucesivas repeticiones de experiencias fallidas. Observa una cooperante que busca otra política: "La información no es privada; es del municipio. Pero como es poder..." Bajo el estilo de los vidrios polarizados los beneficiarios jamás tienen derecho a conocer los montos. Basta con que reciban algunas migajas. Y así, ONGs que exigen transparencia al Estado, están parapetadas tras la asimetría de la información.

5) Trasponer al Tercer Mundo esquemas del Primer Mundo.

El caso más llamativo en el municipio es la cría de cerdos de raza, que comen mejor que los niños de San Francisco Libre.

6) Usar los proyectos como pequeños "entretenimientos".

Con el objetivo de impresionar a sus financiadores, las ONGs multiplican su trabajo en diversos territorios al precio de disminuir el impacto en cada uno. Al cabo, los proyectos ejecutados en cada territorio son de un talante tan microbiano que raya en el ridículo: 3 mil dólares para una escuela, viveros de 40 mil plantas... Se trata, en general, de proyectos enanos. No pequeños, que podrían crecer, sino enanos, condenados a una escala minúscula.

7) Dar a la carga administrativa el peso más significativo en los presupuestos.

La mitad del personal es habitualmente jefe de un área y la misma escala minúscula de los programas comporta una capacidad de ejecución subutilizada. También cabe hablar de "falta de conciencia", como señalaba el alcalde de San Francisco Libre. Más del 60 % de los fondos son consumidos por las áreas administrativas y sólo un 40 % nutre la ejecución directa. Alimentar esos armatostes burocráticos, saturados de profesionales que luego invierten sus salarios en bienes de importación -contribuyendo en la vida diaria a lo que impugnan como funcionarios, porque sus actividades como individuos y sus actividades como empleados al servicio del desarrollo pertenecen a dos esferas entera, hábil y oportunamente disociadas-, es el precio que pagan, sin saberlo, los supuestos beneficiarios de los proyectos de desarrollo.

8) Promover el paternalismo y fomentar la dependencia.

Los organismos de desarrollo vierten en ocasiones sus recursos hasta ahogar en dependencia a sus beneficiarios, haciendo ostensiblemente caso omiso de los más elementales mecanismos económicos y prolongando cordones umbilicales. Instauran así una economía ficticia. Un país sostenido por los óbolos de la cooperación internacional, pero sin capacidad de negociación. Donde quiera que echemos una ojeada tenemos el eterno retorno de estas experiencias. El Programa Mundial de Alimentos (PMA), que inicialmente tenía olvidado a San Francisco Libre, ha ofrecido después del Mitch alimentar a toda su población por un período que podría extenderse hasta los dos años. Se trata de un programa de alimentos (arroz, arvejas, maíz y aceite) por trabajo, orientado a la reactivación de las fincas. El trabajo consistirá en la reconstrucción de cercas, áreas productivas, pastizales, corrales, pozos, viviendas, letrinas y reforestación, hasta recuperar todo lo destruido. Basta con que un miembro de cada familia se integre al programa. El plan también contempla que la gente menos dañada crezca económicamente y se fortalezca la economía municipal.

Nadie parece alarmarse por la dependencia que esta política genera, en un zona ya propensa a la cultura del subsidio. Tampoco hay preocupación por la depresión que experimentarán los precios de los granos básicos, lo que desestimulará su cultivo, poniendo en peligro la seguridad alimentaria. Contradicción fundamental, especialmente si se multiplica este procedimiento: donación para que reactiven fincas y cultiven arroz, frijol, maíz, en un contexto donde las donaciones de alimentos harán que estos productos no tengan mercado. Un remedio que activa la enfermedad. ¿Será posible así el ahorro? Todo invita a poner más cuidado en el diseño de políticas: qué productos donar, sobre qué rubros concentrar la reactivación y cómo establecer una relación inversamente proporcional entre el flujo de donaciones y la salida al mercado de las nuevas cosechas. Por estas y por otras muchas razones, tantos millones que anualmente ha recibido Nicaragua en concepto de ayuda externa no han contribuido a incrementar el desarrollo.


Opción del alcalde: organización

Igual que para el Gobierno central, para la Alcaldía la coyuntura post-Mitch se presenta como una oportunidad de transformar la economía de la zona. Pero hay muchos desatinos que evitar. Los presupuestos de las ONGs en muchas ocasiones son superiores a los de las municipalidades y por eso, las ONGs se convierten virtualmente en alcaldías paralelas, lesionando el desarrollo del poder local. A no ser que la alcaldía, como es el propósito en San Francisco Libre, coordine los esfuerzos. Este camino ha seguido en su relación de hermanamiento con la ciudad alemana de Oldenburg. Y posiblemente lo seguirá su relación con las ONGs. Ya se han dado pasos en esa dirección. De hecho, a fin de unificar las divergentes ocurrencias de las ONGs en torno a un objetivo común que es urgente para San Francisco Libre, la administración municipal exige ya, por ejemplo, que todo programa de desarrollo a implementarse en la zona tenga un componente de reforestación.

El trabajo de la alcaldía de San Francisco Libre consiste, desde mucho antes del Mitch, en un ajuste local ante las nuevas condiciones institucionales: casi nula inversión del aparato público en capital humano, contracción de la política social del gobierno y proliferación de las organizaciones no gubernamentales. A juicio del alcalde, la organización es la mejor herencia de la revolución sandinista. La considera una capacidad instalada poco aprovechada y cree que sobre esta base se pueden montar diversas iniciativas de desarrollo. "Aquí hay –señala el alcalde- gran potencial organizativo. Si las ONGs promovieran la organización, estaríamos hablando en otras condiciones. Ahora cada quien anda buscando por su cuenta cómo defender la vida... Pero hay gente capacitada para organizar, buenos elementos repartidos en distintas comunidades. De hecho la organización fue el factor clave que permitió una rápida evacuación y evitó muertes en el municipio. Fue lo único que redujo nuestra vulnerabilidad ante el Mitch."


Las prioridades del municipio

Organización para el alcalde significa aprovechar los recursos locales y no depender de programas de crédito externos: "Por ejemplo, se podría montar una caja de ahorro de los pescadores con 20 pesos diarios por pescador. Ellos ganaban 200 pesos antes del Mitch. Ahorrar 20 pesos no está para ellos en la cola de un venado. Y esos 20 pesos, multiplicados por 150 pescadores y por 240 días harían una diferencia notable en su capacidad de negociar. Lo mismo podría hacerse con un grupo de mujeres productoras de gallinas: 365 mujeres x 10 gallinas x 40 córdobas cada gallina harían 146 mil córdobas, con lo cual podrían pagar un freezer y un puesto en el mercado. La plata la tenemos aquí. Hay que saberla utilizar. Sin pagar un centavo de interés ni depender de financiamiento externo. Todo es cuestión de organizarse."

"Los proyectos cocinados en un escritorio van a fracasar en el campo", observa el alcalde. Por eso, en su gestión los proyectos se diseñan conociendo y partiendo de las condiciones locales. El municipio ha sido tradicionalmente golpeado por sequías o por el exceso de lluvia. Es éste un problema central, pero ha sido insuficientemente abordado por las ONGs. Una transformación productiva implicaría no estar a merced de los cambios climáticos. Significaría una transformación en la infraestructura de riego: construcción de presas, de pozos, etc.

Van apareciendo las prioridades en la agenda de la municipalidad. La transferencia de tecnología: piscicultura, albañilería, carpintería, fontanería, electricidad, apicultura y crianza de iguanas. La crianza de cabras donde es imposible criar vacas -de paso, con el excremento ayudarán a la recuperación del suelo-. La reforestación con especies adecuadas: guanacaste, genízaro, chilamate, madroño, pochote y quebracho. También se prevé el fomento de las expresiones culturales: danza folklórica y artesanías, a fin de ofrecerles a los jóvenes una serie de alternativas para el futuro, que incluyan el acceso a los estudios universitarios. Pocos de ellos llegan a la universidad, y no siempre se logra que coincidan los intereses del estudiante, los de la comunidad y los del financiador. Actualmente se buscan capacitaciones que inserten esta zona de Nicaragua en el resto de la economía nacional.

Este es el reto que deben asumir las ONGs si quieren superar el ser las propiciadoras de un mero conglomerado de actividades disgregadas. Los intentos de la alcaldía en este campo son ambiciosos. Si logra realizarlos, si realmente toma las riendas de la coordinación del trabajo de las ONGs, se reforzará el poder local y los vigores dispersos cuajarán tal vez y por fin en una estrategia de desarrollo.


Hermanas y hermanos de Oldenburg

El proyecto más voluminoso de momento es la reubicación del 40 % de la población. Hasta ahora, sólo se han conseguido para el traslado 60 mil dólares, donados por la hermana ciudad de Oldenburg para la compra de lotes, su legalización, nivelación del terreno y construcción de viviendas. De hecho, no será un programa de urbanización típico, sino la creación de un banquito de materiales para que la gente seleccione los más convenientes. Se trabajará con materiales asequibles. Se buscarán tejas de cemento en Jinotepe, de donde se tomará el modelo para montar después en San Francisco Libre un tallercito de elaboración de tejas de cemento, de tal forma que la reconstrucción de la infraestructura corra paralela a la edificación de una capacidad técnica y a la expansión del empleo. Por este sistema de vasos comunicantes pasará el flujo vital del desarrollo.

El hermanamiento con la ciudad de Oldenburg también será potenciado porque ha demostrado ser clave para la organización y el máximo aprovechamiento de los recursos locales. El apoyo de la ciudad hermana se ha con- centrado últimamente en el trabajo con mujeres: reconversión productiva de los patios a base del cultivo del frijol caupí, terciopelo o gandul, de soya y canabalia, de árboles frutales como el marañón o de hortalizas como la yuca, la cebolla y la chiltoma. Además del beneficio que estas labores en sí mismas generan, sirven de base para cultivar organización que luego potencia otras actividades. De paso, también se elimina la cultura del subsidio. Cuando los jóvenes manifestaron la necesidad de promover el deporte, se intercambió equipo de beisbol por labores de reforestación. Así, con un fondo mínimo se suplieron dos necesidades.


Nosotros podemos

La recaudación de impuestos está vista por la alcaldía como una fuente de ingresos con potencial. En la comarca de San Ramón, la empresa ANILIB -una asociación nicaragüense-libia- invierte en ganado y granos básicos. Es la mayor contribuyente de la municipalidad. Tienen planes de expandir sus inversiones a otros rubros -entre otros, cítricos-, y de pavimentar y rehabilitar el aeropuerto de Punta Huete hasta convertirlo en una plataforma para el comercio internacional. Pero el inveteradamente no resuelto problema de la propiedad tiene congelada esta alternativa. Aunque el gobierno Chamorro otorgó siete millones de manzanas en concesiones a compañías transnacionales, el caso de ANILIB aún está sin resolver... porque los inversionistas son libios y negociar con Libia, no obstante su potencial para mitigar el desempleo en San Francisco Libre, no es fácil políticamente.

Finalmente, el alcalde, en colaboración con un grupo de ciudadanos del municipio, ha iniciado un proyecto de largo plazo que pretende evadir los vicios de las ONGs. Han incursionado en la protección del medio ambiente con la creación de una ONG nativa de San Francisco Libre: la Asociación para la Protección, la Recuperación y el Desarrollo Ecológico de Nicaragua (APREDEN). El origen es un proyecto de construcción de viviendas que debía pasar por una ONG nacional, pero como la mediación de una ONG con sede en Managua era muy costosa -altos salarios, viáticos, oficinas con aires acondicionados-, el proyecto pasó a manos locales. Esto facilitará que el 80% del presupuesto lo consuma la ejecución directa. El alcalde y los ciudadanos de San Francisco Libre que construyen una alternativa con APREDEN dicen que el municipio tiene capacidad y que ahora, después del Mitch, tiene oportunidades. Y lo dicen con fe. Es palabra puesta a prueba.

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