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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 202 | Enero 1999
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Nicaragua

Mitch: 100 días después

¿Qué fue el Mitch? ¿Inesperada oportunidad para un cambio de actitudes? ¿O dorada ocasión para los oportunistas que saben pescar en los ríos revueltos? Aún no está claro. Pero quienes tienen una mayor responsabilidad con los que todo lo perdieron no parecen haber cambiado mucho. Venden optimismo y hacen buenos negocios.

Equipo Nitlápan-Envío

Es ya una tradición político-periodística evaluar a los gobiernos recién electos a los cien días de iniciada su gestión. ¿Se puede aplicar este mismo cliché de análisis a los huracanes y a las emergencias y destrucciones que provoca su paso por un país? Seguramente no, pero la pregunta que la comunidad internacional lanza hacia Centroamérica tiene que ver con esa evaluación. ¿Cómo van las cosas? Y los damnificados, ¿van superando el trauma? ¿Qué uso se está haciendo de la ayuda? ¿Llega realmente a quienes la necesitan? ¿Qué se ha logrado levantar, que sigue caído? ¿Se reconstruirán de verdad estos países o se repetirá el ciclo nefasto del "más de lo mismo"... y cada vez peor? También dentro de Nicaragua esas mismas preguntas cruzan las conversaciones. ¿Qué fue en definitiva el Mitch: inesperada oportunidad para un cambio en profundidad o dorada ocasión para el oportunismo de los de siempre? A sólo cien días es casi imposible poder valorar qué es lo que más pesa en los dos platillos de la balanza: si las nuevas oportunidades o si los inveterados oportunismos.


Novedades, riesgos, peligros...

Agentes de cambio, promotores de desarrollo y constructores de solidaridad de diferentes colores e ideologías que trabajan en las zonas que devastó el Mitch hablan con esperanza, desde el nivel local, de novedades positivas: un despertar de la sociedad civil hasta ahora débil y pasiva, experiencias inéditas de solidaridad, de organización, de participación y de empoderamiento en grupos creados a raíz de la emergencia, apuesta más convencida por proyectos de más largo plazo, hasta "conversiones" personales...A la par, señalan también peligros y hechos negativos: rivalidades en torno al inesperado flujo de "mucho" dinero, disputas por liderazgos en torno a los nuevos proyectos, especulación con la tierra en las zonas del desastre, "intervencionismo extranjero" en el diseño de los proyectos, polarización política y también ideológica-religiosa, regreso -o tentación de regreso- a la cultura del subsidio y de la donación...

Todos coinciden en que aún es demasiado pronto para pasar la raya y empezar a sacar cuentas, al menos aproximadas, del post-Mitch. Lo que sí está claro y puede ya afirmarse es que tan devastador huracán trazó con diluvios y vientos para Nicaragua -aún más para Honduras- una frontera. Por mucho tiempo, ya todo será en nuestro país "antes" o "después" del Mitch.


Estado: sin capacidad institucional

¿Se ha reactivado algo, después de los primeros cien días de la tragedia, la economía rural devastada por el Mitch? Las respuestas varían sustancialmente de lugar a lugar. Mientras en Posoltega, lugar-símbolo de la tragedia, a donde han ido dirigidos tantos recursos, los damnificados dicen tener sed, hambre y carecen de tierras para reubicarse, en lugares como Villanueva, Dipilto o Condega la organización local, combinada con recursos externos, parece estar dando buenos frutos.

Aunque en algunas instituciones del Estado existe la voluntad de dar respuestas, la realidad es que el Estado no tiene capacidad de darlas. El Estado neoliberal -reducido al máximo, desmantelados sus servicios sociales- no parece apto para enfrentar emergencias de este tipo. El Estado neoliberal en manos del Partido Liberal añade a ese handicap una lógica política cortoplacista o ambiciones personales a las que se subordina casi todo.

El programa lanzado por el gobierno inmediatamente después del Mitch para promover la siembra de apante -la última del ciclo agrícola-, brindó abundantes créditos y facilidades. Estuvo bien diseñado y sus resultados fueron buenos, aunque, como era de esperar, no en todas las zonas de desastre, porque no en todas se siembra de apante aún en situaciones normales. La cuestión de fondo es lo que seguirá a este coyuntural programa de apante. No parece seguir nada, y en el campo reina la incertidumbre.

La cuestión de fondo ya estaba planteada antes del Mitch, y ahora aparece con mayor claridad: cuál es la institucionalidad que va a apoyar el desarrollo rural del país y especialmente el de los pequeños y medianos productores. El problema de fondo es que en el modelo neoliberal, tal como se aplica en Nicaragua, la voluntad no es apoyar ese desarrollo ni incluir a esos productores, y la práctica ha sido desmantelar la escasa institucionalidad que tenía esta misión -el BANADES, por ejemplo-, sin construir verdaderas alternativas: el Fondo de Crédito Rural apenas da respuestas después de un año de creado, pues por su reglamentación populista -no popular- no logra atraer fondos de la cooperación externa.

De alguna manera, la reconstrucción post-Mitch exigía una modificación sustancial del modelo. Pero en el quehacer gubernamental no se ha dado un solo paso en esa dirección. A pesar de que un sector del PLC apostaría por la apertura a los medianos y pequeños del mundo rural, la tecnocracia ha terminado por imponer sus dogmas. Por esto, en el campo, el PLC no tiene capacidad para convertir en votos ni sus pregonados éxitos macroeconómicos ni sus coyunturales campañas con donaciones.


ONGs: tentadas por el subsidio

Si para responder a la devastación del Mitch, la contradicción fundamental que tiene el Estado es carecer de una institucionalidad apropiada, entre las ONGs -muchas han sustituido con creces al Estado en toda el área de la tragedia-, las contradicciones son otras.

El Mitch favoreció la creación de una Coordinadora de la Sociedad Civil. Antes de la reunión de Washington -y tal vez por lo imprevisible de la tragedia-, la Coordinadora no logró sortear el peligro de haber dado a luz un buen acuerdo, pero todavía estructurado en torno a un programa muy general. Prácticamente, su reivindicación central siguió siendo la misma que tiene desde la llegada al poder del liberalismo: tener un espacio de participación en el diseño de las políticas de desarrollo del país, en un contexto en el que lo que más une a las 300 ONGs que integran la Coordinadora es la animadversión que hacia todas ellas tiene, mantiene y expresa el gobierno de Arnoldo Alemán. Para ir más allá la Coordinadora tendrá que forjar un consenso en torno a cuáles deben ser las políticas concretas de desarrollo que propone, superando la fragmentación y abriéndose a un diálogo autocrítico sobre sus quehaceres.

La raíz de varias de las limitaciones y debilidades que enfrentan hoy las ONGs nacionales está tal vez en que los representantes de la mayoría de quienes trabajan en ellas pertenecen a sectores medios y urbanos. Y lo que hay que reconstruir es el territorio de los sectores empobrecidos del mundo rural. Las dos lógicas son muy diferentes.

A pesar de todos sus límites, muchas ONGs han contribuido a nivel local, aunque limitadamente, a reconstruir lo devastado. Y el dinero que ha llegado y sigue llegando a través de ellas se ha administrado de forma honesta, aunque muchos de esos fondos se dispersan demasiado en múltiples pequeños proyectos, generando niveles de competencia desgastantes entre las instituciones. Lo más negativo es que algunas ONGs han reforzado con su trabajo la peligrosa cultura del subsidio, que atenta contra la necesaria cultura de la sostenibilidad, más urgente ahora que nunca, cuando se ha hecho tan dolorosamente evidente la vulnerabilidad de muchas zonas del país.

La cultura del subsidio, junto a la cultura de la solidaridad -nacidas en los años de la revolución y surgidas de las mismas raíces del sandinismo- perviven en una gran cantidad de ONGs nacionales. Pero solidaridad no equivale a subsidio. El Mitch ha venido a hacer más difícil aún una ruptura positiva y necesaria con la cultura del subsidio que, ante tantas tragedias, encuentra nuevas y hasta coherentes justificaciones. La tensión subsidio-sostenibilidad podría apuntarse como la principal contradicción que enfrentan hoy las ONGs, cuando tratan de responder a los problemas generados por el Mitch.


Cooperación externa: ambigüedad

¿Qué papel juega ante este haz de contradicciones la cooperación internacional, que ha vuelto nuevamente su vista hacia Centroamérica? Su papel es ambiguo. Muchas instituciones y gobiernos han entregado y seguirán entregando fondos y donaciones al gobierno liberal, aún conociendo su cortoplacismo, el uso electoralista que da a las ayudas y también su falta de transparencia. Por otra parte, en el mundo de la cooperación el discurso aboga permanentemente por la sostenibilidad de largo plazo. A pesar de esta ambigüedad, la comunidad internacional puede contribuir a desatar varios de los nudos que dificultan el que Nicaragua supere la crisis y se reconstruya. Porque en la mayoría de las instituciones internacionales pesa más la apuesta por el largo plazo sostenible que por el corto plazo de beneficencia. Las sociedades a quienes representan instituciones y gobiernos se preocupan más por el futuro y vienen reclamando desde hace años resultados concretos de la ayuda externa.


Vendiendo optimismo

El gobierno promueve el optimismo. A comienzos de 1999, Noel Ramírez, Presidente del Banco Central, vocero de la política económica del gobierno -también secretario de organización del partido en el gobierno- anunció que el crecimiento del PIB en 1998 había sido del 4%. La cifra fue alzada como bandera de triunfo tras la crisis en que el Mitch había sumido al país. Como una prueba especialmente contundente de la buena marcha de la economía nacional. En la reunión del Grupo Consultivo para atender la emergencia de Centroamérica (Washington, 10-11 diciembre 98), Ramírez anunció que Nicaragua crecería en 1999 en un 8%.

Otros triunfos económicos resaltó el gobierno en la etapa posterior a la emergencia. De Washington volvió el Presidente anunciando con desmesurado gozo que Nicaragua había conseguido más de lo esperado y pedido dentro del paquete de donaciones y créditos concedidos por la comunidad internacional para la reconstrucción de Centroamérica. Respecto a la insoportable carga de la deuda externa, el 6 de enero, el Presidente Alemán anunció que "los Reyes Magos" habían traído a todos los nicaragüenses "un hermoso regalo": los países más ricos del mundo, integrantes del Club de París, habían "diferido" (moratoria, no cancelación) durante tres años el pago del servicio de la deuda externa. En números se trata de 111.7 millones de dólares. También anunció que se le iba a adelantar a Nicaragua la fecha de entrada -a más tardar, junio 99- en la iniciativa diseñada por los organismos financieros internacionales para reestructurar la deuda de los "países muy pobres y altamente endeudados" (HIPC, por sus siglas en inglés).


"Aquí no ha pasado nada"

Con anuncios de este tipo -adornados con costosas campañas de publicidad-, con las visitas de personalidades internacionales que continuaron llegando a Nicaragua y a Centroamérica atraídas por la catástrofe -de "dimensiones bíblicas", como ahora se puso de moda decir-, y con una febril inauguración de "obras de progreso" pequeñas o medianas, inconclusas o apenas iniciadas, el gobierno, y un Presidente Alemán de sonrisa permanente, han querido darle a la etapa post-Mitch un aire de triunfalismo de "aquí no ha pasado nada", que en ocasiones raya en lo grotesco. Siendo las principales víctimas del Mitch la economía campesina y un buen sector de familias rurales -que ya estaban excluidas del escenario oficial antes del Mitch- este "teatro" no resulta especialmente difícil de montar.

Hay mucho de teatro. El anuncio de Noel Ramírez sobre un crecimiento del 4% en 1998 parece un muy calculado intento gubernamental por mantener la imagen de que la economía de Nicaragua continúa avanzando a un ritmo sostenido. Hasta se eligió bien la cifra: ligeramente superior a la muy alta del crecimiento poblacional (mayor al 3%), para que parezca que también en el PIB per cápita Nicaragua sigue mejorando.

En la cifra del 4% se asume que el sector agropecuario -el más influyente en el PIB nacional- creció en 1998 al menos en un 4%. Sin embargo, además de los estragos causados en el campo por la sequía de El Niño en el primer trimestre del año, los funcionarios técnicos del Ministerio Agrícola y Forestal (MAG-FOR), en declaraciones posteriores a las de Ramírez, afirmaron que la encuesta hecha por el MAG-FOR con financiamiento del Banco Mundial en todo el país había revelado que en los estimados iniciales que el Ministerio había hecho al evaluar las pérdidas causadas por el Mitch las cifras se habían quedado muy cortas. Y que, en base a la realidad, 1998 cerraba con crecimiento negativo en el sector agropecuario. Señalaron que la cifra final aproximada era: -4.6%. El triunfalismo oficial es vacuo: no es posible hablar de un crecimiento global del 4% si es negativo el balance en el sector agropecuario.


Juegos de imágenes

El gobierno juega a las imágenes. Una contradicción tan grande en las cifras -nunca aclarada por Noel Ramírez- indica que sus declaraciones fueron más políticas que técnicas, y que en este post-Mitch -como ya antes del huracán- el gobierno liberal trabaja, más que para informar a la población sobre la realidad, para crear y consolidar imágenes positivas. Ese ha sido el estilo de Ramírez: presentarse periódicamente en los medios como vocero del optimismo oficial, como quien ha sido investido con la misión de sacar a Nicaragua del pesimismo y darle por fin una visión dinámica y de futuro.

Con las imágenes se quiere hacer creer a la opinión pública nacional que el país está creciendo como nunca antes, superando cualquier avance que pudo haber en los tiempos sandinistas o en los de Violeta Chamorro. Además, es una convicción arraigada en este gobierno que de las saludables cifras macroeconómicas del país depende el nivel de atracción de inversión extranjera. Si no cuadran las cifras, se manipula las que hay. Se olvida tal vez que a los inversionistas extranjeros no les importan tanto las cifras macroeconómicas de un país como los niveles de corrupción de sus gobiernos. Y en corrupción, el gobierno de Nicaragua aparece como uno de los peores calificados del continente.


¿"Otra" Contraloría?

El gobierno parece dispuesto a persistir en la falta de transparencia. Desde el primer momento de la emergencia surgieron dudas y reclamos sobre la honestidad con la que debía ser manejada la ayuda internacional que llegaría a Nicaragua a causa de la tragedia. Con respecto a las donaciones en especie que hasta la Navidad entraron por aire, mar y tierra al país -calculada por el gobierno en algo más de 17 millones de dólares-, el Contralor de la República expresó que había sido manejada de forma "razonablemente" correcta. Resulta más fácil seguir la pista al buen o mal uso que se hace con la ayuda que llega en especie que a la que llega en dinero o en proyectos.

La Contraloría General de la República (CGR) destacó a decenas de sus funcionarios en las aduanas del país y, considerando algunas "incidencias" observadas en el proceso de recepción y distribución anunció que publicaría un manual -una de las innumerables carencias institucionales del país- con los procedimientos que deben seguirse en momentos de emergencia y desastres, tanto en el uso de los bienes públicos como en cuanto a los requisitos que debe cumplir cualquier contratación de servicios que haga el Estado.

El Presidente Alemán aprovechó la ocasión de la reunión en Washington del Grupo Consultivo para dar un nuevo paso de tanteo o de avance en un propósito al que no renuncia desde que tomó el poder: deslegitimar a la Contraloría General de la República y destituir a su titular, el Contralor Agustín Jarquín. Alemán solicitó formalmente al Presidente Clinton apoyo para crear un organismo "independiente" que supervisara y controlara la transparencia en el proceso de reconstrucción post-Mitch. Este organismo complementaría a la CGR y estaría integrado por nicaragüenses -el Presidente llegó a dar nombres- y por representantes de los países que cooperan con Nicaragua. Para que realizara este trabajo el gobierno contrataría a una empresa internacional de auditores. El 10 de enero de 1999, al presentar en la Asamblea Nacional el informe de su segundo año de gestión, Alemán insistió en la creación de "otra" Contraloría.

Jarquín reaccionó al anuncio presidencial con la cautela que le caracteriza, recordando lo que todos saben: que, según la Constitución, la CGR es el máximo ente fiscalizador del Estado y goza de autonomía. Señaló que lo fundamental en Nicaragua es respetar el marco jurídico que establecen las leyes y fortalecer las instituciones que ya existen y solicitó al Presidente una copia del proyecto de la nueva institución, pero no recibió nada. Semanas después se conoció que Jarquín -hoy al frente de la organización de entes fiscalizadores de Centroamérica y el Caribe- promoverá una propuesta de fiscalización de la ayuda post-Mitch de nivel centroamericano, en la que participaría una empresa internacional de auditoría coordinada con los órganos fiscalizadores de la región y respetando la institucionalidad de cada uno de los países. Este proyecto será presentado al Grupo Consultivo que se reunirá en mayo en Estocolmo.

Las tierras del Presidente

La gestión gubernamental es cada vez más opaca, menos transparente. Es difícil discernir si el Mitch ha acentuado o no esta tendencia. Lo que sí está claro es que después del Mitch han ido en aumento las denuncias de irregularidades que ubican al Presidente de la República, a su familia y a sus allegados, a la cabeza de una serie de negocios de los que sacan clara ventaja personal por los cargos que ocupan en el Estado. La más clamorosa de las denuncias -de las que hablaron diariamente los medios en enero y en febrero- tiene que ver con miles de manzanas de tierra que el Presidente ha venido adquiriendo en los últimos meses en varios puntos del país tras velocísimas operaciones y transacciones en las que participan funcionarios públicos y en las que se pagan de inmediato y al cash precios voluminosos o irrisorios, según los casos de quienes le vendan al mandatario.

Algunas de estas tierras están "casualmente" situadas cerca de importantes proyectos turísticos que se van a iniciar. Otras aparecieron cerca de la reserva ecológica de Chacocente -valioso y ya muy escaso bosque tropical seco-, que fue violada impunemente causándole daños irreparables para construir una carretera por orden de Alemán. Algunas de las carreteras que conducen a estas propiedades fueron hechas por empresas de amigos y parientes del Presidente, que se valieron de la "emergencia" provocada por el Mitch para eludir la licitación. Todas estas tierras, al pasar a manos del Presidente, se han revalorizado de inmediato con nuevas carreteras y caminos, instalación de energía eléctrica, apertura de pozos y otras mejoras, brindadas al nuevo propietario por las instituciones de servicio público... Por todos los lados, un escándalo mayúsculo.


Celos de "la oligarquía"

El Presidente admitió que andaba comprando tierras, aunque no dijo la procedencia del dinero que corre en estas operaciones. Calificó de "obras de progreso" las mejoras con las que estaba rodeando sus tierras, quedando claro quién es el que "progresa" con estas obras. Descalificó con burlas a los medios por hablar del tema de sus tierras, y ante el cuerpo diplomático atribuyó lo que llamó "falta de respeto" de los medios al poder que en ellos tiene "la oligarquía". "Somos -dijo- un gobierno que sabe llevar el progreso, que sabe hacer de sus obras una fuente para disminuir la brecha entre ricos y pobres, que sin caer en el populismo sabe combatir los resabios oligárquicos tan anidados en sectores que no fueron, no son, ni serán capaces de usar el poder para construir un país más justo, más fuerte, más estable, como lo estamos haciendo nosotros. Ese es el fondo de lo que pasa detrás de esas noticias que tan frecuentemente aparecen en contra del gobierno." Cuando el Contralor Agustín Jarquín le solicitó al Presidente información detallada sobre su patrimonio en relación con estas compras, la respuesta de su secretario personal fue sarcástica: mandó al Contralor a revisar los registros de propiedad que existen en todo el país y calificó de "niñería" el intento de investigar los hechos.

El abandono y la exclusión a la que desde los años 90 se ha condenado a la población rural está facilitando la reconcentración de la tierra del país en cada vez menos manos. Entre ellas, las de Alemán y sus familiares. Muchos de los que han vendido sus tierras al Presidente -y de igual modo a altos dirigentes del FSLN, ahora grandes empresarios, o a cualquier otro ex-latifundista- fueron beneficiados como campesinos o como desmovilizados del ejército o de la contra en los años 80 y 90, que hoy, sin créditos, sin tecnología, sin oportunidades, se ven obligados a vender. Mejor mozos de cualquier patrón que propietarios de una parcela sin futuro o que socios de una cooperativa en quiebra.


¿Quién frena la corrupción?

¿Cómo detener esta vuelta del latifundio que, entre otras vías, es propiciada por la ambición-corrupción gubernamental? Entre sus múltiples consecuencias, el Mitch tuvo también la de abrir de nuevo al escrutinio internacional a una Nicaragua cada vez más olvidada del mundo en estos últimos años. Pero estas nuevas ventanas abiertas sobre el país no parecen detener al Presidente en su irregular accionar. Tal vez porque él y sus allegados saben que disponen de un gran margen de maniobra y, por tanto, de impunidad.

Cualquier proyecto de reconstrucción de Nicaragua que impulse la comunidad internacional debe de tener en cuenta el grado de corrupción que hoy existe en el país y las complicidades de inmunidad-impunidad que atraviesan todo el sistema político. Si esto no se tiene en cuenta, se podría estar colaborando a la "reconstrucción" de fortunas personales. ¿Puede la presión de la cooperación externa hacer algo en este sentido? Puede hacer algo, pero no hay que hacerse demasiadas ilusiones. Frenar la corrupción en los de arriba y reaccionar contra la corrupción en los de abajo es un desafío eminentemente "nacional".

Entre otras razones, por cómo funcionan las cosas en la globalizada economía internacional. Cuando el gobierno llega a un acuerdo con el FMI, éste desembolsa inmediatamente el préstamo acordado y la única condición consiste básicamente en que el gobierno mantenga férreamente la política económica pactada. La llamada cooperación externa, la cooperación de la comunidad internacional -países "donantes", "amigos", etc.- desembolsa sus préstamos y el dinero para proyectos según el FMI y el Banco Mundial avalen o no el desempeño económico del gobierno en cuestión. Los criterios de la comunidad internacional para evaluar ese desempeño se centran generalmente en los indicadores macroeconómicos. Si el gobierno incumple la meta fijada para el déficit fiscal, si en lugar de tener un déficit del 5% lo deja subir al 6%, el FMI califica mal al gobierno. Según sea el grado de incumplimiento, puede incluso suspender todo desembolso. Cuando esto sucede, cuando los organismos internacionales evalúan mal a un país y le suspenden fondos, la cooperación externa hace lo mismo. Se produce un efecto en cadena.

Pero si el gobierno abusa o hace un uso ineficiente de los fondos que recibe de los organismos internacionales o de los fondos que recibe de la cooperación externa, nunca existen sanciones idénticas. Prácticamente, no hay sanciones. Si en el actual contexto de reconstrucción, el gobierno incumple acuerdos con el FMI corre un gran riesgo, pero si desvía fondos, manipula proyectos, juega a favor de allegados en los contratos o trata por todos los medios de deprestigiar o de destituir al Contralor -con el fin de quitarse de encima la fiscalización de esta institución- serán pocos en la cooperación externa los que señalarán esas actitudes como un retroceso económico o evaluarán negativamente la gestión económica del gobierno.

Oxígeno a la construcción

Los recursos extraordinarios que el Mitch volcará sobre el país pueden generar una maxi-corrupción y un mini-boom económico. Según Roberto Lacayo, Presidente de la Cámara de la Construcción, 1999 será un año mucho mejor para este sector que lo que fueron los años 73 y 74 después del terremoto que destruyó Managua en la Navidad de 1972. El Mitch -dice- vino a darle "oxígeno" a la industria de la construcción, cuando el dinamismo que había experimentando desde el 95 había comenzado a menguar.

Lacayo habló de la coordinación estrecha que existe entre los empresarios de la construcción y el gobierno para la reconstrucción del país, señalando que también hay cierta desconfianza respecto a la asignación de los contratos. Calcula Lacayo que el trabajo potencial es tan grande como para que cada empresario invierta en la adquisición de equipos -el equipo mínimo "para entrar a jugar" cuesta dos millones de dólares-, pero afirma que son bastantes los que no se deciden al no ver claras las reglas del juego del gobierno. Como la construcción tiene sus mejores momentos en los meses no lluviosos del verano, las definiciones se están acelerando y todas las evidencias apuntan a que en este sector -como en casi todos los demás sectores económicos- la única "regla" que establece y respeta el gobierno es "burros amarrados y tigres sueltos".


Toda la culpa al Mitch

Mitch planteó desafíos de largo plazo: al Estado y a la sociedad. Una de las características del gobierno liberal es su notable cortoplacismo. Noel Ramírez, como vocero económico del gobierno, fue también el que dio de ello una prueba manifiesta. En ocasión de anunciar que el "crecimiento" económico era del 4%, le preguntaron qué solución tendría la brecha comercial de Nicaragua (exportaciones-importaciones) en 1999. No hay más remedio que verla ensancharse -dijo- porque aumentar las importaciones es necesario para reconstruir el país. De nuevo, una respuesta política, discutible como tal, pero inconcebible desde el punto de vista de un Presidente del Banco Central.

La respuesta sería tal vez justificable si antes del Mitch Nicaragua hubiera tenido una brecha más o menos aceptable en su balanza comercial. Pero ya estaba gravemente desajustada. 1998 cierra con exportaciones por unos 600 millones de dólares (100 millones menos a causa del Mitch) y con importaciones por más de 1 mil 500 millones. El gobierno busca atribuirle todos los desbalances y el aumento de la inflación al Mitch. Pero los desequilibrios pre-Mitch ya ponían en cuestión el éxito de toda la política económica que se está siguiendo y que tiene como meta dorada hacer crecer las exportaciones.

Por otra parte, la enorme brecha en la balanza comercial nicaragüense significa también que el país se está endeudando nuevamente. Mientras la condonación parcial de la deuda externa que el país va a recibir es presentada por la propaganda oficial como meta que sella el triunfo de la actual política económica, hay que tener en cuenta que el grueso de los recursos externos que llegarán al país con ocasión del Mitch vienen mayoritariamente en forma de préstamos. Y aunque vengan en condiciones muy concesionales, en cuanto a plazos y a intereses, no dejan de generar deuda. Y el grueso de esa deuda Nicaragua la está contrayendo con los organismos multilaterales, que son "los que no perdonan deudas", como demuestra la tan loada pero cuestionable iniciativa HIPC.


Certificados de Beneficio Tributrio: ¿son la solución?

¿Por qué no crecen las exportaciones? Hay una línea de interpretación de este hecho: además del bajo valor de nuestros productos de exportación, se debería a que el gobierno liberal -de acuerdo con el FMI- decidió suprimir los Certificados de Beneficio Tributario (CBT), estímulo fiscal -usado también en Costa Rica y en El Salvador- que dinamizaba los nuevos rubros de exportación, las exportaciones no-tradicionales.

En torno a los CBT - de los que se beneficiaron durante los años del gobierno Chamorro 155 empresas- parece haberse generado una cadena de corrupción -que podría incluir lavado de dinero-, según una explosiva investigación hecha pública en enero 99 por la Contraloría. Pero, aún con un manejo totalmente transparente, los CBT no son la solución. Tras la interpretación que los magnifica está la convicción -compartida por el actual gobierno, aunque haya suprimido los CBT- de que es el sector empresarial el que puede sacar adelante al país. Se olvida que el grueso del volumen de la exportación nacional -mayoritariamente en los rubros tradicionales y en parte en los no tradicionales- está en manos de pequeños y medianos productores. Y para estos productores, el problema no es que haya o no CBT, sino el reducido acceso que tienen al crédito y a los servicios de asistencia técnica. De nuevo, el problema de fondo: no existe en el gobierno una institucionalidad adecuada para apoyar a pequeños y a medianos.

En enero 99 el gobierno anunció que disponía de 100 millones de córdobas -de la cooperación externa- para créditos a pequeños y medianos productores rurales afectados por el huracán. La medida puso una vez más en evidencia este problema del déficit institucional. Inicialmente, el gobierno habló de que ese fondo sería canalizado por ONGs dedicadas al crédito y no sólo por la banca, pero al final el mecanismo elegido fue entregarlo únicamente a los bancos privados que quisieran recibirlos a través de la Financiera Nicaragüense de Inversiones.

Como tanto antes o después del Mitch, los bancos privados no quieren canalizar fondos a pequeños y a medianos y, dada la escasa institucionalidad que tienen en las zonas del desastre, en la práctica es muy probable que esos 100 millones vayan a parar a los sectores más acomodados de entre los productores medianos que tuvieron en sus fincas alguna pérdida por el paso del Mitch, quienes ya son clientes de los bancos. A pesar de todo, la cantidad que va a correr es voluminosa, y se trata de una respuesta gubernamental que seguramente va a tener el efecto político de consolidarle algunas bases electorales al PLC.


Pacto Alemán-Ortega

Mitch trastocó algo la agenda política nacional, centrada desde agosto en la evidencia del pacto Alemán-Ortega. Con el huracán, el pacto entró en un compás de espera que abrió espacios a nuevas contradicciones que se impusieron sobre los consensos ya conseguidos. Y aunque se mantuvo el consenso casi total PLC-FSLN en cuanto a las reformas a la Ley Electoral, el calendario legislativo no dio ya lugar a que las negociaciones cupulares se tradujeran en la introducción en la Asamblea de un proyecto de reformas constitucionales.

No existe aún un consenso claro sobre cuáles son las reformas que liberales y sandinistas harán a la Constitución. José Cuadra, diputado del Partido Conservador de Nicaragua, valoró para envío la evolución, los contenidos y el estado actual del pacto Alemán-Ortega. Según Cuadra, desde enero de 1997 hasta junio de 1998, el Presidente Alemán no necesitaba del pacto con el FSLN. Con 42 diputados liberales en la Asamblea y 12 diputados de otros partidos transformados, con "permanentes prebendas y regalías", en "socios incondicionales", tenía sobrado margen para aprobar cualquier ley y estaba a sólo dos votos de aprobar cualquier reforma constitucional que deseara. Pero a mediados de 1998 se da la crisis de la bancada liberal, y de los 42 diputados se retiran 8, encabezados por Eliseo Núñez. Con el tiempo, Alemán recuperó el voto de 4 de los 8 disidentes, pero empezó a tener algunas dificultades con la "incondicionalidad" -cada vez más costosa- de algunos de los 12.

"La ruptura de la bancada liberal aceleró el pacto entre el PLC y el FSLN con el pacto, Alemán busca fundamentalmente garantizarse gobernalibilidad y Ortega garantizarse espacios seguros de poder, coincidiendo ambos en que para ambas metas les es necesario asegurar el bipartidismo", opina Cuadra. Cuadra nos confirmó que Alemán está empeñado en un paquete de reformas constitucionales que incluyen la que le permita reelegirse en el 2001, mientras que el FSLN discute unas u otras reformas, con la tendencia a adherirse a todas las que refuercen el presidencialismo y centralicen el poder, "pero sólo una reforma le interesa realmente, y por ella sería capaz de concederle a Alemán todo. La única que quiere el Frente es que se elimine la segunda vuelta electoral".


Pensando en las elecciones

Ya todos piensan en elecciones. A más de año y medio de las elecciones municipales -si es que el pacto no las posterga- el clima es cuasi electoral. El FSLN está convencido de que jamás superará el 45% de los votos que exige la Constitución para triunfar en la primera vuelta. Daniel Ortega parece igualmente convencido -¿cuántos lo siguen en esta convicción en el FSLN?- de su "misión" de disputarle él, y sólo él, la Presidencia a Alemán en el año 2001 -concediéndole para ello el que se postule a reelección-. En todas las encuestas que se vienen haciendo, lee Ortega que en ese escenario -idéntico al del 96- él retomará el poder, siempre que éste se dispute en una sola vuelta.

Para entonces, ambos partidos, FSLN y PLC, esperan, reformando la Ley Electoral, tener asegurado un escenario que consolide el bipartidismo y saque del juego a los posibles competidores, aun cuando todas las encuestas indican que la mayoría de los nicaragüenses -más del 55%- no se identifican ni con el PLC ni con el FSLN, ni con Alemán ni con Ortega. Para reforzar-inducir el voto bipartidista, ambas cúpulas siguen interesadas en retrasar las elecciones municipales de octubre del 2000 para octubre del 2001, con el fin de juntar-confundir todas las elecciones en un solo día en el que el elector debe marcar en varias boletas. Ambas cúpulas parecen también interesadas en la reforma constitucional que alargue, de cuatro a cinco años, el período de los alcaldes para que esta presión castigue a los electores en todas las próximas jornadas electorales.


Crisis en el FSLN

El pacto Alemán-Ortega viene generando una honda crisis en el FSLN -especialmente entre los diputados de la bancada y entre las bases mejor informadas-. Esta crisis se suma a otras muchas -éticas y políticas-, nunca resueltas, todas pendientes, siempre tratadas de acallar con procedimientos antidemocráticos. El signo más evidente de la crisis está hoy en las contradicciones entre los discursos y decisiones de Daniel Ortega y de Víctor Hugo Tinoco, hasta enero jefe de bancada, en la práctica, de los diputados del FSLN en la Asamblea Nacional.

Las contradicciones entre diversos grupos económicos y políticos -los que representan ambos dirigentes, y algunos más-, atravesadas por el tema del pacto FSLN-PLC, culminaron con la destitución de Tinoco de su cargo en la bancada. Ortega tomó esta decisión y ocupará este cargo para asegurarse que el voto de los 36 legisladores sandinistas vaya en la dirección que él determine, y para quitarle espacio a una eventual candidatura presidencial de Tinoco, de la que ya se habla con insistencia.

El desgobierno en el que se encuentra el país no tiene explicación, no sería posible, con una oposición organizada y con dirigentes opositores coherentes. Ante tantos desmanes del gobierno, que reviven prácticas somocistas, el sandinismo estaría llamado a encabezar esa oposición. Pero quienes controlan el FSLN no quieren jugar ese papel. Sólo aspiran a volver al poder. Y a costa de lo que sea.


Los vicios del FSLN

¿En qué se diferencia ya el FSLN de otros partidos? El FSLN no parece ya un partido revolucionario. Podría volver al poder en el año 2001, pero volverá con todos los vicios que cultivó en estos años. ¿Cuáles son algunos de esos vicios? A juicio de uno de los más valientes analistas que conserva el sandinismo, "lo que está debilitando al Frente es la descomposición moral de una gran cantidad de compañeros y compañeras que han ocupado cargos directivos a todos los niveles. Lo que ha causado crisis en el Frente es el verticalismo, el afán autoritario para imponer decisiones, el sectarismo con que se asume la dirección política de una estructura, los procedimientos mafiosos para acallar a aquellos que piensan diferente a la estructura oficial, la corrupción de determinados cuadros intermedios y nacionales del Frente Sandinista".

"Y lo grave -añade- es que no hay señales de ningún tipo de que exista voluntad del Secretario General (Daniel Ortega) o de la dirección política del Frente para corregirlo. Por esto, hay un desaliento generalizado del sandinismo. Por esto, hay muchísimos sandinistas que prefieren alejarse de las estructuras y de la vida orgánica del Frente, viendo que no existen en la base escenarios para analizar la situación, para analizar las decisiones de la dirección del Frente, para criticarlas y para proponer alternativas".


Un cambio de actitud

En esta difícil situación se encuentra el país a la hora de diseñar y emprender su "reconstrucción" con el apoyo de la comunidad internacional. Después de la reunión en Washington del Grupo Consultivo de Emergencia para Centroamérica, en el que participaron 50 países y organismos internacionales, que se comprometieron a dar a toda Centroamérica -entre ayuda humanitaria, asistencia técnica, fondos concesionales y alivio de deuda externa- 6 mil 300 millones de dólares, se celebra una segunda reunión del Grupo en Estocolmo en mayo. Será un segundo paso donde los centroamericanos presentarán ya proyectos y programas más concretos. Se espera que sean de caractér más social y más regional. En el caso de Nicaragua, la Coordinadora de la Sociedad Civil espera también estar sentada a la mesa de la negociación con voz propia y con sus propios proyectos, lo que significaría una ruptura y un avance en relación a la reunión de Washington.

Pierre Schori, actual Ministro de Cooperación y ex-Primer Ministro de Suecia, habló en Washington y repitió en Managua que la reconstrucción de Centroamérica requiere, sobre todo, de "un cambio de actitud". En esta hora es este cambio lo más necesario, lo más profundo. Hasta ahora, en las alturas parece lo más escaso.

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