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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 146 | Marzo 1994
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Nicaragua

Elecciones en la Costa: ¿un termómetro?

Sería peligroso extrapolar el caso de la Costa Atlántica en 1994 al caso de Nicaragua entera en 1996. Aun cuando en 1996 la elección sea "entre Sandino y Somoza", no será así aunque así fue esta vez en la Costa.

Judy Butler

Ningún acontecimiento ocurrido en la Costa Atlántica - a excepción del huracán Juana, que devastó el sur de esa región en octubre/88 - ha sido objeto de tan prolongada atención en el Pacífico como las elecciones para renovar los dos gobiernos de las Regiones Autónomas del Atlántico Norte y Sur (RAAN y RAAS). ¿Se tratará de otra tragedia devastadora?

Aún antes de que la campaña electoral se abriera formalmente en enero, la mayoría de los medios de comunicación y los partidos nacionales que postulaban candidatos para los dos Consejos Regionales ya habían definido estos comicios como un termómetro con el que empezar a medir la temperatura de las elecciones generales de 1996. Fue seguramente por esto, más que por cualquier otro motivo, que los ojos de todos se volvieron hacia la Costa durante tantos días. ¿Hasta qué punto era correcta esta apreciación? Y si así fuera, ¿qué indicó el termómetro?

La confusión inicial

Las elecciones se celebraron el domingo 27 de febrero. 485 juntas receptoras de votos fueron colocadas hasta en los últimos rincones de esta vasta zona de dificilísimo acceso. Los avances en la capacidad técnica del Consejo Supremo Electoral permitieron anunciar en Managua los resultados finales de varias circunscripciones y los parciales de algunas otras ya en la madrugada del lunes, pero no fue hasta el miércoles que se pudieron llenar los últimos vacíos.

En el transcurso de esos tres días, hubo mucha confusión en los medios de comunicación - especialmente en algunos sandinistas -, que seguían con pasión los conteos. El error mayor, a la hora de comentar los primeros cómputos, tenía su base en el olvido de cómo funciona la maquinaria electoral en la Costa.

Según la Ley de Autonomía, promulgada en 1987, los gobiernos de las dos regiones costeñas están integrados por 45 concejales, directamente elegidos: tres por cada una de las 15 circunscripciones de cada región autónoma. Una vez electos los Consejos Regionales, sus 45 miembros escogen de entre ellos a un Coordinador Regional, al que popularmente se llama "Gobernador". No se trata, pues, de elecciones de tipo presidencial, en las que sacar una mayoría de votos es ganar. Se parecen más a las elecciones legislativas, en las que una mayoría de votos en un distrito nada tiene que ver con los votos en otro.

Decir - como repetidas veces lo hicieron algunos periodistas sandinistas el primer día, basándose en los votos globales reportados en los cascos urbanos de Bluefields y Puerto Cabezas - que el FSLN iba ganando en las dos regiones, era no decir nada. Otro factor que restaba sentido al estribillo es que ni siquiera una mayoría respetable en una sola circunscripción garantiza más que uno de los tres escaños. Los otros dos dependen de cómo se distribuyan los votos entre los muchísimos contrincantes.

Llovieron partidos y grupos

Una novedad de la Ley de Autonomía es que no son solamente los partidos políticos los que pueden participar en las elecciones. También pueden presentarse grupos o asociaciones locales si logran conseguir un número determinado de firmas populares en cada circunscripción en la que deseen presentar candidatos. El objetivo de esta disposición es dar espacio a las diferentes identidades étnicas de la Costa, que no siempre sienten representados sus intereses en los partidos nacionales.

Siete partidos y una coalición - la UNO -, más cinco asociaciones de suscripción popular inscribieron candidatos en la boleta electoral de la RAAN. En la RAAS fueron nueve los partidos/coalición y cinco las asociaciones. Exceptuando el caso de YATAMA - que compitió en el Norte y en el Sur - no eran las mismas que en la RAAN.

¿Qué dijo el termómetro?

Aunque el terreno estaba lleno de contendientes, desde un principio se pronosticó que la carrera sería sólo entre tres caballos: el FSLN, el PLC y YATAMA, con la UNO ocupando un cuarto lugar. Y así fue, aunque con diferencias importantes en el Norte y en el Sur.

Quizás la manera más rápida de captar cómo llegaron a la meta los tres caballos es comparar su posición en 1994 con la que tuvieron en 1990, en las primeras elecciones que hubo para los gobiernos autónomos, aunque entonces no compitió el PLC no probó suerte a solas porque también se trataba de elecciones para el gobierno central y el PLC integraba la UNO . (Los gobiernos autónomos se eligen cada 4 años y los centrales cada 6. Ambas contiendas coinciden cada 12 años).



El FSLN perdió algunos de los escaños que ocupó en las dos regiones en estos últimos cuatro años. En zonas en donde ganó la mayoría de los escaños en 1990, perdió algunos ahora, entre otras causas, por acciones de los rearmados.

Pero los grandes perdedores fueron YATAMA en la RAAN y la UNO en la RAAS. ¿Qué caballo les robó sus espacios? Nada menos que el Partido Liberal Constitucionalista, de Arnoldo Alemán, alcalde de Managua, el más anticipado y publicitado de los candidatos a la Presidencia de Nicaragua en 1996, un hombre de estilo populista al que los sandinistas califican como somocista. Hasta hace menos de dos años el PLC no había tenido ninguna presencia en la Costa.

El PLC obtuvo una victoria sustancial, pero no fue tan dulce como la hubiera querido Alemán. Porque en vez de aniquilar - como es su sueño dorado - a su gran enemigo, el FSLN, casi liquidó a su aliado real: la UNO - coalición a la que el PLC no ha renunciado - y a su aliado potencial, YATAMA - cuya división interna el PLC exacerbó al llevar a Fagoth como primer candidato del PLC en la región mískita del Río Coco Arriba -.

¿Por fin un verdadero Consejo Regional?

En teoría, el PLC ganó en la RAAS un número suficiente de concejales con los que, sumados a los de la UNO, podría gobernar sin tener en cuenta a la bancada sandinista, como lo hizo Alvin Guthrie, el Coordinador Regional saliente, de la UNO.

En el diseño de la Ley de Autonomía, el gobierno autónomo no se concibe al estilo "occidental", con la clásica división entre Poder Ejecutivo y Legislativo. Se parece más a una asamblea indígena, que en un continuo proceso de debate decide colectivamente. Así, el Consejo Regional en pleno llega a consensos y después, le toca únicamente al Coordinador Regional velar el por cumplimiento del consenso.

Pero éste no ha sido el funcionamiento de los gobiernos costeños en los últimos cuatro años. Tanto por la mayoría absoluta que en 1990 tuvo la UNO en el Sur, como por la falta de preparación de los concejales de la UNO y de YATAMA en las dos regiones, ambos "Gobernadores" pasaron por encima incluso de sus propios concejales, sin darles siquiera ni la rendición de cuentas que exigían. Esto dio lugar a serias acusaciones de corrupción en las dos regiones, y en el Norte, a la destitución del primer Coordinador, Leonel Pantin, que es actualmente jefe local del PLC.

Las mismas denuncias de corrupción se hicieron contra Alfonso Smith, diputado de YATAMA ante la Asamblea Nacional, que reemplazó a Pantin a finales de 1992. Fueron tantas las acusaciones que lo convirtieron de inmediato en el primer sospechoso por el incendio provocado que arrasó con la Casa de Gobierno de Puerto Cabezas la misma noche de las elecciones. No quedaron ni cenizas de toda la documentación que se guardaba allí.

¿Qué estilo de gobernar?

A pesar de algunos señalamientos en sentido contrario de un dirigente liberal de la RAAS, es dudoso que el PLC esté dispuesto a cambiar en el Sur este estilo de gobierno, que le resulta tan ventajoso, teniendo además en cuenta que la oposición en la RAAS está dividida en cuatro bancadas. Para hacerle gobernar con un mínimo de consenso, todos los otros concejales tendrían no sólo que aliarse sino además convencer a por lo menos un concejal de la UNO para que vote al lado de ellos en los asuntos importantes. Que no se repita el absolutismo político de los últimos cuatro años dependerá, en gran medida, de la presión que pueda ejercer la población, tan perjudicada por este estilo de gobierno.

En la RAAN, las cosas están algo más difíciles para el PLC, tanto por su empate con el FSLN como por el hecho de que la mayoría de los concejales de YATAMA son de la línea de Brooklyn Rivera. Alemán no descartó la posibilidad de una alianza con YATAMA, pero no la planteó con mucho entusiasmo. Está por verse si el odio que Rivera guarda contra los sandinistas tendrá más peso que su antiguo conflicto con Fagoth.

Al menos en sus comentarios en los días siguientes a las elecciones, Brooklyn Rivera parecía más conciliatorio con el FSLN. Por otro lado, sería un grave error del PLC pensar que ya tiene asegurada la lealtad de Fagoth y de otros yatamas de su línea sólo porque Fagoth aceptó ser su candidato. La razón para aceptar no fue otra que el FSLN no le concedió encabezar su lista de candidatos. De habérselo concedido, Fagoth hubiera competido como candidato de los sandinistas.

Por todo esto, el PLC está buscando una "salida" más elegante. El mismo 2 de marzo, cuando el CSE informaba sobre los resultados finales - aunque provisionales, por no haberse hecho aún el conteo en Managua -, el PLC anunció que había encontrado un sinnúmero de anomalías en el conteo de la RAAN, y que una vez corregidas, tres escaños que aparecían como ganados por el FSLN pasarían al PLC.

Por su parte, la Comisión Política del FSLN en la RAAN formuló el 3 de marzo la propuesta de un "gobierno de unidad costeña". Como primer paso en esa dirección, plantean los sandinistas que surja una Comisión de Transición de Gobierno, en base a la discusión sobre varios temas que realicen las autoridades regionales de los partidos que ganaron escaños. La seguridad de todos los pobladores, la estabilidad laboral, la proporcionalidad en la distribución de los cargos en la Junta Directiva del Consejo Regional y el consenso en la elección del Coordinador Regional serían algunos de esos temas. El 4 de mayo es la instalación del nuevo gobierno y el anuncio de los nuevos cargos.

¿Pre-estreno de 1996?

Es mucho más fácil mirar de dónde ha venido un caballo que prever hasta dónde llegará. Sobre todo, porque quedan muchos ríos que deberá cruzar en los próximos años. Un río es el FSLN, empeñado en forjar un consenso sólido sobre un programa electoral que contenga reales alternativas a la crisis nacional. Otro río son los cambios que, para bien o para mal, se produzcan en la crítica situación económica del país. Está también el desenlace que tengan los nuevos acuerdos políticos, que van aislando a los ultraderechistas de la UNO - a los que el PLC pertenece por sobrados méritos -.

Finalmente, un caudaloso río es el proceso judicial que está en marcha contra Alemán, acusado de corrupción y malversación de fondos de la Alcaldía de Managua.

La población de la RAAS rechazó rotundamente los cuatros años de gestión del gobernador saliente, Alvin Guthrie, que fue recientemente expulsado del Partido Social Cristiano y jefea ahora la ADECO, que sólo ganó un escaño. Pero la RAAS no cayó en el error de separar a Guthrie de la UNO, la coalición a la que pertenecía. Al quitarle a la UNO 18 de los 24 escaños que había ocupado - aun cuando la UNO cambió para las elecciones a casi todos sus candidatos -, la RAAS envió una significativa advertencia al gobierno de Managua, por todos sus pecados en la Costa, los cometidos y los de omisión.

Por otro lado, es evidente que la mayoría del pueblo costeño no le ha perdonado todavía al FSLN los errores en que cayó cuando era gobierno, aun cuando sus candidatos hicieron reiteradas promesas de defender la autonomía y hacerla efectiva.

En una región tan abatida por la crisis económica (90% de desempleo) la mayoría parece haber votado con su estómago y no con su alma de costeños. Los 300 mil dólares que se dice regó el PLC antes y durante la campaña, hicieron que los costeños olvidaran momentáneamente que fueron los liberales quienes a la fuerza los "reincorporaron" al Pacífico en 1894. Cien años después votaron por ellos, dejando a un lado su aún no estrenada autonomía. Ante el vacío de alternativas, tal vez quisieron darle otro chance a los liberales. Pero no es aventurado apostar a que en 1996, si el PLC ha hecho de las suyas con los recursos naturales que todavía quedan en la Costa, con la reglamentación de la Ley de Autonomía y con muchas cosas más, estén arrepentidos de haber votado por los liberales.

A fin de cuentas, y como algunos dirigentes políticos empezaron ya a reconocer públicamente en los días anteriores a las elecciones, sería peligroso extrapolar demasiado el caso de la Costa Atlántica en 1994 al caso de Nicaragua entera en 1996.

Aun en el caso de que en 1996 se dé una elección "entre Sandino y Somoza" (entre el FSLN y el PLC) - como pronosticó Daniel Ortega el día después de las elecciones - no será así porque así fue esta vez en la Costa. Los sandinistas costeños saben bien que la Costa es otra realidad.

Están tan convencidos que han propuesto para la discusión del Congreso del FSLN que se celebrará en mayo que se le otorgue al partido FSLN en la Costa su propia "autonomía".

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