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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 139 | Julio 1993
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Nicaragua

Walagallo: corazón del mundo garífuna

El rito del Walagallo es el centro de la vivencia religiosa del pueblo garífuna. Es también el alimento de su resistencia histórica.

José Idiáquez

Las ceremonias religiosas son unas de las más visibles y dramáticas formas de expresión popular en América Latina. En muchas de estas ceremonias, los diferentes pueblos y grupos étnicos han mezclado sus ritos y creencias con los rituales de la Iglesia católica. Por toda América Latina, los grupos indígenas, afro-americanos y campesinos invocan a sus santos, mantienen el contacto entre vivos y muertos, reconocen el paso de una etapa de la vida a otra y así fortalecen sus lazos familiares, étnicos, regionales y nacionales.

Para los garífunas de Nicaragua, el walagallo es una lucha colectiva para enfrentar la enfermedad. En esta experiencia ritual, los garífunas muestran que la intercesión de los ancestros y la alianza con Dios son las claves para enfrentar el enigma de la enfermedad que puede conducir a la muerte. En el walagallo los garífunas como grupo étnico luchan por curar a un enfermo y proclaman de manera radical su identidad y cohesión en torno a los ancestros. A través del rito y sus símbolos - la oración suplicante, la danza, los tambores, la comida- como un solo cuerpo de vivos y muertos o no sólo intentan proteger dla vida de un miembro del grupo, ancestral y el presente. El rito es también un grito de unidad y de protesta ante la injusticia y la opresión socio-racial que han sufrido a lo largo de su historia. Con Don pedro Casáldaliga podríamos decir que en el rito del walagallo Dios se presenta con "rostro autóctono, de indio-afro-latinoamericano".

Sobrevientes de un naufragio

La historia de los garífunas empieza en las costas de Africa Occidental, hacia mediados del siglo XVII, cuando los gobiernos europeos tenían ya un muy bien organizado comercio de esclavos. Entre 1640 y 1670, dos barcos - no se sabe si holandeses o españoles - naufragaron frente a las costas de la pequeña isla de San Vicente, en el arco que forman las Antillas Menores. La historia de aquellos africanos, que venían a trabajar en las plantaciones de algodón y caña de otras islas del Caribe, cambió inesperadamente. Los sobrevivientes de aquel naufragio son los antepasados de los garífunas.


En San Vicente, isla que se disputaban Francia e Inglaterra, vivían los caribes rojos, pueblo surgido del cruce de los indígenas caribes ? habitantes originarios ? y los indígenas arawak ? llegados de América del Sur ?. Cuando supieron del naufragio, los caribes rojos rescataron a los africanos, aunque con intenciones de esclavizarlos. Pero aquellos "salvados de las aguas por la protección de Dios" ? como ellos afirman ? se resistieron. Es el primer sello de la identidad garífuna: un grupo étnico que en los 300 años siguientes se forjará en la resistencia a toda forma de dominación.

Los africanos eran físicamente más fuertes que los caribes rojos y los conflictos entre los dos pueblos se hicieron frecuentes y crecientes. Los caribes rojos decidieron librarse de aquellos negros advenedizos y tan diferentes en costumbres a ellos, asesinando a todos los varones, desde los recién nacidos. Al descubrir esto, los africanos huyeron a las serranías nororientales de San Vicente, donde fundaron comunidades cimarronas. El nuevo "territorio liberado" atrajo a otros muchos africanos que llegaban a América como esclavos, pero lograban escapar de los europeos. La palabra garífuna ? con la que muy pronto se conocerá a estos cimarrones enmontañados ? es un derivado del vocablo karibe o galibi, que evolucionó hacia karibena galibina (hijo de caribe, oriundo de galibi). El vocablo sufrió más cambios morfológicos (karibana, galibina, galíbuna, caliponan) hasta convertirse en garífuna.

Guerras, paz, deportación

A comienzos del siglo XVIII, los caribes rojos ? convencidos de su debilidad frente a los africanos ? solicitaron el apoyo de los franceses para enfrentarlos. Pero una fuerza naval francesa, venida desde Martinica para desalojar de las montañas a los garífunas, tuvo que retirarse ante emboscadas y ataques caracterizados por el arrojo y la astucia.

Los franceses intentaron entonces otra vía: la persuasión. De Francia llegaron a San Vicente misioneros para "pacificar" a los garífunas, convirtiéndolos al catolicismo. Surge entonces otro sello característico de este pueblo. Se convirtieron, pero al hacerlo fueron tan audaces como lo habían sido en la guerra. Incorporaron los símbolos cristianos a sus creencias religiosas africanas y con rapidez y naturalidad comenzaron a vivir una religión que era una interesante mezcla de tradiciones africanas y católicas. Cuando unos años después, misioneros protestantes ingleses intentaron convertirlos al protestantismo, fracasaron por el arraigo que ya tenía el catolicismo entre ellos. Durante 300 años han sido tenazmente fieles a su religión.

El tratado de paz de 1763 entre Inglaterra y Francia anexó los casi 400 kilómetros cuadrados de la isla de San Vicente al imperio inglés. De inmediato, los ingleses intentaron desalojar por la fuerza a los garífunas de sus extensos y fértiles territorios. Pero aquel pueblo era ya muy numeroso y había fraguado una firme identidad étnica y religiosa, que le daba la convicción de que tenían que defender aquellas tierras, entregadas por Dios y fecundadas ya con la sangre de sus antepasados. Por eso se decidieron a lanzarse a la guerra contra los ingleses.

Nadie ganó, nadie perdió y en 1773 los garífunas hicieron la paz. Una paz muy frágil, porque a finales del siglo los ingleses decidieron deportar por la fuerza a sus adversarios. En abril de 1797 los garífunas arribaron a la isla de Roatán, en Honduras. Muchos de ellos murieron en la trayectoria debido a las epidemias y a la falta de alimentos. El objetivo de los ingleses era doble: deshacerse de una población tan rebelde y ocasionarle problemas a los españoles, sus enemigos en la región.

Pronto comprobaron los españoles que aquel era un pueblo trabajador y pacífico y permitieron a los garífunas instalarse a lo largo de la costa atlántica hondureña. Sus nuevos territorios tenían su centro en la ciudad de Trujillo y se extendían por el sur hasta Stann Creek en Belice. Llegaban a tierras centroamericanas los garífunas como expertos agricultores y pescadores y con una experiencia también amplia en el trato con europeos, indígenas y población negra de habla francesa e inglesa. Pero a pesar de los cien años transcurridos y de estos múltiples contactos y mezclas, llegaban también con su lengua y sus tradiciones intactas.

Expertos en hacer alianzas

Al llegar a tierras hondureñas, los garífunas se encontraron con una guerra que estaba en marcha y que enfrentaba a ingleses y españoles, ansiosos ambos de obtener el control de las costas de Honduras y del resto de Centroamérica, estratégicas para el comercio. Empezaba de nuevo una repetida historia de dolor. Pero también se repetía en ella la acción salvadora de Dios, que cuida de su pueblo por medio de los ancestros.

Muy pronto los españoles decidieron que los garífunas serían buenos soldados en su ejército y los garífunas descubrieron, también muy rápidamente, que tendrían más oportunidades de sobrevivencia si se aliaban con los españoles, más numerosos en aquellos territorios que los ingleses.

En 1807, cuando Inglaterra decidió poner fin a su participación en el comercio de esclavos, muchos de los africanos esclavizados en la región se dispersaron y esto provocó escasez de mano de obra a los españoles, que además de reclutar a los garífunas para su ejército, intentaron ponerlos a su servicio como esclavos. La alianza españoles?garífunas llegó a su fin, iniciándose entonces un ambiente hostil y de desconfianza hacia los garífunas.

Las reformas liberales del XIX ? especialmente los cambios en la tenencia de la tierra, con la eliminación de los derechos comunales ? afectaban la sobrevivencia del pueblo garífuna. Por otro lado, la hostilidad de los liberales hacia la Iglesia Católica contribuyó a legitimar todavía más la oposición de los garífunas al liberalismo. Por sus tierras y por su religión combatieron a la par de los conservadores. Y cuando los conservadores fueron derrotados por las fuerzas militares al mando de Morazán, sonó para ellos la hora de que la historia iniciara un nuevo ciclo. Los garífunas volvieron a fundar comunidades cimarronas en Honduras e iniciaron su éxodo hacia la Costa Atlántica de Nicaragua.

Nicaragua: un comienzo nada fácil

Los garífunas llegaron a las costas nicaragüenses a partir del año 1832, aunque tardaron en establecerse en un lugar fijo. En 1860 había ya población garífuna cerca del puerto de Greytown, hacia el sur de Bluefields y en 1880 los garífunas se instalaron permanentemente en las cercanías de la cuenca de Laguna de Perlas. Un año después, el líder religioso Juan Sambola fundó allí el que fue el primer poblado garífuna en tierra nicaragüense. Lo bautizó con el histórico nombre de San Vicente.

En aquellos años, la Reserva de la Mosquitia, que tenía en Bluefields su capital, era prácticamente un enclave de compañías norteamericanas (madera, oro, banano, caucho). La histórica hegemonía comercial de los ingleses había pasado a manos norteamericanas y ya en 1880, entre el 90 y el 95% del comercio de la región estaba en manos de inversionistas estadounidenses.

Los creoles ? mezcla de africanos, europeos y amerindios ? fueron el grupo étnico más cercano a los nuevos amos de la Costa y pronto el inglés creole se convirtió en la lengua franca de la zona. El auge de los creoles iba a la par del descenso de la hegemonía política y económica de los mískitos. Su alianza con los ingleses había sido la clave del poderío del pueblo mískito, muy hegemonista, lo que obligó a otros grupos indígenas ? los sumos, por ejemplo ? a asimilarse a esta etnia dominante o a desplazarse a áreas alejadas del dominio mískito. Estas tensiones entre las etnias, relacionadas con los cambios sociales y económicos en la Costa, impidieron a los garífunas asentarse establemente a su llegada a Nicaragua.

Así narra e interpreta aquellos difíciles comienzos don Pedro Vado, patriarca de Orinoco: "Al comienzo no fue fácil encontrar un lugar tranquilo donde poder vivir. Tuvimos que andar huyendo de un lugar a otro para no tener problemas. Mi bisabuelo me contaba que la gente nos llamaba trujillanos, por desprecio. Pero todo lo que nos pasa a nosotros ya le pasó antes a Jesús y le pasó igual a nuestros ancestros, en San Vicente y en Trujillo. Jesús también padeció. A él lo humillaron, no le dieron lugar donde nacer y hasta lo mataron. En aquellos años difíciles también comienzan a morir los primeros garífunas en Nicaragua. Las enfermedades, las epidemias, la vejez: esas cosas siempre se nos pegan rápido. Entonces comenzaron a ser enterrados en tierra nicaragüense nuestros antepasados. Y ya los garífunas le vamos tomando amor a estas tierras de la Costa de Nicaragua. Cuando alguien tiene un familiar enterrado en un lugar, uno le agarra más amor a ese lugar, como que uno tiene algo que le pertenece en esa tierra."

Walagallo: en el centro

La religión fue desde el primer momento la energía que alimentó la resistencia de los garífunas. Y especialmente, el culto a los ancestros, expresado en el rito del Walagallo, que celebraban ya en sus comunidades cimarronas, estuvo siempre en el centro de sus creencias y de su rebeldía.

El Walagallo (danza de los gallos) es un rito practicado por los garífunas de Nicaragua. Es conocido como Dügu por los garífunas de Honduras y Belice. En la mayoría de las ocasiones, el objetivo central de este rito es la curación de una persona que está grave y con grandes posibilidades de morir, al estar poseída ?en aparente contradicción, dado su papel bondadoso? por un gubida o espíritu ancestral. El espíritu puede ser el de la mamá, el del papá, el de la abuela (o), o el de algún familiar cercano al enfermo(a). En otras ocasiones, se trata de curar enfermedades "enviadas directamente por Dios", las causadas por las limitaciones físicas naturales de la condición humana. Cuando la persona se enferma y ha agotado todos los medios comunes para curarse y ante la posibilidad de la muerte, la realización del rito del Walagallo se convierte en el último recurso para salvar la vida.

El desarrollo y el éxito del rito están sujetos a un conjunto de normas enmarcadas dentro de la tradición garífuna. El enfermo(a) y los familiares acuden al suquia. Este, a través de sueños, tiene el poder de comunicarse con los espíritus de los ancestros, que le comunican si se debe realizar o no el Walagallo. "Son los espíritus de los familiares de los enfermos los que me indican cómo debo proceder", afirma Isidro Zenón, el suquia de Orinoco. Como principal celebrante, el suquia es el responsable de que el rito se desarrolle correctamente y de transmitir los deseos de Dios, expresados a través de los ancestros.

Más tiempo de vida o vida en el más allá

Más tiempo de vida es lo que busca primariamente el Walagallo. Sea porque se logra la curación del enfermo y con ella, el cambio de una conducta desviada tras aplacar al ancestro. O, en el caso de enfermedades naturales "enviadas directamente por Dios", porque los gubidas han obtenido de Dios el permiso para la prolongación del plazo de la vida. Pero si el Walagallo no logra la curación del enfermo y la muerte aparece en escena, la realización del ritual logra para el enfermo una muerte en "buena ley", una muerte llena de sentido en el ámbito sociocultural del grupo étnico.

Los garífunas explican así las causas que originan la realización del Walagallo: "Cuando una persona ha desviado su conducta entonces le cae la enfermedad. Esa se la manda el espíritu de un familiar que no quiere esa mala conducta. Eso sucede cuando uno hace cosas malas, provoca pleitos entre vecinos, en la familia, cuando uno es envidioso. Y hasta lo pueden matar y puede matar a otros. Es como cuando alguien no le hace caso a sus padres y lo castigan por esa mala conducta. La persona no sabe de dónde viene esa enfermedad. Pero son los espíritus enojados los que se han metido en esa persona causando esa enfermedad."

En este caso, el espíritu del familiar difunto tiene una clara función de control social: rige y sanciona la conducta de su familiar. Es el espíritu de la mamá, del abuelo(a), del papá, o de algún familiar cercano, el que trata de proteger al individuo provocándole una enfermedad que le lleve a cambiar de vida. Se podría decir que, enfermándola, los espíritus gubidas intentan reprender y cambiar las acciones de un wuribati (persona malvada) o de una persona que ha desviado temporalmente su buena conducta. El comportamiento de estas personas afecta la vida de la familia y atenta contra la unidad y cohesión del grupo étnico.

Esta manera de entender la enfermedad implica la convicción de que los antepasados, aún después de muertos, tienen autoridad sobre sus hijos y nietos. Y comprueba el grado de incidencia y participación que tienen los ancestros en la vida personal y social del garífuna.

La enfermedad "de Dios"

Con el rito del Walagallo la familia y el grupo étnico tienen como principal objetivo complacer a los ancestros. Una vez aplacados, éstos transmiten a Dios las súplicas de los familiares vivos para que el enfermo se cure e inicie una nueva vida. Con la mediación de los ancestros, la familia y el grupo étnico rescatan a un individuo que, al cambiar de vida, se convierte en un idehati ( servidor de la etnia).

Es distinto el caso de una enfermedad adquirida por las limitaciones naturales de la condición humana. Como dice un anciano garífuna:

"Esta enfermedad no es por tener una mala conducta. Es una enfermedad de Dios. Es una enfermedad grave, que parece de muerte, pero que no lo es. Los espíritus gubidas protegen al familiar enfermo. Y ellos pueden pedir el Walagallo para ver si se salva la persona. En el Walagallo se tiene que contentar a los espíritus gubidas. Hay que hacer la comida que ellos piden, porque los espíritus comen y beben las cosas que a ellos les gustaban en vida. Pero eso es en el Walagallo. Y si todo sale bien, la persona se puede salvar. El Walagallo es como una medicina para los garífunas. Los espíritus de nuestros antepasados están cerca de Dios. Son escuchados por El y así protegen la vida de nosotros."

Ante el caos y la angustia en que se encuentra el enfermo, los ancestros se convierten en el último recurso en la lucha por aliviarlo y neutralizar la enfermedad. El enfermo que se ve en peligro de muerte, encuentra en el espíritu gubida al intercesor más efectivo ante un Dios que es fuente de vida. En este caso, aunque los ancestros no tengan una participación directa en la provocación de la enfermedad, juegan el papel de intercesores ante Dios para la curación de su familiar.

También aquí el espíritu gubida se introduce en el cuerpo del enfermo. Pero en este caso, el móvil es otro: el ancestro no está reprendiendo a la persona enferma. Lo protege y lo acompaña. Siempre es esta la función de los ancestros con sus familiares vivos: ayudarlos a sobrevivir en el terror de la historia, darles esperanza contra toda esperanza. Esperanza en la que coexisten la conciencia de la precariedad de la vida y la negación a admitir que esa enfermedad se convierta en algo definitivo.

En caso de que, pese a todo, la muerte se haga presente, el rito del Walagallo prepara para una muerte en "buena ley". Siguiendo el ritual se puede alcanzar la vida en el más allá. En palabras de un garífuna:

"Si los espíritus le piden hacer el Walagallo y usted no lo hace, entonces es peligroso. Eso puede irritar a los espíritus gubidas. Y los malos espíritus pueden agarrar el alma de esa persona. Entonces, la enfermedad se puede hacer como una cadena en la familia. Si usted hace el Walagallo y se muere, uno queda sufriendo por ese familiar que muere. Pero uno se siente más tranquilo porque los espíritus gubidas lo protegen. Esa persona salva su alma porque cumplió con lo que el espíritu había pedido. El gubida está en el cuerpo de ese enfermo. Y esa persona salva su alma y no andará penando porque va a estar con Dios".

Los espíritus gubidas

Nuevamente, los espíritus gubidas poseen el cuerpo de la persona. De igual forma, al no cumplir con las peticiones de los ancestros, existe la posibilidad de que éstos puedan enojarse. Y al no contar con la protección de los gubidas, se corre el riesgo de caer en manos de los malos espíritus. De este modo, se pierde la posibilidad de alcanzar una vida en el más allá, al lado de Dios y los ancestros.

Según la tradición garífuna, hay diversos tipos de espíritus gubidas:

"Los espíritus que protegen, a esos se les llama ounigirey. Es como un angel de la guarda que acompaña y protege. Están los espíritus que acompañan al que muere. A esos los llaman uvaraluma. Son los gubidas que vienen a llevarse a la persona enferma que muere y la acompañan en su viaje al cielo."

El rito del Walagallo da un sentido de seguridad al que lo realiza. Al agradar a los ancestros, quien pone en práctica este rito tiene el convencimiento de que tendrá un doble efecto: más tiempo de vida o vida en el más allá.

Ante las enfermedades que culminan con la realización del Walagallo hay una conclusión clara para el garífuna:

"Nunca podemos salir perdiendo si hacemos el Walagallo. El espíritu de nuestros padres y abuelos siempre nos protege. Ellos sufren cuando tenemos una mala conducta o cuando estamos en algún peligro. Cuando los espíritus piden un Walagallo, todo depende de la fe que se tenga para que uno se cure. O para que uno gane la vida eterna. Sin fe es mejor no hacer el Walagallo porque no sale bien. Hay que cumplir lo que ellos ordenan."

La construcción del mundo de los ancestros

Una vez que el suquia confirma que los espíritus gubidas están solicitando la realización del Walagallo para la curación, los familiares del enfermo dan inicio a una serie de actividades en la que se involucra a toda la comunidad. Todos los parientes y la comunidad étnica deben dar su contribución para la puesta en marcha del rito. La ayuda puede ser con dinero o comprometiéndose a dar la comida que se ofrece en la celebración, o regalando los gallos y gallinas que serán sacrificados durante el rito, o facilitando medios de transporte y materiales para la construcción del lugar donde se llevará a cabo la celebración ritual, o participando en la danza y en el coro, o en la ejecución de los tambores, etc. Se llega a solicitar la presencia de familiares que viven fuera del país.

Todo el grupo étnico se pone en movimiento, superando divisiones familiares, conflictos matrimoniales, tensiones entre vecinos, etc. Según el suquia Isidro Zenón:

"Todas las cosas que piden los espíritus deben estar en su lugar para el éxito del trabajo en el Walagallo. La participación de los amigos y familiares es muy importante. Este es un trabajo de todos los garífunas. Si uno está muy pobre y no tiene nada, puede ayudar en muchas cosas. Pero todos tenemos que ayudar en algo. Son los espíritus de nuestros familiares difuntos los que nos piden eso para curar al enfermo."

El éxito de la acción ritual, depende en gran medida, del trabajo y el apoyo de los familiares y del grupo étnico. Como norma del rito, el enfermo debe tener un padrino y una madrina(ebénenei). Los padrinos no sólo son parte esencial en el desarrollo del rito, sino que, por la cercanía y confianza con el enfermo, representan la aceptación y el apoyo que la comunidad da al enfermo y a su familia. Como miembros del equipo del suquia, son los interlocutores entre éste, el enfermo y los participantes. Los padrinos se encargan de recibir a los familiares y amigos y los alimentos y regalos que llevan al enfermo. Por lo general, son los espíritus los que le comunican al suquia quiénes deben ser los padrinos del enfermo. En otros casos, la persona enferma escoge a sus padrinos. La misión de los padrinos es expresar solidaridad con el enfermo y la familia y lealtad a las peticiones de los ancestros. La combinación del apoyo parental, de la acción ritual y de la fe del enfermo constituye la clave para lograr la curación o la aceptación de una "buena muerte".

Celebrar la vida

Al responder al llamado de los ancestros a la realización del Walagallo, el enfermo y el grupo étnico expresan también su fe y su compromiso de salir adelante.

El Walagallo es una celebración de todos los garífunas como familia. Es toda la raza la que se reúne con los espíritus gubidas. Allí nos sentimos entre hermanos. Si usted está peleado con un hermano o un familiar y no se hablan, allí vuelve la amistad. No hay odio ni pleito en ese momento. Se olvidan los disgustos y los enojos. Así los espíritus de los difuntos se alegran. Somos todos los garífunas los que ayudamos al enfermo. Vienen familiares del enfermo de otros lugares, que tal vez tenían muchos años de estar fuera. Lo importante es que todos colaboremos y el enfermo tenga mucha fe.

En el rito del Walagallo es todo el grupo étnico el que lucha por la salvación del enfermo. Para el garífuna es muy importante no ser excluído de dicho grupo. Estar excluido por un mal comportamiento puede significar para el garífuna la condena a una muerte en soledad. El Walagallo es una ocasión de encuentro entre las viejas generaciones garífunas con las nuevas generaciones y en algún sentido, con las generaciones futuras, pues la participación de los niños en determinado momento del rito es de gran importancia. El Walagallo es un rito de "acción de gracias", en el que los vivos y los muertos celebran la vida. En síntesis, el llamado de los ancestros a la acción ritual del Walagallo es un medio de fortalecer los lazos familiares y de consolidar de la identidad étnica.

La construcción del dibasen

Para la realización del rito es necesario construir una casa(dibasen) en un lugar que no haya sido habitado por seres humanos. El dibasen es de forma rectangular y sus medidas pueden variar, aunque generalmente son 5 metros de ancho y 5.50 metros de largo. El dibasen ?construcción simbólica del universo garífuna? es eficaz en la medida en que reproduce el "mundo de los ancestros". Es el espacio ancestral que se transforma en esperanza para el enfermo, desorientado ante la posibilidad de la muerte. La construcción del dibasen no sólo refleja el intento de poner orden ante el caos que produce la enfermedad. Busca también santificar el universo garífuna haciéndolo al gusto de los ancestros.

Este lugar es una especie de fuente inagotable de fuerza y sacralidad. Con sólo pasar el umbral de su puerta principal, el garífuna participa de esa ética y mística ancestral. De este modo, lo sagrado se convierte en "algo añadido a lo real y más elevado que eso".

La curación y la vida del enfermo son también regeneración y vida para la etnia. Al crearse su propio mundo, el garífuna asume la responsabilidad de mantenerlo y de renovarlo, al igual que asume la responsabilidad de cuidar al enfermo hasta que alcance su total recuperación. Así, la re?creación del mundo garífuna a través de la construcción del dibasen simboliza la regeneración y el inicio de la nueva vida que tanto el enfermo como el grupo étnico buscan alcanzar a través del rito del Walagallo.

Toda construcción y toda inauguración de una nueva morada equivale en cierto modo a un nuevo comienzo, a una nueva vida. Y todo comienzo repite ese inicio primordial en que el universo vio la luz por vez primera. Sólo es posible recrear la salud del enfermo mediante la repetición simbólica de la creación del mundo, modelo ejemplar de toda creación. Esta creación hace posible la conexión entre la tierra y el cielo.

Así lo explica un anciano garífuna:

"Después que se cura el enfermo todos nos alegramos. Es toda la raza la que se siente con vida, porque la persona enferma ha recuperado la salud. Se pudo haber muerto con esa enfermedad, pero después del rito sigue con nosotros. Y los espíritus gubidas se alegran porque los complacimos a ellos. Hicimos las cosas que ellos nos enseñaron. Ellos así luchaban contra las enfermedades y así lo tenemos que hacer nosotros. Dios desde los cielos escucha nuestras oraciones, los cantos, los tambores, y todas las cosas que usamos en el Walagallo. Dios nos escucha y nos ve. El está en los cielos y ve que lo que hacemos en el Walagallo es de corazón sincero. Dios ve que pedimos de corazón que se cure el enfermo. Por eso en el dibasen no deben entrar los malos espíritus. Y allí están los espíritus gubidas con nosotros. Ellos viven con Dios en el cielo. Pero cuando construímos el dibasen ellos están especialmente con nosotros. Así creemos los garífunas".

Esto da una idea de la importancia que tiene el dibasen para el exito de la acción ritual. El dibasen es eficaz en la medida en que reproduce el "mundo de los ancestros", que representa para el garífuna el orden ante el caos que produce la cercanía de la muerte. En el dibasen o mundo de los ancestros la tierra tiene un lugar preponderante. Es uno de los ejes del universo garífuna. Y como tal, juega un papel fundamental en el proceso curativo del enfermo.

La tierra: base del mundo de los ancestros

Dentro del rito del Walagallo se puede afirmar que la tierra es fuente de vida, tanto para el enfermo como para los ancestros, a la vez que es revitalización y regeneración para el grupo étnico. Al ser fuente de vida para el grupo étnico ?entendiendo a éste como la convivencia comunitaria entre vivos y muertos?, la tierra se convierte en el objetivo codiciado por los malos espíritus (guibatimafuya), que quieren la muerte y la destrucción de la etnia. Esto explica que en el rito del Walagallo la tierra sea el elemento fundamental que los ancestros y toda la etnia luchan por defender.

En la construcción del dibasen, el piso debe de ser de tierra. Esta es una regla esencial del rito. En el centro de la casa ritual se erigen dos cúmulos de tierra, en forma de tumba, que son el corazón del Walagallo o lanigi Walagallo. Entre los garífunas existe la creencia de que los ancestros están místicamente apegados a la tierra que pisaron. Sus restos están en esa tierra. Existe una fuerte asociación ancestro?tierra. Más aún, se cree que durante el rito del Walagallo las voces de algunos de los ancestros emanan de los dos cúmulos de tierra o lanigi Walagallo. Dentro del dibasen, la tierra se convierte en base del universo garífuna.

Doña Dominga Velázquez lo explica así:

"Los dos montoncitos de tierra se llaman mua y tienen forma de tumba. Así es la creencia garífuna y no pueden faltar en el Walagallo. El lugar donde están los mua es el lugar clave del dibasen. Allí el suquia echa humo de bubé con su pipa, para alejar a los malos espíritus de esa tierra. Si no están esos dos cúmulos de tierra, eso quiere decir que no se está haciendo bien el Walagallo. Esa tierra es importante para que la persona enferma se cure. Encima de esa tierra se ponen unos huacales con chicha, guaro y comida. Eso lo toman y comen los espíritus gubidas. También toma y come la gente que baila, canta y ayuda en el trabajo del Walagallo. El baile tiene que ser en piso de tierra. Alrededor de esas dos cúmulos de tierra también se baila. A los espíritus no les gusta subir en casa de tambo porque se hace mucha bulla y no entran cuando hay bulla. La tierra es lo que agrada a los espíritus gubidas. La tierra es muy importante para nosotros los garífunas. Por eso le digo que si faltan esos dos cúmulos de tierra, el Walagallo no se está haciendo bien. Todas estas cosas son secretos que nos enseñaron los garífunas que ya murieron. Y esas reglas hay que cumplirlas para que el trabajo se haga bien".

La tierra?madre contiene símbólicamente todos los elementos que son vida. En la tierra como fuente de la vida se guardan y protegen los restos de los ancestros. En el rito del Walagallo, la tierra no sólo los protege y guarda, sino que continúa alimentando a los espíritus gubidas y a toda la etnia. Por eso, las bebidas y las comidas que beben y comen los ancestros y sus familiares vivos se colocan encima de los cúmulos de tierra. Por eso, la danza se realiza en torno a esa tierra. En definitiva, en el Walagallo todo lo que es vida no puede estar desligado de la tierra.

La tierra es además el campo de batalla entre los buenos y los malos espíritus que luchan por apoderarse de la tierra ancestral. El dibasen es así el lugar en torno al que se libra una lucha para defender la tierra de los ancestros. Así explican por qué son dos los cúmulos de tierra:

"Son dos cúmulos de tierra como tumbas, porque uno representa el lugar que pertenece a los espíritus gubidas y el otro cúmulo sería el lugar donde iría el enfermo si se muere. Entonces, el suquia tiene que defender el cúmulo de tierra donde iría el enfermo. Allí se echa el humo de bubé con la pipa del suquia. Para alejar a los malos espíritus de esos cúmulos de tierra. El suquia tiene que expulsar los malos espíritus del dibasen. Ellos pueden causar muerte porque han desobedecido a Dios. Y todos bailamos alrededor de donde está la tierra y se van los espíritus malos. Solo queremos a los espíritus de nuestros familiares. Los malos espíritus debemos expulsarlos".

Es toda la etnia la que, junto con los espíritus de los familiares difuntos, lucha por expulsar del mundo de los ancestros a los malos espíritus, los espíritus que representan el proyecto del diablo. Son muerte y atentan contra la vida del enfermo y del grupo étnico. Por esto, hay que defender el cúmulo de tierra donde simbólicamente iría el enfermo en caso de muerte. La expulsión de los malos espíritus de ese territorio significa salud para el enfermo y regeneración para la etnia. En definitiva, simboliza la victoria de Dios sobre el proyecto del diablo. La tierra es también un medio de comunicación a través del cual los espíritus se comunican con el suquia.

Volver a la tierra

Al ser la tierra el lugar donde descansan los restos de los ancestros, ésta se convierte en su más cercano punto de contacto y de comunicación. Para el garífuna, la tierra no sólo se convierte en protectora, sino también en un medio a través del cual se puede comunicar y complacer a los espíritus gubidas.

Una mujer garífuna del barrio Cristales, en Trujillo (Honduras), explica:

"Hay casos en que un familiar que muere, se le revela en sueños y le dice que quiere bañarse. Puede ser que haya muerto violentamente o no dio tiempo de bañar su cuerpo. Entonces, los espíritus piden el baño. Cuando eso pasa, entonces se abre un hoyo en la tierra. Es por ese hoyo que se hace en la tierra que podemos complacerlos. Una vez que está abierto el hoyo, que puede ser en el patio de la casa, entonces llama a los vecinos y familiares. Luego vamos al río y traemos agua en un balde. También rayamos yuca, que es el pan del garífuna. Y ese jugo de la yuca lo ponemos al lado del hoyo. Luego, cada uno de los que estamos presentes agarramos un poquito de agua del balde y lo vamos echando en el hoyo. Esa agua se echa con un huacal. Allí ponemos un peine, una toalla, un jabón. Todo lo que el difunto usaba cuando estaba vivo. Y luego se dicen estas palabras: `Aquí te ofrecemos lo que pediste, por el nombre de Dios?Padre, el Espíritu Santo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.' Al final se cierra el hoyo de la tierra. Esta es una costumbre garífuna que la hacían nuestros bisabuelos y abuelos. Eso no lo debemos de perder los garífunas. Así nos enseñaron".

De ahí que las comidas y bebidas se coloquen encima de esos cúmulos de tierra. Los gubidas, surgen espiritualmente de la tierra para consumir la comida y la bebida que les han ofrecido sus familiares. Del mismo modo, al ritmo de los tambores y del canto con los cuales se da inicio al rito, los espíritus aparecen a través de esos cúmulos de tierra. La señal clave de la presencia de los gubidas es que una persona empiece a danzar de forma distinta ("en trance") a la del resto del grupo. Eso quiere decir que el espíritu baila a través de esa persona.

En la enfermedad, el espíritu gubida se había apoderado del cuerpo del enfermo. Es la salida del espíritu y su retorno a la tierra lo que curará al enfermo. La tierra se vuelve así un medio de comunicación y regeneración. Según el suquia:

"La tierra da como una señal en el Walagallo. Los espíritus consumen el jiyú, el guaro y las bebidas que se ponen en la tierra. Ellos lo consumen espiritualmente. Esa comida y esa bebida, una vez que se la comen los espíritus, no tienen el mismo sabor. Porque los espíritus han consumido la esencia de esos alimentos. Eso así es. En el Walagallo se hacen presentes otros espíritus gubidas. Ellos participan de la comida, de la bebida, de la danza y de todo lo que hacemos. Y ellos salen por esos cúmulos de tierra. Uno no los ve, pero allí están. En el baile usted puede ver a una persona que baila distinta a las demás, eso es porque el espíritu gubida está bailando con el cuerpo de esa persona. Eso así es. Por eso uno debe de tener fe en el Walagallo. Si no tiene fe, se puede morir, porque eso de los espíritus gubidas no es juego. Cuando la persona cae enferma, es porque el espíritu gubida está en el cuerpo del enfermo. Cuando el espíritu gubida sale del cuerpo del enfermo, se va de regreso a la tierra. Eso quiere decir que el espíritu ya no está enojado. Y entonces, el enfermo se siente que va mejorando. Pero es hasta que el espíritu vuelve a la tierra que ya descansa, porque le hemos complacido. Y el enfermo se siente mejor y se cura. Eso da alegría a todos, porque vemos que el trabajo ha sido bueno y que los espíritus se alegraron con nosotros. Así es la creencia garífuna en este trabajo."

Cabría afirmar que el retorno a la tierra de los espíritus gubidas tiene un valor simbólico análogo ?hasta cierto punto? con la inmersión en el agua del bautismo. Las dos acciones rituales contienen una simbología que representa un segundo nacimiento para el niño y para el enfermo y, en ellos, para el grupo. Ambas acciones tienen la misma función utilitaria?inmanente (vida?nacimiento del niño, del enfermo y de la etnia), y utilitaria?trascendente (salvación del espíritu del niño, del enfermo y del grupo étnico).

Los primeros rayos del sol

La tierra, creada y entregada por Dios, la tierra?madre, como símbolo de fecundidad, da a luz una nueva vida con el retorno del espíritu gubida a esa tierra. Así se produce un segundo nacimiento del enfermo y de la etnia. En caso de que el enfermo muera, se obtiene la salvación de la persona que muere y del grupo étnico, que han luchado juntos por complacer a los ancestros y con eso han logrado la protección divina.

Pero la acción ritual del Walagallo, realizada en el mundo de los ancestros, no sólo es búsqueda de la vida terrena, sino también de la vida eterna. De este modo, se abren las puertas a lo trascendente. La estructura del dibasen, como símbolo de ese universo, se diseña de tal manera que, posibilita la comunicación entre la tierra y el cielo. La puerta principal de la casa se coloca hacia el Este (Nuru), por donde sale el sol (Lalüdun Weyu). La otra puerta se coloca hacia el Oeste (Üñabugienti), lugar donde el sol desaparece (Labauchun Weyu).

En palabras del suquia:

"Poner la puerta principal de la casa hacia el Este y la otra puerta al Oeste es una norma del rito. La puerta principal tiene que estar al Este porque allí sale el sol por la mañana. Y el baile comienza en la mañana con los primeros rayos del sol que calientan la casa y dan claridad. Por la puerta del Oeste salen los malos espíritus, que se van con los bailes de la noche. Ellos sólo buscan la oscuridad. En la noche tenemos fuego vivo que alumbra la casa. Y cuando hay buena luna, algo ilumina. En la casa sólo hay una ventana. En ese lugar se colocan las personas que tocan los tambores. Los malos espíritus no pueden entrar por esa ventana. Con el ruido del tambor se espantan. Y en los otros lugares yo riego humo de bubé. Así se mantienen lejos los malos espíritus."

En el barrio Cristales en Trujillo (Honduras), explica don Porfirio Norales:

"La colocación de las puertas es muy importante. No es de cualquier manera que se hace. La puerta principal debe estar con la cara al sol. Y la puerta de atrás en el lado Oeste. Así es la regla del rito. La creencia garífuna dice que los espíritus malos, los que están con el diablo, salen por la puerta de atrás. Eso lo hacen en la noche. Los malos espíritus no se pueden dejar ver con la luz del día. La gente que tenía adentro esos malos espíritus, son los que mataron a Jesús. Los que lo mataron, lo apresaron en la noche. Porque esa gente andaba haciendo el trabajo del diablo. Si usted lee la Biblia, allí se ve que el diablo trabaja en la oscuridad. Por eso, en el Dügu, es con la ayuda de Dios que sacamos a los malos espíritus. Por eso se alegran los espíritus gubidas, porque se aleja Satanás de nuestro lugar".

El cielo: luz del mundo ancestral

Las puertas y ventanas hacen presente al cielo, con el sol que alumbra de día y la luna que alumbra de noche. El cielo, simbolizado por el sol y la luna, da su aporte en la lucha de la luz contra las tinieblas, de la vida contra la muerte y, en definitiva, en la lucha entre Dios (Bungiu) y el diablo (uinani), que quiere apropiarse de la tierra ancestral.

Ana Avila, de la comunidad garífuna de Punta Gorda (Belice), dice:

"La luz para nosotros los garífunas es algo muy importante. Nosotros somos católicos como fueron nuestros padres. Y ellos nos dieron la fe en Dios para que nos iluminara. Y nosotros no queremos dejar a nuestros hijos en la oscuridad. Y lo que hacemos en el Dügu es alejar las tinieblas. Pero mucha gente no entiende esta creencia de los garífunas y dicen cosas que son falsas. Pero la verdad es que nosotros queremos dejar a nuestros hijos en la luz. Que es la luz de Dios. Dios es la luz y en el Dügu los garífunas oramos, danzamos, para que venga la luz a esa casa y se cure el enfermo."

En el rito del Walagallo son los ancestros en su tierra y con su cielo los que, apoyados por Dios, ayudan a producir vida en la lucha contra el proyecto del diablo. Los malos espíritus necesitan de la oscuridad para hacer el mal, pero el sol ancestral en el día y la luna ancestral en la noche representan el poder y la soberanía del bien frente a las tinieblas.

Nacer de nuevo

En la perspectiva de la religión solar las tinieblas aparecen en abierta oposición a la vida y a la inteligencia. Son el símbolo de todo lo que no es Dios. Un sinnúmero de mitologías heroicas son de estructura solar. El héroe, al igual que el sol, lucha contra las tinieblas y sale victorioso al descender al mundo de la muerte. En cuanto al simbolismo lunar, recuerda al ser humano no sólo la estrecha ligazón entre vida y muerte, sino y principalmente, que la muerte no es el fin, que siempre hay un nuevo nacimiento. En ellas se concentra todo lo que es anti?Dios, anti?ancestro y anti?etnia.

La tierra, como parte del universo garífuna está en conexión directa con el cielo, morada de Dios y los ancestros. Si la tierra es el lugar donde se depositan los restos de los ancestros y es por eso lugar sagrado, el cielo es la morada sagrada donde el espíritu gubida comparte la vida espiritual con el Dios creador y todopoderoso.

En palabras de un anciano:

"Si leemos la Biblia, vemos que Dios nos hizo de la tierra. Y cuando nos morimos, nuestros cuerpos vuelven a la tierra. Pero si fuimos buenos en vida, entonces nuestra alma se va al cielo. Y allí está Dios y allí están nuestros antepasados. Si usted fue malo, su alma está condenada y va al infierno. Yo oía decir a mi bisabuelo que el espíritu hace un largo viaje para llegar al cielo. Esa es una creencia garífuna. Nuestro cuerpo queda en la tierra, pero nuestra alma va con Dios si fuimos buenos".

A través de la construcción del dibasen el garífuna expresa su profunda convicción de que no sólo ha sido hecho de la tierra, sino que, para nacer o para morir, para entrar en la familia de los vivos o en la familia ancestral existe un umbral común: la tierra natal, que es la tierra de los ancestros. El cielo, como creación y morada de Dios y los ancestros, es el complemento de la tierra como centro del universo garífuna. La relación entre el garífuna y las cosas que han sido creadas por Dios, fuente de vida, está en su estrecho contacto con la tierra, de la que procede y a la que volverá con la muerte. Del Cabral, un poeta del Caribe, expresa esta estrecha relación del garífuna con la tierra: Tanto he pisado la tierra, que es la tierra la que anda ya.

El baile del hamalijani

La tierra y su calor de madre, el cielo y su luz, el enfermo y el grupo étnico como comunidad de vivos y muertos presentes: están preparadas las condiciones para dar inicio a la batalla final. Es la batalla en la que los ancestros y la etnia echan mano de todos los recursos propios de la tradición garífuna: el baile del hamalijani y el sacrifico de los gallos o gallinas. Los tambores, el canto y la danza, como un único grito garífuna, expulsarán a los malos espíritus y obtendrán la curación del enfermo y la regeneración de la etnia.

El baile del hamalijani es el centro del rito del Walagallo. Hamalijani o mali significa aplacar, apaciguar. Esta palabra se podría traducir: "nosotros aplacamos a los familiares muertos". Dentro del conjunto de la acción ritual, es el momento en que se realiza a profundidad la curación del enfermo. Para lograrla, los ancestros ponen en movimiento a toda la etnia. Es la batalla decisiva para expulsar a los malos espíritus del cuerpo del enfermo y del mundo garífuna. Pero para que la expulsión de los guibatimafuya o malos espíritus sea efectiva, se hace necesaria la expiación o purificación de los pecados por parte del enfermo y también del grupo étnico. Por eso, el sacrificio expiatorio del gallo o la gallina del enfermo y de los gallos o gallinas de la etnia, como dos momentos claves del baile del hamalijani.

El sacrificio del gallo del enfermo

La batalla final para expulsar a los malos espíritus se inicia el viernes a las doce de la noche. A esa hora se sacrifica el gallo o la gallina del enfermo. Según el suquia:

"Si no se cumple esta norma, se puede poner en peligro la vida del enfermo. El gallo o gallina que pertenece al enfermo se debe de matar el viernes a las doce de la noche. A las doce de la noche es la hora en que los malos espíritus quieren entrar en el dibasen. Esos malos espíritus quieren molestar en la primera noche del Walagallo. Pero hay que expulsarlos del dibasen. Allí sólo queremos a los espíritus gubidas. La sangre de ese gallo es curativa. Es la sangre que pone en pie al enfermo. Esa sangre le sirve a los espíritus y ésa es la que cura".

El gallo es el primer ser de la casa que anuncia la llegada del día. Es considerado como poseedor de la `ciencia' del tiempo. Con su canto indica el ritmo de la duración, lo que le convierte en el equivalente del movimiento de sucesión de los días y las noches en muchos pueblos africanos. De esta forma el gallo y el pollo en general adquieren una dimensión que los coloca en la categoría de los valores cósmicos, portadores de un destino del que el ser humano se siente dependiente. El sacrificio del gallo se convierte para el africano en el acto por el cual el hombre se inserta en el corazón mismo del universo.

La muerte del gallo o la gallina tiene un doble objetivo. El primero, expulsar a los malos espíritus del enfermo y del mundo garífuna. La expulsión de los malos espíritus significa asegurar la presencia de los espíritus gubidas en el dibasen. Estos hacen su entrada por la mañana, cuando se inicia el Walagallo con la danza que se hace al salir el sol. El segundo objetivo es el sacrificio de expiación mediante la sangre. Con la sangre o hitaü del gallo o la gallina se reparan simbólicamente los pecados del enfermo. En la acción ritual del Walagallo la expulsión de los malos espíritus y la expiación por la sangre de los pecados del enfermo están íntimamente ligadas. El sacrificio y la sangre expiatoria del animal significan vida para el enfermo y vida para los espíritus gubidas que utilizan esa sangre. Por sí misma, la sangre no produce la expiación. Pero lleva en sí la vida a través de los gubidas. En el rito del sacrificio del gallo o la gallina del enfermo se establece una estrecha relación entre el espíritu gubida y el enfermo. Ambos necesitan de esa sangre como fuente de vida y como expiación de los pecados del enfermo.

Así se comprende la siguiente explicación de una mujer garífuna:

"La sangre es la curación del garífuna. Es una creencia garífuna que la sangre es vital. Si usted queda sin sangre, está sin vida y se pone helado. Eso quiere decir que está muerto y ya no respira. Pero el enfermo necesita tener fe. Todas estas cosas no sirven si usted no cree. Pero la sangre la usan los espíritus gubidas y ellos la necesitan. Esa sangre le sirve a ellos. Esta es una creencia garífuna."

Dentro del rito del Walagallo, la tierra y la sangre son fuente de vida y unidad entre los vivos y los espíritus gubidas. Para los garífunas, la tierra es un medio de comunicación con los espíritus. A través de la tierra, se pueden satisfacer simbólicamente las peticiones hechas por los gubidas. Como hemos visto, en caso de que algún espíritu pida bañarse, es a través de la tierra que se le puede cumplir su deseo.

Para los garífunas de Honduras y Belice, dentro del Walagallo o Dügu es de suma importancia el momento ritual en el que se riega la tierra con la sangre del gallo o la gallina. Esta fusión de la sangre con la tierra no la explicitan los garífunas de Nicaragua. Pero para ellos el significado es el mismo que para los garífunas de Belice y Honduras.

Un garífuna de Trujillo lo explica así:

"Se mata el gallo y la sangre tiene que caer adentro de la tierra. Hay que esperar que toda la sangre del gallo quede en tierra. Somos de tierra y la sangre se derrite en la tierra. La tierra chupa esa sangre. La sangre es la protección que los espíritus necesitan. Cuando esa sangre ha entrado en la tierra, en ese momento se asegura que ha llegado nuestro mensaje a los espíritus. Aunque ellos sean espíritus, siempre necesitan de la sangre. La sangre y la tierra son vida para nosotros los garífunas. Por eso en nuestra raza procuramos no envenenar la tierra y cuidamos nuestros árboles."

Tierra regada con sangre

La sangre como símbolo de la vida es abono de la tierra, que simboliza la fecundidad. La tierra, protectora de los niños y matriz en la que descansan los restos ancestrales, se regenera y vuelve a dar vida al ser regada con sangre. Con el sacrificio del animal se regenera la fuerza manifestada en la sangre y en la tierra, fuentes de vida y creación de Dios. De igual forma, la sangre le quita al pecado sus consecuencias nefastas. El sacrificio del gallo del enfermo borra los pecados del enfermo, en el caso de que su enfermedad haya sido "consecuencia de una conducta desviada". Y en el caso de que fuera una enfermedad "enviada directamente por Dios", o enfermedad natural, el sentido es el mismo: el sacrificio del animal borra las faltas cometidas en su vida y le prepara el camino para el inicio de una nueva vida. Este es el sentido de la fusión tierra?sangre, una repetición del acto creador en el que Dios dio vida a los seres humanos.

El sacrificio del gallo o la gallina del enfermo anticipa el camino de la etnia en su lucha contra los malos espíritus. Así, el rito expiatorio no sólo se centra en el enfermo como individuo y sólo tiene su pleno sentido en la medida en que se hace extensivo a todo el dibasen con todos los utensilios que contiene y que representan el mundo garífuna. Esto explica el esfuerzo y el cuidado del suquia por mantener inmunizado de impurezas el universo garífuna y todo lo que contiene. La purificación y la limpieza del universo garífuna son los objetivos del primer canto del hamalijani.

Un grito de unidad garífuna

El primer canto del hamalijani es el enlace entre el sacrificio expiatorio del enfermo y el sacrificio expiatorio de toda la etnia, que se realiza en el segundo canto del hamalijani. Como parte de la preparación, el suquia limpia y protege los cuatro puntos cardinales del dibasen.

Esta es la explicación del suquia:

"Es un momento en que tengo que tener mucho cuidado. Todo tiene que estar limpio y los malos espíritus bien alejados. Todo tiene que estar ordenado y limpio antes del momento en que se matan los gallos. Por eso, echo humo en los cuatro costados de la casa, encima de los cúmulos de tierra, cerca de las ventanas, encima de los tambores. También echo humo en el cuerpo del enfermo y en el lugar donde se encuentra. Así los malos espíritus no pueden entrar y se van. También digo oraciones y consulto con los espíritus gubidas. Es importante que ellos estén contentos con el trabajo."

Con respecto a esta parte del rito, don Porfirio Norales, un suquia o buyei de Trujillo (Honduras), explica:

"Cuando echo humo en todas las partes de la casa, lo hago para que todo quede limpio. No hay que dejar que los malos espíritus entren en ningún momento. Si eso pasa es peligroso, porque no sale bien el trabajo y la persona no se cura. Mientras riego el humo por todas partes, rezo la siguiente oración: `Que tu sangre y tu dolor, Jesús mío, purifiquen nuestros pecados y podamos gozar siempre de la gracia de Dios'. También digo: `Te ruego Jesús mío, por las almas que me has encomendado, para que yo las ayude a que se santifiquen y se salven'. Esas oraciones son importantes para que todo salga bien."

La eliminación de la suciedad y las impurezas de los malos espíritus es un esfuerzo por implantar el orden dentro del universo garífuna. De este modo, la higiene aparece ligada al orden y la suciedad al desorden o caos provocado por los malos espíritus. En ese sentido, "la enfermedad como consecuencia de una conducta desviada" puede ser entendida como suciedad, desorden o caos que pueden contaminar la vida de la etnia. Esto explica el enojo de los ancestros y el temor del grupo ante la presencia de un wuribati (persona malvada) o de algún miembro del grupo étnico que en un determinado momento ocasione conflictos en su interior.

En consecuencia, si una falta ha sido cometida se impone la necesidad de repararla a través del sacrificio individual y colectivo. Mediante el sacrificio expiatorio, se expulsa el virus de los malos espíritus que afectan espiritual y corporalmente al enfermo y a su etnia. Uno de los cantos que los garífunas de Belice entonan en el primer canto del hamalijani, refleja este deseo de limpieza y purificación del enfermo y de la etnia. El canto dice así:

"Voy a agarrar los gallos en la mano para bailar con ellos. / Voy a limpiar mi guli (altar) / y lo voy a arreglar también. / El enfermo se va a curar / y todos quedaremos limpios también."

A través del canto, la danza y los tambores se destaca el aspecto familiar y étnico de esta fase del rito. Es toda la etnia la que cierra filas, para expulsar a los malos espíritus de su territorio. Don Absalón, que tiene muchos años de participar en el rito del Walagallo, como responsable del tambor principal o lanigi garawon, lo explica así:

"El Walagallo es una hermandad. Es una unión de toda la raza garífuna para curar al enfermo. En el primer canto del hamalijani, una de las canciones que cantamos dice así: `organiza la gran fiesta, la gran fiesta, la gran fiesta unido con todos'. Somos todos los que bailamos y cantamos. Y el enfermo sabe que no está solo. Bailan las mujeres y los hombres dando vueltas alrededor de los cúmulos de tierra. Y nadie se va hasta que terminan los tres días y dos noches que dura el Walagallo. Es hasta que la persona se cure. El que no entiende las costumbres de los garífunas, piensa que eso es algo de locura o de los demonios. Es nuestra costumbre garífuna, el baile con los tambores y el canto. Uno se cansa en los días del Walagallo, pero así se ponen contentos los espíritus gubidas. Y hay que hacerlo, porque cuando ellos estaban vivos, también lo hicieron así. Ellos cantaban y bailaban y la gente se curaba. Así es nuestra costumbre garífuna."

La danza, el canto y el tambor son parte de la mística ancestral con la que el garífuna se enfrenta a las dificultades de la vida. Son los instrumentos y los medios a través de los que los ancestros expresaron la alegría y el dolor, el llanto y el grito de unidad garífuna ante las adversidades de la historia. El terrible sufrimiento ante el despojo, el dolor de la deportación, los gestos de rebeldía, etc., se expresan en la danza, en los cantos y en los tambores. La tradición oral, el canto, la danza y la música son testimonios de la resistencia garífuna y las justificaciones de la historia no escrita. No pueden estar ausentes en la lucha garífuna por expulsar a los malos espíritus del dibasen.

Al sonido del tambor, al canto y a la danza, el garífuna les atribuye efectos curativos además de ser medios para complacer a los espíritus gubidas.

"El sonido del tambor es similar al humo del bubé que usa el suquia para espantar a los malos espíritus. Con el ruido del tambor los malos espíritus no entran a la casa. Los tres tambores se colocan en la ventana y allí no pueden entrar los malos espíritus. Así se ayuda al suquia a mantener alejados a los malos espíritus, antes de matar a los gallos. Los tambores son vida para el garífuna. Una celebración que no tenga tambor no es una celebración garífuna. Ese es el sonido que le gusta a los espíritus gubidas. Ese es el sonido del garífuna. Con ese sonido del tambor, con los cantos y con la danza, el enfermo se levanta. Los garífunas resistimos bailar y cantar todos esos días del Walagallo, porque allí están cantando y bailando los espíritus con nosotros. Eso es vida y eso cura. Pero usted tiene que tener fe. Un garífuna que no baile, que no cante, o que no le gusta el tambor, ese no es garífuna. Los garífunas llevamos el canto y el baile en la sangre. Así es nuestra costumbre. Y así lo hacían nuestros antepasados".

Los tambores están asociados con la vida y protegen contra la muerte. De los tres tambores, el tambor central es conocido como lanigi garawon, que significa el tambor corazón. El término "tambor corazón" sugiere que sus ritmos simbolizan los latidos del corazón. En opinión de uno de los tamboristas de Orinoco:

"El tambor central es el que juega un papel importante en la curación de la persona. Los otros dos tambores ayudan en el ritmo, pero no tienen poderes curativos. El sonido del tambor mantiene en movimiento el cuerpo. Y así como es el sonido, así se danza. Con el ruido del tambor se mantiene a toda la gente danzando y cantando. Como que todos nos animamos y nos sentimos con fuerza. Y así, los malos espíritus se alejan. Y no los dejamos entrar. En los cantos del hamalijani el suquia nos va diciendo en qué momento sonamos el tambor con más fuerza o con menos fuerza. Y así se va animando la gente, y van siguiendo el ritmo. Y eso les gusta a los espíritus gubidas. Así es esta celebración garífuna. Nosotros sabemos que el enfermo está sufriendo, pero todos nos animamos. Nosotros sabemos que con el canto, los tambores, el baile, y todo lo que hacemos en el Walagallo, el enfermo se cura. Cuando sufre un garífuna, sufrimos todos y todos nos animamos".

Rebeldes y alegres

Esta explicación expresa con claridad el modo de ser del garífuna: dócil al ritmo del tambor y rebelde ante las fuerzas de los malos espíritus, defensores de su tierra y de su etnia e implacables ante las amenazas de sus agresores, amenazados por las fuerzas del mal y las injusticias, pero con vocación de alegría para hacerles frente. El canto y el tambor son un medio para ahogar el dolor y la angustia y alcanzar salud física y mental.

"El que no conoce nuestra cultura puede decir que es un irrespeto bailar y cantar cuando alguien está enfermo o muerto. No es así. Esa es nuestra costumbre. Pero en nuestro canto, nosotros cantamos nuestro sufrimiento y alegrías. Así lo hicieron nuestros ancestros. Es como cuando alguien llora y llora, entonces después usted se siente distinto. Como menos pesado. Así pasa con el canto y el baile. Usted como que lucha para que no lo venza la muerte. Y ése es el secreto garífuna".

Para el garífuna, el canto y la danza, además de poseer efectos curativos, tienen un claro sentido ascético y penitencial, pues conducen al contacto con los ancestros y este contacto requiere de la purificación o del sacrificio previo, como señal de reconocimiento de la trascendencia de lo sagrado.

"El tambor es un instrumento que nosotros utilizamos con amor, porque con esos instrumentos bailaron nuestros antepasados. El tambor es algo especial para nosotros los garífunas. Nuestros antepasados no dejaron sus tambores cuando fueron expulsados de San Vicente. Para nosotros es una ofensa que nos digan que no podemos usar el tambor. En la Biblia se dice que hay que alabar a Dios con danza y tambores. Eso está en el Salmo 150. Y eso hacían nuestros antepasados que creían en Dios y eran muy católicos. Así nosotros hacemos lo mismo. Nuestro baile y nuestro canto es con mucho respeto a Dios y con amor a nuestros antepasados."

Aceptar el cansancio con gozo

El aspecto penitencial se pone de manifiesto al expresar la aceptación gozosa de la fatiga que ocasionan los tres días y dos noches de danza, exteriorizando a la par la decisión inquebrantable de no claudicar ante ese cansancio. El suquia lo explica así:

"Hay momentos en la danza que usted ve a una persona que baila diferente a los otros, o que se inspira con otros cantos. Eso sucede mucho en el hamalijani. Eso quiere decir que un espíritu gubida está bailando en el cuerpo de la persona. Los espíritus se alegran y ellos bailan en los cuerpos de los que danzan. Eso puede suceder en cualquier momento. Y la gente, aunque esté cansada, se anima y sigue el baile. Y yo animo a los tamboristas y puede pasar un rato largo de baile fuerte. Pero sabemos que el espíritu gubida está gozando. Y eso es bueno para el enfermo. Lo importante del Walagallo es que todos lleguemos hasta el final. Todo eso es lo que ayuda a que se cure el enfermo".

El tambor, la danza y el canto son para el garífuna salud y fuerza física, vida, alegría y complacencia para los ancestros. El cuerpo de los vivos se convierte en recipiente de los espirítus gubidas. A través de ellos, éstos pueden seguir el ritmo del tambor como cuando lo hacían en vida. Es un momento de máxima relación entre los vivos y los muertos de la etnia. El canto, la danza y el tambor son algo sagrado y muy serio, testimonios del sacudimiento ancestral interior, muestra de rebeldía frente a la eventual destrucción del pueblo. Esto explica la importancia que estos elementos tienen en la preparación del sacrificio expiatorio de los gallos o gallinas de la etnia. Una vez que se ha cumplido con las condiciones de limpieza al interior del dibasen y de preparación ritual de la etnia, se procede al segundo canto del hamalijani.

Dios no olvida al pueblo

El sentido de la celebración del Walagallo en general, y el sentido de los sacrificios expiatorios del enfermo y la etnia en particular, se podría sintetizar con las siguientes palabras:

"Gracias a nuestros ancestros, Dios no se olvida de ayudar a nuestra raza garífuna. Y por ellos, Dios hace grandes cosas por nosotros y perdona nuestros pecados."

Esta afirmación es de suma importancia. En ella se condensan los intereses de los ancestros y la búsqueda de la etnia. Efectivamente, desde la lógica de los ancestros, ellos buscan situar a sus familiares vivos y a la etnia en el camino de Dios. Y por su parte, los familiares vivos luchan por la búsqueda del orden, de la seguridad, de la sobrevivencia, sólo posibles de lograr en armonía con las divinidades. Es únicamente a través de los espíritus gubidas, que están situados más allá de la precariedad de la condición humana, que la etnia garífuna puede aspirar a ese mundo nuevo donde reine la seguridad, la fertilidad y la abundancia.

El segundo canto del hamalijani

Con el sacrificio del gallo del enfermo se lleva a cabo la expiación de los pecados de éste y la consiguiente reconciliación con las divinidades. Pero para que la expiación alcanzada en esta primera fase alcance su plenitud, es necesario obtener la expiación de toda la etnia. Con ella se completa el ciclo expiatorio etnia?enfermo.

En el segundo canto del hamalijani ya todo está preparado para matar los gallos o las gallinas. En esos bailes la gente lleva en sus manos los gallos. Pueden ser 12 ó 14 gallos o gallinas. Depende de las familias y de los obsequios. Estos gallos ya no son del enfermo. Porque ése se mató antes. Los espíritus gubidas también usan esa sangre de los gallos que se matan en esta parte del baile. Por eso, esa sangre es importante, porque es curativa. La gente que baila, sube y baja los gallos mientras danzan. Ellos tienen que seguir las indicaciones que les da el suquia. Esos gallos tienen que morir cuando se estrellan en el suelo. Así es el rito.

La relación ancestros?enfermo y ancestros?etnia se hacen evidentes a través de la sangre expiatoria. La sangre del gallo del enfermo y la sangre de los gallos de la etnia son beneficiosas para los espíritus gubidas. Si la sangre que cura al enfermo fue derramada con la muerte del gallo que éste poseía y fue útil para los espíritus gubidas, queda claro que la sangre derramada por los gallos de la etnia es útil para los gubidas y es sangre expiatoria de los pecados de la etnia. La relación ancestro?sangre?enfermo y la relación ancestro?sangre?etnia indican que la sangre tiene el mismo significado expiatorio en ambos casos. La sangre es vida para el enfermo, para el ancestro y para la etnia.

Queda clara también la conexión entre pecado individual y pecado étnico o colectivo. La mala conducta de un miembro de la etnia trae repercusiones negativas en la vida del grupo étnico. El influjo destructor de las malas acciones del individuo sobre la etnia se expresa en la ruptura de relaciones con las divinidades. En consecuencia, la expiación realizada mediante la muerte sustitutiva de los gallos rompe la unión entre el pecado y las desgracias que éste ocasiona al interior de la etnia.

Esta es la explicación del suquia:

"Cuando empieza el segundo canto del hamalijani sigo echando humo sobre la cabeza del enfermo y en las esquinas de la casa. Esto es para tener mayor seguridad de que todo está limpio. Mientras yo hago eso, la gente danza alrededor de los cúmulos de tierra con los gallos en las manos. Uno de los cantos dice: `Estamos celebrando alrededor con los tambores, llevando al enfermo con los gallos...' Poco a poco, la gente va entrando en calor, y yo le indico a los tamboristas el momento en que el ritmo del tambor se hace más fuerte. Cuando ya ha pasado un largo rato de baile con los gallos y el ritmo está muy fuerte y la gente grita y se agita, entonces llega el momento en que se para la música y la danza. Es el momento en que se ponen los tambores en el suelo, entonces se estrellan con fuerza los gallos contra el suelo. Es el momento en que mueren los gallos, entonces termina el hamalijani".

Triunfa la vida sobre la muerte

Con la expulsión de los malos espíritus y de las enfermedades, el sentido de las purificaciones rituales se centra en la eliminación de los pecados del individuo y de la etnia en su conjunto. En ese sentido, no es una simple purificación: es una regeneración que implica un nuevo nacimiento. Efectivamente, en el momento en que se sacrifican los gallos o gallinas de la etnia, se unen simbólicamente el tambor corazón, la tierra como base del universo garífuna, la sangre expiatoria de los gallos o gallinas y los ancestros que hacen uso de esa sangre. De la fusión tambor, tierra, sangre y ancestro, nace de nuevo el enfermo y la etnia y con ello, se regenera el universo garífuna. Así, el rito del Walagallo en general, y el canto del hamalijani en particular, poseen una dinámica emancipadora que conduce al garífuna a liberarse de las impurezas y de las acciones diabólicas de los malos espíritus.

Este es precisamente el significado de la organización ritual y de los gastos ocasionados en la búsqueda de los alimentos y bebidas necesarios. Una vez que el universo garífuna se ha purificado, y se ha eliminado el pecado personal y étnico, la etnia y sus ancestros celebran el sacrificio de comunión a través del banquete. Es la comida en la que los vivos y los muertos celebran el triunfo de la vida sobre la muerte, de la luz sobre la tinieblas.

El banquete entre vivos y muertos

En el Walagallo se celebran acontecimientos del pasado y se reactualizan las hazañas de los ancestros, pero también se crean y se anticipan simbólicamente acontecimientos futuros. El exceso de gastos, y el aparente derroche en alimentos y bebidas, pueden entenderse como una protesta garífuna ante las penalidades de la vida cotidiana y una manera de crear simbólicamente un porvenir. En el banquete, la abundancia se hace real, al mismo tiempo que se consolida el autoabasto y la solidaridad étnica entre vivos y muertos. Los alimentos varían en cada Walagallo, dependiendo de lo que pidan los espíritus gubidas. Para su obtención y preparación es clave la colaboración de la comunidad. En algunos casos, los espíritus pueden pedir tortuga, pescado, vaca, cerdo u otro tipo de animal que puede ser difícil de conseguir en el monte. Una vez que los espíritus han comido, el sabor de los alimentos es diferente, porque han perdido su esencia.

En el Walagallo se pone una mesa encima de los cúmulos de tierra y allí se colocan todos los alimentos. No deben faltar las comidas y bebidas garífunas. Eso es lo que les gusta a los espíritus gubidas. En la tierra se ponen los huacales de guaro y jiyú. Eso lo toman los espíritus. El jiyú es una chicha de yuca. Eso sólo lo hacemos los garífunas. Para que el trabajo salga bien hay que conseguir todo lo que piden los espíritus. Si el espíritu pide una tortuga y no se consigue, es mejor no hacer el Walagallo.

El arte culinario garífuna, la comida de los ancestros que se ha producido en la tierra, es lo que aparece después de la expiación de los pecados del enfermo y de la etnia. Simbólicamente, sobre esa tierra que los ha producido, se colocan los alimentos. La comida entre los ancestros y la etnia implica esencialmente un simbolismo concreto: el de la vida compartida entre los vivos y los ancestros después de que los espíritus gubidas y su etnia han agradado a Dios con la expiación de sus pecados. A través de la acción ritual con los alimentos, el garífuna experimenta que su vida depende de la comida que le suministra la tierra y el cielo. Compartir la misma comida es compartir la vida misma.

En la acción ritual con los alimentos, los espíritus gubidas, como intercesores de los vivos ante Dios, tienen privilegios: son los primeros en saborear la comida. En el banquete no puede faltar el bahami (pan de yuca o casabe), el tapau (sopa hecha con leche de coco, mariscos, verduras como el ñame, la yuca, el plátano verde y maduro), la albundiga (que se hace con plátanos verdes cocidos, leche de coco y sal), el fufu (comida hecha de malanga, yuca, banano y yampi), el feinlaofalon (pan de coco), el ribimet (arroz dulce) y el bimen (tamal de banano). También se preparan diferentes clases de atoles, como el guentu o atol de plátano maduro. Las bebidas son la alauia (bebida de harina de yuca con agua), la chicha (bebida hecha de piña con jengibre y azúcar) y el contibu o amargo que es una bebida estimulante, con propiedades curativas para problemas gástricos.

Los espíritus gubidas comen primero. Ellos comen espiritualmente los platos que comían cuando estaban vivos entre nosotros. Luego, el enfermo se levanta y se sirve de primero. Y después la gente se va sirviendo.

Dentro del rito del Walagallo, la comida no sólo cumple la función de dar vida en el sentido espiritual y biológico. Es también un medio a través del que se da el contacto entre los espíritus gubidas y las nuevas generaciones garífunas:

"Cuando ya se han servido los alimentos y los espíritus y los adultos han comido, entonces se llama a los niños. Ellos también comen de esos alimentos. Los espíritus gubidas se alegran de ver a los niños que se alimentan de esa comida. Esa es una creencia de nosotros los garífunas."

Se puede afirmar que en el Walagallo el rito en torno a los alimentos expresa no sólo la búsqueda de la subsistencia y de la vida, tanto grupal como individual, sino también el deseo de unión con la divinidad. En el Walagallo se ritualizan, a través de la comida, la aspiración humana a alcanzar la vida en el más allá y el ideal de compartir el mismo destino como grupo étnico.

El día domingo, último de la celebración del Walagallo, se comparte el desayuno y la comida de esa mañana, ya en ausencia de los espíritus gubidas. Este es el momento en que se consolida la unidad étnica. El punto fundamental de la comida dominical está en que el grupo étnico, en ausencia de los gubidas pero en la presencia de Dios, comparte el mismo proyecto, el mismo destino, con la misma mística ancestral que los inspira en la tarea de conseguir el ideal de convivencia humana por la que lucharon los ancestros.

Según el suquia:

"El domingo por la mañana se visita al enfermo. Ya en ese momento no están los espíritus gubidas. Pero todos celebramos con alegría que el enfermo se ha mejorado. Todos comemos casabe, pan y también bebemos café, ponche, cacao o cualquier otra cosa que se prepare. La gente comenta, otros ríen, otros están todavía con sueño, pero la alegría es lo principal. El enfermo se ha curado y el trabajo ha sido exitoso."

Solidaridad, respeto y fe

Para tener una idea realmente clara de la importancia del Walagallo en la vida del garífuna hay que entender al Dios de los garífunas. Y para comprender al Dios de los garífunas es necesario entender la alianza de Dios con la etnia, a través de los ancestros. Las abundantes afirmaciones en las que se ponen de manifiesto el liderazgo de Dios dentro del ritual, revelan el contenido ético?religioso del Walagallo.

Un líder religioso garífuna explica:

"Los garífunas aparentemente son poco religiosos. No expresan fácilmente su vivencia religiosa. Pero cuando se convive y se tiene participación en una comunidad garífuna, uno se va dando cuenta de que son más religiosos de lo que uno piensa. Esta reserva o timidez que tienen los garífunas para expresar su experiencia de lo religioso, tiene mucho que ver con las críticas que han recibido acerca de sus creencias. Por ejemplo, se dice que el Walagallo es algo demoníaco, que los garífunas hacen brujerías, etc. Sin embargo, no hay duda que el Walagallo es una expresión de la riqueza de la cultura garífuna. Allí se concentra la solidaridad garífuna, el respeto a los ancestros, la fe del garífuna en Dios, la lucha por la vida y un sinnúmero de valores teológico?antropológicos que hacen que el Walagallo sea un elemento importante de rebeldía garífuna."


La alianza Dios?etnia

Estos valores ético?religiosos que tienen su base en la alianza Dios?etnia explican por qué el Walagallo no se limita únicamente al nivel ritual, sino que tiene un impacto en la vida diaria de los garífunas.

Dice una anciana:

"Sin Dios no se puede entender el Walagallo. El es el que va adelante de todos, para expulsar a los malos espíritus. Sin Dios nada podríamos hacer en el Walagallo. Dios es el que nos ayuda y perdona nuestro mal comportamiento. Dios es el que ha estado siempre acompañando a nuestros antepasados. El quiere el bien para nosotros, y por eso nos ayuda en el Walagallo. En San Vicente querían matar a nuestros antepasados. Pero Dios no permitió eso, y gracias a El pudieron llegar a Trujillo. De allí son nuestros familiares. Dios está con nosotros siempre. Pero cuando usted se porta mal y hace cosas incorrectas, entonces viene el castigo de Dios. Pero esto es por su mal comportamiento. Así nos enseñaron nuestros padres y abuelos. Muchos se equivocan cuando dicen que el Walagallo es una cosa del diablo. No puede ser del diablo, porque donde está Dios no puede estar el diablo. Y en el Walagallo, es Dios el que está con nosotros."

Se podría decir que la alianza es, sobre todo, un gesto de solidaridad de Dios con la etnia. Actitud solidaria de un Dios que se hizo presente en la historia de dolor y esperanza que vivieron los antepasados garífunas. Esto supone la fidelidad de Dios como protector. En esta alianza, es el protegido el que corre el peligro de violar el acuerdo y, por tanto, el acento recae en las obligaciones y en el compromiso del grupo étnico. Así se explica la claridad con la que se expresa el castigo de Dios como consecuencia de la falta cometida.

Lo que está implícito en el rito del Walagallo es el mundo de valores de los garífunas. La idea de una alianza como pacto ético que ha sido sellado entre Dios y la etnia. Como consecuencia de este pacto, Dios estará siempre presente si se tiene un buen comportamiento. Y esta armonía con Dios significa vida. La ruptura de este pacto trae consigo la ausencia y el castigo de Dios. Y este alejamiento de Dios puede conducir a la muerte. De este modo, el Walagallo, visto desde el marco de la alianza entre Dios y la etnia, es un llamado de los ancestros a la rectificación o renovación de esa alianza. Alianza que se realiza y se renueva con un Dios concreto: el Dios de la vida.

"Dios es el que da la vida. Y es a El a quien le pedimos por la vida del enfermo. El Walagallo empieza el viernes. Sólo ese día se puede empezar, porque es el día en que murió nuestro Señor Jesucristo. Y terminamos el domingo, que es el día de la resurrección del Señor. Es cuando Dios resucita a su hijo. Así celebramos la curación del enfermo. Como ve, nosotros luchamos por la vida, y Dios es el único que la puede dar. Si usted no tiene sangre, no tiene vida. Y una persona cuando muere, ya no respira. Ya no corre sangre allí. Por eso le decía que era importante la sangre de los gallos. Es sangre curativa que la usan los espíritus gubidas. Pero todas esas cosas vienen de Dios. El nos dio la sangre, el cuerpo, el espíritu, la respiración y todo lo que tenemos. Y si a pesar de todo, la persona enferma muere, Dios sabe por qué lo hace. Quiere decir que a ese persona ya no le convenía seguir viviendo. Tal vez le iban a venir grandes males y Dios se la quiso llevar a su gloria. Si El resucitó a Jesús, también Dios nos ayuda a nosotros. Jesús no desobedeció a Dios y cumplió con todo lo que Dios le pidió. Así tenemos que repetir nosotros."

El sincretismo religioso afro?cristiano presente en el Walagallo llena la aspiración básica del garífuna de buscar orden y sentido a las cosas. Jesús aparece como un arquetipo al que hay que imitar en una concepción cíclica de la historia. Es el modelo del ser humano, que cumplió con las enseñanzas de su padre cuando vivió en la tierra, y tuvo como recompensa la vida después de la muerte. Detrás de la estructura ritual del Walagallo está la experiencia de un Dios de vida, que devuelve la salud al enfermo, que acepta la muerte de su hijo el día viernes y lo resucita el día domingo. Así como en el Jesús arquetípico subyace la visión cíclica de la historia, también en el pacto Dios?etnia, la historia se muestra como eterna repetición.

El ancestro mayor es Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret no fue garífuna ni pisó tierra garífuna. Sin embargo, la religión de los garífunas ha hecho del hijo de María el arquetipo de los antepasados, el Ancestro Mayor. Para los garífunas, Jesús es el modelo de ser humano obediente a sus padres y a Dios. Fue un idehati (servidor) de su pueblo. Luchó porque se hiciera justicia a los más necesitados, nunca tuvo temor de decir la verdad y nunca hizo daño a sus semejantes. Por esto, Dios no lo abandonó a la muerte y lo resucitó de entre los muertos. La resurrección de Jesús es señal de la victoria de la vida sobre la muerte, esencial en la cosmovisión garífuna.

En esta inclusión de Jesús en el mundo de los ancestros está el punto clave para entender la religión sincrética de los garífunas. Los garífunas se sienten miembros de la Iglesia Católica y testimonian su fe en Jesucristo, pero lo hacen desde sus tradiciones africanas, desde el culto a los antepasados. Viendo en Jesús al Ancestro Mayor asumen el catolicismo sin perder su identidad. Haciendo de Jesús modelo para los garífunas e incluyéndolo entre los ancestros a quienes dan culto, realizan la fusión de los elementos centrales del catolicismo y de la religión africana.

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