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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 144 | Diciembre 1993
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Nicaragua

Bienvenidas a la Zona Franca

La maquila no es una vía para el desarrollo, es un remedio para paliar la crisis. Es una vía desesperada, y ojalá transitoria, para encubrir el desempleo y la miseria.

Donna Vukelich

Saliendo del aeropuerto de Managua, los visitantes tropiezan de inmediato con un gran rótulo: Las Mercedes Industrial Free Zone welcomes you to Nicaragua (La Zona Franca Las Mercedes le da la bienvenida a Nicaragua). Si van un poco más hacia el norte se encontrarán con esa "zona libre". Orgullosa, se llama también a sí misma "la nueva cara de Nicaragua".

Cuando el gobierno Chamorro tomó posesión en 1990, los nuevos funcionarios comenzaron a hablar de los "nuevos tiempos" y de la "nueva economía", predicando las ventajas del libre mercado y el futuro que le esperaba a Nicaragua al abrir su economía al comercio internacional.

Como parte de la incontenible transición hacia una plena economía de mercado, se reactivaron las zonas de libre comercio, conocidas en Nicaragua y en el resto de los países centroamericanos como zonas francas, y más recientemente como zonas de maquila.

Centroamérica: años 70

A mediados de los años 60 no existían todavía en la mayor parte de los países empobrecidos del Sur industrias ensambladoras (maquila) ni zonas francas que produjeran para el mercado mundial. Una década después, las innovaciones tecnológicas producidas en los procesos industriales de los países del Norte llevaron a una nueva división internacional del trabajo y a una industrialización de los países del Sur orientada a las exportaciones. Surgieron entonces las zonas francas.

Durante aquellos años 70, y dentro del contexto del Mercado Común Centroamericano, las zonas francas llegaron a la región. Eran concebidas por los gobiernos como mecanismos para promover el desarrollo, objetivo en el que el Estado jugaba el papel fundamental. Nicaragua fue uno de los países de Centroamérica que proyectó primero la instalación de una zona franca (1973), pero ésta no abrió sus puertas hasta 1976, con 8 empresas y 3 mil trabajadores.

Hubo incluso el plan complementario de construir un puerto de aguas profundas en la Costa Atlántica, cerca de Monkey Point, para facilitar y abaratar la exportación hacia la costa este de Estados Unidos de los productos elaborados en la zona franca. Pero ese puerto nunca se hizo realidad.

En los 80, las zonas francas de Centroamérica tenían ya mayor fuerza y se integraron en el proyecto de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe y en la posterior Iniciativa para las Américas, estrategias económicas para América Latina de las administraciones Reagan-Bush. Encajaban muy bien con el modelo neoliberal y con los programas de ajuste estructural que las instituciones financieras internacionales imponían a nivel regional. El énfasis se puso en los productos no-tradicionales y en los procesos de ensamblaje.

Según el estudio Maquila y Organización Sindical en Centroamérica, de Roland Membreño y Elsa Guerrero, "nuestros países se están convirtiendo simplemente en grandes parques industriales, abandonando cualquier pretensión de servir a la satisfacción de la demanda interna".

Actualmente hay en Centroamérica unas mil empresas maquiladoras - la mayoría textileras -, en las que trabajan 178 mil personas. Entre 1980-1991, las exportaciones de Centroamérica y el Caribe procedentes de maquilas se incrementaron en más de un 600%. En 1991, las maquilas centroamericanas proveyeron el 15% de todas las importaciones norteamericanas en ropa y textiles.

Nicaragua: años 80

Durante la década revolucionaria, Nicaragua estuvo aislada de los grandes cambios económicos que se estaban produciendo a nivel mundial y de rebote, a nivel regional. Aunque la zona franca fue irrelevante en la economía de la Nicaragua revolucionaria, siempre se mantuvo una pequeña zona franca en aquellos años. Eran principalmente fábricas de vestuario y calzado, afectadas por las mismas crisis económicas que sacudían a una economía de tiempos de guerra.

Una trabajadora de la empresa textilera ENAVES -que fue confiscada por la revolución y funcionó como parte de la zona franca en los 80- recuerda aquellos años: "Había problemas, pero había protección. Nos daban la comida, incluyendo el desayuno y la cena cuando una tenía que trabajar horas extras. Nos daban también la canasta básica y el transporte". Las empresas de la zona franca en los 80 eran estatales y por eso, sus trabajadoras se beneficiaban en forma directa -salarios- e indirecta -los numerosos subsidios que el Estado garantizaba a toda la población-. Eso marca la mayor diferencia con la actual zona franca.

Maquila textil: años 90

Buscando insertar al país en el mercado internacional, la maquila "estilo años 70" reapareció en Nicaragua desde finales de 1991. Una nueva legislación facilitó la inversión en este tipo de empresas y la zona franca funciona ya como en todos los países, como un enclave productivo, aislado y desarticulado de la economía nacional. Carlos Zúñiga -subgerente de promoción de la Corporación de la Zona Franca, ente gubernamental - no lo cree así: "Aunque la mayor parte de los beneficios que traen estas empresas se queda aquí mismo, mucha gente que no está aquí también se beneficia". La zona franca es todavía pequeña y poco significativa económicamente para Nicaragua, pero las perspectivas son de crecimiento. Y a eso apunta el gobierno.

Actualmente son 9 las empresas de maquila que funcionan en Managua y algunas más están en proceso de construcción. Casi todas son textileras. En 1994 se abrirá una fábrica para el ensamblaje de artículos electrónicos, rubro abundante en las maquiladoras mexicanas y asiáticas. Según Zúñiga, la electrónica necesita personal más calificado, que está mejor pagado. "Queremos diversificar - dice - porque la industria textilera es volátil. Cuando la mano de obra sube, las compañías se van". Esto es lo que ocurrió en Costa Rica.

Tres de las nueve empresas son inversiones de capital estadounidense, una es inversión taiwanesa -también serán taiwanesas varias de las que ahora se están construyendo- y dos son de capital de Corea del Sur. En la zona franca se confecciona fundamentalmente ropa de exportación para el mercado norteamericano, que compran grandes compañías: como K-Marts, Sears y JC Penney.

Atractivos y obstáculos

Para atraer este tipo de inversión a sus países, todos los gobiernos centroamericanos han ofrecido un abanico de incentivos y difunden en Estados Unidos sofisticada y cara propaganda en la que anuncian los pobrísimos salarios que un empresario puede pagar a sus trabajadores en Centroamérica y enfatizan las medidas legislativas que dejan virtualmente libres de obligación alguna a los empresarios de estos enclaves.

En sus documentos, el gobierno de Nicaragua anuncia que el Decreto 46-91 facilita una exención del 100% de todos los impuestos en los primeros 10 años de operaciones y el 60% a partir del año once. La gubernamental Corporación de la Zona Franca es la autoridad última en el enclave productivo. Corresponde al gobierno atraer la inversión - nacional o extranjera - y después, asegurar que permanezca en el país. Algunos afirman que, por eso, el gobierno juega un papel completamente parcializado a favor de las empresas. Ligia Orozco, de la Secretaría de la Mujer de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), señala críticamente que "la zona funciona como si fuera otro país, con leyes distintas".

Según Alicia Meneses - abogada que presta servicios en SALMO, servicio legal de la CST -, aunque las empresas que vienen a operar en la zona franca estén liberadas de impuestos, la legislación que rige en la zona estipula también que las empresas están en la obligación de obedecer todas las leyes del país. Pero afirma que la realidad es otra. "Aunque el Ministerio del Trabajo tiene por función velar por los intereses de los trabajadores, la verdad es que el MITRAB representa los intereses de estas compañías extranjeras. Ha avalado los despidos y ha avalado el maltrato", señala.

Aunque el gobierno hace todo lo posible para presentar a Nicaragua como un país muy atractivo para la inversión, no puede ocultar los obstáculos que existen. En comparación con el resto de los países centroamericanos y caribeños, hay problemas infraestructurales. Principalmente, el carecer de un puerto de aguas profundas en la Costa Atlántica, lo que obliga a las empresas a usar las instalaciones de Puerto Cortés en Honduras o de Puerto Limón en Costa Rica.

"Mucho depende de la imagen que tenga el país en términos de la productividad. Y a pesar de todo lo que ha pasado aquí, tenemos buena reputación", se consuela Zúñiga. En cuanto a los servicios (agua, luz, etc.), que fallan con tanta frecuencia en Managua, añade: "Siempre buscamos que las instituciones ofrezcan mejores servicio en la zona franca. Queremos un trato especial, porque si recibiéramos el mismo trato que recibe todo el mundo, no podríamos producir".

Trabajo deshumanizado

El trabajo textilero en la zona franca está basado en el trabajo a destajo. La trabajadora tiene que ser muy rápida para ganar bien. Seis córdobas - menos de un dólar - es por ejemplo, la tarifa habitual por poner 100 cuellos de camisa. Y cada cuello implica tres tareas diferentes: cortar, coser, planchar. "Hacer 300 cuellos diarios puedo, pero sería matarme", dice una obrera muy experimentada. Y Auxiliadora Abarca, ex-trabajadora de Fortex comenta: "Estás sentada todo el día en una banca de madera, sin respaldar. La iluminación no está muy bien, y ya al final del día no miras nada, ni el hoyito de la aguja. Además, ellos no quieren que se pierda ni un minuto".

Como se trata de un trabajo en cadena, cada vez que falta una persona o se presentan problemas en una operación, todo se atrasa y todas las obreras pagan, porque se reduce la velocidad con la que trabajan. Las trabajadoras se quejan de problemas de todo tipo, empezando por los hilos débiles, que se quiebran constantemente y lo atrasan todo. También existe hacinamiento en las mayoría de las fábricas y las obreras y sus máquinas están demasiado cerca unas de otras, lo que no sólo plantea problemas a la hora de una emergencia, sino que contribuye a que las instalaciones resulten excesivamente deshumanizadas y mecanizadas.

A pesar de todos los problemas, siempre hay trabajadoras que logran ganar bastante bien. ¿Qué pasa con ellas? Son trasladadas a otras áreas dentro de la fábrica. "Así era en ENAVES - dice Auxiliadora Abarca - y lo que pasa, cuando a cada rato te están moviendo, es que nunca podés sobresalir en ningún proceso".

Un caso típico

Una mujer, que no quiso ser identificada, trabajadora de Fortex, relata su experiencia: "Cuando solicité el puesto, tenía que llenar un formulario y decir si pertenecía a un partido político o a un sindicato. También tenía que decir cuándo había pasado mi más reciente chequeo médico.

Trabajo cortando tela. Entro a las 6 de la mañana y termino a las 5 de la tarde. A veces tengo que trabajar los sábados y también cuando hay mucho que hacer, trabajo de noche. Pagan horas extras, pero no sé cuánto me dan exactamente.

En tiempos de la revolución trabajaba en Texnicsa. Allá teníamos un comedor y también pasaban recogiéndonos en el recorrido en la mañana y en la noche. Aquí tenés que traer tu propio almuerzo y no hay receso, ni un tiempito para comer tu desayuno, y es prohibido comer adentro. Los chinos tienen su comedor, pero para nosotras no hay nada, así que comemos afuera, bajo los árboles. La disciplina aquí es dura. Hay dos supervisores siempre mirando y vigilando y eso nos crea muchísima presión.

Fue mejor trabajarle al Estado. Aquí hay demasiada exigencia y no permiten los sindicatos. Es casi imposible que te den un día de permiso. Cuando murió mi tía quería salir temprano para ir a su entierro, pero no me dejaron. Cuando me corté mi dedo en la máquina, me dieron 15 días y por esos días me pagaron sólo 138 córdobas. El seguro del INSSBI tiene que pagar el 60% de cualquier accidente y la empresa paga el resto, pero parece que cuando esto pasó, ellos no habían pagado nada al INSSBI".

¿QUÉ ES UNA ZONA FRANCA?

La definición convencional de las zonas francas se basa en un criterio de "estatus" aduanero: "Es una zona de fabricación para la exportación. Un enclave dentro de un territorio aduanero nacional, situado generalmente cerca de un puerto o aeropuerto internacional, en el cual se introducen capital extranjero, bienes, piezas y materiales sin aranceles. Los bienes importados se transforman en la zona y luego se exportan a otros sitios, nuevamente sin intervención de las autoridades aduaneras del país huésped". (UNCTAD, 1975).

Venderse al mejor postor

La extensión de la maquila es síntoma de una economía cada vez más internacionalizada y de un capital cada vez menos interesado en banderas o proyectos nacionales, mucho menos en la suerte de los trabajadores de esa nación.

El trabajo a destajo, la represión o los bajos salarios son tan antiguos como la revolución industrial que en el siglo XIX cambió el mundo. Pero la maquila representa una nueva deshumanización por ser el desempleo masivo consecuencia estructural del modelo neoliberal, lo que empuja a muchos pobres a aceptar condiciones de trabajo indignas, después de haber experimentado otras condiciones, más humanas.

Nicaragua -como el resto de Centroamérica- ocupa un lugar irrelevante en el escenario económico mundial y la única opción que plantea el actual gobierno de Nicaragua es venderse al capital privado, sea extranjero o sea "nacional", lo que significa que los trabajadores no tienen otro camino que ése: venderse en un mercado con oferta muy limitada y con demanda creciente a cualquier precio.

Sin embargo, lo que se ha visto en la maquila mexicana, bien puede anunciar una fase futura en Centroamérica. "Donde antes eran dominantes las maquiladoras con uso intensivo de la mano de obra en procesos de ensamblaje relativamente sencillos, la industria maquiladora ha ido evolucionando a la situación actual, donde se están incorporando de manera creciente tecnologías más complejas, que demandan trabajadoras más especializadas y de mayores salarios", afirma el estudio de Roland Membreño y Elsa Guerrero.

Mujeres en la maquila

La creciente complejidad, automatismo e intensificación constante del trabajo de maquila tiene serias consecuencias sobre las trabajadoras. Según Membreño y Guerrero, detrás de esta forma de trabajar se esconde "una concepción de la trabajadora, y del ser humano en general, que la reduce a una especie de dispositivo de la máquina. De ahí que sea tan importante el control del tiempo y del mismo cuerpo de las trabajadoras".

En los diarios nicaragüenses aparece un anuncio que dice: "Empresa privada ubicada en zona franca necesita personal femenino con edad de 16 a 22 años". Es casi un cliché de lo que solicitan habitualmente las zonas de libre comercio.

En Centroamérica, las mujeres constituyen el 90% de la fuerza laboral de las maquiladoras, que emplean ya al 8% de la PEA femenina a nivel regional. Esto se explica porque las maquilas más importantes de la región son textileras, industria que tradicionalmente ha sido un baluarte de la fuerza laboral femenina. Otra razón que explica esta realidad resulta preocupante: los empresarios ven a las mujeres, y particularmente a las mujeres jóvenes, como las trabajadoras ideales, por considerarlas más dóciles, más fácilmente manipulables y por esto, menos problemáticas.

En la actualidad, las mujeres mayores de 20 años son el 70% de la mano de obra que trabaja en la maquila de Nicaragua. De esa edad es el 62.5% de las que emplea la maquila en Costa Rica. La mayoría de las mujeres que trabajan en las maquilas centroamericanas son mujeres solas con hijos, lo que crea en muchas una tensión añadida: el tener que dejar solos a los niños durante la prolongada jornada laboral. Ligia Orozco señala que como casi todas las trabajadoras de la zona franca son mujeres esto crea problemas, por la concepción peyorativa que de la mujer tienen los empleadores.

En casi todas las empresas de las zonas francas de Centroamérica el maltrato físico y verbal está institucionalizado. Es común que las empresas exijan a las obreras constancia de su estado civil y que traten de averiguar si una mujer está embarazada o no al momento de contratarla. Después, las someten a exámenes periódicos de orina para que la empresa pueda darse cuenta antes que la misma mujer si está embarazada y así despedirla.

Por el mismo concepto automatizado e intenso del trabajo en la maquila, en el que cada minuto cuenta, a las trabajadoras no se les permite ir al servicio o beber agua, excepto durante los 25 minutos que se les dan para el almuerzo. Esto produce o complica infecciones en las vías urinarias. Hablando ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Alba Palacios, del Frente Nacional de los Trabajadores, caracterizó las empresas de la zona como "una permanente fuente de violación de los derechos humanos". Señaló que las mujeres estaban encerradas bajo llave en las fábricas, a las que llamó "campos de concentración", y recordó que eran registradas, hasta en su ropa interior, antes de volver a sus casas.

Viendo los problemas expecíficos que enfrentan las trabajadoras como mujeres, Ligia Orozco destaca la importancia que cobra hoy el tejer lazos de solidaridad entre las trabajadoras, lo que está empezando a suceder ya ente ellas y con el movimiento de mujeres más amplio de todo el país.

Talleres de subcontratación

Además de las zonas francas que van invadiendo Centroamérica, existe en cada país una cadena de mini-talleres vinculados con las zonas. Operando con capital privado, estos talleres no pasan a veces de ser una casa-taller, donde trabajan las mujeres de una familia. En algunas ocasiones reúnen hasta 25 empleadas. Se contrata a estas mujeres para hacer parte de un trabajo mayor que se hace en la maquiladora. En Managua, los rótulos que anuncian "maquilados y confecciones", indican la ubicación de estos talleres.

Esta forma de trabajo, llamada de subcontratación, hace perder a las obreras el entorno social y organizativo que da el estar en un lugar de trabajo y con ello, las va cerrando a la organización, a los valores colectivos y al sentimiento de ser alguien dentro de una comunidad más grande, y por eso poderosa.

En los Estados Unidos y en la industria textilera -y precisamente como una vía para quebrar a los sindicatos textileros, históricamente fuertes- está ganando mucho terreno esta forma de trabajo. Roland Membreño y Elsa Guerrero caracterizan la subcontratación como la forma "más extendida y para nuestro análisis la más importante, pues nos descubre que hoy la maquila trasciende los límites de una circunscripción territorial especial para abarcar tendencialmente cualquier parte del espacio de una nación".

Nunca ningún sindicato

Como parte de su paquete de privatización de las empresas estatales, el gobierno Chamorro cerró muchas empresas estatales de textiles, vestuario, calzado, etc. lo que aumentó el desempleo entre las mujeres, que eran mayoría entre los obreros de estas empresas. Cuando a finales de 1991 se abrió de nuevo la zona franca, casi todas las mujeres de las fábricas textileras cerradas buscaron y encontraron trabajo en estas empresas, ahora propiedad de extranjeros.

En la campaña publicitaria que desplegó en los Estados Unidos, el gobierno de Nicaragua enfatizaba lo barata que le resultaba a un inversionista adquirir una de estas fábricas. Pero, aunque hablaba y habla de empresas "privadas", el gobierno juega un papel clave y fundamental en su consolidación. Es una de las muchas contradicciones que tiene la fe dogmática en las leyes del libre mercado, que termina dejando libre sólo lo que le conviene.

Uno de los primeros cambios en la transición del capital estatal al capital privado vivida en estas empresas fue el calificar a los sindicatos como "non gratos", prohibiéndose totalmente cualquier organización sindical en la zona franca. Aunque esto es inconstitucional, el gobierno hizo caso omiso.

Ligia Orozco afirma que la CST no se opone a la inversión extranjera en Nicaragua, pero sí rechaza la explotación que prevalece en la zona franca. "Queremos organizar a las mujeres dentro del marco establecido por las leyes".

"No es que no se permitan los sindicatos -explica Carlos Zúñiga-. Es que en ningún lugar del mundo existe una zona franca en la que haya sindicatos. Un sindicato significa el cierre de la zona franca, porque, sencillamente, la inversión no viene donde hay sindicatos. Estamos trabajando con el MITRAB para resolver todo esto y para que aquí no se necesiten sindicatos".

El caso de Fortex

La empresa que ha resultado más conflictiva en la zona franca nicaragüense es Fortex, una textilera que opera con inversión taiwanesa. La fábrica ENAVES -igual que muchas otras empresas que fueron estatales durante los 80, en la zona franca o fuera de ella- cerró sus puertas en 1991. Todas las trabajadoras salieron indemnizadas y se respetó una de sus reivindicaciones: podrían quedar trabajando en la nueva fábrica, cuando ésta abriera sus puertas. Al reabrirlas, se llamó Fortex. Inicialmente, muchas de las mujeres de la antigua ENAVES entraron a trabajar allí, confeccionando blue-jeans y blusas para la exportación.

Poco a poco, por las condiciones - calificadas por ellas como difíciles e inhumanas -, algunas empezaron a renunciar. No les daban almuerzo, la jornada era más larga y más difícil que la que hacían en ENAVES, las normas eran peores y eran maltratadas. Respondiendo a las quejas de las trabajadoras, el Ministerio del Trabajo realizó una inspección en algunas de las fábricas, incluyendo a Fortex, encontrando allí varias irregularidades.

Según el MITRAB, Fortex está muy atrasada en los pagos del seguro al INSSBI, habitualmente rehusa pagar horas extras y contrata a menores de edad, que después no aparecen en ningún registro, aunque la ley establece que los nombres, edades, horas de trabajo y salarios de todos los trabajadores deben estar debidamente documentados. También observaron anomalías en el pago de salarios, con normas no fijas para regular los salarios base y las tarifas para el trabajo a destajo. El MITRAB dio a Fortex un plazo para rectificar éstas y otras violaciones.

Pero después de la inspección, la situación en Fortex empeoró. El 10 de septiembre, los trabajadores se tomaron la fábrica en protesta por la eliminación del salario base (350-400 córdobas mensuales, entre 55-65 dólares). Las mujeres alegaron que la eliminación del salario base se produjo al no querer aceptar los dueños que algunas mujeres podían trabajar más rápido y ya estaban ganando 800 córdobas al mes. El salario por algunas tareas a destajo fue también reducido a la mitad sin aviso escrito y sin ninguna consulta o discusión. Las trabajadoras exigían acceso a una escala salarial por trabajo a destajo, pagos quincenales, un comedor en la fábrica y transporte.

Aunque la toma de la fábrica era pacífica, se volvió violenta cuando aparecieron los dueños taiwaneses y algunos administradores. Cuatro personas - trabajadoras y representantes de la CST nacional - fueron golpeadas por los dueños, y las mujeres denunciaron que uno de ellos disparó su pistola hacia el aire para intimidarlas.

Un asunto de dignidad

Tras la breve toma, las trabajadoras formaron un sindicato y una comisión técnica para reunirse con los dueños y representantes del MITRAB y resolver la situación. Pero según ellas, después de que el dueño taiwanés Steven Chang hizo algunas gestiones con la policía, desapareció todo el expediente policial sobre los acontecimientos del 10 de septiembre. Auxiliadora Abarca, en aquel momento miembro de la comisión técnica, declara: "Mientras los expedientes estuvieron en la policía, cambió el trato en la fábrica, mejoró algo. Pero poco después los chinos amanecieron como eran antes de duros. Nos extrañó. Luego supimos que habían desaparecido los expedientes". Las mujeres alegan que los dueños les han advertido que están "quemadas" y que no encontrarán trabajo en ninguna otra empresa de la zona franca.

Fortex se negó a reconocer el sindicato, aduciendo que sus clientes extranjeros, los que les suministran materia prima, dejarían de hacerlo si los taiwaneses permiten que se organice un sindicato. Después de negociaciones entre el sindicato, los dueños y el MITRAB, Steven Chang firmó un acuerdo con las trabajadoras prometiendo respetar las leyes laborales nicaragüenses y acordando un salario mínimo de 400 córdobas y la constitución de un equipo técnico para elaborar y comunicar las normas de producción. Pero solamente a un mes de la firma, 10 trabajadoras fueron despedidas y los salarios por trabajo a destajo fueron de nuevo recortados.

Como resultado, y en respuesta a lo que calificaron como presión constante e intransigencia por parte de los dueños, más de 200 trabajadoras renunciaron a sus empleos el 14 de octubre. Funcionarios del MITRAB reconocen la justicia que hay en las quejas de las mujeres, pero afirman que no pueden hacer nada, por ser sus renuncias voluntarias.

"Cuando renunciamos -dice Auxiliadora Abarca- estaban despidiendo a 6 personas y habían desaparecido 4 líneas en menos de una semana. Eso quiere decir que cada mujer tiene que trabajar mucho más. Por ejemplo, un cuello implicaba ya 6 ó 7 tareas. Y si a la que tiene que planchar el cuello le dan una plancha defectuosa, pierde más tiempo. Son cosas pequeñas, pero influyen directamente en nuestra economía". Abarca calificó la renuncia como "un asunto de dignidad." "Lo que queríamos era estabilidad laboral y psicológica, pero no se podía", afirma dignamente.

Una vía desesperada y un desafío

En muchas sentidos, las zonas francas son parecidas a los "company towns" que se levantaron en torno a las minas de carbón y cobre de los Estados Unidos en los años 30 y 40. En ellos se impuso y se mantuvo una relación de autoritarismo paternalista entre los empleadores y la fuerza de trabajo por la que los dueños conservaban un poder total, incluyendo el de cerrar completamente sus fábricas de un día para otro convirtiendo así a poblaciones enteras en pueblos fantasmas.

Aunque los salarios promedios de la maquila nicaragüense no dan para una canasta básica, la situación actual de desempleo es tan crítica que muchas trabajadoras, aunque quisieran, ni piensan en actividades sindicales, por miedo de perder lo poco que tienen. El gobierno se aprovecha de esta situación y le añade la amenaza de que si no aceptan la situación dócilmente, y mantienen la "buena reputación" del país, las fábricas se irán a otros países.

"La maquila surge en el contexto de la crisis económica regionales, no para el desarrollo, sino para cimentar un tipo de explotación. Constituye, en este sentido, una vía desesperada, y ojala transitoria, de paliar de la peor forma posible el alto desempleo de la región y los niveles críticos de pobreza," comentan Roland Membreño y Elsa Guerrero.

Ligia Orozco afirma que "el gobierno quiere maquilizar el país." En la zona franca los comentarios no contradicen esta perspectiva. Actualmente, trabajan en la zona franca unas 3 mil personas y la corporación gubernamental espera que sean 6 ó 7 mil a fines del 94. "Creemos que va haber un crecimiento grande de la zona franca en Nicaragua", opina Carlos Zúñiga. Y relaciona sus expectativas con el recién aprobado Tratado de Libre Comercio: "Todos los analistas, tanto en México como en los Estados Unidos, creen que va a ser muy beneficioso para Centroamérica. Porque la mano de obra en México va a disparar sus precios y los empleadores buscarán abaratar su costo y vendrán hacia acá. Además, México no esta preparado para satisfacer toda la demanda que va a haber." Los sindicatos y las organizaciones populares tienen por delante y muy pronto un enorme desafío.

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