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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 131 | Octubre 1992
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Nicaragua

Indígenas del Pacífico: ignorados pero vivos

A los 500 años de la invasión de América, los indígenas del Pacífico y Centro-Norte de Nicaragua están ahí, como una persistencia obstinada, como una realidad presente y deslumbrante, aunque desconocida y negada..

Marcos Membreño Idiáquez

¿Qué es una comunidad étnica? Los sutiavas y los monimboseños, ¿son o no son etnias con las características propias de una raza? En la zona del Pacífico y Centro Norte (PyCN) de Nicaragua hay varias comunidades que tienen como característica común el hecho de autoproclamarse como "indígena".

Ellos dicen que son indígenas, sobrevivientes de la conquista y la colonia. Y los descendientes de los conquistadores dicen que no, que ellos son mestizos. ¿Cuántos son? ¿80 mil? ¿100 mil? Sus linajes se remontan a los primeros momentos de la colonia.

La comunidad nacional nicaragüense ha creado el mito de la "Nicaragua mestiza" negando la existencia de estas comunidades. Es una ideología construida sobre criterios raciales. Los clanes indígenas han resistido el liberalismo de Zelaya, las relaciones capitalistas y mercantilistas y las tendencias estatistas del sandinismo. Las comunidades indígenas no aceptan como autoridad a nadie que no sea de sus linajes o clanes. Esto no lo comprendieron muchos dirigentes del FSLN. Con la sola excepción de la comunidad indígena de Monimbó todas estas comunidades tienen aún tierras comunales. Ante todas estas realidades, el desafío de los dirigentes indígenas es enorme. Y tiene que ver con la construcción de una auténtica democracia popular.

Son comunidades étnicas vivas y representativas

Nos interesa mostrar por qué, en contra de todas las apariencias, estas comunidades son comunidades étnicas en el sentido más estricto del término y que poseen, por lo tanto, ciertas estructuras internas homólogas a las que podemos encontrar en los grupos étnicos que pueblan la Costa Atlántica de nuestro país. Desde el punto de vista político, este hecho nos revela que todas las comunidades étnicas de Nicaragua, por encima de las diferencias lingüísticas o de las distancias geográficas que las separan, comparten estructuras socioculturales objetivas, susceptibles de convertirse en una sólida base común para unirse en la lucha por sus reivindicaciones específicamente étnicas a nivel nacional.

Por otra parte, interesa también presentar una visión general de la situación actual de las comunidades étnicas del PyCN del país, con el propósito de crear conciencia sobre los graves problemas que padecen. Además, es importante señalar las nuevas perspectivas políticas que abrirá en la vida de las etnias, pero también en el escenario político de nuestro país, la creación de la Federación Nacional de Comunidades Indígenas de Nicaragua (FENACION), que surge, como una iniciativa de los grupos étnicos del PyCN

Ausencia de leyes

Cuando se examina el contenido de todas las leyes y decretos que el gobierno sandinista promulgó para normar jurídicamente la vida interna y externa de las comunidades étnicas del país, llama poderosamente la atención el hecho de que ninguno de ellos se refiere expresa y directamente a las etnias del PyCN. La totalidad de las leyes y decretos siempre se refieren explícita o implícitamente a los grupos étnicos del Atlántico.

El célebre "Estatuto de la Autonomía de las Regiones de la Costa Atlántica de Nicaragua" (La Gaceta, 30 de octubre de 1987), como su mismo título indica, está enteramente consagrado a la legislación de las etnias costeñas. Para poner otro ejemplo: la Ley de Municipios promulgada por el gobierno sandinista (La Gaceta, 17 de agosto de 1988), contiene todo un capítulo dedicado exclusivamente al ordenamiento municipal de las comunidades étnicas de la Costa Atlántica, pero no encontramos en ella ningún capítulo o ningún articulado consagrado especialmente a normar la vida municipal de las etnias existentes en ciertas regiones del PyCN de Nicaragua.

En ambas leyes, citadas tan sólo a título ilustrativo, las comunidades étnicas del PyCN del país parecen haber estado ausentes de las mentes de los legisladores y de los altos dirigentes del Estado y del Frente Sandinista durante los años de la Revolución. La ausencia de referencias jurídicas explícitas a los grupos étnicos del PyCN o, por lo menos, la falta de un tratamiento jurídico hacia estos grupos que fuese equivalente al de las comunidades del Atlántico, pareciera revelar dos cosas. Una, que para la Revolución Sandinista los grupos étnicos del PyCN no tuvieron nunca la importancia geopolítica que sí adquirieron, por diversas razones, las etnias del Atlántico. Dos, que los altos funcionarios del gobierno sandinista no estaban tan convencidos de que las comunidades étnicas del PyCN fuesen realmente "comunidades étnicas" y que, por lo tanto, no ameritaba que se les diese un tratamiento especial, como se había hecho con las comunidades del Atlántico.

Cuando miramos retrospectivamente las disposiciones etno-jurídicas del gobierno sandinista, las dos consideraciones que acabamos de hacer aparecen como igualmente válidas. Es cierto, efectivamente, que para la Revolución Sandinista las etnias del PyCN del país no constituyeron un importante problema geopolítico y militar, como sí lo fueron los grupos étnicos del Atlántico, cuyas demandas, entonces mal comprendidas e incluso reprimidas por el FSLN, fueron utilizadas por la administración norteamericana para desestabilizar y movilizar a las comunidades del Atlántico en contra de la Revolución.

En aquellas circunstancias, los conflictos entre el FSLN y las etnias de la Costa Atlántica, le sirvieron a los Estados Unidos para tratar de deslegitimar y aislar internacionalmente al gobierno revolucionario. En respuesta a esta compleja y delicada situación, la dirigencia sandinista se vio obligada a revisar y a reformular considerablemente su política hacia las comunidades del Atlántico, lo que tuvo como máximo resultado jurídico la promulgación del ya citado "Estatuto de la Autonomía de las regiones de la Costa Atlántica de Nicaragua".

Existencia oculta

También parece ser cierto que en aquellos años - y aún hoy, después de la derrota electoral -, muchos dirigentes del FSLN no estaban convencidos de que las comunidades del PyCN que se autoproclamaban como "indígenas" lo fuesen realmente. Conocemos múltiples anécdotas de dirigentes sandinistas que consideraban que el hecho de que ciertas comunidades campesinas del PyCN se autodenominasen "indígenas", respondía a una táctica política oportunista de las mismas, cuyo único propósito era el de arrebatarle ciertas prerrogativas al Estado, el Partido o a las organizaciones de masa sandinistas.

A los ojos de muchos dirigentes sandinistas, estas comunidades, a diferencias de las comunidades mískitas, sumus o ramas, no poseían las características que parecían estar presentes en una auténtica comunidad étnica: fenotipo racial (color de la piel, etc) distinto al de los blancos y mestizos, una lengua distinta al español, posesión de tierras comunales en oposición a la propiedad privada del suelo, habitación en regiones selváticas o semi-selváticas que practican la caza y la recolección con medios rudimentarios (arco y flecha). Evidentemente, como las etnias del PyCN no presentaban varias de estas características, era comprensible que muchos dirigentes sandinistas no viesen en sus integrantes a auténticos "indígenas", sino simplemente a "mestizos" o, a lo sumo, a "mestizos que se hacían pasar por indígenas".

Consiguientemente, no había razón para que el Estado sandinista diseñara políticas socioeconómicas y culturales que les diesen a estos mestizos que decían ser indígenas, un trato distinto al resto de los mestizos campesinos, artesanos, obreros o empleados que vivían en la región del Pacífico y del Centro-Norte del país. En otras palabras, a estos supuestos "indígenas" había que tratarlos como clases o estratos socio-económicos (campesinado, artesanado, etc.), y no como comunidades étnicas. A lo sumo, el presunto carácter "indígena" de las etnias del PyCN del país era visto por muchos sandinistas como parte del "folklore nacional" (caso de las artesanías en cerámica, palma y tela, por ejemplo) o como parte de un mito ideológico-político que identificaba demasiado rápidamente y reducía a veces la "rebeldía indígena" (caso de Sutiava y Monimbó) a la lucha del FSLN contra la dictadura somocista.

Lo curioso es que este estereotipo que le negaba su carácter étnico a las comunidades del PyCN del país aún lo encontramos presente no solamente en ciertos sectores de la dirigencia sandinista, sino también en amplios círculos de intelectuales (historiadores, economistas, antropólogos, etc.), quienes consideran que las últimas comunidades étnicas del PyCN de Nicaragua que lograron sobrevivir el período colonial, fueron destruidas por los regímenes liberales y por el profundo proceso de mestizaje que se produjo en esta región del país, a raíz de las transformaciones demográficas y culturales propiciadas por la expansión de las relaciones mercantiles y capitalistas. Con ligeras variantes, este mismo estereotipo sobre los "indígenas" del PyCN también lo encontramos actualmente presente en dirigentes de comunidades y de organizaciones étnicas de la Costa Atlántica de Nicaragua. Muchos de estos líderes costeños consideran, en efecto, que los "indígenas" del PyCN no son "indígenas", sino simplemente "mestizos".


Indudablemente, esto no ha dejado de representar un obstáculo para la conformación de organizaciones étnicas a nivel nacional, en las que puedan participar juntos y sin reticencias mutuas, los grupos étnicos del Atlántico y los del PyCN de nuestro país.

Clanes y linajes

En la región del PyCN de Nicaragua existe alrededor de una quincena de comunidades, urbanas unas, rurales otras, cuyos miembros se definen a sí mismos, abiertamente y con profundo orgullo, como "indígenas". Es probable que existan algunas más. De hecho, algunos dirigentes de comunidades étnicas del PyCN nos han hablado de la existencia de otras comunidades indígenas, como Tonalá (Departamento de Chinandega) y Nindirí (Departamento de Masaya). Hasta ahora, en el transcurso de nuestra investigación, hemos logrado inventariar las siguientes comunidades:



Si asumimos las estimaciones de población elaboradas por los dirigentes de varias de estas comunidades indígenas, la población total de las mismas podría comprender entre 80 mil y 100 mil personas. Dada la ausencia de censos o de registros de población fiables, es sumamente arriesgado apostar por tal o cual cifra. Algunos consideran que la cifra que damos es demasiado conservadora. Y a lo mejor lo es. Pero nadie puede, en la actualidad, presentar pruebas en uno u otro sentido. El censo de la población total indígena del PyCN aún está por hacer y la elaboración de este trabajo censal ha sido una de las primeras solicitudes que han planteado los dirigentes de las comunidades indígenas.

En todas estas comunidades las relaciones de parentesco aparecen como uno de sus principales elementos estructurales y cohesivos. Estas relaciones unen entre sí no solamente a los parientes en línea directa (abuelos-nietos, padres-hijos, etc) o en línea colateral (tíos-sobrinos, etc), sino también a los parientes afines (suegros-yernos, cuñados-cuñados, etc). La cohesión que el parentesco crea entre estos individuos se manifiesta en acciones de solidaridad y de cooperación mutua, que toman la forma de un "flujo" recíproco de ayudas en dinero, trabajo, servicios personales de toda índole, etc. Y estos lazos de solidaridad se manifiestan tanto horizontalmente, entre los parientes que están situados sobre un mismo plano generacional, como verticalmente, es decir, entre parientes pertenecientes a generaciones distintas.

La participación eventual en prácticas rituales colectivas, más o menos regulares, (fiestas celebradas por toda la comunidad en honor de un santo determinado, etc.), la instauración de lazos de "parentesco ritual" (padrinos-ahijados, compadre-compadre, etc.) y los lazos de vecindad que se crean en virtud de la residencia común en un mismo barrio, comarca o caserío, tienden, evidentemente, a reforzar el grado de cohesión entre los grupos de parientes existentes en cada comunidad.

Familia y parentela

Las relaciones de parentesco hacen posible, comenzando por el nivel más microsocial, la creación de familias nucleares (constituidas por el padre, la madre y los hijos) o, lo que es mucho más frecuente, la conformación de familias extensas (constituidas por una familia nuclear de base, a la que se le agregan parientes). Estos dos tipos de familias pueden vivir en una sola vivienda o, cosa que sucede muy a menudo, residir en viviendas contiguas o bastante cercanas entre sí. En un nivel superior, encontramos una forma de agrupación parental, cuya magnitud rebasa considerablemente los límites de la familia extensa.

Nos referimos a lo que en antropología se conoce con el término de "parentelas". Se trata de una amplia red de parientes, en la cual la definición de los parientes que forman parte de la red, depende del individuo que se tome como punto de referencia. Este individuo, al que se le denomina técnicamente como Ego, puede ocupar cualquier posición dentro de las red (puede ser un abuelo, un tío, un hermano, etc.).

En las comunidades que hemos estudiado hasta ahora, el eje alrededor del cual se estructuran las parentelas es este Ego, junto con sus hermanos y/o hermanas (germanos). En comunidades indígenas relativamente grandes, como las de Jinotega, Sutiava y Matagalpa, por ejemplo, estas parentelas pueden llegar a estar conformadas fácilmente por más de 200 o 300 parientes. Y son justamente estas parentelas las que constituyen la "base social natural"de las distintas instancias de dirección política (Consejo de Ancianos, etc.) o ritual (Cofradías, etc.) que presiden y organizan la vida interna de las comunidades. Los miembros de estas parentelas conforman, en efecto, la masa de feligreses que participan en las fiestas religiosas del pueblo o la masa de los gobernados por las autoridades "indígenas".

Familias y parentelas no son, sin embargo, las formas de agrupación parental propias y distintivas de las comunidades del PyCN que se autodenominan "indígenas". Porque las familias y las parentelas las encontramos prácticamente en todas las regiones de nuestro país, desde las zonas más urbanizadas hasta las zonas más netamente rurales y en los más diversos sectores sociales, desde los que poseen los más bajos ingresos, hasta los sectores de la burguesía y de las llamadas clases medias. Según los resultados arrojados por nuestra investigación, la forma de agrupación parental propia y distintiva de las comunidades del PyCN que se autoproclaman "indígenas" parece ser más bien el linaje y el clan.

Linaje y autoridad

El linaje en sí y por sí mismo no es una estructura de parentesco distintiva de las comunidades indígenas del PyCN. Lo es solamente en tanto que elemento constitutivo de un clan, es decir, en tanto que "segmento" de un clan. El linaje lo constituyen todas aquellas personas que son descendientes de un mismo ancestro y cuyos lazos de filiación con este último pueden ser demostrados empíricamente. Ahora bien, a diferencia de las familias y de las parentelas, el linaje comprende no solamente a los parientes actualmente vivos, descendientes todos de un mismo ancestro, sino también a los parientes que ya murieron, sea en una fecha reciente, sea en una fecha que puede remontarse a varios siglos atrás. Tanto los parientes vivos como los difuntos tienen en común el hecho de ser todos descendientes del mismo o de los mismos ancestros.

El linaje se convierte, de esta manera, en la estructura social que se encarga de garantizar la continuidad y la permanencia de la comunidad a lo largo del tiempo, vinculando entre sí a sucesivas generaciones de parientes. Sabemos, por ejemplo, que en el caso de la comunidad indígena de Sutiava existen viejos linajes que son descendientes de familias que pertenecieron a la nobleza indígena durante el período colonial y que se desempeñaron como autoridades de la comunidad indígena durante el pasado y el presente siglo. Los actuales miembros del Consejo de Ancianos de la Comunidad Indígena de Sutiava pertenecen en su mayoría a estos viejos linajes.

La pertenencia o no pertenencia a uno de los linajes de la comunidad define, inexorablemente, quién es miembro de pleno derecho de la comunidad y quién no lo es. Pertenece a la comunidad indígena y, por lo tanto, es considerado como un auténtico "indígena", todo aquel individuo, hombre o mujer, que pertenezca a alguno de los linajes de la comunidad. Linajes que entroncan a parientes vivos y parientes difuntos con un mismo ancestro.

De esto se desprende por negación lógica el siguiente principio de filiación étnica, plenamente vigente en las comunidades estudiadas: no pertenece a la comunidad indígena y, por lo tanto, es considerado como un "no-indígena, todo aquel individuo, hombre o mujer, que no pertenece a ninguno de los linajes de la comunidad. Queda claro, entonces, que en las comunidades indígenas del PyCN de Nicaragua, la "indianidad" o, mejor todavía, la "etnicidad" de un individuo está definida por su pertenencia a un linaje o a un clan.

En la mayoría de las comunidades que hemos logrado inventariar, la adscripción de un individuo (sea hombre o mujer) a su respectivo linaje puede hacerse por el lado paterno en una generación, o por el lado materno en la generación siguiente. O viceversa. El tipo de filiación puede cambiar de "lado" (paterno o materno) en cada generación, como una forma de hacer posible la perpetuación del linaje en los casos de "matrimonios mixtos", es decir, en los casos de uniones entre una persona (hombre o mujer) que pertenece a uno de los linajes de la comunidad y otra persona (hombre o mujer) que no pertenece a ninguno de estos linajes. Así, los hijos e hijas de este tipo de uniones matrimoniales son considerados por la comunidad indígena como auténticos "indígenas", y no como "no-indígenas", o como "mestizos", según una expresión muy difundida en la sociedad nicaragüense.

Matrimonios mixtos

De acuerdo a este sistema de filiación, las comunidades étnicas del PyCN reconocen como "indígena" solamente al hijo(a) del matrimonio mixto, pero no reconocen como "indígena" a su padre o a su madre, si ésta o aquél no forman parte, evidentemente, de alguno de los linajes de la comunidad.

Esto hace posible que nos encontremos con familias construidas por un padre "no-indígena" (que no pertenece a ningún linaje de la comunidad), una madre "indígena" (que pertenece a un linaje de la comunidad) y unos hijos, resultados de esta unión, que son reconocidos como verdaderos "indígenas" por la comunidad, en virtud del sistema de filiación imperante en su seno. Esto nos revela un fenómeno importante para comprender la forma como autorreproducen su etnicidad las comunidades indígenas del PyCN de Nicaragua: se puede llegar a ser indígena por descendencia o filiación (por adscripción a un linaje o a un clan), pero no se puede llegar a ser indígena por la vía del matrimonio. En otras palabras, un no-indígena no se convierte en indígena por el hecho de contraer matrimonio con una mujer indígena. Por ahora, esta posibilidad, existente en comunidades étnicas de otras latitudes, no se ha puesto en práctica en las comunidades indígenas del PyCN de nuestro país.

Cabe señalar aquí que en la mayoría de los grupos étnicos del PyCN, en los casos de matrimonios mixtos, parece que se tiende a preferir la unión entre una mujer indígena (perteneciente a un linaje de la comunidad) y un hombre no-indígena.

Lo mismo ocurre en el caso de las comunidades rurales mískitas de la Costa Atlántica de Nicaragua. Esto parece obedecer a la existencia de formas de residencia matrilocales (éste es claramente el caso de los mískitos) o a la conformación de familias matrifocales (en las que la jefe de la familia es una mujer), en situaciones en las que el marido se ausenta del hogar, sea temporalmente - por razones de trabajo - o definitivamente.
Todo ello revela que las mujeres juegan un papel de primera importancia en la reproducción de las comunidades étnicas, porque ellas son, por lo general, el elemento permanente en la familia; el hombre, en cambio, es un elemento relativamente itinerante.

El mito del mestizo

El sistema de descendencia o de filiación imperante en las etnias del PyCN, les permite a éstas autorreproducirse como tales en situaciones demográficas sumamente desfavorables (disminución de su población, desequilibrio en la proporción de sus hombres y sus mujeres, etc.), porque gracias a dicho sistema pueden recuperar para sí a todos sus hijos e hijas, incluso aquéllos que la comunidad nacional nicaragüense tildaría de "mestizos", es decir, de no-indígenas por el hecho de ser descendientes de matrimonios mixtos, entre indígenas y no-indígenas.

Aquí nos encontramos en presencia de una formidable lucha sociocultural que se produce entre la comunidad nacional nicaragüense, por un lado, y las comunidades indígenas, por otro lado. Flexibilizando al máximo sus propias estructuras de parentesco, estas últimas intentan impedir a toda costa que sus propios hijos e hijas les sean expropiados y arrebatados por la comunidad nacional nicaragüense, bajo el pretexto de que una buena parte de los mismos son "mestizos", es decir, "no-indígenas", por el simple hecho de ser descendientes de matrimonios mixtos.

Por su parte, la comunidad nacional nicaragüense, desde el siglo pasado, a raíz de la rebelión armada de la Comunidad Indígena de Matagalpa en 1881, ha creado el mito de la "Nicaragua mestiza", como una forma de negar la existencia de los indígenas en la región del PyCN del país. Esta ideología, construida sobre criterios raciales, convierte automáticamente en mestizos, es decir, en no-indígenas, a todos los miembros de las comunidades étnicas del PyCN, con lo cual hace más fácil la integración y la asimilación de estos grupos étnicos a la comunidad nacional nicaragüense, a la Nación nicaragüense. Para decirlo con otras palabras: la ideología del mestizaje tiende al exterminio de los grupos étnicos del PyCN de nuestro país. Y lo que resulta preocupante es que esta ideología se encuentra ampliamente difundida en los más diversos sectores de la sociedad nicaragüense, independientemente de la ideología política, posición de clase, nivel educativo, confesión religiosa, etc.

Clanes y comunidad

El clan constituye la segunda estructura de parentesco propia y distintiva de las comunidades indígenas del PyCN, en relación a las formas de parentesco que encontramos en el resto de las poblaciones de esa región del país. La antropología considera que un clan está conformado por todos aquellos individuos (hombres o mujeres) que se consideran a sí mismos descendientes de un mismo ancestro (individual o colectivo), sin ser capaces de demostrar realmente sus lazos de filiación con ese presunto ancestro.

Esta es la diferencia fundamental que la antropología establece entre lo que es un clan y lo que es un linaje: la capacidad de demostrar empíricamente o no los lazos de filiación genealógica con respecto a un ancestro o un conjunto de ancestros. Por lo demás, el clan, al igual que el linaje, asegura la continuidad y la permanencia de las comunidades a lo largo de sucesivas generaciones, a través de los años, o incluso, a través de los siglos.

Es muy probable que los clanes indígenas correspondiesen a las antiguas "parcialidades" o "barrios" en los que estuvieron subdivididas administrativa y territorialmente las comunidades indígenas durante todo el período colonial. Estos clanes no desaparecieron en Nicaragua durante la época post-independencia y, junto con los linajes, han permanecido existiendo en forma obstinada hasta el día de hoy, a pesar del régimen liberal de Zelaya, a pesar de la penetración de las relaciones mercantiles y capitalistas, y a pesar de las tendencias de la Revolución Sandinista a estatizar, partidarizar y nacionalizar la sociedad civil nicaragüense. Por ejemplo, la actual comunidad indígena de Matagalpa aún se encuentra subdividida en cuatro "barrios": Solingalpa, Molagüina, Pueblo Grande y Laborío, los cuales constituyen, al parecer, cuatro clanes distintos. Hasta mediados del presente siglo, la comunidad indígena de Sutiava estuvo subdividida en dos "parcialidades", que eran en realidad dos clanes endógamos: Pueblo Grande y Jiquilapa. Es muy probable también que la subdivisión de Monimbó en dos "barrios" distintos, "Monimbó de arriba" y "Monimbó de abajo", haya correspondido a dos clanes igualmente distintos.

En la actualidad, debido a un conjunto de procesos demográficos, económicos, políticos y culturales, en los casos de Sutiava y Monimbó, en vez de dos clanes, parece que existe solamente un clan, que corresponde a la comunidad indígena en su conjunto. En ambos casos, hemos podido observar que los clanes tienden a ser endogámicos, aunque permiten las uniones matrimoniales exógamas, preferentemente entre mujeres pertenecientes a la comunidad indígena y al clan y hombres que no forman parte de la comunidad, es decir, "no-indígenas".

Autoridades indígenas y "gobierno tribal"

En las comunidades indígenas del PyCN encontramos dos clases de autoridades indígenas. En primer lugar, están las que podríamos denominar "autoridades indígenas tradicionales", que se constituyen y funcionan según una especie de derecho consuetudinario no escrito, de vieja tradición, pero que puede adoptar, eventualmente, algunas de las formas del derecho moderno. Los nombres de este tipo de autoridades tradicionales varían de una comunidad indígena a otra.

En algunas se les denomina "Consejo de Ancianos" (Sutiava y Monimbó), mientras que en otras están representadas por las figuras del Primer Cacique y del Segundo Cacique (Matagalpa). Por lo general, las autoridades indígenas son ancianos de la comunidad, pertenecientes a antiguos y prestigiosos linajes, y gozan de un profundo respeto y de una enorme autoridad moral entre la población indígena. Una vez que son electas y pasan a formar parte de estas instancias políticas tradicionales, las personas asumen determinadas funciones dentro de las mimas y lo hacen de forma vitalicia.

El segundo tipo de autoridad indígena lo constituyen lo que podríamos llamar "autoridades indígenas jurídico-modernas", que se conforman y funcionan de acuerdo al derecho moderno, vigente en las leyes y decretos del Estado nicaragüense. Durante la segunda década del presente siglo, los regímenes conservadores promulgaron varias leyes y decretos (1914 y 1918) que dieron a las comunidades indígenas la posibilidad de obtener la personería jurídica y esas leyes aún se encuentran vigentes en Nicaragua.

A diferencia de las autoridades indígenas tradicionales, en este otro tipo de autoridades indígenas que poseen personería jurídica no figuran, necesariamente, personas ancianas de la comunidad. En muchas comunidades son personas adultas, relativamente jóvenes en bastantes casos, las que forman parte de este tipo de autoridades indígenas jurídico-modernas. Por lo general, se les conoce con el nombre de "Directiva de la Comunidad Indígena" y las personas electas para los cargos no son vitalicias, sino que se re-eligen en la actualidad cada seis años . A nivel teórico, el Estado reconoce a estas "Directivas", y no a las autoridades indígenas tradicionales (Consejos de Ancianos, etc.), como a los únicos interlocutores legales y formales de las comunidades indígenas.

No obstante, en la práctica, a nivel del funcionamiento jurídico que se desarrolla en el espacio municipal, las alcaldías y los demás entes estatales locales cuya presencia tienen una repercusión directa o indirecta en la vida de las comunidades indígenas, suelen ignorar a las autoridades indígenas jurídico-modernas en la tomas de decisiones que afectan a la población indígena.

Hay comunidades indígenas del PyCN en las que no existen autoridades indígenas tradicionales, sino solamente autoridades jurídico-modernas Directivas. En muchas de ellas, la desaparición de las autoridades tradicionales ocurrió en la primera mitad de este siglo. Pero en la actualidad, comunidades en las que aparentemente desaparecieron estas autoridades bajo los efectos de decretos legales han comenzado a plantearse la posibilidad y la necesidad de reinstaurar a las autoridades tradicionales.

Los mismos indígenas han tomado conciencia del rol estratégico que las autoridades indígenas tradicionales han desempeñado en la conservación y en la cohesión de la comunidad, lo que evidentemente le confiere a ésta una mayor fuerza y una mayor capacidad de presión política para hacer valer sus reivindicaciones étnicas.

Autoridades siempre indígenas

Lo más interesante es que las personas que son electas por la comunidad para fungir como autoridades indígenas, independientemente de que éstas sean "tradicionales" o "jurídico-modernas", son siempre y necesariamente individuos "indígenas", es decir, personas que pertenecen a algunos de los linajes o clanes de la comunidad.

Y la comunidad no reconoce como autoridad política étnica a nadie que no sea miembro de uno de estos linajes o clanes. Esto no lo comprendieron muchos dirigentes del FSLN quienes, durante los años de la Revolución, impusieron candidatos suyos en las elecciones de las autoridades indígenas, sin percatarse siquiera de que esos candidatos no eran reconocidos por la comunidad como "indígenas", por el simple hecho de no pertenecer a ninguno de los linajes o clanes de la comunidad.

El hecho de que el acceso de los individuos a las instancias de gobierno interno de la comunidad indígena esté determinado por su pertenencia linájica o clánica, y el hecho de que esas instancias de gobierno estén poco a nada burocratizadas, puesto que están constituídas por unas cuantas personas, nos revela que las formas de "autoridades indígenas" que hoy encontramos vigentes en las comunidades indígenas del PyCN, se asemejan a la forma de "gobierno tribal" que los consquistadores españoles encontraron a su llegada a Nicaragua y que los antropólogos han encontrado, casi sistemáticamente, en las llamadas "sociedades primitivas".

La característica fundamental de la mayoría de estas sociedades, mal llamadas "primitivas", es la misma que hemos descubierto en las etnias del PyCN de nuestro país: el hecho de encontrarse estructuradas y cohesionadas por grupos clánicos o linájicos. Sostener que las comunidades indígenas del PyCN de Nicaragua posean una forma de "gobierno tribal", puede parecer inverosímil para muchos dirigentes políticos e intelectuales, que tienen metida en su cabeza la idea de que las formas políticas tribales sólo existen en las regiones selváticas y aisladas de Asia, Africa y Oceanía, y en comunidades en las que los indígenas andan semi-desnudos, apenas cubiertos con taparrabos.

Pero no hace falta ir demasiado lejos: en varios países de Centroamérica existen grupos étnicos - los Jicaques de Honduras y los Guaymíes de Panamá, por no citar más que dos ejemplos - que utilizan el término de tribu para referirse a sus propias formas organizativas. En países como Nicaragua o El Salvador, donde las rebeliones masivas de los indígenas llegaron a representar una seria amenaza para el Estado-Nación en este siglo y a finales del siglo pasado, y en donde grupos étnicos de regiones enteras perdieron los signos más visibles de su "indianidad" (lengua, vestimenta, etc.), la ideología de la "Nación mestiza" ha operado con mayor eficacia y ha calado profundamente en todos los sectores de la población nicaragüense y salvadoreña, al punto de que para muchos resulta una especie de fantasioso exotismo de antropólogos trasnochados, afirmar que en la región Central y del Pacífico de ambos países existen comunidades étnicas y formas de gobierno tribal.

Campesinos y artesanos

La población indígena del PyCN se caracteriza por una cierta diferenciación interna en términos de clases sociales. En ella encontramos, en efecto, sectores pertenecientes a los más diversos estratos socio-económicos: pequeña burguesía, campesinado, proletariado y semiproletariado agrícola, obreros industriales, empleados del sector formal de la economía, artesanos, profesionales y técnicos intermedios, etc. De modo, pues, que no es posible reducir la población indígena a una sola clase social o adscribirla en su totalidad a un sólo modo de producción.

No obstante, la mayoría de la población indígena del PyCN está constituída por campesinos y por artesanos. A estos últimos los encontramos fuertemente concentrados en las comunidades indígenas de Monimbó, trabajando en pequeños talleres artesanales, cuyos propietarios adoptan la forma del "maestro" y participan directamente en el proceso de producción, asistidos en él por unos cuantos "aprendices", que suelen ser parientes jóvenes o hijos de vecinos o amigos del "maestro".

Una pequeña encuesta realizada en enero-febrero 92 a 60 cofrades indígenas de Monimbó, revelaba que el 46.8% de los mismos eran artesanos, un 20.8% empleados y un 17.9% agricultores. Una encuesta similar realizada en los mismos meses a 45 cofrades indígenas de Sutiava, nos revelaba que el 48.8% eran artesanos y el 27.9% agricultores. En ambas comunidades indígenas, la numerosa presencia de artesanos encuentra su explicación. En primer lugar, en el período colonial Monimbó y Sutiava fueron dos de los más importantes centros de producción artesanal de Nicaragua.

Desde entonces hasta la fecha, las familias y los segmentos de linaje se han encargado de transmitir de generación en generación los oficios y las técnicas de producción artesanal. Pero hay un segundo factor que parece haber favorecido el desarrollo de la producción artesanal: es el hecho de que tanto Sutiava como Monimbó son dos comunidades indígenas urbanas, que forman parte de dos importantes ciudades del Pacífico de Nicaragua, León y Masaya, respectivamente. Al encontrarse situado dentro de una ciudad, a este artesanado urbano se le facilita la adquisición de las materias primas y de las herramientas de trabajo.

Además, se le facilita también el acceso a un importante mercado que demanda sus productos, en una economía nacional que cuenta con una producción industrial tradicionalmente incapaz de satisfacer la demanda interna de bienes manufacturados, principalmente la de los sectores de bajos ingresos, a quienes va destinada el grueso de la producción artesanal indígena.

No obstante, a partir de 1990-1991, muchos artesanos indígenas comenzaron a abandonar sus tradicionales oficios artesanales y hoy se encuentran en el desempleo abierto o convertidos en pequeños comerciantes del llamado "sector informal urbano". Su producción de calzado, muebles, ropa etc., compite desventajosamente en calidad y en precios con los bienes importados masivamente al país, como parte de las políticas económicas del gobierno Chamorro. En el caso particular de Monimbó, donde muchos indígenas definían su propia identidad por el oficio artesanal que realizaban, el abandono de la producción artesanal, si se prolonga demasiado en el tiempo, tendrá efectos importantes en la redefinición de la identidad indígena monimboseña.

Tierras comunales

El otro sector socioeconómico mayoritario dentro de la población indígena del PyCN de Nicaragua, es el campesinado. Todas las comunidades indígenas de esta región, con la sola excepción de la comunidad indígena de Monimbó tienen tierras comunales.

El caso de Monimbó es interesante al mostrar que pueden existir comunidades indígenas aun cuando éstas hayan perdido sus tierras comunales. Las tierras comunales les son asignadas a los campesinos indígenas por las autoridades indígenas "jurídico-modernas" (las Directivas), en consulta con las autoridades indígenas "tradicionales" (Consejos de Ancianos, etc.). Ambas tienen entre sus principales funciones, no solamente la de impartir la justicia internamente en casos de litigios, sino también la de administrar las tierras de la comunidad indígena.

En principio, la ley del 26 de junio de 1935, vigente jurídicamente en la actualidad, prohibe la venta, enajenación, gravamen y embargo de las tierras comunales indígenas. Sin embargo, tanto los terratenientes, como los campesinos no-indígenas, a través de múltiples artimañas, se han venido apropiando de importantes extensiones de tierras comunales o se han venido negando a pagar el canon de arrendamiento a la comunidad indígena, sin que el Estado haya hecho nada por impedirlo, a pesar de los reclamos insistentes e ininterrumpidos de las comunidades indígenas. El mismo FSLN, durante los años de Revolución, desconoció y violó la citada ley de 1935, al asignarles a varias cooperativas de campesinos, tierras pertenecientes a las comunidades indígenas.

Las autoridades indígenas asignan lotes de tierra a los miembros de la comunidad, en calidad de usufructo. A estos indígenas se les llama "comuneros" y, por lo general, con la sola excepción quizás de la comunidad indígena de Veracruz, por el mero hecho de ser "indígenas" no están obligados a pagar el canon de arrendamiento - una renta anual en dinero - por el uso de las tierras comunales.

En esto hay ciertas excepciones adicionales. Por ejemplo, cuando un "comunero" posee más de 50 manzanas de tierra, está obligado a pagar el canon de arrendamiento. De esta manera, pareciera que se tiende a penalizar la acumulación de la tierra en manos indígenas. Ahora bien, la comunidad indígena está facultada a alquilar lotes de tierra a "no-indígenas", a cambio del pago del canon de arrendamiento. A estas personas se les conoce con el nombre de "arrendatarios".

Es falsa, por tanto, la idea de que las comunidades indígenas del PyCN perdieron todas sus tierras comunales a partir de las leyes promulgadas durante el régimen liberal de Zelaya. Las tierras comunales aún existen en la región del PyCN del país: ni han desaparecido por completo, ni representan tampoco una pura ficción jurídica. Lo que ocurre es que no ha habido ningún gobierno que haya tenido la voluntad política de ordenar la compleja y confusa situación que, desde hace décadas, caracteriza la estructura de la tenencia de la tierra, en el seno de vastas extensiones que, legalmente, nunca han dejado de ser propiedad de la comunidad indígena. Algunos datos muestran la enorme extensión de tierras comunales que, legalmente, son todavía propiedad de comunidades indígenas del PyCN de Nicaragua: Comunidad Indígena de Sébaco, 175 mil manzanas; Comunidad Indígena de Jinotega, 44 mil manzanas; Comunidad Indígena de Sutiava, 40 mil manzanas.

Unidad para luchar

Después de varias reuniones preparatorias, el 24 de abril de 1992 se celebró en la ciudad de Sébaco, una Asamblea de Comunidades Indígenas a la que asistieron representantes oficiales de las comunidades indígenas de Sébaco, Matagalpa, Muy Muy, Sutiava, Monimbó y Veracruz, así como delegados oficiales de YATAMA y de la "Coordinadora de Unidad Costeña". En esa asamblea se resolvió constituir legalmente, ante notario público, la Federación Nacional de Comunidades Indígenas de Nicaragua (FENACIN). Esto último se llevó a cabo en la ciudad de León, en la Comunidad Indígena de Sutiava, el 23 de mayo de 1992.

El contexto que hace posible la creación de la FENACIN está constituído por varios. En primer lugar, la celebración del Quinto Centenario de la llegada de los españoles a América que, desde la perspectiva de las comunidades indígenas, ha sido reinterpretado como la celebración de 500 años de lucha y resistencia indígena contra el colonialismo y el neocolonialismo y contra las políticas etnocidas de los Estados nacionales. Las distintas reuniones, congresos y seminarios internacionales que se han realizado en distintos países con la presencia de indígenas provenientes de diferentes regiones del continente americano, ha permitido a los dirigentes indígenas nicaragüenses sacar enseñanzas de las experiencias organizativas étnicas en otros países.

A nivel nacional, una experiencia de aprendizaje importante ha sido, sin duda, el proceso de autonomía de las regiones de la Costa Atlántica nicaragüense, el que, a pesar de sus errores y limitaciones, ha permitido vislumbrar nuevos caminos en la búsqueda de organizaciones étnicas y modelos de autonomía alternativos para las comunidades indígenas del PyCN del país.

Igualmente importante para el surgimiento de la FENACIN ha sido el constatar las limitaciones estructurales de los grandes partidos políticos - liberales y conservadores, en el pasado; sandinistas y partidos afiliados a la UNO en el presente -, para atender y dar una respuesta apropiada a las reivindicaciones específicas de las comunidades indígenas. Recientemente, a partir de la polarización política partidaria que caracteriza a la Sociedad Civil nicaragüense, desde el ascenso de la UNO al poder, los indígenas del PyCN se encuentran bastante hartos y cansados de las divisiones que han creado al interior de sus respectivas comunidades los enfrentamientos entre el FSLN y la UNO. Divisiones estériles que, a sus ojos han debilitado internamente a las comunidades indígenas y han contribuido, de alguna manera, a su desintegración. En este contexto, la FENACIN surge como una Federación Indígena que pretende ir más allá de los intereses y divisiones partidarios, para asumir y canalizar las reivindicaciones especificamente étnicas de las comunidades indígenas del país.

Objetivos de una lucha

Según consta en la Escritura Pública de constitución de la FENACIN, ésta se regirá según los principios siguientes: la unidad de todas las comunidades indígenas en la lucha por sus reivindicaciones específicamente étnicas; la afirmación de sus relaciones de filiación con los indígenas que poblaron Nicaragua antes de la llegada de los españoles; el rechazo a la pérdida de sus valores propios: unidad y solidaridad comunal, respeto a los ancianos y autoridades comunales, reconocimiento del transcendental papel que ha jugado la mujer indígena dentro de las comunidades; afirmación de las raíces históricas comunes a todos los pueblos indígenas del continente americano; denuncia de la explotación, saqueo y genocidio al que fueron sometidas las comunidades indígenas de Nicaragua, primero por la colonia española y posteriormente por los Estados Unidos y los gobiernos nacionales; la proclamación, en base al reconocimiento constitucional, del carácter multiétnico de la sociedad nicaragüense, del derecho a organizarse como indígenas, con independencia de los partidos políticos nacionales que no han hecho más que dividir internamente a las comunidades; adopción del nombre de Abya Yala que, en lengua Kuna significa "madre tierra" o "tierra en plena madurez", para referirse al continente americano; apertura a las alianzas con todos aquellos sectores que estén dispuestos a luchar por la dignidad de los pueblos indígenas y por la justicia social, el desarrollo y la independencia real de Nicaragua.

La Asamblea de Comunidades Indígenas reunidas en la ciudad de Sébaco definió igualmente los principales objetivos fundamentales de la FENACIN:

1) constituir un espacio de gestión indígena tanto nacional como internacional;
2) luchar por recuperar la plena autonomía de las comunidades indígenas, en lo que respecta a sus formas organizativas autóctonas y a sus respectivos patrimonios culturales;
3) impulsar la unidad y la solidaridad de todos los pueblos indígenas del continente americano y de las comunidades indígenas de Nicaragua;
4) defender sus tierras comunales y reivindicar la devolución de todas aquellas que les han sido arrebatadas;
5) contribuir al desarrollo de un sistema jurídico nacional acorde a los intereses de las comunidades indígenas;
6) trabajar para que la sociedad nicaragüense valore y promueva el rescate de la herencia cultural indígena, como parte de la cultura nacional;
7) promover un sistema educativo que incorpore los valores, tradiciones y costumbres indígenas;
8) promover entre los jóvenes y los niños de las comunidades indígenas el rescate de su herencia ancestral;
9) promover en las comunidades indígenas la capacitación necesaria para su desarrollo económico;
10) luchar por conseguir que las comunidades se hagan representar ante sus propias autoridades locales indígenas, ante FENACIN, organismos no-gubernamentales, el Parlamento Indígena e instituciones y poderes del Estado;
11) promover la defensa del equilibrio ecológico en las regiones habitadas por las comunidades indígenas.

La Asamblea de Comunidades Indígenas también resolvió que podían ser miembros de la FENACIN todas las comunidades, movimientos u organizaciones indígenas existentes en el país, que se identificasen con los principios y objetivos de la Federación. Además, decidió crear los dos órganos de dirección suprema de FENACIN: el Congreso Nacional Indígena, constituido por las Asambleas de todas las comunidades indígenas, movimientos u organizaciones afiliadas a la Federación; y el Consejo Nacional Indígena, estructurado en los siguientes cargos: un Cacique Mayor o Coordinador, un Cacique menor o Vicecoordinador, un Secretario, un Tesorero, un Fiscal y un número de Vocales en correspondencia con el número de organizaciones federadas. Mientras los futuros Estatutos de la FENACIN no estipulen otra cosa, la sede oficial de la Federación quedó fijada en la ciudad de Masaya.

Existir, pese a todo

Hemos intentado mostrar, más allá del mito ideológico de la "Nicaragua mestiza" que en las regiones del PyCN existen comunidades étnicas, en el sentido más estricto del término. Estas comunidades que se denominan a sí mismas "indígenas" poseen estructuras sociales internas que las asemejan a las comunidades étnicas que podemos encontrar no solamente en la Costa Atlántica de Nicaragua, sino también en otros países del continente americano e, incluso, en sociedades de Asia, Africa y Oceanía.

Estas semejanzas u homologías estructurales observables entre las comunidades étnicas del PyCN y aquéllas que podemos encontrar en otras regiones y latitudes, existen a pesar de que las primeras han perdido su lengua materna, sus vestimentas tradicionales, sus antiguas formas de organización ritual e, incluso, en el caso de una de ellas, sus tierras comunales. Las homologías estructurales a las que hacemos referencia son fundamentalmente dos: la estructuración y cohesión interna de sus respectivas poblaciones en base a estructuras clánicas y linájicas, y la existencia de formas de gobierno tribal.

La FENACIN, que próximamente introducirá su solicitud de personería jurídica ante la Asamblea Nacional, se perfila como una Federación que tiende a respetar y apuntalar las estructuras de parentesco y las formas de gobierno tribal de las comunidades indígenas del PyCN. En este sentido, va más allá de los partidos políticos, de las instituciones del Estado, de las Iglesias y denominaciones religiosas y del resto de las instituciones de la sociedad civil que, de una u otra manera, a veces sin tener consciencia de ello, contribuyeron con sus acciones a la desintegración de las comunidades indígenas del PyCN. Por eso, la creación de la FENACIN es motivo de profunda esperanza para las comunidades indígenas de Nicaragua y el desafío que sus actuales dirigentes tienen entre sus manos es enorme.

No solamente porque les tocará luchar por las reivindicaciones de las comunidades indígenas y forjar entre éstas una unidad que no estará exenta de obstáculos, sino porque, además, tiene la posibilidad de jugar un papel importante en el proceso de construcción de una verdadera democracia popular, en una sociedad multiétnica y pluricultural como la nuestra.

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